La mirada del mendigo

8 julio 2017

Biomasa

Filed under: ecología — Mendigo @ 19:34

Si alguna vez os preguntáis dónde acaban los árboles tras un incendio, aquí tenéis parte de la respuesta. ¿Es un efecto óptico o esas cortezas están renegridas?

Es una fábrica de pellets en Boñar (León). Se supone que esto es lo más de lo más en ecología, pero debo tener muy poca sal en la sesera porque yo no veo ecología ni sostenibilidad por ningún lado.

Ya puestos, es preferible el uso de madera en bruto, porque el proceso para producir pellets es bastante endotérmico. Básicamente se trata de reducir los troncos a serrín, y formar las pellas (perdón, pellet, que llamar a las cosas por su nombre no es de personas finas y bien educadas) con calor y presión en presencia de un aglomerante. Es decir, estamos aumentando las emisiones de carbono imputables respecto de la madera.

Pero es que la misma idea de cortar árboles para calentar la casa me parece un despropósito. Si se trata de árboles autóctonos, estamos eliminando del ecosistema un ejemplar que tenía una función. Incluso muerto cada árbol tiene importancia en el ciclo biológico: un árbol muerto está lleno de vida, y en su descomposición devuelve finalmente a la tierra los nutrientes que ha fijado en su estructura durante años.

Realmente, si tuviéramos unos bosques inmensos como los de, por ejemplo, Francia (líder mundial en biomasa), con una gestión sostenible (no extraer más biomasa de la que se regenera, y siempre a la entresaca), pues podíamos tolerarlo. Pero en León, donde las masas autóctonas están en regresión acosadas por el pino invasor, ponerse a cortar carballos es una salvajada.

Si, como es el caso, la mayoría de los troncos son de pino, aún peor por cuanto supone dedicar el monte a los monocultivos forestales, en vez de regenerarlo y devolvérselo a la Naturaleza. Conste que si cortaran los pinares para repoblarlos con autóctonas, yo no pondría ningún reparo. Así les parta un rayo a los putos pinos. Pero éste no es evidentemente el caso: donde había pinos vuelven a replantarlos (crecen rápido y tienen comprador).

Y si, además, la forma de aumentar beneficios es comprando madera quemada, pues ya la farsa ecológica empieza a resultar hasta insultante.

Supongo que a nadie le sorprende que un aumento en la demanda de heroína (más yonkis) traiga aparejado un crecimiento del narcotráfico. Pues no sé por qué hay a quien le sorprende que aumentar la demanda de madera quemada conlleve un mayor número de incendios.

El mismo mecanismo por el que la continuidad y la ampliación de la planta de Ence en la Ría de Pontevedra, implica impepinablemente la extensión de los cultivos de eucalipto en Galicia.

Expandir el mercado de la madera barata es la base, el mismísimo origen, de la catástrofe ecológica que castiga nuestros montes.

Alucinantemente, tiene buena prensa, y hasta intentan convencernos de que aún le estamos haciendo un favor a la Naturaleza. Plantando alóctonas, cortándolas y quemándolas. Bueno, en ocasiones, ni siquiera se espera a cortarlas para quemarlas. Menudo cinismo.

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