La mirada del mendigo

13 marzo 2017

Sobre la propiedad

Filed under: economía — Mendigo @ 7:13

En la anterior entrada, no quise extenderme en la necesidad de los elementos añadidos a la célebre afirmación de Proudhon. Realmente, el mal no está en el concepto de propiedad en sí, que yo creo que incluso psicológicamente es necesario, ofrece un asidero en el que engancharse al mundo.

No debemos caer en la simpleza de considerar que toda propiedad es ilegítima. Es estupendo que un trabajador posea privativamente el fruto de su esfuerzo, lo que es un robo es que se apropie del esfuerzo ajeno. Si no, caemos en la caricatura que la derecha nos hace, de que comunismo es compartir hasta los calzoncillos. Esas concepciones de comunismo pre-marxista fueron superadas hace siglos y no tuvieron ningún recorrido. Por lo tanto es legítimo y, de hecho, magnífico poseer bienes (mientras sean para su disfrute y no por el mero impulso de acaparar, en el que es el hombre quien acaba siendo poseído por su codicia). Un buen coche, una cómoda vivienda… fantástico. La productividad de la economía moderna lo permite.

De hecho, yo entiendo el socialismo precisamente como el sistema que mejor defiende la propiedad privada de las masas trabajadoras. Pero para que el trabajador pueda tener ese buen coche, esa vivienda llena de artilugios electrónicos y cosas bonitas, para esa buena vida a la que todo ciudadano aspira… hay que prohibir la propiedad de los medios de producción (dicho de otra forma, hay que impedir que a ese trabajador le sisen en su salario).

¿Qué son los medios de producción? Todo aquello (no necesariamente material) que un trabajador necesita, además de su esfuerzo, para generar riqueza. La tierra, como la forma más básica de capital, los edificios, máquinas y herramientas.

¿Es ilegítima cualquier apropiación de los medios de producción? No. Sólo en el caso en que poseas los medios de producción ajenos, porque eso te lleva a exigir participación en los frutos del trabajo ajeno, lo que efectivamente es un robo. Que una persona se quede con los frutos de su trabajo es perfectamente justo.

¿Entonces, sólo es legítima la propiedad privada de los medios de producción propios? No, de ninguna manera. Pero además, no sería conveniente porque eso nos llevaría a una economía de empresas unipersonales absolutamente incompatible con las necesidades productivas modernas (y tomo como “moderno” todo lo que viene tras la Edad Media, aunque realmente debería retrotraerme a la prehistoria e incluso a épocas anteriores a nuestra aparición como especie, pues ya nuestros primos homínidos usaban la colaboración para cazar piezas grandes).

Efectivamente, existen otras formas de propiedad más allá de la propiedad privativa: la propiedad colectiva, en la que un grupo de trabajadores posee de forma indistinta la empresa en la que trabajan (es decir, no es que cada uno posea justo su banco de trabajo, sino una parte alícuota en la empresa). Y la propiedad pública, en la que es toda la sociedad la titular de aquellas empresas que, por sus necesidades masivas de capital (pensemos en sectores como la energía, el transporte o las telecomunicaciones) no puedan ser desarrolladas por las anteriores.

Fijaos pues cuantísimo hemos limitado la afirmación de Proudhon. De:

LA PROPIEDAD ES UN ROBO

Hemos llegado a:

LA PROPIEDAD PRIVADA DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN AJENOS ES UN ROBO

El resto de formas de propiedad son perfectamente legítimas, e incluso muy convenientes. Y, de hecho, es el capitalismo el que las amenaza (toda una vida de albañil levantando casas, y no te puedes puedes pagar ni siquiera un pisito en una de las que has fabricado).

Como comentaba un amigo de esta página, en expresión muy acertada: no hay problema en que a un ciudadano se le permita acumular riqueza sumando (es decir, con el fruto de su trabajo), la amenaza viene cuando acumula riqueza multiplicando (esto es, con el fruto del trabajo ajeno, de sus empleados).

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Doy ahora un quiebro en la dirección del discurso para comentar una paradoja que observo. Vamos a crear una escena.

Podemos imaginarnos a un humilde zapatero remendón trabajando en su taller del barrio de Lavapiés en algún momento del siglo XIX. Por el fruto de su trabajo, componiendo los zapatos de sus vecinos, tiene unos ingresos medios de 10 reales al mes.

Llega entonces un matachín, un rufián diestro en el oficio de las armas y le amenaza diciéndole: “no te preocupes, puedes seguir trabajando aquí, pero tendrás que darme a cambio la décima parte de lo que ganes”. Es decir, una evidente extorsión mafiosa. Ante este episodio, antes y ahora, ha existido una condena social generalizada.

Sin embargo, troquemos el personaje del hampón por un hombre de leyes, el cual aparece en el puesto del zapatero diciéndole: “por esto y por lo otro, ahora esta zapatería me pertenece. Pero no te preocupes, podrás seguir trabajando aquí, y te pagaré por ello nueve reales.”

De forma a mi entender alucinante, este último caso, lejos de la reprobación unánime, recibe la comprensión, aceptación e incluso simpatía social por la generosidad del leguleyo que, en su altruismo, aún le permite conservar su puesto de trabajo (como si al nuevo propietario le sirviera de algo la propiedad de una zapatería, sin un zapatero que en ella trabaje). “No ha salido tan mal el zapatero, que aún gana nueve reales”, dirán las gentes.

De todas formas ¿qué otra cosa podía hacer el zapatero sino aceptar? Sin sus herramientas, sin su local de trabajo con el que se relacionaba con sus clientes y donde iban a buscarle; sólo con las manos desnudas, por muy hábil que fuera, no es capaz de arreglar ningún zapato. La propiedad de los medios de producción.

Y ya, según pasen los años, y el hijo del zapatero siga trabajando en la misma zapatería para el hijo del burgués, la condición de uno y otro habrá quedado rubricada y sellada por el tiempo y la costumbre, y hasta el mismo hijo del zapatero lo verá como algo natural y justo entregar el 10% de sus beneficios al hampón. ¡Ay! No, que ese era el otro cuento.

Y aquí viene otra máxima con mucha solera en este espacio:

TODO RICO ES LADRÓN, O HIJO DE LADRÓN
San Ambrosio de Milán, Padre de la Iglesia (340-397)

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Todo esto está muy bien, pero si hemos de ser honestos, no es todo el cuadro. Vamos a hacer evolucionar nuestra fábula del zapatero remendón de un modo que pudiera representar parte de la realidad y, de este modo, hacer una crítica a lo que recién acabo de escribir.

Nos hemos quedado en nuestro zapatero, que por la fuerza de la ley (escrita por alguien que no es de su clase, e impuesta igualmente por la fuerza de las armas de los que son de la misma clase que el hampón) ha sido desahuciado y recolocado en su propia zapatería como empleado. Pues resulta que su empleador, por las causas que sean, tiene buen olfato para los negocios, contactos en la gobernación o el palacio o simplemente capital para hacer inversiones, amplía el antiguo taller. Contrata más empleados, entre ellos a un buen capataz que reorganiza los procesos para hacerlos más eficientes, ya no sólo reparan sino que producen calzado… en suma, que la empresa prospera. Esto le da, obviamente, muchos más beneficios al burgués que, para tenerlos contentos, se puede permitir subir el salario de sus empleados a 12 reales al mes.

¿Qué se dirá el zapatero? Pues no he hecho tan mal negocio, antes ganaba 10 trabajando para mí mismo, y ahora gano 12 y me puedo despreocupar de la marcha del negocio.

Ésta es una de las posibles salidas de la fábula, realmente. Porque en un ejercicio de honestidad intelectual, hay que reconocer que el capitalismo tiene una enorme capacidad de conseguir incrementos en la productividad, espoleando la innovación y el progreso. Vivimos en él, la gran mayoría ni siquiera concibe que pueda existir otro sistema alternativo, es el gran triunfador así que algunas virtudes debe tener. Y, sin duda, las tiene (y hay que ser muy necio, muy charlatán o muy hipócrita para no reconocerlo).

¿Invalida este final que le he dado al cuento todo lo anteriormente dicho? ¡NO! O, al menos, yo creo que no. Sigo considerando ilegítimas las rentas del capital, porque son una forma de apropiación del trabajo ajeno. Un robo. Incluso en el caso de que ser víctima de dicho robo pueda ser conveniente.

¿Conveniente respecto a qué? Ahí está la cuestión. Hay que crear un modelo socioeconómico que, preservando el carácter dinámico del capitalismo, sea éticamente admisible. Y, como una revolución universal sincrónica es una hipótesis peregrina, es necesario porque en un plazo de tiempo seguramente muy dilatado, tendrá que competir e imponerse sobre él. Y sólo vencerá si es capaz de satisfacer las necesidades de la población de una forma más eficiente y completa que el capitalismo. Porque para repartir miseria, virgencita, virgencita, que me quede como estoy. Y tiene toda la razón.

Bien. Nadie, NADIE hasta ahora ha dado solución a este problema. No hay ninguna solución alternativa al capitalismo, y por eso reina. La mejor aproximación hasta ahora fue la Unión Soviética, que si bien pudo competir e incluso vencer (a pesar de la propaganda que recibíamos a este lado del telón de acero) en la satisfacción de las necesidades personales, presentaba unas disfuncionalidades en el plano ético aún mayores que en el otro bando (autoritarismo, la gran pulsión del s.XX).

Podemos también tomar lección del modelo chino, con su capitalismo de Estado. Sin duda un modelo de éxito, que ha sacado a cientos de millones de ciudadanos de la miseria, que vino tras experimentar el más estrepitoso de los fracasos con sus veleidades doctrinarias que sonaban muy bien sobre el papel (muy progre y bucólico-pastoril), pero en su realización práctica llevaron a la muerte a millones de personas de pura miseria (igual destino que depararían las tonterías progres, decrecentistas y neorurales que me toca leer en los comentarios cada semanita). Sin embargo, este sistema comparte el mismo pecado original tanto del capitalismo (la apropiación del trabajo ajeno por una minoría burguesa) como del socialismo leninista, luego desarrollado por Mao Zedong (falta de libertades políticas y sociales). En este punto, aunque sería estúpido olvidar que también aquí se reprimen esos derechos, también lo sería dejar de reconocer que los disfrutamos en mayor grado que en otros modelos creados a partir del principio autoritario (la base de toda opresión y explotación, y llegados a este punto me sale la cresta).

Ya no sé cuántas veces lo he dicho.

En el tablero político se traza una línea, que separa los que consideran legítimas las rentas capital (el trabajo asalariado para un patrón que no sea el Estado, la propiedad privada de los medios de producción ajenos… tiene muchas formulaciones) y los que no. Y me suda la polla que seas vegano, antitaurino, fotovoltaico, compres jerseys de cáñamo en una tienda de comercio justo y conserves los vinilos de Joan Baez de tus padres; si no existe condena de la propiedad privada de los medios de producción, estás al Este de la línea. No hay ninguna diferencia, en esencia, con el mundo que proponen los Raxoi, Ribera o Gusanita.

Es que, de hecho, en mi empeño en crear un sistema socialista libertario que sea ferozmente eficiente y competitivo (o no será), los primeros obstáculos me los encuentro en el bando progre y su concepción pueril de lo que son los sistemas económicos y productivos de una sociedad tecnológicamente avanzada. Además de, por supuesto, los intereses creados que oponen una fenomenal resistencia al cambio (evidentemente las élites burguesas y los advenedizos, también llamados clases medias que ansían integrarse en sus círculos, además de los dos millones de funcionarios con contrato blindado a prueba de incompetencias supinas).

Pues bien, no es decente que la izquierda revolucionaria (si es que, a estas alturas, queda alguien a este lado de la línea roja), pida que la gente abandone un sistema socioeconómico que conoce y más o menos funciona, para dar un salto al vacío, y ya veremos. Esto es tratar a la gente de imbécil, y aunque lo parezca no lo es tanto e intuyen que tras lo que le propones sólo hay un abismo.

Si queremos ser honestos, tenemos que proponer a la gente algo concreto, a ser posible en versión estable o, al menos, en versión beta. Un sistema que provea sus necesidades actuales de bienestar y libertad mejor que el actual, porque nadie se quiere deshacer de su coche viejo para comprarse otro peor. Lo digo de otra forma: es perfectamente lógico y razonable el rechazo que la población da a las opciones políticas de izquierda revolucionaria, rupturista, o simplemente izquierda (insisto, un progre tiene de izquierdas lo que un murciélago de ave o un cetáceo de pez). Esamos vendiendo un coche escangallado o, directamente, humo. Nos dan la espalda, nos mandan a la mierda, Y TIENEN TODA LA RAZÓN EN HACERLO.

Y repito el mismo paralelismo: a principios de los 90, un paliducho Linus Torvalds dejó un mensaje recabando apoyo de programadores para crear lo que daría en ser el Kernel de GNU/Linux. El fruto de esa colaboración es el núcleo del sistema que ahora mismo estoy usando para escribir este rollo (pero se puede usar para cosas mucho más interesantes, desde ver porno, jugar a videojuegos o correr una de las más potentes suites de CAD/CAM).

Crear un nuevo sistema socioeconómico más justo y eficiente no es tarea sencilla, pero no mucho más complejo que crear un nuevo sistema operativo. Luego, pasaríamos a probarlo en fase alfa con pequeñas comunidades, y sólo entonces podríamos tener la legitimidad de pedirle a la sociedad que nos apoyase para cambiar el rumbo. Sin mapas, sin brújula, sin sextante, a la aventura, con programas llenos de ocurrencias progres inconexas, deslabazadas (un sistema operativo es un conjunto de órdenes sistematizado que trabaja armoniosamente como un conjunto) es perfectamente comprensible que la gente prefiera lo malo conocido.

Honestamente, antes que algunas tonterías que he tenido que escuchar (por ejemplo, cuando estuve participando en el Círculo de Economía de Podemos), hasta yo prefiero que gobierne la Marioneta. Su capacidad de causar daño a la población es más limitada (la maldad es finita, la estupidez no tiene por qué… aunque en este caso el registrador va bien servido de ambas).

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11 marzo 2017

La 4ª Revolución Industrial

Filed under: economía — Mendigo @ 22:00

Yo no sé por qué, pero a veces se ponen de moda ciertos temas de conversación sin que haya ocurrido nada especialmente relevante que los suba a la palestra. Últimamente, el tema de moda versa sobre las consecuencias de la entrada masiva de los nuevos avances tecnológicos en la economía. Normalmente pensamos en la robotización y automatización de procesos, pero justo detrás viene algo mucho más grande: la inteligencia artificial (programas de cálculo estadístico y toma de decisiones que ya están operando en el sector de los seguros y las finanzas).

He leído decenas de artículos, las últimas semanas, analizando especialmente el efecto que tendrán sobre el empleo. Si destruirán puestos de trabajo, sostienen los neoluditas, o si simplemente crearán otros nuevos en sectores que antes no existían… Bueno, no voy a entrar en más detalle, que para eso ya está cada autor defendiendo sus hipótesis. A mí lo que realmente me sorprende es que nadie se atreva a comentar lo obvio, para no caer en anatema (¡comunista!). Bueno, como en este espacio la blasfemia es una seña de identidad, vamos a fijar nuestra posición (cómo mola usar el plural mayestático) sobre la cuestión:

La gran pregunta que todo el mundo evita proponer referente a la automatización de la producción es, y siempre lo ha sido:

¿QUIÉN ES EL PROPIETARIO DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN?

Si el capital (en este caso, los robots) pertenece a los trabajadores (propiedad colectiva) o al Estado (propiedad pública), la mejora de la productividad redundará en mejores condiciones laborales de éstos (mejores sueldos, jornadas laborales menos extensas; eliminación de los trabajos más nocivos, peligrosos, pesados o rutinarios…).

Si esta nueva maquinaria es de propiedad privada (de los accionistas de la empresa), trabajarán evidentemente para sus dueños, ofreciéndoles mayores beneficios gracias, fundamentalmente, a la reducción de los costes laborales (tanto de white como de blue collar, y ni siquiera ésto es una novedad)

That’s the question. The main question, the relevant question, the only question.

Evidentemente, todo progreso científico y tecnológico que permita descargar al ser humano de las fatigas del trabajo debería ser bien recibido. La contradicción, y siempre ha estado ahí, aún antes de que la máquina de vapor llegara a las minas de carbón y a los telares de Inglaterra, es la condición impuesta por la clase dominante al resto de la población de ser útil en su proceso de acumulación de riqueza para compartir parte de esa riqueza que les permita la subsistencia, según el esquema de salario a cambio de trabajo. Y me estoy retrotrayendo a un momento en el tiempo muy anterior al inicio del capitalismo, en el que las clases más poderosas en cada sociedad se apropiaron de los medios de producción (en especial, el más básico de todos, la tierra).

La verdadera alternativa a este esquema, yo poseo los medios que tú necesitas para generar riqueza y, por lo tanto, si quieres sobrevivir tienes que trabajar para mí, la enunció el barbudo Carlitos a finales del s.XIX aunque, realmente, había sido la práctica común de los grupos humanos la mayor parte de la historia:

DE CADA CUAL SEGÚN SUS CAPACIDADES, A CADA CUAL SEGÚN SUS NECESIDADES.

Que sea una parcela de tierra, sea el alto horno de una siderúrgica o los robots de soldadura de una moderna planta de automóviles no cambian ni un ápice la cuestión central: el producto que gracias a ellas se obtiene es retenido por el propietario. En un sistema en el que el trabajador es sólo un factor de producción, una herramienta más, y como tal sustituible, los progresos técnicos en la producción entrarán en directa competencia con su oferta de trabajo. Sólo si el trabajador posee los medios de producción, podrá ponerlos a trabajar en su provecho.

Es un debate que se presenta como moderno, pero es más viejo que la tarara.

Le premier qui, ayant enclos un terrain, s’avisa de dire : Ceci est à moi, et trouva des gens assez simples pour le croire, fut le vrai fondateur de la société civile. Que de crimes, de guerres, de meurtres, que de misères et d’horreurs n’eut point épargnés au genre humain celui qui, arrachant les pieux ou comblant un fossé, eût crié à ses semblables: Gardez-vous d’écouter cet imposteur; vous êtes perdus, si vous oubliez que les fruits sont à tous, et que la terre n’est à personne.

Discours sur l’origine et les fondements de l’inégalité parmi les hommesJean-Jacques Rousseau (1712-1778))

En castellano:

Y resumiendo, en boca de otro francés:

LA PROPIEDAD ES UN ROBO

Máxima a la cual es absolutamente indispensable puntualizar:

LA PROPIEDAD PRIVADA DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN AJENOS ES UN ROBO

Reelaborado: apropiarse de los medios (la tierra, las herramientas…) que otro hombre necesita para generar riqueza, y por lo tanto de una fracción del producto de ese trabajo (el plusvalor), es una forma de explotación ilegítima. Efectivamente, un robo. Un robo el apropiarse del capital, y otro robo obtener beneficio del producto del primero.

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Nota: Quiero representar el vívido contraste entre estos pensadores franceses, y la futilidad de la progresía actual que, sin solidez ideológica, basan su programa en ocurrencias (y en el Estado vecino, esta clase de imbéciles buenrollistas son legión) . Benoît Hamon, el candidato del Parti Socialiste francés, ha propuesto una “taxe robot“, es decir, que los robots paguen cotizaciones sociales. Una forma magnífica de desincentivar la automatización de la economía productiva francesa y descolgarla respecto de su competencia natural alemana, usamericana o asiática. Una ocurrencia realmente brillante. Un progre puede soltar los análisis más estúpidos, las propuestas más absurdas, menos cuestionar la sacralidad de la propiedad privada (de los medios de producción ajenos).

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4 marzo 2017

Eólica versus fotovoltaica: ocupación del entorno

Filed under: ecología,energía — Mendigo @ 9:25

En esta sucesión de artículos sobre la fotovoltaica, en la que pretendo desmitificar ese unicornio de todo ecoloprogre, he mencionado varias veces la oportunidad perdida al derivar recursos hacia la fotovoltaica, que podrían haber sido destinados a la eólica, mucho más barata y capaz.

Ya hemos comparado ambas tecnologías en el plano económico, y en cuanto a emisiones de CO2e imputables:
Eólica = 11 g/kWh
Fotovoltaica = 48 g/kWh

En la entrada pasada traté del mayor problema ecológico de la fotovoltaica: su masiva necesidad de terreno, con una destrucción absoluta del medio sobre el que se asienta (no hay prácticamente vida macroscópica en un parque solar). Como sé que una imagen vale más que mil palabras, voy a mostraros la diferencia en la intrusión en el territorio de dos instalaciones similares. Comparar la solar con la nuclear es difícil, pero la comparación de la solar con la eólica es directa: ambas son energías renovables, cuyas emisiones imputables son debidas principalmente a su proceso de fabricación e instalación, y cuya principal agresión al medio proviene del espacio que ocupan en él.

En un caso, voy a coger la mayor instalación fotovoltaica del mundo, la de Olmedilla de Alarcón, en Cuenca. 270.000 paneles sin seguimiento que dan una potencia de 85MWp y una producción anual estimada de 87.5 GWh. Coste de la instalación, 384 M€.

En el bando eólico, escojo otro parque andaluz, ni muy grande ni muy chico, el de Cortijo de Guerra I, en Cádiz (anexo está el II, pero entre ambos ya se pasan demasiado de potencia para compararlo con la fotovoltaica). Son 14 Vestas V90 de 3MW cada una, que dan una producción anual conjunta de unos 85 GWh. El coste no lo he encontrado, pero estimo que debió rondar por aquel entonces los 50 M€.

Es decir, estamos ante dos instalaciones de producción eléctrica perfectamente equivalentes, con una producción eléctrica similar. ¿Cuán gravosa es su inserción en el territorio, el mayor coste medioambiental de ambas tecnologías, en ambos casos?

Veamos. Éste es el de Olmedilla:

Aquí una foto de detalle.

Para evitar que crezca vegetación que podría propagar un incendio debe recibir un tratamiento anual de herbicida (seguramente glifosato).

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Y éste, el de parque eólico de Cortijo de Guerra:

Mientras que la éolica más allá de las propias torres y las vías de servicio, deja amplio espacio en este caso para el desarrollo de la agricultura (o pastos para la ganadería, o un espacio natural no demasiado alterado), la planta fotovoltaica convierte en un páramo yermo el terreno sobre el que se localiza. Os sugiero que busquéis fotos de instalaciones de uno y otro tipo, y constatéis la diferencia.

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Pero estas fotos, elocuentes sobre el impacto en el medio, no revelan la escala. Vamos pues a fotos cenitales, primero en detalle:

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En ambos casos sólo se muestra una parte del parque solar, en el primer caso, y 6 máquinas en el segundo.

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Vamos a alejar un poco más la vista.

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La mayor ocupación del suelo no es tanto el emplazamiento de la torre sino los viales de acceso.

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Aún nos falta un poco de parque en ambos casos, vamos a alejarnos un poco más…

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Ahí están las 14 V90.

Como vemos, ambas instalaciones se extienden sobre una superficie equivalente, para producir aproximadamente la misma energía. La diferencia es que mientras que con la eólica puede existir vida entre máquina y máquina, la fotovoltaica no, acupando y destruyendo toda la superficie sobre la que se asienta. Y aunque, como demostré, la energía eólica y los bosques son incompatibles , esto es sólo aplicable a España, debido a la situación de barbarie y bestialidad en la que nos revolcamos. En el mundo civilizado pueden coexistir aerogeneradores con frondosos bosques, basta con hacer un poco más alta la torre, pero claro, es más barato un paquete de cerillas:

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Ahora sí, ya vemos las instalaciones completas de ambas plantas. Como hemos dicho, son equivalentes, ambas son formas de producir energía aprovechando la energía solar (en el fondo, la energía eólica no deja de ser energía solar, el calentamiento diferencial en distintos puntos genera un gradiente de presiones que origina el viento). Ambas instalaciones proporcionan a la red una cantidad similar de energía al año. Sin embargo, es evidente que una de ellas implica una agresión al entorno muy superior a la otra (y a pesar de que la eólica supone una afectación del medio severa, pero es que la fotovoltaica comporta una destrucción total).

Pues además, de las dos, la forma menos intrusiva en el medio tiene menores emisiones de CO2e imputables (11 vs 48 g/kWh) y nos sale más barata (subvencionamos su kWh renovable con 2,5¢, mientras que el kWh del parque solar de Olmedilla lo tuvimos que subvencionar con 30,6¢).

Impacta mucho más sobre el entorno, contribuye en mayor medida al cambio climático, y aún por encima nos sale 15 veces más cara que la eólica. ¿Se puede saber por qué invertimos en energía solar? Pura moda giliprogre (y un progre tiene de izquierdas lo que un murciélago de ave). Y el seguir modas en vez de un razonamiento riguroso, nos ha generado un descomunal coste de oportunidad, además de un gigantesco déficit de tarifa.

Pero bueno, al margen de lo que podría haber sido, me parece que he demostrado suficientemente el impacto ecológico de la producción fotovoltaica. Al menos eso queda meridianamente claro, ¿no? Es que no quiero volver a oír jamás en este espacio lo de que la energía solar es “limpia”, “verde” o “ecológica”. Queda comprobado que su producción tiene un impacto notable en el entorno, quizá la mayor de todas las tecnologías (y la hidroeléctrica en segundo lugar), desde luego muy superior a la eólica. ¿Esto queda claro, o hay alguien que me lo discuta? ¿Es evidente, no? Bien, algo hemos avanzado, entonces.

Foto: Aerogenerador de la india Suzlon (uno de los mayores fabricantes mundiales), siendo instalado en los verdes campos de la ventosa Eire.

Aquí, unas cuantas fotos más de eólica compatible incluso con especies de gran porte, junto con ejemplos de fotovoltaica por el mundo (en países donde la hierba está siempre verde, sí que se la permite crecer hasta medio palmo, no más, pero en esos países la superficie ocupada deberá ser mucho mayor por la menor insolación).

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Sí, sería mejor que no estuvieran ahí, pero en cualquier caso mejor estas máquinas que no ocupar toda la superficie con un campo de paneles solares.

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28 febrero 2017

Martillo del liberalismo

Filed under: Historia — Mendigo @ 20:53

Andaba repasando fotos antiguas para preparar un nuevo viaje, y me topo con la escacharrante lápida de este paisano, que debió ser algún pariente de Manolito (el de Mafalda).

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Pues sí que tiene un cierto parecido:

Para mi sorpresa, he encontrado la foto en la web del Senado, porque resulta que el obispo de Plasencia fue también senador por Gipuzkoa.

Eso, una curiosidad histórica de un pasado no tan lejano del que deberíamos guardar recuerdo, pues explica los acontecimientos del pasado más próximo que configuran nuestra realidad actual.

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27 febrero 2017

Cuando los tontos mandan

Filed under: arte — Mendigo @ 19:32

Lo cierto es que, cuando empecé con el blog, tenía en mente hacer más entradas amables de tipo cultural que las áridas e ingratas sobre economía, energía y conflictos. Pero supongo que iniciar una bitácora es como subirse a un navío sin timón, acabas dirigiéndote a donde te lleven los vientos y las corrientes.

En cualquier caso, quería tratar un poco de cine. Ayer estuve viendo Histoire d’O, una película icónica del mundo masoquista basada en la novela homónima. Se circunscribe en la larga tradición francesas de la literatura libertina de la cual el Marqués de Sade es su faro, la más alta atalaya (se nota que me gusta, ¿verdad?).

La película, dejando aparte la preciosidad de protagonista, si es que tal cosa se puede soslayar, tampoco es que sea un portento. Bueno, si os apetece echadle un vistazo y me comentáis; es interesante. La cuestión es que, según se iba desarrollando el argumento, iba comentándole a mi compañera… esta película setentera sería absolutamente impensable realizarla hoy en día. Desde luego no por la carga sexual, que ya ves, es de lo más light.

Desde luego, no es que sea muy partidario que digamos de la dominación, la posesión (en concreto, de la mujer), la sumisión y el castigo corporal; antes bien al contrario. De todas las depravaciones sexuales, sin duda el masoquismo sería la última en ensayar. Mi amor inquebrantable por la libertad hace que en muchas ocasiones los engranajes de la película me chirríen a los oídos. Sin embargo, me parece un ejercicio interesante de introspección en los abismos del alma humana, materia obligada precisamente de todo amante de Eleuteria (¿hay alguien que no se haya leído el excelso “El miedo a la libertad”, de Erich Fromm? quizá el ensayo mejor escrito de la historia).

Porque cuando indagas en la realidad, ofrece nuevos pliegues y texturas que nos sorprenden. Nada, y menos que nada la conducta humana, es simple. Por ejemplo, la película tiene para mí un momento cumbre, hacia el final, en la cual O. aparece triunfante, poderosa, con un halo de grandeza inabarcable. Me refiero a la escena en la que la va a buscar Iván a casa de Sir Stefan y… bueno, no os chafo la película, ya me comentaréis; para mí uno de los momentos inmortales de la historia del cine.

Es triste reconocer que hubo una época reciente de máxima libertad creativa e investigadora, en los que la vanguardia del pensamiento avanzaba sobre los tabús de nuestra sociedad, y de cómo esa época de apertura mental ha pasado y ahora vivimos en el reflujo de la ola. Fulaneando por la red, doy con un artículo del cual tomo el nombre para esta entrada: Cuando los tontos mandan, de Javier Marías. Lo suscribo totalmente, y se suma a la lista de artículos que dan la voz de alarma ante estupideces como la creación de “espacios seguros” en las universidades (usamericanas, claro), donde los niños (porque son niños, por mucho que hayan cruzado la veintena) pueden jugar con plastilina o jugar con peluches para superar el trauma que las puede haber producido lo que acaban de aprender en clase.

Efectivamente, vivimos en una época de represión intelectual, en la cual las masas piden prohibir aquello que molesta, las ideas que amenazan su concepción, frágil y maniquea, del mundo. Se convierte la opinión en delito (un tuit te puede llevar a la Audiencia Nazional) y todo pensamiento disruptivo es considerado una agresión potencial. Volviendo al ejemplo, que me parezca detestable la idea de sumisión extrema de la mujer, no quita que me pueda parecer interesante investigar los mecanismos psicológicos que llevan a ella (y no olvidemos que nos hallamos ante una ficción cinematográfica). O puede no resultarme interesante, pero en ese caso apago la televisión o cierro el libro y en paz, no pido con gritos histéricos que la censuren.

Ninguna idea debe ser prohibida, las ideas no hieren, las ideas no dañan (más que a los débiles mentales que desean ofenderse en vez de simplemente ignorarla), son sólo los ladrillos del pensamiento.

Vivimos tiempos aciagos, en los que nos vuelve a atenazar… el miedo a la libertad.

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Y ya que estoy en mi vertiente cinéfila, sigo comentando las últimas películas que me he echado al buche.

La siguiente es Camino a Casa, de un Zhang Yimou que ya empezaba a ser conocido y reconocido fuera de China. La película quizá sea la antítesis de la anterior, con un argumento sencillo y emotivo que no genera tensión en el espectador, que es acunado por esa maravillosa plasticidad del cine de este director. La retorcida mentalidad europea frente al concepto de armonía oriental (que no deja de ser también un prejuicio, porque para retorcido, provocativo y sórdido, el cine coreano).

La prota es una jovencita Zhang Ziyi, talismán de Yimou y animal mitológico en el cine chino. Viene a ser lo que Ricardo Darín al cine chino: parece que no puede haber ninguna película notable en la que no salga su preciosa carita de porcelana.

Sin pretenderlo, pero he escogido tres películas con protas femeninas realmente preciosas. La tercera es una producción vietnamita, Tres Estaciones. Tanto la niña de las flores como la prostituta son verdaderas beldades. La peli, también recomendable (aunque ninguna de ellas, ya digo, sea la repanocha), es bastante similar a la anterior, con un guión sencillo pero sólido como cuento de Andersen, adaptado con mucho acierto a las formas cinematográficas. Suaves, complacientes e indulgentes para con el espectador (más la china que la vietnamita, algo más rasposa al paladar) pero no moñis (el punto justo de azúcar, la clave de cualquier dulce, pasarse con el edulcorante supone el pecado capital para todo director serio).

Y ya. Si queréis compartir en comentarios alguna recomendación cinéfila, será bienvenida.

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