La mirada del mendigo

11 octubre 2019

La fascinante liga de fútbol siria

Filed under: Historia,Internacional — qatalhum @ 19:03
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A raíz de los últimos acontecimientos en Siria me gustaría contaros una historia que ocurrió hace mucho tiempo en un lugar del norte de Siria. Creo que podría servirnos para entender muchas cosas que han sucedido y algunas de las que van a suceder.

Qamishli es una ciudad de unos 200.000 habitantes situada al noreste de Siria. Sería un lugar sin la menor importancia salvo por un par de características: está situada justo en la frontera con Turquía y es la ciudad de Siria con mayor población kurda, hasta hoy. Si no te dedicas a los trapicheos en la frontera, por allí entra y sale de todo, el lugar es bastante aburrido. Así que sólo nos quedan dos maneras de pasar el tiempo, contar las moscas que se acercan a tu vaso de té y el fútbol.

A principios de los años sesenta se creó el club de fútbol local con el original nombre de “Yihad”, entiendo que en su acepción de esfuerzo. A pesar de ese nombre ese equipo no hizo más que reflejar la naturaleza kurda de sus fundadores y aficionados. Jamás ganaron nada en la liga siria, básicamente estaban ahí de relleno. Pero estos kurdos no se iban a desmoralizar. Muchos esperaron aquel 12 de marzo del año 2004: venían los del Futuwa (Juventud), el equipo que representaba a la ciudad de Deir az-Zor, un lugar bien conocido para los que sigan la guerra en Siria. Ni más ni menos que se iban a enfrentar a un equipo que había sido capaz de ganar la liga siria unas cuantas veces dejando a los chulos de Damasco por los suelos. Pero el Futuwa era más conocido por el comportamiento de sus seguidores que por sus triunfos. La gran mayoría de estos seguidores se las daban de árabes, tanto que podríamos encuadrarlos dentro de lo que se conoce como “nacionalismo árabe”, que es la forma académica de describir a una panda de supremacistas. Estos muchachos ya se habían recorrido el país montándola por donde pasaban. Todos sabían que se iba a liar en el partido, nadie hizo nada.

Y llegó el día del partido. Ya se imaginarán los lectores que acudir a un evento de este tipo es un deporte de alto riesgo. Sin apenas medidas de seguridad entrabas al estadio a empujones, otros saltaban por los muros y se colaban, cada uno según sus capacidades. Antes de comenzar el partido los del Futuwa habían hecho honor a su fama y atacaron con botellas y piedras a los seguidores del Yihad. Pero fue dentro del estadio donde tuvo lugar el esplendoroso espectáculo que viene a ser la sociedad siria. Los chicos del Futuwa comenzaron a lanzar eslóganes contra los kurdos, poner a parir a los líderes del Kurdistán y cantar todas las loas posibles a Saddam Hussein, recordando con especial cariño a los kurdos su destreza con las armas químicas. Los kurdos hicieron lo propio hasta que acabaron a pedradas. La situación se desmadró hasta que las fuerzas de seguridad sirias dispararon. Nueve personas nunca más volverían a ver un partido de fútbol. ¿A que no sabéis a qué bando pertenecían los abatidos?

Tocaba funeral. En esa parte del mundo un funeral puede convertirse en una enorme manifestación que puede acabar por incendiar a toda la región. Y así sucedió. Al menos otras 33 personas murieron en las revueltas. Cuando todo empezó a calmarse, Damasco actuó como siempre: entre 1.000 y 2.000 personas fueron detenidas y torturadas al estilo Hafez al-Assad. Por supuesto el ejército sirio aumentó su presencia en todas las zonas kurdas y con ello la insoportable presión que suele acompañar a esa presencia militar.

Aún faltarían siete años para que Siria saltase por los aires pero, como he querido presentar en este pequeño texto, la bomba estaba colocada mucho tiempo atrás; sólo faltaba quien prendiese la mecha.

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