La mirada del mendigo

3 abril 2016

Hoy he visto un hombre

Filed under: cousas — Mendigo @ 1:47

Esperando en la acera.

Hay fútbol en la cafetería de enfrente. Unos gritos me sacan de mi ensimismamiento. ¡É un roubo! ¡Fillo de puta! ¡É un roubo! Tardo un momento en comprender que el joven de la camiseta ajustada y gesto desencajado no se refiere a nada personal, sino al árbitro de un encuentro que se juega a cientos de kilómetros de distancia. Después del alarde público de fervor sectario, vuelve a entrar en el templo. El curso de mis pensamientos se entrelaza con que, a fin de cuentas, tampoco estaría tan mal aplicar un programa eugenético entre ciertos elementos subhumanos.

Acaba el encuentro y sale el mandril ululador con otros dos garrulines, se sube al X3 que había en doble fila, no se querrían perder el encuentro, y arrancan con nula consideración a la capacidad de la bomba de aceite de impulsar un aceite aún demasiado viscoso.

Entre el tumulto de gente entrando y saliendo del bar, veo a un viejo que sale con una bolsa roja. Conozco a este anciano; es un portugués que sobrevive vendiendo calcetines por los bares. Aún en esa condición, sometido por la decrepitud y la mendicidad, pese al gesto de cansancio y una tristeza como un pozo seco, conserva un halo de severa dignidad. En sus buenos tiempos, debió ser un mozo realmente alto y bien plantado, mas ahora es evidente que le duelen los huesos al caminar. La sobria vestimenta de los hombres de antaño, la gorra, la chaqueta de paño basto, la barba cana; va dejando su rastro solemne al cruzar la calle. En ese tiempo, otros colores y texturas pasan, pero sin marcar mi recuerdo; son banales.

El viejo dobla la esquina, y mi alma se arrastra tras el pesado avance de sus zapatones negros.

Cuando estos viejos mueran, los de la vereda, el morral y el silencio del aprisco, y sólo quede gente educada por la televisión para vivir en un fútil mundo de poliestireno. ¿Cómo será ese mundo, sin hombres?

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1. Me cago en Dios
2. Me cago en Dios, en la hostia puta, en el Estado y todas sus putas leyes, normas y reglamentos, organismo y estamentos, me cago hasta que la mierda derrame por todo su perfectamente jerarquizada pirámide social.
3. Sé que es perfectamente factible, incluso trivial, dar una atención mínima para que nadie tuviera que humillarse en esta España de mierda para poder sobrevivir.
4. La miseria hiere a quien la sufre, pero me ultraja a mí, que no hago nada por remediarla. No es caridad sino justicia, devolverle lo que le corresponde como ciudadano.
5. Me cago en Dios y en la puta Virgen. Me cago en España, en Portugal y Andorra, en las putas payasadas constitucionales y en lo más sagrado de esta jodida tramoya.

El viejo se fue con su bolsa de calcetines. A mí me dejó doblado bajo un fardo insoportable de vergüenza.

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6 marzo 2016

Soy racista

Filed under: cousas — Mendigo @ 14:00

Soy racista de pontemierdeses.

En efecto, estoy convencido de que los pontemierdeses son una subespecie inferior del género humano. Lo que ya dudo es si los PTV (Pontevedreses de Toda la Vida) presentan esta tara por causas genéticas (grupo cerrado que procrean entre ellos) o, más probablemente, adquiridas en el claustrofóbico entorno social en el que son educados. El provincianismo de esta villa les conduce a sentirse permanentemente acomplejados y esto conduce a que estos especímenes renieguen vehementemente y con virulencia de la cultura gallega, pero sin conseguir embeberse de otra. Taimados y cobardones, castellanos, desde luego, no son. Son… españoles, que es como no decir nada.

¿A cuento de qué viene todo esto? Por casualidad, me he topado con este vídeo:

Una chavalita gringa de origen jamaicano que viene a conocer España y a trabajar como niñera para una familia en… SanJenJo (como a ella misma le enseñaron a pronunciar). Es genial el vídeo porque ves cómo a la pobre le aplicaron el tratamiento completo que estos aldeanos aculturizados vestidos en Zara someten a los de fuera de su grupo: desprecio y aislamiento. Para los que no lo sepáis, Sanxenxo es el lugar de solaz de los pontemierdeses, a los cuales se unen en verano una horda de fascistillas mesetarios, el modelo que los burguesitos de aquí se mueren por imitar.

Ella cree que las actitudes de desprecio son debidas a ser negra, pero está equivocada. He conocido a unos fineses (imaginad su piel) que recibieron incluso peor trato. El color oscuro de la piel es sólo una de las mil razones que aprovecharán para canalizar su desprecio al diferente. La vida de estos subhumanos está limitada a su limitado círculo o tribu, produciéndoles animadversión y pavor todo lo que venga del exterior (geográfica o intelectualmente). Es más, el tipo humano que más desprecian es el de… gallego. La aversión a la gente de las aldeas es un veneno que los niños pontemierdeses chupan de la teta de sus madres. Ese desprecio ha sido proyectado, en tiempos modernos, sobre los inmigrantes (los africanos de los que habla en el vídeo la chica), pero es anterior a su llegada: ven a los que no son de su clase como pedazos de carne a su servicio, con una altanería que contrasta con el servilismo con que se conducen ante quien les precede en su escala. Han interiorizado la jerarquía social como un animal lo haría con la pirámide alimentaria.

El horizonte vital de esta excrecencia humana es medrar en la escala social, o al menos aparentarlo (visten como maniquíes, pero son unos muertos de hambre, aquí no hay pasta) y la relación humana se basa en la constatación de esa posición social. El objetivo de una conversación o cualquier otra interacción humana no es establecer una comunicación entre personas, sino el remarcar la jerarquía igual que lo harían otras especies animales entrechocando sus cuernos. Aquí lo hacen dejando claro cuánto les costó tal cosa o tal otra, o si su padre tuvo tal cargo y su tío abuelo tal puesto. Como Sasha define muy bien (es lista la cabrona, en tan poco tiempo y captó perfectamente la esencia pontemierdesa), procuran rebajar al interlocutor para poderse sentir ellos más importantes. No existen aquí las relaciones horizontales, todo es una continua lucha por trepar en la escalera social, que aunque invisible es para ellos más evidente que las piedras de la escalinata de San Francisco. Les son ajenas a estos palurdos costumbres civilizadas como la cortesía o la hospitalidad.

Y es curioso, porque sólo alejándote unos kilómetros de Pontemierda el tipo humano cambia totalmente. La gente de las villas y aldeas del contorno (Bueu, Xeve, Campolameiro…) son… gallegos. Trabajadores. Cada uno con sus miserias y sus grandezas, pero que viven su cultura con normalidad y están libres de esa dictadura de la jerarquía, con los que puedes hablar normalmente (además, en un gallego de costa precioso) sin que notes que cada frase va con segundas para zaherirte o minar tu posición. Incluso en la misma villa, la mayoría de la gente viene de las aldeas y son gente normal, afable, que va a lo suyo, que no tienen ese ánimo de humillar (lo que le hicieron a esta chica, cuando cuenta que una mujer la miró de arriba abajo, y de abajo arriba, muy típico… no tanto por su piel morena sino precisamente por ser tan guapetona, lo que debió excitar la rivalidad de la pija cazurra).

Es muy triste que una chica que va contando sus experiencias viajando por el mundo, haya disfrutado su estancia en Francia, Escocia, Austria, destaque la amabilidad de la gente en Camboya, se deshaga en elogios de sus anfitriones italianos (ved el vídeo y comparad que trato tan distinto) y esté enamorada de la cortesía y amabilidad de los coreanos, donde ha residido un tiempo. Y su imagen de Galicia haya tenido que ser ensuciada al toparse con el provincianismo clasista, retrógrado y cateto de una familia de fascistillas pontemierdeses (los racistas son, curiosa y paradógicamente, seres humanos inferiores).

Muchas veces se asocia el término paleto a personas del rural, y esto hoy en día es profundamente incorrecto. Yo mismo, cuando estoy en el pueblo, es fácil verme con una azada o unas tijeras de poda. Palurdo o paleto es lo contrario a cosmopolita, es decir, aquella persona de mentalidad cerrada que es refractaria a las ideas venidas de fuera de su círculo. Antaño se identificaba por la carencia educativa que existía en el rural, pero ahora es sólo cuestión de capacidad y mentalidad. Como suelo recordar, en Madrid no sólo hay más paletos en cantidad que en cualquier otro punto de España, sino también en densidad (y los paletos de ciudad son los peores, porque su ignorancia es engreída).

Pues bien, en un mundo cada vez más interconectado y mestizo, donde los intercambios de información y de personas son constantes, las sociedades cerradas del tipo del provincianismo burgués que esta rapaza se encontró en Pontemierda son un obstáculo para el progreso, no sólo económico sino social y cultural. El empobrecimiento intelectual que conlleva la burbuja elitista que crean, tan satisfecha de sí misma, conduce a la decadencia y, con el paso de los años, a la irrelevancia y la miseria.

De los que no conozcáis Pontemierda, alguno os estaréis preguntando cómo luce uno de estos PTV que califico de subhumanos, con el cerebro encasquillado en una mentalidad más propia del s.XIX que del s.XXI. Aquí tenéis una buena muestra, un caso arquetípico de Pontevedrés de Toda la Vida:

Y no, lo habéis reconocido pero lo habéis pronunciado mentalmente mal. Su apellido se puede escribir Rajoy (conservando la ortografía medieval) o Raxoi (en gallego normativo) pero sólo tiene una pronunciación correcta: /ɾaʃoi/, con el fonema /ʃ/ que podemos encontrar en bush, cash, share… o en chat, château, cacher… La xe gallega que no existe en castellano, así como la jota no existe en gallego (ni la grafía, ni su sonido). Porque, por mucho que le pese al Estafermo, que como buen pontemierdés está intelectualmente incapacitado para hablar la lengua propia de su tierra… Raxoi es un apellido (y topónimo) gallego.

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4 marzo 2016

… y una pizca de humor gráfico

Filed under: cousas — Mendigo @ 9:54

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16 diciembre 2015

Jonah Lomu

Filed under: cousas — Mendigo @ 1:40

Lo cierto es que me apetece dedicarle un homenaje. En pocos deportes existe semejante consenso universal sobre quién es el más grande. Un compendio único fuerza, habilidad y velocidad, que en otro tiempo hubiera inspirado una Ilíada.

En mi elegía mencionaré un único hecho: cuando le diagnosticaron una enfermedad renal, como gran estrella del rugby, religión nacional, pudo haber tenido absoluta prioridad. Sin embargo se negó a recibir ningún trato de favor y esperó a que le llegase su turno para un transplante atado a una máquina de diálisis. Su cuerpo rechazó el nuevo riñón, y falleció hace unos días, a los 40 años.

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Y vamos con la caballería. Mejor no esperar a que muera gente para homenajearla. Vamos a darnos una vuelta a la Isla de Man, en la moto de Guy Martin.

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El Tourist Trophy es el último reducto de la época heroica del motociclismo. Es una de las competiciones más antiguas, entró en el año 49 en el Campeonato del Mundo de Motociclismo, hasta que en los años ’70 fueron desapareciendo las carreras en circuitos urbanos debido a su extrema peligrosidad. Estaban prohibidas en territorio inglés, así que los aficionados embarcaban la moto en el ferry camino de esta pequeña isla en el mar de Irlanda.

Realmente hay que tener muy poco sentido común para volar sobre la isla, con puntas de 320km/h, entre bordillos, farolas, tapias… Pero lo que les falta de inteligencia, les sobra de valentía, además de una capacidad de concentración de acero para no cometer ni el más mínimo fallo en un trazado lleno de trampas. Un cirtuito se compone de un puñado de curvas que se recorren en dos minutos, con el mejor asfalto y amplias escapatorias. Aquí hay que aprenderse palmo a palmo un trazado de 61km, que se tarda casi 20 minutos en recorrer. El “circuito” son las calles y carreteras comarcales que, el resto del año, dan servicio a la isla. Es decir, hay baches, alcantarillas, parches, señalización horizontal (muy peligrosa), suciedad, cambios de rasante, manchas de humedad o simplemente, diferentes tipos de asfalto que hacen que el agarre disponible esté cambiando a cada instante, y tenga un grado enorme de incertidumbre respecto a lo que se espera en el entorno controlado de un circuito. Imposible lograr un reglaje de suspensiones óptimo, se intenta llegar, como con los neumáticos, a un compromiso. Aquí todos saben que forzar demasiado, es meter un pie en la tumba.

Si no queréis ver entero este magnífico ejemplo del “efecto túnel” de la velocidad (impresionante minuto 8), os sugiero que veáis los primeros segundos del minuto 3 (o en el 6:43…), donde la moto le hace un shimmie (la moto sacude violentamente la dirección) al bueno de Guy (a pesar de llevar amortiguador de dirección), y no por eso deja de acelerar.

Otro vídeo, con cámaras externas:

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Para quien aún quiera más, el GP del Ulster:

3 diciembre 2015

La tres alturas

Filed under: cousas — Mendigo @ 23:06

Un par de artículos que me han parecido interesantes:

La Marea – ¿Por qué es tan importante eliminar las tres alturas?

La norma [limitando a tres la alturas de las nuevas construcciones en Madriz], desde su origen, iba en contra de todo el urbanismo actual. Ignora por completo el medio ambiente. Consume una gran cantidad de ese bien escaso que es el suelo. La exigua densidad a que da lugar hace que el ratio de infraestructuras por habitante sea desproporcionado. Requiere un enorme consumo de agua, pues no se busca el campo ni el espacio abierto, sino el jardín privado de los condominios. Fomenta el uso del automóvil privado, incluso varios por familia, pues cualquier sitio al que se vaya está demasiado lejos para ir andando. Y así hasta agotar los argumentos sobre la insostenibilidad económica y medioambiental de la medida.

Pero el efecto más devastador ha sido su insostenibilidad social. Los barrios con mayor poder adquisitivo de las periferias urbanas han crecido fundamentalmente a base de condominios cerrados.

[…]

Desaparece ese concepto urbano integrador llamado “Economía de proximidad”, que permite vivir cerca del trabajo, utilizar la bicicleta o el transporte público y prescindir del coche, de su contaminación y sus gastos derivados.

[…]

Porque si en los barrios caros de la periferia se busca la exclusividad, y ésta generalmente va relacionada con las bajas alturas y la frondosidad del jardín, en las zonas más humildes no se pueden perder viviendas. Y no se perdieron. Se colmataron los espacios libres con más y más edificios bajitos y lo que se ha terminado perdiendo en los nuevos desarrollos ha sido el espacio público urbano. El espacio de relación. El espacio de todos, aunque… ¿para qué se necesita si puedes charlar con el vecino tranquilamente en los cafés del centro comercial o en los pasillos del Carrefour?

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The Atlantic – The Coddling of the American Mind
In the name of emotional well-being, college students are increasingly demanding protection from words and ideas they don’t like. Here’s why that’s disastrous for education—and mental health.

Traducción abreviada del artículo: estamos educando a los jóvenes de forma que cumplen los veinte (y los treinta, y…) aún con el chupete en la boca, alerta para percibir cualquier cosa como ofensa y sobrerreaccionar ante ella. Son incapaces de formarse una idea compleja tomando provecho de razonamientos que no parten, corresponden o se identifican con los de su grupo, pues toda idea disruptiva es desechada para no quebrar su precario equilibrio emocional. En esta dictadura de lo políticamente correcto, se anula el debate para no herir una susceptibilidad a flor de piel.

Traducción aún más abreviada: estamos criando imbéciles. Aún más que los de nuestra generación, que ya es decir.

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