La mirada del mendigo

18 enero 2020

Vasos comunicantes

Filed under: Economía — Nadir @ 2:43

Me parece interesante desarrollar una serie de relaciones entre variables económicas, no temáis que es muy sencillo, que creo van a determinar la dirección del mundo en las próximas décadas.

La clave es el nuevo modelo económico que se ha ido gestando en los últimos años, en el que las economías de los estados e incluso de los continentes están completamente interconectadas en forma de una única máquina económica de escala mundial: la globalización. Si normalmente se piensa en las cadenas de valor internacionales, donde un móvil es fabricado con piezas y materiales provenientes de medio mundo, el proceso unificador es aún más perfecto en la esfera financiera. Hoy en día los capitales se mueven de una punta al otra del orbe a la velocidad de la luz, sin apenas cortapisas. Esos flujos financieros pueden inundar una economía, sobrecalentándola (como le ocurrió a Brasil en los primeros años de este siglo) y, con igual brusquedad, revertirse y dejarla seca de financiación (en general, toda Latinoamérica con la abortada subida de tipos del dólar).

No quiero hacer aquí una execración del fenómeno globalizador. Por dos razones: primera, porque es un nuevo paradigma económico con unas consecuencias, como es de suponer en un sistema complejo, contradictorias. Por poner un ejemplo: la globalización ha sacado de la miseria a unos mil millones de personas en Asia, aunque también ha habido perdedores. La segunda, es que la interconexión íntima de las economías posibilitada por las tecnologías de la información es una nueva realidad que no tiene marcha atrás. El mundo nunca volverá a los sistemas económicos cuasi-estancos, puestos en relación por el comercio, de la misma forma que nunca volverán las calesas o las lámparas de aceite. Esto no es una película de buenos y malos, así que procuraré exponer un aspecto de este nuevo modelo económico hiperconectado.

A nadie le sonará a nuevo que vivimos una época de guerra de divisas larvada. Lo que era un pulso que los grandes centros de poder económico mantenían en un tono discreto, el cretino del Trump lo ha aireado a golpe de tuit. Voy pasito a pasito, que no quiero que nadie se pierda. Lo expondré con un ejemplo: si el euro se deprecia respecto al dólar, implica que los costes de producción en Europa bajan si los miramos desde el otro lado del charco. Es decir, la economía europea gana competitividad respecto a la usamericana y, por lo tanto, se incrementa la balanza comercial Europa-USA a favor de la primera. Por otra parte, el flujo de capital hacia Europa (el euro está sobrecomprado respecto al dólar) haría subir el euro y equilibraría de nuevo el sistema (por cierto, mecanismo que no existe dentro de la UE y del que se ha beneficiado Alemania).

Con el panorama de magro crecimiento de la economía mundial, todos los actores importante se siente tentados a depreciar su divisa respecto al resto, para así ganar competitividad y espolear la producción local. Pero es obvio que si deprecias la moneda es respecto a otras, y con todos jugando al mismo juego al final la cosa suele quedar en empate (o “perdiendo” el dólar, es decir, revalorizándose ya que es la divisa universal de la cual siempre hay mucha mayor demanda que la que sería natural si fuera sólo la divisa de un Estado, aún siendo éste la mayor economía del mundo).

¿Y cómo se hace para depreciar la divisa propia? Además de actuaciones del banco central en el mercado de divisas, que están vetadas en aquellas que mantienen flotación libre (todas las importantes menos el renminbi, que tiene flotación sucia), la palanca fundamental son los tipos de interés. Subir los tipos de interés en una economía provoca (ceteribus paribus) la apreciación de su divisa, ya que entra más capital dispuesto a aprovecharse de ese mayor retorno a su inversión. Y viceversa, como es evidente. Por lo tanto, hay una lucha entre las economías mundiales por hundir sus tipos de interés, con ello sus divisas y, de esta forma, aumentar la demanda de sus productos y servicios (entre ellos, muy importante para nosotros, el turismo). Nada de lo que hasta ahora he descrito es ni mucho menos nuevo. La novedad estriba en la potencia de esos flujos de capital, que se mueven a través del globo buscando diferenciales de rentabilidad. Son inmensos (como exponía en una pasada entrada) y se mueven en poderoso rebaño como una migración de herbívoros a través de la sabana. Dicho de otro modo: ahora el efecto sobre la divisa de un cambio en los tipos de interés se ha magnificado.

¿Conclusión? Todos los Estados principales tienen sus tipos de interés en mínimos, y cuando la FED empezó a subirlos al tener pleno empleo (teórico) y repuntar la inflación, Trump escupió sapos y culebras hasta que logró que dieran media vuelta. ¿Todos? No, una aldea poblada por inteligentísimos chinos está depreciando su moneda mediante un mecanismo genial: la impresión de nueva moneda, que respalda la deuda que bancos públicos conceden a empresas (muchas veces también estatales) para que salgan de compras y se hagan con los activos más interesantes de todo el mundo. Pero, obviando la posición extraña de (la que se está sirviendo) China, los bancos centrales de USA, UK, EU, Japón y Suiza (además de otros estados occidentales con moneda propia, como Dinamarca) están en una carrera por ver quién recorta más sus tipos de interés, para generar una presión vendedora sobre su moneda y así depreciarla. Es decir, un carry trade que cada vez tiene más fuerza.

He dicho que no quería que nadie se perdiese: el carry trade, los que llevéis tiempo en el blog ya lo sabéis de sobra, es el movimiento producido por inversores que se financian en una moneda débil (por ejemplo el yen, con tipos por debajo de cero) y van a invertir en una economía con tipos más altos (por ejemplo, T-notes, bonos usamericanos). Para comprar esos bonos tienes que vender yenes y comprar dólares, lo cual genera esa presión vendedora sobre el yen que lo impulsa a la baja y un movimiento especular sobre el dólar.

Bueno, a lo que vamos. Que hay un enorme incentivo (léase presión) sobre los bancos centrales para mantener los tipos lo más bajo posibles y un paso más allá. Porque una moneda débil estimula las exportaciones, por lo tanto la actividad económica, baja el desempleo y el partido en el gobierno tiene más papeletas para ser reelegido.

En el contexto deflacionario en el que nos movemos en Europa, siguiendo la senda marcada por el país del sol naciente, realmente esta política se adecúa muy bien a nuestras necesidades económicas (habida cuenta que en el euro estamos 19 Estados, y no todos comparten exactamente las mismas circunstancias). La cuestión es qué pasará cuando no lo haga, o exactamente qué pasa cuando la política de tipos ultra-bajos no sea la indicada en una economía con un crecimiento vigoroso, como el caso de USA. La respuesta es inmediata y contundente: inflar burbujas (es decir, disparar la inflación de bienes y servicios, pero también de activos de inversión). Aún más.

La razón es evidente, la euforia y aparente sensación de riqueza que promueve el crédito barato impulsa el consumo y la inversión. Las sanas y rentables pero también las mediocres. Con tipos por debajo de cero, incluso es viable un negocio que pierda dinero, con tal de que no pierda tanto como el tipo de financiación. Esta situación aberrante es la nueva normalidad, inédita en la historia económica.

Aunque parezca contraintuitivo, el gran problema que genera esta situación es la supervivencia de empresas ineficientes, zombis, que compiten con las eficientes y sanas restándoles cuota de mercado. Saltarse esta depuración (se suele aludir a la destrucción creativa) puede ser beneficioso a corto plazo (los accionistas no pierden su inversión y los obreros y puesto de trabajo), pero a largo plazo genera la atonía y falta de crecimiento que precisamente estamos sufriendo. Desde luego, a los trabajadores no se les hace ningún favor, pues de trabajar en una de esas empresas zombis que deberían echar el cierre, encontraría trabajo en las supervivientes, más productivas y por lo tanto más capaces de crear riqueza (y, en un modelo socialista, capaces de crear riqueza para los trabajadores, además de dar un mejor servicio a sus clientes). La cuestión son los accionistas y bonistas, pero con los inversores incluso desde un punto de vista estrictamente capitalista no debería haber reparo: que cada palo aguante su vela.

Pero si los tipos bajos generan burbujas y permiten la supervivencia de empresas ineficientes (es decir, que necesitan una mayor cantidad de recursos para un mismo producto) ¿por qué los bancos centrales persisten en esa política? Porque la alternativa puede ser terrible. Para empezar, debéis saber que una subida de los tipos de interés del dinero se trasladas casi automáticamente a la deuda, tanto pública como, por vasos comunicantes, privada. Una subida del tipo de un bono implica la pérdida de valor de la deuda ya emitida, es decir, una caída en el mercado de renta fija. Y, de nuevo, los mercados de renta fija y variable también están unidos por ese mismo principio de Pascal, ya que rentabilidades exigidas más altas en el mercado de deuda hacen caer también la cotización de las acciones (que no es más que un bono con una prima de riesgo por la mayor incertidumbre). Es decir, una subida de tipos pincharía las burbujas en los mercados de deuda y acciones (y, por extensión, en el de derivados). Y nadie es capaz de asegurar si se trataría de un aterrizaje suave o de una caída en picado desde la azotea en la que se encuentran las valoraciones.

Pero aún hay más. Con la política de tipos bajos se le está dando un balón de oxígeno, no sólo a empresas zombis, sino también a empresas rentables que han asumido una enorme carga de deuda para sobrevivir a los procesos de concentración empresarial que se viven en casi todos los sectores (es que exactamente de eso va el capitalismo, el proceso de acumulación de capital en favor de un número decreciente de manos). Con tipos bajos pueden ir refinanciando su deuda e ir llevando su pesada digestión (lo que Richard Koo llama reconstrucción de balance), pero una subida de tipos pronunciada (a niveles normales pre-crisis) llevaría a muchas empresas a la quiebra. Luego están, como decía, las zombis, que no consiguen generar superávit primario (antes del servicio de la deuda) y usan la barra libra de fondos para disimular su falta de modelo de negocio por la vía de las adquisiciones, ganando tamaño en una huida hacia adelante. Un esquema Ponzi que es mucho más usual de lo que muchos os imagináis y que se mantendrá hasta que la música deje de sonar.

En resumidas cuentas. Sabemos que el sistema económico necesita regenerarse, reiniciarse, depurarse, y esto lo hace mediante ciclos (cortos y largos, ondas de Kondrátiev y todo ese rollo en el que ahora no quiero entrar, podéis leer a Ray Dalio si os interesa el tema). La cuestión es que los excesos de la parte alta del ciclo han sido tan desquiciados (debido fundamentalmente a la financierización de la economía), que nadie se atreve ahora a afrontar el periodo de Cuaresma, pues la penitencia estará a la medida de los pecados cometidos. Lo jodido del caso es que la clase social que purgará los pecados será una distinta a quien los cometió y se deleitó con ellos.

La Cuaresma debía empezar en 2007, pero generó tanto dolor en todas las clases sociales que fue abortada y se recuperó la economía con alquimia monetaria. No sé si por el miedo a una revuelta de las clases bajas o porque la clase propietaria se niega a aceptar unas pérdidas que son ineludibles. Y en esas estamos, con una economía intervenida que me recuerda a la Santa Compaña, un limbo entre la vida y la muerte, el cielo y el infierno, un dilatado purgatorio que por ahora evita mandar la economía a un Erebo del que no tenemos convicción de saber cómo salir. Japón como avanzadilla de las economías desarrolladas.

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15 comentarios »

  1. El mecanismo que describes me hace pensar
    en las complicaciones de manejar
    las locomotoras de vapor más evolucionadas.
    Más potencia implica más complejidad.

    Comentario por Juan Manuel Grijalvo — 19 enero 2020 @ 9:30 | Responder

    • A mí me recuerda al concepto de masa crítica en las reacciones nucleares. Una cierta cantidad de material físil es seguro, pero si juntamos varias pequeñas cantidades y superamos esa masa crítica, se produce la reacción en cadena. Hemos unido una serie de economías, no aisladas pero relativamente independientes, para crear un único sistema económico. Y en este escenario las relaciones económicas no tienen por qué ser las mismas.

      Luego, también es cierto que la financierización de la economía ha aumentado su complejidad. Aunque en este caso, ni siquiera es como condición para conseguir más potencia. Porque el mercado de derivados financieros no aporta potencia alguna, no crea riqueza neta, es sólo un trile. Hay más fichas rodando por el casino, simplemente.

      Comentario por Nadir — 20 enero 2020 @ 2:52 | Responder

  2. A ver… ¿y el resto? Al menos decidme si se entiende o no. ¿Dudas, preguntas? He hecho un esfuerzo para que sea asimilable para legos en economía, pero además de para disparar al pianista, los comentarios también pueden servir para desarrollar algún punto que no haya quedado claro.

    Cri, cri, cri…

    Comentario por Nadir — 20 enero 2020 @ 2:55 | Responder

    • Vale preguntas: ¿ Ha habido algún momento en el que el capital no haya estado en manos de unos pocos? Porque seguramente los obreros de la fábrica de lámparas de aceite no iban en calesa a sus fábricas. Romántico apunte, por cierto.¿ Es ahora peor? ¿ O más injusto?
      Y dos, ¿ El Estado es una de esas empresas zombi de las que hablas?
      Mira: globalización.https://drive.google.com/file/d/1G7WXegcEf8tzltIk8-cOUMHShDHrDUVG/view?usp=drivesdk

      https://drive.google.com/file/d/1G7vhW3WO0c-e-NwPQASkAlNm8vXmM7uM/view?usp=drivesdk
      Muy interesante la entrada. Pero ahora en la calle la moda es el pin parental.

      Comentario por erebiagorge — 21 enero 2020 @ 7:59 | Responder

      • Muchas gracias, compi. 🙂

        Madre mía, vaya preguntas, intento contestar y si hay quien tenga mejor respuesta, que la aporte. La acumulación de capital empezó cuando el capital empezó a ser acumulable. En sociedades cazadoras, sólo unas pocas herramientas y abalorios podían servir de patrimonio. De nada sirve apropiarse y acumular el producto de la caza, pues es perecedero, y de la recolección, pues no puedes cargar con grandes cantidades en sociedades nómadas. Un gran cazador/guerrero podía tener una posición especial en la tribu, pero debía ser complicado que la transmitiera a su descendencia, luego cada generación partía de una tabula rasa.

        Las diferencias sociales empiezan cuando hay algo que acumular: la tierra o el grano. Entonces aparecen el templo como organizador y la casta guerrera como defensor / mafioso, apropiándose de los excedentes.

        ¿Es más aguda la concentración de la riqueza que en tiempos pretéritos? Pues supongo que la respuesta es la usual en cuestiones complicadas: depende. En el Egipto faraónico, se suponía que todo era del faraón, tierras, bienes, bestias y personas, que en su magnánima grandeza lo cedía a los particulares para ser administrado. En Roma, no sé si la relación entre la Domus Aurea y un piso alquilado en un barrio populoso podría darse en nuestros días. Zulitos de mierda sigue habiendo, pero no hay casoplón que ni se acerque a la grandeza de los palacios imperiales (ahora se me viene a la cabeza la Villa Adriana). En tiempos más recientes, podemos pensar en Versailles o Hofburg. O Aranjuez, sin ir más lejos. ¿Quién tendría pasta para levantar hoy otro Aranjuez, otro Escorial?

        Lo que sí sabemos con certeza es que, desde los tiempos de la reacción neoliberal de Thatcher y Reagan, la desigualdad de ingresos se ha disparado, en el mundo anglosajón y, de rebote, en buena parte del mundo.

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        ¿ El Estado es una de esas empresas zombi de las que hablas? –> Bufffff. No sé qué contestar, realmente. El Estado no es una empresa, aunque sí que se puedan establecer similitudes. Los Estados han sido debilitados por la ideología neoliberal, obligándolos a estar permanentemente subfinanciados y, por lo tanto, obligados a mendigar dinero a quien lo tiene: la banca. Et La main qui donne est toujours au-dessus de celle qui reçoit.

        Lo del crío limpiabotas… ese niño, cuando sea hombre, será incapaz de aportar valor en la economía de mañana, hipertecnificada e hiperespecializada. Simplemente, sobrará en esa cadena internacional de valor de la que hablaba, tanto como productor como consumidor. Pero existe, y querrá reafirmar su existencia y buscar un lugar en el mundo, probablemente con la religión en una mano y un AK-47 en la otra. Y es perfectamente entendible y, además, legítimo.

        En cuanto al pin parental… bueno, esa es la consecuencia de tener un gobierno feminista y su correspondiente reacción facha (¿o alguien piensa que puede haber acción sin reacción?). Que a partir de ahora las cuestiones de debate van a ser de ese tipo (¿para beneficio de quién?). Y, por cierto, si se pretende instaurar las clases de adoctrinamiento postmoderno que contempla por ejemplo el programa educativo navarro de Skolae, yo como padre también me opondría. Y encima pretenden que, más allá de un contenido transversal, el postfeminismo sea una asignatura dedicada, que los niños aprendan a deconstruir sus privilegios y redimirse del pecado de nacer con colita y las niñas a empoderarse (es decir, a ser impunes y, por lo tanto, irresponsables; aún más).

        En fin, como no tengo críos y, realmente, mis ingresos no dependen de las payasadas de uno u otro gobierno…

        Comentario por Nadir — 21 enero 2020 @ 11:40 | Responder

        • Otra pregunta: ¿ Y si lo que se quiere acumular es capital humano? Entonces tal vez las sociedades cazadoras ya lo hacían. Quizás el macho alfa dispusiera de hembras genéticamente adecuadas para perpetuar la especie. A lo mejor las agredía para convencerlas. 😛 Aunque dar de comer a muchas bocas no creo que fuera fácil, pero si podía ser interesante a la hora de parecer poderoso. O de serlo.
          Y ¿cómo sería el feminismo en esa época? ( Por situarme) y ¿ Y los niños se reirían igual que ahora? Probablemente sí. Tengo la tarde tonta….
          Respecto a la gráfica, fíjate mi ignorancia, presuponía a Italia fuera de ella y a Japón tan arriba como UK. Eso indica lo poco que sę de economía, consecuencia fundamental de colocar prioridades en mi horario. Pero tus entradas me dejan pensativa mucho rato y leo cosas que nunca pensé leer. Y así coloco los pies en la tierra. ¡ Si sigo soñando que vuelo!!!!!! Hoy mismo soñé que nos conocíamos, pero éramos niños, yo llevaba trenzas🙂 y había nieve.
          Yo sigo viendo el mismo patrón humano,ahora con más humo y green technology so más calor en las cuevas, más complejo e intrincado, pero igual de desigual.

          Comentario por erebiagorge — 22 enero 2020 @ 21:10 | Responder

          • Más bien tienes la tarde tocapelotas… 😛 Oye, que por cierto, yo también me he hecho trenza. En singular, eso sí. Bueno, si quería que saliera bien, me la tenían que hacer. Sé hacerlas, pero hacia atrás me salían muy flojas, y ya al final no me llegaban las manos (tenía el pelo casi por la cintura).

            Yo creo que, simplemente, tenemos grabada la jerarquía en nuestro instinto (aunque yo debo tener ese gen patasarriba). Una jerarquía es la fuerza (a lo mejor les gustaba ser agredidas, de hecho esperaban que hiciese exactamente el macho, para asegurarse que su descendencia sería dominante). Según nos hicimos humanos ya la fuerza no importaba tanto (sí la salud, la belleza, señal de un genoma depurado), pues nos estábamos especializando en la inteligencia. Y conforme las sociedades se fueron haciendo más complejas, la posición social venía determinada por la riqueza, no por la fuerza. Es lo que permitía una mayor supervivencia de las crías.

            Y no me gusta nada la expresión de “capital humano”. Los humanos dejamos de ser capital con el fin de la esclavitud. Ahora ya no nos compran y nos venden, ahora nos arrendamos. Que es una gran diferencia. Mmmm, oh, wait!

            Comentario por Nadir — 23 enero 2020 @ 1:55 | Responder

            • Ya no vas a poder ponerlo en práctica, pero una vez conseguido el primer tramo, desplazas el mechón alrededor del cuello y sigues trenzando por delante. 😜

              Comentario por erebiagorge — 23 enero 2020 @ 8:06 | Responder

              • Jo, qué tiempos. Ya hace años que me lo corté, y aún lo echo de menos. Sí, he visto ese truco, pero entonces sí que me hacía un lío con la dirección de las hebras. Tengo pezuñas en vez de manos…

                Comentario por Nadir — 23 enero 2020 @ 10:01 | Responder

            • Otra pregunta: ¿Veremos organizaciones supranacionales que velen por la seguridad de los humanos globalizados? ¿ Y desaparecerán los piratas como los que enlazo en el vídeo? Porque está muy bien hacer lo que te de la gana dentro de tus fronteras ( sin escrúpulos de ningún tipo) pero cuando vas a escupir fuera( y mira, nunca mejor dicho) igual tienes que mirar si das a alguien.
              Que oye igual yo tengo la piel muy fina, pero que las normas de seguridad alimentaria, sanitaria, bienestar animal ,etc en este mundo global deberían aplicarse a todos los gobiernos.
              La alerta suele ser siempre exagerada y muchas veces malintencionada. Pero los coronavirus no son nuevos. Y las epidemias se pueden controlar. Con unos mínimos al menos.
              Buen estreno del año de la rata.

              Comentario por erebiagorge — 25 enero 2020 @ 17:44 | Responder

              • Inteligentísimos chinos y guarrisimos también. Tengo unos amigos viviendo en Shanghái. Tienen filtros de aire en casa. Y hay días que literalmente no pueden salir a la calle. Pueden hacer todos los duros que quieran, pero igual no los encuentran .
                Así que lo de inteligentísimos lo pongo en cuestión.

                Comentario por erebiagorge — 25 enero 2020 @ 19:51 | Responder


              • Esta peli mola

                Comentario por erebiagorge — 26 enero 2020 @ 20:32 | Responder

                • Vaya me equivoqué, esta es

                  Pero la anterior es muy chula también.

                  Comentario por erebiagorge — 26 enero 2020 @ 20:34 | Responder

    • Supongo que no contestamos porque aunque se entiende. Si no tenemos base económica es difícil opinar, hablo por mí pero probablemente por otros comentaristas asiduos.

      Lo que si que me genera dudas, porque te lo he leído unas cuantas veces, e igual me he saltado el artículo donde lo explicas es. “Japón a la avanzadilla de las economías desarrolladas”, ¿implica que caerá de las primeras y rebotará antes? ¿O que está más preparada para afrontar la crisis que venga cuando las costuras del globo aeroestático que es nuestra economía actual no pueda aguantar más parches?

      Comentario por Don Juan — 21 enero 2020 @ 9:50 | Responder

      • No, yo del futuro no sé nada. Ni siquiera si mañana va a llover. Lo que digo es que el presente de Europa es el pasado reciente de Japón. Atonía económica, deflación, y el Estado consigue evitar la debacle imprimiendo deuda y asumiendo el peso de generar demanda, mientras las empresas reconstruyen su balance (Richard Koo dixit) y pugnan por un pastel cada vez más pequeño: la demografía es como la marea, de forma discreta, disimulada, pero es una fuerza irresistible.

        Bueno, tú eres mediterráneo, te costará comprender lo de las mareas (a mí me pone nervioso cuando estoy a orillas de esa palangana y veo el reducido estero y que la orilla no se desplaza).

        Comentario por Nadir — 21 enero 2020 @ 11:06 | Responder


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