La mirada del mendigo

18 noviembre 2019

Juan Manuel Grijalvo – Patria y potestad

Filed under: Historia — Juan Manuel Grijalvo @ 18:39

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Hoy, si usted quiere, haremos uno de mis ejercicios de Historia de estar por casa.

En los tiempos de Sinuhé, la “ciudadanía” egipcia venía a ser una “nacionalidad” obtenida por “Ius sanguinis”, el derecho de sangre. Los hijos de cada tribu eran “propios”. Los demás eran “extraños”, id est, extranjeros y forasteros.

Las clases sociales eran las adecuadas para una economía basada en la agricultura. Los egipcios organizaban los cultivos en función de las crecidas del Nilo, y generaban unos excedentes que invertían en obras públicas de indiscutible rentabilidad social, como una gran red de canales de riego, y otras de utilidad menos evidente: pirámides, sepulcros, templos.

Cada persona tenía fijado su lugar en la sociedad humana, y en el Cosmos entero, desde la cuna. El hijo primogénito de la esposa legítima del Faraón sería Faraón, y los hijos de las plebeyas serían plebeyos. El Estado era el Faraón, y viceversa. La pirámide es un buen símil para su estructura social: tiene una cúspide muy pequeña y una base muy grande. En la cima hay una sola persona. Obviamente, no puede controlar a toda la población. Para eso hay un gran andamiaje de señores, señorones y señoritos que, a nivel local, ejercen una autoridad omnímoda en nombre del Faraón.

Todo eso era así por la voluntad de los dioses: la religión se mezclaba con la política, y viceversa. Es una confusión interesada que perdura hasta hoy. Como es lógico, los sacerdotes eran una pieza más de los engranajes del poder. En aquella época, esas cosas funcionaban poco más o menos igual en casi todas las partes “civilizadas” del mundo. Como es natural, también había militares. Teóricamente, estaban ocupados en la defensa de las fronteras propias, o en la conquista de territorios ajenos. Pero también “intervenían” en el interior del país, para “estabilizar” el orden social cuando era menester.

En Roma, en el escaso tiempo libre que les dejaba la tarea ingente de montar el Imperio, los juristas iban desarrollando un “corpus” legal para regular las relaciones entre los individuos, aunque no fueran ciudadanos romanos. Como es natural, su base y sustancia era la que nos dio Horacio: “dulce et decorum est pro patria mori”. Ser romano era mejor que no ser romano. Aún así, también andaban dándole vueltas al “Derecho de gentes”. Como nos dejó dicho Gayo, “quod vero naturalis ratio inter omnes homines constituit, id apud omnes populos peraeque custoditur vocaturque ius gentium”. No será necesario que le recuerde que el concepto romano de “gens” no tenía mucho que ver con lo que llamamos “la gente” a fecha de hoy. Por lo mismo, tampoco hemos de creer que aquello fuera equivalente al Derecho Internacional Público y Privado de ahora.

Otra institución romana que nos interesa para este pequeño estudio es la patria potestad. El “pater familias” era dueño de sus hijos. Podía venderlos como esclavos, darles muerte… Como dice Kipling, “Have you never heard of a Father’s right over his children? He can slay them, my loves—slay them dead, and the Gods highly approve of the action!” La auctoritas omnímoda del esquema patriarcal tenía, obviamente, el pleno respaldo de las divinidades… Pues qué se había creído usted.

Después de la caída del Imperio romano de Occidente, los diferentes Estados que aparecieron en lo que había sido su territorio fueron delimitando fronteras. Hasta la Edad Media, la forma de adquirir la condición de súbdito no había cambiado sustancialmente. En cuanto a las clases sociales, eran las adecuadas para una economía basada en la agricultura. Cada persona tenía fijado su lugar en la sociedad humana, y en el Cosmos entero, desde la cuna. Los hijos de los siervos de la gleba eran siervos de la gleba, los hijos primogénitos de los reyes y demás señores de horca y cuchillo sucedían a sus padres, y los sobrinos de los curas se hacían curas estudiando latín. Por eso se pondera la ciencia de alguien diciendo que sabe latín.

Hace quinientos años había varios Estados distintos en la península Ibérica. Los vemos fosilizados en el escudo de armas del reino actual: Castilla, León, Aragón, Navarra y Granada, a los que hay que añadir Portugal y Andorra. Según los partidarios de la España Una, Grande y Libre, en esa época se forjó la Hispanidad Eterna. Según los historiadores serios, lo que había era una simple coincidencia: un solo soberano gobernaba varios reinos diferentes. La Gracia de Dios fue estableciendo la hegemonía castellana. La boda de los Reyes Católicos fue el antecedente político de la conquista militar de Granada en 1492. La de Navarra se consiguió en 1524.

En 1517, su nieto Carlos I había desembarcado en Asturias, cerca de Villaviciosa. Nada más llegar, empezó a destruir las -pocas- libertades de sus súbditos para acrecentar su poder. Tuvo un éxito notable en Castilla, aunque los comuneros le montasen una insurrección en toda regla que duró hasta la batalla de Villalar. Como los delitos de rebelión y sedición no estaban tipificados en el Código Penal porque no había Código Penal, tres de los jefes, Padilla, Bravo y Maldonado, fueron acusados de traición a la Corona. En lenguaje moderno, habían roto el “contrato legal” de vasallaje, y eso se pagaba con la vida: los mataron al día siguiente. El cronista destaca la destreza del verdugo, que los decapitó con un mandoble de grandes dimensiones. No sé qué pasó con la tropa; no creo que les aplicasen la eximente de obediencia debida.

Estos procesos no fueron el origen de ninguna “nacionalidad” nueva, y mucho menos de ninguna “ciudadanía”. Cada parte de la “Corona Hispánica” mantuvo sus propios fueros, su sistema de pesos y medidas, sus monedas, sus fronteras, sus aduanas, sus alcabalas… todas y cada una de las características de los Estados soberanos de la época. Los señores feudales poseían las tierras, y también a los siervos que vivían dentro de los límites de sus dominios. Teóricamente, los hombres “libres” podían moverse por todas partes. Los viajes eran caros y peligrosos, pero si había que hacerlos, se hacían.

El 30 de Enero de 1649 un verdugo decapitó al rey Charles I de Inglaterra. El cronista da fe de su habilidad con el hacha: le cortó el cuello a la primera, de un solo tajo. Otro día, si usted quiere, haremos otro pequeño ejercicio como éste, y veremos lo que ocurrió antes y después de un hecho que marcó un antes y un después en la Historia con mayúscula.

En 1700 Carlos II de Habsburgo murió sin haber engendrado un heredero legítimo y, según los usos de la época, legó sus reinos a quien le pareció más oportuno. Por razones que nunca sabremos con certeza, el beneficiado fue un miembro de la Casa Real de Francia, nieto de Louis XIV, en perjuicio de sus parientes austríacos. Estas cosas funcionaban con reglas similares a las que regían -y todavía rigen hoy- la transmisión “mortis causa” de los patrimonios privados. No hacía falta tener en cuenta los intereses, y mucho menos las opiniones, de los súbditos. Como dicen que dijo Louis XIV, “L’État, c’est moi “. El pleito entre los aspirantes a la Corona degeneró en una guerra llamada “de Sucesión Española” que fue, básicamente, un conflicto entre varias potencias extranjeras.

La semántica es importante. En inglés, “estate” es “a large area of land in the country that is owned by a family or an organization and is often used for growing crops or raising animals” y también “everything that a person owns when they die”. “Real estate” es “property in the form of land or buildings”. Suena prácticamente igual que “State”, que resulta ser “a country or its government” y también “a part of a large country with its own government, such as in Germany, Australia, or the US.”

https://dictionary.cambridge.org/

En 1714, hace poco más de trescientos años, Felipe V salió victorioso de la guerra de Sucesión. Estaba loco, y su reinado fue malísimo para los castellanos, y todavía peor para los demás. Sus consejeros instalaron en esta época la piedra angular de la estructura política que tenemos ahora mismo. El proceso fue traumático, y buena parte de las resistencias que suscitó siguen estando por aquí.

En 1789, la Revolución Francesa dio principio a la destrucción del Antiguo Régimen en Europa. El lema de la nueva República era “Liberté, Égalité, Fraternité”. No se podía traducir fácilmente a otros idiomas, porque estos tres conceptos no son unívocos: no designan las mismas realidades políticas a los dos lados de una frontera. Hoy, tampoco. Por eso se define la Libertad “a contrario sensu”: poniéndole límites, palabra que viene del latín. “Limes” es, precisamente, frontera.

El 21 de Enero de 1793, el rey Louis XVI de Francia fue decapitado con una guillotina. Otro día, si usted quiere, hablaremos un poco del contexto histórico de esta máquina. Con eso la verá usted como el gran progreso humanitario que fue: un auténtico hito de la Igualdad. Aunque fuera ante la muerte.

Uno de los grandes cambios que trajo la Revolución Francesa fue la separación entre religión y política. En Europa sigue habiendo monarquías hereditarias, pero ya no dicen que la fuente última de su legitimidad es la voluntad del Ser Supremo. Los nuevos “Estados-nación” invocan la soberanía popular, y la representan mediante símbolos. Sobre todo, la bandera. Naturalmente, los Estados del Antiguo Régimen ya tenían banderas, pero no eran “de” los territorios. Eran más bien los blasones heráldicos de las dinastías, que en muchos casos se identificaban con los nombres de sus dominios. Las familias reales que mantienen hoy alguna adhesión popular están fuera de los vaivenes de la política. Reinan, pero no gobiernan.

El poder -nada simbólico- de los Estados se ejercía dentro de los límites de unos territorios cuyos límites se marcaban, naturalmente, con banderas. De ahí a adscribir el carácter sagrado de la estructura política al propio territorio, entendido como unas rayas pintadas en un mapa por los geógrafos europeos, había un paso muy corto. Hay un ejemplo de lo que puede ocurrir cuando estas teorías se aplican a lo grande que me interesa mucho: la Partición de la India en 1947. Vea, vea usted la ceremonia de arriar las dos banderas que se celebra todas las tardes en Wagah, Punjab, y ya luego si eso me dice qué.

India Pakistan Wagah Attari Border Closing Ceremony

By Sanjeev Bhaskar – The Longest Road

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Gracias al constante progreso moral de la Humanidad, las leyes fundamentales van reemplazando el “Ius sanguinis” por el “Ius soli”. En lenguaje políticamente correcto, los niños y las niñas nacidos y nacidas en el territorio y la territoria de un Estado (el Estado no tiene género y no es masculino ni femenino porque está Más Allá del Bien y del Mal) son “ipso facto” ciudadanos y ciudadanas, porque el Estado se los apropia para sus propios fines desde que empiezan a respirar por su cuenta. Otro día, si le parece bien, podemos hacer un pequeño estudio sobre la aplicación práctica de este principio legal en los Estados Unidos.

A partir del momento en que el Estado ya no se identifica con una persona, ni con una familia, y mucho menos con “la gente”, podemos aplicar sin mayor problema las ideas más jacobinas sobre la “Egalité”. La Igualdad resulta ser la voluntad de hacer que los demás se vuelvan semejantes en todo a nosotros mismos: nuestra lengua, nuestras leyes, nuestras costumbres… son Las Más Mejores. Cuando la unidad se entiende como uniformidad, de poco vale la “Fraternité”. A todo esto, la mejor encarnación de la Fraternidad “à la française” fue, sin duda, el rey José I, soberano legítimo de las Españas desde el 6 de junio de 1808 hasta el 11 de diciembre de 1813, por la Importante Razón de Estado de ser hermano de Napoleón Bonaparte.

Cuando la “unidad” nacional deviene “unicidad”, se procede a la “integración” de todos los residentes en el territorio del Estado. A poder ser, por las buenas. En el caso que nos ocupa, la cultura y la situación legal que ofrecía la République Française eran objetivamente mejores -mucho mejores- que las de cualquier dominio feudal del Antiguo Régimen, y la mayor parte de la población aceptó de buen grado la asimilación lingüística, jurídica, etcétera. Tenga usted en cuenta que una de las consecuencias prácticas de hablar “patois” es que, si es usted un siervo fugitivo y tiene la suerte de llegar a un territorio “ajeno”, será identificado, detenido y devuelto a su señor natural en un santiamén… tan pronto como abra la boca y diga algo. Eso, si sus captores no deciden matarlo sin más y ahorrarse complicaciones. Ya ve usted que hablar el dialecto de París era una ventaja. Una gran ventaja. Desde entonces, todos los súbditos queremos ser ciudadanos.

¿Y qué pasa si usted quiere seguir hablando otro idioma? Por ejemplo, bretón, catalán, corso, vasco… Pues que, al principio, la République se lo tomaba muy a mal, básicamente porque estas ideas retrógradas solían venir acompañadas de conspiraciones para subvertir el orden constitucional y restaurar la monarquía. Naturalmente, la represión se hacía sin escrúpulos de conciencia, porque todo era por el bien común. Otro día, si usted quiere, podríamos ver algunos ejemplos de los métodos que han empleado otros Estados para “homogeneizar” las poblaciones de sus territorios, como si las personas fuéramos su piara de cerdos ibéricos. Probablemente, usted recordará unos cuantos casos sin forzar la memoria.

Volvamos a las Españas. En los tiempos de Fernando VII y de su hija, Isabel II, las clases sociales eran las adecuadas para una economía basada en la agricultura. Las guerras civiles que desgarraron el país impedían la generación de excedentes. Hizo falta recurrir a los inversores extranjeros para financiar las obras públicas. Aún hoy, la red de ferrocarriles sufre las consecuencias de unos errores de principio y de concepto que nadie quiso, pudo o supo enmendar desde entonces.

En 1938, el Tercer Reich empezó a invadir territorios de otros Estados, y puso en práctica varias fórmulas para integrar políticamente a las gentes en la nueva realidad. La base y sustancia de la cosa era que sólo los alemanes nazis eran ciudadanos. Los demás, incluyendo a los alemanes que no eran nazis, eran tratados como inferiores y, si convenía, encarcelados, deportados o exterminados.

Como es lógico, no todo el mundo aceptó de buen grado la “protección” alemana. Hubo resistencia en muchos lugares, incluyendo la propia Alemania. La “Résistance” por antonomasia es la francesa. Como es natural, la République, reducida al territorio de Vichy, se autoproclamaba heredera legítima de la soberanía nacional. Por lo tanto, los “insurgentes” eran “terroristas”, y procedía aceptar la amable cooperación de la Gestapo en las labores necesarias para “neutralizar” la disidencia. El primer trabajo de los “Franceses Libres” fue dotarse de una estructura legal de “gobierno en el exilio”, que se convirtió en gobierno efectivo cuando los Aliados ganaron la guerra. Gracias a esa ficción jurídica, la Francia de la postguerra fue una de las potencias vencedoras, a pesar de la ocupación de su territorio metropolitano y de su escasa contribución al esfuerzo militar.

Guinea Ecuatorial fue una colonia española desde 1885 hasta 1959. Ahora me dirá usted que la independencia de la república fue el 12 de Octubre de 1968. Eso es así, pero en 1959 el Superior Gobierno había declarado que los Territorios Españoles del Golfo de Guinea eran provincias como las demás, y organizó unas elecciones y todo. Siguiendo, cómo no, las mismas pautas que en el resto del país: la democracia orgánica, ustéyasabe.

Ahora me preguntará usted de qué Estado eran ciudadanos los habitantes del país entre 1885 y 1959. Pues verá usted, técnicamente tenían la nacionalidad española pero, legalmente, eran menores de edad toda su vida. Sin una patria potestad efectiva, su falta de juicio se suplía como si fueran huérfanos: con una tutela. En 1944 el Superior Gobierno dictó una norma enumerando los requisitos que debían cumplir los nativos para ser “emancipados” por el Patronato de Indígenas.

Si definimos la población de la colonia como el conjunto de personas que son legalmente adultas o “emancipadas”, y declaramos que las demás no tienen derechos, las tareas del Superior Gobierno devienen más simples. Los europeos, como no podía ser de otra manera, eran adultos por definición. Si no hay conflictos políticos porque no hay política, cualquier discrepancia se etiqueta como una alteración del orden público. Y la Guardia Colonial se encarga de mantenerlo incólume. Fin del problema.

Esto duró hasta 1964, año en que les otorgaron la autonomía. La independencia de 1968 también les dio una Constitución republicana, varios partidos políticos, elecciones democráticas para hacer un parlamento de verdad… Sobre el papel, Guinea tenía muchas más libertades que España. Otro día, si usted quiere, podemos hacer otro ejercicio de Historia de estar por casa y ver lo que ocurrió efectivamente después de la independencia.

Mientras tanto, en la metrópoli seguíamos inmersos en unas contradicciones que la guerra civil no había resuelto. El concepto de Estado que manejamos aquí y ahora es uno más entre los variopintos constructos mentales al uso. Existe desde el Primero de Abril de 1939, y su base y sustancia es la Formación del Espíritu Nacional que predicaba el Glorioso Movimiento Salvador de la Patria. Su bondad sobrenatural se postula porque sí, sin necesidad de demostrarla. Por la misma regla de tres, tampoco hace falta aducir ninguna razón para afirmar su maldad intrínseca.

Resumiendo mucho, el Régimen era totalitario porque gobernaba en nombre de la totalidad de la población. Las clases sociales eran las adecuadas para una economía basada en la agricultura. El Régimen invertía los excedentes en obras públicas más o menos beneficiosas, como los famosos embalses, y otras de utilidad menos evidente: pirámides, sepulcros, templos. El Valle de los Caídos es… las tres cosas.

Cada persona tenía fijado su lugar en la sociedad humana, y en el Cosmos entero, desde la cuna. Técnicamente, esto era un reino sin rey. El Estado era el Caudillo, y viceversa. Y todo eso era así por la G. de Dios: la religión se mezclaba con la política, y viceversa. Es una confusión interesada que perdura hasta hoy.

La pirámide es un buen símil para su estructura social: tiene una cúspide muy pequeña y una base muy grande. En la cima hay una sola persona. Obviamente, no puede controlar a toda la población. Para eso hay un gran andamiaje de señores, señorones y señoritos que, a nivel local, ejercen una autoridad omnímoda en nombre de Franco.

En 1947, la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado restauró una monarquía sui generis: el dictador vitalicio designaría un heredero a título de Rey o de Regente del Reino. Después, el hijo primogénito de la esposa legítima del Rey sería Rey, y así para siempre: atado y bien atado.

En 1969, Franco designó a Juan Carlos de Borbón y Borbón como su sucesor en la Jefatura de Estado. También nombró embajador en Suecia a su primo Alfonso de Borbón y Dampierre. Cuando se casó con una nieta del dictador, hubo quien dijo que Franco cambiaría de heredero para que la “nietísima”, Carmencita Martínez-Bordiú, fuera reina. Quién sabe… Es un buen POD para una Historia Alternativa.

En 1975 se produjo el “hecho biológico” y los Poderes Que Son aplicaron la fórmula del Gattopardo: es preciso que todo cambie para que todo siga igual. Nos dieron una Ley de Leyes que era un modelo de… ¿de qué?

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Hemos esbozado un mínimo marco geográfico e histórico.

Veamos qué dice la Constitución vigente.

Artículo 1

España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho,
que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico
la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.
La soberanía nacional reside en el pueblo español,
del que emanan los poderes del Estado.
La forma política del Estado español
es la Monarquía parlamentaria.

Artículo 2

La Constitución se fundamenta
en la indisoluble unidad de la Nación española,
patria común e indivisible de todos los españoles,
y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía
de las nacionalidades y regiones que la integran
y la solidaridad entre todas ellas.

Artículo 3

El castellano es la lengua española oficial del Estado.
Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.
Las demás lenguas españolas serán también oficiales
en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos.
La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España
es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección.

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Ya lo ve usted, es un modelo de funambulismo circense de la mejor calidad:

cada artículo dice al mismo tiempo una cosa y la contraria.

Otro día, si usted quiere, podemos hacer otro de estos pequeños ejercicios

y ver cómo están las pirámides en los tiempos de Felipe V+I.

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15 comentarios »

  1. Con estilo, con gracia, con el puntito justo de mala uva… insisto, de lo mejor que te he leído.

    Me alegro infinitamente que saques la locomotora de las vías y te salgas de la comodidad de tus dominios de caballos de acero y vapor con entradas más controvertidas.

    Audentes fortuna iuvat.

    Comentario por Nadir — 18 noviembre 2019 @ 21:14 | Responder

    • Y yo me alegro de que no me digas
      que me estoy escaqueando de la controversia
      por dejar para las calendas griegas
      lo que está pasando en los tiempos de Felipe V+I.
      Bromas aparte, estoy ocupado con unos libros.

      Comentario por Juan Manuel Grijalvo — 18 noviembre 2019 @ 22:21 | Responder

  2. Bueno maestro cómo he disfrutado. Me permito la licencia de pedirle un libro recomendado para cada párrafo. Puedo empezar con Sinuhé que siempre me pareció un librazo y después lo que me mande…..

    Comentario por erebiagorge — 18 noviembre 2019 @ 21:33 | Responder

    • Buena idea.
      Procede que hagamos a medias un borrador de la lista y luego la publico en otra entrada.
      Lo más práctico sería iniciar una correspondencia por correo electrónico.

      Comentario por Juan Manuel Grijalvo — 19 noviembre 2019 @ 10:34 | Responder

  3. Saludos:

    Don Juan Manuel, está usted que se sale. ¿No estará usted viendo libros de “nuestra biblioteca”? Ese lugar no es propio de gente de orden.

    Comentario por qatalhum — 19 noviembre 2019 @ 15:55 | Responder

    • Son de papel…
      He encargado una estantería más pequeña que la actual.
      Tengo que convertirla en archivo y deshacerme de los libros
      que no podré leer en los -cada vez menos- años
      que me quedan por delante.

      Comentario por Juan Manuel Grijalvo — 19 noviembre 2019 @ 21:11 | Responder

  4. Como ya te anticipé, muy interesante. Me gusta el paralelismo gatopardiano, todo cambia pero el orden del Cosmos viene a ser el mismo.

    Comentario por Alpheruth — 19 noviembre 2019 @ 23:45 | Responder

    • Mae govannen!

      Pedo mellon a minno!

      No sé si conocías esta casa,
      que ahora también es un poco mía.

      Es un oasis en el yermo de esta Internet 2.0
      que responde tan mal a las expectativas de “ilustración”
      que nos habíamos hecho algunos ilusos.

      Ya me dices…

      Comentario por Juan Manuel Grijalvo — 21 noviembre 2019 @ 13:47 | Responder

  5. Pues…. Empiece por el primer “otro día…” Y vaya haciendo un post por cada uno de ellos, aunque esto me trae a la memoria, yo con 10 años sentada en el suelo en medio de mi cuarto, rodeada de 8 tomos de enciclopedia, por seguir algo parecido a ese “su otro día si usted quiere…”

    Comentario por La Bombilla — 2 diciembre 2019 @ 19:07 | Responder

    • Por cierto, mi versión de la wiki, cuando era pequeña!!!!

      Comentario por La Bombilla — 2 diciembre 2019 @ 19:08 | Responder

      • Ocho tomos…
        La mía era -y es- el diccionario enciclopédico abreviado Espasa, que “sólo” tiene siete.
        Si usted me dice que los va a leer, los haré… sin prisa, sin pausa, sin despeinarme…
        Pero no será por el orden “lógico” del texto.
        Estoy dándole vueltas al ejercicio de Historia Alternativa.

        Comentario por Juan Manuel Grijalvo — 3 diciembre 2019 @ 11:12 | Responder

        • Tiene truco. La enciclopedia era una con muchas ilustraciones que mi padre se consiguió fascículo a fasciculo, creo que antes de entrar en la universidad, allá a finales de los 60. Y era ideal para los niños. Lo malo, en mi caso, es que si la consultaba, por ejemplo para un trabajo sobre los reyes católicos, al final ponía eso de… Ver hijos…. Y decía en que tomo y hoja estaban. De ahí igual necesitaba otro tomo… Así que como verá, tampoco mi lectura de la enciclopedia, fue lineal.

          Comentario por La Bombilla — 3 diciembre 2019 @ 16:26 | Responder

          • Esta “Patria y potestad” tiene una “madre” que es un borrador inacabado: “Hace quinientos años”. El punto de partida es lo que había por aquí en 1492. La idea era hacer un cronograma más o menos lineal, pero descarriló cuando le superpuse otro: “En los Países Bajos…”, básicamente Holanda. Me ocurre con demasiada frecuencia. El que mucho abarca…

            Comentario por Juan Manuel Grijalvo — 4 diciembre 2019 @ 12:14 | Responder

            • Pero es mucho más divertido y entretenido.

              Y sí, soy yo, La Bombilla también

              Comentario por Nynaeve — 4 diciembre 2019 @ 12:24 | Responder

              • Se supone que todo lo que uno escribe debe ser
                constructivo, instructivo, positivo y productivo.
                No es fácil…

                Comentario por Juan Manuel Grijalvo — 9 diciembre 2019 @ 23:08 | Responder


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