La mirada del mendigo

30 mayo 2017

Reflexiones al volante

Filed under: Uncategorized — Mendigo @ 0:42

Bueno, pues aquí estoy de vuelta, henchido de alborozo al verme de nuevo en la Patria [ecs!]. Es maravilloso estar de vuelta en el reino de la incompetencia y la mala educación; esta mañana, una pequeña visita a la administración me ha hecho recordar qué afortunado soy de ser español, españooool, españoooool.

Vale, sé que sonará ridículo, pero llevo sólo unas horas de regreso y el subdesarrollo histórico hispánico se me presenta como una losa con la que cada vez menos soy capaz de cargar.

Un detalle. Cuando llegamos, después de subir los bártulos, nos fuimos a dar un paseo para estirar las piernas. Nada más empezar el paseo, nos encontramos una preciosa culebra a la que un aldeano (me figuro que el garrulo con el que nos acabábamos de cruzar) le había pisado la cabeza. La pobre aún se movía, pero tenía la mandíbula desencajada y el cráneo aplastado. El muy mendrugo había cometido la enorme proeza de matar una peligrosísima culebra de escalera (Rhinechis scalaris) adulta (habían desaparecido los “peldaños” de su dibujo). Peligrosísima para ranas y ratones de campo, claro, porque su mordedura no es venenosa.

Me da asco la gente que me rodea. Su ignorancia y bestialidad les impele a matar a un animal que, por lo demás, debería ser mimado por todo aldeano con conocimiento porque es un fenomenal aliado contra las plagas de roedores. No saben nada de números, no saben nada de letras, y aún saben menos del campo y de los seres que lo habitan. ¿Qué mal le haría el pobre bicho?

Y pensaba que, a fin de cuentas, en su universo, yo estoy en el mismo apartado que esa pobre culebra: un elemento que se percibe amenazante al orden inveterado que reina en las aldeas, lo que daba en bautizar como paletocracia, la dictadura de los palurdos. Supongo que lo que me ha librado hasta ahora de correr la misma suerte es mi constitución corpulenta y la capacidad de morder que me da una situación económica desahogada (requisito necesario para acceder a esa prostituta que llaman socarronamente Justicia).

España es repulsiva y Galicia es la primera arcada.

Pero no sólo Galicia. Os cuento otra anécdota, de esas cosas que vas rumiando cuando tienes que tener el rosco entre las manos durante horas.

Un indicador muy sencillo y certero del nivel de desarrollo de un pueblo es su conducta con el entorno. Una sociedad poco civilizada se comporta como una piara de cerdos, dejando el camino lleno de sus mierdas, mientras que las personas con un nivel superior de civilización han recibido la educación mínima de no contaminar el medio (natural o urbano) y no van tirando las cosas a las cunetas. Según avanzaba por mi periplo en Francia, me daba cuenta que cuanto más nos acercábamos a la costa mediterránea, más suciedad encontrábamos. La Francia mediterránea, el Midi, es otra historia. Recuerdo el malestar que tenía al aparcar en un puerto de montaña, y ver el paquete de una barrita energética que algún cerdo montado en bici debió tirar en la ascensión.

Bueno, pues en esto que cruzamos de vuelta la frontera por la Jonquera, y paramos a cenar cerca de Figueres, en un desvío de la carretera. Me bajo y lo primero que me encuentro es un neumático tirado, y más allá todo tipo de plástico, papeles y demás mierda. Entonces me acordé del papel de barrita energética en los Alpes, y de cómo me había molestado por tan poca cosa. Claro, veníamos de estar en el Vercors, donde era casi imposible encontrar ningún resto en los caminos. Poco a poco nos habíamos acostumbrado a la civilización, y un pequeño paso atrás nos resultaba molesto. Fue cruzar la frontera y volver a la cruda realidad: aquí jugamos en otra liga. Si me ofendía del envoltorio de una chocolatina ¿qué debo hacer ahora que vuelvo al país de los neumáticos tirados entre unas encinas?

Por supuesto, no quiero decir con esto que Catalunya sea lo mismo que España. No, Belcebú me libre. Sólo quería señalar la coincidencia de que, a pesar de que Catalunya no es España, se le parece en no pocas cosas. Para empezar, son igual de cerdos.

Bueno, seamos justos, igual no. Incluso en la suinuidad (o cerditud) también hay clases; y en Galicia, como marranos, no hay quien nos gane (aunque he visto cosas en Asturias que se quieren poner a rebufo). Las cosas que me he encontrado en mis paseos galaicos son ya de esperpento. Para que no se diga que Galicia está atrasada, tengo visto (y fotografiado) hasta microondas y cajas de ordenador tiradas en los ríos o cunetas (en cuanto a los viejos televisores CRT, lo raro es no encontrarse uno durante cualquier paseo) . Si es que somos de un moderno…

Como veis, vengo sembrado. No sé si me queda alguien por ofender, si es así que levante la pezuñita que ya me buscaré alguna forma de convencerle de que vaya a visitar otras páginas.

Si ya estoy hasta los cojones de esta sociedad, el contraste me la vuelve verdaderamente nauseabunda. Y no es que los gabachitos sean precisamente unos elfos mágicos, raro es encontrar uno con algo en la sesera, pero es que en comparación con la garrulada nacional…

Sin embargo, no quería cerrar sin dar la de cal, ya que van tantas de arena que así no hay edificio que se mantenga en pie, y me gustaría dotar de algo de solidez a estos cartones. Una de las cosas que me venían a la cabeza, durante la pechá de kilómetros desde los Alpes es que, a pesar de todo, tampoco nuestra posición es tan mala respecto a nuestro vecino rico.

Me explico.

Llevamos décadas recortando distancia en el PIB y sí, cierto, buena parte de esa riqueza ha sido gracias a un aumento descomunal de la deuda pública (el P$O€ nos legó un sistema impositivo disfuncional que nos somete a un déficit público estructural, aunque en su creación se disimulaba por la burbuja).

Ciertamente, tenemos una deuda pública del 100% (ojo, que la madre del cordero está en la privada, especialmente en los bancos y gigantes del IBEX), pero tenemos unas carreteras con la que podemos tirar décadas, una red de AVE que probablemente sigamos con ella cuando entre el próximo siglo (muchos de los trazados que sustituye tienen más de un siglo) y seguirán sobrando aeropuertos dentro de varios siglos (especialmente los ridículos aeropuertos provincianos, en zonas con la pujanza demográfica de un tísico).

Por el contrario, Francia tiene un claro déficit en infraestructuras de transporte, especialmente una red pública de carreteras que está un paso por detrás de Portugal. Carreteras bien planteadas y construidas (a diferencia de algunas italianas), que eran buenas en los ’80 y ’90, pero que hoy son impropias de una de las economías más poderosas del mundo, lastrando su competitividad.

Sus cuentas públicas no están mucho más saneadas, su deuda se eleva al 96% del PIB pero aún le quedan por acometer unas obras que nosotros ya tenemos en buena parte terminadas y pagadas. Y es un paquete que puede suponer fácilmente un 30-40% del PIB.

Aunque conociendo la “democracia” francesa, será la iniciativa privada la que supla el déficit de vías de alta capacidad, pero ello supondrá un drenaje de riqueza a la sociedad francesa (y, de paso, a las mercancías ibéricas que transitan por el hexágono) durante décadas hacia los accionistas de Eiffage, Vinci o “nuestra” Abertis (si alguno tiene acciones, podrá considerar que es algo suya, desde luego mía…).

En fin, ya que en puridad he estado paseando por territorio italiano, por mucho que regido desde el Elíseo…

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Aún me sigo preguntando cuál sería el proceso mental que llevaría a aquel palurdo a hacer algo tan estúpido y sin sentido como matar a ese pobre bicho.

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