La mirada del mendigo

12 diciembre 2018

El átomo y la honestidad intelectual

Filed under: Energía — Nadir @ 15:55

Os propongo el siguiente enlace: ¿Qué hacemos con las centrales nucleares?

En él se calcula, a partir de los costes de desmantelamiento de la central de Zorita, la factura de desmantelar todas las centrales nucleares españolas al final de su vida útil. La factura sube de los 20 G€, cuando ENRESA no tiene más de 5 G€. Recordemos que ENRESA es una empresa pública que se financia con las aportaciones de los operadores nucleares, así que según estos cálculos a día de hoy sólo está cubierta la cuarta parte de los costes de desmantelamiento. Los otros tres cuartos deberían ser cubiertos por el Estado, es decir, por la ciudadanía, lo cual es de todo punto inaceptable.

Bien es cierto que los cálculos pueden estar hinchados debido a que la central de Zorita fue una minicentral (160MW), y seguramente el volumen de resíduos no vaya en proporción a la potencia nominal del reactor. Por otra parte, ha sido la primera en ser desmantelada y se han tenido que ensayar procedimientos y tecnologías que en el resto se ayudarán de las famosas economías de escala.

Con todo, el cálculo de los autores es digno de ser tomado en consideración y obligaría a una revisión de las contribuciones de los operadores a Enresa, lo cual socavaría la rentabilidad de estas centrales.

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Bien, hasta aquí el tema energético, pero yo quería hablar de algo mucho más importante (y en realidad, el tema no lo es poco).

¿Por qué es destacable que yo ponga una noticia así en este espacio? Porque desde hace años vengo sosteniendo que la vituperada energía nuclear es la tecnología de producción eléctrica menos agresiva con el medio natural (no tengo la desvergüenza de otros de decir “ecológica”). Efectivamente, esta consideración no ha cambiado, pero también he reconocido que es una tecnología de generación cara, especialmente si se pretende hacer bien (y con esta tecnología no puede ser de otra forma) cerrando las antiguas y construyendo centrales de 4ª generación, mucho más seguras y eficientes en el uso del combustible (y seguir investigando el ciclo de combustible cerrado).

Y ahora, pongo una noticia que es contradictoria a la línea general que ha tenido este blog durante años. ¿Cómo es posible?

Creo que es necesario hacer una reflexión profunda, de cómo nos hemos acostumbrado a la dinámica partisana en el conocimiento. Lo habitual en medios profesionales o aficionados es buscar todas las razones que apoyan una línea argumental, exagerándolas, deformándolas y, finalmente, mintiendo; mientras despreciamos, rechazamos, ignoramos o, de nuevo, negamos las evidencias que operan en sentido contrario.

Ya no es sólo en la energía o en el ámbito científico, en cualquier sector del pensamiento existe un tribalismo desmedido, en el cual se considera que aceptar siguiera parte de los razonamientos de la tribu contraria es una traición que inhabilita al que la toma en consideración como hipótesis. Como en el caso de una comunidad de fieles, es excluido por mostrar fisuras en su fe, y sus dirigentes son elegidos entre los más obcecados, los que llevan sus conclusiones sesgadas más lejos, hasta el absurdo y más allá (lo que hace poco comentaba que ocurre con el neofeminismo).

En el caso de la vida política y el periodismo, este sesgo que ya deviene en manipulación grosera alcanza su clímax, con medios especializados en sacar mierda del contrincante político y justificar las miserias de la opción que apoyan. Y ninguna de esa escoria humana con carnet de periodista repara en que la corrupción socava la misma democracia, que un ladrón de un partido no roba a los del partido de enfrente, sino que nos roba a todos.

Y es vergonzoso que este hoolliganismo propio de futboleros alcance incluso a lo que tendría que ser la sublimación de la razón: la ciencia. La ciencia podemos definirla como la búsqueda sistematizada de la verdad, el conocimiento íntimo de la realidad (dueña y señora). Es lamentable cómo en discusiones técnicas o científicas se crean bandos que fuerzan los datos para ajustarse a la posición de partida (por eso puse el caso de la energía nuclear, porque las berzotadas que tengo que escuchar de los pronucleares y especialmente de la caterva antinuclear mueve al sonrojo).

En buen castellano, eso se llama poner el carro antes que los bueyes, un dislate. Es la posición de partida la que debe ir modificándose para ajustarse a la nueva información que va llegando. Porque la realidad no se equivoca, si hay una divergencia entre tu concepción y la realidad, el problema lo tienes tú, no la realidad. Pretender lo contrario es tan ridículo como el borracho que choca contra una farola y se enoja con quien la ha puesto ahí.

Con la excusa de este artículo sobre el coste del desmantelamiento de las centrales nucleares, quisiera lanzar una súplica mucho más general por abandonar esta dinámica sectaria que Internet fomenta, y que no deja de ser una muestra de debilidad intelectual, la comodidad de conversar con quienes refrendan tu punto de vista (de la misma forma elegimos los medios que usamos para informarnos, cerrando la burbuja a un bucle de retroalimentación en que comemos lo que cagamos) y evitar aquella información que reta nuestra visión del mundo. Esto es infantilismo intelectual, y de él no puede salir buena ciencia, buen razonamiento.

Esto quiere ser una llamada para recobrar la humildad, la honestidad y el rigor. Los prejuicios, la alineación que adoptemos ante un problema, no importa. Porque debemos llegar de una maldita vez a la necesaria conclusión de que nosotros no importamos una mierda, nuestras opiniones y puntos de vista son irrelevantes en la medida en que son nuestros. Importa la realidad, ante la cual debemos postrarnos. Salvo en el mundo de los poetas, las ideas valen lo que de realidad hay en su reflejo.

Al primero que dijo la tontería de que hay que respetar todas las opiniones había que haberlo arrojado a un caldero con aceite hirviendo. No hay que respetar ninguna opinión, ninguna idea, y toda persona que se tenga respeto, que no quiera ser un pelele, debe empezar por machacar sus propias opiniones. Insisto una vez más, las opiniones no valen nada por ser nuestras, si acaso tienen algún valor es por el polvo de verdad que pueda haber en ellas.

En el caso de la política, es de importancia vital comprender que, igualmente, nuestra ideología no vale nada. Lo valioso es el pueblo, y la ideología será de utilidad en tanto en cuanto sirva a ese pueblo, le aporte más libertad y superior nivel de vida. Y esto no ocurre; unos y otros ponen al pueblo al servicio de la ideología. En vez de cuestionar sus premisas y adaptarlas para maximizar el bienestar de la ciudadanía, someten a sufrimientos al pueblo porque es más sencillo que cuestionar el dogma. En vez de adaptar la idea a la realidad, forzamos la realidad para adaptarla a la idea. Siempre pongo el ejemplo de China, cómo le fue con el Libro Rojo y cómo le está yendo ahora con el gato blanco, gato negro. Pero ejemplos tenemos de todos los colores, desde la patochada bolivariana a la dictadura capitalista usamericana.

En los últimos años, he detectado una dificultad creciente para asimilar dos fenómenos:

– la contradicción. Pero en realidades complejas es habitual que converjan razones opuestas y la búsqueda sincera de la verdad exige tomar todas en consideración hasta desarrollar una teoría unificadora que dé explicación a ambos comportamientos. En el ámbito de la sociedad, no hay bienes ni males absolutos, cualquier fenómenos, al ser proyectado sobre una colectividad, produce efectos de todo tipo que debemos estudiar sin discriminar sólo los que nos interesan.

– la disensión, lo cual me lleva a dudar de esa imagen de una sociedad cada vez más abierta y tolerante. Los cojones. Cada vez la población es intelectualmente más endeble y pueril, e interpreta un desacuerdo como una ofensa. Sólo buscamos la compañía de los que jamás nos llevan la contraria. Por eso humanizamos las mascotas y deshumanizamos a las personas, por pura cobardía intelectual.

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Por cierto, ahora recuerdo que hace tiempo entro un imbécil regañándome por leer el blog de Nada es Gratis, por ser “de los del otro lado”. No hay más lado que el conocimiento. La cuestión es que ese blog es el más prestigioso sobre economía en lengua castellana, con diferencia. Escribe gente de mucho nivel, y aunque casi todos tengan unas coordenadas políticas muy diferentes a las mías, siempre es de interés lo que se explica y argumenta con inteligencia.

Qué débil debe ser el intelecto y los razonamientos que de él salgan de quien sólo presta atención a los medios de su cuerda.

No es verdad que estemos abandonando la religión. Simplemente estamos cambiando unas por otras. No hay más personas libres del dogma que hace tres décadas o tres siglos. Las mentes débiles necesitan creer, una fe, una doctrina. Para dudar se necesita valentía, honestidad. La ciencia es el amor por la verdad, embarcarse en un navío rumbo a lo desconocido, y aceptarlo tal y como se nos manifiesta. Sin desilusionarnos por pretender llegar a Catay y echar anclas en La Española. Es lo mismo. La realidad es bella tal y como es, porque ES. Es lo único que ES, el resto es contingencia, humo, sombras en una cueva.

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30 noviembre 2018

Se acaba el gasóleo

Filed under: Energía — Nadir @ 12:05

Un amigo me ofrece a consideración los siguientes enlaces del blog The Oil Crash:

¿Trabaja usted en el sector del automóvil? Pues sepa que le están engañando

Que viene como consecuencia de este otro artículo:

El pico del diésel: edición de 2018

¿Aciertan con la verdadera razón que subyace tras la súbita campaña de demonización de los Diesel? No, pero tampoco van tan desencaminados.

La premisa del autor es falsa, o al menos parcialmente incorrecta. Es cierto que del shale tar se extrae mala gasolina (índice de octano bajo), mal diésel (índice de cetano bajo) y mal combustible de aviación. Muchos compuestos aromáticos y volátiles fácilmente inflamables, muchos enlaces con oxígeno (no hidrocarburos) en las fracciones bajas y pocas parafinas (punto evaporación muy bajo)… Pero se extrae. El bajo índice de octano se puede resolver con un proceso de alquilación, por ejemplo (ahora no podemos recurrir al tetraetileno de plomo). Que, obviamente, encarece el proceso, pero no parece que hasta el punto de hacerlo inviable.

En cualquier caso, son los gringos los que tienen que lidiar con ese problema, la mayor parte del petróleo que llega a Europa es crudo. Y las refinerías gringas siguen exportando gasóleo a Europa, y cada vez más Luego ni siquiera donde el tight oil representa una parte sustancial del petróleo extraído, se dejan de refinar gasóleos. De hecho, las refinerías gringas han aumentado un 15% la producción de gasóleos desulfurados en este último lustro, a la par que emergía la producción de petróleo de esquisto.

En cuanto a los gráficos que aparecen en la página (como siempre entre esa secta tienen que ver picos de producción en todas partes, son ya cansinos con su milenarismo), confunden producción con capacidad de producción, y dan por hecho que si no se produce más es porque no se puede, ignorando que la producción debe estar correlacionada con la demanda, con un pequeño buffer de reservas. Ir más allá hunde la cotización (menudo descalabro se está pegando el precio del crudo estos días, por cierto).

Sí que los tiros para explicar la criminalización de los TDI van por ahí , pero no es tanto que el Diesel se agote, sino que en Europa se estaba dando una excesiva dieselización del parque móvil, lo que nos obligaba a importar diésel (de Rusia, pero también de USA) y exportar gasolina, que sobraba de nuestras refinerías (a USA, principalmente; hacíamos un intercambio de lo que sobraba por lo que faltaba).

Y no podemos permitirnos que tanto coche privado compita con los camiones, pequeños pesqueros o tractores por el mismo recurso, que al importarlo refinado lo tenemos que pagar más caro. Eso mina la competitividad de esos sectores (que, en el caso del transporte, implica toda la economía).

Sencillamente, están redistribuyendo dos recursos como el gasóleo y la gasolina para que el consumo sea más equilibrado.

Si en el fondo es inteligente, lo veo oportuno. Lo que me quema son las mentiras que difunden para hacerlo (el Diesel es el mal absoluto, los híbridos son ecológicos…). Y aún me quema más la ignorancia de la gente al asumir esas mentiras.

Por otra parte, a mí la producción de petróleo y gas no convencional me molesta como al que más, pero eso no me lleva a pergeñar patrañas para desprestigiarla.

Rigor.

Honestidad.

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NOTA: Normalmente los enlaces que suelo añadir intento que sean relevantes, pero creo que en este artículo son especialmente interesantes dada la importante naturaleza de la cuestión. Básicamente, son las estadísticas oficiales, europeas y usamericanas, de producción, comercio y consumo. Revisadlas y sacad vuestras propias conclusiones.

Una de las divisas de este blog es: de estar disponibles las fuentes originales, acudid a ellas, no dejéis que nadie las interprete a su conveniencia. Ni neoapocalípticos que llevan décadas dando la brasa con que el mundo se acaba y hemos de expiar nuestros pecados por haber consumido el fruto del árbol de conocimiento, ni tampoco de este (nada) humilde espacio, que aunque declaradamente sometido y postrado al imperio de la Realidad, única Diosa y señora, a la cual procuro ceñirme de la forma más honesta que puedo (aunque eso me lleve a retractarme de errores pasados), no está libre de sesgos y malinterpretaciones de una Realidad cuya aprehensión y comprensión no siempre (casi nunca) es inmediata.

Por eso, insisto; en el conocimiento, eliminad en lo posible a los intermediarios: acudid a las fuentes.

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24 enero 2018

La alternativa a la energía nuclear

Filed under: Energía — Nadir @ 11:37

En el mundo de la piruleta, el desarrollo de las maravillosas energías renovables permitirían empezar a cerrar las malignas centrales nucleares.

En el mundo real, reducir la potencia nuclear implica producir más con tecnologías de combustión, sea quemando más carbón, gas o incluso fuelóleo. Tratamos recientemente el ejemplo de Alemania, ahora vamos a ver el caso de otro país rico, intensamente industrializado y aún más dependiente del exterior para abastecerse de energía primaria. Al menos Alemania tiene carbón y recibe el metano por caño, pero Japón lo tiene que importar todo por barco, inclusive el mucho menos eficiente LNG.

Tras el accidente de la central de Fukushima-Daiichi se mandó desconectar todas las centrales nucleares del país. Consecuencia directa: el resto de centrales térmicas, incluso algunos grupos de apoyo como los de fuelóleo, se tuvieron que poner a trabajar a plena marcha, crecieron las importaciones de combustibles fósiles, aumentaron las emisiones de CO2 y el precio de la electricidad se disparó.

Y siendo uno de los grandes productores y promotores de paneles fotovoltaicos, y también con empresas en el negocio eólico (por ejemplo, la misma Mitsubishi HI que está fabricando el tren de levitación magnética también produce aerogeneradores), en este tiempo la producción renovable apenas ha sido capaz de cubrir una mínima parte del hueco dejado por la nuclear.

Por eso, se están volviendo a conectar las centrales nucleares japonesas tras unas obras de adaptación a unos requerimientos de seguridad más duros (en especial, contra tsunamis), lo cual empieza a suponer un alivio a los precios del kWh y, por ende, para la competitividad de su industria y economía.

El hecho es que ni Alemania, ni Japón, dos de los países más poderosos y tecnológicamente avanzados del mundo, han sido capaces de eliminar la energía nuclear sin acudir a las térmicas y provocar así un drástico aumento de las emisiones de efecto invernadero.

Los números importan.

Así que a ver si ponemos más atención en nuestros deseos, no vaya a ser que los Dioses nos castiguen concediéndonoslos, como ha ocurrido con los biocombustibles.

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20 noviembre 2017

Tesladas

Filed under: Energía,Tecnología — Nadir @ 1:38

La sociedad moderna ya ha santificado a Steve Jobs, y no sé si esperará a que Elon Musk se muera para subirlo a los altares. Por supuesto, no seré yo quien quite mérito a su contribución para el progreso de la humanidad, ambos codescubridores de la sopa de ajo.

Como no puedo criticar como se merece a Jobs, ya que no quiero que la Santa Inquisición me acuse de un delito de odio (no, yo no, yo soy todo amor, señoría), me desquitaré con Elon Musk aprovechando que aún está vivo.

Hace pocas semanas, era noticia la JV entre Tesla y el fabricante danés de aerogeneradores Vestas, para realizar un proyecto conjunto en Queensland en el que la energía producida por los molinos (y una cierta cantidad de paneles solares) será almacenada en baterías aportadas por Tesla. El paquete de baterías será de 4 MWh del tipo ión-litio.

Esta noticia se ha recibido en la comunidad magufa con júbilo exultante. Lamento ser yo el encargado de retirar el ponche en medio de la fiesta (ponche es un decir, esos se meten cosas mucho más duras, para decir tantas gilipolleces). Bueno, no es verdad, no lo lamento: me encanta pinchar sus burbujitas.

Lo primero que me choca es ¿por qué emplear las carísimas baterías de litio en aplicaciones estacionarias? El litio es un material ineludible en aplicaciones móviles (desde smartphones a vehículos) ya que, si repasamos la tabla periódica, es el elemento metálico con menor número atómico y, por lo tanto, densidad. No hay más que rascar. Pero para aplicaciones donde el peso no es un problema, unas baterías de ión-sodio, o incluso las archiprobadas de plomo-ácido, serían una solución mucho más eficiente económicamente.

Porque ¿esto es rentable, no? Pues supongo que sí, pero a condición de que no haya más, y paso a explicarme. El sentido económico de este proyecto se basa en poder guardar la energía producida en horas valle, exiguamente remunerada, para volcarla en hora punta cuando la subasta inversa (ya está bien de pool) marca precios mucho más altos (el juego de la hidroeléctrica). Es el sueño húmedo de cualquier empresario eólico, que ve cómo sus molinos se ponen a girar por la noche, cuando apenas hay demanda y ésta es cubierta ofertando unos precios bajísimos; y sueña con una varita mágica que permitiese retener esa electricidad y volcarlo en el pico de la demanda, con precios mucho más altos. Y aquí ha llegado el gurú de las baterías, con su varita mágica de litio.

No tiene sentido energético (no aumentamos la producción) pero admito que sí económico (aumentamos la retribución para el empresario eólico).

La cuestión es que sólo mantendrá el sentido económico en tanto en cuanto no se generalice esta tecnología. De hacerlo, cada vez habría más MW disponibles para cubrir las horas punta, y esa oferta creciente bajaría el precio de las horas pico, aplanando la curva horaria de retribución y tirando al traste con el mecanismo económico que permite obtener rentabilidad de la idea de las baterías.

En suma, es una buena idea mientras a nadie más se le ocurra.

Por lo tanto, no es una idea con capacidad transformadora del sistema, sino sólo una patochada tecnológica más de Tesla.

Tesla que, antes que cualquier otra cosa, es un constructor de automóviles eléctricos, como todos sabéis. Esos coches mágicos que no contaminan y que permitirán seguir colapsando las calles de nuestras ciudades y salvaguardar el derecho fundamental de movernos de un lado para otro sin compartir el mismo espacio con la chusma que no tiene más remedio que hacinarse en autobuses y vagones de metro.

No contaminan porque, como todos sabemos, la producción de energía eléctrica es una actividad que no tiene impacto alguno en el entorno. Al menos así es en Magufolandia, planeta en el que habitan los apóstoles de la nueva religión téslica. Pero por un artículo de Público tengo conocimiento de un estudio del, mmmm, esperad que copie… IVL Swedish Environmental Research Institute que estima las emisiones imputables de CO2e al proceso de producción de una batería de litio en 150-200 kg/kWh.

El Tesla Model S se presenta con dos tipos de batería, una de 75kWh y otra de 100kWh. Tomando como ejemplo la grande, podemos concluir que su producción comporta unas emisiones hasta de 20 toneladas de CO2. Sólo la batería, a lo que habría que sumar el coste energético de una estructura fabricada en aluminio… Aún antes de empezar a funcionar conectada al coche, la batería ya es responsable de unas emisiones equivalentes a circular 200.000 km con un turismo diesel convencional (supongo emisiones de 100g/km, un Civic ya baja de esa cifra).

Al final, creo que voy entendiendo el concepto: el compromiso ecológico es para aquel que pueda pagárselo. Un certificado de enviromental-friendly que las empresas ofrecen al burgués que no le baste con tener más dinero que la media y demostrarlo, sino que quiere también que le sea reconocida su superioridad moral por aquellos que no pueden permitírselo. Para ellos, Elon Musk tiene el producto perfecto, el coche del triunfador pero con conciencia.

Cada vez me parece más absurda la época que me ha tocado vivir.

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19 noviembre 2017

Las consecuencias del magufismo nuclear

Filed under: Energía — Nadir @ 0:36

Siempre estoy quejándome de las estupideces que hacemos en España, pero esta vez son los alemanes los que están dando muestras de imbecilidad supina.

Y es que sólo hay que saber sumar para saber que algo no cuadra. Por un lado establece un calendario de cierre apresurado de todas sus centrales nucleares; por el otro, quiere hacer creer que pretende realmente iniciar la adopción masiva del coche eléctrico. Desde hace años ha hecho un esfuerzo ímprobo, el mayor del mundo en relación al tamaño de su economía, en la instalación de fotovoltaica (ya se ve lo morenos que están, de todo el sol que baña esas tierras). Y todo ello, comprometiéndose a una fuerte reducción en sus emisiones de CO2.

¿Ein?

En el mundo de la piruleta, todo lo anterior cuadra perfectamente. De hecho, es el modelo políticamente correcto que también piensa seguir el analfabeto científico que dirige la política energética francesa (impresionante capacidad de los gabachos de hacer el ridículo). Pero para cualquiera que sepa de política energética, lo anterior es una completa boutade, y para que esa ecuación pueda tener solución, sobra al menos uno de los términos. O no cerramos nuclear, o no generalizamos el coche eléctrico, o no reducimos las emisiones de efecto invernadero.

Es muy sencillo, cuestión de aritmética. Aquí tenemos la distribución del consumo de energía primaria en Deutschland:

Leyenda:
Steinkohle – hulla (carbón de piedra, literalmente)
Braunkohle – lignito (carbón marrón, en lengua kartoffel)
Mineralöle – petróleo (aceite mineral)
Erdgas – gas natural
Kernenergie – energía nuclear
Erneuerbare Energien – energías renovables
y la rayita gris, otras fuentes de energía.

El enunciado del problema es como sigue: tenemos que sustituir el sector azul de la tarta por otros, al mismo tiempo que eliminamos el rojo y reducimos el amarillo y, sobre todo, el gris y marrón (las térmicas de carbón son la forma de producir electricidad con mayores emisiones de CO2 por MWh asociadas, por detrás del gas y la biomasa). Con una condición más: del trozo verde, buena parte de las inversiones tienen que ir a la fotovoltaica. Y un último requerimiento: el sistema resultante, debe ser estable y cubrir en todo momento la demanda. 😛

¿Solución? Alemania acaba reconociendo que tiene que volver al carbón.

Pero vamos, es obvio. Tras el accidente de Fukushima, cuando Merkel anunció el cierre de sus nucleares, yo ya me dije para mis adentros “quemarán más carbón” aún sin acabar de leer la noticia. Para un ciudadano mínimamente informado, debería ser tan inmediato como resolver 2+2. No es que yo sea un sesudo experto en la materia, es de cajón, es pura aritmética.

Nos encontramos ante una falsa paradoja, y es que la pretensión (falsamente) ecologista de poner el acento en el cierre de centrales nucleares y la promoción de la fotovoltaica (al principio, también la eólica pero en cuanto empezaron a ver las grandes máquinas en los montes, también cargaron contra ella), ha conducido a un modelo más lesivo para el medio natural que el de partida. No es tampoco nada novedoso, no ha habido política energética más criminal con la Naturaleza que el empeño (falsamente) ecologista con la biomasa y los biocombustibles (una salvajada que ha provocado especulación y carestías con el maíz en América y la destrucción de buena parte de ecosistemas valiosísimos en el sudeste asiático para la producción de palma para que los europeos pudiésemos satisfacer nuestra conciencia “ecologista”).

Y es que ya estoy HARTO de una serie de organizaciones y movimientos, que se autodefinen como ecologistas, y no han movido ni un dedo para impedir la devastación que ha sufrido esta tierra. Por aquí, a los de Greenpeace, no se les ha visto el pelo, y pocos lugares habrán sido más machacados en todo el continente (salvo algunas asociaciones locales, como ADEGA, el resto de grandes movimientos ecologistas han ignorado casi completamente lo que estaba sucediendo en el noroeste peninsular, limitando su “lucha” a un comentario testimonial). Y, sin embargo, las fuerzas que les sobraban ignorando la catástrofe medioambiental de décadas de repoblación masiva de pinos y eucaliptos (con sus correspondientes incendios), las invertían tratando de política energética que, en el caso gallego, y somos un país exportador de energía eléctrica (menos nuclear, le damos a todo), representa una afección sobre el medio poco más que marginal (el mayor impacto es el de los embalses, en todo caso, pero en comparación con la repoblación de alóctonas y la barbarie incendiaria, es un problema muy menor).

He de reincidir en que la energía nuclear, de acuerdo a datos y no a prejuicios, es la tecnología de generación con menor impacto sobre el medio natural por unidad de energía producida; además de lejos, habría más discusión para elegir cuál es la segunda más limpia.

Y éstas son las consecuencias de la obsesión magufa de los ecolojetas por la nuclear: más carbón y gas quemado, más emisiones de CO2 (y eso, sin contar con el CO2 imputable a la fotovoltaica, que siendo un orden de magnitud menor a las anteriores, es la tecnología con mayores emisiones de entre las que no usan procesos de combustión). Siendo el cambio climático la amenaza más seria, por su carácter global, a la vida sobre la tierra. También la vida humana.

El P$O€ tiene más de socialista (o la Izquierda de Unida) que Greenpeace y análogos de ecologistas. Sólo sirven para distraer la atención y promover la incultura científica. Son parte del problema, y con su estupidez han empeorado la situación ambiental del planeta.

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