La mirada del mendigo

4 abril 2020

Unha fiestra ó pasado

Filed under: Historia — Nadir @ 0:35

Un dos últimos, derradeiros, exemplos de cantares de cego:

Antes os cegos ou persoas con outros tipos de incapacidade tiñan que depender da esmola para o seu sustento. Tocar un instrumento nas feiras era un xeito de diferenciarse do resto de esmoleiros e recibir algunhas moedas de máis. Seica poderíamos conectar o vello pícaro que estades a ver cos xograres que animaban as prazas na idade media (da que non vai tanto que o interior galego saíu).

Hoxe moitos cegos, fanados… gañan os cartos dun xeito bastante máis indigno: vendendo loteria na ONCE.

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E a segunda parte desta viaxe a un mundo rural polo que os séculos pasaron sen luílo, e que os que temos xa uns aniños case chegamos a tocalo co cabo dos dedos, ven da mao dunha fotógrafa gringa que veu á península nos anos vinte. Estivo en Galicia no 24, e entre outros miles de fotografías retratou estas nenas na pensión onde se hospedaba no Ézaro.

Tanto o cego, como estas neniñas, poderían ser ubicados tanto no século XX como no século X con moi poucos cambios.

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26 febrero 2020

Canto VI

Filed under: Historia — Nadir @ 21:16

Llegó en seguida a su palacio que abundaba de gente, mas no encontró a Andrómaca, la de níveos brazos, pues con el niño y la criada de hermoso peplo estaba en la torre llorando y lamentándose. Héctor, como no hallara a su excelente esposa, detúvose en el umbral y habló con las esclavas: ¡Ea, esclavas! Decidme la verdad: ¿Adónde ha ido Andrómaca, la de níveos brazos, desde el palacio? ¿A visitar a mis hermanas o a mis cuñadas de hermosos peplos? ¿O, acaso, al templo de Atenea, donde las troyanas, de lindas trenzas, aplacan a la terrible diosa? Respondióle la fiel despensera: ¡Héctor! Ya que nos mandas decir la verdad, no fue a visitar a tus hermanas ni a tus cuñadas de hermosos peplos, ni al templo de Atenea, donde las troyanas, de lindas trenzas, aplacan a la terrible diosa, sino que subió a la gran torre de Ilión [NdM: Troya], porque supo que los teucros [NdM: los troyanos] llevaban la peor parte y era grande el ímpetu de los aqueos. Partió hacia la muralla, ansiosa, como loca, y con ella se fue la nodriza que lleva el niño.

Así habló la despensera, y Héctor, saliendo presuroso de la casa, desanduvo el camino por las bien trazadas calles. Tan luego como, después de atravesar la gran ciudad, llegó a las puertas Esceas por allí había de salir al campo, corrió a su encuentro su rica esposa Andrómaca, hija del magnánimo Etión, que vivía al pie del Placo en Tebas de Hipoplacia y era rey de los cilicios. Hija de éste era pues, la esposa de Héctor, de broncínea armadura, que entonces le salió al camino. Acompañábale una doncella llevando en brazos al tierno infante, hijo amado de Héctor, hermoso como una estrella, a quien su padre llamaba Escamandrio [NdM: el río a los pies de Troya] y los demás Astianacte [NdM: el que reina en la ciudad], porque sólo por Héctor se salvaba Ilión. Vio el héroe al niño y sonrió silenciosamente. Andrómaca, llorosa, se detuvo a su vera, y asiéndole de la mano, le dijo:

¡Desgraciado! Tu valor te perderá. No te apiades del tierno infante ni de mí, infortunada, que pronto seré viuda; pues los aqueos te acometerán todos a una y acabarán contigo. Preferible sería que, al perderte, la tierra me tragara, porque si mueres no habrá consuelo para mí, sino pesares; que ya no tengo padre ni venerable madre. A mi padre matóle el divino Aquileo [NdM: Aquiles] cuando tomó la populosa ciudad de los cilicios, Tebas, la de altas puertas: dio muerte a Etión, y sin despojarle, por el religioso temor que le entró en el ánimo, quemó el cadáver con las labradas armas y le erigió un túmulo, a cuyo alrededor plantaron álamos las ninfas Oréades, hijas de Zeus, que lleva la égida. Mis siete hermanos, que habitaban en el palacio, descendieron al Hades el mismo día; pues a todos los mató el divino Aquileo, el de los pies ligeros, entre los bueyes de tornátiles patas y las cándidas ovejas. A mi madre, que reinaba al pie del selvoso Placo, trájola aquél con el botín y la puso en libertad por un inmenso rescate; pero Artemis, que se complace en tirar flechas, hirióla en el palacio de mi padre. Héctor, ahora tú eres mi padre, mi venerable madre y mi hermano; tú, mi floreciente esposo. Sé pues compasivo, quédate en la torre ¡no hagas a un niño huérfano y a una mujer viuda! y pon el ejército junto al cabrahigo, que por allí la ciudad es accesible y el muro más fácil de escalar. Los más valientes, los dos Ayaces, el célebre Idomeneo, los Atridas y el fuerte hijo de Tideo con los suyos respectivos ya por tres veces se han encaminado a aquel sitio para intentar el asalto: alguien que conoce los oráculos se lo indicó, o su mismo arrojo los impele y anima.

Contestó el gran Héctor, de tremolante casco: Todo esto me preocupa, mujer, pero mucho me sonrojaría ante los troyanos y las troyanas de rozagantes peplos si como un cobarde huyera del combate; y tampoco mi corazón me incita a ello, que siempre supe ser valiente y pelear en primera fila, manteniendo la inmensa gloria de mi padre y de mí mismo. Bien lo conoce mi inteligencia y lo presiente mi corazón: día vendrá en que perezcan la sagrada Ilión, Príamo y su pueblo armado con lanzas de fresno. Pero la futura desgracia de los troyanos, de la misma Hécabe, del rey Príamo y de muchos de mis valientes hermanos que caerán en el polvo a manos de los enemigos, no me importa tanto como la que padecerás tú cuando alguno de los aqueos, de broncíneas corazas, se te lleve llorosa, privándote de libertad, y luego tejas tela en Argos, a las órdenes de otra mujer, o vayas por agua a la fuente Meseida o Hiperea, muy contrariada porque la dura necesidad pesará sobre ti. Y quizás alguien exclame, al verte deshecha en lágrimas: Esta fue la esposa de Héctor, el guerrero que más se señalaba entre los teucros, domadores de caballos, cuando en torno de llión peleaban. Así dirán, y sentirás un nuevo pesar al verte sin el hombre que pudiera librarte de la esclavitud. Pero que un montón de tierra cubra mi cadáver antes que oiga tus clamores o presencie tu rapto.

Así diciendo, el esclarecido Héctor tendió los brazos a su hijo, y éste se recostó, gritando, en el seno de la nodriza de bella cintura, por el terror que el aspecto de su padre le causaba: dábanle miedo el bronce y el terrible penacho de crines de caballo, que veía ondear en lo alto del yelmo. Sonriéronse el padre amoroso y la veneranda madre. Héctor se apresuró a dejar el refulgente casco en el suelo, besó y meció en sus manos al hijo amado y rogó así a Zeus y a los demás dioses: ¡Zeus y demás dioses! Concededme que este hijo mío sea como yo, ilustre entre los teucros y muy esforzado; que reine poderosamente en Ilión; que digan de él cuando vuelva de la batalla: ¡es mucho más valiente que su padre!; y que, cargado de cruentos despojos del enemigo a quien haya muerto, regocije de su madre el alma. Esto dicho, puso el niño en brazos de la esposa amada, que al recibirlo en el perfumado seno sonreía con el rostro todavía bañado en lágrimas. Notólo Héctor y compadecido, acaricióla con la mano y así le hablo: ¡Esposa querida! No en demasía tu corazón se acongoje, que nadie me enviará al Hades antes de lo dispuesto por el destino; y de su suerte ningún hombre, sea cobarde o valiente, puede librarse una vez nacido. Vuelve a casa, ocúpate en las labores del telar y la rueca, y ordena a las esclavas que se apliquen al trabajo; y de la guerra nos cuidaremos cuantos varones nacimos en Ilión, y yo el primero.

Dichas estas palabras, el preclaro Héctor se puso el yelmo adornado con crines de caballo, y la esposa amada regresó a su casa, volviendo la cabeza de cuando en cuando y vertiendo copiosas lágrimas. Pronto llegó Andrómaca al palacio, lleno de gente, de Héctor, matador de hombres; halló en él a muchas esclavas, y a todas las movió a lágrimas. Lloraban en el palacio a Héctor vivo aún, porque no esperaban que volviera del combate librándose del valor y de las manos de los aqueos.

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No moriría Héctor esa jornada, tras enfrentarse en combate singular a Áyax, y sólo sucumbiría ante el colérico Aquiles. Pero esa es otra historia, ahora quería proponer una reflexión de este hermoso pasaje en el cual el campeón troyano, ante la proximidad de una muerte que intuye (el tema del destino ya está presente), se quiere despedir de su mujer e hijo.

El poema homérico fue compuesto acaso en el siglo octavo, y habla de un mundo ya entonces lejano en el tiempo y mitificado, acaso micénico. Nos encontramos en una época especialmente convulsa conocida como los siglos oscuros. Migraciones en cadena (los enigmáticos “pueblos del mar”) tumbaron imperios y traslocaron toda la política del mediterráneo oriental.

En esta época brutal, en que la valía de un ser humano venía dada en buena medida por su capacidad para matar enemigos, uno se esperaría encontrar el epítome de la opresión patriarcal, de unos hombres extraordinariamente rudos y hechos a la violencia más extrema sobre sus desvalidas y desventuradas mujeres. Si en la sociedad actual hay cretinos (porque no sólo son cretinas) que son capaces de ver un patriarcado, qué no decir de la Grecia arcaica que canta el divino aedo. De esa época hiperviril, según el discurso postfeminista, uno se esperaría encontrar a las mujeres arrastradas, pisoteadas, vejadas, humilladas y, desde luego, múltiples veces violadas (yo creo que Freud se descojonaría con la evidente fantasía sexual del postfeminismo, convertida en manía omnipresente: nos violan, nos maltratan, nos violan por todas partes, a todas horas…).

Por supuesto que éste no es un relato fideligno de una relación conyugal cualquiera, sino el ensalzamiento de lo que ya en nuestra era sería el amor galante. Pero por eso es especialmente interesante, además de por ser uno de los primeros documentos históricos que describen tal relación, porque lo que Homero canta es el modelo de amor entre el gran héroe de Troya y su aristocrática esposa. En la sociedad en la que vivió Homero, y en los siglos anteriores en que estos versos fueron tomando forma por los caminos de la Hélade, el comportamiento de los dos protagonistas de este pasaje era visto como arquetipo de matrimonio. Luego, habría parejas peor avenidas, como las hay ahora y las ha habido siempre. Y ese modelo no es el de un hombre pisoteando a su mujer, como propone el revisionismo histórico postmoderno, sino el de un hombre amante de su mujer y de su hijo, y preocupado por el destino que los espera si él sucumbe. Andrómaca intenta convencerle de que se resguarde tras las murallas de la ciudad y, de perderse ésta, comparta con ella su destino de esclavitud. Sin embargo, el héroe asume su responsabilidad en la defensa de la ciudad y afronta la muerte, mientras le pide a su esposa que se aparte de la línea del frente adonde su bravura la impelió.

¿Qué podemos leer en este pasaje? ¿Una sociedad constituida sobre la explotación de un sexo sobre el otro? No parece tal, sino una sociedad en que los cometidos, las obligaciones y responsabilidades están muy determinados en función del sexo, y no se puede decir, desde luego, que a los hombres les tocase la parte más dulce del pastel. Sí que aparece aquí una relación de explotación, pero no es la predicha por el postfeminismo (podemos llamarle feminismo a secas, porque a día de hoy no hay otro) sino la distribución clásica según clase sociales, la aristocracia guerrera, a no mucha distancia de los ciudadanos libres que componen el grueso del ejército (aún estaba comenzando la concentración de la propiedad agraria) y la institución de la esclavitud. Y la guerra como remolino social que puede servir para promocionar a un hábil guerrero, pero también para convertir a una reina en esclava.

El modelo de relación entre dos esposos en la cuna de la civilización occidental (los orientales nos llevaban milenios de ventaja en esto de usar la cabeza y dejar de comportarse como primates) no era la explotación, sino el respeto, la ternura y el sincero afecto compartido, acaso en una medida de la que somos incapaces en esta sociedad postmoderna.

Hoy en día, el único objeto de nuestro amor es nuestro propio ombligo, y la idea del sacrificio por amor suena tan extemporánea como un niño jugando a las chapas.

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23 febrero 2020

Todos los nombres

Filed under: Historia — Nadir @ 21:27

Supongo que conoceréis la iniciativa de Todoslosnombres.org, que pretende recopilar los datos de los asesinados por la dictadura en el Sur. Por mucho que desde luego me parezca loable su empeño, como el de otras similares, me parece que son dramáticamente insuficientes.

Porque faltan nombres. Muchos nombres. ¿Nombres de quién? DE LOS ASESINOS. Porque por cada nombre de una víctima hay al menos el de un criminal, frecuentemente varios, responsables de ese asesinato. Y es un tema con el que aún hoy se pisa con mucho cuidado. Sin embargo, no puede hablarse de reparación mientras sólo salgan los nombres de los muertos, y no de quienes apretaron el gatillo, de los que dieron palizas, de los que violaron a las esposas e hijas o expoliaron a los represaliados. A esos valientes, matarifes en la retaguardia, el régimen les recompensó con ascensos en la escala de la Guardia Civil, o licencias de taxi, estancos o cargos de bedeles y conserjes en colegios e instituciones. Eso, a los analfabetos, que si el falangista tenía cuatro letras se le abrían las puertas de la administración.

Esos asesinos fascistas están ya todos muertos, y si quedara alguno su edad ya lo hace irresponsable penalmente (aunque aún estarían los familiares de sus víctimas a tiempo de escupirle en la cara), pero de la recompensa de esos asesinatos se han seguido aprovechando sus hijos y nietos, que deben su posición social a la conducta criminal de su padre y abuelo.

Y por supuesto, paseados los hubo en ambos bandos, pero desde luego no en los mismos números y, en todo caso, el bando vencedor ya se encargó de hacer pagar cara la sangre de su bando, con una Causa General que engrosó los datos de las ofensas y alargó la lista de culpables. Acusados que fueron sentenciados en serie por una maquinaria judicial militar que no reunía las mínimas garantías procesales, un mero trámite administrativo para dar apariencia de legalidad al exterminio por razón de conciencia.

Por lo tanto, el ominoso silencio sobre las víctimas del fascismo es aún mucho más completo sobre los asesinos fascistas. Y como reza el iconito de la derecha, no se podrá pasar página mientras no hayamos leído toda la hoja, toda, completa. Esclarecer hasta donde lleguen las posibilidades de los historiadores (a los que hay que permitir el acceso a archivos militares y otros como la Fundación Francisco Franco) qué es lo que ocurrió en cada caso de violencia, identificando víctimas y verdugos.

Yo recuerdo cuando éramos rapaces en la órbita del PCE (aunque yo nunca me llegué a afiliar), leíamos cosas, y comentábamos que había mucha tela que cortar con lo de la guerra civil. Y los mayores, unos putos payasos (ni la mitad de ridículos que los que están ahora), nos despacharon diciendo que no querían “resentidos” (entonces aún no se decía lo de guerracivilista). Eso era a principios de los ’90, luego fíjate tú se puso de moda la memoria histórica, y ya estuvo bien hablar y estudiar precisamente aquello que unos chavalines proponían y a los que dieron boleto. Que el tiempo acabe reivindicando tus razones no sirve para nada más que para hacer crecer el ego o la melancolía.

La única iniciativa de esto que ahora yo propongo, de la que tenga noticia, fue la del historiador gallego Dionisio Pereira, estudiando la represión fascista en la comarca de Cerdedo (montaña de Pontevedra, el frente estuvo a cientos de kilómetros, aquí se trato de simple y llano exterminio político). La familia de uno de los criminales señalado en el libro lo denunció, y aún tuvo que ir a juicio para proteger a sus fuentes (que acabó siendo desestimada). A pesar de tener amigos comunes, nunca he tenido la ocasión de estrechar la mano de este gran hombre.

Y en esas estamos. Indagar sobre las víctimas no es peligroso, pero si no se esclarecen las circunstancias de su muerte, de su tortura, de su violación, siendo determinante como es obvio la identidad de los autores, esos crímenes pasarán a la posteridad impunes. Y estos años de tutelada “democracia” hemos perdido un tiempo precioso para esclarecer la mayoría de ellos, y que en la memoria de cada cual pesen las acciones que cometió, buenas y malas. La historia busca el conocimiento, y con la verdad se hace justicia.

No eran conejos en el monte. Que su muerte no quede en nada.

Los valientes, los dignos no buscan sólo los nombres de las víctimas, sino el de sus verdugos.

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28 diciembre 2019

Alger la blanche I

Filed under: Argelia,Economía,Historia,Internacional,Política — qatalhum @ 9:43

“La ville a commencé par se scinder en deux espaces ennemis: celui, majoritaire, des hommes bardés de foi et de certitudes, et l’autre livré au questionnement, à l’inquiétude et aux brimades. Les deux ne communiquaient pas, ne se regardaient pas, ne se saluaient pas. Puis l’un des espaces a fini par réduire l’autre au silence, avant de l’effacer. Il caracole aujourd’hui tout seul, harnaché de certitudes flamboyantes.”

Tahar Djaout – “Le Dernier Été de la raison”

 

gaid

De los cientos de lemas que han recorrido las calles de Argel en las últimas manifestaciones hay uno que expresa con claridad los deseos de la mayor parte de la sociedad argelina: “Liberar al pueblo después de liberar al país en 1962.” Quiero invitaros a una reflexión sobre el destino de los que portaban esa pancarta y un país llamado Argelia cuyos conflictos actuales, de no resolverse de manera adecuada, nos afectarán mucho más de lo que creemos.

Pero para llevar a cabo esta tarea preciso de un poco de paciencia por parte del lector, se hace necesaria una pequeña introducción histórica. En el devenir de los fenómenos sociales, las condiciones iniciales son más importantes de lo que parecen, no existe ningún acontecimiento que aparezca por generación espontánea. Por otro lado, con sólo cambiar algunos nombres de esta pequeña historia que voy a relatar podríamos estar hablando de cinco o seis países. Comparten unas condiciones iniciales, un desarrollo socio-económico e incluso unas densidades demográficas muy parecidas. Lo interesante es ver cómo algunos de esos países ya cruzaron la frontera de no retorno. No sabemos si nuestro vecino hará lo mismo.

La Argelia que conocemos hoy en día nació el 1 de noviembre de 1954. Aquel día las guerrillas del Frente de Liberación Nacional (FLN) lanzaron los primeros ataques contra instalaciones militares francesas. Las reacciones no se hicieron esperar y, un oscuro ministro del interior, el socialista Francois Mitterrand, dejó muy claras las posiciones desde el principio: “la única negociación es la guerra.” Ambos bandos lograron tal nivel de brutalidad que aterrorizarían a lo que queda del ISIS. Y he dicho ambos bandos, es muy importante. Más o menos somos conocedores de las atrocidades cometidas por las fuerzas francesas pero tengo la impresión que la aureola que cubrió al FLN oculta ciertos aspectos de su pasado muy poco edificantes. Sirva como ejemplo que en los primeros años de la guerra mataron cinco veces más argelinos que europeos.

Ocho años, entre 350.000 y 1.500.000 de muertos según las fuentes que se consulten, entre los que se cuentan más de 10.000 personas que tuvo a bien purgar el FLN, y toda una generación marcada por esa guerra: ese fue el precio de la independencia. Independencia, hermosa palabra que tan de moda está en estos tiempos que en nuestro caso sólo significa la toma del poder por una élite nacional desplazando a las antiguas élites coloniales. Lógicamente la nueva élite estaba compuesta por los vencedores de la guerra que formaba la cúpula del nuevo ejército argelino. Los siguientes movimientos nos son muy conocidos: convertir al FLN en partido único y eliminar a rivales molestos como el Partido Comunista de Argelia, prohibido en 1964. ¿Empezamos a entender qué fue el FLN? Se había instaurado la santa trinidad compuesta por el ejército, el partido y el estado. Es un fenómeno característico del periodo poscolonial.

Desde mediados de los sesenta del siglo pasado el FLN, encabezado por Boumedienne, comenzó su camino hacia algo que podríamos considerar como un socialismo que no perturbase las nobles tradiciones musulmanas del pueblo argelino. Las prioridades estaban muy claras, nacionalizar los pozos de las compañías francesas, desarrollar la industria de los hidrocarburos y realizar una reforma agraria que acabaría en en rotundo fracaso, tanto económico como ecológico. Había que añadir un toque nacionalista y el comienzo de la política de arabización a escala nacional. A la “minoría” bereber no le sentó muy bien.

Estructurar toda la economía del país con criterios nacionalistas suele ser muy mala idea. Pero tenían los hidrocarburos para compensar. Hasta que llegó la caída del precio de los hidrocarburos a mediados de los años ochenta. La cosa se puso muy fea en el país que tenía una de las tasas de crecimiento de la población más altas del mundo en aquella época. Había que encontrar una solución para desactivar esa bomba malthusiana. ¿Adivináis cuál fue la idea de las mentes más lúcidas del régimen? Exacto, liberalizar la economía. Lo que para un argelino de esa época significaba tener problemas para llenar el estómago. Los alimentos dejaron de estar subsidiados, aguantar subidas de impuestos y encontrarte en la calle porque el lugar en donde trabajabas no era rentable según los sacrosantos principios del libre mercado. Alguien se iba a cabrear mucho. ¿Os suena esta historia?

Como bien sabemos por experiencia propia siempre hay un grupo que se beneficia del desmantelamiento del estado. No es muy difícil imaginar que en el caso que nos ocupa fueron los altos cargos del FLN, amigos, amantes y familias quienes sacaron provecho de esta situación. Ya tenemos la estructura de clases típica de este tipo de países: la élite encabezada por los militares y el resto de la población dividida entre una minoría que esperaba las migajas del régimen y aquellos que esperaban el momento oportuno para ajustar cuentas. En este escenario sólo es cuestión de tiempo abrazar el óctuple sendero del 7.62 mm.

FLN

El mes octubre de 1988 acabará siendo conocido como el “octubre negro”. Manifestaciones, huelgas y ataques a cualquier cosa y persona que representase al FLN o al estado argelino. El gobierno de Benjedid y sus militares actuaron como suele ser habitual. Sembraron las calles de Argel con cientos de muertos, pero el miedo ya acechaba a los poderosos. Benjedid no tardó en darse cuenta del error que había cometido. Un referéndum en vista a una reforma constitucional que permitiese ciertas libertades políticas en el país parecía un buen remedio para aplacar la ira popular. Sobre todo si esta operación le permitía a Benjedid depurar a la vieja guardia del FLN, eliminar la presencia en el estado de muchos de sus miembros y asegurarse su propia supervivencia. Con los partidos políticos legalizados y el FLN muy debilitado nadie hubiese creído que al mes negro le iba a suceder el “decenio negro”, que es como se acostumbra a llamar en aquel lugar a la década de los noventa.

Las elecciones municipales del 12 de junio de 1990, las primeras libres desde la liberación, marcaron el comienzo de esa década dominada por el terror. Todavía recuerdo como en la prensa europea aparecía por primera vez el nombre del Frente Islámico de Salvación (FIS). Arrasaron en esas elecciones municipales, especialmente en las zonas más pobladas del norte del país. A muchos de nuestros todólogos les pilló por sorpresa y parecen que llegaron a creer que el FIS nació por generación espontánea. Si se hubieran dignado a visitar los mercados de los barrios de las periferias de las grandes ciudades de Argelia hubiesen observado algo muy significativo: el enorme trapicheo que había con ciertas cintas de cassette que no contenían precisamente música raï. Miles de esas cintas se escuchaban día y noche por todos los lugares, en claro dialectal egipcio, lo propio de los discípulos de Qutb. No deja de ser curioso que la cúpula del ejército infravalorara a las gentes del FIS y les dejara tomar sus alcaldías sin presentar resistencia. Para estos altos oficiales los miembros del FIS no eran más que una panda de garrulos que sólo sabían soltar soflamas religiosas. Les regalaron un tiempo muy valioso que el FIS aprovechó para organizar un movimiento a gran escala contra el gobierno. Ni más ni menos que todo un año hasta las primeras elecciones legislativas. Y saltaron todas las alarmas, en la segunda vuelta podía ganar el FIS y tomar el gobierno, todo ello a pesar de los enormes esfuerzos que se habían hecho para beneficiar a los candidatos del moribundo FLN. Todos sabemos como un poder militar arregla estos pequeños problemas: ley marcial con cualquier excusa, deponer al gobierno y posponer sine die una elecciones hasta que se convirtiesen en “sus elecciones”. Pero fueron tan inútiles, pese a todos los chanchullos que hicieron para beneficiar al FLN, que cuando convocaron “sus elecciones” a finales del 1991 volvió a ganar el FIS, esta vez con suficientes escaños como para realizar reformas constitucionales. Esto ya no se podía tolerar.

En esta ocasión se actuó con contundencia. Miles de cargos políticos y seguidores del FIS fueron arrestados y enviados a los “campos” situados en el interior del Sahara. Los que escaparon no dudaron en tomar las armas contra el gobierno de Argel. Así se inició uno de los conflictos civiles más crueles que se han conocido en nuestros tiempos. No vamos a entrar a hablar de la guerra civil argelina, por sus características merecería un texto aparte. Lo que si hay que tener muy en cuenta es la marca que dejó en la sociedad argelina. Entre los más de 100.000 muertos que se cobró el conflicto se encuentran numerosos miembros de la facción más progresista de la sociedad argelina; profesores, periodistas, escritores, etc. Ambos bandos acabaron con la poca lucidez que podía quedar en el país.

Durante esa década de los noventa, el gobierno de Argel no había dejado de actuar en términos políticos. Benjedid perdía el puesto, tres presidentes en dos años, buena muestra de la inestabilidad que existía en esos tiempos en los que no tardaron en dar paso al ministro de defensa. Dos elecciones, 1995 y 1997, señaladas como fraudulentas por la oposición y, por fin, las curiosas elecciones de 1999. Un viejo guardia del FLN llamado Bouteflika se presentaba a esas elecciones como único candidato, los candidatos rivales se retiraron como protesta por los fraudes en el proceso. Por supuesto Bouteflika ganó, lo mismo que en los tres procesos electorales que tuvieron lugar hasta nuestros días.

Las noticias de la guerra inundaban todos los medios y sucesos de gran importancia pasaban desapercibidos. Si hay algo más peligroso que un muyahidín armado hasta los dientes es un tipo trajeado con un reluciente MBA de una prestigiosa universidad extranjera. Sobre todo si acaba como ministro y se le ordena negociar con el FMI. Todo argelino de cierta edad se acordará de aquel 1996 y lo que llegaron a significar los “ajustes estructurales”: importantes recortes en sanidad, educación e infraestructuras, bajada del salario de los funcionarios, cierre de industrias, etc. Lógicamente aumentó el paro, un problema crónico en Argelia, la vida se volvió muy difícil y el descontento no dejó de aumentar. Siempre me ha resultado muy curioso que las mayores masacres de la guerra civil sucediesen precisamente en estos años. Y sé de buena tinta que no soy el único que guarda ciertas sospechas sobre la actuación del gobierno en relación a esas masacres.

Al comenzar el nuevo siglo los auténticos señores del país, la cúpula del ejército y de los servicios secretos, se habían hecho con todos los resortes del poder. Ahora, con Bouteflika como hombre de paja, llegó el momento de acabar con la guerra civil. Algunas amnistías por aquí junto a una muy oportuna desactivación de algunos grupos insurgentes por allá y asunto zanjado. Pero sin pasarse, al fin y al cabo el miedo al regreso de los islamistas es uno de los principales pilares del régimen. Una escisión del siempre sospechoso Grupo Islámico Armado (GIA) acabó por fundar el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, quienes acabarían llamándose al-Qaeda del Magreb Islámico (AQMI). Estos últimos ya nos deben sonar tras los últimos atentados ocurridos en algunos países del Sahel. Ciertamente la guerra civil había finalizado pero continuarían los ataques y atentados aunque en mucha menor intensidad que en la “década negra”. Sea como sea, el conflicto nunca ha sido resuelto.

Llegados a este punto habría que hacerse una pregunta fundamental para entender lo que está ocurriendo en Argelia y lo que está por venir: ¿Cómo es posible que el régimen, marcado por la corrupción y bien conocido por su capacidad de saquear el país, haya sobrevivido durante estas dos últimas décadas?

 

18 noviembre 2019

Juan Manuel Grijalvo – Patria y potestad

Filed under: Historia — Juan Manuel Grijalvo @ 18:39

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Hoy, si usted quiere, haremos uno de mis ejercicios de Historia de estar por casa.

En los tiempos de Sinuhé, la “ciudadanía” egipcia venía a ser una “nacionalidad” obtenida por “Ius sanguinis”, el derecho de sangre. Los hijos de cada tribu eran “propios”. Los demás eran “extraños”, id est, extranjeros y forasteros.

Las clases sociales eran las adecuadas para una economía basada en la agricultura. Los egipcios organizaban los cultivos en función de las crecidas del Nilo, y generaban unos excedentes que invertían en obras públicas de indiscutible rentabilidad social, como una gran red de canales de riego, y otras de utilidad menos evidente: pirámides, sepulcros, templos.

Cada persona tenía fijado su lugar en la sociedad humana, y en el Cosmos entero, desde la cuna. El hijo primogénito de la esposa legítima del Faraón sería Faraón, y los hijos de las plebeyas serían plebeyos. El Estado era el Faraón, y viceversa. La pirámide es un buen símil para su estructura social: tiene una cúspide muy pequeña y una base muy grande. En la cima hay una sola persona. Obviamente, no puede controlar a toda la población. Para eso hay un gran andamiaje de señores, señorones y señoritos que, a nivel local, ejercen una autoridad omnímoda en nombre del Faraón.

Todo eso era así por la voluntad de los dioses: la religión se mezclaba con la política, y viceversa. Es una confusión interesada que perdura hasta hoy. Como es lógico, los sacerdotes eran una pieza más de los engranajes del poder. En aquella época, esas cosas funcionaban poco más o menos igual en casi todas las partes “civilizadas” del mundo. Como es natural, también había militares. Teóricamente, estaban ocupados en la defensa de las fronteras propias, o en la conquista de territorios ajenos. Pero también “intervenían” en el interior del país, para “estabilizar” el orden social cuando era menester. (more…)

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