La mirada del mendigo

1 diciembre 2014

При́пять, o la comparación del monte gallego con Chernobyl

Filed under: ecología — Mendigo @ 13:17

Hoy estoy travieso, y vais a permitirme una maldad.

Pripyat es la ciudad más próxima a la central nuclear de Chernobyl, de hecho más que la misma Chernobyl. Era una población de nuevo cuño al lado de la planta (menos de 2km) levantada para alojar a los trabajadores de la central. Evacuada tras el desastre y, desde entonces, dentro de la zona de exclusión (de hecho, fue el epicentro de la tragedia y ahora es un lugar mítico de la subcultura postmoderna), éste es el aspecto que presenta hoy:

Pues…no está tan mal. De hecho, incluso tiene muy buena pinta, la masa forestal que ha engullido a la ciudad fantasma, desde el cielo.

Ayer estuvimos paseándonos por as fervenzas do Oitavén y, desde luego, el paisaje no era ni comparable. Os ruego que entréis en ambas vistas del Google Maps y comparéis el entorno de la central de Chernobyl con el del sitio donde estuvimos ayer…o cualquier otro punto de toda la Serra do Suído.

Y tiene gracia, una gracia loca, decir que la zona cero del accidente nuclear más espantoso de la historia, tras sólo 28 años, presenta un mejor aspecto que un rincón escondido en la falda del Faro de Avión. Además, un rincón que precisamente es de lo mejor conservado de la provincia (Pontemierda), por el que pasan rutas de senderismo y al que acuden visitantes para admirar la pretendida riqueza natural de Galicia. Toxo, xesta, toxo, xesta, eucalipto, eucalipto, eucalipto, eucalipto…

No quiero banalizar la situación, el accidente de Chernobyl fue terrible, una salvajada consecuencia de la mezcla de una incompetencia supina en su control (un RBMK tiene coeficiente de vacío positivo, es intrínsecamente susceptible de embalamiento y, por lo tanto, debería haber aconsejado hacer los ensayos, en laboratorio y con gaseosa) y una falta absoluta de interés por la seguridad en su diseño (una estructura de contención como es norma en Occidente hubiera reducido drásticamente la proyección de material radioactivo fuera del recinto).

La vida vegetal es más resistente al potencial mutagénico de la radiación, por lo que tampoco es del todo justa la comparación con el estado de la flora gallega. Pero es que también entre la vida animal se empieza a percibir un resurgimiento, y se han descrito especies ya extintas en esa parte de Ucrania hacía décadas como osos, búhos reales, linces o alces (incluso el investigador habla de aves anidando en el sarcófago del reactor, lo cual es curioso porque yo no veo que ningún pájaro anide en los eucaliptos). ¿Tenemos alces en Galicia? No, porque no es su región climática, pero sí que lo es de osos, búhos reales o linces. Uno llega a pensar que quizá lo que necesita la naturaleza gallega para recuperarse es una descomunal central nuclear que explote sin ningún recinto de contención, y obligue a los gallegos a desalojar un área de decenas de kilómetros, creando un inintencionado pero severamente respetado parque natural.

Transcribo del artículo de la BBC un párrafo que creo que es clave para entender esta explosión de biodiversidad en lo que debería ser uno de los lugares más inhóspitos del globo: “There may be plutonium in the zone, but there is no herbicide or pesticide, no industry, no traffic, and marshlands are no longer being drained“.

Y, para terminar, otra investigadora que abunda en mi tesis de que el ser humano (sobre todo la subespecie de Homo galaicoi) es más dañino que el cesio-137 y el estroncio-90): “the benefits to wildlife of removing people from the zone, have far outweighed any harm from radiation“.

Por supuesto, no quisiera yo infravalorar los riesgos de la radiación remanente tras la explosión. El decaimiento de los radionucleidos sigue un patrón logarítmico, es decir, la radioactividad cae mucho los primeros instantes tras el accidente (la mayoría del cóctel de radioisótopos que hay en el núcleo de un reactor son aberraciones de la materia de vida muy corta) pero queda un resto de radioactividad que va decayendo muy lentamente (empleando los siglos, milenios e incluso eones como unidad de medida).

En las calles de Pripyat estaríamos sometidos a una dosis de 1 μSv/h (según zonas, por ejemplo se miden 0,7 μSv/h en el instituto, 0,9 μSv/h en las piscinas, 1,5 μSv/h dentro de las torres de refrigeración de la central hasta 22 μSv/h en el cementerio de la villa, que no ha sido descontaminado por respetar las tumbas). Lo cual es mucho, e incapacita el lugar para su ocupación humana durante muchas décadas, quizá siglos (lo cual es una magnífica noticia para el resto de seres vivos que habitan ahora allí). En el entorno de la central estaríamos expuestos a unos 5 μSv/h, más o menos la dosis que recibimos en un viaje de avión debido a la radiación cósmica.

Claro, esa es la diferencia, en Galicia hemos destruido nuestros ecosistemas terrestres y costeros, pero al menos estamos libres de esa maligna radioactividad que todo el mundo teme, pues las centrales nucleares más próximas son las de Garoña (ahora felizmente parada) y Almaraz, a cientos de kilómetros de distancia. ¿Qué alivio, no?

Jejejeje

Pues sí, al menos en radioactividad estamos algo mejor que Pripyat, pero sólo algo. Y según y como peor que la ciudad de Chernobyl (que, como dije, estaba un poco más lejos de la central, a unos 15km). Sí, sí, en según qué partes de Galicia, y la zona que visitamos ayer es una de ellas, un contador Geiger registraría más tics que la evacuada ciudad de Chernobyl.

En las viviendas o en el cementerio de Chernobyl se registraban en 2009 (año de confección de la tabla) medidas de 0,2 μSv/h. Mirad este mapa del Proyecto Marna (Mapa de Radiación γ Natural):

marna

Como veis, la radioactividad ambiental, de origen natural, en las zonas graníticas de la península alcanza los 25 μR/h. Un momento, que os hago el cambio de unidades de Roentgens a Siervet: 0,23 μSv/h.

Vaaaya, así que el gracias al afamado granito gallego (aquí se construyen de piedra hasta los gallineros, quien use otro material es un muerto de hambre) tenemos una radioactividad ambiental superior a la que nos encontraríamos paseando por la zona de exclusión, en las calles de Chernobyl. Vamos a liquidar cuanto antes ese estudio no vaya a leerlo alguien y se hundan las canteras de piedra de Porriño, que exportan a medio mundo.

Pero no nos equivoquemos, el estado deplorable de la naturaleza gallega no se debe al radio ni al torio de sus rocas, que estuvo siempre allí. Ni mucho menos. Se debe a la devastación producida por el hombre, desde luego no por las inexistentes centrales nucleares o la prácticamente inexistente industria gallega (como la PSA se acabe de hundir, ya le podemos quitar el “prácticamente”, al menos en la provincia), sino por la sobreexplotación agrícola y ganadera, seguida del abandono, incendios recurrentes y plantación de especies foráneas, pino y eucalipto (más otras invasoras, como las mimosas).

Espero que sepáis disculparme la maldad, pero la ocasión de comparar el infierno nuclear de Chernobyl con el paraíso natural gallego, y que el primero saliese claro vencedor de la comparación en términos de biodiversidad, era demasiado irresistible para dejarla pasar sin aprovecharla. Tendré que buscar algún contendiente que esté a la altura de Galicia en términos de biodiversidad, de conservación de los ecosistemas. Quizá fuera de la órbita terrestre…pero tampoco que ya sabemos que hay un gallego en la Luna. Quizá haya algún exoplaneta que aún esté libre de nuestra tóxica presencia.

XDDDDDDDDDDDDDDDDD

Me río, pero es terrible constatar que el impacto ecológico de lo que aquí se considera normal, quemar el monte o llenarlo de eucaliptos, es superior a una terrible catástrofe nuclear tras cinco lustros de recuperación. Y lo peor de todo es saber que dentro de otros 25 años, el estado ambiental en el entorno de la central de Chernobyl será mejor, mientras que esperar lo mismo en Galicia no es optimismo, sino ignorancia.

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Insisto. Por favor, os lo ruego, echadle un vistazo al Google Maps y comparad ambos entornos.

27 noviembre 2014

Alberto Mvundi

Filed under: ecología,Música — Mendigo @ 19:47

Decía Wen que su voto no iría a Podemos (las razones que expone, las podéis leer en los comentarios de la entrada correspondiente y comentar a su vez). Según me leía su comentario me hice con cierta preocupación la misma cuestión: ¿y a quién demonios voy a votar yo esta vez?

La respuesta me la he dado hoy mismo, paseando por un precioso bosque mixto de robles y alcornoques (las áreas de distribución de ambos primos se solapan en la Galicia meridional, algo más cálida y seca) en el concello de Boborás. O más bien por lo que quedaba de él, asediado por las plantaciones de pinos y eucaliptos con que algunos desaprensivos le cambian la faz a su madre.

El sentido de mi voto es claro: se lo llevará aquel partido que se comprometa a exterminar las especies invasoras y devolver los bosques a su estado original (si no primigenio, sí pre-industrial). Y, de paso, que haga lo mismo con los traidores que alteran de este modo el ser más íntimo de esta tierra.

Nota: Obviamente esto es último broma. Lo de exterminar a quien los planta, digo, no que sean traidores despreciables que lo son.

Me da igual el partido que sea, quien lo lleve en su programa y con visos de cumplirlo, a ese escogeré. Vale, no voy a votar a la derecha, pero es que la derecha no va a llevar eso en el programa porque precisamente el eucalipto es su árbol. Cito al diputado onubense (en Huelva ENCE tiene una planta de pasta de papel, luego saben también ahí abajo de este problema) Carlos Navarrete, allá por el año 79:

“El eucaliptus es un árbol de derechas porque sólo produce beneficio al empresario. Es genocida porque afecta a la fauna y a la flora. Es anticristiano porque va contra lo que debe ser el idílico paraíso terrenal; y es además un vampiro vegetal, analfabeto e imperialista”

Hay otros problemas, pero yo sin Naturaleza no puedo vivir. Podremos ser más o menos ricos, pero una vez asegurado un mínimo vital, la cantidad de cosas que pueda adquirir es de importancia menor al lado del disfrute que me supone poder sumergirme en un medio natural bien conservado. Si me falta eso, soy pobre; no tengo nada y todo pierde su valor.

El partido que me ofrezca preservar y devolverme esa riqueza perdida, tendrá mi voto.

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La banda sonora corre a cargo de un cantautor angoleño que he tenido el placer de conocer hace poco. Galaicoangoleño, pues reside desde hace años no Baixo Miño. A ver qué os parece.

14 diciembre 2013

ARBA

Filed under: ecología — Mendigo @ 9:12

Breve entrada para dar a conocer la gente de ARBA, Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono.

Su actividad principal consiste en restaurar zonas degradadas plantando o sembrando especies autóctonas. No es tanto el valor de la superficie plantada sino el promover actuaciones que conciencien y eduquen a la ciudadanía en la importancia de la preservación de los ecosistemas.

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Este grupo no tiene implantación en Galicia y realmente no podría tenerla.

Primero, porque aquí no interesa, ya que el paradigma gallego es justo el contrario, cubrir todo el país de plantaciones industriales, no dejando espacio para árboles cuyo ritmo de crecimiento no casa con estos enloquecidos tiempos modernos (roble, encina, alcornoque, haya, tejo, abedul, arce…).

Segundo, porque esta gente tiene que pedir permisos y repoblar monte de propiedad pública. En Galicia no existe tal cosa, prácticamente todo el monte gallego es de propiedad privada (unipersonal o colectiva, las malditas Comunidades de Montes), lo que explica el estado de destrucción absoluta de los ecosistemas terrestres gallegos, explotados con la única consideración del beneficio económico cortoplacista de sus propietarios; sin otros considerandos como la protección de los ecosistemas, la riqueza paisajística o el desarrollo del ecoturismo para el resto de los ciudadanos.

Y tercero, porque qué más da que plantes lo que sea si tarde o temprano va a acabar sucumbiendo a las llamas, incluso en estos días con heladas de -10ºC.

Ya tenéis resumidos en tres puntos la razón de que Galicia no sólo sea pobre económicamente, sino también biológicamente. En afortunada expresión de los ecologistas brasileiros: un desierto verde.

17 noviembre 2013

Vía libre

Filed under: ecología — Mendigo @ 20:30

Máis viñetas de Davila en: O Bichero.

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E máis de Xosé Lois en Carrabouxo

15 noviembre 2013

La hoguera

Filed under: ecología — Mendigo @ 19:52

No quería que pasara más tiempo sin desempolvar un marcador que tenía por ahí guardado. Es un ejemplo de libro de periodismo de palacio, que tiene cosas interesantes que comentar.

Los párrafos del artículo, en itálica roja.

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José Rodríguez Ramos, Pepe, es célebre en esta vuelta monumental de la Costa da Morte. Dicen que nadie sabe más del monte que fue bautizado por el escritor Otero Pedrayo como el Olimpo de los dioses celtas. El 19 de enero cumplirá 80 años. Con solo seis, cuando todavía vivía en el lugariño de O Fieiro, un grupo de casas en la ladera que el otro día se vio cercado por el fuego, tuvo que hacerse cargo del rebaño familiar. Llegó a tener 200 cabras de una raza autóctona que está extinguida. […] Por las fiestas del apóstol Santiago vendíamos camiones de cabras, pero entre 1954 y 1955 se acabó todo: vinieron los forestales del ministerio y repoblaron con pino y eucalipto las laderas del Pindo donde pastaba el ganado. Las cabras, las ovejas, las vacas y las yeguas fueron prohibidas. Tuvimos que vender los rebaños como pudimos”, describe. Con la desaparición del ganado, la maleza se desmandó. “Antes todo era campo, hierba y piedras”, pero entonces se empezó a acumular la leña seca en el monte. Pepe, al igual que el alcalde, Ramón Noceda (BNG), y la Guardia Civil, no duda de que el incendio que ha devastado su paisaje querido ha sido intencionado. “También en mis tiempos de pastor prendíamos fuego para hacer pastos, pero nunca se nos escapaban. Los animales mantenían todo limpio”.

Limpio=yermo, en la cabeza del paisano gallego. Pero reparemos en este párrafo porque es muy interesante, nos da las claves de la evolución del campo gallego en los últimos dos siglos. El progresivo crecimiento demográfico conllevó el retroceso de la frontera natural, los robles eran talados y sustituidos por tierras de labor o pastizales. La bajísima productividad del campo gallego, en el que había que sacarle a la tierra el sustento con las uñas, pues no había más medios, llevó al aprovechamiento agropecuario de una buena parte de lo que habían sido ecosistemas boscosos.

A finales del s.XIX (pino) y principios del s.XX (eucalipto) fueron introducidas especies forestales de ciclo corto para abastecer a una industria papelera y maderera. La dictadura, en el reparto de roles, había determinado que a Galicia le correspondía el papel de aserradero de madera barata de España.

En ocasiones se ocuparon las tierras antes destinadas a pastos o labranza, otras los monocultivos invasores sustituyeron directamente a un devaluado roble, cuya velocidad de crecimiento no convenía a las prisas de los tiempos modernos y la codicia del capitalismo.

La fortísima emigración que ha sufrido Galicia durante décadas llevó al abandono de las parcelas de peor calidad o más alejadas de los núcleos de población. Estas tierras abandonadas tuvieron dos suertes: o fueron también ocupadas por repoblaciones de pinos (interior) o eucaliptos (costa), ya que son especies que no precisan prácticamente de mano de obra, el dueño las planta y no vuelve por ahí hasta 15 años más tarde. O simplemente se abandonaron y fueron ocupadas por monte bajo (xestas, carqueixas, codesos, toxos, silvas, fentos…). Aunque son percibidos por los aldeanos (incluidos los que se sientan en los escaños do Pazo do Hórreo) como suciedad, lo cierto es que es el proceso natural de regeneración de un ecosistema. Como es bien sabido, los toxos, las xestas hacen un estupendo abono, y preparan la tierra para especies de mayor porte. Así, con el paso de los años, de las décadas, el bosque vuelve a ganar espacios perdidos.

En ese párrafo de la noticia se mencionan tres atentados contra la Naturaleza:
1) la roturación de tierras para el cultivo o su quema para mantener pastos
2) la plantación de especies alóctonas, que desplazan el bosque atlántico autóctono
3) la quema de la avanzadilla de la Naturaleza, el monte bajo, con el fin de mantener el monte “limpio”, sea para caza, sea por motivos laborales, sea para pastoreo. Estaríamos de nuevo en el caso 1, pero como ahora hay más tierra sin aprovechamiento, afortunadamente para la Naturaleza, las superficies afectadas son mayores.

El caso 1) es disculpable pues eran tiempo de mucha necesidad y la primera obligación del ser humano es la supervivencia. La 2) se llevó a cabo por pura codicia, y la 3) no tiene hoy día ninguna disculpa.

También están los incendios que afectan a las plantaciones de pinos y eucaliptos, pero al no ser ecosistemas sino monocultivos, no lo computo como agresión natural. La agresión fue ponerlos ahí, ahora ya poco daño más va a hacer, en especial en el caso del eucalipto. Este tipo de fuegos suelen tener explicación en conseguir madera barata, forzar una tala ante apuros económicos de algún comunero, o gente de los mismos servicios de extinción (no necesariamente los brigadas, también pudiera ser algún contratista).

Pero venga, vamos a aceptar por bueno por un momento el argumento de la limpieza de los montes. ¿Sería viable económicamente? Poner a un cuadrillas de peones con desbrozadoras por todos los montes gallegos. Son unas dos millones de hectáreas. Suponiendo un rendimiento de 1.000 m² por hombre y día, el cual es muy variable según las condiciones de la vegetación y la orografía, así que soy generoso en la estimación…me sale un ejército de 55.000 personas rozando, (limpiando, en su vocabulario) el monte gallego. Entre sueldos y material, 1.100 millones de euros. Eso supone una octava parte del presupuesto gallego, año tras año, para…¿para qué?

El objetivo principal, que es evitar los incendios, no se cumpliría. Os puedo mostrar fotos de parcelas que habían sido desbrozadas, y por las cuales habían pasado igualmente las llamas. En todo caso, retrasa la propagación, todo lo más. Pero si alguien está determinado a quemar un sitio, ese lugar arderá a menos que esté arado. E incluso así, porque si hay árboles, porque el fuego se propagará por las copas ¿o la limpieza incluye también talar los árboles, como proponía Bush?

Y si desbrozamos donde sólo hay monte bajo…¿qué queda? ¿las peñas? ¿Ese es el modelo de Galicia que queremos? Así nunca se podrá regenerar el bosque, entre fuegos y desbroces abrimos la puerta a la pérdida de suelos y la desertificación. Y para revertir ese estadio de destrucción hacen falta mucho más que unas cuantas décadas.

Ya vemos que económicamente no es factible (¿qué colegios u hospitales hemos de cerrar, para pagar el desbroce de toda Galicia?).Pero lo principal ¿es acaso deseable? Como hemos explicado mil veces, el sotobosque es una parte inherente del bosque, es refugio y alimento de las especies que en él se cobijan. No es suciedad, es vida. Por poner un ejemplo, hay especies de pájaros que nidifican en los árboles muertos, otras entre las espinas de los arbustos, más un montón de invertevrados xilófagos que desaparecen si pretendemos convertir un ecosistema en un jardín, despoblado de otra cosa que no sean árboles jóvenes. Si a un bosque le quitamos esa fracción, estamos mutilando ese ecosistema. Es un atentado ecológico.

Es normal que en una plantación forestal haya podas y desbroces. Lo que no es normal es que el 100% del territorio forestal gallego sea considerado una maldita plantación, quedando un 0% del territorio gallego protegido de la acción antrópica. Las figuras de protección, incluso las más altas como los Parques Naturales (en Galicia no existe ningún Parque Nacional en tierra), son poco más que papel mojado. Un espacio donde se pueda repoblar con eucalipto o con lo que venga en gana, no puede ser entendido de ninguna de las maneras como que la Naturaleza cuenta con algún tipo de protección. Cero.

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Seguimos leyendo la realidad paralela oficial:

Los expertos coinciden en que Galicia arde porque la mitad de su territorio es bosque (una superficie forestal arbolada de más de 1,4 millones de hectáreas, casi la mitad de la comunidad, según cálculos de la Xunta), y dos tercios, monte (esta cuenta incluye también el monte bajo). Arde, además, porque este monte, que en un 96% está en manos privadas o comunales, se distribuye fundamentalmente en un minifundio difícil de cuidar y el campo sufre un abandono galopante (con más de 1.400 núcleos deshabitados y unas 2.060 aldeas que agonizan con una o dos personas).

Vamos a ver, el monte no arde porque sea así o asá, el monte arde porque hay alguien que pone una caja de cerillas con una fuera o una botella de gasolina con mecha y la enciende. Si perdemos de vista que existen responsables directos, criminales ecológicos, no nos enteramos de nada. ¿Quién es y por qué lo hace? Esa es la pregunta que ni este artículo, ni la fiscalía ni el servicio del SEPRONA saben o se atreven a responder.

Pero vamos a analizar al detalle lo que afirma. Arde porque es bosque: efectivamente, como decía Bush, la culpa es de la vegetación. El desierto no arde.

La propiedad de la tierra, eso sí que es un dato interesante que explica la mala administración y el cortoplacismo que afecta a Galicia. Toda la superficie gallega se ha declarado como apta para su aprovechamiento económico. Incluso en los mismos parques naturales (como as Fragas do Eume) se siguen plantando eucaliptos y pinos. Todo el monte es privado, y en él el único valor a tener en cuenta es el económico. Un particular no puede pensar de aquí a 100 años vista, quiere tener una rentabilidad inmediata. La privatización del monte gallego tras la desamortización está en el origen de la calamidad que ha convertido a Galicia en el lugar más profundamente deteriorado, más horrendo de la Península (como siempre, con el permiso de Portugal).

A continuación, menciona el abandono de las tierras y su abandono. Este abandono es provindencial para la Naturaleza. No es un fenómeno extraño, en Francia o en Alemania el proceso fue parejo. La industrialización y el desarrollo económico trajeron consigo el éxodo rural, aquí y en todo el orbe. Quien lo lamenta lo tiene fácil: que coja el arado y el macho, y vaya a trabajar una tierra que queda a una hora andando de la aldea, o que vaya con las ovejas el doble de esa distancia. Es un proceso natural el abandono de tierras, aquí como la superficie ocupada había sido mayor que en otras partes este fenómeno se vive con más intensidad, eso es todo. Pero sólo en la esquina noroeste lleva aparejado incendios.

Sí que es cierto que el minifundismo limita las posibilidades de poner la tierra en producción. Pero en todo caso sería para las mejores tierras, pero la mayoría son tierras que sólo se pusieron en cultivo por el hambre y la desesperación de la gente, cuyo aprovechamiento ahora no sería económicamente rentable y deben de nuevo pasar a ser dominio de la Naturaleza. Que no está sucia, sucia está la cabeza de quién ve suciedad en ella, en la Naturaleza no existe el concepto de suciedad. Está recuperándose, lentamente, de la agresión sufrida con el arado y el pastoreo.

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Siguiente párrafo que toca uno de los lugares comunes, léase idioteces, más repetido cuando un tipiño de ciudad habla de estos temas:

A este cóctel se añade un ingrediente único: una arraigada cultura del uso rural del fuego, tan enraizada que, según una investigación del CSIC (Joeri Kaal, 2011), se remonta a hace 6.000 años, cuando los cazadores de entonces se hicieron ganaderos.

Ya está, la cultura del fuego. Aún en el Calcolítico ya había gallegos que les daba por quemar el monte, seguro que ya de aquella había gaitas. Lo que no entiendo es que si llevamos 6.000 años quemando el entorno, cómo es que hay aún algún árbol, en concreto algunos milenarios. Si fuera verdad esa chorrada, el suelo galaico sería parecido a la Isla Perejil. Que no dudo que ése es su destino, pero eso es por la desgracia de los gallegos del s.XX y XXI, no por los grupos prehistóricos.

No se me ocurre profesión más despreciable que la de periodista, sin llevar uniforme. Vamos a ver, el uso del fuego como medio de roza para la creación de pastos y tierras de cultivo seguramente es muy anterior a esa datación, y nos iríamos a los pueblos del mesolítico, practicando una agricultura de una sola siembra en las fértiles cenizas tras el incendio.

Pero pretender que eso está en los genes o en la cultura gallega es una soberana estupidez. En todas las sociedades agrícolas se emplea el fuego para desbrozar o para eliminar rastrojos. En Cuenca se queman rastrojos, en Valladolid se queman rastrojos, en Poitiers se queman rastrojos, y nunca lo he visitado, pero estoy seguro que en el Paraná también se queman rastrojos. Y con fuego se abren nuevos espacios para la agricultura o el pastoreo, sea en la Amazonía o en la Isla de Java.

El fenómeno de los incendios forestales en Galicia es propio de la época moderna, comenzando en el último tercio del s.XX. Cualquier viejo en los pueblos os lo podrá explicar, y quedan señales evidentes de ello: la prueba es que había unos bosques que es precisamente ahora que están desapareciendo. Ejemplares que tardaron siglos en crecer, y ven la muerte justamente en nuestra época.

Por supuesto que siempre ha habido fuegos, pero su incidencia no era mayor que en cualquier otra parte del mundo con nuestras condiciones de clima y vegetación. Los incendios recurrentes, una y otra vez sobre la misma zona, es un fenómeno actual. Decir que es algo propio de la cultura gallega es insultarla desde el desconocimiento…que es lo que hace el Capitán del Seprona:
A esto hay que sumar “la cultura del empleo del fuego para tareas agrarias”, que convierte en un polvorín las provincias más cálidas, Ourense y Pontevedra..

Esto lo dice el jefe gallego del SEPRONA. Pues apaga y vámonos (la luz, porque el fuego es incapaz, ni de prevenirlo ni de apagarlo). Este fulano o no tiene ni puta idea de lo que habla, o miente a sabiendas. Desde hace años, bastantes, ya nadie quema rastrojos en verano (la prohibición empieza en Mayo, creo). Se queman fuera de la época de peligro y pidiendo un permiso. Sólo a un loco se le ocurriría hacerlo sin permiso, porque en diez minutos tienes a la Guardia Civil en el lugar y te cae una multa del copón bendito. Pues se ve poco, la humareda de restos agrícolas, generalmente aún con un alto contenido de humedad. O no tiene ni idea de lo que habla, y es muy grave porque es su trabajo, o está tratando de desviar la atención, lo cual es mucho más grave.

Yo me paso el verano en el monte, en la zona más activa de incendios del puto Estado español, y desde hace años no he visto a nadie quemando rastrojos en verano. Eso es una práctica que acabó hará ya una década, cuando empezaron a arreciar las multas.

Que aún habrá algún loco que lo haga, pero es algo muy esporádico y que no explica la oleada de incendios que sufrimos todos los años. De todas formas, un fuego originado por una quema de rastrojos descontrolada es sencillísimo determinar la autoría (el dueño de la parcela donde se originó el incendio).

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“Nunca hemos podido constatar la existencia de tramas”, asegura Salvador Ortega, capitán de la jefatura central del Seprona, con gran experiencia en los incendios.

No dudo de su experiencia. Dudo de su inteligencia, de su capacidad para determinar las causas de los incendios. A tenor de los resultados, parece justificada la duda. ¿Cuánta gente está en prisión condenada por los incendios? Todos los años arde esta tierra por todas partes, cada día una columna de humo, dos, tres…y la policía no consigue recabar pruebas para mandar a nadie a la cárcel. Bueno, sí, de vez en cuando pillan a algún desgraciadiño, pero a los profesionales…¡quia!

Que yo no haya visto nunca una Amanita cesarea no es prueba de su inexistencia, sino de mi poca habilidad como buscador de setas (y del deteriorado estado de estos montes). Una cosa es que el capitán no haya sido capaz de ver más allá de sus narices, otra cosa es no exista. No tramas organizadas, que esto es del género negro literario. No, simplemente lo que existe es una coincidencia de intereses. El fuego de Chantada no tiene que ver con el fuego de Paderne. Aunque sean el mismo día, es sólo que aprovechan los días de más calor, ventosos, y a ser posible festivos para provocar el incendio. Pero si en Paderne ese día hay tres incendios a una distancia de unos pocos kilómetros, que no quepa duda que están relacionados. ¿O es que se pusieron los de ese concello a hacer todos la quema de rastrojos el mismo día, el día más caluroso del año? Pues qué quema tan de rastrojos tan rara, cuando los fuegos se iniciaron en medio de áreas arboladas, cerca de vías de comunicación.

Non, filliño, non. Es el mismo fulano que por los intereses que sea, le interesa quemar ese monte. Y va con el coche soltando sus artefactos incendiarios. Además, aprecio últimamente una pauta: de dos a cuatro focos, sólo uno de ellos es el objetivo real, el resto son cerca de los pueblos para divertir efectivos (que tienen que priorizar la defensa de núcleos habitados) para que así pueda arder el objetivo real sin oposición.

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“Es un paisaje altamente combustible”

No especialmente. Altamente combustible es el monte mediterráneo (de cuyo hábitat hemos importado el pino pinaster, por cierto, catalogado como una de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo), pero realmente, con la suficiente cantidad de gasolina arde cualquier cosa. Y una vez desatado el incendio, progresa aunque sólo haya hierba rasa a su paso. Ayer mismo, paseaba por una zona que había ardido este año. Tanto coñazo con limpiar, pues bien, era un souto de castaños que había sido arado en primavera. Con la escasísima hierba que logró salir, se propagó el incendio y acabó quemando 3/4 partes del souto. Y más “limpio”, es decir, estéril, despoblado que eso…

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Según los datos del Seprona de 2012, “de los 387 incendios investigados en Galicia (una pequeña parte del total), 305 fueron esclarecidos, y de ellos, 211 (casi el 70%) resultaron ser intencionados”.

Pero un poco más arriba leemos:
En dos décadas, en la comunidad se han registrado 188.070 incendios, que han calcinado más de 613.000 hectáreas, “lo equivalente a toda la provincia de Ourense”.

188.070 incendios en 20 años da una media de 9.403 incendios al año. Y de ellos han “investigado” 387. Para determinar que la mitad fueron provocados. JOAS JOAS JOAS JOAS. ¿Cuál es el sueldo de este hombre? Porque para ese trabajo detectivesco lo podemos mandar a la calle con los recortes, porque nos dice lo que ya todos sabemos. Pero ¿dónde están los culpables? Esclarecer el asalto a un banco es llegar a la sucursal, observar la puerta de la caja fuerte reventada, y determinar en la mitad de los casos: “pues sí, parece que este banco ha sido robado. Intencionadamente, añadiría. Esclarecido, Romerales, vámonos a otra parte”.

Patético.

Pero ni mucho menos tanto como lo siguiente:

La Fiscalía Superior de Galicia coincide en negar las tramas: no existe ese “imaginario” de que los incendios son provocados por “el trinomio madera-urbanismo-economía del fuego”, aunque la mano del hombre esté detrás de casi todos los incendios forestales. Según el ministerio público, con un balance más global que la Guardia Civil, siete de cada 10 se deben a negligencias, imprudencias o accidente: léase, en Galicia, las quemas agrícolas, de residuos o forestales.

Vale, muy bien. Un 70% de los fuegos no son intencionados. Accidentes. Uys, se me cayó el mechero y, cuando fui a recogerlo, se me encendió. Entonces, si todo es producto de la mala suerte ¿por qué en Galicia hay tantos incendios? Somos más torpes, o tenemos más mala suerte que un extremeño, un maño, un vasco, un bretón?

Venga, por favor. Si el verano pasado ardió una zona. La apagaron. Al día siguiente, arde el monte de enfrente. Lo apagan. Y a los dos días, lo que había quedado por arder de los dos anteriores. Eso, en medio de un eucaliptal en el que nadie se mete y mucho menos para quemar rastrojos. Por favor, cómo se puede ser tan desvergonzado! Esto ofende a la inteligencia. Uno de los dos vive en un universo paralelo, o yo creo que estoy en Galicia y en verdad esto es la Roma de Nerón, o este fulano sabe de incendios lo mismo que de física nuclear.

Pero vamos a ver, joder, si he visto arder, a poca distancia de mi finca, un grupo de pinos…una gélida mañana de invierno. Que iba a hacer hoyos y tuve que esperar porque la azada rebotaba contra la tierra como si fuera asfalto. Si a unos metros de las llamas aún estaban las hojas blancas por la escarcha, y ya era casi el mediodía. ¿¡¿Qué accidente ni qué demonios!?! ¡¡¡Mucha gasolina tuvieron que meterle, para que ardiera aquello!!!!

Este es el periodismo de palacio, acercan el micrófono a las autoridades, sueltan su discurso políticamente correcto que no ofende a nadie (cuidado no te vayas a meter con los cazadores, o con las madereras, o a señalar a los brigadistas, la culpa es de todos, de la cultura, de la sociedad, que a efectos judiciales es lo mismo que decir que no es de nadie) y de nuevo a la redacción a transcribir la realidad paralela del régimen. Así la gente de ciudad se crea su imagen de lo que ocurre, la culpa es de la cultura gallega, del monte galelgo, de que hay muchos árboles y arbustos, es decir, arde porque tenía que arder. Y ya está, disuélvanse, que aquí no hay nada más que mirar.

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Galicia tiene una densidad forestal solo superada en Europa por Finlandia y Suecia, y a la vez suma 30.000 núcleos de población, la mitad de los de toda España. Sobre este paisaje planea, además, el factor meteorológico, con las elevadas temperaturas, la escasa humedad y las rachas fuertes de vientos del noreste que caracterizaron los partes de este último mes, así como la reducción a la mínima de las labores de prevención (pasto de los recortes presupuestarios) y el abandono del rural que dispara la biomasa, combustible ideal para que las llamas logren devorar árboles autóctonos tan resistentes como los robles.

En los sistema Ibérico y Central hay una gran población de Pinus pinaster (allí, autóctono), las temperaturas y la sequía que puede haber en plena canícula en Soria, ni te quiero contar. ¡Y no arde! ¡No arde, joder, y aquí arde todo una y otra vez!

¿Explicación? ¿Cómo es que en Soria, en Segovia, en Álava no hay “negligencias” o “accidentes”?

Por otra parte, los robles son resistentes a los incendios porque tienen una cierta capacidad para rebrotar (pero tras dos o tres incendios seguidos, los pocos que quedan acaban sucumbiendo, no son de amianto). Pero si hay un incendio arden robles, arden castaños, arden eucaliptos y arde el sursum corda. Por cierto, en un bosque de robles adultos, apenas hay monte bajo porque no dejan pasar la luz. La enmarañada presencia de los bosques caducifolios gallegos es porque son individuos jóvenes, bosques que se recuperan del último incendio o tala.

“Es determinante en todas y cada una de las oleadas de incendios”
Es verdad, la meteorología, otro lugar común para no hablar de culpables con nombres, apellidos y, sobre todo, móvil del atentado ecológico. Pues claro, quien quiere quemar, aprovecha los días más aptos, al final del verano. Hay días que he salido de casa y me he dicho “hoy hace día de incendio”. Efectivamente, no me he alejado unos kilómetros y ya veo la primera humareda.

De todas formas, el calor no provoca los incendios, no es explicación ninguna de su origen, sólo facilitan su propagación. Más calor hace en Andalucía o La Mancha, con enormes zonas arboladas, y no arden ni muchísimo menos con la frecuencia que el Noroeste, especialmente húmedo.

El bosque no arde solo, lo queman. 

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“O durante el caluroso octubre de 2011, cuando ya estaba desmantelado el dispositivo de extinción y se sucedieron grandes incendios, sobre todo en Ourense, “

Para protestar por la desmovilización temprana de las brigadas. Contratadnos, que también en Octubre puede arder el monte… Pero no, no digamos cosas inconvenientes. Sigamos en el país de la gominola.

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“no hay ningún propósito criminal concertado” para plantar fuego, “ningún interés general”. “Si los hubiera, ya se habrían descubierto”, responde siempre el fiscal jefe de Galicia, Carlos Varela.

¿Y por qué da por hecho que la policía y la fiscalía son competentes? Tampoco ni una ni otra ha descubierto nada sobre la financiación ilegal del PP, cuando era vox populi que estaban recibiendo dinero de las constructoras para conseguir contratos. ¿No existieron los sobres? ¿No existe Bárcenas? ¡Cómo alguien con tan poca inteligencia puede ocupar un puesto de tanta responsabilidad! Si no lo hemos visto, es que no existe. Con la profundidad de este razonamiento, no debería haber pasado de primaria.

Más probablemente, no lo habéis visto porque que no queréis verlo, porque ni siquiera habéis buscado (exactamente igual que en otros casos de corrupción en los que la fiscalía se dedica a proteger al presunto delincuente).

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El Gobierno gallego denuncia, machacón, el “carácter homicida” de los recientes grandes fuegos, habla de “una serie de personas empeñadas en acabar con el patrimonio natural y hacer daño”.

Qué chorrada. Nadie se levanta por la mañana y piensa “voy a quemar un monte, para hacer daño, hahaha, qué malo soy, que quiero acabar con el patrimonio natural gallego”. Joder, ¿estoy rodeado de imbéciles o qué?. A ver, por qué nadie se levanta y dice, “voy a hacer daño, voy a quemar unos cuantos coches”. Si además, a la gente de los pueblos se la pela, que arda tal o cual cosa. Mientras no se acerque a las casas…mejor, que así nos lo limpian. En cuanto al “patrimonio natural”. ¿Pero qué patrimonio natural, si os lo habéis cargado? ¿Zonas con algún interés ecológico? Puntitos concretos, algo más en Lugo, el resto de Galicia es puro monocultivo industrial.

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Pero la inmensa mayoría de las personas detenidas (imputadas por el delito de incendio forestal, una media de 200 anuales en Galicia, líder en España en este aspecto) provocaron el fuego por negligencia o accidente. El motivo número uno de las llamas provocadas, pero no intencionadas (seis de cada diez, y va en aumento), es la quema de rastrojos en el campo. Un hábito incrustado en el ADN del mundo rural gallego. Se realizan más de 400.000 al año. “Y basta con que salga mal el 1% para tener la causa de muchos incendios”, destaca el fiscal Álvaro Ortiz.

9.800 incendios al año, 200 detenciones. ¿Cuántas de estas son apoyadas por pruebas suficientes para permitir enviar al detenido a la cárcel? Exactamente, 110 en los últimos seis años. Es decir, no llega a 20 condenados por incendio al año. Y de ellos, 2/3 son por imprudencias o accidentes, es decir, los más fáciles de resolver porque los autores muchas veces se quedan en el lugar tratando de remediar lo que han causado, en ocasiones son ellos mismos los primeros en alertar del incendio. Es sobre esta clase de incendios que el sistema policial-judicial, radicalmente obtuso e incompetente, se pone medallas.

9.800 incendios al año, 20 personas en la cárcel. Es decir, podemos afirmar que quemar el monte en Galicia es un acto que queda en el 99,79% de los casos impune. Si esto no es muestra de la incompetencia palmaria del SEPRONA y la fiscalía, por lo que deberían presentar la dimisión del primero hasta el último de sus miembros, o si no ser cesados fulminantemente, pues ya no sé qué clase de ineptitud para el desempeño del cargo puede justificar un cese. Si en tu trabajo sólo tienes una tasa de éxito del 0,21%, es que no tienes ni idea de cómo acometerlo, así que a la puta calle y que entre otro. Vale, no son funcionarios, a la calle no…pues a tirar de un carro, yo qué sé. Que se queden en su casa, cobrando el sueldo, y que su puesto quienes que tengan alguna idea de cómo parar esto; para los apartados estupendo y para la sociedad aún mejor.

La quema de rastrojos, el ADN del fuego…Pues muy bien. He visto en los últimos años centenares de incendios, centenares, y ni una sola quema de rastrojos descontrolada (es decir, sin permiso y vigilancia, en época de peligro). Si la hubiera visto, hubiera reconvenido al que la efectuaba, por supuesto, pero el caso es que jamás he visto una. Y eso que en verano me paso la mayor parte del tiempo entre los campos o el monte. Que por cierto, a quien no veo es a los del SEPRONA. Deben tener miedo a ensuciar sus motos, porque no se atreven a salir del asfalto. ¿Tendrán miedo a caerse? Realmente, nunca he visto unas Yamaha XT más limpias que las de la Guardia Civil. Para el uso que le dan, que les quiten las ruedas de tacos y les pongan unas asfálticas. ¿Ir andando? Demasiado señoritos. Pues así jamás pillarán a nadie, porque se les oye llegar desde kilómetros antes.

Probablemente, ni es lo que pretenden, ellos hacen su ronda y en paz. Van a cobrar lo mismo…

Y qué decir de los chavalines del ejército, subiendo y bajando por una carretera con cara de aburrimiento infinito. Desperdicio de pesados todoterreno militares, de gasóleo y pneumáticos de tacos, rodando por el asfalto. ¿Alguien ha hecho el cálculo del costo/beneficio de tener a esos tipiños de caqui contaminando el paisaje con su presencia? ¿En cuántos incendios han colaborado estas patrullas militares a esclarecer? ¿Uno? ¿Ninguno? Es dinero público, debería justificarse, ¿no? O realmente, ¿es sólo una coartada para justificar la existencia de 135.000 fulanos improductivos, pagados de nuestros impuestos?

Este verano vinieron algunos guardia civiles a caballo, y los muy señoritos paseaban a la sombra, por la ribera, donde jamás se va a desatar un incendio. ¡Qué agradable paseo cuando el medio de locomoción lo paga la sociedad!!! ¿Resultados? Por favor, no los vayamos a ofender pidiéndoles resultados, ellos son funcionarios, policías, no tienen que justificar su puesto ante nadie.

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Los pirómanos en sentido estricto, que queman por quemar, están en vías de desaparición. Solo el 7% en el caso de Galicia. Según el capitán del Seprona consultado, en 2012 solo un gallego (de Agolada, Pontevedra) fue juzgado y declarado como tal: como un enfermo mental armado de mechero.

Pues uno al año no hace el 7% de los incendios, que esos son 686 focos para una misma persona en un mismo año.

¿Y por qué hay locos en Galicia y no en Navarra? Ah, es verdad, el ADN gallego. ¿Explicación racista o simplemente imbécil?

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A bombo y platillo se dio a conocer la detención y posterior libertad con cargos del septuagenario pastor de ovejas, principal sospechoso del gran incendio este agosto de Oia-O Rosal (Pontevedra), que arrasó 1.850 hectáreas. Cuenta ahora con sólidas coartadas, como la de un concejal de su pueblo que dice haber estado con él cuando se inició el fuego.

¿Y? Existen las mechas de chisquero. Eso es bien sabido, cuando el fuego se ha desatado, el autor está en el bar jugando a las cartas.

Joder, estoy leyendo El País de la Piruleta, diario global de los Mundos de Yupi.

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Puede que resulte al final como el tortuoso camino que llevó a detener a un indigente sin todas sus facultades mentales por el mayor incendio en Galicia en la última década, el de Cerdedo (Pontevedra), en aquel terrible verano de 2006, con 8.000 hectáreas calcinadas y dos víctimas mortales, dos mujeres que quedaron atrapadas en su coche. El hombre pasó un año en la cárcel, pero luego fue absuelto.

Es a quien pillan, al último desgraciado. Con casos así es con los que se ponen medallas. ¡¡¡Qué monumento a la mediocridad, la cobardía y la incompetencia!!!

Muchos “responsables” pero, a la hora de asumir responsabilidades, nunca aparece nadie. Nadie con el honor de decir: “lo admito, no sé cómo solucionar esto, dejo mi puesto para darle la oportunidad a otro”. Apegados al carguito, al sillón, a la nómina haciendo de su existencia parte del problema, nunca de la solución.

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Pero si hay unos cuantos sospechosos y solo unos pocos culpables, de la Galicia en llamas también surgen historias de valientes anónimos que se enfrentan al fuego para salvar la tierra generosa, que tanto dio de comer. Manuela Barja, hoy más conocida como Manuela sin Miedo, no hizo caso de las brigadas contraincendios que le ordenaban marchar a casa cuando, en marzo del año pasado, y cumplidos los 83, se echó al monte herida en una mano para defender las fincas de su aldea de Laioso, en el municipio orensano de Vilar de Santos. La empujó el amor por su paisaje y el no soportar ni por un instante más los lamentos de sus vecinos, en aquel incendio que arrasó 400 hectáreas. Ese día, la imagen de su cara ennegrecida por el humo espeso, la cabeza protegida solamente por el pañuelo oscuro que siempre lleva, dio la vuelta a España. Su marido, ya fallecido, había sido brigadista, y ella en su juventud también había participado en la extinción de algún fuego desbocado. La lumbre siempre se ha prendido, dice, coincidiendo totalmente en su planteamiento con Pepe do Fieiro, el último pastor que retiró sus cabras de O Pindo. Los viejos se van muriendo, cada vez son menos manos que trabajen la tierra. “Ahora ya no hay quien roce”, dice, “a la fuerza tiene que arder el monte”.

Este es el broche final de todo artículo periodístico actual, copiando el estilo del otro lado del charco. La guinda final que apela a los sentimientos, centrándose en un testimonio y cerrando el artículo con bucle al comienzo (el pastor de cabras). Un estilo impostado, asquerosamente predecible y amanerado y, sobre todo, más falso que un duro de cartón.

Una anciana contra las llamas, preocupada por su paisaje. JOAS JOAS JOAS JOAS. Vale, no niego que esta anécdota sea verídica, aunque me cueste creerlo, pero es eso, una anécdota; elevar la excepción a la categoría de norma es confundir al lector, un paso antes de la mentira pero bien entrado en el terreno de la manipulación.

Vamos a ver, cuando hay un incendio los vecinos se reúnen para ver el espectáculo, pues la vida rural no ofrece muchas ocasiones para romper la monotonía. Normalmente lo comentan entre risas, cuando no claramente con un “deixade que arda!”. Sólo se ponen inquietos cuando el fuego se empieza a acercar a su casa, a una nave, establo…por lo demás, por ellos, ya puede arder Troya que no mueven ni un dedo para evitarlo.

Esta es la realidad, de lo que yo he vivido tantos años en el Sur de Ourense. Ahora, la edulcorada realidad oficial de los que no conocen más verde que la maceta de la terracita de cervecería donde alternan, va por otros derroteros.

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