La mirada del mendigo

6 enero 2021

好奇心得到回报

Filed under: Varios — Nadir @ 22:07

Aprovecho la agitación de estos días sobre el ahora sí, ahora no, del deslistado de las telefónicas chinas en la bolsa de New York, para explicar un par de cosillas sobre el modelo chino de telecomunicaciones de las cuales creo que se puede sacar alguna enseñanza interesante.

Veamos: en China operan tres grandes empresas de telecomunicaciones en un mercado altamente competitivo (los chinos son maestros buscando ofertas y planes entre los paquetes de las operadoras, y es relativamente común que tengan dos SIM en su móvil para usar una u otra según las circunstancias).

Concretamente China Mobile, la mayor, es un monstruo. Ni más ni menos que la mayor compañía de telecomunicaciones del mundo por número de abonados, y por si China se le queda pequeña empieza a expandirse por Pakistán y Tailandia.

La particularidad china es que no sólo el regulador chino de las telecomunicaciones tiene mucho poder (el poder político está por encima del económico, no hay cuestión sobre ello, como también es incuestionable que existen vínculos entre ambos). Es que el estado chino tiene una participación mayoritaria en esas empresas, que se suelen definir como públicas pero en rigor son de capital mixto (como comentaba, cotizaban en el NYSE, y lo seguirán haciendo en Hong Kong).

Además de éstas, el Estado ha promocionado la entrada de operadores móviles virtuales (obligando a las tres grandes a rebajar el coste del arrendamiento de sus redes) que, en el mercado chino, sólo suponen el 5% del tráfico.

Esta particularidad, que el accionista mayoritario de las tres telecos sea el estado, tiene unas consecuencias evidentes. La primera es que, al ser el patrón de las tres, espolea la competencia pero sin llegar a hacer sangre. Cuando una de ellas empieza a sufrir, le concede una ayudita para que se reponga y vuelva a la lucha (evitando de esta forma posiciones monopolísticas de ninguna). Por ejemplo, cuando se estaba desarrollando la red de 4G, obligó a China Mobile a tragar con una versión autóctona del 4G, mientras que las otras dos pudieron aprovechar los equipos estandarizados internacionalmente. Y se cree que ahora, para compensar, le han dejado una pequeña ventaja a la hora de desplegar el 5G. .

Pero hay otra particularidad, que es la que más me interesaba compartir con vosotros. Donde hay patrón no manda marinero, y el estado chino, en calidad de propietario (además de regulador), fuerza a las telecos a dar un servicio excelente, aunque sea a costa de su rentabilidad. Para hacerse la idea, en 2018 Deloitte hizo un estudio que cifraba en más de dos millones de torres la red de telefonía móvil china (recientemente racionalizada en China Tower, sociedad participada por las tres compañías y que, al mismo tiempo, son sus clientes). Para ponerlo en relación, USA tiene sólo 200.000. En relación a la superficie, China tenía (ojo al tiempo verbal) 0,2 estaciones por km². USA cubría su territorio con una densidad de 0,015 est/km². Por eso hay comentarios de gente que visita China y se sorprende de tener muy buena cobertura en zonas remotas.

Todo esto tiene su lógica económica. AT&T, por ejemplo, o Verizon, podrían perfectamente poner más torres en EEUU (o Telefónica, Orange o Vodafone aquí, vamos). Pero descartan invertir en zonas en las que tendrían muy poco tráfico y beneficios, que no llegarían a rentabilizar nunca la instalación de esa torre. En China la lógica económica es distinta: el Estado fuerza a las tres a dar cobertura universal de calidad, y aunque con buena parte de esas torres pierdan dinero, lo compensan con el beneficio que reportan las instaladas en centros urbanos. Y no les va mal, de hecho sus cuentas están más saneadas que sus homólogas occidentales, ahogadas por la deuda (que también tiene sentido económico, el apalancamiento financiero permite subir el ROE y, por ende la cotización, pero también el riesgo).

Y finalmente, el estado se asegura de que las empresas ofrezcan ese producto de calidad a buen precio (planes de 5G desde 8€), para permitir la difusión del servicio (Japón está haciendo lo propio), pues lo considera un catalizador del desarrollo económico. Efectivamente, China ya cuenta con 200 millones de suscriptores de 5G, que está ya desplegado en 300 ciudades. En 2019 había 100.000 estaciones de 5G, el año pasado añadió 600.000 más, y este recién estrenado año plantea sumarle un millón más.  A día de hoy, en USA hay unas 50.000 estaciones de 5G.

Semejante despliegue no tiene sentido económico para la compañía, pero sí para la sociedad en su conjunto. El estado, como propietario, promueve el segundo sin descuidar el primero. Y lo cierto es que tiene lógica, por mucho que le rompa los esquemas a los que anteponen ideología a bienestar de la población (un crimen asaz frecuente). Eso sí, hay que hacer las cosas bien, porque en una economía dirigida los errores en la dirección se magnifican. Pero desde hace tiempo me complace ver a profesionales competentes a  los mandos del navío. En pocos años han sabido esquivar una crisis económica y otra sanitaria, las más profundas en varias generaciones, y salir reforzados de ellas, adelantando posiciones en el orden mundial.

Pues nada, la próxima vez que escuchéis hablar de la superioridad de la empresa privada, o la catástrofe que son las empresas públicas, podéis poner como ejemplo a estas tres hermanas. U otro centenar de empresas públicas, no sólo chinas, que son referentes en su sector (por ejemplo, Framatome y Rosatom).

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11 diciembre 2020

Cambio de imagen

Filed under: Varios — Nadir @ 14:51

No sé si os habéis percatado, pero he eliminado los logotipos de la barra de la derecha. Bueno, todos no, he dejado uno porque de ése sí que no quiero prescindir, pues es el eje de este espacio: el ser humano, su libertad (y su vida como máxima expresión de la primera), por encima de cualquier consideración, ideología e invención humana.

¿Por qué lo he hecho? Porque me estaba dando cuenta que servían para definirme y, con ello, ahorraba el trabajo de pensar de quien entraba de nuevas en este espacio. Con la hoz y el martillito (nadie reparaba en la franja negra) especialmente, pero también con la sirena, la bandera palestina, la cruz tachada o el símbolo sonriente del átomo, estaba facilitando mi catalogación apriorística. Y no os lo quiero poner fácil, quiero que penséis. Porque si escribo algo, quien entre verá la hoz y el martillito y concluirá: claro, lo dice porque es comunista (que ni lo soy ni lo dejo de ser). Como no es de los míos, puedo descartar lo que dice y listo. Pues no, te jodes y lees, tomas en consideración lo que yo o el resto de editores hayamos escrito, y luego ya decidirás si estás de acuerdo o no. Pero no te voy a servir en bandeja ningún atajo para ahorrarte pensar.

Lo mismo con la sirena (o mesmo, nin son nin o deixo de ser) o todos los demás. Por ejemplo, si hablo de política energética, en principio un tema tan técnico y aséptico, y tengo ahí colgado el anuncio con el átomo, me pondrán la etiqueta: claro, dice eso porque es pronuclear. Como yo soy antinuclear, no debo prestar oídos a lo que me cuenta. Y es que, cada vez más, el pensamiento está organizado según identidades. Se concibe la posición sobre un tema, incluso tan técnicos como ya digo la energía, como parte de la esencia del individuo, en vez de una circunstancia.

Me decía una chica, es que yo he nacido musulmana. Y no, le respondía, tú has nacido libre, eres musulmana por el proceso de adoctrinamiento infantil al que fuiste sometida. Si hubieras sido adoctrinada en otra religión, creerías en ella con la misma convicción que ahora crees en el islam. Y, aún así, aún disminuida conservas la libertad de cambiar de opinión.

Esta mecánica, considerar las ideas religiosas como parte inherente del individuo, que quedaría desgajado, partido por la mitad en caso de abandonarlas pues forman parte de su esencia como sus vísceras o sus extremidades, se ha ido extendiendo al resto de campos, desde la política a la dieta. Yo soy vegano. No, tú eres un animal omnívoro como todos, ésa es tu esencia. Tú has decidido dejar de comer alimentos de origen animal, pero no forma parte de tu esencia. De hecho, podrías cambiar de opinión y abandonar esa práctica, sin dejar de ser la misma persona (aunque en realidad, como decía Heráclito, πάντα ρεῖ) en su esencia.

En castellano (y resto de lenguas romances ibéricas), tenemos la enorme ventaja de contar con dos verbos diferenciados para las realidades necesarias y contingentes (es mucho más fácil entender a Aristóteles que si sólo tenemos el être o el to be y, de hecho, en castellano antiguo había más verbos estáticos, sedere, ficare… que confluyeron en el estar). Así que, en rigor, no deberíamos decir que somos ateos o creyentes, socialistas, animalistas ni veganos. Todo ello debería emplearse con el verbo estar, igual que no es lo mismo ser feo (y no hay Dios que te lo quite) que estar feo (porque te sienta mal esa camisa), ser malo que estar malo, estar cansado que ser cansino… Las ideas no son parte de nuestra esencia, por mucho que los jefes de la tribu pretendan lo contrario con indisimulado fin de control del rebaño. Somos hombres, tenemos la capacidad y el derecho de cambiar de opinión. Si no ¿de qué sirve la palabra? Como el teatrillo de los parlamentos, en el que uno habla sabiendo que, diga lo que diga, no va a cambiar la opinión de los demás (porque precisamente los han elegido por la seguridad de que no lo harán y obedecerán la línea de partido antes que a su razón y conciencia, de ello depende su estabilidad económica y eso pesa más que cualquier otra consideración). La comunicación de ideas sirve para aprender, para poner a prueba las ideas propias, e incorporar las ajenas para crear un conocimiento superior. Y es superior, en ciencia, cuando describe más fielmente la realidad, siempre multiforme y difícil de aprehender. El dogmatismo, propio de la religión, es contrario al conocimiento científico, esto es, al conocimiento.

Así que, no me defino, esto es, no me limito. No le voy a poner fácil el trabajo a los gandules del pensamiento que van poniendo etiquetitas y sobre ellas operan (incluso tan vagas como mujer o no-blanco, el tribalismo hermanado con el postmodernismo llega ya al esperpento en su afán por reducir la realidad multimórfica a un esquema).

¡Ah, claro! Eso lo dice porque es hombre. O porque es comunista. O porque es ateo. O porque es pronuclear. No, es completamente al contrario. Primero se razona sobre una cuestión. Y como consecuencia de ese proceso llegas a unas conclusiones, que SIEMPRE (si no eres un necio) deberán ser susceptibles de corrección según el proceso de estudio, que sigue siempre abierto, progresa.

En cuanto a lo de hombre, ya me jodería descubrir que mis gónadas tienen alguna influencia en el trabajo de razonar sobre una cuestión. La basura de que “pienso como una mujer” o “me siento mujer” cuando no existe una forma de pensar o sentirse relacionada con el sexo. Con el sexo, porque el género, insisto por enésima vez, es una construcción social de cada sociedad y tiempo en concreto, y cada cual es (más o menos) libre de adaptarse a ello o no. Yo, por ejemplo, no tengo género, hago lo que me place sin pensar si es propio de hombres o mujeres, de hunos o de otros, allá quien se quiera someter a convenciones sociales. Lo que tengo es sexo (como dice el chiste del argentino… des-pro-por-cio-na-do), pero no me condiciona. El feminismo ha tomado de la religión el testigo del determinismo sexual, para vergüenza de tantas mujeres, y hombres, que lucharon por enterrarlo. El postmodernismo se parece demasiado a la premodernidad.

Pues eso, quería explicar el motivo del cambio de apariencia del sitio. Por lo demás, seguirá igual por pura pereza, con que la tipografía sea cómoda el resto me suda bien los cojones.

A rañala…

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30 noviembre 2020

Mortalidad y vitamina D

Filed under: Varios — Nadir @ 23:18

Se está acumulando evidencia de la relación entre mortalidad por el coronavirus y déficit de vitamina D. Pero no sabemos la dirección de la causalidad.

Pudiera ser que el virus no se ensañara con los viejos y obesos, sino con las personas que tienen déficit de vitamina D: viejos y obesos. En el caso de éstos, la vitamina D, liposoluble, se dispersa en el exceso de tejido adiposo y no está disponible en el torrente sanguíneo. En los viejos, decae la producción de vitamina D en la piel y los riñones.

Pero también pudiera ser que lo que recogen las estadísticas es una mayor mortalidad según la edad, y una característica de los ancianos es tener bajos niveles de vitamina D (como tener la piel arrugada o canas, y si graficáramos canas y mortalidad por COVID también encontraríamos una fuerte correlación, y eso no querría decir que tener el pelo blanco provoca…).

Bueno, hasta aquí la introducción. Lo que quería mostraros es un gráfico:

Si la primera hipótesis es cierta y sí que hay relación entre concentración de vitamina D y severidad con que cursa la COVID-19, tenemos un problema a las puertas.

Y como muchos ya han advertido, sería una explicación de por qué la ola de otoño tuvo una mortalidad muy inferior a la de primavera.

Os cuento algunas cosas más de la vitamina D que he ido indagando. Generalmente, obtenemos el 10% de la alimentación (pescado azul, sobre todo) y el 90% del Sol. Concretamente, es la radiación UVB la que produce la vitamina D, y en nuestra latitud los niveles de UVB en invierno no son suficientes para producir vitamina D (y ojito en otras estaciones porque los UVB son cancerígenos, la buena noticia es que basta con cuarto de hora de exposición sin fotoprotector).

En cuanto a los alimentos “enriquecidos con vitamina D”, se suelen referir a la D2 (ergocalciferol), de origen vegetal y mucho más barata de producir que la D3 (colecalciferol, de origen animal). Pues bien, esta última es mucho más capaz de convertirse en calcitriol, que es la forma activa de la vitamina D, además de ser más estable (no se degrada tan rápidamente).

De confirmarse esta relación, bastaría con una campaña de suplementación con vitamina D3, muy barata, para reducir la peligrosidad del virus, especialmente en viejos. Hay médicos que ya lo han propuesto.

Aunque me parece que adivino cuál va a ser el futuro inmediato. En Diciembre abrimos para salvar la Navidad (hasta ese punto llega el infantilismo del discurso político), el 24 cenamos con los abuelos y a principios de Febrero los enterramos.

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23 septiembre 2020

Un chiste

Filed under: Varios — Nadir @ 20:14

Os voy a contar un chiste: Érase un ministro de sanidad de un país europeo que dimite a consecuencia del mal desempeño en la lucha contra la epidemia. Se trata de Adam Vojtěch, de la República Checa. Hasta entonces, habían muerto 504 checos entre las dos olas y presentaba una tasa de incidencia el día de su renuncia de 194 (sobre 100k hab. en 14 días).

¿Cuál es el chiste? El chiste es España.

Estoy harto de viajar por Europa y avergonzarme de la puta E de la matrícula. El sonrojo esta vez es aún peor que cuando abrían los noticiarios de toda europa las imágenes de policias españoles requisando urnas y golpeando a ciudadanos que querían votar el futuro de su país (precisamente estaba en Bohemia esos días).

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13 julio 2020

Bruma

Filed under: Varios — Nadir @ 2:05

Muchas veces me quejo de no tener tiempo para leer literatura ni de, a su vez, disfrutar escribiendo. De chavalín era un ávido lector, y disfrutaba escribiendo y dibujando. Creo que he perdido toda habilidad con los lápices, pero al menos quisiera mantener la capacidad de transmitir ideas con la palabra. Por ello, en un ratito libre que me he concedido, he escrito un relato corto que ahora os presento. Espero que os agrade aunque también espero escuchar vuestras críticas, ya sean constructivas o despiadadas. Las primeras son más provechosas, las segundas más divertidas.

🙂

 

 

A pesar de que acababa de conocerlo, como quien dice, teníamos una soltura de trato como si fuésemos amigos de la niñez. Estábamos charlando en su casa de todo y nada, y entretanto iba pasando revista a varios detalles de la estancia. Era una pequeña sala de una casa de aldea que había mantenido su sabor añejo aún tras algunos brochazos modernizadores. Mientras mi compadre charlaba animado, mi vista se posó en el marco verde de madera de la ventana, y cómo una luz mansa entraba, creando un encantador juego de luces y sombras por las esquinas. Me fijé en una pequeña telaraña en una de ellas, por supuesto callé por cortesía, y porque realmente me parecía mucho más hermosa y apropiada que un cuadrito incrustado en la pared con una simetría exasperante. Aquel cuadrito estaba claramente de más, pero permitía que valorases más la sencilla armonía del conjunto, por comparación.

Mi atención se posó de nuevo en aquel hombre, aún con una madurez juvenil, de aspecto jovial y algo atolondrado. Si bien tenía una cabellera frondosa, me hacían gracia los pelos dispersos de su barba cobriza. Un agradable conjunto de una cabeza potente con una sonrisa perenne y franca. Oímos el ronroneo de un motor en el patio, y al poco entró el hermano menor, de pelo casi negro y mirada huidiza. Tras las presentaciones de rigor, escapó presuroso por otra puerta. La puerta, de un azul saturado, marco de la ventana verde, curiosa combinación, me dije. Pero seguía sin parecerme desagradable el conjunto, antes bien, me embargaba una agradable sensación de calidez y recogimiento, ese abrazo acogedor que las viviendas de hoy, más oficinas que hogares, han perdido en pos del diseño.

Cuando estaba musitando para mis adentros lo muy diferentes que eran esos hermanos, entró el hermano mayor cargado con bolsas del supermercado, seguido al momento por la madre, que cerró la puerta. Al mismo tiempo, el más joven volvía a entrar para preguntarle nosequé a la madre. El mayor sí que era, innegablemente, hermano de mi amigo. Era una versión más rotunda, con facciones más cuadradas, de la cara aún juvenil de aquél. Una perfecta verificación del arquetipo de gigante bonachón. Con desinterés impostado, fui prestando atención a la madre. Era una mujer más joven de lo que me esperaba, pequeña en comparación al tamaño de sus retoños, con el pelo oscuro y prieto adornado de alguna cana prematura, más bien corto, y bastante descuidado. Como animalito perpetuamente atareado, buscaba algo en su monedero, luego abría un cajón, daba una indicación a uno de los hijos, salía para volver a entrar. Tras la ceremonia de las presentaciones, no me había dedicado más atención, lo cual aprovechaba para observarla a mis anchas. Como la casa, era una mujer perfectamente anodina y arrebatadoramente entrañable y cálida.

Nos sentamos en la mesa con unas tazas delante. No me preguntéis el contenido, pero me figuro que sería el canónico café con leche; mi atención estaba en la agradable compañía de la que disfrutaba. Primero con los dos hermanos mayores, el pequeño estaba interesado en otras cosas y, luego, por fin, se nos unió la madre. Ver sentarse y reposar a la hormiguita afanosa hizo que exhalase mentalmente de alivio. Conversando con ella, aún repartiendo políticamente mi atención con los dos hermanos, me di cuenta de que era una mujer una belleza natural que el aspecto descuidado de quien no está para preocuparse por esas cosas sólo acentuaba. En un curioso contraste con sus ademanes, su voz era pausada y soñadora. Era como si me arrullase con sus ojos castaños, cuando ella los posaba en mí al dirigirme la palabra.

En esto, la estancia se iba difuminando; los vivos colores, el relieve tan marcado de las tablas del suelo, de la decoración del mueble del aparador o la pata de la mesita, al ser iluminados por la luz tan enfocada que entraba por la ventana, había ido desdibujándose en un blanco lechoso, en el cual sólo los rostros de estas tres personas, que ya me eran tan queridas, conservaban la nitidez. Se había levantado en mis ojos una cortina de bruma, como el imperceptible avance de las mareas, y fue sólo en ese momento que me percaté de mi ceguera. Empecé a cavilar y me sumí en el silencio, con creciente preocupación. Mis amigos continuaban la conversación, animados, hasta que repararon en mi estado de ánimo, e inquirieron el motivo de mi repentino cambio de humor.

Es un sueño, dije más para mí mismo. Sus caras de incomprensión me obligaron a añadir algunas palabras más. Todo esto no es más que un sueño, estoy soñando. Tras unos segundos de silencio, por primera vez el primer joven perdió su sonrisa y dijo con tono adusto: ¿Quieres acaso decir que nosotros somos sólo marionetas que se ha imaginado tu mente dormida? ¿Es eso lo que somos? Esas pocas palabras, que empezaron con un tono ofendido, acabaron con la sombría aceptación de la verdad. Compadecido y avergonzado, traté de explicar la inverosimilitud de la situación, añadiendo con innecesaria malicia el hecho de que su madre aparentase la misma edad, si no más joven, que ellos. Mis sueños suelen ser así, situaciones anodinas, cotidianas, expresaba más a modo de disculpa que de explicación.

Entonces el mayor, con la severidad en el rostro de un anciano, pronunció, ya sin el fingimiento de tener que mover los labios: Pero si estás pensando todo esto…

Sí, contesté, efectivamente, si estoy razonando todas esas cosas quiere decir que me estoy despertando. Y mis compañeros eran partícipes, pues todos éramos dedos de una misma mano, de la tristeza sincera que me producía separarme de ellos. Según la poderosa voluntad emergía de los pliegues del sueño, el entorno se iba haciendo más vago y difuso. Sus caras, ahora sombrías, transmitían el pensamiento común: en breves momentos su existencia sería barrida, como mucho menos que polvo que el viento levanta, para no quedar de sus risas, de su ánimo, de su candor, ni el recuerdo. Me esforzaba por retener sus rostros, la prueba de su existencia, hasta que sólo pude conservar esos tristes ojos de la madre, abrumados por la nada que se abría bajo sus pies, y turbados por una lágrima que acaso fuese de afecto.

No había nada que hacer, estaba ya despierto. Pero sin abrir los ojos, quise transmitir un postrer mensaje a mis compañeros, con la esperanza de que llegase al vacío en el cual se habían diluido. Yo no soy más que el pensamiento que de mí mismo tengo. No es mi existencia menos sutil que la vuestra; al cabo todos navegamos por el universo creado por nuestra mente y, apagada ésta, nuestra esencia, nuestra conciencia, miedos, anhelos… todo se desvanece como la bruma de una mañana de Abril.

Otras mañanas vendrán, y también se engañarán creyendo que, ellas sí, son algo más real, más permanente, que el rocío que las adorna.

 

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