La mirada del mendigo

7 julio 2017

Un templo libertario

Filed under: religión — Mendigo @ 0:39

Yo sigo en mis trece: la idea de crear una nueva religión en torno al concepto de libertad podría tener un largo recorrido, permitiéndonos enfrentar ese valor universal, y los que de la libertad dimanan, a las religiones tradicionales.

Y si no, nada se pierde al menos con intentarlo. 🙂

En todo caso, sigo fantaseando, construyendo con ladrillos de éter, cómo podrían ser los templos de esa nueva religión. Como sabéis, mi ateísmo no me lleva a alejarme de las iglesias, antes bien, siento una enorme atracción por ellas. Claro, visito las que tienen algún valor histórico, pero incluso las iglesias de factura moderna tienen un indudable atractivo. Vienes de la saturación sensorial de la calle, ruidos, colores brillantes y olores agresivos, y entras en un espacio de silencio y penumbra, donde cuando no huele a incienso, al menos a cera (habría que descuartizar al que inventó los lampadarios eléctrónicos). Y ya si entramos en un templo de más de medio milenio a cuestas, el moho de las piedras y la madera vieja de los bancos y los retablos nos toca en la memoria de nuestra especie las cavernas donde nos defendíamos de las fieras y la noche.

Y ya, cuando todo ello va unido a la música, puede llegar a ser sublime. Uno de los momentos más maravillosos de mi vida fue asistir al oficio cantado de completas en la abadía benedictina de Maria Laach. Cayendo la tarde en un país de lengua extraña, oyendo unos cánticos tan viejos y austeros como las piedras que nos cubrían (y el románico alemán es extraordinariamente severo, nada que ver con el nuestro y menos con el italiano). Salí de esa iglesia con una completa confusión de la era en la que estaba viviendo, y durante un rato todo lo moderno, las luces, los coches, se me antojaba extraño.

Creo que lo he repetido muchas veces en los comentarios, y ahora quiero hacerlo proponiendo este tema: los ateos necesitamos tener templos, espacios donde poder refugiarse de un ritmo de vida demencial, que faciliten la reflexión y la introspección.

Por eso, propongo cómo podría ser un templo de la nueva religión: un híbrido de ateneo, iglesia y casa okupa. Como los modelos de templo de cualquier religión, también tendría una forma canónica: una biblioteca, unas aulas donde desarrollar talleres de pintura, poesía, ajedrez, salas de lectura y debate… (como por ejemplo, el Grupo de Estudio que he propuesto). Y una amplia estancia con decoración neutra (aquí pega mucho el minimalismo Zen), quizá algunos puntos de luz para la lectura, pero en un ambiente general de penumbra. En el incensario podríamos incluso quemar aceite de hachís (el incienso también está bien, pero para darle el toque distintivo, y los olores tienen un enorme poder de sugestión).

Realmente, el mejor templo para la meditación es la Naturaleza; pero ése es un lujo del cual nos hemos desprendido en las ciudades para poder ganarnos la vida, y la posibilidad de tener cerca uno de esos bunkers de silencio y paz creo que es cada vez más necesaria.

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Y para cerrar este apunte de misticismo ácrata, creo que tengo el broche perfecto:

¿Acaso no es adorable?

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