La mirada del mendigo

30 julio 2018

Un albaricoque

Filed under: Varios — Nadir @ 14:34

Uno de los pocos vicios más o menos sanos que tengo es que me encanta la fruta. Y como cada vez es más difícil poder encontrar en el comercio frutas bien sazonadas, en plenitud de sabor, es porque me decidí hace ya unos añitos a desbrozar una finca de mi padre y convertirla en un vergel (un terreno con árboles frutales). Lo que los british llaman an orchard.

Aquí tenéis un albaricoque que cogí hace poco; el único que pude probar, porque cuando volví al cabo de tres días a por sus compañeros ya habían desaparecido, y eso que la finca está vallada (estoy casi seguro de quién es, uno de esos jardineros del paisaje que los urbanitas han santificado, el mismo que pone los lazos, el mismo que quema para que pasten sus ovejas).

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Este es el aspecto de una fruta cultivada sin ninguna clase de plaguicidas, imperfecta, con picaduras, deliciosa. Cuando veo la esplendorosa, inmaculada fruta que se vende al doble de precio en la sección «orgánicos», «ecológicos» o la nueva gilipollez que se le ocurra a la industria de la distribución para desplumar a tanto estúpido, me entra la risa. Sin cebar el árbol con tratamientos continuos, te sale una de esas frutas sin ninguna afección superficial en frecuencia de una de cada cien.

Por supuesto, cuando veo que al árbol le está pegando duro alguna plaga, saco el arsenal químico y procuro curarlo antes de que se extienda a otros. Pero, por ejemplo, este año no he tenido que coger la mochila ni una sola vez porque todas las afecciones han sido leves; como decía, no han pasado del nivel estético. Eso que me he ahorrado de comprar productos, y luego acabar ingiriéndolos (aunque en cantidades mínimas, pero prefiero evitarlo si es posible).

Bueno, a lo que vamos. Esto es un albaricoque, me parece adivinar que de la variedad búlida porque quien me lo vendió no me lo supo decir (la ignorancia de los viveristas y revendedores es brutal, al menos los de esta zona no saben ni el ABC de su trabajo, asqueroso país de incompetentes). Como veis, la superficie presenta máculas debidas a picaduras de insectos o, en otros casos, la afección de algún hongo (la roya, la monidia…) pero el interior está inalterado (de hecho, está sobremadurada y una parte ya parece almíbar, me faltan palabras para expresar el goce sensorial que supone consumir una fruta así).

Esta fruta, cuyo sabor es excelente, de querer comercializarla sería descartada por presentar estas imperfecciones estéticas. Pero esas imperfecciones, en la era de lo regular (ahora todos los putos niños tienen que llevar ortodoncias), es lo natural. Este es el aspecto que presenta la fruta cuando no la atiborras a insecticidas y fungicidas para evitar que no sea ni siquiera rozada su epidermis por algún agente que la altere.

Por supuesto, los fitosanitarios son sustancias que, bien usadas, son maravillosas. De hecho, las modernas moléculas de acción sistémica suelen tener, paradójicamente, un impacto sobre el medio menor al de los productos tradicionales que se usan ahora en agricultura «orgánica» (vaya nombre más estúpido), generalmente basados en sales de cobre y azufre (ya usados en tiempos de Roma, pues hay residuos de sulfitos en ánforas que contenían vino). Un agricultor profesional (inexistente en Galicia, prácticamente no hay explotaciones agrícolas profesionales; si acaso en el sector vitícola) empleará la menor cantidad de fitosanitarios posible, tal que le permitan sacar adelante su producción. Por lo tanto, si el mercado aceptase los defectos estéticos como irrelevantes para formar el precio, podría dar muchos menos tratamientos, redundando en productos más saludables (porque absolutamente inocuos no son, aún respetando los plazos de seguridad, por su acumulación en el organismo) y la protección del entorno natural colindante (decaimiento de las poblaciones de insectos cuyas consecuencias discurren por toda la cadena trófica).

Pero, como sabemos, no es el caso. De hecho, sólo por defectos estéticos como erosiones en la piel debidas a insectos, pájaros u hongos, falta de simetría, coloración poco atractiva o calibre, una pieza de fruta de calidad gustativa excelente es etiquetada como de menor categoría (y, por lo tanto, menor precio para el productor), destinada a procesado en la industria (mucho menor precio) o incluso descartada en origen.

Aún en mi ateísmo, siempre he percibido el tirar con la comida como una suerte de pecado. La comida es sagrada, y no debería ser necesario haber pasado hambre para aprender esta lección. Se me abren las carnes cuando contemplo en una explotación próxima, toneladas de fruta pudriéndose en el suelo por haber sido descartadas en la recolección. Fruta absolutamente exquisita (porque la han dejado madurar en el árbol en vez de recogerla verde y madurado en cámara), que acaba sirviendo de abono porque tenía un defecto estético, el más grave es haber sido picoteada por algún pájaro. ¿Es que somos imbéciles? Pues coges un cuchillo, quitas ese trozo y ya está, el resto de la manzana está perfecta. Evidentemente esa fruta no sirve para larga conservación, pero sí para sacarla por otro canal comercial.

Queriendo sintetizar el asunto: estamos tirando una parte sustancial de la producción agrícola por defectos meramente estéticos. Cultivar esas frutas, verduras descartadas ha supuesto el uso de tierra, de agua, de gasóleo, de fertilizantes y fitosanitarios, que habrán sido ocupados o consumidos para nada; para dejarlos pudrir al pie de las plantas, carísimo abono. Esto, a su vez, comporta dos efectos: uno, el encarecimiento de los productos, para que el agricultor pueda recuperar la rentabilidad por la cosecha menguada, lo cual socava la renta disponible precisamente en los presupuestos más modestos (en otras palabras, nos empobrece, especialmente a los ya pobres). Y el segundo, ya mentado, el agricultor debe atestar las frutas y verduras de plaguicidas, tanto que un insecto no se atreva ni a acercarse a la manzana de puro tóxica que es. La mayor parte de los tratamientos con fungicidas e insecticidas que se usan en la agricultura son para conseguir productos estéticamente perfectos, porque es lo que el consumidor pide (de hecho, buena parte del trabajo genético sobre nuevas variedades se centra en conseguir colores más atractivos, no mejor sabor), y serían innecesarios si el consumidor-tipo no fuera un completo cretino.

Por lo tanto, no lo pregunto, lo afirmo: somos imbéciles. Imaginad la escena con nuestros padres, para los más jovencitos vuestros abuelos, cuando eran críos, y su madre acercándoles una pieza de fruta y el niño rechazándola alegando algún defectillo de esos que hoy en día impiden que pase el «control de calidad» (que es un mero examen estético, luego la fruta en sí puede ser una puta mierda que no sabe a nada), ¿qué hubiera pasado? Que nuestra abuela/bisabuela le hubiera dado un pescozón al crío para que se le quitase la tontería por la vía rápida, y con muy buen criterio.

Pero eso sirve para corregir la estupidez en sus estadios iniciales de desarrollo. Ahora, con la imbecilidad ya asimilada, interiorizada, metabolizada en el cuerpo social, necesitaríamos una somanta de palos para quitarnos tanta tontería como tenemos. Tirando miles de toneladas de comida que está en perfectas condiciones, sólo por que no es «bonita» ¿acaso nos merecemos otra cosa?

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14 comentarios »

  1. Por aquí algunos agricultores están usando depredadores para el control de plagas, y ya solo usan los fitosanitarios para acciones puntuales (Una infestación muy virulenta, por ejemplo)

    Comentario por Salva — 30 julio 2018 @ 20:30 | Responder

    • Es muy buena idea, siempre que sea posible y efectivo, aprovecharse de los mecanismos de la naturaleza para autoregularse. Por definición la agricultura introduce un desequilibrio en el medio, y podemos procurar suavizarlo usando algunas especies a nuestro favor. Ahora bien, no todos son plagas, también hay enfermedades: hongos, virus, nemátodos…

      Comentario por Nadir — 31 julio 2018 @ 18:58 | Responder

  2. Buena imagen de la sociedad posmoderna. No importa la mierda que te vendan si la envuelven bien.
    Igual es por hacerme viejo, pero tengo la sensación de que la estupidez humana avanza como nunca (será por el cabreo y la frustración que da ver que apenas importa la cantidad de recursos que hay para salir de la ignorancia y la superstición).
    Supongo que no hay que extrañarse de lo que se ve luego. Si se es tan profundamente imbécil para preferir una manzana insípida y llena de productos químicos innecesarios a una arrugada, con manchas y llena de sabor… Es decir, si es tan fácil engañar y doblegar un instinto natural que tenemos todos, ni te cuento lo fácil que es engañar y doblegar la capacidad de razonar, que no parece estar tan extendida por la especie.
    Me pasma lo que es capaz de tragar el ser humano (literal y figuradamente) por no hacer el esfuerzo de pensar un poco.
    Creo que en lo de la fruta influye tanto el lavado de cerebro de las corporaciones alimentarias y sus yogures de fresa de color extraterrestre como el hecho de que en muchos casos la función principal de las piezas es estética (que se vea en el frutero que puedo comprarme la mejor que había y que sigo las recomendaciones de consumir no sé cuántas raciones diarias de vegetales). Así que cuanto más pintona y más dure, mejor servicio me hace.
    Como digo, lo de la fruta es un indicio poderoso que se repite en todo: mejor reciclar que reducir, que es más notorio llevar cinco bolsas de basura perfectamente clasificada que pararse a pensar cuánta podríamos haber evitado sin molestia alguna (presumes mucho más de ecologista y no parece que ahorras por pobre); mejor un coche eléctrico que coger el autobús (no vaya a parecer que no tengo posibles para comprarle un coche al nene)…
    En general, siempre me pareció curioso el afán por ocultar la verdadera naturaleza de las cosas, la de recursos que se emplean en maquillar, literalmente, las creaciones. Anda que no se gasta tiempo y material en los acabados de un coche o una moto (cada vez más y, me temo, en detrimento de la calidad de las piezas que sí son esenciales). Más tamaño y más aspecto brillante en lugar de más eficiencia y mejor calidad funcional.
    La chusma prefiere un tigretón que tu albaricoque.
    Y luego están los que solo comprarían tu albaricoque si lo cobras a 3€ la pieza y le pones una etiqueta «organic vegan food», que algún cretino ya no sabe si es producto animal o vegetal. También van en aumento exponencial (puede ser que mi entorno sea algo propenso al florecimiento de los gilipollas, pero creo que la tendencia es general).
    Lo de los productos ecológicos y similares da para una entrada aparte.
    Lo de las ortodoncias también (triste es que la fruta se venda más por su aspecto externo que por su sabor, pero que una familia gaste más en «tratamientos» estéticos que en cultura en general…).

    Comentario por Javi-C — 31 julio 2018 @ 10:48 | Responder

    • Pero es en estos últimos años, que la estupidez se ha desbocado en nuestra sociedad. Era una tendencia gradual pero, en los últimos años, se ha disparado alcanzando cotas de vergüenza ajena. Sin salirnos del campo de la alimentación-salud: que si homeopatía, veganismo, crudivorismo, antivacunas, alimentos «orgánicos» (¿y qué son los otros, «inorgánicos»? ¿basados en la química del silicio?), ahora con la leche cruda… En fin, supongo que es Darwin haciendo de las suyas. XD

      Lo que me jode, me quema, me repatea es que todas estas gilipolleces, que ya no es que sean acientíficas, es que son completas gilipolleces, se suelen asociar a la izquierda. La izquierda alternativa chupiguai, que es la única que chupa cámara (el resto somos unos amargados aguafiestas soltando sermones). Cualquier persona con dos dedos de frente votará cualquier otra cosa, antes que estas magufadas.

      Comentario por Nadir — 31 julio 2018 @ 19:23 | Responder

  3. La ignorancia es atrevida. Los cultivos orgánicos no son ninguna moda «postmoderna», sino que responde a unas necesidades a nivel masivo de garantizar un mínimo de contaminación de residentes en núcleos urbanos. Lo ideal es poderse permitir lo que tú tienes, pero no todo el mundo puede. El desconocimiento puede llevar a esas afirmaciones tan peligrosas como «desplumar a tanto estúpido» o las de una persona que comenta al respecto: «están los que solo comprarían tu albaricoque si lo cobras a 3€ la pieza y le pones una etiqueta -organic vegan food-«, cuando la realidad en el consumidor de productos orgánicos no es ésa y los precios cada vez están más que normalizados (como muestra un botón: albaricoque rojo, 4€ el kilo, origen El Segrià). Un poquito de criterio, por favor.

    Comentario por Lucía Navarro — 31 julio 2018 @ 11:11 | Responder

    • y 4 € el kilo de albaricoques es uun precio competitivo?¡.

      Comentario por Emilio Fernandez — 31 julio 2018 @ 14:49 | Responder

      • Si toda esa chorrada fuera cierta, y para no envenenarte tuvieras que comprar las caralladas «orgánicas», sólo la clase media podría permitirse comida sana. A ver quién come albaricoques a 4€/kg.
        Y el resto, la chusma, comprando boletos para un cáncer o algo peor. Esto es como lo de comprarse el SUV: comprar seguridad y, el que no se lo pueda permitir, que arree.

        Comentario por Nadir — 31 julio 2018 @ 17:24 | Responder

    • Uno ya es viejo en estas lides de Internet, y hay una regla que falla menos que la ley de Godwin: cuando alguien entra en una discusión tachando de ignorante al interlocutor, es un recurso para disimular que no tiene ni la más mínima noción de lo que habla.

      En tu caso, no tardas mucho en descubrirte. Tras llamarnos ignorantes al resto, punto y seguido, y sueltas una frase que no tiene ningún sentido. ¿Alguien se lo encuentra? ¿Necesidades a nivel masivo? ¿mínimo de contaminación de residentes en núcleos urbanos?

      En cualquier caso, buena forma de llegar a un sitio e iniciar una discusión: tratando de ignorantes a los presentes.

      Mira Lucía, para entrar en este blog al menos hay que saber escribir. Aquí ni se enseña a escribir, ni a pensar; se viene ya aprendido. Vete con tu monserga a zanganear a otra parte.

      Comentario por Nadir — 31 julio 2018 @ 17:33 | Responder

  4. Y ahora el agua cruda, q si las gallinas estan enjauladas.
    COn respecto a esto ultimo en el «informativo» de telecinco animando a comprar huevos de gallinas en libertad, y poniendo un reportaje de como en un gallinero, evidentemente ilegal, habia gallinas q ponian huevos con gallinas muertas, totalmente insalubre, a todas luces ilegal, y lo ponian como si asi fueran todos. Pero vamos a ver chavales animalistas, sabeis q hay gente q pasa hambre, sabeis que ya no solo a nivel mundial si no en nuestro propio estado hay gente con necesidades alimentarias, y vosotros quereis reducir el rendimiento de los gallineros y subirnos el precia al doble de los huevos pq os hace sentir mal que un animal «creado» por el ser humano pueda sufrir, preferis que sufra uno de vuestra misma especie. Y los trabajadores de esos gallineros ilegales, a q nadie se preocupo por ellos?¡ como en el reportaje de salvados sobre estos temas, centrados en la explotacion animal, la explotacion laboral es como si fuera de otra epoca. Ademas donde esta esta gente en las batidas contra los lobos, o los jabalis, donde estan cuando matan cientos de aves en las cacerias, q tiene mas valor un animal domestio q uno salvaje ?. Es q no lo entiendo estoy de acuerdo en aplicar todo lo q querias mientras no afecta a los rendimientos, pero q habendo gente pasando necesidades os preocupeis por el buen vivir de una gallina, me parece ridiculo

    Por cierto el otro dia compre unas sabanas para la cama «bio», me partia el culo basicamente las compre pq eran 100 % algodon y no habia otras q valieran para mi cama, todavia le doy vueltas a q sera el bio, jaja

    Comentario por Emilio Fernandez — 1 agosto 2018 @ 10:30 | Responder

    • Más me reí yo cuando vi en una frutería de super castañas «ecológicas». Putos urbanitas, es que son tan tontos que se ríen de ellos y ni se dan cuenta. Pero amos a ver ¿qué tienen esas castañas «ecológicas»? Pues son castañas, las de toda la vida; porque a un castaño no se le echa nada. A ver cómo vas a aplicar un tratamiento foliar a un bicharraco de 30m de altura. Con un helicóptero? Pero nada, cojen unas castañas cualquiera, les ponen una pegata, y ya está dispuesto el bobito de turno a pagar más por ellas. Es más, las castañas que suelen vender a esos precios altísimos en las fruterías «guai»… ya te digo yo las variedades: enxerta, xudía… variedades de calibre enorme, que antes se usaban para cebar los cerdos, porque no sirven para consumo humano (no saben a nada), y ahora se las venden a los tontitos de ciudá, con etiqueta ecológica, por un ojo de la cara. Es que me parto el puto culo.

      Que por cierto, hablando con un colega apicultor… ¿sabes donde está el beneficio? En los organismos certificadores. Como siempre, público-privados, sinónimo de latrocinio a dos bandas. Si quieres poner el logo de «ecológico», a soltar billetes. Es realmente eso lo que encarece el producto, la etiqueta, mucho más que por que el proceso sea diferente. Si el Estado vigilara la calidad de oficio (por calidad me refiero a salubridad, aptitud para ser ingerido un alimento), el negociete de lo «orgánico», «biológico» o «ecológico» no tendría sentido.

      Lo de las gallinas… antes la carne más barata era el pollo. Ahora se ha puesto más cara que el cerdo. Por supuesto, para el imbécil que paga los albaricoques a 4€/kg, no le representa apenas nada en la cesta de la compra, pero a un viejo con la pensión mínima, a una trabajador con el subsidio de reinserción… pues le priva de poder carne.

      Efectivamente, tenemos más empatía por animales de granja que por los de nuestra propia especie. Hasta extremos que ya me empiezan a alarmar. Mira, el otro día: estoy en una tienda de colchones y entra una vieja asquerosa a preguntar si podrían hacerle un colchón a medida para su perrito (con gusto le pasaba al puto perro y a la dueña con la oruga de una retroexcavadora por encima). Pocas puertas más allá, una persona sentada en el suelo, pidiendo. El mismo que luego duerme sobre unos cartones en el umbral de una tienda cerrada.

      ¿Sabes cómo se llama esto? DECADENCIA. Somos decadentes, nuestra sociedad es artística, intelectual y moralmente decadente.

      Comentario por Nadir — 1 agosto 2018 @ 14:28 | Responder

  5. Completamente de acuerdo, no se si a nivel mundial, pero es evidente que al menos por aqui somos una sociedadd decadente a todos los niveles. Mira lo de los colchones es q ni me sorprende, yo ya vi a gente con perros paseandolos en carritos exclusivamente para ellos, y no x q el perro estuviera enfermo, sino x … q se yo pq?, me parece tan estupido.
    Y lo de las castañas es flipante, yo pq aqui ando 1 km pa rriba encuentro castañas x todos los lados, y bajas pal pueblo y te las vende a 7 € el kilo, es q flipo, igual q con las manzanas, cuando es epoca de ellas me pongo ciego, asi verdes me encantan, y cuando maduran hacerlas asadas, la gente ya ni las coge, prefieren comprarse granny smith, q tiene mejor pinta, pq las de aqui tienen una pinta horrible, pero saben a gloria, alguna vez me he metido un gusano en la boca, jajaja, acaso hay algo mas bio, organico y natural q darle un mordisco a un gusano de la manzana sin querer 😉

    Comentario por Emilio Fernandez — 1 agosto 2018 @ 15:18 | Responder

    • Proteínas extra. Lo malo es como le pase a algún vegano, porque son proteínas animales. Esto se lo dicen a un viejo de los que se deslomaron para sacar la familia adelante… y no se lo cree. Es que no puede creerselo. Tan tonto no se puede llegar a ser. Y mira.

      Comentario por Nadir — 1 agosto 2018 @ 23:50 | Responder

  6. MUY BUENO TU ESCRITO Y REAL COMO LA VIDA MISMA.- TENEMOS MUCHA TONTERÍA ENCIMA Y MUCHA ESTUPIDEZ DESPARRAMADA IRREMEDIABLEMENTE EN NUESTRA SOCIEDAD. EN PRINCIPIO, NO VEO ARREGLO POSIBLE, SALVO QUE CAMBIEN MUCHAS COSAS A AÑOS VISTA, EMPEZANDO POR LA EDUCACIÓN Y EL SENTIDO COMÚN. LA SOCIEDAD, NOS HEMOS ABORREGADO DE FORMA IRREMISIBLE. QUÉ PENA.

    Comentario por Juan Miguel — 2 agosto 2018 @ 10:38 | Responder

  7. Muchas gracias al susodicho albaricoque que dio lugar a esta entrada y el consiguiente debate. Permitidme introducir al tomate. Un tomate de huerta o invernadero recolectado en el oeste de la provincia de Coruña. No es tierra propia para la producción de tomates pero hay que plantarlos sí o sí en todo huerto por lo buenos que están, cuando están. De siempre hubo que «torear» con el mildium y la botritis. Luego la mosca blanca … Pero desde hace dos años gozamos de la Tutta Absoluta. Cada año un bicho nuevo que son los tiempos de la globalización. El año pasado arrasó los invernaderos de los agricultores semiprofesionales que surten las pequeñas tiendas y mercados de abastos. Excelentes personas o no, acostumbradas a unos ingresos económicos y un método de trabajo. Para tratar de salvar la cosecha ahí se fumigó con todo y a la desesperada. Mis tomateras también fueron atacadas y las dejé ir. Comí menos tomates y punto.
    Lo que quiero decir es que si no dispusiese de tomates de «confianza» plena compraría tomates en el supermercado de grandes cadenas, producidos por agricultores profesionales. Por norma general las grandes cadenas hacen análisis de lo que compran ( y lo tienen en cuenta para valorar o minusvalorar el producto) y las grandes empresas agrícolas que no quieran perder dinero cuentan con buen asesoramiento profesional …. (esto da para discusiones hasta el infinito con razón para todas las partes).
    AL LORO CON LOS TOMATES. No conozco ninguna otra hortaliza-fruta tan exigente en fitosanitarios.

    Comentario por Xurxo — 2 agosto 2018 @ 23:24 | Responder


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