La mirada del mendigo

23 agosto 2015

Es el proceso

Filed under: religión — Mendigo @ 12:23

Acabamos de ver en la entrada anterior que más allá de los detalles particulares (qué se puede comer y qué está vedado, cuál es el día santo…) las religiones actúan según los mismos mecanismos psicológicos. Igual que una pared la podemos pintar de verde, rojo o amarillo y, aunque parezcan muy distintas, no dejará de ser una pared pintada. Debemos fijarnos en el proceso de pintado, no en el color del pigmento.

Y el proceso, en todas las religiones, es el mismo: la transmisión del dogma desde etapas muy tempranas de la niñez (adoctrinamiento). Para ello, las religiones se centran en dos aspectos:
– recalcar la importancia de la familia, pues es el grupo social que tiene más cerca en sus modelos años de vida y donde escoge sus primeros modelos de conducta.
– extender sus tentáculos en la enseñanza, especialmente la primaria (colegios de monjas, escuelas coránicas…).

Para la reproducción y supervivencia de la religión es fundamental inocular su contenido durante los primeros estadios de desarrollo del cerebro, para que todos los mensajes que le lleguen al niño sean del mismo signo. Luego, según crezca, el sujeto irá reforzando esos dogmas con una impresión falsa de unanimidad, al vivir en sociedades religiosas donde todos han sido de igual forma programados desde la infancia. Esa homogeneidad del pensamiento es ilusoria, ya que no tiene en cuenta que, más allá del horizonte, existen otras sociedades con otros dioses (programada en su niñez de otra forma) o ninguno, e incluso que dentro de esa sociedad existen personas con ideas heréticas, que no pueden tener visibilidad (salir del armario) por estar penada la disidencia o vetada su difusión.

Según las sociedades se abren, se vuelven plurales y multiculturales y aceptan la libertad de conciencia, invento europeo relativamente reciente contrario radicalmente a la doctrina musulmana, para la cual la apostasía es el peor de los crímenes (una de las características definitorias de secta: como un pozo, es fácil caer y muy difícil salir, que se lo pregunten a los del Opus), esta segunda etapa de refuerzo social del dogma inculcado en la niñez se ve enormemente debilitada. El sujeto adoctrinado se ve expuesto a otras ideas divergentes, otras formas de entender la vida más allá de la explicación que le ofrecieron de niño. El joven aprende que hay otras personas que adoran a otros dioses, que no son siempre gentes extrañas que hablan lenguas incomprensibles, sino que pueden vivir en su barrio.

En las sociedades abiertas, el mecanismo de transmisión religioso se resiente. Según cierta religión pierde el carácter de mayoritaria, y deja de ser la única y monolítica colección de valores para transformarse en una opción más, el número de creyentes empieza a decaer, así como la rigidez de su doctrina. Para evitarlo, la religión se encastilla en comunidades cerradas (desde los mormones de Utah a las banlieues magrebís), subgrupos sociales donde el mensaje inculcado en la niñez se siguen viendo reforzado en vez de puesto en cuestión.

La prueba definitiva de lo extremadamente poco libre que es la elección de algo tan importante en el resto de la vida como la elección de los valores morales y metafísicos que guiarán a la persona, es la abrumadora mayoría de personas que, de profesar alguna religión, lo hacen en la que le fue inculcada de niños, en la religión de sus mayores. Luego no se puede hablar de elección, sino de imposición de un conjunto de creencias, por la vía del adoctrinamiento infantil.

Y esto es propio y connatural a todas las religiones, que desde muy temprano comprendieron que necesitan este mecanismo de transmisión, el acceso al niño, para poder perpetuarse. Esto es lo importante, el muro, y cómo el pintor le aplica una capa de pintura. No debemos hablar de religiones sino de religión, del fenómeno religioso, este conocimiento precientífico y dogmático para ofrecer una explicación al mundo cuando no había otra mejor. Luego, dentro de la gama de Titanlux, tienes harta variedad de colores.

Tomemos un sujeto, pongamos un devoto católico de los de misa diaria (mecanismo de reafirmación del dogma) y que reza el rosario a diario (el rezo, la salmodia, repetición monocorde de una misma fórmula, es un antiquísimo mecanismo de anulación parcial de la conciencia, provocando una alteración cognoscitiva similar a otros mecanismos chamánicos para entrar en contacto con la divinidad como el uso de estupefacientes, el furor del baile, la debilidad del ayuno o el vértigo inducido por el giro de los derviches).

A este sujeto se le ha grabado desde niño la veracidad de paparruchas tales como tipiños andando sobre las aguas, sacando panes y peces de la chistera, o convirtiendo, al revés que el mal cantinero, el agua en vino:

Pero realmente, poco importa el contenido de sus creencias, porque de haber sido adoctrinado en otras las creería con igual fervor. Por ejemplo, si en vez de crecer en una familia católica, ese mismo niño hubiera sido educado por una familia de ortodoxos judíos, creería en otro tipo de mamarrachadas. Por ejemplo, en vez de andar sobre las aguas, otro tipiño las partiría en dos con su cayado.

Bueno, en realidad un cristiano debe creer en las mismas chorradas que un judío y, además, las del opúsculo de su profeta ascendido a categoría divina (lo cual supone una blasfemia que horrorizaría al mismo Jesús).

O, de ser educado por una familia islámica, creería que el Piojoso voló a los cielos subido a un jamelgo alado con cara de mujer.

Aunque podrían decirle que fue en un unicornio azul, en una alfombra voladora o en un pepinillo en vinagre gigante a reacción, el niño se lo creería igual. Porque los niños, cuando son niños, confían en la autoridad de los adultos, y les prestan sus crédulos oídos. Y los adultos, invariablemente abusan de este poder de moldear la madera verde cuanto pueden.

Podemos seguir. Al mismo sujeto, católico, apostólico, romano, adoraría con el mismo candor a dioses pulpo si de pequeño así se lo hubieran enseñado.

O serpientes emplumadas

Dioses del inframundo con cabeza de chacal

(es curioso cómo sólo nos parecen grotescas las aberraciones lógicas ajenas a nuestra cultura, aquéllas que no nos fueron imbuidas cuando niños)

…concepciones virginales, ayuntamientos con humanos, variados cielos, infiernos y un sinfín de historias y patrañas que la fértil imaginación humana ha forjado a lo largo de los siglos para dar explicación a un mundo desconcertante (y que frecuentemente han sido utilizadas por la clase dominante para sancionar su poder y desalentar el cambio social, cuando no para librarse de voces discordantes, desde Sócrates a Giordano Bruno, acusándolos de ἀσέβεια y herejía).

Poco importa el contenido de la religión, y casi nada la base somática del niño. Lo importante es la intensidad del proceso de adoctrinamiento y refuerzo. El mismo cristiano fervoroso que proclama sincero que ha puesto a Jesús en su corazón, pronunciaría con la misma vehemencia y sinceridad el takbir (الله أكبر) de ser educado de la misma forma, pero en un medio diferente y, de hecho, creería que Papa Noël es el único Dios si así se le hubiera enseñado desde bebé.

Es curioso, por cuanto los creyentes consideran que sus convicciones pertenecen a su esencia, hasta que punto éstas son sólo una mera contingencia sobrevenida, que, como el nombre, eligen por nosotros antes de que nuestros pulmones se llenen por primera vez de aire.

22 agosto 2015

Paz en la guerra

Filed under: religión — Mendigo @ 15:51

Ha caído en mis manos un emocionante texto, las memorias de un muyahidín afgano, Wahid, hijo de Mansur, veterano de la guerra contra las tropas soviéticas, que decide sumarse a las columnas talibanes. Por su rareza para entender la idiosincrasia de este tipo humano tan singular, tan alejado de nuestra mentalidad occidental, me permito traduciros algunos párrafos, recomendándoos su lectura.

[…]

Frecuentaba Mansur los cabildeos y encerronas con su primo el mulah; vio Wahid una vez que su madre se enjugaba los ojos. Hacía algún tiempo que el muchacho estaba fuera del escritorio, sin hacer cosa de provecho. El padre hablaba mucho de la guerra, de la lenta organización de las fuerzas; más que nunca evocaba sus recuerdos de gloria militar. Con frecuentes insinuaciones veladas, buscaba el que brotara de Wahid la iniciativa, mientras éste esperaba la anhelada indicación paterna. Y así llegó día en que, sin haber pronunciado palabra concreta ninguno de ellos, resultó como un acuerdo tácito, natural, brotado espontáneamente de la vida de familia.

Buscaba Mansur ocasión de hallarse a solas con su hijo, y a la vez la rehuía. Encontróla alguna vez, mas diciéndose: todavía no, es pronto, difería la explicación. Y aconteció, por fin, una mañana, que hallándose Ashraf en la tienda, a punto que entraba Wahid, dijo a éste:
—¿Qué es eso?, ¿piensas estarte así, hecho un vago? ¡Ea!, debes ser hijo de tu padre… ¡Al campo!, ¡al campo!
Y a un tiempo mismo respondieron; el hijo: «Por mí…»; y el padre: «No he de ser yo quien le quite la voluntad…»
Roto el hielo, llegaron las explicaciones, y acudió el tío Nazeh a confirmar la voluntad de padre e hijo, y preparar a éste. Porque una campaña como la que iba a emprender era algo serio, grave, solemne.
Cuando supo Kawthar la resolución adoptada, aceptóla con la misma resignación con que aceptara allá, cuarenta años hacía, la de su entonces prometido Mansur. Sacó del seno, y dio a su hijo, un basmala, que, a ocultas de todos, le había bordado.
—En cuanto pase el ramadán, te irás —le dijo el padre.
Aquella noche apenas durmió Wahid. Ahora, ahora era verdadero voluntario de la yihad; ahora sentía el coronamiento de su vida, y que se le abría un mundo.

[…]

¿Quién lo diría? Aquella masa de hombres, aquel tropel que se escondía a ratos entre verdura, aquel puñado de voluntarios, era la esperanza de Allah, y de la Patria. Eran los hombres del campo, los voluntarios de la Causa.
Hartábanse del panorama. Como filas de telones se desplegaban a su vista las cordilleras, cual inmensas oleadas petrificadas de un mar enorme, desvaneciéndose sus tintas hasta perderse en el fondo las del último término.
Tras sombría barrera de montes, y bajo el cielo oscuro, veíase alguna vez un vallecito verde, de mosaico soleado, rinconcillo paradisíaco, verde lago de reposada luz. Y todo el inmenso oleaje de las montañas, con sus sombras y claros, y rayos filtrados de las nubes oscuras, difundía una serena calma.

[…]

—Vete, vete, Wahid, vete pronto, y a acabar con ellos….

El día 22 de abril colgó Kawthar a su hijo la jamsa al cuello, le colocó la basmala y le besó; oyó luego éste un sermón del tío Nazeh, que, al acabarlo, le dio un abrazo, y salió con su padre a buscar a Amir, el cual, cuando llegaron, se despedía de su madre. Desde la puerta, ésta:
—¡No dejes un kafir (infiel) para muestra!, ¡guerra a los enemigos de Allah! No vuelvas a casa hasta que rija la sharia, y si te matan, reza por mí.

[…]

Empezó para Wahid un período de marchas y contramarchas, de caminatas forzadas por las fragosidades de los montes, faena de estropear al más duro, y todo ello nada más que para sacar raciones e ir sosteniéndose. Nieve de primavera cubría los montes; el aire sutil les cortaba el rostro. Caminaban ya por encañadas sombrías, en cuyo fondo susurraba el río entre fronda, penetrados de humedad; ya trasponiendo la encañada, se abría a su vista una vega, o unas montañas lejanas cuyo cielo hacía presentir el mar; a las veces en el oscuro panorama, sombreado por nubarrones, un verde oasis bañado en la luz que llovía de un desgarrón de la oscura cobertura. Caminaban a menudo bajo una lluvia terca y fina, lenta como el hastío, que les calaba los huesos y el alma, difuminando el paisaje, que parecía entonces derretirse. Caminaban silenciosos de ordinario. Viendo humear las caserías y a los aldeanos trabajar su terruño, en la paz del campo, olvidábanse de que iban de guerra. ¿Guerra en el silencio del campo?, ¿guerra en la paz de las arboledas? Brindábanles éstas, con su sombra de paz, descanso; y en ellas se tendían a las veces, entre los troncos que cual columnas de un templo rústico sostenían la bóveda de follaje, por donde se cernía dulcificada la luz del sol.

Conocía ahora de nuevo a los voluntarios, viéndolos con otros ojos, pues así que se encontró entre sus compañeros de facción, sintió como ellos; al juntarse hombres armados en son de guerra, miran como de otra casta, cual a servidores suyos, a los pacíficos trabajadores. Al llegar a una casería donde había de hacer alto o noche, gritaba con voz resuelta y de mando: ¡mor!, esto es, madre, a la vez que patrona. Y reuníanse luego como en país conquistado en la gran cocina, en torno al fuego del hogar, a secarse. La familia se les unía, y los niños se apartaban silenciosos a un rincón, a escudriñar desde allí a los extraños visitantes. Y algunos los llamaban y animaban, preguntándoles sus nombres, dándoles los Kalashnikov para que jugaran con ellos, llenos hacia los inocentes de una ternura que nunca habían sentido con tanta fuerza. Wahid más de una vez los sentó en sus rodillas dirigiéndoles las pocas preguntas que sabía hacer en pastún, y mirándose en aquellas miradas ya serenas, ya tímidas y avergonzadas.

[…]

¡Aquí está el mulah Saif al Din!, oyó uno de aquellos días al entrar en Garmsir, y sintió al oírlo el anhelo de un niño que va a ver el oso blanco, porque el país entero resonaba con la fama del mulah de Marjah, guerrillero legendario ya, de quien se contaban hazañas estupendas, tan exaltado por unos como por otros denigrado. Su paso era el del terror, al sentirlo temblaban cuantos por algo se distinguían entre el pueblo, mientras éste le aclamaba frenético. Corría de boca en oído, y de oído en boca la vida de aquel gato montés; cómo el 78, cuando iban a prenderle al acabar el salat, huyó disfrazado de aldeano; cómo volvió a ser preso a raíz del convenio de Kandahar, y de nuevo se fugó descolgándose por un balcón, y tras doce horas en un jaral, junto al río; y cómo el dos de diciembre había repasado la frontera con cincuenta hombres, que creciendo cual bola de nieve, sembraban el terror por donde quiera, recorriendo valles y montañas, cruzando ríos en crecida, dejando surco de fusilamientos. Burlando al enemigo que pregonara su cabeza, hacía la guerra del terror por su cuenta, rebelde a toda disciplina, concitando odios de blancos y de negros, sumariado por el santurrón de Mansur, que le llamaba corazón de hiena y rebelde de mezquita.
Oíase ¡viva la religión!, ¡viva Saif al Din!, mientras corría el pueblo a agolparse a su paso. Eran unos ochocientos hombres, en cuatro compañías, ágiles muchachos con sello de contrabandistas, sobre cuyas cabezas ondeaba al viento una bandera negra en que con letras blancas se leía sobre una calavera: «Guerra sin cuartel» y otra roja con el lema «antes morir que rendirse», y otras más.

Aquello era algo antiguo, algo genuinamente característico, algo que, en consonancia con el ámbito montesco, encarnaba el vago ideal del yihadismo popular; aquello era una banda, no el embrión de un ejército imposible; aquellas fuerzas parecían brotar de los turbulentos tiempos de las guerras de bandería.
¡Viva Saif al Din!, ¡viva el mulah Saif al Din!, ¡viva la religión!
—¿Es el que va a caballo? —preguntó Wahid
—No, ése es el secretario; es el de al lado, el del palo.
Un hombre de frente estrecha, pelo castaño, barba rubia, y taciturno continente. Pareciendo no oír las aclamaciones del pueblo, mirábale con indiferencia, conduciendo vigilante sus cachorros, apoyado en un largo palo, y sin más arma que un revólver bajo su chaleco ceniciento. Los remangados calzones de hilo azul descubrían las piernas del infatigable andarín, calzado de sandalias.
Entre los ¡viva Saif al Din!, ¡viva la religión!, ¡vivan la sharia!, oyóse un vergonzante ¡abajo Mansur!, mientras el mulah, sin volver la cara, velaba a su gente.

Aquella tarde pudieron oír las hazañas del mulah cabecilla de labios de sus voluntarios, para los cuales no había ni más listo, ni más valiente, ni más bueno, ni más respetuoso, ni más serio que aquel hombre de pocas palabras, que se paseaba solo horas enteras, y que cuando mandaba no había chico que se atreviese a mirar cara a cara aquellos ojos en el rostro lleno de barba, bajo el turbante; hombre que con toda calma daba órdenes de fusilamiento. No, no se podía hacer la guerra como quería el santurrón de Karzai, con cataplasmas y azaques, había que ahorrar sangre propia, y no escatimar la ajena; ¡escarmiento! Si no fusilaban serían fusilados. Y el mulah hacíalo con razón, y dando media hora al condenado para que se pusiese a bien con Allah. Solía explicar a los chicos la causa del castigo, arengándoles entonces; por éste habíanse perdido tres chicos, por el parte de aquella habían sido apresados cuatro, por la traición del otro perdieron tales y cuales, y los chicos, al preguntarles si estaban conformes con el fallo, contestaban: ¡sí señor! (¡bálee, saaqhib!). Y la cosa tenía sus lances. ¡Pobres soldados!, de nada les sirvió gritar llorando ¡viva el mulah Omar!, porque era tarde; el teniente se había cagado en él.
—¿Os acordáis —decía uno de los chicos— cuando llevamos aquel alférez preso, y le conoció? Le preguntó: ¿eres tú el que me escupió a la cara cuando te cogieron en Yakhchal? Le contestó el alférez: ¡yo soy! Y él nos dijo: llevadle al cruce de caminos, y cuatro tiros. Al ir al crucero, cuando más descuidado estaba, le metimos tres tiros en la cabeza.
Y aquel mismo hombre de terror dirigíales arengas, sacándoles lágrimas al hablarles de la guerra.
—Os hablará de la religión…
—Saif al Din no anda por religión, anda por guerra… —dijo uno.
Andaban por guerra, y andaban bien. Separábanse, se juntaban, comían bien, en los pueblos sacaban pan, té, carne, y a las veces hacía Saif al Din que les sirvieran café, tabaco, zumo y diez pul (subdivisión de la moneda afgana) diarios mientras podía dárselos. Debajo de él, único verdadero jefe, todos eran iguales, todos con las mismas armas y los mismos trabajos; el mismo el valor de un raso que el de un oficial; si éste se propasaba, ¡paliza al canto! ¡Cuántas veces en el monte, sentados en corro, les hacía comer tasajo abundante, invitándoles a repetirlo! Era duro, sí era duro con el que lo merecía, con el enemigo, pero con los suyos severo y bueno. Había hecho fusilar a uno por robo, y ¡ojo con propasarse con las mujeres!, en esto era inflexible. Jamás le conocieron flaquezas de tal calaña, ni las mujeres le ablandaban; llegó hasta hacer fusilar a una embarazada. Y no había peligro de sorpresa con aquel hombre siempre alerta, que dormía al aire libre; se pasaba las noches en el balcón de las casas de los mulah en que se alojaba, y traía en pie a todos. Un jovencito recordaba que una noche, estando de centinela, y adormilado, le despertó como de una pesadilla, con una gran palpitación, una voz que le llamaba: ¡Mangal!, y púsose a temblar ante el mulah, que no le dijo sino: ¡cuidado con otra! No volvió el sueño a atreverse con él.
En los intentos del cabecilla nadie penetraba; recibía solo a sus muchos confidentes y daba orden de marcha sin que supiesen a dónde, yéndose por montes y encañadas, alguna vez con la nieve hasta las rodillas, maldiciéndole, amenazándole tal vez, y él con su palo, ¡ala, ala!, ¡adelante! Seguro de que al tirarse por un precipicio se tirarían tras de él los que le seguían, murmurando. ¿Qué iban a hacer sin él? Y así cansaba al enemigo y a las cuatro columnas de la ISAF que perseguían su cabeza puesta a precio.
Era después de todo una vida divertida. El incendio de la estación aquella había sido muy hermoso, y mucho más hermoso ver la máquina suelta a todo vapor hacerse añicos. Los trenes eran la mejor ayuda de los kufar (infieles); los trenes, invención de Lucifer, impedían el desarrollo de la guerra, eran el enemigo, y un potente medio de liberalización. ¡Grande encanto el de destruir aquellos artefactos, verlos hechos trizas! ¡Que hicieran nuevos!

[…]

Al poco vieron al mulah. Una madre se lo enseñaba a su hijo, y una anciana lloró al verle. El pueblo todo seguía con ojos de cariño a aquel vaso de sus rencores, a aquel hijo del campo que sobrenutrido y en vida de ociosidad en la aldea, y apartado de todo trato carnal, dejó escapar por la fría crueldad el sobrante de fuerza vital.
Aquel hombre de otros tiempos, con su hueste medieval, le revolvió a Wahid el fondo, también de otros tiempos, del alma, el fondo en que dormía el espíritu de los abuelos de sus abuelos.

[…]

++++++++++++++++++++++

¿Os ha parecido interesante? Desde luego, está bien escrito. Tanto, que puede que se deba a que no he tenido que traducirlo pues este texto estaba en castellano en el original. Os he gastado una pequeña broma; se trata, espero que alguno se haya percatado, de unos cuantos párrafos del libro “Paz en la guerra” de Miguel Unamuno. Es una novela de juventud, de su etapa de realismo histórico, en el que narra casi en clave autobiográfica los sucesos de la Tercera Guerra Carlista (1872-1876). Recordemos que Unamuno era bilbotarra, y vivió el sitio de Bilbao con 9 años, así que es una narración de primera mano de los acontecimientos.

Aunque os procuré sugestionar con la primera fotografía, una imagen más representativa del texto original sería…

Ha sido una travesura para mostraros que no hay tantas diferencias entre religiones, tradiciones culturales e historia. Todo lo más, llevamos siglo, siglo y medio de ventaja en el camino de progreso, al interior rural de Afganistán. Pero en la historia, el reloj puede y de hecho cada vez avanza más deprisa, aunque también hay quien pretende hacer girar sus manillas en sentido contrario.

A continuación, las sustituciones que he realizado en el texto. Empleo equivalentes culturales que entiendo no modifican su sentido.

ANTROPÓNIMOS
Wahid –> Ignacio
Mansur –> Pedro Antonio
Ashraf –> Gambelu
Nazeh –> Pascual
Kawthar –> Josefa Ignacia
Amir –> Juan José
Mangal –> Eusebio
mulah Saif al Din –> cura Santa Cruz (personaje histórico)
Mansur –> Lizarraga
mulah Omar –> Carlos VII

TOPÓNIMOS
Garmsir –> Elorrio
Marjah –> Ernialde
Yakhchal –> Arrézola
Kandahar –> Amorebieta

TRADUCCIONES
mor (madre, en pastún) –> ama (madre, en vasco)
¡bálee, saaqhib! –> ¡bay, jauná!

OTRAS REFERENCIAS CULTURALES
mulah –> cura
basmala –> “detente bala”
ramadán –> Semana Santa
yihad –> cruzada
Allah –> Dios
kafir –> guiri
jamsa –> escapulario
sharia –> fueros
Kalashnikov –> fusiles
el 78 (por 1978, inicio de la Guerra Afgana) –> el 70 (por 1870)
salat –> misa
mezquita –> sacristía
yihadismo –> carlismo
chaleco –> americana
sandalias –> alpargatas
turbante –> boina
azaque (limosna) –> novena (no he encontrado un equivalente más apropiado, lo siento)
soldado –> carabinero
té –> vino
zumo –> licor
pul –> real
comer tasajo –> beber trago
ISAF –> miqueletes

¿Catolicismo? ¿Islam suní? En realidad, todo es la misma mierda. El Dios al que adoran tiene varios nombres, pero una sola cara: el poder. Los pueblos se postran ante la concreción de la idea de poder, sea el disco solar Re, el Yaveh bíblico o el Allah coránico, en el que proyectan su propio super-ego, con características tomadas del referente autoritario, el padre, el rey, el señor feudal despótico, colérico y caprichoso.

Al final, los fieles de todas las religiones son el mismo tipo de persona que acepta lo que le grabaron de pequeño en su mente, sin cuestionar su validez, su veracidad, su moralidad. Hay quien acepta el dogma, se somete a la autoridad de la tradición que lo dicta, se postra ante el modelo que ofrece la sociedad…y hay quien se rebela, como Luzbel, ante la autoridad, quien cuestiona su legitimidad, sus máximas y sus preceptos; los que tras probar la fruta del conocimiento, cada vez tienen hambre de más. Los que creen que el criterio de verdad está en sí misma, y no en quien la enuncia, y por lo tanto hay que someterla a análisis.

Están los que creen, los que se inventan las respuestas del examen. Y los que procuran saber y, lo que no saben, lo ignoran, y dudan. La duda, antónimo de la fe, ahijada de la curiosidad, simiente de la ciencia, ácido en el que se disuelven todas las supersticiones.

16 agosto 2015

No es tan sencillo II

Filed under: economía — Mendigo @ 13:32

Continuo con la entrada anterior, añadiendo mi respuesta a la pregunta que dejé colgada y vosotros habéis estado comentando.

Para empezar, vamos a analizar el problema, que no es otro que la pobreza sobrevenida de Yorgos, que cobra la mitad de su salario. ¿Por qué este cambio? Bien, analizándolo duramente, podríamos decir que su trabajo no vale más que esos 500€. Yorgos no produce riqueza más que por 500€, y esta baja productividad de su trabajo es la causa última de su parco salario.

Pero esta afirmación hay que completarla, añadiendo muchos matices al cuadro. La primera, es que seguramente Yorgos produce riqueza por más de esos 500€ de salario, pero parte se va a retribuir el capital (beneficio empresarial, dividendos, pago de la deuda…). Esto es, dinero sin trabajo: un robo. Efectivamente, haciendo nulo el valor del capital, Yorgos podría percibir íntegra la parte de riqueza que le corresponde por su trabajo. ¿Y cuánto es esto? Bueno, podemos aproximar que de la riqueza creada en un Estado, el 60% se dedica a retribuir el trabajo, y el 40% a retribuir el capital (tomo el caso español, me entra pereza sólo de pensar en buscar ese dato para el caso griego). Sabemos, además, que la retribución del capital lleva años ganándole terreno a las rentas del trabajo, como es de esperar en un sistema capitalista.

En resumen, en un sistema socialista puro, y haciendo un ceteribus paribus de campeonato, Yorgos debería cobrar unos 830€ como remuneración de su trabajo. Ahora bien, este salto mortal sin red que acabo de hacer tiene muchas complicaciones. Por ejemplo, hay que asumir que toda forma de capital queda abolida, lo cual implica considerar ilegítima toda la deuda internacional contraída, rechazando su pago (una quita del 100%) y asumiendo que nunca, jamás, volverás a tomar más deuda (ya que no piensas retribuir el capital que te presten). No hace falta explicar que sería realmente difícil hacer un movimiento así, y las consecuencias que tendría para la economía griega, convertida de la noche a la mañana en una isla económica, privada de medios de financiación.

Por otra parte, por mucho que valoremos a cero el capital, realmente el capital fijo (instalaciones, maquinaria…) tiene un valor, que es el que le permite a Yorgos realizar su trabajo y generar esa riqueza de 830€. Si la titularidad de ese capital es del Estado, será decisión por tanto del Estado invertir en tal o cual empresa, proveyéndola de unas u otras capacidades de generar riqueza y, por lo tanto, afectando a la capacidad de Yorgos de generarla y, por lo tanto, a su trabajo.

Otra alternativa, es repartir la propiedad entre los trabajadores, lo cual crea ya un desequilibrio de partida: habrá trabajadores que reciban mucho más capital que otros, según la empresa en la que estén prestando sus servicios y, a partir de ello, será diferente la capacidad de unos y otros de generar riqueza. Por otra parte, la propia evolución de cada empresa, con el acierto o fallo en las inversiones, llevarían a que estas diferencias de capital se expandiesen (en todo caso, el problema estaría acotado mientras sólo se permitiera a cada trabajador poseer el capital que corresponde por su participación en una empresa). Quizá la alternativa más justa fuera la primera, considerando todo el Estado como una única empresa (máquina productora de riqueza) de la cual todos los trabajadores participan de forma alícuota por su condición de ciudadano.

En llegando a este punto, tenemos que introducir una precisión ¿y cómo demonios llego a la conclusión de que Yorgos genera una riqueza de 830€? Salvo que sea una empresa unipersonal, por ejemplo, que Yorgos sea un zapatero con su propio taller, o una PyME simplicísima, es muy difícil, creo que imposible, determinar positivamente cuál es la riqueza que genera cada trabajador en su puesto, para luego retribuirla (e incluso en el caso de un autónomo, pues su beneficio está determinado por unas fuerzas del mercado que podemos impugnar, ya que no revelan el valor aportado realmente a la sociedad). Para repartir el beneficio de la empresa entre sus trabajadores, necesariamente, debemos hacer unas asunciones de orden ideológico. Podemos considerar que todos los trabajos son igualmente necesarios, desde el mantenimiendo y la limpieza a la dirección técnica y económica, y retribuir a todos por igual. O considerar el valor diferencial que cada uno de ellos aporta a la producción, efectivamente un desempeño excelente de la persona que friega el suelo no tiene consecuencias en la cuenta de resultados del mismo orden que el de un técnico que resuelva de forma eficiente un problema de diseño.

Lo cierto es que es un tema muy peliagudo. Por ejemplo, está la corriente que propone que la retribución sea proporcional a la asociada al impacto de su trabajo en el beneficio de la empresa. Por ejemplo, una nueva campaña publicitaria de un creativo de marketing reporta un crecimiento del 10% en ventas y EBITDA, pues este cantidad extra de riqueza (después de detraer los sacrosantos beneficios empresariales) debe ir a parar al creativo gracias al cual se ha producido ese resultado, ya que es evidente que ese es su valor diferencial en la empresa. Tiene su lógica, pero también se puede desmontar por la vía de la lógica: pongamos una empresa de moda que está en una situación comprometida, y contrata a un nuevo diseñador que consigue conectar con el gusto de la gente, y la empresa remonta y se convierte en una segunda Zara. Siguiendo el mismo razonamiento, la empresa pasaría de presentar un balance con pérdidas, y valorada en 0€, a ser un gigante de la moda con beneficios tremendos. Por lo tanto, todo este beneficio debería ir a retribuir (además de a los accionistas), a este nuevo diseñador, siendo el sueldo del resto de los cientos o miles de trabajadores de la empresa de exactamente 0€. Su trabajo no vale nada, y el único trabajo que tiene valor es el del diseñador con nuevas ideas. Mmmm. Ya no parece tan lógico, ¿verdad?

Es socialismo resuelve el problema cortando por la vía de en medio, y adoptando una solución que podríamos decir salomónica: “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”. Lo cierto es que suena justo, y bastante más civilizado que lo anterior. El problema viene de su aplicación real: la falta de incentivos para la superación humana (gran problema en el mundo socialista y, en general, de todo sistema funcionarial, donde el empuje de un trabajador joven e ilusionado se ve socavado por la desidia, apatía e incluso ineptitud del que ya se ha acomodado, cobrando ambos lo mismo). En la misma Unión Soviética, este principio era tamizado con una escala retributiva según la valía del trabajador, y las susceptibilidad de ser sustituido sin merma en el desempeño de la empresa. Por ejemplo, un trabajador con varios hijos tenía derecho a un piso más espacioso que uno soltero. Ahora bien, el gerente de una empresa tenía una retribución bastante superior que un aprendiz. Seguramente las diferencias salariales no eran tan abultadas como en el campo capitalista, pero desde luego no seguían fielmente el principio marxista. De todas formas, Marx, que no tenía un pelo de tonto, consideró que esa forma de repartición del trabajo y la riqueza sería el fin de estación en una sociedad comunista, el ideal al que tender, no un principio de inmediata aplicación en el socialismo, el cual debería rebajarlo con el “a cada cual según su aportación” capitalista.

Otra forma de calcular el salario de cada trabajador es por la acción del mercado aplicado a la mercancía humana, el trabajo. Cada uno recibe el sueldo que se acuerda en la subasta que supone el mercado laboral, teniendo mayor capacidad de negociación aquellos que ofrecen capacidades más importantes para la producción, más demandadas por el sistema económico, y más raras de conseguir entre los trabajadores. Como los demás, también tiene su sentido, salvo que…seguramente las cuentas no cuadren. Es decir, que la suma de los salarios atribuidos por el mercado no coincida, no tiene por qué, con la riqueza generada por la empresa. En un sistema capitalista, sería la parte que se llevarían los propietarios, pero aboliendo la propiedad privada de los medios de producción…bueno, este beneficio empresarial iría al propietario de ese capital, sea el Estado (empresa estatal) o a los trabajadores (empresa cooperativa, y ahora aparece el problema de si se distribuirían de forma equitativa o de nuevo según su aportación…), o cualquiera de las formas mixtas.

Bueno, vamos a hacer un receso, porque esta entrada está quedando un poco densita.

Vale, seguimos un poco más. Nos habíamos quedado en que, con el advenimiento del socialismo, Yorgos recuperaría buena parte de su poder adquisitivo, recogiendo la parte arrebatada al capital, hasta los 830€. En el mejor de los casos, hay que añadir. Y es que esto, son habas contadas. Pero Yorgos aspira a más, ve el nivel salarial que hay en el corazón de Europa y no se resigna a vivir cual espartiata (y es que Yorgos es de Larisa, es decir, tesalio, no lacedemonio :P).

Volvemos por lo tanto al punto de reunión de este tipo de debates: para distribuir la riqueza, primero hay que generarla. El espectro político se divide entre los que sólo quieren ver la creación de riqueza, ajenos al problema de que si ésta no se redistribuye, no llega al común de la gente, siendo sisada por quien posee el capital y, con ello, el poder político,y mediático y, en última instancia, policial/militar. Y luego están aquellos otros que sólo se fijan en esta sisa, sin considerar que la apropiación capitalista del beneficio sólo explica parcialmente la pobreza de los trabajadores, refractarios a la idea de que también los trabajadores son responsables de su propia pobreza al no ser capaces de producir más riqueza (luego retomo esta afirmación). Definido este espacio político entre derecha e izquierda tradicional, hay otros dos grupos: el de los progres que aceptando los postulados de la derecha, es decir, considerando legítima la propiedad privada de los medios de producción, adoptan poses y ropajes propios de la izquierda política. Estos son esa clase de imbéciles que ni se preocupan de los problemas de la producción ni de la sisa; esta clase de opinantes cuya estética está tan de moda es tóxica, su programa parido por Bambi tras ser sodomizada por un Teletubbie es de una bisoñez que repulsa, y espanta la perspectiva de que algún día fuera implementado. Y es que esto no es un juego de mesa, esto es real, el hambre es real, las necesidades son reales. Mandar a millones de personas a la miseria, por seguir unos prejuicios ideológicos, es criminal y como tal debería ser tratado.

Y luego está un reducidísimo grupo de personas, en el cual aspiro yo a ingresar, que procuran comprender ambos aspectos de la economía, la creación y la distribución de la riqueza, para las cuales el término socialismo tiene un significado muy concreto y proponen los pasos para llevarlo a la práctica. Cuando los bolcheviques se hicieron finalmente con las riendas del Imperio Ruso, se encontraron con problemas de índole práctica que exigían una solución acuciante. Aunque a mucho idiota le parezca la contrario, el día siguiente a proclamar el socialismo no se habrá solucionado ningún problema. De hecho, la labor no habrá hecho más que comenzar, como en 1917, con bocas que alimentar en las ciudades, con una industria obsoleta y disfuncional que reconvertir y promover, un edificio burocrático que reformar, y seguramente habrá que enfrentar todos estos problemas en medio de la tormenta, en un clima de fuerte oposición, quizá incluso militar, tanto interna (la burguesía, buena parte del campesinado, tan tradicionalista, y los intereses creados de tanto parásito del sistema) como externa (sin apoyos internacionales, China se pondría de lado, Cuba es irrelevante y USA procurando desestabilizar el sistema desde el minuto 0).

Lo que muchos no quieren ver, porque todo el mal del mundo es causado por la rapacidad capitalista, etc…es que, aunque en Grecia se proclamase mañana mismo el estado socialista, seguiría siendo el país de mierda que es, atenazado por la corrupción y el clientelismo, con un sector productivo escasamente competitivo que es barrido por las más eficientes maquinarias económicas del Norte y del Este. Los jóvenes griegos más preparados seguirían emigrando; porque la economía griega, como la española, no genera la necesidad de puestos de trabajo de alta capacitación en un ritmo suficiente para absorber a esa generación que a un mismo tiempo es la mejor preparada, la subcontratada, la desempleada, la estafada.

Podemos mirar el ejemplo de China o Corea del Sur, las dos economía más eficientes en sacar a sus ciudadanos de la miseria en las últimas décadas. Aparentemente son dos sistemas, pero comparten un mismo camino: el del desarrollo tecnológico que propulsa el económico y, a rémora, el social. Una (restringida) meritocracia donde el esfuerzo y la valía son recompensadas y encuentran oportunidades para brillar. En realidad, China o Corea lo hubieran hecho igual de bien de haber intercambiado sus sistemas económicos. Incluso podría decir que Alemania seguiría siendo la potencia económica que es, en un sistema socialista, mientras que Grecia o España seguirían siendo una mierda. Y si Burkina Faso fuera socialista, seguiría siendo pobre.

Y es que la riqueza es la gente. Alemania, como Corea, como cada vez más China, han desarrollado una sociedad en la que se promueve y se premia el conocimiento, la competencia y el trabajo bien hecho. Ciertamente, el sistema educativo español no es tan malo, y aún genera conocimiento, pero éste es desperdiciado luego por un sistema económico que no lo demanda, y el que absorbe no lo recompensa adecuadamente (no sólo con salario, sino con promoción y responsabilidad, estableciendo un techo de cristal que sólo se permite franquear a los hijos de la casta, los de apellido compuesto, aunque sólo sirvan para tirar del arado).

¿Cómo España, el reino de la improvisación, del compadreo y de la chapuza, va a ponerse a la altura de las grandes potencias? No way! Tenemos lo que nos merecemos, y a largo plazo esta es una verdad inexorable. ¿Creéis que vamos a cambiar por cambiar uno de los colores de la bandera, o incluso teñirla completamente de rojo? ¡Ja! La infección es mucho más profunda, como para ser erradicada con un cambio de sistema económico. De hecho, y de ser implementado el cambio como es esperable por españoles, aún la enfermedad se recrudecería, encontrando buen fermento en un sistema estatista los parásitos del sistema.

Y aquí volvemos al ceteribus paribus. Yorgos pasaría a cobrar 830€ con el cambio de sistema, si el desempeño de la economía se mantiene constante. Ahora bien, cada vez soy más consciente de que la complejidad de la maquinaria económica, y de lo sencillo que sería gripar el motor si cae en manos de un niño. Y no es sino propio del pensamiento infantil que todos los problemas se resuelven mágicamente una vez conseguido el objeto deseado (cuando me compren la bici, mi vida será radiante; cuando llegue el socialismo, el sol brillará, los pajaritos cantarán y todos seremos felices). El ejemplo es evidente: con toda la buena intención del mundo, basándose en unos bellos principios de igualitarismo, Mao cortocircuitó la estructura productiva china, aumentando la ya terrible situación del campesinado chino con el Gran Salto Adelante, a la par que laminando a la minoría estudiada sobre la que debería cimentarse un resurgimiento de su industria con la Revolución Cultural. El infierno está tapizado de buenas intenciones que, regadas con el infantilismo y la estupidez, pueden dar consecuencias amargas. El panorama cambió para el ciudadano chino cuando los cuadros del PCCh se deajron de monsergas, reconocieron que el dogmatismo revolucionario podía causar aún más penurias que la opresión feudal o la rapacidad capitalista y se pusieron a pensar en el pueblo y no en su ombligo ideológico, con un pragmatismo que ha devuelto la prosperidad a los mil millones largos de chinos. Toda una lección, para exorcizar a los charlatanes que hacen carretera aventando el anatema contra el “capitalismo criminal”. Hay algo mucho peor que el capitalismo: la incompetencia, la ignorancia, la idiocia. Sus consecuencias pueden ser devastadoras.

Por lo tanto, en el cambio de sistema, es muy muy fácil e incluso probable que se acabase gripando el motor económico y Yorgos acabase cobrando aún bastante menos de esos 500€ de los que en un principio se quejaba. La cuestión es que, dentro del socialismo, y si se hacen las cosas muy bien, también se pueden ganar mucho más que esos 830€ (léase generar una riqueza mayor), insisto que el socialismo puede ser un sistema más eficiente y, por lo tanto, competitivo que el capitalismo. Ahora bien, hay que hacer muchas cosas bien, desparasitarlo de autoritarismos (y me refiero sobre todo a los de pequeña escala, los de funcionario chusquero), arbitrariedades y redundancias, donde todo el mundo deba rendir cuentas del producto de su trabajo y las decisiones tengan sus consecuencias, en uno u otro sentido.

Así pues, si Yorgos quiere producir y merecer más de esos 500€, que es a lo más que puede aspirar en un sistema capitalista, u 830€ en uno socialista, deberá sumarse a un movimiento de renovación nacional que promueva la execración de la corrupción y el clientelismo, la instauración del principio del mérito en la sociedad, en que cada puesto deberá ser ocupado por el mejor aspirante disponible, que deberá seguir demostrando que es el más apto para ese puesto o dejar paso al siguiente. Una sociedad volcada en identificar y corregir ineficiencias y redundancias, en someter a cada mecanismo de la sociedad a una revisión revolucionaria pensando en la forma de mejorar su desempeño, empleando menos recursos. También una sociedad en la que se valore, recompensándolo, el trabajo bien hecho, y no calentar el asiento durante la jornada laboral. Y, por encima de todo, un respeto por el conocimiento; el espíritu de estudio, de la cuna a la tumba, para la mejora profesional y personal. La riqueza siempre estuvo, y hoy más que nunca, en el conocimiento.

Este esfuerzo es una búsqueda común por la excelencia en todos los aspectos de la vida social, y no sólo en el trabajo (también exigiendo ejemplaridad en la gestión de lo público, transparencia y democracia máximas). Una sociedad así, será brutalmente eficiente y competitiva, y podrá medirse con cualquiera otra con ventaja en cualquier campo económico. Y esta eficiencia y competitividad, sólo pueden maximizarse en un sistema sociopolítico democrático y socialista, donde no existan exacciones de los vampiros de capital.

Pero no basta con el socialismo. Esto es sólo un método que pone los recursos en manos del pueblo. Luego, el pueblo puede hacer las cosas bien o mal, pudiendo generar aún más riqueza, o mucha más pobreza, que el capitalismo. El capitalismo es el látigo del cómitre; pero con látigo o sin él, hay que remar para llegar a puerto.

En resumen, para cobrar más de esos 830€ hay que generarlos, hay que ganárselos. Y esto es muy jodido, hay que estudiar mucho, lo cual requiere un esfuerzo personal y colectivo. Muchas sociedades prefieren quedarse con esta cantidad, o incluso menos, y que no les rompan la cabeza. Cada pueblo tiene, de nuevo, lo que se merece.

Y acabo, para considerar si no cerrado al menos acotado el tema, en el improbable caso que alguien haya llegado hasta aquí. Dejé pendiente la cuestión de que Yorgos debería generar esa riqueza, si quería pretender cobrarla. Esta frase, así expresada, deja en manos de Yorgos la responsabilidad de incrementar su productividad, y esto no es de ningún modo justo. Ciertamente, Yorgos puede esforzarse más para adquirir nuevas competencias y destrezas, y esta labor de estudio es, insisto, un esfuerzo personal, pero también colectivo (para ofrecerle esa formación). Pero de nada sirve que Yorgos aprenda a manejar una maquinaria nueva, si el empresario (sea privado o colectivo) no la adquiere, considerando que, para la mierda que cobra Yorgos, no merece la pena molestarse en invertir en tecnología, sino que si se necesitare, contrataría a tres pringadillos más. Yorgos no tiene culpa, entonces, de que no le permitan incrementar su productividad, de que no le den los medios para producir más riqueza. Como tampoco tiene la culpa de que su jefe de departamento sea idiota y no sepa diseñar un cronograma limpio, que minimice los tiempos muertos, teniendo que estar Yorgos con los brazos cruzados esperando a que sus compañeros acaben un proceso anterior. O que el director económico desvíe fondos como “gastos de representación” para que la dirección se vaya de putas con el dinero que podrían invertir en equipo y formación. Maximizar la productividad no pasa por bajar los salarios, ni mucho menos. La creación de riqueza pasa por la limpieza del diseño, la excelencia en la ejecución, la eficiencia de los procesos; el tesoro de la riqueza se encuentra en el cofre del conocimiento, no en la explotación de la fuerza de trabajo. Para abrirlo, un sistema democrático, socialista, es la herramienta más adecuada.

Pero hay que perseguir ese tesoro, para disfrutar de sus riquezas.

6 agosto 2015

No es tan sencillo

Filed under: economía — Mendigo @ 15:32

Exponía hace unas semanas la trampa en que consiste la moneda única, en que una economía netamente exportadora como la alemana no sufre la apreciación de su divisa respecto a sus clientes/acreedores, de tal forma que puede mantener esta situación permanentemente sin merma en su competitividad.

Bien, esto es cierto. ¿Entonces? ¿Cuál es la alternativa? ¿Salirnos del euro? Pues en esta entrada procuraré mostrar que la cosa no es tan sencilla; porque, de serlo, no quedaría ya ningún país dentro del euro, y todos los países con una divisa propia nadarían en la abundancia o, al menos, tendrían economías prósperas. Y es evidente que este no es el caso; la soberanía monetaria puede ser una ventaja para capear situaciones de crisis, si hay alguien inteligente al timón, pero no hace de un país que sea rico o misérrimo.

Vamos a poner un ejemplo. Tomemos a un griego medio, por ejemplo el amigo Γιώργος, es decir, Jorge. La economía griega no es competitiva y, para recuperar competitividad dentro de la moneda única, dicen los popes de la economía que hay que recurrir a una devaluación interna. ¿Qué significa ésto hablando en plata? Bajar salarios y aumentar impuestos indirectos.

Pongamos que la nefanda Troika fuerza una reducción de los salarios del 50%; en el caso del colega Yorgos, esto supone pasar de cobrar 1.000€ a cobrar 500€. Como es lógico, Yorgos se caga en todo el santoral y sale a la calle reclamando una solución que no pase por convertirle de golpe y plumazo en pobre. Y si hay que salir del euro, pues adiós muy buenas.

Bien, supongamos que los griegos logran librarse de la camisa de fuerza del euro. ¿Ya está? ¿Todo solucionado? ¿Automáticamente la economía griega recupera competitividad sin necesidad laminar el poder adquisitivo de los trabajadores griegos?

Como muchos os imagináis, no es tan fácil. Vamos a seguir esquemáticamente el curso de los acontecimientos. Grecia se sale del euro y comienza a acuñar su propia moneda, las neodracmas (ND). Pongamos que establecen una paridad de la nueva moneda con el € (en realidad, es un detalle menor, podría ser 1€=1000ND o cualquier otra relación arbitraria, lo tomo así por comodidad didáctica). Al convertir todos los contratos (salarios, deuda…) a la nueva moneda, Yorgos pasaría a cobrar 1000ND. ¡Bien! El colega Yorgos no ha salido perdiendo, pues sigue cobrando lo mismo, 1.000ND que equivalen a 1.000€ o unos 910$.

Ya, pero esto es en el instante 0 de la nueva moneda. En el instante 0+dt el neodracma iniciaría un camino hacia los infiernos, que no pararía hasta pongamos una devaluación (realmente, una depreciación, si es una divisa con flotación libre) de, pongamos, el 50%. Cuando se estabilizase la nueva moneda, Yorgos seguiría cobrando 1.000ND, pero todos los productos que quisiera comprar habrían duplicado su precio. Por ejemplo, para adquirir un barril de petróleo que los árabes venden a 50€, habría que poner sobre la mesa 100ND (no es exactamente así, ya que el petróleo de Oriente Medio se transa en dólares, luego habría que adquirir esa divisa por el BIS…pero bueno, eso no afecta en nada a nuestro ejemplo).

Alguno seguro que estaréis pensando, bueno, esto es así para todos los productos importados, o que contengan componentes importados, pero la producción interna no se vería afectada ya que todos producen en la misma moneda, el ND. De esta forma, la industria local ganaría competitividad, al menos de cara al mercado interno. Pero esto es un error. Cuando el colega Yorgos va a hacer la compra al hiper, se da cuenta que, por ejemplo, un disco duro externo fabricado en Taiwan ha pasado a costar el doble. Pero cuando va a la sección de alimentación y quiere comprar unas deliciosas uvas de producción local, del Peloponeso, se da cuenta de que ¡¡¡hostias, también cuestan el doble!!! ¿Cómo es posible? Pues es sencillo, al productor griego le resulta indiferente si venderle las uvas a un distribuidor local o uno alemán. El alemán que antes, cuando compartían moneda, estaba dispuesto a pagar a 50¢/kg, ahora sigue ofreciendo el mismo precio al ofrecer 1ND/kg. Para el alemán, nada ha cambiado. Pero para el compungido Yorgos, se da cuenta de que su salario de 1.000ND, le da para comprar exactamente la mitad de lo que antes podía.

Es decir, que es exactamente igual de pobre que si su país hubiera tomado el otro camino, de la devaluación interna, y su salario fuera de 500€. Y es absolutamente normal, porque a fin de cuentas los trucos monetarios no dejan de ser una forma de cambiar de unidad de medida; un kilo de melocotones pesa lo mismo lo midamos en libras, en arrobas o en quintales. En España tuvimos en el pasado varias devaluaciones y, más allá del alivio psicológico de ver cómo el montante nominal de tu nómina no cambiaba, el empobrecimiento subsiguiente era idéntico al que hubieras sufrido de haberte reducido el salario. Digamos que era una forma indolora de metérsela doblada al populacho (trabajadores y pequeños productores, con poca o nula capacidad de trasladar el incremento de costes a los precios, de la mano de obra o del producto).

Realmente, sí que habría una forma de generar esa competitividad interna: mediante aranceles. Efectivamente, si gravamos las importaciones estamos dándole un respiro a la industria local, que ya sólo tiene que competir con el precio artificialmente inflado al paso por la aduana. Ahora bien, para esto no sólo hay que salirse de la eurozona; Grecia tendría que salirse de la UE. De hecho, ni siquiera sería necesario abandonar el euro para ello (Andorra o Montenegro no pertenecen a la UE y lo usan).

Pero hay que tener mucho ojo: por ejemplo, gravando los discos duros externos no le hacemos un favor a la inexistente industria electrónica griega, y sólo estamos aplicando un nuevo impuesto al consumo para hacer aún más pobre a nuestro querido Yorgos. Y por supuesto, en los acuerdos comerciales existe una reciprocidad: si levantas barreras arancelarias, tus socios comerciales harán lo propio con tus productos. Y esto, paradógicamente, sí que le puede convenir a Yorgos, al menos a corto plazo: porque si Alemania reacciona a un establecimiento de aranceles a sus coches con un arancel del 50% en las uvas de procedencia griega, Yorgos podrá seguir disfrutando de ellas al precio de antes, ya que el importador alemán sólo ofrecerá 25¢/kg, pues tiene que afrontar el pago de otros 25¢ de impuestos, así que en los supermercados griegos el kilo de uvas estará a 0,5ND.

Ahora bien, el viticultor estará cagándose en todo, pues recibe por sus uvas sólo la mitad que un productor italiano o español, a los cuales el alemán le puede ofrecer los 50¢/kg.

Lo cierto es que, con la política arancelaria, ocurre algo parecido como con la energía nuclear o la fotovoltaica: según dónde te sitúes en el espectro ideológico, se supone que debes amar o abominar de una u otra. Si los de enfrente aman algo, es que debe ser diabólico y lo que ellos detestan, algo bueno tendrá. En la mente simple del progre de turno, que realmente no es de izquierdas ni de derechas, sino simplemente imbécil perdido, si los tratados de libre comercio, en particular el TTIP o el TISA, son una calamidad para el pueblo (y a fe que lo serían, si consiguen colárnosla), entonces la mejor opción es el extremo proteccionista.

Grave error. Los aranceles son como los ruedines que llevan los niños para aprender a andar en bici. Si al principio van bien para que el niño no se descalabre, el objetivo es que aprenda a guardar por sí mismo el equilibrio. Lo que es una ayuda con 5 años, es un estorbo ridículo con 15. Otro ejemplo pueden ser unos flotadores, que si bien son útiles, si el niño se aferra a ellos nunca aprenderá a nadar correctamente. Por lo tanto, los aranceles deben ser usados con inteligencia, en su justa medida, para proteger a sectores que aún no son competitivos para darles un poco de tiempo para que se pongan a la altura de la competencia, según se van retirando paulatinamente. Exponer una incipiente industria nacional al sol abrasador de la competencia mundial puede arrasarla cuando es sólo un brote. Pero mantener eternamente los ruedines supone un lastre que impedirá su desarrollo en la etapa de madurez.

Un inciso que se me viene a la cabeza: mucha gente, cuando se trata de regular las suspensiones (generalmente, en las motos deportivas, los coches no permiten esas virguerías) la gente lo hace soberamente mal. Normalmente, acaban endureciendo todo (extensión, compresión y precarga) a tope, porque en alguna parte han escuchado que así es como van los profesionales en competición. Un viejo adagio circuitero sobre las suspensiones reza así: tan suave como puedas, tan firme como necesites. Es tan bueno el consejo que también sirve para reglar la política arancelaria de un país. ;)

Pero bueno, dejémonos de digresiones. Entonces ¿nos conviene salirnos del euro o no? Ya sé que dentro del folcklore progre la respuesta es inmediata, pero me temo que la respuesta inteligente es algo más alambicada y, como suele suceder, comienza por un “depende”. Por ejemplo, si la deuda contraída nos permiten redenominarla en la nueva moneda, ya mismo, vamos, dónde hay que firmar. Con la depreciación que sufriría la moneda y la consiguiente inflación inducida, recortábamos el peso de la deuda a la mitad sin esfuerzo; toda una quita encubierta.

Ahora bien, los acreedores no son tontos. Si hemos contraído obligaciones en euros o dólares, no van a aceptar fácilmente que devolvamos la deuda en neopesetas. Esas os las metéis por el orto, dirán, yo te preste euros, y quiero euros a cambio. Y devolver una deuda en una moneda fuerte, cuando tus ingresos (impuestos, hablando de la deuda pública) son en una moneda débil, supone hacer mucho más pesado el fardo que llevas atado al cuello.

El no tener un banco central propio, sino tener que depender del BCE (en cuyo consejo ya no tenemos ni un asiento, gracias a la Marioneta por conducir a España a la irrelevancia internacional) es una gran putada. Por ejemplo, no podemos acomodar la política de tipos al devenir concreto de nuestra economía, como quedó patente cuando el BCE bajó tipos para hacer digerible la reunificación alemana, pero a nosotros nos supuso echar más leña a una caldera que ya echaba bombas, lo que facilitó la esperpéntica burbuja inmobiliaria cuya resaca aún padecemos (y lo que te rondaré, morena).

Por otra parte, el estar bajo la tutela del BCE nos permite emitir deuda a precios de saldo. Por los cojones un Estado de mierda como España (o la misma Grecia), con déficits crónicos en las cuentas públicas, tasas de desempleo desempleo propias de país africano y unas balanzas comerciales que ni en los momentos de más brutal contracción del consumo conseguimos hacer positivas, podría estar colocando su bono a 10 años al 2%, si no estuviera emitido en euros y respaldado (hasta cierto punto) por el “whatever is needed” de Draghi.

¿Euro sí, euro no? No existe una respuesta fácil ni inmediata y, quien la dé, o es tan sabio que es capaz de asimilar toda esa complejidad y ver desde su altura intelectual el bosque donde los demás vemos sólo una confusión de condicionantes…o es un pobre necio que habla por no saber estar callado. O simplemente un puto progre que tiene opiniones políticas como quien tiene un bolso de Loewe.

Pero entonces ¿no le queda otra alternativa al desdichado Yorgos que resignarse a ser pobre? No exactamente, pero la solución no es, por supuesto, un fácil y rápido truco de magia monetaria. La solución es…

1 agosto 2015

Mάθημα

Filed under: Uncategorized — Mendigo @ 15:08

matemática.
(Del lat. mathematĭca, y este del gr. τὰ μαθηματικά, der. de μάθημα, conocimiento).

Seguimos con Grecia pensando en España, esta vez para sugerir un artículo que, por su descarnada simplicidad, me ha encantado: The Simple Math Behind Greece’s Complicated Situation

Procedo a su traducción, para hacer más accesible su lectura a todo el mundo:

++++++++++

La vida es realmente simple, pero insistimos en hacerla complicada
Confucio

La Navaja de Ockham es un principio frecuentemente mencionado que afirma que cuando nos encontramos ante una colección de aparentemente complejas posibilidades, la aproximación o explicación más sencilla es la más probable. Mientras el BCE y los griegos disputan sobre los términos de otro rescate, usaremos este principio filosófico para comprender descarnadamente la acuciante situación de Grecia.

La relación de deuda/PIB es una de las medidas más básicas y populares que empleamos para determinar la capacidad de un Estado soberano de atender el pago de su deuda. Considerad un Estado que tenga una relación deuda/PIB del 100%, y un equilibrio presupuestario (excluyendo el pago de intereses). En tal Estado, se puede afirmar que el tipo de interés de su deuda debe ser igual al índice de crecimiento del PIB, para que la proporción deuda/PIB se mantenga constante.

En este ejemplo, unas tasas de interés del 2% y un crecimiento del PIB del 1%, conducirían a un incremento de la relación deuda/PIB hasta el 101%. Como ahora la proporción es superior al 100%, el tipo de interés medio a pagar por la deuda debe reducirse por debajo del crecimiento del PIB para retornar a ese nivel del 100% e impedir así que siga subiendo el ratio.

A una relación deuda/PIB del 150%, un 2% de interés de la deuda requeriría una tasa de crecimiento del 3% para mantener la relación estable.

Grecia tiene actualmente una relación deuda/PIB = 170% y, según los términos del rescate que se están negociando, es probable que crezca por encima del 200%. Así que aplicando el mecanismo antedicho, la tasa de crecimiento de la economía griega ha de ser superior a 1,7 veces el tipo de interés al que se financie, para mantener el equilibrio de esta medida. [N.d.M: Luego para reducir paulatinamente el peso de esa deuda, rebajándola hasta niveles tolerables, habría que reducir los tipos medios a los que se financia el Estado, y/o espolear la economía con incrementos ulteriores por encima de ese multiplicador x1,7 sobre los tipos, y/o generar superávits primarios, lo cual a su vez comporta incrementar la recaudación y/o reducir los gastos e inversiones del Estado griego].

A continuación, algunos datos que nos permitirán hacernos una idea de la capacidad del Estado griego de hacer frente a su deuda:

– Desde 1970, la mayor tasa de crecimiento de la economía griega por periodos de un lustro, ha sido del 1,5% anualizado, con una media del 0,46%. Durante los últimos diez años, la media ha sido de -0,5%.

– Desde 1997, el tipo de interés más bajo en periodos de 5 años del bono griego a 10 años ha sido del 3,41%, con una media del 7,5%. Durante los últimos 10 años, el tipo medio anual del bono a 10 años griego ha sido del 8,16%.

+++++++++

COMENTARIO: Como todos sabéis, el Estado griego no acude al mercado para colocar su deuda (por eso se acogió al primer rescate, porque sus costes de financiación se disparaban con tipos del 20%), sino que es acordada con el FMI o el EFSF (European Financial Stability Facility). Debería ser un dato bastante simple, pero, sin embargo, no he encontrado dos informaciones iguales para responder a la pregunta ¿Cuánto está pagando Grecia por los rescates? (rescate de la banca privada alemana y francesa, que pudo descartarse de la basura griega transfiriéndosela al BCE, pero también la misma banca griega, que usa los mismos papelitos como colateral para acceder a financiación). Yo tenía entendido que el segundo rescate fue en una condiciones especialmente ventajosas, de un interés del 1,5% y con periodo de carencia hasta el 2022, pero luego leo informaciones que complican mucho más esta cifra.

La cuestión es que es un dato crucial, pues como hemos visto es determinante para considerar la deuda griega como impagable o no. Pero demos por buena la cifra del 1,5%: esto exige que Grecia crezca de forma sostenida durante años, décadas, al 3%, mientras está sometida a una depresión fiscal para conseguir ligeros superávits primarios para ir reduciendo progresivamente el monto de la deuda.

Los griegos tendrían que hacer muchas cosas bien, para que tal proeza fuera posible (también se puede montar otra burbuja inmobiliaria, pero aunque funcionase, en el largo plazo es un tipo de crecimiento insostenible y, como hemos visto, incluso perjudicial).

Cualquier cifra por encima de 1,5% (ni qué decir de los tipos del 5% e incluso del 7% del primer rescate) convierte a la deuda griega en matemáticamente impagable. Y como dice el viejo adagio: lo que no puede ser, no puede ser y, además, es imposible.

Al final, irónicamente, los actores que han propuesto una salida real, mejor o peor, pero real a la tragedia griega son Schäuble y Varufakis. Sólo desde una ruptura de la actual dinámica de endeudamiento creciente se puede comenzar a construir una solución para Grecia. Lamentablemente, ha ganado la solución comodín de la clase política: instalarse en la negación y darle otra patada a la deuda, a ver si el engendro aguanta hasta la próxima legislatura y, el que venga detrás, que arree.

Si sólo fuera Grecia…

Si sólo fueran las administraciones públicas las que recurren al patadón, y ya veremos dónde vuelve a caer y cómo lo toreamos…

El día que se cierre el grifo de la financiación, aunque sea por unos meses, a nivel global, no habrá maquillaje contable que pueda disimular que buena parte de los balances, tanto públicos como privados, son propios de un zombie económico que se resiste a morir vampirizando más recursos de los que aún quedan con vida.

El hostión de descubrir que el rey va desnudo va a ser tal, que sacará a la Tierra de su órbita.

« Página anteriorPágina siguiente »

El tema Rubric. Blog de WordPress.com.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 268 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: