La mirada del mendigo

29 junio 2017

¿Qué se ha quemado en Doñana?

Filed under: Ecología — Nadir @ 14:01

Daniel nos recomienda un artículo sobre Doñana que apareció en la revista Quercus, que creo que viene muy al caso después del incendio que se ha llevado por delante 8.500 hectáreas en el Parque Natural.

Creo que es muy necesario ampliar la cultura ecológica media de la ciudadanía, para que no se reproduzcan sistemáticamente burradas. Os voy a poner un ejemplo muy apropiado: mirad cómo introduce este periodista (¿pero saben de algo?) la noticia:

El incendio de Doñana afecta a 8.486 hectáreas aunque hay otras 2.400 que están intactas
Dentro de ese perímetro se han detectado muchas islas verdes que no se han quemado y otras en las que solo ardió matorral.

¡Ah, bueno! Si sólo ardió matorral, entonces no es tan grave. Casi mejor, ¿no? Así hemos limpiado el monte.

Este es el razonamiento de taberna que escuchamos no sólo en la barra de un bar, sino que es reproducido en los medios por periodistas y políticos, los dos grupos de población con mayor visibilidad y menor respeto por el conocimiento: no tienen empacho en hablar de lo que desconocen, como es propio de necios (un buen ejemplo, una auxiliar administrativa pretendiendo legislar sobre la radiación electromagnética y sus efectos sobre tejidos vivos).

Si cada español hablara sólo de lo que sabe, se haría un gran silencio que podríamos aprovechar para el estudio.
Manuel Azaña

Pero volvamos a Doñana. Os invito a revisar el artículo de Jacinto Román, que transcribo aquí para mayor facilidad de lectura (el OCR ha hecho diabluras al digitalizarlo), con prólogo del mismo autor: su comentario sobre dicho incendio. Os dejo con él y, si pensáis que me ha llevado un trabajo volver a teclear todo esto, será porque considero que vale la pena dedicarle unos minutos a leerlo:

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¿Qué se ha quemado en Doñana?

El incendio de Doñana ha sido una catástrofe. Las dimensiones del mismo hacen que el impacto sobre el espacio, su flora y su fauna haya sido, sin duda, elevado.

Llevo 20 años trabajando precisamente en esa zona. Mi primer trabajo en Andalucía […] y mi tesis doctoral se desarrolló allí, en el entorno de las laguna de Moguer y las lagunas del Abalario. De hecho, prácticamente todas las parcelas de mi tesis han resultado arrasadas. Creo conocer la zona en profundidad.

Recuerdo que desde las primeras reuniones que mantuvimos con los responsables del entonces Parque Natural de Doñana (hace 20 años), les avisamos, reiteradamente, de la necesidad de heterogeneizar los pinares, pinares que ahora han resultado quemados.

Con las brasas todavía encendidas es difícil pensar con claridad, pero creo que es conveniente sentarse y meditar, con conocimiento científico, qué se ha hecho mal. Volver a plantar el mismo pinar que se ha quemado sería repetir los mismos errores. […]

Los últimos estudios científicos sobre restauración ecológica están remarcando la relevancia de actuar con mucho cuidado en las zonas a restaurar. Personalmente, tengo más miedo a lo que se pretenda hacer a partir de ahora, que al fuego en sí. Mi experiencia en la zona me dice que si se hacen las cosas bien, el matorral regenerará en pocos años, y los pinos permanecerán en los rodales que hayan sobrevivido. Todo ello repercutirá en un incremento de la heterogeneidad del espacio que hará repuntar la biodiversidad a valores superiores a los que tenía antes del incendio.

Ahora, la fauna y flora que ha sobrevivido (seguro que hay más de lo que pensamos) necesita refugio. Los pinos deberían apearse, pero no retirarse y aprovecharlos para construir refugios que permitan a la fauna prosperar y sirvan a modo de “nodrizas” para las nuevas plantas que nazcan.

Esperamos los próximos pasos de la administración…

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La gestión forestal en Doñana

[…] El problema de los eucaliptos ha vuelto a resurgir en Doñana y no es de extrañar que gestores, científicos y ecologistas hayan puesto el grito en el cielo.

De todas formas, la lucha contra el eucalipto ha sido allí ejemplar, como queda de manifiesto en el arranque de miles de hectáreas de dichos cultivos forestales durante las últimas décadas. Ahora bien, la práctica totalidad de la superficie antes ocupada por el eucalipto se plantó (monoespecíficamente) de pinos, todos bien alineados y con un mantenimiento “ejemplar” a lo largo de los años mediante podas, arados y otras labores. Este trabajo se reconoce incluso en el Plan de Ordenación del Territorio del Ámbito de Doñana (POTAD), donde se comenta que “el impulso repoblador realizado en el pasado con especies alóctonas para su aprovechamiento básicamente maderero, que ha creado verdaderos desiertos biológicos, está siendo sustituido en la actualidad por repoblaciones de pinos, que han sido desde antaño una de las fuentes económicas de los habitantes de la zona”. […] No obstante, y esto es lo que más me preocupa, parece asumirse que la situación forestal es la más adecuada y, de hecho, no se plantea ningún cambio.

Breve resumen de la historia forestal de Doñana

Los eucaliptos fueron plantados entre 1946 y 1951 por el Patrimonio Forestal del Estado, mayoritariamente en el sector occidental del Parque Natural (el Abalario) y en la cuenca de La Rocina (Norte de Rivetehilos). En total, se llegaron a plantar más de 20.000 hectáreas. En el Parque Nacional, los eucaliptos se plantan en los años cincuenta, sobre todo en la zona Norte de las fincas Los Sotos, Casa de los Guardas y El Lobo, unas 1.800 hectáreas de superficie.

Ahora bien, ¿qué vegetación deberíamos esperar en esas zonas? Para responder a esta pregunta, primero debemos conocer tanto la potencialidad ecológica como su historia, lo que nos llevará a comprender y valorar la situación actual. A grandes rasgos, toda la comarca está cubierta por una gran manto eólico que se superpone a una capa arenosa de diferente origen geológico: los arenales de El Condado. Este manto eólico está constituido por distintos eventos que permiten diferencias varias capas de arena superpuestas. Las más antiguas se sitúan hacia el interior, mientras que las más recientes están cerca de la costa y también sobre las anteriores. Como tendencia general, la mayor antigüedad de los frentes hace que se encuentren más cerca del nivel freático y de los estratos inferiores, más ricos en bases, lo que hace que estos suelos sean más productivos.

Ambos elemento, agua y suelo, son los principales condicionantes de la estructura y potencialidad vegetal de la comarca. En consecuencia, son las zonas más alejadas de la costa (los arenales de El Condado y el primer sistema eólico, o bajo manto eólico, según los autores) las que debieron albergar las mayores masas de monte mediterráneo de esta comarca. Un repaso a los datos históricos así lo confirma:

En la zona de Los Sotos se situaba el arconocal más extenso del que se tiene noticia en terrenos del Parque Nacional y hasta la plantación de los eucaliptos lo que allí había eran lentiscales. El bosque de alcornoques y acebuches era también dominante al Norte de El Abalario. En las Actas Capitulares del Archivo Municipal de Almonte, fechadas a finales del siglo XVI, se indica que el entorno de La Rocina es el mejor sitio para la ganadería, en alusión a sus pastos y su producción de bellotas. Y en el Diccionario Geográfico de Tomás López, de fecha similar, se señala la presencia de amplias zonas boscosas con un monte bajo muy desarrollado que domina en cantidad y variedad sobre el sustrato arbóreo, y menciona, como lugares de gran interés, el estero de Domingo Rubio y La Rocina.

Aunque ya desde la Baja Edad Media las ordenanzas fomentaban la plantación de pinos, no es hasta el siglo XVIII cuando se hacen sistemáticas y masivas. Los primeros datos sitúan estas plantaciones en Las Marismillas ya en 1737, para extenderse a los corrales de las dunas a partir de 1805. En 1900 se habían plantado ya 1.200 hectáreas, que llegaron a 2.000 en 1925 y a 2.800 en 1950. En 1975 había 3.200 hectáreas plantadas de pinos en terrenos del Parque Nacional. A finales del siglo XIX H¿? menciona la presencia de “grandes masas de arbolado que llegan y aún pasan de 15.000 hectáreas en Moguer, 7.000 en Bonares y Rociana, 10.000 en Hinojos y otras tantas cuando menos en Almonte, pobladas de alegres pinares, montes de encina de alcornoque y sabinas”. Aunque no indica la situación exacta de estos montes, sí señala que se encuentran en las zonas más alejadas del mar.

Los pinares de los montes de propios (Almonte, Hinojos, Aznalcázar, Moguer) y del Coto del Rey parecen ser fruto en su mayor parte de las repoblaciones llevadas a cabo por la Primera Brigada de Ordenación Sevilla-Huelva entre 1904 y 1924, seguramente como ampliación o sustitución de las masas forestales ya existentes. Entre 1938 y 1945, la Quinta División Hidrológico Forestal (hasta 1941) y el Patrimonio Forestal del Estado (1941-45) repueblan con pino piñonero (Pinus pinea) desde la costa hacia el interior, llegando a plantar una franja de unos tres kilómetros en terrenos de El Abalario y algo más de seis kilómetros en Mazagón.

A partir de que se elabora el Plan de manejo del lince en el Parque Nacional de Doñana y con la declaración del Parque Natural y la aprobación del Plan Forestal Andaluz, ambos en 1989, se impulsa el desmonte de los eucaliptos. Los cuales abundan, como ya hemos indicado, en el sector occidental del Parque Natural y en la cuenca de La Rocina. Por último, se han eliminado también los eucaliptales pressentes en el Parque Nacional. La mayor parte de la superficie ha sido plantada de pino piñonero, a pesar de que estas zonas cuentan con una red bien desarrollada de ríos y arroyos, potencialmente asociados a una vegetación de alcornoques y acebuches, acompañados de matorral noble y bosque de ribera.

Situación actual e impacto en la conservación

En la actualidad ,la superficie de pinar plantado en la comarca supera las 60.000 hectáreas y viene a cubrir prácticamente todo el suelo ocupado por árboles. Aunque se conocen las fechas de plantación de todos los pinares, cada vez existen menos dudas sobre el origen autóctono del pino piñonero en Doñana. Por lo tanto, es evidente que debe haber pinos, pero esto no justifica que prácticamente toda la superficie forestal esté constituida por pinares. De hecho, hay otras muchas formaciones vegetales, asimismo autóctonas, cuyo espacio ha sido usurpado hoy en día por los pinos.

Desde hace décadas se viene mencionando que los alcornocales son los bosques más deteriorados de Doñana. Tanto es así que sólo la finca de La Dehesa, en el Coto del Rey, alberga un bosque relicto de lentiscos y alcornoques con una extensión aceptable, en torno a las 600 hectáreas. El resto no pasa de pequeños parches dispersos por la comarca. El bosque de ribera, por su parte, se encuentra reducido a sendos tramos de La Rocina, Soto Grande y Soto Chico.

La pregunta obligada es: ¿sería esta una buena situación para la conservación de la fauna y la flora de un lugar tan significativo como Doñana? No tenemos muchos estudios al respecto, pero algo hay.

Si tomamos el caso de los linces, especie emblemática de Doñana, el matorral mediterráneo es el tipo de vegetación más usado dentro de los territorios con animales residentes. Los hábitats ganan en calidad a medida que aumenta la superficie ocupada por matorral alto. Los espacios abiertos son escasos dentro de esos territorios y las zonas con mayor cobertura forestal(pinares) son seleccionadas negativamente por el lince. Los conocedores de Doñana dirán que hay territorios de lince en pinares, y es cierto, pero la gran mayoría se asientan en aquellos que aún albergan los escasos reductos de monte mediterráneo autóctono. En otras palabras, los linces ocupan el pinar porque no les queda más remedio. El conejo, especie clave en los ecosistemas de Doñana, alcanza las máximas densidades en las zonas de monte mediterráneo maduro, con arbustos altos (lentiscos, mirtos) y viejos alcornoques, fresnos y acebuches. Además, este tipo de hábitat es donde las poblaciones de conejo han resultado ser más estables. Por otra parte, los pinares son hábitats de mala calidad para los conejos, donde mantienen densidades entre 15 y 20 veces menores que en las zonas de monte mediterráneo maduro aledañas.

En lo que respecta a la globalidad de la fauna, los pinares más antiguos (que es el modelo al que tiende la gestión de las nuevas repoblaciones) se convierten en sumideros de biodiversidad para los pequeños vertebrados y son los hábitats con menor riqueza de especies de toda la comarca. Por el contrario, las formaciones de matorral ligadas a zonas húmedas (brezales y turberas) son las que albergan una mayor riqueza de pequeños vertebrados, seguidas por los lentiscares con alcornoques dispersos. Por lo tanto, si eliminar los eucaliptos fue una decisión valiente y correcta en su momento, elegir al pino piñonero como única alternativa no fue en absoluto acertado. Con los años, las miles de hectáreas de pinares homogéneos y de pequeño tamaño, repartidos tanto por los espacios protegidos como fuera de ellos, irán creciendo hasta convertirse en zonas hostiles para la conservación de la fauna. A falta de estudios mas detallados, podemos esperar que la biodiversidad se reduzca sustancialmente en grandes superficies, que los territorios de lince sean de peor calidad (llegando incluso a desaparecer) y que la recuperación de las poblaciones de conejo se vea fuertemente limitada.

¿Qué se puede hacer?

Si los eucaliptos se arrancaron en su momento porque provocaban “verdaderos desiertos biológicos”, la situación actual basada en el dominio del pinar no mejora en absoluto las perspectivas de conservación para la flora y la fauna.

¿Que soluciones tenemos? Tan sólo se nos ocurre una: cambiar la política de gestión de los montes de Doñana. Para ello sería necesario un modelo que potenciara la recuperación de los ecosistemas de monte mediterráneo, pero entendidos en su integridad: no nos engañemos, masas monoespecíficas de alcornoque no son un monte mediterráneo. Lo que debe plantearse es la recuperación de un ecosistema (restauración ecologica) y no una reforestación, pero para esta labor habrá que contar con el concurso de equipos multidisciplinares (botánicos, forestales, ecólogos, zoólogos, edafólogos) que diseñen y dirijan estas labores.

Un buen modelo de partida podría ser el Proyecto Doñana 2005. Las zonas prioritarias deberían ser las que albergaban este tipo de ecosistema, principalmente las cuencas de La Rocina y las de aquellos arroyos que desembocan en la vera de la marisma. Para conseguirlo, hay que eliminar antes los pinares plantados y fomentar el matorral noble, los brezales y las turberas. Estos hábitats constituyen una de las claves para la conservación de la fauna en Doñana.

El cambio, por otra parte, no afectaría a la producción de piñones, pues incluso en el caso de que se sustituyese por monte mediterráneo todo el terreno previamente plantado de eucaliptos, los pinares todavía seguirían ocupando más de dos tercios dela superficie forestal. Ademas,en una parte importante de estas zonas todavía no se recolectan piñas y una adecuada gestión del resto del pinar incrementaría la producción en una superficie sustancialmente menor. Los nuevos ecosistemas mediterráneos, por su parte, diversificarían las rentas del campo a través del corcho, las setas, el turismo y la caza.

Por último, nos queda la duda de si es posible plantearse una recuperación o ya es demasiado tarde. No tenemos información publicada a este respecto, pero podemos fijarnos en los escasos datos sobre evolución reciente de la vegetación en Doñana. En pocos años, los brezales y las turberas se han recuperado espectacularmente en una parte notable de su antigua área de distribución, con las turberas de Rivetehilos como caso más llamativo. De hecho, éste ha sido sin duda el éxito mas evidente del desmonte de eucaliptos. Los escasos alcornoques plantados se desarrollan bien en las zonas de la cuenca de La Rocina y la vera, condicionados, eso sí, por la excesiva presión de los herbívoros silvestres y de un ganado en muchos casos ilegal. Pero ¿qué pasa con las formaciones de monte noble, esenciales para los linces y los conejos? En este caso también tenemos un magnífico ejemplo en el arroyo de La Cañada, dentro del Coto del Rey; uno de los ecosistemas de mayor calidad para estas dos especies.

Los grandes lentiscos presentes actualmente en la zona (tanto al norte como al sur de la cancela de El Vicioso) no aparecen en la fotografía aérea del año 1957, aunque sí están en una situación muy similar a la actual a principios de los años ochenta. ¡En poco más de veinte años se ha recuperado de la nada uno de los ecosistemas de más calidad de todo el espacio natural! Si recordamos que los primeros desmontes de eucaliptos tuvieron lugar a principios de los años noventa, una adecuada política de plantación en esos años nos hubiera llevado a tener actualmente grandes extensiones de matorral mediterráneo. ¡El tiempo pasa volando! Si se consigue un compromiso rápido y contundente de conservación en Doñana, todavía llegaremos a ver de nuevo aquel perdido bosque de Las Rocinas, ya mencionado en el Libro de la Montería de Alfonso XI, “et es llana, et es toda sotos, et hay siempre hí puercos”.

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