La mirada del mendigo

21 marzo 2017

Paletocracia: la dictadura de los palurdos

Filed under: ecología — Mendigo @ 13:31

El otro día vivimos y sufrimos un ejemplo de cómo las mentes más atrasadas y cerriles siguen determinando el devenir de los pueblos en la Galicia profunda.

Lamentablemente, en Galicia ya nos hemos acostumbrado a la normalidad de los incendios cada verano. Normalmente, la celebración del Santiaguiño marca el pistoletazo de salida a una oleada de fuegos, que encuentra su punto álgido en el fin de semana festivo de mediados de Agosto, y dura hasta que acaba Septiembre. Esto es el pan de cada día desde hace más de treinta años, así que para los que tienen menos de esa edad lo ven tan corriente como que en invierno llueva y haga frío (o como que el monte esté ocupada por una especie procedente de Oceanía).

Pero en Ourense, el epicentro de la actividad incendiaria (con el Norte de Portugal, el culo del mundo), ya estamos evolucionando a otro nuevo estadio de normalidad: el de incendios en cualquier época del año. Estos días hemos tenido una racha de días secos y ventosos, que los paletos han aprovechado para ir adelantando trabajo e ir quemando lo que tenían pensado hacer en verano. Si subías a un punto elevado de la provincia, podías avistar un día una columna de humo aquí, otra allá, seguro que una en dirección Sur (lo de Portugal es ya la devastación más absoluta, pero tampoco parece importarles gran cosa)… así, durante la pasada semana.

Ahora que ya os he puesto en situación, para los que no sois de aquí (mis felicitaciones, a propósito), os comento la anécdota. El Sábado íbamos rodando por una carretera de la montaña ourensana cuando vemos dos columnas de humo: un incendio que está comenzando. Eran las 13:27 cuando hicimos la primera llamada al 112, por cierto la tipiña una incompetente de tomo y lomo, pues le tuvimos que repetir varias veces las indicaciones de la localización del incendio (provincia: Ourense, concello: Viana do Bolo, aldea: Fornelos de Cova, no hay más que tomar nota y pasar el aviso). Nuestro interés es que vinieran cuanto antes porque, cogido a tiempo, un foco es muy sencillo controlar. Pero cuando se desmanda…

Como no nos quedábamos tranquilos (y porque ya nos conocemos qué clase de elementos habitan esta tierra) nos desviamos para ver si podíamos echar una mano para controlarlo cuanto antes. He de decir que, si bien la zona meridional de la provincia, fronteriza con Portugal, está ya toda arrasada por los sucesivos fuegos y, realmente, tampoco queda ya nada valioso por arder, la zona de montaña donde se desencadenó el incendio tiene un denso arbolado, especialmente de Quercus robur y Q. pyrenaica, con soutos de castaños cerca del pueblo y alguna mancha, afortunadamente pocas, de pino invasor. Es decir, es una zona bastante bien preservada con un relativamente alto valor ecológico (hay zonas mucho más pobres que tienen el reconocimiento de Parque Natural, como el de O Xurés o el Monte Aloia), por eso nuestro especial interés en no añadir un parche negro más a una superficie de bosque autóctono que cada año va menguando ante la pasividad, cuando no aquiescencia, de las administraciones (el concello, la Xunta y el Estado central que ya nos debe dejar, con razón, por irrecuperables).

Aparcamos y cruzamos por la aldea (una aldeúcha infecta, epítome del feísmo galaico). El foco estaba a 200m en línea recta de las primeras casas, la columna de humo, el olor e incluso el crepitar de la madera hacía imposible que pasase desapercibido para nadie; sin embargo, las dos únicas personas que vimos seguían a lo suyo, insultándose sobre cómo había que cavar la huerta en la que estaban. Cuando llegamos al lugar del incendio, lo que nos temíamos: allí no había absolutamente nadie. Había dos columnas de humo: una, la pequeña, eran dos hombres quemando los restos de hojas y erizos de un souto de castaños, según dijeron con permiso y bueno, al menos de forma controlada. Que toda vez controlado su trabajo se fueron a su casa sin pasarse siquiera a interesarse por el incendio que iba creciendo a tan solo 100m de donde estaban. Hablaron de que no sé quién, por ahí, tenía pensado también quemar la hojarasca: un buen candidato a autor del incendio, un energúmeno que ni se molestó en pedir permiso, ni en molestarse en controlarlo, simplemente fue con el mechero y se desentendió del asunto.

Pero bien podría ser por otro buen puñado de causas: dejar el monte raso para poder meter las ovejas, para disparar más fácilmente a jabalíes o corzas que no cuentan con el cobijo de la espesura, o simple odio a la Naturaleza (a la que califican como “suciedad”, cuando la suciedad está en sus mentes), a la que esta clase de escoria social considera una amenaza contra el orden humano, el modelo de paisaje que estas bestias embrutecidas tienen en sus obtusas mentes: todo el monte ocupado por pastos y cultivos, tal y como lo conocieron sus padres. He de decir que, al menos sus padres, tenían la excusa de la necesidad para este comportamiento ecocida, la agricultura de subsistencia que practicaban, sin apenas evolucionar desde la Edad Media, daba unos rendimientos bajísimos que había que compensar ocupando todo el territorio. Venido el éxodo rural, quien tenía dos dedos de frente o al menos un poco de espíritu escapó de ese pozo de miseria hacia la ciudad, quedando la mayor parte de las fincas abandonadas por falta de brazos, que empezaron a ser reconquistadas por las especies autóctonas, que hacían avanzar la frontera natural hasta la puerta misma de las aldeas. También dejaron atrás a las cuatro bestias que no se atrevieron a emigrar, sometidos a una selección natural inversa: procreaban entre palurdos, para criar a hijos aún más palurdos en el mismo ambiente de incultura atroz que los había mantenido durante siglos en la miseria.

En cualquiera de los casos, es evidente que al garrulo que se le metió en el entrecejo que era buena idea que ese pedazo de bosque ardiese, era de esa aldea. En la aldea vecina no serán menos palurdos, pero ni les va ni les viene lo que pase como para ir a quemar. El criminal ecológico que provoca el incendio, lo hace dentro de una absoluta impunidad que supone la comprensión e incluso colaboración del resto del pueblo, que comparte su bestialidad y miseria moral, una mentalidad extractiva y predadora que no ha evolucionado desde tiempos prehistóricos. Años de endogamia han desarrollado en esta horda de subhumanos una cubierta que los impermeabiliza de la cultura, del razonamiento complejo, espíritu artístico o impulso altruista, el mundo de las ideas les es tan ajeno como la superficie de Marte. Su expectativas vitales se reduce a las de un cerdo, sin más estímulo intelectual que el absolutamente imprescindible para la supervivencia: satisfechos con ganar unos euros, a ser posible con el menor esfuerzo posible, que les permitan satisfacer sus aspiraciones vitales: llenar el estómago de comida y vino, y alcanzar para comprarse un coche de segunda mano, indicador social por excelencia en la jaula de simios, con el que bajar a la villa. Son fácilmente reconocibles: no saben escuchar, sin embargo creen, como el cuervo, que lo que tienen que decir es de la mayor importancia y por eso lo pregonan a voz en grito aunque su interlocutor esté a un paso. El garrulo ibérico que, en la subespecie galaica desarrolla manías incendiarias. El que, satisfechas sus necesidades primarias, eructa aquello de “e de que me serven os carballos?“, incapaz de apreciar en su bestialidad la belleza de un ecosistema preservado o los beneficios a largo plazo que comporta.

Trazado el boceto de la clase de homínidos que son la chispa y la yesca necesaria para provocar un incendio (el que lo provoca, y su medio social que lo ampara), sigo con mi pobre anécdota como bombero improvisado. Como allí no llegaba nadie, volvemos a llamar al 112: nos responde la misma operadora, que ya había dado aviso. Una vez que se nos hace evidente que no podemos esperar colaboración de las acémilas de la aldea, y por pura impotencia, nos ponemos a hacer lo único que podemos: tratar de contener el avance de las llamas en las zonas más fáciles, con retamas que íbamos cortando. Debíamos dar una imagen lastimosa y ridícula, con pantalones cortos y zapatillas, sin herramienta alguna para hacer algo medianamente efectivo. Honestamente, la sensación era de total impotencia. Y ganas de regar toda la puta aldea con napalm, sabiendo que los muy palurdos cuentan con tractores, cubas de miles de litros, mangueras y todo tipo de herramientas, y allí estábamos los dos solos, procurando evitar el avance de un fuego en un pueblo en el que nada se nos había perdido. Me corroía la absoluta certeza de que, con la ayuda de la gente, no sólo ese incendio nunca hubiera tenido lugar (porque hubieran denunciado al culpable, que todos saben perfectamente quién es), sino que hubiese sido apagado en cinco minutos cuando empezaron las llamas.

Me comentaba hace unos días una señora mayor en el valle del Ambroz (Cáceres), cuando le preguntaba por los incendios (porque le comentaba que el paisaje en Ourense era muy parecido, si no fuera por los incendios que lo tienen todo arrasado), que cuando había un incendio (ella misma reconocía que provocado por los ganaderos), salían todos los mozos del pueblo a apagarlo. Esa misma historia la he escuchado yo en otras partes de Castilla: ante un aviso de incendio, se reúnen los hombres hábiles y marchan a atajarlo, sin esperar la intervención de las cuadrillas de bomberos forestales: es su monte. No es que el aldeano de la meseta sea menos palurdo, simplemente tiene interés en que su monte no arda (grandes pinares de los sistemas Central e Ibérico, fuente de riqueza para los Concejos), mientras que el aldeano gallego (y asturleonés, y portugués) cifra su interés en precisamente lo contrario: en que arda. Y aquí tenemos la clave para evitar los incendios: ligar el interés de los paisanos a la preservación del bosque, y no a su destrucción. ¿Cómo? Yo ya he propuesto en otras ocasiones alternativas. Por ejemplo: la de pasar la factura de la extinción, ante la ausencia de autor conocido, al concello involucrado. Porque no toda Galicia, ni menos aún el resto de España, debe empobrecerse por la recurrente barbarie incendiaria de unos concellos muy concretos.

La cuestión es que en la Galicia rural no hay hombres. Ni mujeres. Sólo quedan las bestias de tiro. El que por casualidad nace con algo sobre los hombros sale corriendo de allí en cuanto puede, para sólo volver el día de las fiestas, a emborracharse con su primo el del pueblo. Hasta que se casa, tiene hijos, y le da vergüenza mostrarle a su familia el hoyo del que tuvo que escapar para forjarse una vida.

Todo esto, al lector ajeno a lo que he venido a llamar paletocracia, en la que no rigen las leyes estatales sino prejuicios atávicos, una verdadera dictadura de los más palurdos que son los que imponen el modelo social que rige en las aldeas y perpetúan el subdesarrollo crónico en el que se hayan, le resultará extraño. Habrá leído otras crónicas de incendios mucho más complacientes con la fauna que habita la Galicia rural, de esforzados y nobles labregos que luchan a brazo partido porque el fuego no avance. Y sí, es cierto. Cuando a esta panda de descerebrados se les escapa el fuego, y éste amenaza algo que sí que les interesa (su casa, su garaje, su palleira…) entonces sí que mueven el culo. Pero cuando ocurre, es porque se ha descontrolado un fuego que llevaban horas ignorando porque, total, sólo quema “la maleza”. Hasta que las llamas no llegan a las aldeas, la consigna es otra, pero no la veréis reflejada en la prensa: “deixa que arda!“. Pero esos son los pequeños incendios, que el periodista sólo cubre desde su oficina en Santiago o Vigo recabando los datos que publican las administraciones para redactar una escueta nota a pie de página. Porque todo esto ocurre, también, por la indiferencia de la Galicia urbana respecto a todo lo que ocurre a sus espaldas, en un rural que les es tan ajeno como les puede resultar un país asiático.

Y sigo con la narración de nuestra patética gesta, o nunca daré acabado. Ya hemos llamado tres veces al 112, por aquí no se pasa nadie. Por la carretera que pasa por debajo de nosotros veo salir un niñato con su moto de campo, un todoterreno con otras dos acémilas, pero a nadie se le ocurre venir a ayudar para que no se queme el carballal de su pueblo. A las 14:25 recibo una llamada del servicio de incendios de la Xunta, preguntándome si hay algún incendio. ¿!??!¿?!?¿?!¿!?!? ¡El aviso ha tardado una hora en llegar al centro de coordinación! Con las llamas a un metro y el humo en los ojos, constatando que vivo en un país tercermundista y estructuralmente ineficiente y corrupto, contesto con no la mejor de las composturas. Me dice que ya pasa la orden y que pronto llegará la caballería. Pronto son otros 35 minutos más, mi compañera y yo procurando al menos limitar el avance del fuego en un pequeño frente, mientras vemos cómo el fuego avanza en el resto de direcciones y llega hasta un grupo de pinos que plantó alguno de los holgazanes que, mientras tanto, están haciendo la sobremesa ahí abajo, creando una enorme bola de fuego cerca de las torretas de alta tensión.

Cuando llegan, son sólo cinco tipiños y un capataz en otro todoterreno (que no mueve ni un dedo, no se vaya a partir una uña). Ni siquiera traen una motobomba, sólo los apagadores (en una zona de arbolado). Eso sí, ellos se dirigen a la zona más peligrosa, donde yo ni pensaría en meterme con camiseta y pantalón corto: van a tratar de atajarlo en el cortafuegos que se forma bajo los cables de alta tensión. Nosotros nos quedamos un rato más asegurándonos de que, al menos, la parte de abajo no avanzaba (y acabó avanzando, al rodear por una zona de matorral alto). Y ya, cansados, impotentes y derrotados, decidimos marcharnos. Al pasar por el pueblo, interrogábamos a la gente que nos encontramos que por qué no habían estado ayudando a apagar un incendio en su propio pueblo. La primera respuesta era indefectiblemente tomarse la idea como una broma. Les parecía divertida la idea, pensaban que estábamos bromeando. ¡Ir ellos a apagar un incendio! ¡Qué ocurrencia! Todos reaccionaban con sonrisas y frases ocurrentes.

Lo siguiente, ante nuestra insistencia y enfado, eran excusas (uno saltó que estaba plantando las patatas, como si le estuviera inculpando la autoría del incendio, excusatio non petita) y gestos torvos. Confrontados ante la vergüenza de su comportamiento ruin y malintencionado, la evidencia de su inacción y la indiferencia que sentían hacia el entorno natural de su pueblo, reaccionaban con agresividad (un saco de carne con ojos, de mirada bovina y andar abúlico, rumió algo mientras se alejaba de “darme una hostia”, respuesta automática del paleto cuando se enfrenta a una situación de tensión emocional, al forzarle a enfrentarse a su propia miseria moral).

El incendio siguió durante el resto de la tarde, hasta que ya con el sol en Manzaneda (esa estación de esquí sin nieve propiedad de la Diputación, que cubre pérdidas año tras año desde su creación para hacer más asequible el ocio de los niños pijos que hasta allí se acercan, para eso sí que está papá-Estado) dejamos de ver el humo que venía del incendio. No fue especialmente grave, sólo un pequeño incendio más de lo que es la nueva normalidad en esa Galicia profunda que vive de pensiones y subvenciones, incapaz de crear riqueza neta, mientras sigue dando mayorías absolutísimas al Partido Popular de la dinastía Baltárida y sus caciques locales, que gastan la mitad del presupuesto en festejos para mantener contento al ganado, sin ni siquiera procurar buscar una vía de desarrollo para sus pueblos. Uno más, al que acudimos para echar una mano con magros resultados, y que ahora quiero compartir con vosotros para que, de alguna forma, al menos, las lágrimas de la lobita cuando se tenía que retirar y dejar arder un carballo frente a ella, puedan ser de algún provecho.

Como epítome de toda esta triste jornada; por todo lo dicho, repito, reitero y me reafirmo: la causa última de la enloquecida actividad incendiaria en el Noroeste peninsular es la miseria, el atraso y la incultura en la que está sumida la población de la Galicia rural. Malos hijos de una madre que, siendo bella y generosa, con semejante saña la maltratan.

+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+

Anuncios

33 comentarios »

  1. Me ha gustado. Yo soy de un pueblo de la Castilla rural del suroeste, de la provincia apoyada sobre Cáceres y Portugal y leo tus palabras sintiéndome identificado con la situación, no precisamente en el tema de incendios, aunque un poco también, si no en la endogámica estupidez, ignorancia, incultura y alergia hacía cualquier cosa que suponga un mínimo cambio, incluso aunque sea favorable a los habitantes que allí residen. Complicada solución, ya que como bien dices, esa gente es impermeable al raciocinio, a la evolución o al más mínimo aprendizaje por consistir en una tarea demasiado ardua y cansada. Sólo se me ocurriría el estímulo por golpe al bolsillo, que es lo único que les importa.

    Comentario por Víctor — 21 marzo 2017 @ 16:42 | Responder

    • Buenas, Víctor.

      Pues hace nada pasamos por tu tierra. Nada es comparable con lo que aquí ocurre, o yo no he encontrado en mis viajes nada que ni se le acerque (descontando Portugal) a semejante profusión de incendios, pero en el límite tanto con Portugal (las Arribes) como con Cáceres (las Batuecas y las Hurdes) también vais bien servidos de incendios.

      En realidad, el medio rural ha sido siempre, aquí y en todo el mundo (pienso un poco y no se me ocurren excepciones, supongo que alguna habrá… sí, por ejemplo se me viene a la cabeza la fuerza del anarquismo en los campos de Aragón), la parte más conservadora, muchas veces reaccionaria y ultramontana, de la sociedad.

      Es muy triste lo que comentas, que sólo les importa lo que les afecta al bolsillo. Que por supuesto que todos miramos por nuestra economía, pero no hasta el punto de renunciar a ser hombre honesto. Yo no provocaría un incendio o introduciría especies alóctonas, igual que no prostituiría a una hija mía. El dinero es importante, pero no a cualquier precio.

      Al final, cada pueblo tiene lo que se merece, y si observando la demografía de la Galicia interior uno constata que, realmente, van a obtener lo que ha sembrado: su desaparición. Inshalá, porque realmente el palurdo gallego es un animal tóxico para el medio que lo soporta. Es imposible que conviva con el entorno: tiene que machacarlo hasta la última brizna de hierba, hasta el último grillo, y hasta que no lo consigue no descansa.

      Comentario por Mendigo — 21 marzo 2017 @ 22:32 | Responder

  2. Hola, Mendigo:

    La mejor crónica que he leído sobre este asunto en los veintipico años que llevo viviendo en esta pocilga. ¡Enhorabuena!

    Que nadie espere encontrar algo similar a lo que has escrito en los medios de comunicación gallegos o en las declaraciones de cualquier político. A la cochambre de puercos que pisotean esta tierra hay que tenerla contenta y reírle todas las gracias, no vaya a ser que se molesten (como el mamarracho que te amenazo con darte una hostia) y no depositen el voto en la urna correspondiente.

    Puercos en las aldeas y puercos en los despachos. Y una tierra dolorida convertida en el colmo de la vileza y la fealdad.

    Comentario por Daniel Pérez — 21 marzo 2017 @ 16:48 | Responder

    • Insisto, a próxima tempada de incendios hai que encher os Canadair de napalm e completar o traballo. Se arde, que arda TODO. E así rematamos dunha puta vez coa parvada de tódolos anos.

      Comentario por Mendigo — 21 marzo 2017 @ 23:27 | Responder

  3. La verdad la crítica es muy dura. Casi insultante diría. Supongo que es debida a tu frustración.

    Yo personalmente las soluciones reactivas (pasarle la factura al ayuntamiento) no las veo como la mejor aproximación aunque algo parecido usan para reducir la generación de basura (los ayuntamientos que generan más basura por habitante pagan más). Prefiero soluciones proactivas, es decir prevención y educación. Se me ha pasado varias veces que montar un servicio de guardabosques que vaya limpiando y vigilando, y poniendo multas grandes a los propietarios que se salten ciertas normas básicas (plantar donde no se debe, iniciar incendios o quemas sin permiso). Aunque la verdad a la mayor parte de la gente lo que realmente les duele es el bolsillo.

    A todo esto, me pregunto por que por esas zonas arde tanto el monte. Yo vivo en una zona en la que no veo tanto incendio y tenemos mucho mucho bosque. Supongo que como en esas zonas arde todos los años nunca llega a haber un bosque por el que la gente se preocupe.

    Otro tema aparte es la eucaliptización, que no ayuda.

    Comentario por It is me — 21 marzo 2017 @ 17:05 | Responder

    • Pues sí, frustrado estoy rato largo. Bastante más que frustrado, con una sensación de impotencia infinita, por ver que, lejos de mejorar, cada vez va a peor.

      “Prefiero soluciones proactivas, es decir prevención y educación” –> La educación es la base de todo. Pero no basta con que a los niños se les inculque en las aulas el respeto por su tierra, si luego en sus aldeas, en sus casas, tienen un ejemplo que desmiente y desautoriza las palabras del maestro.

      “un servicio de guardabosques que vaya limpiando” –> ¿El qué hay que limpiar? La basura que los palurdos arrojan a los caminos y ríos? O te refieres al sotobosque como “suciedad”. A ver, repetimos: el matorral es una parte inherente de un ecosistema boscoso, tan importante o más que las especies de gran porte. Si no comprendes esto, eres parte del problema.

      En cuanto a lo de vigilar… para eso ya están los técnicos de la Xunta y el Seprona. No hay nada que crear, lleva creado décadas, en el caso de la guardería forestal, siglos. Pero coger a alguien iniciando un incendio es virtualmente imposible. El monte es gigantesco, tendrías que poner vigilancia 24h a cada uno de los palurdos de cada uno de las aldeúchas con alta actividad incendiaria.

      “me pregunto por que por esas zonas arde tanto el monte” –> Porque hay una confluencia de intereses en que el monte arda. Cazadores, ganaderos, brigadistas, madereros o palurdos simplemente por “limpiarlo”. La solución pasa por identificar y desactivar uno por uno esos intereses. Pero electoralmente no es rentable.

      “en esas zonas arde todos los años nunca llega a haber un bosque por el que la gente se preocupe” —> Exacto, en el sur de la provincia en cuanto los rebrotes del último incendio superan el nivel de la cintura, vuelve a arder.

      Comentario por Mendigo — 22 marzo 2017 @ 0:28 | Responder

  4. Información Bitacoras.com

    Valora en Bitacoras.com: El otro día vivimos y sufrimos un ejemplo de cómo las mentes más atrasadas y cerriles siguen determinando el devenir de los pueblos en la Galicia profunda. Lamentablemente, en Galicia ya nos hemos acostumbrado a la normali…

    Trackback por Bitacoras.com — 21 marzo 2017 @ 17:40 | Responder

  5. Perfecto análisis de los incendios gallegos. Yo que tengo familia en Ourense se bien de lo que hablas. Curiosamente en Asturias se quema a gusto y con un fin muy claro, crear pastos para el ganado, tal como indican los informes de la Brigada de Ivestigación de Incendios Forestales, más de 70% de los incendios tienen ese origen. Para disuadir a los incendiarios se crearon los acotamientos al pastoreo, que prohibían pastorear el ganado durante un par de años después de un incendio forestal. Eso sí, cuando el fuego se desbocaba y ardía más de la cuenta los culpables nunca aparecen porque por una parte reina la omertá rural y por otra el mamoneo político, el mismo que hace un mes levantó los acotamientos por unanimidad de todos los partidos. La consecuencia fue que una semanita después, se produjeron 200 incendios intencionados en un fin de semana. Si en Galicia reina la paletocracía en Asturias reina el hijoputismo y la imbecilidad política. Un cóctel explosivo.

    Comentario por David — 21 marzo 2017 @ 20:16 | Responder

    • Tienes familia aquí? Vaya, no lo sabía! Según en qué parte de la provincia, aún puedes darte un paseo sin vomitar o echarte a llorar. Si quieres, algún día que te dejes caer por aquí, te puedo indicar algunos sitios.

      Lo que me cuentas del fin del veto al pastoreo en terrenos quemados, es para dedicarse a otra cosa. Un poco como lo que te leía sobre la matanza de cormoranes. Es para recoger los bártulos e irse con el cuento a otra parte. Nosotros, realmente, es lo que sentíamos saliendo de esa aldea ¿qué demonios pintamos entre estos salvajes? Seguimos con el proyecto de rehacer la vida al otro lado de los Pirineos, aunque sea al menos por largos periodos de tiempo.

      Comentario por Mendigo — 21 marzo 2017 @ 22:14 | Responder

      • Hola Mendigo, mi mujer es de Ourense y aunque vivimos en Oviedo vamos a menudo a ver a su madre y su hermana que viven en la ciudad de Ourense. Ya te avisaré y así nos vemos, porque me apetece conocer sitios para patear por la zona, Como dices, la mayoría de lo que se ve desde la ciudad mete miedo, con mimosas hasta en la sopa y no hay dia que vaya que no vea incendios y zonas quemadas, algo acojonante.
        un abrazo

        Comentario por David — 22 marzo 2017 @ 12:39 | Responder

        • Te tomo la palabra, pues. Por cierto, aunque no esté en la provincia ¿conoces A Devesa da Rogueira? Es tan bonito que dan ganas de llorar. De llorar pensando que, algún día, eso fue la normalidad en Galicia.

          Comentario por Mendigo — 22 marzo 2017 @ 12:51 | Responder

          • No lo conozco, pero acabo de mirar por internet y tiene una pinta cojonuda. Veo que está en la zona del Courel, allí estuve hace tiempo pero con las prisas de siempre casi no me dio tempo a ver nada. De Galicia conozco más la zona costera por el curro con los cormoranes, sobre todo la costa de Lugo y la zona de Vigo. De monte suelo salir poco, cuando vamos solemos ir pillados de tiempo, y con el crío para que vea a la abuela y demás milongas familiares casi no salimos de la ciudad. De todas formas, para la próxima vez que vaya con tiempo te pego un toque y a ver si nos vemos y me enseñas algún sitio guapo.

            un abrazo

            Comentario por David — 22 marzo 2017 @ 12:56 | Responder

            • Me lo voy pensando, pues.

              Un abrazote!

              Comentario por Mendigo — 22 marzo 2017 @ 12:59 | Responder

  6. Borrarrás pero no convencerás.

    Comentario por tpa — 21 marzo 2017 @ 21:42 | Responder

    • Jejejeje, gustoume o paralelismo. Deixo ficar éste.

      Aínda que non teño por que, explícoche: xa vai tempo que teño unha nova política de moderación de comentarios. Antes permitía todo, agora borro o que non aporta nada. Ti acúsasme de defender a euxénese no teu comentario. Iso non é certo, e por iso o borrei: o que propoño é levar a civilización e o desenrolo ó rural. Por exemplo, con campañas de reforzo educativo, e a creación de explotacións rendibles sen precisar de subvencións: cooperativas municipáis cunha dirección profesional.

      En canto a que dou noxo, paréceme moi ben, pero son eu e a miña compañeira os que estivemos loitando contra o lume namentres a merda dos aldeáns ían e vían as súas cousas sen importarlles a súa terra. Son moi malo porque falo claro, pero ti tes a mente débil que non es quen de aturar a verdade. E a verdade é que na Galicia profunda temos un nivel cultural por debaixo de moitas partes de África (iso sí, con máis cartos, que é aínda peor). Se queres, comparamos as taxas de alfabetización dalgún concello do interior coas de Senegal ou Nixeria.

      A realidade é independente de que che guste ou non. E, por suposto, ninguén te obriga a pasarte por aquí. 🙂

      Comentario por Mendigo — 21 marzo 2017 @ 21:59 | Responder

  7. No teu artigo non vin nada de propostas que mencionas agora “o que propoño é levar a civilización e o desenrolo ó rural. Por exemplo, con campañas de reforzo educativo, e a creación de explotacións rendibles sen precisar de subvencións: cooperativas municipáis cunha dirección profesional.”
    Teu artigo está pragado de insultos e frases como: “ganas de regar toda la puta aldea con napalm” ¿Pensas que esta frase non da noxo?.
    ¿Preguntácheste en serio porque os aldeáns actuaron asi? ¿sabes si estan fartos de normativas europeas, pagar taxas, das inspeccións, dos políticos, de traballar como mulas e non gañar un patacón, de pretender que asuman responsabilidades que non lles corresponden, etc.etc.?.
    Non vou negar que hai animaliños, hainos en todas partes tanto nas aldeas coma nas cidades, pero xeneralizar a base de insultos non convence nin aporta nada para mellorar

    Comentario por tpa — 21 marzo 2017 @ 22:29 | Responder

    • Teu artigo está pragado de insultos –> Non é certo. Meu artigo ten unhas valoracións moi concretas que defendo stricto sensu. Básicamente, que a poboación das aldeas está composta por deficientes mentáis. É unha xeneralización, por suposto. Sempre se pode atopar un caso excepcional, pero estadísticamente é rigorosamente certo. Que non che guste é outra cousa, pero non son insultos senón a descripción, se queres con algo de retórica, da realidade.

      “ganas de regar toda la puta aldea con napalm” ¿Pensas que esta frase non da noxo? –> Non, é que realmente era do que tiña ganas. É máis, as sigo tendo. Por suposto, non digo que o vaia facer, nin que debería facerse, digo que é do que teño ganas. Debo calarme? Non quero.

      “¿Preguntácheste en serio porque os aldeáns actuaron asi?” –> Estás intentando xustificar a actividade incendiaria. Xa postos… preguntaches a un violador por que o fai? Tamén pode ter os seus bos motivos.

      estan fartos de normativas europeas –> Pero non de cobrar as axudas da PAC, diso non están fartos. Seica eu teña máis contacto co rural ca ti. Coas subvencións cubren gastos, e así todo o que lles queda é benefizo. Estamos gastando en subvencionar unha actividade que non é rendible o que deberíamos estar investindo en I+D+i e en subvencións nos eidos con máis potencial (por exemplo, nanotecnoloxía ou intelixencia artificial). É de libro: as subvencións son para aleitar o recén nacido, non para manter con vida ós zombies.

      “de traballar como mulas e non gañar un patacón” –> Pero iso é causa da súa minusvalía. O seren parvos, non se lles ocorre outra cousa que facer o mesmo que viron facer os seus pais. Non poden matinar ou aprender outro xeito de ordeación do traballo (“as medias só son boas para as mulleres” e toda esas caralladas de pailán). O que fan non é agricultura o gandeiría profesional, e facer o paiaso. Eles mesmos, coa súa incapacidade intelectual, condéanse á miseria. Sabes cal é a demografía dos concellos do leste ourensán, non? Sabes o que quere dicir iso, non sí? Desaparición, de aquí a dos décadas, da meirande parte dos núcleos de poboación. Cada pobo ten o que merece. É, de feito, a Galicia rural ten moito máis do que merece, percibe moita máis riqueza da que xera. É unha sambesuga para a Galicia que crea riqueza.

      “Non vou negar que hai animaliños” –> Da igual o que ti negues o deixes de negar. Os datos están alí. Os de taxas de alfabetización, fracaso escolar, emigración, renda das familias, demografía, tendencia de voto, alcoholismo… e incendios forestáis. Nas aldeas só quedó o peor do peor, o que non da para máis. O que é un pouco menos tonto, está na Garda Civil ou no exército (a metade do corpo armado debe estar composto de desertores do arado… e éses son os listos). E é esa canalla a que rexe no rural, coas escopetas e o veleno, coa súa bestialidade e mala baba; canto máis túzaro máis impón a súa lei. E ben sei do que falo…

      “non convence nin aporta nada para mellorar” –> Pero é que eu non quero convencer a ninguén! Eu, o que quero, e atopar a mellor forma de irme vivir xalundes, mellor fora de España. E si que aporto ideas para mellorar. Xa cho dixen: encher os Canadair de napalm e facer cosas súas casas o mesmo que eles fan co monte. Se queren lume, que teñan lume, e así poderemos rir todos.

      Comentario por Mendigo — 21 marzo 2017 @ 23:08 | Responder

      • Cando falei de por qué os aldeáns actuaban así non me refería ós incendiarios si non os veciños que estan fartos de apagar lumes de outros e xa non poden mais.
        As políticas europeas de subvencións están destinadas a fixar poboación en zonas rurais, solo valen para subsistir, non axudan a resolver problemas.
        Non vai facer falta o napalm a política deixará as aldeas baleiras e rematarán os lumes… ¿ou non?

        Comentario por Tpa — 21 marzo 2017 @ 23:41 | Responder

        • “os veciños que estan fartos de apagar lumes de outros” –> Falso. Iso sí que non. Penso que vivindo na raia seca teño un doutorado en socioloxía dos incendios, e por iso sí que non paso. Os veciños só participan na extinción en casos extremos nos que as lapas ameazan as casas. Na maioría abrumadora dos lumes, achéganse coa cervexa na mao a rirse e contemplar o espectáculo. Ou non sabes do que falas, ou mintes deliberadamente. Como ves, son ben claro.

          “As políticas europeas de subvencións están destinadas a fixar poboación en zonas rurais” –> Correcto

          “solo valen para subsistir” –> Non aspiran a máis. Non poden aspirar a máis. Ainda que cun magote de ovellas, e coas subvencións, aínda se pode aspirar a algo máis que subsistir. Nas cidades moitos traballadores den unha renda dispoñible moito menor que eses pesebreiros.

          “non axudan a resolver problemas” –> Os crean, perpetuando a agricultura e gandeiría de subsistencia, o atraso, o pasado. Eliminando a urxencia de que estas bestas fagan un esforzo para se poñer o día. E as subvencións a gandeiría extensiva son unha causa primaria dos lumes. Se esas subvencións, non habería gando no monte e, polo tanto, desaparecería unha das causas dos lumes.

          “a política deixará as aldeas baleiras” –> Non quedamos en que se trataba de fixar poboación? As aldeas ficarán baleiras, ben é certo, pero a política malgasta recursos en impedilo. Non desexo outra cousa. Ainda que co napalm aceleraríamos un chisco o proceso. E xa que lles gusta o espectáculo dos helis e os hidros, ofrecerllo completo. Tamén pode servir o fósforo branco.

          “e rematarán os lumes… ¿ou non?” –> Rematarán parte dos lumes. Outros son provocados polos madereiros, polos cazadores, pola industria de extinción… Aínda que, realmente, estes tamén forman parte da Galicia profunda. Mmmm, qué dicías de euxénese? O mellor non é tan mala idea, un programa de emasculación sistemático. Non, mellor co napalm. Quen xoga co lume…

          Comentario por Mendigo — 22 marzo 2017 @ 0:07 | Responder

  8. “Esto es el pan de cada día desde hace más de treinta años, así que para los que tienen menos de esa edad lo ven tan corriente como que en invierno llueva y haga frío (o como que el monte esté ocupada por una especie procedente de Oceanía)”…

    Me has hecho pensar en un libro, “Colapso”, de Jared Diamond.

    Una de las causas de que nos vaya tan mal desde que empezamos a ser dioses es que ni “los más viejos del lugar” tienen suficiente experiencia para entender los ciclos largos.

    https://es.wikipedia.org/wiki/Colapso:_Por_qu%C3%A9_unas_sociedades_perduran_y_otras_desaparecen

    Comentario por juanmanuelgrijalvo — 21 marzo 2017 @ 23:18 | Responder

    • Muy buenas, José Manuel.

      Pero para eso tenemos la ciencia histórica. Ninguno de nosotros tiene el recuerdo directo de la batalla del puente Milvio, pero todos sabemos (o deberíamos saber) su desenlace. Y no sólo la Historia: las ciencias naturales nos están advirtiendo del peligro de un colapso ecológico, situación que ha llevado a morder el polvo a grandes imperios. De hecho, es muy conocida la tesis de la deforestación y la salinización de los suelos debida a la sobreexplotación como la causa última del declive de muchos imperios que han existido, Súmer, Egipto, Roma…

      En el caso gallego, hay un inicio de desertificación debido a los incendios recurrentes, mientras que la eucaliptización conduce a un empobrecimiento de suelos y agotamiento de acuíferos. A largo plazo, esto mina la capacidad de la tierra de sostener una actividad económica y es vía directa a la despoblación y la miseria de los rezagados. Causarle heridas a la tierra es como hacérselas a uno mismo, vivimos sobre ella, en ella y de ella.

      Comentario por Mendigo — 22 marzo 2017 @ 0:17 | Responder

  9. Hola:

    El retrato que haces sobre la in-cultura es de lo más acertado. Para mí, y después de mucho tiempo analizando la situación, ese es el principal problema de fondo por el que creo que vamos mal, más allá del problema energético.

    Tenemos un problema cultural generalizado que considera a la naturaleza como sucia, algo que debe ser eliminado. En algunos lados eso se manifiesta en forma de quemas, en otras como huidas hacia la anti-natural ciudad. Alejarse de la naturaleza hacia entornos más ‘domesticados’ es la tónica general, el principal elemento de nuestra cultura, así como de otras muchas, que inevitablemente han acabado colapsando. Lo llevamos muy dentro de nosotros.

    El colapso de nuestra cultura es la factura que estamos pagando por cargar sobre nuestro entorno las consecuencias indeseadas de nuestros intereses.

    El trasfondo transhumanista detrás de la fotovoltaica, el hecho que muchos ecologetas defiendan quemar la naturaleza para conseguir la sacrosanta electricidad, la menos natural (o menos abundante en la naturaleza, y casi siempre con manifestaciones destructivas) de las energías, es algo que hiede.

    El problema es la cultura, que es la que nos hace consumir y malgastar, despilfarrar y cargarnos nuestro entorno, no la energía. El cambio cultural no es una opción.

    En otro orden de cosas, en el curro tengo el gmail capado, y en casa apenas pude preparar un paquete de datos el lunes pasado, a ver cuando lo puedo entregar.

    Un saludo.
    Beamspot.

    Comentario por Beamspot — 22 marzo 2017 @ 8:11 | Responder

    • Sin problemas con ese paquete, ya ves que yo ando ocupado echando pestes de la acultura tradicional, que hay a quien le parece tan “enxebre”.

      Te cuento mi discrepancia: la ciudad es anti-natural, bien es cierto, pero porque nosotros no somos una especie natural. La ciudad genera sinergias al poner en contacto las ideas, y por ello son los lugares económicamente más activos. Y no lo digo por preferencia personal, yo de hecho detesto las ciudades. Pero entiendo que es el modo de organización social más eficiente. De hecho, es lo único que puede salvar lo que queda de los ecosistemas, porque si los que vivimos concentrados en ciudades nos repartiésemos por todo el territorio, no quedaría sitio para nada más (además de que dispararíamos el consumo energético en transporte y suministros).

      Sí, es cierto, eso tiene muchos problemas, entre ellos tú mencionas el alejamiento de la Naturaleza, que cada vez más la vemos como un medio extraño. Es cierto, pero pero tampoco el rural soluciona eso, ya ves cómo en el rural, la gente considera la naturaleza como un enemigo al que hay que domeñar, domesticar. Y acuden a ella para extraer algún provecho (caza, pesca, madera, setas…) o usarla de vertedero. La educación es la que debería promover el conocimiento y el amor por el medio natural, y lamentablemente la educación es un bien muy escaso tanto en la ciudad cómo, desde luego, en el campo.

      Un saludo!

      Comentario por Mendigo — 22 marzo 2017 @ 8:32 | Responder

      • Coincido.

        La educación es un bien muy escaso, aunque en mi caso particular, en el ambiente ‘rural’ (pueblo de 15.000 habitantes), con mucha parcela particular, de un solo propietario (familia), sin grandes terratenientes (es decir, propiedad del ‘trabajador’), parece que la cultura tradicional es justo la contraria.

        Allí se ama más al campo, y no se permite quemar rastrojos: el vecino que te pilla te da una manta palos, con razón.

        Decía mi padre que los campesinos nacían con el bachillerato aprendido. Me pregunto si eso va por zonas, pero allí me parece cierto, y es precisamente esa enseñanza la que echo de menos para mi familia, enseñanza que a mí me fue bien (contando picaduras de abejas, y caídas varias desde árboles).

        Las dimensiones del pueblo no son desde luego ‘diminutas’, y me parece que el tamaño es ideal, tirando a escaso. Es lo suficientemente eficiente en todos los aspectos, sin ser totalmente rural. Y sin embargo, andando o con bicicleta, todo el mundo podría llegar a su terreno en pocos minutos. O en burro (hay casos documentados ;oP)

        No me gustan las enormes urbes, pero las pequeñas aldeas tampoco son la solución como bien comentas.

        Es la educación la que puede modificar la cultura. Y sin embargo, lo que nos venden es robótica y ‘hojas artificiales’ (fotovoltaica) para sustituir nuestro entorno natural.

        Como tengo una hija con necesidades especiales, creo que el primer punto a incidir es precisamente ese: cambiar la educación.

        En ello estoy.

        Comentario por Beamspot — 22 marzo 2017 @ 10:37 | Responder

        • Desde el punto de vista de la movilidad urbana y eficiencia energética, yo calculo que el tamaño “ideal” de las entidades de población rondaría los 100-300 mil habitantes (à peu près).

          Ahora bien, reconozco que para crear esa red de contactos, de sinapsis, que genere sinergias para el crecimiento de una economía moderna, se necesitan entidades de población por encima de los 10 millones de habitantes. Pero estas aglomeraciones urbanas (la de Hong Kong son 50 millones, Tokio son 40 y Shanhai 30) presentan inmensos problemas de gestión, y ofrecen una calidad de vida lamentable a sus habitantes (tienen de todo si tienen con qué comprarlo, excepto lo más importante, aire puro, luz, espacios abiertos y contacto con la Naturaleza).

          Luego está el tamaño de la población en la que me gustaría a mí vivir: 2 habitantes. Mi compañera y yo. Quizá 3, si contamos al burrito que me gustaría tener. 🙂

          Pero no caigo en el error de muchos, que es extrapolar mi ilusión en un modelo generalizable a toda la sociedad. Simple y llanamente, no es sostenible. Aunque la idea pueda ser contraintuitiva e incluso paradógica, no hay nada más insostenible que el neoruralismo.

          Comentario por Mendigo — 22 marzo 2017 @ 12:30 | Responder

  10. La Galicia profunda da miedo… y pensar que mi mujer, extranjera, quiere irse a vivir ahí porque vió una vez un anuncio de la faXunta en internet, y yo le digo que ni loco, que nos quemarían la casa el primer verano. Y le recuerdo lo que sucedió a un matrimonio extranjero que compró unos terrenos ahí. Lástima cómo la ignorancia y la mala leche han destruido una región que tuvo que ser una de las más bellas de la península y de la Europa atlántica. Animo, compañero, a seguir luchando.

    Comentario por Greg — 23 marzo 2017 @ 15:00 | Responder

    • Muy buenas, compañero.

      Mira, en esto reconozco que no soy objetivo, pero Ourense fue algún día uno de los sitios con mayor riqueza ecológica. La clave es que nos encontramos en la confluencia de las regiones mediterránea, atlántica y continental, así que tenemos un poco de todo (robles al lado de encinas y alcornoques, laureles al lado de madroños, helechos y cantueso). Pero ahora esta riqueza sólo se puede apreciar en contados lugares, estando la mayoría de ellos machadados por el fuego y las repoblaciones de pinos, y con algunas zonas en peligro de desertificación.

      Respecto a tu mujer, le puedes decir de mi parte que no se deje engañar por la propaganda, y le eche un vistazo al Google Maps, que ése no engaña (o al SIGPAC). Cuando deje de ver calvas peladas por los incendios y vea una masa boscosa, que desconfíe y entre en el Street View: pinos y eucaliptos. Cualquier región de Europa, excepto el Norte de Portugal, tiene un mayor grado de conservación de los valores naturales.

      Matrimonio extranjero… te refieres a los que asesinaron en A Rúa? Hay episodios que describen mucho mejor la clase de gentuza que puedes encontrar en la Galicia profunda:

      ++++++++

      http://www.laregion.es/articulo/ourense/culpable-asesinar-veneno-vecino-maceda/20111203084700178576.html

      Así, el tribunal popular consideró demostrado que Lamelas Álvarez ‘conocía de antiguo’ a Felisindo González y que sentía por él ‘un profundo resentimiento’, por las diferencias surgidas entre ellos tras gestionar de forma conjunta una explotación ganadera.

      Asimismo, también consideró cierto que el procesado acudió el 22 de noviembre de ese año a un paraje denominado O Pereiro, propiedad de la víctima, en donde dejó ‘colgada de una cancilla la bolsa que contenía una botella de vino encorchada, en la que había ‘introducido una cantidad importante de estricnina’, además de dos latas de conservas, una de cerveza y dos mandarinas. En ese mismo lugar, ‘colocó restos de productos consumidos para dar la sensación de que habían estado allí otras personas’, precisamente en un día hábil de caza (para simular una reunión de cazadores), a sabiendas de que el lugar ‘no era frecuentado por personas distintas a Felisindo’.

      Esta acción, que según sostuvo la acusación pública en el juicio iba dirigida a ‘dar una muerte atroz a la víctima’, fue realizada por Lamelas Álvarez, tal y como apreció el jurado, ‘con el ánimo de provocar el fallecimiento por envenenamiento de Felisindo, sabedor de que era una persona confiada’. El fatal desenlace ocurrió el 24 de ese mismo mes, cuando la víctima acudió a O Pereiro y recogió la bolsa que abrió en su casa para dar un trago al vino tóxico, pereciendo al poco ‘por la ingesta de estricnina’, que, según sostuvo el fiscal, ‘causó una muerte agónica a la víctima, pasando 15 horribles minutos en lo que dijo a su familia que iba a morir envenenado como un perro’.

      ++++++++

      Eso, cuando se llevan mal. Y de buenas son así:

      Comentario por Mendigo — 23 marzo 2017 @ 15:47 | Responder

      • Sí, a esos mismos me refería, una pareja holandesa… pobres, dónde fueron a parar. Pero no conocía ese caso de la estricnina, alucinando me quedo… Yo creo que la única esperanza que queda es que algún día aparezca alguna plaga que acabe con los eucaliptos, puesto que cambiar la mentalidad de esta gente parece imposible.

        Comentario por Greg — 23 marzo 2017 @ 23:36 | Responder

        • Desde hace años, pienso lo de “bueno, según vayan muriendo los viejos, esto se irá civilizando un poco”. Pero es que los pocos jóvenes que quedan, son tan burros o más que sus mayores. Que ¡ojo!, al menos los mayores tienen disculpa, pues tuvieron menos posibilidades de estudiar. Pero hay chavales más jóvenes que yo, y son aún más palurdos que sus abuelos, groseros, violentos, machistas…

          Comentario por Mendigo — 24 marzo 2017 @ 8:14 | Responder

  11. […] te queman el pinar, pero si les permites subirlas, provocan la alteración del ecosistema. Es la paletocracia de la que hablaba el otro […]

    Pingback por El pinar de Lillo | La mirada del mendigo — 26 marzo 2017 @ 11:46 | Responder

  12. Mendigo, a ver si pudieras echarle un vistazo al mapa que aparece en este enlace:

    http://www.gciencia.com/medioambiental/o-eucalipto-xa-ocupa-medio-millon-de-hectareas-en-galicia/

    Pensaba que Ourense estaba cubierta de eucaliptos…

    Comentario por Greg — 29 marzo 2017 @ 22:04 | Responder

    • Sip, más o menos correcto.

      Probablemente la incidencia sea mayor que la que refleja el mapa, pero en lo básico está bien. En Ourense lo están empezando a introducir, y fundamentalmente especies más resistentes a las heladas que el E.globulus (que yo sepa, el E.nitens y E.camaldulensis, pero seguro que ya están buscando otras que se adapten mejor a las condiciones más duras de la Galicia interior). Pero en Ourense todo se hace a lo paleto, y lo que hacen es plantar aquí y allá parcelitas dispersas, a veces mezcladas con pinos. Ese tipo de invasión no aparece en el mapa. Pero vamos, en cualquier caso, su distribución en el interior es infinítamente menor que en la Galicia costera que, simplemente, no hay otra cosa. Aquí, lo que monopoliza los montes es el pino (P.sylvestris, radiata o pinaster, cualquiera de los tres alóctono).

      Comentario por Mendigo — 29 marzo 2017 @ 22:25 | Responder

  13. […] ya tal). Su justificación parte de la constatación de que en la Galicia rural existe una paletocracia, en la que no rigen las leyes sino la voluntad de los individuos más cerriles y palurdos de cada […]

    Pingback por Misiones ecológicas | La mirada del mendigo — 1 mayo 2017 @ 7:25 | Responder


RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: