La mirada del mendigo

9 febrero 2016

Sexofobia

Filed under: salud — Mendigo @ 18:15

Un comentario acerca de esta página que he encontrado: No Sexophobia (aunque podría llamarse indistintamente No Hipocrisy y seguiría teniendo el mismo sentido).

La represión sexual tenía su razón de ser (como el belicismo o el patriarcado) en sociedades primitivas en la que el coito estaba ligado a la concepción, la supervivencia de la prole era asegurada por la pertenencia a la familia o el clan, que se hacía más fuerte cuantos más miembros fuera capaz de engendrar.

Pero en sociedades modernas en las que los métodos anticonceptivos son de acceso universal, existe un Estado del Bienestar (sin duda insuficiente en España) que protege al niño y donde las estructuras sociales han cambiado como consecuencia de la conquista de la mujer de derechos políticos de forma sincrónica a su acceso al mercado laboral… en esta sociedad moderna, los antiguos roles y conductas sexuales promovidos como correctos son un atavismo obsoleto.

Las relaciones homosexuales o cualquier conducta no reproductiva, en un mundo superpoblado, no parece que sea una conducta censurable.

Ya no es necesario asociar el placer o apetito sexual con la idea de suciedad. No es necesario consicionar al individuo desde muy niño a generar una respuesta de repulsión ante el sexo o incluso a la misma desnudez, absolutamente antinatural, ya que las relaciones sexuales ya no están necesariamente ligadas a la concepción, no tienen como consecuencia un embarazo.

Y, por fin, para que sobreviva un niño ya no es necesario la protección de un hombre y un clan, pues la sociedad moderna asume este rol en caso de necesidad. Por otra parte, una mujer puede mantenerse a sí misma y a su descendencia sin el concurso de una figura masculina.

Sencillamente, el discurso que asocia sexo con suciedad y pureza con castidad, que ensalza como virtudes (esencialmente femeninas) el pudor, la virginidad, el recato o el decoro, simplemente, es ya tan absurdo e inútil como la necesidad de las casas de postas, para proveer de caballerías de recambio a las diligencias: ahora tenemos gasolineras.

Lamentablemente, hay mentes mediocres que no reparan en que la realidad que sustentaba todo ese discurso castrante (especialmente para la mujer, pues era su infidelidad la que ponía en riesgo el clan) ha cambiado. Tras tantos siglos llamando pecado al erotismo, no son capaces de la represión sexual no era un fin en sí misma, sino sólo un medio para asegurar la supervivencia del clan. Un represión que ahora es tan innecesaria como vestir polainas, cuando las calles están ya adoquinadas, y cuya imposición sólo crea estigmatización, dolor y culpa entre aquellos cuya voluntad y guía ética aún depende de organismos externos (religión, iglesias, costumbres, convención social).

La represión sexual es una innecesaria coerción del libre albedrío del individuo, con serias repercusiones psicológicas y sociales, que debe ser abolida como el trasto viejo y herrumbroso que es.

+
+
+
+
+

Mmmm. Creo que he estado demasiado redicho y relamido, especialmente tratando de sexo, que no debe perder su carácter lúdico y espontáneo.

Venga, un chiste, que me encontré el otro día y me hizo reír a carcajadas (en cuestiones de represión sexual… de la mujer y obsesión por su himen, el paletismo islámico se lleva la palma).

+
+
+
+
+
+
+
+

1 enero 2016

La homeopatía y la fitoterapia

Filed under: salud — Mendigo @ 16:10

Existe una confusión generalizada (y probablemente interesada), incluso entre los profesionales de la salud (médicos, enfermeros y farmacéuticos, colectivos profesionales que tampoco están libres de individuos con aún menos ética que inteligencia) entre dos conceptos totalmente diferentes, cuyo uso promiscuo parece seguir la misma estrategia que las “energías verdes”, las “verduras orgánicas” o los “yogures bio”: una mera estrategia publicitaria para engañar al consumidor, generalmente con baja cultura científica.

No hace falta ser Wittgenstein para llegar al convencimiento de que, para discutir acerca de un tema, hemos de partir de un acuerdo previo sobre el significado de los términos a debatir. Así que vamos a definir, y por lo tanto a deslindar, ambos campos:

La fitoterapia es, según el diccionario, el tratamiento de las enfermedades mediante plantas o sustancias vegetales.

Durante siglos, la protociencia farmacéutica ha ido identificando especies vegetales y asociándolas, con mayor o menor tino, a ciertas propiedades terapéuticas (en ocasiones, en una mezcolanza inextricable con creencias supersticiosas como la patochada del Ayurveda, la medicina tradicional china o cualquier otra práctica chamánica . Puede consistir en algo tan básico como preparar una infusión de Chamaemelum nobile por sus propiedades digestivas (es decir, tomarse una manzanilla para bajar un atracón navideño), mascar la raíz de Glycyrrhiza glabra (regaliz) para neutralizar la acidez del estómago o aplicar un emplasto de Arnica montana (foto) en una lesión (tratamiento ya descrito por la descomunal Hildegard von Bingen).

La medicina no consiste en batas bancas, medicina es todo aquello que cura, y sabemos desde hace siglos que estas y otras muchas sustancias naturales son verdaderamente eficaces, por lo tanto forman legítimamente parte de la farmacopea.

Ahora bien, las plantas son un complicado cóctel de todo tipo de sustancias, y además de aquella que estimamos beneficiosa pueden acompañarla otras que sean más o menos tóxicas (que una sustancia sea producida por un ser vivo no es garantía alguna de inocuidad, una sustancia puede ser completamente natural y mortalmente venenosa). Por eso, en el concurso de los siglos, la ciencia farmacéutica fue evolucionando para aislar la sustancia perseguida, separándola de las indeseadas y, finalmente, creando otras moléculas con propiedades terapéuticas que no eran producidas por la naturaleza.

+
+
+
+

Y ahora, la homeopatía. Prestad atención a la presentación, bolitas blancas entre flores, sugiriendo su origen natural y, por lo tanto, benéfico, en contraposición a las medicinas convencionales, que salen de feas industrias con chimeneas humeantes, asociadas a la anti-naturaleza, a todo aquello que nos enferma.

El diccionario nos dice que homeopatía es el sistema curativo que aplica a las enfermedades, en dosis mínimas, las mismas sustancias que, en mayores cantidades, producirían al hombre sano síntomas iguales o parecidos a los que se trata de combatir.

La homeopatía fue el invento de un médico de finales del siglo XVIII llamado Samuel Hahnemann. Se basa en dos axiomas:

1.- Las moléculas tienen memoria, y por lo tanto “recuerdan” con qué otras han estado en contacto.

2.- Si una sustancia tiene un cierto efecto sobre el organismo, su dilución provocará el efecto contrario, tanto más cuanto mayor sea esta dilución.

Esto es homeopatía, si un medicamento no cumple uno de estos axiomas, no se puede llamar homeopático. Pues bien, estos axiomas no es ya que sean falsos, es que son una botaratada. Sabemos por la Física nuclear que el primer axioma es absurdo, mientras que el segundo se cae por su propio peso: a partir de ciertas diluciones, no existe ni una sola molécula del principio activo, es agua pura (todo lo pura que se puede esperar que sea el agua del grifo, o la que empleen para su fraude).

Un bachillerato decentito suele ser la mejor la mejor vacuna contra las supercherías. ¿Os acordáis del número de Avogadro? Lo curioso es que Amedeo Avogadro vivió antes que el charlatán de Hahneman, su magufada estaba científicamente superada ya en el tiempo que nació.

Si cura, es medicina. Si su efecto terapéutico no es superior al placebo, es fraude. Por mucho que esté de moda, que le revistan de palabrería pseudocientífica para endulzar las orejas de los ignorantes, incluso que sea defendida con fervor e intolerancia religiosa por el heredero al trono de Inglaterra.

La industria farmacéutica no tiene a la ética por uno de sus pilares fundamentales, pero eso no quita responsabilidad a la estafa homeopática, en la cual colaboran farmacéuticos sin escrúpulos que ofrecen escaparate a este engaño, revistiendo un engaño de seriedad al vender en el mismo espacio ciencia y superstición.

Alguien consigue un título de medicina o farmacia por haber demostrado unos conocimientos. De la misma forma, se debería retirar este diploma a aquellos que en el ejercicio de su profesión evidencien que no poseen esos conocimientos. Todo médico que recete o farmacéutico que expenda unas píldoras de glucosa (azúcar, el mismo que se vende en el súper a 0,75€ el paquete de kilo) a 2.000€/kg bajo la forma de grajeas homeopáticas…o sabe que está vendiendo placebo, con lo cual es un truhán; o no sabe lo que es homeopatía, con lo cual es un temerario, pues desconoce la naturaleza de aquello que prescribe; o sabiendo en qué consiste la homeopatía no tiene base científica para comprender su error, por lo que no debería haber aprobado jamás el bachillerato, cuánto menos la carrera de medicina o farmacia.

En cualquiera de los casos, se debería retirar el título a aquellos profesionales que participen en la estafa, además de penas de cárcel para aquellos que se lucren con la credulidad de la gente, consecuencia directa de la pobre cultura científica.

+
+
+
+

Nota: No todo dentro de las pseudociencias es malo o perverso. Por ejemplo, uno de los grandes logros de la naturopatía es habernos librado antes de tiempo del liberticida de Steve Jobs. Las medicinas alternativas al servicio de la selección natural, permitidme la broma macabra darwinista; como el viejo chiste de aquel médico que tiene a sus pacientes en el camposanto.

30 octubre 2014

No me gustan las ONGs

Filed under: salud — Mendigo @ 20:53

No me gustan porque detesto la limosna, puntual de almas conmovidas por la desgracia, pero no que no cambia la raíz de los problemas ni plantea cuestiones incómodas. La limosna es voluntaria, graciosa, magnánima…por eso nunca cambiara nada. La lucha contra las epidemias pasa inexcusablemente por erradicar la miseria, y para ello es perentorio terminar con la injusticia.

No me gustan las ONGs pero creo que hay momentos en los que conviene meterse los principios por el culo porque hay cosas más perentorias que soltar sermones sobre la justicia. Los sistemas sanitarios de los países afectados, ya dramáticamente insuficientes, han saltado por los aires. La organización que más está plantando cara en primera línea de fuego al ébola es Médicos sin Fronteras (aportan el 60% de las camas en la región). Están trabajando bien (y echándole unos cojones tremendos), de hecho mejor que un Estado rico y estúpido como el español, pero sus recursos son limitados y han dado la voz de alarma.

El gobierno español, además de inepto, es cicatero y miserable en su ayuda contra la epidemia. Si digo despreciable me quedo corto, así que quedo a la espera de que se invente otra palabra a tanta bajeza moral. He aquí las prioridades presupuestarias:
509.746 € –> dinero destinado por el Gobierno de España a la emergencia por ébola en África (Cuba fue el primer Estado en reaccionar, mandando 150 médicos, China ha prometido 300 que aún no han llegado).
199.513 € – Coste repatriación de los dos misioneros, según Exteriores (mientras el espeleólogo accidentado en Perú tuvo que ser rescatado por voluntarios, sin que el gobierno pusiera un euro).
201.646 € –> campaña de publicidad del Plan Hidrológico del Ebro
318.900 € –> gasto en publicidad de la Xunta de Galicia para incitar a los gallegos a que procreen más
968.000 € –> presupuesto para una campaña publicitaria de la Comunidad de Madrid para loar su política fiscal
7.527.000.000 € –> Presupuesto de Defensa para 2014 (por el momento)
10.000.000.000 € –> Coste del nuevo programa de armamento (fragatas, blindados, aviones de abastecimiento, submarinos, drones…) cuando aún no se sabe cómo se van a pagar los 30.000 millones del anterior.

Sin olvidar que lo que hay que cambiar es el sistema. Sabiendo que no es ni con mucho la enfermedad más mortífera de África, la malaria, el SIDA, la hepatitis o una simple disentería siegan la vida de centenares de miles de africanos cada año, el ébola sólo se suma periódicamente a esta situación. Todo esto lo sabemos y ninguna ONG va a cambiar las estructuras de poder que permitan dar una solución a la situación de postración en la que vive todo un continente.

Todo esto lo sabemos, pero, con todo, ahora la prioridad es detener una epidemia que está partiendo por la mitad al África centro-occidental (también económica y socialmente). Salvar cuantas vidas sea posible, evitar que la epidemia se expanda y negarle oportunidad al virus para que siga mutando y adaptándose al organismo humano. MsF está pidiendo ayuda y, ya que nuestro gobierno tiene otras prioridades, como ciudadanos creo que deberíamos responder.

Médicos sin Fronteras

+

Ah! se me olvidaba una línea.
30.000 € –> el precio por evitar tener que estrecharle la mano a Wert

(el Greensleeves debe ser la melodía inglesa más veces interpretada y versionada , una especie de paso obligado para todo el que se acerque a la música tradicional de la isla; es curioso ver a Savall navegando en aguas indómitas, lejos de su amado mar intermedio)

9 enero 2013

Sistémico

Filed under: ecología,salud — Mendigo @ 23:25

Sí, es una de las palabras de moda, usada con fruición por aquellos que quieren ir por la vida de listos diciendo tonterías ininteligibles para que parezca que dicen algo. Pero yo no voy a usarla en los contextos habituales, sino en uno muy concreto: sigue la sección del pitufo hortelano.

Cuando haces vida de ciudad, ya sabes que las manzanas se crían en la sección de frutería del súper. No te paras a pensar lo que hay detrás, que tenga buena cara es lo que importa, como decía el vate:

Pero entras en el proceloso mundo de la agricultura, pensando que vas a encontrar el retorno a los orígenes, una forma saludable y natural de entender la vida y…te encuentras en un plis con más armamento químico en tu trastero que el que ocultaba Sadam Hussein y nunca más se vio. La norma entre los paisanos es: tú échale a puñaos de todo, que lo que no mate un producto lo mata el otro. Yo escucho espantado las conversaciones entre gente que es incapaz de comprender un titular de prensa, hablando con desenvoltura de productos químicos extremadamente peligrosos, tanto para el ser humano como para el medio.

El caso es que tengo un problema con una pavieira (tipo autóctono de melocotonero), que presenta abolladura, una infección por hongos. Entonces, voy a la tienda y le cuento la historia, y me larga dos sobres y me cuenta: “le echas esto a la sulfatadora, y a saco”, haciendo ademán del que le da candela. Bueno, no va este humilde agricultor novel a contradecir la voz de la sabiduría, pago los sobrecitos de veneno y me largo. Cuando llego a casa, me pongo a ver lo que me han recetado. En los dos sobres pone que su uso es exclusivo para profesionales. La pinta que tengo yo de agricultor profesional debe ser la hostia, debo dar el pego total.

Se trata de dos productos, un insecticida y un fungicida. ¿Un insecticida? Si la enfermedad viene de los hongos, para qué coño tengo yo que usar un insecticida. Eso, la manía de echarle de todo, esté sano o enfermo, aplicando el Principio de Porsiacaso.

La primera cuestión que me asalta es ¿y la dosis? Nada, en ninguno de los dos sobres pone nada.

La segunda ¿y en qué época debe aplicarse para que sea efectivo? Porque tanto para el insecticida como para el fungicida, sólo es útil si es aplicado en una época en concreto (p.ej, cuando el insecto es una larva, o en la esporada del hongo…).

Buscando por internet por el principio activo, encuentro la solución, tanto para la dosis (atendiendo a la concentración, que hay varias presentaciones comerciales) como para la época (en el caso de la abolladura, infección por el hongo Taphrina deformans), justo cuando empiezan a brotar las hojas, pues es el momento en que son infectadas por éste). Pero yo me pregunto ¿quién de la aldea se habría tomado tantas molestias? Estoy hablando de personas que en su mayoría sólo leen letras mayúsculas a trompicones.

Estas personas se quedarán sin saber los efectos perniciosos sobre la salud de la persona que lo aplica, las medidas de seguridad a adoptar y demás información que debía venir en el paquete de los sobres. Igualmente, no sabrán que ambas sustancias, pero sobre todo el insecticida, es muy peligroso para la fauna acuática, y que hay que guardar una distancia prudencial respecto a cursos de agua.

No, en el pueblo cargarán la sulfatadora con un puturrú de varios sobrecitos de veneno, en las dosis que les salgan de las pelotas (y como son baratos, le echarán de más por si acaso), y los aplicarán cuando les dé por ahí (y aunque les hubiera aconsejado el de la tienda, es otro cabestro que no tiene ni idea, pues ya lo he sondeado y me ha respondido cosas incorrectas o totalmente peregrinas).

¿Espantados por las consecuencias? Esto no es nada, era la introducción. Ahora es cuando os voy a revolver las tripas.

Hablaba que me dieron dos productos, uno de ellos, un insecticida sistémico. ¿Y qué coño significa eso de “sistémico” aplicado a los fitosanitarios? Pues que su modo de funcionamiento se basa en su asimilación por la planta, que incorpora el producto (fungicida, insecticida, herbicida) en sus tejidos. De esta forma, si un escarabajete va a morder una hoja de un árbol que ha sido tratado con un insecticida sistémico, muere envenenado porque los tejidos de la hoja contenían insecticida.

….

…..

Ya, me imagino lo que estáis pensando. ¿Y los frutos? Pues también, también el insecticida se almacena en los frutos (especialmente en la piel), en las raíces (tubérculos como las patatas, zanahorias…) y, desde luego, en las hojas (lechugas, repollos…). Pero no os preocupéis, porque el fabricante afirma que ese producto sólo permanece un tiempo limitado en la planta.

Y luego, desaparece. ¿Desaparece? ¿Sabéis de algo que desaparezca, que se esfume, además del dinero público en el bolsillo del corrupto? No, claro, el veneno en cuestión no desaparece, sino que se degrada. Y ahora tengo que creerme que los residuos de ese veneno son inocuos para el ser humano, que no han quedado restos de insecticida en los tejidos…

Porque entra en juego uno de los datos más importantes del producto: el PS. El periodo de seguridad, que debe mediar entre la aplicación del fitosanitario y el consumo del vegetal en cuestión. Desde unos cuantos días, a unas cuantas semanas.

Y después de hacer un acto de fe en las empresas agroquímicas (menudo historial) tengo que hacer otro en la buena fe del empresario agrícola. Es decir, confío en que este empresario, si ve su plantación de frutales sucumbir a una plaga de minadores (unos gusanitos muy divertidos), resista la tentación y no le eche candidades industriales de insecticida a la balsa de riego para acabar con ellos, porque la recolección queda antes del periodo del seguridad. O que si fumiga, dejará que se pierda la cosecha antes de poner en riesgo la salud pública.

Esto es España y no hay picaresca.

Si los paisanos hacen barbaridades con los que ellos mismos se van a llevar a la boca, qué no harán los agricultores profesionales. Más sabiendo que la posibilidad de que una inspección de las autoridades sanitarias le pille es radicalmente cero, porque no realizan controles aleatorios sobre frutas o verduras para detectar mal uso de fitosanitarios. Y más sabiendo que las consecuencias sobre el ser humano de comer una manzana tratada no son catastróficas. Es sólo un efecto estadístico, un boleto más que compras para desarrollar alguna enfermedad neuronal, cancerígena… Su aparición depende de un proceso acumulativo en el organismo, nadie jamás podrá demostrar que ese cáncer fue debido a esa pera que comiste hace años…y a la otra, y a la otra…

Lo cierto es que, cada vez que nos acercamos a la frutería (y ya no digo a la carnicería), estamos haciendo un verdadero acto de fe en la integridad de muchas personas (agricultor, empresa agroquímica, almacenista), dando por hecho que antepondrán la ética a los intereses económicos.

Los últimos que hicieron el mismo ejercicio de confianza con el director del banco, acabaron comprando participaciones preferentes. Los que insistieron en su credulidad, acciones de Bankia.

¿Qué os parece el asunto de los plaguicidas sistémicos? ¿A que ya no sabe tan bien la naranja que os habéis comido de postre? ¿No le habéis notado un cierto regustillo a insecticida?

Jejejejeje

Soy cruel.

Vamos a ver. Yo procuro alejarme de maximalismos y abrazar razones. El uso de fitosanitarios está muy bien…si se hace de forma controlada. Pero estos venenos, peligrosísimos para el medio y para los consumidores, se usan habitualmente de forma indiscriminada. Es admisible un uso responsable, igual que yo me tomo un antibiótico si tengo una enfermedad bacteriana, pero no me inflo a amoxicilina día sí y día también, no vaya a ser que agarre un resfriado. O una gripe (y esto se hace, al menos se hacía, con el ganado…incluso en la apicultura).

De hecho, los productos sistémicos son una ventaja para el medio, pues matan sólo la plaga que ataca a la planta, y no a todo bicho viviente, como los antiguos insecticidas. Pero habrá que usarlos con medida, sólo en los ejemplares que veamos con alguna fitopatología, y después de identificarla correctamente (no echarle mucho de todo a toda la finca, y algo servirá).

Y, desde luego, hacer mil pruebas antes de permitir el uso de un plaguicida en la agricultura para consumo humano, sobre su plazo de seguridad (que deberían establecer generosamente) y los residuos que genera. Y llevar algún tipo de control para asegurarse que la aplicación respeta ese plazo de seguridad.

Porque realmente, lo que está circulando alegremente por las manos de todos los productores agrícolas, son verdaderas armas químicas. Sin comillas, no es ninguna licencia literaria. Los calendarios de fumigación de las grandes explotaciones parecen diseñados por un general de Verdún o del Sarre.

Sí, he dicho todos, y cometeré pocas injusticias. Los de la agricultura orgánica ¿qué agricultura no lo es? o biológica (lo mismo, vaya lumbrera el que eligió los nombres), a la que vean cómo sus plantas caen una tras otra, salen corriendo a buscar la sulfatadora o la alternativa es arruinarse (aún más). Y aunque no fuera así, serían contaminados con los productos de los vecinos (las cantidades de tóxicos son sólo levemente inferiores a los presentes en los productos de la agricultura tradicional).

En resumen, estamos envenenándonos para conseguir que la puta manzana llegue al súper sin ninguna mácula, sin imperfección producto del picotazo de algún bichito o pájaro. ¿No es conmovedor? ¿No somos acaso unos gilipollas redomados?

Espero no haberos amargado la digestión.

:)

30 noviembre 2012

Experimento comparte

Filed under: salud — Mendigo @ 23:00

Visto en la página de Juan Torres.

+

La cuestión es que algo parecido tenía yo en mente. Más bien al contrario, un crío que se comportase de forma egoísta, y acaparase todos los juguetes o toda la comida, dejando a los demás sin nada, sería reñido por los mayores pues aún nos queda el poso moral de saber percibir y rechazar el egoísmo…en los niños.

En los adultos, es la conducta normalizada, socialmente aceptada, convertida en modelo. Hemos interiorizado el egoísmo y la injusticia hasta convertirla no sólo en tolerable, sino hasta en el modelo a seguir (el éxito social, la acumulación de bienes, su ostentación…).

No recuerdo quien definió el hambre como el genocidio silencioso.

Página siguiente »

El tema Rubric. Blog de WordPress.com.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 333 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: