La mirada del mendigo

29 junio 2016

Aún queda mucho por lo que luchar

Filed under: Activismo,religión,tortura — Mendigo @ 0:27

Istambul, 2013:

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Istambul, 2014:

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Istambul, 2015:

Más fotógrafos que manifestantes, y más antidisturbios que todos los anteriores juntos: así es el Orgullo Gay en el Istambul de hoy.

No sé si se aprecia la tendencia, o son imaginaciones mías.

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Pero no es sólo cuestión del resurgir del islamopalurdismo:

E Istambul o Moskova no son ni mucho menos los peores sitios para ser homosexual. Ni muchísimo menos.

Que está muy bien celebrar el macrofestival que se ha convertido el Orgullo Gay madrileño, pero recordando que en buena parte del mundo, mostrar afecto por una persona de tu mismo sexo es un crimen. O defender peregrinas ideas como el ateísmo o el feminismo. Hay quien muere por ello, así que no lo demos por descontado, ni nos olvidemos de ellos. Su lucha sí que es realmente valiente y meritoria.

Hay que remarcar la inversión ética que sustenta el orden tradicional: el crimen es Ley, la violencia es orden (divino), el afecto es criminal, la autodeterminación del individuo un delito, la reafirmación de libertad individual de conducir su vida con arreglo a las propias convicciones, una agresión al grupo, que se defiende golpeando o matando al que se aparta del rebaño.

El paletismo es totalitario: pretende imponer un determinado patrón de conducta en temas radicalmente íntimos como son las relaciones personales, por ser el comportamiento “tradicional” o acorde a una pútrida religión. La presión sobre el individuo hasta en los más nimios detalles de su vida privada, es mucho mayor en una sociedad tradicional (garrula, palurda, cateta, como le queramos llamar) que en los regímenes más opresivos que todo el mundo asocia con el término de “totalitarismo”.

Claro que hay a quien ese palurdismo le parece pintoresco. Lo que desprecia en el paleto autóctono, le parece exótico en el paleto foráneo. ¡Es su cultura! Toma claro, y la nuestra. ¿O acaso no se corría al maricón del pueblo a pedradas?

 

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23 noviembre 2015

Proporcionalidad

Filed under: tortura — Mendigo @ 20:11

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Una premisa de la justicia es la proporcionalidad de las condenas.

Por lanzar piedras contra policías protegidos por escudos, cascos y demás protecciones, en un contexto de confrontación (los antidisturbios estaban arreando de lo lindo), con resultado de lesiones de poca entidad: 5 años de cárcel.

Por usar una escopeta con balas de goma, armamento que pone en sus manos la sociedad, contra una mujer absolutamente desprotegida, en un contexto de ausencia de violencia, cuando la manifestación ya se disolvía, con resultado de amputación ocular: la fiscal pide dos años de cárcel, veremos si acaba en absolución (o sobreseimiento por no poder identificar al agresor).

Si no se verifica esa premisa, no se puede hablar de justicia. Habrá sentencias, tribunales, togas y procuradores, pero es improcedente, falto de rigor, llamarlo justicia.

11 abril 2015

Infracción grave

Filed under: tortura — Mendigo @ 10:54

Si estas imágenes hubieras sido tomadas en Albacete, y no en Carolina del Sur:

shooting

Ley Mordaza:
El uso no autorizado de imágenes o datos personales o profesionales de autoridades o miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que pueda poner en peligro la seguridad personal o familiar de los agentes –> de 601 a 30.000€

¿Y quién determina si la grabación pone en peligro la seguridad del agente? El mismo agente, que es quien te pone la multa, y ante el cual tendrías que recurrirla. ¿A que es divertida, la ley? Un analfabeto haciendo de juez y parte.

En este caso, desde luego que pone en peligro la seguridad del agente: puede acabar en la silla eléctrica (horroroso crimen legal que en ningún modo repara cualquiera que se pudiera haber cometido, y ni siquiera previene otros, a la vista de los datos de las atrasadas sociedades donde aún se aplica).

patada

Además de golpearte con la porra (¿por qué la llaman defensa si sirve para agredir?), darte patadas, abofetearte, luxarte articulaciones y toda una retahíla de agresiones que enseñan a estos profesionales de la violencia, y todo con total impunidad como ha quedado comprobado hasta la arcada. Además de molerte los huesos, a partir de ahora podrán también, arbitraria y discrecionalmente, golpearte donde a todos nos duele: en el bolsillo, hasta el punto de llevar a una persona a la ruina.

Sólo con que el policía diga que no le has tratado con respeto, te puede caer una multa hasta de 600€. Basta con que el uniformado lo afirme. Para defenderte, deberías aportar pruebas de que miente, pruebas que la misma ley impide recabar. La situación anterior, con la presunción de veracidad, constituía un atentado contra la base del derecho tal y como lo conocemos desde los tiempos de la República (me refiero en esta ocasión a la romana, y ya ha llovido), trasladando la carga probatoria al acusado. Lo cual era una vía a la impunidad y arbitrariedad policial, ya que nadie iba con una cámara de vídeo a cuestas a todas horas, no fuera a ser… En la era de los smarthones, eso empezaba a cambiar, convirtiéndose estos aparatejos en testigos imparciales de una escena, que confrontar con la versión policial. Ahora se da una vuelta de tuerca y, además, se impide que el acusado o cualquier otra persona recabe esta prueba.

De hecho, hay un artículo más genérico:
-La desobediencia o la resistencia a la autoridad o a sus agentes en el ejercicio de sus funciones –> hasta 30.000€.
Sucesión abreviada de hechos:
Dame ese móvil con el que estás grabando –> no quiero, es mío –> multa. Si te resistes, paliza y multa, a la lechera, otra paliza, y denuncia por agresión a los agentes –> cárcel.

El sistema represor descansa sobre la presunción que un colectivo de analfabetos funcionales de extrema derecha, aficionados a las artes marcianas y a las armas de fuego, van a actuar siempre y en todo momento con buena voluntad y honor. Y por supuesto no digo defiendo que la credibilidad sea proporcional al nivel académico logrado, pues el honor no se imparte en las aulas y podemos enunciar mil casos de catedráticos abusando de sus prerrogativas, de su poder, a despecho de su palabra. No se es pues más honrado, no se tiene más palabra por estudiar más, no deben tener mayor credibilidad los más formados respecto a aquello malos estudiantes que no pasaron de la educación obligatoria y acabaron ingresando en la policía. ¡Pero no menos! ¡PERO NO MENOS!

Si todos los ciudadanos actuásemos siempre con honor y buena voluntad, el sistema judicial sería superfluo. Podríamos tirar a la basura leyes y magistrados, porque todo el mundo se comportaría como debe (ideal anarquista, al cual la sociedad tiende según se desarrolla). Suponer que sólo una parte de la sociedad, precisamente la más inclinada al autoritarismo, la vejación, a la agresión (por sus inclinaciones políticas, sus deficiencias intelectuales y sus intereses lúdicos) van a comportarse como querubines y, por lo tanto, no es necesario establecer un contrapeso legal para evitar abusos, ya que el sistema legal entiende que es imposible que estos puedan darse, pues todo pandillero analfabeto al enfundarse un uniforme sufre una transformación substancial que lo convierte en un ser por encima de las miserias humanas, un dechado de honradez y mesura donde antes de la transubstación había un individuo de inteligencia roma y, en el mejor de los casos, mediocre (cuando no ruín y brutal, un acomplejado por ser el tonto de la clase con muchas ganas de reafirmar su atoestima imponiendo su voluntad por medio de la coacción y la violencia a quienes han progresado más en el camino de la vida).

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Dar por supuesta estas milagrosas propiedades del uniforme, supone un ejercicio extremo de virginal ingenuidad…o de ponzoñoso cinismo fascista.

En este sistema represor, el último mono es investido con un poder arbitrario del que ni tan siquiera un magistrado goza. Un pastor preocupado por su rebaño no pone a guardarlo al perro más agresivo y se da la vuelta a la borda, despreocupado. A no ser que las ovejas no sean de las suyas, y no le importa que algunas desaparezcan y otras acaben tullidas.

ojo

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Alternativa:
Para un futuro partido ahora no existente realmente preocupado por los derechos civiles. Partido que, ahora mismo, NO EXISTE (en la entrada anterior, el tema de la enseñanza era sólo un ejemplo).
Abolir el principio de presunción de veracidad policial como la aberración legal y lógica que es, que un ciudadano por llevar un uniforme tenga más credibilidad que cualquier ciudadano, por mucho que en su vida haya demostrado una muy superior capacidad intelectual y valía humana.

Toda acusación debe ser demostrada. Para evitar la ineficiencia que esta medida provocaría en la persecución del delito, se dotará a los policías de medios de grabación de sonido e imágenes insertos en sus uniformes (unos pocos gramos, con la tecnología actual, frente a los kilos de porra, esposas, pistola, chaleco…), que aportar como prueba contra el acusado. Además de, por supuesto, en los vehículos, del exterior e interior del mismo. Todo policía honrado no debería temer por la inclusión de estas medidas, pues las imágenes no dirán nada diferente a su declaración ¿verdad?

Quien agreda, a la cárcel, sea policía a ciudadano o ciudadano a policía. Con mayores penas en el caso del policía ya que precisamente su función debe ser la de prevenir la violencia, y no fomentarla con su chulería, agresividad y malos modos de proxeneta.

Y, por supuesto, sistemas de grabación en todas las dependencias policiales. Tengo curiosidad por ver cómo un detenido ser “autolesiona”

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NOTA: La tecnología ha dejado obsoleta, sin excusas, apaños legales como la democracia representativa (oligarquía electiva, empleando rigurosamente el lenguaje) o la presunción de veracidad de los sicarios del Estado. Policías que, por cierto, jamás tendrán (ni muchos menos se podrán identificar con ella, ser) autoridad ¿cómo va a tener auctoritas un tarugo de pocas letras, un gañán despreciado hasta por quien le da órdenes? Si realmente tuviera auctoritas no tendría que llevar pistola. Tampoco poseen potestas, ya que para ello deberían alcanzar una magistratura. Desde luego, no tienen imperium, facultad de gobierno supremo de la República, especialmente en tiempos de excepción (en que se nombraba un dictator, sobre el cual recaía todo el imperium).

NOTA: Analfabeto, fascista y…director de la Guardia Civil. El retrato se adapta a todo el escalafón.

5 abril 2015

CRUCIFIXIO

Filed under: tortura — Mendigo @ 14:11

crucifixio

As seen on Aperitivos Musicales

30 septiembre 2012

Impunidad

Filed under: tortura — Mendigo @ 23:22

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Lo he dicho cien veces en este espacio, y con esta ciento una.

La impunidad conduce, invariablemente, al abuso, a la injusticia, al atropello de los derechos, al ensañamiento. La impunidad favorece la generalización del delito, su institucionalización hasta que incluso no llega a ser percibido como tal (un banquero ladrón, un político que coloca a sus amigos, un maltratador machista, un empresario que obliga a trabajar 9 horas, un dentista que no da factura, un policía agresor…).

Este país está podrido de corrupción no porque los españoles seamos más propensos genéticamente a la misma, sino porque en la construcción del Estado se dejaron abiertas adrede unas espitas legales por las cuales pudieran los elementos del régimen eludir la ley. En este país existe corrupción, existe tortura, existe fraude y existen abusos PORQUE LA DEFINICIÓN DE LA ESTRUCTURA DEL SISTEMA HACE POSIBLE QUE SE PRODUZCAN. Hay grandes áreas en las que el Estado no cumple efectivamente su labor de garante de la ley. La legislación laboral, sin ir más lejos, es papel mojado, de cumplimiento opcional, pues el Estado no pone los medios para que se cumpla (y los sindicatos tampoco desempeña su labor fiscalizadora). El cumplimiento de la ley queda al albur de la buena voluntad de las personas, lo que no ocurre con el resto de delitos. ¿O acaso se deja la caja fuerte de un banco abierta de par en par, esperando que la gente sea tan buena de no meter un fajito en el bolsillo? Para los delitos contra la propiedad privada sí que el Estado provee de medios para el cumplimiento efectivo de la ley.

La impunidad del agresor implica la indefensión de la víctima.

Y ahora centrándonos en el caso que nos ocupa, que sabéis me mueve a escribir estas líneas. Porque la he padecido, sé lo que supone una denuncia falsa de la policía, que se inventa acusaciones y no se les exige probarlas. Invertir la carga de la prueba y que sea el ciudadano, desvalido ante la apisonadora judicial, el que deba demostrar su inocencia es una perversión del derecho tal y como lo conocemos desde los tiempos de Roma. La presunción de inocencia, la obligación de demostrar las imputaciones es la base, los cimientos del derecho durante siglos. Nadie, en una democracia, una sociedad de iguales, puede gozar de presunción de veracidad, pues eso implica necesariamente la destrucción de la presunción de inocencia. Y entonces, a partir de ahí, ya no hay derecho, no hay justicia, se trata de un Auto de Fe para dar oficialidad al linchamiento de un hereje.

El testimonio del denunciante no puede tener presunción de veracidad, sea quien sea, o aniquilamos el derecho. Sea un noble en su carroza, no puede denunciar sin pruebas al desharrapado que se arrastra por los caminos, o acabamos con el Estado moderno y volvemos al Antiguo Régimen. Ni por cuna, ni por dinero, ni por inteligencia. En un Estado democrático no puede consentirse que un opulento banquero o un sabio erudito puedan sostener una acusación en su mero testimonio, por mucho que sea contra el más pobre de los mendigos o el más zote de los ignorantes. Porque el honor, la palabra, no es algo que se guarde en las cuentas en Suiza o en los libros de metafísica, y es asaz frecuente que sea el pobre y desgraciado el que dé lecciones de rectitud al señorito.

Por lo tanto, no creo en un Estado en el que la palabra del universitario valga por encima de la palabra del analfabeto. No. Pero ¿un Estado en que la palabra de un analfabeto, un mostrenco, brutal, embrutecido valga más que la palabra de alguien que pertenece a la élite universitaria? No, no, eso no es un Estado, eso es un sainete, un sinsentido, una burla carnavalesca.

¿Que el rufián pertenece a la policía? Más aún para desconfiar de su palabra, pues toda persona que se haya querido enterar (luego están los que prefieren tapar los ojos para luego justificar que nada sabían) sabe que la policía, todos los cuerpos, emplean la denuncia falsa como un arma más de la panoplia con que los arma el Estado. Y esa palabra de falso cuño es aceptada como moneda legal por unos jueces que no son sino la tramoya de la farsa, con sus togas, sus puñetas, ridículo decorado para una lóbrega puesta en escena.

No, eso no es administración de Justicia, eso es una sección más de la maquinaria represora sin legitimidad alguna, no democrática pues sus ministros no fueron elegidos por el pueblo, y tampoco tienen autoridad moral ni racional al presumir como cierto un testimonio que cualquier observador objetivo entiende que es parcial (cuando no directamente falso).

Sin pruebas no se condena a nadie. La presunción de inocencia que tienen Camps o Urdangarín, no puede volverse en presunción de culpabilidad cuando se trata de un manifestante sin carnet de partido. La misma presunción de inocencia que reclama todo político corrupto, todo empresario ladrón, la quiero para el último de los ciudadanos.

Hay que aportar pruebas.

Y esto lo estoy escribiendo en el año 2012, en el que hasta los chupetes vienen con webcam incorporada. No existe ningún impedimento en dotar a todos los agentes de policía de material de grabación para apoyar sus denuncias. De esta forma, podremos conocer la conducta del funcionario y las circunstancias del hecho denunciado. Todo policía honrado deberá estar satisfecho con esta medida, pues así podrá demostrar fehacientemente su denuncia, basándola en pruebas, e igualmente estará satisfecho de que exista cámaras en los vehículos y dependencias policiales para disipar cualquier atisbo de duda sobre posibles malos tratos o torturas a los detenidos. Si no piensan torturar, si no tienen ninguna vileza que esconder, no deberá haber ningún impedimento para que quede registrado su comportamiento exquisito para con los detenidos, según la versión oficial del No-Do.

No existe pues imposibilidad tecnológica que justifique en el s.XXI esta aberración legal. Si no se elimina la presunción de veracidad de la policía, si no se restituye la presunción de inocencia de la víctima es por interés del poder en mantener la arbitrariedad y los abusos como arma coactiva en esta especie de guerra sucia de baja intensidad contra los elementos más concienciados, más dignos, de la ciudadanía.

La palabra.

Una acusación basada en la palabra.

En los años que llevo de existencia he conocido a muy pocas personas honorables, con palabra. Ninguna de esas personas era político. Desde luego ninguna era policía.

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