La mirada del mendigo

14 abril 2017

El circo de la mariposa

Filed under: arte — Mendigo @ 7:44

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27 febrero 2017

Cuando los tontos mandan

Filed under: arte — Mendigo @ 19:32

Lo cierto es que, cuando empecé con el blog, tenía en mente hacer más entradas amables de tipo cultural que las áridas e ingratas sobre economía, energía y conflictos. Pero supongo que iniciar una bitácora es como subirse a un navío sin timón, acabas dirigiéndote a donde te lleven los vientos y las corrientes.

En cualquier caso, quería tratar un poco de cine. Ayer estuve viendo Histoire d’O, una película icónica del mundo masoquista basada en la novela homónima. Se circunscribe en la larga tradición francesas de la literatura libertina de la cual el Marqués de Sade es su faro, la más alta atalaya (se nota que me gusta, ¿verdad?).

La película, dejando aparte la preciosidad de protagonista, si es que tal cosa se puede soslayar, tampoco es que sea un portento. Bueno, si os apetece echadle un vistazo y me comentáis; es interesante. La cuestión es que, según se iba desarrollando el argumento, iba comentándole a mi compañera… esta película setentera sería absolutamente impensable realizarla hoy en día. Desde luego no por la carga sexual, que ya ves, es de lo más light.

Desde luego, no es que sea muy partidario que digamos de la dominación, la posesión (en concreto, de la mujer), la sumisión y el castigo corporal; antes bien al contrario. De todas las depravaciones sexuales, sin duda el masoquismo sería la última en ensayar. Mi amor inquebrantable por la libertad hace que en muchas ocasiones los engranajes de la película me chirríen a los oídos. Sin embargo, me parece un ejercicio interesante de introspección en los abismos del alma humana, materia obligada precisamente de todo amante de Eleuteria (¿hay alguien que no se haya leído el excelso “El miedo a la libertad”, de Erich Fromm? quizá el ensayo mejor escrito de la historia).

Porque cuando indagas en la realidad, ofrece nuevos pliegues y texturas que nos sorprenden. Nada, y menos que nada la conducta humana, es simple. Por ejemplo, la película tiene para mí un momento cumbre, hacia el final, en la cual O. aparece triunfante, poderosa, con un halo de grandeza inabarcable. Me refiero a la escena en la que la va a buscar Iván a casa de Sir Stefan y… bueno, no os chafo la película, ya me comentaréis; para mí uno de los momentos inmortales de la historia del cine.

Es triste reconocer que hubo una época reciente de máxima libertad creativa e investigadora, en los que la vanguardia del pensamiento avanzaba sobre los tabús de nuestra sociedad, y de cómo esa época de apertura mental ha pasado y ahora vivimos en el reflujo de la ola. Fulaneando por la red, doy con un artículo del cual tomo el nombre para esta entrada: Cuando los tontos mandan, de Javier Marías. Lo suscribo totalmente, y se suma a la lista de artículos que dan la voz de alarma ante estupideces como la creación de “espacios seguros” en las universidades (usamericanas, claro), donde los niños (porque son niños, por mucho que hayan cruzado la veintena) pueden jugar con plastilina o jugar con peluches para superar el trauma que las puede haber producido lo que acaban de aprender en clase.

Efectivamente, vivimos en una época de represión intelectual, en la cual las masas piden prohibir aquello que molesta, las ideas que amenazan su concepción, frágil y maniquea, del mundo. Se convierte la opinión en delito (un tuit te puede llevar a la Audiencia Nazional) y todo pensamiento disruptivo es considerado una agresión potencial. Volviendo al ejemplo, que me parezca detestable la idea de sumisión extrema de la mujer, no quita que me pueda parecer interesante investigar los mecanismos psicológicos que llevan a ella (y no olvidemos que nos hallamos ante una ficción cinematográfica). O puede no resultarme interesante, pero en ese caso apago la televisión o cierro el libro y en paz, no pido con gritos histéricos que la censuren.

Ninguna idea debe ser prohibida, las ideas no hieren, las ideas no dañan (más que a los débiles mentales que desean ofenderse en vez de simplemente ignorarla), son sólo los ladrillos del pensamiento.

Vivimos tiempos aciagos, en los que nos vuelve a atenazar… el miedo a la libertad.

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Y ya que estoy en mi vertiente cinéfila, sigo comentando las últimas películas que me he echado al buche.

La siguiente es Camino a Casa, de un Zhang Yimou que ya empezaba a ser conocido y reconocido fuera de China. La película quizá sea la antítesis de la anterior, con un argumento sencillo y emotivo que no genera tensión en el espectador, que es acunado por esa maravillosa plasticidad del cine de este director. La retorcida mentalidad europea frente al concepto de armonía oriental (que no deja de ser también un prejuicio, porque para retorcido, provocativo y sórdido, el cine coreano).

La prota es una jovencita Zhang Ziyi, talismán de Yimou y animal mitológico en el cine chino. Viene a ser lo que Ricardo Darín al cine chino: parece que no puede haber ninguna película notable en la que no salga su preciosa carita de porcelana.

Sin pretenderlo, pero he escogido tres películas con protas femeninas realmente preciosas. La tercera es una producción vietnamita, Tres Estaciones. Tanto la niña de las flores como la prostituta son verdaderas beldades. La peli, también recomendable (aunque ninguna de ellas, ya digo, sea la repanocha), es bastante similar a la anterior, con un guión sencillo pero sólido como cuento de Andersen, adaptado con mucho acierto a las formas cinematográficas. Suaves, complacientes e indulgentes para con el espectador (más la china que la vietnamita, algo más rasposa al paladar) pero no moñis (el punto justo de azúcar, la clave de cualquier dulce, pasarse con el edulcorante supone el pecado capital para todo director serio).

Y ya. Si queréis compartir en comentarios alguna recomendación cinéfila, será bienvenida.

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13 enero 2017

La novia

Filed under: arte — Mendigo @ 21:04

Intento que esta bitácora no se convierta en un flujo continuo del veneno que segrego al morder el cebo de la absurda realidad, y traslado aquí para no ahogarme en él. Por eso, en ocasiones, si tengo un poco de tiempo, trato de intercalar algún comentario más amable.

Ayer estuve viendo esta peli, dirigida por una para mí totalmente desconocida Paula Ortiz. Toda una sorpresa, y si bien en algún momento rechinaban y crujían las ruedas del carro, las más de las veces volaban sin tocar el polvo de los caminos.

Con ello quería proponer la vieja cuestión de qué es el arte. El arte, procuraré definirlo, es un lenguaje plástico que no expone sino que sugiere. El arte va más allá de lo presente, de lo evidente, estableciendo comunicación directa con las capas más profundas de nuestra psique, más allá de nuestra consciencia, donde guardamos las emociones, fobias, anhelos, traumas o fabulaciones, en un lugar intermedio entre la superficie de la realidad y el caudal subterráneo de las imágenes oníricas.

La mera exposición de un acontecimiento no es arte. La representación de un objeto en un soporte (mármol, lienzo, celuloide…) no es arte. El arte es la segunda derivada de esa función, lo que se oculta tras la realidad positiva, las ideas transmitidas sin verbalizarlas.

Se dice que el cine es el séptimo arte. En realidad, el arte no es propio de ninguna disciplina en concreto, cualquier expresión humana puede ser usada de vehículo transmisor por el arte. El cine también, por supuesto, pero ni mucho menos quiere decir que todo lo que se rueda es arte. La inmensa mayoría de la producción cinematográfica, fonográfica, literaria (pictórica, escultórica…) no es arte. Es entretenimiento, de mejor o peor factura. Pero no tiene una lectura subliminal, no sugiere, no transmite más que lo que narra, lo obvio, lo patente.

Lo cual no tiene nada de malo. Yo hago unas lentejas con chorizo que sin pretender ser una obra de arte, están la mar de ricas. Al menos yo me las como con mucho gusto.

Realmente, no es tan difícil. En el caso del cine, esta película nos muestra el camino: un buen texto, una directora competente que lo comprende y es capaz de traducirlo en imágenes, unos actores que se ponen al servicio de su papel…

Vale, sí, es difícil. Por eso mismo es arte, el lenguaje con el que los dioses susurran al oído del alma.

Al final no es ningún misterio, una buena historia, bien contada, nos lleva cautivando la imaginación desde el albor de los tiempos.

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23 enero 2016

Na flor de cedo

Filed under: arte,fotos — Mendigo @ 0:01

Na flor de cedo que a mazaira adorna,
no trigo verde que promete sega,
na carballeira de follaxe cega,
na choiva maia que descende morna,
no sol de vran madurador que aforna,
no bullón invernal que a terra anega,
no outono longo de outonar e adega,
no mar inmenso que peneira a dorna,
no martelo que bate sobre o cobre,
na mina escura, no queimante forno,
en cada cousa, sexa terra nua,
sexa machado, mastro, pedra, torno,
en cada cousa fica a vida túa.

Darío Xohán Cabana (Cospeito, 1952)

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De seguir así, dentro dunhas ducias de anos eses versos morrerán, xa que a lingua na que están formados non será recoñecida por ninguén e coñecida só por algúns estudiosos, filólogos, paleolingüistas… O seu zume doce e morno secará, e pasarán como curiosidade erudita ás vitrinas dos museos.

Na España, con monarquía, república, tetrarquía ou consulado… Galiza (que non é uns kilómetros cadrados de terra, Galiza é unha cultura, e o pobo que a comparte) está condeada a desaparecer. Como tantos outros pobos antes que ela, agorá só reseñas nun libro de historia.

Hai moita xente nesta terra que se gratulará. Os que máis xenreira lle ten a esta terra, naceron nela. ¿Algunha vez alguén escoitou a Raxoi, antigo vicepresidente da Xunta, falar en galego?

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5 enero 2016

Эй ухнем!

Filed under: arte,Música — Mendigo @ 3:04

Lamentablemente, este espacio ha ido dejando de lado lo necesario, acuciado por lo urgente.

Me propongo reparar, siquiera mínimamente, esta falta. Os propongo una canción tradicional rusa, muy famosa, que pasó al castellano (vía Manuel de Falla) como “Los remeros del Volga”. Durante el romanticismo, los compositores dieron la espalda a los palacios imperiales y se volvieron hacia el pueblo, para alimentarse de su espíritu. El nacionalismo musical rescató y valorizó, por primera vez, todo un caudal musical que, hasta entonces, había discurrido ajeno a la música culta. Esta canción en concreto, fue recogida por Balakirev (uno de los cinco de Moskva, con Rimsky, Borodin, Mussorgsky…) y publicada en su libro de música tradicional en 1866.

Me permito sugerir esta interpretación, desprovista de cualquier otro acompañamiento musical que no sean las propias voces. Atención al bajo profundo, tan característico de la liturgia ortodoxa, que desciende hasta cerca de los 40 Hz, las profundidades abisales de la voz (para que os hagáis una idea, el umbral de audición humano está entre los 20 Hz y los 20 kHz aproximadamente, para un oído joven).

Bueno pues, de remeros, los cojones. El título de la canción (y de esta entrada) viene a significar “Eh, ¡tirad!”. Es una canción de labor, como aquí tenemos las de siega o malla, pero de una labor muy jodida. En la Rusia zarista, regida durante siglos con un sistema feudal bajo el signo de la cruz, los hombres hacían el trabajo de las bestias, demasiado valiosas para reventarlas. No son remeros, sino Бурлаки (pronunciado “burlaki”, plural de Бурла́к). Que yo sepa, no existe un vocablo en castellano que traduzca este término ruso [ver comentario a pie de página], así que lo más breve y preciso que se me ocurre sería “animal de tiro humano”. Efectivamente, los Бурлаки no remaban (tarea completamente estéril a contracorriente en las grandes arterias fluviales rusas, el Volga, el Dnieper…). Los barcos hacían el viaje de ida arrastrados por la corriente, llevando madera, carbón o mineral a las zonas costeras. El viaje de vuelta, contracorriente, contrataban el tiro de un conjunto de hombres (o mujeres) que halaban del barco desde la orilla.

No es un método extraño, lo he encontrado descrito por ejemplo en el transporte de cargas por la red de canales franceses. Lo particular es emplear seres humanos para un trabajo que, en otras partes del mundo, era oficio de una recua de mulas o una yunta de bueyes. En la Rusia blanca, tradicional y cristiana, era más económico usar a un grupo de campesinos (мужик).

Unos pocos años más tarde (1873), Ilya Repin se inspiró en esta canción para pintar la que quizá sea su obra más famosa: Бурлаки на Волге (Burlaki en el Volga)

(clic para agrandar)

Tomó sus modelos entre los mismos burlaki y, como nota curiosa, el modelo que coloca el primero en el tiro (Водолив) era un sacerdote excomulgado cuya presencia fascinó al joven pintor.

Este bestial oficio aún era requerido en el siglo XIX, aunque la revolución industrial, con el motor de vapor, lo fue haciendo innecesario hasta que fue prohibido, en 1929, tras la revolución bolchevique. Por lo tanto, coexistió con otra revolución, la del nitrato de plata, lo cual nos permite conocer el aspecto de algunos de estos hombres:

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Y no sólo hombres se usaban como tiro.

Y si son más débiles, basta con enganchar más.

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Para finalizar con las artes, y siguiendo el tema del ámbito ruso, os propongo una película: Mandariinid (Mandarinas), del georgiano Zaza Urushadze.

Ambientada en el conflicto de Abjasia en 1992, cuando se independizaron de Georgia, y cómo unos estonios étnicos se ven atrapados… bueno, mejor la veis y me contáis si os ha gustado (está en la mulita, en VOS). Dato curioso: generalmente los personajes se comunican en ruso, la lingua franca del Cáucaso, pero al volverla a ver con una rusoparlante me dijo que cuando hablaban entre los dos personajes de la aldea no entendía nada, así que debe ser que se comunicaban en… estonio (también una lengua eslava).

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Y para despedir esta entrada, algunas fotos más de Бурлаки que he encontrado:

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(clic para agrandar)

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FE DE RATAS: Gracias a la impresionante cultura de Juan Manuel Grijalvo, ante la cual no puedo menos que descubrirme, corrijo alguno de los datos ofrecidos: sí que existe un término castellano para referirse a los Бурлаки: sirgadores, los que halan de una sirga, por el camino de sirga, paralelo a la orilla.

Por otra parte, debería haberme molestado en comprobar que el estonio no es una lengua eslava, sino ugrofinesa (como el húngaro o el finés), de la familia de las lenguas urálicas.Por lo tanto, ni siquiera son indoeuropeas, como el ruso, el letón o el lituano…o las romances. Pido humildes disculpas por el error.

Finalmente, Juan Manuel me indica que la tracción humana también ha sido usada en los ríos y canales de China (no sé por qué no me sorprende).

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