La mirada del mendigo

27 febrero 2016

¿Por qué decimos Democracia cuando queremos decir oligarquía?

Filed under: democracia — Mendigo @ 17:36

Según Jean-Jacques Rousseau, el término correcto para nombrar a un sistema como el actual es oligocracia, el gobierno de unos pocos, representativo y por lo tanto legítimo, legítimo en la medida que sea representativo del único soberano, el pueblo.

Democracia es lo que su etimología sugiere: el gobierno del pueblo. E Internet es el ἀγορά de aforo virtualmente infinito donde nos podemos reunir, simultáneamente, el δῆμος. Reunir, y deliberar, y decidir, es decir, gobernar, autogobernarnos como ciudadanos libres. Alcanzar como pueblo la mayoría de edad política.

Valga esta parrafada tan básica, que habré repetido chorrocientas veces, como introducción de estos un vídeo en dos entregas sobre la Democracia, del mismo autor que consiguió explicarnos la guerra civil siria en cinco minutos (y con notable acierto, añado).

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Y ahora, la crítica. Porque tiene que haber una crítica, para no deslucir las costumbres de este espacio.

Se nota que el autor ha bebido de Étienne Chouard y su demarquía. Sobre este tema ya estuvimos charlando aquí: Hablemos de Sexo.

En resumidas cuentas: no confundamos al propietario con el gerente. El propietario puede encargar la gestión de la empresa a un profesional especializado. Pero sólo un imbécil redomado (tú y yo, básicamente) permitirá que el capataz se enseñoree de la viña, haga con ella lo que le salga de los huevos, y acabe mandando a unos mancebos que nos apaleen y nos echen de ella.

Por lo tanto: no me parece acertada la idea de escoger por sorteo los cargos, ya que el funcionamiento de un Estado moderno es terriblemente complejo y precisa de profesionales (no la basura que hay ahora en el Congreso, profesionales que como un piloto de aeronaves, se ponen tras los mandos después de haber pasado mil exámenes y de tener miles de horas de vuelo con aparatos de menor envergadura).

Esa es la gerencia. Pero el gerente hace lo que le dice el propietario, o sale a patadas. Este propietario, en una empresa, no tiene por qué ser único, puede ser colectivo: una gran empresa puede tener miles o decenas de miles de propietarios diferentes. Un Estado tiene millones, con la particularidad de que, si es una democracia, todos participan de forma alícuota en su propiedad.

El gerente dirige, pero el propietario (reunido en la Junta General de Accionistas) gobierna. No hace falta, como muchas veces se escucha como burla de la Democracia, el propietario de la empresa decida hasta el color de los bolígrafos. De hecho, tampoco es un cometido que vaya hacer el CEO: también la gerencia delega las decisiones. Pero el gerente siempre deberá moverse en el marco más o menos holgado que le haya fijado el propietario, que es el único que puede aprobar las cuentas o tomar decisiones estratégicas.

Por lo tanto, no, no hace falta pasarse el día votando el menor de los detalles para tener una Democracia. El pueblo decide las líneas generales, por ejemplo con una votación múltiple cada fin de semana y, dentro de ellas, unos profesionales (con título de piloto y muchas horas de vuelo) elegidos (y no sorteados) por el pueblo dan forma a su voluntad.

El principio democrático exige siempre que el legislador sea el pueblo; luego, puede variar el mecanismo. Yo he propuesto el siguiente, podría haber otros: ante un cierto tema, cada partido político PROPONE una determinada redacción legislativa, según sus principios políticos. Pueden llegar a acuerdos, estableciendo una transacción para presentar coaligados una misma redacción, que cuente con más apoyos potenciales. Pero el único con capacidad de votar, aprobar y PROMULGAR leyes, es el propio pueblo mediante voto universal.

Insisto: los partidos políticos PROPONEN los textos, el pueblo VOTA entre ellos.

No es difícil pensar en una versión de ágora digital, donde para cada tema a debatir los partidos cuelguen sus propuestas, puedan contestar las propuestas de los demás, debatirlas y rebatirlas en sucesivos turnos de réplica y contrarréplica, aportando cuanto material sea menester para defender razonadamente sus opiniones. Y, al final, tras este debate, los individuos voten.

Pasada una ley, su desarrollo reglamentario y demás fontanería le corresponderá a los cargos electos, que podrán ser afiliados a un partido o independientes, pero en cualquier caso con título de piloto.

Y aquí procede la crítica a la demarquía, porque es necesario contar con profesionales contrastados al timón, porque si no ya podemos ver lo que ocurre con los ineptos actuales… sólo unos pocos cuentan con cualificación y capacidad para gestionar un Estado (sería notable crear estudios específicos, quizá tomando como modelo la ENA francesa). Y por otra parte esa labor de aplicar la voluntad popular es de naturaleza política, y debe ser encargada por la sociedad a quien ella estime oportuno, no se puede dejar al albur de la Diosa Fortuna, que a veces es bastante puta. Profesionales con la misma orientación política que el pueblo, no tecnócratas independientes del e irresponsables ante el pueblo, ni incompetentes aupados por los viciados mecanismos de promoción de los partidos políticos, basados en la adulación y el comadreo.

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25 diciembre 2015

Sobre el pucherazo electoral

Filed under: democracia — Mendigo @ 3:14

Creo que uno debería poder sentirse orgulloso del espacio que ha creado, cuando tiene dificultades para encontrar tiempo de leer su propio blog. Muchas gracias por vuestras contribuciones al debate, tantas veces más interesantes que el mismo cuerpo principal del artículo.

Y bueno, antes de que creáis que me ha poseído el espíritu navideño y me tenga que empezar a cagar en Dios…os sugiero un par de artículos sobre el plato tradicional de la democracia burguesa. Escojo de cada uno unas líneas, las que más me han llamado la atención.

La culpa no fue D´Hondt
El origen del calificativo de “maquiavélico” para referirse al sistema electoral español fue pronunciado por primera vez por Óscar Alzaga, catedrático de Derecho Constitucional, diputado de UCD y además uno de quienes diseñaron el sistema electoral vigente. Como él mismo reconoce en su Comentario sistemático a la Constitución Española de 1978, el encargo era formular una ley a través de la cual el Gobierno (de UCD) pudiese obtener mayoría absoluta a partir de una intención de voto de apenas un tercio.

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Revelaciones que se suman a las conocidas declaraciones de Calvo Sotelo o Herrero de Miñón: 30 años después, reconocen que uno de los objetivos de la Transición era “desactivar” al PCE

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Y otro enlace que expone muy bien cómo una minoría de ayer, los cuadros del Estado tardofranquista, impone su voluntad sobre las mayorías sociales de hoy.

La reforma constitucional será enjuague o no será

[…] por medio del sistema de reforma “fácil” [de la Constitución] que ya se ha empleado dos veces, por exigencias de la integración europea, la última de las cuales, la del 135 CE, demostró como ninguna otra experiencia cuán sencillo es emplear el sistema cuando el cambio no es tanto una reforma pura sino más bien un enjuague constitucional: pactado desde arriba, por dos partidos hegemónicos, sin debate público, ni apenas parlamentario, en agosto y por la vía rápida. Todo perfecto. Pero si hay que reformar en serio algo, con debate, para cambiar cosas, sobre temas relevantes, y aunque se cuente con mucho apoyo social… sin el de uno de los dos partidos tradicionalmente hegemónicos o, por seguir con el ejemplo hipotético usando los resultados del ayer, necesariamente del PP… la Constitución deja bien claro que no habrá manera:

Artículo 167 CE.

1. Los proyectos de reforma constitucional deberán ser aprobados por una mayoría de tres quintos de cada una de las Cámaras. Si no hubiera acuerdo entre ambas, se intentará obtenerlo mediante la creación de una Comisión de composición paritaria de Diputados y Senadores, que presentará un texto que será votado por el Congreso y el Senado.
2. De no lograrse la aprobación mediante el procedimiento del apartado anterior, y siempre que el texto hubiere obtenido el voto favorable de la mayoría absoluta del Senado, el Congreso, por mayoría de dos tercios, podrá aprobar la reforma.
3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación cuando así lo soliciten, dentro de los quince días siguientes a su aprobación, una décima parte de los miembros de cualquiera de las Cámaras.

Resumiendo todo mucho, hacen falta 3/5 de los diputados y mayoría absoluta en el Senado como mínimo. Con 2/5 (117 diputados, que el PP tiene en esta legislatura) o mayoría absoluta en el Senado (que también tiene), puedes bloquear todo lo que quieras. Y ya está. Nada puede hacerse sin ti. Punto. Da igual cómo de amplio sea el consenso. O es una práctica unanimidad, uno de esos “consensos” de la Transición (a pesar de que la Constitución española del 78, por supuesto, no requirió de esas mayorías amplísimas para ser aprobada) que tanto se invoca siempre, o no se juega. Ni siquiera hay opción de que, aprobado por mayoría de las cámaras, caso de no lograrse las exigidas mayorías cualificadas, se pase a votar en referéndum, por ejemplo, y que decida la gente. Nada. Simplemente, o se tienen esos mínimos o no se juega. Y recordemos, además, que esto es el procedimiento “sencillo” de reforma constitucional. Muy fácil para los enjuagues rápidos desde arriba, pero imposible para reformas de calado que no cuenten con el apoyo de los partidos hegemónicos del régimen y deban construirse desde abajo y con mucha discusión pública y debate político. Sin los grandes partidos, sin uno de ellos al menos (curiosamente, y luego veremos por qué, uno muy concreto), sencillamente, no se puede jugar aunque haya amplias mayorías en otro sentido.

Mención especial merece recordar, además, que la capacidad de bloqueo del Senado se limita a disponer en esa cámara de una mera mayoría absoluta, y ello por mucho que en el Congreso pueda haber mayorías amplísimas a favor de la medida. Es decir, que por mor del maravilloso sistema electoral del Senado, que prima a la España que prima (conservadora, rural y castellana, básicamente), se pueden producir anomalías democráticas enormes. Se deja así todo atado y bien atado hasta el punto de que, si volvemos por ejemplo a los resultados de ayer y planteamos una hipotética pretensión de reforma con esa situación, sería posible que una fuerza con un mero 30% de los votos tuviera una mayoría absoluta comodísima en esa cámara y pudiera bloquear cualquier intento de cambio simplemente porque, como le ocurre al PP, es un partido con mucha mayor implantación en ciertas zonas de España.

Parece sencillo entender que con este modelo de bloqueo es complicadísimo reformar la Constitución. No sé si vale la pena, además, recordar las normas aún más extremas y el rutilante papel del Senado, por ejemplo y para más inri, en la reforma agravada. Pero allá va:

Artículo 168 CE.

1. Cuando se propusiere la revisión total de la Constitución o una parcial que afecte al Titulo preliminar, al Capítulo segundo, Sección primera del Título I, o al Título II, se procederá a la aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolución inmediata de las Cortes.
2. Las Cámaras elegidas deberán ratificar la decisión y proceder al estudio del nuevo texto constitucional, que deberá ser aprobado por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras.
3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación.

Es decir, que el bloqueo aquí lo tienes ya garantizado, simplemente, con un tercio de senadores. Nada que ataña a la Monarquía, por ejemplo, puede cambiarse sin la aquiescencia de ciertas partes del país, por mucho que ni mucho menos sean poblacionalmente las más importantes. Son, simplemente, las que mandaban durante el tiempo previo a la Constitución y suministraron las elites que la redactaron, siempre desde arriba, muy preocupadas en preservar su poder y en tener en su mano los mecanismos constitucionales para que no se desmadrara la cosa. Como ha sido el caso, de hecho, a lo largo de estos 40 años, donde este sistema de consensos amplísimos y bloqueo de las reformas ha funcionado como un reloj, favorecido por la ausencia de cualquier pretensión seria de cambio pero, a su vez, alimentando la inexistencia de estas pretensiones con las enormes dificultades que impone la tarea de acometerlas y tener éxito en esas aspiraciones.

En definitiva, y como decía al principio, los españoles estamos empezando a descubrir (aún no en concreto, pero vamos viendo la posibilidad) lo que es “ser catalán”. Y por ello me refiero a ese sentido de “ser catalán” consistente en poder formar parte de una mayoría muy sólida y articulada que quiere ciertos cambios y mejoras pero que ve, una y otra vez, cómo ciertas minorías que representan a los valores conservadores y del statu quo, a los poderes económicos tradicionales y a las generaciones que redactaron reglas hace varias décadas, pueden imponer sus soluciones sin problemas si así es su voluntad y aunque esa posición sea ya a estas alturas muy minoritaria. En tales condiciones, los españoles empezamos a descubrir cosas divertidas. Como, por ejemplo, para qué servía el Senado, ese órgano que pensábamos que en realidad no cumplía función alguna positiva pero tampoco ninguna mala más allá de servir de aparcamiento -caro- de políticos en retirada, y que a la postre es un instrumento de blindaje del reparto de poder territorial y económico y de instituciones como la Monarquía. O descubrimos cosas como que hemos de empezar a asimilar y ver con ejemplos (¡por primera vez!) por qué el sistema electoral, diseñado por la UCD en tiempos preconstitucionales, es como es y no hay interés alguno en cambiarlo. Un diseño muy inteligente para lograr, sobre todo con el Senado y a partir de algunas cosas como la circunscripción provincial, fijar ciertas estructuras de poder con independencia de la evolución social y democrática del país.

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Bueno, creo que en este último me he pasado copiando, pero expone la situación tan clara y descarnadamente, que no podía quedarme en un par de líneas. Pero vamos, que basta con revisar los artículos 167 y 168, reflexionar durante unos pocos segundos, y llegar a la misma conclusión: la Constitución está cerrada con un candado de dos llaves, y se necesita el concurso de ambas para abrirla. Y ya sabéis en poder de quién están esas llaves.

Y el núcleo duro de la Constitución, está además blindado incluso en el caso de debacle electoral. Que el bipartidismo obtenga menos del 30% de los votos, con un sistema electoral que precisamente favorece el bipartidismo y sobrerepresenta la España rural y reaccionaria, entra dentro de la categoría de “Apocalipsis varios”, del cielo lloverá sangre y todo eso. El artículo 138, expresado en la lengua del vulgo, viene a decir: reformaréis la Constitución cuando las ranas críen pelo.

Sólo un simple se pondría a observar la rana, a ver cuándo semejante acontecimiento ocurre.

Si no gobierna la voluntad de la mayoría, gobiernan los intereses de la minoría. De una minoría de hace cuatro décadas.

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3 octubre 2015

Una pequeña maldad

Filed under: democracia — Mendigo @ 22:10

Mientras paseaba, se me ha ocurrido esta travesura. Un toquecito de Gimp…

Congreso Diputados

Lo que pasa es que, quizá de tan rebuscado, le he quitado la gracia. Pensad un poco y, si no, dejo la solución en comentarios.

22 enero 2015

Uno ya desespera

Filed under: cultura libre,democracia — Mendigo @ 13:30

Un niño de 16 años ha demostrado con certera puntería la contradicción en la que vive el Estado francés. Y es que uno se pregunta cómo se puede ser tan imbécil. Y después de preguntarse eso, le sigue la pregunta de cómo, siendo tan imbécil, se puede llegar incluso a Premier ministre.

Bravo por el chaval, que lo ha clavado. Si viviera Charb, creo que estaría procurando ficharlo.

Es agotador estar rodeado de imbéciles. Un crío es capaz de dejar en ridículo a todo un Estado, que reacciona como un paquidermo furioso y miope, cargando contra todo trapo que se le agita. Al final, te das cuenta de que existe una exigua minoría de personas que defienden la libertad de expresión, la libertad de conciencia, de crítica e incluso de sátira. Cabezas bien formadas, valientes, que se sienten cómodas en el campo de batalla de las ideas, que no ven honor en el carnicería de la guerra sino en la lid intelectual.

Las ideas no delinquen, las ideas no causan hemorragias ni moratones. De hecho, son las ideas que hieren las más valiosas, pues son las que nos hacen crecer; mientras que los romas sólo nos embrutecen y, en el mejor de los casos, nos hacen perder tiempo y rumbo.

Todo este absurdo y sangriento episodio nace de la pretensión de identificar ideas con las personas que las portan. De hecho, es una base del islamismo, el cual considera que la religión no es una idea del creyente, que puede dejar de ser pensada o aceptada, no es la religión un accidente sino parte esencial de la persona como uno de sus órganos vitales; y por lo tanto, no se puede contradecir esa idea sin ofender o agredir a quien la porta de forma inseparable. De ahí la protección que reclama, como si fuera un miembro u órgano que es lesionado al ser enfrentado por otra idea más poderosa. Si os fijáis, es el mismo trile lógico que empleó el puerco de Bertoglio, buscando confundir hasta identificar la persona con la idea, la sua mamma con la religión que profesa y dirige, invocando para ésta la misma protección legal (o venganza extrajudicial, el sonado puñetazo que hablando de Argentina se tradujo en torturas y vuelos de la muerte) que debe tener aquella.

De esta confusión interesada entre el sujeto pensante y las ideas que piensa (LA idea, sujetos mononeuronales sólo tienen capacidad, obviamente, de pensar una única y estéril idea) nace la intención criminal relacionada con las ofensas (viñetas) al demente y piojoso profeta. Pero no es un rasgo tan raro. Una de las imbecilidades propias de maestrilla de parvulario es la de “respeta la opinión de los otros” ¿os suena el soniquete? Nos lo repitieron hasta la saciedad en la escuela, es fábrica de mediocres, factoría de cretinización (junto con otros muy famosos greatest hits como “no confundir libertad con libertinaje” o “tu libertad empieza donde acaba la del otro”, expresión torpe de una ideología muy concreta). La imbecilidad no es un rasgo exclusivo del islam, sino que es parte constituyente de la atmósfera terrestre junto con el nitrógeno, oxígeno, dióxido de carbono… Digamos que en el islam la imbecilidad encuentra cauce para discurrir de forma organizada, el islam es la institucionalización de la imbecilidad, la santificación de la irracionalidad más completa y exquisita (Allahu akbar!). En cambio, en Occidente es algo que, como la canción, flota en el ambiente. Nuestra epidermis se ha vuelto tan finita, con la susceptibilidad a flor de piel (la hipersensibilidad en el ego es una patología frecuente cuando un imbécil se cree importante) que pretendemos meter en el Código Penal todo comportamiento que nos molesta, y aquí en España, el reino de la imbecilidad por antonomasia, tenemos últimamente un desfile de tuiteros (antes les dio por los letristas) por la Audiencia Nazional. ¡Y ni siquiera son vascos! En el mundo musulmán, condenan a blogueros a ser azotados, tampoco hay tanta diferencia.

Todo el mundo es tolerante con el derecho de criticar, satirizar ideas no compartidas e intransigente con las agresiones a individuos de nuestra tribu. Pero muy pocos son igual de intransigentes con las agresiones al extraño, de costumbres o de ideas, y casi nadie defiende con igual vehemencia el derecho de expresión cuando se trata de críticas o sátiras a nuestras ideas (es propio de mentes débiles ofenderse cuando una idea nueva golpea el endeble castillo de naipes que tienen montado en la cabeza).

Si resucitara Cabu, podría autoparodiarse con otra viñeta: C’est dur d’être défendu par de cons!

Mi religión, por supuesto minoritaria, pero que me hermana con practicantes de todo el mundo: la libertad.

¡Viva la inteligencia!

¡Muera la muerte!

7 septiembre 2014

Dummie

Filed under: democracia — Mendigo @ 14:46

Modelo de sociedad ideal para el bipartidismo:

Alternativamente, concepto de ciudadanía para el Ministro del Interior.

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Variación sobre la célebre escultura de Rodin, para hacerla aceptable a nuestro juego democrático y los valores constitucionales.

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Votante del PP$O€ en la jornada de reflexión (obsérvese el gesto atribulado, entre compungido, resignado y estreñido)

Crash_Test_Dummy-1

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