La mirada del mendigo

29 noviembre 2022

Juan Manuel Grijalvo – Suttee – Sati – 3

Filed under: Sociedad — Juan Manuel Grijalvo @ 23:07

Um.

 ¿Por qué en la India mataban a las mujeres y consagraban a las vacas,

y aquí matamos a las vacas y consagramos a las mujeres?

Diría que no estoy consiguiendo que mis lectores salgan del aquí y del ahora.

«Todas las mujeres han sido maltratadas sistemáticamente por maridos opresores durante décadas» como dicen ahora, WTF?

Eso lo dijo Nadir. Me hice eco de su comentario para que viese que la cosa NO va por ahí, pero él insiste:

«Luego la costumbre no deja de ser un ajuste presupuestario para ahorrarse la pensión de viudedad? No me cuadra, porque una joven de 18 años aún está empezando su edad productiva. Yo más bien creo que es una clara patrimonialización de la mujer, como posesión del marido que le acompaña al más allá junto con otras ofrendas. Para que no le dé al difunto un ataque de celos post-mortem, si la viuda se casa con otro».

Eso de las pensiones de viudedad es una idea que apareció en «Occidente» hace cuatro días. Que yo sepa, no ha llegado a «Oriente», al menos no con la extensión que tiene aquí. Y la «patrimonialización» tampoco es la razón de ser del Suttee. En la época histórica que nos ocupa, las bodas eran una parte más de unas pautas sociales de conducta que giraban en torno a la agricultura. El comentario más útil hasta ahora, con mucha diferencia, es el de qatalhum: «es un asunto económico muy complejo que tiene que ver con el reparto de tierras».

Sobre los efectos prácticos de consagrar el ganado vacuno a una deidad, una cita de «Kim», mal traducida por mí:

«El enorme toro Brahmini se abrió paso entre la multitud, con un plátano robado colgando de la boca. Se dirigió a la tienda, muy consciente de sus privilegios como animal sagrado, bajó la cabeza y resopló pesadamente sobre la línea de canastas mientras elegía la siguiente golosina. Arriba voló el duro talón de Kim, y le dio un buen golpe en el morro, azul y húmedo. El toro, indignado, se fue de la tienda, con la joroba temblando de rabia».

Kim no es hindú, y no está sujeto a las limitaciones que su fe religiosa impone a los hindúes, pero Kipling no nos explica qué habría ocurrido si un musulmán le hubiera arreado un puntapié en las narices a un toro sagrado en el Lahore multicultural de 1893.

Volviendo al tema, mi hipótesis es que el trato que se da a las viudas y a las vacas tiene una base económica. Se trata de mantener el equilibrio entre las poblaciones, tanto la humana como la vacuna, y los recursos disponibles. Eso se consigue regulando la reproducción: es mucho más importante la cantidad de hembras fértiles que la de machos. Un solo toro puede cubrir un número muy elevado de vacas. Si hay un excedente de terneros, de cabritos, de corderos, de cochinillos, etcétera, ya sabe usted con qué haremos el asado cada vez que toque festejar alguna fecha señalada.

La siguiente pregunta: ¿qué dice Marvin Harris sobre todo esto?

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27 noviembre 2022

Juan Manuel Grijalvo – Suttee – Sati – 2

Filed under: Sociedad — Juan Manuel Grijalvo @ 12:26

Um.

La pregunta que cerraba mi primera entrada sobre el Suttee,

qué ocurre aquí y ahora con las viudas, ha tenido tres respuestas.

La de Nadir es… provocativa:

«Bueno, se supone que una viuda es una mujer liberada de forma taxativa y permanente de su opresor y maltratador durante largos años, así que deberían ser las personas más felices del mundo. ¿No? ¿No es así? Pues no sé, hay algo que no cuadra, entonces».

La de D. Emilio resume muy bien, aunque demasiado brevemente, una de las claves económicas de la cosa: «Q cobran pension».

Y la de D. Vicente me permite encaminar la cosa a donde yo quería: «las relaciones con las viudas son muy diferentes según la sociedad que tengamos en cuenta. Muchas sociedades en África Occidental actúan de la siguiente forma: la viuda pasa a ser la esposa del hermano mayor del difunto. Es un asunto económico muy complejo que tiene que ver con el reparto de tierras. Si usted estudia la quema de brujas en Europa encontrará un motivo similar».

Sintetizando, todas las mujeres han sido maltratadas sistemáticamente por maridos opresores durante décadas. Por fin, el señoro de turno estira la pata y, como decían ellas, «él estará en el cielo, pero yo estoy en la gloria». Les queda una pensión que prácticamente nunca es para tirar cohetes y hala, a vivir mejor o peor los años que les queden. Pero «las relaciones con las viudas son muy diferentes según la sociedad que tengamos en cuenta». En otras palabras, la verdadera respuesta a mi pregunta es que «depende». Aquí y ahora, la esperanza de vida de las viudas no tiene mucho que ver con la que tenían hace cincuenta o sesenta años. Hablando de otra cosa y de lo mismo, la situación en la India era bastante distinta. Los matrimonios eran contratos entre clanes familiares, arreglados por los padres de los novios, y celebrados cuando los contrayentes aún estaban en la infancia. Considerando que iban a morirse a los treinta años, o quizá antes, la cosa tenía cierto sentido práctico y económico.

Teóricamente, el Raj británico había conseguido suprimir el Suttee desde la prohibición de 1829, pero la Wikipedia dice que una mujer rajput, Roopkuvarba Kanwar, fue quemada viva el 4 de septiembre de 1987 en la aldea de Deorala, en Rajasthan. Tenía 18 años y había estado casada durante ocho meses con Maal Singh Shekhawat, que había muerto un día antes, a los 24 años. No tenían hijos.

Y para cerrar esta entrada, otra pregunta:
¿por qué en la India mataban a las mujeres y consagraban a las vacas,
y aquí matamos a las vacas y consagramos a las mujeres?

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20 noviembre 2022

Juan Manuel Grijalvo – Suttee – Sati – 1

Filed under: Sociedad — Juan Manuel Grijalvo @ 13:07

Verá usted, Verne es uno de los autores que más han influido en mi visión de las gentes y de las cosas, y desde una edad muy temprana. Uno de sus libros más celebrados es «La vuelta al mundo en ochenta días». Tal vez no lo haya leído usted, pero es probable que haya visto la adaptación cinematográfica que dirigió Michael Anderson en 1956, y es posible que recuerde a la princesa Aouda. Leyendo a Verne me enteré yo -tampoco mucho, era muy joven- de que en la India existía la costumbre de quemar a las viudas en la pira funeraria de sus difuntos esposos. Se llama «suttee» o «sati». Por aquellas fechas también empecé a frecuentar las lecturas de Kipling, cuya obra está mucho más centrada en la India que la de Verne. Pero casi nunca toca el tema, porque se supone que la influencia civilizadora de los británicos había desterrado aquella práctica.

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Sigue un extracto de la Wikipedia:

Después de la prohibición, los sacerdotes balochi de la región de Sindh se quejaron ante el gobernador británico, Charles Napier, de lo que afirmaban era una intromisión en una costumbre sagrada de su nación. Napier respondió:

«Que así sea. Esta quema de viudas es vuestra costumbre; preparad la pira funeraria. Pero mi nación también tiene una costumbre. Cuando los hombres queman vivas a las mujeres, los ahorcamos y confiscamos todas sus bienes. Mis carpinteros, por lo tanto, levantarán patíbulos en los que colgarán a todos los responsables cuando la viuda sea consumida. ¡Actuemos todos de acuerdo con nuestras costumbres nacionales!»

A partir de entonces, dice el relato, no se llevó a cabo ningún «suttee» más.

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Ya ve usted que era una práctica tirando a bestia, pero Marvin Harris nos dejó dicho que no hay ninguna costumbre, por rara que parezca o que sea, que no tenga alguna base económica. Sin ir más lejos, en casi toda la India sigue perfectamente viva la idea de que las vacas son sagradas. Lo que hacemos por aquí, eso de matarlas y comer su carne, cocinada según miles de recetas diferentes, les parece una barbaridad. Marvin Harris nos da unas razones bastantes plausibles para explicar el origen y la vigencia del tabú en la India. Si no me falla la memoria, es un razonamiento a medio y largo plazo. Supongamos que hay un año de hambre. La gente puede tener la tentación de matar el ganado para comer. Pero el vacuno se reproduce muy despacio, enseguida se queda usted sin cabaña y el año que viene ya no tiene bueyes para tirar del arado, y no puede labrar los campos, ni sembrar. Tampoco tiene leche, yogur, queso… La solución fue declarar un tabú sobre toda la especie y matar a cualquier ser humano que lo infrinja. Ahora mismo, no recuerdo haber leído nada suyo sobre el «suttee».

Bueno y bien…
Como una de las especialidades de la casa
es prescindir de la corrección política,
le dejo una pregunta:
¿qué ocurre aquí y ahora con las viudas?

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29 septiembre 2022

Los equilibrios en el mercado matrimonial

Filed under: Sociedad — Nadir @ 8:52

Esta entrada viene a cuento de un intercambio epistolar a raíz de este documental ya añoso sobre los vaqueiros de alzada, en el que una mujer comenta que «vale más llevar palos que dormir sola».

A lo que mi corresponsal comenta:

Esa frase dice mucho. Muchas mujeres que, por miedo a la soledad o a verse absolutamente indefensas en la vida, se juntaban con cualquier hombre que se lo pidiese.

Hoy el segundo factor, el de la indefensión, casi ha desaparecido, pero el miedo a la soledad no.

Y yo replico, en abierto para abrir el debate:

¿Muchas mujeres se juntaban con cualquier hombre que se lo pidiese? Ni de coña, el mercado matrimonial era tan duro o más que ahora (pues ahora es más flexible). De hecho, sería incluso más cierto que muchos hombres se juntaban con cualquiera que estuviera dispuesta a aceptar, pues la soledad no es propia de un sexo. Por otra parte, sabemos que las hembras son más selectivas porque son el cuello de botella reproductivo.

El éxito en el mercado matrimonial, antes como ahora, depende de las piezas con las que acudas a la partida, y también como sepas jugarlas. Belleza/juventud y posición social/capital son los principales activos. Y se produce un intercambio según lo que ofrezca y persiga cada jugador. En el caso de matrimonios concertados, los jugadores son los padres.

En las capas más bajas de la población, el hombre generalmente aportaba una mayor capacidad de esfuerzo y, por lo tanto, mayor capacidad de generación de riqueza, además de ese servicio de protección. La mujer se beneficia de ese exceso de riqueza para dar posibilidades de supervivencia a la prole. A cambio, ocupa en estas sociedades una posición subalterna. Lo mismo que ocuparía un anciano o un tullido, por su menor capacidad de generar riqueza.

Luego, este trato, se reviste de todo tipo de justificaciones sociales y queda cristalizado en la tradición.

Con la revolución industrial, la diferencia de musculatura pasa a ser irrelevante. El Estado ya garantiza la seguridad de los individuos, y finalmente con los anticonceptivos modernos la mujer toma el control de sus ciclos reproductivos. Cambian las condiciones, equilibrando el terreno de juego. Y la sociedad responde a ese cambio, porque ya se acude al mercado matrimonial con otras cartas. Y la tradición (parte de la cual es la religión) queda como un conocimiento disfuncional, porque lo que funcionaba en el mundo de nuestros abuelos ya no es válido en el día de hoy. Pero como también serían disfuncionales un tipo de relaciones liberales e igualitarias en el mundo de ayer. Que nuestros ancestros no eran ni tan tontos ni tan malvados, sencillamente se adaptaban, y adaptaban sus estructuras sociales, al entorno.

Por simplificarlo, si ayer el hombre podía decir: tú traes a casa menos comida, pero ¿quieres mandar como yo? No hay trato. Y no se produce el emparejamiento. En el de hoy, la mujer puede decir: yo traigo a casa tanto dinero como tú, pero ¿pretendes seguir mandando? No hay trato. Y tampoco se produce el emparejamiento. Y el mercado, el conjunto de los jugadores, corrigen sus expectativas para que esos emparejamientos se efectúen.

Lo que es un error es querer interpretar las relaciones sociales de ayer con los valores surgidos de las condiciones actuales, como pretende el puritanismo postmoderno. Es tan anacrónico como censurar a tal figura histórica porque poseía esclavos, por poner un ejemplo. Habrá un día en el que el trabajo asalariado sea abolido, pero será igualmente un error censurar al empresario de hoy, pintándolo como malvado explotador. Habrá mejores y peores personas, a pesar de que efectivamente, su posición en la cadena de valor permite apropiarse de parte del valor del trabajo de sus empleados en compensación por el valor del capital aportado (lo que conocemos como capitalismo). Era la forma de organización del trabajo en esa sociedad concreta y sencillamente empresarios y trabajadores jugaban sus cartas en el tablero de juego existente. Hay que superarla (no será gracias a la bazofia de partidos de neo-izquierda), pero el día de mañana será un error mirar al pasado, nuestro presente, desde su perspectiva.

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7 septiembre 2022

Adoctrinamiento infantil

Filed under: Sociedad — Nadir @ 15:32

A un niño puedes romperle las costillas a bastonazos, reventarle el culo a pollazos, nada de eso es verdaderamente grave. El niño sanará y te odiará, sentimiento muy humano del cual el hipócrita angelismo político-mediático pretende despojarnos a pesar de haber sido uno de los grandes motores de la Humanidad. Y, con ello, habrá aprendido una lección invaluable: el mundo está lleno de seres malvados que procuran aprovecharse de la debilidad ajena. Cuanto antes lo comprenda y tome medios para prevenirse, mejor para él.

El verdadero crimen contra la infancia, que puede condicionar toda la vida de ese niño (de hecho, para eso precisamente se perpetra), es aprovecharse de su confianza para instilar en su tierna psique nuestros dogmas. Mueren viejos arrastrando las ligaduras a las que sometieron su voluntad cuando eran niños. El adoctrinamiento, aún aquel que se realiza acompañado de dulces palabras y sonrisas comprensivas, especialmente ése, es una mutilación del intelecto del niño cuya cicatriz no cerrará jamás.

Y este crimen es cometido por unos, y por otros. Y todos ellos dicen de sí que ellos no están adoctrinando al niño; lo están educando. Los que adoctrinan son los otros, que le inculcan falsos dogmas. No como tu mierda, que es la purita verdad revelada.

Dejad a los críos desarrollar su conciencia en libertad. Hostiadlos, folláoslos… pero no los manipuléis.

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