La mirada del mendigo

15 marzo 2021

Un aplauso

Filed under: Política — Nadir @ 13:00

Todavía estoy desconcertado ante la maniobra de Pablo Iglesias, pero desde luego merece un aplauso. Ha comprendido que se había convertido en un elefante blanco en el partido, demasiado sagrado para sacrificarlo, demasiado costoso tenerlo al frente. No queriendo ser una carga se ha buscado una salida heroica, dejando como sucesor in pectore a la persona que más aprobación y reconocimiento suscita en la izquierda (en lo que a mí respecta, la única que no me produce desprecio y repulsión de la escena política).

Es una lástima ver cómo una persona válida cayó en la trampa de su vanidad, socavando el personaje político que se había creado y con ello autodescartándose como paladín de la izquierda. También es una lástima saber que su mujercita seguirá haciendo su labor de mina para socavar el apoyo popular, obrero, con sus doctrinas postmodernas mal traducidas del inglés. Y a esa trepa va a ser más difícil sacarla del cargo, a ver si con agua caliente y rasqueta.

Hoy es un día ilusionante; el futuro se presenta cargado de nuevas posibilidades. Tenemos una oportunidad más para construir una izquierda fuerte con potencialidad transformadora real. Rara vez la historia es tan generosa; aprendamos de los errores y aprovechémosla.

Lástima lo que podría haber sido y en lo que se convirtió un animal político. No sólo arruinó su carrera política pretendiendo blindarla; en la brecha de credibilidad sucumbía también su criatura. Como estrellita de la música o del deporte, su cabecita sufrió mal de altura y, alejado de la calle, empezó a cometer errores estúpidos en los que dilapidó su patrimonio. Su patrimonio político, digo, la auctoritas, la credibilidad a la que me refería.

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21 febrero 2021

La partitocracia en tiempos del relato

Filed under: Política — Nadir @ 20:56

Copio de una noticia de El Confidencial sobre el apagón en Texas:

El trasfondo de la gestión energética o de la respuesta al coronavirus tiene el denominador común de la división política: una toxicidad que invita a los líderes a priorizar, antes que la mera gestión, una narrativa antagónica que les permita asegurar antes que nada los apoyos electorales. El territorio de las soluciones comunes, esa zona gris donde podían cerrarse acuerdos, ha desaparecido, y el votante indeciso es una especie en peligro de extinción. Por ejemplo: según una encuesta de Gallup realizada a los pocos días de que Joe Biden jurase el cargo, el 98% de los demócratas aprobaba su gestión, frente a apenas el 11% de los republicanos. Cifras extremas de un paisaje donde casi no existe la duda.

Los partidos políticos están aplicando técnicas aprendidas de la psicología, al igual que la gran empresa hace con la publicidad, para crear adhesión a unos colores, a un logotipo. Es algo que sabemos que funciona con nuestra especie: el himno, la bandera, la cruz… tenemos el instinto de congregarnos en grupos, de acatar una jerarquía. Necesitamos de la aceptación del grupo, fuera de él hace frío, así que modificamos los rasgos, las aristas que presente nuestra personalidad para poder mimetizarnos con el grupo. Cuanto más baja es la autopercepción de un individuo, con más ahínco pretende formar parte de un grupo más grande que le aporte esa identidad que le falta (la patria, la umma…).

Esta debilidad de nuestra naturaleza está siendo aprovechada cada vez con métodos más refinados para crear en el ciudadano la noción de pertenencia a un movimiento político, de una forma inquietantemente parecida a la afición de los clubes de fútbol. Un aficionado del Madrí “es del Madrí”, y puede criticar a tal entrenador o jugador, pero no se “hace del Barça” por mucho que su equipo juegue mal. Esta irracionalidad es asumida por la sociedad de la misma forma que una chica argelina me decía que ella “nació musulmana”. Las doctrinas religiosas, los movimientos políticos, los clubes deportivos o los fabricantes de bebidas carbonatadas, todos ellos pretenden suprimir la libertad de elección del sujeto, que somete a escrutinio su decisión y puede llegar a revocarla. Para ello pretenden inscribir su marca comercial en la identidad del individuo, para que no pueda renunciar a ella sin que le suponga un desgarro en su ser.

La política es una rama de la ética cuyo objeto de estudio son las formas de organización social. Es, por lo tanto, una disciplina científica, de las ciencias sociales. Esto es, por mucho que no sea una ciencia exacta, su base es la razón.

Atendiendo a esta definición, la política está desaparecida del debate público. Lo que existe ahora es una partitocracia sectaria de carácter esencialista, en la cual sostener un debate racional es tan difícil como pedirle a un aficionado del Betih que explique por qué es del Betih y no del Sevilla.

En estos tiempos, es tan importante prestar atención a la semántica, como a la cartera cuando ibas al Rastro. Los trileros del lenguaje, al menor despiste, te cambian el significado de una palabra sin que te percates. Decíamos que hay que distinguir entre oligocracia y democracia. También debemos discernir entre política, la ciencia de la convivencia, y sectarismo. Un sinónimo parcial de sectarismo es caciquismo, pues a la cabeza de cada partido, de cada facción, se encuentra una familia de caciques que distribuyen los recursos del Estado a sus afines en función de su utilidad para mantenerse en el poder. Sistema también conocido como clientelismo.

El principio de delegación, base tanto de la oligarquía partidista como curiosamente del sistema soviético, es tan anacrónico como alumbrarse con un candil. Desde hace décadas existe la tecnología para implementar un sistema de autogobierno, es decir, Democracia. Los intermediarios entre el pueblo y la soberanía, los oligarcas organizados en partidos políticos, son redundantes. Sobran. Y, lejos de aportar valor, se aprovechan de su posición para poner los medios del Estado a su servicio. Como es lógico.

Primero, porque todo organismo, natural o social, tiene como primer instinto la autoperpetuación (contemplad como triste ejemplo el lamentable espectáculo que dan las dos grandes centrales sindicales).

Y segundo, porque es de necios ceder el poder a nadie y esperar que no se aproveche de él. Es como entregarle a un yonki una papela, y pedirle que te la guarde intacta hasta que vengas a recogerla. El poder es muy goloso, más adictivo que la heroína.

La partitocracia (oligarquía electiva organizada en partidos), armada de medios cada vez más sofisticados para manipular la opinión pública, está corrompiendo la vida política hasta extremos difícilmente imaginables hace tan sólo unos años, con dos consecuencias principales:

  • antagonismo social entre las distintas hinchadas, creando una irrespirable atmósfera de enfrentamiento
  • mala gestión de la Res Publica.

La primera es evidente, así que doy una pincelada sobre la segunda. ¿Cuál es el incentivo de optimizar la gobernanza de los diferentes niveles del Estado, si no hay una fiscalización de los administrados? Efectivamente, alienado el público por las herramientas de manipulación social en la era de la preeminencia del discurso, del relato, sobre los hechos contrastables, el gobernante sabe que va a tener el apoyo incondicional de su clientela, y la oposición furibunda de otra parroquia. Haga lo que haga. Así pues…

El carallovirus nos ha traído muerte, pero nos ha dejado grandes lecciones para quien las sepa leer. La actuación de tal o cual ejecutivo, central o autonómico, es valorada por la ciudadanía no en función del resultado, sino de la afinidad partitocrática de cada cuál. Así, quien había votado al P$O€ aplaudía a Illa, y quien había votado al PP, a Ayuso. Y viceversa, las críticas de un fondo del estadio al manejo de la crisis por parte del rival político han sido despiadadas. La cuestión es que se trataba de una crisis sanitaria, cuyo impacto en la sociedad era general y su manejo de carácter mayormente técnico. Las ideologías (de tener alguna los partidos), tenían muy poco que ver en el asunto. Aún asumiendo que puede haber una diversidad de opiniones ante un tema de carácter técnico, en las encuestas, una ciudadanía de personas racionales y libres hubiera respondido con una descorrelación entre sentido del voto y valoración de la actuación frente a la pandemia. Muy al contrario, observamos que la correlación ha sido milimétrica. Los de una tribu apoyan a los suyos, manquepierda, y sacan los colmillos ante la tribu rival. Un espectáculo deplorable, que evidencia lo muy atrasados que estamos todavía en el proceso de hominización.

Aún más trístemente cómico es el caso de Fernando Simón. A pesar de ser un elemento de la derecha, enchufado por la Ministra de Sanidad del PP gracias desde luego no a su competencia científica (irrelevante en el ámbito académico) sino a los vínculos de su familia con el PP y el Opus Dei, ha sido identificado por la tribu izquierdosa como propio y santificado ipso facto, mientras que la tribu fachosa de la cual proviene lo ha asimilado con el gobierno rival y lo ha despellejado. Esto me lleva al convencimiento de que las mismas medidas, las exactamente mismas medidas que ha tomado tal o cual ejecutivo, habrían sido censuradas o apoyadas de manera diametralmente opuesta de haber sido realizadas por un ejecutivo de distinto signo. De hecho, en el caso del gobierno central, me parecía aún ver gobernando a Raxoi y su indigencia mental, siempre evitando tomar una decisión que le obligara a significarse hasta ser demasiado tarde. El ejecutivo de Sánchez, como el de Raxoi, han cubierto con autoritarismo y Estado policial su incompetencia y analfabetismo científico. Comportamientos perfectamente intercambiables que, sin embargo, merecen valoraciones dispares si el árbitro pita penalty contra mi equipo o a favor.

Honestamente, con subhumanos no se puede operar ningún sistema político, sea representativo o directo. Tengo una ligera esperanza que un sistema directo acelerase el proceso de hominización. Algo quizá hayamos adelantado con el sistema electivo respecto a la situación en que ni siquiera la elección de sacerdotes del culto al Poder nos estaba encomendada. La responsabilidad fuerza al niño a madurar y convertirse en un hombre. La cuestión es que en el estado actual de las cosas, la regresión al comportamiento animal, irracional, es la tendencia.

Bienvenidos a la postmodernidad, o de cómo las cosas son según a mí me parezcan.

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16 febrero 2021

La ridícula neoizquierda

Filed under: Política — Nadir @ 3:59

Esta estrafalaria pregunta se produce en una conferencia de Irene Montero en la Complu patrocinada por…

Hasta un cura fachorro y cascarrabias está más próximo a la realidad social y obrera que esta troupe.

Por cierto, hablando de la consortísima.

Menudo ejemplo de mujer emancipada, que debe su posición política a ser cónyuge del líder supremo del partido. La aupó a la portavocía en sustitución de la antigua novia, y salió de ella para coronarse como ministra. Realmente, no creo que exista otro caso de nepotismo a tan alto nivel en ningún otro país europeo, como que un político enchufe a su mujer como portavoz de grupo, número dos del partido y, finalmente, ministra. Pero lo desternillante es que luego la parejita vayan dando lecciones de ultrafeminismo, cuando tal acuerdo sería una indignidad hasta para partidos de derecha. A una escala menor lo hizo el Inmundo con la Botella, ni siquiera ese miserable se atrevió a meterla como ministra de nada, y sólo lo hizo cuando él ya se había retirado. Hasta en el PP de Aznar había más sentido del decoro.

Pues vamos a poner una cita de esta lumbreras, que si fuera más inteligente sospecharía que es un topo de la derecha.

Transcribo, para que quede claro:

[Alegar en un proceso de divorcio el Síndrome de Alienación Parental de los hijos] es una forma de volver a producir violencia contra una mujer que probablemente ya lleve acumulado una trayectoria de violencias bestial, y que ha dado el paso, por ejemplo, de separarse, y que en ese proceso tiene que someterse además al cuestionamiento de que no solamente si ha sufrido o no violencia, sino que además esté tratando de poner a su hijo en contra del maltratador.

Como es de rigor en el discurso feminista, vemos que el concepto de mujer está indisolublemente asociado al de víctima de múltiples violencias, así como el concepto de padre se hace sinónimo de maltratador; de la misma manera que la sequía es pertinaz, el crecimiento exponencial o la agresión brutal, no dan para más los periodistas. Se relaciona al varón con la violencia como al judío con la usura o al andaluz con la pereza. Desarrollar un discurso político a partir de categorías identitarias, y no de sujetos reales, complejos, humanos; no es una superación de la modernidad, es un retroceso a tiempos ominosos.

¡A la mierda, coño, a la mierda!

Lo primero, me parece tan estúpido pretender que cualquier comportamiento humano tenga que ser patologizado en la forma de una miríada de síndromes, como pretender que es imposible que una mujer procure crear animadversión en los niños hacia su padre (la viceversa me figuro que sí será posible, no hay maldad que no maquine un hombre en su odio hacia la mujer), todo en el contexto de un proceso de divorcio en el que cada una de las partes pretende hacerse con la custodia en exclusiva por el beneficio económico que esto genera (y sí, los niños ya tal).

Pero lo realmente llamativo del caso es que esta mente preclara asuma como opción por defecto que, en un caso de divorcio, la causa es la “trayectoria de violencias brutal” que ha sufrido en su matrimonio. Generalizamos el maltrato a la mujer como causa más habitual del divorcio, el icono de la mujer maltratada sobre el cual cabalgan a galope tendido sobre la realidad virtual que estas mismas piradas generan. Una ruptura porque, sencillamente, han dejado de atraerse o de agradar la mutua compañía, eso son casos aislados. Lo más probable es que la mujer acumule una “trayectoria de violencias brutal”. Menudos ambientes frecuenta esta señora, porque en mi entorno social (la Galicia rural, profundísima) la cotidianeidad no es esa.

También es reseñable, impresionante la capacidad de acumular sandeces en un solo párrafo, que considere una “violencia” (que, como el término violación, a fuerza de estirarlo ya no significa absolutamente nada, lo emplea para todo excepto para describir que un policía a las órdenes de su gobierno apalee a una joven protestando por la violencia policial) el hecho de que en un proceso contencioso, los jueces escuchen los argumentos de ambas partes y no sólo a una de ellas (la parte que tiene órganos sexuales femeninos, o aspira a tenerlos). ¿?¿?¿? Es que en eso consiste un juicio. Es tan estúpido como que un púgil se ponga a lloriquear en el cuadrilátero porque el contrincante se empeña en atizarle. Es que va de eso, imbécil. En un litigio hay dos partes con intereses enfrentados (por eso van a juicio, diría don Pero Grullo), cada parte expone sus razones y los jueces a tenor de los argumentos y pruebas presentadas dirimen y sentencian. Es ya el infantilismo en grado sumo pretender que un tribunal se comporte como tus papis y coleguis, dándote la razón por defecto (para que te calles de una vez). Eso, la ministra lo considera “violencia institucional”. No, es la mecánica de cualquier juicio, desde hace milenios. Si sólo una de las partes merece ser escuchada y acreditada, entonces excusamos de celebrar juicio, bastaría con que esa parte dicte sentencia y nos ahorramos el proceso. Pero eso no sería un juicio, y mucho menos sería justo.

Esto es una ministra.

Y se me intenta convencer de que esta doctrina, esta patochada, es de izquierdas. Es LA izquierda.

Pues muy bien, majetes. Yo, a lo mío.

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7 diciembre 2020

Optimismo o ceguera

Filed under: Política — Nadir @ 22:55

Ya me disculparán ustedes, pero es que últimamente no encuentro motivación para currarme ninguna entrada que me suponga un mínimo esfuerzo. Al contemplar el panorama político, me consume la desgana y el hastío. Voy proponiendo cosas que encuentro por ahí y me llaman la atención, por lo general por nada bueno.

Un ejemplo de cómo ser idiota, confundir tus deseos con realidades, y llegar a creerte tu propia mierda.

La caída en picado de Vox en los sondeos augura un final a lo Trump o Salvini 

Que Vox pase de 15,1% en las últimas generales a 13,4% en una encuesta les parece una “caída en picado”. Todo ello, sin entrar a analizar que Vox es una escisión del PP cuyo sentido político es forzar al gran partido de la derecha a moverse hacia posiciones ultras. Y en la misma encuesta, que es sólo eso, una encuesta en un periodo de calma electoral, el PP pasa del 20,8% al 25,5%. Ciudadanos gana un 0,2%, así que es obvio que el PP recoge voto de Vox y de la abstención, o alternativamente que el número de potenciales votantes fuera del bloque de la derecha ha caído. E insisto, el PP lo ha logrado teniendo como candidato estatal a un niñato semianalfabeto; el día que la derecha presente un candidato inteligente, competente y más o menos honesto, arrasa durante una generación.

No veo que, a la luz de los resultados de esa encuesta, haya nada que celebrar en la izquierda y sí mucho por lo que estar preocupados.

Pero, ya puestos, vamos a poner un ejemplo de lo que me parece una caída en picado. Analicemos la evolución del espacio político en torno a Podemos, desde su pico en las generales del 2015:
Podemos: 3.198.584
En Comú Podem: 929.880
IU: 926.783
Compromís: 673.549
En Marea: 410.698
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Total 2015 = 6.139.494

Comparándolo con las últimas generales:
Unidas Podemos: 2.381.960
En Comú Podem: 549.173
Más País-Equo: 330.345
En Común (Galicia): 188.231
Compromís: 176.287
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Total 2019 = 3.625.996

Resultado, por cierto, casi idéntico al de Vox: 3.656.979

Dos millones y medio de electores, el 41% de los que votamos a uno de esos partidos en el 2015, hemos dejado de hacerlo. Y, según esa misma encuesta, UP sigue cayendo y Más País a punto de desaparecer, así que los resultados hoy serían aún peores. Sin embargo, siguen abundando en esa nueva ideología gringa basada en grupos identitarios, que tan buenos resultados les ha dado desde su adopción (el postmodernismo identitario, donde llega, triunfa).

Vista al frente, hasta la irrelevancia final. La izquierda se ha tragado el engaño, ha adoptado el caballo de Troya, la manzana envenenada, el virus del postmodernismo, y ya no podría dar marcha atrás sin reventar la maquinaria. Mucho critico que los partidos estén dirigidos por estrategas políticos que no tienen luego idea de gobernar, de qué hacer con el poder una vez que lo conquistan. Pero es que, a la luz de los hechos, ni siquiera son competentes en su ámbito de estudio.

Aunque, y ya como comentario más personal, a mí lo que realmente me fascina es cómo, después del espectáculo de estos últimos meses, aún hay quien quiera apoyar con su voto a cualquiera de esos mentecatos sociópatas que pueblan el Congreso. Cuando el justo pago a los servicios prestados sería sacarlos a rastras de su butacón y ajusticiarlos como perros. No sé hasta qué punto se comprende la cantidad de dolor presente y venidero que ha causado su incompetencia y egoísmo, tomando cada decisión con la calculadora electoralista en la mano.

Aún no ha quedado suficientemente claro las implicaciones del decrecentismo. Esperad a 2021. Y dad gracias a que el BCE sostiene nuestra deuda y el gobierno puede así financiar cómodamente los deficit. Este capítulo de la historia nos pasa fuera del paraguas de la UE y el euro, y el futuro no vendría preñado de pobreza, sino de HAMBRE.

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8 septiembre 2020

Pepe Mujica

Filed under: Política — Nadir @ 23:26

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