La mirada del mendigo

6 enero 2022

El 0,7

Filed under: Sociedad — Nadir @ 1:26

Sigo constatando cuánto ha cambiado la sociedad en estos años. Una de las primeras acciones con carga política/social que realicé en mi vida es acudir a la acampada por el 0,7% en la Castellana. Supongo que lo que pretendíamos era saciar nuestra conciencia abrazando una causa altruista, pero al menos dicha causa escogida para congraciarnos con nuestro yo moral era realmente loable: acabar con la pobreza extrema con una aportación de todos los Estados de un 0,7% de su PIB a un fondo común destinado a paliarla. Una idea que hoy mismo sería plenamente válida y, por lo que a mí respecta, cedo gustoso el 0,7% (y el 7%, y bastante más) de mis ingresos para terminar con la miseria y el hambre en el mundo.

La cuestión es que el sufrimiento humano está devaluado. ¿Qué tirón social tendría hoy día una reivindicación así? Noticias desgarradoras como hambrunas o guerras larvadas en países miserables van desapareciendo de los medios. Ahora es mucho más mediático hablar del sufrimiento animal, la gente se moviliza para «salvar el planeta» como concepto y cobra vigor un neomaltusianismo que considera a los humanos como bacilos depredadores de recursos finitos. Las noticias conmovedoras vienen de la discriminación de alguna categoría victimizada, y es motivo de revuelo social una palabra ofensiva mientras que el sufrimiento y muerte de miles de seres humanos pasan desapercibidos. Vende la anécdota en el mundo rico más que el dolor crónico, cotidiano de la mitad pobre.

Mi generación tuvo como modelo de lucha y compromiso al Che Guevara; hoy, los estandartes son Juana Rivas y Greta Thunberg. Joder cómo ha cambiado el cuento.

Simplificando, se podría decir que hace cuarto de siglo, para sentirnos mejores personas, pretendíamos salvar a negritos y chinitos. Todo lo hipócrita y ridículo que queráis, pero es que hoy en día, para el mismo egoísta propósito, se procura salvar a perritos y gatitos. Y aquí es el momento en el que me cago en Dios, y clamo por un próximo y gozoso holocausto nuclear que acabe con esta pútrida decadencia intelectual, artística y moral, haga tabula rasa y la humanidad tenga que reinventarse y reconstruir la civilización desde los escombros. Desde luego no será que las potencias no están haciendo esfuerzos por satisfacer este anhelo, muy especialmente USA con la estrategia de presión constante sobre sus dos rivales estratégicos.

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Sólo queda la música, esa amiga fiel.

Esta señorona es el sosias femenino de Iggy Pop, tsar y tsarevna del punk rock. Si éste es la iguana, la teutona es un camaleón. La verdad es que me hace gracia imaginarme a la Hagen en la pose de víctima que adoptan las monitas de hoy.

Y cerramos con otra abuelita boche:

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4 enero 2022

El experimento

Filed under: Sociedad — Nadir @ 12:21

En España las autoridades están llevando a cabo un experimento a escala natural: dejar que corra libremente la Ómicron (yo siempre la había pronunciado como aguda, pero efectivamente en griego es esdrújula) para comprobar que efectivamente es una variante atenuada con una peligrosidad similar al virus de la gripe.

Ojalá así sea, yo soy el primero que detesta ir con el bozal, pero de pequeño me enseñaron que los experimentos, con gaseosa. Me parece precipitada la medida cuando aún no está claro su impacto en los diferentes grupos de población, no sólo en tasas de mortalidad sino que habría que estudiar las secuelas. Yo creo que no pasaba nada por tener un poco de prudencia, esperar un par de meses (ya total…) y, si se confirman los buenos presagios, efectivamente levantar las restricciones para alivio general.

Y una cosa más: sabemos que es un virus con una potencialidad infectiva muy alta, que ha causado en un par de años 10 millones de muertos, una cifra similar a las víctimas de la Primera Guerra Mundial (que duró cuatro). Cada vez que se reproduce en el organismo de un nuevo contagiado, le estamos dando millones de oportunidades de que encuentre una mutación más eficiente y creemos un supervirus. Y recordad: al virus sólo le importa que estemos vivos el tiempo suficiente para contagiar a otros.

Dado el caso que se están confirmando casos de reinfección (como ocurre con otros coronavirus como el del resfriado común), podemos irnos olvidando de la inmunidad de grupo. En fin, para que luego digamos que en España no se investiga: estamos llevando a cabo un experimento y tenemos los ojos del mundo entero pendientes del resultado.

Esperemos que salga bien.

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NOTA: Hemos perdido una oportunidad única para hacer de la necesidad virtud y establecer como norma la enseñanza y el trabajo por vía telemática, abriendo camino a una economía más eficiente y a una educación de calidad.

Cada pueblo…

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15 diciembre 2021

It works

Filed under: Sociedad — Nadir @ 11:40

La estrategia de inocular el virus postmoderno en la izquierda para desactivarla, simplemente funciona.

Disculpad mi concisión pero últimamente ando muy justo de tiempo. Estaba picoteando aquí y allá sobre las presidenciales francesas. Como me imagino que sabréis, el candidato con posibilidades de llegar a la segunda ronda que está más a la izquierda es el propio Macron (como Valls, exministro de un Parti Socialiste hoy completamente hundido y desacreditado).

Para no perder tiempo, copio y pego:

Ahora bien, al votante de izquierdas no le faltan posibilidades de voto para esos comicios. Ahí está Jean-Luc Mélenchon, líder de la izquierdista Francia Insumisa, un partido al que comparar con Podemos en España; Yannick Jadot, candidato a presidente de Los Verdes; la socialista Anne Hidalgo; el socialista supuestamente retirado de la política que quiere volver a lo grande como jefe de Estado Arnaud Montebourg; y el comunista Fabien Roussel. […]

Mélenchon y Jadot, con un 8% y un 7% respectivamente, eran los aspirantes más apoyados de acuerdo con ese estudio de opinión. En él, a Hidalgo, candidata del Partido Socialista (PS) francés, se le atribuía un 5%, a Montebourg un 2,5% y a Roussel un 2%.

Sí, existe una atomización y una suma de egos, pero nótese que la suma de todas ellas no llega al 25%,

Y en el mismo artículo se aportan algunas explicaciones para este cambio del escenario electoral francés tan notable:

En Francia la izquierda se ha convertido en una izquierda de los barrios acomodados de los burgueses bohemios, del liberalismo cultural y una izquierda que se ocupa más de los derechos de las minorías que de reivindicaciones sociales y económicas.

Los Verdes franceses son los que mejor encarnan la nueva izquierda, con todas las características – o vicios, según se mire – que hacen que la izquierda ya no se identifique con el electorado tradicional de la izquierda sino en los burgueses bohemios, especialmente la clase urbana ganadora de la globalización y las minorías étnico-sexuales, a las que seduce con lenguaje inclusivo o temas de sociedad como hacer desaparecer los árboles navideños o sacar la carne de las cantinas escolares.

Por otra parte, Mélenchon y su Francia Insumisa también “está recuperando el lenguaje de la izquierda identitaria, centrándose en temas anti-coloniales, el anti-racismo y toda esa tendencia que ha hecho que la izquierda haya cambiado la lucha de clases por la lucha de razas”

Y pinchando en algún otro enlace, los entrevistados abundan en la misma idea.

Entrevista a Caroline Fourest:

Porque en Europa hemos empleado 50 años en deconstruir la palabra raza, considerando finalmente que no hay varias razas en la especie humana, porque todos somos miembros de la misma especie y que nuestros matices en la piel no justifican el pertenecer a una raza diferente. Ahora se ve a una izquierda identitaria que reutiliza esa palabra, diciendo que no cree en una visión biológica de la raza sino en una visión social de la raza. Esta izquierda identitaria rehabilita la palabra y el juego de la extrema derecha identitaria racista.

El universalismo implica, por un lado, luchar contra los obstáculos que existen para lograr la igualdad, señalando allí donde haya discriminación. Pero también implica no reducir a las personas a su identidad. Y esto último, en concreto, es lo que hace la izquierda identitaria. Porque tiene tendencia a adoptar las categorías étnicas y racialistas para, por ejemplo, prohibir a activistas el hablar de según que tema porque son blancos u hombres. Esto es de un simplismo que desacredita al antiracismo. Porque si la idea antirracista cuenta con una superioridad moral, es porque el antiracismo lucha por un mundo donde no se clasifica a los seres humanos. Ésta es la promesa del antiracismo que está siendo pisoteada por esa visión completamente ordinaria del combate antirracista.

La “generación ofendida” es una generación de niños mimados. A menudo son gente que sale de grandes universidades, en Estados Unidos, de centros como la Universidad de California en Berkeley, o en Francia, de las grandes escuelas universitarias. Quieren, por un lado, hacerse un hueco profesional. Utilizan muy bien los mecanismos de la batalla cultural, ya sea el marketing o estrategias militantes, y van a jugar el papel de la raza y del género, esencialmente, para hacerse con un hueco, desplazando a los rivales del puesto profesional que quieren, adoptando la pose de víctimas. Esto es una característica muy clara de esta joven generación.

Con esta izquierda, hemos pasado de la escucha de las víctimas a una forma de prima por víctima cuando uno se queja de algo. Esto último es algo muy diferente a la escucha a la víctima. Porque el status de víctima es un status transitorio que sirve para denunciar un crimen, pero no debe convertirse en una identidad. Pero la “generación ofendida” tiene tendencia a fracturar las luchas sociales, dando un premio a aquel que puede reivindicarse más como víctima. Esto lo que hace, al final, es dividir las luchas sociales, en lugar de unirlas contra toda forma de discriminación.

Así es como se llega a prioridades bastante absurdas. En Canadá se ha llegado a prohibir un curso de yoga porque se consideró apropiación cultural. En Francia, hemos visto sindicatos de estudiantes luchar contra obras del dramaturgo griego Esquilo porque había actores que interpretaban personajes negros con caretas. En Estados Unidos hemos visto artistas pedir la censura de un cuadro antiracista porque estaba pintado por una artista blanca. La última polémica absurda es la de la traductora neerlandesa que ha tenido que dimitir de su trabajo como traductora de la obra de la joven poetisa estadounidense negra Amanda Gorman. Porque hemos llegado a un punto en el que hay que tener la misma identidad – ser joven, negra y a ser posible estadounidense – para traducir a una autora joven, negra y estadounidense. 

En definitiva, esta izquierda está ocupada con cosas absolutamente ridículas, mientras que las desigualdades aumentan, la gente cae en la indigencia y pasan cosas que, en general, no son tenidas en cuenta. La izquierda estadounidense de los campus universitarios se lía la manta a la cabeza con estas luchas, habiéndose olvidado muy oportunamente de que no tiene nada que ofrecer para luchar contra la pobreza y las desigualdades.

NOTA: En Francia, como en USA, buena parte de la estrategia del postmodernismo identitario se basa en la raza. En España, con una diversidad racial mucho menor, está casi completamente enfocada al sexo/género: el postfeminismo.

Y ahora, Pascal Bruckner:

Esa izquierda de la izquierda que se ha apoderado de luchas emancipatorias como el feminismo y el antiracismo para convertirlas en lo que él conviene en llamar “una religión”. Esa “religión” la profesa una izquierda radicalizada – extrema izquierda- que atenta contra conceptos básicos de la democracia como el “pluralismo”. “No puedes tener una opinión diferente porque de hacerlo te conviertes en un hereje. Y si eres un hereje tienes que ser castigado y obligado a callar”.

NOTA: Que al postmodernismo se le incluya dentro de la izquierda me repatea, pero es como se autodefinen y acepto el convencionalismo. Pero celebro que cada vez más gente, y gente notable, se apercate de la similitud de esta doctrina con un culto religioso.

Continúa el ensayista derechoso (sólo un débil mental presta atención sólo a los argumentos que vienen de su bando, de hecho esa dinámica es parte del problema), a mi entender con gran tino:

En realidad, lo que caracteriza a la izquierda es su ‘buena conciencia’, su incapacidad de ponerse en entredicho y, ahora, está siendo fagocitada por la extrema izquierda. La extrema izquierda es el superego de la izquierda.

Del wokism se ha dicho, de hecho, que es una nueva forma de protestantismo […] una religión con sus procedimientos para excomulgar, sus ritos, y demás.

En realidad, estas ideas de Estados Unidos tienen su origen en Francia. Proceden de intelectuales como Jacques Derrida, Gilles Deleuze, Michel Foucault. Derrida, por ejemplo, hablaba del falogocentrismo [para referirse a lo que Deleuze denunciaba como privilegio masculino, ndlr.]. Cuando ideas como esas llegan a los campus universitarios estadounidenses se mezclaron con la realidad estadounidense. Luego han sido re-exportadas hacia Francia a finales del siglo pasado. O sea, que los franceses les dimos el virus a los estadounidenses y éstos nos devuelven la enfermedad.

Esas ideas son exportadas porque la izquierda no tiene nada más que ofrecer a la población. Así, la izquierda adopta sin espíritu crítico las ideas de raza, género e identidad que hoy son tan populares en las universidades.

NOTA: Tenía, vaya si tenía, ése era el miedo de la clase propietaria. Pero ha sido abandonado por anticuado y sustituido por esta pendejada identitaria que nos sirven los gringos, que es inofensiva a sus intereses.

El macartismo es un movimiento de la derecha estadounidense que ahora ha pasado a ser de la extrema izquierda porque niega que se la pueda contradecir. Toda contradicción es una traición y merece la exclusión, por eso se busca que quienes contradigan salgan, por ejemplo, del periodismo y de las universidades.

Este movimiento se está acentuando porque las generaciones más jóvenes piensan que están en posesión de la verdad y el que se oponga a ellas es un enemigo de la verdad. Esta juventud que quiere acabar con el viejo mundo, en realidad, está cayendo en comportamientos arcaicos. De una cierta manera, esta juventud es medieval. Practica el linchamiento en las redes sociales, el poner en la picota o la muerte social. Todo esto no son signos propios del progreso, al contrario, en mi opinión, son una regresión.

Todo esto se inscribe en el mito de la izquierda, que hace suyos los problemas de las minorías y del racismo y del feminismo de una forma totalmente dogmática. De esta forma, la izquierda se olvida de su mensaje universalista para hacerse la defensora de las minorías. Así se llega a que las minorías siempre tengan razón contra las mayorías y a que, a cualquier precio, siempre habrá que defender a las minorías, independientemente de lo barrocas que sean sus reivindicaciones.

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18 septiembre 2021

Polarización y zombificación

Filed under: Sociedad — Nadir @ 13:27

Desconectad el cable de la antena. Acudid a la información cruda, y no cocinada por vuestros medios de referencia. Diversificad vuestras fuentes, cuidando siempre su calidad. Ya que condenados a pertenecer a la masa de desposeídos, al menos seamos dueños de nuestras ideas.

Ya sois adultos, tenéis buenos dientes; dadles buen uso y no permitáis que nadie os dé la papillita, por cómodo que resulte.

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4 septiembre 2021

Sobre el patriarcado opresor

Filed under: Sociedad — Nadir @ 12:11

Subo comentario y respuesta a modo advertencia para el próximo soplapollas que se le ocurra venir a sermonearnos con su puta guitarrita:

Comentario por Ilbetea: 3 septiembre 2021 @ 21:40

“Lo del patriarcado opresor, hombres opresores y mujeres oprimidas es una bobada sin soporte factual”.

Se podría cuestionar la existencia del patriarcado, (o, ya puestos, si la tierra es plana) pero lo que no puede haber es un patriarcado sin opresión a las mujeres, porque es inherente a él, del mismo modo que no puede haber racismo sin opresión a una o al resto de razas.

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Comentario por Nadir — 4 septiembre 2021 @ 11:27

Ya entró el catequista a soltarnos unos salmos de su puta doctrinita.

Lo primero, al entrar aquí debes someterte al correcto uso de la lengua. Tu hatillo de palabros maltraducidos lo dejas en el contenedor de basura que hay en la entrada.

En lengua castellana, patriarcado significa:

Del lat. tardío patriarchātus.
1. m. Dignidad de patriarca.
2. m. Territorio de la jurisdicción de un patriarca.
3. m. Tiempo que dura la dignidad de un patriarca.
4. m. Gobierno o autoridad del patriarca.
5. m. Sociol. Organización social primitiva en que la autoridad es ejercida por un varón jefe de cada familia, extendiéndose este poder a los parientes aun lejanos de un mismo linaje.
6. m. Sociol. Período de tiempo en que predomina el patriarcado.

Esta es la definición, y no los valores que ahora vuestra sectita de comepollas le está adjudicando al vocablo. Estoy hasta los putos huevos de que hagáis la guerra al diccionario, de que retorzáis la lengua para hacer que se crucen dos paralelas (teorema del punto gordo, que invocábamos en dibujo técnico). Estáis traduciendo a machamartillo el nuevo valor que la doctrina postmoderna le ha adjudicato al término anglosajón patriarchy. Pero tenemos una ventaja; a diferencia del inglés, la lengua castellana sí que cuenta con una autoridad semántica: la RAE. Y la función de la RAE no es crear significados, sino reconocer los valores de cada término entre la comunidad de hablantes pretérita y presente. Y durante siglos, el término patriarcado se ha referido a las acepciones anteriores, hasta ayer por la mañana en que un grupo de gilipollas lameculos del imperio les ha dado por emplear esa asquerosa jerigonza progre.

La RAE no es perfecta, y de hecho yo mismo puedo criticar y corregir esa definición, pues en su acepción quinta habría que sustituir familia (eso sería el concepto de pater familias) por tribu. Las familias se organizan en clanes, y estos en tribus, cuando comparten un mismo ancestro más o menos mítico. Pero la ventaja de tener una autoridad semántica es manteneros fuera de los márgenes académicos a los trileros de la palabra. Los progres sois basura, despojos intelectuales. Desvirtuar el sentido de las palabras es al debate lo que mover las líneas del terreno de juego a un deporte de equipo: la forma más burda, más ruin de engaño.

Bien, después de esta clarificación de la altura intelectual de tu argumentación proseguimos.

¿Puede darse patriarcado sin opresión de la mujer? Sí, sin duda, porque son conceptos distintos, uno no es consecuencia necesaria de otro y, de hecho, así es como históricamente ha sucedido.

Una organización social en la cual el poder político, judicial (y, en muchos casos, el religioso) corresponde a un varón que encabeza una familia extensa (es decir, clan o tribu), no necesariamente implica una situación de opresión o explotación de un sexo sobre el otro. Tampoco en el matriarcado, que viene a ser el mismo tipo de institución, pero la dirección de la tribu corresponde a una figura (matriarca) de sexo femenino. Son organizaciones propias de sociedades poco evolucionadas, con una simple o inexistente estratificación social, generalmente en su etapa prehistórica o protohistórica. Un ejemplo muy socorrido son las 12 tribus hebreas que, cuando logran su unificación política, dejan de ser un patriarcado para constituirse en monarquía (s.X a.C.). Y el mismo proceso siguieron urbes como Roma o Atenas, que nacieron de la unión de varias tribus (que habitaban las siete colinas).

Esta organización no tiene nada que ver con la posición social de la mujer, que puede ser muy diferente en cada caso. Aunque, en lo general, suelen seguir el mismo patrón de distribución de los roles por sexo. Pero es una tergiversación histórica el pretender explicar sociedades pretéritas como una explotación de las mujeres por parte de los hombres, siguiendo el prejuicio de lucha de categorías o identidades establecido por el postmodernismo. La vida de una mujer no era más esforzada, penosa y peligrosa, en general, que la de un hombre sino al contrario, siendo la clase social y no el sexo el parámetro determinante que predetermina el nivel de vida y bienestar del sujeto (medido por ejemplo en esperanza de vida al nacer). En sociedades preindustriales (la máquina de vapor hizo irrelevantes a los músculos de hombres y bestias) la distribución del trabajo por sexos determina que sea el hombre el que provea de fuerza de trabajo y protección. Y sí, esta mayor capacidad de aportar riqueza y seguridad al grupo le otorgó, generalmente, mayores derechos políticos. Como es lógico, igual que la participación determinante de los marineros atenienses en la defensa de su polis (y agresión) les llevó a arrebatar esos derechos políticos (democracia) a la aristocracia. Pero en ningún caso puede hablarse de opresión y explotación, cuando la categoría presuntamente opresora y explotadora aportaba mayor riqueza al grupo de la que consumía, y desempeñaba las funciones más penosas y peligrosas, entre las cuales era tomar las armas.

Si hubiera una opresión de los hombres sobre las mujeres, serían éstas las que fueran a masacrarse en la guerra mientras los hombres quedarían en la seguridad y la comodidad del hogar. Serían las mujeres las que bajarían a la mina, subirían a precarios andamios o se embarcarían para pescar o comerciar. Pero sabemos bien que estas funciones eran desempeñadas mayoritariamente, y aún lo son, por individuos macho de nuestra especie, así que no sé cómo cabe hablar de opresión y explotación, precisamente en la dirección en que se denuncia.

No, cuando existe opresión y explotación, la clase opresora y explotadora lleva una vida más cómoda que la clase explotada, consume más riquezas de las que produce, y se reserva los trabajos más cómodos y seguros dejando para la clase explotada y oprimida los más nocivos, esforzados, penosos e ingratos. Si es que las palabras tienen algún valor. Una vez perdido, nada significa nada y todo vale.

Y la consecución de derechos políticos por parte de las mujeres no ha sido, como se pretende, algo evidente que faltaba por ser reconocido. Las mujeres alcanzan la igualdad social cuando, por mor del trabajo mecánico, el valor de su trabajo se equipara al masculino, aportan tanta riqueza como los hombres. Y, como es lógico, reclaman su parte en el gobierno de la polis. Pero no es que la situación de las sociedades tradicionales fuera injusta, sencillamente era otra organización social, estable y exitosa, en otras circunstancias materiales. Estructuras sociales deben ser estudiadas, pero no juzgadas de acuerdo a las circunstancias actuales, si no queremos caer en el ridículo.

En resumiendo, esta mamarrachada del patriarcado opresor es una manipulación de la historia y del lenguaje para presentar un conflicto alternativo a la guerra de clases: la guerra de sexos. Pero insisto una vez más, es la clase, y no el sexo, el parámetro determinante que predice el bienestar del individuo.

Vamos a explicarlo en términos que hasta la mente delicuescente de un postmodernito lo entienda: el marqués vive bien, la marquesa vive bien. El criado vive arrastrado, la criada vive arrastrada. El hijo de los criados puede que sufra malnutrición, la hija de los marqueses no. Si la marquesa manda, el criado obedece, por mucho que la french theory prediga lo contrario. Y hoy en día sigue habiendo clase nobiliaria (nobleza económica, burguesía) y servidumbre (proletariado). Y los pertenecientes a la primera viven mejor, como podemos ver en indicadores como la esperanza de vida o las tasas de morbilidad en función de ingresos o patrimonio. Y, todo ello, de forma jodidamente independiente de que el individuo sea macho o hembra. Las mujeres de la clase alta suelen llegar en buen estado a la vejez, mientras que un obrero llega a la jubilación con el cuerpo reventado. Y esta evidencia, de la que todos somos conscientes, no casa con la patochada del patriarcado opresor, ¿verdad?.

Esta treta de construir un pasado de ultrajes que deben ser resarcidos (el mismo discurso victimista del catolicinismo polaco o del follacabrismo árabe) tiene un objetivo evidente: enfrentar a la sociedad, partida en dos, buscando enemigos dentro de su propia clase, de su propia casa. Magnífica estrategia para perpetuar la estructura social, en la que sí que hay explotadores y explotados, sólo que no depende de su sexo sino de su patrimonio.

Divide et impera.

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En cuanto al racismo, ya que lo mencionas:

De raza e -ismo.

1. m. Exacerbación del sentido racial de un grupo étnico que suele motivar la discriminación o persecución de otro u otros con los que convive.

2. m. Ideología o doctrina política basada en el racismo.

Y precisamente la exacerbación de la condición racial como rasgo determinante de la identidad, de la esencia de un individuo, es llevada a cabo por la neoizquierda identitaria postmoderna, cuyo contenido es expresamente sexista y racista, sólo que sexista y racista «por buenos motivos». Es precisamente la progresía gringa, y los bobitos como tú que la traducen y reproducen como papagayos, la que hace de los rasgos raciales bandera y desarrolla un vocabulario criminalizador (color blindness) que dedica a aquellos que consideramos que la cantidad de melanocitos de la epidermis no es más determinante en la caracterización de un individuo que el contenido de leucocitos eosinófilos en su torrente sanguíneo. Sencillamente, el primero, al afectar a la superficie externa de la piel, es más llamativo a primera vista (igual que los rasgos sexuales primarios). Pero el ser humano es más, mucho más que pellejo y gónadas.

Todo racista, todo sexista, es un ser inferior. Como lo es toda esta neoprogresía con su puritanismo hipócrita.

¡A la mierda!

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