La mirada del mendigo

22 marzo 2015

Picasso na Coruña

Filed under: cultura libre — Mendigo @ 1:50

Permitidme contaros una anécdota que, aunque al principio no lo parezca, me sirve para introducir un tema clave en la consecución de la sociedad próspera y productiva que llevo proponiendo en los últimos artículos. Quizá lo más interesante de las plataformas para compartir coche sea charlar con personas con las cuales, en otras circunstancias de la vida, sería difícil coincidir. La economía descentralizada y colaborativa es, además, una herramienta de socialización y creación de un tejido civil destruido (a conciencia) por las corporaciones.

Bueno, pues la anécdota, que me enrollo. Llevaba en el coche a una chavalita de Bellas Artes, y me contaba que en su escuela habían estudiado a Picasso, pero sólo su etapa coruñesa, porque como estábamos en Galicia era “lo que nos interesa” según me describió el argumento de su profesor. Lo cierto es que yo no tenía ni idea de que Picasso hubiera vivido en A Coruña; y sí, a su padre lo trasladaron desde Málaga, y la familia vivió allí cuatro años, hasta que el pintor cumplió los 14 y al padre le dieron la cátedra en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona (donde estudió y destacó el pequeño Pablito).

Puede ser interesante, para un estudioso de la obra del autor, investigar su infancia rastreando al genio en esas obras. He estado mirando un poco algunas de ese periodo y, desde luego, para ser un puto crío, pintaba con notable destreza. Ahora bien, prescindir del grueso de la obra de Picasso para centrarse sólo en una etapa muy concreta, con mucho la menos importante de su carrera, además de un modelo de artista universal…el diccionario se me queda corto para describir a ese profesor ¿imbécil rematado? No, aún peor. Como no tenemos noticia de que Leonardo da Vinci visitara Galicia, que descuelguen sus lienzos de las pinacotecas y los tiren a la basura, eliminen sus páginas de los libros de historia. Ese risible provincianismo podría ser propio de una maestrilla de parvulario, ahora vamos a celebrar el día de la madre, y luego, caretas para el Halloween. La inteligencia de los de magisterio no da para más (de hecho, suelen ser más estúpidos e infantiles que los propios críos, que asaz frecuentemente se ríen de ellos). Pero ¡alto! que estamos hablando de un profesor universitario.

Estuve pulsando su conocimiento sobre el pintor, sobre la etapa azul, la etapa rosa, sus estudios sobre las culturas mediterráneas, ibera, minoica, micénica, su relación con la alfarería… A la pobre niña no le habían explicado nada de eso en clase, a una estudiante de Bellas Artes de último año, y bastante espabiladita (que ya es decir, porque esa facultad es otra escombrera, casi al nivel de magisterio o trabajo social).

Para reír y llorar al mismo tiempo.

Eso me recordó a mi juventud, cuando haciendo el CAP el imbécil enchufadillo que nos daba clase nos insistió en que nuestra obligación como futuros profesores (de la que me libré) era la de aprobar a nuestros alumnos, porque así debía ser en una escuela democrática. ¿?¿?¿? Mezcolanza aberrante de conceptos, píldora recubierta de sacarina progre, que supone una amenaza más seria para el futuro de la escuela pública que un batallón de Espes con su séquito de corruptos.

Otra anécdota. Cuando estaba en delegación de alumnos (yo era del club deportivo, el cual los de rugby lo teníamos tomado al asalto, pero como los despachos eran anejos acaban confundiéndose en un contubernio poco edificante), nos vino una embajada de alumnos de nosedónde, pero desde luego no eran de la Politécnica, con puntos a defender ante los rectores y decanos. Uno de ellos, lo recuerdo perfectamente, es que todo examen con más de un 50% de suspensos (respecto a los inscritos!) debería ser automáticamente anulado y repetido, bajando el nivel para que al menos la mitad aprobasen. Recuerdo que nos costó recuperarnos de la sorpresa, las caras raras con que nos mirábamos en plan ¿pero de qué planeta vienen estos? Luego los acompañamos a los tablones de anuncios, para que vieran un ejemplo de las notas. En una escuela técnica, lo normal es (era, y espero por mi profesión que lo siga siendo) un 10-20% de aprobados ¡respecto a los presentados! Lo de “curso por año” reservado a portentos intelectuales, leyendas universitarias de los cuales se hablaba en la cafetería con admiración y un poco de incredulidad. Uno de los momentos más orgullosos de mi existencia, es ver mi nombre al lado de un aprobado pelado en Cinemática. Sólo éramos cuatro, creo que uno con un notable. El resto, una larguísima, monótona y ominosa relación de suspensos.

Otras veces, yo estaba del lado de los suspensos. Y así debe ser. Al menos por aquel entonces, las ingenierías seguían resistiendo a la popularización de la enseñanza universitaria y el título tenía algún valor. Un título de psicología, por ejemplo, se consigue como premio en un paquete de galletas (dicho esto por uno del gremio).

La universidad, por historia y por esencia, debe ser elitista. Y si no es elitista por capacidades intelectuales, lo será por capacidades económicas (es decir, todo niño cuyos papis tengan la suficiente pasta para mantenerle hasta que termine, y pagarle segundas y terceras matrículas, tiene asegurado su papelote). La universidad, principal ascensor social, debe ser no sólo gratuita, sino que se debe subvencionar al alumno (proveerle de residencia, comedor y material, el dinero de las becas acaba en los bolsillos de los caseros), para que todo aquel que tenga aptitudes estudie, sin importar su extracción social. Pero en sus aulas sólo pueden tener cabida las mejores mentes de cada generación. Y, si seleccionamos a los mejores, que son por definición minoría, necesariamente habrá que rechazar a la mayoría. Es una exigencia lógica. ¿Duro, eh? Pero es que el ingreso de mediocres (y los que ni siquiera llegan a eso, a la privada) en las aulas desploma el nivel y desnaturaliza la esencia de la enseñanza superior.

Por el contrario, si rebajamos el nivel de los estudios, para que todo aquel que se lo proponga pueda egresar con su titulito bajo el brazo; si está al alcance de la mayoría, ese titulito carece de valor (como carece de valor todo aquello que puede hacer cualquiera; si todos pudiéramos pintar como Picasso, su obra no valdría nada, igual que no tienen ningún reconocimiento bostezar o tirarse un pedo).

La cuestión es que la gran mayoría de los que hoy se pasean con el título de licenciado, diplomado, e incluso doctor…no deberían haber sido admitidos siquiera. Su pensamiento es romo, su cultura es somera, no tienen nada que aportar a su disciplina. Pero lo que es aún peor: buena parte de los profesores universitarios, tampoco deberían jamás haber franqueado las puertas de una facultad como alumnos (quizá como servicio de mantenimiento…). Y esto es terrible: buena parte del profesorado universitario son mediocres que encuentran en la docencia salida a una situación laboral comprometida, pues no son, al menos el mercado laboral no los considera, aptos para incorporarse a la actividad económica. Los sueldos son bajos, pero aún están por encima de los merecimientos, y de los esfuerzos, de muchos de los docentes.

Disculpad otro inciso para contar otra batallita. En rugby contratamos a un entrenador: nos vino un cincuentón con ademanes y modales de sargento chusquero. Al poco me di cuenta que su nivel cultural era también acorde a su planta: un verdadero mastuerzo. Pues no sé cómo vino a cuento, que salió el tema de sus alumnos ¿este profesor de algo? Como no sea tiro de arado…me dije. Cuando habla de la universidad y verbalicé mi pasmo ¿Tú eres profesor universitario? Desde abajo me miró con esa rabia de los que se saben inferiores, a pesar de todos sus esfuerzos. Efectivamente, profesor de Educación Física (que eso sea una carrera universitaria también habla mucho de la decadencia de nuestra sociedad). Al poco, colgué las botas, aburrido de los berridos desde la banda de aquel mendrugo. Se acabó el buen rollo y donde había un juego (rudo, extenuante, muy exigente…pero enormemente divertido), él trajo la competición, el discurso parafascista del deporte, como si la victoria valiese algo o tuviera algún sentido (pero explícale el valor del sentido lúdico del esfuerzo físico a semejante cabestro).

Pero retomemos el hilo, que se me van a perder las agujas.

Lo enunciaré de forma aún más brutal: sobra el 90% de la población universitaria. Deberíamos quedarnos con el 10% de mejores alumnos y el 1% de mejores profesores (a los cuales habría que retribuir acorde a su valía).

Sobran las clases magistrales, pues la imprenta se inventó hace siglos, es ridículo hacer perder el tiempo a los chavales como amanuenses. De cualquier disciplina hay ya estupendos libros de los cuales se puede dar cuenta en una bibliografía, siempre orientativa. El profesor que recomiende su propio texto no atenta solamente contra la modestia y el decoro, sino también es un corrupto evidente, pues utiliza su cargo público para lucrarse forzando a los estudiantes a adquirir su birrioso manual (aún recuerdo el de Prehistoria de la UNED, coleccion de datos inconexos que ya no es que fuera ortográficamente una blasfemia, es que gramaticalmente era un aborto: párrafos enteros sin coherencia ni sentido). Buena bibliografía a disposición del alumno (proscripción hasta del mismo concepto de propiedad intelectual, al menos en el ámbito universitario) y tutorías individualizadas, no necesariamente presenciales, para que el profesor acompañe el proceso allanando los escollos cuando éste quede atorado.

Hay que terminar con la tontería de la independencia universitaria y la libertad de cátedra, excusa de los docentes para esconder tras de ellas su mediocridad y sus simplezas, como la que contaba del profesor que sólo expone la etapa infantil de Picasso (pedazo adaptación curricular). El profesor es un asalariado, y debe dar el programa que determinado por su patrón, que es el Estado. Y si quiere dar lo que le salga de las gónadas, que se pague la construcción de una academia, y que allí enseñe lo que se le plazca.

El gran mal de la universidad española es que arrastra el modelo inveterado autoritario, cristalizado en el modelo de profesor-funcionario de la universidad franquista. La universidad española está construida en torno y a mayor gloria del profesor, para su mayor comodidad y solaz. Debe ser el único negocio en que se trata al cliente como subordinado. El centro de la enseñanza debe ser el alumno, y a su servicio debe estar el profesor, que para eso cobra (y si no está conforme, deberá buscarse otro oficio). No exactamente el alumno, sino la educación del alumno (tampoco la universidad va a estar regida por el alumnado, ya quisieran ellos… :P). Dejémosnos de buenismos: manda el que paga, que es el Estado. A la postre, la sociedad. El profesor es un asalariado que debe hacer bien su trabajo, que es enseñar a sus alumnos (y la evaluación de unos es la evaluación del otro) y, el que se demuestre como inepto, a la calle. En la universidad pública sólo deben dar clase los mejores. Y en la privada, eso ya no es asunto del Estado. Ahora bien, no podrán expedir títulos. De hecho, propongo que los exámenes sean comunes a todo el Estado, única entidad certificadora, en un modelo que, éste sí, me parece muy bien implementado en la UNED (el modelo único de examen es impreso en el mismo momento de acceder al aula de examen) y corregidos anónima, aleatoria y fraccionadamente (un profesor cualquiera, una parte).

Y si tal receto a los alumnos, cómo no en la selección de personal docente. Atrevámonos a pronunciar el nombre de la bestia: La endogamia universitaria, los bantustanes en que se convierte cada departamento, con reyezuelos y una jerarquía de lameculos esperando su oportunidad cuando el trono quede libre, tal es el pecado original de la universidad española. La selección de personal es perversa, y eso determina la baja cualificación científica del profesorado. Si el catedrático quiere contratar gente, insisto, que se pague su propio cortijo y, allí, como si contrata a su putísima madre. Si paga el Estado, elige el Estado, y este proceso de selección debe ser ferozmente riguroso, por la importancia del cometido. El daño que causa un mediocre dando clase es tremendo, más peligroso que poner a un pirómano como centinela en la santabárbara.

Sobran también y por supuesto las provincianas facultades de todo en el último rincón peninsular. Se deben crear polos de atracción en cada uno de los campos, donde se concentren los mejores docentes y alumnos para que las relaciones personales derivadas de la proximidad geográfica estimulen el progreso de esa disciplina. Por ejemplo: una sola facultad de aeronáutica, en Sevilla. Todo aquel que quiera hacer algo de aviación en España, tiene que irse a orillas del Guadalquivir, promoviendo la creación de empresas del sector aeronáutico y tecnológico en la zona. Con dos facultades de Letras, Salamanca y Santiago, tres quizá contando Coimbra o Alcalá, sobraban. Otras más demandadas, pongamos Medicina, Económicas o Informática, podría haber no más de media docena. Y así.

Y no, no pasa nada porque el niño no pueda estudiar sin salir del domicilio paterno. De hecho, le vendrá de puta madre salir del nido, cambiar de aires y espabilar un poco, que luego a los españoles se nos huele el provincianismo a leguas de distancia. Ves a los universitarios y aún tienen el chupete en la boca, se lo quitas y cogen un berrinche.

Por supuesto, a ese otro 90% de alumnos que no tienen méritos para ingresar en la universidad, se debe crear otros itinerarios educativos para albergarlos. No pasa nada, también muchos niños sueñan con ser futbolistas famosos y sólo unos pocos acaban jugando en 1ª división, y eso no les supone un trauma. Y si lo hace, tendrá que aprender a superarlo el nene. Pero vamos, que si los papis se empeñan en que su hijo tonto sea universitario, que se queden con la actual universidad, que no es más que una prolongación del bachillerato (y, en ocasiones, con menor rigor y exigencia) y se creen centros de excelencia para ese 1% de la población que realmente es capaz de empujar el conocimiento humano más allá de sus actuales fronteras. El nombre es lo de menos, por motivos sentimentales podemos ponerle Estoa, Academia, Jardín…pero como si los llamamos Cuadras o Lupanares, lo importante es la sustancia, no el acierto descriptivo del nombre que la designa.

Y un último trazo más para acabar este utópico boceto de enseñanza superior. La universidad ahora mismo es una expendedora de títulos: de enseñanza, poco y mal. Cuando terminas, a nadie le importa si tienes serias lagunas en tal o cual aspecto (en mi caso, cráteres como el del Etna), tienes el certificado burocrático firmado por un puerco como que dominas la materia y a ver quién lo cuestiona. Hay que revertir esta situación: lo de menos debe ser el título, lo importante debe ser el aprendizaje. Y el aprendizaje es un proceso vital, quien crea que con veintitantos años ya sabe lo que debe saber de una materia, ése, nunca debería haber entrado a la universidad (porque es idiota). A los veintipocos no sabes NADA, a los treintaymuchos no sabes una mierda, y probablemente llegarás a la senectud habiendo sólo rascado con una uña el mármol del templo del conocimiento. Por lo tanto, las aulas de las universidades (y por extensión, de todos los niveles educativos) deben estar abiertas a todas las edades, y el proceso de aprendizaje debe ser el empeño de toda una vida.

La idea de ver varias generaciones mezcladas en las aulas, aprendiendo recíprocamente, un ideal de comunidad de aprendizaje sin otro fin que el mismo conocimiento, libres de las ataduras de créditos y notas, se me antoja deliciosa. Y, al mismo tiempo, increíblemente potente, porque la universidad sería el matraz que proporciona el Estado para que en su interior se den todo tipo de reacciones, alguna fuertemente exotérmica, explosiva, que nos ponga de una puta vez en la vanguardia del pensamiento.

Y el resto, vendrá rodado…

16 marzo 2015

La riqueza es infinita

Filed under: economía — Mendigo @ 17:34

Charlando con Santi en otra entrada, al final llegamos a lo que es la clave de bóveda del error de la magufada decrecentista: considerar como riqueza sólo la materia. Una vez retirada, toda esta nueva moda progre (que es sólo una reelaboración del malthusianismo y el darwinismo social, que considera al ser humano como una bacteria en una placa de Petri) se viene abajo:

[…] que la acumulación de riqueza puede seguir hasta el infinito, reflejando el progreso humano, no me cabe ninguna duda. De hecho, es la lección que nos enseña la historia.

Claro, que para seguir hablando deberíamos definir antes riqueza. Porque si se entiende riqueza sólo como el oro y los diamantes, que escribía alguien en algún comentario… Riqueza es la abundancia de todo aquello que tiene valor. El tener acceso a un oncólogo si me palpo un bultito puede ser una riqueza mayor que encontrar una mina de diamantes. El conocimiento es riqueza. Es más, el conocimiento es la mayor de las riquezas, y cada vez la diferencia en su valoración se amplía, respecto a los bienes materiales, en la sociedad del conocimiento.

A la postre, un microprocesador no es más que un puñadito de arena fundida. A eso se limita su materialidad. Lo que le da valor es…el conocimiento.

Y la evolución del conocimiento, el progreso de la Humanidad, a pesar del lastre de supersticiones, religiones y otros dogmas y magufadas, sigue una trayectoria imparable hacia las estrellas.

10 marzo 2015

La trampa

Filed under: economía — Mendigo @ 0:28

Juan Torres expone ejemplarmente en su último artículo el mecanismo de la trampa en la que consiste la moneda única.

Recomiendo su lectura y aporto alguna explicación ulterior para mejorar su comprensión, que me parece fundamental para entender el problema al que nos enfrentamos.

En una situación convencional de intercambios comerciales entre dos países con soberanía monetaria (cada uno acuña su propia moneda, que fluctúa libremente), el exportador neto ve cómo su moneda se aprecia, encareciendo los productos que ofrece (ya que sus compradores deben adquirir esa moneda, llamémosle marco, para hacerse con sus productos). El importador neto ve como su moneda se deprecia (por el mecanismo opuesto, debe vender su divisa, la peseta, para hacerse con marcos con los que pagar al vendedor). Esa caída de valor de la peseta respecto del marco, hace más competitiva la industria autóctona frente a la de fuera, reduciendo las exportaciones (más caras para los españoles) y aumentando las importaciones (que les resultan más baratas a los alemanes). Este efecto tiende a reequilibrar los saldos comerciales.

Cuando exportador e importador están atados a la misma divisa, se anula ese mecanismo de reequilibrio automático, y el exportador (Alemania) puede seguir vendiendo eternamente sin que su moneda se aprecie respecto a la del comprador neto (España), ya que es la misma.

Si el importador quiere equilibrar la situación de su balanza comercial, debe reducir salarios, pero como muy bien explica Torres, esto deprime la economía. Dentro de un mismo Estado, este Estado debería reequilibrar con impuestos y prestaciones esos flujos netos direccionales (o no, pero eso es otra cuestión). Desde luego, las transferencias de ese supra-estado que es la UE no compensan ni con mucho ese flujo saliente de capital, que es el déficit comercial, una herida en el costado sin forma de restañar, porque los mecanismos naturales de cicatrización han sido anulados por el veneno del depredador.

Hemos caído en la trampa de la gran máquina exportadora germana, de la cual somos sus clientes permanentes. Mordidos por el vampiro, somos sus esclavos, ganado para saciar su sed. Para cerrar la trampa sobre nosotros, la banca alemana nos presta para que podamos seguir comprándoles, invirtiendo así el superávit que obtienen de su balanza comercial positiva. Es decir, vendiéndonos más metros de cuerda para ahorcarnos.

De esta celada sólo veo dos formas de salir:
– O comernos al depredador, produciendo mejor que él y dándole la vuelta a la balanza comercial a base de excelencia y tesón.
– O romper la baraja, reconocer que no podemos competir de tú a tú con la economía alemana y salirnos del Euro cuanto antes mejor; empobrecernos vía devaluación de la neopeseta y, desde ahí abajo, empezar de nuevo a competir como siempre hemos hecho. Los campeones de la miseria.

Para lo primero habría que hacer muchas cosas muy bien; como posible es, pero no con la recua de mulas que me cruzo a diario por la calle, animales acostumbrados a tirar de la carga cuando el amo agita la fusta. Requeriría una transmutación radical, donde cada ciudadano asumiera su responsabilidad en lograr una economía más eficiente, con esfuerzo personal (estudio) y exigencia colectiva (estructuras más eficientes y justas). Con animales de tiro es imposible, pero con ciudadanos libres que reciben el beneficio de su esfuerzo, quizá seríamos capaces de lograrlo, y darle una lección al mundo. Sería divertido, ver a Alemania atrapada en su propia red, hundiéndose a cada paso más en déficit comerciales crónicos.

La otra salida es sencilla: tirar la toalla y acostumbrarnos a lo de siempre, sudor y moscas, que es el destino que nos hemos labrado durante generaciones.

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NOTA: Curiosamente, la misma relación monetaria de tipo vampírico que tiene Alemania con España, la tiene China con USA. Las autoridades chinas (ilegítimas, puesto que no elegidas) han anclado el renminbi (la moneda del pueblo) con el dólar, así que por mucho que los saldos comerciales con el gringo sean positivos, su moneda no se aprecia respecto al dólar, y pueden seguir vendiéndoles eternamente. De ahí el énfasis de todas las instituciones económicas dominadas por USA en que permita la libre flotación del tenminbi, para que la apreciación de su moneda reste competitividad a la maquinaria exportadora china y darle una oportunidad al resto del mundo para poder competir contra ellos.

Ya os lo he dicho: en China se están haciendo muchas cosas muy bien, y es un ejemplo de éxito de una economía planificada. Su modelo es mucho más que trabajar de sol a sol por una escudilla de arroz, y contrasta la inteligencia con que dirigen sus asuntos con la torpeza y provincianismo con que se gobierna nuestro barco (qué bien, una moneda para todos, que chupi, vamos a unirnos a ella; y votar una Constitución Europea que no nos hemos leído, porque es lo guai y Europa mola).

7 marzo 2015

Hubbert es trivial

Filed under: energía — Mendigo @ 21:46

Cuando era un rapaz, era un bicho raro: me gustaban las matemáticas. Lo que me cansaba era cuando tocaba estudiar propiedades de operadores y funciones que caían de cajón (aunque su demostración a veces era peliaguda, lo cual me enervaba más, por tener que dedicar esfuerzo a algo que se me antojaba evidente).

Ya talludito, parece que debo seguir dedicándole esfuerzo a demostrar lo evidente. Una de esas propiedades bobaliconas recuerdo que decía algo así: toda función continua y acotada por arriba anula en al menos un punto la derivada primera. Lo cual es evidente, porque es lo mismo que decir que toda función que no tienda a +∞, habrá necesariamente de tener un máximo (un máximo global, pero puede tener más máximos locales).

Estamos con matemáticas de 3 BUP; es muy triste tener que rebajar el nivel hasta aquí, pero visto el nivel es necesario.

Sabemos que el proceso de formación del petróleo opera en una escala temporal de miles de años; visto desde la perspectiva humana, podemos considerar los recursos petrolíferos como un stock fijo del cual vamos retirando cantidades del subsuelo. Por lo tanto, la función de extracción, dado que la cantidad de petróleo en la corteza terrestre es una cantidad limitada (su tasa de reposición es infinitesimal en comparación con la cantidad explotada), es una función acotada superiormente.

Este fenómeno ya fue descrito por la sabiduría tradicional gallega: Onde se quita e non se pon, acábase o montón. Desgraciadamente, Hubbert nunca aprendió gallego.

Y, por lo tanto, al ser la función de extracción de crudo una función acotada, podemos asegurar que en algún punto tendrá un máximo.

Por lo tanto, no es que Hubbert estuviera errado. No, antes bien, estaba en lo cierto. Por lo que me río de este tipo y de sus seguidores (hubo alguien que mencionó el término hubbertiano, y ya me descacharré) es porque su famoso enunciado…¡ES TRIVIAL! Es cierto, tendrá que haber un pico ¡pues claro! Eso lo sabemos todos los que hemos hecho una bachillerato decentito. Es evidente, incluso para un crío de 16 años que tenía cuando estudiaba esas propiedades, es evidente.

Por lo tanto, el señor Hubbert lo que hizo es descubrir las sopas de ajo. En la historia de la ciencia, viene a ser como si un señor inglés llegara mañana a Cuenca y plantase la Union Jack, como descubridor de esa terra incognita. Que Cuenca existe (de Teruel ya hay más dudas) es conocido por la civilización desde hace algún tiempo, valiente descubrimiento. Si digo que uno y otro son imbéciles no es porque estén errados, Cuenca está a orillas del Tajo y en algún punto toda función de extracción de cualquier recurso no renovable alcanza un máximo. Es cierto. Pero es que ES EVIDENTE!!! Al menos para los que tenemos un nivel académico regularcillo. Firmar la invención de las sopas de ajo coloca al presuntuoso descubridor a la altura intelectual de un estudiante universitario que llega un día a clase todo alterado, y le dice a todos sus compañeros “Eh, sabéis de lo que me he enterado??? Que los Reyes Magos son nuestros padres!!!!”

Insisto, no es que Hubbert esté equivocado. No, es que ha dicho una chorrada, una obviedad, una trivialidad. Hubbert es la versión anglosajona del castizo prócer don Pero Grullo, un personaje de cuchufleta.

Luego, tras descubrir lo evidente, se envalentonó y pretendió predecir el futuro, y ahí fracasó miserablemente (ni su inteligencia ni su imaginación le permitieron concebir que entrasen nuevas variables asociadas al progreso tecnológico).

De todo este asunto del pico de petróleo, lo que sorprende realmente es que le sorprenda a alguien. Todo el mundo en el sector de la energía da este hecho por descontado, pero para una pequeña cantidad de legos en la materia, creen que han descubierto el Santo Grial.

¿Hay algún idiota que crea que existe algún operador en el mercado de crudo (CBOT) que ignore que el petróleo es limitado y que algún día la curva de producción necesariamente alcanzará su máximo?

5 marzo 2015

Lo que nos falta, lo que nos sobra

Filed under: economía — Mendigo @ 17:38

Esta entrada surge como continuación natural a la anterior, en la que toqué de pasada el tema del tamaño y la distribución sectorial de las empresas españolas.

Sobre el primer punto, el tamaño, propongo un gráfico que en mi opinión es concluyente al respecto:

productividad tamaño

Las grandes empresas son más productivas, lo cual es una ventaja competitiva determinante. Sin embargo, en España, existe una superabundancia de PyMEs respecto a los países de nuestro entorno (me refiero a Europa, no Marruecos).

Correlación no implica causalidad, pero parece que hay una clara relación entre prosperidad, pujanza económica, y tamaño de la empresa.

Cerrando el foco:

No es ninguna novedad: una gran empresa tiene unos privilegios de los que las PyMEs carecen, como la mayor capacidad para fijar precios; un mayor músculo financiero que le da mayor resiliencia a las crisis o, por ejemplo, le permite acceder a otros mercados; la capacidad de dedicar mayores recursos a investigación y a inversiones en capital fijo (es decir, a crearse un futuro, ganando en productividad y competitividad). Otra de las ventajas determinantes es el acceso a los mercados mayoristas de deuda, mientras que la PyME está atada al más costoso crédito bancario. Por todo ello, la empresa grande es generalmente más eficiente que la pequeña, sacándola del mercado, un mercado en el que cada vez quedan menos jugadores, cada vez más grandes (en la entrada pasada os ponía el ejemplo de la automoción).

brands

Podéis localizar en el gráfico “nuestra” SEAT. El pez grande se come al chico.

Por lo tanto, creo que no es arriesgado afirmar que uno de los grandes males que aquejan a la economía española es el reducido tamaño de sus empresas.

Ahora vamos a atacar el segundo punto. Hay pocas empresas grandes radicadas en España, y de las que hay ¿a qué se dedican? Pasamos al análisis sectorial comparativo de las grandes empresas españolas. Para ello compararé las empresas del IBEX con las del DAX y las mayores empresas cotizadas usamericanas (cruzo el Dow Jones con el Nasdaq, algunas cotizan en ambos). Para no hacer la lista interminable, en este último caso me quedo sólo con las empresas con una capitalización superior a los 50 G$.

Aquí las tres listas, con el sector al que pertenecen:

1

Un poco liado, es cierto. Como me figuro que no tendréis paciencia para ir empresa por empresa, procuraré ofreceros la comparación de forma más plástica. Por ejemplo, destaco de entre las listas las entidades bancarias:

2

Abundancia de bancos en España, copando además las primeras posiciones (más de la tercera parte del IBEX en capitalización). En Alemania y USA también hay bancos poderosos pero, además, hay otras empresas.

Una de las cosas que más me sorprendió cuando me empecé a interesar por la economía, fue constatar la falsedad de mis prejuicios sobre la economía gringa, copada y gobernada por la gran banca de inversión. Es cierto que tienen bancos muy poderosos que operan globalmente, pero poniéndolos en relación al tamaño total de su economía, vemos que están más proporcionados que a este lado del Atlántico. Efectivamente, la economía europea está mucho más bancarizada que la usamericana y, en especial, la economía española es un caso notable de excesivo peso de las actividades bancarias en el conjunto de la economía (sin llegar, claro está, a los casos extremos de Irlanda, Suiza, Luxemburgo u otros paraísos fiscales).

Definitivamente, USA es una enorme locomotora económica (como lo es Alemania, en otra escala) que no vive del cuento, sino que produce artículos y provee de servicios que se consumen en todos los rincones del mundo. Esto es lo que realmente hace grandes a una y otra.

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Pero continuamos. Vamos a observar otra particularidad española, como la tortilla de patatas o la siesta. En celeste, las constructoras.

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¡Vaya! Parece que el clima español es propicio para el crecimiento de las constructoras, que medran en un terreno abonado por sobres y regadas por ampliaciones de contrato. Es curioso, significativo, que en los índices alemán o gringo no aparezca ni una sola constructora entre las mayores empresas, y en España se cuelen siete. No es de extrañar, por otra parte, en el país de los aeropuertos sin aviones, los trenes de alta velocidad con parada en municipios de un millar de habitantes, los edificios “emblemáticos” a los cuales se les busca utilidad una vez construidos… La generosa presencia de constructoras en el Ibex es la prueba del algodón del estado de corrupción en que España está sumida.

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Otra particularidad más, las empresas energéticas:

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Cualquiera diría que comemos kW*h, bebemos crudo y alentamos metano en España, para semejante profusión de eléctricas, gasistas y petroleras entre las mayores empresas del país. El segmento de la energía es un oligopolio natural (especialmente el transporte y la distribución) y, de hecho, varias de ellas son los antiguos monopolios estatales privatizados. Sugiero una posible explicación a esta pujanza de las energéticas en España: que paguemos la energía eléctrica más cara de Europa salvo los sistemas insulares de Irlanda y Chipre. Y que tengamos el privilegio de tener los precios de los combustibles antes de impuestos más altos que en el resto de Europa.

Pero lo que son buenas condiciones para estas empresas, es un lazo que estrangula a otras empresas en forma de altos precios de la energía que lastran su competitividad.

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Ahora vamos a hacer un compendio de todas aquellas empresas que se mueven en un medio en el cual la afinidad, el beneplácito del gobierno es un factor fundamental para el desarrollo del negocio. Es decir, aquellas empresas que operan en sectores con una competencia restringida (oligopolios), en sectores fuertemente regulados (energía, banca…), antiguas empresas estatales privatizadas cuando gozaban de posición monopolística, aquellas otras para las cuales el Estado es su mayor cliente (constructoras). Es decir, todas aquellas empresas que no se enfrentan a la competencia en mar abierto, sino que navegan al amparo de las tormentas valiéndose de su relación con el poder (al cual ora agasajan, ora domeñan, enlodando la democracia).

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Un buen retrato de la burguesía española, que sólo se aviene a jugar con las cartas marcadas.

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Hasta aquí lo que nos sobran. Ahora vamos con las carencias del tejido empresarial español. En azulón, empresas del IBEX 35 que se dedican a la producción, y que tienen que enfrentarse a la competencia sin el abrigo de las administraciones, y la comparación con sus pares alemanas y usamericanas.

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Hemos actualizado la mal traída cita de Unamuno, y la hemos convertido en el ¡que produzcan ellos! La alta burguesía española le tiene tanta aversión a la competencia como a la innovación. Para qué arriesgarse en un mar plagado de incertidumbres como es el complejo piélago de la tecnología, cuando ordeñando la vaca española (y de las ex-colonias) se pueden obtener buenos rendimientos sin calentarse la cabeza.

Sobre va sobre viene, un exministro recolocado, una regulación benevolente y un par de recalificaciones oportunas: no hace falta más para ganar una bonita suma en esta monarquía bananera. Mientras tanto, el déficit comercial se hace crónico (ni incluso con una brutal contracción del consumo conseguimos anularlo, y ahora vuelve a crecer) porque tenemos que importar prácticamente todo lo que tenga un mínimo de tecnología, mientras que nuestro principal activo exportador son las naranjas y demás productos de huerta.

Cuando alguien abre un negocio, busca dar al cliente un producto o servicio en mejores condiciones que la competencia. El resumen de todo lo anterior es una conclusión devastadora: no tenemos nada que ofrecerle al mundo.

Dicho de otra forma: no producimos nada (temperemos la aseveración, no en cantidad suficiente para la envergadura y potencialidades del Estado español) que poder vender en los mercados internacionales, ni incluso que colocar en el mercado interno. Por producir, algo producimos, pero para patrones más allá de los Pirineos. El beneficio sigue por tanto el mismo camino, como un perrito corriendo tras su dueño.

Y tal es la razón última de que haya cinco millones de parados, y de que los jóvenes tengan que emigrar porque aquí no hay trabajo para ellos. Las empresas españolas no logran competir, ni incluso pagando salarios de miseria, y por lo tanto tienen que cerrar o ni siquiera llegan a abrir sus puertas. No hay actividad económica y crece el desempleo, la pobreza y la desesperación.

Me autocito de la entrada anterior: Necesitamos crear LGes, Ínteles, Hitachis, Microsofts, Xiaomis, BMWes… Y si el capital privado no puede (por estar inmobilizado en forma de barro cocido y apilado), no quiere (porque está en Luxemburgo obteniendo mejores rendimientos) o no sabe (hay que estudiar, y eso cansa al señorito y no está al alcance de todos los caletres), tendrá que ser el Estado quien inicie una ola de reindustrialización en España.

Lo que no es moralmente admisible es contemplar la situación de emergencia social en la que viven tantas familias, fracasos vitales como el universitario subempleado o emigrado o mujeres que, de nuevo, no tienen más horizonte vital que el de ama de casa, y ni se molestan en fichar en los inanes servicios públicos de empleo. Hay que poner este país a trabajar producir, a crear riqueza.

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Como apéndice y curiosidad sobre el tamaño de las empresas, confecciono una única lista incluyendo las empresas alemanas y españolas junto con las usamericanas, aplicando el límite de 50 G$ de capitalización. En esta lista enmiendo mi error: me he dado cuenta que en S&P500 hay grandes empresas que no están en el Dow Jones ni en el Nasdaq (nadie es perfecto, creía que tomando estos dos índices me aseguraba de abarcar las mayores cotizadas). El resultado es aún más, mucho más abrumador de la potencia económica e industrial gringa.

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No caigamos en el autoengaño y la mentira piadosa: el tamaño sí que importa. Vaya si importa.

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