La mirada del mendigo

6 julio 2020

Falsificación de mascarillas

Filed under: Sociedad — Nadir @ 1:13

He estado buscando información sobre las diferentes normativas de homologación de mascarillas filtrantes, y como creo que puede ser una información también interesante para vosotros la comparto. Por la importancia de contar con elementos de protección de eficacia verificada frente a un virus cuya transmisión es fundamentalmente por vía aérea (ahora ya sí que tiene sentido que la población las use, qué infamia de gobierno), os recomiendo prestar atención cuando adquiráis mascarillas: buena parte de ellas son falsificaciones. Inclusive aquellas que se venden en canales de distribución con una cierta reputación como farmacias o grandes superficies (comprobado en ambos casos). La OCU ha encontrado muchos ejemplos, os recomiendo la lectura de este artículo para poneros en situación del asunto y las graves implicaciones en términos de salud pública que representa; la diferencia entre una población protegida por mascarillas con una capacidad filtrante del 95% o falsificaciones del 65%, es decir, lo que ofrecería una mascarilla de confección casera a partir de una vieja camiseta de algodón, que ya es mucho mejor que nada.

También hay otras relaciones de mascarillas fraudulentas, como ésta de la autoridad médica canadiense, o sobre organismos certificadores de la European Safety Foundation.

Lo primero, explicar la diferencia entre las diferentes normativas de mascarillas filtrantes. La FPP2 es (un tipo bajo la) normativa europea, la N95 corresponde a la normativa estadounidense y la KN95 a la normativa china (hay otras normativas, como la japonesa, la coreana o la australiana, pero difícilmente nos encontraremos en la tienda con mascarillas fabricadas bajo estas homologaciones). Comparándolas, podemos ver que sus requerimientos son casi intercambiables. Podemos comprar mascarillas fabricadas bajo cualquiera de los anteriores estándares, que serán igual de seguras. El problema no está en la normativa de homologación, sino en su incumplimiento con productos falsificados.

Como no tenemos un laboratorio de ensayo para analizar las nuevas mascarillas que hemos adquirido, vamos a fijarnos en el único requerimiento de las normas que es patente a simple vista: el etiquetado.

Vamos con la normativa europea que rige las FPP2, la EN 149 2001+A1:2009. La podéis descargar gratuitamente aquí (o pagando 63€ en la página de AENOR, que ya es vergonzoso cobrar por tener acceso a una normativa de homologación). Id al punto 9. Marking.

En el envoltorio de la unidad mínima de comercialización (y si la unidad mínima es la mascarilla, en la misma mascarilla) debe figurar, de forma clara y duradera:

a) el fabricante
b) el tipo
c) la clasificación: FPP2. A la cual se le añadirá R o NR según sea o no reutilizable. Una D si ha superado la prueba de obstrucción con polvo de dolomita.
d) la normativa: EN 149:2001+A1:2010
e) la fecha de caducidad
f) la frase “Leer la información aportada por el fabricante” o pictograma equivalente (ver en la norma), que se detallan en el punto 10. de la norma.
g) las condiciones de almacenamiento (también sustituible por pictograma normalizado)

Además, deberá contar con el marcado CE seguido de un código de cuatro dígitos correspondiente a un organismo certificador competente para certificar esa homologación. El logo CE no está ni siquiera registrado, y si no va seguido de esas cuatro cifras del organismo certificador, no significa absolutamente nada.

Aquí un ejemplo:

Como curiosidad, el código CE2163 corresponde a un organismo certificador turco. En principio todo legal, simplemente me llama la atención que una entidad turca pueda certificar la adecuación a las normativas europeas.

Y algunos ejemplos de marcajes fraudulentos:

+

Siguiente caso, la normativa usamericana. Las mascarillas N95 se rigen por la norma TC-84A y deben contar con la aprobación del NIOSH (National Institute of Occupational Safety and Health).

En este caso, os paso un esquema que deja muy clarito los requerimientos de marcado, en este caso siempre en cada mascarilla, no en el envoltorio (detalle importante):

Recapitulemos:
a) fabricante
b) logo de NIOSH
c) número de certificación: TC-84A-XXXX
d) tipo y eficiencia de filtrado (N95, R95, P99…)
e) código del modelo
f) lote (opcional)

Como curiosidad, la N, R o P del tipo indica (según entiendo) la capacidad de filtración de gotículas de aceites. En nuestro caso, como el virus es transportado por gotículas acuosas, no es necesaria esta precaución y basta con la serie N.

+

Y ahora, el caso más importante, donde más estoy viendo incumplimientos de la normativa de homologación, hasta el punto de que rara es la mascarilla que no sea una falsificación. Me estoy refiriendo, por supuesto, a las chinas KN95. Insisto, la normativa de homologación china es tan exigente como la europea o la usamericana, la cuestión es cumplirla. Y muchas de las mascarillas fraudulentas intentan precisamente falsear la homologación china.

Aquí el idioma nos supone una barrera, y hay muy poca información (pereza e incompetencia de las autoridades sanitarias, así como de la prensa). Con un mínimo de tenacidad podemos superar ese obstáculo. La normativa china es la GB2626-2006. Con la llegada del COVID, se actualizó con la GB2626-2019, más restrictiva, pero idéntica en los requisitos de marcado del producto. Así que vamos a estudiarla. Sí, claro, está en chino. Pero para eso está el traductor de DeepL. Acudid al punto 7.- Identificación.

En el subapartado 7.1 se detalla la información que debe aparecer en cada mascarilla:
a) fabricante (marca comercial o cualquier referencia que lo identifique)
b) modelo y talla (si procede)
c) la norma bajo la cual está homologado (GB2626-2006) y la categoría obtenida (KN95).

Insisto, que en la norma está claro clarinete. Si en vuestra mascarilla (no en el embalaje, en la mascarilla) no aparece al menos esta información, esa mascarilla no ha sido homologada de acuerdo a la norma KN95. Además, debe cumplir como es obvio una serie de características técnicas para demostrar su eficiencia de filtración, pero si ni siquiera cumple la de etiquetado no podría ser homologada, y podemos afirmar que esa mascarilla es una imitación fraudulenta.

Y como digo, estas imitaciones están siendo distribuidas a través de canales de venta que en principio identificamos como confiables, como farmacias y grandes superficies.

A mayores, y ya que estamos, extiendo la traducción de qué debe figurar además en el embalaje (punto 7.2 de la norma).

Además de las tres primeras, que son iguales que para el caso de la mascarilla, en el embalaje deberá figurar:
d) Número de licencia del producto
e) una fecha de fabricación de al menos un mes y un año o un plazo de caducidad de al menos un año para el lote de fabricación.
f) La frase “Ver la información suministrada por el fabricante”
g) Las condiciones de almacenamiento recomendadas por el fabricante que incluyen, como mínimo, un resumen de los requisitos de temperatura y la humedad.

Aquí un ejemplo:

Para terminar, quiero recordar que todo esto son conditio sine qua non. Es decir, una mascarilla puede cumplir todos estos requisitos de etiquetado y, aún así, ser fraudulenta (no cumplir los requisitos de homologación). Ahora bien, un fabricante chino tendrá más reparo en afirmar que una mascarilla cumple una normativa cuando no es cierto, porque se puede enfrentar a consecuencias poco agradables (pero no un fabricante de terceros países, como Indonesia o Vietnam). Pero si no cumple estos requerimientos de etiquetado, es seguro que es fraudulenta.

Así, la mayoría de las que se venden se limitan a llamar a su producto con el nombre de “KN95”, como podrían llamarle “Perico el de los Palotes”. Un nombre como otro cualquiera, mera casualidad que corresponda con una categoría de mascarillas filtrantes.

Al menos, con esta información, podemos descartar la inmensa mayoría de mascarillas fraudulentas que están en el mercado (lo abarrotan, ante la vergonzosa anuencia de las autoridades sanitarias y de consumo).

Y no cierro esta entrada sin antes recordar que el principal peligro de contagio está en los espacios cerrados, en los cuales pierde sentido la “distancia de seguridad” ya que la supervivencia del virus como aerosol en espacios interiores puede llegar a las tres horas. Por lo tanto, hemos de limitar en lo posible la estancia en espacios cerrados. Y ya, a mayores, yo sugeriría que si queda hálito de vida en los inoperantes cerebros de los responsables sanitarios del Estado y las CCAA, impongan una normativa sobre la tasa de renovación del aire en estos espacios, con ventilación forzada o, en muchos casos, basta simplemente con dejar las puertas y ventanas abiertas para establecer una corriente, para que se reduzcan mucho las posibilidades de contagio en el local. Como dije en otra parte, en un ejemplo que espero sea tan claro como escatológico: no es lo mismo ponerse a orinar en el borde de una piscina, que en la orilla del mar.

+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+

5 julio 2020

Lenguaje inclusivo

Filed under: Sociedad — Nadir @ 2:25

Cara A:

– ¡Señoro!

– ¡Machirulo!

– ¡Pollaherida!

– ¡Incel!

+

Cara B:

– Debemos eliminar el sexismo del lenguaje.

Los alumnos tendrán derecho a la revisión del examen –> MAL
Los alumnos y las alumnas tendrán derecho a la revisión del examen –> BIEN
El alumnado tendrá derecho a la revisión del examen –> BIEN

Feminismo institucional y feminismo militante, dos caras de una misma moneda. ¡Qué cruz!

El postfeminismo es inmanentemente sexista.

+
+
+
+
+
+
+
+

+

+

 

 

14 junio 2020

Perros

Filed under: Sociedad — Nadir @ 1:17

Yo no sé si cuando me refiero a los Estados Unidos de América como una dictadura capitalista pensáis que, por lo inusual de ese sintagma nominal, lo digo como chanza. Porque no es así. Quizá sí acaso con ánimo provocador, pero sin alejarme gran cosa de la definición rigurosa, que sería una plutocracia completamente desarrollada, sobre la cual se pone una máscara de sistema parlamentario bipartidista que no engaña a nadie, ni siquiera dentro del mismo país.

Si democracia es el sistema en el cual es el pueblo el que se autogobierna, es evidente que los USA no son una democracia ni poniendo la mayor generosidad y el mejor empeño en estirar la acepción del término. Su sistema electoral está cuidadosamente diseñado para evitar la participación de las clases bajas con el sistema de preinscripción, sesgar los resultados en favor de las opciones conservadoras con demarcaciones electorales estrambóticas, y un sistema bipartidista controlado por las donaciones de la corporate class. Se crea la falsa ilusión de alternancia y diversidad de opciones para disimular que el núcleo del sistema de explotación capitalista permanece incólume, núcleo que la población no tiene derecho ni capacidad para poner en cuestión.

Por supuesto, todo lo aquí reseñado para los Estados Unidos es perfectamente aplicable a muchas otras sociedades, pero es en la metrópoli del imperio donde este sistema plutocrático con decorado parlamentario está más desarrollado. Es imprescindible describir el sistema de gobierno usamericano para comprender cabalmente el fenómeno de la violencia policial contra el que ahora se protesta. La violencia policial no es un accidente sobrevenido en un sistema político, sino un rasgo buscado igual que el dueño de perros que busca uno de raza peligrosa. Un perro, para cumplir su labor de disuasión, debe ser agresivo, no limitarse a enseñar los dientes sino incluso correr el riesgo que de cuando en vez muerda alguna oveja. Pierdes alguna, pero el resto del rebaño permanece agrupado ante el terror que suscita la fiereza del can.

Y es de todo punto evidente que la necesidad de contar con un buen número de perros sanguinarios, con una alteración del comportamiento sesgado hacia la agresividad, es consecuencia directa de la necesidad de controlar una sociedad o un grupo social dentro de ésta ante el desacople de intereses entre gobernantes y gobernados. La policía es y debe ser más represiva y criminal cuanto menor es la representatividad, y por lo tanto legitimidad, de la clase gobernante. En un sistema en el que la voluntad de la ciudadanía es por definición la ley, no cabe el uso de represión pues no hay divergencia entre las aspiraciones del pueblo y las decisiones de gobierno. Si el cuerpo electoral desea cambiar algo no tiene más que desearlo. El otro extremo de ese continuo es una dictadura, que para imponerse deba llevar a cabo una campaña de exterminio del enemigo político, tras la cual se impone una fuerte presión policial para evitar que vuelva a prender la llama.

Así que sí, Estados Unidos de América es más una dictadura que otra cosa, una dictadura, es decir, gobierno ajeno al pueblo, para imponerle un modo de explotación capitalista. Aunque ninguna nación del mundo está en condiciones de alardear de democracia, pues la voluntad popular articulada en mayorías, libre de condicionamientos externos, es sólo de forma muy débil la base del poder político en el mejor de los casos. Aún así, no se puede comparar Suiza o Suecia con USA o Colombia, por mucho que todos ellos usen y abusen del término democracia para referirse a sus sistemas políticos.

Y un par de comentarios más. La sublevación de la opinión pública gringa ante el asesinato de George Floyd, uno más del más del millar de muertos que deja cada año la actuación de las fuerzas policiales gringas, fue posible por el testimonio gráfico de una transeúnte que grabó la escena con su móvil. En la España postfranquista, esta transeúnte hubiera sido multada y, de persistir en la grabación, detenida e incautado (que es la palabra que se usa cuando la mafia policial roba un bien) el móvil para proceder al borrado de la escena. Y es que la legislación española, a la par que otorga presunción de veracidad a un cuerpo formado por individuos violentos de extrema derecha que tienen en común su mal rendimiento escolar, inadaptados para el mercado laboral que encontraron en la academia de policía una cómoda forma de acceder a una nómina segura, impide a la ciudadanía recabar pruebas de los delitos cometidos por las fuerzas policiales y, eventualmente, poder demostrar la inocencia ante el fenómeno de las denuncias falsas. Que son como las meigas, aunque en la realidad oficial no existen, habelas hainas, y sé bien de qué hablo.

Otro comentario es la apropiación de las protestas contra el matonismo y brutalidad policial por la doctrina del identitarismo postmoderno. Así, uno está confuso de si el problema es la impunidad con la que un perro con uniforme puede matar a un ser humano en los Estados Unidos de América, o que la víctima sea un ciudadano negro (afroamericano, en la neolengua, lo cual es tan absurdo como impreciso). Porque si es negro, reafirma la retórica de opresores y oprimidos por defecto; pero de haber tenido la víctima la piel clara (y ya no digo de haber sido el policía negro), no verificaría el cliché predecido por el postmodernismo y, por lo tanto, no hubiera merecido la respuesta de los SJW. La cuestión es que, aunque pudiera parecer lo contrario, no hay un sesgo racial definido en las víctimas por violencia policial e incluso, de haberlo, parece que los blancos se llevan la peor parte. Sin duda datos susceptibles de debate, si se puede apreciar un sesgo estadístico, pero lo que está meridianamente claro es que la policía gringa mata a personas de todas las proporciones de melanina en la piel, en números propios de cualquier otra dictadura. Así pues, si el estrangulamiento a George Floyd fue motivado por el sesgo racista del agente o simplemente por su naturaleza criminal, es indiferente (especialmente para la víctima, que estaría igualmente muerta). Es obvio que la sociedad americana es muy racista, algo que impregna todas las comunidades, sin duda también las de mayoría negra. El color de la piel y, en general, los rasgos raciales son mucho más determinantes en esa sociedad que en las europeas, y le llega. Pero la clave es cómo un perro con placa se siente lo suficientemente protegido por el sistema político como para estrangular hasta la muerte a un detenido, por las razones que sean. Porque sin mediar estos altercados y, especialmente, no haber sido grabado y compartido por las redes sociales (lo cual, insisto, no hubiera sido posible en la pocilga de autoritarismo que es España), este asesinato hubiera pasado perfectamente desapercibido y habría quedado impune como otros tantos más. De blancos, negros y amplia gama de tonalidades intermedias.

La clave no es la melanina. La clave es la impunidad y violencia policial, y la legitimidad del Estado que garantiza una y promueve la otra como forma de control social, para lo cual no es necesario sólo la existencia de policías especialmente violentos, sino de todo un entramado legal que protege esos crímenes (desde jueces a forenses, la primera autopsia a Floyd descartaba la actuación policial como causa de su muerte) y unos profesionales de la información que los ocultan o justifican (comprando por defecto la versión oficial sin buscar la otra versión de los hechos, como exigiría el ejercicio de algo similar al periodismo).

De hecho, el cine usamericano es una exaltación fascista de la razón de la fuerza, en el cual es frecuente que aparezcan escenas de tortura policial presentadas incluso dentro de un marco cómico, el secuaz que confiesa al ser amenazado con ser arrojado de un edificio….

+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+

4 junio 2020

La generosidad gala

Filed under: Sociedad — Nadir @ 1:41

Creo que no tendré que insistir al respecto de la miserable condición de los españoles, raza inmunda. Pero eso no quiere necesariamente decir que los pueblos que nos rodean no sean igualmente nefandos. Un buen ejemplo son los gabachos, pueblo especialmente ridículo por la enorme distancia que media entre el alto concepto que tienen de su patria, y su posición real en el mundo.

Podría comentar sobre la gestión de la pandemia, que no ha sido mucho mejor que la española (los resultados son concluyentes, no muy por debajo de España en número de víctimas reales en relación a su población). Pero quiero poner este otro ejemplo de cómo los franceses son al menos tan obtusos como los españoles, y lo sencillo que es levantarles la cartera sin que la gran mayoría se enteren siquiera de la jugada. Esta noticia acaba de salir hoy:

Le Groupe Renault annonce la mise en place d’une convention de crédit de 5 milliards d’euros bénéficiant de la garantie de l’État Français

Lo tenéis aquí en lengua bárbara.

Ahora vamos a traducir el movimiento a la lengua llana. Renault ha llegado a un acuerdo con un grupo de bancos para que le ofrezcan financiación por valor de 5.000 M€ (NdM: hostia-puta). Los bancos le prestan hasta esa cantidad, a un interés que no ha sido publicado pero se supone será muy ventajoso, gracias a que el Estado francés avala esa deuda al 90%. Esto quiere decir que si Renault quebrase, y por lo tanto no pudiera devolver la deuda (con vencimiento hasta tres años), el État sería quien devolvería a los bancos el 90% del dinero que le prestaron a Renault.

Como veis voy muy despacio, no quiero que nadie se pierda. Renault necesita una cantidad infame de dinero para salvarse, los bancos adelantan el dinero, del cual el Estado avala el 90%. Los bancos hacen negocio con ese préstamo, cobrando los intereses del 100% de esa cantidad, aunque sólo arriesgan el 10%. ¿Y el Estado? Hace el puto primo, arriesga el 90% de ese capital y no recibe ni las gracias.

Hasta aquí el Estado-ONG para millonarios.

Ahora vamos a ver cómo se harían las cosas si el Estado se mantuviera como un actor neutral, y gestionado por gente honesta que defiende los intereses de la institución que les paga (aka gobierno).

Renault necesita dinero y llama a la puerta del État. Muy bien, yo te doy esos 5.000 M€ pero, como es obvio, quiero algo del mismo valor a cambio. Y no sé si con tanto millón habéis perdido la proporción del prestamito que pide Renault, pero hace unos días el État français o cualquiera que hubiera querido pagar por ello, hubiera podido comprar toda Renault por 4.234 M€. A día de hoy, vale algo menos de 7.000 M€. Así que imaginad el boquete en las cuentas que tienen, y el prestamito que piden que es tanto como decir, tiremos todo a la mierda y empecemos de cero.

Por lo tanto, el État podría haber puesto ese mismo 90% de 5.000 M€ (los bancos, si querían, el 10% restante), asumiendo el mismo riesgo ante una eventual quiebra de la compañía, pero mediante la suscripción de una ampliación de capital. El Estado pone la pasta para salvar la compañía y Renault le corresponde con acciones de nueva emisión. Do ut des. Exactamente, con un número de acciones equivalente a la propiedad del 39% del grupo. Contando que el Estado ya tiene el 15% en Renault, se harían con la mayoría holgada de la empresa.

Si Renault acaba cayendo, el Estado pierde igualmente el dinero prestado o avalado. Pero si Renault se salvare y volviere a entrar en beneficios, cuando tocare repartir dividendo ahí estaría el État el primero en la cola a cobrar. Y no poco, el año pasado repartió algo más de 1.000 M€ en dividendos. Y el anterior, otro tanto. Yo État tengo el 54% del grupo, así que 540 M€ para la butxaca. Y así todos los años.

La ciudadanía avala. La ciudadanía corre el riesgo, y debería asumir la pérdida y sus consecuencias. La ciudadanía comparte también los beneficios.

Sencillérrimo, ¿verdad? Pues no para la inmensa mayoría de los 67 millones de gabachos (la mitad portugueses, la otra mitad argelinos), que acaban de perder de vista la bolita.

Por cierto ¿sabéis por qué el cretinísimo de Macron actúa así, verdad? ¿Qué pasaría con un accionista que tuviera, por ejemplo, el 1% de Renault? Con el acuerdo actual, con el État de avalista pagafantas, genial, acabas de salvar su inversión. Bajo un acuerdo lógico (si arriesgo quiero algo a cambio), como haría cualquier otra entidad que no fuera papá-Estado, el Estado también entra para salvarle el culo, pero a cambio ve diluida su participación en la empresa a un 0,6%. Y cuando tocare ponerse a la cola para cobrar dividendos, le correspondería un 60% de lo que cobrará gracias a este altruísmo, esa especial generosidad que el État siente por sus ciudadanos más acaudalados.

Y el resto de gabachos, son tan burros que consienten. Como consentimos los españoles. Estas son las consecuencias de tener una población financieramente analfabeta.

Políticamente analfabeta.

Ecológicamente analfabeta.

Científicamente analfabeta.

Analfabeta sin más.

+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+

30 mayo 2020

Comedores populares

Filed under: Sociedad — Nadir @ 2:10

Si propongo la difusión de los comedores públicos, sé a ciencia cierta que la derecha mugiría incongruencias sobre Stalin o las cartillas de racionamiento. El panorama político actual es la bazofia más hedionda, aderezada con enormes cantidades de ketchup y mostaza. Como cualquier cosa que yo pudiera proponer no deja de ser un brindis al sol, con la misma capacidad de participar en la vida política que la que pudiera tener para alterar las órbitas de los astros, pues hago este ejercicio de política-ficción suponiendo que lo que yo piense y proponga tuviera alguna relevancia en la vida política de un sistema político al cual el mismo régimen denomina y describe como democrático.

Y volvemos al hilo que me pierdo. El origen de esta entrada viene de imágenes como ésta:

Largas colas en los bancos de alimentos, parroquias y locales de Caritas, todos ellos sobrepasados por la resaca de miseria que deja el paso de la pandemia. Enhorabuena a los decrecentistas, ahí tenéis las consecuencias del deseado decrecimiento. Empezamos por una caída del 9,6% del PIB. Y el temor de que esto sea sólo el principio, según se agoten las prestaciones por desempleo y los ERTEs se vayan convirtiendo en EREs de extinción.

No cabe duda. Un Estado que no es capaz de alimentar adecuadamente a todos sus ciudadanos y de proveerles de un techo, es un país de mierda. Por muchas competiciones deportivas que gane, artilugios militares despliegue en sus fiestas nacionales y obras fabulosas edifique. Lo de la corrupción generalizada, el autoritarismo indisimulado y la incompetencia rampante son sólo indicios. La prueba definitiva de que España es un Estado y sociedad de mierda es que aún entrado en el s.XXI toleramos que alguien sólo coma una vez al día o que tenga que buscar cobijo en un cajero o bajo un viaducto.

Desde el gobierno se propone, y de nuevo debo aquí dar gracias al coletas, una renta mínima. Bien está, pero sin menoscabo de que todo el mundo tenga una cierta disposición de efectivo para poder tener una mínima capacidad de consumo discrecional, el problema alimentario se podría y debería resolver de una forma más eficiente: con comedores populares. Pero lejos de ser lugares reservados para los más desprovistos de nuestra sociedad, lo que yo propongo es algo muy diferente: comedores sociales donde todo el vecindario pueda acudir, no sólo ni mucho menos indigentes o necesitados, sino trabajadores, estudiantes y jubilados. Cada cual pagaría acorde a sus posibilidades, nada quien nada tiene, el coste del servicio quien se lo pueda permitir.

Hablaba el otro día del frenillo que los progres, diciéndose muy izquierdosos, tienen en el cerebro. Son incapaces, fisiológicamente incapaces de imaginar que el Estado puede desarrollar muchos cometidos más allá de la provisión de sanidad y educación. Normalmente viene al caso de la creación de empresas industriales de capital público (la cabra tira al monte), pero hay muchas otras necesidades que podrías ser satisfechas con ventaja por servicios públicos.

Se ofrecería un menú con dos o tres opciones en cada plato, dietética y culinariamente de calidad. Ni mucho menos la sopa del pobre o el caldo negro de los espartiatas, aunque sí recogiendo el espíritu de camaradería e igualitarismo (dentro del cuerpo ciudadano) de éstos. Antes de que nadie camine por el techo echando espumarajos verdes por la boca mientras aúlla “bolcheviqueeees”, hay que recordar que sería sólo una opción que el Estado ofrecería a la ciudadanía. Obviamente, quien quisiera podría comer en su propia casa o acudir a la restauración privada. Es un servicio público, no una obligación.

¿Ventajas? Unas cuantas, dos de las cuales ya las he mencionado: cortar de raíz el problema silencioso e infamante de la malnutrición en la sociedad española, de esos miles de personas que alternan macarrones con arroz, y sólo se pueden permitir proteína animal algún día de la semana. Y, de paso, estimular la vida comunitaria haciendo de la mesa punto de encuentro entre vecinos.

Pero la principal es la eficiencia: en coste, tiempo y energía. Sí, energía, el consumo de energía primaria asociado a la cocina representa sobre un 3% (hablo de memoria) en sociedades desarrolladas. Y se consume mucha menos energía en una cocina profesional para quinientos comensales que quinientas cazuelitas cada uno preparando su comida.

Aún más importante es el tiempo: ofreciendo a trabajadores y estudiantes una opción de restauración de calidad a buen precio, se eliminan desplazamientos (de nuevo energía) y la necesidad de la interrupción de dos horas para volver a casa, preparar la comida, deglutirla y volver a salir pitando al tajo. Es una distribución racional del trabajo: profesionales de la restauración preparan y sirven una comida más sana y sabrosa, liberando tiempo para que profesionales de otros ámbitos puedan dedicar más tiempo a su especialidad, y no a jugar a las cocinitas. Y cuanto antes acaben su cometido, antes pueden iniciar su tiempo dedicado al ocio (la soirée, concepto que, como el honor, no existe en España). Sólo por no fregar los platos o el fastidio de hacer la compra, muchos jubilados con todo el tiempo del mundo escogerían este servicio.

Contad las horas consumidas en ambas opciones: tres profesionales cocinan para 500 personas en jornada completa, y otros siete sirven y recogen. 80 horas de trabajo cada día. La otra opción, 500 personas se preparan el desayuno, comida y cena, desde hacer la compra a fregar los platos y lavar las servilletas. Sí, no hay que echar muchas cuentas.

Y sin duda, esta prestación es para la sociedad también económicamente más eficiente. En el caso de aquellos que recibirían este servicio sin coste, con un coste menor aseguras una buena alimentación. Cuántas veces habré visto a indigentes gastarse las pocas monedas que han recibido en un refresco y una bolsa de patatas fritas. ¿Qué estimáis que es más conveniente para la persona necesitada, ponerle en la mano unos billetes a principios de mes y allá te las apañes (que te provea el mercado), u ofrecerle la oportunidad de comer (y desayunar y cenar) sin coste ni molestia alguna en cualquiera de esos comedores? Por supuestísimo, lo mismo reza para la vivienda, pero no quiero alargar en demasía este artículo, pero es de todo punto evidente que es preferible proveer a una persona de comida y alojamiento, y como digo algo de efectivo, a darle 461€ que no llegan ni para alquilar la caseta del perro en una gran ciudad, y luego a comer macarrones todos los días. Efectivamente, el Estado cubre mejor las necesidades dando parte de esa prestación en especie. De hecho, las prestaciones monetarias suelen acabar en manos de los caseros vía inflación en los alquileres más bajos. Y si subes cien euros la prestación, cien euros más que ganará el casero.

Pero insisto, los que no puedan pagar el plato sólo serían una pequeña parte de los comensales potenciales en esos comedores. A la mayoría de las personas, que sí pagarían por el ágape, simplemente les resultaría rentable en tiempo, esfuerzo y dinero acudir al comedor social y comer a mesa puesta. Y es que se nos olvida la inmensa capacidad que puede tener un Estado bien organizado (es decir, tras arrojar al Leteo a los burócratas que lo parasitan). Puede ir a un agricultor y decirle, a cuánto vendes el kilo de patatas, a 15¢? Te pago 17¢ y me llenas ese camión. Pero si tú quieres hacer patatas fritas, tienes que pagarlas a 1€ de precio finalista. Por eso, el Estado es capaz de ponerte un menú en mantel de tela, por menos de lo que tú te gastarías en comprar los ingredientes. Se llaman economías de escala, y aunque siempre se citan para la empresa privada, son igualmente válidas para empresas y servicios públicos.

Y una sociedad que cubre sus necesidades de modo más eficiente, es una sociedad más competitiva y, por lo tanto, más próspera.

Bueno, ¿qué os parece la propuesta? ¿Una utopía, un ensueño irrealizable? ¿Qué respuesta podríamos esperar de la derecha, pero también del grueso de la progresía, miserables pequeñoburgueses que consideran el multiculturalismo como un plato típico en un restaurante étnico en algún barrio chuli de la gran ciudad? Pues la cuestión es que todo esto que os estoy contando no es fruto de mi imaginación, os estaba describiendo el comedor de un centro de día que hace ya años que funciona en mi antiguo barrio, en Madriz. Aunque en principio está pensado para los jubilados, pueden acudir quien quiera y, de hecho, son mayoría los trabajadores jóvenes que comparten espacio con naturalidad con los ancianos. En el barrio lo llaman “los viejitos”, realmente ni he reparado en su nombre oficial. Las escasas ocasiones que bajo a esa mole de fealdad, olores agresivos y materia inerte que es la capital del reino, lo que menos me apetece es ponerme a hacer la compra después del viaje y meterme entre cucharones. Así que me voy a los viejitos y cómo (el diacrítico se lo añado yo, por mi cuenta y riesgo) como Satanás manda, primer plato, segundo plato y postre; buenos alimentos, mejor preparados que podría hacerlo yo y sin perder el tiempo recogiendo y fregando. Llego, me sirven, pago menos de lo que, como dije, me costaría a mí preparar todo aquello y ahorro lo menos hora y media para dedicarlas a las gestiones que me han traído a tan ingrato lugar, para resolverlas cuanto antes y escapar escopeteado en procura de aire limpio y un entorno que no oprima el corazón.

¿Y sabéis qué es lo más divertido del asunto? Que ese centro fue promovido e inaugurado por un gobierno municipal del PP.

Luego, como posible, es posible. Pero hay que retirar ese frenillo en el cerebro, que nos dice que el Estado no está para esas cosas. ¿Por qué no?

+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+

Página siguiente »

A %d blogueros les gusta esto: