La mirada del mendigo

11 junio 2017

En Siria no puede haber democracia

Filed under: internacional — Mendigo @ 23:05

Para resolver un conflicto, lo primero que hay que hacer es estudiarlo correctamente, procurando abarcar todos los aspectos significativos involucrados.

Lo que en modo alguno ayuda son los análisis pueriles, buenistas, simplones, que sin entender los orígenes dan soluciones fantasiosas de aplicación mágica. Sobre la guerra multilateral en al-Sham (Levante Mediterráneo) he tenido que leer cosas propias de maestrilla de preescolar, niños sed buenos, dejad de mataros y seamos de nuevo todos amiguitos. Venga, daos un besito.

Decía, ya en los viejos tiempos del antiguo blog, que España no existe. Pues si no existe España (como realidad social), que es uno de los Estados más viejos del mundo, a ver cómo demonios pretendemos que exista Siria, una fabulación que no llega ni al siglo de historia.

¿De qué servirían unas elecciones presidenciales libres en una Siria en paz? Los suníes apoyarían al candidato suní, los alauíes a Assad o al candidato que le sucediera, los kurdos votarían por el PYD, y así. A lo más que se llegaría, es a una coalición en la que los cristianos se sumaran a otro bando minoritario para no ser barridos (en Siria tradicionalmente los alauíes, pero en Iraq a los suníes y en Egipto a los militares).

Y se podrían repetir cien veces las elecciones, y los resultados seguirían reflejando el peso demográfico de cada comunidad en el Estado. Da igual que creas que tu candidato es un ladrón, corrupto e incompetente, es tu candidato y es tu deber religioso votar por él. Es que ni te planteas votar al de la comunidad rival, eso sería prácticamente apostasía. No es concebible.

Y claro, esto no es democracia, sino imposición de una secta sobre otra. Por las armas, o por los votos, al final ambas son conclusiones de la demografía.

Más en concreto: si en Siria hubiera elecciones libres, la mayoría árabe suní coparía los órganos del Estado, desatando una política de represión contra el resto de minorías religiosas y étnicas. Es decir, la vuelta de la tortilla de la discriminación que han sufrido a manos de las élites alauíes. Aunque ante las evidencias del fanatismo religioso que anida en el rural suní (¿os habéis enterado de que en Siria hay una guerra civil, verdad?), sería de esperar que el control del ejército, la policía, la judicatura… acabara en una campaña de limpieza étnica contra las odiados y mimados alauíes, como ya antes sufrieron los kurdos (los gitanos de Mesopotamia).

Es sencillo, las minorías no pueden permitirse el lujo de unas elecciones libres, porque supondría su exterminio, como no pueden permitirse el lujo de perder esta guerra.

Y es que la democracia no requiere sólo de urnas. Es imprescindible el respeto a unos Derechos Humanos (algo tan obvio como el tener una mayoría social no da derecho a llevar a cabo una política de limpieza étnica) y debe existir un cuerpo social. Una sociedad que se identifica como tal. Y en Siria hay lo menos media docena.

El problema, y no es la primera vez que lo expresamos en este sitio, es que las lealdades en el territorio que conocemos como siria, son hacia la tribu y el grupo étnico/religioso, no al Estado. No hay sirios, hay suníes, alauíes/chiíes, hay kurdos y hay varias comunidades cristianas, cada vez menos numerosas. Lejos de haber un sentido de pertenencia a una misma sociedad, encuentras más lealtad en ciudadanos de otros estados pero de tu misma secta. Por ejemplo, para defenderse de los conciudadanos sirios de credo suní, los alauíes recabaron la ayuda de ciudadanos de otro Estado pero de su mismo credo como es Hezbollah. Esta es la mejor muestra que “sirio” no tiene ningún valor, no responde a ninguna realidad, pero suní, chií, asirio o kurdo sí que tienen significado, vaya si lo tiene. Tiene tanto valor que hay gente que está dispuesta a matar o morir por esa comunidad (por imponerse a los demás). En cambio, si Siria en su conjunto tuviera una amenaza exterior (por ejemplo, una invasión jordana) sólo acudirían al campo de batalla los profesionales, y bajo la atenta mirada de sus mandos para evitar deserciones.

Pero esto no sólo es propio de países artificiales creados en el movimiento descolonizador del pasado siglo, Estados imposibles también los podemos encontrar en la vieja Europa, y Bélgica es un gran ejemplo. Un valón jamás de los jamases votará por un partido flamenco. Por supuesto, tienen un nivel de civilización mucho más alto, y no se espera que salgan a matarse entre ellos, pero hay un sentimiento de pertenencia a la etnia que ha sobrevivido a la formación de los Estados-nación (que, de hecho, en Bélgica por sus características nunca se ha procurado, a diferencia del fuerte proceso de aculturización llevado a cabo en Francia, verdadera limpieza étnica).

Sin embargo, sí que sería perfectamente posible un proceso democrático en, por ejemplo, un hipotético Alauistán. En una sociedad alauí, no tendría sentido votar por el candidato alauí, porque lo serían todos, y por lo tanto ya se podría empezar a hablar de políticas, de proyectos, de alternativas… de democracia.

Y es que, para formar un Estado, se precisa partir de un cuerpo social, electoral, que entre las diferencias se reconozca como tal. Una cierta homogeneidad dentro de las diferencias políticas. Sin ello, es ridículo celebrar elecciones porque, como hemos dicho, los resultados son predecibles y se limitarán a la reproducción del peso demográfico de las distintas comunidades, prueba experimental de que se reconocen a sí mismas como naciones (suníes, alauíes, siríacos, kurdos…), y no como parte de una misma nación siria.

Lo que no acabo de comprender es la enorme aflicción que tiene tanta gente por la muerte de los Estados. Si son sólo creaciones humanas, instrumentos sociales para la administración de una sociedad. Lo que es terrible es que mueran personas. ¿Estados? Si no es una herramienta útil y hay otra que pueda ajustarse mejor a las necesidades de la población ¿por qué no?

NOTA: para ser más precisos, la nacionalidad siria empezaba a existir en las clases medias urbanas laicas. En el medio urbano se diluyen los referentes étnicos y religiosos, y había una creciente identificación con el Estado (no necesariamente con el gobierno), pero ésta es una minoría, la primera en salir por patas cuando llegaron los follacabras. Por otra parte, es absolutamente natural que funcione mejor un agregador con una historia secular, milenaria (la tribu, la secta, la etnia) que no otro de reciente creación impuesto por extranjeros.

Así pues, la única solución estable a medio plazo que consigo avizorar es la partición de Siria e Iraq y la creación de Estados homogéneos étnica/religiosamente, según el modelo que puso fin a la guerra en los Balcanes. El mayor problema de esa solución es precisamente el convencimiento de que el “Sunistán” (¿con capital en Mosul?) que naciese de esa partición más que probablemente no evolucionaría hacia una democracia, sino hacia una teocracia patrocinada por las petromonarquías (algo que, en cierto grado, también está ocurriendo en Bosnia).

Pero, de nuevo, cada pueblo tiene lo que merece.

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En otro orden de cosas, si os gustan los temas de geopolítica, os recomiendo un portal en lengua castellana de reciente creación: Descifrando la Guerra.

Además de artículos de una notable calidad, tienen un muy interesante mapa para seguir la evolución de la guerra civil siria, y un foro donde podremos comentar los orígenes y evolución de las diferentes guerras. Seguro que, desgraciadamente, no nos faltan temas de conversación.

Y, para concluir, una reflexión: es tristísimo tener que recurrir a iniciativas de particulares si queremos obtener información de cierto nivel en castellano, porque la prensa sólo reproduce simplezas, y además contaminadas en origen por el sesgo editorial, del espectáculo circense-televisivo ya ni mencionarlo. Más que lamentable, es ridículo que para obtener información profesional, haya que evitar los medios profesionales. Así está el nivel en la profesión periodística.

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