La mirada del mendigo

13 octubre 2020

Relaciones comerciales con Turquía

Filed under: Economía — Nadir @ 23:13

Ya hemos hablado en este espacio de la inoportunidad estratégica, por decir algo, de conceder y mantener la unión aduanera con Turquía, toda vez que ha ido deslizándose de la mano de Cerdoğan hacia el belicismo expansionista de carácter integrista. La última jugada es enviar a yihadistas (aquellos que la prensa trató por convencernos que eran “moderados”) veteranos de la guerra de Siria a luchar en los frentes libio y armenio. Follacabras sin fronteras.

En primer lugar, ya es extraño que se establezca un tratado de unión aduanera con un país que no es europeo (salvo parte de la Tracia, la provincia que Turquía tiene al otro lado del Bósforo). Esta condición ni siquiera la disfrutan países vecinos como Suiza o Noruega, y ya le gustaría a Boris firmar algo así para su isla.

En segundo lugar, incluso tratados comerciales menos extensivos (como el que se firmó con Japón) suelen darse entre Estados o zonas económicas con un nivel de desarrollo económico y social parejo, para no introducir desequilibrios. Por ejemplo, sería incongruente negociar un tratado de libre comercio entre países con regulaciones ambientales muy diferentes, pues el que tuviera una normativa más laxa obtendría una ventaja competitiva espúrea.

¿Por qué entonces se otorgó ese favor de la unión aduanera a Turquía, único Estado que la disfruta sin ser un país miembro de la UE (además de Mónaco y San Marino)? En parte para ayudar a Turquía a desarrollarse, en mayor parte porque abría un enorme mercado a las exportaciones europeas. Además de permitir a empresas europeas deslocalizar su producción a un territorio con una mano de obra mínima, lo cual a su vez deprimía la mano de obra europea con la que tenía que competir.

Pero aquí viene el motivo de esta entrada: esa razón ya ha terminado. En buena parte debido a la debilidad de la lira turca, que lleva años depreciándose frente al euro (y resto de divisas fuertes), las exportaciones desde la UE se han reducido, mientras que la mayor competitividad de la producción turca consecuencia también de unos costes salariales jibarizados por dicha depreciación de la lira han permitido que las importaciones desde Turquía a la UE hayan seguido creciendo hasta dar la vuelta a la balanza comercial.

Así pues. ¿Qué beneficio obtenemos de seguir manteniendo una unión aduanera con un Estado que entra en confrontación directa con los intereses europeos una y otra vez? Estamos alimentando a la bestia, y con nuestra propia carne. Porque por poner un ejemplo, cada automóvil que se fabrica en Turquía y entra en la UE sin aduanas ni aranceles es un coche menos producido en fábricas de la UE. Una unión aduanera no sólo implica que Turquía exporta a la UE bienes y servicios, sino que también exporta devaluación salarial y menoscabo del resto de condiciones laborales, con las que hay que competir sin la salvaguarda de aranceles que nivelen el terreno de juego.

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4 septiembre 2020

El boquete y su parche

Filed under: Economía — Nadir @ 8:18

Esta entrada surge de la simple curiosidad que tenía de comparar la ayuda prometida por la UE con la magnitud del desastre. A fin de cuentas, no deja de ser un parche para tapar un agujero dejado en la economía, un dinero que entra para suplir la riqueza que se ha dejado de generar debido a la pandemia.

Bien, en primer lugar, el tamaño del boquete: 6.575 M€ en el Q1 y 65.704 M€ en el Q2, respecto al año anterior. Aunque realmente, deberíamos tomar la referencia no en el año 2019 sino el PIB previsto para 2020 en circunstancias normales, considerando un crecimiento que se estimaba en el 2%. Pero bueno, dejémoslo así: la economía española dejó de generar 72.279 M€ de riqueza en el primer semestre.

Ahora, el tamaño del parche: 72.700 M€ en ayudas directas, no reembolsables, de la UE a España. El resto, hasta los 140.000 M€, son créditos en buenas condiciones que no considero porque, realmente, España ya está obteniendo financiación a tipos bajos gracias al programa de compras del BCE.

Como veis, casa a la perfección el parche con el roto. La economía española recibirá, en los próximos tres años, un chute de dinero equivalente a la sangría de riqueza dejada de generar por la crisis.

Ahora, los peros:

Dejada de generar… hasta Junio. Todavía quedan los datos del Q3, trimestre en el cual el turismo es la actividad hegemónica en la economía española. Y hay cifras de caídas del 80% de visitantes, que podrán ser enjugadas parcialmente por el turismo interior, que puede salvar el año al sector pero no ayuda en nada a equilibrar la balanza comercial. Y todavía queda un Septiembre con el virus de subidón, y la vuelta al cole como correa de transmisión para la epidemia. No hay nadie tan iluso que espere que esto esté medianamente arreglado en Octubre, así que es de esperar que también el Q4 vendrá cojo, y veremos cómo nos comemos las uvas.

Por lo tanto, Bruselas ha sido muy generosa con la incompetencia de España e Italia en gestionar la epidemia y ha cubierto el daño causado, pero hasta el 1 de Julio. A partir de entonces, las pérdidas habrán de ser asumidas por la sociedad.

Más cosas. Hace poco subía un gráfico terrorífico en los comentarios:

Como es absolutamente de esperar, la deuda de las AAPP se está disparando, fundamentalmente la del gobierno central. Una caída de la recaudación fiscal producto de una menor actividad económica se suma a un incremento del gasto en los ERTE, que no deja de ser otra forma de subsidio de desempleo para evitar que las empresas tengan que pagar el finiquito a los trabajadores que despide para adaptar su plantilla a la “nueva realidad” de depresión económica. Medida copiada de la CDU alemana en la pasada crisis para no desligar al trabajador de su antigua empresa y que pueda ser retomado cuando se recuperen las ventas, y que permite la supervivencia de empresas que se verían abocadas al cierre si tuvieran que abonar el despido procedente vía ERE a su plantilla. Conservar el tejido empresarial con cargo a los PGE me puede parecer una medida inteligente y necesaria, lo que me sorprende es que haya quien intente venderla como el colmo del izquierdismo cuando realmente lo que pretende es salvarle el negocio al empresario.

Como decía en otro comentario: un premio para la labor de publicidad de este gobierno, que realiza una política cicatera en ayudas para paliar el parón económico, más que gobiernos con la etiqueta de “derechas” en países menos castigados por la epidemia y la respuesta autoritaria del Estado ante ella, y pretenden vendérnosla como “de izquierdas”.

La respuesta a esta crisis del gobierno español es menos social, menos de izquierdas, que la de los gobiernos de Merkel, Macron, Rutte o Johnson, por poner unos ejemplos. Hechos son amores, y no las etiquetitas que cada uno se quiera poner.

Pero bueno, a lo que vamos aquí. En los últimos 12 meses, el Estado ha emitido deuda por valor de 82.473 M€, 65.744 de los cuales en el último trimestre. Como decíamos, la brecha entre ingresos y gastos (déficit) la debe cerrar emitiendo deuda. Y este valor, de riqueza no generada sino prestada (tomo el supuesto de que la mayor parte de la financiación es externa, como ahora veremos), se debe sumar al boquete creado por la crisis (el PIB recoge la riqueza en el sistema sin discriminar su origen, pero es evidente que no es lo mismo crear riqueza que pedir prestado). Por lo tanto, ya no son 72.700 M€ sino más del doble, con lo que el parche que nos ofrece Europa no alcanza más que para cubrir la mitad del roto.

Y en modo alguno critico a la UE, que en este caso se ha portado con una excepcional generosidad, pues no tenía ninguna obligación a reparar lo que nosotros mismos, en nuestra incompetencia, hemos roto. 72.700 M€ en tres años es una cantidad fabulosa de dinero. Podéis comparar la cifra con los más de 160.000 M€ que España ha recibido de la UE en fondos de convergencia y demás programas de ayuda… desde su entrada hace 35 años.

Otro comentario no muy popular, pues somos muy dados a echar la culpa a los demás de nuestros errores (Bruselas, Rutte, Draghi, Lagarde…): como decía, quien verdaderamente nos está salvando el culo es el BCE, con sus programas de compra de deuda pública, y desde hace meses también privada, con el objetivo de bajar sus tipos y hacerlos asumibles para unos Estados y empresas hiperendeudados. Un mecanismo ridículo, por cierto, que permite que las entidades financieras se anoten unos apetitosos beneficios en corretaje, comprando deuda pública en el primario (las emisiones) para vendérsela acto seguido al BCE en el secundario. Por razón de un tabú tedesco, el BCE tiene vetado su acceso al primario, así que creamos este circuito absurdo para disimular que, realmente, un banco central está financiando la economía europea. Al igual que la FED, el BoE o el BoJ, aquí estamos todos metidos en la nueva economía cuántica que nadie sabe cómo puede acabar pero quien más quien menos se teme que como el rosario de la aurora.

Cuando digo que el BCE nos está salvando el culo, no soy lo suficientemente enfático. Sin el apoyo de un banco central grande, de una zona económica netamente exportadora, a estas alturas la sociedad española estaría devastada. Ya lo estaría tras la crisis de deuda del 2011, que sólo pudo ser frenada tras el providencial Whatever it takes, amenaza a especuladores que sólo el presidente de un banco central muy grande puede realizar de forma creíble (muy grande, más que el Bank of England que tuvo que claudicar ante la genial apuesta de Soros contra la libra). Sin el apoyo del BCE a la deuda española (compra emisiones enteras de títulos de deuda española, prácticamente basura que, a ese precio, nadie en su sano juicio aceptaría), el gobierno se estaría financiando a tipos altísimos, dedicando buena parte de la recaudación a pagar intereses (detrayéndolo de sanidad, educación, pensiones…) y abocando la economía a la bancarrota y el colapso. No sé si conocéis a algún argentino: podéis preguntarle lo bien que les ha ido la “soberanía monetaria” en las últimas décadas.

Muy alternativo y lo que queráis, pero tonterías, las justas. Lo que yo no puedo es, si algo lo veo blanco, decir que es negro o viceversa por necesidades del guión para ser aceptado en el grupo de Facebook de progres y gafapastas. La realidad es la única diosa y soberana. Sin el apoyo del BCE, en España tendríamos dos epidemias, una de coronavirus y otra de hambre. Y no es ningún recurso estilístico. Rezad para que la magia de la facilitación cuantitativa funcione, al menos un par de décadas que es lo mínimo que necesitamos para recuperarnos y enjugar toda esa barbaridad de deuda con la que nos hemos cargado. Y eso suponiendo que a partir de ahora empecemos a hacer las cosas bien y a crear vigorosamente riqueza. Que lo dudo. Así que ya sabéis cual es el destino, tan largamente postergado. Cada pueblo tiene lo que se merece.

Y un último comentario. Tengo verdadero pavor con el destino de toda esa enormidad de dinero que va a fluir a partir del año que viene. 72 G€ en ayudas y otros tantos en créditos blandos, a desembolsar en tres años, es una bestialidad de dinero a ser gestionada por mastuerzos y ladrones. Estoy cansado de ver carteles informando del importe de las obras subvencionadas, muchas veces casi en su totalidad, por la UE. También por la propia naturaleza de las condiciones de esos fondos, sometidos a otro tabú como son las inversiones directas de capital público en capacidad productiva, para no quitar mercado a la empresa privada, acaban destinándose partidas a completas imbecilidades sin retorno ni económico ni social.

Por poner un ejemplo, aunque seguro que vosotros tenéis otros cientos. Estos dos carteles están a 10 metros el uno del otro:

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Casi dos millones de euros en poner mojones en una ruta de turismo católico que no toma ni Dios. No sólo se han sacado de la manga un “Camino de Santiago” que viene de la frontera de Feces (raia seca), sino que lo han desdoblado en un que va por Laza y otro por Xinzo. Si por el primero no van más que cuatro desgraciaos, por el segundo jamás en mi vida he visto a nadie, y no sin razón ya que pasa por una de las zonas más espantosas de toda Europa (y conozco algo de ella), abrasada por incendios que calcinan una y otra vez el mismo terreno cada dos o tres años. Caminar entre montones de vertederos improvisados y restos de incendios no es agradable. Y sí, estos letreros se refieren a sendos tramos de esa segunda ruta. Se han gastado casi dos millones de euros en inventarse un tramito de camino que no traerá ningún retorno económico. Siendo generosos, no creo que llegue a 100€ lo que facturarán los bares de la zona en cafés y bocadillos, al año, eso suponiendo que realmente alguien lo tome, que ya digo que no tengo constancia ni de un sólo peregrino.

Es un ejemplo de mala inversión de dinero procedente de Europa. No os aburro con las fotos que voy sacando con el móvil porque tendría para reventar la capacidad del blog.

Si eso ocurre ahora, cuando empiecen a llegar los 72.000 millones y haya que idear proyectos para justificar el gasto, vamos a ver una verdaderas atrocidades, monumentos al despilfarro estúpido. Al final, ese dinero acabará en los bolsillos de políticos corruptos y constructores amigos, y la calderilla a pagar la nómina de curritos para disimular las cifras de paro hasta las próximas elecciones. Ya nos sabemos la historia.

Bruselas lo que pretende con ese dinero es incrementar de una vez la competitividad de la economía española. Fin loable, pero las cosas no funcionan así; no es como un videojuego, que con unas moneditas de oro haces un upgrade a tus guerreros. Para mejorar la capacitación de la mano de obra es necesaria una inversión, bien es cierto, pero casi diría que es el menor de los problemas. Para ponernos a la par con Europa no sólo hace falta la limosna de nuestros vecinos, hay que hacer cambios radicales en la universidad, plagada de mediocres que en el curso de los trienios han hecho su nidito del puesto de trabajo. En el tejido empresarial, que no sabe competir si no es agarrado de la teta del Estado, invitando a cenas al político licitador. En la gestión pública, completamente corroída por la incompetencia y la corrupción. Y, en suma, en una sociedad en la cual los conceptos de esfuerzo, superación y honor son términos en alguna lengua extranjera. Hay que crear una cultura de respeto por el conocimiento. Mientras el conocimiento no sea un valor generalmente reconocido en la sociedad como lo es un móvil de alta gama o un coche alemán, la mayoría de los jóvenes seguirán tomando la vía fácil (y normalmente mejor remunerada) de emplearse en la obra o la restauración.

Yo no gano tanto como el albañil que vino a hacerme una reforma en la cocina: 800€ por dos días de trabajo, quítale 50€ en materiales, a ver quién se levanta eso. Y de los tres presupuestos que pedí, era el más barato. Y él empezó a ganar dinero a los 16 años, mientras que yo estuve gastando en libros y matrículas hasta los veintitantos. Algo no funciona aquí. Y los críos lo saben. Estudiar, en España, es un error de pringaos. Y mientras esta percepción social del valor del estudio y el esfuerzo no cambie, ya nos pueden regar con euros como el hortelano a las lechugas, que seguiremos en el mismo marasmo secular.

Así que ya sé lo que va a pasar con esa pastarrufa que llegará de Bruselas. Seguirá el mismo camino que el resto: chutará durante un tiempo la economía, reactivará el empleo mientras esté abierto el grifo y, al no tratarse de inversiones productivas con un retorno positivo, según deje de fluir el chorro se drenará todo ese capital a cuentas en Andorra, Suiza o Luxemburgo y volveremos a estar en la misma situación en que nos encontramos hoy: endeudados, y sin nada que ofrecer al resto del mundo que justifique el nivel de vida que ansiamos tener.

Ni más ni menos que lo que merecemos.

Por cierto, por comparar, os dejo los datos de la caída del PIB en el primer semestre de unos cuantos países de nuestro entorno, en relación al 1H del 2019.

España: -23,01%
Italia: -21,47%
Francia: -18,61%
UK: -15,46%
Eslovaquia: -11.17%
Alemania: -8.33%
Corea del Sur: -4.5%
China: -3.2% (cayó el 6.8% en Q1 pero en el Q2 ha compensado y ya está creciendo)
USA: -1,99%
Lituania: 0,09%

Es el virus, que nos tiene manía.

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19 agosto 2020

Aranceles de carbono

Filed under: Economía — Nadir @ 9:28

Ya sabéis lo ufano que me siento cuando el tiempo reivindica mis juicios. Pero esta vez mi satisfacción no tiene nada que ver con mi ego. No sé si alguien recordará una entrada que realicé, para mí una de las más importantes de este espacio (y ya van unas cuantas), proponiendo la que a mi juicio sería la vía más efectiva para lograr una reducción de emisiones de dióxido de carbono globales: La política fiscal, la teoría de juegos y el cambio climático.

Pues bien. Parece que han tenido la misma idea en Bruselas. Este concepto, el carbon border adjustment mechanism o, más simplemente, carbon border tax, normalmente asociado a los derechos de emisiones (ETS), hacía tiempo que se había propuesto pero hasta ahora ningún país se había decidido a adoptarlo.

Todavía está todo por definir y, sin duda, una tasa así tiene grandes dificultades por delante, desde definir la intensidad de carbono de cada importación o determinar su cuantía, a aplicarla en un escenario de guerra arancelaria descarnada (USA, con una intensidad energética que es el doble de la europea, podría tomar represalias). Ya sabéis que yo no me quedo en los titulares ni me sumo a la satisfacción oficial como por ejemplo con la Cumbre de París, que fue una completa patochada de cara a la galería, por mucho que los periodistas, analfabetos, transmitieran a la ciudadanía el júbilo por los no-compromisos de los próceres mundiales.

Esta iniciativa, de llegar a buen puerto y no aguada por los cabilderos comme d’habitude, tiene la capacidad de suponer un punto de inflexión determinante en la producción de emisiones de efecto invernadero. Emisiones globales, porque hasta ahora estábamos limitados por el unilateralismo: un estado o supraestado puede tomar una vía de descarbonización, pero no podía forzar a los demás. Y, de hecho, tomando esta vía podía dañar la competitividad de su industria, obligada a incurrir en inversiones que la competencia podría ignorar, sacándola del mercado. La necesidad de unanimidad, para que el estado que se desmarque no obtenga una ventaja competitiva de su falta de compromiso, es lo que tiene bloqueado el esfuerzo diplomático hacia la reducción de emisiones. Máxime desde que USA, con la llegada de Trump, decidió romper la baraja, lo cual movió a China a rebajar sus objetivos de descarbonización. O todos o ninguno.

Pues bien, la tasa de carbono es la solución a este problema lógico. La UE no puede forzar a terceros países, pero sí tiene competencias para determinar la política arancelaria, así que puede hacer valer su condición de segunda potencia económica mundial en volumen de importaciones para forzar comportamientos en sus proveedores. No obliga a nadie, pero el estado/industria que justifique su descarbonización (¿auditoría ambiental?) podrá entrar en el mercado europeo sin la carga añadida de esta tasa. E incita a otros estados, sectores industriales y bloques económicos a adherirse al acuerdo para intercambiar bienes (y acaso servicios, pues muchos también tienen una notable huella energética) libres de la tasa de carbono, lo cual aceleraría el cambio y la adopción mundial de medidas de descarbonización, para no quedar como un estado-paria, excluido de los mercados internacionales.

Ya a mayores, como decía en el artículo: sería interesante aprovechar la oportunidad para tomar en cuenta no sólo las emisiones de efecto invernadero, sino el impacto ecológico en su conjunto (hay más agresiones al medio natural que el cambio climático) y, ya puestos, las condiciones laborales. Una forma de nivelar el terreno de juego; si un producto foráneo quiere competir con un producto europeo, tiene que equilibrarse el precio según las condiciones en que ambos han sido producidos. De esta forma no sólo estaríamos promoviendo la descarbonización de la economía mundial, sino también la protección de los ecosistemas en su conjunto y el respeto de los derechos laborales (además de la protección de la industria europea de la competencia ilegítima).

Sabéis que no suelo echar las campanas al vuelo, y siempre he defendido que el problema de las emisiones de efecto invernadero era mucho más complejo que una cuestión de compromiso voluntario, en general cosmético, movido por el exhibicionismo progre. Precisamente por comprender la dificultad de superar el equilibrio de Nash que subyace en los compromisos de reducciones de emisiones. Pues bien, sólo la intención de establecer estas tasas al carbono son una excelente noticia, el mayor avance desde Kyoto para la reducción efectiva de las emisiones. Ahora toca ejercer presión social para que esta iniciativa (ahora en proceso de consulta a la ciudadanía, en el cual podéis y debéis participar) no acabe descafeinada u olvidada en el trámite por los pasillos de Bruselas.

Al menos hoy, hay una esperanza cierta de detener el calentamiento global que ayer no teníamos. Esto sí que es una iniciativa seria, con verdadera potencialidad transformadora, no becerradas de cara a la galería. Ahora, a defender con ahínco su aplicación rigurosa.

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21 julio 2020

Impuesto de sociedades en Estonia

Filed under: Economía — Nadir @ 13:14

En los últimos días, ha vuelto a la actualidad la diferente imposición a las empresas de los países de la UE, saliendo los casos de piratería fiscal de Irlanda (Double Irish) y Países Bajos (Dutch Sandwich), y a veces otros territorios fiscalmente “peculiares” como Luxemburgo, Malta o Chipre.

Quiero en el inciso dejar constancia que considero absolutamente normal la exigencia de los países que apoquinan de vigilar el destino de esa enorme suma de dinero (lo que es absolutamente inaceptable es que pretendan condicionar las políticas de los países receptores, muy en concreto la política laboral). La main qui donne est au-dessus de celle qui reçoit, y si queremos permitirnos la soberbia otra vez mejor llegar como ricos a la mesa de negociación, pero tampoco da derecho a todo.

Pero como decía, me parece no sólo lógico, sino provechoso para el receptor, la inspección del destino de esos fondos, habida cuenta de lo aburrido que estoy de ver letreros de obras estúpidas y/o fraudulentas subvencionadas con fondos de la UE. A España, y muy especialmente al rural (fondos FEDER, un nombre muy apropiado), se le ha regado con una inmensidad de dinero que ha ido a parar a los bolsillos de constructores y otras empresas de servicios en buenas relaciones con la administración de turno, generalmente ayuntamientos. Es inconcebible que se permita a alcaldes y concejales, sin capacitación ni para hacer la lista de la compra en el supermercado, gestionar presupuestos millonarios. Más fondos sólo significarán más corrupción y más obras inútiles (como el malhadado Plan E).

Por cierto, si me preguntáis, en mi opinión no sólo las diputaciones, también los ayuntamientos deberían ser disueltos para crear una administración única de nivel nacional. Considerando como nación, en mi caso, el territorio del antiguo Reino de León, esto es, aproximadamente las CCAA de Galicia y Asturias, más las provincias de León, Zamora, Salamanca y Norte de Cáceres, una de las cuatro partes en las que considero España debería ser dividida para mejor autogobernarse sus pueblos (las otras serían Castilla con sus conquistas más allá de Sierra Morena, el antiguo Reino de Navarra y el antiguo Reino de Aragón, entidades sociológicas más homogéneas que el pastiche llamado España).

Pero bueno, no nos vayamos por las ramas. Sólo quería comentar mi modelo de Estado para soliviantar los ánimos de algún españolista, pero aquí he venido a hablar del modelo estonio. Últimamente me estoy fijando en este país báltico, muy ligado a Finlandia además de geográficamente (Tallin y Helsinki están frente a frente, separadas por un brazo de agua de poco más de 50km), por cultura (ambos son pueblos de lengua ugrofinesa) y, entre otras cosas, por encabezar las encuestas de nivel educativo en Europa. Y, tras los experimentos educativos finlandeses, con Estonia en primera posición. No está mal para un pequeño país en un rinconcito de la UE que partía en el momento de su unión con un PIB realmente bajo (que está creciendo a buen ritmo). Cuanto más leo sobre él, más me está gustando el camino que lleva (por ejemplo, ha acometido una completa informatización de su burocracia, permitiendo que sea extremadamente ágil y eficiente), y me parece que ya sé cuál va a ser el destino de mi próximo viaje grande.

Ya está bien de rodeos. La particularidad fiscal de Estonia es que su impuesto de sociedades grava sólo los beneficios distribuidos. Explicamos un poco el tema. Los beneficios de una empresa, lo que ingresa menos lo que gasta para lograr esos ingresos, se pueden diferenciar entre:
– distribuidos [a sus propietarios] (en forma de dividendos, recompra de acciones, reducciones de capital…).
– no distribuidos, beneficios que permanecen en la empresa para capitalizarla y permitir su crecimiento (por ejemplo, comprando nuevas máquinas para aumentar su capacidad productiva y/o su eficiencia).

La peculiaridad de la fiscalidad estonia es que no grava el dinero que permanece en la empresa, y sólo lo hace (al 20%) del dinero que sale de la empresa para retribuir a sus propietarios (accionistas u otras formas de propiedad). La hacienda estonia no es tonta, y también incluye aquí todo elemento no relacionado con la producción, por ejemplo que el jefe se compre un coche y lo pretenda poner a nombre de la empresa. También las transferencias de precios por las cuales estamos aburridos de escuchar cómo las grandes tecnológicas como Google o Apple pagan verdadera calderilla en España, llevándose el grueso de sus impuestos a Irlanda y, de ahí, a paraísos fiscales.

Esta idea me había pasado por la cabeza, y surge de considerar a la empresa como un bien social en vez de la propiedad privada de uno o un grupo de propietarios. Y es para bien de todos los trabajadores y de la sociedad en su conjunto que la empresa prospere. Por eso, me parece interesante la idea de no gravar a las empresas mientras el beneficio revierta en ella misma, en esa labor social. Cuando el beneficio se convierta en lucro privado, entonces sí, es cuando debe ser tasado.

Esta idea plantea ventajas y, sin duda, problemas. Una de las ventajas es que la fiscalidad es mucho más sencilla y directa. Veréis, en una empresa, determinar el beneficio no es un cálculo aritmético que conduce a una solución unívoca. Todas las empresas, todas, emplean en mayor o menor medida la flexibilidad que permite el sistema contable para abultar los beneficios (cuando quieren ponerse guapos, por ejemplo, a la hora de pedir créditos, emitir deuda o salir a bolsa) o reducirlos (para pagar un menor impuesto de sociedades). La contabilidad es una ciencia exacta: dice exactamente lo que quiere el jefe. 🙂 En cambio, con este cambio de criterio, es mucho más sencillo, menos sujeto a interpretaciones sobre amortizaciones y devengos, la determinación de la base imponible. Todo flujo de caja no relacionado con actividades de producción, tracatrá. Que esa es otra de las ideas que siempre he tenido en la cabeza, fiscalizar los flujos de caja, no los beneficios, especialmente en una economía en la que haya desaparecido el dinero físico.

¿Inconvenientes? El principal, una caída en la recaudación. Aquellas empresas que no repartan beneficios en ninguna forma, no pagarían ni un duro. En realidad, es una “inversión” que hace el Estado en su propio beneficio, porque es inteligente dejar que una empresa pequeña crezca, sin sangrarla con impuestos, para luego pasar el cazo cuando se haya hecho grande y genere muchos más beneficios.

Claro, el propietario puede permitirse no repartir dividendos (y habría que tener mucho cuidado con los sueldos que se autoadjudica), pero se hace con la propiedad de una compañía cada vez más grande. Para corregir esta tendencia (la acumulación capitalista de capital, vaya) habría que introducir lo que desde este blog tanto se ha propuesto: que poco a poco la compañía vaya pasando a manos de los trabajadores y el Estado, al pagar parte de los salarios/impuestos obligatoriamente en forma de participaciones en la empresa. Con toda la gradualidad que sea necesaria para no hacer saltar las alarmas y que los tanques de El Goloso bajen por la Castellana (para eso están esos carros, no lo dudéis, no porque se espere ninguna invasión de un ejército extranjero). Y también para que los trabajadores vayan fogueándose en las labores de cogestión, pues supone un cambio de mentalidad para el cual en muchos casos no están preparados.

Un gran beneficio, por otra parte, sería contar con empresas mejor capitalizadas, capaces de producir crecimiento orgánico sin la necesidad viciosa del crédito (lo cual, por otra parte, no le gustaría a la banca). Este es un mal característico, por cierto, de las empresas europeas. Y su peor manifestación es una enfermedad muy característica de las grandes empresas españolas: endeudarse para crecer y así disimular la falta de rentabilidad del proyecto empresarial. A veces funciona, y con el tamaño se recupera la rentabilidad. A Tesla parece que le ha funcionado (aunque hay quien maliciosamente llama a su jefe Enron Musk, el tiempo dirá), pero desde luego no a Telefónica, Abengoa, Santander, Ferrovial…

En la otra cara de la moneda, una excesiva acumulación de capital podría provocar que las empresas tuvieran una estructura de capital ineficiente. El apalancamiento, en su justa medida, también es saludable para potenciar el crecimiento de la empresa. Y tener capital aparcado no lo optimiza. Sin embargo, no parece que éste sea un problema en el ecosistema empresarial estonio (y sí en el japonés, por otras causas históricas, véase la recesión de balance, susto del cual aún no se han recuperado).

Bueno, quería presentaros la idea. ¿Qué os parece? ¿Una iniciativa interesante? Yo sé bien que algo así jamás podría prosperar en un impaís tan inmovilista como España, con una inercia burocrática enorme, pero acaso sí en los territorios resultantes de una desmembración de ese matrimonio de Estado entre las coronas de Castilla y Aragón.

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Y para quien todo esto le importe tres carajos, al menos que no se vaya de aquí de vacío.

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22 abril 2020

De oro negro a mierda negra

Filed under: Economía — Nadir @ 0:17

Hace tiempo que no escribo porque gasto un humor de perros por estar enjaulado como un idem y no tengo gran cosa que aportar más allá de mi mal humor. Pero hoy hemos tenido una noticia de lo más cachonda que quería comentar: el petróleo ha caído tanto que ha entrado en territorio negativo. Vamos, que te pagaban para que te llevases a tu casa unos barriles de mierda negra. La demanda ha caído tanto, que ya no se sabe dónde meter la producción, con las reservas estratégicas casi repletas y usándose petroleros como tanques de almacenamiento (lo cual impide la exportación, porque no puedes llenar unos tanques que ya están llenos y que, de todas formas, ya nadie quiere porque todos los países han aprovechado los bajos precios para llenar sus reservas).

Pero no es talmente así, que el petróleo haya tocado terreno negativo. Es cierto que el precio del petróleo se ha derrumbado, especialmente el WTI que es el marcador en Norteamérica (el Brent, la referencia en Europa, está un poco más alto), pero el precio spot (al contado) sigue en positivo. Lo que entró en territorio negativo fue el precio de los futuros del petróleo, en concreto el contrato de Mayo sobre el WTI. Y para eso, y sabiendo el heterogéneo nivel económico entre los que frecuentáis este espacio, intentaré explicar de forma llana y en la medida de mis posibilidades qué es eso de los futuros, en concreto los futuros sobre materias primas (hay futuros sobre índices, divisas, tipos de interés y si me apuras hasta el resultado del próximo derby en Sevilla).

Imaginemos que tienes una fábrica de galletas y tu principal ingrediente es el harina de trigo. Puedes acudir al mercado diario (spot) a comprar ese trigo, pero eso te genera un riesgo: si el precio del trigo baja, aumentas tu margen de beneficios, pero si éste sube, puedes entrar en pérdidas. Si no quieres o puedes correr con ese riesgo, puedes preferir ir al mercado de futuros y atar el precio al que vas a adquirir ese trigo el mes que viene. Un contrato de futuro de una commodity te da el derecho (y ojo, la obligación) de adquirir tal cantidad de materia prima de calidad normalizada (trigo tipo tal) en un punto de suministro establecido, a un precio fijado.

En principio, hasta aquí, todo tiene más o menos sentido, ¿no?

La cuestión es que este contrato, este derecho de compra a tal precio, se puede a su vez vender a un tercero. ¿Por qué? Porque si tú tienes un papel (es un decir, todo este mercado hace tiempo que está informatizado) que dice que tienes derecho a comprar en Septiembre un bushel de trigo a 500$, y hay un fondo de inversión que paga a unos meteorólogos y agrónomos de la hostia que predicen que este año habrá una mala cosecha y los precios subirán, puede adquirir ese contrato a 500$ y esperar que esas predicciones se cumplan y venderlo por mucho más (ante la escasez el trigo se encarecerá).

¿Y qué pasa? Pues que un contrato de futuro pasa en su corta vida (normalmente, unos meses, desde su emisión a su vencimiento, esto es, cuando se ejecuta y se reciben los bushels de grano) por cientos o miles de manos, la mayoría de las cuales no tienen ningún interés en poseer ese trigo físicamente. Es un contrato más con el que especulan. Iba a decir que les importa un cojón que el subyacente sea trigo o cobre, pero no es cierto, o no lo es en todos los casos. Hay grandes fondos de inversión que contratan a la gente que más sabe de un sector en concreto para sacar partido de sus ineficiencias, como por ejemplo en el caso de esa mala cosecha que aún no está reflejada en el precio. Otros, efectivamente, ven tendencias en las gráficas como quiromantes el hado en los posos de café, y les da igual que eso sea un futuro sobre el trigo, un paquete de hipotecas a ninjas o el encefalograma de un marsupial: la cuestión es tener algo sobre lo que apostar. La mayoría de las veces, la línea entre los primeros y los segundos es difusa.

¿Y qué hacen según el contrato de futuro se acerca al vencimiento? Largarlo. Venderlo a alguien que sí que tenga interés en adquirir ese trigo físico y, generalmente, comprar el mismo contrato pero con el siguiente vencimiento (lo que en jerga se conoce como roll over), anotándose la diferencia con la compra como beneficio o pérdida.

Bueno, pues vamos a dejar el trigo y vamos al petróleo. ¿Qué ha ocurrido? Que debido a la caída de la demanda y al escaso entendimiento entre rusos y árabes, el precio del crudo caía y caía. Desprenderse de ese contrato implicaba anotarse fuertes pérdidas (porque lo habías comprado antes de la extensión del coronavirus por todo el mundo), así que lo aguantaron en las manos todo lo que pudieron. Era un contrato de vencimiento en Mayo, pero cuya fecha límite para venderlo es este mes (creo que el último viernes del mes, pero no estoy muy seguro). Esto quiere decir que como llegue el Viernes 24 y tengas aún ese papelito en tus manos, tienes el derecho y la obligación de ir a recoger 1.000 barriles de petróleo (como poco, los contratos se negocian de mil en mil) en la terminal de carga de un sitio en Oklahoma en mitad de la nada. ¿Pero para qué coño quiere un trader de Londres, que en su vida se ha manchado las manos, 1.000 barriles de una sustancia viscosa y maloliente en el coño del mundo? Eso genera costes de transporte, almacenamiento… a gente que en su vida había pensado en ser propietarios de petróleo físico, que no tenían ni puta idea de qué pasos tomar para ir a recogerlo y menos de qué hacer luego con él. Total, que se vieron con el agua al cuello y se desprendieron de esos papeles al precio que fuera, aunque fuera pagando por quitárselos de encima. Y, de esta forma, vimos yo creo que por primera vez el mercado de futuros del petróleo (y de cualquier materia prima) en negativo. El antaño oro negro era considerado como mierda negra de la cual los inversores se esforzaban por desprenderse, pagando por el favor de que alguien cargase con ella.

Curiosa imagen para los discípulos de San Juan el Evangelista, que llevan décadas dando la turra con que el petróleo se acaba y se avecina una era de escasez energética. Pues ahora no hay almacenamientos en el mundo donde meterlo, ni se puede bajar tanto la producción como para impedir la sobreoferta. Sí, los del carallovirus es una circunstancia excepcional (pero no insospechada), pero meses antes de que se expandiera por Wuhan ya teníamos un mercado petrolero saturado.

N.d.M: Si alguien tiene interés por profundizar en la cuestión, puede continuar con los siguientes artículos de la Wiki:
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