La mirada del mendigo

20 abril 2017

Determinismo sexual

Filed under: salud — Mendigo @ 1:40

En estos tiempos de postureo, en el que un texto de más de 15 líneas es un “tocho” o un “ladrillo”, las posiciones ideológicas vienen marcadas fundamentalmente por la imagen: me queda bien la ropa holgada y la quincallería, pues me hago de izquierdas o, con el diccionario político de hoy, alternativo. En semejante caleidoscópico escenario político, es fácil acabar mareado y sin rumbo, cuando ves a una organización ultracatólica defender un mensaje radicalmente feminista y a los más exaltados progres echar espuma por la boca y contraatacar con planteamientos sexistas y reaccionarios. Sí, me refiero al dichoso autobús de Hazte Oír.

Para procurar entender algo, debemos rebobinar la película. En un principio era la Iglesia, y su monopolio conservador sobre las ideas y valores. En esta dictadura de la religión semita, se imponía el determinismo sexual que adscribía a cada individuo a una de las dos categorías principales en que se dividía la Humanidad nada más nacer. Según el bebé mostrara un órgano sexual u otro recibiría una educación y trato completamente diferenciados, preparándolo para cumplir el rol social que le estaba determinado (evidentemente, condicionado también por la clase social, pero aún era más permeable las diferencias de clase que las barreras que separaban los roles de sexo).

Según la doctrina eclesial sobre la distinción entre sexos, existen unas diferencias esenciales entre los individuos de la especie humana de sexo masculino y femenino, que van mucho más allá de las morfológicas, sino que son psicológicas/conductuales y hasta teológicas (imposibilidad de acceder al sacerdocio), que justifican que la sociedad se organice sobre estas diferencias.

Es Mahoma quien mejor muestra esta diferencia esencial entre hombres y mujeres a ojos del Dios semita:
Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Allah ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan.
Corán, Sura de Las Mujeres, 34

Pero este, podríamos llamarle, machismo teológico (primacía del sexo masculino por motivos teológicos, en una religión semita en la que la divinidad está caracterizada con rasgos masculinos) viene de mucho más antiguo y es una constante en toda la religión hebrea. La misoginia semita llega al absurdo de hacer nacer a la mujer del hombre, dándole la vuelta al mito sumerio como si fuera un calcetín.

Sobre la mujer, fuente de pecado, lanza una maldición desde el mismo Génesis:
A la mujer dijo: En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti.
Génesis 3:16

En la transposición de esa religión semita a moldes occidentales, el cristianismo, el humanismo neoplatónico no llegó a penetrar la fuerte impronta machista de la religión hebrea y su concepción patriarcal de la sociedad. La civilización helénica no pudo tanto, ya que la misoginia semita hunde sus raíces hasta su mismo núcleo doctrinal. Leemos en el Nuevo Testamento, en boca de San Pablo, el discípulo “ilustrado” (el único que sabía escribir en griego), dejando bien claro cuál es el lugar reservado a la mujer en la naciente herejía:

Que la mujer aprenda calladamente, con toda obediencia.  Yo no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada. Porque Adán fue creado primero, después Eva. Y Adán no fue el engañado, sino que la mujer, siendo engañada completamente, cayó en transgresión. Pero se salvará engendrando hijos, si permanece en fe, amor y santidad, con modestia.
1 Timoteo 2,12

Las mujeres guarden silencio en las iglesias, porque no les es permitido hablar, antes bien, que se sujeten como dice también la ley. Y si quieren aprender algo, que pregunten a sus propios maridos en casa; porque no es correcto que la mujer hable en la iglesia.
1 Corintios 14:34

… que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos…
Tito 2:4

Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo Él mismo el Salvador del cuerpo. Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo.
Efesios 5:22

Esta misoginia evangélica fue desarrollada por los principales teólogos cristianos:

No alcanzo a ver qué utilidad puede servir la mujer para el hombre, si se excluye la función de concebir niños.
San Agustín de Hipona

En lo que se refiere a la naturaleza del individuo, la mujer es defectuosa y mal nacida.
Santo Tomás de Aquino, Suma Theologica.

La reforma luterana no supuso ningún progreso para la condición de la mujer, antes bien…

Las niñas empiezan a caminar y a hablar antes que los niños porque la maleza crece siempre más rápido que las buenas semillas
Martin Luther

Tengan sus hijos y hagan como puedan; si mueren, benditas sean, porque seguramente mueren en medio de una noble labor y de acuerdo a la voluntad de Dios… Así ven ustedes cómo son débiles y poco saludables las mujeres estériles; aquéllas bendecidas con muchos niños son más saludables, limpias y alegres. Pero si eventualmente se agotan y mueren, no importa. Que mueran dando a luz, que para eso están.
Martin Luther

Bueno, sobre la posición de subordinación de la mujer en las diferentes declinaciones de la religión semita no cabe ni asomo de duda más que para el que quiera engañarse a sí mismo y/o a los demás. Pero para lo que nos interesa en este momento, es quedarnos con la idea de que en su modelo de sociedad, hombres y mujeres son sustancialmente, y hasta teológicamente distintos, y los distintos roles que desempeñan en la sociedad no son más que la consecuencia de esa diferencia natural. Pretender alterar ese orden (por ejemplo, que una mujer pueda enseñar o dirigir) supone una alteración de ese “orden natural”.

Por supuesto, siempre hubo mujeres excepcionales que estuvieron dispuestas a desafiar el destino que el patriarcado les imponía, saliendo de su reclusión doméstica para conquistar cátedras y laboratorios, mares y desiertos, hasta tocar el cielo. Pero todas ellas tuvieron que arrastrar el estigma semita de no actuar de acuerdo a su condición femenina, una especie de rebelión a lo que la naturaleza determinaba y Dios sentenciaba.

Esta negación por la vía de los hechos del determinismo sexual que la religión y las costumbres imponían a la mujer, sometida en un estado servil al servicio doméstico y sexual del varón, fue siendo teorizada por las primeras filósofas feministas. Entre ellas, destaca Simone de Beauvoir, que en 1949 resumió la cuestión en su célebre sentencia (parafraseando a Erasmo):

On ne naît pas femme, on le devient.

Émile Durkheim es el primer pensador, que yo sepa, en postular la existencia de unos rasgos sociales, no innatos sino adquiridos, a los cuales Simone da el nombre de género, y a considerarlos de forma autónoma de la condición puramente biológica. De esta forma, hace la distinción fundamental entre sexo, que puede ser masculino o femenino según los caracteres sexuales primarios de cada individuo (ahora sabemos que determinados por el tipo de cromosoma, XX o XY). Que es diferente del género, que es el conjunto de estereotipos que cada sociedad ha creado y reproducido en torno a ambos sexos. El sexo es, evidentemente, innato, pero el género es adquirido. Viene a ser una profecía autocumplida, la sociedad espera que un hombre/mujer se comporte de una determinada forma, y lo educa para que efectivamente verifique estos prejuicios.

De hecho, cuando el inmundo se refería a su esposa, en términos pretendidamente elogiosos, como “mujer, mujer”; en realidad estaba suscribiendo esta diferencia, queriendo remarcar que su esposa era de sexo femenino y además de género femenino, es decir, poseedora de los atributos con que la mentalidad tradicional representa a la mujer (lo cual es además muy discutible, pues incluso una carca como la Botella se ha beneficiado tremendamente del progreso social logrado por las feministas, y escandalizaría a sus correligionarios conservadores de pasadas generaciones).

¿Qué son todas esas afirmaciones de que los negros son buenos en la música y el deporte, los orientales en matemáticas, los judíos son maliciosos y los sudamericanos pusilánimes? Basura racista, la misma clase de basura que lo de que los hombres son de Marte y las mujeres, de Venus; mujer al volante, peligro constante y todo el rollo de príncipes valientes que salvan a desvalidas princesas en apuros.

No estamos determinados ni por nuestra raza ni por nuestro sexo, sino por los prejuicios que sobre nosotros proyecta la sociedad.

Sí, ciertamente, tanto la raza como el sexo sí que tienen algunas consecuencias. Por ejemplo, sabemos que los negros tienen una menor predisposición a las enfermedades cardiovasculares, o que las adaptaciones morfológicas de los tibetanos (quizá de un cruce con denisovanos, de forma análoga a los sapiens llegados a Europa con los neanderthales) les confieren una mayor adaptación a la altura. Igual que el pelo crespo es una característica de la raza negra, el sexo determina los caracteres sexuales secundarios (pechos, vello facial, desarrollo de la musculatura…). Incluso, las diferencias hormonales permiten reconocer algunas diferencias de comportamiento, como una mayor agresividad y mejor tolerancia al riesgo en los hombres. Pero esto es sólo una tendencia, sólo perceptible estadísticamente, en un conjunto de condicionantes. Dicho de otra forma, los hombres no estamos determinados por nuestra sexualidad para convertirnos en bestias violentas, es sólo una parte de todo lo que influye en nuestro comportamiento, y desde luego no la mayor. El ambiente, por ejemplo, es mucho más determinante que el sexo para explicar la agresividad de un individuo: es fácilmente comprobable que, sometidos a diferentes circunstancias, podemos observar hombres pacíficos y mujeres violentas.

Quiero remarcar esto, con riesgo de ser pesado: no somos bestias, no estamos determinados por nuestra entrepierna. Existen factores ambientales, exógenos, fundamentalmente sociales, que nos condicionan en mucha mayor medida. Y luego está un mínimo libre albedrío para conducirnos según nuestra conciencia.

Por hacer un paralelismo: nacemos desnudos, y es la sociedad la que nos exige que nos cubramos. Nacemos con un sexo u otro, y es la sociedad la que nos añade, según éste, un género o conducta normalizada de acuerdo a nuestro sexo.

Esa hipótesis del feminismo por la cual los atributos tradicionales de la mujer (y por extensión, los del hombre), docilidad, sumisión, atolondramiento, liviandad… en los que el conservadurismo la había encuadrado fueron metódicamente desmentidos por la ciencia, y al menos en Europa ya sólo los defiende algún deficiente mental del ultracatolicismo polaco. De hecho, la mejor prueba del error palmario que han promovido las religiones semitas durante siglos es la sociedad actual. Era falso que una mujer no fuera capaz de hacerse cargo de su vida, sin necesidad de varón: era incapaz porque desde el momento de su nacimiento le cercenaban su libertad y autonomía, educándola para su función servil, subalterna, e instituyendo todo un cuerpo legal para impedir su emancipación. Tras ese proceso de mutilación intelectual y moral, presentaban el resultado como la confirmación de sus prejuicios. Eliminada, no sin lucha, (parte de) la discriminación a la que eran sometidas las niñas y mujeres, éstas han demostrado por la irrefutable vía de los hechos la inmundicia del determinismo sexual de la religión semita, pudiendo medirse en valía con los hombres.

De hecho, aunque pueda no sernos perceptible hoy en día, las exigencias de género se han ido diluyendo y podemos tomar con naturalidad elementos que hasta hace muy poco eran propios del otro género, sin ser tachados de afeminados o marimachos. Pongo un ejemplo, que además me sirve para exponer cómo el sexismo, además de someter a las mujeres al imperio de los hombres, nos somete a nosotros mismos a la tiranía de nuestra propia condición, siempre pendientes de defender nuestra hombría y cargar como morlaco contra todo lo que la amenazase, cuestionase o socavase. Aunque ahora es perfectamente natural ver a un padre jugando con su hijo, esto es una novedad moderna. Hasta hace poco tiempo los hombres no podían disfrutar de ese placer, pues debían representar su papel varonil, autoritario, y su dignidad quedaría en entredicho si se tiraban al suelo para jugar con su crío. El sexismo nos empobrece, esclaviza a todos.

Esta destrucción del género, es decir, de los arquetipos sociales construidos en torno al sexo, sólo puede ser buena, liberadora para todos. Hay que arrancar de raíz este triaje binario del género, hombre o mujer, esté o no referido a los atributos sexuales, y reemplazarlo por una sociedad abierta en la cual cada uno pueda construir libremente su propia personalidad, sin estar determinado por su sexo. El género no es una realidad positiva, sino una creación social (como las religiones que lo sancionan) que la misma sociedad puede arrumbar en el rincón de los trastos viejos.

Por ejemplo, en mi caso, yo puedo afirmar que no tengo género; o, al menos, eso procuro. Tengo sexo, evidentemente, pero sería muy triste pensar que condiciona mi conciencia (es decir, que pienso con la polla). No sé si os habréis dado cuenta leyendo este espacio, pero procuro trascender en mis posiciones éticas y políticas mi condición de varón heterosexual blanco de clase media y los intereses que de ella se desprenden, lamento que otros no lleguen a tanto.

¿Qué valor tendría si defendiera los derechos de los homosexuales si yo fuera homosexual? ¿Qué mérito tiene ser antiracista, perteneciendo a una minoría étnica, feminista siendo mujer o de izquierdas siendo obrero? Yo no escojo mis luchas por el interés personal, sino por lo que honestamente creo que es justo. Ahora bien, podría ser peor, el de ser un homosexual homófobo, un negro racista, una mujer machista o un obrero de derechas, los imbéciles redomados existen, y no es corto su número.

Vamos a exponerlo de forma más gráfica con un ejemplo. Cojamos dos contenedores, a uno le ponemos la etiqueta MUJER, y a otro, HOMBRE.

En MUJER metemos: pelo largo, faldas, maquillaje, tacones, cocina, revistas de cotilleos, frívolidad, color rosa, sensibilidad…
En HOMBRE incluimos: pelo corto, corbata, fútbol, revistas de coches, agresividad, rudeza…

Y muchísimos más, dependientes además de la cultura y el momento. Por poner sólo un ejemplo, en Japón está mal visto que un hombre muestre demasiado gusto por los dulces, pues se considera poco varonil. En nuestra cultura es ridículo (a mí me encanta el chocolate y sería extraño que alguien me describiera como “femenino”), pero otros muchos prejuicios sexistas de nuestra cultura nos parecen evidentes (naturales, es decir, innatos y propios de cada condición sexual).

¿Qué son estos cajones? El género. Las características sociales, adquiridas (por el condicionamiento de esa misma sociedad), adscritas a cada sexo. Estos cajones, en las sociedades civilizadas, han sido progresiva pero exhaustivamente vaciados. Insisto, ahora lo vemos con naturalidad, pero volviendo la vista a épocas pretéritas nos sorprenderíamos del camino tan inmenso que hemos recorrido. Ya sólo quedan unos pocos elementos, que yo propongo seguir sacándolos y dispersándolos por el suelo para que cualquiera pueda adquirirlos: un hombre con el pelo largo (yo lo he tenido desde niño hasta que la calvicie, por cierto éste sí un condicionante somático, me ha obligado al estilo skinhead), una mujer motera o un hombre que siente atracción sexual por otros hombres.

Una vez vacíos esos cajones de todo prejuicio, no servirán para nada porque no incluyen nada y podremos destruirlos, habiendo acabado con el género. Por supuesto, con la oposición del conservadurismo religioso, que sigue subido en su falacia (aunque a la fuerza ha tenido que ceder parte del campo) de que los roles de género vienen determinados por el sexo, y no una construcción social como defiende el feminismo… y la ciencia.

¿Qué quedara? Únicamente el sexo, esto es, la condición sexual de cada individuo que, además, deberá ser privada. Lo que tengamos entre las piernas sólo le importa a nuestra pareja sexual y, como mucho, a nuestro médico, pero por ejemplo no al Estado, por lo que propongo retirar la casilla del sexo del DNI y de cualquier otro registro público. Para el Estado lo único que debe importar es que somos individuos, sin andar palpando en la bragueta de los ciudadanos.

Expuesto de otro modo: conceptos como “masculinidad / virilidad” o “femineidad” son completamente falaces, tan sólo un espejo de nuestros prejuicios. A los hombres nos impone una paranoia violenta (me viene a la cabeza la obsesión eslava con la virilidad y la homofobia) y, a las mujeres, las relega a la posición de sujeto paciente, que incluso en gramática es indistinguible del objeto.

Al vaciarlos, sólo quedarán dos cajones:

HOMBRE: pene y testículos (con las diferencias hormonales que comporta), más otras características en mayor o menor grado como el desarrollo de la musculatura, el vello, una nuez prominente…
MUJER: vulva y demás partes de los genitales femeninos, en especial las fábricas hormonales femeninas, los ovarios. Y como en el caso de los hombres, otros rasgos como los pechos, la voz más aguda, algunos de los cuales sólo pueden evidenciarse de modo estadístico (como la menor talla).

Que es lo que queda después de destruir el género, el sexo.

Que es exactamente el lema del autobús de Hazte Oír, paradógicamente feminista. Efectivamente, ser hombre significa tener los caracteres sexuales primarios masculinos, y ser mujer los femeninos. Y para convertir ese mensaje en rabiosamente feminista, sólo falta añadirle un signo de puntuación: un punto y aparte. Ser hombre es tener pene, ser mujer es tener vulva… Y PUNTO.

(en realidad, sería científicamente más correcta una definición cromosómica u hormonal, pero dejémoslo así).

Ser hombre NO implica sentir atracción por las mujeres, ser mujer NO supone sentir una tendencia a la lágrima fácil o la sumisión. Hombre y mujer, desnudos del resto de atavíos con que les quiere cargar la sociedad, para que libremente escojan los elementos, aquí y allá, con los que quieren engalanar su personalidad.

Lamentablemente, como tantas veces, la progresía sólo ha comprado el libro por la encuadernación y sigue sin leérselo.

Yo sé bien que esto no es lo que querían decir los palurdos de Hazte Oír, pues detrás del accidente físico del sexo quieren colar toda la retahíla de prejuicios católicos en torno a él: el género. Pero tal y como estaba rotulado, más ese punto, era rigurosamente correcto. Si en la izquierda alguien tuviera dos deditos de sesera, se habría percatado del equívoco y aprovechado para trolear a los fachas aplaudiendo la idea. Pero no, la derecha agita un trapo colorado, y ahí van los progres a cargar. Espectáculo deprimente, tanto por el toro como por el torero, a cual más imbécil.

Sí, está la ofensa a los transexuales y todo el tema de la transexualidad. Hace poco comentábamos que en Irán, el sistema de salud paga las operaciones de cambio de sexo, y era presentado como una extraña muestra de progreso en un país en el que los homosexuales son ahorcados con ayuda de una grúa de obra. Pero no es progreso, sino extrema reacción conservadora. Lo que pretende la república islámica es que te ajustes a un rol de género. Si siendo hombre, adoptas elementos del cajón de MUJER, eres un error de la naturaleza que debe ser rectificado con ayuda de la cirugía. Entonces sí, ya podrás seguir ese rol de mujer sin que entre en confrontación con tu sexo de hombre, devolviendo la armonía al mundo. ¿Progresista? Me cuesta imaginar algo más nauseabundamente reaccionario.

La transexualidad, es un reconocimiento implícito (y muchas veces explícito) de la moral conservadora y la asunción de sus roles de género. Si te gustan los hombres, llevar faldas y pintarte los labios, mas tienes pene, eso es un error de la naturaleza que hay que corregir. Normalmente no se dice de forma tan cruda, pero sí en términos como una discordancia entre su sexualidad percibida y su cuerpo. Viene a ser lo mismo: un individuo que tiene un sexo pero toma elementos del cajón de género del otro. La sociedad, y el mismo individuo como miembro de esa sociedad, generan una tensión por esa disonancia ficticia que se resuelve en el quirófano y con tratamiento hormonal. Digo ficticia porque no existe ninguna incompatibilidad esencial en ser hombre y usar falda, pintarse los labios o follar con otros hombres.

Es más, es que me parece un insulto a la homosexualidad, la principal discordancia entre sexo y género (cuyo rasgo quizá más definitorio en todas las culturas es la atracción sexual por el sexo contrario). Si concebimos esa contradicción como una patología, corregible con una intervención quirúrgica (para adaptar el sexo al género), también podemos dar por buenas las terapias para curar gays (adaptar el género al sexo). En otras palabras, supone escupir al colectivo gay a la cara.

Evidentemente, respeto a quien tome la decisión de someterse a un proceso de cambio de sexo, al fin y al cabo allá cada uno con su cuerpo, pero una operación de emasculación y ginecoplastia me parece un ejemplo de autoviolencia provocada por un entorno (conservador) que aún reconoce como funcionales las diferencias de género. Es decir, una sociedad que no permite al individuo vivir de acuerdo a sus preferencias sin automutilarse. Algunos argumentos como la necesidad de sentirse un hombre / mujer completo, por mucho que sea chocante decirlo, son rigurosamente reaccionarios. Lo de sentirse hombre es del mismo nivel intelectual que sentirse español, al menos yo cuando me siento, lo hago en una silla. Lo más cerca que puedo estar de sentirme hombre es cuando sufro un golpe en los testículos, y no es precisamente agradable. Ya con menos bromas, la condición sexual (o la nacionalidad) no es una sensación, sino un mero accidente biológico, como puede ser el color de ojos, de pelo o cualquier otro rasgo racial. Del sentirse una mujer completa (mujer, mujer, como Botella) podemos acabar en el orgullo ario.

Resumiendo. La transexualidad es la solución a una discordancia entre el sexo real y el percibido. La cuestión es que el sexo percibido no es sexo (pues no es algo que modifique nuestra percepción) sino género. El transexual compra la mentira reaccionaria, polarizadora, del género y sufre porque considera que esos atributos no le pertenecen, pues así lo dicta la moral conservadora, en vez de apropiárselos con naturalidad de forma indiferente a su sexo. En cualquier caso, insisto, respeto absoluto a las decisiones personales de cada cual, por mucho que se discutan los valores que subyacen tras ellas. A unos les da por pasar por el quirófano, a otros por ingresar en un convento, allá cada uno.

La única reserva que yo pondría, y en esto sí que soy terminante, es prohibir tajantemente que se realice ninguna operación en menores de edad. Lo mismo que implantes mamarios o incluso tatuajes, con consentimiento o sin consentimiento paterno, eso es lo mismo. Un niño debe tener el derecho de equivocarse, y someter a una operación irreversible como una emasculación a un niño en un periodo definido por la búsqueda de su identidad sexual me parece tan aberrante como realizar un implante mamario a una niña a la que aún no han acabado de desarrollársele los senos.

Volviendo a la íntima analogía entre racismo y sexismo, una operación de cambio de sexo viene a ser el equivalente de las orientales que pasar por quirófano para hacer más redondos sus ojos (quizá su rasgo racial más definitorio), o la celebérrima transformación del rey del pop. Como con el caso de la transexualidad, respeto a lo que un adulto quiera hacer con su cuerpo, pero cabe preguntarse el origen de la necesidad de esa agresión a su cuerpo. Es evidente que, si Michael Jackson intentaba cambiar sus rasgos negroides por otros caucásicos, era porque no estaba conforme con aquellos y compartía el modelo de belleza de los supremacistas blancos. Claro, todo esto es muy duro verbalizarlo, pero es evidente que si cambias es porque no estás conforme con lo que tienes y quieres aspirar a algo mejor. Desde luego, no parece alocado decir que la presión social condujo al desdichado cantante a un autoodio que quiso solucionar por medio de la cirugía. Esta treta, por cierto, es bastante común en la industria de los cosméticos y, ahora también, la cirugía plástica, la de generar conciencia de esencia defectuosa que puede ser arreglada por dichas industrias previo paso por caja.

En mi (nada) modesto entender, creo que es mucho mejor evolucionar la sociedad para que la idea de un negro rico y célebre no sea chocante, una ofensa al orden natural. Una sociedad abierta que permita a cada uno desarrollar libremente su personalidad, no en una estrecha paleta del dualismo de género hombre-mujer, sino en una infinita variedad de colores de acuerdo a las inclinaciones, apetencias e intereses de cada uno.

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20 comentarios »

  1. Una entrada muy completa, me ha parecido muy interesante y me ha dado alguna perspectiva que no había contemplado. Realmente cada vez tengo más claro que lo que hace falta es evolucionar como seres humanos. Nos faltan algunos hervores para dejar atrás lo más bárbaro de nuestra forma de pensar y comprender el mundo y al resto de personas.

    Comentario por wenmusic — 20 abril 2017 @ 9:58 | Responder

    • Precisamente, cuanto más evolucionemos, menos determinados estaremos por nuestras circunstancias, el sexo, la tribu, la raza…

      Mi ideal es, en vez de un mundo partido en dos mitades, un crisol de seres verdaderamente únicos. Por poner un ejemplo, ni faldas para las chicas ni pantalones para los chicos, sino que cada cual llevaría la ropa que se hubiera imaginado, sin que ni siquiera tuviera nombre, y sin ninguna relación ¿por qué habría de tenerla? con lo que tuviera entre las piernas. Es divertido, imaginarse un mundo de personas verdaderamente libres, también de prejuicios.

      Comentario por Mendigo — 20 abril 2017 @ 23:12 | Responder

  2. Es éste, señor Mendigo, uno de los mejores escritos que he tenido el gusto de leerte, brillante en la exposión y provocador en el enfoque. Magnífica tu osadia a la hora de abordar el tema del odio al cuerpo de uno mismo. Para que no todo sean vitos y aplausos decirte que no termino de compartir la visión lineal de la Historia, esa que cuenta que venimos de la superstición y las tinieblas y vamos inexorablemente hacia la luz y la razón. Ni éste es el período mas libre que ha conocido la humanidad ni podemos asegurar que no volverá el Santo Oficio a cama

    Comentario por Àlex — 20 abril 2017 @ 14:03 | Responder

    • Por supuesto, es una simplificación pensar que el progreso es lineal. Con todo, hay que reconocer que la tendencia general es al progreso, por mucho que puedan darse retrocesos, a veces de varios siglos. Pero en el siguiente impulso, la Humanidad salta aún más lejos. Sí que creo, por tanto, que el camino hacia la luz y la razón es inexorable. Una tendencia general ineluctable, pero no lineal. La imagen es la de un reloj de péndulo subido a un carro. Un observador situado en el péndulo, percibe que a veces avanza, a veces retrocede; pero escogiendo una escala mayor de tiempo, el progreso es indiscutible.

      “El periodo más libre” –> Umm, claro, es que la libertad es inabarcable, si yo te muestro facetas en las que el avance de la libertad es innegable, tú me puedes contestar con otras en las que estamos sufriendo un proceso de alienación. Generalizar que cada vez somos más libres es bastante osado (y eso, sin tomar en cuenta las enormes diferencias geográficas). Con todo, en una escala de tiempo amplia, yo estoy dispuesto a afirmarlo. Se me hace difícil pensar en qué otra época histórica una persona habría tenido una mayor capacidad de autorealización y autodeterminación. ¿Tú, en cuál estás pensando? Quizá el helenismo…

      Eso, en la macroescala. Luego, también podría decir que no estamos en el pico de efervescencia creativo de principios del s.XX o de los años ’80, vivimos inmersos en una resaca reaccionaria. Pero quizá sólo estemos tomando impulso…

      Por cierto, me parece que se quedó cortado tu mensaje, no?

      Y sí, por supuesto que no podemos asegurar un retroceso secular; de hecho deberíamos estar alerta para evitarlo, porque es una posibilidad muy real.

      Comentario por Mendigo — 20 abril 2017 @ 23:29 | Responder

      • Des de un punto de vista totalmente subjetivo no puedo evitar ver el proceso civilizatorio como una caída en vez de un logro. Vamos perdiendo libertad en la misma medida que vamos añadiendo complejidad al sistema en forma de cultura, moral, política… Por ejemplo, y recurriendo a un tema muy manido. Los romanos eran más libres antes de saber que eran romanos, antes de perjechar los mitos de Rómulo y Remo, antes de que viniese alguien y se autoproclamase Rey, Senador, Emperador.. Cuando llega el Imperio, los romanos, los ciudadanos, puede que fuesen más poderosos, mas ricos, y pudiesen encontrar en el mercado miles de objetos antes inimaginables, pero no eran mas libres. El Dios semítico, es toda una construcción ideológica que no busca otra cosa que justificar y dar carta de Realidad a una determinada estructura social y política. Es en las grietas que dejan estas construcciones cuando podemos ser libres.

        Comentario por Àlex — 21 abril 2017 @ 11:23 | Responder

        • Pero Álex, creo que estás confundiendo sencillez con libertad. Un cazador-recolector del neolítico no era libre, estaba completamente determinado por su ambiente y su grupo (sin el cual no podría sobrevivir). La Naturaleza era una señora despiadada que, de un plumazo, podía segar tu vida. La ignorancia te sometía a lo inmediato de la existencia material, con un mundo de las ideas extremadamente pobre (como podemos ver aún en pueblos ágrafos).

          Yo no creo que un ciudadano fuera más libre, tomando tu ejemplo de Roma, con los Tarquinios que con la República, en la que al menos contaban con un Tribuno de la Plebe (que usaba luego el cargo como trampolín personal, pero eso ya es otra historia).

          Es precisamente ese sistema cada vez más complejo el que abre nuestra libertad, nos hace humanos. En un sistema muy simple (el fascismo, por cierto, es un intento de volver a esa primitiva simplicidad donde uno manda y los demás obedecen) hay muy poco espacio para moverse. Lo que nos permite estudiar, viajar a otros lugares o tener un cierto margen para desarrollar nuestra personalidad, es precisamente vivir en una sociedad evolucionada, compleja. Estaba bromeando con Amor sobre mi pelo… tú imagínate que libertad tendría yo para dejarme el pelo largo en una sociedad inmobilista en la que ese rasgo estuviera exclusivamente destinado a las mujeres.

          En serio, lo poco que sé de Historia me enseña que cualquier tiempo pasado fue peor. Mucho peor. Ni nos podemos hacer a la idea de cuán miserable, violenta y atroz era la existencia de nuestros antepasados.

          Comentario por Mendigo — 21 abril 2017 @ 20:12 | Responder

          • Lo siento Mendigo, pero no lo termino de ver. Creo damos por cierto de que si no hubiese todo este montaje social y cultural viviriamos sometidos a un tirano, como si esa fuese la forma primigenia y original de organizarnos. Lo niego con vehemencia. No creo que el hombre sea un ser amoral y despiadado por naturaleza y que gracias a la enculturación se convierta en humano, civilizado, ciudadano. Mi postura, que no es firme (es solo una búsqueda) es que el hombre nace ya libre y con todas las facultades para ejercer dicha libertad y que es precisamente la invención de la cultura, el ropaje, lo que nos hace esclavos. Somos parte de la naturaleza y no sus enemigos ni sus dueños. No creo tampoco que la forma original de socialisarse en la tribu fuese el sometimiento al Jefe y al Chamán de la misma, eso son figuras que vinieron depués.

            Comentario por Àlex — 22 abril 2017 @ 7:21 | Responder

            • Un ser humano no puede nacer libre, pq durante sus primeros meses de es el mas dependiente de entre cualquiera de las especies animales. Como se puede ser libre sin ser consciente de ti mismo y de lo que te rodea. AL final parece que el estado ideal al que te refieres es el q puede tener un chimpance, sin cultura como hubieramos sobrevivido a especies mejores y mas fuertes, como hubieran pasado los conocimientos de una generacion otra?. Tu teoria me suena mucha a cosas parecidad al comunismo primitivo, y similares muy bonitas y romanticas pero alejadas de la realidad

              Comentario por Emilio Fernandez — 22 abril 2017 @ 18:40 | Responder

            • Comparto con Emilio la crítica. Libertad es potencialidad, la capacidad de tomar nuevos caminos. La primera restricción es la mental; la ignorancia nos somete a la esclavitud.

              Por ejemplo, tú no puedes ir a conocer un lugar en el mapa del que nunca has oído hablar. No porque haya un poder político tiránico que te lo impida. No, nadie te lo impide, simplemente no puedes ir porque ni siquiera sabes que existe, con lo que ni siquiera llegas a fabular la posibilidad de ir allí. Es un ejemplo tonto para demostrarte que, sin cultura, no hay libertad ninguna. Y sólo hay cultura, por definición, en sociedad. Y conste que yo soy lo más misántropo que te puedes imaginar, eh? Pero todo lo que tengo (me refiero intelectualmente, además de evidentemente todas mis posesiones materiales), sé que se lo debo a la sociedad. Sin ella, sería como dice Emilio un primate, completamente determinado por sus instintos.

              Otra cuestión: La libertad no es sólo la que se ejerce. Yo tengo la libertad ahora de salir a la calle, aunque como tengo sueño supongo que no realizaré esa libertad.

              “si no hubiese todo este montaje social y cultural viviriamos sometidos a un tirano, como si esa fuese la forma primigenia y original de organizarnos” –> Bueno, la Historia nos enseña que suele ser como rápidamente acaba una sociedad según gana en complejidad: se impone el grupo social más fuerte. Y me refiero con complejidad a salir algo más allá del clan o familia extensa. Y nos llevo ganar mucho más en complejidad hasta encontrar el camino a un orden social más justo: la Democracia.

              Más cosas: la libertad, muchas veces se encuentra limitada por fronteras físicas. Por ejemplo, el hombre no puede volar. Sin embargo, con ayuda de la sociedad, hemos sido capaces de surcar los cielos o escapar del campo gravitatorio terrestre.

              “el ropaje, lo que nos hace esclavos” –> Negativo. El uso de prendas de abrigo nos dio la libertad, ya a nuestros primos Homo, de colonizar otras zonas climáticas fuera del África tropical, nuestro hogar. La primera y más básica libertad, es la de no morir, por ejemplo, de frío o de hambre. Sin el abrigo, yo no tendría la libertad de cruzar paisajes nevados, ni incluso de vivir en estas latitudes.

              La cultura, en su forma más básica, nos permitió domesticar el fuego, crear arpones, lanzadores y azagayas para capturar más presas, aprender a localizar e identificar las bayas y tubérculos comestibles, abrigarnos con pieles y, luego, con tejidos. El proceso de humanización, de advenimiento del género humano, es un proceso de creación cultural antes que de evolución biológica. Por ejemplo, somos muy parecidos al H.heidelbergensis, al H.antecessor o a nuestros primos neanderthales, y exactamente iguales a aquellos que iluminaron las cuevas durante el Magdaleniense. La diferencia es cultural, porque la cultura es acumulativa. Es la falta de cultura, la que nos esclaviza. La cultura nos convierte en Dioses, capaces de crear nuevos mundos, aunque sea en las sombras de una cueva.

              “No creo que el hombre sea un ser amoral y despiadado por naturaleza” –> De derechas se nace, y de izquierdas se hace. 🙂 Un poco más en serio, la verdad debe encontrarse en un punto intermedio. Existen pruebas de comportamiento altruista entre los neanderthales (supervivencia de minusválidos). Por otra parte, la momia natural más antigua (Ötzi) tenía una punta de flecha clavada en la espalda.

              “Somos parte de la naturaleza” –> No, no lo somos. Hace decenas de miles de años, en parte por ese comportamiento altruista que comentaba antes, dejamos de obedecer las leyes naturales y empezamos a domesticar los animales, beber la leche de sus crías, aprendimos a modificar el entorno, etc. Por ejemplo, en ese proceso de civilización-humanización, perdimos el estro (época de celo) y nuestro cerebro se beneficio del extra de calorías que daba el consumir alimentos cocinados (menos esfuerzo del estómago en la digestión).

              De todas formas, es una bonita discusión, y yo también estoy abierto a seguir aprendiendo y reflexionando…

              Comentario por Mendigo — 23 abril 2017 @ 0:41 | Responder

  3. No estoy nada de acuerdo, creo que cometes el error de hablar de lo que no sabes.
    La transexualidad, llamada también disforia de género, es algo muy distinto a la homosexualidad. Los afectados odian sus genitales y se suicidan con mucha frecuencia.

    A algunos se les pasa adoptando el “género equivocado”, es decir la ropa que usa el otro género, ser referidos con el género con el que se identifican… Otros piden/necesitan una terapia hormonal y una minoría exigen operaciones drásticas con resultados poco alentadores, lo que llamas una automutilación quirúrgica.

    La terapia hormonal SOLO TIENE EFECTO durante la adolescencia, precisamente anula los cambios que produce la pubertad en los genitales. Si limitas el “derecho a la transexualidad” a la edad adulta estás reduciendo drásticamente las opciones de los transexuales.

    Yo no he oído historias de transexuales que cambien de identidad sexual con el tiempo, lo que sí ocurre es que su propio cuerpo les da asco y rechazo y se suicidan, aparte del rechazo que inspiran a la sociedad que también les afecta claro.

    Te digo todo esto sabiendo que soy un tránsfobo irredimible. Los transexuales no son lo mismo que los homosexuales, y están en una posición más complicada. Los transexuales incitan más odio y prejuicios, y ser transexual no es una elección que se toma cuando se alcanza la madurez y se es responsable. Es un accidente más, como la orientación sexual o el color de ojos.

    Para ponerte en su lugar imagínate que cambiaras tu cuerpo con el de una mujer cuando eras niño, y sabiendo que eras niño por dentro entonces llegas a la pubertad y tu cuerpo de mujer empieza a desarrollarse de formas raras. Y cada año que pasa el cambio sabes que es más irreversible. O busca testimonios de transexuales en vez de usar la lógica cartesiana 😉

    Comentario por Interrogante — 21 abril 2017 @ 8:17 | Responder

    • A ver, venga, no me voy a enfadar. Pero honestamente ¿tú crees que es la mejor forma de iniciar una conversación decirle a tu interlocutor que “cometes el error de hablar de lo que no sabes.”? Y a continuación sueltas una perla como que “La terapia hormonal SOLO TIENE EFECTO durante la adolescencia”, evidenciando que no tienes ni la más remota idea de en qué consiste un proceso de sustitución hormonal.

      Por favor, aquí nadie es experto en estudios de género, yo al menos sé la enormidad de teorías que se han desgranado a partir de este concepto. Es decir, que yo al menos sé que no sé nada. Así que, por favor ¿podríamos ser un poco más elegantes al escribir?

      “La transexualidad …es algo muy distinto a la homosexualidad.” –> Si fueran lo mismo no sería necesario usar dos términos. Capitán Obvio al rescate.

      “Los afectados odian sus genitales y se suicidan con mucha frecuencia.” –>Sí, como otra forma de autoodio inducido por la sociedad muy extendida, especialmente entre mujeres jóvenes y adolescentes, la anorexia y bulimia. Un anoréxico también odia su cuerpo, y también tienen una altísima tasa de suicidio.

      “anula los cambios que produce la pubertad en los genitales” –> No. Si tienes tetas, por mucho que tomes testosterona, las tetas ahí se quedan. Si tienes barba, por mucho que tomes estrógenos, tienes que depilártela. Lo que sí que provocará la testosterona es tener barba, y los estrógenos que te salgan tetas.

      “Si limitas el “derecho a la transexualidad” a la edad adulta estás reduciendo drásticamente las opciones de los transexuales.” –> ¿Qué opción tiene un niño al que le han amputado los testículos y hormonado? ¿Sabes las consecuencias para la salud de un tratamiento de hormonación que es de por vida? ¿Sabías que muchos procesos deben ser interrumpidos, porque el hígado no lo aguanta?

      “Te digo todo esto sabiendo que soy un tránsfobo irredimible” –> Pues lo siento por ti, al menos los transexuales que yo he conocido son gente encantadora. Seguro que también habrá algún hijo de puta, como en todas partes, pero al menos los tres que yo recuerde, me parecieron muy buena gente. Y alguno más con el que debo haber tratado sin darme cuenta. Y es que, en realidad, me importa un carajo lo que tenga en la bragueta la gente, yo trato con personas, no con órganos sexuales.

      “lo que sí ocurre es que su propio cuerpo les da asco y rechazo y se suicidan” –> Volvemos a lo de Michael Jakcson, la anorexia, el botox y demás cirugía plástica. Que, por otra parte, no digo nada de prohibirla. Insisto: allá cada uno con su cuerpo.

      “Los transexuales no son lo mismo que los homosexuales” –> Y dale. ¿Pero cuándo he dicho yo que lo sean? Si es que, además, es todo lo contrario. Un homosexual posee un rasgo de género que no coincide con su sexo, y es la atracción por personas de su mismo sexo. Y lo asume con normalidad. Un transexual ve este decalaje entre sexo y género como una aberración, y se opera. La respuesta no puede ser más diferente.

      “ser transexual no es una elección” –> ¿?¿?¿? Evidentemente que lo es, a no ser que a alguien le hagan operarse a la fuerza (podríamos mirar el caso Iraní, o te operas o como sigas comportándote de forma no acorde a tu sexo, te matamos). Otra cosa es esa percepción de poseer un sexo que no te corresponde, que obviamente no es voluntaria.

      “Es un accidente más, … el color de ojos.” –> No, el color de ojos depende exclusivamente de la genética, la creación de la personalidad (y, entre ella, la identidad sexual) es un proceso en el que también interviene el ambiente. Negarlo es mandar a la mierda toda la psicología desde que Freud usaba chupete.

      “Para ponerte en su lugar” –> ¿Quién te dice que no lo hago?

      “cambiaras tu cuerpo con el de una mujer cuando eras niño, y sabiendo que eras niño” –> Si tengo cuerpo de niña, soy niña. Crees que si tuviera un coño, estaría escribiendo algo distinto a lo que ahora escribo? El sexo está en la entrepierna, es lo que determina el sexo. No hay nada tal como “un cerebro de hombre”, eso son patochadas.

      Maaarcho a hacer la cena (ocupación, por cierto, que me podría crear un trauma porque no responde a mi sexo ¿debería cambiármelo, para no sentirme absurdo con el delantal y los cucharones?)

      Comentario por Mendigo — 21 abril 2017 @ 20:53 | Responder

  4. Skinhead? Calvicie? Bueno, algún defectillo tenías que tener.
    No ,en serio Mendigo, me ha encantado esta entrada.
    Es posible ese retroceso secular que apuntas. Y eso de que estamos tomando impulso, pues ojalá porque entre el reguetón como padrenuestro, las pocas ganas de buena lectura y las súper series en Netflix nos van a salir canas mientras dura la resaca. Bueno canas a todos igual no…
    Un beso.

    Comentario por Amor — 21 abril 2017 @ 16:18 | Responder

    • Eso, di que sí, tú mete el dedo en la llaga. 😛 Que sepas que también se pueden tener canas en la barba. 😛

      De defectillos nada, yo soy perfecto. 🙂

      Todos lo somos, de hecho, si consideramos la perfección como ser uno mismo. Muchas veces, el ambiente nos incita a odiarnos, deberíamos aprender a querernos. Y con eso, enlazo con el corto del Circo de la Mariposa.

      Lo de skinhead es a veces, es que soy tan vago que ni siquiera para afeitarme la cabeza tengo constancia (la cara, últimamente, un poco más, por no parecer un gilipollas a la moda). La primera vez que me rapé la cabeza, después de tantos años con el pelo por la cintura, creía que iba a ser más traumático. Pero la verdad, me miré al espejo y… bueno, sigo siendo el mismo. Creo que fue más llamativo para la gente que me conocía. Yo, lo único, que tenía a veces el reflejo de echarme hacia atrás el pelo, o hacerme una coleta, y lo único que tocaba era aire. Pero bueno, tampoco es tan grave. Lenin también era calvo, y era guapísimo. XDDDDDDDDDDDDD

      Por cierto, al final, dejarse el pelo corto o rapárselo, en mi caso, viene a ser lo mismo. Yo lo que no quería era andar preocupándome por banalidades como el peinado. Me dejé el pelo largo, básicamente, porque me parecía una frivolidad ir al peluquero. Con el pelo largo, con cortarme las puntas yo mismo, o mi compañera, cada muerte’l papa…

      Venga compi, un besote!

      Comentario por Mendigo — 21 abril 2017 @ 20:03 | Responder

  5. De lo mejor que vienes escribiendo, siempre te leo, saludos desde Argentina

    Comentario por Hector Frette — 21 abril 2017 @ 18:06 | Responder

    • Muchas gracias. Es maravilloso cuando alguno me decís que escribís desde el otro lado del charco. Internet es un arma cargada de posibilidades…

      Un abrazote!

      Comentario por Mendigo — 21 abril 2017 @ 19:48 | Responder

  6. Me encanta esta entrada, me encanta como pones en duda absolutamente todo y me encanta q me hagas pensar.
    Un saludo

    Comentario por Emilio Fernandez — 22 abril 2017 @ 18:45 | Responder

    • Es de los piropos más bonitos que me han soltado en mucho tiempo. Muchas gracias, tronk. 😉

      Tenemos que montar un pogo en medio la sabiduría tradicional y las ideas preconcebidas. Estamos rodeados de jarroncitos de cristal y porcelana de siglos de antigüedad, que deberíamos reducir a gravilla a patadas.

      Comentario por Mendigo — 23 abril 2017 @ 0:08 | Responder

  7. En contestación a Emilio Fernanadez. Agradezco tú entrada en el diálogo y tu aportación, me resulta esclarecedora. Déjame en primer lugar apuntar que no estoy defendiendo ningún comunismo primitivo. Niego la propiedad sobre las cosas y el mundo, también la común. Y primitivo me parece un adjetivo peyorativo que quiere hacer valer la superioridad del que califica sobre el objeto calificado. Los bantusis son mas primitivos que yo, ergo….

    Para continuar con mi exposición quiero volver a enlazar, aunque sea de pasada, con el post que da origen a la conversación. El género, que no el sexo, es algo cultural, un añadido que nos damos los hombres para poder en cierta manera simplificar la compleja y tal vez caótica realidad. Es como si quisieramos darle un sentido, una explicación a todo aquello que se nos presenta por si mismo, indefinido, inabarcable, ininteligible. Es ese añadido, esa cultura, la que aliena al hombre, la que pretendo negar.

    Por tu contestación, Emilio, entiendo que el chimpanzé no es libre ya que es un animal y los animales no pueden ser libres pués están condicionados, atados a los caprichos de la naturaleza. Desde este punto de vista el hombre ha conquistado paso a paso la libertad gracias a su separación de la naturaleza, en cierta manera al dominio de ella, incluso me atrevo a decir su sometimiento. Eso me recuerda una vieja orden bíblica: «…y les dijo Dios: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, y en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.»

    Entonces lo que nos hace humanos es todo aquello que niega nuestra animalidad, lo que nos separa de la naturaleza. No voy a entrar a profundizar este punto, basta con decir que creo que no nos estamos saliendo con la nuestra. Si hemos hecho cosas bellas en nuestro peregrinar por la Historia, pero también horrendas, éstas últimas también fruto de nuestra humanidad, aun no he visto ninguna morsa bombardear a sus congeneres.

    Como veo que me está quedando larga mi intervención voy a ir cortando. Antes de los adioses y parabienes voy a dejar un ejemplo un poco más visual de mi exposición. La cultura me parece como la jardinería. Podemos los hombres crear magníficos jardines como los de Versalles gracias a nuestra inteligencia, nuestra ciencia, nuestro esfuerzo. Cortamos aquí, podamos allá, seleccionamos que especies nos gustan y cuales son malas hierbas, fumigamos, aramos, segamos y hasta recortamos bojs en forma de lechuza. Pero si me das a elegir prefiero el bosque primigéneo, el original, el que no ha sido tocado por la mano del hombre, el que se autoregula sin necesidad de ninguna norma. Un bosque que es diverso, donde no domina una especie sobre las otras. No debe quedar ni uno solo de ellos, ahora son plantaciones para extraer aceite de palma.

    (reivindico mis faltas ortográficas y de expresión, no me someto a la RAE ni admito su autoridad)

    Comentario por Àlex — 23 abril 2017 @ 7:25 | Responder

    • Primitivo peyorativo, joder es que ya todo parece mal, busco en la Rae y una de sus acepciones es “Perteneciente o relativo a los orígenes o primeros tiempos de algo”, q es a lo q me referia, hablaba del comunismo primitivo q es una teoria bastante romantica sobre lo buenos q eramos antes de ser como somos, en ningun momento considere q fueras ni comunista solo era un ejemplo
      Como sabras los cachorros del Homo Sapiens son los mas indefensos de la naturaleza, cosas del bipedismo ;), de ahi la diferenciacion por sexo en nuestra especie, necesidades de subsistencia, la madre cuidaba al bebe y le daba su sustento ( durante cuanto tiempo lo amantaban, mi teoria (mejor dicho la q mas me convence) es q seguramente mas de 1 y 2 años, debido a 2 razones, una la falta de sustento regular y que durante la lactancia la fertilidad de la mujer es mucho mas baja (segun estudios el 98% de las mujeres que dan lactancia no pueden quedar embarazas, muchas ni tienen menstruacion). El hombre se iba en busca de comida y demas cosas. Hablo del Paleolitico, de aqui pasamos al Neolitico, donde pasamos a ser mas sedentarios en donde el papel del hombre cazador pierde importancia, donde el ser humano empieza a tener una cosmovision, en esta epoca nacen las primeras religiones complejas en donde casi todas dan un papel menor a la mujer, pq? pues seguramente pq el hombre pasa de ser fundamental en la supervivencia de la familia a poder pasarse sin el (esto es de mi cosecha), de ahi q necesiten el apoyo religioso y politico para mantener sus privilegios. (Todas las grandes “civilizaciones” han sido claramente machistas)
      Vamos q te doy la razon es q en tus anterior comentarios parecia que renegabas de todos los avances culturales.
      Entiendes mal Alex, eso q dices q pienso es muy decimononico, nada mas lejos de la realidad. Un chimpance es libre pq nosotros sabemos q es libre, el no sabe ni se pregunta q es la libertad, hace sus cosas y punto. Entonces como el hombre primitivo (esto es pa tocarte los cojones, jaja) es libre si ni se plantea ese concepto, es a lo q me referia, nada mas lejos de lo q tu interpretas. Esas teorias de dominacion de la naturaleza como dije son muy decimononicas, en donde algunas teorias como el marxismo, pensaban q los recursos naturales eran inacabables, hoy en dias esas teorias sobre la naturaleza esta muy superadas (al menos x los cientificos pq nuestros dirigentes…).
      Ya acabo, q soy pesao, prefiero hablar en persona, espero q se entienda lo q quiero exponer.

      Comentario por Emilio Fernandez — 23 abril 2017 @ 18:37 | Responder

  8. En contestación a Mendigo. A mi me parece muy interesante también este diálogo, estoy desaprendiendo a marchas forzadas, mucho de ello gracias a gente como tu, que se replantea las cosas y les da una vuelta de mas. Quiero dejar claro que no estoy defendieno ningura postura política, social o ideológica, no pretendo hacer proselitismo ni convencer a nadie de nada. Afortunadamente no sé de que estoy hablando y no soy poseedor de verdad alguna.

    Lo que me gustaría es dinamitar la base de los pilares sobre los que se asienta nuestra estructura mental, aquella estructura que condiciona nuestra comprensión de la realidad, nuestra relación con ella, con el mundo y con los demás. Me resulta muy cómico y a la vez doloroso ver como cada una de las cosas que tenia por ciertas son en realidad fruto de mi imaginación, una imaginación condicionada y tal vez compartida (damos por cierta precisamente porque muchos la compartimos).

    En cierta manera el hombre es el animal loco ya que no se relaciona directamente con la naturaleza sino através de una paranoia, de todo un entramado mental que no es mas que pura ficción. Que nos es útil dicha neurosis, no te voy a decir que no, pero es un arma de doble filo, esconde su cara demoniaca, de la que no podemos escapar. (A ver,…… me estoy perdiendo) El verdadero dominio se ejerce a ese nivel, el mental, y es ahí donde deberíamos focalizar nuestros esfuerzos de rebelión, en negar la Realidad que nos imponen para devolverles nuestra realidad.

    Me explico, y me marcho. Si tu eres un pobre desgraciado que ha tenido la suerte de nacer en un barrio del extraradio y tu puerta de acceso al Paraiso te la han cerrado lo que no puedes es, encima, cargar con la culpa y convertirte en policia, juez y carcelero de ti mismo. No hay propiedad, no hay frontera, no hay límite que no pueda saltar. Y no hay definición o significado que no pueda desobedecer.

    Salut!

    Comentario por Àlex — 23 abril 2017 @ 7:59 | Responder


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