La mirada del mendigo

29 agosto 2016

L’Ham de Foc

Filed under: Música,política,religión — Mendigo @ 8:25

No tenia res a perdre així que agafí llavor
Seca i negra que guardava com l’or al mocador
Era encara en l’esperança de que tindria consol

I a la terra d’un cossiol li posí en caure el sol
Un bressol per si creixia com digué el bruixot
Que amb arrels em prometia un fill o dos

I orella d’ase em feres collir, ungla de gat vaig cercar,
Didalera d’aiguavessant, falaguera de la vella

L’endemà no es feu tardar i al temps que el rou
Va brollar i va florir amb poca sort
Qui només venia per un dia, per un dia o dos

I a la terra del cossiol li posí en caure el sol
Un taüt per si moria la menuda flor
No tindré temps per posar-te
Ni tan sols un nom.

I orella d’ase em feres collir, ungla de gat vaig cercar,
Didalera d’aiguavessant, falaguera de la vella.

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El juego que hacen las dos voces en el estribillo es para llorar de alegría.

Sólo hace muy poco conocí de casualidad a este grupo. Es curioso cómo se le hace el vacío en el resto del Estado a todo lo que huela a catalán (o vasco, o gallego, o asturleonés), les recuerde que hay gentes que tienen por lengua materna otra que la lengua del Imperio, que dicen sus primeras palabras en una lengua diferente de la de Castilla y que son arrullados por sus madres con otro acento.

En la radio y la televisión, en las estanterías de las tiendas de música, en los locales de la España castellanohablante, la música española que se cocina en otras lenguas es metódicamente ignorada. Catalunya es pues percibida siempre como un problema, nunca como un pueblo con una producción cultural propia.

La situación me recuerda a un matrimonio en el que uno de los cónyuges anula al otro, le niega cualquier valor y mérito y pretende mantenerlo subterráneo mientras que, por el otro lado, impide que pueda marcharse y rehacer su vida para poder manifestarse libremente y por fin brillar. Coincidiremos que esta clase de uniones son tóxicas y con funestas consecuencias para ambos, y sería mejor dar por terminada esa relación. Pero no se disuelve precisamente por la imposición de una de las partes que impone su voluntad de mantener esa unión a la otra, apelando a la indisolubilidad de la sagrada institución del matrimonio o de la unidad de la patria (sucedáneo de Dios a partir del s.XIX).

Tanto el matrimonio como el Estado no son más que instrumentos al servicio del bien de las personas, y por lo tanto están supeditados a cumplir este objetivo de servicio. Cuando funcionan mal se arregla el instrumento, o se tira con él y se busca recambio. Son sólo creaciones humanas y, por lo tanto, están a nuestro servicio. Lo único sagrado es la Libertad (¿veis el alcance que tendría reponerla en su pedestal?). También de las personas y los pueblos de unirse y separarse libremente sin más razón que la voluntad, soberana en cuanto le atañe.

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Que, por cierto, L’Ham de Foc no es catalán, sino valenciano. Aún mucho peor, pues recuerda en la Meseta que el castellano (por cierto, mi lengua materna, yo antes que nada soy castellano) es una lengua minoritaria en la Península, encerrada entre los dos grandes grupos lingüísticos del catalán-aragonés-valenciano-balear-aranés por oriente y el grupo del gallego-portugués-asturleonés por poniente, con el fósil viviente del vasco por Septentrión. Muy lejos de la lengua de todos los españoles, mentira piadosa (para consigo mismo) creación del jacobinismo de la villa y Corte, para que todos los súbditos hablasen la lengua de su soberano (no me refiero al francés, sino al castellano, malpensados).

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Pero no dejemos parar la música y de Valencia nos vamos a Fez, de un grupo europeo orientalizante a una mujer africana que canta (entre otras muchas cosas) música andalusí.

Y es que ni el Magreb fue nunca del todo África (fueron provincias del Imperio que dieron a Roma emperadores), ni la Península fue del todo Europa, tanto para lo bueno como para lo malo. Somos una charnela entre dos mundos, y deberíamos saber aprovecharnos de esa posición de puente cultural entre Europa y África. El viejo racismo europeo y la renovada pujanza del sectarismo islamista están cortando los tirantes de esos puentes para remarcar una distancia que, en realidad, es muy pequeña. Geográficamente, hay la misma distancia de Cádiz a Tánger que de Cáceres a Badajoz.

Una marroquí de la capital religiosa del reino, cantando una canción de la tradición de los judíos hispánicos, me parece un bello homenaje al mestizaje y la convergencia de tradiciones culturales a ambos lados del Mediterráneo. Tengo la seguridad de que la vía de salvación de la Humanidad pasa por ampliar la cultura, profundizar en la razón y arrinconar la superstición, la religión y demás construcciones irracionales.

Porque la fe no es un valor, sino una debilidad de la mente propia de tiempos y lugares en los que aún no habíamos aprendido a usarla con rigor. Ante fabulaciones transmitidas sin más criterio de verdad que la antigüedad de esa cadena de transmisión, se impone la severidad del método científico: DEMUÉSTRAMELO.

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28 agosto 2016

El ridículo debate del burkini

Filed under: desnudez — Mendigo @ 8:31

Estoy harto de tanta tontería, elevada a la categoría de asunto de Estado.

En breve: señores, señoras, el bikini y el burkini son en esencia lo mismo. Se trata de trajes de baño para cubrir la desnudez, que es percibida como pecaminosa por un tabú muy arraigado en el imaginario judeocristiano (zarrapastrosa madre del cual el islam es el hijo tonto).

Es increíble que no sepamos reconocer que el miedo a la desnudez que puede sentir una musulmana, que le lleva a ponerse ese adefesio, es exactamente el mismo que nos hace tomar el sol o bañarnos con un trozo de tela en forma de bermudas o bikini. Insisto, el prejuicio sobre mostrar el cuerpo desnudo es exactamente el mismo, la diferencia es de gradación, de centímetros de tela, de un consenso sobre qué partes se pueden enseñar y qué no.

Occidente va superando, muy lentamente, sus temores irracionales y se va despojando de ropa, liberando nuevos centímetros cuadrados de piel al contacto del sol, del aire y del mar. Se liberan unos centímetros más, y descubre que no pasa nada, no se derrumba el orden social establecido (ojalá fuera tan fácil). Y, tras unos años de generalización del nuevo pasito hacia la desnudez, el campo está preparado para un nuevo avance.

El debate pues entre Occidente y el islam no es pues si la desnudez es vergonzante, en lo esencial ambas sociedades están irracional y lamentablemente de acuerdo (la profusión de pixelados en Internet, por la palurda, pudibunda e hipócrita mentalidad gringa; como si los coños mordiesen o las pollas hiriesen). Sólo discuten aspectos cuantitativos, sobre qué partes del cuerpo es aceptable enseñar y cuáles deben ser cubiertas por pudor (aquí) o modestia (allá). Incluso en el seno de estas mismas sociedades no hay acuerdo, estando el top-less mal visto por los paletos de aquí, o los ultraortodoxos musulmanes exigiendo guantes negros para las mujeres.

La razón dicta, sin embargo, que ese miedo no tiene fundamento. En las playas nudistas compartimos un espacio público desnudos, y no nos abalanzamos como bestias unos sobre otros en un frenesí dionisíaco (lástima, por otra parte). Lo racional es prescindir del vestido en aquellos momentos y actividades en que la tela es un estorbo. Sin duda, bañarse o tomar el sol es un buen ejemplo de cómo los tabúes enraizados en nuestra sólo superficialmente moderna sociedad nos obligan a adoptar conductas ridículas, absurdas por miedos irracionales inoculados en la niñez. Un niño no comprende por qué debe cubrir su cuerpo, y tampoco sus padres lograrían entenderlo y se perpetúa el tabú bajo el argumento genérico de que “eso está mal”. ¿Está mal? ¿Por qué está mal? No está mal, está cojonudo. Desde que descubrí hace muchos años el placer de nadar desnudo entre las olas, no me vuelvo a poner un sinapismo de tela ni loco. Me sentiría idiota luego, con ese emplasto mojado pegado al cuerpo. Y todo por miedo a ocultar una parte de mi cuerpo que, la verdad, tampoco tiene nada de especial. Más o menos, como todo el mundo.

Señores, a ver si vamos siendo capaces de identificar nuestros propios miedos antes de reprobar los de los demás. No existe en la desnudez nada pernicioso; de hecho, es una excelente terapia para aceptarnos tal y cual somos, para sentirnos bien dentro de nuestra piel. Despojarnos de la ropa es un excelente recordatorio de nuestra condición de seres humanos, escindidos de la Naturaleza por la potencia de nuestro cerebro pero ni mucho menos independientes de ella.

La basura que las religiones han sembrado sobre la desnudez y la sexualidad (asociando ambas, por cierto) no tiene ninguna base científica. De hecho, es envidiable ver cómo juegan en las playas nudistas niños para los cuales la desnudez es un estado natural (que lo es), que no han sido intoxicados por la culpa y el miedo. Tienen una ventaja sobre los demás, una losa de ignorancia y miedo sobre un aspecto fundamental de nuestra existencia con la que no tendrán que cargar. Su adolescencia, cuando empiecen a interesarse por el otro sexo, será mucho menos traumática, sin equívocos ni tropiezos debidos al oscurantismo.

La práctica del nudismo, la normalización de la desnudez en nuestras sociedades debería ser promovida, y no perseguida.

Por lo tanto, resumiendo. Lo opuesto al burkini no es el bikini, de hecho son dos piezas del mismo catálogo, dos aparatos que sirven al mismo miedo ancestral. No, lo opuesto al burkini es superar ese miedo y sentirnos confortables en nuestro cuerpo.

El burkini es absurdo y grotesco, y el bikini sólo algo menos (pero algo más hipócrita, pues si es cierto que la desnudez es perniciosa, un bikini revela perfectamente el cuerpo). No existe mal alguno en la desnudez, así que no seas musulmán (el que se somete); no te sometas a los miedos irracionales con los que tu conciencia fue constreñida de niño y… ¡libera tu cuerpo!

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En cuanto al veto francés, realmente, no le veo tanto recorrido como para abrir portadas. No me gusta el concepto de civilizar por la fuerza, aunque también entiendo que la población musulmana está sometida a una reprogramación involucionista promovida y financiada desde las petromonarquías, y los Estados occidentales deberían contraprogramar ese veneno retrógado fomentando la racionalidad (aplicándonos, como hemos visto, primero nosotros el cuento), la libertad (enemigo cerval del islam).

Ahora, tampoco me voy a rasgar las vestiduras por que se legisle proscribiendo ciertos modos en el vestir, cuando yo mismo soy reo de los mismos. Efectivamente, en Francia (a diferencia de España) la desnudez está prohibida en los espacios públicos excepto los específicamente habilitados para ello. El Estado se inmiscuye en mi derecho a la imagen y a vestirme (o no hacerlo) como yo quiera, así que tampoco veo la trascendencia en que se aplique de la misma forma con el exceso de ropa como con el defecto.

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26 agosto 2016

Incendios forestales en Galicia: comprendiendo la insania

Filed under: ecología — Mendigo @ 9:08

En la pasada entrada, Violeta hace un comentario que creo que da exactamente en el clavo. Un par de frases:

Es desesperante como la mayoría de gallegos repiten sin cesar la cantinela de “limpiar el monte” y “monte abandonado”. […] Hay un sector de gallegos (especialmente de la generación de mis padres) que tienen idealizado el monte antropomorfizado y despejado de antes de repoblar con pino y eucalipto y se abandoraran tierras. Para ellos hay que desbrozar el monte, cultivar esas tierras, meter el pastoreo de nuevo…

Violeta y yo entendemos de qué va la historia, porque somos de aquí, pero quizá a gente de fuera le resulte difícil comprender el estado del medio rural en Ourense, epítome de las condiciones en que se encuentra el cuadrante NW peninsular, que es donde se concentran el 96% de los incendios (en número de focos, no Ha. quemadas). Por ello voy a ilustrar su excelente comentario con unas pocas imágenes.

No tengo la de Cualedro (el verdadero culo del mundo, el horror), pero os muestro la evolución de la población en un concello cercano, también recursivamente incendiario.

Vilardevós

Efectivamente, si consultas el Madoz describe (en 1846) aldeas de 300 vecinos dedicados a la huerta, el centeno y la vid. Quizá reseñe la existencia de un telar o una fragua. Y te sonríes, porque esa misma aldea tiene hoy sólo 5 casas habitadas todo el año. Parejas de ancianos que no dejan duda del futuro ineludible de esa aldea: el abandono.

En la entrada de Cualedro no aparece la evolución demográfica, pero sí un dato sobre el nivel educativo de la población:

La formación de la población de Cualedro se caracteriza por el alto grado de analfabetismo (13,60 %) y de personas sin estudios (65,80 %). Estos datos de 1996 son peores para las mujeres en el primer caso (20,7 % de analfabetismo frente a 6,7 % en los hombres) y peores para los varones en el segundo caso (71,3 % de personas de sexo masculino sin rematar estudios primarios).

Simplemente impresionante.

En la gráfica se aprecian dos fenómenos: un proceso de fuerte crecimiento de la población debido al desacoplamiento entre las curvas de natalidad (aún alta, siguiendo patrones reproductivos tradicionales) y de mortalidad (en retroceso debido a los avances médicos asociados a la revolución industrial). La vía de escape de este crecimiento vegetativo siempre ha sido la emigración, que amortiguaba la tendencia. Pero a partir de 1960, en España tiene lugar el éxodo rural, que no sólo amortigua sino que revierte drásticamente la tendencia creciente hasta dejar grandes zonas despobladas.

Ambos procesos no son, desde luego, particulares del NW peninsular (ambos son fenómenos globales que aún siguen operando en las demografías de los países subdesarrollados) pero aquí el cambio se dio con inusitada fuerza: un cambio muy abrupto de un patrón de crecimiento a una despoblación radical en muy pocos años.

¿Qué tiene que ver este rollo demográfico, por todos conocido, con los incendios? Pues TODO.

Es sencillo, y la clave nos la aportó Violeta: ¿Cómo reaccionó la población gallega del s.XIX y primera mitad del s.XX a esta presión demográfica creciente? Roturando tierras, dedicando cada vez más superficie al cultivo o a pastos, a expensas de las masas boscosas. Hablando con los ancianos, te cuentan que todo hasta donde abarca la vista, estaba cultivado, y esta devastación ecológica es narrada por estas gentes con orgullo. Orgullo entendible, pues estos ancianos crecieron con el hambre alentando en su pescuezo, espoleados permanentemente por la necesidad de alimentar a un número creciente de bocas, porque una rudimentaria medicina e higiene habían logrado que no muriesen suficientes niños, rompiendo el equilibrio natural y creando, con una trágica ironía, un grave problema.

Creo que a mucha gente se le escapa la dureza de las condiciones de vida de aquellas gentes, a tan sólo un siglo de distancia de nuestra muelle sociedad. Mi abuela tuvo once hijos, de los cuales sobrevivieron ocho. Los otros tres (tíos míos), murieron básicamente de malnutrición y miseria. Los ancianos de hoy que conocieron a mi abuela, coinciden en que murió reventada de trabajar para sacar adelante ella sola a su familia (a mi abuelo lo asesinó la Guardia Civil en el 37, esa misma Guardia Civil que nunca ha pedido perdón por tanto crimen y nadie se ha atrevido a exigírselo).

Hoy en día, se antoja extraña la idea de tener cerdos en casa, y nunca haber probado el jamón. Pero es que los jamones eran curados para venderlos a los ricos de la villa, y poder así comprar más tocino que aportara proteínas y grasas para subsistir el resto del año. No estoy hablando de las naciones más desgarradas del continente africano, sino de la España de principios del siglo XX.

Esta realidad, que nunca aparece en los libros de historia, grabó con fuego en las mentes el instinto de supervivencia. Y en esos años, la supervivencia pasaba por dedicar cada vez más tierras al cultivo. En esos tiempos, tener una tierra ociosa implicaba dejar de alimentar una boca, deixar morrer un fillo. Las tierras incultas, en esas condiciones, eran un baldón para su propietario, que quedaba identificado evidentemente como un perezoso. Y cuando la supervivencia de tu familia dependía de tu capacidad de trabajar como una bestia de carga (¿o pensáis que la espalda encorvada de los viejos de las aldeas es de nacimiento?), la pereza, la molicie eran textualmente criminales.

Este es el acuciante contexto social que dio origen a la idea, más bien obsesión, de cultivar hasta el último pedacito de tierra, por apartado y escarpado que fuera (en Galicia, geológicamente una anciana, las pendientes rara vez son tan pronunciadas que imposibiliten el cultivo, y aún en éstas, el terreno se organiza en bancales). No olvidemos la baja productividad del campo en aquellos años, con un microfundismo que aún hoy impiden la mecanización y cualquier intento de racional la producción para hacerla rentable.

Y llegaron los años ’60, el desarrollismo y se disparó el éxodo rural. Aquello fue un “tonto el último”; y realmente era así, pues existía la idea de que sólo se quedaba en la aldea quien no valía para otra cosa. Los más avispados y arrojados cruzaron el telón de grelos camino de Alemania, Suiza, Francia, Madriz, Barcelona, Bilbao… en busca de un lugar que ofreciera a sus hijos las oportunidades que una Galicia ingrata, sometida al control de los caciques locales, les negaba (exactamente igual que los que se juegan la vida, y a veces la pierden, en el Estrecho).

Abruptamente, la necesidad perentoria de roturar nuevas tierras se esfumó. Cada vez había menos brazos para trabajarla y menos bocas que dependiesen de ella (y luego llegaron las pensiones, que liberaron a los ancianos de la servidumbre de la búsqueda de sustento). Según descendía la población, cada vez más tierras iban quedando abandonadas, quedando el cultivo reducido de nuevo a sólo las tierras más fértiles y próximas a la aldea. Como la caída de población fue tan acusada, el proceso de abandono de tierras también lo fue. Demasiado rápido para ser asimilado por los que se quedaban, y generar cambios en la conciencia social según las nuevas condiciones.

Siguiendo un proceso natural, estas tierras abandonadas van siendo de nuevo ocupadas por la Naturaleza, primero por matorral (lo que se conoce por el muy revelador nombre de maleza) que crea las condiciones para que las especies de mayor porte progresen. Todo lo anterior no es ni mucho menos característico de Galicia, y el mismo proceso de éxodo rural y reforestación natural ocurrió en Alemania, Francia… y por eso ahora disfrutan de grandes masas boscosas.

Lo característico de Galicia es que los que se quedaron (los más tontos o timoratos del pueblo, según esa misma conciencia popular) se negaron a aceptar la realidad, con las nuevas condiciones que imponía al campo. Sintieron este proceso de regeneración natural como una amenaza, y si bien ya no podían mantener su modelo de paisaje, cultivado hasta el último palmo de tierra (faltaban brazos y, sobre todo, faltaba la necesidad imperiosa para no morir de hambre), tampoco han permitido el avance de la frontera natural, manteniéndola a raya con sucesivos, recurrentes, recursivos incendios (el monte bajo es la forma que tiene la naturaleza de regenerarse tras el incendio, y la razón para que el aldeano vuelva a provocarlo). Los paisanos han heredado el atavismo de identificar una xesta, un toxo, un rodal de rebolos (especie de roble de menor porte), hace medio siglo indicio incriminatorio de un holgazán que no asegura la supervivencia de su prole, con la maldad en estado puro, un estado de abandono que acarreará desgracias a la sociedad. Entroncamos con la aún más vetusta idea de que el hombre debe luchar contra el medio para domesticarlo, someterlo, moldearlo, imponer sobre la Naturaleza un orden humano. Una idea tan primitiva que es el núcleo argumental del primer texto literario de la historia, un cuento mesopotámico cuyo origen en la tradición oral se pierde en la noche de los tiempos (reaparece en la Hélade con el mito de Heracles).

Por lo tanto, los incendios son la forma de reaccionar de una población envejecida e iletrada a los cambios que impone la modernidad. Siguen operando hoy con los parámetros heredados de sus padres y abuelos, lo cual sólo puede tener como consecuencia el desastre. La falta de adecuación entre sus directrices mentales y la realidad no sólo se limita a esta cuestión, por ejemplo es precisamente este atraso el que impide irónicamente que se pueda desarrollar cualquier proyecto agrícola serio en este piélago de microfundismo. Y siguen con la economía de supervivencia de sus abuelos, con sus cuatro vacas, veinte ovejas y su leira de patacas e millo (modelo agroganadero promovido desde la administración con subvenciones, por otro lado).

Pero esto es sólo una parte del cuadro. Hay que añadir otra variante: en grandes zonas, se promovió desde el Estado la introducción de especies industriales (pinos para FINSA y eucaliptos para ENCE) ocupando las tierras que iban siendo liberadas de la agricultura o la ganadería. Como he comentado muchas veces, este es la mayor catástrofe ecológica, muy por encima de los incendios, pues impidió la regeneración natural de los ecosistemas gallegos (los incendios sólo la detienen temporalmente, la ralentizan, excepto en los casos extremos del Sur de Ourense, donde la infernal reiteración de incendios provocan la pérdida del suelo y la desertificación). Especies alóctonas y pirófitas que echaron, literalmente, más leña al fuego.

Quiero dejar bien claro, ya para terminar, que no todos los incendios del NW peninsular se explican por lo anteriormente descrito. Tendríamos que hablar de los madereros que hacen negocio de la madera quemada (en buena parte portugueses), de los cien millones de € que todos los años se embolsa el sector de la extinción, de los proyectos eólicos que se liberan tras un oportuno incendio, de los cazadores que necesitan tener despejada la línea de tiro…

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20 agosto 2016

Ya no hay mujeres como aquéllas

Filed under: Música — Mendigo @ 0:12

Cuando pones esto en la cadena, la voz de Dani Klein llena la habitación hasta no quedar sitio ni para el aire.

Esto es PODER.

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Las mujeres no son lo que eran; y los hombres, ya, ni digamos.

Hablamos de música, como podríamos hablar de cualquier otra cosa. Monigot@s, ya sólo quedan monigot@s.

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Mi madriña, el ’87, cuando salió este rudimentario videoclip yo era aún un crío.

Las descargas van a matar la música… como si aún quedara hálito de vida en lo que se está grabando hoy en día. Pero la música es mucho más que el negocio de las discográficas, y morirá con el último ser humano.

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16 agosto 2016

Las ovejas más caras del mundo

Filed under: ecología — Mendigo @ 12:28

De nuevo, vuelve a arder el Concello de Cualedro. Como el año pasado, como el anterior… como todos los veranos desde hace muchos años. Y no es el primero de este verano, ni seguramente será el último (de hecho, aún queda lo peor, el tramo final del verano, donde se concentra la actividad incendiaria).

Si la Península es (con Grecia) el lugar con más incendios forestales de Europa, y Galicia es sin duda el lugar con más incendios forestales de España. De lejos. Imaginad el estado en que se encuentra el municipio con mayor reincidencia de fuegos de toda Galicia. Bueno, no hace falta que os lo imaginéis, podéis echar un vistazo al Google Maps. La sucesión de incendios, año tras año, hace que esta zona esté en proceso de desertificación (se pierde la fracción orgánica del suelo por escorrentía, y sólo queda la granulometría más gruesa y, en ocasiones, la misma roca madre queda expuesta). Un desierto en Galicia, parece broma, pero es muy triste.

Veamos los medios movilizados para sofocar el último incendio: “…3 técnicos, 12 agentes, 35 brigadas, 16 motobombas, 3 palas, 7 helicópteros y 5 aviones.”

Contando que cada hora de helicóptero le cuesta a la Xunta 6.000€, podéis echar cuentas del coste para el Estado que supone alimentar al rebaño de 20 o 30 ovejas (existen otras causas, pero en esa zona la motivación principal de los incendios es crear pastos nuevos).

Notable, porque el coste de una oveja viene a ser poco más de 50€. Y para alimentar a un rebaño valorado en 1.000 o 2.000€, el año pasado un viejo provocó un incendio que supuso unos costes para el erario público de 5 millones de euros. Alimentar a cada oveja del viejo, nos costó a los gallegos 250.000€, que tuvieron que naturalmente detraerse de otras partidas (100 millones de € todos los años en extinción, que bien invertidos en educación sí que podrían poner fin al garrulismo incendiario).

En serio ¿qué sentido tiene esto? Que nos estemos gastando millones de € en apagar incendios en el culo del mundo, aldeas pobladas por cuatro acémilas que no son capaces de salir de la animalidad en la que crecieron. Incendios que, además, ya ni siquiera amenazan valores naturales, pues la reiteración incendiaria ha convertido esta otrora fértil tierra en una sucesión de navas y terrenos baldíos.

Me parece ridículo seguir jugando a este juego: un palurdo provoca un incendio, y la sociedad gallega pone los medios para apagarlo. Y así una y otra vez. El aldeano con un mechero, y tenemos que movilizar hidros, helis, camiones, paleadoras… y personas que se juegan la vida para apagarlo. No tiene sentido. Total, para evitar que arda hoy lo que va a arder mañana, y pasado mañana…

Por lo tanto, me reafirmo en la idea de cuál es la solución final a este choteo que se traen los palurdos todos los veranos: que la Xunta (y el gobierno central, porque los Canadair son del Ministerio de Defensa, y también intervienen la UME) pase la factura de la extinción al concello afectado.

En municipios normales, donde el incendio se debe a una imprudencia, un accidente, y es un hecho aislado, el quebranto económico a las arcas municipales será puntual y perfectamente solventable. Sin embargo, aquellos concellos en los que existe una reiteración de incendios, tendrán que sacar ese dinero de otras partidas del presupuesto. Así, los costes recaerán sobre las zonas donde se producen, en vez de repartirlos entre todos. Si el monte es privado para repartir beneficios de sus repoblaciones de pinos y eucaliptos, que también lo sea para hacer frente a la factura de la extinción de incendios en ellos.

De esta forma, se hará justicia. Los municipios en los que sus habitantes sean civilizados y tengan un modelo sostenible de ordenación del territorio progresarán, y aquellos poblados por bestias bípedas se empobrecerán. Y quizá cuando vean que el ayuntamiento no tiene dinero para parchear la carretera que va a la aldea, o que las farolas no se encienden porque la compañía eléctrica ha cortado el suministro por impago, empiecen a cambiar de actitud. O no, en cualquier caso, se harán daño a sí mismos y a su tiera, y no al conjunto de Galicia como hasta ahora.

Los actos deben traer consecuencias, y que cada pueblo reciba lo que se merece. Quizá al fin así se aprenda a actuar con responsabilidad.

Lo que más gracia me hace es que, en muchas ocasiones, esas ovejas de alimentación millonaria están, encima, subvencionadas con fondos de la PAC. Estamos subvencionando el atraso y la destrucción del medio natural: cuánto bien harían esas subvenciones creando institutos de investigación o un semillero de empresas tecnológicas, para retener en Galicia los jóvenes brillantes, y no mantener la sopa boba a cuatro viejos cerriles y malintencionados.

Porque el principal culpable de esta situación no es tal o cual palurdo, el verdadero responsable es la ignorancia y la miseria. La solución al carnaval incendiario de todos los años es traer el desarrollo a Galicia, pues una persona con estudios y un buen trabajo, no se dedica a ir dejando una mecha encendida atada a unas cerillas con cinta aislante bajo unas xestas.

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