La mirada del mendigo

20 abril 2018

Presos políticos

Filed under: Varios — Nadir @ 9:31

Me piden encontrar un gato, y acudiendo a la neodefinición de gato, como animal de cinco patas de pelaje verde con alas color azafrán, he de concluir que no, no he encontrado en España ningún gato. Y probablemente tampoco los haya en el resto del orbe, ni los haya habido.

Pero ¿en qué estaba yo pensando? Me han pedido que hable de los presos políticos, no de gatos.

Y no, claro que no, si preso político es aquel que está en la cárcel acusado o condenado por un delito genérico de tener ideas políticas, hemos de concluir que tampoco hay presos políticos, ni gatos, en España. Más que nada porque ningún tribunal es capaz de conocer las ideas de las personas, mientras sean sólo ideas y no se manifiesten. Es decir, mientras la política sea un anhelo. Pero entonces no es política, porque la política tiene la aspiración de transformar la organización de la sociedad. Uno, consigo mismo, en su fuero interno, no puede hacer política.

Efectivamente, en España hay presos, pero todos están por delitos tipificados en el Código Penal. Por supuesto. Por lo tanto, no hay presos políticos. Ni gatos.

Nelson Mandela fue acusado y sentenciado a cadena perpetua en el Proceso de Rivonia, acusado por un tribunal blanco de “conspiración para derrocar al gobierno”, mediante una campaña de sabotaje (atentados terroristas) perpetrada junto con otros miembros del Congreso Nacional Africano (partido gobernante hoy en Sudáfrica) y otros grupos. Evidentemente, Nelson Mandela no fue un preso político, estaba en la cárcel por delitos tipificados en el Código Penal de la Sudáfrica Boer. Tampoco tengo noticias de felinos verdes pentápodos y alados en Sudáfrica.

Emmeline Pankhurst, una de las figuras prominentes entre las sufragistas británicas, no fue una presa política. Fue condenada por el delito muy concreto de dirigir una organización que incitaba a la violencia contra la propiedad (generalmente, cristales de escaparates para hacerse notar, a lo más que llegaron es a incendiar la casa de campo de Lloyd George, asegurándose de que estaba deshabitada). Las sufragistas no eran presas políticas, porque tal cosa nunca ha existido en las Islas Británicas, eran presas comunes detenidas por delitos tipificados en el código penal de la época después de ser injuriadas y vapuleadas por los esbirros de un tal Winston Churchill (uno de los personajes más sombríos y despreciables de la historia de las islas). Aquí, unas “notas para una biografía no hagiográfica“… Tampoco hay gatos verdes, lo más raro es el gato sin cola de la Isla de Man.

En la España del Generalísimo nunca hubo presos políticos. Todos fueron sentenciados, algunos ejecutados, pero todos ellos por delitos concretos, tipificados en la legislación surgida del Glorioso Alzamiento Nacional. Tras el golpe, había en España en torno al millón de presos (más cerca de doscientos mil asesinados, tanto en ejecuciones extrajudiciales como con teatrillo), pero nunca hubo un preso político.

Por ejemplo, Marcos Ana estuvo en la cárcel (pena de muerte conmutada por cadena perpetua) acusado de tres asesinatos, que él siempre negó haber cometido. Miguel Hernández fue también condenado a muerte, por el delito perfectamente tipificado de “adhesión a la rebelión” (cinismo que se puede permitir quien tiene control del BOE). También le fue conmutada la pena, para demostrar la magnanimidad del régimen, por cadena perpetua. Su joven cuerpo sólo soportó dos años las terribles condiciones de las prisiones franquistas. Ya en el 63 fue fusilado el dirigente comunista Julián Grimau, también por un delito tipificado de “rebelión militar”. Unos años más tarde, el histórico dirigente sindicalista Marcelino Camacho fue condenado a 12 años (sólo cumplió 8) por los delitos perfectamente tipificados de “auxilio a la rebelión” y “pertenencia a organización ilegal” (la UGT). Y así…

En realidad, la actividad política de Marcelino Camacho, en la España de hoy, hubiera supuesto pasar por la Audiencia Nazional con la fiscalía pidiendo penas de muchas décadas de cárcel. Hemos progresado una barbaridad.

Bajo la neodefinición de “preso político”, nunca hubo presos políticos en el franquismo, ni en ningún otro momento de la historia. Ninguno fue sentenciado como tal, sino que todos lo fueron por desórdenes públicos, desobediencia, rebelión, asociación a un grupo ilegal, conspiración para derrocar el Estado… De hecho, el “delito de odio” es una aportación nueva a la maquinaria represiva, lo más parecido a un delito de opinión. Ni siquiera con Paca, la culona, los jueces se desvergonzaban tanto.

La cuestión no es que haya en el ordenamiento jurídico un tipo legal que se ajuste, sino precisamente la legislación que criminaliza la disidencia, sea declarando ilegales actividades políticas que no deberían tener reproche legal (por ejemplo, organizar un referendum), sea cargando las tintas sobre actuaciones mínimas (como acusar de terrorismo y rebelión por cortar una carretera).

Así lo entiende el Consejo de Europa en su definición de preso político:

A person deprived of his or her personal liberty is to be regarded as a ‘political prisoner’:
a. if the detention has been imposed in violation of one of the fundamental guarantees set out in the European Convention on Human Rights and its Protocols (ECHR), in particular freedom of thought, conscience and religion, freedom of expression and information, freedom of assembly and association;
b. if the detention has been imposed for purely political reasons without connection to any offence;
c. if, for political motives, the length of the detention or its conditions are clearly out of proportion to the offence the person has been found guilty of or is suspected of;
d. if, for political motives, he or she is detained in a discriminatory manner as compared to other persons; or,
e. if the detention is the result of proceedings which were clearly unfair and this appears to be connected with political motives of the authorities

Por exponerlo llanamente, si por quemar un cajero en Sevilla por una gamberrada la pena es de seis meses de cárcel, y en Andoain son 16 años, quiere decir que durante medio año este último preso puede ser considerado como un preso común, y durante los otros quince años y medio es un preso político. Los primeros seis meses son un castigo por el hecho delictivo concreto, y los otros noventa y tres son la represión, una represión de enorme violencia y coste humano, a una motivación política (en este caso, el independentismo) perseguida desde el Estado.

Una base del derecho es la proporcionalidad de las penas. Hechos análogos deben ser castigados con penas similares, y debe establecerse una gradación entre la gravedad del hecho delictivo y la condena. Sin embargo, en el sistema judicial español este principio salta por los aires, y vemos cómo el sistema se ensaña con elementos políticos indeseables para el régimen. No sólo el independentismo, sino cualquier movimiento de signo obrero; un caso de libro de desproporción en las condenas con obvia intención represiva ya lo expuse en La judicatura es marxista (se dirige con arreglo a sus intereses de clase).

Y esta, la proporcionalidad en las penas, es un requisito ineludible de la definición de justicia. Cuando se halla ausente, no se puede hablar de administración de justicia sino de un teatrillo presidido por unos sombríos payasos, constituido para legitimar una actuación represiva del régimen que los alimenta.

Cuando haber participado en un piquete en el cual alguien arrojó pintura a una piscina, y hubo un forcejeo con el propietario sin ninguna consecuencia, tiene una carga de cárcel que duplica la de un apuñalamiento, es evidente que la Justicia se encuentra ausente del sistema legal español. No se castigan unos hechos delictivos sino la intencionalidad política de éstos. Es decir, las ideas.

Factura:
por cortar una carretera: acaso detención y una multa
por hacerlo en apoyo al Procés: mínimo 15 años por pertenencia a banda armada, más otros 15 años de mínimo por rebelión.
por hacerlo siguiendo la consigna de la derecha: absolutamente impune.

Volvemos a leer…
d. if, for political motives, he or she is detained in a discriminatory manner as compared to other persons

El hecho es el mismo (ocupar una vía impidiendo el tráfico), la diferencia son las motivaciones ideológicas de ambos. Una es aplaudida, respaldada e incluso alentada por la maquinaria represiva policial-judicial del Estado. Otras, las que lo cuestionan, son reprimidas. No se condenan los hechos, sino la ideología de los acusados.

La justicia que pueden esperar por ejemplo unos jóvenes de Altsasu de un tribunal español, es de la misma naturaleza que unos jóvenes de Diyarbakır de un tribunal turco. La justicia que podían esperar Marcos Ana, Miguel Hernández o Julián Grimau.

Hagamos la prueba: una pelea de bar entre jóvenes independentistas y españolistas, penas entre 12 y 62 años de cárcel para los primeros. Si fuera al revés, y hubieran sido los independentistas los que acabaran cobrando. ¿El fiscal pediría esas penas? Es evidente que no. Aunque el hecho delictivo (sin duda reprobable) es el mismo, la ideología españolista no es reprimida por el Estado (de hecho, es la ideología del Estado).

Recuerdo un caso, aquí en Pontemierda. Un grupo de fascistas (alguno identificado como militar del cercano cuartel de Monteporreiro, qué sorpresa) atacó un local del movimiento independentista, con el resultado de varios contusionados y un herido por arma blanca. Este sí fue un ataque premeditado, el grupo agresor se dirigió al local a agredir a los que estaban en él. ¿Resultado? Ni investigación, ni mucho menos detenciones o juicios. Por supuesto que la cobertura mediática fue nula. Se extendió un velo de impunidad, y los agredidos se quedaron con los golpes.

No hace falta ser un experto jurista para constatar la enorme disparidad en la reacción de la maquinaria del Estado ante estos dos incidentes, uno magnificándolo hasta lo grotesco, pasando página del otro, objetivamente más grave.

Es sólo un caso, un modesto ejemplo entre otros muchos. Las palizas de grupos fascistas que salen “de caza” se llevan sucediendo en muchas ciudades españolas desde hace muchos años, y la inactividad del complejo policial-judicial (en no pocas ocasiones, son familiares los agresores, o al menos compartiendo su ideología ultra) es palmaria.

Pero incluso en el mismo ejercicio de sus funciones. ¿Cuántos años de cárcel pidió la fiscalía por esta agresión?

Me da a mí que el autor no fue llevado a la Audiencia Nazional, ni pasó año y medio en prisión preventiva. La víctima, seguramente acabó peor (son profesionales de la violencia quienes le golpean, conocen su oficio) que los guardias civiles agredidos.

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¿Y por este ensañamiento de unos energúmenos contra personas inermes e indefensas? ¿Cuántos años de cárcel piden por esta paliza gratuita?

La legislación española no persigue el uso de la violencia, de hecho la promueve y hace uso frecuente de ella para lograr objetivos políticos (terrorismo de Estado de baja intensidad). Según la última vuelta de tuerca del sistema represor, también conocida como Ley Mordaza, no es condenable apalear a un ciudadano. Sin embargo, soportar la agresión sin reaccionar ni devolver los golpes sí que lo es.

Por cierto, estos perros rabiosos estaban azuzados por los que ahora se lamentan de la injusticia del sistema, algunos desde la cárcel. Justicia poética que espero les enseñe que la democracia, la libertad y los derechos civiles (empezando por el más básico, la integridad física) se deben defender SIEMPRE, para TODOS, y no sólo cuando a uno le toca de cerca.

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Éstos no, pero son de la misma naturaleza: personas sin escrúpulos que alquilan su violencia porque no tienen otra cosa que ofrecer a la sociedad. Arriendan su conciencia al Estado, como otros lo hacen a organizaciones mafiosas y les llaman sicarios. Quien paga, manda, y decide a quién golpear; ellos sólo cumplen órdenes.

Lo de menos es el hecho delictivo, sino la ideología de quien lo realiza. Es, a la postre, lo que se juzga y condena en el teatrillo judicial.

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13 comentarios »

  1. Suscribo todo de la primera a la última palabra. Me alegra ver que no soy el único bicho raro que sostiene que todos los presos políticos son “políticos presos”, o que el concepto de “delitos de odio” es una aberración.

    Comentario por Santi — 20 abril 2018 @ 17:42 | Responder

    • La calidad de nuestra democracia, que se mide por la capacidad de englobar en su seno una diversidad de ideologías, se está deteriorando rápidamente. Esto es mucho más importante que un gobierno que va o que viene, están dinamitando la convivencia, procurando hacer del Estado un patrimonio de una parte de la población, dejando fuera al resto. No es que no me sienta representado por el gobierno del PP, que obviamente no les he votado, es que no me siento representado, protegido, servido por el Estado y sus instituciones. Es más, las percibo como una amenaza, a pesar de estarlas pagando de mi bolsillo (y de qué manera, acabo de hacer la declaración hace un par de días). Se están apropiando de las instituciones, y eso es la señal clara del fin de la democracia y el principio de una dictadura. Los que no estamos con la sensibilidad del gobierno, se nos considera que estamos contra el Estado, somos la anti-España.
      Es muy peligroso lo que está pasando, la persecución de la disidencia, la libertad de opinión coartada… el PP está destruyendo el espacio de convivencia, apropiándoselo.

      Comentario por Nadir — 21 abril 2018 @ 0:21 | Responder

  2. El espíritu del delito de odio es defender a las minorías y colectivos más viulnerables, el problema viene cuando las leyes son tan ambiguas en su redacción que pueden finalmente usarse para todo lo contrario de lo que fueron ideadas………….o no. Porque no lo tengo muy claro, y me refiero a varias leyes, decretos y pactos anti-loquesea.
    Además la “maquinaria represiva policial – judicial del sistema” (parafraseándote) viene del sistema nacional-católico, nuestra constitución descansa sobre la base del sistema fascista-franquista. Joder si aun sigue un cierto nepotismo a imagen y semejanza del tejido por el anterior sistema, valga el ejemplo de todas las informaciones del caso de los ERES, GURTEL, Cifuentes, etc.
    Lo inquietante es que antes de ofendernos y ponernos en guardia, más bien nos alegramos de las penurias ajenas. Con lo clarito que es el refranero en estos casos.

    He desbarrado bastante, así que un saludo, os dejo un vídeo musical de nivel:

    Comentario por Sebastián — 20 abril 2018 @ 19:41 | Responder

    • Como Santi, no puedo más que decir que el concepto de “hate crime” es absolutamente aberrante. Es un puro y duro juicio de valor. Jurídicamente no tiene por dónde cogerlo. Estamos valorando el ¿por qué cometes el crimen? en vez de ¿qué crimen has cometido? A partir de ahí, todo lo que siga no tiene nada que ver con el derecho.

      Lo de proteger a las minorías forzando, retorciendo la ley, no suele dar buenos resultados. No necesitas sobreprotegerlas con leyes que distinguen por identidades (raciales, étnicas, sexuales o religiosas). Por ejemplo, tomamos el caso de agresiones contra homosexuales. No es necesario crear una ley especial que sobreproteja a este colectivo: basta aplicar las que hay. Pero aplicarlas. Por ejemplo, castigando cualquier discriminación, laboral, de acceso a un local… O dándoles protección efectiva frente a agresiones homófobas, que en buena parte de España quedan impunes ante la pasividad de la policía. Pero no porque sean homófobas, sino porque son agresiones. La policía tiene la labor de investigar y esclarecer cualquier agresión, a quien sea, y ponerlo a disposición judicial. Si realiza este cometido, los homosexuales estarán protegidos, igual que el resto de la ciudadanía (porque son ciudadanía). Sin leyes ad-hoc. Tú vigila que nadie agreda a nadie, que nadie discrimine a nadie, y las mujeres, homosexuales, inmigrantes… estarán protegidos. (Por cierto, que especialmente los inmigrantes suelen ser blanco de agresiones y vejaciones por la misma policía, habría que empezar por ahí). Sin necesidad de señalar a nadie, de discriminar a nadie (porque la discriminación positiva no deja de ser una discriminación). Cuando la legislación o el Estado empieza a mirar lo que hay en la entrepierna del ciudadano, o el color de su piel o el totem al que le reza… malo. Muy malo.

      En fin.

      Por cierto, otro que se une al selecto club de los gourmets musicales… 😛

      Vaya panda.

      Pues venga, si no puedes con ellos… Aquí, un temazo de un ídolo local:

      Comentario por Nadir — 21 abril 2018 @ 0:46 | Responder

  3. Un ejemplo mas, esta vez, por fortuna, con suerte para los acusados. Valladolid:
    El juez no se cree la versión de la policía y absuelve ‘in voce’ a los acusados del 2F en Valladolid

    Dictó sentencia en voz alta y al término del juicio, acto muy poco frecuente, asegurando que la versión policial “responde muy poco a lo ocurrido” según la pruebas gráficas donde “se ve a agentes de la policía dando patadas”, no a los acusados, remarcando su derecho a solicitar acciones legales contra los agentes por falso testimonio.
    http://ultimocero.com/destacada/2018/04/19/juez-no-se-cree-la-version-la-policia-absuelve-in-voce-los-acusados-del-2f-valladolid/

    Comentario por Miguel — 21 abril 2018 @ 7:07 | Responder

    • Ejemplos hay a patadas, de testimonios policiales falseados que a veces cuelan, a veces no. En este caso, eran vallisoletanos, no separatistas. Pero si en vez de Valladolid hubiera sido en Girona o Donostia… quizá hubiera acabado de otra forma el juicio. ¿Cómo lo habrían presentado, por otra parte, los medios?

      Por otra parte, el juez se reserva leches. Es habitual que la policía declare mentiras en sede judicial, y saben que nunca les pasa nada. Lo máximo que les puede pasar es que sus mentiras no tengan recorrido y el falsamente acusado se salve. De hecho, con el arma de los falsos testimonios pueden hacer mucho más daño a cualquier ciudadano que la porra, y lo saben. Te lo dice uno que también fue detenido bajo una acusación completamente falsa, no sólo falsa sino ridícula, y con las cámaras de seguridad de la misma comisaría como prueba. Así que sé perfectamente bien que la policía miente, miente para hacer daño, y no son “casos aislados” sino un proceder normalizado.

      Realmente, cuando se detecta un falso testimonio en un policía, este debería ser puesto inmediatamente de patitas en la calle. Es una persona sin honor, sin moralidad ¿cómo le damos un uniforme y una pistola a semejante basura humana, que miente para involucrar a un ciudadano?

      Mira, un ejemplo muy claro sobre el que posteé hace tiempo: “Nos metieron piedras en la mochila”

      Esto lo hace la policía de una dictadura. Este es el proceder de unos sicarios, unos matones a sueldo del Estado, unos fascistas que usan el uniforme en su campaña de limpieza social de rojos indeseables. La policía española NO es la policía que se le supone a un Estado democrático, y NO es homologable con el proceder de la policía de Europa Occidental.

      Unos subnormales, inteligencias embrutecidas por la violencia y la propaganda fascista, traman incriminar a un joven que resulta ser… un estudiante de teleco. Los únicos, con quizá los aeronáuticos, a los cuales los industriales no podemos mirar por encima del hombro. Hay que tener muy buena cabecita para estar en teleco, no es el típico mendrugo que va tirando piedras. Y resulta que el tonto de la clase allá por primaria, quien no entendía nada en clase de mates, hoy viste de uniforme y el Estado le confiere el derecho a agredir, vejar e incluso incriminar falsamente a un joven que es la puta élite intelectual universitaria. ¡Bravo!

      Si ya lo comento con algún colega. Si es que somos tontos. Tendríamos que habernos hecho policías o militares. Besas el puto trapito, y el resto de tu vida el Estado te mimará, prejubiladito a los 45 (en el caso de los militares) y a disfrutar de la vida. ¿Para qué complicarte la vida estudiando? Quien estudia es idiota, se vive mucho mejor arrendando la conciencia al Estado (que de militar, ni eso, con procurar no meterte en unidades donde peguen tiros a quien no te ha hecho nada… y pocos tiros pegan realmente esos, por la cuentita que les trae).

      Comentario por Nadir — 21 abril 2018 @ 8:30 | Responder

      • ” Pero si en vez de Valladolid hubiera sido en Girona o Donostia… quizá hubiera acabado de otra forma el juicio. ¿Cómo lo habrían presentado, por otra parte, los medios? “.
        Pues depende, creo yo, que mas bien del sitio, depende del “quien” y del ” contrario”…

        Comentario por Miguel — 21 abril 2018 @ 13:21 | Responder

        • Aunque fueran “podemitas”, un podemita castellano no está tan criminalizado por los medios como un proetarra o un indepe catalán.

          En Euskadi, la policía puede hacer literalmente lo que quiera, que la mayoría de la población española lo verá estupendo. Lo mismo que Turquía, país con el que deberíamos estar hermanados.

          Si la patria es la nueva divinidad, la lucha contra aquellos que la amenacen se convierte en una guerra santa. Una cruzada. De nuevo.

          Comentario por Nadir — 21 abril 2018 @ 18:10 | Responder

  4. Artículo 573
    https://libros-revistas-derecho.vlex.es/vid/articulo-573-584540434

    Comentario por Miguel — 21 abril 2018 @ 13:44 | Responder

    • Claro, pero es que en esa revisión de su definición, cabe todo. Todo delito, si tiene finalidad política (porque la política procura precisamente modificar el orden social), es susceptible de ser considerado un acto terrorista.

      El terrorismo se ha convertido en un comodín para aplastar la disidencia, dando a esa represión del rival político cobertura legal. Hermanamiento España-Turquía, insisto.

      Comentario por Nadir — 21 abril 2018 @ 18:16 | Responder

  5. El derecho penal del enemigo, https://es.wikipedia.org/wiki/Derecho_penal_del_enemigo. Al final es una linea tan ambigua q cualquier disidencia puede ser el enemigo. Si no piensas como ellos dicen eres el enemigo y al enemigo ni agua. Pero ya habia presos politicos antes q estos , si no q se lo pregunten al camarada Arenas ( en la carcel por el delito de “estragos terroristas”, 17 años de pena).
    No deberia extrañarnos lo de los cuerpos de seguridad, venimos de donde venimos, aunque les hayan cambiado el color varias veces son dignos herederos, y ahora q cada vez nos quitan mas derechos mas creciditos estan, conozco a alguno y si no les hubiera dejado copiar en el colegio no tendrian ni graduado.
    Lo peor q mucha gente esta muy contenta con lo de Pugdemont, con los independentistas en la carcel, y con las ostias q cayeron por alli, q hoy en dia son los independentistas, pero cualquier dia podemos ser los demas simplemente por pensar diferente.
    Un saludo

    Comentario por Emilio Fernandez — 22 abril 2018 @ 14:35 | Responder


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