La mirada del mendigo

25 julio 2015

El totem

Filed under: política — Mendigo @ 14:46

Como iconoclasta de pro, vamos a seguir lanzando piedras a los ídolos que las sociedades van creando para ocupar el vacío que deja su ignorancia y el esbozo de la conciencia de la insignificancia de su existencia en el conjunto del Universo. Hoy, el Dios que nos servirá de diana para los cantazos es la Patria, y su religión, el nacionalismo de corte patriótico.

En especial, encuentro muy divertido el nacionalismo de los nuevos Estados. Si viviendo en uno de los Estados más longevos aún existentes, insisto continuamente en la inexistencia de España como país (porque no existe cosa tal como “cultura española”, con un conjunto de características comunes y propias, que las distingan de su entorno) ¿qué no he de pensar de Estados con la pretensión de ser naciones (identificar la división administrativa con una entidad etnológica), a pesar de contar sólo con una par de siglos de existencia, o incluso menos?

Efectivamente, las culturas se crean a fuego lento, con el concurso de los siglos, en los fogones y las ruecas, en las eras y las majadas; no en los pasillos de un palacio, por decreto-ley. En los despachos de las cancillerías se conciertan matrimonios de conveniencia entre casas nobles y se ultiman los preparativos para la siguiente guerra. Así es como se crean y modifican los Estados, ente del ámbito administrativo, basados en el derecho de propiedad dinástico, de una familia noble sobre las almas bajo su soberanía. De hecho, aún hoy, se sigue empleando ese lenguaje patrimonialista al hablar de territorios; por ejemplo, el Sahara occidental pertenece a Marruecos, dando por bueno implícitamente el derecho de conquista y heredanza, como a mí me pueden pertenecer mis pantalones. Aún casi nadie emplea el concepto moderno y democrático, por el cual los ciudadanos de un territorio escogen libremente dotarse de aquellas leyes e instituciones para autogobernarse y permitir la convivencia. Es decir, el Sahara Occidental pertenece a los saharauis, que habrán de decidir qué forma deberá tener su Estado y sus relaciones con el vecino marroquí o la antigua metrópoli. El derecho de conquista no es más que la institucionalización del robo a mano armada, así como el derecho dinástico es un robo con mano enguantada. La tierra es de quien la habita y la trabaja, y las comunidades deben ser libres de autoorganizarse como mejor les plazca.

A diferencia de los Estados, para las culturas que informan los pueblos, las naciones, no basta el ordeno y mando, se necesita del concurso de la lumbre del tiempo sobre el crisol de la ideas. Con la coacción puedes incluso conseguir, tras generaciones, que un pueblo abandone su cultura para vestir el uniforme del poder (el jacobinismo galo es el maestro, y España un alumno aventajado), aunque seguramente no será de la talla y hechuras del pueblo aculturizado. Desde el poder de los despachos y las charreteras se puede destruir, pero no dar a luz una cultura. Puedes imponer el uso del idioma y religión de la corte a los súbditos, al menos en su relación con los tentáculos del poder, pero no crear una cultura que lleve el nombre del Estado.

Particularizando con España: lo digo y lo repito, no existe una cultura propia del Estado español, sino la adición de tradiciones culturales de orígenes muy diversos, con ningún rasgo común que permita definir una “supracultura española” que, a su vez, sea diferente de cualquier otra cultura europea (si reducimos las condiciones para crear ese superconjunto que englobe las tradiciones culturales españolas, también cabrían la portuguesa, la bretona, la piamontesa o la gascona).

Y sin cultura española, no existe pueblo español, pues un pueblo es una sociedad que comparte una determinada cultura. Entre los ciudadanos españoles no se comparte una cultura en concreto, sino que existen varias. Por lo tanto, tampoco existe nada llamado nación española, ni procede nombrar a España entre los países (es un Estado, sin duda, un ente administrativo, pero no un país o ente sociológico).

Es sencillo: en sociología o en etnología, no es útil el constructo “España”. No significa nada, no aporta características propias. Galicia, Castilla, Andalucía…sí. Por eso son países, porque cuentan con una cultura propia y común a todos los individuos. La cuestión es que si nos movemos en el terreno de las culturas, inaprensibles, con una definición escurridiza, erudita y sujeta a controversia, es difícil con esa materia etérea, incorpórea de las ideas dar forma a un ídolo que movilice a las masas y permita reclutar levas ahorrando en la soldada.

Y es que las culturas son permeables, de límites difusos, siempre sujetas al intercambio y mestizaje con las culturas vecinas, creando zonas de transición (por ejemplo, los dialectos naviego, berciano o sanabrés entre los bloques culturales asturleonés y galaicoportugués, o las variantes del asturleonés en una y otra vertiente de la cordillera). Por otra parte, los rasgos culturales se van difuminando, pues gracias al progreso de las telecomunicaciones cada vez más somos ciudadanos de una aldea global (un adolescente madrileño es igual de gilipollas, esto es, insoportable de la misma manera, que otro berlinés o parisino). Lo cual sin duda tiene sus aspectos positivos, aunque a mí esa homogeneización me produce tristeza, pues me deleito con la diversidad (de especies naturales, pero también de costumbres y acentos).

La cuestión es que, con el objeto de movilizar ejércitos, es mucho más sencillo crear un Dios de contornos bien definidos, fácilmente representable por una serie de signos como un himno o una bandera. Que el ídolo esté hueco no le importa a nadie, lo importante es tener un fetiche al cual adorar. Hasta aquí, España, un paso más allá, Portugal. Yo, Tarzán; tú, Jane. Este discurso estúpido en grado sumo, pero fácilmente asimilable para los analfabetos que deben formar y desfilar al paso (principio de la vulgarización de Göbbels).

Bien, pues negando la existencia de uno de los Estados más viejos del mundo, como España (así como de Francia, del Reino Unido, Bélgica…) ¿qué puedo opinar de esos nuevos Estados que surgieron tras la independencia de antiguas provincias ultramarinas de los imperios coloniales?

Pienso en los Estados de América, emancipados de la tutela y yugo ibéricos (para caer en el de sus élites y las del Uncle Sam). Pero aún más llamativo son los Estados de África, o Medio Oriente.

¿Qué cojones es Iraq? Una antigua colonia inglesa, sin ningún rasgo étnico que permitiese tirar la raya de la frontera 100 kilómetros más allá o acá, sin una historia común que compartir. ¿Qué demonios es Libia, que coño bendito es Senegal, o Níger, o Ruanda?

Precisamente, el diseño torpe de las fronteras de Ruanda y Burundi, tirando meridianas y paralelas en un mapa sin atender a la compleja distribución étnica (todos son igual de negros, luego todos son lo mismo) de esos territorios, fue la causa última pasados los años de los enfrentamientos tribales entre utus y tutsis, pastores y agricultores, agua y aceite, que habían quedado repartidos en ambos Estados. Lo mismo que juntar la Tripolitania con la Cirenaica para formar un engendro llamado Libia, en consentir que Marruecos absorbiese a los rifeños o a los saharauis, o un Iraq dividido en dos grandes grupos étnicos, kurdos y árabes, y éstos a su vez en dos comunidades religiosas, shiís y sunís.

Lo divertido de todo esta historia, y que aclara mucho el asunto sobre la necesidad que tiene el ser humano de construirse referencias para ubicarse en el mundo, es que estos nuevos Estados artificialmente creados consiguen desarrollar un nacionalismo propio. Lo cual es especialmente absurdo, porque no sólo su objeto, su patria, es una creación europea; es que la misma idea de nacionalismo es también un invento europeo. Y, a nuestra semejanza, se cuadran y emocionan con un trapo de colores de proporciones europeas e interpretan un himno, en vez de reflejar su tradición musical, imita la europea. Un ejemplo muy característico, el himno brasileño, ridículo chimchimpún que tiene que ver con la cultura brasileña lo que un par de manoplas (y con todo, es mucho mejor que la mamarrachada del himno gallego, por otra parte muy propia de un pueblo de acomplejados).

Incluso en países que aún conservan un fuerte sustrato indígena, con venerables tradiciones culturales como la quechua, la guaraní, la aymara…se abandonan estas raíces para definir a un pueblo y se respeta la división que un grupo de españoles creó para mejor domeñarlos y gobernarlos, sin atender a las divisiones étnicas que había mucho antes de que los blanquitos llegaran y contaminaran el Nuevo Mundo. ¿Qué cojones es Bolivia? ¿Perú? ¿Venezuela?

Y, para mayor absurdo, usan la creación de los europeos como seña de identidad (pero también de pérdida de identidad, al no tener una cultura común) para enfrentarse a ellos! El nacionalismo de los angoleños por una división administrativa impuesta por los colonizadores portugueses, uniendo a tribus cada una de su padre y de su madre, en su lucha anticolonialista.

¿No es deliciosamente estúpido, ridículo el ser humano? Si sostengo que España no existe (como grupo social con características étnicas diferenciadas, es decir, como país, evidentemente sí como entidad administrativa, esto es, como Estado), y me dan arcadas cuando veo un pelotón de garrulos rendir reverencia a un trapo que representa sólo una construcción arbitraria, como arbitraria es la suerte en la guerra que determinaron las posesiones de un linaje; y sus fronteras, que es una realidad contigente, una pura construcción social como todos los Dioses habidos y por haber, el dinero, el pudor…sin ningún reflejo en la realidad material, sin ningún soporte social que la justifique (ya que no fue construida de forma democrática, preguntando a los pueblos si deseaban ser dominados por uno u otro señor, o por ninguno, ser asociados a uno u otro pedazo de tierra).

¿Qué puedo entonces pensar cuando veo a la soldadesca de estos nuevos Estados, porque un siglo, dos o tres no es nada en términos históricos, emocionándose ante un trapo con un esquema de colores escogido entre los que iban quedando libres, y que no significa radicalmente NADA? Si España no existe, como ente sociológico, la inmensa mayoría de Estados del mundo son una completa aberración etnográfica, dando por buenas las fronteras coloniales, alteradas aquí y allá por las armas o los acuerdos entre las potencias coloniales para repartirse la tarta, sin insistimos ninguna homogeneidad cultural que aconseje trazar por ahí la raya.

Emocionarse ante una división administrativa (como una comunidad de vecinos, polígono de una concentración parcelaria, ayuntamiento, o provincia) es ridículo, pero es evidente la necesidad que tiene el gregario mono pelado que somos de sentirse partícipe de algo más grande, como reflejo de su propia futilidad.

Cuando veo esa exaltación patriótica hacia esos Estados recién salidos del cascarón, me imagino a un grupo de indígenas adorando un totem de burdo plástico, aún con la etiqueta con el código de barras, que les han traído los exploradores europeos para tenerlos ocupados. Y, en cuanto se dan la vuelta, postrándose ante su nuevo Dios, le piden al ídolo de plástico que les ayude a expulsar a los blanquitos, e incluso esta adoración les da ánimos para hacerlo.

Realmente, el ser humano, es ridículo, patético. Milenios de civilización y seguimos siendo poco más que unos simios muy mañosos gracias a nuestro pulgar oponible.

¡VIVA HONDURAS!

28 junio 2015

Papel mojado

Filed under: política — Mendigo @ 2:10

Os pido que imaginéis una situación. Una persona, frente a una puerta cerrada y un manojo de llaves. La persona va probando las llaves una a una, hasta que una de ellas hace girar el bombín y abre la puerta. Entonces, la persona escoge otra de las llaves.

¿Raro?

Otro caso. El alto mando consigue captar un mensaje cifrado del enemigo. Saben que el enemigo cifra sus mensajes con 3 modelos de claves. Al aplicar la clave 1, el resultado es “sdnjuks as8camsld q%mlcsd”. Al aplicar la clave 2: “)=%&=&·!$%)=@#½{¬|@%(·&“ħßæßđ¶”. Y usando la clave 3: “el ataque comenzará a las 7:00h”.
El alto mando concluye que el mensaje correspondiente a la clave 1 (o la 2) es el correcto, desestimando el tres por no tener sentido.

¿Absurdo?

Pues os propongo otro caso. Imaginaos la Constitución de cierto Estado imaginario que dice:

Artículo 47
Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.

El Tribunal Constitucional, consultado sobre el sentido de este artículo, pues para alguien debía no estar lo suficientemente claro, concluye que es incorrecta la lectura de que la Constitución otorga a los poderes públicos el encargo de garante del derecho de todo ciudadano a disfrutar de una vivienda, digna y adecuada. Y como garante, es responsable de proveer de ese bien a quien no pueda acceder a él; básicamente, por circunstancias económicas, al haber puesto la especulación sobre el suelo los precios en un nivel inalcanzable para muchos ciudadanos.

No, error.

La interpretación correcta del artículo 47, según el Tribunal Constitucional es que no se le podrá prohibir a ningún ciudadano el acceso a la vivienda, la cual tendrá que procurársela el interesado según sus posibilidades, digna o no, o mudarse bajo uno de los viaductos de la M-30. Tal es el docto dictamen de los estudiosos de la Constitución, maestros del sistema legal, constitucionalistas. Es decir, en realidad los artífices de la Constitución quisieron prevenir la posibilidad de que, algún día, a alguien le diera por prohibir el derecho a habitar en una vivienda. Al grito de ¡a vivir a los árboles!

¿Qué maldito sentido tiene esta explicación? Si el artículo 47 no quiere decir que el Estado deberá velar para que todo el mundo tenga un alojamiento adecuado (sin enumerar los medios, como corresponde a una Constitución, puede ser con una política de alquileres sociales, promoción de viviendas protegidas, subvenciones al alquiler, regulando el mercado para evitar la especulación…); si el Tribunal Constitucional descarga al Estado de la responsabilidad de proveer a todo ciudadano de una vivienda, digna y adecuada ¿Qué otro sentido tiene el anterior artículo? ¿Que el Estado se limita a asegurar que a nadie se le prohíbe el comprar o alquilar una vivienda? ¿Y por qué nadie querría hacer algo así? ¿Existe o ha existido en el mundo alguna ley que prevenga a la sociedad o a un grupo de acceder a la vivienda, al menos en alquiler? ¿Hay alguna normativa legal, alguna vez ha existido, que explícitamente fuerce a la gente a dormir al cielo raso?

Pues si tal es realmente el sentido de ese artículo, que se suprima porque es absolutamente vacuo, no tiene ningún valor. Tan ridículo como proclamar el derecho de las ranas a tener pelo.

Artículo 35
Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.

El cual quiere decir, según nos explican las eminencias judiciales del Tribunal Constitucional, que no será constitucional una ley que prohíba a los trabajadores trabajar. :)

Eso está muy feo, de eso nada. Hay que dejar trabajar a los pobres trabajadores ¿qué es eso de impedírselo?

Pero de ninguna manera quiere decir que el trabajador tenga derecho a un puesto de trabajo, a demostrar su valía y ganar su sustento, y que el Estado debe velar por el cumplimiento de ese derecho. ¡No, hombre! Hay que ser muy ignorante para entender que el artículo quiere decir tal cosa. Nadie le puede prohibir trabajar al obrero; ahora, si hay cuatro, cinco, seis millones de parados, allá se las apañen.

Por cierto, sobre lo del “deber de trabajar”, no sé muy bien como cuadra con personajes de la farándula y la clase bien, empezando por la misma familia del rey.

Lo que echo en falta es cierta coherencia en la interpretación del resto de la Constitución, tomando la misma clave 1 que con los anteriores artículos. Por ejemplo, el que reza…

Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes.

No debería presuponerse que se carga al Estado con la ardua tarea de defender a las víctimas y perseguir a los criminales. No, papá Estado no está para eso. Este artículo de la Constitución se limita a aseverar, como los anteriores, que no se puede prohibir a la población o a una parte de ella vivir, o conservar su integridad física. Ahora bien, si una banda de maleantes quiere partirte las piernas, apáñatelas tú mismo. No querrás que el Estado esté para solucionarte todos los problemas. En modo alguno puede suponerse que el Estado sea garante de tu derecho a la vida y a la integridad física y moral.

En cuanto a las torturas y tratos inhumanos o degradantes, todos entendemos que se establece implícitamente la salvedad de “[…]mientras no seas vasco, inmigrante o perroflauta, o simplemente te cruces en el camino de un policía con los cables cruzados”.

Y ahora, en serio. La Constitución se redactó en forma de acuerdo, reflejo de una distribución de fuerzas muy favorable para la derecha (tenían las armas, la administración, la judicatura, la propiedad del capital…). Hubo una transacción en cierto temas como la monarquía, la unidad de la patria defendida por el glorioso ejército español, la condición del castellano de lengua de todos los pueblos…a cambio de otros temas de claro tinte social como el derecho al trabajo, a la vivienda, derecho de reunión, de participación política, de afiliación sindical o de huelga.

Pero nos la volvieron a jugar. La parte de la Constitución más derechosa, esa es intocable y siempre que se cuestiona algo del modelo de Estado se levantan ofendidos los que no la votaron diciendo “es que lo pone la Constitución!, quieren violar la Constitución! y toda esa fraseología del manual del perfecto demócrata de toda la vida. Sin embargo, la parte más social de la Constitución, que como recuerda muchas veces Anguita daría para mucho si se desarrollase, ésa, fue rápidamente desactivada tras sucesivos dictámenes de un Tribunal Constitucional compuesto como un traje a medida para el poder.

Pero ya no es que el Tribunal Constitucional sea reo de manipular el espíritu de la Constitución, de romper el acuerdo que la hizo posible. Sobre todo y antes de todo, es responsable de retorcer mi idioma, la lengua de Castilla, para hacer que, tras someterlo a martirio, un texto dé peras siendo un olmo. Es una burda manipulación intelectual de ciertos artículos del texto constitucional, por lo demás de interpretación diáfana para cualquiera que se acerque a ellos honestamente, y todo para eludir el desarrollo de políticas de vivienda pública y trabajo, quizá sea lo que menos les perdono.

Con ese nivel de comprensión lectora, no me extrañaría que otro día el Tribunal Constitucional dictamine que el Corán es un libro de amor y sabiduría. Y en realidad Hitler, en el Mein Kampf, proclamaba su amor a los judíos. Adolf, ese gran incomprendido…

(y no debería emplear esta clase de ironía, porque un día me veo declarando en la Audiencia Nazional, acusado por los zorros de matar gallinas).

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Para endulzar la entrada, una preciosidad de otro español que tuvo que emigrar para poder progresar en su carrera y obtener reconocimiento.

Sarasate compuso Aires Gitanos (aunque también la he visto nombrada como Aires Bohemios, para no molestar los oídos de aquellos a los que todo lo gitano les repele) en tierras teutonas, y fue estrenada en Leipzig con título original en alemán: Zigeunerweisen.

Podemos estar orgullosos.

23 junio 2015

El símbolo y la idea

Filed under: política,religión — Mendigo @ 2:23

Juramento de posesión del alcalde de Brunete (no sin mi totem!):

Un curioso ejemplo de cómo la adoración a un símbolo es a un tiempo transgresión de la idea a la que hace referencia.

“Pero yo os digo: No juréis de ninguna manera, ni por el cielo ni por la tierra […] que sea vuestro hablar sí o no. Porque lo que va más allá de esto, procede del Maligno”
Mateo 5:33-37

Mira que los Evangelios dicen pocas cosas claras y sí un cúmulo de vaguedades. Ahora, para algo que queda nítida y terminantemente prohibido, y los que se dicen seguidores de esa idea se afanan y ufanan en transgredir su letra y sentido, de las formas más pomposas y alambicadas que son capaces de idear. ¿No son exquisitamente ridículos, estos católicos?

Y en esta ocasión, punto para el Evangelista: para quien tiene honor, huelgan esas ceremonias y juramentos. Para quien no lo tiene, también están de más.

¿Necesito explicarlo? Es un absurdo lógico. Es como preguntarle a alguien ¿eres un mentiroso? Si la persona es honesta, contestará que no. Y si es un mentiroso, no le importará una mentira más, y contestará también que no. En cualquiera de los casos, obtenemos la misma respuesta, por lo tanto es baladí formular la pregunta.

Pues lo mismo con todo esa parafernalia de juramentos y promesas. Todos la hacen, corruptos y honrados, y todos se comportarán en adelante según su condición, independientemente de ceremonias, juramentos por lo más sagrado con crucifijo en medio y demás alharacas. Es sólo un rasgo supersticioso (¿alguien cree que le quemará la mano que posa sobre la Biblia al perjuro? hasta un niño sabe que no) que heredamos de tiempos oscuros y los indigentes intelectuales le siguen dando importancia al rito sin parar a razonar sobre su absoluta inanidad.

Una cosa tienen de ventaja los musulmanes sobre los cristianos: suelen leer alguna vez su libro sagrado. Uno se llega a preguntar qué queda de cristiano en el catolicinismo. Agarran la botella con iracundo, dogmático, supersticioso frenesí, derramando todo su contenido.

No tiene visos de divinidad esa colección de digresiones que añadieron al Tanaj para conformar la Biblia. Ahora bien, tiene algún pasaje interesante, inteligente e incluso poético (la ley se hizo para el hombre, y no el hombre para la ley). Es una pena que los seguidores de la tradición de la tribu, la religión del poder (llamada catolicinismo en España, ortodoxia en Grecia…) no se hayan aprovechado en nada de ellos. Es tan sagrado su puto librito, que ni lo abren.

19 junio 2015

¡Que viva la menstruación!

Filed under: política — Mendigo @ 11:00

[mexican accent]
-¡Que viva la menstruación!
– Mano, tú estás confundido. Querrás decir ¡Que viva la revolución!
– Pues eso, manito. ¡Que corra la sangre!

[/mexican accent]

Es un chiste muy malo, lo sé, pero me acordé de él cuando leía lo del concejal madrileño dimitido por subir unos chistes al twitter hace cuatro años.

Así que los chistes eran de mal gusto. Ya. Es que el humor consiste en producir un contraste violento en la articulación de la sociedad, sus valores, sus tabúes y sus reglas. Por eso, se recurre a temas que generalmente son tratados en otro nivel de comunicación, lo sagrado, lo escatológico, lo sexual, la convención moral del momento, introduciéndolos en un contexto inhabitual. Esa sorpresa por encontrar elementos en un contexto que no es el habitual, es lo que provoca ese cortocircuito de las neuronas, esa chispa que es la risa. Un reflejo de nuestra inteligencia ante lo grotesco.

En este mundo tan memo, nos van a tipificar como delito hasta el humor. Hace unos días escríbía lo de Espronceda ante la Audiencia Nazional. Pues me quedé corto. Aún no salgo de mi asombro ante la himaláyica cordillera de hipocresía que supone que personajes de la extrema derecha, como la duquesa o el ministro del interior, se rasguen las vestiduras por un chiste racista.

¿Esa sensibilidad extrema no la podría desarrollar el ministro en sus funciones como organizador de la represión en la valla de Melilla? Esa piel tan fina, que con una broma es herida, ¿no se cae a pedazos con la campaña de acoso a inmigrantes por los uniformados?

Ver a la Espe mesándose los cabellos por esos dos chistes, es como ver a una vieja puta fingiendo ruborizarse cual colegiala por escuchar una palabrota.

Miedo me da el imaginar el tipo de chistes que ese par pueden contar en sus ambientes de confianza. Eso sí, llevan toda su vida en política y sus perfiles en la redes sociales son manejados por profesionales. No caerán en el error de un activista que hace cuatro años ni por asomo se planteaba tener responsabilidades institucionales.

¡ARG! Nauseas, me ha dado este tema. Sí, ya sé que está comentado y más que comentado, pero es que no tenía que desahogar el mal cuerpo que se me ha quedado después de esta olímpica muestra de falsedad, impostura e hipocresía. Nos someten a la dictadura de lo políticamente correcto.

Yo, desde luego, no voy a participar en esta farsa. Quien no sabe distinguir cuándo se está de bromas, y cuándo de veras, es que no tiene inteligencia para haber salido todavía de la primaria. Lo cierto es que nunca me han gustado los chistes racistas, por que siempre me han parecido parte de algo mucho más siniestro que viene detrás. Pero del resto, me encanta el humor sobre cualquier tema, especialmente los más bestias. Me encanta el humor gore. ¿De mal gusto? ¡Pues claro, coño, es un chiste, no una cuaderna vía de Berceo!

Ahora, eso sí, alabo la profesionalidad que despliega el Partido Popular. Muy buen trabajo de rastreo (cuenta con medios para ello, vía financiación ilegal) entre los trapos viejos de los candidatos, en perfecta sintonía con los medios de comunicación, para hacer de una anécdota sacada de contexto, una categoría que define al individuo. El resto de su trayectoria política, no pesa nada al lado de esa anécdota.

Lo digo totalmente en serio, esta gente son profesionales de la política. Salen al campo a ganar, no se puede entrar en el ruego político con la candidez de caperucita y su cestita y su tarrito de miel para la abuelita, porque te crujen.

Aps, mira, esto me da ocasión de ejemplificar a cuenta del humor. Por ejemplo, el fácil recurso a lo escatológico, tabú en todas las sociedades:

Claro, el humor consiste en usar unos elementos conocidos, y remover el tarro para presentarlos en un orden alterado al usual:

Para ello, tenemos que pervertir el modelo de pureza que es caperucita, y relativizar la maldad del lobo, que pasa al papel de víctima:

O burlarse de ese modelo de inocencia:

(me acuerdo de una muy buena, pero no la he encontrado)

La encontré!!!

Y para terminar, la que más me ha gustado, una ejemplo de humor inteligente.

Pero siempre, siempre, el humor tiene que ser irreverente: en este caso, con la literalidad del cuento, con los roles y el sistema de valores que consagra.

Bueno, que como siempre me voy por los cerros de Úbeda.

El ataque mediático sigue con otra concejala, Rita Maestre. Y eso sí que no. No todos los imputados son iguales, no es lo mismo estar imputado por meter la mano en la caja, como por defender los derechos públicos, en este caso una separación real, efectiva, entre la esfera administrativa y la religiosa. Hay casos en que estar imputado es un orgullo, como fue el caso del alcalde de Seseña contra el Pocero, o el caso de Rita. Esta mujer puso la cara (y las tetas) por mis derechos, y es por eso mismo sí que me representa; de hecho, es por esa trayectoria de activismo por lo que los ciudadanos madrileños la han aupado a ese lugar.

Ojalá que esta imputación no se sustancie en una condena, pero si así fuera, la portavoz debería llevarla a gala como un veterano muestra sus heridas de guerra. Y, por supuesto, sufragar colectivamente la pena que le fuera impuesta.

Y como diría Krahe…¡Olé, tus tetas!

Y ahora vamos a lo serio. Después de todo ese cúmulo de mierda del circo político, y es que sólo nos parecemos a gringolandia en lo peor, apenas llama la atención la consideración que Manuela Carmena hizo sobre el programa con que se presentó: “un conjunto de sugerencias pero que no todas se podían entender como presupuestos de implicación programática activa”

Realmente, lo de “presupuestos de implicación programática activa” me parece aún más alambicado que la “indemnización en diferido” de Cospedal sobre Bárcenas. Eso es lanzar un montón de palabras al aire para disimular las vergüenzas, pervertir la función del lenguaje para ocultar la realidad, en vez de para revelarla. En otras palabras, engañar al que se deje con este malabarismo lingüístico.

Así que el programa ya no es un contrato ciudadano, sino una sugerencia, que humildemente el pueblo sisea al oído del líder (lideresa) para que ésta, en su suprema sabiduría, tome de esas sugerencias lo que estime oportuno, haciendo de su capa un sayo. Espe se presentaba sin programa, y Carmena, con un montón de sugerencias. Es decir, también sin programa, sin contrato. Y ahora, investida del poder del Dios del parlamentarismo, tiene manos libres para actuar a su antojo.

¿Y la legitimidad? ¿Dónde queda?

¿Y la democracia? ¿Por dónde para?

¿Esa es la regeneración democrática que proponen? Pues para ese camino, no hacía falta tanta alforja…

Conste que no culpo necesariamente a Carmena de no llevar a cabo aquellos puntos del programa que se consideren poco oportunos. Y no digo que lo de crear un banco lo sea ni lo deje de ser, simplemente es un tema que requiere de un estudio muy serio, que no se hizo al incluirlo en el programa, ni se ha hecho ahora para descartarlo.

Y es que tenemos que dejar de una vez de tratar la política con ese talante de boy-scout. El ejercicio de gobierno es una tarea muy seria, de una tremenda complejidad, que requiere de un estudio pormenorizado de los costes y consecuencias antes de tomar una decisión, antes de proponerla a la ciudadanía en el programa.

Eso sí, lo que esté en el programa va a misa o, si se ve que es imposible cumplirlo, se convocan nuevas elecciones. ¡Lo que no puede ser es que tomen decisiones de gobierno que no cuentan con mandato ciudadano! No se elige a personas, se elige a personas para que desarrollen unas políticas, explicitadas en el programa electoral.

Existe una responsabilidad moral, ya que las consecuencias de políticas desacertadas pueden ser muy duras para los ciudadanos. El bienestar de las personas dependen de la inteligencia con que se gobierne; hay muchas personas que dependen de esas decisiones, y eso exige rigor a la hora de tomar decisiones de gobierno.

O acaso, criticamos que se teja toda una red de AVE sin estudios de viabilidad, ¿pero proponemos la creación de un banco municipal sin ellos? Porque mi intuición, mi ideología, en mi medio oigo que eso es lo fetén. Pues entonces estamos en la misma categoría intelectual de los que llenaron España de edificios extravagantes sin utilidad, aeropuertos sin aviones y alta velocidad con parada en pueblos de 1.000 habitantes.

Igual que creo que en el trabajo, el buen ambiente no tiene por qué estar reñido con el rigor, que la seriedad no es sinónimo de profesionalidad pero sí antónimo de buen humor, es decir, que tener cara palo no te hace más diligente en tu trabajo (recordemos, el humor es la tache de rousseur de la inteligencia, un cambalache de significantes y significados, una exquisitez de las mentes inquietas). Pues de la misma forma, la construcción colectiva de un programa no puede estar reñida con el rigor. Un programa no puede ser el cajón de sastre de las ocurrencias de cada cual, que son metidas dentro o no según la popularidad de tal tema (ya lo estoy viendo, mañana mismo a cerrar todas las nucleares y sustituirlas por paneles solares). Esto ni es serio ni tiene puta la gracia. Porque luego, quedamos en ridículo.

Un programa debe estar constituido de medidas con una coherencia interna, que formen parte de un todo al cual queremos tender y que hemos demostrado, calculado, que nos dirige a un objetivo posible y deseable, tras analizar todos los considerandos. Esta labor debe ser colectiva, sí, pero también rigurosa. No veo oposición, sino al contrario, en ambas condiciones. No basta con que una propuesta sea popular, se debe someter al análisis, tejerla con el resto del programa (por ejemplo ¿habrá presupuesto para todo? ¿es políticamente coherente con otras actuaciones?). El programa no puede ser un conjunto de puntos aislados sino un bloque sólido de propuestas interconectadas. Su elaboración puede ser colectiva, y su aprobación debe ser democrática (dentro de las bases de cada partido), pero no se puede convertir en la payasada que han hecho (y ahora se ha demostrado) en Madriz.

Yo propongo que la confección de un programa sea cuestión de varios equipos, amplios y multidisciplinares (como es obvio), que den lugar a varios proyectos de programa. Presentados estos proyectos, se les somete a un periodo de críticas entre pares, transacciones con otros programas, aportaciones de la ciudadanía y, cuando estos bloques homogéneos hayan sido pulidos, se presenten a la militancia para que escoja uno entre ellos para presentarse a las elecciones.

De hecho, en buena lógica, el equipo del programa ganador debería ser el responsable de defenderlo en las elecciones y aplicarlo si éstas se ganan. Se presenta un programa, unas ideas, no unos tipiños.

Por otra parte, considero que el programa debería ser antes que el partido. Es poco serio tener un programa para cadas elecciones, porque es el programa el que define a un partido. Yo concibo el partido como el instrumento político para ejecutar un programa, por lo que éste debe ser preexistente. Esto da una respetabilidad que no tiene ahora ningún partido político. Éste es nuestro programa, nuestro modelo de sociedad, y lo seguirá siendo dentro de cuatro años, y dentro de veinte. Se puede ir actualizándolo, adaptándolo a las circunstancias, añadiendo o quitando detalles aquí y allá, pero el núcleo del programa permanecerá incólume al pase del tiempo.

La otra opción es la mamarrachada que han hecho en varias candidaturas municipales:

Compromisos programáticos a incluir en un programa de izquierdas, por ejemplo, creación de un banco público municipal. 1, 2, 3, responda otra vez. Tiempo!

¿Eso es democrático? No, eso es idiota. Y cuando tienes oportunidad de gobernar, te das de bruces con la realidad. El pensamiento mágico es muy propio del infantilismo de la izquierda: pensar que con desear las cosas basta para que se hagan realidad.

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Para terminar y ambientar un poco este exabrupto en forma de entrada, una muestra de cómo pueden entender el ska unos tipos tan garrotes como los rusos:

¡La voz del fulano es genial! Una registro vocal digno, por ejemplo, de cantar la canción del pirata. Muchos excesos para destrozar tan minuciosamente su voz ¡Me encanta! ¡Harto estoy de voces aflautadas de nenazas con la permanente, cuánto daño sus chilliditos de rata histérica han hecho al rock!

Pues eso…
[mexican accent]
¡Que viva Zapata!
[/mexican accent]

10 junio 2015

El Sabotaje

Filed under: política — Mendigo @ 15:17

Lo que puede pasar cuando no pagas a tus trabajadores:

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Creo que es una estupenda introducción para este clásico de la literatura anarquista:

Émile PougetEl Sabotaje

Con este breve ensayo, quiero abrir la cuestión sobre la legitimidad del sabotaje en la lucha obrera. Espero que, a estas alturas, cualquiera que entre por aquí sabe discernir entre legalidad y legitimidad. Ambos términos serían sinónimos perfectos si la legislación fuese escrupulosamente ética y técnicamente perfecta. Pero tal legislación sólo podría darse si hubiera sido dictada por una divinidad, y nuestros legisladores distan mucho de tal consideración. De hecho, algunos a duras penas cuesta incluirlos, a empujones, en la categoría de humanos.

[N.d.M: en el fondo los creyentes tiene razón; si existiese un Ser Supremo omnisciente que hubiera dictado un libro, este código sería de obligado cumplimiento para todo ser humano ya que sería completamente identificable con la ética, absolutamente justo. La cuestión es que Dios no existe y los libros que se presentan como relevados son una colección de atavismos, la mayor parte de los cuales moralmente deleznables].

El sabotaje es un recurso que, en principio, va contra mi forma de ser: me gusta ir de frente. Ahora bien, no soy tan ignorante ni estúpido como para suponer que todo enfrentamiento debe hacerse en un campo de batalla despejado, con dos ejércitos formados en línea como en las luchas medievales. Si Viriato logró mantener en jaque a la poderosa Roma no fue, desde luego, enfrentándose en campo abierto a las legiones, sino aguijoneando aquí y allá, buscando siempre la superioridad puntual y replegándose inmediatamente. En una guerra asimétrica los valores medievales pierden su razón de ser, el enemigo pequeño debe crear otras reglas que le favorezcan o perecer.

En el campo laboral, la burguesía tiene el control capital, la propiedad de la empresa. La clase obrera, por otro lado, tiene el control de su fuerza de trabajo, de arrendarla a los primeros, o de dejar de hacerlo: esto es, la huelga.

[N.d.M: El derecho de huelga implica la posibilidad de negarse a trabajar. Eliminar el derecho a huelga convierte automáticamente al trabajo en forzado y al trabajador, en un esclavo]

Así expuesto, pareciera que las fuerzas están igualadas en ambos bandos, y que se espera de ellos una lucha leal. Bien, pero es que las fuerzas están muy lejos, en la realidad, de estar igualadas. Hoy en día, con un desempleo masivo, hacer huelga en muchos sectores es más que una heroicidad, es una temeridad, e incluso diría que es una estupidez: si vas a ser el único gilipollas que la haga en la empresa, lo único que consigues es acabar de patitas en la calle sin lograr nada más que los trepas de la empresa se rían de ti. La huelga es un buen arma en algunos sectores y circunstancias (funcionarios, sectores con gran proporción de puestos fijos o que ya disfrutan de una gran solidaridad, en los que el seguimiento es masivo, lo cual limita mucho la posibilidad de represalias), pero no en muchos otros, cada vez estratos más amplios de la población.

Una de los pilares de este blog se basa en la necesidad de equilibrio entre las fuerzas. Todo poder sin contrapeso tiende a extralimitarse, y es fuente de toda opresión. Con la ley mordaza, la posibilidad de que un analfabeto uniformado multe por miles de euros a un ciudadano sin tener que demostrar, ante un juez, su acusación. Es un buen ejemplo, pero es el mismo caso que un empresario que pasa por encima de la legislación laboral sin que se pueda hacer nada para remediarlo (porque así lo ha dispuesto el legislador, que la protección al trabajador esté llena de agujeros por los que el empresario, al final, siempre acaba instaurando su terror por encima de las leyes). El ejemplo más a mano: echando a la calle al único pringao de la empresa que se le ocurrió hacer huelga.

Para acabar con la injusticia, para limitar la arbitrariedad, debe existir un contrapeso al poder de la propiedad. Si no es la renuncia voluntaria al trabajo, debido al terrorismo patronal ¿qué nos puede servir de defensa? Pues una posibilidad histórica, pero hoy completamente relegada, es el sabotaje.

Lo primero, que quede claro: es juego sucio. Y, por lo tanto, para ser legítima debe sacarse del arsenal cuando el enemigo haya recurrido antes a malas artes. Usarla indiscriminadamente, o como primera opción en vez de la huelga, conduce al desprestigio de este recurso para otras ocasiones en que sea necesario su uso, y con él, el de toda la clase trabajadora.

Ahora bien ¿es justo hacerle al Mercedes del jefe lo de arriba, si lleva varios meses sin pagar nóminas? Porque es muy apetecible, financiarse gratis a costa de tus trabajadores.

Pero tampoco hay que hacer algo tan espectacular. El kilo de obrero va cada vez más barato; de hecho, la intención es devaluar el trabajo hasta hacerlo una commodity, perfectamente intercambiable como lo puede ser un saco de trigo de un mismo cargamento. Ahora bien, ese ser prescindible, fungible, ese pobre diablo que curra toda la jornada por una mierda de salario…muchas veces está rodeado de maquinaría y mercancía por valor de muchos millones. Maquinaría y procesos que, además, conoce perfectamente. Las consecuencias de un tornillo que se afoja, una válvula que se abre, un componente que se derrama en la mezcla…pueden provocar daños muy costosos, destrozar una maquinaria o tener que tirar una enorme cantidad de materia prima, además de detener el proceso.

Pongamos un ejemplo práctico: una empresa de reparto cuyo jefe obliga a trabajar 50 horas, y al que no le guste a la calle. ¿Cuál es la recomendación para esos trabajadores puteados? ¿la huelga? Le faltaría tiempo al jefe en largar al que se le ocurriera tal cosa (o no renovar su contrato). ¿Entonces? Pues un día llega una furgoneta con un calentón en la culata. Unos miles de euros y la furgoneta parada en el taller. Otro día otra con el embrague reventado en pocos kilómetros. Otra, con la bomba de inyección destrozada porque alguien echó parte de gasolina en el depósito… ¿De quién es la culpa? Mía no, jefe. Yo sólo fui el último que la cogió, pero a saber de dónde viene la avería.

Y, de esta forma, el jefe aprendería que las acciones tienen consecuencias, que nadie es impune. Y que tratar de robar a tus trabajadores, sale caro. ¿Lo mismo que se le dice al que roba gallinas? Pues lo mismo, mismito, con el que roba el trabajo ajeno.

Puede salir muy caro, tener a una plantilla enfadada. Además, el recurso al sabotaje es seguro para el trabajador. A la impunidad del empresario, se opone la impunidad del saboteador. Es agarrarse de los huevos mutuamente, si tú aprietas, yo aprieto.

Equilibrar la situación. Cambiar las normas.

No esperéis que esta forma de lucha sea amparada por ningún parlamento burgués. Costó muchos años, y muchos muertos que reconocieran el derecho a negarse a trabajar…

Por cierto, el recurso al sabotaje no es ni mucho menos propio de la industria. Una administrativa, despedida por cogerse demasiados permisos tras quedarse embarazada. Vaya, qué mala suerte, un virus informático que ha formateado los discos duros de todos los ordenadores que estaban en red. O aún más divertido: la contabilidad en B de la empresa, por error dirigida a la Agencia Tributaria.

El poder negociador de un bando es directamente proporcional a la capacidad de hacer daño al otro bando. Si atamos de manos a los trabajadores, con el paro y una legislación diseñada para favorecer al capital, mientras que dejamos con las manos libres al patrón, las condiciones laborales van a seguir deteriorándose sin fin. Por ejemplo, la posibilidad de horas extras en contratos a media jornada, que permite tener al tipiño trabajando 8 horas y cobrando 5, sin que haya forma de que sea detectado por la inspección de trabajo porque, si aparece…es que justamente ahora está haciendo horas extras. Pues a ese empresario tan imaginativo, se le pueden felicitar las pascuas con un ligero cambio en algunos parámetros, para que salga toda la producción ligeramente defectuosa. Y, cuando alguien se dé cuenta, habrá que tirar un stock enorme de mercancía ya terminada y lista para embarcar.

Bueno, hasta aquí la presentación. Yo mismo tengo mis dudas, especialmente por el riesgo de servirse de esta arma de forma improcedente o injusta (por ejemplo, a quien despidan por incompetente y se vengue rompiendo algo). Para usar este arma, de último recurso, la clase obrera deberá aspirar a una categoría ética superior a la burguesía que combate, para usarla siempre con justificación, para no caer en el desprestigio. Que esto se dé siempre, en todos los casos, es mucho, muchísimo suponer (hay también mucho empresario honesto y mucha mala bestia con trabajo asalariado).

[N.d.M: Por supuesto, en una sociedad civilizada, no haría falta llegar a estos extremos porque tendríamos una legislación laboral equilibrada, y un ejecutivo que cumpliese su papel de garante del cumplimiento de las leyes. Pero es evidente que este no es el caso en España, donde quien debe guardar y hacer guardar las leyes hace la vista gorda o legisla en pro del delincuente laboral. Cuando el Estado está de parte del agresor, al pueblo no le queda otra que autoorganizar su defensa (igual que en los 90, con el auge de los grupos neonazis y la anuencia o apoyo de los cuerpos policiales, que tuvimos que unirnos para poder defendernos de un reguero de víctimas cada semana; una vez que hicimos frente a la impunidad con que actuaban y mandamos a varios al hospital, dejó de ser tan divertido salir “a cazar guarros” entre los niñatos fascistas y las aguas volvieron a su cauce).]

Ninguna agresión sin respuesta, que no exista resquicio de impunidad (que siempre, indefectiblemente, conduce al abuso) en ningún ámbito. Pero debe existir proporcionalidad en la respuesta.

Y ahora, se abre el debate. Vuestras consideraciones, por favor.

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