La mirada del mendigo

30 enero 2016

El eucalipto y el fuego

Filed under: ecología — Mendigo @ 19:02

Por algún comentario en la pasada entrada, me doy cuenta que hay cosas, que para el que vive aquí son muy obvias, que para otra gente no tienen por qué serlo.

Salió el tema de los incendios y los eucaliptos, así que quería explicar alguna cosilla. Me ayudo de una foto que saqué ayer, en un paseo (desgraciadamente, no es difícil encontrar aquí ni eucaliptos ni incendios, más bien lo difícil es encontrar un lugar que se haya librado de ambos).

incendio eucaliptos

Son unos eucaliptos, tras el paso de un incendio hace unos meses. Como podéis ver, los eucaliptos ya están rebrotando. Supongo que muchos pensaréis que tras el paso del fuego, todos los árboles mueren, pero esto no es exacto. Las coníferas, por ejemplo, es muy difícil que sobrevivan pero muchas especies son bastante resistentes, como todo el género Quercus (roble, encina, rebollo, alcornoque…) los fresnos o los sauces. Pero las partes aéreas (es decir, el tronco y las ramas) sí que se pierden irremediablemente (a excepción del alcornoque, por su protección natural ignífuga), y rebrotan del pie (de las raíces). Si os fijáis en las fotos, otras especies como el toxo, también tienen este comportamiento y ya empiezan a volver a brotar.

La cuestión es que, en la mayoría de los casos, el tronco de los eucaliptos no es destruido por el fuego (para cargarse un eucalipto adulto, os lo aseguro, hay que hacerle cosas mucho peores que exponerlo a la llama, tienen una resistencia increíble a prácticamente todo lo que mataría a cualquier ser vivo). Así, pasados unos meses, rebrota, pero no del suelo sino del mismo tronco. En un par de años, nadie diría que un eucaliptar ha sufrido un incendio.

Y ahora, quería explicaros las consecuencias de este comportamiento ante el fuego, un elemento tan propio de Noroeste peninsular como lo puede ser la lluvia.

Una buena parte de los terrenos con eucaliptos no son monocultivos, sino extensiones mixtas. Hay un carballal, y el palurdo de turno planta entre medias de los enormes robles algunas plantitas de eucalipto. Al cabo de diez años, ya han igualado en altura a enormes robles seculares (no es ninguna exageración) y, a partir de ahí, los sobrepasan enseñoreándose del techo del bosque. Los robles siguen ahí, impertérritos. Es el árbol propio de esta tierra, tan majestuoso como tenaz, resistente y sobrio: puede sobrevivir con esos vampiros vegetales al lado.

Pero entonces, viene un incendio. Provocado por el mismo palurdo que plantó los eucaliptos o un vecino. El fuego consume todo, dejando atrás un paisaje calcinado. Pero, como hemos visto, esta negrura es engañosa: tras las primeras lluvias, el eucalipto empieza a rebrotar en todo su fuste. Seguramente, los robles tampoco están muertos. Su tronco está renegrido, pero en primavera vuelven a salir hijuelos de las raíces. Sin embargo, al tener que comenzar de nuevo la carrera en búsqueda de luz solar, y ser el roble de tan lento crecimiento, se ve sobrepasado por los colonizadores, ya que éstos no han perdido la ventaja de la altura. De esta forma, a los dos o tres años del incendio, los eucaliptos ya han vuelto a desplegar toda su frondosidad, impidiendo la entrada de sol a las tiernas hojas del carballo, que de esta forma languidece y muere, veinte metros más abajo. En este tiempo, como mucho le ha dado para levantar un metro del suelo (y es muchísimo, lo hace impelido por las poderosas raíces que sobrevivieron en el suelo).

Así pues, el entorno ha pasado de ser un bosque impenetrable de robles centenarios, a ser un monocultivo de eucaliptos. Para semejante destrucción natural no ha hecho falta más que una mínima intervención humana: plantar unas plántulas de eucalipto, baratísimas (la misma ENCE las vende), vienen en yogurteras como los plantones de huerta, a unos céntimos la unidad. Se hace un hoyito, se introduce la plantita, un pisotón y a correr. Pasados unos años, una caja de cerillas, una mecha de chisquero, un poco de gasolina y desaparecen decenas de hectáreas; cuando se descontrola, cientos o miles.

Es muy fácil matar, demasiado sencillo destruir. Revertir esta destrucción, eliminar las especies invasoras (que no sólo es el eucalipto, también el pino y mucho cuidado con las mimosas, que tienen una tremenda capacidad de colonización) y volver a repoblar con autóctonas, costará un Potosí (que, por supuesto, los accionistas de ENCE no van a querer poner). Que esas plantas crezcan, y volver a disfrutar de esos grandes gigantes de mil brazos… llevará siglos.

Hay una anécdota que cuenta Marco Polo. Cuando regresó de su fantástico viaje, contaba a su regreso las maravillas que había conocido de la civilización china. Entre ellas, mostraba un billete, explicándoles que era una forma de dinero. Obtuvo las burlas de sus provincianos convecinos, incapaces de entender un concepto como el dinero fiduciario. Para probar que ese trozo de papel no valía nada, lo quemaron. Habían hecho desaparecer un billete que equivalía a carros enteros llenos de sus monedas.

La riqueza es un concepto humano, y hay que tener cierta cultura para apreciarla. Las culturas más bajas sólo reconocen la riqueza como la abundancia de bienes tangibles, con los que llenar la panza. En un paso más allá, la Humanidad empezó a darle valor a los bienes suntuarios, aquellos cuyo valor era determinado por la capacidad de denotar pertenencia a un estrato social privilegiado.

Y ya está. Aquí se encuentra la sociedad española: da valor a aquellos bienes materiales que permiten llenar la panza, o alardear ante el vecino.

Sólo unos pocos individuos son capaces de ir un poco más allá, y reconocer la importancia de bienes inmateriales, o materiales cuyo valor va más allá de esa materialidad. Porque ¿qué es una talla de la Piedad más que un leño con formas caprichosas? ¿Qué es un templo romano, más que un conjunto de piedras viejas, apto para improvisar un lugar para guardar el ganado? ¡Cuánto menos es la música, que no es más que aire!

Es el proceso civilizatorio el que les confiere valor. Un portátil sería completamente inútil a un coetáneo del Arcipreste de Hita, por poner un ejemplo. Como mucho, lo usaría para calzar la pata de una mesa, o el más culto lo desplegaría para utilizarlo de atril, en el cual sostener un libro. Y ese libro que leería ¿qué valor tendría en una sociedad ágrafa? Probablemente sería utilizado para encender el fuego, como el billete de Marco Polo, igual que se usaría la talla de la Piedad que antes mencioné para mantenerlo.

De igual forma que se desmontó el revestimiento de caliza de las pirámides (originalmente eran completamente lisas, el brillo del sol egipcio en ella se debía ver hasta en los cuernos de la Luna) para alimentar los hornos de cal, con que blanquear las paredes de las casuchas de El Cairo, nuestros antepasados usaron las piedras de los castros para levantar cercas para el ganado. Y los sillares de antiguos conventos, para levantar sus viviendas.

Para valorar una obra de arte, un monumento histórico, hay que alcanzar un cierto nivel de civilización. Y también pasa lo mismo con la naturaleza o con el patrimonio etnográfico. La gran mayoría de la población está abandonada a la bestialidad, y no reconoce más que el valor de lo inmediato, de lo que le sirve para llenarse el estómago o pavonearse. Ese analfabetismo generalizado es el que explica la devastación del patrimonio natural y cultural de esta tierra.

Dos frases tan típicas como el sempiterno “¿Y tú de quién eres?“:

1. ¿Y para qué sirven los carballos? –> Tras protestar por que estuvieran talando una touza para usarlos como combustible.

2. ¡Sólo venís a sacar las cosas malas! –> Mientras fotografío una preciosa casa abandonada en una aldea.

Realmente, el enemigo de la nación gallega, el que quema nuestros bosques, introduce especies invasoras y deja que se arruine irremisiblemente nuestro patrimonio, es siempre el mismo: LA IGNORANCIA.

Hay que declararle una guerra sin cuartel, poner todos los medios posibles y aún más, para exterminarlo y erradicarlo de esta tierra.

+
+
+
+
+
+
+

25 enero 2016

Sentencia de muerte para Galicia

Filed under: ecología — Mendigo @ 20:51

No por esperado, ha sido menos doloroso.

Como me temía, el PP, viendo que se hacía muy difícil revalidar el gobierno, ha aprobado una prórroga por 60 años de la planta de celulosa de ENCE en la ría de Pontevedra en el tiempo de descuento.

Ya hemos visto esta maniobra tantas veces, en ayuntamientos, CCAA o el mismo gobierno: para lo que me queda en el convento, me cago dentro. Uno se pregunta qué legitimidad puede tener un gobierno en funciones de firmar nada sustancial, y menos por 60 años (salvo los que seáis muy jovencitos, el resto ya estaremos criando malvas mucho antes).

Ahora vendrán las protestas y los lamentos. ¡Demasiado tarde, filliños!

Ya son tantas veces que veo venir el tren, me desgañito, pero soy absolutamente impotente para lograr cambiar nada porque reina la indiferencia.

Este asunto se ha tratado siempre en clave local, como si el impacto ecológico de la presencia de la plata de ENCE se limitase a las poblaciones ribereñas de la ría de Pontevedra. Y siendo importante, en sí el impacto ecológico de la planta es muy poco relevante en relación a lo que implica: la eucaliptización de Galicia. La razón de ser de los eucaliptos es alimentar la papelera, que es el comprador de la casi totalidad de la madera de eucalipto. No habría papelera sin eucaliptos; ni apenas eucaliptos, si no existiera mercado, si el gran comprador que es esa planta de celulosa cerrara sus puertas.

Y prometen acometer inversiones para aumentar la producción, lo que significa que se abrirán sus fauces para deglutir más eucaliptos, con lo que la destrucción habida en la costa penetrará a las comarcas del interior, desplazando lo que queda de bosque autóctono.

Es desolador.

Estoy harto de estar rodeado de cretinos integrales que hacen aspavientos por la más mínima chorrada, para que todo el mundo vea lo muy comprometidos y ecológicos que son. La maestrilla imbécil enseñando a los putos niños en qué contenedor se debe echar la basura, porque reciclando salvamos el planeta. Las organizaciones ecologistas, muy preocupadas salvando ballenas o luchando contra las nucleares, que todo el mundo sabe que son muy contaminantes… aunque no se haya reportado ningún efecto sobre el medio natural, ni el más mínimo, ninguno, cero… después de 50 años funcionando varios reactores en España. Es más, es que incluso el entorno de Chernobyl tiene, tras el peor desastre nuclear de la historia y tres décadas de recuperación, mejor estado de conservación y mayor biodiversidad que el monte gallego.

¿Cuál es la magnitud del problema de los vertederos? ¿Unas pocas hectáreas afectadas en toda Galicia? ¡ESO ES UNA MIERDA! En la lista de amenazas ecológicas sobre los ecosistemas gallegos no entra ni en las 10 primeras, la imbecilidad del reciclaje puede estar bien en países civilizados que ya han puesto solución a la decena de amenazas más importantes, pero aquí, es de un cinismo repugnante preocuparse por esa minucia en Galicia cuando los incendios forestales calcinan miles de hectáreas cada año (problema número 2) y hay 500.000 hectáreas de eucalipto plantadas, más otras tantas de coníferas.

Es repugnante la hipocresía políticamente correcta de los mierdas de ciudad, que se quedan todo ufanos con su bolsita al contenedor de vidrio. Con eso, ya llenan su cupo de buenas acciones con la Naturaleza, ya se pueden sentir satisfechos con su conciencia. Aunque vivan rodeados del desierto verde de plantaciones de eucaliptos. Estoy rodeado de ignorantes que no conocen la magnitud del daño, de imbéciles que no lo comprenden, o de asquerosos hipócritas que les importa una mierda y les basta el gesto para quedar como ciudadanos comprometidos y responsables.

Galicia ha sido destruida por los monocultivos forestales (y media Asturias, y media Cantabria, y todo el Norte de Portugal, y parte de Extremadura y Oeste de Andalucía, y empiezan a introducirse en Euskadi…). Estamos hablando del MAYOR ATENTADO ECOLÓGICO de la historia en Europa, por la magnitud del área afectada y lo profundo del daño.

Recapitulemos.

Crimen ecológico: Plantación de eucaliptos para abastecer a las fábricas de celulosa peninsulares.
Extensión: 1,4 millones de hectáreas en la Península Ibérica (500.000 de ellas en Galicia). El 59% de la extensión de E.globulus en todo el mundo crece aquí. En A Coruña, el bosque autóctono representa ya sólo un 11% de toda la masa forestal.
Daño: destrucción completa del ecosistema original y sustitución por el monocultivo industrial de una especie invasora, originaria del continente austral. Muy difícil y costosa regeneración. Daño persistente o permanente.

¿Cuántas manifestaciones ha habido clamando por este holocausto natural? ¿Qué organizaciones ecologistas han puesto el grito en el cielo? No, el imbécil de ciudad está pendiente de póbrecito tal toro que alancean o tal caballo el stress que pasa saltando una hoguera. Del ambientalismo hemos pasado al animalismo, de la conservación de los ecosistemas a los derechos de los animales. De algunos animales, los animales de compañía y los que nos parecen más cuquis.

¿Cuántos animales mueren abrasados en un incendio forestal? ¿Cuántos mueren o ni siquiera llegan a nacer por la destrucción de su hábitat por los incendios, los monocultivos forestales o la urbanización de baja densidad aberrante tan característica de Portugal del Norte?

Ignorantes, imbéciles, hipócritas… ¡todo junto y algo más!

Quien tiene un cáncer, no se preocupa de ir a que le quiten una verruguita. Si realmente les importara la Naturaleza sabrían identificar prioridades. ¡Hipócritas, falsarios! Nadie a quien le estén robando el coche se preocupa porque se le caigan unos céntimos del bolsillo. Pero con la Naturaleza sí que se puede entrar en esos juegos ¿verdad? Siempre podemos poner un par de paneles solares en el ayuntamiento, para que todo el mundo vea lo muy ecológicos y modernos que somos.

ENCE ganó un tramo de 40MW de biomasa en el pasado concurso de renovables. Es decir, que se ocuparán nuevas tierras para plantar eucaliptos, y luego quemarlos y así generar energía eléctrica; y aún tendré que aguantar a los gafapastas felicitándose por ello. ¡Qué bien, qué guai, la biomasa que es una energía renovable, sostenible, ecológica! Joder, era para alimentar la central con sus putos cadáveres.

¿Protestas en Galicia por la destrucción de sus ecosistemas y paisajes rurales, por la introducción de especies alóctonas? Ni están ni se las espera. A la gente de ciudad les importa un cojón, mientras estén bien cuidados los árboles del paseo de su villa o ciudad. Ecología de parques y jardines, habría que cortar ya este césped, y recoger las hojas, que afean.

Y a los aldeanos, comuneros, bestias pardas con perdón de las bestias, les parece bien todo lo que les deje unos dineritos para pagarse el todoterreno, su objetivo vital, del que sólo se apean para disparar contra algún animal en los días de caza.

Porque esto es lo terrible: PORQUE NO SABEN GENERAR RIQUEZA SI NO ES CON LA EXPLOTACIÓN, LA DESTRUCCIÓN DE SU MADRE. Estos garrulos siguen viviendo en el primitivismo extractivo, aún no salieron de la caverna.

Son así de hijos de puta, estos gallegos, estos asturianos, estos portugueses… que maltratan a su madre.

No hay un puto eucalipto en toda Francia, en toda Italia, en toda Alemania, Bélgica y Holanda, a pesar de tener condiciones para ello. ¿Por qué puede estar prohibido introducir especies invasoras en la Europa civilizada y aquí se ve como una utopía irrealizable? ¿Por qué no respetamos la tierra, por qué no nos respetamos a nosotros mismos?

La posibilidad de la retirada de ENCE de la ría abría una ventana de oportunidad a Galicia para librarse de los eucaliptos y recuperar lo que fue. ¡Podríamos soñar con la regeneración ecológica gallega! Dentro de 60 años ni siquiera se podrá hablar con propiedad de Galicia, habrá dejado de existir; de forma sincrónica a la destrucción del entorno que vio nacer a este pueblo, se puso énfasis en la destrucción de su cultura, de su alma.

El régimen de Franco otorgó a los antaño feraces montes gallegos el cometido de proveer de celulosa a medio mundo. Fraga bendijo este arreglo y fomentó la colonización de nuevos territorios, dedicándolos a este monocultivo. Y ahora el gobierno de Raxoi, el señor de los hilillos, confirma la sentencia de muerte de los ecosistemas terrestres gallegos: no sólo no se revierte la colonización de tierras por el eucalipto, sino que se expande para abastecer la prevista ampliación del monstruo de Lourizán.

¿Protestas? Porque la planta afea el paisaje de los pontemierdeses, pero por los eucaliptos… un dinerito al bolsillo, que no le viene mal a nadie. Aquí nadie se queja.

¿Qué daño les ha hecho esta madre, que tan mal la tratan sus hijos? Nadie odia tanto, nadie obra con más saña contra Galicia, como un gallego.

P.S: Mierda a todos los putos partidos políticos, del primero al último en toda su puta variedad cromática de colores corporativos. Mierda para todos ellos, porque todos se llenan la puta bocaza de subnormal con la E-CO-LO-GÍ-A, y NINGUNO se ha propuesto acabar con la principal agresión ecológica de esta tierra. Hacen como que no ven el boquete en la alfombra, y siguen peinando los flecos. Claro, nadie se quiere arriesgar a perder los votos del rural; a los palurdos que no les toquen la rentita que les dejan los eucaliptos, y a los de ciudá se la pela lo que hagan en su patio trasero, su patria es el centro comercial y las terrazas de moda.

¡Pues venga, más eucaliptos, que aún caben otros pocos!

¡Oh! ¡Qué verde que es Galicia! ¡Qué bonito! ¿Vamos de shopping a un Zara?

null

18 enero 2016

La política fiscal, la teoría de juegos y el cambio climático.

Filed under: ecología,economía — Mendigo @ 18:14

En este artículo, procuraré exponer cómo usar la política arancelaria como herramienta para lograr la reducción global de las emisiones contaminantes, con una pequeña referencia a la teoría de juegos.

El mejor arma que existe contra el cambio climático es…el cerebro. En vez de proponer magufadas termodinámicamente absurdas acerca de la captura de carbono, deberíamos empezar por plantear el problema en términos que nos den una pista para una posible solución con las herramientas de las que ya disponemos.

El principal obstáculo para lograr un escenario de reducción multilateral de las emisiones de los gases de efecto invernadero y, en general, las emisiones contaminantes, es que su formulación responde exactamente al dilema del prisionero (para los no familiarizados con este problema clásico de la teoría de juegos, sugiero leer sobre él antes de continuar). Con el agravante de que existen muchos prisioneros en la celda, y por lo tanto es más difícil alcanzar la unanimidad y más fácil que uno decida aprovechar la situación y chivarse del plan de fuga.

Esto es, todos sabemos que el óptimo consiste en que todos los Estados cooperen y se vuelquen en un esfuerzo parejo de reducción de emisiones (centrémosnos en los gases de efecto invernadero, pero podría aplicarse a cualquier contaminante). Pero éste es un equilibrio inestable, ya que si uno de los presos decide traicionar a los demás y sigue contaminando como antes, obtiene una ventaja competitiva sobre los demás al poder producir más barato. De esta forma, la introducción de un solo delator implica que todos los Estados correrán a traicionar a sus compañeros para no perder competitividad y descubrirán al carcelero el túnel que estaban excavando para poder escapar, y que supondría la salvación de todos.

Reducir las emisiones es costoso, implica adoptar tecnologías y procesos que comportan una fuerte inversión, muchas veces también con costes más altos de operación, y minan la rentabilidad y la competitividad de la industria considerada. En otros términos: hay que esforzarse en cavar el túnel, y deben comprometerse a cavar todos. Y, especialmente en el caso del CO2 y demás gases de efecto invernadero, al distribuirse en la atmósfera, es indiferente quién emita ya que el daño es común.

En resumen: tal y como está planteado actualmente el problema, existe un fuerte incentivo a traicionar a los compañeros y no reducir las emisiones (no al menos de forma suficiente para evitar una catástrofe climática). Podemos decir que la Cumbre del Clima de París es un equilibrio de Nash: todos los prisioneros deciden traicionar a sus compañeros. Eso sí, diplomáticamente y guardando las formas, para que no se altere la convivencia en la celda (fracaso es una palabra muy fea, así que mejor lo expresamos como un éxito en NO llegar a ningún compromiso).

Tal y como está planteado ahora mismo el problema, la solución es apelar a la buena voluntad del mundo entero; lo que es lo mismo que reconocer que no hay solución. Para salir de esta encerrona lógica que nos lleva al desastre climático, hay que introducir algún elemento que suponga un cambio en las condiciones del juego, para que los jugadores se desplacen a otro punto de equilibrio que beneficie a todos.

Bien, yo propongo una modificación del tablero de juego que podría perfectamente implementarse en muy poco tiempo y desatascaría la situación, introduciendo un elemento que incentive la reducción de emisiones.

Paso a exponerlo: Muchas veces he comentado la enorme potencia que tiene el concepto de imputar externalidades al que incurre en ellas y obtiene provecho. Es un principio muy sencillo de entender por cualquiera: si alguien opera un negocio contaminante, no puede ser que se lleve los beneficios y, la sociedad, soporte gratuitamente las consecuencias de la contaminación. Habrá que cuantificar los daños asociados a la operación de esa empresa, y pasarle la minuta (generalmente, en forma de tasa fiscal) para resarcir a la sociedad por esos daños. De esta forma, forzamos la adopción de medidas que controlen esas emisiones o procesos que las minoren, so pena de que la factura fiscal saque al contaminador del mercado.

Pues bien, se trata de extender este principio al comercio internacional, instituyéndolo como principio de la política arancelaria de la Unión Europea. Esto es, todo bien importado deberá pagar unas tasas proporcionales al exceso de daño causado en su fabricación, tomando como base lo que costaría en términos ambientales fabricar ese bien en Europa. Las empresas podrían someterse voluntariamente a auditorías ambientales independientes para determinar el consumo de energía y materias primas en que se incurre para disponer en el mercado europeo de ese bien (incluyendo el transporte), y según las fuentes de una y otras, las agresiones al medio natural en que se ha incurrido. De forma directamente proporcional a este daño, se calculará el impuesto que permitirá igualar ambientalmente el producto importado respecto al homólogo europeo, y podrán entonces competir en igualdad de condiciones en los anaqueles de las tiendas europeas.

Por supuesto, esta auditoría sería voluntaría; las empresas que no estuvieran dispuestas a someterse a él, se aplicaría a sus productos un cálculo general, con datos medios según la industria y el país de origen.

Es cierto que esta revolución arancelaria corre el riesgo de desatar una guerra comercial, pero tengo buenos motivos para creer que la sangre no llegaría finalmente al río.

Primero, hemos de ser conscientes de que la UE es la mayor potencia económica mundial, y un descomunal mercado en el que quieren estar presentes todos los jugadores. Es más, en esta política podrían secundarnos otros países como Suiza o Noruega que, no estando en la UE, comparten nuestros principios. Es más, si la política exterior europea fuera digna de ese nombre, debería buscar apoyos en países fuera del continente para adoptar esta mecánica arancelaria, estimulando su reciprocidad (los productos europeos deberían demostrar su limpieza para entrar sin sobrecargo en terceros países).

Segundo, no es una política que se dirija contra nadie en particular, sino que señala a los sectores y países más contaminantes. Pero no es nominal ni determinista: pueden reducir la factura avanzando por la senda de la descarbonización. De hecho, Europa contraería un gran compromiso: el de no gravar las importaciones que demostrasen tener asociadas emisiones en nivel igual o inferior a la producción local (un verdadero caramelito, para según que países y sectores). Esto estimularía a su vez el esfuerzo europeo por no dormirse en los laureles y perseverar en la reducción de emisiones contaminantes.

Al ser percibido por la sociedad como una tasa justa y con un objetivo no es exagerado decir que salvífico, sería mucho más difícil de cara a la opinión pública interna de terceros países justificar la apertura de hostilidades comerciales con la UE a causa de esta nueva política arancelaria (e, insisto, somos la mayor superpotencia económica, quien se nos enfrente en una guerra arancelaria tiene muchas posibilidades de dejarse los bigotes en la gatera). A regañadientes, pero todo el mundo acabaría viéndose forzado a jugar con nuestras condiciones y entrando en la competición por la reducción de emisiones.

Y aquí vuelvo a ampliar: este concepto no es solamente aplicable a la reducción de la huella de carbono en la industria, sino toda aquella agresión al medio natural asociada a la producción del bien en cuestión, sea deforestación, vertidos en cursos de agua, contaminación por SOx, NOx, O3 o PM<5 del aire en núcleos urbanos, et caetera. Esas agresiones deben ser cuantificadas e imputadas al producto en cuestión, en la medida que haya incurrido en ese consumo de materias primas y energía.

De hecho, también sería una oportunidad para introducir incentivos para evitar la explotación humana, castigando por medio de tasas más altas no sólo el dumping ecológico, sino también el dumping social (jornadas laborales de más de 40 horas, salarios misérrimos, accidentalidad laboral…). De esta forma, devolveríamos la competitividad perdida a la industria europea al igualar términos, imputando las externalidades en que sus homólogas incurren a costa de sus poblaciones, los ecosistemas y toda la Humanidad. Recíprocamente, Europa tendría un acicate para seguir mejorando las condiciones sociales y ecológicas de su economía (para meter más diferencia a sus competidores y, por lo tanto, mayor gravamen) y no como actualmente, que el incentivo es a reproducir las condiciones de producción en los países menos desarrollados.

En definitiva: para ganar competitividad en los mercados globales, los jugadores deberían esforzarse en contaminar menos. Esto supondría invertir la tendencia actual (ganar competitividad rechazando la adopción de medidas para reducir las emisiones), revirtiendo las condiciones del problema y poniéndolas a operar a nuestro servicio.

Esto es obrar con inteligencia. Y para esto, no hace falta ninguna máquina mágica que contravenga los principios de la termodinámica, basta disponer de voluntad política, lealtad para con la ciudadanía y la Humanidad (la presión usamericana sería tremenda) y algo en la mollera.

+
+
+
+
+
+
+
+

7 enero 2016

Monte limpio, monte sucio

Filed under: ecología — Mendigo @ 1:09

Cuando algo no se puede o se sabe mejorar, es mejor transmitirlo tal cual y que el reconocimiento sea para el autor. En este caso, copio un artículo del biólogo David Álvarez, autor del espacio Naturaleza Cantábrica (un blog de referencia para todo amante de la Naturaleza).

Lo que dice es tremendamente básico, sencillo, debería ser evidente para todo el mundo, pero… no es así. Es de una importancia capital enfrentar y vencer el discurso palurdo de la cultura tradicional que aprecia como “suciedad” la Naturaleza, que hay que “limpiar” (=destruir, desbrozando o quemando), para conseguir el modelo de entorno para los aldeanos: un paisaje humanizado, íntegramente dedicado a pastos o cultivos y, lo que quede, monocultivo forestal. Hasta el último rincón de la tierra dedicado al rendimiento económico de los paisanos, sin reservar espacios donde la disposición de las especies sea decidida libremente por la Naturaleza.

++++++++++++++++

Con este título, “Monte limpio, monte sucio“, se encabezaba un articulo aparecido en el diario La Nueva España el pasado 26 de diciembre, en el que el periodista de siglas E.G. nos resumía en dos imágenes y “con absoluta veracidad lo que estaba ocurriendo aquí”. Supongo que se refiere el señor E.G. al motivo por el cual, desde el pasado sábado se ha calcinado gran parte del occidente asturiano.

Como prueba irrefutable de sus afirmaciones, E.G. nos muestra dos fotografías que según él representan un bosque cuidado y otro dejado “al albur de la naturaleza” y quiero suponer, aunque en ningún momento lo menciona, que el bosque sucio se quema mientras que el limpio no.

Lo primero que llama la atención es el concepto de limpieza y suciedad que tiene el autor, que a la vista de las imágenes, parece que equipara a orden y desorden, respectivamente, ya que en ninguna de las imágenes se aprecia suciedad alguna. entendida como inmundicia o porquería, normalmente de origen humano. [N.d.M: el concepto de “suciedad” es ajeno a la Naturaleza, donde hasta los excrementos y los cadáveres son fuente de nueva vida].

Con el fin de aclararle al señor E.G. el concepto de suciedad, le adjunto la anterior fotografía de uno de los múltiples vertederos ilegales que aún se pueden encontrar “aquí”, en nuestros campos y montes y que están compuestos básicamente de neumáticos usados, compresas, envases multicolores, muebles viejos y demás residuos humanos.

Lo que el señor E.G. y mucha gente entiende por suciedad es cualquier tipo de vegetal que forme parte del sotobosque y el matorral, o sea, todo lo que no sean árboles. Conviene recordar, aunque ya resulta un poco cansino, que un bosque no es solo un montón de árboles, sino que un bosque es un ecosistema complejo, compuesto de árboles, arbustos, formaciones herbáceas, pero también madera muerta, microorganismos y numerosos animales. Esas formaciones vegetales no arbóreas son fundamentales para el mantenimiento de una fauna característica y ese sotobosque, suciedad según el autor del artículo, también aporta nutrientes y protección a las semillas de los árboles que permiten que el bosque se regenere y evolucione.


Bosque afortunadamente “dejado al albur de la naturaleza”

En segundo lugar llama la atención el concepto que tiene el autor de lo que es un “bosque”, ilustrándonos con una imagen de una plantación de pinos, que podría sustituirse perfectamente por una plantación de berzas o de nabos, ya que su significado ecológico y económico es el mismo, eso si, “cuidada, mantenida, limpia, saneada”, como una gallina sedosa del Japón. Como imagen de bosque sucio, o “monte sucio” como literalmente escribe el autor, nos adjunta una fotografía de un eucaliptal, que probablemente no esté en explotación porque tras unas pocas cortas ya no es rentable y se ha abandonado.

Las dos fotografías del artículo poco tienen que ver con un bosque, eso sí, tienen que ver bastante con los incendios, y no precisamente por la supuesta suciedad que describe el autor, sino porque ambas especies son altamente inflamables, tanto por la presencia de resina en los pinos, como por la de alcoholes y aceites en los eucaliptos. No es de extrañar que la mayoría de los incendios tengan lugar en estas plantaciones, mientras que los bosques autóctonos maduros sufren menos (se puede leer un interesante artículo sobre el tema en este enlace).


Plantación “limpia” de eucaliptos ardiendo el pasado fin de semana.

Confundir un bosque con una plantación es un error bastante común, y muchas veces interesado, así como equiparar un bosque a un jardín, en el que el ser humano se encarga de segar, podar, desinfectar. Aunque ya resulta tedioso y ya se ha repetido mil veces, ni una plantación es un bosque ni un bosque es un jardín.

En cuanto a la conclusión del señor E.G. de que ha dado con el origen de los incendios, hay que recordarle que el origen de los mismos es, en el 90% de los casos, un mechero y un individuo que lo enciende, y no un matorral que arde por arte de magia [N.d.M: eso sólo ocurre en la Biblia, Éxodo 3]. La solución para evitar los incendios no es transformar los bosques en cuidadas plantaciones de pinos, sino en dejar de una vez de justificar las quemas y a los que las producen, así como reconsiderar la actual política forestal de la franja cantábrica, que se ha convertido en un monocultivo continuo de plantaciones de eucaliptos y pinos. Tampoco estaría mal que empezáramos a llamar a las cosas por su nombre, a los eucaliptales, plantaciones y a los incendiarios, delincuentes.

20 diciembre 2015

Un par de fotos curiosas, en la prensa de hoy

Filed under: ecología,internacional — Mendigo @ 12:01

Arde el monte, en Asturias, en Euskadi, también aquí, como no, en Ourense (Manzaneda y Carballeda de Valdeorras).

“Se cree que puede ser provocado”, dice el periodista. En Diciembre. En fin…

Esto es el Monte Igeldo, sobre Donostia. ¿Y qué se ve arder en la foto? A mano izquierda, pinos; a mano derecha, eucaliptos. Llegó a Euskadi el virus del monte-basura.

+
+
+
+
+

Y ahora, esta foto:

En principio, nada relevante. Un pickup en cuya plataforma los yihadistas han montado un cañón antiaéreo, que usan en ataques a tierra (recurso muy viejo, los alemanes encontraron que su flak de 88mm, apuntándola contra el suelo, era el mejor arma para frenar a los T-34 soviéticos, y lo único capaz de perforar el blindaje de un KV-1).

Pero…echadle un ojo a la rotulación: ¿Como una camioneta Ford F250 de un fontanero de Texas acabó en en el frente sirio, en manos del Estado Islámico?

Bueno, el hombre acudió al concesionario para cambiarla por el modelo 2015, entregando la vieja al concesionario como parte del pago. Este concesionario se la revendió a un mayorista de Houston, que la exportó a Mersin (Turquía). De Mersin a Alepo hay 350km, entrando por los mismos puntos fronterizos por los que sale el petróleo del califato.

« Página anteriorPágina siguiente »

El Tema Rubric. Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 344 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: