La mirada del mendigo

19 febrero 2021

Clare Daly

Filed under: Internacional — Nadir @ 1:25

Pues no me sonaba a mí esta irlandesa.

Tiene cojones; me gusta. A su lado, Borrell es una alimaña ponzoñosa.

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23 enero 2021

Si te dicen que caí

Filed under: Internacional — Nadir @ 22:14

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9 noviembre 2020

Nacimiento, pasión y muerte de Thomas Sankara

Filed under: Historia,Internacional — qatalhum @ 20:16

Los africanos para divertirse tienen monos, nosotros, en cambio, tenemos franceses”.

A. Schopenhauer

Yo tenía una casa en África”. Pero mi antiguo mundo se ha convertido en el territorio del dolor. Ya no hay una casa, sólo devastación. Todos los estados que se encuentran en la franja saheliana, desde Senegal hasta el Chad, están descomponiéndose. Muchos son los que creen que este fenómeno pertenece al siglo XXI, cosa de los últimos años. Es un relato muy interesado, sobre todo tras la aparición en escena de los “grupos integristas”. No, el origen de este desastre tiene una lejana fecha, el 15 de octubre de 1987. Aquel día en que asesinaron al presidente Thomas Sankara. El golpe no sólo se sintió en Burkina Faso, lloraron todos los excluidos de África. Ese día desapareció la esperanza, el camino al sueño de “los soles de la independencia” se transformaba en esta horrible pesadilla que actualmente desangra al Sahel.

No voy a relatar la vida, obra y milagros del presidente Thomas Sankara. Os ruego que dediquéis unos minutos a leer su biografía . Y a los que quieran profundizar más tienen a mano este libro. Lo que si quiero hacer es puntualizar algunas cosas e intentar explicar la importancia de aquel asesinato.

Hablar de África es hablar de colonialismo desde tiempos inmemoriales. En aquellos tiempos el ejército más poderoso contra los europeos eran los mosquitos de los géneros Anopheles y Aedes, unos simpáticos bichejos capaces de mandarte al otro mundo vía malaria y fiebre amarilla. Hay que tenerlos muy en cuenta porque sin ellos no se puede entender el proceso colonial clásico que va desde las factorías a la ocupación del territorio interior. El sistema de factorías duró siglos, la conquista del Sahel por Francia sucede en el siglo XIX y sólo se concluye a finales de ese siglo. Este fenómeno está muy vinculado con los avances médicos de esa época.

Una vez tomado el territorio hay que montar una administración lo suficientemente compleja para que el saqueo sea eficaz. Es admirable la habilidad de los poderes coloniales para mantener una doble administración: la colonial propiamente dicha y la tradicional con todos sus privilegios. Abolir este sistema tan perverso fue uno de los motivos que acercó a Thomas Sankara a su fin. A ningún jefecillo local le hizo mucha gracia no cobrar impuestos y no poder poner a trabajar gratis a la gente de su pueblo en sus tierras. Muchos menos que se repartiesen esas tierras entre los campesinos. Sí, una reforma agraria en toda regla. Y lo peor es que funcionó alcanzando la autosuficiencia alimentaria. Eso ya no se podía tolerar; la táctica francesa de castigar mediante la retirada de las ayudas a esos gobiernos “comunistas”, Malí y Burkina, no servía en el segundo país.

Capitalismo a tope en Waga

El África negra francófona celebró el año de 1960, en el que Francia les regaló la “independencia”. En cambio Argelia se la tuvo que ganar a pulso. La fiesta se acabó cuando la C.I.A. ordenó la ejecución de Patrice Lumumba. El mensaje estaba muy claro para todo el continente: nada de cambios, el que se salga del tiesto, al hoyo. Había nacido oficialmente el neocolonialismo.

Thomas Sankara llegó a conocer perfectamente los engranajes de un sistema extractivo que no necesitaba la ocupación del territorio. Los recursos seguirían llegando a las metrópolis a precio de saldo, llenando todo el continente con unos esbirros muy peligrosos con gorra de plato, el uso político de la ayuda humanitaria e imponiendo orden y mando con la deuda: nuestros amigos del Banco Mundial y el FMI. Todos sabían cómo se repartía el pastel pero no esperaban a alguien con la suficiente coherencia y dignidad para dar un paso adelante.

Esa dignidad se la devolvió al país al cambiarle el nombre de Alto Volta a Burkina Faso, el “país de los hombres incorruptibles”. Un país africano con nombre de río es un insulto, esos ríos fueron las vías de penetración europea, guardan el nombre de tu antiguo amo. Esta medida puede parecer una tontería pero caló en las gentes: todavía es el único país de la zona donde no puedes sobornar al común de los funcionarios de base. Es una cuestión de orgullo nacional. Pero lo que hacía temblar a los poderes de este mundo eran las otras medidas, sociales y económicas, que podían animar a otros gobernantes de la zona. Decían que se estaba formando una Cuba en el Sahel. No lo iban dejar de una pieza, pues Sankara estaba demostrando que había una solución para el desarrollo en los países de África.

¿Una Cuba en África?

Con todos los jefezuelos bien cabreados en el interior y las potencias azuzadas por las compañías mineras, era sólo cuestión de tiempo. Y, como suele suceder en estos casos, el golpe de estado que acabó con Sankara y un grupo de sus oficiales lo organizó su “hermano” y antigua mano derecha: Blaise Compaoré. Al traidor le dedica la Wikipedia un párrafo muy descriptivo de lo que fue el post-sankarismo:

A partir de la dictadura de Compaoré, Burkina Faso se amoldó al modelo de país francoafricano por la corrupción, saqueo de recursos naturales como algodón, vía la empresa local Sofitex o a través de la empresa Sirex, nepotismo y asesinatos políticos”.

El mensaje que se lanzó aquel 15 de octubre de 1987 caló hondo entre la población. Quedaba muy claro los dirigentes de la muy democrática “République”, esos que andan jaleando lo de “Liberté, égalité, fraternité”, no iban a sacrificar sus intereses económicos en la zona a cambio de mejorar un poco la vida de los habitantes del Sahel. La eliminación de cualquier posibilidad de una transformación social real en esas sociedades le entregaba el testigo a los sectores más reaccionarios. Les dejaron hacer cuanto quisieron, una nueva mezquita aquí, una madrasa allí. Permitieron su financiación, al fin y al cabo al poder le tranquilizaba mucho más poner a la gente a leer el Corán a que descubriesen el mensaje de los Lumumba, Cabral o Sankara.

“Paloma” burkinabe esperando la conclusión de nuestra historia

Un día el dragón despertó, y salió de la mezquita dispuesto a vengar todos estos años de injusticia. Como ya sabéis, ahora anda la metrópoli intentando acabar con su criatura al mismo tiempo que lloriquean por las calles de París. Una guerra perdida: habían aniquilado cualquier atisbo de esperanza para las gentes del Sahel. Y eso es lo que significó el gobierno de Thomas Sankara.

Gracias, mi capitán.

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5 noviembre 2020

Thomas Sankara

Filed under: Historia,Internacional — Nadir @ 0:52

La verdad, yo de este fulano conocía el nombre y poco más. He conseguido arrancar a Qatalhum el compromiso de hacer una entrada sobre este personaje, así que seguid en la onda. Pero me resisto a privarme del placer de subir algo de él.

Mira por donde, hemos encontrado un verdadero profeta: profetizó su propio asesinato. Es impresionante escucharle pidiendo al resto de países africanos que se unieran para impagar la deuda, porque si sólo su país lo hacía, él sería eliminado. Y efectivamente, los servicios secretos franceses, los acreedores de Burkina Faso, no permitieron que celebrase su 39º cumpleaños.

Sirva todo ello de recordatorio de la política criminal de Francia (y resto de potencias coloniales) en África, ahora que el cretinito de Macron se pone estupendo hablando de los valores de la République. Cuando el valor supremo es la codicia:

14 african countries are obliged by France, trough a colonial pact, to put 85% of their foreign reserve into France central bank under French minister of Finance control. Until now, 2014, Togo and about 13 other african countries still have to pay colonial debt to France. African leaders who refuse are killed or victim of coup.

Ahora comprenderéis el interés de varios Estados africanos en crear una moneda única, a semejanza del €, desembarazándose de la tutela monetaria de la ex-metrópoli.

Pero vamos, que no quiero que esta sea una historia de blanquitos malos (ya que inteligentes) y negritos buenos (luego tontos). Hay blanquitos malos y negritos malos si no peores (Mugabe, Mobutu…e incluso al bueno de Thomas se le empezó a ir la pinza), aunque hay que reconocer que ningún dictadorzuelo africano ha llegado al nivel de atrocidad de Leopoldo II de Bélgica.

De todas formas, quien tiene ahora la sartén de la deuda agarrada por el mando no es ni blanco ni negro, sino amarillo.

Sirva esta pobre entrada de introducción a la de Qatalhum sobre el Che Guevara negro. Y Juan Manuel Grijalvo también nos está preparando otra, y me cuenta que va a ser una entrada regia. A ver si van tomando nota otros a quien no quiero señalar… luego pretenderéis cobrar y todo. ¡Así va España!

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15 agosto 2020

Exterminio

Filed under: Internacional — Nadir @ 8:26

Últimamente mi interés se está dirigiendo hacia Asia, una gran desconocida a pesar de ser el hogar de la mayor parte de la humanidad.

Acabo de subir en un comentario la versión doblada al castellano del excepcional documental de Oppenheimer sobre las masacres en el golpe de estado de Suharto (una marioneta de EEUU para proteger los intereses gringos en la industria del caucho, a semejanza de lo que poco después sería Pinochet en el Cono Sur con el cobre), instigadas por la CIA y luego definidas por esta misma organización criminal como “uno de los peores asesinatos en masa del siglo XX”:

Episodio que, para el público occidental, es prácticamente desconocido (y no, no es casualidad).

Pues bien, abundando en la huella dejada por los cowboys en el sudeste asiático, nos vamos a un pequeño país montañoso que sufrió las consecuencias de ser vecino de Vietnam: Laos.

Copio parte del artículo “La Guerra de los 1.000 años“.

Es difícil encontrar un lugar que exhiba la estupidez de la guerra tan abiertamente como Laos, la pequeña nación del sureste asiático. Aquí es posible encontrar campesinos que han improvisado una prótesis utilizando el metal sobrante de la bomba que segó su pierna en primer lugar.

Es posible encontrar a padres que lloran la muerte de hijos que se dedicaban a vender el metal de los explosivos para pagarse un cuaderno y un bolígrafo con los que ir a la escuela. Y es posible que el país que arrojó media tonelada de explosivos por habitante gaste un millón de dólares para buscar los restos de cada uno de sus soldados desaparecidos y muestre en cambio un rácano interés en ayudar a los laosianos a buscar y desactivar los explosivos que esos mismos pilotos dejaron caer antes de ser derribados.

Todo ello es posible en Laos, el país más bombardeado de la historia por habitante. Sucedió en los años 60 y si aquel conflicto fue descrito como “la Guerra Secreta” es porque todavía hoy son pocos los que saben que tuvo lugar.

EEUU libraba la Guerra del Vietnam y quería cortar las vías de suministro de Laos a su enemigo vietnamita y evitar que el país tomara partido por el comunismo. La manera de lograrlo es uno de los más desconocidos y brutales crímenes de guerra jamás cometidos: aviones americanos llevaron a cabo más de 584.000 misiones y arrojaron más de 260 millones de bombas de racimo sobre las zonas más pobladas del país.

Los propios pilotos estadounidenses admitirían años después que nunca se trató de distinguir entre civiles y militares. “Si algo se movía, lo bombardeábamos”. En la absoluta clandestinidad y sin más testigos que sus víctimas, Laos fue convertido en el campo de ensayo de las guerras modernas centradas en la supremacía aérea. La lección militar una vez el país estaba en ruinas: todavía es necesario poner a los soldados en el campo de batalla si se desea ganar. EEUU perdió la guerra, abandonó Indochina y dejó atrás lugares como Phonsavan.

La ciudad se encuentra en las Llanura de las Jarras del norte de Laos, donde los chatarreros siguen viviendo de las bombas que no explotaron, los niños arriesgan la vida buscando explosivos para venderlos al peso y regiones enteras han sido condenadas a décadas de pobreza porque sus campos, aún fértiles, no pueden ser trabajados por la cantidad de bombas con los que fueron sembrados en la Guerra Secreta (1964-1973).

Os sugiero que acabéis de leer el corto artículo y, por supuesto, que veáis el documental. En realidad son dos, The act of killing y The look of silence, pero si sólo tenéis tiempo o ganas de ver uno, desde luego recomiendo empezar por el primero. Es grotesco, el ejemplo perfecto de la banalidad del mal.

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