La mirada del mendigo

23 julio 2016

El futuro pasa necesariamente por aquí

Filed under: ecología,religión — Mendigo @ 14:22

La ordenación del territorio de forma rigurosa, sin lugar para ambigüedades ni equívocos, deslindando las zonas agrícolas, urbanas-industriales y forestales. Y, a continuación, legislar de forma que cada propietario de fincas forestales sea responsable de la eliminación de las especies vegetales alóctonas. Las sanciones por omitir este requerimiento serán desde un apercibimiento e información de las especies invasoras detectadas, a duras multas en el caso de no atender esta obligación. En el caso que esta introducción sea premeditada, añadiendo penas de cárcel para los casos más graves, que modifiquen sustancialmente el ecosistema original.

Se puede dejar un periodo transitorio de 10 años para las especies maderables, para que el propietario pueda recoger la última “cosecha” de los árboles que estuvieran ya plantados. Cuando los propietarios no puedan o quieran hacer frente a las sanciones, se expropiará el terreno sin ninguna contraprestación más allá de considerar satisfecho el pago de la deuda, pues será la administración a la que se adjudique la que deberá hacer frente a los gastos de eliminación de las especies foráneas.

Estas medidas regirán indistintamente que el propietario lo sea a título personal, colectivo (comunidades de montes y demás reatas de mulas) o público (en el caso de un monte de titularidad pública, cuya administración responsable sea condenada al pago y no pueda o quiera hacer frente, la propiedad pasará a la administración inmediatamente superior (es decir, un monte municipal pasará a ser autonómico, y los autonómicos a estatales).

He repetido muchas veces que estoy convencido que algún día, veremos la propiedad privada del capital, el trabajo asalariado en beneficio de un empresario o accionistas como una forma de explotación humana, tan moralmente intolerable como ahora nos resulta el esclavismo. No sé cuando, seguramente ya no estemos ninguno de nosotros aquí, pero llegará el día en que el la reproducción del capital será considerada una forma de apropiación indebida del esfuerzo del trabajador, un robo, una forma de delincuencia y, como tal, abolida en todo el mundo empezando por los países socialmente más desarrollados.

También estoy plenamente convencido que más pronto que tarde, más de lo que muchos se figuran, la Humanidad habrá superado definitivamente la religión como forma organizada de superstición. Supongo que siempre quedarán restos de irracionalidad, tabús, supercherías y creencias pseudocientíficas, arrinconadas por la generalización de la educación; pero no serán ya el edificio articulado e institucionalizado que presentan las religiones tal y como las conocemos, cuyas mastodónticas estructuras simplemente se vendrán abajo cuando la erosión del progreso y la indiferencia general las aboque al colapso. Los niños, dentro de unos siglos, seguirán estudiando a Platón o Aristóteles, Spinoza, Kant, Nietzsche pero ya no sabrán de Moiseses, Jesuses ni Mahomas más que en las clases de historia.

Quizá incluso perviva como objeto de estudio el budismo, la única religión que conozco que tiene un sistema filosófico propio del cual se pueden obtener algunas enseñanzas aprovechables (por mucho que haya sido recubierta de superchería y folcklore hasta resultar irreconocible el mensaje de Sidartha). El Nirvana (que no es un lugar sino un estado) es asimilable a lo que unas décadas más tarde, en la Hélade, los epicúreos y estoicos llamaban ataraxia (ἀταραξία)

El judaísmo es una bazofia moral. El cristianismo es la mezcla de esa bazofia con neoplatonismo helenístico. Es curioso, porque la figura de Jesús me recuerda mucho a la de esos musulmanes intelectualmente cobardes que procuran casar su fe con la modernidad, que viene a ser como procurar juntar dos sustancias inmiscibles, agua y aceite, razón y dogma, humanismo y teísmo, quedando una emulsión indigesta. Sobre el islam… bueno, al menos el cristianismo tiene la ventaja de haber tenido como fundador a un fulano que, al menos, sabía leer y había tenido acceso a una instrucción si quiera básica sobre humanismo filosófico, que procuró adaptar sin atreverse a romper con la religión de sus mayores. Si el cristianismo es la helenización del judaísmo, podríamos resumir el islam como una versión especialmente áspera y obtusa de la religión nacional judía, un remake grosero del Talmud (que ya de por sí es un refrito de mitos mesopotámicos, que un grupo de follacabras nómadas dedicados al pastoreo y al pillaje fue incorporando con el devenir de los siglos).

Dentro de unos años, los niños se asombrarán de lo estúpidos que podían ser los hombres del pasado, creyendo en fábulas grotescas y mal hiladas. Pero ellos no habrán sido sometidos a una reprogramación de sus mentes infantiles, no es que serán más inteligentes, sino simplemente que no habrán tenido un sistema educativo y una sociedad que no habrá abusado de ellos. Con la desaparición de las religiones, se habrá derribado un gran muro que separa y enfrenta a las personas y los pueblos. Quizá tarden más en caer otros sucedáneos de la religión, fósiles de la sociedad tribal como el patriotismo.

Como inciso, os cuento una anécdota, en mi opinión, muy esclarecedora: ayer se veía una columna de humo desde el pueblo, lo de todos los años, vaya, y me ve mirarlo un hombre que pasaba, y me comenta “é o mesmo, iso xa é Portugal”. Otras veces que me he quejado del vertido de inmundicias al río, acabo escuchando el mismo eructo intelectual: si todo eso va para Portugal. Por cierto, al final, el incendio de ayer estaba bastantes kilómetros del lado de acá de la raia. Aunque a decir verdad, ahí ya no queda nada (arde un año sí, uno no), así que ya puede arder todo lo que quiera.

Bueno, retomo el hilo principal de la entrada. Para cualquiera que se acerque al estudio de la Historia, le debería resultar evidente que la Humanidad asciende por el camino del progreso, apoyándose en el conocimiento, que es acumulativo. Sin embargo, esta senda no es de un único sentido, y en ciertos lugares y momentos históricos el progreso puede ralentizarse, e incluso un resbalón nos puede hacer retroceder a trompicones los escalones ganados durante décadas o siglos (y ciertamente la religión ha sido siempre un freno para el desarrollo social de las sociedades, como sería de esperar en una institución que basa su legitimidad en la tradición: la abolición del esclavismo, la emancipación de la mujer, la democracia…el progreso humano siempre tuvo como Némesis a la Iglesia). Sin embargo, al aumentar la escala temporal, el avance neto del proceso civilizatorio es innegable; no sólo en el ámbito tecnológico sino también ético o político.

Por lo tanto, sé que algún día estos tres puntos, hoy en día quiméricos, serán alcanzados e incluso superados. En realidad, ya lo están siendo por avanzadillas aquí y allá. Sobre la superación del capitalismo es evidente que ha habido ensayos muy serios (de los cuales deberíamos estar estudiando y tomando nota, de sus aciertos y aún más de sus errores). El avance de la irreligiosidad en el mundo es evidente, por mucho que el dinero insuflado desde USA o las petromonarquías para hacer proselitismo de sus mejunjes judaicos consiga frenarlo e involucionar en algunas sociedades en su ámbito de influencia. En cuanto a la prohibición de introducir especies alóctonas, y muchísimo menos de forma sistemática y masiva como las repoblaciones de pinos y eucaliptos en la Península… bueno, eso no es ningún futuro utópico sino la normalidad allende los dominios de Pirene (curioso que la principal formación montañosa ibérica conserve un nombre griego de mujer, Πυρήνη). En algún momento no quedará más remedio que reconocer la barbarie y bestialidad de nuestro modelo forestal y adoptar lo que es norma desde hace décadas en cualquier lugar medianamente civilizado. Desde hace más de un siglo la biología nos previene y alerta sobre la peligrosidad de introducir especies foráneas, y el valor de la preservación de los ecosistemas de forma inalterada. Esto lo sabemos todos, hasta el más mastuerzo sabe que repoblar con eucaliptos es un crimen ecológico. Podemos seguir haciéndonos los sordos, como que no va con nosotros, pero más pronto que tarde tendremos que reconocer la iniquidad de nuestro modo de proceder con la Naturaleza, y soportar el coste electoral que supondrá quitarle el caramelo del dinero sin esfuerzo al rural, a costa de la devastación de todo un país: Galicia. Y Norte de Portugal, y Asturias, y occidente andaluz…

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13 julio 2016

Tuer un clown

Filed under: religión — Mendigo @ 3:12

Pocas cosas se me antojan más viles que matar a un payaso. Incluso en los tiempos bárbaros de los siglos oscuros, era considerado una bajeza maltratar a un bufón: quien así obrase evidenciaría su debilidad, su incapacidad de hacer frente al reflejo grotesco que la sátira nos devuelve de nosotros mismos.

El humor es la sal de la inteligencia, el condimento necesario de cualquier plato. Pero también es el ácido en que se disuelve todo lo que es glorioso, poderoso, divino… en suma, vano. Por eso es temido y perseguido por todo totalitarismo, pues es como los ratones y polillas que roen los ropajes de la Virgen, evidenciando que debajo de toda esa majestad no hay más… que un leño carcomido.

Estaba leyendo uno de sus álbumes, y al llegar a esta página no he podido menos que acercarme al ordenata y escribir unas líneas como homenaje póstumo, que debe ser de entre las ideas absurdas, una de las más estúpidas.

A bas l'amour copain

Él sí que era cruel, despiadado, implacable, sanguinario, peligroso… la tinta de su pluma tenía pH<1. Los desgraciados que lo mataron eran sólo dos garrulos con mierda por cerebro y unos fusiles de asalto pagados con petrodólares, que no sólo arruinaron su vida con el opio (¿anfetas?) de la religión, sino que decidieron chapotear en la zahúrda salpicando con su mierda a los demás.

Wolinski-L-huma-1977

Maldita necesidad de tanto miserable de sentirse miserable bajo el auspicio de un Dios, extraño consuelo el de sentirse hormiguita en el campo de un paisano que, cualquier día, puede decidir patearte el hormiguero. Quien se sabe tan poco, tiene necesidad de ser más no por sus propios méritos, sino siendo partícipe de un ente abstracto superior, el Real Madriz, la tribu, la Patria, la umma, la raza… el hormiguero.

Si Dios existiera, habría que matarlo. Mientras exista la misma idea de un ser de valor infinito, la vida del resto de la Humanidad no valdrá nada por simple e inmediata comparación. Una definición de Dios (o sus sucedáneos, la Patria o la Raza) es aquello que está por encima de las convenciones éticas que milenios de civilización han ido forjando. Es un atajo que acuña todo mandato divino como justo, sin pasar por el análisis de la razón. ¿Detonar una bomba en una heladería abarrotada de gente? Si es la voluntad de Allah, es justo. ¡Aprobado! El exterminio de una minoría étnica, el bombardeo de una ciudad, la persecución de las disidencia… ningún crimen es lo suficientemente aberrante como para no poder ser blanqueado por el cuño de la Divinidad, de la Patria, de la Raza.

Si oyes en tu cabeza que Dios te pide que sacrifiques a tu primogénico, te aprestas a afilar el cuchillo. Eso es lo que nos enseña la Biblia, eso es exactamente el significado de Islam: sumisión, en cuerpo y mente. No hagas preguntas, no cuestiones las órdenes, el mandato del Führer está más allá de consideraciones morales. Como Dios es el Bien absoluto, justifica hasta el más abominable de los crímenes. Pongas lo que pongas en la balanza, Yahveh lo contrapesa. Es absoluto, no está sujeto al juicio de las acciones humanas.

Es, por definición, Justo, Bueno y Santo. Tan absurdo como el hijo del señorito que el maestro no tiene más remedio que ponerle un 10 en el examen, por mucho que sea un pollinito que deje el examen en blanco. No recibe un 10 por lo que sabe, sino por quién es. De hecho, no tiene ni que someterse a examen. El hijo del príncipe tiene un diez en todas los exámenes antes de presentarse así como el primogénito del emperador recibía la potestad tribunicia y el consulado perpetuo a las pocas horas de nacer, por el hecho de serlo.

Esa es la base sobre la que se asienta todo el puto Corán: una acción no es justa porque tras un análisis de sus consecuencias la recta razón concluye que es buena para uno mismo y para los demas… no, todo eso son monsergas. Eres un soldado de tropa, como diría siglos más tarde el santo fascista. No corresponde al ser humano hacer esas valoraciones, la religión ya lo ha determinado desde hace siglos por ti, lo único que se espera es que lo interiorices y acates, sin resquicio de duda (la duda, el germen de la ciencia, el vitriolo de la Fe).

El infiel (kafir) es criminal, no porque cometa crímenes, sino porque está fuera del grupo. Es criminal por definición, antes y por encima de cualquier valoración ética. Una manipulación tan burda como las viejas pelis de vaqueros, en las que el indio es malo porque es indio, y desde el principio de la película el espectador sabe que está justificado dispararle, para traer el orden del hombre blanco a las Grandes Llanuras. ¿A quién se le ocurriría discutir el derecho que tiene John Wayne o Schwarzenegger de disparar a troche y moche? Desde el inicio de la película sabemos que él es el bueno, que su causa es justa, y que los que se enfrentan a él son malvados que tienen bien merecido lo que el prota les hace. Algunas veces incluso mueven al espectador a la risa, mientras son torturados, golpeados o tiroteados. Es la voluntad de Allah. Es bueno que así sea. Es Hollywood, es la herencia judeocristiana, es todo la misma mierda, el mismo horror, la misma negación intelectual y moral.

E igual que el malo lo es por filiación, también el bueno lo es ex-ante. ¿Por sus acciones? No, porque pertenece a nuestra tribu, a nuestra secta, a nuestro equipo, por eso lo jaleamos en el campo. No es bueno porque sus acciones sean buenas, el título de “bueno” lo da Dios a su ungido, al que con su poder mueve las columnas del templo, hundiéndolo encima de sus enemigos, de los enemigos de Yahveh, de los que adoran a otros Dioses y por eso son kuffar, malvados.

Ese es el resumen del contenido ético de la Torah, de la Biblia, del Corán, los libros que media humanidad sigue considerando como referentes morales. Y la enseñanza que encierran es precisamente que las obras no son buenas o malas por sí mismas, sino según su adecuación con el mandato divino: una acción éticamente neutra como comer cerdo es motivo de condenación eterna, mientras que degollar prisioneros (como Mahoma ordenó a Ali hacer con los prisioneros de la tribu judía de Banu Qurayza) te lleva directamente al burdel al-Jannah, con sus huríes abiertas de patas y sus torrentes de vino fresquito. El enemigo lo es por no reconocer a nuestro Dios como verdadero (kafir, infiel, el que no se somete). El más terrible criminal, aquel que pretende salir de la secta (murtadd, apóstata). Esto no es una guía moral, sino un manual de sectarismo.

Allah es Misericordioso y Compasivo por definición, y el Piojoso no se siente en la necesidad de argumentarlo o demostrarlo, basta con enunciarlo en la basmala (invocación mágica), por mucho que en el resto de las aleyas el ser que se va dibujando es un monstruo cruel, un hiperbólico tirano que castiga con saña el más trivial atisbo de desobediencia. Si el Führer dice que es de día, es de día, por mucho que estés viendo la línea quebrada de Casiopea hacia Oriente.

En fin, seguiría matando una y otra vez a Dios, pero tendré que dejarlo para mañana. Porque quería despedirme, y es para mandar a tomar por culo a esa parte de la izquierda que se mostró, si no comprensiva con el asesinato, sí contemporizadora (Je ne suis pas Charlie), asumiendo que hay espacios de inmunidad a la crítica y el humor. Mucho hemos debido cambiar, cuando ya ni siquiera nos reconocemos entre nosotros, ni reivindicamos nuestros muertos.

Menuda diarrea mental que tiene el parvulario progresista…

Seré un radical, o será que al menos tengo algunas cosas claras.

¡ME CAGO EN DIOS, EN TODOS LOS DIOSES, HABIDOS Y POR HABER!

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29 junio 2016

Aún queda mucho por lo que luchar

Filed under: Activismo,religión,tortura — Mendigo @ 0:27

Istambul, 2013:

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Istambul, 2014:

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Istambul, 2015:

Más fotógrafos que manifestantes, y más antidisturbios que todos los anteriores juntos: así es el Orgullo Gay en el Istambul de hoy.

No sé si se aprecia la tendencia, o son imaginaciones mías.

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Pero no es sólo cuestión del resurgir del islamopalurdismo:

E Istambul o Moskova no son ni mucho menos los peores sitios para ser homosexual. Ni muchísimo menos.

Que está muy bien celebrar el macrofestival que se ha convertido el Orgullo Gay madrileño, pero recordando que en buena parte del mundo, mostrar afecto por una persona de tu mismo sexo es un crimen. O defender peregrinas ideas como el ateísmo o el feminismo. Hay quien muere por ello, así que no lo demos por descontado, ni nos olvidemos de ellos. Su lucha sí que es realmente valiente y meritoria.

Hay que remarcar la inversión ética que sustenta el orden tradicional: el crimen es Ley, la violencia es orden (divino), el afecto es criminal, la autodeterminación del individuo un delito, la reafirmación de libertad individual de conducir su vida con arreglo a las propias convicciones, una agresión al grupo, que se defiende golpeando o matando al que se aparta del rebaño.

El paletismo es totalitario: pretende imponer un determinado patrón de conducta en temas radicalmente íntimos como son las relaciones personales, por ser el comportamiento “tradicional” o acorde a una pútrida religión. La presión sobre el individuo hasta en los más nimios detalles de su vida privada, es mucho mayor en una sociedad tradicional (garrula, palurda, cateta, como le queramos llamar) que en los regímenes más opresivos que todo el mundo asocia con el término de “totalitarismo”.

Claro que hay a quien ese palurdismo le parece pintoresco. Lo que desprecia en el paleto autóctono, le parece exótico en el paleto foráneo. ¡Es su cultura! Toma claro, y la nuestra. ¿O acaso no se corría al maricón del pueblo a pedradas?

 

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23 mayo 2016

Zineb

Filed under: religión — Mendigo @ 22:54

El otro día subí una viñeta de The Atheist Pig que daba en el clavo: hay una serie de imbéciles que están tan aterrorizados de que alguien los pueda considerar racistas, que evitan cualquier crítica al Islam. Son la banda de “El Islam, esa religión de paz”. Normalmente, son los mismos imbéciles que compran el pack progre al completo, que si banca ética, comercio justo, animalismo, veganismo y homeopatía.

Si alguno de estos imbéciles llega a leer esto, que sepa que llevar la contraria a una persona de otra raza diferente de la caucásica no es ser racista. De hecho, esa estúpida reelaboración del mito del buen salvaje, por el cual los negritos son buenos porque no están contaminados de la malicia del hombre blanco, es precisamente de un paternalismo nauseabundo de origen inequívocamente supremacista. Por ejemplo, al explicar la guerra abierta en Siria e Iraq, sólo considera a esa gente como marionetas del malvado (porque inteligente) hombre blanco, engañadas por éste para masacrarse mutuamente, sin reconocer en el pueblo sirio capacidad de iniciativa o autonomía intelectual. Paupérrimo análisis pero muy de moda entre los que se tricotan sus propios jerseys.

Pues no, señores. Racismo es la discriminación por motivos raciales, y lo contrario al racismo no es pensar que todos los negritos son buenos. No, el 99% de los negros son unos hijos de puta, igual que el 99% de los blancos, de los asiáticos, de los polinesios y de cualquier grupo humano que cojamos. Porque la antítesis del racismo es precisamente ignorar los caracteres raciales. No importa el color de tu piel: si eres gilipollas, lo eres así te pintes de verde manzana.

¡Ah! Y el 99% de las mujeres son imbéciles integrales, pues sin duda no es patrimonio masculino. Tampoco nos olvidemos del sexismo o discriminación por caracteres sexuales.

Por lo tanto, la bondad o error de un razonamiento no se cifra en la proporción de melanina o estrógenos de quien la enuncia o defiende, sino exclusivamente en el nivel intelectual y ético de esa idea. Expuesto de otra forma, quien siente aversión por la sotana de un cura del Opus, pero babea por el tufo aún más reaccionario de la chilaba de un imán o la túnica de un brahmán, ése es un racista (además de un imbécil).

Lo contrario al racismo es preguntarse qué interés pedagógico puede tener que a una niña de 14 tacos, le digan en clase que no debe enrollarse con el chico que le gusta de la clase de al lado porque será una prostituta. Que no debe vestirse como sus amigas sino con decencia/modestia, ni salir con ellas a la calle sino quedarse en casa rezándole a su amigo invisible para que le ayude a no acabar convertida en una pequeña prostituta como ellas.

Y para alguien que no es racista, le da igual el color de la tez o el atuendo de quien defiende esa basura patriarcal castrante: se opone a ella. El racista discrimina y, según sea el emisor, emite el juicio. Y si además de no ser racista, se tiene algo más que serrín en la mollera, uno se preocupa por las dificultades de integración que podría tener esa hipotética niña especialmente si, además, es hija de inmigrantes. Y empezar a reflexionar cómo la religión supone un obstáculo para la integración de los inmigrantes, especialmente tratándose de religiones con una narrativa que enfrenta el “nosotros” al “ellos” (en realidad, todas las que yo conozca, pero ninguna hace tanto hincapié en el sectarismo como la paletada islámica).

Esperad que me relama un poco, disfrutando de ser tan políticamente incorrecto.

Toda esta entradilla era para presentaros a otra de mis divas (como veis, me gustan las mujeres duras, fuertes, valientes, inteligentes… e irreverentes, verdaderos coños insumisos). Ya la había traído a colación en alguna que otra ocasión, con motivo de este artículo: Filántropos y fascistas (muy recomendable).

zineb

Os presento a Zineb El Rhazoui. Lo suyo ya no sé si es valentía o tozudez de mula, pero repasando su biografía hay que reconocer su empeño en tocarle los huevos al núcleo reaccionario monárquico-religioso marroquí, ganando muchas papeletas para acabar mal. Desde la convocatoria para des-ayunar en el Ramadán a decirle claramente al Cerdito VI que su hijo no reinará jamás. Por mucho menos, a muchos súbditos marroquíes no se les ha vuelto a ver con vida. Probablemente, tener la doble nacionalidad francesa la ha ayudado un poquito… con los esbirros del régimen, pero eso les importa un bledo a los barbudos.

Bueno, pues hoy os quiero traer otro de sus artículos. Por si no lo sabéis, Zineb trabajó durante años en el Charlie Hebdo (se libró por casualidad del atentado, por estar volviendo en ese momento de Casablanca) y es en esta colaboración que se circunscribe esta columna, que es respuesta de otra escrita por otro ex-Charlie: Olivier Cyran.

La respuesta en el mismo medio: Si Charlie Hebdo est raciste, alors je le suis.

Os copio la traducción al castellano de su réplica, muy en su estilo, dulce como cáscara de naranja. Cuando escribió esta columna, obviamente, Charb, Wolinski, Tignous… aún seguían vivos.

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El pasado 5 de diciembre [de 2013], me enteré por la prensa de que sufro de un terrible mal. El diagnóstico, realizado por Olivier Cyran en las páginas de la web Article 11, no admite recurso: soy racista. Dado que tengo la nacionalidad francesa, me he esforzado para averiguar, lo más rápido que pude, antes de que este mal me siga devorando, cuáles son las razas susceptibles de estimular mis anticuerpos de mujer blanca.

Desde luego, mis sospechas se han dirigido hacia los descendientes de esas hordas exóticas de los que dicen que invaden la Galia para comer nuestro pan, mi pan. ¿Los chinos y derivados? No constan quejas asiáticas contra mi persona, en este sentido. ¿Los negros de África y otras partes? Da la casualidad que justamente éste es el color del hombre que amo. ¿Los indios? Creo que alguno también se encuentra en mi palmarés amoroso. ¿Los bebedores de vodka? Acabo de venir de un año en el exilio esloveno y no tengo precisamente el recuerdo de haber sido alérgica al encanto eslavo. Así que ¿quién? ¿Los ‘white’, los blancos? No me atrevería tampoco a pensar que Olivier Cyran pueda ser un defensor de la teoría del “racismo antiblancos”.

No. Apenas empezada la lectura de su columna, me tranquilicé al ver que su diagnóstico era mucho más preciso: mi racismo, gracias a Dios (se joda), sólo se dirige contra los musulmanes, y resulta que he pillado este peligroso síndrome en la redacción de Charlie Hebdo. Es decir, una enfermedad profesional. Dado que el propio Olivier Cyran es también uno de los antiguos de la casa, aunque no haya tenido nunca el placer de encontrármelo, al haber tenido él la suerte y, según dice él, los huevos de pirarse antes de que la infección se propagase en la revista, he decidido responderle hablándole de tú, dado que los colegas de Charlie siempre nos tuteamos.

Olivier, tú partes del postulado de que los musulmanes, de Azerbaiyán, de Bosnia, de Malasia, de Egipto o de Burkina, representan un conjunto que se pueda llamar “raza”. Pues mira, da la casualidad de que es la raza a la que pertenezco yo. ¿Soy atea y lo reivindico? Eso no importa, porque tú no nos preguntas lo que pensamos, tú hablas de racismo, es decir de una raza. No nos andemos con rodeos, porque no dudo ni un segundo de que, al igual que yo, tú sepas perfectamente distinguir una religión y una raza. Si tu cometes ese horror de amalgama, es porque recuperas, por tu cuenta y riesgo, un atajo sociológico que encuentra su origen en la demografía francesa: nuestros musulmanes, los de aquí, son casi siempre lo que se llama “árabes”. Ahí entiendo un poco por qué hablas de racismo.

Pero seamos precisos, de todas formas: no son árabes de Líbano, a los que uno se encuentra raramente en el barrio, ni son de la minoría árabe ahwaz perseguida en Irán, de la que nadie ha oído hablar en Francia, y mucho menos son los árabes de Qatar que dejan su dinero en Louis Voutton-Moët-Hennessy.

No, tú hablas más bien de los “árabes” de África del Norte, y resulta que también es precisamente esa “raza” la que me ha engendrado. Por cierto, sólo para tu información, que sepas que estos “árabes” a menudo no son tales. Los más cultos de Francia saben que son bereberes, palabra de origen griego, ‘barbarus’, que describe a nosotros, los amazigh o imazighen, ‘hombres libres’ como nos gusta definirnos. De manera que estoy triplemente legitimada para disipar la confusión manifiesta que demuestras cuando identificas a lo que pretendes defender: la raza musulmana.

Musulmán eres y serás…
Entre los individuos a los que asignas esa categoría racial hay ateos militantes, como yo, por supuesto laica. Hay ateos que se ocupan de otros asuntos, y que también son laicos. Hay ateos a los que les gusta Charlie Hebdo y lo apoyan, a otros les gusta menos o no les gusta nada. Hay agnósticos, hay escépticos, hay librepensadores, teístas, también laicos. Hay creyentes no practicantes, pero políticamente islamistas, hay practicantes laicos, o incluso hay quien no tiene opinión, y ninguno sufre cada día a causa de Charlie Hebdo. Hay conversos al cristianismo (¡mira tú qué laicos!) porque han sufrido los tormentos de la teocracia en sus países de origen. Y finalmente los hay integristas, islamistas militantes, defensores de una identidad definida en primer lugar por la religión. Y son ellos a los que tú has elegido defender.

Son ellos quienes, obligados por la laicidad, no tienen más opción que poner el grito en el cielo por el racismo, con lágrimas en los ojos y la mano en el corazón, bajo el pretexto de que su “sentimiento religioso” ha sido pisoteado por un dibujo de Charlie. Entre ellos vas a encontrar a muchos que reivindican la laicidad en Francia, pero votan a Ennahda en Túnez, que hacen sus compras en las carnicerías halal de París, pero armarían un escándalo si algún colgado quisiera abrir una charcutería en Yidda. Que se indignan cuando una guardería despide a una empleada con velo, pero que se callan cuando un familiar obliga a su hija a llevar el velo. Son una minoría, pero son el estándar que tú has elegido para homologar la identidad de todos nosotros.

Basta de generalidades que no creo que haga falta recordar a un hombre de la pluma. Si he cogido la mía para responderte no es sólo para defenderme contra la acusación de ser racista, sino sobre todo porque en toda mi vida de periodista, raramente me ha afectado una columna tanto como la tuya. Si permites a una “árabe” que exprese ella misma sus aflicciones, deja que te diga que tu discurso es incluso lo más refinado que existe en materia de racismo en Francia. Poca gente hoy día se arriesga a gritar en público “¡Moros raus!” [¡árabes fuera!] Si un extremista lo hiciera, se vería inmediatamente abucheado por ti, por mí y por una mayoría de los franceses.

Para empezar, tú citas a Bernard Maris, Catherine, Charb, Fourest… ¿y yo? ¿Y yo qué? Has preferido callar mi nombre, aunque son precisamente mis artículos que destacas como peligrosamente “islamófobos”, es decir, según tú, necesariamente racistas. Francamente, me he preguntado por qué, y sólo veo dos opciones. Una es que te daba vergüenza explicar a los detractores de Charlie Hebdo (que sólo pueden aceptar tu razonamientos si no leen esta revista) que la autora de las sandeces racistas forma parte precisamente de la raza musulmana. Otra sería que simplemente no has considerado mi persona digna de ser citada, porque en una gacetilla de fachas como Charlie, yo sólo puedo ser la criada árabe. A mí me habrían contratado para que les haga de coartada, para que Charlie tenga su cuota de diversidad, pero no se te ocurre pensar que yo me haya podido integrar al equipo simplemente por las mismas razones que tú, unos años antes.

A un Olivier se le contrata necesariamente por sus cualidades profesionales, a una Zineb, en cambio, sólo se le contrata por discriminación positiva. Salvo que me hayas “salvado” porque conmigo no tenías que ajustar ninguna cuenta personal, a diferencia de gran parte de tus antiguos colegas. En ese caso, les pediría a los lectores que busquen los motivos de tu columna en otro lugar, no en el debate de ideas.

Racismo por omisión
Una Zineb que escupe al islam, esto es demasiado para ti ¿verdad? Eso te desconcierta tanto que tú has preferido no citarme para no introducir la duda respecto a la veracidad del proceso de racismo al que nos sometes a los periodistas de Charlie. Si la expresión “escupir al islam” te choca, permíteme que también te responda ahí. ¿Por qué demonios un “blanco” que escupe al cristianismo es un anticlerical, pero una árabe que escupe al islam es una enajenada, una coartada, una árabe de cuota, una incoherencia que más vale ni siquiera citar? ¿Por qué?

¿Crees que la gente de mi raza y yo misma seamos congénitamente herméticas ante las ideas, compartidas universalmente, del ateísmo y el anticlericalismo? ¿O piensas que, a diferencia de otros pueblos, nuestra identidad se estructura únicamente a través de la religión? ¿Qué queda de un árabe si ya no tiene el islam? Según tú, parece, la gente como yo somos una especie de desertores del Corán, de traidores tan profundamente corroídos por el complejo racial que sólo alimentan una pena, la de no ser blancos.

Pero mi interacción con los musulmanes y los árabes no arranca con las marchas antirracistas de los ochenta. Soy lo que se dice del ‘bled‘, nacida en Marruecos de un padre indígena y una madre francesa. Es allí donde me escolaricé y donde empecé a ejercer el oficio de periodista en un semanario que fue cerrado por el régimen en 2010. Mis colegas del ‘bled’ te podrán explicar cómo el Estado policial de Marruecos, que tenía otras cuentas que ajustar con nosotros, organizó en 2006 una falsa manifestación islamista debajo de la redacción del Journal Hebdo, acusado de haber publicado las caricaturas de Charlie.

Te informo también que tu columna en Artículo 11 ha sido republicada por varias webs marroquíes, las mismas webs que jamás se atreverían a meter la nariz en un asunto de corrupción que implique al rey, por ejemplo. No te voy a ocultar que con este texto habrás hecho no sólo las delicias de los islamistas, sino también las de la dictadura marroquí que me ha empujado a mí y a varios de mis compañeros al exilio, pero que continúa hostigándonos, a nosotros, periodistas independientes, como traidores a la nación, como secuaces de potencias extranjeras hostiles a Marruecos o incluso al islam.

Una columna como la tuya vale su peso en oro para los de la secreta del Majzén, que hace unos meses metió un “dossier” dedicado a Charlie en un periódico amarillista de Casablanca. Ahí nos enteramos, por ejemplo, que el ataque contra nuestra redacción con cócteles molotov en noviembre de 2011 era fingido para estafar al seguro, y que Charb conduce un ferrari gracias a la pasta que nos levantamos. No sé si has hablado con él desde que te fuiste de la revista, pero que sepas que aún no ha conseguido sacarse el carné de conducir. En otro artículo marroquí sobre Charlie me he enterado de que a mí me contrataron por haberme acostado con Caroline Fourest y que mis reportajes están financiados por los servicios secretos argelinos, españoles e israelíes. Es evidente: a una mora realmente no se le puede contratar por los mismos motivos que a un Olivier.

Ya sé, compañero, que tú no tienes nada que ver con esa gentuza de periodistas que sirven a la dictadura de Mohammed VI, pero te quería mostrar simplemente a quién le das gusto, si mis artículos sobre el islam le dan gusto, de paso, a algunos miembros del Frente Nacional.

Verás, Olivier, yo, una chica del ‘bled’, nacida en el ‘bled’, a la que le han asignado, sin comerlo ni beberlo, una casilla de religión -y no sólo se la has asignado tú, sino sobre todo un Estado teocrático que no me permite elegir mi fe y que rige mi estatus personal por leyes religiosas- yo me he preguntado siempre por qué unos chicos como tú se tumban delante de la propaganda islamista. A mí, las leyes de mi país no me dan ni la cuarta parte de los derechos que tú has adquirido al nacer, y si a mí me agrediera o violara un barbudo en una calle de Casablanca, como me han prometido hacer en cientos de correos – que la policía marroquí nunca se ha querido tomar en serio – , las web que han publicado tu columna dirían con certeza que me lo he buscado, porque no respeto el islam.

Y tú, aquí, en Francia, en un Estado laico, tú nos machacas sin cesar con todo el peso de ese discurso moralista según el cual se debe “respetar el islam”, tal y como lo reclaman los islamistas que nunca se preguntan si el islam respeta a otras religiones, si respeta, simplemente, a otros. ¿Por qué debería yo respetar el islam? ¿Me respeta él a mí? El día que el islam muestre un poco de estima, por poquita que sea, por las mujeres, primero, y por los librepensadores, luego, te prometo que modificaré mi postura.

¿El FN? Ni idea.
Es para ver ese día que lucho junto a todos los ateos de Marruecos, Túnez, Egipto o Palestina, y no para darle gusto al Frente Nacional, como aseguras en tu columna. Porque, créeme, muchos ateos virulentos del mundo árabe, tan virulentos que pasan temporadas regulares en chirona por blasfemia, nunca han oído hablar de Marine Le Pen, y se lo pasan por el forro si su discurso le gusta a la extrema derecha francesa, porque están ocupados en combatir la suya propia: el islamismo.

Si tú nos lo permites, nosotros, “islamófobos” de raza musulmana, pensamos que para la emancipación de nuestras sociedades será imprescindible liberarse del yugo de la religión de Estado. Como el islam es religión estatal más o menos en todos los países llamados árabes, ahí encontrarás también una fuerte oposición a la teocracia, que se alimenta tanto del concepto universal de la separación de poderes como del escepticismo y el análisis de las fuentes islámicas. Nos permitimos prácticamente todo, como por ejemplo que Mahoma, e incluso Alá, no son irrepresentables. La caricatura, la parodia de los versículos coránicos o los hadithes… basta con darse una vuelta por nuestros foros para ver que Charlie no es un precursor en esta materia.

Hay que entendernos porque, verás, siglos después de morir, Mahoma aún nos impone su ley. Es de alguna forma el jefe de Estado perpetuo de esa ‘umma’ que nos ha privado de la libertad de pensar, o que me prohíbe a mí, por ejemplo, heredar la misma cantidad que mis hermanos o incluso casarme con el hombre que elija. Por qué quieres tú, tú el contestatario, que un hombre con tanto poder se sitúe fuera del alcance de la crítica? Y cuando te hablo de leyes no me estoy refiriendo a unos obsoletos versos del Corán, sino al derecho que se está aplicando en nuestros países, al código civil que rige nuestros matrimonios, divorcios, herencias, tutela de los hijos etcétera.

Sí, es Mahoma, en nombre de Alá, quien decide sobre esto, y no las personas libres, iguales a ti. Por todas estas razones, permíteme decirte que no serán los representantes del culto islámico en Europa, cuya palabrería sobre el “respeto al islam” ratificas y que aprovechan muy bien las delicias de la laicidad, ellos sí, quienes van a fijar los límites de nuestra libertad de expresión.

No te confundas, Olivier: el antirracismo está del lado de Charlie Hebdo, que abre sus páginas a gente como yo, que no se pueden expresar en su país, bajo pena de prisión o de agresión, y no del tuyo, que está de acuerdo en entregar toda la “raza musulmana” a su clero autoproclamado. Charlie es consciente del hervor intelectual e ideológico que anima el mundo musulmán; ha comprendido que allí se está librando una guerra entre la libertad y la dictadura político-islamista, ya date de antes de la primavera árabe o de después, y Charlie ha simplemente elegido su bando: el nuestro, el suyo, el de los anticlericales. Si la blasfemia es un derecho adquirido por los herederos de la civilización cristiana, ¿por qué se lo niegas a los musulmanes? ¿Por que un Estado islámico es aceptable en Túnez o en Egipto pero no en Francia? ¿No es eso racismo?

Juicio por racismo, o el arte de ponerle sordina a la crítica
No tengo intención de atribuirte este análisis, porque aunque se deriva en toda lógica de tu lectura, no iré al punto de decir que tú estarías de acuerdo. He intentado poner de relieve las razones que te han puesto contra este escollo, y las encuentro también en otro atajo que sirve de fundamento a tu razonamiento: “Poco me importan el velo, los tacones altos o incluso las camisetas Carnaïeu made in Bangladesh, si la persona debajo, encima o dentro merece respeto”, dices en tu columna. La honrosa intención filantrópica que muestras desafortunadamente hace una amalgama entre la crítica de las ideas y la de las personas.

¿Hay que recordar que el fundamento de toda retórica sana es que no se haga nunca un argumento ad hominem? Y viceversa: detestar una idea nunca debe llevar a personificarla. Criticar el velo no es lo mismo que humillar a cualquier mujer velada, al igual que criticar el islam no es lo mismo que abuchear a todo musulmán. Las mujeres veladas de mi familia son menos susceptibles en este aspecto. Aunque yo no oculto mi aversión contra el trozo de tela que ellas llevan en la cabeza, ellas han comprendido que esto no reduce en nada el afecto y el respeto que les pueda tener – o no tener – por motivos simplemente humanos.

Al hacer este atajo, tú vuelves a apropiarte, una vez más, de los argumentos de los perros guardianes de la islamofobia. Al no tener a su disposición las leyes canónicas que les sirven como herramienta de poder en los países musulmanes, ellos se agarran a las leyes antirracistas de Francia para acallar a los detractores de sus creencias. Se vuelven locos para hacernos confesar que criticar el velo es lo mismo que negar la dignidad de quienes lo llevan, y que por eso es racismo. Criticar Mahoma es humillar a cada musulmán a título individual, así que es racismo. Esta es su ecuación, y tú, Olivier, has mordido este anzuelo.

Yo no. Porque el espectro del racismo que tú temes, mientras armas las tesis de la extrema derecha islámica y tiras piedras a tus antiguos colegas para librarte de toda sospecha, ese espectro, yo no lo temo. Es tan absurdo suponer que yo sea racista que incluso tú has preferido censurar mi nombre en tu columna, mientras que sí citas a los demás. A mí, como árabe, cuyo nombre has preferido no citar, me parece racista tu texto, porque me obligas a mí, a la árabe, a defender a mis compañeros blancos. ¿Por qué tengo yo más legitimidad que ellos para expresar estas ideas? ¿Por qué tu columna me exige recordarte mi nombre y mi identidad? Te invito a reflexionar sobre esto.

Me niegas el derecho de criticar la religión que he estudiado como materia obligatoria en la escuela, desde la guardería hasta el bachillerato y que todavía hoy me prohíbe alquilar la misma habitación de hotel que mi chico cuando quiero pasar un finde en Marrakech, bajo el pretexto de que no tenemos un acto de fornicación legal firmado por Mahoma. Mientras, mis colegas de Charlie deberán limitarse directamente a cerrar el pico o dibujar abetos de navidad cada vez que les dé por querer criticar la dictadura del islam, bajo el pretexto de que ellos son blancos. Bonita definición de antirracismo.

Si no has leído nada más que Malek Chebel, porque es él el defensor más popular del islam-religión-de-paz-y-amor, te aconsejo vivamente comprarte primero una edición de la Sira [biografía de Mahoma] para hacerte una idea tú mismo de las enseñanzas de Mahoma y ya me dirás si después aún te parece tan asqueroso que una las critique. Si no, date directamente una vuelta por las librerías salafistas que florecen en la región de París, y ya me dirás si piensas todavía que quien alberga odio es Charlie Hebdo.

Por cierto, reconoce que el aumento del número de estas librerías desde hace unos quince años – fecha en la que, según dices, Charlie Hebdo ha empezado, curiosamente, a interesarse por esto – no corresponde en absoluto a una hipotética explosión demográfica de los musulmanes en Francia, sino a una deriva ideológica, financiada por petrodólares, que cobra una minoría radicalizada de estos musulmanes.

Espíritus iluminados, aprended el islam.
En estos libros encontrarás numerosas perlas, como el matrimonio de placer (zawaj al-mut’a). Practicado en tiempos de guerra por los musulmanes, este contrato de matrimonio unilateral -porque lo decide el guerrero victorioso- puede durar una hora, dos horas o algunos días, y se considera que está permitido para que los combatientes de Alá se alivien el dolor de huevos (perdón por el borderío, pero no hay otra manera de expresarlo) durante sus razias. Parece que eso es lo que ha pasado en Siria, con esa inextricable historia de la yihad sexual. En tu columna citas un artículo de Charlie, cuya autora soy yo, que trata este asunto, y que tú calificas de “seudoinvestigación” basada en un abominable rumor islamófobo.

Concedo que ni tú ni yo hemos estado en el lugar para constatar la práctica, dadas las condiciones difíciles de ejercer el periodismo en Siria en este momento. Pero a ti te basta que Mohamed al-Arifi niegue la fetua que se le atribuye y que pide aprovisionar a los yihadistas con mujeres, para que nada de esto tenga ya fundamento. ¿Piensas que el FIS de Argelia o Al Qaeda en todas partes hayan esperado a Arifi para hacer uso de esto? […]

Por cierto, también has hecho referencia a otro artículo mío – siempre sin citarme – del que recoges la entradilla para ilustrar la peligrosa deriva nacionalista de Charlie Hebdo. Para ti, este texto, que habla de un grupo de salafistas belgas, denuncia el peligro de la invasión de nuestro Occidente cristiano por las hordas bárbaras musulmanas. “¿Será que las papas fritas serán pronto todas halal?” me preguntaba yo allí. Te olvidaste simplemente de recordar que el héroe cómico de mi artículo es un belga convertido al islam que se llama Jean-Louis, apodado el sumiso. Es decir, nada de racismo sino integrismo. Cuando se publicó este artículo, este tipo pelirrojo fue detenido y acusado de dirigir una célula de reclutamiento para la yihad en Siria. Debe de ser que no iba yo tan descaminada al interesarme por él.

Verás, Olivier, este Charlie, que no era en absoluto racista cuando tú trabajabas allí, y que se habría convertido de forma inexorable en racista desde que te fuiste, no necesita que tú le des lecciones de antirracismo, y quien te lo dice es una árabe. Yo no he trabajado con [Philippe] Val y no sé si yo habría sido capaz, como tú lo fuiste, de escucharle elogiar Israel, un Estado colonial y racista, en cada reunión de redacción para conservar mi trabajo. Yo tengo mucho más afinidad con la pluma de Charb, una de las más propalestinas de la prensa francesa. Charb, a causa de este linchamiento al que tú contribuyes con tu confusión de ideas, está hoy amenazado por Al Qaeda y vive bajo protección policial. ¿En qué bando está el odio, pues?

Saludos de colega

Zaynab bint Mohammad ibn al-Mâati al-Rhazwi al-Harîzî

10 mayo 2016

Steven Weinberg

Filed under: religión — Mendigo @ 18:39

La religión es un insulto a la dignidad humana. Con o sin religión, siempre habría personas buenas haciendo el bien y gente malvada haciendo daño. Pero para que las personas buenas hagan el mal, hace falta la religión.

Steven Weinberg, Premio Nobel de Física en 1979 por desarrollar una teoría unificadora del electromagnetismo y la fuerza nuclear débil.

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Sólo debo añadir una precisión: la Patria como sucedáneo de la religión, nuevo Dios entronizado en el s.XIX cuando los Dioses convencionales empezaban a provocar más burla que adoración en la irreverente y cáustica Europa.

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En las arenas del creciente fértil, la superstición aún consigue movilizar ejércitos.

Por cierto, hablando de los follacabras. Han sacado recientemente una serie de vídeos amenazando a Israel. No creo que esta gente haya tenido apoyo directo del estado sionista, pero desde luego es el principal beneficiado de su existencia: hoy Siria ha dejado de ser su principal amenaza a ser un montón de escombros. Pero esto no quita que esta panda de descerebrados intente algún ataque efectista desde la zona fronteriza entre el Líbano, Siria y Jordania, donde tiene hoy presencia, o desde el Sinaí, contra posiciones israelíes.

Por supuesto, la posibilidad de que estos piojosos representen una amenaza relevante para el Tzáhal es nula. Con cuatro carros soviéticos de la guerra fría no se pone en jaque a la mayor potencia militar del Mediterráneo Oriental. Ahora bien, una serie de golpes de mano bien pensados, incluso una incursión momentánea en territorio controlado por Israel, serían inmediatamente transmitidos por las televisiones de todo el mundo, y supondría una descomunal operación de propaganda y legitimación del Estado Islámico en el mundo musulmán. Presentarse como defensor de la Umma, y del increíblemente manipulado pueblo palestino, representaría un triunfo comunicativo que reportaría enormes réditos en el plano militar (aflujo de nuevos descerebrados, de Marruecos a Filipinas, pasando por Berlín y Uzbekistán). Es tan buena la idea, que me pregunto cómo es que aún no lo han llevado a cabo.

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