La mirada del mendigo

18 junio 2017

Catástrofe

Filed under: ecología — Mendigo @ 15:06

Leo horrorizado las noticias del incendio de Leiría, y resulta haber un paralelismo macabro con el incendio en la torre de Grenfell.

Sabemos que el revestimiendo utilizado en la torre incendiada (de polietileno) facilitó la propagación del fuego. Los paneles ignífugos costaban un par de libras más.

Y ahora, ¿sabríais identificar qué especies se aprecian en las imágenes que nos llegan del incendio?

Eucaliptos, salvo un ejemplar de encina/alcornoque en primer plano a contraluz.

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Eucaliptos y pinos, y el mismo alcornoque de antes.

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Eucaliptos jóvenes entre los fustes de los adultos.

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Pinos a la izquierda y eucaliptos a la derecha

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Pinos y eucaliptos

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Arde el eucaliptal

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Pinos, eucaliptos y un toxo en la esquina inferior derecha.

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Eucalipto en primer plano con el mar de eucaliptos de fondo, a su izquierda creo que es un cerezo bravo.

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Pinos

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Una viña al lado del pinheiral.

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Lo que queda de otro pinar:

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Pinos y algún eucalipto.

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Lo mismo

En realidad, esto es lo de todos los años a un lado y a otro da raia, sólo que éste incendio se fue de madre y ha causado la tragedia. Los portugueses tienen menos medios para parar el avance de las llamas, pero el modelo es el mismo.

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La misma composición de la masa forestal

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A mano derecha, un alcornoque. Irreconocible el tronco calcinado de la izquierda, pero bien pudiera ser otro. Ejemplares sueltos al lado de las casas del tipo de bosque propio de estas sierras. Tras ellos, todo el monte repoblado de pinos.

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Si no fuera por el letrero, reconozco perfectamente el paisaje. Esta foto podría ser de cualquier lugar de Galicia: pinos y/o eucaliptos, ardiendo periódicamente.

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Los restos de vegetación autóctona (caducifolia irreconocible) nacen en los límites de las fincas, que han sido sistemáticamente plantadas de pinos y eucaliptos, especies alóctonas que da la casualidad que son altamente combustibles (especialmente el pino, que en verano exuda resina que convierte al pinar en un verdadero polvorín).

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Ahora vienen los lamentos, pero no se pondrá en cuestión el modelo forestal ecocida, ni en Portugal ni aquí.

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Ésta es la realidad de nuestro pueblo, aldeas rodeadas de enormes masas forestales de pino y eucalipto. Un desierto verde en el que confluyen muchos intereses en que arda periódicamente.

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Es el modelo económico de las aldeas. La venta de madera barata complementa los parcos ingresos de una agricultura de subsistencia.

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Para los que nunca habéis estado en un incendio, un pinar en llamas es realmente estremecedor. Las copas van perdiendo humedad hasta que se inflaman de repente como una descomunal cerilla.

Por supuesto que las especies autóctonas también arden, pero ni de lejos de forma tan violenta. El bosque autóctono tiene mucha más humedad, que ralentiza la propagación del incendio.

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Esta es la verdadera cara de Portugal, de Galicia, de Asturias… un interminable mar de eucaliptos.

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Desde el monte más remoto hasta los prados y antiguas fincas de labor, todo fue sustituido por este vampiro oceánico.

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Son esporádicos, y siempre en las lindes, los troncos de árboles autóctonos (en este caso, esquina superior izquierda).

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¿Quizás un cerquiño en un apartadero de la carretera? Más allá, eucaliptos.

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El pino, árbol mediterráneo, fue introducido con furor en la fachada atlántica hasta que encontraron en oceanía algo que crecía aún más deprisa: el eucalipto.

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Dalle, dalle.

Es penoso que lo único que ha encontrado a mano para sofocar las llamas sea… una rama de pino. En unos segundos, al perder la humedad las agujas, esa rama estará ardiendo, tendrá que tirarla y coger otra. Si me sabré yo la historia…

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Y sí, no niego que los eucaliptos crecen muy rápido, y en seguida hacen madera, permitiendo unas densidades impresionantes.

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Troncos altos, rectos, espigados, que se venden bien.

Este árbol debe tener unos 5 años. Dentro de otros diez será inmenso, y se podrá vender por unos 30€. Sí, este mismo. Porque aunque todo esté calcinado en derredor, no ha muerto. Dentro de unos meses el tronco rebrotará, y podrá seguir creciendo, esta vez sin ninguna competencia.

¿Hace falta seguir?

La policía dice que el origen fue fortuito, un rayo que alcanzó un tronco seco. Es posible, pero poco probable (las tormentas secas sólo suponen el 2% de las causas de incendio). Otras fuentes apuntan a que ya había llamas horas antes de que llegara la tormenta.

Este modelo forestal basado en monocultivos industriales, propio de país subdesarrollado, genera una economía del fuego: una confluencia de intereses en que el monte arda. Quizá en esta ocasión es cierto que fue fortuito, pero lo que es inapelable es que el fuego corrió como la pólvora en unos montes cuyos ecosistemas han sido devastados para imponer en ellos un monocultivo de pinos y eucaliptos para alimentar a la industria de la celulosa y los tableros de aglomerado. Prácticamente la única que tenemos en Galicia y Portugal. La razón de ser de nuestros montes es alimentar esa máquina infernal.

En toda esta zona de la ría de Pontevedra hay pegatinas con este lema:

Pero el menor de los impactos ambientales es el de la propia planta de Ence en Lourizán. Aún mucho más grave es la devastación que su presencia fuerza en los montes gallegos, portugueses, asturianos… promoviendo la eucaliptización de toda la fachada atlántica y cantábrica.

El lema tendría que ser más bien:

Galiza é nosa, e non da celulosa.

Ni de las madereras (Finsa).

E o mesmo pódese dicir de Asturias, León ou, neste arrepiante caso, de Portugal.

Cada pobo ten o que merece. A traxedia de Leiría non é un feito fortuito, senón é a consecuencia dunhas decisións políticas que tomou o pobo portugués ó decidir o seu modelo de país (ou deixar que outros tomasen esa decisión ás súas costas, que engade aínda máis vergoña).

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