La mirada del mendigo

13 febrero 2017

Acabar con las primas

Filed under: ecología,energía — Mendigo @ 1:19

No, deja en paz a las hijas de tu tío, que no es eso.

Me refiero, claro está, a las primas a la generación eléctrica. Las más famosas son las primas a las renovables (alguna de ellas, como la cogeneración o la incineración de residuos, con tantas emisiones de CO2 como la que más). Pero hay otras, que se suman a eso que llaman peajes, que sólo tienen que ver con los de las autopistas en que ambos son una sablada al sufrido usuario, en muchos casos de escasa justificación legal (la A-VI, por ejemplo, debería ser de patrimonio público si Aznar, traidor a los intereses de los españoles, no hubiera firmado una extensión de la concesión por 75 años más, menudo regalito a Abertis).

De cada 10€ de subvención más o menos descarada a la generación eléctrica, es cierto que 9€ van a las energías del Régimen Especial, pero también las eléctricas convencionales reciben el otro eurete de aguinaldo por inventos tales como la moratoria nuclear (aún estamos pagándoles el coste de paralizar Lemóniz, Valdecaballeros y Trillo II, pues antes de la burbuja de ciclos combinados hubo otra de nucleares), un incentivo de calidad ¿?¿?¿?¿? y una prima de ininterrumpibilidad, que retribuye a las eléctricas por el mero hecho de estar disponibles, aunque no produzcan (una especie de “moratoria de ciclos combinados”, y eso que nadie obligó a las eléctricas a construirlos, fue una decisión empresarial libre cuyo riesgo, sin embargo, no quieren asumir y pretenden que todos paguemos las consecuencias del error en sus predicciones de evolución del consumo, a qué me suena a mí eso).

Desde hace tiempo, defiendo un sistema eléctrico configurado de forma completamente distinta. En vez de poner un precio base e ir añadiendo incentivos más o menos arbitrariamente, propongo obrar a la inversa: imputar a cada tecnología de generación las externalidades que transfiere a la sociedad. Cuantificar el daño causado a la sociedad por unidad de energía, y pasarle la factura fiscal para que resarza a la sociedad de esa agresión.

El ejemplo más básico son las emisiones de CO2 (directas e indirectas), calcular el daño que produce cada tonelada de CO2 emitida en el ciclo de vida de la central (las térmicas generan casi todo en la operación, mientras que las renovables en la fabricación y desmantelamiento, aunque en un orden de magnitud inferior) e imputárselo. Pero vale para cualquier consecuencia de la producción de la electricidad que no asume la empresa sino que transfiere al resto de la sociedad, a pesar de no compartir con el resto de la sociedad los beneficios. Estoy hablando de gestión de residuos nucleares (que de hecho, ya asumen pagando unas cuotas a Enresa), de otras emisiones tóxicas (SOx, NOx e inquemados), de ocupación del entorno (las renovables suelen aprovechar un recurso muy disperso, excepto la geotérmica, y por lo tanto precisan desplegarse en un área muy extensa), etc. Es una labor difícil, porque deberemos valorar agresiones al medio natural de tan naturaleza tan diferente como la erosión asociada a la instalación de un parque eólico o la eutrofización de un río al remansarlo una presa; pero llevándola a cabo de forma rigurosa. minimizando la subjetividad (asociada al interés) y sometida a evaluaciones y correcciones posteriores, tampoco es levantar las pirámides de Giza. De hecho, me parece un bonito y fértil campo de estudio.

De esta forma, haciendo que los productores paguen por TODOS los costes de generación, en vez de endosar algunos a la sociedad, podríamos situar a todos en la misma línea de salida, cada uno cargado con el fardo que le corresponde. Y, a partir de ahí, se abre la subasta y que cada uno oferte su energía. Tras la imputación de externalidades, todos los kWh son iguales, limpios de cualquier daño, para compensar del cual ya han sido gravados. Entonces, sólo tenemos que tomar los kWh con los que cubramos la demanda en cada momento a un mejor precio y listos. A la sociedad, que no le carguen con los costes, con las consecuencias de su actividad económica, la generación. Y a partir de ahí, sus costes, su margen de beneficios, sus beneficios o pérdidas es una cuestión completamente ajena. Son empresas privadas, así que esas son cuestiones que sólo incumben a sus gestores y accionistas. Igual que cuando compras cualquier cosa no preguntas al vendedor cuánto beneficio obtiene de ello, no tiene por qué ser diferente con la electricidad.

Parece una reforma revolucionaria, pero en realidad es más simple, lógica y rigurosa que el arbitrario sistema de primas que tenemos. Desde luego, económicamente más conveniente y ecológicamente neutra. Por ejemplo, en el RD413/2014 se establece el nuevo sistema de primas a las renovables, limitándolas a una “rentabilidad razonable” que estima en el 7,4%. Es comprensible e incluso loable el esfuerzo de Industria por detener la hemorragia de dinero que suponía la retribución a las renovables, especialmente la solar, que se llevaba (y se sigue llevando) la mayor parte a pesar de la insignificancia de su producción; pero no deja de ser un parche, un remiendo, un mal apaño. ¿Por qué tiene que asegurar el Estado la rentabilidad de un negocio? ¿Acaso le asegura a cualquier autónomo o pequeño empresario que el negocio que monte vaya a tener esa “rentabilidad razonable”? El Estado no tiene por qué entrar en los balances de una empresa, ni está escrito en ninguna parte que todo negocio deba ser rentable.

Es que realmente esto parece un parvulario. Señores, estamos en un sistema capitalista de libre mercado. Si no les gusta, podemos cambiar a un sistema socialista, de hecho es precisamente por lo que abogo. Abolimos la propiedad privada de los medios de producción, la legalidad de las rentas del capital y se acabaron las peleas. Ahora bien, lo que no se puede es aprovecharse de un sistema cuando toca repartir los beneficios, pero pretender que el Estado proteja esos beneficios poniendo en suspenso el libre mercado cuando el viento sopla de cara. Por poder, se puede, y bien que le ha ido a los bancos, pero para el conjunto de la sociedad, ese socialismo de amiguetes implica para la sociedad lo peor de los dos sistemas.

Cualquier productor que pretenda vender un producto, en este caso energía eléctrica renovable, a un precio muy superior a la competencia, simplemente queda fuera del mercado. No vende. Y si quiere vender, tiene que ajustar los precios hasta el nivel de la competencia. O ponerle una manzanita en la cubierta y a ver si cuela. Esta última es la opción de los productores fotovoltaicos (que aunque se vendan como ONG, es una negocio con un alto nivel especulativo y fuertemente apalancados). Y quien sea ineficiente en el cometido de suministrar energía eléctrica con bajas emisiones imputables a la sociedad, saldrá del mercado y deberá echar el cierre, como en cualquier otro sector de la economía.

Muchas veces hemos escuchado que hay instalaciones como las centrales nucleares o las hidroeléctricas que están ya amortizadas y el beneficio que obtienen, a mayores, es excesivo y deberían o reducirlo, o pasar a manos públicas (con las presas nos van a hacer la misma marranada que con la comentada A-VI, lo que por fin podría pasar a ser de todos, se le prorroga con alguna excusa para que sigan sangrándonos por usar lo que debería ser ya nuestro).

Pues bien, con las instalaciones fotovoltaicas pasa exactamente lo mismo. Ya han sido amortizadas o están a punto (plazo de amortización de 10 años, y se entraron en tromba en el 2007-2008), los inversores ya han recuperado su inversión (salvo los gastos financieros de los que invirtieron apalancados, igual que otros invertían en ladrillo hasta que se pegaron el hostión padre al explotar la burbuja). Por lo tanto, no pueden pretender seguir disfrutando de ese trato de favor respecto a otras tecnologías de generación, incluso sobre otras renovables. A partir de su amortización, tendrán que avenirse a cobrar el precio de la subasta, como cualquier otra. Y si no les gusta, nadie les impide cogerse sus paneles e irse a otra parte.

Por lo tanto, insisto: la solución más elegante, eficiente y conveniente para el conjunto de la sociedad es: se imputan las externalidades a cada fuente de energía, se celebra una puja inversa (el pool, perdonad el barbarismo) en igualdad de condiciones, y se retribuye a todos según la puja de cierre… Y NI UN EURO MÁS. Vamos, tras el reequilibrio fiscal, es seguir con el sistema actual, al cual sólo habría que hacer ciertos retoques para evitar la manipulación del mercado y la colusión de precios por las cuatro grandes, (quizá con algunas expropiaciones aquí y allá para crear un gran grupo energético público). Y los que hayan quedado fuera de la puja, a esperar la siguiente subasta a ver si entran y, mientras tanto, a rañala. Y a quien no le resulte rentable la actividad, nadie le obliga a participar en el pool ni a mantener abierto su negocio y, además, aquí se viene ya llorado de casa. Menuda novedad, que un inversor salga escaldado y desplumado o que un empresario tenga que bajar la persiana porque le mercado le da la espalda.

La sociedad necesita un suministro eléctrico al menor coste posible (porque es una pieza muy importante para la competitividad de una economía y, por lo tanto, para la creación de riqueza y puestos de trabajo); demanda que, además, tenga el menor impacto ambiental posible. Que cada uno presente sus ofertas y con los mejores, alimentaremos la red.

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Nota: Lo de la amortización a los 10 años, no es porque lo diga yo, sino el propio sector fotovoltaico lo proclamaba en su tono mesiánico triunfalista que es tan habitual entre los homeópatas y demás vendedores de humo (snake oil, que dicen los gringos). Copio algunos enlaces:

Almunia Solar – En general, una instalación fotovoltaica tiene un tiempo aproximado de amortización de entre 9 y 12 años.
OPDE – El período de amortización será de 10 años
Soliclima.es – Se calcula un periodo de amortización de la inversión de entre 8 y 10 años
Efenar Solar – …solemos planificar una amortización en torno a los 8 años…
WS Solar Energy – Las instalaciones solares rondan los 6-9 años de amortización.

Aunque el más sincero es éste:

Sitio Solar.com – El propietario de la instalación fotovoltaica inyecta toda su producción a la red general con una tarifa alta mientras consume energía de ella a una tarifa baja. De esta manera se obtiene un saldo positivo de la relación de venta – compra que logra hacer rentable la instalación y la amortiza en un periodo de tiempo comprendido entre 5 y 15 años de media. A partir de ese momento habrá un ingreso y ganancia neta.

Sin complejos. Sin vergüenza.

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Todos son enlaces de la época del aluvión fotovoltaico. Ahora son aún más optimistas:

Energías-Renovables.com – El periodo medio de amortización de una instalación fotovoltaica es hoy de 5 años

¡¡¡Una TAE del 20%, no sé a qué estáis esperando a llenar de paneles el tejado de vuestra casa!!!

¡Ah! A tener una. Bueno, yo también tengo sólo un pisito, y bastante es.

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