La mirada del mendigo

28 agosto 2016

El ridículo debate del burkini

Filed under: desnudez — Mendigo @ 8:31

Estoy harto de tanta tontería, elevada a la categoría de asunto de Estado.

En breve: señores, señoras, el bikini y el burkini son en esencia lo mismo. Se trata de trajes de baño para cubrir la desnudez, que es percibida como pecaminosa por un tabú muy arraigado en el imaginario judeocristiano (zarrapastrosa madre del cual el islam es el hijo tonto).

Es increíble que no sepamos reconocer que el miedo a la desnudez que puede sentir una musulmana, que le lleva a ponerse ese adefesio, es exactamente el mismo que nos hace tomar el sol o bañarnos con un trozo de tela en forma de bermudas o bikini. Insisto, el prejuicio sobre mostrar el cuerpo desnudo es exactamente el mismo, la diferencia es de gradación, de centímetros de tela, de un consenso sobre qué partes se pueden enseñar y qué no.

Occidente va superando, muy lentamente, sus temores irracionales y se va despojando de ropa, liberando nuevos centímetros cuadrados de piel al contacto del sol, del aire y del mar. Se liberan unos centímetros más, y descubre que no pasa nada, no se derrumba el orden social establecido (ojalá fuera tan fácil). Y, tras unos años de generalización del nuevo pasito hacia la desnudez, el campo está preparado para un nuevo avance.

El debate pues entre Occidente y el islam no es pues si la desnudez es vergonzante, en lo esencial ambas sociedades están irracional y lamentablemente de acuerdo (la profusión de pixelados en Internet, por la palurda, pudibunda e hipócrita mentalidad gringa; como si los coños mordiesen o las pollas hiriesen). Sólo discuten aspectos cuantitativos, sobre qué partes del cuerpo es aceptable enseñar y cuáles deben ser cubiertas por pudor (aquí) o modestia (allá). Incluso en el seno de estas mismas sociedades no hay acuerdo, estando el top-less mal visto por los paletos de aquí, o los ultraortodoxos musulmanes exigiendo guantes negros para las mujeres.

La razón dicta, sin embargo, que ese miedo no tiene fundamento. En las playas nudistas compartimos un espacio público desnudos, y no nos abalanzamos como bestias unos sobre otros en un frenesí dionisíaco (lástima, por otra parte). Lo racional es prescindir del vestido en aquellos momentos y actividades en que la tela es un estorbo. Sin duda, bañarse o tomar el sol es un buen ejemplo de cómo los tabúes enraizados en nuestra sólo superficialmente moderna sociedad nos obligan a adoptar conductas ridículas, absurdas por miedos irracionales inoculados en la niñez. Un niño no comprende por qué debe cubrir su cuerpo, y tampoco sus padres lograrían entenderlo y se perpetúa el tabú bajo el argumento genérico de que “eso está mal”. ¿Está mal? ¿Por qué está mal? No está mal, está cojonudo. Desde que descubrí hace muchos años el placer de nadar desnudo entre las olas, no me vuelvo a poner un sinapismo de tela ni loco. Me sentiría idiota luego, con ese emplasto mojado pegado al cuerpo. Y todo por miedo a ocultar una parte de mi cuerpo que, la verdad, tampoco tiene nada de especial. Más o menos, como todo el mundo.

Señores, a ver si vamos siendo capaces de identificar nuestros propios miedos antes de reprobar los de los demás. No existe en la desnudez nada pernicioso; de hecho, es una excelente terapia para aceptarnos tal y cual somos, para sentirnos bien dentro de nuestra piel. Despojarnos de la ropa es un excelente recordatorio de nuestra condición de seres humanos, escindidos de la Naturaleza por la potencia de nuestro cerebro pero ni mucho menos independientes de ella.

La basura que las religiones han sembrado sobre la desnudez y la sexualidad (asociando ambas, por cierto) no tiene ninguna base científica. De hecho, es envidiable ver cómo juegan en las playas nudistas niños para los cuales la desnudez es un estado natural (que lo es), que no han sido intoxicados por la culpa y el miedo. Tienen una ventaja sobre los demás, una losa de ignorancia y miedo sobre un aspecto fundamental de nuestra existencia con la que no tendrán que cargar. Su adolescencia, cuando empiecen a interesarse por el otro sexo, será mucho menos traumática, sin equívocos ni tropiezos debidos al oscurantismo.

La práctica del nudismo, la normalización de la desnudez en nuestras sociedades debería ser promovida, y no perseguida.

Por lo tanto, resumiendo. Lo opuesto al burkini no es el bikini, de hecho son dos piezas del mismo catálogo, dos aparatos que sirven al mismo miedo ancestral. No, lo opuesto al burkini es superar ese miedo y sentirnos confortables en nuestro cuerpo.

El burkini es absurdo y grotesco, y el bikini sólo algo menos (pero algo más hipócrita, pues si es cierto que la desnudez es perniciosa, un bikini revela perfectamente el cuerpo). No existe mal alguno en la desnudez, así que no seas musulmán (el que se somete); no te sometas a los miedos irracionales con los que tu conciencia fue constreñida de niño y… ¡libera tu cuerpo!

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En cuanto al veto francés, realmente, no le veo tanto recorrido como para abrir portadas. No me gusta el concepto de civilizar por la fuerza, aunque también entiendo que la población musulmana está sometida a una reprogramación involucionista promovida y financiada desde las petromonarquías, y los Estados occidentales deberían contraprogramar ese veneno retrógado fomentando la racionalidad (aplicándonos, como hemos visto, primero nosotros el cuento), la libertad (enemigo cerval del islam).

Ahora, tampoco me voy a rasgar las vestiduras por que se legisle proscribiendo ciertos modos en el vestir, cuando yo mismo soy reo de los mismos. Efectivamente, en Francia (a diferencia de España) la desnudez está prohibida en los espacios públicos excepto los específicamente habilitados para ello. El Estado se inmiscuye en mi derecho a la imagen y a vestirme (o no hacerlo) como yo quiera, así que tampoco veo la trascendencia en que se aplique de la misma forma con el exceso de ropa como con el defecto.

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17 enero 2016

Bettina Rheims

Filed under: desnudez — Mendigo @ 18:16

Me acabo de percatar que hace tiempo que no llevo a cabo una de las operaciones de mantenimiento básicas en la bitácora, así que hoy Domingo me parece que es buen momento para pasar la bayeta. Emplearé para ello la obra de esta fotógrafa, que trata el cuerpo femenino (y, en ocasiones, masculino) de una forma muy interesante: consciente de su sexualidad y del poder que le confiere. Mujeres fuertes, poderosas, lascivas, confiadas.

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+ (more…)

27 diciembre 2015

Indecente

Filed under: desnudez — Mendigo @ 0:47

Leo que la policía danesa retiró una exposición de fotografías por considerarla indecente.

Antes de nada, un Estado moderno no debe erigirse en guardián del pudor (al que llaman moralidad), que pertenece al ámbito estrictamente personal. Además, vemos que en las sociedades europeas aún subsiste el error de confundir desnudez con sexualidad (ninguna de las fotografías alude a la sexualidad, mientras que podría sugerirse con modelos vestidos o incluso con objetos o formas), y de considerar la sexualidad como algo sucio o vergonzoso que debe ser ocultado, censurado, colocado hipócritamente tras las bambalinas de la sociedad.

Es muy revelador que incluso sociedades como la danesa, que lleva a gala su liberalidad de costumbres, no aventajan en mucho al paletismo islámico en el camino de la civilización.

El cuerpo humano, en su natural desnudez, no es indecente.

Tampoco la sexualidad, si es que hubiera rastro de ella en esas fotos, que yo no se la encuentro.

No. Lo indecente es esto: Dinamarca confiscará joyas y objetos de valor a los refugiados.

Indecente y varios grados más: despreciable ya se le va acercando un poco. Desvalijar a quien llama a tu puerta pidiendo ayuda es moralmente repulsivo, en todos los códigos morales habidos y por haber. Son tan pobres los daneses que les resulta demasiado gravoso acoger a unos miles de refugiados, mientras que Turquía, el Líbano o Jordania albergan a millones sin robarles sus pertenencias a cambio de su acogida.

Europa debería rearmarse éticamente en vez de encastillarse levantando unos barrotes que acabarán encerrándola.

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19 septiembre 2015

¡Follemos!

Filed under: desnudez — Mendigo @ 23:21

21 marzo 2014

La diferencia

Filed under: desnudez — Mendigo @ 11:50

Para retomar el hábito de la escritura voy a lanzarme con un tema más leve, una adivinanza del estilo de suplemento de periódico.

Veamos, qué diferencia apreciáis entre esta foto:

Y ésta:

¿Respuesta?

¡Ninguna!

No existe ninguna diferencia entre ambas imágenes, al menos ninguna diferencia cualitativa. Ambas mujeres cubren su desnudez con telas, según dicta el convencionalismo moral de sus respectivas sociedades. La diferencia es meramente cuantitativa, de centímetros cuadrados de tela o, inversamente, de superficie de piel expuesta al sol. Pero en ambas culturas existe el mismo concepto atávico de pudor, el mismo miedo irracional y supersticioso a la desnudez, inoculado durante siglos en la sociedad por la religión abrahámica (de la cual cristianismo e islam sólo son dos ramas o desviaciones heréticas, según el punto de vista de la rama o del tronco).

A pesar de que estas dos imágenes se muestran para ejemplificar la contraposición de dos culturas, realmente lo que muestran es que son una sola, en diferentes estadios de evolución (o involución, en el caso del mundo musulmán, wahabismo alimentado con petrodólares). Ambas culturas, musulmana y occidental, consideran nociva la exposición del cuerpo humano o determinadas partes de éste a las miradas ajenas. De hecho, uno de los primeros afanes de los misioneros en el nuevo mundo fue el de tapar “sus vergüenzas” a los pueblos aborígenes que no poseían en su cultura el veneno de la pudibundez. Como en tantas otras ocasiones, la moral religiosa se limita a la zona púbica, a la entrepierna, considerando vergonzosa la exhibición del cuerpo humano en su estado natural, muy en concreto sus genitales. Más allá de cuestiones de fornicio, y de obediencia ciega a los pastores de la grey, por supuesto, la moral se relaja. Las religiones abrahámicas (ni ninguna otra, en tanto que secreciones de la ideología dominante) no se muestran tan combativas con otras vergüenzas como la explotación humana, la opresión de una mayoría trabajadora por una minoría que acumula poder político, económico y militar. Antes bien, la disculpan y ofrecen aliviaderos a la presión social: la limosna y las obras de caridad. Por contra, el inofensivo desnudo merece la unánime reprobación de todos los rabinos, curas, popes, mulás y resto de mulas tordas que practican el chamanismo profesional e institucionalizado.

Todo esto reza por las noticias de piscinas y colegios en Francia o Alemania que prohíben bañarse a las mujeres/niñas con burkini, pero que de la misma forma prohíben a otros bañistas entrar en el agua completamente desnudos. No es la contraposición de dos mentalidades, sino la indeterminación de una sociedad occidental en vías de desarrollo (intelectual) que por un lado se avergüenza y rechaza lo que fue, y por el otro siente miedo a desprenderse totalmente de sus ataduras con el pasado, a cuestionarse la tradición, a arrancar el tabú de raíz en vez de irlo desvelando un centímetro cada década (la evolución de la mentalidad es casi tan lenta como los movimientos de las placas tectónicas).

Esta entrada se me ocurrió mientras repasaba unas fotos antiguas, y su leyenda:

Annette Kellerman promotes women’s right to wear a fitted one-piece bathing suit, 1907. She was arrested for indecency

¿A qué parece un burkini? Esa es la distancia entre el mundo musulmán y occidente, unas cuantas décadas. Nada más. ¿La tradición, las costumbres, los credos? La misma mierda en una y otra orilla del Mediterráneo.

Aquí vemos la evolución de la mentalidad en dos décadas, la lenta superación del miedo supersticioso inculcado durante siglos en las conciencia social, que se recupera lentamente del trauma causado por la imposición de la abominable religión semita en Europa (y de aquí, al resto del mundo).

Measuring bathing suits – if they were too short, women would be fined, 1920′s

Obviamente, la diferencia no es un poquito más, un poquito menos. Es cuestionarse la tradición, formular el más poderoso de los conjuros mágicos, recitar la oración de todo intelectual que lo sea, la shahāda del librepensador:

¿Y por qué?

Y su corolario:

¿Y por qué no?

A continuación, la mente que no escoge el camino trillado para ahorrarse el esfuerzo de pensar, tiene que aportar una respuesta intelectualmente válida, sólida, racional, según sus capacidades. Poner en cuestión el dogma, todo el corpus, y hacerlo metódicamente es mentalmente extenuante y, además, una invitación a meterse en problemas. Pero es que lo contrario, asumir acríticamente las convenciones sociales (la Tierra es plana, el Sol orbita en torno a ella…) nos conduce de vuelta a la prehistoria y, de esa estación, al estado animal.

Hasta un animal puede respetar la tradición, pero sólo el Homo sapiens sapiens (según se considera que el primo neanderthalensis nos prestó o no genes, hemos de añadir o quitar un sapiens para definirnos) que hace honor a su nombre científico puede cuestionarla.

La diferencia cualitativa es ésta:

Por supuesto, podría haber puesto unos cuerpos jóvenes, otro día hago otra entrada sobre desnudos, pero en este caso quería remarcar que no (sólo) es cuestión de estética sino de libertad de conciencia y pensamiento.

Con esto por supuesto no pretendo abogar por el burkini, que me parece un engendro, igual que la religión que lo promueve, aunque tampoco prohibiría su uso, cada uno es muy quien de romperse la cabeza contra la piedra que considere apropiada. Pero quería señalas el papanatismo de la sociedad occidental que sólo por estar unos pasos por delante en desarrollo social (y según y cómo) se considera el ombligo del mundo, sin percatarse que sus costumbres, tabúes y miedos no son más estúpidos e irracionales que los del vecino. Y también defienden e imponen sus fantasmas con la misma vehemencia e intransigencia.

¿O qué pasaría si en vez de ser una niña musulmana la que no quiere ponerse el bañador en la piscina del cole, hubiese otra niña (o niño) que quisiera dar la clase de natación desnuda? La que se podía liar ¿Dónde queda esa presunta superioridad cultural de esa Europa liberal? ¿Dónde el discurso emancipador de la mujer, el rechazo de los fundamentalismos y el triunfo de la razón?

Ahhhhhhhh carallo, sólo en las formas. Rascas con la uñita y salta la pintura, dejando al aire el herrumbroso repertorio de atavismos que arrastramos desde el medioevo.

Sirva esta entrada a modo de ejemplo, de vacuna contra la complacencia y el papanatismo occidentaloide, pues en el camino de la civilización sólo vamos dos pasitos por delante de otros pueblos (y repito, según y cómo), y aún ni se ve la posada al final del camino (ni se verá, eso es utopía).

Este tema puede parecer una banalidad, pero la tendencia europea al buenrollismo y las medias tintas, esa querencia a la hipocresía ajena al rigor intelectual, podemos encontrarla en temas más serios como el militarismo disfrazado de ONG (un progreso, el eufemismo de cambiar el nombre del Ministerio de la Guerra), o como en el tema estrella de este blog: la economía. ¿Es legítimo vivir del esfuerzo ajeno? Respuesta de la escuela socialdemócrata: bueno…esto…según…pero…

Realmente, prefiero la honestidad del resto del mundo. SÍ.

Incluso prefiero la inhumana honestidad de los que defendían abiertamente el esclavismo, sin tener que disfrazarlo de subempleo, salario mínimo, explotación infantil y otras formas de trabajo asalariado. Es otra forma de decir: contra Franco se luchaba mejor. Ahora el enemigo es taimado, ladino, se ha untado intelectualmente con aceite como los luchadores griegos. En la próxima entrada trataremos de arrancarle al capitalismo patriarcal otras caretas de papanatismo buenrollista.

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Aps! Mira, otra foto de nudismo:

Esto me permite otro comentario:

La cuestión de la independencia de Catalunya puede traer parejo el debate sobre el modelo de sociedad y, por consiguiente, de Estado. Para rehacer el sistema político hay que redefinir también (al menos, planteárselo) los sistemas social y económico.

Pero para eso es necesario abrir el melón y, si siguen unidos a España, ese discusión no se dará en décadas, quizá siglos. Es por ello que me encanta e ilusiona el proceso independentista abierto (además de, por qué no reconocerlo, para joder a los putos fachas). Se abre una ventana de oportunidad para la nación catalana de superar el orden actual y, si de ello se obtiene algo mejor, podremos aprovecharnos el resto de pueblos (aunque sea por ósmosis).

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