La mirada del mendigo

12 julio 2017

Galiza é un vertedoiro

Filed under: ecología — Mendigo @ 13:10

Este é o respeito que sinte o rural pola terra na que moran. Pasando por unha vella ponte pola que xa non pasa a estrada, que é o que atopo nas beiras?

+
+
+
+
+
+

Para isto serven os ríos galegos: canles onde perder de vista os entullos, neumáticos, mobles, electrodomésticos vellos, xoguetes do rapaz que medrou…

+
+
+
+
+
+

Galiza rural, Galicia urbana, dous planetas á parte. Uns estragando a Natureza, os outros encolléndose de ombreiros ante a destrucción da súa patria.

Cada pobo…

+

+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+

8 julio 2017

Biomasa

Filed under: ecología — Mendigo @ 19:34

Si alguna vez os preguntáis dónde acaban los árboles tras un incendio, aquí tenéis parte de la respuesta. ¿Es un efecto óptico o esas cortezas están renegridas?

Es una fábrica de pellets en Boñar (León). Se supone que esto es lo más de lo más en ecología, pero debo tener muy poca sal en la sesera porque yo no veo ecología ni sostenibilidad por ningún lado.

Ya puestos, es preferible el uso de madera en bruto, porque el proceso para producir pellets es bastante endotérmico. Básicamente se trata de reducir los troncos a serrín, y formar las pellas (perdón, pellet, que llamar a las cosas por su nombre no es de personas finas y bien educadas) con calor y presión en presencia de un aglomerante. Es decir, estamos aumentando las emisiones de carbono imputables respecto de la madera.

Pero es que la misma idea de cortar árboles para calentar la casa me parece un despropósito. Si se trata de árboles autóctonos, estamos eliminando del ecosistema un ejemplar que tenía una función. Incluso muerto cada árbol tiene importancia en el ciclo biológico: un árbol muerto está lleno de vida, y en su descomposición devuelve finalmente a la tierra los nutrientes que ha fijado en su estructura durante años.

Realmente, si tuviéramos unos bosques inmensos como los de, por ejemplo, Francia (líder mundial en biomasa), con una gestión sostenible (no extraer más biomasa de la que se regenera, y siempre a la entresaca), pues podíamos tolerarlo. Pero en León, donde las masas autóctonas están en regresión acosadas por el pino invasor, ponerse a cortar carballos es una salvajada.

Si, como es el caso, la mayoría de los troncos son de pino, aún peor por cuanto supone dedicar el monte a los monocultivos forestales, en vez de regenerarlo y devolvérselo a la Naturaleza. Conste que si cortaran los pinares para repoblarlos con autóctonas, yo no pondría ningún reparo. Así les parta un rayo a los putos pinos. Pero éste no es evidentemente el caso: donde había pinos vuelven a replantarlos (crecen rápido y tienen comprador).

Y si, además, la forma de aumentar beneficios es comprando madera quemada, pues ya la farsa ecológica empieza a resultar hasta insultante.

Supongo que a nadie le sorprende que un aumento en la demanda de heroína (más yonkis) traiga aparejado un crecimiento del narcotráfico. Pues no sé por qué hay a quien le sorprende que aumentar la demanda de madera quemada conlleve un mayor número de incendios.

El mismo mecanismo por el que la continuidad y la ampliación de la planta de Ence en la Ría de Pontevedra, implica impepinablemente la extensión de los cultivos de eucalipto en Galicia.

Expandir el mercado de la madera barata es la base, el mismísimo origen, de la catástrofe ecológica que castiga nuestros montes.

Alucinantemente, tiene buena prensa, y hasta intentan convencernos de que aún le estamos haciendo un favor a la Naturaleza. Plantando alóctonas, cortándolas y quemándolas. Bueno, en ocasiones, ni siquiera se espera a cortarlas para quemarlas. Menudo cinismo.

+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+

4 julio 2017

El problema de los incendios en Galicia

Filed under: ecología — Mendigo @ 23:16

Por su indudable interés, os propongo la lectura de esta breve columna de opinión, aparecida en la citada revista Quercus en el 2006 y firmada por Pedro Galán, profesor de la facultad de Ciencias de la UdC y quizá el fulano que más controle sobre la herpetofauna gallega.

+

El problema de los incendios en Galicia es para mucha gente un asunto misterioso, ya que ¿cómo es posible que la región más húmeda de España sea la que padece, año tras año, un mayor número de incendios y de superficie quemada?. Este problema gravita sobre dos causas principales y una docena larga de causas accesorias.

Primera causa: la lucha tradicional del agricultor y el ganadero contra el matorral invasivo. A lo largo de la historia, la población rural gallega ha tratado de mantener a raya el crecimiento de tojos, retamas y zarzas, entre otros matorrales (enormemente rápido en zonas de clima atlántico húmedo y templado, a menudo con suelos profundos), mediante el desbroce manual pero también con el fuego.

El problema es que se sigue haciendo uso del fuego -quizá más que antes, por el alto coste de los jornales de desbroce- cuando el abandono del campo ha disparado la expansión del matorral y ya no hay gente suficiente para controlarlo. ¿Y si el fuego pasa -y casi siempre pasa- a las fincas y montes de los vecinos?. Pues en muchos casos, es un efecto también buscado. Ya se sabe, “pueblo pequeño, infierno grande” y en Galicia abundan de forma desmedida los pueblos muy, muy pequeños.

Segunda causa: las plantaciones masivas de eucaliptos (y hoy en día, en segundo lugar, de pinos), sobre todo en las dos provincias atlánticas, A Coruña y Pontevedra (las más húmedas y las que sufren un mayor número de incendios), que cubren superficies inmensas. Los eucaliptos son plantas pirófitas, con una extraordinaria capacidad para propagar el fuego y rebrotar tras los incendios. Antes, los fuegos de maleza limitaban con bosques húmedos de robles y castaños, que impedían su propagación. Las plantaciones forestales de ahora hacen todo lo contrario, facilitan su extensión.

La acción conjunta de estas dos causas explica la mayor parte de los incendios y el hecho de que éstos surjan sólo depende de que pasen unos cuantos días sin llover durante el verano. Si el período de lluvia es de casi un mes (como ha ocurrido este año), el resultado es catastrófico. En otras palabras, siempre hay una parte -aunque sea pequeña- de la ciudadanía rural dispuesta a “plantar fuego”. Sólo así se explica la correlación perfecta que existe, año tras año, entre el número de días sin lluvia y el número de incendios, se tomen las medidas que se tomen. El resto lo hace el abandono del campo -con la expansión consiguiente del matorral- y, sobre todo, las plantaciones de eucaliptos. Se podría decir que es la consecuencia indeseable de una política que ha favorecido en las últimas décadas la plantación de árboles de crecimiento rápido por encima de cualquier otra consideración. Lo mismo sucede, por ejemplo, en el norte de Portugal, igualmente húmedo y castigado por los incendios.

Las causas accesorias forman una larga lista. A menudo, son las únicas que se mencionan en los medios de comunicación: la recalificación de los terrenos quemados (recordemos que en Galicia sigue permitida), la compra de madera quemada a bajo precio, los fuegos provocados por personal de cuadrillas contra incendios no contratadas, etcétera. Pero hay que recordar que estas causas explican sólo un bajo porcentaje del total de los incendios: la gran mayoría se debe a las dos principales causas que hemos destacado. Por eso es tan difícil luchar contra el fuego. ¿Cómo se cambia en poco tiempo una mentalidad que, por decirlo de una forma suave, nunca ha sido amante de la naturaleza?. Recordemos que en muchos casos, sólo nos separa una generación de la pobreza rural más absoluta y de lucha contra esta naturaleza para poder cultivar el sustento diario. ¿Cómo se sustituyen las miles de hectáreas plantadas con eucaliptos y pinos?. Y sobre todo, ¿habrá alguna vez voluntad de hacerlo?.

Además de toda esta catástrofe estival, hay que recordar que lo peor de los incendios está por venir, ya que lo provocan las lluvias otoñales e invernales. Dentro de poco comenzará a llover con fuerza sobre montes y campos quemados, desnudos de la vegetación que sustenta el suelo. Y esa lluvia arrastrará hacia los ríos, los embalses y el mar toneladas de tierra vegetal, en un proceso erosivo que no tiene vuelta atrás.

Se calcula que, con una pendiente media, la lluvia arrastra más de ochenta toneladas de tierra vegetal por hectárea. El suelo que ha tardado siglos en formarse desaparece en semanas. Y lo hará cuando ya nadie hable de los incendios. Eso sí, el próximo verano, si viene seco, volverán a estar de plena actualidad.

+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+

29 junio 2017

¿Qué se ha quemado en Doñana?

Filed under: ecología — Mendigo @ 14:01

Daniel nos recomienda un artículo sobre Doñana que apareció en la revista Quercus, que creo que viene muy al caso después del incendio que se ha llevado por delante 8.500 hectáreas en el Parque Natural.

Creo que es muy necesario ampliar la cultura ecológica media de la ciudadanía, para que no se reproduzcan sistemáticamente burradas. Os voy a poner un ejemplo muy apropiado: mirad cómo introduce este periodista (¿pero saben de algo?) la noticia:

El incendio de Doñana afecta a 8.486 hectáreas aunque hay otras 2.400 que están intactas
Dentro de ese perímetro se han detectado muchas islas verdes que no se han quemado y otras en las que solo ardió matorral.

¡Ah, bueno! Si sólo ardió matorral, entonces no es tan grave. Casi mejor, ¿no? Así hemos limpiado el monte.

Este es el razonamiento de taberna que escuchamos no sólo en la barra de un bar, sino que es reproducido en los medios por periodistas y políticos, los dos grupos de población con mayor visibilidad y menor respeto por el conocimiento: no tienen empacho en hablar de lo que desconocen, como es propio de necios (un buen ejemplo, una auxiliar administrativa pretendiendo legislar sobre la radiación electromagnética y sus efectos sobre tejidos vivos).

Si cada español hablara sólo de lo que sabe, se haría un gran silencio que podríamos aprovechar para el estudio.
Manuel Azaña

Pero volvamos a Doñana. Os invito a revisar el artículo de Jacinto Román, que transcribo aquí para mayor facilidad de lectura (el OCR ha hecho diabluras al digitalizarlo), con prólogo del mismo autor: su comentario sobre dicho incendio. Os dejo con él y, si pensáis que me ha llevado un trabajo volver a teclear todo esto, será porque considero que vale la pena dedicarle unos minutos a leerlo:

+

¿Qué se ha quemado en Doñana?

El incendio de Doñana ha sido una catástrofe. Las dimensiones del mismo hacen que el impacto sobre el espacio, su flora y su fauna haya sido, sin duda, elevado.

Llevo 20 años trabajando precisamente en esa zona. Mi primer trabajo en Andalucía […] y mi tesis doctoral se desarrolló allí, en el entorno de las laguna de Moguer y las lagunas del Abalario. De hecho, prácticamente todas las parcelas de mi tesis han resultado arrasadas. Creo conocer la zona en profundidad.

Recuerdo que desde las primeras reuniones que mantuvimos con los responsables del entonces Parque Natural de Doñana (hace 20 años), les avisamos, reiteradamente, de la necesidad de heterogeneizar los pinares, pinares que ahora han resultado quemados.

Con las brasas todavía encendidas es difícil pensar con claridad, pero creo que es conveniente sentarse y meditar, con conocimiento científico, qué se ha hecho mal. Volver a plantar el mismo pinar que se ha quemado sería repetir los mismos errores. […]

Los últimos estudios científicos sobre restauración ecológica están remarcando la relevancia de actuar con mucho cuidado en las zonas a restaurar. Personalmente, tengo más miedo a lo que se pretenda hacer a partir de ahora, que al fuego en sí. Mi experiencia en la zona me dice que si se hacen las cosas bien, el matorral regenerará en pocos años, y los pinos permanecerán en los rodales que hayan sobrevivido. Todo ello repercutirá en un incremento de la heterogeneidad del espacio que hará repuntar la biodiversidad a valores superiores a los que tenía antes del incendio.

Ahora, la fauna y flora que ha sobrevivido (seguro que hay más de lo que pensamos) necesita refugio. Los pinos deberían apearse, pero no retirarse y aprovecharlos para construir refugios que permitan a la fauna prosperar y sirvan a modo de “nodrizas” para las nuevas plantas que nazcan.

Esperamos los próximos pasos de la administración…

+

La gestión forestal en Doñana

[…] El problema de los eucaliptos ha vuelto a resurgir en Doñana y no es de extrañar que gestores, científicos y ecologistas hayan puesto el grito en el cielo.

De todas formas, la lucha contra el eucalipto ha sido allí ejemplar, como queda de manifiesto en el arranque de miles de hectáreas de dichos cultivos forestales durante las últimas décadas. Ahora bien, la práctica totalidad de la superficie antes ocupada por el eucalipto se plantó (monoespecíficamente) de pinos, todos bien alineados y con un mantenimiento “ejemplar” a lo largo de los años mediante podas, arados y otras labores. Este trabajo se reconoce incluso en el Plan de Ordenación del Territorio del Ámbito de Doñana (POTAD), donde se comenta que “el impulso repoblador realizado en el pasado con especies alóctonas para su aprovechamiento básicamente maderero, que ha creado verdaderos desiertos biológicos, está siendo sustituido en la actualidad por repoblaciones de pinos, que han sido desde antaño una de las fuentes económicas de los habitantes de la zona”. […] No obstante, y esto es lo que más me preocupa, parece asumirse que la situación forestal es la más adecuada y, de hecho, no se plantea ningún cambio.

Breve resumen de la historia forestal de Doñana

Los eucaliptos fueron plantados entre 1946 y 1951 por el Patrimonio Forestal del Estado, mayoritariamente en el sector occidental del Parque Natural (el Abalario) y en la cuenca de La Rocina (Norte de Rivetehilos). En total, se llegaron a plantar más de 20.000 hectáreas. En el Parque Nacional, los eucaliptos se plantan en los años cincuenta, sobre todo en la zona Norte de las fincas Los Sotos, Casa de los Guardas y El Lobo, unas 1.800 hectáreas de superficie.

Ahora bien, ¿qué vegetación deberíamos esperar en esas zonas? Para responder a esta pregunta, primero debemos conocer tanto la potencialidad ecológica como su historia, lo que nos llevará a comprender y valorar la situación actual. A grandes rasgos, toda la comarca está cubierta por una gran manto eólico que se superpone a una capa arenosa de diferente origen geológico: los arenales de El Condado. Este manto eólico está constituido por distintos eventos que permiten diferencias varias capas de arena superpuestas. Las más antiguas se sitúan hacia el interior, mientras que las más recientes están cerca de la costa y también sobre las anteriores. Como tendencia general, la mayor antigüedad de los frentes hace que se encuentren más cerca del nivel freático y de los estratos inferiores, más ricos en bases, lo que hace que estos suelos sean más productivos.

Ambos elemento, agua y suelo, son los principales condicionantes de la estructura y potencialidad vegetal de la comarca. En consecuencia, son las zonas más alejadas de la costa (los arenales de El Condado y el primer sistema eólico, o bajo manto eólico, según los autores) las que debieron albergar las mayores masas de monte mediterráneo de esta comarca. Un repaso a los datos históricos así lo confirma:

En la zona de Los Sotos se situaba el arconocal más extenso del que se tiene noticia en terrenos del Parque Nacional y hasta la plantación de los eucaliptos lo que allí había eran lentiscales. El bosque de alcornoques y acebuches era también dominante al Norte de El Abalario. En las Actas Capitulares del Archivo Municipal de Almonte, fechadas a finales del siglo XVI, se indica que el entorno de La Rocina es el mejor sitio para la ganadería, en alusión a sus pastos y su producción de bellotas. Y en el Diccionario Geográfico de Tomás López, de fecha similar, se señala la presencia de amplias zonas boscosas con un monte bajo muy desarrollado que domina en cantidad y variedad sobre el sustrato arbóreo, y menciona, como lugares de gran interés, el estero de Domingo Rubio y La Rocina.

Aunque ya desde la Baja Edad Media las ordenanzas fomentaban la plantación de pinos, no es hasta el siglo XVIII cuando se hacen sistemáticas y masivas. Los primeros datos sitúan estas plantaciones en Las Marismillas ya en 1737, para extenderse a los corrales de las dunas a partir de 1805. En 1900 se habían plantado ya 1.200 hectáreas, que llegaron a 2.000 en 1925 y a 2.800 en 1950. En 1975 había 3.200 hectáreas plantadas de pinos en terrenos del Parque Nacional. A finales del siglo XIX H¿? menciona la presencia de “grandes masas de arbolado que llegan y aún pasan de 15.000 hectáreas en Moguer, 7.000 en Bonares y Rociana, 10.000 en Hinojos y otras tantas cuando menos en Almonte, pobladas de alegres pinares, montes de encina de alcornoque y sabinas”. Aunque no indica la situación exacta de estos montes, sí señala que se encuentran en las zonas más alejadas del mar.

Los pinares de los montes de propios (Almonte, Hinojos, Aznalcázar, Moguer) y del Coto del Rey parecen ser fruto en su mayor parte de las repoblaciones llevadas a cabo por la Primera Brigada de Ordenación Sevilla-Huelva entre 1904 y 1924, seguramente como ampliación o sustitución de las masas forestales ya existentes. Entre 1938 y 1945, la Quinta División Hidrológico Forestal (hasta 1941) y el Patrimonio Forestal del Estado (1941-45) repueblan con pino piñonero (Pinus pinea) desde la costa hacia el interior, llegando a plantar una franja de unos tres kilómetros en terrenos de El Abalario y algo más de seis kilómetros en Mazagón.

A partir de que se elabora el Plan de manejo del lince en el Parque Nacional de Doñana y con la declaración del Parque Natural y la aprobación del Plan Forestal Andaluz, ambos en 1989, se impulsa el desmonte de los eucaliptos. Los cuales abundan, como ya hemos indicado, en el sector occidental del Parque Natural y en la cuenca de La Rocina. Por último, se han eliminado también los eucaliptales pressentes en el Parque Nacional. La mayor parte de la superficie ha sido plantada de pino piñonero, a pesar de que estas zonas cuentan con una red bien desarrollada de ríos y arroyos, potencialmente asociados a una vegetación de alcornoques y acebuches, acompañados de matorral noble y bosque de ribera.

Situación actual e impacto en la conservación

En la actualidad ,la superficie de pinar plantado en la comarca supera las 60.000 hectáreas y viene a cubrir prácticamente todo el suelo ocupado por árboles. Aunque se conocen las fechas de plantación de todos los pinares, cada vez existen menos dudas sobre el origen autóctono del pino piñonero en Doñana. Por lo tanto, es evidente que debe haber pinos, pero esto no justifica que prácticamente toda la superficie forestal esté constituida por pinares. De hecho, hay otras muchas formaciones vegetales, asimismo autóctonas, cuyo espacio ha sido usurpado hoy en día por los pinos.

Desde hace décadas se viene mencionando que los alcornocales son los bosques más deteriorados de Doñana. Tanto es así que sólo la finca de La Dehesa, en el Coto del Rey, alberga un bosque relicto de lentiscos y alcornoques con una extensión aceptable, en torno a las 600 hectáreas. El resto no pasa de pequeños parches dispersos por la comarca. El bosque de ribera, por su parte, se encuentra reducido a sendos tramos de La Rocina, Soto Grande y Soto Chico.

La pregunta obligada es: ¿sería esta una buena situación para la conservación de la fauna y la flora de un lugar tan significativo como Doñana? No tenemos muchos estudios al respecto, pero algo hay.

Si tomamos el caso de los linces, especie emblemática de Doñana, el matorral mediterráneo es el tipo de vegetación más usado dentro de los territorios con animales residentes. Los hábitats ganan en calidad a medida que aumenta la superficie ocupada por matorral alto. Los espacios abiertos son escasos dentro de esos territorios y las zonas con mayor cobertura forestal(pinares) son seleccionadas negativamente por el lince. Los conocedores de Doñana dirán que hay territorios de lince en pinares, y es cierto, pero la gran mayoría se asientan en aquellos que aún albergan los escasos reductos de monte mediterráneo autóctono. En otras palabras, los linces ocupan el pinar porque no les queda más remedio. El conejo, especie clave en los ecosistemas de Doñana, alcanza las máximas densidades en las zonas de monte mediterráneo maduro, con arbustos altos (lentiscos, mirtos) y viejos alcornoques, fresnos y acebuches. Además, este tipo de hábitat es donde las poblaciones de conejo han resultado ser más estables. Por otra parte, los pinares son hábitats de mala calidad para los conejos, donde mantienen densidades entre 15 y 20 veces menores que en las zonas de monte mediterráneo maduro aledañas.

En lo que respecta a la globalidad de la fauna, los pinares más antiguos (que es el modelo al que tiende la gestión de las nuevas repoblaciones) se convierten en sumideros de biodiversidad para los pequeños vertebrados y son los hábitats con menor riqueza de especies de toda la comarca. Por el contrario, las formaciones de matorral ligadas a zonas húmedas (brezales y turberas) son las que albergan una mayor riqueza de pequeños vertebrados, seguidas por los lentiscares con alcornoques dispersos. Por lo tanto, si eliminar los eucaliptos fue una decisión valiente y correcta en su momento, elegir al pino piñonero como única alternativa no fue en absoluto acertado. Con los años, las miles de hectáreas de pinares homogéneos y de pequeño tamaño, repartidos tanto por los espacios protegidos como fuera de ellos, irán creciendo hasta convertirse en zonas hostiles para la conservación de la fauna. A falta de estudios mas detallados, podemos esperar que la biodiversidad se reduzca sustancialmente en grandes superficies, que los territorios de lince sean de peor calidad (llegando incluso a desaparecer) y que la recuperación de las poblaciones de conejo se vea fuertemente limitada.

¿Qué se puede hacer?

Si los eucaliptos se arrancaron en su momento porque provocaban “verdaderos desiertos biológicos”, la situación actual basada en el dominio del pinar no mejora en absoluto las perspectivas de conservación para la flora y la fauna.

¿Que soluciones tenemos? Tan sólo se nos ocurre una: cambiar la política de gestión de los montes de Doñana. Para ello sería necesario un modelo que potenciara la recuperación de los ecosistemas de monte mediterráneo, pero entendidos en su integridad: no nos engañemos, masas monoespecíficas de alcornoque no son un monte mediterráneo. Lo que debe plantearse es la recuperación de un ecosistema (restauración ecologica) y no una reforestación, pero para esta labor habrá que contar con el concurso de equipos multidisciplinares (botánicos, forestales, ecólogos, zoólogos, edafólogos) que diseñen y dirijan estas labores.

Un buen modelo de partida podría ser el Proyecto Doñana 2005. Las zonas prioritarias deberían ser las que albergaban este tipo de ecosistema, principalmente las cuencas de La Rocina y las de aquellos arroyos que desembocan en la vera de la marisma. Para conseguirlo, hay que eliminar antes los pinares plantados y fomentar el matorral noble, los brezales y las turberas. Estos hábitats constituyen una de las claves para la conservación de la fauna en Doñana.

El cambio, por otra parte, no afectaría a la producción de piñones, pues incluso en el caso de que se sustituyese por monte mediterráneo todo el terreno previamente plantado de eucaliptos, los pinares todavía seguirían ocupando más de dos tercios dela superficie forestal. Ademas,en una parte importante de estas zonas todavía no se recolectan piñas y una adecuada gestión del resto del pinar incrementaría la producción en una superficie sustancialmente menor. Los nuevos ecosistemas mediterráneos, por su parte, diversificarían las rentas del campo a través del corcho, las setas, el turismo y la caza.

Por último, nos queda la duda de si es posible plantearse una recuperación o ya es demasiado tarde. No tenemos información publicada a este respecto, pero podemos fijarnos en los escasos datos sobre evolución reciente de la vegetación en Doñana. En pocos años, los brezales y las turberas se han recuperado espectacularmente en una parte notable de su antigua área de distribución, con las turberas de Rivetehilos como caso más llamativo. De hecho, éste ha sido sin duda el éxito mas evidente del desmonte de eucaliptos. Los escasos alcornoques plantados se desarrollan bien en las zonas de la cuenca de La Rocina y la vera, condicionados, eso sí, por la excesiva presión de los herbívoros silvestres y de un ganado en muchos casos ilegal. Pero ¿qué pasa con las formaciones de monte noble, esenciales para los linces y los conejos? En este caso también tenemos un magnífico ejemplo en el arroyo de La Cañada, dentro del Coto del Rey; uno de los ecosistemas de mayor calidad para estas dos especies.

Los grandes lentiscos presentes actualmente en la zona (tanto al norte como al sur de la cancela de El Vicioso) no aparecen en la fotografía aérea del año 1957, aunque sí están en una situación muy similar a la actual a principios de los años ochenta. ¡En poco más de veinte años se ha recuperado de la nada uno de los ecosistemas de más calidad de todo el espacio natural! Si recordamos que los primeros desmontes de eucaliptos tuvieron lugar a principios de los años noventa, una adecuada política de plantación en esos años nos hubiera llevado a tener actualmente grandes extensiones de matorral mediterráneo. ¡El tiempo pasa volando! Si se consigue un compromiso rápido y contundente de conservación en Doñana, todavía llegaremos a ver de nuevo aquel perdido bosque de Las Rocinas, ya mencionado en el Libro de la Montería de Alfonso XI, “et es llana, et es toda sotos, et hay siempre hí puercos”.

+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+

24 junio 2017

Incendios forestales: La insania astur-galaico-portuguesa

Filed under: ecología — Mendigo @ 4:47

Cuando trato de explicar la situación catastrófica en la que nos encontramos en el NW peninsular a gente de otros lugares, percibo en el interlocutor un gesto de incredulidad, que por mucho que me desgañite no soy capaz de vencer. Y temo que en el blog pase lo mismo, que los que no sois de esta zona acabéis creyendo que estoy exagerando cuando afirmo con ánimo provocador pero riguroso que Galicia es la penúltima mierda, y menos mal que existe Portugal contra el cual cualquier comparación palidece.

Por eso, me he decidido a recopilar unos cuantos datos y presentároslos, para mostraros cuantitativamente la terrible situación ambiental en la que se encuentra el NW peninsular, en este caso referida a los incendios, siendo éstos una imagen especular de la distribución de plantaciones forestales, verbi gratiae, pinos y eucaliptos.

Primero, quiero mostraros la superficie media quemada en incendios forestales en el periodo 2000-2016 en España y sus dos vecinos:

Francia: 17.026 ha
España: 113.155 ha
Portugal: 130.339 ha

Los veteranos ya sabéis que siempre, tras un viaje, vuelvo echando espuma por la boca. Porque estoy cansado de ver cómo en Francia, en Alemania, en Austria, en Eslovaquia… apenas hay incendios. Incluso cuando veo cómo en otras partes de España, la incidencia no es tan grande. Pero es llegar a Benavente, Mombuey, Sanabria… y empezar a ver trozos calcinados, o monte bajo recuperándose del incendio de hace unos pocos años, en espera de que vuelva a arder en unos pocos más.

Este último viaje, de hecho, estaba ardiendo la zona de Puebla cuando salíamos. ¡Menuda despedida!

Ésta fue la primera foto que saqué en ese viaje:

De más de 5.000 fotos, la única en la que aparece un incendio. De hecho, la única en la que aparecen restos de un incendio, después de estar un mes rodando por la Francia mediterránea. ¿No es como para avergonzarse? Porque a mí, se me cae la cara de vergüenza, y cuando lo comentamos en Francia, nadie nos cree y mejor así.

Porque España arde mucho más que Francia, pero hay que decir que no toda por igual. Hay ciertos agujeros de bestialidad en los que la actividad incendiaria es mucho mayor:

Asturias: 9.353 ha
Galicia: 25.719 ha

Y también debería seguir con Cantabria, León, Zamora y Salamanca, que no considero por afán de brevedad.

Tampoco Portugal arde todo por igual, porque al Sur del Tejo los incendios son mucho más raros. Estamos hablando de una zona geográfica muy concreta, en la que la actividad incendiaria no reconoce fronteras: el cuadrante noroccidental de la Península Ibérica.

Por favor, volved a mirar los datos y comparadlos. Al final de la entrada pondré los enlaces de donde los obtengo (básicamente, EuroStat y el EFFIS, European Forest Fire Information System) para que el que no se lo acabe de creer, los revise. Os ruego que lo hagáis.

Estamos hablando que una sola región española como Galicia tiene muchas más hectáreas quemadas que toda Francia. Algo tan pequeño como Asturias, tiene más de la mitad de las ardidas en el país más extenso y boscoso de Europa occidental. Y que un país (y Estado) tan pequeñajo como Portugal, tiene ocho veces más superficie calcinada que Francia.

¿No es evidente que algo está pasando? Y, por favor, que nadie me diga que la razón es climática; es que en Francia hace más frío, es que en Francia llueve más… .Porque precisamente la zona que más arde es la España húmeda, Galicia, Asturias, Cantabria… Y en Portugal, tres cuartas de lo mismo; como comentaba no arde el Alentejo. No, arde Trás os Montes, Minho, a Beira Alta e Beira Baixa.

Y Media Francia es húmeda, pero la otra media es de clima mediterráneo, con una pluviometría mucho más escueta que la que disfrutamos en la cornisa Atlántica. Si fuera por clima, la mayor parte de Francia tiene unas condiciones más propicias para los incendios forestales que podemos tener en Galicia o Asturias. Y, sin embargo, no arde.

Ya escucho por ahí al tonto del pueblo, al rey de la barra de bar decir… claro, eso es porque los franceses limpian sus bosques. A desbrozar, a eliminar el sotobosque le llama “limpiar”, el que tiene mierda por cerebro. Porque los bosques hay que cuidarlos. Por eso antes de que nuestra especie hiciera acto de presencia, en Europa no había bosques. 😛

Como sabéis, cuando viajo a un país no me voy de tiendas a la capital, sino que me sumerjo en lo más profundo de sus montes. Nunca, jamás, en mi puta vida, después de veinte años pateándome los bosques y montañas europeos, he visto nunca a nadie desbrozando en una zona forestal. Es que sólo la idea les sería absurda. No, en Europa los bosques son bosques, ecosistemas de los cuales el sotobosque es una parte consustancial del mismo. No están ni desbrozados, ni “cuidados” de ninguna otra forma. Simplemente, dejan a la vegetación crecer en paz y ordenarse según su criterio (que es infinitamente mejor que el nuestro, un criterio probado durante decenas de milenios, tras la última glaciación). ¡Y NO ARDE!

No arde y eso que allí no hay casi cortafuegos (y sin el casi), y no tienen ese afán enfermizo en desbrozar las márgenes de todos los caminos. La masa forestal está en un estado, simplemente, natural.

¿Y por qué creéis que no arde?

PORQUE A NADIE SE LE OCURRE PROVOCAR UN INCENDIO.

Hablaba de los franceses, pero sobre todo la gente de Europa central, alemanes, checos, austríacos, suizos, eslovacos… es gente que tiene un respeto tremendo por su país. Si, vale, los suizos son muy limpios y muy civilizados. Pero es que Eslovaquia es un país bastante pobre y eminentemente rural, y allí no veo que la gente tire plásticos, televisiones, lavadoras, neumáticos… a la vera de los caminos o a las riberas, como harto estoy de ver en mis paseos por aquí. Un alemán, para quemar su tierra, tendría que estar verdaderamente trastornado, un verdadero enfermo mental (piromanía). Sería tan extraño como ver a alguien dándole una paliza a su madre. Y, sin embargo, aquí maltratar a nuestra madre es algo socialmente aceptado en las zonas rurales, y sobre lo cual pesa un losa de silencio.

Pero ya está bien de palabrería y volvamos a las cifras. Tal y como he presentado los datos no sirven de mucho, porque sería ridículo comparar la superficie quemada de Rusia y de la Liechtenstein. 1.000 hectáreas en Siberia es una extensión absolutamente insignificante, mientras que habría calcinado buena parte del Principado.

Así pues, vamos a poner en relación la superficie afectada con la superficie “afectable”, esto es, el total de la superficie forestal arbolada:

Asturias: 4.537 km²
Galicia: 14.543 km²
Portugal: 31.820 km²
España: 184.180 km²
Francia: 246.640 km²

Bien, pues volvemos entonces a expresar la superficie media afectada por incendios forestales en el periodo 2000-2016, pero en términos de porcentaje respecto a la superficie forestal:

Francia: 0,07%
España: 0,61%
Galicia: 1,77%
Asturias: 2,06%
Portugal: 4,09%

Luego es verdad. Luego las estadísticas corroboran mi apreciación. La incidencia de incendios en España, y no en toda España sino en una parte muy concreta (la España húmeda), es muy superior a la de Francia.

Y luego está Portugal. El verdadero culo del mundo, el horror, ya pasa de barbarie y llega al dominio de lo absurdo, de lo grotesco. En la pasada campaña, más de la mitad de la superficie quemada en toda la Unión Europea era territorio portugués. Recorrer Portugal es un espectáculo deprimente, de una naturaleza completamente arrasada por los monocultivos forestales y los incendios recurrentes que los acompañan. Portugal está ecológicamente devastado, y más cuanto más al Norte. Esta realidad, por supuesto, no esperéis verla en las guías de viaje, como tampoco esperéis conocer la realidad de los ecosistemas gallegos en la propaganda institucional de la Xunta. Seríamos la mayor mierda de Europa si Belcebú no se hubiera compadecido de nosotros creando Portugal, para tener alguien aún más miserable para poder consolarnos.

No ganaré ningún premio a la corrección política, pero si no de diplomacia, sí que sé de números. Volvamos a ese guarismo: 4,09%. ¿Qué significa? Significa que cada año, de media, arde en Portugal la vigesimoquinta parte de su superficie forestal. Reformulado de otra forma: en el plazo de 25 años habrá ardido todo lo que puede arder en Portugal. Aunque la cifra tiene truco: no es que vaya a arder de cabo a rabo: hay zonas que se salvarán… porque hay otras que arderán varias veces en el plazo de estos 25 lustros.

Haciendo un cociente entre los datos, obtenemos la terrible conclusión de que es 58 veces más probable que arda un monte en Portugal que en Francia.

¿Os imagináis lo que significa? Es una catástrofe ecológica que, a fuer de repetida, se ha vuelto costumbre y sólo salta a los telediarios cuando ocurre un suceso excepcional como el incendio de Leiría. Pero sería un error pensar que, cuando no está en las pantallas, Portugal no arde. Arde, arde todos los veranos, y cada vez más en primavera, otoño y hasta en invierno, a poco que se encadenen varios días sin precipitaciones. Y arde Galicia, y arde León, y arde Cáceres y arde Asturias. Y más que Asturias va a arder con la infamia de levantar los acotamientos (muchas gracias Llamazares, del P$O€ aún me lo esperaba).

Porque me figuro que la gente debe creer, tras el circo periodístico, que Portugal arde en grandes incendios. Y no, es al contrario. La fachada atlántica se desangra principalmente en una miríada de pequeños incendios.

De nuevo, los datos, en esta ocasión de número, y no de extensión, de incendios al año de media en el citado periodo:
Asturias: 1.675
Francia: 3.975
Galicia: 6.175
España: 15.910
Portugal: 21.953

Estos datos aportan poco, así que de nuevo pongámoslos en función de la superficie. Número de incendios al año, por cada 100km².

Francia: 1,6
España: 8,6
Asturias: 36,9
Galicia: 42,5
Portugal: 69,0

La interpretación es muy sencilla. Cada porción de zona forestal de 100km², que para entendernos viene a ser más o menos la extensión del municipio de Burgos, sufre en Francia entre uno y dos focos de incendio al año. En el Reyno de León, ese mismo pedazo de monte sufriría unos 40 incendios. Y en Portugal, los bomberos aún tienen más trabajo. Imaginad que en la extensión de un ayuntamiento se declaren casi 70 focos al año, además concentrados la mayoría en unas pocas fechas al final del verano. Y así en cada cuadrado de 10km de lado, otros 70 incendios, y otros 70 en el vecino. Pero el Sur de Portugal, como hemos dicho, no arde tanto. La presión incendiaria es en el Norte, así que allí no son 70 sino más de 100 cada año, casi todos intencionados.

Una completa locura.

No es de extrañar que alguno de ellos, de vez en cuando, se descontrole y acabe convirtiéndose en un monstruo voraz. La mayoría no son así, de hecho se dejan arder por falta de medios (e interés) hasta que se apagan solos, porque no queda mucho más que quemar.

La pregunta es ¿por qué es 43 veces más frecuente que empiece a arder el monte en una superficie dada en Portugal que en Francia? ¿Por qué es 28 veces más probable ver una columna de humo en Galicia que en Francia? ¿Cómo demonios es posible que haya 15 veces más incendios en Asturias que en Córdoba?

La respuesta es evidente a no ser que seas periodista, político, agente del SEPRONA o mula de carga: porque en Francia los incendios son debidos a accidentes. Y en Galicia, si descontamos esa probabilidad de accidente, aún nos quedan otras 27 ocasiones en que hay alguien que esconde entre la hojarasca una mecha encendida unida a un paquete de cerillas. Y en Portugal, quitando esa misma probabilidad de accidente porque no tiene por qué ser mayor, nos quedan otras 42 veces en las que alguien, alguno ya haciendo del incendio su profesión, lo provoca con las mismas artes.

Pero ni en España, ni en Portugal, está bien visto hablar mucho de esto, y por eso el telediario habla del calor, del fuerte viento y de la poca humedad. Como si no hiciera mucho más calor, viento y sequía en tantos otros lugares (por ejemplo, el valle del Ródano) sin que ardan ni por asomo con tanta frecuencia. Porque por mucho calor, sequedad y viento que haya… no se conoce aún ninguna especie de árbol que arda por combustión espontánea. Detrás de cada incendio hay alguien con un mechero, aunque los telediarios lo traten como si fuera un fenómeno meteorológico.

¿Quién maneja el mechero? No importa tanto su identidad como sus motivaciones. Sin embargo, antes veréis debatir sobre la zoofilia o el canibalismo en los medios de comunicación. Las altas temperaturas, el fuerte viento y la pertinaz sequía. Ya que no inteligencia, podrían tener al menos imaginación a la hora de redactar las noticias. Pertinaz. Si no existiera la sequía, ya podríamos borrar esa palabra del diccionario. Pero juntas hacen un buen apaño, como el ron y la cocacola.

Qué mal viento le entraría a Galicia, a Asturias, a Portugal, para parir tan malos hijos.

+

Según lo prometido, los datos:
EFFIS
EEA
MAPAMA
Prométhée (también, vaya nombre, qué cachondos los gabachos)
Wikipedia: List of countries by forest area (World Factbook de la CIA)
The World Bank – Forest Area

+

Y un estupendo infográfico que he encontrado en un medio tristemente extinto:

imagen 2

Recomiendo encarecidamente dedicarle unos minutos (pinchar para ampliar).

+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+

« Página anteriorPágina siguiente »

A %d blogueros les gusta esto: