La mirada del mendigo

4 julio 2018

13th

Filed under: Sociedad — Nadir @ 14:55

En pocos aspectos se aprecia más claramente en EEUU el carácter de dictadura capitalista como en el sistema penitenciario (bueno sí; en un sistema sanitario aberrante, la burbuja educativa, el exorbitado gasto militar o un sistema de pensiones que viene a ser como si la sociedad se pretendiese cubrir con la toalla de los pies). 13th es un documental de reciente publicación que hace referencia a la decimotercera enmienda de su constitución, por medio de la cual se abole la esclavitud… excepto en el caso de los reclusos. La tesis del documental es que el sistema penitenciario usamericano viene a ser una continuación del sistema esclavista, por medio de la cual la Usamérica blanca reprime y explota a los bisnietos de los esclavos de las plantaciones.

Como siempre, en este espacio intentamos aportar algo más a lo patente. Lo que se cuenta en el documental es correcto: el sistema penitenciario usamericano, fuertemente privatizado, es un modelo distópico (el Estado con más reclusos del mundo, no sólo en términos absolutos sino relativos), y está fuertemente sesgado para castigar particularmente a las minorías raciales. Ahora bien, el modelo actual de lucha implantado en la izquierda impide a la directora ir más allá en la denuncia y, al espectador, tener una comprensión global del fenómeno.

Por ejemplo, se destaca que el 40% de los reclusos son “coloreados” (es decir, no blancos, en la neolengua). Pero eso implica que el 60% de la bestial cifra de dos millones y medio de presos atrapados en la pesadilla carcelaria usamericana son blancos. Al concepto que los guionistas del documental son incapaces de llegar, debido a la compartimentación de luchas e ideologías, es que la abrumadora mayoría de esos reos son POBRES, jóvenes que han crecido en un ambiente desestructurado y violento, sin acceso a una educación de calidad, sin modelos de conducta, entornos en los cuales la idea de ciudadanía tiene un inequívoco matiz de cinismo burlón. Que el ascensor social de la sociedad usamericana ha sido bloqueado intencionadamente desde décadas atrás por los WASP, y los descendientes de los esclavos negros y los nuevos inmigrantes hispanos han quedado atrapados en la planta baja. Que no es sólo porque el sistema judicial usamericano sea racista, que seguramente también, sino porque en esas clases bajas mayoritariamente expuestas a la delincuencia las minorías negras y latinas están sobrerrepresentadas.

Es un problema social, que el documental sólo toca tangencialmente y siempre coloreándolo de negro, cuando afecta a toda la paleta de color. Son las consecuencias de un modelo socioeconómico neoliberal que deja en la cuneta a buena parte de su población, que debe sobrevivir en las rendijas del sistema, verbi gratia, la prostitución, el contrabando de drogas y la pequeña delincuencia. No es sólo una cuestión racial, que la hay, pues el racismo sigue muy vivo en EEUU (¿alguien ha visto alguna vez una peli en que un protagonista negro se enrolle con una actriz blanca?). Es un sistema que cruje a los POBRES, categoría en la que, insisto, los negros e hispanos están sobrerrepresentados (siendo los inmigrantes indocumentados el último escalón de explotación), abocando a millones de ciudadanos a la marginalidad.

Y ahora, vamos a tratar de esta enfermedad de la izquierda que promueve la compartimentación de luchas, negros, mujeres, homosexuales… cada uno en su cubículo según sus circunstancias personales, hipersensibilizado sobre su propia discriminación (real o percibida, y eternamente ofendidito hasta lo grotesco) y desconectado del resto de luchas. Una ideología es un conjunto estructurado, sistematizado, coherente (y, a ser posible, viable) de postulados acerca de la ordenación de la sociedad.

Cuando nos referimos a la desideologización de la izquierda nos referimos precisamente a fenómenos tipo PACMA, que se presenta a las elecciones con un (grotesco) programa animalista, y en lo demás, ya se verá. Lo único que tienen en común los distintos colores en los que se articula la izquierda actual es que ninguna de estas corrientes propone un modelo socioeconómico alternativo al actual, contra el que protestan. De hecho, estarían (y estarán) perfectamente conformes si el modelo actual asimilase sus demandas. La izquierda política se ha convertido en grupos de presión desconectados, cada uno reclamando “¿qué hay de lo mío?”.

Y este sectarismo no es la única consecuencia fatal de la enfermedad del progresismo en la izquierda. Recapitulemos; el racismo, como el machismo, genera una serie de preconceptos que según la proporción de melanina en la piel o los rasgos sexuales primarios determinan al sujeto y el papel que debe desempeñar en la sociedad. La lucha contra la discriminación racial o el patriarcado se basa en revelar (con la ciencia en la mano) que todos esos preconceptos son erróneos, y los caracteres raciales o sexuales son irrelevantes en la inmensa mayoría de las situaciones. Si voy al médico, no importa su aspecto, no importa lo que tenga en la entrepierna, los rasgos de su cara son un asunto baladí: lo único que importa son sus conocimientos, y su capacidad y disposición en aplicarlos para sanarme.

Sin embargo, la alucinante estrategia actual, por llamarla de algún modo, contra el racismo es enfatizar aún más la identidad racial, pero apelando, invirtiendo la carga de valores de cada una. Remarcar la diferencia (en eso consiste precisamente el racismo) en vez de diluirla.

Esto es más exagerado aún en el caso del neofeminismo (esto es, la nueva hornada de ofendidas profesionales que no han entendido absolutamente nada de los postulados clásicos del feminismo). Cuando se define el término “género”, se hace en contraposición a “sexo”. Éste son el conjunto de características naturales, somáticas, mientras que aquél es un constructo social en torno a las anteriores, una realidad contingente y, por lo tanto, alterable conforme las sociedades evolucionan. Es decir, que ser camionera sea considerado un oficio impropio para la mujer, tradicionalmente asociado a los hombres, es un ejemplo de género. No hay (menos desde que se generalizó la dirección asistida hace casi medio siglo) ninguna razón fisiológica que reserve “la rosca” a los hombres, ni una mujer es menos mujer por ser camionera, entre otras cosas porque nadie puede ser más ni menos hombre o mujer (o tienes cromosoma XX o XY, no hay gradación en la asignación sexual). La masculinidad, como la femineidad, es todo ese conjunto de características que cada sociedad ha ido asociando a tener pilila o rajita, y ha educado a sus niños para que reproduzcan el comportamiento esperado (no porque estuvieran naturalmente determinados a ello, como la sociedad conservadora decía).

La labor del feminismo, como la del antirracismo, es romper con esos clichés de raza o de sexo (el género), para que cada individuo pueda forjar su personalidad sin ver coartada su libertad por su condición sexual o racial, un mero accidente genético. Irónicamente, es la Iglesia Católica (en general, la pútrida religión abrahámica, más la hindú…) la que ha promovido e impuesto la “ideología de género”. Es decir, la que ha adscrito a cada sexo una serie de obligaciones sociales/morales que pretendía derivar de su propia naturaleza, pero que no eran sino la reproducción de sus prejuicios. La Iglesia ha sido la principal constructora de géneros según su ideología reaccionaria. Y el neofeminismo entra al trapo como una bestia irracional, bregando por cambiar el contenido asociado a cada género y la adscripción voluntaria a uno u otro, en vez de romper la baraja y denunciar como artificial, arbitraria y falaz la misma existencia de géneros. Así, vemos que en vez de luchar por la superación del determinismo racial y sexual como categorías válidas, relevantes para clasificar a las personas, la moderna oposición a la discriminación racial y sexual entra como un morlaco en el terreno intelectual de la reacción, aceptando implícitamente sus postulados (la existencia natural del género, la relevancia de la identidad racial). Curas y neofeministas, negro bueno o negro malo, como dos perros pugnando por un hueso, en una estrategia tan obtusa de los que piensan con las tripas. No, la baza ganadora es la que ya se había ensayado: cambiar las reglas de juego, superar su discurso segregacionista, discriminador, pasarles por encima y dejarlos atrás. Pero esta jugada es a día de hoy imposible por la esencia de la izquierda progre postmoderna, basada en identidades y no en una ideología sólida (coherente, sistematizada y viable).

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15 junio 2018

El conocimiento y el procedimiento

Filed under: Sociedad — Nadir @ 17:35

Lo cierto es que no soporto la forma de hablar que tiene este chaval, pero sin duda es listo, y este vídeo me ha hecho recordar a un adolescente con mala memoria que odiaba la asignatura de Historia hasta el punto de patear el libro de texto por todo el pasillo cuando se enteró que por fin la había aprobado y que, años más tarde, acabada una carrera técnica, se matriculó en la Facultad de Historia (para volver a frustarse, aún más si cabe).

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4 junio 2018

O declive do segundo nivel das entidades de poboación

Filed under: Sociedad — Nadir @ 0:16

Ninguén pode sorprenderse se falo da despoboación do rural, de como as aldeas van quedando valeiras, de como os rapaces liscan dalí como fume de carozo buscando unha oportunidade nas vilas e só quedan os vellos.

Este proceso, que non é propio de Galicia senón mundial, coñécese como éxodo rural e é consecuencia do cambio de modelo económico dun baseado na agricultura a outro máis avanzado nos sectores industrial e de servizos. O dito, ata aquí, nada novo.

O que quería comentar nesta entrada é como este proceso de despoboamento das aldeas, agora empeza a afectar ás vilas. Teño que dicir que a idea desta entrada vina clara en Francia, onde o proceso de concentración da poboación está máis avanzado e é doado apreciar a evidente decadencia das vilas por debaixo dos 100.000 habitantes.

Aínda que vou exemplificar coa realidade que teño máis de preto, penso que é igualmente válido para outros países e rexións do Estado. A provincia de Ourense se estructura demográficamente en torno á capital, e catro vilas principáis: O Barco de Valdeorras, O Carballiño, Verín e Xinzo de Limia. Logo quedan algunhas vilas menores, que aínda sufren máis deste fenómeno, como Ribadavia, Allariz ou Maceda.

O proceso é moi doado de explicar: a xente vai baixando das aldeas, as veces a estas vilas, ou directamente ás cidades ou a emigración. E as vilas foron enchéndose desa xente, xeralmente nova, que viña das aldeas e mercaba un piso pola comodidade de vivir perto do traballo, de facer a compra no súper e de que os nenos no tiveran que andar co autobús para ir ó cole. E as vilas medraron.

Pero ese fluxo esgotouse. Nas aldeas xa non queda xente nova, e os vellos que están xa non pensan en saír da súa casa. O saldo negativo dos últimos rapaces en marchar e vellos que van morrendo, compénsase parcialmente con xubilados de Madriz, Barcelona, Alemaña ou Francia que voltan, refán a casa dos avós para pasar nela tempadas. Pero os xubilados non adoitan ter unha tasa de fertilidade moi alta, así que é un parche temporal, o canto do cisne das aldeas antes de desaparecer engulidas polo monte.

As vilas, pola súa banda, medraron con parte dos que escapaban das aldeas, e vai uns anos atoparon o equilibrio entre esas parellas novas que chegaban das aldeas e os que, a súa vez, marchaban da vila ó remataren o bacharelato para non voltar xamáis (agás en vacacións, claro). Pero algo cambiou nestes últimos anos: como diciamos, o fluxo das aldeas rematou, e a atonía económica das vilas puxa a máis rapaces a saír da vila tal e como os seus pais baixaron das aldeas a esa vila, buscando un futuro mellor ante a ausencia de espectativas se ficaban na casa. E aquí temos o cambio de tendencia, a poboación das principáis vilas alcanzou o máximo vai uns anos, e agora comenza un progresivo pero inexorable declive, que como no caso das aldeas se retroalimenta porque ninguén quere ser o último que quede na aldea. Cada vez as vilas ten unha poboación máis envellecida, unha economía menos activa e máis baseada nas pensións (que van sufrir, xa están sufrindo unha perda de poder adquisitivo e isto non fixo máis que comezar) e o ambiente social propio dun xeriátrico. Os mellores, os máis capaces, varudos, despertos van marchando, deixando tras de sí unha sociedade ferida de morte.

Agora é o turno de apoiar todo o devandito con datos.

Imos ó INE e sacamos os datos de poboación para esas catro grandes vilas da provincia máis e tres concellos da súa comarca. O patrón en tódolos casos é sempre o mesmo: os concellos do rural van perdendo poboación a un ritmo lento pero continuo (nun proceso que comezou a mediados dos ’50, hai concellos que dende aquela ata hoxe perderon máis das tres cuartas partes dos veciños), e chega un momento no que a poboación da súa vila de referencia acada o seu máximo é, a súa vez, comeza a perder poboación.

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Insisto, falamos destas vilas ourensanas como poderíamos falar de Elda, Trujillo, Astorga ou Calatayud. E as seguintes en caer serán as pequenas capitáis de provincia (de novo, só hai que mirar a Francia) para concentrar toda a actividade económica e, polo tanto, os postos de traballo e a poboación nas cidades de máis de 300.000 habitantes (que en termos europeos é o límite para empezar a considerarse unha cidade, pero na medida asiática con eses trescentos mil habitantes só serían villorrios de terceira fila).

Por suposto, aínda que non é mala cousa xa que as sociedades urbanas son máis eficientes e dinámicas, este proceso de decadencia das vilas terá importantes consecuencias sociáis, económicas (unha moi evidente é no eido inmobiliario: hai máis casas que xente querendo habitalas, así que os prezos vanse afundir agás nas grandes vilas) e mesmo culturáis (aínda que hai quen o fai, non ten moito sentido facer un magosto nun parque de Vigo).

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28 mayo 2018

Turquía como modelo de Estado policial

Filed under: Sociedad — Nadir @ 23:15

Autoritaria, represiva, integrista, corrupta hasta la médula… España es una alumna aventajada de Turquía, como ejemplos de democracias en vías de demolición.

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¡QUE SE VAYAN!

Diagonal – El país que tenía demasiada policía

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17 mayo 2018

Metalurgia social y productivismo

Filed under: Sociedad — Nadir @ 14:37

Estoy muy contento de la fecunda charla a la que han dado lugar estas últimas entradas. Así es un verdadero placer tener un blog. Para que no decaiga la conversación, la abro en una par de hilos que me parece que pueden tener recorrido. Aunque eso ya depende de vosotros.

El primero es lo gracioso que me parece un término usado por Maju: productivismo (no lo intentéis buscar en el diccionario), que suele venir asociado con otro término casi intercambiable: desarrollismo. Ambos términos son similares a “payo” o “gentil”, es decir, los usa un pequeño grupo social, en este caso la secta decrecentista, para referirse a todo y todos los que no siguen su fe. Esto es, por lo general en toda sociedad humana presente o pretérita ha existido el convencimiento de que el desarrollo económico y el progreso científico y tecnológico era un fin loable que redundaba en mejores condiciones de vida para la población (según el caso, unos más que otros).

Culturas y civilizaciones que han triunfado en la historia, lo han logrado antes que nada por triunfar en esta carrera por el conocimiento, lo cual les aportó los recursos tecnológicos, organizativos y materiales para imponerse sobre otras más atrasadas. Este proceso sigue activo, aunque afortunadamente las rivalidades no se solventan de forma cruenta. Ahora bien, perder en esa carrera no es mucho más llevadero que perder una guerra.

Otra cuestión, en este caso a cuenta de un comentario de Emilio cuya respuesta postergué para darle mayor visibilidad y recorrido a la discusión. Emilio decía que… “China tiene una ventaja que casi ningún estado grande o mediano del mundo tiene, mas del 90% de su población es de la misma etnia.”

Tiene mucha razón, aunque no es el único caso, y muy cerca tiene dos ejemplos aún más homogéneos étnicamente: Corea (las dos) y Japón.

Pero no sé hasta qué punto esto es una ventaja. Lo es desde luego respecto a los Estados creados artificialmente por las potencias coloniales. Un ejemplo que suelo sacar es Ruanda y Burundi, pero quizá el mejor sea Afganistán: pastunes, hazaras, tayikos y uzbekos, cada grupo viviendo de espaldas al resto. Así es imposible ir a ninguna parte (lo mismo podríamos decir de estados europeos como Bélgica o… España). Son grupos consolidados cada uno tirando de la manta a su lado.

Por eso siempre he defendido que los Estados tengan una cierta homogeneidad, como pueblo que se reconoce en sí mismo una identidad, para que las líneas de fractura política no sean étnicas sino ideológicas.

Ahora bien, considero que la escasísima inmigración en, por ejemplo, Japón, es un obstáculo para su desarrollo (quizá no tanto económico como social y cultural). La llegada de individuos de otras culturas, integrándose en la de acogida (es decir, no formando guettos o grupúsculos aparte, que actuarían como facciones al estilo de Afganistán), enriquece la sociedad obligándola a cuestionar y replantearse aspectos de su propia cultura, lo cual la empuja a progresar en un proceso que podríamos denominar “dialéctica social”. Si sólo departes contigo mismo, es dudoso que puedas llegar muy lejos en la senda del conocimiento.

Por lo tanto, podríamos decir que la inmigración es positiva en una cierta medida, a partir de la cual crea rivalidades étnicas que tensionan la sociedad. Podemos pensar en la inmigración magrebí en Francia o Bélgica, pero mucho más próximo es el fenómeno de los maketos y los charnegos: las sociedades vasca y catalana sentían amenazada su identidad con la potente ola de inmigración que venía de otras partes de España trayendo consigo otra lengua, costumbres e idiosincrasia, y reaccionaron contra ella en forma de nacionalismo periférico.

La cuestión es que esta proporción de población inmigrante que maximiza la función progreso no es un % fijo, sino que tiene una fuerte relación de las condiciones en que se produzca. Evidentemente, la disposición de la población local a aceptar individuos en su seno de otra cultura (racismo y xenofobia), así como la disposición de los migrantes para integrarse en la sociedad de acogida (no me cansaré de repetirlo: el islam, el orgullo paleto, es un obstáculo a la integración en países de mayoría no islámica).

En una entrada reciente hacía la metáfora de los inmigrantes como esas pequeña proporción de elementos que entran en una aleación para conferirle mejores propiedades (resistencia, ductilidad…). Si nos pasamos con el cromo o el vanadio, por ejemplo, tendremos un acero quebradizo.

Se puede modificar ese máximo de población inmigrante deseable, con actuaciones que faciliten la integración como evitar la concentración de la población inmigrante en determinados barrios/municipios, en los cuales reproducen el estilo de vida de sus lugares de origen y en el que no hay puntos de contacto con la población local para que se produzca un intercambio provechoso. Evidentemente, es mucho más sencilla la integración cuando existen afinidades culturales, como el caso del idioma con inmigrantes procedentes de Hispanoamérica, o la idiosincrasia en el caso de los magrebíes (más allá del auge fundamentalista que está convirtiendo en estatua de sal las sociedades del Norte de África, existe más similitud en la forma de afrontar la vida con los del otro lado del Mediterráneo, que con los pueblos al Norte de los Pirineos).

Evidentemente, facilitar el acceso a educación, ayudas y la disponibilidad de puestos de trabajo a los recién llegados facilita su rápida integración (evita la margninalidad, que conduce a la delincuencia); y del modo contrario un fenómeno endémico como el desempleo en España dificulta la integración, especialmente entre aquellos estratos más bajos de la población que ven (no erróneamente) a los recién llegados como rivales en el mercado laboral, con un efecto deflacionista sobre los salarios (estupendo para las clases medias que se pueden permitir tener un portero o una asistenta, por eso son estas clases medias las más entusiasmadas con el multiculturalismo, poder ir a cenar a un paki…).

Este fenómeno explica buena parte de lo que está ocurriendo en Europa en la esfera política (Marine, BrExit…), y pone a la izquierda en un dilema existencial: o renunciar a una pieza clave de su ideario como el internacionalismo, o renunciar a su ADN social que es la clase obrera. Vivimos una época de contradicciones, en que es la clase obrera la que reclama políticas restrictivas de la inmigración. Pero una sociedad cerrada es necesariamente una sociedad conservadora.

Por otra parte, todo este análisis es siempre desde el punto de vista del beneficio de la sociedad receptora. Es decir, mirándonos el ombligo. También habría que tener en cuenta las necesidades de las sociedades de origen: por una parte pierden a su fracción de la población más valiente, esforzada, preparada (y para ver qué es lo que queda tras un intenso periodo emigratorio, no tenéis más que ver la esclerosis de la sociedad gallega). Pero no podemos negar que a nivel personal la emigración supone una alternativa vital ante un futuro sin esperanza. Y a corto plazo, las remesas de divisas que los emigrantes mandan a las familias son el sostén de no pocas economías nacionales (México, Filipinas o el mismo Marruecos).

Como resumen, yo creo que la clave está en reconocer que es factible una política de puertas abiertas: la sociedad tiene un límite en su capacidad de integración, sobrepasado el cual surgen los problemas (el medio perfecto para el auge de movimientos identitarios, ultrarreaccionarios en uno y otro bando). Sólo Nigeria tiene casi 200 millones de personas, la mayoría jóvenes en edad núbil y con una altísima tasa de fecundidad (como no la controlen ya, es una verdadera bomba demográfica). Por otra parte, cerrar fronteras y que cada uno se las apañe no es una actitud éticamente admisible.

En este caso, la cuadratura del círculo es bastante sencilla: programas potentes de ayuda al desarrollo (en África no hay debate sobre “productivismo” o “decrecentismo”, esto último sonaría a humor negro). Es decir, nada que ver con la miserable política actual, que más bien está diseñada para beneficiar a las empresas españolas que a las sociedades receptoras. Estas ayudas deberían estar ligadas a la consecución de unos hitos en el desarrollo político y social (expansión de la democracia, de los derechos civiles, independencia judicial, lucha contra la corrupción…) para que no caigan en saco roto, e ir preparando la sociedad para el crecimiento autónomo. Aunque claro está, antes de dar lecciones a nadie, si queremos tener una cierta autoridad moral y que no se nos cachondeen en las narices, quizá deberíamos empezar por adecentar nuestra propia casa.

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