La mirada del mendigo

20 enero 2019

Ideología

Filed under: Política — Nadir @ 2:20

Últimamente cada vez leo más comentarios usando el término ideología en un sentido peyorativo, en contraposición a las ideas. La cuestión es que una ideología no es sino un conjunto sistematizado y coherente de ideas. ¿Y para qué es útil la ideología? Para no gobernar, legislar o hacer oposición a golpe de ocurrencia, que es exactamente lo que define a la izquierda progre, postmoderna y alternativa.

Todos sabéis bien que no soy ningún teórico. Me aburren mortalmente las discusiones bizantinas sobre teoría política, casi siempre de un esnobismo afectado e insufrible. Sin embargo, reconozco que hace falta un mínimo andamiaje teórico para no acabar tropezando a cada trecho en la contradicción. En realidad, no tengo tanta prevención sobre la teoría como sobre los teóricos, los intelectuales, los ideólogos, que recubren con jerga críptica y citas eruditas obviedades en el mejor de los casos, auténticas gilipolleces las más de las veces.

Estaba dándole vueltas al magín sobre cuáles serían los pilares de lo que yo definiría como mi ideología y que sustentan todo el edificio que voy montando y desmontando en mi cabeza, usando este espacio de almacén / taller / desván. Tras mucho cavilar, creo que puedo reducir mis convicciones políticas a tres axiomas:

1) La propiedad privada de los medios de producción ajenos es ilegítima.

Cada vez soy más consciente de que no veré la universalización de este principio, pero como si es dentro de mil años, estoy convencido que algún día la humanidad rechazará el trabajo asalariado para en beneficio privado como una forma de explotación, como ahora es generalizado el rechazo a la esclavitud (aún cuando se sigue practicando).

Estoy harto, reharto de tanto imbécil progre que siempre está con el capitalismo en la boca, presto a echarle la culpa de todos los males a modo de satán en la religión abrahámica. En realidad, identifica capitalismo con modernidad, con un sistema social y económico complejo propio del s.XXI, y su alternativa al capitalismo es una mala égloga pastoril. La alternativa al capitalismo es el socialismo, no una comuna de putos comeflores.

2) La libertad es un bien supremo, el único. Su antónimo es la muerte.

Lejos de la concepción de libertad que promueve la derecha, la libertad no acaba, sino que comienza en la del otro. Pues sin el otro, sin nuestros vecinos, compañeros y el resto de la humanidad, nosotros solos, seríamos menos que nada. El egoísmo, la violencia, no son manifestaciones de nuestra libertad sino de nuestras limitaciones.

3) Toda fuerza no compensada conduce al desequilibrio del sistema. En un sistema social, el desequilibrio conduce a la arbitrariedad y la impunidad, y éstas indefectiblemente al abuso, a la violencia y la opresión.

El poder debe ser pues contrarrestado de acuerdo a mecanismos que restablezcan automáticamente el equilibrio. Es muy sencillo, y lo aprendemos de pequeñitos: si le damos un tortazo a otro niño en el patio, éste nos lo devuelve. Hay un equilibrio de poderes. El abuso viene con los niños del curso superior, que son más grandes. Pero para eso está la figura del maestro, que restablece el equilibrio, e impide que los más fuertes abusen de los débiles. A su vez, habrá que establecer un mecanismo de control que vigile al vigilante, el maestro, por si se propasa con el poder otorgado. Y así para todos, en todos los órdenes de la vida.

El concepto no es tan extraño, ya que es la base del sistema legal desde hace siglos. Sin embargo, aún quedan grandes lagunas de impunidad, muchas veces omisiones conscientes de un estado que quiere seguir teniendo el monopolio de la violencia, cuando no siempre tiene el de la razón.

Y hasta aquí. ¿Es breve, no? Como habréis notado, uno de los puntos es la base del socialismo, y los otros dos del anarquismo. No soy de encasillarme, pero supongo que se me podría incluir entre las filas del socialismo libertario (aunque me temo que no tengo mucho que ver, en el desarrollo, con casi cualquier otro que así se defina). En cualquier caso, soy muy poco dogmático y siempre me he encontrado a gusto tanto entre colegas comunistas como anarquistas, a los cuales siempre he considerado compañeros.

¿Por qué cuento todo esto? Pues viene a cuento, y ya dejo de mirarme el ombligo para tratar un problema general, de la enorme transformación que ha sufrido la izquierda en un cortísimo periodo de tiempo (para el pausado compás del metrónomo social). Hará no más de un lustro que la ola postmodernista arribó a nuestras costas, y yo ahora me sitúo frente al tablero político y no sé dónde están mis amigos.

Y lo que es más importante, tengo la certeza de no ser el único. Hay mucha gente de izquierdas que, como yo, está desorientada, huérfana, que ha perdido el paso al discurso político y ha quedado ideológicamente en la cuneta.

Porque honestamente, con lo que he dicho ¿en qué fuerza política me encuadraría, tenga visos o no de rascar escaño? Y no es porque sea yo muy antisistema, de hecho puede que esté más inserto en el corazón del sistema que cualquiera de vosotros.

Es cierto que la oligarquía representativa no es un modelo de gobierno que defienda; tantas veces lo he dicho, yo abogo por una democracia directa (democracia, a secas) jugando los partidos el rol de corrientes de opinión que pidan el voto a una iniciativa legislativa en un sentido u otro. Pidan, pero la decisión la tendría siempre la ciudadanía. Serían sólo un referente ideológico en quien te podrías o no fiar, según el caso. Pero ya me conocéis, no soy ningún nativista; que proponga a superación del parlamentarismo no quiere decir que sea tan botarate para dejar de usarlo como limitada herramienta de transformación. Dar la espalda a la realidad no hace que desaparezca, sólo que te embista sin verla venir.

Tampoco mi renuncia a las urnas viene, o no del todo, porque incluso se quiebra el principio de representación cuando los representantes tienen un nivel intelectual, cultural y político inferior a los propios representados, y si tengo tiempo trataré un poco de la clase de elementos (y elementas, por supuesto) que están metiendo en listas los de Unidos Podemos (que luego fue Unidos Podríamos y ahora son Unidos Hubiéramos Podido).

Si en las próximas elecciones, y me temo que en muchas más de las venideras, me limitaré a encogerme de hombros e irme a pasear por el campo, se debe a que simple y llanamente no hay ninguna fuerza política concurrente que coincida, siquiera mínimamente, con mis convicciones ideológicas.

Tomad por favor los tres puntos anteriores y decidme ¿qué formación política suscribe, aunque sea implícitamente, siquiera uno de ellos?

La izquierda institucional, desde el socioliberalismo del P$O€ a los anticapis que tienen ya pie y medio fuera de Podemos, está completamente rendida a la moda identitaria importada de USA (y que tan buenos resultados ha dado allí).

Recapitulemos.

La ideología identitaria es la expresión política de la corriente filosófica del postmodernismo. Dícese de la doctrina que declara que todas las otras ideologías, filosóficas, religiosas o políticas son un metarrelato falso (exactamente, sin significado). Porque el único metarrelato verdadero es el suyo, a saber, la eterna lucha entre la luz y la oscuridad, entre oprimidos y opresores, siendo estas categorías inherentes al individuo en función de ciertas características innatas e independientes de las circunstancias sociales (sexo, etnia, raza o condición sexual).

Ya está. Fin del corpus doctrinal del postmodernismo. Y con este esquema mental de oprimidos y privilegiados por defecto, desarrollan toda su teología las nuevas camadas de ideólogos (uso teología como sinónimo de paja mental, desarrollo de una mentecatez indemostrada). Con esa herramienta defectuosa llegamos a conclusiones estrambóticas como que Obama es oprimido por los privilegios de un mendigo ucraniano que esta noche lucha por no morir de frío en una fábrica abandonada de Kiev; o que Sandra Ortega debe ser defendida de la agresión potencial que representa para ella un joven obrero que trabaja en una subcontrata de Inditex en Bangladesh.

El postmodernismo político se propone como superación, desautorización o negación del marxismo (en unos años, segunda mitad del s.XX, en que recobraba fuerzas). Es por lo tanto incompatible ser postmoderno y marxista, por mucho que la oficialidad del PCE (mucho nos reímos del PSOE, pero…) se haya rendido a la moda gringa.

Cuando autores tanto marxistas como ácratas han estudiado las relaciones de poder, lo han hecho a partir del análisis de la realidad. Por eso tenían ascendiente entre la masa obrera, porque les contaban algo que podían verificar inmediatamente. El patrón manda, tú estás sujeto a su voluntad. Eso lo entendía aunque no tuvieran ni las primeras letras. Porque era verdad.

Ahora la nueva izquierda le dice al trabajador: eres un privilegiado por tu condición de hombre (o de occidental, o de más o menos blanco). Tienes que deconstruirte, asumir tu culpa y renunciar a tus privilegios. Y normalmente el trabajador se lo tomará como una chorrada más de un niñato imberbe que no sabe nada de la vida. Pero quizá este currante tenga por encima a una jefa, o tenga que soportar a diario a la mujer del jefe, y escuchar cómo la progresía la retrata como un ser oprimido y amenazado por su masculinidad tóxica, cuando en realidad vive aterrorizado de ser despedido, pues al currito le empieza a picar la testuz. Y una trabajadora, cuando recibe los mensajes que quien realmente la oprime no es el patrón, sino su compañero de línea, igual de pringado que ella, y que debe buscar la colaboración de la gerente de la empresa, por eso de la sororidad, como que empieza a desconfiar de las intenciones de los niñatos (y niñatas, tengamos un uso no sexista del lenguaje) que le vienen con ese mensaje. Porque es con su compañero con el que se va a tomar unas cervezas, no con la pija de taconazos que ni siquiera sabe de su existencia y mejor que siga siendo así por mucho tiempo.

Análisis de la realidad, no en la percepción subjetiva de la realidad a partir de prejuicios ideológicos. Es el rigor en el análisis de la realidad el que legitimizó el discurso revolucionario. En las asambleas y mítines no hablaban de misterios trinitarios, sino de lo que ya sabían, de cómo el patrón se quedaba con el producto de su esfuerzo, del inmenso desequilibrio de poder entre ambos.

Y vuelvo a repetir: es falso el dilema entre el discurso de clase, y el discurso feminista. No son excluyentes, nunca lo han sido en la izquierda (y mucho menos dentro del anarquismo). La verdadera distinción está en el rigor en el análisis, su fidelidad a la realidad.

Porque si yo ahora digo: los empresarios son unos criminales sanguinarios, azotan a los trabajadores que trabajan poco, y mutilan a los revoltosos. ¿A dónde voy con mi discurso obrerista? El trabajador reconocerá que, aunque en principio parece que estoy barriendo hacia su lado, estoy mintiendo. No es la situación real de la inmensa mayoría de los trabajadores en la sociedad actual, en todo caso a él su jefe no le trata así (entre otras cosas, porque no podría). Siempre habría algún descerebrado que interiorizaría el discurso y se acabaría solidarizando con el dolor sentido por los esclavos que levantaron las pirámides (es broma, seguramente eran profesionales especializados libres, lo que de libre se podía ser en aquella época), pero la mayoría de trabajadores pasaría de mí, porque digo chorradas.

¿He logrado algún avance para la clase trabajadora con mi discurso fantasioso? No, sólo he concitado el descrédito general, para mí y todo el movimiento que digo representar. De la misma forma que el identitarismo no sólo está solapando el discurso obrero, sino sobre todo está arrastrando por el fango el feminismo con sus referencias al patriarcado y la cultura de la violación en la que insiste que viven las mujeres españolas; trance del cual le llevará al menos una generación recuperarse. Pretender lograr la igualdad con sexismo (o racismo) es como buscar la paz lanzando bombas.

Sin embargo, a pesar de lo sencillo y evidente de todo lo anterior, las organizaciones de izquierda están completamente rendidas a la nueva fe identitaria (y menos mal que el fenómeno racial en España es bastante minoritario, que si no ya teníamos encima otro conflicto dentro de nuestras propias filas), que es la que cada vez más marca la agenda política.

¿Cómo, por todos los demonios del averno, podría de cualquier manera apoyar este dislate?

Carmena paga 52.000 euros para un informe de impacto de género sobre el soterramiento de la M-30

Y va el otro, y aún lo justifica.

Pero el Ayuntamiento de Madriz no ha pedido otro informe analizando el impacto diferencial del soterramiento de la M30 en los menores de 20 años. O en el colectivo de sordos. Que seguramente tendrían alguna variación respecto de la media, porque en ningún caso, cualquier subgrupo que queramos identificar, la copiará. Con lo cual el consistorio madrileño demuestra su desprecio por un colectivo tradicionalmente excluido como el de los disminuidos sensoriales (o como hostias ahora se llame a los sordos) y es cómplice de la violencia ejercida contra los niños y adolescentes.

¿Absurdo? No, el pan nuestro de cada día en la política de gringolandia y, cada vez más, en España.

Mirad este otro caso. ¿Cuál es aquí mi bando? ¿Unos viejos fachas diciendo subnormalidades, o unos jóvenes fundamentalistas queriendo infligir a los primeros el máximo daño posible, con penas de cárcel, por esa chorrada? ¿De verdad tengo que elegir entre ambos escombros éticos? ¿cuál de ellos muestra menor humanidad, más voluntad de exterminio del contrario? ¿Cuál de los dos ofende más a mi Diosa, ya sabéis, Eleftheria? Desde luego, quien con tanta ligereza pretende encerrar a otro semejante, no viaja en mi barco. No, señor. Yo no comparto singladura con censores y carceleros.

Con este panorama ¿adónde voy yo con mis convicciones ideológicas, creo que no tan extravagantes, que condensé en aquellos tres puntos? Perdido, huérfano y solo me hallo.

Nunca, en la historia de España, ha estado la izquierda oficial más alejada de los intereses y valores de la clase trabajadora. Cada vez más su discurso está más restringido a jóvenes de clase media iniciados en los nuevos códigos de la corrección política que impone la moda.

El hostión va a retumbar hasta en las cumbres del Karakorum.

La derecha ya se está frotando las manos.

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29 diciembre 2018

La denominación del aeropuerto de Barcelona

Filed under: Política — Juan Manuel Grijalvo @ 15:53

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26 de Diciembre de 2018

Verá usted, como no me había hecho ilusiones sobre lo que podían dar de sí las juntas que celebraron los poncios de turno en Barcelona, hace unos días, no he tenido ningún berrinche y sigo con las mismas pastillas para la tensión. (more…)

22 diciembre 2018

Un buen ejemplo de postmodernismo

Filed under: Política — Nadir @ 5:59

Jaime Mayor Oreja: “El franquismo fue una época de extraordinaria placidez“.

Desde el punto de vista de la teoría de la irracionalidad que se dice postmodernismo, el antiguo Ministro del Interior de Aznar estaba en lo cierto. Es su verdad, es decir, es la percepción que tuvo él y su entorno, su clase, de esa etapa histórica. Los paseados, los campos de trabajo, las torturas en comisaría, las golpizas de los grises… todo eso no afectaba al joven Jaimito y, por lo tanto, no lograba impresionar su memoria. Igual que el destino de los deportados a los campos de exterminio no incumbía a los buenos alemanes y, por lo tanto, no inquietaba porque ojos que no ven, corazón que no siente.

Antes se decía que lo que no sale en televisión, no existe. Ahora hemos restringido el dominio de lo real aún más. Lo real es aquello que logra despertar el interés del sujeto y colarse hasta su mente, la puntuación del videojuego, el catálogo de moda, la peli que vi ayer por el cable… El reino de la subjetividad. Y sobre ese reino se levanta toda la teoría política que rige a derecha e izquierda. No sobre los problemas reales, determinados, medibles, sino sobre la apreciación que sobre ellos tengan los individuos.

Estos últimos días, ocurre un asesinato truculento y ya la atención del populacho se centra en él. Si es una mujer asesinada, ya todas las mujeres se sienten amenazadas de muerte por esa raza degenerada que son los hombres. Si es un atentado de un inmigrante con el cerebro lavado por las chilabas, ya es que los moros nos invaden, Santiago y cierra España. Y el que intenta aportar algo de cordura al discurso, es amigo de los de la ETA o la abominación de moda.

No hace tanto todo el mundo se peleaba por inventarse razones para sentirse amenazado por ETA, para justificar mejor así su odio visceral al mal con mayúsculas. Luego el miedo pasó a las bandas de rumanos, acechando desde los Cárpatos para abalanzarse sobre tu casa. Durante un tiempo fueron los violadores, y recuerdo una anciana con un pie en la tumba y aterrorizada porque un hombre viniera a levantarla la saya. Todas estas amenazas, que de tan remotas son irracionales (sería mucho más lógico tener miedo a fallecer en accidente de circulación o de un paro cardíaco derivado de una mala dieta), son percibidas como gravísimas e inminentes por el populacho influenciable y, por lo tanto, se tornan en realidad (y disparan las cifras de negocio de las empresas de seguridad).

¡Nos están matando!, clama el neofeminismo, y no hay ningún dirigente que se atreva a contradecir esta mentecatez y recordar que España es uno de los países más seguros del mundo para ser mujer (número de asesinatos por mil habitantes), desde luego mucho más que para ser hombre. No hay nadie que recuerde que el número de mujeres asesinadas por sus parejas (48 el año pasado) es absolutamente anecdótico (recordemos que es una población de 47 millones de personas, de las que la mitad son mujeres), muy buen dato en cuanto lo comparemos con cualquier otro país europeo (de hecho, Alemania o Francia tienen cifras muy superiores) y que sigue una tendencia descendente. Porque como no importa la realidad, sino la impresión que se tenga de ella, se convierte la excepción en norma y la anécdota en categoría. Si a mí me preocupa, es real; no ya mi preocupación, sino el objeto de mi preocupación. Como son reales entonces los monstruos debajo de la cama del niño.

La cuestión es que, al igual que en cuanto procurabas razonar sobre el conflicto político vasco, ahora tienes que empezar la frase dejando claro que no justificas los asesinatos machistas. El número de mujeres asesinadas en casos de violencia machista es, por ejemplo, menos de la tercera parte de las muertes en accidentes de tráfico a causa del uso del teléfono móvil o por caerse por una escalera. Y, sin embargo, antes de aportar este dato objetivo que intenta encuadrar la dimensión del problema, hay que ponerse la venda antes que la herida y avisar que uno no es un depravado maltratador. Y, aún así, si recuerdas que el caso de la zamorana asesinada por un demente es sólo eso, un caso aislado provocado por una mente criminal, que ciertamente se nutre de un poso de misoginia que aún queda en la sociedad, pero que en modo alguno puede ser tomado como una amenaza general que pesa sobre las mujeres… asumes el riesgo de ser anatemizado.

Y uno se pregunta qué lógica política tiene un discurso que cada vez adquiere un tono más descarado de criminalización de la mitad de la población que ha tenido en gracia nacer con un sexo inoportuno a la nueva moda. Hemos pasado de que la mujer era el recipiente de todo mal, la compañera del diablo, un ser pérfido que las necesidades de perpetuación de la especie obligaban a tolerar… a traspasar esa mochila de pecado al hombre, asociándolo con todos los males, vicios y defectos, cuya inmunda presencia pone en peligro la apacible existencia de esos seres de luz dotados del sexo correcto (grupo en el cual se admite como excepción a los homosexuales). Y llegados a este punto, uno no puede menos que concluir que está rodeado de imbéciles y que la humanidad no tiene remedio.

¿Hay que seguir trabajando para extirpar el machismo de la sociedad? Sin duda. Y también la violencia, toda la violencia, pues es lamentable que sólo se destaque aquella violencia que nos puede tocar de cerca. Y también la irracionalidad, pero ese objetivo parece más lejano.

Falta rigor en el discurso, la experiencia personal sustituye a los datos objetivos y la veracidad y la coherencia se van por el retrete. En ese ambiente, cuanto más se reduce el número de muertes, más crece la alarma social, y se crea una obsesión paranoide sobre una ofensiva machista que culmina en el “¡nos están matando!”, seguido de la petición de medidas excepcionales (leyes ad-hoc). El slogan en Tijuana o Ciudad Juárez puede tener sentido (con todo, en ésta última 9 de cada 10 víctimas son hombres), pero aquí…

Por cierto, sobre la violencia. También sería interesante indagar entre las mujeres maltratadas si, durante la etapa de noviazgo, le parecía igual de intolerable cuando su hombre estaba dispuesto a liarse a golpes en la discoteca por cualquier excusa. Porque quizá le “ponía” el olor a sudor, sangre y testosterona de su machito ibérico. Luego, cuando la que cobraba era ella, ya no era tan excitante. Detrás de cada garrulo violento hay una fulana que lo azuza. Igual que la inteligencia, la palurdez y la bajeza están igualmente distribuidas entre los sexos, detalle que históricamente tenemos tendencia a someter a un olvido selectivo. Acaso para terminar con la violencia contra las mujeres deberíamos dejar de ponerle apellidos, y proscribirla independientemente de quién la ejerza y la sufra.

Y ya por ir terminando; nos parece reprobable que el ministro de Aznar exprese su subjetiva percepción de la dictadura de niño pijo en una familia “de bien”, al mismo tiempo que pedimos atención a nuestra chifladura, esto es, percepción subjetiva de la realidad en la cual, por ejemplo, consideramos la mera presencia de hombres como una amenaza.

Esperad, que copio, por si sois demasiado perezosos:

Está demostrado que vivimos en una sociedad con una desigualdad estructural en la que los hombres asesinan de forma sistémica a las mujeres. […] Los hombres, así, en general, ostentan todo tipo de privilegios (en el mercado laboral, en el espacio público, en los cargos de poder).

Ahora mismo el liderazgo, la representación y la participación es cis, masculina y blanca en casi todos los espacios poder. No creo que esta relación de desigualdad cambie hasta que no demos un espacio para que las personas que no han formado parte de estos grupos de poder puedan pensar tranquilamente.

Así que se promueven conciertos segregados, como en la Arabia de los Saud. Mira de qué forma tan insospechada la alt-left ha acabado dando la razón a la ideología más reaccionaria que aún perdura en el s.XXI: el wahabismo. Hombres y mujeres no pueden compartir espacio sin que éstos, enajenados por su voluptuosidad, se abalancen sobre las mujeres como fieras hambrientas (en mi planeta no ocurre así, e incluso en las playas nudistas que frecuento el ambiente es de confianza y respeto, pero hemos quedado que la realidad es lo de menos).

Pero claro, una vez abierta la caja de Pandora es muy difícil cerrarla a tiempo…

Dentro de estos espacios la propia mujer blanca cis tiene que revisar y ser consciente de sus propios privilegios. Del mismo modo que deben hacerlo hombres respecto a las mujeres. “Es importante que estas mujeres también sean capaces de crear un espacio más pequeño de seguridad para mujeres queer o trans”. Y este círculo de protección también es extensible a mujeres musulmanas, gitanas, negras u otros grupos, en definitiva, que enfrentan sus propias discriminaciones más allá de la blanca.

Pues nada, dentro de este concierto segregado, subsegregamos espacios para cada raza, religión y opción sexual. Al final, el concierto del espacio seguro para mujeres cingalesas, transexuales y de rito metodista se celebrará con la asistencia de… una estudiante china que no entendía nada y acabó en esa habitación por casualidad buscando el baño.

Esta chaladura la lee cualquier hombre de ese 99,9% de pringados, estafados, ninguneados, avasallados, y que encima le traten de “privilegiado” (y frecuentemente, la acusación viene de un piquito de oro con una buena posición social asociada a un carguito institucional) y “asesino” (en potencia, lo cual le convierte en sospechoso por defecto) y le escuece la testuz: encima de cornudo, apaleado. Lo siguiente es fijarse en qué fuerzas políticas están respaldando semejantes chaladuras y obrar en consecuencia. Y tras escuchar toda esta sarta de imbecilidades, hasta Trump en comparación parece un hombre razonable y sensato.

En este caos de subjetividades donde cada uno cuenta la misa según le va en ella es imposible encontrar un asidero, un punto de referencia a partir del cual poder avanzar ya que hemos destruido el valor de la realidad. Lo que viene a continuación es la completa destrucción de la dialéctica, inhabilitada como vehículo de transmisión del pensamiento, ya que las ideas son propias de cada individuo y pierden su sentido al comunicarse. Esto es, ni más ni menos que la hipótesis del postmodernismo autoverificada. La imagen se parece a un manicomio, con internos deambulando mientras gesticulan en el aire y gritan a las paredes sus demencias. La cuestión es que, gracias a Internet, estos chalados se encuentran y se reúnen con los que comparten chaladura, reafirmándola, y acabamos con un pelotón de orates organizados con un cucurucho de papel en la cabeza, la mano entremetida en la casaca y con ganas de invadir Rusia.

Si la realidad no existe o es irrelevante, se va a tomar por culo todo el andamiaje intelectual que nuestra especie ha desarrollado desde que garabateábamos bisontes en el Magdaleniense.

En serio, ¿tan difícil es prescindir de accidentes somáticos como lo que tenemos entre las piernas o el porcentaje de melanina de nuestra piel, para fijarnos en detalles más relevantes en el ser humano como la inteligencia, la honestidad o la generosidad? Los cuales, por mucho que proclamen los antiguos y los (post)modernos sexistas y racistas, NO vienen determinados por esos caracteres. Los atributos sexuales son relevantes a la hora de follar, y los caracteres raciales a la hora de escoger protección solar, conjuntar la ropa y poco más (hay alguna prevalencia de enfermedades en diferentes grupos raciales, pero ésta sólo se revela estadísticamente).

Esto no es feminismo, esto es sexismo; ferozmente reaccionario, promueve la vuelta a una sociedad segregada en la que el sexo es determinante en las relaciones sociales (exactamente, el rol asociado culturalmente a él, el género, alucinantemente defendido como relevante por quien tiene la desfachatez de llamarse feminista).

Una última cuestión.

¿A quién beneficia esta corriente de volver a remarcar las diferencias sexuales o raciales, como en el tiempo de nuestras abuelas?

Divide et impera.

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20 diciembre 2018

El nuevo modelo de razonamiento

Filed under: Política — Nadir @ 12:17

Genial la última viñeta de Jesus and Mo.

Esto va mucho más allá de porfías religiosas, el mecanismo descrito se ha generalizado en múltiples ámbitos del pensamiento, desde la política a las ciencias sociales. Who cares about the truth? La realidad importa tres carallos. De hecho, la realidad es incómoda, rígida y angulosa, no se adapta a los patrones de corrección política; así que lo mejor es prescindir de ella y crear una realidad paralela (es decir, una MENTIRA) de textura gomosa que se adapte al discurso preestablecido por cada cual.

La singladura del pensamiento científico es una navegación de cabotaje: debemos tener un ojo puesto en al costa, para ir comprobando la posición y rumbo. En el mundo del pensamiento, alejarse de la realidad conduce invariablemente al naufragio.

La manipulación de la realidad para adaptarse a la propia conveniencia ni siquiera lo inventó el postmodernismo, tal ha sido el discurso de la Humanidad hasta el advenimiento de la ciencia, con su árido rigor y adusta objetividad. Es mucho más amable la fantasía de las religiones que, cuando no saben una respuesta, se la inventan con la soberbia de la ignorancia. Las nuevas formas de hacer política… no son nuevas, son arcaicas; un retroceso en la historia del pensamiento. Mirad por ejemplo la historia del catolicismo narrada por autores católicos o del islam por siervos de Mahoma. El término hagiografía se usa las más de las veces en sentido impropio como antítesis del rigor histórico, en concreto biográfico. No es historia, no es ciencia, es rechufla, es lisonja, es MENTIRA.

Ramses II, el más grandes de los faraones del Imperio Nuevo, hizo construir gigantescos monumentos exaltando sus victorias, entre ellas la más importante, la de Qadesh frente al imperio hitita. Aquí tenemos el relieve en uno de sus monumentos más gloriosos, Abu Simbel.

Sin embargo, ahora sabemos que la batalla de Qadesh acabó en tablas, con un fuerte sabor a derrota por parte del expansionismo egipcio (y, de hecho, se duda incluso de que Ramses saliera del palacio y se pusiera al frente de su ejército). Es decir, toda esa maravillosa estatuaria, monumentos y bajorrelieves son… propaganda, puta propaganda política.

La ilusoria victoria de Qadesh es una postverdad, igual que los tuits del Trump. Es engañoso el nombre de postmodernismo ya que es sencillamente la vuelta a las tinieblas y el oscurantismo previas a la Ilustración. No hay nada más pre-moderno que la capitulación de la razón, el abandono de la realidad para postrarse ante otros Dioses.

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15 diciembre 2018

Por qué el multiculturalismo está reñido con la integración

Filed under: Política — Nadir @ 20:42

Como comentaba antes, la inmigración es uno de esos temas en los que es inútil encontrar un discurso inteligente. La caverna usa la inmigración para zarandear el árbol con la vara del miedo y poner la red para recoger los votos que caen haciéndolo. La nueva progresía, lo que antes bautizaba como la alt-left, por el contrario, usa la inmigración como oportunidad para exhibir su grado de adhesión a la causa buenrollista y dar imagen de cosmopolitismo. Unos exageran los problemas (cuando no los inventan), y los otros responden instalándose en la negación de la realidad. Asumir que la inmigración puede plantear problemas es para un neoprogre tan difícil como que un viejo facha reconozca que es un fenómeno social con aspectos claramente beneficiosos para la sociedad de acogida. Pero negando los problemas no se resuelven, empeoran. Y, encima, recabas el descrédito social por crear una nube de realidad paralela y mudarte a vivir a ella.

Mientras tanto, los poderes económicos callan y dejan hacer, pues saben bien cuáles son sus intereses.

Es uno de los grandes temas de nuestro tiempo, además una cuestión que amenaza con quebrar a la izquierda europea de medio a medio y, sin embargo, aún no he leído nada inteligente al respecto, al menos en lengua castellana. Es lamentable, bochornoso el nivel político en España, que en cuestiones de inmigración basa el discurso en adjudicar al inmigrante unos valores positivos (el exótico buen salvaje de cultura no menos valiosa que la nuestra) o negativos (el bárbaro invasor que pone en peligro nuestra civilización). Todo el discurso gira en torno a ese esquema: crear sendas figuras de inmigrante-tipo y vestirlas y caracterizarlas de acuerdo a sus propios prejuicios (caricaturizarlo). Y de ahí no lo desencallas.

Así que quería proponer un artículo que me ha parecido que va algo más allá y sobre el cual se puede empezar un debate.

Making sense of immigration: Why multiculturalism is at odds with integration

En la misma revista apareció una contestación que aporta algo más de contenido al debate:

Why multiculturalism is not at odds with integration: a response to Ambrosch

Sí, lo siento, están en inglés. Es lo que hay. Si alguien tiene algún otro enlace en lengua civilizada que aportar, será de agradecer. Hasta el momento, sólo he leído idioteces destinadas a recibir aplausos de su público, no a comprender la cuestión.

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BOLA EXTRA: en los comentarios alguien menciona éste breviario de microagresiones. Si queréis saber por qué decir que…

– Sólo hay una raza, la raza humana
– No creo en razas
– No me importa el color de tu piel
– Considero que debería ser la persona más cualificada quien obtuviera el puesto

… son microagresiones racistas, tendréis que leerlo. Y más os vale, porque es la nueva realidad que nos va a tocar vivir.

También es útil para explicar la victoria de Trump y la pujanza de la derecha en medio mundo: es que realmente la alternativa es ridícula, risible, grotesca.

Aps. Y en lo que a mí me respecta, seguiré diciendo y practicando que no me importa una mierda la proporción de melanina o lo que cada cual tenga entre las piernas. Contra el racismo y el sexismo, independientemente de las bobadas que estén de moda en cada momento.

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