La mirada del mendigo

6 septiembre 2019

Nos están matando

Filed under: Sociedad — Nadir @ 7:22

Vamos a aplicar la misma retórica victimista del neofeminismo postmoderno, cambiando la categoría de víctima por defecto. A ver si suena plausible.

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Cuadros tomados del resumen estadístico de accidentes laborales 2018 publicado por el Ministerio de Trabajo.

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Aquí tenemos una muestra de la opresión del transhomomatriarcado opresor al colectivo históricamente más explotado, siempre sometido a los trabajos más duros, insalubres y peligrosos; señal inequívoca de hallarnos ante un grupo social discriminado. Las mujeres, desde una posición de poder, llevan siglos parasitando ese esfuerzo masculino apropiándose de más riqueza de la que consiguen generar, mientras hoy en día los roles de género impuestos por el matriarcado reservan a la categoría social privilegiada los trabajos menos sufridos (sanidad, derecho, educación, administración…), trabajando aún por encima menos horas en ellos, pero exigiendo al menos la misma participación en la riqueza producida.

En total, murieron el año pasado 541 hombres en accidente laboral, 15 más que en 2017, por 31 mujeres (copiando el dato del año anterior). Estos datos no sólo confirman la evidencia de la opresión al varón en este sistema matriarcal, sino que revelan cómo el terrorismo hembrista se recrudece en su empeño en reducir al hombre a bestia de carga, elemento fungible del matriarcado.

Merced al control que tiene el matriarcado sobre los medios de comunicación que dictan el discurso hegemónico, estas víctimas de la explotación hembrista son invisibilizadas, ninguneadas, mientras se presta atención a las víctimas que les interesa destacar al hembrismo, aún siendo menos de la décima parte. Una muestra del valor diferencial que esta sociedad hembrista concede a la vida de un varón en comparación a la de una mujer.

Por todo ello, desde el masculinismo militante reclamamos una sociedad más justa e igualitaria, en la cual podamos ver cómo las mujeres ocupan el 50% de los puestos en sectores como la construcción, el forestal o el pesquero, el transporte o la siderurgia. Mujeres caldereras, mecánicas o poceras en igualdad numérica con sus compañeros varones, liberando puestos de oficina para que puedan ser ocupados por sus compañeros varones (¿acaso es menos apto un hombre para desempeñarlos?) o que tengan la posibilidad de escoger quedarse en casa cuidando de la familia sin estar expuestos a la reprobación social.

NO MÁS HOMBRES MUERTOS EN ACCIDENTE LABORAL

NO MÁS VÍCTIMAS DEL SUPREMACISMO HEMBRISTA

¡NI UNO MENOS!

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Pues creo que sí; empleando el mismo rigor en el razonamiento que el neofeminismo identitario, me ha salido un alegato bastante creíble, incluso con mejor soporte sobre la realidad social, recurriendo a niveles no mayores de sesgos y falacias discursivas.

No sé a dónde nos conducirá como sociedad esta doctrina de la exacerbación sexista (aunque tengo mis sospechas, esto no es casual), pero puestos a jugar en el festival del victimismo, juguemos todos, que así más nos reiremos.

MORALEJA: Con un análisis lo suficientemente sesgado de la realidad, podemos acabar concluyendo cualquier estupidez

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12 agosto 2019

¿A quién conviene esta paranoia?

Filed under: Sociedad — Nadir @ 11:47

La de las mafias de rumanos y albanocosovares que venían a desvalijar pisos, sin duda, a los fabricantes de alarmas y proveedores de seguridad privada.

Si ridículo era el miedo infundido en la chusma por medios de comunicación contra esa invasión de hordas salvajes venidas de los Balcanes… ¿qué decir de éste enlace?

Guía para hombres: acciones para conseguir una sociedad en la que las mujeres vivan sin miedo

Por favor, leedlo, es cortito. Es necesario comprender la mentalidad de la secta identitaria. Luego diréis que yo exagero, que soy pesado con el tema, que el desbarre del postmodernismo identitario no es para tanto, que soy yo que estoy susceptible por todas estas pendejadas… Mirad la situación en USA: eso es lo que nos espera como no paremos la mamarrachada que están importando los modernitos.

El miedo esclaviza. Unos medios crean miedo del inmigrante, otros miedo del varón, todos ellos siguen la misma consigna de crear una sociedad de pusilánimes aterrorizados por un imaginario entorno hostil, que se postren sollozando a los pies del poder para sacrificar la libertad (especialmente la ajena, la del supuesto grupo agresor) por conseguir una ilusoria seguridad.

Mención especial a la nueva acepción postmoderna de feminismo, que de promover la superación de los clichés sexuales (el género), pasa a exacerbar los modelos tradicionales hasta el esperpento: macho agresor y damita indefensa y aterrorizada ante su imponente presencia; ambos no pueden compartir espacios sin que se desencadene una agresión. Curioso que la única sociedad que comparte este extremismo sexista con la chaladura postmoderna sea la saudí.

La realidad es que España es uno de los Estados más seguros, y cada vez lo es más, aún a pesar del alarmismo interesado que promueven los panfletos identitarios progres y fachas, para mantener cohesionado a sus respectivos auditorios.

Vamos a hacer un experimento. Volved a leer el artículo, pero en vez de leerlo en clave de género, cambiadlo a clave racial. Las normas para que un negro no asuste a las jóvenes blanquitas. ¿De qué clase de sociedad estamos hablando? Puestos a generar prejuicios, hagámoslo a lo grande: malvados machos, sí, pero negros, moros, gitanos… así podemos reunir las fobias de unos y otros y redactar un artículo que podría ser publicado indistintamente en ElDiario o en OKDiario. Diferente audiencia, mismo rigor intelectual, mismo mecanismo: inocular el miedo en un segmento de la población exacerbando los peligros sin contextualizarlos, para crear en el receptor la sensación de amenaza por parte del grupo social dibujado como agresor.

Desvergonzadamente, bajo el nombre de “feminismo” están empaquetando una ideología represiva y terriblemente reaccionaria. El nuevo modelo de mujer: un títere asustadizo y ofendidito, que precisa de ayuditas para no descomponerse como muñeco de paja tras la tormenta. Si a un individuo sano le haces caminar con muletas, acabará renqueando.

Cuando estoy por el campo, celebro el desparpajo de muchas ancianas, alguna casi centenaria, con las que me paro a charlar; valientes, esforzadas, resueltas, desenvueltas… que si cagan un pedo parten por la mitad a estas monitas “liberadas” por el neofeminismo (y los monitos que las acompañan).

¿Liberadas?

Sometidas, alienadas, aterrorizadas, reprimidas.

Idiotizadas.

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9 agosto 2019

Evergreen

Filed under: Sociedad — Nadir @ 14:24

Evergreen es un colegio del estado de Washington, en el cual en 2017 hubo unas protestas sobre las cuales el cineasta Mike Nayna grabó este documental.

Aquí la segunda y la tercera entregas.

El origen de estas protestas se basa en el “día de la ausencia”, un día en el cual los estudiantes y profesores no-blancos se ausentaban (a la manera de la huelga feminista) para remarcar su importancia en la comunidad escolar. Pero ese año cambió el guión, y la Comisión de Igualdad “sugirió” que ese día, los que debían quedarse en casa serían los alumnos y profesores “no racializados” (aka rostros pálidos).

Un profesor de biología escribió un correo electrónico mostrando su rechazo a esta decisión que entendía discriminatoria (ya que está prohibido decir racista, pues según el nuevo credo sólo un blanco puede ser racista) y que protestaría acudiendo ese día a su puesto de trabajo. Y… bueno, se lió parda. Os dejo con el documental.

La maniobra de estos grupos de postmodernos zelotes es propia de enajenados religiosos o de pseudoreligiones totalitarias: la difamación y el linchamiento social. Los activistas postmodernos, incitados por algunos miembros del claustro (atentos al papel estelar de la gorda con el perrito), acusaron al profesor rebelde de “racista” y pidieron su despido. Como ocurre en estos casos, nadie quiere salir a defender a un racista. Algo habrá hecho… La cuestión es que Bret Weinstein es de hecho antiracista, tal y como le definió cuando salió a defenderle una de sus alumnas, negra, antes de ser increpada y silenciada como alienada por el supremacismo blanco (que es el heteropatriarcado criminal traducido a la cuestión racial) por los activistas.

Lo que no era el profesor es postmoderno ni cobarde, y cual Galileo no quiso bailarles el agua con sus delirios irracionales. Y eso le costó el puesto (a él y a su mujer, Heather, que también aparece en el vídeo). Los otros tres miembros de la mesa son, supongo que los reconoceréis, los cruzados que emprendieron la mayor trolleada a las revistas académicas de estudios sociales postmodernos desde Sokal.

En España apenas se plantea la problemática racial. No es que seamos como puede ser Eslovaquia o Hungría, países racialmente homogéneos (a excepción de sus comunidades gitana). Precisamente somos racialmente muy diversos, cans do palleiro, y vemos con naturalidad marcadas diferencias de rasgos raciales. Ya no sólo entre regiones, incluso en una misma aldea puedes encontrarte desde pieles muy pálidas a pelos negro azabache, una tez oscura con ojos verdes, etc. Hemos recibido poca inmigración y no muy alejada de nuestro patrón mestizo (sudamericanos y magrebíes), así que el problema racial aquí no parece que pueda tener mucho recorrido (en todo caso el problema de integración no es racial, sino cultural, con el islam). Pero en USA es otra historia, negros y chicanos contrastan fuertemente con los WASP de origen centroeuropeo, y una cultura de segregación racial hace que aún no existan muchos puentes entre comunidades. Un punto curioso son los asiáticos, que suelen ser integrados por el identitarismo junto con los blancos, porque no son proclives a prestarse a sus juegos victimistas.

Por eso, quería mostraros estos vídeos para que os deis cuenta que exactamente los mismos argumentos que aquí se reproducen en cuanto al género (construcción social autopercibida del sexo), en USA se reproducen además con la raza. Cuando hablan de feminismo o antiracismo, no es tal. Es postmodernismo. Y todo aquel que se enfrente a su doctrina del postmodernismo identitario va a ser injuriado como racista, machista u homófobo, según de la identidad de la que estemos tratando. Como es el caso.

Un ejemplo muy claro en el vídeo que os paso: en varios momentos los activistas explicitan que la cuestión no es considerar si tal persona, institución o comportamiento es o no es racista. Hacerse esa pregunta ya de por sí es racista. Que es racista está fuera de toda discusión, pues así lo dice San Foucault y sus apóstoles en algún versículo. La única cuestión legítima es determinar de qué forma es racista.

Como fácilmente se puede ver, es exactamente el mismo mecanismo mental que aquí reproduce el neofeminismo postmoderno: la cuestión no es si un hombre es machista. Todos y todo es machista, no solo los hombres sino también las estructuras sociales (el cis-heteropatriarcado opresor). La cuestión estriba en analizar de qué forma cualquier aspecto de la vida social discrimina a las mujeres. Que las discrimina está fuera de cuestión, o serás catalogado de machista, agresor o maltratador de las mujeres (etarra o amigo de los que matan). Por lo absurdo, siempre traigo el mismo ejemplo, el análisis de impacto de género del soterramiento de la M-30 (o la desratización con perspectiva de género) y cómo fue defendido sin vergüenza por Eduardo Garzón.

Los que han nacido con la carga genética equivocada sólo podemos o cambiarnos de sexo (reasignar nuestra sexualidad) para pasar al bando de la luz o, al menos, humillarnos y reconocer nuestra culpa colectiva.

Si, la misma Yolanda Domínguez que llama “igualdad” a la discriminación y humillación. Son una panda que van de modernitos traduciendo puntualmente todas las chaladuras postmodernas que leen en páginas gringas. ¿O acaso crees que la majarada de la “cultura de la violación” viene de un análisis erudito y sosegado de la sociedad española y su cultura? Va a ser que no. Leyeron en los manifiestos de los SJW (que es como se llaman las juventudes postmodernas) lo de “rape culture”, que ni siquiera considero que tenga validez ni remotamente en una sociedad (que son decenas de ellas) como la usamericana, y se la adjudicaron directamente si ulterior análisis crítico a la sociedad española. Y puedo albergar alguna duda de que en alguna de los grupos sociales gringos pueda haber rastro, pero en la sociedad española no existe tal cosa como cultura de la violación. Ni mucho menos. Antes bien son conductas puntuales que reciben una clara y unánime repulsa social. El violador es uno de los tipos de delincuentes más denostados en nuestra sociedad.

Esta es la realidad de la sociedad española. Otra cosa es lo que cuente el Profeta y reproduzcan sus fieles.

El postmodernismo dice que hay opresión estructural (en todo tiempo, lugar y circunstancia, pues Foucault estaba muy por encima de la necesidad de demostrar sus afirmaciones), así como el Evangelio que el Sol gira en torno a la Tierra, así que el cometido de sus acólitos es buscar micromachismos y microracismos en todas partes y, cuando se encuentra uno, representar un apoteosis de victimismo. Como seguidores de Nostradamus, hacen al sesgo de confirmación un monumento pues por cada microagresión detectada hacen una ordalía al sistema opresor supremacista y heteropatriarcal.

Así pues, pongámosle nombre a la doctrina: postmodernismo. Pues muchos de los que se dicen feministas ni siquiera conocen a qué amo están sirviendo. Exactamente, la versión de la “French theory” que desarrollaron los “estudios culturales” interseccionales en las universidades usamericanas.

Y tengamos un ojo puesto en las chaladuras identitarias que se dan en gringolandia, porque los (post-)modernitos de aquí tardan en reproducirlas lo que tardan en traducirlas al neocastellano.

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6 agosto 2019

¿Clases o categorías sociales?

Filed under: Sociedad — Nadir @ 11:41

Izquierda postmoderna: las mujeres son un colectivo sometido y explotado por un sistema heteropatriarcal.

Tasa de mortalidad ajustada en UK:

Esperanza de vida al nacer en Inglaterra y Gales:

Esperanza de vida al nacer en Italia:

Esperanza de vida al nacer en España y Andalucía:

¿Un colectivo oprimido y explotado que vive más y con mejor salud que sus opresores y explotadores? ¡Qué extraño!

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Izquierda clásica: ésta es la forma que adopta la explotación (y de lo que no está de moda hablar, debate desplazado por los identitarismos).

 

 

Seis años, la diferencia entre Marruecos y Finlandia, entre las clases de una misma sociedad.

 

 

 

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Por cierto, en la primera tanda de gráficos lo que se aprecia es la ventaja biológica femenina (las niñas tienen un sistema inmune más eficaz, los hombres tiene sólo una copia del cromosoma X que los hace más proclives a enfermedades genéticas transmitidas en este, al no poder depurarlo con la otra copia, mayor propensión de enfermedades coronarias…), sumado a una propensión menor de las mujeres a adoptar conductas de riesgo y hábitos poco saludables (tabaquismo, alcoholismo…), más la menor exposición a muertes prematuras por accidente o enfermedad profesional en el entorno laboral, más causas violentas en conflictos armados o violencia particular.

En las series más antiguas, estas ventajas eran compensadas por la elevada mortalidad puerperal (la gran batalla a la que se enfrentaba toda mujer varias veces en su vida) y una peor nutrición en tiempos de escasez (que ciertamente es una discriminación sexista pero no deja de tener una parte racional, por asegurar la capacidad de la principal fuerza de trabajo) que acaban igualando las tornas. Este sesgo ha sido borrado y es evidente que hoy en día las mujeres tienen menos amenazas vitales que los hombres.

La diferencia no es pues el sexo. Es ese concepto tan viejuno de clase social que unos y otros quieren enterrar a pesar de seguir siendo una herramienta perfectamente útil para describir la realidad. No se puede decir lo mismo de las categorías identitarias.

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29 julio 2019

Deconstrucción de la izquierda postmoderna

Filed under: Política,Sociedad — Nadir @ 9:44

Por el interés derivado de la dificultad de encontrar críticas al identitarismo postmoderno que no sean las (legítimamente) interesadas de la derecha para desacreditar a la izquierda en su conjunto por las arroutadas identitarias (aunque el mismo Chomsky ya desde hace años carga contra el postmodernismo y el post-estructuralismo), quiero reproducir algunos fragmentos del artículo, dividido para su publicación en siete partes, escrito por el mexicano Adriano Erriguel (por si le queréis seguir, publica en El Manifiesto y Página Transversal). Ya os prevengo: es un autor que elude ser fácilmente etiquetado. Pero para lo que aquí nos importa, su pensamiento es riguroso, bien construido y documentado, del cual obtener provecho.

El motivo declarado de hacerlo es espolear vuestra curiosidad y que leáis el artículo completo que, además, va dejando pistas para continuar el trabajo de investigación sobre los orígenes de esta moda identitaria que están arrasando como un tsunami los postulados de la izquierda y ante la cual sólo cabe surfear la ola o ser aplastado ante su avance para quienes osan resistirse a su empuje (cualquiera que responsabilidades políticas se cuidará muy mucho de enfrentarse a la horda de ofendidos porque supondría su muerte política e incluso ciudadana).

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Deconstrucción de la izquierda posmoderna I

Si bien el lenguaje nunca es neutral, hoy está más trucado que nunca. Pocos diagnósticos más erróneos – entre los formulados en el siglo XX– que aquél que profetizaba el “fin de las ideologías”. Hoy la ideología está por todas partes. La prueba es que asistimos a la imposición de un lenguaje extremadamente ideologizado, si bien de forma subrepticia y con el noble aval de poderes e instituciones.

¿Un lenguaje ideologizado? Aunque por su omnipresencia parezca invisible, ese lenguaje existe y es el instrumento de una sociedad de control. El control comienza siempre por el uso de las palabras.

Si intentamos una clasificación somera podemos distinguir varias categorías. Por ejemplo: las palabras–trampa, aquellas que tienen un sentido reasignado o usurpado (“tolerancia”, “diversidad”, “inclusión”, “solidaridad”, “compromiso”, “respeto”); las palabras–fetiche, promocionadas como objetos de adoración (“sin papeles”, “nómada”, “activista”, “indignado”, “mestizaje”, “las víctimas”, “los otros”); los términos institucionales, santo y seña de la superclase global (“gobernanza”, “transparencia, “empoderamiento” “perspectiva de género”); los hallazgos de la corrección política (“zonas seguras”, “acción afirmativa”, “antiespecista”, “animalista”, “vegano”); los idiolectos universitarios con pretensiones científicas (“constructo social”, “heteropatriarcal”, “interseccionalidad”, “cisgénero”, “racializar”, “subalternidad”); los eufemismos destinados a suavizar verdades incómodas: “flexibilidad” y “movilidad” (para endulzar la precariedad laboral), “reformas” (para designar los recortes sociales), “humanitario” (para acompañar un intervención militar), “filántropo” (más simpático que “especulador internacional”), “reasignación de género” (más sofisticado que “cambio de sexo”), “interrupción voluntaria del embarazo” (menos brutal que “aborto”), “post–verdad” (dícese de la información que no sigue la línea oficial).

Especial protagonismo tienen las “palabras policía” (George Orwell las llamaba blanket words) que cumplen la función de paralizar o aterrorizar al oponente (“problemático”, “reaccionario”, “nauseabundo”, “ultraconservador”, “racista”, “sexista”, “fascista”). Destaca aquí el lenguaje de las “fobias” (“xenofobia” “homofobia”, “transfobia”, “serofobia”, etcétera) que busca convertir en patologías todos aquellos pensamientos que choquen con el código de valores dominantes (pensamientos que, inevitablemente, formarán parte de un “discurso de odio”).

La “Nuevalengua” (Newspeak) de la corrección política tiene dos características: 1) se transmite de forma viral por el mainstream mediático 2) su utilización funciona como un código o “aval” de conformidad con la ideología dominante. El objetivo de la Nuevalengua– como Orwell demostró en “1984”– es determinar los límites de lo pensable. Por eso la hegemonía construye su propio vocabulario, decide sobre sus significados y se atribuye el monopolio de la palabra legítima. De esta forma, cualquier atisbo de rebelión contra el “pensamiento único” se encuentra, ya de entrada, “encastrado” en el campo semántico del enemigo.

[…] (more…)

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