La mirada del mendigo

13 julio 2020

Bruma

Filed under: Varios — Nadir @ 2:05

Muchas veces me quejo de no tener tiempo para leer literatura ni de, a su vez, disfrutar escribiendo. De chavalín era un ávido lector, y disfrutaba escribiendo y dibujando. Creo que he perdido toda habilidad con los lápices, pero al menos quisiera mantener la capacidad de transmitir ideas con la palabra. Por ello, en un ratito libre que me he concedido, he escrito un relato corto que ahora os presento. Espero que os agrade aunque también espero escuchar vuestras críticas, ya sean constructivas o despiadadas. Las primeras son más provechosas, las segundas más divertidas.

🙂

 

 

A pesar de que acababa de conocerlo, como quien dice, teníamos una soltura de trato como si fuésemos amigos de la niñez. Estábamos charlando en su casa de todo y nada, y entretanto iba pasando revista a varios detalles de la estancia. Era una pequeña sala de una casa de aldea que había mantenido su sabor añejo aún tras algunos brochazos modernizadores. Mientras mi compadre charlaba animado, mi vista se posó en el marco verde de madera de la ventana, y cómo una luz mansa entraba, creando un encantador juego de luces y sombras por las esquinas. Me fijé en una pequeña telaraña en una de ellas, por supuesto callé por cortesía, y porque realmente me parecía mucho más hermosa y apropiada que un cuadrito incrustado en la pared con una simetría exasperante. Aquel cuadrito estaba claramente de más, pero permitía que valorases más la sencilla armonía del conjunto, por comparación.

Mi atención se posó de nuevo en aquel hombre, aún con una madurez juvenil, de aspecto jovial y algo atolondrado. Si bien tenía una cabellera frondosa, me hacían gracia los pelos dispersos de su barba cobriza. Un agradable conjunto de una cabeza potente con una sonrisa perenne y franca. Oímos el ronroneo de un motor en el patio, y al poco entró el hermano menor, de pelo casi negro y mirada huidiza. Tras las presentaciones de rigor, escapó presuroso por otra puerta. La puerta, de un azul saturado, marco de la ventana verde, curiosa combinación, me dije. Pero seguía sin parecerme desagradable el conjunto, antes bien, me embargaba una agradable sensación de calidez y recogimiento, ese abrazo acogedor que las viviendas de hoy, más oficinas que hogares, han perdido en pos del diseño.

Cuando estaba musitando para mis adentros lo muy diferentes que eran esos hermanos, entró el hermano mayor cargado con bolsas del supermercado, seguido al momento por la madre, que cerró la puerta. Al mismo tiempo, el más joven volvía a entrar para preguntarle nosequé a la madre. El mayor sí que era, innegablemente, hermano de mi amigo. Era una versión más rotunda, con facciones más cuadradas, de la cara aún juvenil de aquél. Una perfecta verificación del arquetipo de gigante bonachón. Con desinterés impostado, fui prestando atención a la madre. Era una mujer más joven de lo que me esperaba, pequeña en comparación al tamaño de sus retoños, con el pelo oscuro y prieto adornado de alguna cana prematura, más bien corto, y bastante descuidado. Como animalito perpetuamente atareado, buscaba algo en su monedero, luego abría un cajón, daba una indicación a uno de los hijos, salía para volver a entrar. Tras la ceremonia de las presentaciones, no me había dedicado más atención, lo cual aprovechaba para observarla a mis anchas. Como la casa, era una mujer perfectamente anodina y arrebatadoramente entrañable y cálida.

Nos sentamos en la mesa con unas tazas delante. No me preguntéis el contenido, pero me figuro que sería el canónico café con leche; mi atención estaba en la agradable compañía de la que disfrutaba. Primero con los dos hermanos mayores, el pequeño estaba interesado en otras cosas y, luego, por fin, se nos unió la madre. Ver sentarse y reposar a la hormiguita afanosa hizo que exhalase mentalmente de alivio. Conversando con ella, aún repartiendo políticamente mi atención con los dos hermanos, me di cuenta de que era una mujer una belleza natural que el aspecto descuidado de quien no está para preocuparse por esas cosas sólo acentuaba. En un curioso contraste con sus ademanes, su voz era pausada y soñadora. Era como si me arrullase con sus ojos castaños, cuando ella los posaba en mí al dirigirme la palabra.

En esto, la estancia se iba difuminando; los vivos colores, el relieve tan marcado de las tablas del suelo, de la decoración del mueble del aparador o la pata de la mesita, al ser iluminados por la luz tan enfocada que entraba por la ventana, había ido desdibujándose en un blanco lechoso, en el cual sólo los rostros de estas tres personas, que ya me eran tan queridas, conservaban la nitidez. Se había levantado en mis ojos una cortina de bruma, como el imperceptible avance de las mareas, y fue sólo en ese momento que me percaté de mi ceguera. Empecé a cavilar y me sumí en el silencio, con creciente preocupación. Mis amigos continuaban la conversación, animados, hasta que repararon en mi estado de ánimo, e inquirieron el motivo de mi repentino cambio de humor.

Es un sueño, dije más para mí mismo. Sus caras de incomprensión me obligaron a añadir algunas palabras más. Todo esto no es más que un sueño, estoy soñando. Tras unos segundos de silencio, por primera vez el primer joven perdió su sonrisa y dijo con tono adusto: ¿Quieres acaso decir que nosotros somos sólo marionetas que se ha imaginado tu mente dormida? ¿Es eso lo que somos? Esas pocas palabras, que empezaron con un tono ofendido, acabaron con la sombría aceptación de la verdad. Compadecido y avergonzado, traté de explicar la inverosimilitud de la situación, añadiendo con innecesaria malicia el hecho de que su madre aparentase la misma edad, si no más joven, que ellos. Mis sueños suelen ser así, situaciones anodinas, cotidianas, expresaba más a modo de disculpa que de explicación.

Entonces el mayor, con la severidad en el rostro de un anciano, pronunció, ya sin el fingimiento de tener que mover los labios: Pero si estás pensando todo esto…

Sí, contesté, efectivamente, si estoy razonando todas esas cosas quiere decir que me estoy despertando. Y mis compañeros eran partícipes, pues todos éramos dedos de una misma mano, de la tristeza sincera que me producía separarme de ellos. Según la poderosa voluntad emergía de los pliegues del sueño, el entorno se iba haciendo más vago y difuso. Sus caras, ahora sombrías, transmitían el pensamiento común: en breves momentos su existencia sería barrida, como mucho menos que polvo que el viento levanta, para no quedar de sus risas, de su ánimo, de su candor, ni el recuerdo. Me esforzaba por retener sus rostros, la prueba de su existencia, hasta que sólo pude conservar esos tristes ojos de la madre, abrumados por la nada que se abría bajo sus pies, y turbados por una lágrima que acaso fuese de afecto.

No había nada que hacer, estaba ya despierto. Pero sin abrir los ojos, quise transmitir un postrer mensaje a mis compañeros, con la esperanza de que llegase al vacío en el cual se habían diluido. Yo no soy más que el pensamiento que de mí mismo tengo. No es mi existencia menos sutil que la vuestra; al cabo todos navegamos por el universo creado por nuestra mente y, apagada ésta, nuestra esencia, nuestra conciencia, miedos, anhelos… todo se desvanece como la bruma de una mañana de Abril.

Otras mañanas vendrán, y también se engañarán creyendo que, ellas sí, son algo más real, más permanente, que el rocío que las adorna.

 

24 comentarios »

  1. Muy, pero muy bueno.

    Comentario por Moscon — 13 julio 2020 @ 2:18 | Responder

  2. Um.
    No soy quién
    para criticar
    a nadie,
    y menos a ti.
    Me pondré
    las gafas
    de amanuense
    y te presentaré
    sugerencias.

    Comentario por Juan Manuel Grijalvo — 13 julio 2020 @ 2:25 | Responder

  3. Muy chulo, me ha gustado un montón.

    Comentario por Javi H. — 13 julio 2020 @ 23:39 | Responder

    • Vaya. Me alegro! 🙂

      A ver si ahora se atreven a decir algo a los que no les ha gustado, y explican un poco el porqué. Yo no acabo de estar conforme, pero no quería criticarlo antes para no condicionar las vuestras.

      Comentario por Nadir — 14 julio 2020 @ 0:11 | Responder

  4. Bien, si quieres una crítica, ahí van unos detalles que podrían mejorarse (en mi modesta opinión)

    “Era el recuerdo de que la belleza natural puede ser alterada, malbaratada, por su búsqueda estereotipada”.

    La escritura es el arte de la sencillez, de decir lo máximo con lo mínimo, y ahí dispara una ráfaga de adjetivos sin control, sin respiro, lo cual resuena como el tableteo de una ametralladora. Acentuado aún más por el hecho de reincidir una y otra vez en la terminación “…ada”, que es la figura literaria más cercana al ripio que se puede encontrar en un relato en prosa.

    “…aún con una madurez juvenil, de aspecto jovial…”

    Aquí sobrecarga un concepto con tres palabras, especialmente doliente en el caso de “juvenil” y “jovial”, que son demasiado similares, y literariamente dan una imagen de poca imaginación o amplitud léxica.

    “…escapó presuroso por otra puerta. La puerta, de un azul saturado…”

    Siempre que se pueda, conviene evitar repetir una palabra, como en este caso “puerta”, inmediatamente. Ahí, un simple : “Ésta, de un azul…” le solucionaría la papeleta perfectamente.

    “…que eran esos hermanos, entró el hermano mayor…”

    De nuevo la repetición de una misma palabra crea un ambiente denso, homogéneo, poco luminoso. En este caso simplemente hubiera bastado omitir el segundo “hermano”, quedando: “…que eran esos hermanos, entró el mayor…”

    Estos son básicamente defectos formales; en cuanto a lo demás, las descripciones les falta continuidad y contundencia. Es decir, parece que va picando de aquí y allá continuamente, sin llegar al fondo de nada. Eso da una sensación de liviandad y hasta intrascendencia. Además peca de algo muy típico de los escritores noveles: el encariñarse de sus personajes. Esto es algo que impide la “objetividad”; si puede hablarse de este concepto cuando estamos hablando de personajes en proceso de invención. Pero realmente es así: cuando uno escribe asiduamente, se da cuenta de que sus personajes tienen vida propia, son díscolos, se resisten a decir palabras que quieres ponerles en su boca, o a guardar la compostura o ética que deseas para ellos o quieres imponerles. Cuando llegas al fondo de su “personalidad”, ya se mueven por sí mismos, porque si les fuerzas a hacer o decir algo que no “quieren” hacer, se desdibujan, pierden consistencia y pierden “vida”. Por ello el narrador debe ser más neutro y dejar que los personajes “vivan su vida”, aunque eso pueda llevarlos por malos caminos o a hacerse daño. En cierto modo es igual que lo que ocurre con los hijos.

    Espero que te haya servido de ayuda. Como ya digo, son defectos formales, porque la idea es poderosa y transmite, solo que aún le falta saber el mejor modo de hacerlo. Un saludo.

    Comentario por C.Valle. — 15 julio 2020 @ 8:58 | Responder

    • Muy bien, muy bien. Muchas gracias. En serio, te agradezco enormemente el tiempo que te has tomado en criticar el cuentecito.

      Mi opinión general del cuento: me falta soltura, gracia al escribir. La idea general del relato me gusta, primero presento a unos personajes llenos de vida, intento que el lector se familiarice con ellos, y a renglón seguido los hago desaparecer como por arte de ensalmo. Plop! Eso crea sorpresa. Y además le recuerdo al lector que él desaparecerá de la misma manera, porque a fin de cuentas estamos hechos del material de los sueños. Eso está bien. Pillo al lector desprevenido y aprovecho a aguijonearlo un par de veces. Así que acaba el cuento frotándose la picadura.

      Pero las palabras no fluyen solas, sino que avanzan a trompicones. Eso me desagrada. Sólo hay unas pocas frases que me parecen bien rematadas.

      En cuanto a los personajes, me parece muy acertado lo que has escrito… cada personaje debe tener su propia psicología y obedecer a ella, y no a la del autor. Pero no en este caso, justamente es una excepción porque… los cuatro personajes se mueven animados por la misma voluntad, los está creando el mismo cerebro dormido. Tienen sólo una leve independencia, la que les conceden el cerebro dormido que no necesariamente es un buen dramaturgo. Pero ya digo, me ha parecido muy interesante tu apreciación, en modo alguno estoy tratando de excusarme.

      Por ejemplo, estoy plenamente de acuerdo de la pobreza de mis descripciones. Lo que señalas de la retahíla de -adas, queda realmente feo. Es un caso en el que he puesto chip de ensayo, dando mi opinión que no viene a cuento ni aporta nada. Tantos años escribiendo un blog malean a cualquiera. Y esos participios me parecen bien escogidos, pero no en el relato. A ver si me pongo y los cambio.

      madurez juvenil, de aspecto jovial…” –> Aquí no acabo de estar de acuerdo. Es una mala descripción de un hombre en sus treintaypocos, de eso no me cabe duda. Pero no considero que juvenil y jovial se parezcan más que en su primera letra, cuestión con alguna importancia por cierto. Un joven puede ser taciturno. No me estoy reiterando, vamos, al menos no me lo parece. Pero no estoy nada contento con la descripción, empero.

      La reiteración de puerta, en cambio, sí que es dolosa. 🙂 Me explico. Date cuenta que estaba intentando recrear la forma de pensar sencilla, torpe, que tenemos cuando estamos dormidos. Quería remarcar los términos de la comparación. La puerta, tal, la ventana, cual. Curioso. Sí, podría haber usado el pronombre, pero hubiera quedado demasiado convencional. Quería recrear la forma en la que pensamos dormidos, primero adviertes una puerta porque la usa uno de tus personajes, y luego fijas tu atención en ella para establecer una comparación con la ventana.

      No sé si se notará que he procurado no meter muchos palabros, algo que en el blog me gusta por rescatar algunos términos del olvido. En este cuento no quería alardes léxicos, sino que fuera muy sencillo, hasta tontorrón, porque es como piensa un cerebro dormido.

      Lo de los hermanos, la madre… es cierto, no me gustaba nada cómo quedaba. El problema aquí es la ausencia de nombres propios, porque en los sueños los personajes que creamos no les solemos dotar de nombres propios, pero esto me ha provocado un constante problema al referirme a ellos, especialmente con la confusión de los hermanos pero también la monotonía al referirme a la madre. Problema. :/

      Pues lo dicho, muchas gracias por tomarte la molestia. Soy bien consciente de que necesito práctica… y genio. De lo primero aún a ver si voy cultivando algo. Quedo en deuda contigo.

      Un saludo!!!

      Comentario por Nadir — 15 julio 2020 @ 9:44 | Responder

      • Vienes fuerte, entonces. Porque lo que cuentas no se trata de hacer un relato, sino que vendría a ser un “metarrelato”: un relato o realidad que trasciende o subyace dentro o debajo otro relato o nivel de realidad. Y eso es muy complicado. Es como si un aprendiz de pintor se atreve con un juego de espejos, como el que hace Velázquez en Las Meninas. Además el modo de plantearlo es encima el más complicado.

        Yo siempre he pensado que lo más difícil para un actor es interpretar a un mal actor. Y tu planteamiento se parece un poco a eso, porque vendría a ser representar esa dimensión onírica mediante una especie de neblina o imprecisión narrativa, que sería a nivel literario como un actor que subcalibra o difumina su talento para adecuarse al personaje o escenario que pretende plasmar. Eso es extremadamente difícil, y aún más es pedir una crítica para eso, pues es como si tuviéramos que determinar el talento de Matt Leblanc, pero no interpretando a Joey Tribbiani, sino a Joey -que es un pésimo actor- interpretando uno de los personajes para los que es contratado. O a Penny, de Big Bang Teory, con el agravante de que ésta no interpreta a una mala actriz, sino simplemente mediocre, del montón.

        El objetivo es demasiado ambicioso, sobre todo sin tener antes una “realidad” para comparar, que sería el personaje de Joey para Matt y el de Penny para Kaley, en el que sí podemos advertir y juzgar plenamente su talento. Para eso hay mejor otros métodos, como por ejemplo los mundos desquiciantes de David Lynch, donde nada es lo que parece, y hasta lo que él parece concebir o contar como “realidad” parece tamizada antes a través de algún tipo de sustancia no muy legal. No es preciso llegar a tanto, lo que quiero decir es que hay otros medios o técnicas a experimentar. Para ello los detalles son fundamentales, saber mezclar o conducir esos pequeños detalles, que pueden ser surrealistas, obsesivos, evanescentes… que procuren esa atmósfera que se pretende recrear o reflejar. Y esto es, evidentemente, lo más difícil, porque sería como establecer el fondo o marco por medio de pequeños detalles que resalten por el cuadro.

        Mi consejo es que vayas paso a paso, dominando poco a poco la técnica antes de embargarte en objetivos tan ambiciosos. Un saludo.

        Comentario por C.Valle. — 15 julio 2020 @ 13:27 | Responder

        • Estoy de acuerdo. Esa acumulación de detalles borrosos es lo que le falta para situarse mejor en la historia. Pero que sea algo difícil de hacer no quita que lo tenga que intentar. Incluso cuando sale mal, algo se aprende.

          Comentario por Abraham — 16 julio 2020 @ 11:31 | Responder

          • Bueno, a veces rodear de técnica las palabras es arriesgado.
            Yo creo que en un relato corto cada párrafo, cada frase debe hacer avanzar la historia. Si al releerlo hay algo que no deja que avance es mejor eliminarlo.
            Y creo que en un relato corto cuantos menos personajes haya, mejor.

            Me pregunto qué sera de los protagonistas cuando se levante la bruma…

            Comentario por erebiagorge — 16 julio 2020 @ 16:19 | Responder

        • Bueno, bueno. Debo sosegar las expectativas, tampoco yo quería poner una pica en el Flandes de la literatura universal, sólo pasar un buen rato con mis escarceos literarios, y compartirlo con vosotros.

          Lo de la imprecisión narrativa, en las primeras líneas del texto, es sólo debida a mis carencias como escritor. La primera parte quería que fuera muy sencilla y vívida, del modo que son los sueños (al menos los míos). Es a mitad de cuento que la bruma comienza a emerger, volviendo vagos los detalles, al descomponerse el sueño. Y el final debía ser de una racionalidad árida y sombría, correspondiente al despertar.

          Por cierto, como comentario al margen: no soporto a David Lynch, ni a su obra ni a su persona.

          Comentario por Nadir — 17 julio 2020 @ 2:14 | Responder

    • C.Valle
      Le ruego que visite mi modesto sitio
      y que me diga cómo puedo mejorar.
      Cordialmente,
      JMG

      Comentario por Juan Manuel Grijalvo — 16 julio 2020 @ 16:52 | Responder

      • Bien, si le parece, le comento algo sobre “La plaza del azufaito”.

        En primer lugar hace un uso quizá abusivo del punto. Como ya comentó Abraham, la puntuación marca el ritmo, la musicalidad, y este uso abusivo provoca un avanzar a trompicones, trastabillado… Aparte de eso, también sirve para crear la atmósfera del relato. Un texto con muchos puntos o detenciones, es un tono lento, solemne, que puede venir bien cuando sea ese el ambiente que se quiere recrear, pero con ello pasa lo mismo con la música de acuerdo a cada situación o la banda sonora de una película: si no es la adecuada, puede desentonar mucho y el resultado ser decepcionante. Sería como poner una conga en un velatorio o un requiem en una despedida de soltero.

        En su texto, este tono solemne puede venir a cuento: vendría a resaltar el hallazgo de una joya, de una reliquia arqueológica, de una obra de arte memorable. Pero luego ese tono se estropea al comparar tal joya con bisutería de zoco, en un párrafo donde rompe el ritmo y la solemnidad de su relato para realizar una crítica encendida y fulgurante, que no solo parte la “canción” en dos partes irreconciliables, sino que además probablemente sea un error, ya que no se compara la Gioconda con: “Cubo de pintura arrojado con furia sobre lienzo” porque con ello poco favor se le hace a la obra maestra que nos describe como incomparable.

        Luego recae de nuevo en ese ritmo de frases cortas, cuando ya no es necesario ese tono solemne, sino todo lo contrario, convendría mostrarnos entusiasmo, gozo, satisfacción por su hallazgo, y para eso se precisa un tono más vivo, colorido y alegre, sin ahorrarse signos de exclamación. Por otra parte, se adivina una falta de planificación; la impresión que da es que improvisa frases según le van surgiendo, según las va sintiendo. Y un consejo imprescindible para una escritura “profesional” es planificar toda la estructura del texto antes de teclear una sola letra. Tener claro lo que se va a escribir, y cómo. Evidentemente pueden surgir grandes cosas sin necesidad de ello. Estas mismas letras las tecleo según se me van ocurriendo. Pero así no se consigue un relato “profesional”; que no es un resultado, sino una actitud, una garantía de obtener un mínimo de calidad, una manufactura más técnica. Otro posible error es que en el relato dice: “… se plantó a todo un ayuntamiento de Barcelona para salvar un árbol” Ahí creo que sería más adecuado decir “…se plantó ANTE…” que manifiesta oposición, que todas las acepciones de la preposición “A”.

        En el siguiente párrafo vemos el efecto tan contrario al punto que tiene la coma. Esa profusión de adjetivos, de elogios, sí que manifiestan y contagian entusiasmo, ganas de contar, prisas por contarnos tantas maravillas.

        “un sinfín de referencias culturales que regalan caminos culturales,” Eso se puede mejorar. Siempre que sea posible hay que evitar repetir palabras.

        Al final, lo que se obtiene de su reseña es un gran entusiasmo por un libro, pero no transmite más garantía que ese mismo entusiasmo. No me cuenta, no me engancha, no me da a gustar trocitos de ese suculento plato, apenas si me deja llegar el olor… No me transmite la completa seguridad de que a mí también me haya de gustar del mismo modo. No tenga prisa; ante una obra de arte, uno se recrea. Ante un apetitoso plato, uno se deleita; con calma, con despaciosidad, embriagándose de cada detalle… Cree la atmósfera adecuada, y las propias palabras no tendrán tanta importancia. Escribir es un intento de transmisión de un cerebro a otro. Y para transmitir algo, a veces no hacen falta muchas palabras. Por ejemplo: “Pienso, luego existo.” son tres, nada más, pero son toda una declaración de intenciones y una completa metodología en sí mismas. Me da cuenta de que hay que replanteárselo todo, hasta los detalles más nimios, a partir de las verdades más incuestionables, para avanzar sin errores fatales en la comprensión de esa realidad.

        En conclusión, una correcta escritura requiere planificación, su tiempo y sus tiempos, su ritmo, su carácter y su emoción… del mismo modo que no se puede nadar y guardar la ropa, no se puede escribir, no se puede transmitir desde un cerebro a otro, sin abrir las puertas de ese cerebro, y hacer al otro partícipe de sus ideas y emociones.

        Comentario por C.Valle. — 18 julio 2020 @ 9:33 | Responder

        • Um.

          Gracias mil… pero ese texto no es mío.
          Creo que es de Teresa Cambra Sánchez.
          https://florsipoesia.com/2019/11/23/biblioteca-isabel-nunez-la-plaza-del-azufaifo/

          Uno de los problemas de WordPress es que el “autor” de una entrada suele aparecer en el encabezamiento,
          por más que se preocupe y ocupe de nombrar al verdadero autor, o a quien cree que es el verdadero autor.
          En el site HTML también me ocurre.

          Los que tengo en la categoría que va al pie son -más o menos- míos,
          aunque estén compuestos en buena medida de citas de diversos autores
          y sean tan poco originales como debe serlo cualquier cosa escrita después de la invención de la imprenta.

          http://grijalvo.com/wordpress/category/y-articulos-destacados/

          Comentario por Juan Manuel Grijalvo — 18 julio 2020 @ 11:06 | Responder

        • ” Y un consejo imprescindible para una escritura “profesional” es planificar toda la estructura del texto antes de teclear una sola letra.”

          Cuando he empezado por la estructura, a la historia le faltaba miga. Creo que no está mal empezar con un boceto con las ideas conforme se te van ocurriendo y luego coger esa historia, trocearla, crear la estructura, pegar los trozos y rellenar los huecos. Al menos con los relatos cortos funciona.

          Comentario por Abraham — 21 julio 2020 @ 9:05 | Responder

  5. El argumento está bien, pero falla la ejecución.

    Por un lado el estilo es tirando a pesado (ojo, los he visto peores), quizás por el exceso de adjetivos, quizás por un exceso de comas. El ritmo y la cadencia son importantes, son los puntos y las comas las que van a marcar la cadencia en la lectura, no te dejes llevar por la gramática. Si las frases son cortas, las lectura es más rápida y te puede poner nervioso, si son largas la lectura es más pesada y se puede volver aburrida. Las comas dan el ritmo a la entonación y hacen que la frase suene cómoda y agradable cuando la cadencia es constante haciendo que el lector se despiste con más facilidad, y difícil cuando la cadencia es variable, haciendo que el lector preste más atención y se fatigue. Algo parecido pasa con los párrafos. Usa el salto de párrafo para cambiar de acción, de tema, de lugar o de personajes. Si lo usas simplemente porque ya llevas seis líneas, pierden su significado. En este relato las frases son de longitud muy homogénea (apenas cambia el ritmo) y las comas excesivas (obliga a leer muy despacio o a ignorarlas).

    En cuanto al desarrollo de la historia, yo me decantaría porque fueras soltando perlitas durante la primera parte del relato para que los lectores más avispados se den cuenta de que están ante un relato onírico. Haces muchas referencias a la calidez y lo acogedor, lo que puede sugerir que estás en la cama calentito, pero casi es lo único. Los sueños son incoherentes, quizás hacer más evidentes esas incoherencias puede ayudar. Un ejemplo de incoherencia sería que el hermano menor entrara en la casa con una bolsa de la basura apestosa y la dejara en la cocina, o que la madre cargada de bolsas con la compra anunciara que salía a comprar. O que el protagonista estuviera encantado con que no hubiera ningún televisor en la casa y en algún momento líneas después se escuche el telediario de fondo. O quizás algo absurdo, como que en lugar de chimenea tuvieran un gran tronco de eucalipto en el salón, o lo típico en los sueños de girar la cabeza y estar de repente en otra habitación y que a nadie le parezca extraño, aunque quizás esto sea ya demasiado evidente. Tal vez el cuadro ése que te molesta ver junto a la telaraña te incomoda porque la imagen del cuadro es difusa, mientras que la telaraña se ve nítida y real: Lo que puede parecer una licencia artística es realmente como el protagonista está viendo las cosas.

    Otra cosa que me escama un poco es cómo mezclas descripciones con afirmaciones. Por un lado vas dando detalles de la estancia y de tu amigo con suficiente profusión como para que lleguemos a la conclusión de que te agradan ambos, pero añades de forma innecesaria adjetivos como “hermosa”, “acogedora”, “cálida”. Si dices “La madre se movía por la casa con una gracia salvaje, inquieta e incansable como el ama de llaves de algún antiguo palacio, con el atractivo descuidado de la que no necesita artificios para deslumbrar.”, no necesitas añadir que te ha impactado positivamente, aunque alguien se podría pensar que estás mirando con demasiada lascivia a la madre de tu amigo, jeje.

    Por cierto, dejas entrever demasiado tus fobias a lo artificial, a lo geométrico y a lo urbano. 😛

    Cuando he escrito algún relato de estos, a veces los he tenido que reescribir dos o tres veces y trabajar las mismas frases varias veces, releer doscientas veces y llega un momento en el que sólo necesito cambiar una palabra o una coma aquí o allá hasta que me acabo dando por vencido.

    La historia es buena, si la trabajas te quedará bien, seguro.

    Comentario por Abraham — 15 julio 2020 @ 13:18 | Responder

    • Abraham
      Le ruego que visite mi modesto sitio
      y que me diga cómo puedo mejorar.
      Cordialmente,
      JMG

      Comentario por Juan Manuel Grijalvo — 16 julio 2020 @ 16:53 | Responder

    • Muy buen análisis, muy bueno. Por ejemplo, certero el cambio de párrafo, del cual soy consciente que abuso. Y te explico el porqué: leyendo en una pantalla, un párrafo demasiado largo hace que sea difícil seguir la lectura y los ojos pueden acabar equivocándose de línea, por eso introduzco puntos y aparte cuando realmente soy consciente que debería haber un seguido. No sólo en este texto, sino habitualmente en el resto de entradas. Muchos puntos y aparte que pongo, en papel los hubiera mantenido como seguidos. Pero muy bien visto.

      Sobre la incoherencia de los sueños, a mí me ocurre una cosa curiosa. Cuando otras personas me cuentan sus sueños, y las situaciones absurdas que plantean, yo quedo desolado. ¡Quisiera soñar que vuelo, o que…! Pero no, es que soy soso hasta soñando, mis sueños son, como comento en el cuento (está muy novelado, pero esa parte sí que es verídica), de lo más vulgar. Situaciones cotidianas en las que, además, ni siquiera hay esos elementos incoherentes que mencionas. Podría haber introducido alguno, pero como no tengo experiencia en ello no me atreví. Pero sí que es cierto que sería un detalle que reforzaría la verosimilitud de la narración.

      !es cómo mezclas descripciones con afirmaciones…” –> Muy buen apunte. Tomo nota, de verdad que te agradezco muchísimo los comentarios que me ofreces, oportunos e inteligentes. Así da gusto. Con este nivel hasta me entran ganas de volver a coger la pluma un día de estos.

      dejas entrever demasiado tus fobias a lo artificial, a lo geométrico y a lo urbano –> Coño, no esperarás que mi subconsciente tenga unos gustos muy diferentes a los que demuestro despierto. 😛

      los he tenido que reescribir dos o tres veces y trabajar las mismas frases varias veces, releer doscientas veces –> Buuffff, es como las fotos. Sé que necesitan trabajo, pero es que yo no tengo tiempo de eso. Si ya es una heroicidad cuando reservo media horita para leer literatura o un caso excepcional cuando he encontrado tiempo para escribir unas líneas. Que va a parecer que soy un esclavo del trabajo, y no es cierto, simplemente que tengo otros muchos intereses y aficiones, además de compromisos y obligaciones, y no doy abarcado más si no es a costa de sacrificar horas de sueño.

      Pero no te quito la razón: es así como debe trabajarse un escrito, también este último consejo es plenamente válido.

      Muchas gracias, compañero!

      Comentario por Nadir — 17 julio 2020 @ 2:28 | Responder


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