La mirada del mendigo

3 abril 2017

Exhibicionismo

Filed under: desnudez,Música — Mendigo @ 14:39

Se me acaba de venir a la mente una curiosa paradoja: es precisamente en las playas nudistas donde el exhibicionismo es una actitud más infrecuente, mientras que en las textiles buena parte del personal va a lucir palmito y/o observar al resto del ganado: un hortera mercado de carne, con la sesión nocturna en los bares de moda. En las nudistas, como sabéis los habituales, la peña va más a su bola, a disfrutar del sol y el mar en un ambiente mucho más relajado (hasta los putos críos, coincidimos algunos de los frecuentes, en las nudistas son mucho más silenciosos).

Además de que por una simple y natural selección son espacios libres de machirulos y verduleras, meapilas y follacabras, mascachapas, chonis y demás garrulada. Comentaba con Daniel el buen ambiente que había en Chueca, sin el agobio de los machotes buscabroncas. La desnudez actúa, como la homosexualidad, como repelente de paletos.

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Y para que os cunda el paseo de dejaros caer por aquí, sólo para leer semejante nadería, os dejo con un grupo neoclásico ruso: Caprice.

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Y si queréis seguir explorando nuevos sonidos o algunos ya conocidos y quizá olvidados, tenéis El Acantilado, ahora en una singladura exclusivamente digital.

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28 agosto 2016

El ridículo debate del burkini

Filed under: desnudez — Mendigo @ 8:31

Estoy harto de tanta tontería, elevada a la categoría de asunto de Estado.

En breve: señores, señoras, el bikini y el burkini son en esencia lo mismo. Se trata de trajes de baño para cubrir la desnudez, que es percibida como pecaminosa por un tabú muy arraigado en el imaginario judeocristiano (zarrapastrosa madre del cual el islam es el hijo tonto).

Es increíble que no sepamos reconocer que el miedo a la desnudez que puede sentir una musulmana, que le lleva a ponerse ese adefesio, es exactamente el mismo que nos hace tomar el sol o bañarnos con un trozo de tela en forma de bermudas o bikini. Insisto, el prejuicio sobre mostrar el cuerpo desnudo es exactamente el mismo, la diferencia es de gradación, de centímetros de tela, de un consenso sobre qué partes se pueden enseñar y qué no.

Occidente va superando, muy lentamente, sus temores irracionales y se va despojando de ropa, liberando nuevos centímetros cuadrados de piel al contacto del sol, del aire y del mar. Se liberan unos centímetros más, y descubre que no pasa nada, no se derrumba el orden social establecido (ojalá fuera tan fácil). Y, tras unos años de generalización del nuevo pasito hacia la desnudez, el campo está preparado para un nuevo avance.

El debate pues entre Occidente y el islam no es pues si la desnudez es vergonzante, en lo esencial ambas sociedades están irracional y lamentablemente de acuerdo (la profusión de pixelados en Internet, por la palurda, pudibunda e hipócrita mentalidad gringa; como si los coños mordiesen o las pollas hiriesen). Sólo discuten aspectos cuantitativos, sobre qué partes del cuerpo es aceptable enseñar y cuáles deben ser cubiertas por pudor (aquí) o modestia (allá). Incluso en el seno de estas mismas sociedades no hay acuerdo, estando el top-less mal visto por los paletos de aquí, o los ultraortodoxos musulmanes exigiendo guantes negros para las mujeres.

La razón dicta, sin embargo, que ese miedo no tiene fundamento. En las playas nudistas compartimos un espacio público desnudos, y no nos abalanzamos como bestias unos sobre otros en un frenesí dionisíaco (lástima, por otra parte). Lo racional es prescindir del vestido en aquellos momentos y actividades en que la tela es un estorbo. Sin duda, bañarse o tomar el sol es un buen ejemplo de cómo los tabúes enraizados en nuestra sólo superficialmente moderna sociedad nos obligan a adoptar conductas ridículas, absurdas por miedos irracionales inoculados en la niñez. Un niño no comprende por qué debe cubrir su cuerpo, y tampoco sus padres lograrían entenderlo y se perpetúa el tabú bajo el argumento genérico de que “eso está mal”. ¿Está mal? ¿Por qué está mal? No está mal, está cojonudo. Desde que descubrí hace muchos años el placer de nadar desnudo entre las olas, no me vuelvo a poner un sinapismo de tela ni loco. Me sentiría idiota luego, con ese emplasto mojado pegado al cuerpo. Y todo por miedo a ocultar una parte de mi cuerpo que, la verdad, tampoco tiene nada de especial. Más o menos, como todo el mundo.

Señores, a ver si vamos siendo capaces de identificar nuestros propios miedos antes de reprobar los de los demás. No existe en la desnudez nada pernicioso; de hecho, es una excelente terapia para aceptarnos tal y cual somos, para sentirnos bien dentro de nuestra piel. Despojarnos de la ropa es un excelente recordatorio de nuestra condición de seres humanos, escindidos de la Naturaleza por la potencia de nuestro cerebro pero ni mucho menos independientes de ella.

La basura que las religiones han sembrado sobre la desnudez y la sexualidad (asociando ambas, por cierto) no tiene ninguna base científica. De hecho, es envidiable ver cómo juegan en las playas nudistas niños para los cuales la desnudez es un estado natural (que lo es), que no han sido intoxicados por la culpa y el miedo. Tienen una ventaja sobre los demás, una losa de ignorancia y miedo sobre un aspecto fundamental de nuestra existencia con la que no tendrán que cargar. Su adolescencia, cuando empiecen a interesarse por el otro sexo, será mucho menos traumática, sin equívocos ni tropiezos debidos al oscurantismo.

La práctica del nudismo, la normalización de la desnudez en nuestras sociedades debería ser promovida, y no perseguida.

Por lo tanto, resumiendo. Lo opuesto al burkini no es el bikini, de hecho son dos piezas del mismo catálogo, dos aparatos que sirven al mismo miedo ancestral. No, lo opuesto al burkini es superar ese miedo y sentirnos confortables en nuestro cuerpo.

El burkini es absurdo y grotesco, y el bikini sólo algo menos (pero algo más hipócrita, pues si es cierto que la desnudez es perniciosa, un bikini revela perfectamente el cuerpo). No existe mal alguno en la desnudez, así que no seas musulmán (el que se somete); no te sometas a los miedos irracionales con los que tu conciencia fue constreñida de niño y… ¡libera tu cuerpo!

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En cuanto al veto francés, realmente, no le veo tanto recorrido como para abrir portadas. No me gusta el concepto de civilizar por la fuerza, aunque también entiendo que la población musulmana está sometida a una reprogramación involucionista promovida y financiada desde las petromonarquías, y los Estados occidentales deberían contraprogramar ese veneno retrógado fomentando la racionalidad (aplicándonos, como hemos visto, primero nosotros el cuento), la libertad (enemigo cerval del islam).

Ahora, tampoco me voy a rasgar las vestiduras por que se legisle proscribiendo ciertos modos en el vestir, cuando yo mismo soy reo de los mismos. Efectivamente, en Francia (a diferencia de España) la desnudez está prohibida en los espacios públicos excepto los específicamente habilitados para ello. El Estado se inmiscuye en mi derecho a la imagen y a vestirme (o no hacerlo) como yo quiera, así que tampoco veo la trascendencia en que se aplique de la misma forma con el exceso de ropa como con el defecto.

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17 enero 2016

Bettina Rheims

Filed under: desnudez — Mendigo @ 18:16

Me acabo de percatar que hace tiempo que no llevo a cabo una de las operaciones de mantenimiento básicas en la bitácora, así que hoy Domingo me parece que es buen momento para pasar la bayeta. Emplearé para ello la obra de esta fotógrafa, que trata el cuerpo femenino (y, en ocasiones, masculino) de una forma muy interesante: consciente de su sexualidad y del poder que le confiere. Mujeres fuertes, poderosas, lascivas, confiadas.

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27 diciembre 2015

Indecente

Filed under: desnudez — Mendigo @ 0:47

Leo que la policía danesa retiró una exposición de fotografías por considerarla indecente.

Antes de nada, un Estado moderno no debe erigirse en guardián del pudor (al que llaman moralidad), que pertenece al ámbito estrictamente personal. Además, vemos que en las sociedades europeas aún subsiste el error de confundir desnudez con sexualidad (ninguna de las fotografías alude a la sexualidad, mientras que podría sugerirse con modelos vestidos o incluso con objetos o formas), y de considerar la sexualidad como algo sucio o vergonzoso que debe ser ocultado, censurado, colocado hipócritamente tras las bambalinas de la sociedad.

Es muy revelador que incluso sociedades como la danesa, que lleva a gala su liberalidad de costumbres, no aventajan en mucho al paletismo islámico en el camino de la civilización.

El cuerpo humano, en su natural desnudez, no es indecente.

Tampoco la sexualidad, si es que hubiera rastro de ella en esas fotos, que yo no se la encuentro.

No. Lo indecente es esto: Dinamarca confiscará joyas y objetos de valor a los refugiados.

Indecente y varios grados más: despreciable ya se le va acercando un poco. Desvalijar a quien llama a tu puerta pidiendo ayuda es moralmente repulsivo, en todos los códigos morales habidos y por haber. Son tan pobres los daneses que les resulta demasiado gravoso acoger a unos miles de refugiados, mientras que Turquía, el Líbano o Jordania albergan a millones sin robarles sus pertenencias a cambio de su acogida.

Europa debería rearmarse éticamente en vez de encastillarse levantando unos barrotes que acabarán encerrándola.

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19 septiembre 2015

¡Follemos!

Filed under: desnudez — Mendigo @ 23:21

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