La mirada del mendigo

27 junio 2019

El centro del tablero

Filed under: Sociedad — Nadir @ 14:58

Cuando empiezas a hacer tus primeros pinitos en el ajedrez, aprendes la importancia de dominar las casillas centrales del tablero. Desde allí las piezas proyectan todo su poder, mas arrinconadas su capacidad ofensiva se ve limitada.

En política, el centro del tablero es el sentido común, el consenso social acerca de lo que es razonable. Por supuesto que en el tablero político estas casillas centrales no son estáticas, y unos y otros intentan influenciar en la sociedad (unos con más y otros con menos medios) para moverlo a su terreno. La cuestión es que una fuerza política siempre debe situar su discurso dentro de las coordenadas del sentido común, y según te alejas de esas casillas centrales de la racionalidad el discurso pierde tracción en la sociedad, suena bizarro, cómico, y es fácilmente replicado y ridiculizado. Y convertirte en un payaso, en un bufón, es lo peor que le puede pasar a un político.

Vamos a explicarlo mejor con un ejemplo. El discurso oficial en la izquierda suelta majaderías del tipo “las mujeres son un colectivo vulnerable a la explotación laboral”, que es una de las infinitas variantes de la fórmula canónica de que la mujer (como concepto, como categoría) es un sujeto oprimido por los privilegios del macho en el patriarcado que vivimos.

Cuando este mensaje u otros más lunáticos (todos los hombres son agresores en potencia, hay que establecer la presunción de inocencia por defecto de la mujer…) llega a pie de calle, la gente tuerce el gesto. Cala entre los que han acudido a la catequesis neofeminista y han asimilado su doctrina de hombre agresor y mujer víctima, pero en el resto de la población genera rechazo. ¿Por qué? Porque entienden que es una generalización que no se ajusta a la realidad que perciben, pues mete en el mismo saco a casi la mitad de la fuerza laboral, enfrentándola a la otra mitad. Y hacer un mismo paquete con la directora de una sucursal bancaria y la limpiadora, usando como criterio de clasificación la naturaleza de sus gónadas, es percibido por el público como un argumento ridículo.

Lo que la gente espera de un partido de izquierda es que diga cosas tales como “los inmigrantes sin papeles son un colectivo vulnerable a la explotación laboral”. O por ejemplo: “los desempleados de más de 50 años son un colectivo vulnerable a la explotación laboral”. U otro ejemplo más: “los obreros expulsados del sector de la construcción por la explosión de la burbuja, al haber abandonado su formación para acceder tempranamente al mercado laboral, son un colectivo vulnerable a la explotación laboral”. Y podemos pasarnos toda la mañana señalando colectivos que, objetivamente, carecen del mínimo poder de negociación frente al empleador y, por lo tanto, están expuestos a la explotación laboral (ante la anuencia de las inspecciones de trabajo, no quiero dejar de decirlo).

Las anteriores afirmaciones son reconocidas hasta por el neoliberal más inflamado. Se la puede pelar, puede tratar de justificar esta explotación e incluso aprovecharse de ella, pero no se puede negar la evidencia. ESTO es ocupar las casillas centrales del tablero, de esta forma la gente reconoce que estás enunciando verdades. Porque la mayoría de la gente no tiene los conocimientos estadísticos para determinar la correlación entre dos variables, pero sí que posee la intuición y sentido común para saber que la relación entre el criterio “trabajador sin estudios de un sector en declive” y la predisposición a aceptar salarios bajos y malas condiciones laborales es muy ajustada. Porque conoce a gente en esta situación y sabe que están prácticamente todos puteados. Sin embargo,cuando escucha a la élite política decir que las mujeres están explotadas, pone ese criterio en duda ya que sí, conoce mujeres que lo están, pero otras que no lo están en absoluto. La correlación entre las dos variables es baja, lo que nos indica que no hay una relación directa entre sexo y condiciones laborales (se cobre menos por ser mujer) y desaparece cuando igualamos el resto de las variables (dentro de una misma empresa y categoría laboral).

Pongamos por caso a un dirigente político como Julio Anguita. Una persona de derechas jamás le votaría, pero aún así tenía el reconocimiento de que era una persona honesta que decía verdades como puños. Procuraba situarse, y con el viento en contra, en el centro del tablero social, lo que decía tenía sentido, traslación inmediata a la realidad cotidiana. La gente no podía decir de él que “cuervo blanco hablar con lengua de serpiente”. Con el discurso sólido y sereno de Anguita, Izquierda Unida cosechó los mejores resultados de su joven historia. A partir de él, los intentos de “renovar” el discurso para hacerlo más “atrayente” a los jóvenes, es decir, avergonzarse de las convicciones y aguarlas para adaptarlas al discurso dominante, condujeron a la formación a la irrelevancia política y a ponerla al borde de la condición de fuerza extraparlamentaria de donde la rescató la coalición in extremis con Podemos.

Y es con este discurso, que ponía en las instituciones la realidad percibida a pie de calle, que un movimiento surgido al calor del 15M obtuvo unos resultados que, un día, hicieron soñar con el sorpasso y un hipotético gobierno de izquierda en España. Podemos decía cosas razonables, cosas en las que la ciudadanía estaba de acuerdo y se veía reflejada, cosas que habían estado desaparecidas de los telediarios y los pasillos del Congreso. Y la gente respondió con el voto.

¿Cuáles son las circunstancias actuales? Las mismas que operan sobre la izquierda europea, que ha abrazado la moda del postmodernismo identitario irradiada desde EEUU granjeándose el alejamiento, cuando no la animadversión y el hartazgo de parte de su electorado potencial. El nuevo discurso de la izquierda new age no engrana con la sociedad, especialmente las clases trabajadores que se ven interpeladas en cambio por la derecha y extrema derecha, a quien los delirios postmodernos dejan expedita la plaza del sentido común.

En conversación epistolar, un compañero me mostraba las reacciones en un foro de tendencia derechosa a la noticia del akelarre feminista. Efectivamente, con esos dislates le hemos entregado el centro del tablero a la derecha, enarbolando el estandarte del sentido común. El feminismo, la izquierda, es fácilmente caricaturizado, lanzado a los pies de los caballos. Y de eso se trata la política, el púgil usa los errores del adversario para atacarle, y ataca allá donde no está cubierto. Nosotros hacemos lo mismo, burlándonos de la incapacidad mental de Raxoi o de la incapacidad moral de Rivera. Es el juego, y se viene llorado de casa. Si dices gilipolleces, el enemigo se ceba en ellas y sufres en las encuestas.

Podemos considerar que aquello fue un suceso no representativo de feministas radicales. Y es cierto en lo de radicales pero no que no fuera representativo: igual que los iluminados del Estado Islámico, las neofeministas de Santiago llevaron a sus últimas consecuencias la misma ideología que es compartida ampliamente por las bases. Esto es, que la mujer como categoría social vive en una situación de opresión debido al patriarcado por parte de varones que no quieren desproveerse de sus privilegios. Lo de correr a collejas a sus compañeros puede resultar un tanto agresivo, pero pocos, muy pocos en la izquierda institucional (tan pocos que no hay nadie) han criticado el paso del “no es no” al “sólo sí es sí”; eslogan que tuvo un desarrollo legal en la Asociación de Mujeres Juristas Themis, regada con dinero público.

En las relaciones sexuales el consentimiento debe ser explícito. Si no hay consentimiento hay delito contra la libertad sexual. Será causa de justificación para la absolución la prueba del consentimiento; en consecuencia, quien tiene la carga de probar el consentimiento es el acusado.

Pero el común de la gente se da cuenta que obligar a grabar (al menos el audio) de cada encuentro sexual que tengamos (incluso con nuestra pareja habitual) para protegerse de la situación de indefensión legal ante una denuncia de violación es un completo dislate. Ni siquiera sería válida la firma de una declaración antes del coito de que se efectúa con pleno consentimiento, pues se puede alegar que la mujer (porque es la mujer la víctima por defecto, a estas alturas quién lo duda) firmó sometida a coacción o que pudo cambiar de opinión en mitad de la faena. Esto es absurdo, y es absurdo a un extremo tan evidente que es vergonzoso tener que explicar por qué es absurdo. Y alguien que proponga este artículo tiene de jurista lo que yo de funambulista (tengo vértigo, que me tengo que tragar cuando estoy en la montaña).

Así que, en lugar de todas esas majaradas con las que un día sí y el otro también la izquierda se pega un tiro en pie propio y que acaban desquiciándome, voy a ofreceros un ejemplo de lo que podría ser un discurso que apelase al sentido común de la gente.

Como veis, he creído necesario añadir en la barra de la derecha una modificación del tema de la hoz y el martillito (demasiadas herramientas, que decía el chiste del gitano con el que me identifico bastante), aún a riesgo de ser clasificado-descartado antes de leer el texto. ¿Qué hacen ahí la hoz y el martillito? Desde luego no están con motivo folklórico, como las he visto tantas veces (ahora ya no está de moda) con la misma función que un pin del Real Madrid o un parche de Kiss (y no es desdeñable el folklore detrás de los símbolos comunistas y anarquistas, tiene su importancia).

Cuando proclamo la ilegitimidad de la propiedad privada de los medios de producción ajenos (es decir, la base del socialismo), me baso en un axioma y dos razonamientos.

El axioma es que ningún hombre debe apropiarse del producto del trabajo de otro.

(quien tenga algún problema al entender el uso del término “hombre”, debo recordarle que estoy escribiendo en lengua castellana).

Es un axioma, por lo tanto no sujeto a demostración, como el resto de valores morales. Igual que tampoco puedo demostrar que no sea racional comerme al vecino y beberme su sangre. Aunque no es del todo cierto, y para eso hemos construido el edificio de la ética. La ética es la aproximación de la razón a la conducta humana, y concluye que por ejemplo sostener una sociedad en la violencia conduce a una distopía sangrienta. Es racional establecer leyes y mecanismos coercitivos para evitar el abuso de quien puede más sobre el que puede menos.

Pero aunque no se pueda deducir de ningún otro planteamiento teórico, sí que podemos exponerlo de forma que satisfaga la exigencia de racionalidad y sentido innato de justicia de cualquier mente sana. Un zapatero necesita de sus herramientas, lezna, escofina y aguja, para poder ejercer su trabajo. Sin ellas, y un modesto cubículo donde trabajar, el mejor de los zapateros sería inútil, inválido. Llamamos capitalismo al sistema que priva al trabajador de la propiedad de los medios que necesita para ejercer su oficio, acaparándolos para luego ponerlos a disposición del mismo a cambio de que trabaje en provecho del propietario capitalista. Arrebatarle al zapatero sus herramientas, para obligarlo a arrendar su fuerza de trabajo al que posee esas herramientas (empezando por la forma más básica de capital, la tierra) es fácilmente percibible como un abuso, un robo, una apropiación indebida. Por supuesto que se puede argumentar que el empresario tiene la propiedad de los medios de producción, y tiene derecho a esperar un beneficio por ello. La clave del asunto es si esa propiedad es legítima, de igual forma que debemos determinar si la propiedad del mismo trabajador es legítima en un sistema esclavista. Si no es legítima la propiedad de un ser humano, y esperar beneficio de esta adquisición, por mucho que esta adquisición se haya realizado de forma legal según la legislación de la época (legislación que sólo representa, recordemos, el interés del grupo de poder que la redactó); tampoco lo es cambiar la propiedad de la persona por la propiedad de los medios que necesita para ganarse la vida.

Hasta aquí, se podrá o no estar de acuerdo, pero parece racional, ¿no? Me parece que supone más esfuerzo convencer a alguien de que todos los hombres somos violadores en potencia, que de la ilegitimidad sobre la que descansa el sistema capitalista. El argumento es muy sencillo: tu jefe tiene un mejor nivel de vida que tú, gracias a que se apropia de una parte de los frutos de tu trabajo, y de tu compañero, y de tu compañero. Esto lo entiende hasta el más tonto.

Ahora vamos a continuar por aquellas dos razones por las que considero que un sistema socialista es no sólo más justo, sino también más eficiente y productivo (sin negar las inmensas dificultades a las que nos enfrentamos para implementarlo adecuadamente, y soy el primero en afirmar que si no se hacen las cosas correctamente, virgencita que me quede como estoy, porque con veleidades doctrinarias podemos condenar a la inanición a miles de personas).

La primera razón es de comprensión absolutamente inmediata: todo trabajador tiene un mejor desempeño cuando trabaja para su propio beneficio, que cuando lo hace en beneficio ajeno (el cabrón del jefe, los socios de la empresa o la masa accionarial). Cuando los trabajadores son los copropietarios de la empresa, y por lo tanto su buena o mala marcha impacta directamente sobre la retribución esperada (ahora sólo sufren el mal desempeño, con el miedo al despido o al cierre, pero no se reparten los beneficios en época de vacas gordas), es de esperar que pondrán mejor disposición no sólo en su trabajo, sino en el del conjunto de la empresa (un compañero ocioso o incompetente es señalado y apartado si no corrige su comportamiento).

Lo anterior es de puro sentido común, ¿a que sí? Estoy planteando cuestiones que son tabú en la sociedad actual incluso para los más radicales de los líderes políticos; está vetado hablar de la propiedad de los medios de producción. Y, sin embargo, me parece que hasta ahora no he dicho nada que no sea perfectamente entendible, no he dado ninguna pirueta ideológica, no ha dicho nada que pueda sonar extraño o ridículo a oídos de un ciudadano cualquiera. No es el desbarre incoherente de un lunático que tomar a broma, sino cosas bastante básicas, de sentido común.

Por desarrollar un poco la cuestión anterior, permitidme un inciso. El mundo actual exige una gran concentración del capital en organizaciones muy fuertes, capaces de competir globalmente. Y en muchas ocasiones, la parte proporcional de capital que corresponde a cada trabajador sería excesiva, tanto para esperar que la aporte con el fruto de su trabajo, como igualmente la retribución que le correspondería por ella. Es por ello que además de empresas de capital colectivo, puede haber empresas de capital público y formas mixtas entre ambas. En lo que nos atañe en este artículo, estas formas de organización diluirían ese interés del trabajador de cuidar de su propiedad, la empresa, ya que ésta quedaría diluida entre miles de trabajadores. Por lo tanto, la desidia propia sólo afectaría mínimamente sobre el desempeño final. Es por ello que, para mantener esa ventaja, se debería organizar toda gran empresa en módulos independientes de reducidas dimensiones. Por poner un ejemplo, una eléctrica podría tener un módulo que sería el departamento de mantenimiento de turbinas hidraulicas, el cual facturaría a la organización según su desempeño, y estaría sometido a la competencia de otro departamento rival que les pudiera arrebatar el contrato.

Y un segundo razonamiento, entiendo que éste más discutible pero sí que lo estimo como cierto a pesar de ciertas excepciones que confirmen la regla. Y es que considero que una empresa dirigida por sus trabajadores (no confundir dirección con gerencia, ésta sí puede y debe ser profesional) estará por lo general mejor gobernada que la empresa tradicional, dotada de una estructura jerárquica cuya cúspide suelen ocupar individuos que deben su posición a razones de cuna (que es una forma refinada de decir de coño, de salir del coño adecuado). En la mayoría de las empresas la plantilla conoce mejor el sector, la situación de la empresa, sus problemas y capacidades reales y puede con su inteligencia colectiva dar mejores directrices de gobierno que no un grupo de individuos privilegiados (estos de verdad) completamente desconectados de la realidad de la planta como de las necesidades de sus potenciales clientes. Y, si queréis, desgranamos el IBEX35 a ver cuántos ejemplos y contrajemplos encontramos.

No sólo es justo que los trabajadores sean propietarios de su puesto de trabajo, también es una buena idea para el devenir de la empresa y, por ende, de toda la economía.

Y este es EL cambio. Aunque no se operase ningún otro cambio social más, el convertir el asalariado en propietario (y de la forma progresiva que otras veces he propuesto, entregando participaciones como parte del salario y los impuestos) sería con el paso del tiempo determinante para poner patasabajo todo el orden social, a la vez que el económico. Con la confianza de ser dueño de su vida y no depender más que de sus brazos, el trabajador no se dejaría humillar, pisotear y ningunear como ocurre cotidianamente. Con la propiedad, recuperaría el orgullo y la dignidad, pues no puede llamarse ciudadano quien depende de otro para dar de comer a su familia.

La propiedad de los medios de producción es la clave de todo. Y la izquierda ha cometido traición abandonando el discurso que los reclama, para abrazar las modas que les van dictando ¿quién? Hoy el postmodernismo identitario, mañana si aún hay izquierda quizá abracen la cienciología o cualquier otra mamarrachada que les caiga en gracia.

Todo lo que he propuesto puede concitar o no la adhesión, pero no me podéis negar que suena racional, no son desvaríos de un iluminado sino que son enunciados desde la lógica y el sentido común, y así los puede entender la gente. Y también puede entender que quien se opone furibundamente a ellos, lo hace movido por su propio interés, por interés de clase. Y este discurso, conjugando rigor expositivo con sentido común, sí que representa una amenaza para el poder (que sólo se le ocurre tildarlo de aburrido o viejo). Por el contrario, la doctrina que promueve una sociedad enfrentada entre categorías apriorísticas e irreconciliables de privilegiados y opresores por defecto, una sociedad histérica atenazada por la corrección política y autocensurada por la hipersensibilidad de los ofendidos profesionales, no representa ninguna amenaza para la oligocracia. Es más, disfruta del espectáculo viendo cómo la izquierda se consume víctima de la infección que ha contraído a causa de sus devaneos ideológicos.

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21 junio 2019

Siguiendo el razonamiento

Filed under: Sociedad — Nadir @ 3:04

Se supone que la mayor propensión del hombre a cometer una agresión contra la mujer es la que justifica que este caso de agresión este comportamiento tenga un mayor reproche penal. Es la prevalencia de este comportamiento entre los hombres y la alarma social de este tipo de crímenes lo que justifica, según sus proponentes, que la misma conducta delictiva reciba penas más duras.

Es correcta esta afirmación, ¿no? Ya que los hombres son agresores en potencia, debe aumentarse el rigor de las condenas para corregir ese defecto de su naturaleza. ¿Correcto?

Bien, pues vamos a aplicar exactamente el mismo razonamiento de la LIVG, que no discuten más que los cuatro fascistas de VOX, a otros resultados estadísticos, mucho más sólidos.

¿Qué os parece el siguiente enunciado?

La condición de gitano será un agravante en las penas dada la estadísticamente irrefutable mayor propensión de esta comunidad a la delincuencia respecto a la media.

Vaya. Simplemente he intercambiado el término “hombre” por el término “gitano” en el razonamiento. Y, sin embargo, lo que parecía una afirmación muy progre ahora yo no lo parece tanto ¿a que no? Porque ¿qué culpa tiene nadie de nacer gitano y de lo que hagan otros gitanos? Uno sólo debe ser responsable ante la ley de sus propios actos, no los del colectivo en el que pretendan clasificarlo. ¿Suena lógico verdad? Y así era, hasta que llegó la nueva fe postmoderna y todo el mundo cambió de parecer.

Siguiendo el mismo juego de intercambiar categorías podemos llegar a las conclusiones más aberrantes, propias de un régimen fascista. Por ejemplo:

También es estadísticamente irreprochable que el colectivo inmigrante está claramente sobrerrepresentado en los feminicidios. Por lo tanto, se debe privar o al menos mermar a los inmigrantes de los derechos procesales que tendría cualquier otro ciudadano acusado de cualquier otro delito, dándole al acusador presunción de veracidad y recayendo la prueba de la inocencia en el acusado.

¿A que os parece muy progre la medida? Ah, ¿no? ¿Por? Porque sí que se considera muy progre cuando el colectivo criminalizado no es el de los inmigrantes, sino el de los varones. Sin embargo, si aplicamos la misma mecánica nefanda sobre categorías sociales distintas, estaremos redactando una ley muy del gusto de Unidas Potemos o una muy del gusto de los fascistas de Vox.

El sexo, el grupo étnico o el lugar de nacimiento son rasgos que no determinan el carácter de una persona y nunca, en ningún caso, pueden condicionar la responsabilidad ante la ley. La igualdad de los ciudadanos ante la ley es un principio básico que jamás debería ser puesto en cuestión, ni siquiera como atajo con los propósitos presuntamente más nobles, pues es una de las grandes conquistas de la era moderna.

La diferencia pues entre la moderna progresía y el viejo fascismo no es de discurso, ambos están dispuestos a deslegitimar el sistema legal para exorcizar sus demonios (unos con la manía del hombre agresor, los otros con la del gitano o moro ladrón), la diferencia entre ellos se reduce al colectivo que criminalizan y al victimizado.

Es más. En honor a la verdad he de decir que quizá haya miembros de Vox que ni siquiera están tan locos de pretender introducir una reforma legal para considerar que ser gitano sea un agravante penal, y que las circunstancias de nacimiento deban determinar los derechos procesales. No conozco a nadie de Unidas Potemos que ponga en cuestión la desigualdad legal introducida en la LIVG.

Si feminismo es igualdad, no hay ni un solo feminista en la progresía de hoy.

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NOTA: El agravante de abuso de superioridad existe desde hace mucho tiempo en el Código Penal. No es discriminatorio ya que describe objetivamente el delito, la desproporción entre la agresión y los medios de defensa de la víctima, independientemente de su sexo, raza, religión o lugar de nacimiento. Presuponer que el hombre es siempre el más fuerte es de un sexismo burdo. Hay mujeres jóvenes más fuertes que hombres jóvenes, pero además hay diferencias de edad (niños, ancianos), de condición física (minusválidos), de estado de consciencia (borrachos…) u otras circunstancias como el uso de armas o de una posición de poder (laboral, institucional…) que pueden alterar en cada caso la relación de fuerzas en un enfrentamiento, que la mamarrachada que hoy se arroga el término de feminismo pretende que sea siempre la mujer el sujeto más débil.

Pero ya puestos, ya que totalizamos la media que es la falacia que subyace en todo este pseudorrazonamiento, que viene a confundir el resultado estadístico de que los hombres son de media más altos, a la absurda conclusión de que no hay mujeres más altas que ningún hombre. De hecho, desaparecen mujeres y hombres quedando sólo un prototipo de mujer y un prototipo de hombre (sorprendámonos de cómo el neofeminismo refrenda el concepto de género, Simone se moriría de vergüenza si lo viera). Y el de hombre no es precisamente agraciado. Tampoco el de mujer, a decir verdad. Reducida la humanidad a estos dos muñecos de guiñol, el postmodernismo identitario representa su función de un modo que sería del gusto del sacerdote persa Manes.

Decía que ya puestos, vamos a una reductio ad absurdum más. Si ser hombre es un agravante penal por la presunción de que es siempre y en toda circunstancia más vigoroso (ya que esa agravante se aplica siempre dado el sexo de agresor)… podemos proponer otra. A ver qué os parece.

Dado el caso que la constitución de la población de origen subsahariano es más vigorosa, siendo comunes los individuos de gran envergadura y muy musculados… lo habéis adivinado, vamos a introducir una reforma legal para que ser negro suponga condenas más duras.

Muy avanzado, muy progre, esto de romper el principio de igualdad ante la ley. Leyes diferentes para blancos y para negros, la nueva modernidad. Y para mayor cinismo, haciendo de la igualdad bandera. Lo mismo que la Espe no se quitaba la libertad de la boca. Hazte con el control de las palabras y ya tienes la mitad de la partida ganada.

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11 junio 2019

La dictadura de los ofendidos profesionales

Filed under: Sociedad — Nadir @ 16:58

Esto ya alcanza extremos absurdos, y deberíamos levantar un dique contra la imbecilidad policorrectista que emana de gringolandia.

En el juego de las identidades victimizadas ninguna, ninguna, tiene tanta capacidad para imponer un veto a toda crítica como el lobby judío (ni las locas del coño, los racializados, ni siquiera los barbudos). Todo fundamentalismo tiene al humor, expresión sublimada de la inteligencia, como su enemigo eterno. Estos días se ha cobrado una víctima con más de un siglo de historia: las viñetas de The New York Times.

El decano periódico anuncia que dejará de publicar viñetas de contenido político en su versión internacional, después de que ya las hubiera retirado de su versión usamaricana.

El detonante han sido las furibundas críticas recibidas por la publicación de esta viñeta, mostrando a un ciego Trump siendo guiado por un perro con la cara de Netanyahu (un buen resumen de la política gringa en el Medio Oriente, por eso escuece):

En esta ocasión humillarse no fue suficiente, las disculpas no fueron aceptadas y la tormenta (del consabido “antisemita” se pasó directamente al “filonazi” para referirse al TNYT) no arreció hasta que los viñetistas fueron despedidos (todos, no sólo el que dibujó la viñeta, y así se curan en salud) y se suprimió el humor gráfico (en ocasiones, la sección más seria, honesta e inspirada) de las páginas del periódico más importante e influyente del mundo. Queda claro que hay temas que es mejor no tocar, y cuanto más crece su número menos espacio queda para la libre expresión.

Malos tiempos para el humor, y para la libertad en general.

Y por supuesto, como toda gilipollez que hace gringolandia, es copiada aquí por tanto soplapollas que quiere ir de moderno. Barbitas, tobillos al aire y gesto escandalizado. Hemos rescatado del armario el lápiz rojo del censor, y a esto le llamamos modernidad. Involución y debilidad mental, digo yo.

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18 abril 2019

Volvamos sobre nuestros pasos

Filed under: Sociedad — Nadir @ 14:31

De nuevo en el monotema identitario, que está visto que dista mucho del consenso universal que pretenden los medios.

Creo que se va a entender mejor con un ejemplo. Retrocedamos mentalmente unos añitos e imaginémonos un coloquio republicano, en la que alguien propone eliminar de las estanterías de libros infantiles El Principito, el Príncipe Valiente, y toda la retahíla de cuentos en los que aparecen reyes, príncipes y princesas como sublimación de las virtudes. Así, propone este encendido republicano, deberíamos reescribir el cuento de Saint-Exupéry titulándolo como El Obrerito. Por supuesto, semejante pretensión estaría cargada de razones tales como no perpetuar el sistema de dominación monárquico que nos rebaja a la condición de súbditos, y no debemos permitir que los tiernos infantes asimilen el sistema feudal de transmisión hereditaria del poder y blablablabla…

Esta propuesta, hace unos años, sería acogida con escepticismo y estupor, a lo cual el ponente contestaría acusando de monárquicos, lacayos y traidores al resto de la sala. Ya envalentonado, pretendería censurar la saga del Prince of Persia, las leyendas artúricas, la mitad de las salas del Prado y, ya puestos, hasta la baraja española de Fournier, como inaceptables muestras de una ideología caduca que debe ser superada.

Ahora, haga memoria de cómo pensaba usted hace unos pocos años, y complete la palabra que hubiera utilizado entonces para definir al individuo así dibujado:

G _ _ _ _ _ _ _ _ _

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Ahora pongamos otro caso. Imaginemos que en el foro de Iniciativa Atea aparece otro personaje que propone una campaña para desterrar del uso del idioma expresiones e interjecciones relacionadas con la religión, tales como “¡Vaya por Dios!”, “¡Ojalá!”, “¡Dios mío!”, “¡La virgen!”, “Adiós”… pues son una perpetuación en el idioma del oscurantismo en el que hemos vivido durante siglos y seguir empleándolas es una forma de avalar los crímenes cometidos por la Iglesia y más blablablabla. Deberíamos sustituirlas, propone, por fórmulas no teístas como “¡Válgame la razón!” para lamentarse, o “¡Darwin mío!” para expresar sorpresa.

¿Con qué término describiría usted, hace unos años, a semejante individuo?

_ _ _ _ _ _ L

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Yo creo que en nuestra trayectoria política, todos nos hemos encontrado a esta clase de superrevolucionarios, intransigentes, fanáticos, que pasado un tiempo los volvemos a encontrar en un puesto pidiendo el voto para Vox. La norma general era ignorar todas estas estupideces, porque entrar en su juego suponía reventar el debate. Sin embargo, y casi sin darnos cuenta, hoy en día hemos normalizado estos discursos.

Y por supuesto, sigue siendo no sólo legítimo sino necesario seguir defendiendo el republicanismo y el ateísmo, que al menos en mi caso forman parte de mi conciencia política de forma tan inseparable como el rechazo del racismo y el sexismo (venga de donde venga). El defecto no está en ser ateo o republicano, sino en ser un cretino. Perder el rigor en el discurso y permitir que la derecha católica y monárquica se presente, en comparación, como razonable, portadora del sentido común.

Esta gente forma parte inconscientemente de una estrategia premeditada de desacreditación de la izquierda.

La oligocracia ha creado una ideología inofensiva agradable a los oídos de quien va dirigida (opresión, igualdad, privilegios…) y se la han ofrecido a la izquierda como quien lanza un hueso a un perro, para que lo roa y se entretenga. El identitarismo postmoderno es un caballo de Troya, un cachorro envuelto en ropa de bebé el cual la progresía se ha apresurado a adoptar, y lo está acunando y amamantando.

Las causas últimas están en la falta de formación intelectual, endeblez ideológica y la ausencia de rigor en el análisis. Superficialidad, moda, apariencia son los grandes pecados que van a hundir a la izquierda durante al menos una generación, cuando hace tan sólo unos años un cambio revolucionario empezaba a dejar de ser una quimera.

La maniobra está saliendo demasiado bien para pensar que se trata de una moda casual y pasajera, y no parte de un plan premeditado que nació en el siglo pasado con la promoción en los campus gringos de una serie de intelectuales franceses que proponían una doctrina, el postmodernismo, que pretendía ser la superación de las ideologías revolucionarias del s.XIX.

Dedicado a todos los tontos útiles que, con la mejor de las intenciones, han picado en el anzuelo que les ha puesto el capital. Para distinguir un Ribera del Duero de un vinote hay que tener el paladar educado y algo de criterio, porque no todo lo que se envasa en botella de vidrio es un buen vino.

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8 marzo 2019

Por la feminización de este blog

Filed under: Sociedad — Nadir @ 9:59

Lo cierto es que siempre me ha preocupado el desequilibrio que existe en el blog, pues no sé en lectores pero la mayoría de los comentarios son hechos por hombres. Y, por supuesto, la diferencia empieza en quien esto escribe. Esto lo traté de enmendar invitando (en lenguaje postmoderno, cediendo mi espacio de poder, jijiji) a comentaristas habituales que no tuvieran blog propio, entre ellos Amor, pero por los motivos que sean aún estamos esperando su primera entrada (y no es la única en no querer apencar, y no quiero señalar a nadie).

Y me he preguntado el porqué, pues me molesta creer que la temática del blog no sea femenina (caracteres asociados al género femenino); en política, ecología, técnica… no sé qué demonios tienen que ver los rasgos sexuales primarios de cada cual. El caso es que existe ese fuerte sesgo en los comentarios y pretendo ponerle también solución hasta acabar con la desigualdad de género (que no es lo mismo que sexo, suena más progre y en realidad es mucho más reaccionario).

Por lo tanto, la primera acción será obligar a partir de ahora a que todo comentario deba añadir en la primera línea el rol social binario al cual cada comentarista se adscribe: hombre o mujer. Esto es, su género. Si este rol social no coincide con sus caracteres sexuales primarios, ya se encargará la cirugía y los tratamiento hormonales de ponerle arreglo a ese desajuste de la naturaleza, siguiendo la progresista práctica de la República Islámica de Irán.

Una vez correctamente etiquetados todos según nuestro género, y ya que no puedo obligar a nadie a comentar, procederé a censurar los comentarios de forma que siempre a un comentario de un género le tenga que seguir un comentario del género contrario, manteniendo siempre la paridad de género. Mientras ese comentario equilibrador no se produzca, el resto serán eliminados. Serán igualmente eliminados aquellos comentarios que sean emitidos sin detallar en primera línea el género de quien los emite, hay que acabar con el promiscuo anonimato indeterminador de los nicks en Internet. En un mundo postmoderno sólo puede haber hombres o mujeres, privilegiados y oprimidos por defecto. La indeterminación o la no adscripción dan error en la salida y se nos cuelga la máquina.

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Sexismo: discriminación de las personas en base a su sexo en aquellos ámbitos en los que no es relevante.

Obviamente, no pienso llevar a cabo lo anteriormente expuesto ni siquiera por hacer la gracia. Como no me pienso follar a ninguno de vosotros, que es en lo que SÍ que es relevante vuestro sexo y los atributos que lo denotan y engalanan (además de algunas cuestiones médicas en las cuales ni pincho ni corto), me importa una puta mierda lo que tengáis entre las piernas. No soy un chucho para ir olfateando braguetas.

Tampoco me importa con quién folláis o dejáis de follar, eso ese comadreo es propio de paletos. Vuestra vida sexual me resulta irrelevante. Y lamentaría que fueseis tan imbéciles de circunscribiros en un rol social preestablecido, el género, en vez de hacer lo que os plazca sin atender a si son cosas de hombres o de mujeres, de blancos o de negros (apropiación cultural).

Porque evidentemente me importa tres cojones el tono de vuestra piel (¡microagresión!), antes o después de ir a la playa, pues racismo es exactamente la definición anterior, sustituyendo sexo por raza (y aún hay menos ámbitos en los que sea relevante, estadísticamente en el ámbito médico y para de contar).

En este espacio sólo me importa vuestra inteligencia, y para que brille tenéis que impedir que esté condicionada por vuestra entrepierna. Es en este aspecto en el que sí que procuraré seguir llevando la censura con celo, señalándoles a los que no alcancen un mínimo exigible la puerta de salida. Nuestro tiempo es limitado y mi paciencia, más.

Contra el sexismo y el racismo SIEMPRE, aún cuando se pongan de moda y se travistan de modernos y avanzados.

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Visibilizar, empoderar, transversalidad, sororidad, diverso, politólogo, espacios seguros, inclusivo, heterocispatriarcal, perspectiva de género.

Podéis añadir al artículo estos u otros palabros donde mejor os cuadren. Sazónese al gusto. También lo podéis vestir además de morado añadiéndole al tuntún términos eco-friendly como orgánico, sostenible, ecológico, tradicional, reciclaje, energía renovable, economía circular… si no tenéis mucha idea de como hacerlo, podéis tomar ejemplo en la página corporativa de ENCE.

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