La mirada del mendigo

21 noviembre 2016

Aduana de emisiones

Filed under: ecología,energía — Mendigo @ 19:31

Siempre reconforta que un profesor de economía en London Nosequé Nosecuantos te dé la razón. Me refiero a lo que escribí hace casi ya un añito sobre La política fiscal, la teoría de juegos y el cambio climático.

Con la elección (minoritaria y, por lo tanto, ilegítima) de Trump, la resolución del problema cada vez es más complicada.

Y, de nuevo, (nada) humildemente, sugiero cuál puede ser la solución: que la UE establezca una política arancelaria (o recargos arancelarios) en función de las emisiones imputables de los distintos bienes. Una economía muy contaminante, debería afrontar mayores aranceles para vender en Europa. Como sugiere el artículo, se puede crear un “club” de países de bajas emisiones entre los cuales se reducirían o eliminarían las barreras comerciales, mientras que se establecería un cinturón sanitario con aquellos países que logran ventajas competitivas envenenando la atmósfera, común a todo el planeta.

Si conseguimos que los grandes productores del mercado Asiático (China, Japón y Corea) entren en esta dinámica, podemos dar la partida por ganada. Y si EEUU empieza una guerra comercial con Oriente como pretende Trump, tienen en el clima la excusa perfecta (como si la necesitaran) para pagarle con la misma moneda.

De esta forma, introducimos un poderoso incentivo para la reducción de emisiones (que además iría marcando el grupo de países más avanzado en la descarbonización de la economía).

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8 noviembre 2016

Un problema sobre el cambio climático: tres amigas

Filed under: energía — Mendigo @ 3:18

Voy a proponer a modo de ejemplo didáctico un problema, con la estructura de aquellos problemas escolares que teníamos que resolver de críos.

ENUNCIADO: Sabela, Iria y Xiana son tres compañeras de trabajo solteras de la Facultade de Xeografía e Historia da Universidade de Santiago.

CUESTIÓN: ¿Cuál es la que menos contribuye, a lo largo de su vida diaria, al cambio climático?

DATOS:
Sabela es la urbanita. Vive en el mismo Santiago, a un kilómetro escaso de la facultad. Vive en un 5º piso de 100m² y tiene un León (el coche, digo).
Iria es la comprometida. Para vivir cerca de la naturaleza, se ha hecho construir una casa (lo que en España se conoce como “chalet”, aunque un chalet es otra cosa, un tipo de construcción alpina característico por su cubierta a dos aguas con fuerte pendiente y cuya estructura es de madera sobre un zócalo de mampostería) de 160m² en la Urbanización Las Mimosas, en la que ha instalado 8m² de paneles solares y se ha comprado un Prius.
Xiana es la rural. No quiere la pseudonaturaleza de una urbanización sino el contacto verdadero con el campo. Sigue viviendo en la casa de su familia, en Vedra. Es una casa antigua de también 160m². En el garaje, tiene un coche muy popular en el rural, un Montero (Pajero, para mercados no hispanos🙂 ).

CÁLCULOS:
Vamos a calcular las emisiones de CO2e anuales imputables en los principales ámbitos de consumo energético doméstico.

Electricidad:
Por facilitar las cosas, vamos a suponer que las tres tienen el mismo consumo eléctrico, de pongamos unos 100 kW*h al mes, que hacen 1,2 MW*h al año (que es un poco más de la media española, que está en 0,99 MW*h). Sabemos que el mix de generación español es de los más descarbonizados del mundo (nuclear, hidráulica y eólica se bastan en muchos momentos para cubrir la demanda), de 0,298 kgCO2/kW*h, así que las emisiones imputables son de 358 kg de CO2 debido a su consumo eléctrico.
Este sería el consumo de Sabela y Xiana, pero hemos dicho que Iria instaló unos paneles solares en su casa. Los datos son: 3m² de paneles policristalinos de 500Wp, que puestos en Santiago con un azimut óptimo dan una producción de unos 600kW*h al año. Es decir, que Iria sólo consume de la red la mitad de la energía que sus amigas, y la otra mitad es producida por sus paneles. ¿Sin emisiones? De ninguna manera, la fabricación de esos paneles (exactamente, de las células que luego se ensamblarán en los paneles) es un proceso muy intensivo en energía. Suponiendo una TRE = 3 (aquí bailan los números una barbaridad según el perímetro energético considerado) y que son fabricados en China, país con un sistema eléctrico aún muy basado en el carbón (0,62 kgCO2/kW*h), obtenemos que:
– los 0,6 MW*h que consume de la red suponen 179 kg de CO2.
– los otros 0,6 MW*h producidos por sus paneles, suponen arrojar a la atmósfera 124 kg de CO2 en la otra punta del planeta en su proceso de fabricación (parte correspondiente a haber distribuido las emisiones de su fabricación durante toda la vida útil del panel).

Por lo tanto, los resultados en este epígrafe son los siguientes:
Sabela: 358 kg de CO2e
Iria: 179+124= 303 kg de CO2e
Xiana: 358 kg de CO2e

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Calefacción:
Una vez lograda la temperatura deseada, el consumo energético en calefacción es función de la superficie de intercambio (paredes, techo y suelo) y de la resistencia térmica de estas superficies.
Tanto Sabela como Iria calientan sus viviendas con una caldera individual de gas natural, mientras que Xiana, en el pueblo, recurre a una de gasóleo.
Pongamos como dato que Sabela logra mantener su piso caliente con unos 5,1 MWh de energía (la media española). Pero Sabela tiene vecinos tanto por arriba, como por abajo, como por los lados, que mantienen sus casas a una temperatura aproximadamente pareja a la de Sabela. Por lo tanto, superficies de intercambio en su casa son sólo los tabiques exteriores (fachada y patio de luces). Sin embargo, las casas de Iria y Xiana están expuestas a la intemperie en todos los frentes, así que la superficie de intercambio es mucho mayor (además de que tienen un mayor volumen que calentar, que sólo sería transitorio y, de todas formas, se solucionaría dejando habitaciones cerradas). Podemos suponer que la calidad del aislamiento en la casa de Iria es similar a la del piso de Sabela, ambos de nueva construcción. Pero la casa del pueblo de Xiana no está bien aislada, y las pérdidas de calor son mayores. Aunque no tanto como podría parecer, ya que las construcciones tradicionales usaban muros masivos de piedra y pequeños vanos cerrados durante la noche por un invento maravilloso que, en las nuevas construcciones se ha desechado: las contraventanas. Así que quizá se dé la paradoja de que el “chalet” pijo moderniqui de Iria, con amplias cristaleras y ventanales, muy luminoso, tenga una resistencia térmica inferior a la vieja casa de aldea de Xiana, a poco que la haya arreglado un poco (carpintería nueva…). Como para determinarlo tendríamos que visitar sus casas, vamos a dejarlo en empate y que ambas consumen unos 12 MWh al año de energía (vez y media más lo que un piso, desde luego no es un cálculo exagerado).

Vamos a suponer una eficiencia de las calderas de gas natural del 96% (una caldera de evaporación), y del 92% para la de gasóleo. El PCS del metano es de 9,02 kWh/m³, mientras que el PCI del gasóleo es de 9,98 kWh/l. Sabemos también que los factores de emisión del metano y del gasóleo de calefacción son, respectivamente de 1,7 kgCO2/m³ y 2,64 kgCO2/l

Sabela: 5,1 MWh –> 589 m³ de gas natural –> 1.001 kg de CO2e
Iria: 12 MWh –> 1.389 m³ de gas natural –> 2.356 kg de CO2e
Xiana: 12 MWh –> 1.307 l de gasóleo C –> 3.450 kg de CO2e

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Transporte:
Aquí es totalmente determinante la residencia. Sabela vive en el casco urbano, Iria en una urbanización a 8km del centro (donde se encuentra su centro de trabajo) y Xiana en un pueblo a 17km. Supongamos que las tres hacen 5.000 km al año en trayectos de ocio (a la playa…). Pero Iria, al tener que acudir a trabajar en coche, ya hace unos 3.670 km más. Pero no es sólo el trabajo; para hacer la compra, recoger a su crío del cole, ir al teatro o a tomar unas birras con los amigos, para todo tiene que coger el coche. No me parece descabellado añadirle otros 5.000 km más sólo en estos menesteres cotidianos. Y por el mismo motivo, no parece excesivo añadir 10.000 más a Xiana.

Así las cosas, la tabla resumen sería:

Sabela: 5.000 km en un Seat León 2.0 TDI 150CV (110 g/km) –> 550 kg de CO2e
Iria: 10.000 km en un Toyota Prius+ 1.8 (96 g/km) –> 960 kg de CO2e
Xiana: 15.000 km en un Mitsubitshi Montero 3.2 DI-D (216 g/km) –> 3.240 kg de CO2e

Bien pensado, a Sabela deberíamos sumarle la energía consumida por el ascensor de su comunidad. Sin embargo, el ascensor es un mecanismo de poleas y contrapesos muy eficiente energéticamente (basta con un motor de 4,5kW para moverlo). Pongamos que el 4º piso de Sabela está a 10m, la energía para subir los 50kg de Sabela son unos 5.000 J, sean unos 5.500 de electricidad consumida. Que tenga que subir y bajar 8 veces en el día: unos 16 MJ. Es decir, unos 4,46 kW*h de electricidad imputables a vivir en un piso, que supone 1,32 kg de CO2 más a contar. Es decir, Sabela pasa de tener una emisiones imputables de 550 kg a 551 kg de CO2 en concepto de transporte.

También cabría hacerse un par de preguntas sobre el dato de Iria. Yo he cogido las emisiones homologadas, pero todos sabemos que los híbridos son vehículos especialmente diseñados para salir bien en la foto de homologación: realizan el ciclo con las baterías llenas. Pero si tomásemos datos no del primer ciclo, sino del 10º, las baterías ya se habrían descargado y el motor tendría que subir el régimen para cargarlas, aumentando emisiones y consumos. Por ello, creo que sería más realista considerar unas emisiones similares a las del León (algo más en carretera, algo menos en ciudad), lo cual nos obliga a corregir la cifra final de Iria en concepto tranporte a 1.100 kg de CO2e. Podríamos discutir también las emisiones imputables a la fabricación de las baterías, según sean de Ni-Cd, de Ni-MH, de LiFePO4 o de LiCoO2 , el cual es un añadido al motor térmico nada despreciable (tanto en peso, como en emisiones imputables, como en unas consecuencias ecológicas y sociales de las que no se suele tratar para no fastidiar el mito del “vehículo ecológico”).
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TOTAL: electricidad + calefacción + transporte
Sabela = 358 + 1.001 + 551 = 1.910 kg de CO2e
Iria = 303 + 2.356 + 960 = 3.619 kg de CO2e
Xiana = 358 + 3.450 + 3.240 = 7.058 kg de CO2e

Conclusión: al final es Sabela, la urbanita que detesta el campo, tiene miedo a las vacas y pavor a las arañas, y se la trae al pairo lo del cambio climático, la que tiene (de largo) un estilo de vida más sostenible. Curiosa e interesante paradoja.

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DISCUSIÓN DE LOS RESULTADOS:

De estos supuestos que considero bastante realistas (quizá me he excedido un poco en la calefacción, con consumos propios de zonas más frías, supongamos que en vez de trabajar en la Uni de Santiago, trabajan en la de León), se pueden extraer algunas conclusiones provechosas.
A pesar de que todo el mundo pone el acento en la generación de electricidad (energías renovables y demás), lo cierto es que el grueso de emisiones domésticas de CO2 corresponden a la calefacción y el transporte (me quedaría por calcular la cocina y el ACS, pero podemos suponerlas iguales en los tres casos).

Otra conclusión es que Iria, la ecológicamente consciente y comprometida, es imbécil. Una imbécil de tomo y lomo, que con sus placas solares y su Prius acaba emitiendo casi el doble de gases de efecto invernadero que su amiga que pasa totalmente de rollos medioambientales. Eso sí, su conciencia está satisfecha y ufana como gato después de un atracón y aún la muy estúpida dará la murga al resto de su entorno de lo muy responsable que es y lo concienciada que está, poniéndose a sí misma como ejemplo.

Y de lo que no cabe duda es que es absolutamente insostenible (no sólo ecológica, sino económicamente) tener a población residiendo en el extrarradio, pero cuyo puesto de trabajo está en la gran ciudad (y he puesto la distancia de Vedra a Santiago, que son 17km, pero Parla está a 32km de Madriz y Sabadell a 25km de Barcelona). Claro que Parla o Sabadell pueden ser servidas por transporte público, mientras que una pequeña aldea o una urbanización es mucho más difícil (a lo sumo habrá unos pocos horarios que no le vienen bien a nadie).

La conclusión principal es, por lo tanto, la necesidad de aumentar la densidad de los núcleos de población, y su tamaño hasta el límite de que los trayectos puedan ser realizados a pie o en bici (de 100.000 a 300.000 habitantes). Erradicar como una plaga las viviendas unifamiliares (chaletes, urbanizaciones, adosados con su backyard…) en favor de soluciones mucho más eficientes energéticamente y que no usurpen un bien tan preciado como el suelo, alterando, degradando, destruyendo los medios rural y natural. Cabe subrayar también la dificultad (=ineficiencia) de dar servicio de transporte público y los suministros de agua, electricidad y telefonía en un hábitat disperso (kilómetros de cobre para llegar a todas las casas…). Y fijar en las aldeas sólo la población que tiene en el entorno su lugar de trabajo (actividades agrosilvopastorales, que se dice). La principal explicación de que Xiana siga viviendo en la casa de los abuelos es el coste de un piso en Santiago (y recordemos los datos, Xiana emite más de 3 veces y media tanto CO2 como su amiga urbanita, imaginad multiplicar las emisiones x3,6 para satisfacer el gusto de ver las vaquitas pastando desde la ventana).

Y aquí llegamos a la reflexión central de toda esta sábana: el aberrante precio de la vivienda distorsiona la asignación de recursos, dedicando las familias una cantidad injustificable de energía al transporte porque económicamente les resulta rentable residir a decenas (conozco casos que a cientos, usando el AVE como si fuera el metro) de kilómetros de su lugar de trabajo. Debido a la distorsión, a una familia le puede resultar económicamente rentable, pero convierte a una sociedad en (energética y, por lo tanto, económicamente) ineficiente (y, por lo tanto, poco competitiva). Y a escala planetaria, es cavar más hondo nuestra propia tumba.

Otro conclusión evidente es que los todoterrenos… deben ser también exterminados de las carreteras y restringidos a su hipotético uso fuera del asfalto. En cuanto a los SUV, todocaminos y resto de coches con apariencia campera pero que jamás van a salir de él (con neumáticos asfálticos de perfil bajo es ridículo sólo el pensarlo) habrá que exterminar también a quien los diseñó, a quien los puso de moda, y a la panda de imbéciles que la copiaron. Quien quiera seguir modas, que se deje barba o lleve las botas desatadas, pero no envenene más la atmósfera con sus tonterías.

Finalmente, vemos que alicatar el tejado de paneles fotovoltaicos no cambia gran cosa el panorama de emisiones, ni convierte en sostenible un modelo que no lo es. Eso sí, de cara al vecindario es quizá más efectista incluso que comprarse un jersey en una tienda de comercio justo.

Para terminar, quisiera remarcar la necesidad de hacer números, aunque sea a grosso modo, en vez de sacar la lengua a pastar. Estamos ahogados en palabrería que contamina el debate especialmente en cuestiones que pueden ser perfectamente cuantificables, como la presente. Saquemos punta al lápiz, encendamos la calculata y trabajemos sobre datos, y no sobre exposiciones de buenas intenciones y mejores deseos.

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COMENTARIOS:

Un ejercicio muy interesante puede ser ir cambiando ciertos parámetro para ver cómo afectaría al total, para saber dónde realmente compensa invertir en reducción de emisiones.

– Por ejemplo, podemos sugerirle a Xiana que se compre un coche convencional como el de Sabela. Sólo con eso, Xiana pasaría de emitir 3.240 kg de CO2 a emitir 1.650 kg al año. La mitad, y eso sin considerar el menor consumo de neumáticos (porque a un Montero sí que le tienes que poner al menos neumáticos mixtos, con compuestos más blandos y una vida mucho más corta).

– He dibujado a Iria como la pijiprogre ecolojeta (cada vez más común), para mostrar la paradoja del imbécil que escoge el camino de comprar cacharradas tecnológicas vendidas como “verdes” en vez de usar el cerebro y simplemente reducir sus necesidades energéticas. En una vuelta de tuerca de este postureo, supongamos que Iria decide deshacerse de su Prius y comprarse un eléctrico puro: el Nissan Leaf.

Bueno, el Leaf tiene un consumo medio de 20,4 kWh/100km. Me figuro que este dato será al enchufe, es decir, una vez tenidas en cuenta las eficiencias de carga y descarga, así que no las considero. Como sabemos la media de emisiones del mix español, obtenemos que sus emisiones imputables son de 60,8 gCO2/km. Un poco más de la mitad que el León o el Prius. Con su nuevo coche, el colmo del postureo ecolojeta, la imbécil redomada de Iria emitiría… 608 kg de CO2 al año en transporte. ¡Aún siguen siendo más que las emisiones de Sabela!

En realidad, habría que afinar más el estudio ya que si la carga es nocturna, podría aprovecharse de que la demanda se completa con las nucleares y poca cosa más. Pero es que estamos seguros de que un personaje como Iria… ¡está radicalmente en contra de las nucleares! De hecho, es el capítulo número uno de su credo jiliprogre. El número cero, el prefacio, el índice.

De todas formas, ante una generalización del vehículo eléctrico, se aplanaría la curva de demanda teniendo que cubrirla con tecnologías de combustión también en las horas nocturnas, desactivando esa ventaja. Y ahora sí que tendríamos que considerar el balance de emisiones imputables de suprimir el motor térmico y sustituirlo por un eléctrico y un enorme paquete de baterías. Aún las cifras son muy controvertidas (incluso más que en el caso de la fotovoltaica, lo cual quiere decir que hay mucha publicidad y poco estudio serio) en este aspecto.

– Otro cambio que podemos sugerir es el de sustituir la caldera de calefacción por una bomba de calor (un aire acondicionado haciendo funcionar el ciclo en sentido inverso, bombeando calor del exterior al interior). Vamos a suponer que instala un equipo con un COP (eficiencia) de 2,5, me curo en salud poniendo uno bastante normalucho (las marcas proclaman eficiencias mucho más altas, 3,5 como poco).

Tomemos el caso de Xiana, que es quien tiene unas emisiones mayores en este concepto (debido a vivir en una casa y usar una caldera de gasóleo, especialmente la primera). Las necesidad energética es la misma, 12 MWh, pero exigen retirar de la red eléctrica sólo 4,8 MWh. Lo cual supone reducir las emisiones asociadas de 3.450 kg a 1.430 kg de CO2. ¡Ya es menos de la mitad! Parece que, en este caso, sí que la electrificación de la calefacción sí que tiene sentido. Con todo, la urbanita Sabela sigue, sin proponérselo, teniendo unas emisiones un 40% inferiores (y también ella se podría beneficiar de la reducción con el cambio a una bomba de calor).

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2 septiembre 2016

Las venas de Rusia

Filed under: energía,internacional — Mendigo @ 15:06

A cuenta de Siria, he tenido la curiosidad de investigar un poco cuáles son los principales gasoductos por los cuales Rusia exporta el metano de sus campos del Ártico, Siberia central y la isla de Sakhalin. No es una curiosidad técnica sino un punto central para comprender los movimientos geopolíticos que subyacen bajo la superficial actualidad informativa.

Por poner un poco en antecedentes: Rusia cuenta las mayores reservas del mundo de metano (comercialmente conocido como gas natural) y está en una posición privilegiada para alcanzar por ductos cualquier punto del continente euroasiático. El metano es cada vez más usado en generación eléctrica en ciclos combinados de eficiencia mucho mayor que las térmicas convencionales a carbón y estoy sorprendido de que no se esté desarrollando más su uso en automoción (requiere sólo unas pequeñas modificaciones en los motores convencionales, y su mayor inconveniente es el almacenamiento), además de su tradicional papel en la calefacción de los hogares y como fuente de energía en la industria.

Como decíamos, el transporte por ducto es la forma más conveniente para distancia medias (break even en 9.100km) y grandes volúmenes (>10E9m³/año). La otra solución es el transporte licuado en metaneros, pero el proceso de licuar y regasificar conlleva unas pérdidas considerables (los trenes de licuado funcionan con el propio metano). Por lo tanto, el gas ruso es la pieza central de la política energética de todo un supercontinente como Eurasia, y su importancia crece con el tiempo según abre nuevos cauces para exportar ese flujo de energía. Esta recuperada importancia del antiguo enemigo siembra la inquietud en las cancillerías atlánticas, las cuales a su vez mueven sus piezas en el Gran Juego.

Y ahora, al tema.

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Nord Stream
Longitud: 1.222km
Diámetro: 1,22m (1,42m en el tramo terrestre)
Presión de trabajo: 22MPa (10MPa en el tramo terrestre)
Caudal máx.: 55 km³/año
Son dos líneas, ya en activo desde 2011, que transcurren bajo el mar Báltico uniendo directamente los campos de la península de Yamal (en pleno Ártico) con su principal cliente: Alemania. Existe el proyecto de tender otros dos ductos, duplicando la capacidad máxima (North Stream II), pero está en el aire por las reticencias de la UE a aumentar su dependencia del gas ruso (y el cabreo que tienen los países del SE de Europa, a los que se les ha forzado a renunciar al South Stream, mientras que se le dejaba la puerta entreabierta a esta ampliación, que conviene principalmente a Alemania). Ahora mismo la ampliación está siendo políticamente cuestionada y el organismo de la competencia europeo ha puesto pegas.

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Yamal-Europa
Longitud: 4.196 km
Diámetro: 1,42 m
Caudal máx.: 33 km³/año
Activa desde 1997, era la principal vía de entrada de gas ruso a Europa hasta que fue tirada la anterior bajo el Báltico. Para alcanzar el gran mercado alemán es un itinerario más largo, y debe cruzar (además de servir) terceros países que aplican sus peajes. Un aliado del Kremlin como Bielorusia, pero también un íntimo enemigo como Polonia, que cuya reafirmación nacional siempre es en oposición a su vecino del Este. Mención aparte merece Ucrania, y es que las disputas en torno al tránsito del gas por esta antigua república soviética datan de mucho antes de la anexión de Crimea y el conflicto en el Donbass. Ucrania se ha beneficiado tradicionalmente de precios muy favorables en el gas, a cambio de permitir el tránsito por su territorio y una cierta capacidad de injerencia política del Kremlin. Pero durante años, Moskvá y Kiev se han cruzado acusaciones de robo. La cuestión es que en la frontera eslovaca la presión era menor que la inyectada por los rusos, y con esa diferencia los ucranianos presuntamente llenaban sus reservas y agotaban la paciencia del tsar Putin. Como se ve en el gráfico se ha propuesto una desviación (Yamal II) para servir a Austria vía Eslovaquia esquivando territorio ucraniano.

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Urengoy–Pomary–Uzhgorod
Longitud: 4.451 km
Diámetro: 1,42 m
Presión de trabajo: 7,5 MPa
Caudal máx.: 32 km³/año
El gasoducto Уренгой — Помары — Ужгород (en el mapa de la cabecera, con el nombre de “Brotherhood”) era la vía principal de entrada del gas ruso en la Europa Occidental hasta la apertura del Nord Stream. Lleva el gas del Ártico hasta Eslovaquia a través de Ucrania. Entró en servicio en 1983, y en aquel entonces transcurría enteramente por territorio soviético. Con la independencia de Ucrania, la operación de esta infraestructura empezó a encontrar ciertas “dificultades” que han mantenido a Gazprom y a su homóloga ucraniana UkrTransGaz en un permanente tira y afloja. La preocupación de Rusia ahora mismo es buscar alternativas a esta arteria para servir a Europa.

En este apartado hay que sumar otro gasoducto, el Soyuz, que también atraviesan Ucrania en dirección a Europa, pero que no transportan gas ruso sino de los campos del Caspio, y donde Rusia es sólo país de tránsito (que no es poco). Según se ve en el mapa, traen el gas de los campos de Turkmenistán (ni más ni menos que el 4º país por reservas probadas) y Uzbekistán, a través de Kazastán y Rusia hasta Europa (además de consumo propio ruso).

Si, ya sé que a la mayoría todas esas repúblicas ex-soviéticas nos suenan a lo mismo, pero mejor que nos vayamos aprendiendo nombres como Astaná, Ashgabat o Bakú, porque van a tener una relevancia creciente en el mundo. Por ejemplo, y saliéndome completamente del tema del gas ruso, aquí tenéis el gasoducto que evacua el metano de los campos del Caspio occidental vía Turquía.

Con un caudal máximo de 32 km³/año, es el principal competidor ruso en la zona, y explica la reactivación de conflictos larvados como el de Nagorno-Karabakh entre Armenia (respaldado por Rusia) y Azerbaiyán (sostenido por Turquía). Pero es que el mapa nos nubla la comprensión de un detalle geográfico crucial que complica aún más el tablero. ¿Sabéis quién es ese país grandote de la esquina inferior derecha del mapa? Pues ni más ni menos que el país que tiene las segundas mayores reservas probadas de gas del mundo, y que recientemente se ha liberado de las sanciones internacionales. La República Islámica se quiere conectar a este red y entrar en Europa vía Nabuco o, su sustituto, la Transadriática (más eficiente que exportarlo vía el puerto de Ceyhan vía una hipotética planta de licuefacción, como hace con el mucho más fácilmente embarcable petróleo).

Y Turquía quiere beneficiarse de su situación de cruce de caminos imprescindible para todas esas reservas, a las que quiere sumar las del Golfo (y para eso necesitan defenestrar a un gobierno sirio alauí, tradicional aliado de Rusia, que le devuelve el favor cerrando las puertas de Europa a la competencia gasística árabe). Las piezas van casando.

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Pero bueno, dejemos ya esta digresión sobre los competidores del gas ruso (por mucho que sea vital su comprensión) y ciñámonos de nuevo a nuestro objeto de estudio.

Blue Stream
Longitud: 1.213 km
Diámetro: 1,40 m (0,61m el tramo submarino)
Presión de trabajo: hasta 25 MPa en el tramo submarino
Caudal máx.: 16 km³/año
La principal vía de entrada del gas ruso a Anatolia y la región balcánica a día de hoy (entró en operación en 2003). Sin embargo, se ha demostrado insuficiente y se quiere reforzar su capacidad con otros proyectos. Evidentemente, derribar un cazabombardero de tu socio comercial por la grave violación de la soberanía que supone sobrevolar espacio aéreo turco durante unos segundos no ayuda a llegar a un acuerdo.

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South Stream
Longitud: 2.380 km
Caudal máx.: 63 km³/año
En proyecto (en ejecución en el lado ruso)
Los peajes que imponen los países de tránsito son un obstáculo para la competitividad del gas ruso. Por eso es interesante procurar reducir su número, además de por su capacidad de cerrarte el grifo si las relaciones se tuercen. Eso justifica incluso el tirar cientos de kilómetros de tubería por el mar Negro, para conectar (como en el caso del Nord Stream) directamente con la frontera de la UE prescindiendo del paso por Turquía (pero no de su zona marítima-económica de influencia, ni la ucraniana, ignoro cómo quedaría ese tema legal). La cuestión es que, como decíamos antes, Bruselas forzó a Bulgaria a rechazar este proyecto que daría demasiada cuota de mercado al gas ruso. A los búlgaros (y resto de países de la zona) se les quedó cara de tontos cuando se reanudaba la construcción del segundo ramal del North Stream que conectaba directamente Rusia con Alemania.

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Turkish Stream
Es una variante del anterior, con la misma capacidad proyectada (mastodónticos 63 km³/año) con la particularidad de que salvan el veto alemán europeo tocando tierra en territorio turco, y no búlgaro. Allí se sumaría al gas de la Transadriática (en ejecución) para entrar en territorio griego. Aún no está claro cuál de las dos alternativas se tomará, y aunque no salga en los periódicos es un asunto muy relevante que está condicionando buena parte de la política exterior de la zona.

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Hasta aquí, las venas que unen a Rusia con el rico apéndice europeo. Pero su gargantuesca geografía le permiten compartir geografía con la vieja Europa y una China que, a pesar de ser aún más vieja, está dando el estirón como una adolescente. Veamos los proyectos rusos para suministrar la energía necesaria para ese crecimiento.

Uno de los temas más comentados en los mentideros energéticos es el precio al que China comprará el gas ruso (deseoso también de diversificar su clientela y no depender tanto de los europeos, recordemos que la estatal Gazprom vende buena parte del gas que produce al mercado interno ruso por debajo del precio de producción, y cubre estas pérdidas con la exportaciones). Un oficial ruso filtró que sería de unos 350 $/m³ (precio al que pagaba Europa el gas en el momento de las negociaciones). Sin embargo, otras fuentes son menos optimistas y apuntan a que dificilmente cubrirá los gastos de explotación de los campos y construcción de la tubería. En mi (nada) humilde opinión, supongo que ni tanto ni tan calvo, y seguramente el precio se determinará por un complejo mecanismo de fijación de precios pactado en el contrato.

Power of Siberia
Longitud: 4.000 km
Diámetro: 1,42 m
Caudal máx.: 61 km³/año
Unirá los campos de Yakutia con la frontera china. Se espera esté operativa en 2019, y a pleno rendimiento en el 2021 cuando entre en producción el campo de Kovykta.

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Altai
Longitud: 2.800 km
Diámetro: 1,42 m
Caudal máx.: 30 km³/año
Es una de las medidas del gobierno chino para revitalizar su zona noroccidental y convertirla en un polo industrial. Traerá el gas de los campos de Siberia occidental, entrando a China por la provincia de Xinjiang y entroncando con el corredor chino Oeste-Este que llevaría el gas hasta Shanghai. Como el anterior, sometido al tira y afloja entre Moskvá y Beijín, parece que finalmente se da luz verde a su construcción (las autoridades chinas cada vez se ven más presionadas para resolver el gravísimo problema de contaminación en los núcleos urbanos, en buena parte debido a sus obsoletas centrales térmicas y de cogeneración alimentadas con carbón).

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Sakhalin–Khabarovsk–Vladivostok
Longitud: 1.862 km
Diámetro: 1,22 m
Presión de trabajo: 9,8 MPa
Caudal máx.: 36,5 km³/año
Traslada el gas producido en los campos marinos frente a la isla de Сахалин (justo al Norte de la isla de Hokkaidō, del archipiélago japonés) hasta Владивосток. A pesar de ser un recorrido interno, la incluyo dentro de las vías de exportación ya que se está construyendo un enlace con la red china, además de una planta de LNG en Primorsky Krai que surtirá a Corea del Sur y Japón (potencias industriales con una dependencia energética absoluta) y, en un futuro, una hipotética conexión submarina pues la batimetría, sin ser tan somera como el Báltico, no es prohibitiva (el enlace japonés se podría hacer desde la misma isla de Сахалин).

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2 abril 2016

La tragedia renovable

Filed under: energía — Mendigo @ 0:57

¿A quien le dice algo el nombre de Banqiao?

Os refresco la memoria, Banqiao, en la provincia china de Henan, en 1975.

¿Nada?

No os preocupéis, es normal, a mí tampoco me sonaba hasta informarme para este artículo.

Y ahora, ¿si os digo Chernobyl? No hace falta que dé más datos, Ucrania, 1986… todos sabemos que me estoy refiriendo al reactor RMBK que originó la peor catástrofe nuclear de la historia, de largo. Los números son tremendos, 41 personas murieron por causa directa del accidente (más que accidente, una negligencia espantosa en la operación del reactor), la mayoría de ellas fueron trabajadores y bomberos por la exposición letal a la radiación (otros 4 fue debido al accidente de helicóptero). Pero esta cifra es minúscula en comparación con el goteo de muertes prematuras debido a la exposición a los radionucleidos expulsados a la atmósfera cuando la vasija del reactor saltó los aires. Se estiman en unas 4.000 las muertes prematuras al apreciarse un aumento estadístico de la afección de diversos tipos de cáncer del 3% en la población expuesta.

A su lado, el segundo gran accidente, el de la planta de Fukushima Daiichi en 2011 es de una importancia mucho menor. Según una proyección estadística, serían de esperar unas 130 muertes prematuras en el mundo debido a la contaminación radioactiva producida a consecuencia del accidente. Estas muertes son, por lo tanto, una consecuencia más que sumar a las 18.500 muertes que provocó el terremoto y subsiguiente tsunami.

Sin duda, el diseño del BWR de Fukushima con un edificio de contención (ausente en los diseños soviéticos, absolutamente obligatorio en los demás) limitó enormemente el alcance del daño.

Estos son los dos accidentes más graves de reactores nucleares de la historia. Hubo otro accidente con fusión parcial de núcleo en uno de los reactores de la central de Three Mile Island, en 1979, pero no hubo víctimas directas y el análisis de muertes prematuras está dentro del rango de ruido estadístico.

Y ahora, volvemos a Banqiao. Concretamente, a la central nuclear hidroeléctrica de Banqiao. La energía hidráulica, esa fuente renovable, ecológica, inocua de energía verde. Las lluvias torrenciales debidas al tifón Nina produjeron su colapso, liberando 15,7 hm³ de agua en el conjunto de todo el sistema de presas de esa cuenca (fallaron 64 presas en cadena, algunas fueron destruidas deliberadamente con bombardeos aéreos de forma “controlada” para aliviar la situación). La riada causó la muerte a 171.000 personas, 18.869 de ellas por causa directa de la inundación y el resto en los días siguientes a causa del hambre y las enfermedades provocadas por la devastación de la ola en toda la región.

La cuestión es ¿por qué este desastre no pasó a la conciencia colectiva como pasó el de Chernobyl, aún siendo objetivamente muchísimo más cruento en vidas humanas y destrucción material? De hecho, si hubiera un accidente con fusión de núcleo en todos y cada uno de los 664 reactores actualmente en operación en el mundo, ni siquiera llegaríamos a la envergadura en términos de vidas humanas que causó el fallo de esa presa.

Podemos objetar que Chernobyl ocurrió 10 años más tarde y en Europa del Este, luego la cercanía en el tiempo y el lugar es normal que influya en la relevancia dada por los medios y el público a una noticia.

Pues bien, os propongo otro accidente en una presa, la de Koshi, entre la India y Nepal. Unas 250 personas murieron al colapsar la estructura, y otras 300.000 vieron destruidas sus casas y anegados sus campos de cultivo. Esto ocurrió en 2008, sólo tres años antes del desastre de Fukushima, y geográficamente más próximo a nosotros que el archipiélago nipón. Sin embargo, la cobertura de ambos accidentes fue radicalmente diferente. A pesar de que la inundación mató al doble de personas que las que morirán previsiblemente antes de tiempo por enfermedades ligadas a los contaminantes liberados por los reactores dañados de Fuskushima.

¿Por qué?

Yo creo que la explicación cae por su propio peso: por un lado, los muertos nepalíes e indios (porque el río inundó la comarca de Bihar, en la India) son pobres; es comprensible que los muertos japoneses, si bien hipotéticos y más lejanos, sean más mediáticos. La segunda, es la ignorancia de los periodistas, y del público en general, que siente terror por lo que no comprende. Muertos arrastrados, ahogados por la caída de una presa es una fatalidad. Pero los muertos debidos al virus de la radiación, que no se ve, no se huele, no se siente, pero enferma, a veces años después de la exposición, esos muertos dan mucho miedo. Quizá en parte porque el teleespectador duda si también él estará infectado y será la próxima víctima, mientras que sabe con seguridad que no se ha visto afectado por una inundación, terremoto, incendio o desgracia pareja.

En cualquier caso, revisando las cifras de muertes directas e indirectas asociadas a la industria de generación de energía eléctrica, no cabe ninguna duda que la hidroeléctrica es una tecnología de generación mucho más peligrosa que la nuclear, tanto en términos absolutos como relativos, referido a la energía producida (tomando datos del 2008, 3,3 PWh para la hidro y 2,7 PWh para el átomo; el PetaWatio-hora de energía, qué bonita unidad!).

Por supuesto, yo bien sé la histeria que produce una frente a la indiferencia ante los riesgos de la otra, pero los datos históricos son contundentes. En cada cada casillero sobresalen dos grandes desastres, el Banqiao (171.000 muertes) y el de Chernobyl (4.000 muertes). Incluso prescindiendo de estas dos tragedias en el extremo de la gravedad, y restringiendo el cálculo a partir de los años 50 (que es cuando se introdujo la explotación comercial de la fisión) el sumatorio de todas las demás no deja lugar a dudas: mientras que la rotura de embalses ha producido más de 10.000 muertos, los accidentes nucleares no más de 200 (la mayor parte a causa del accidente de Fukushima). El agua mata más que el átomo, para una capacidad de generación del mismo orden. Esto es un hecho.

Otro día, busco algunos datos para meter en la comparación a la principal fuente de energía eléctrica en el mundo: el carbón; tanto en muertes prematuras debido a la contaminación, como en muertes directas debido a la minería del carbón. También habría que tratar otras causas residuales de mortalidad como la minería del uranio, la construcción de las centrales (especialmente las presas) y la operación de las mismas (también en las centrales térmicas se producen accidentes fatales). Pero estas causas no modificarán el cuadro general.

Si nos ceñimos a la experiencia española, donde la nuclear produce el doble de energía que la hidroeléctrica, las diferencias son más evidentes. Han ocurrido dos accidentes graves en España relacionados con la energía hidroeléctrica: la presa de Vega de Tera y el pantano de Tous. La primera mató a 144 vecinos de Ribadelago, la segunda más de 30 en la comarca de la Ribera del Xúquer.

En España, no existe ningún fallecimiento relacionado con la operación de una central nuclear.

Sí que hay un accidente en que 11 personas murieron debido a la radioactividad, pero fue debido a una reparación de Pepe Gotera en la unidad de radioterapia del Hospital Clínico de Zaragoza.

Y sí, ya sé lo del accidente de Spanair, y que a mucha gente le da miedo volar, pero… el avión sigue siendo el medio de transporte más seguro, por mucho que pueda parecer contraintuitivo a muchos.

Ahora quisiera llamar vuestra atención sobre el tamaño de los embalses accidentados. El de Vega de Tera era un miniembalse de 8hm³, pero el de Tous ya decuplicaba esa capacidad. Con todo, sus 80hm³ de diseño (llegó a almacenar casi 100hm³ antes de reventar, debido a… que España es así) no son nada en comparación de verdaderos monstruos de la ingeniería como el embalse del Almendra (2.648 hm³) o el de Alcántara (3.162 hm³). La capacidad destructiva de uno de estos gigantes, cuya falla además provocaría la caída en cadena del resto del sistema de presas de su cuenca que se encontraran aguas abajo, escapa a la imaginación. Ni que decir tiene los grandes colosos mundiales, como la presa de Itaipu (29.000 hm³) o la de las Tres Gargantas (39.300 hm³). Las víctimas de una hipotética falla de estas macroestructuras, se contarían por millones.

Volviendo a la actualidad, estos días es noticia la presa de Mosul, en Iraq. Siendo una presa, por volumen embalsado, grande pero no descomunal (11.000 hm³), es una bomba de relojería para las poblaciones en el curso del río Tigris, empezando por la aledaña Mosul (y estamos en Mesopotamia, donde prácticamente toda la actividad humana se concentra en los valles del Éufrates o el Tigris). Al haber sido construida sobre caliza, exige un mantenimiento regular que, durante estos años de guerra y ocupación por el Estado Islámico se ha descuidado y amenaza ruina. Si la estructura fallara, provocaría entre medio y un millón de muertos en el curso de una jornada. Por poner la cifra en cuestión, en cinco años de guerra civil siria, una guerra extremadamente sangrienta y sucia de exterminio, han muerto cuarto de millón de personas. En sólo unas horas, esa cifra se multiplicaría por dos, tres, cuatro…

Este tema, desgraciadamente, se presta a forofismos de gente que ya ha adoptado una postura sólida previamente a su estudio. Yo aspiro a extraer conclusiones razonables y honestas de los datos que tengo disponibles, lo cual me lleva por ejemplo a celebrar el cierre de Garoña, una vez concluido su ciclo de vida para el que fue diseñada, por razones de seguridad. Pero también sé que la mayor amenaza potencial a la seguridad no viene de Garoña ni ninguna otra central nuclear, sino del recrecimiento del embalse de Yesa, debido a la inestabilidad del terreno en el que se inscribe la presa.

No es cuestión de filias ni fobias, sino de un análisis riguroso de los riesgos. En el tema nuclear es un lugar común el recurso a los “isis”. No me refiero al Estado Islámico, sino a conjeturas del tipo “¿y si estamparan un avión contra una central nuclear?”, “¿y si pusieran una bomba?”, “¿y si fuera destruida por un terremoto?”. En el caso de sabotaje, habría que decir que serían idiotas los terroristas, pudiendo dirigir el ataque a una gran presa, cuya falla produciría un desastre humano y económico muchísimo mayor. En cuanto al terremoto, cabe recordar que la vieja central de Fukushima (del mismo tipo que la de Garoña) aguantó perfectamente las sacudidas de un terremoto de 8,9 puntos en la escala Richter, uno de los mayores de la historia. El fallo se produjo cuando el tsunami posterior anegó los generadores auxiliares (por seguridad, se extrajeron las barras de combustible y la central quedó desconectada de la red al percibirse el sismo) que aseguraban la refrigeración del calor remanente en la vasija del reactor. Sabemos que hasta esa magnitud, una central nuclear puede aguantar sin problemas. En el caso de las presas, también tenemos la misma certeza: no aguantaría ninguna. El día que tengamos un terremoto de esa magnitud en la Península, el menor de los problemas serán las centrales nucleares (en el terremoto de Lisboa de 1755, murieron la tercera parte de los lisboetas).

Cuando hablaba del coste ambiental de la energía eléctrica, ya llegué a una conclusión supongo que bastante chocante: la tecnología de generación menos dañina para el medio natural es, sin duda, la nuclear. Y la más lesiva es muy probable que sea una fuente renovable, como es la hidroeléctrica. En esta ocasión completo la cuestión tratando el peligro para la población, en el cual puedo afirmar sin atisbo de duda que la energía nuclear es peligrosa, pero no es ni mucho menos la más peligrosa a tenor de los datos históricos, siendo superada con mucho de nuevo por la hidroeléctrica y, a falta de estudiarlo, seguramente por las térmicas convencionales de carbón.

Esto no me lleva a defender que la energía nuclear de fisión sea la panacea, ni a negar unos riesgos que ciertamente son muy serios. Tan serios que, de hecho, considero que las centrales nucleares deberían ser operadas sólo por empresas públicas, para asegurarse que motivos de rentabilidad económica no suponen un menoscabo en la operación segura de las instalaciones. De hecho, yo vetaría el uso de la energía nuclear en países de pandereta, con una corrupción endémica, como España, donde el organismo supervisor es sólo un pelele en manos de intereses partidistas (y, por lo tanto, al servicio de los operadores eléctricos).

Deploro que la ignorancia y la superchería haya enfangando tanto el debate, pues la fisión nuclear es una gran baza para enfrentar un problema real como es el cambio climático (es, además, la tecnología de generación con menos emisiones de CO2 imputadas), alegando un problema imaginario con los RAA (no existe ningún caso reportado de nadie afectado por residuos debidamente tratados). Al mismo tiempo reconozco que, en las premisas de seguridad actualmente exigibles e irrenunciables, es una energía cara. Limpia, la que más, pero cara si se hacen las cosas bien (sobrecostes en Olkiluoto, Flamanville y Hinkley Point). Y por los riesgos asociados, sólo se pueden hacer así las cosas.

Volviendo al mundo árabe, que reclama tanta atención últimamente; parece curioso que haya pasado desapercibido el inicio de la construcción de una descomunal central nuclear en Emiratos Árabes (5.380MW cuando estén los cuatro reactores acabados, una de las mayores del mundo), precisamente en una zona del mundo donde haces un agujero con el dedo en la arena y ya sale petróleo y/o metano. Los Saud, mientras tanto, se están pensando la construcción de 16 reactores.

Si en Europa es más barato operar un ciclo combinado que una central nuclear, qué decir en un país donde sencillamente el gas natural sobra y es quemado (flaring) en los mismos yacimientos a pura pérdida ante la imposibilidad de dar salida a toda la producción en la exportación (licuado). En este espacio no nos chupamos el dedo, y sabemos que la construcción de esta megacentral no tiene ningún sentido económico. Pero también sabemos que la fisión de U235 en el reactor produce Pu239, el ingrediente principal de un arma nuclear.

Por otra parte, sabemos que los Saud le subvencionaron a Pakistán su programa nuclear a cambio de poder disponer de esos misiles cuando fueran requeridos.

Nota cultural: es curiosa la elección del nombre para la primera central nuclear árabe, Barakah. Es un concepto del islam sufí, una palabrería del estilo de los chakras y las auras, para dar nombre a una aplicación comercial de la física nuclear. Una curiosa mezcla entre el mundo de la ciencia que reina por sus fueros, y el de la superstición que se resiste a morir.

¿Os resulta divertido? No deberíais reíros tanto.

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28 diciembre 2015

Αἴολος και Ἥλιος

Filed under: energía — Mendigo @ 1:31

Haciendo limpieza en el disco duro, me he topado con estos gráficos que puede que a alguien le resulten interesantes (pinchar para ampliar).

El primero, es la media de la velocidad del viento a 80m sobre la superficie (aprox. la altura de la torre de un aerogenerador moderno).

3tier_5km_global_wind_speed

Esta medida no es exactamente igual a los recursos eólicos disponibles, pero a esta escala y para un uso didáctico es suficientemente buena aproximación.

Para quien esté interesado: al calcular la media, los vientos menores de 5m/s (se empiezan a desarrollar rotores que aprovecharían vientos incluso de 3m/s) no deberían ser tenidos en cuenta. Igualmente los aerogeneradores abanderan las palas con vientos superiores a 25m/s, por seguridad, así que todo lo que pase de ahí tampoco contribuye en nada a la generación de energía. De hecho, la potencia nominal se suele alcanzar a 15m/s, por lo que vientos superiores no suponen ulteriores incrementos de potencia. Por otra parte, expresarlo en unidades de velocidad no da una idea exacta de la capacidad energética del viento, ya que ésta depende del cubo de la velocidad (un viento de 10m/s es 8 veces más energético que uno de 5m/s); por eso los mapas más técnicos se expresan en W/m². Finalmente, no todo es la velocidad del viento sino también su “calidad”: vientos racheados provocan esfuerzos en el eje que acortan los intervalos de mantenimiento, afectando a su producción y rentabilidad (el viento marino suele ser de más calidad que el montano). También es importante que su componente sea constante, para no perder tiempo reorientándose.

Pero bueno, más allá de tecnicismo, podemos ver que hay zonas del mundo con unos recursos eólicos muy importantes. Lo malo es que, generalmente, coincide con regiones despobladas (Mauritania, Ushuaia, cordillera andina, Somalia, Groenlandia, las Rocosas o el Himalaya), y una explotación masiva conllevaría enormes inversiones en una red de transporte de cientos de kilómetros y asumir grandes pérdidas (energéticas) que cuestionarían la viabilidad económica del proyecto. La excepción es el Norte de Europa, especialmente las islas británicas y Escandinavia, que tienen un filón energético inagotable en sus costas.

Luego hay, a escala regional, puntos calientes debido a una orografía singular que harían bien en ser aprovechados: por ejemplo, aquí cerca, el Estrecho de Gibraltar o los valles del Ebro o del Ródano que encauzan las masas de aire.

Debido a la proyección empleada (Mollweide) las zonas laterales aparecen muy distorsionadas. Pero, por ejemplo, Nueva Zelanda o Japón son también Estados desarrollados que podrían cubrir buena parte de sus necesidades energéticas con energía eólica. En el caso de Japón, sin embargo, su extrema densidad de población impide poder colocar estos monstruos en tierra firme, mientras que una batimetría con acusadas pendientes en la costa pacífica dificultaría la producción marina (¿por qué emplear onshore y offshore si en castellano tenemos recursos sobrados para expresar lo mismo? ¿para darse el pego?).

Lo dicho, aquí os dejo el mapa para que investiguéis y lleguéis a vuestras propias conclusiones. Como aguinaldo, os dejo también el de irradiación solar media, mucho más predecible (depende básicamente de la latitud y la nubosidad):

3tier_solar_irradiance

De nuevo, en general, las áreas de máxima irradiación son áreas con baja densidad de población (y, por lo tanto, necesidades energéticas). Hasta que no aparezcan una nueva generación de células fotovoltaicas (tengo mucho interés en las orgánicas, cuya fabricación implica mucho menor consumo energético), me temo que sólo son interesantes en aplicaciones puntuales donde no llegue la red eléctrica, pero hasta dentro de unos cuantos años no serán competitivas frente a las tecnologías de generación convencional, de cara a su producción masiva. Otra cosa es que, por medio de primas, haya Estados que las introduzcan por motivos más bien publicitarios, ya que su escasa aportación al mix de generación no implica ninguna diferencia sustancial. En cuanto a la termoeléctrica…bueno, le podéis preguntar a Abengoa sobre su rentabilidad.🙂

Y, finalmente, un mapa que aúna las tres principales fuentes de energía renovable.

3tier_all_renewables_poster

En éste se une la pluviosidad media, relacionada con la generación hidroeléctrica. De todas las tecnologías de generación, la más lesiva para el medio natural y una de las potencialmente más peligrosas para el ser humano (sí, mucho más que la nuclear).

Pero es renovable. De hecho, la minihidráulica, la más destructiva en relación a su producción, está incluida en el Régimen Especial y es subvencionada con primas. Pero eso no importa porque, como las anteriores, es renovable y, como todo idiota sabe de carrerilla, significa que es verde, es ecológica; vamos, que hasta le hacemos un favor a la Naturaleza construyendo presas, levantando parques eólicos u ocupando hectáreas con paneles solares.

Existe un concepto tremendamente poderoso, y completamente malaprovechado: la imputación de externalidades. En el campo de la generación eléctrica, exige un estudio riguroso del impacto de las diferentes tecnologías de generación en el medio natural y en la sociedad. Identificar esas agresiones, tanto regulares como potenciales según su frecuencia de aparición, en relación con la producción y pasarle el recibo a cada planta, para que resarza a la sociedad del daño causado o el riesgo incurrido.

Entonces, una vez corregidos los costes asumiendo todas las externalidades asociadas a la producción, podrían competir en verdadero pie de igualdad.

NOTA: El resultado sería muy diferente al que mucha gente se imagina, ya que a los paneles solares les tendríamos que sumar las emisiones de CO2 asociadas a su fabricación (en China, con contaminantes centrales de carbón), además de cuantificar la ocupación de terreno (enorme en relación a la producción).

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