La mirada del mendigo

19 junio 2017

Grupo de Estudio: Ha-Joon Chang

Filed under: economía — Mendigo @ 22:16

Quiero en esta entrada proponeros un experimento, de cuyo resultado podemos ir dándole continuidad con otros textos. Se trata de crear un grupo de estudio, análisis, debate sobre un texto que se proponga. Los temas serán los habituales en este espacio, economía, energía, religión, ecología… bueno, si estáis leyendo ésto ya sabéis más o menos qué os podéis esperar.

Los textos propuestos no siempre tendrán que compartir, ni siquiera en parte, la visión del autor. De hecho para el segundo capítulo os tengo reservado uno muy divertido, sugerido por uno de vosotros hace unas pocas entradas. De hecho, buena parte de los textos que iré proponiendo, los he leído gracias a vuestra recomendación personal.

El principal motivo de mantener abierto y activo este tugurio, es porque espero aprender en él. Tanto mientras preparo una entrada, como leyendo vuestros comentarios, he aprendido una enormidad de cosas por las cuales os estoy agradecido. Me siento muy orgulloso del buen nivel de los comentarios, sin duda mi mayor mérito es haberos reunido. Bueno, pues con este espacio me gustaría dar una vuelta de tuerca más, hacerlo un poco más académico, más organizado y sistematizado el debate. Por eso, vamos a centrarnos en un libro.

No espero comentarios generalistas de “pues me ha gustado o no me ha gustado”. Me importa tres cojones si os ha gustado o no. Lo quiero es que cada uno vaya aportando comentarios, con referencias al texto. Por ejemplo: en el capítulo 3, el autor dice que patatín, y entiendo que está confundido, porque patatán ton tin. O al revés, me parece muy interesante patatán, porque eso explica tal fenómeno o entronca con lo que dice tal autor, etc.

Para que sea fácil de seguir para el resto de compañeros, os ruego que organicéis bien las referencias, señalando el capítulo (la página no siempre es útil, si trabajamos con diferentes ediciones) y la cita.

Evidentemente, no a todo el mundo le interesará el libro propuesto. Se trata de que cada uno se sume al grupo, en la medida de vuestros intereses. Igual que como cualquier otra entrada del blog, no tenéis la obligación de opinar sobre todo, dejemos ese don para los putos tertulianos sacamuelas.

Igualmente, sé que el tiempo es un lujo, y que todos tenemos una retahíla de libros pendientes. No pienso ni mucho menos en decirle a nadie, “para mañana, los dos primeros capítulos”. De hecho, vuestras sugerencias de lectura, las que creo que me pueden interesar, a veces tardo meses, años en atenderlas. La entrada se queda abierta, para que quien quiera vaya comentando lo que se le vaya ocurriendo. Si es dentro de un año, pues dentro de un año. Al menos yo, sigo leyendo vuestros comentarios en entradas viejas, y aparecen en la barra lateral para que los demás puedan seguirlos (o podéis suscribiros a una entrada en concreto), así que el debate puede continuar mucho después de publicada la entrada.

Por supuesto, yo sólo intervengo como guardián del chiringo proponiendo el libro. Luego, mis apuntes sobre el libro, serán los de uno más y los iré añadiendo en comentarios. Ahora pondré un par de notas sobre los primeros capítulos, y según se vaya animando la cosa ya iré comentando los siguientes (no voy a hacer el gilipollas de escribir, si no veo que no hay interés).

En la medida de lo posible, intentaré proponer textos que puedan ser descargados de Internet, para no sobrecargar los presupuestos más ajustados. Lo que no siempre seré capaz es de asegurar que esté disponible en castellano. Para quien no domine el inglés, intentaré buscar al menos la referencia del libro impreso en lengua romance.

Y bueno, hasta aquí la exposición de esta propuesta, que espero que sea de vuestro interés. Ahora vamos a presentar al primer autor y libro propuestos.

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Ha-Joon Chang es un economista coreano afincado en Londres desde los años ’80. Actualmente es profesor de Economía del Desarrollo en Cambridge. Para que os hagáis una idea de su línea, se parecería mucho a Juan Torres después de comerse un limón. XD

El libro que propongo es éste:

23 thing they don’t tell you about capitalism

Por cierto, que ha sido una sorpresa ver la portada que han escogido para su versión castellana:

Lo tenéis disponible en VO original (inglés, no temáis, además un soberbio inglés añejo) en la mulita y, seguramente, otras redes P2P. Hay otro archivo en castellano, pero no me lo he conseguido bajar por no encontrar fuentes, podéis probar vosotros.

Para los que están reculando al ver que empiezo proponiendo un libro de economía: por favor, empezadlo al menos. No es un libro que requiera unos conocimientos económicos previos, sino para el público en general. Como el mismo autor señala en el prefacio, la mayor parte de la economía se puede explicar simplemente acudiendo al sentido común (el menos común de los sentidos). No es que crea que os puede interesar. Es que afirmo, tajantemente, que os interesa.

Es como aquella viñeta gráfica (la debo tener guardada por ahí, en el externo, a saber) que está un hijo, al lado de la cama de su padre, en el hospital. El padre le comenta algo de la situación política, y el hijo le responde que ya sabe que no le gusta la política. ¡Toma, ni a mí la medicina! responde el anciano.

Como decía Alberto Montero, en expresión que se me quedó grabada ya hace muchos años (y es cuando empecé a interesarme por la economía): Tenemos que leer textos de economía como si fueran manuales de supervivencia.

Bien, Alberto sólo se equivocó en una cosa. Sobra el adverbio como. Son, para nosotros, manuales de supervivencia.

Si no entendéis lo que quiero decir, le preguntáis a la tipa ésta, que os lo explique:

O a cualquiera de la PAH. O de los que han sido despedidos con la nueva reforma laboral.

Si os lo propongo como primer libro, creedme, es por algo; perfectamente asequible, plantea cuestiones muy manidas de una forma muy original, cuestionando con gracia e inteligencia el discurso económico convencional (neoliberal).

Cuando menos, interesante leerlo, y creo un buen punto de partida para el debate.

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8 junio 2017

El taller del tío Paco

Filed under: economía — Mendigo @ 13:26

Una entrada breve, para criticar el provincianismo de la izquierda española, que abomina de las grandes empresas y elogia las PyMEs (<250 trabajadores), que son las que crean trabajo, etc, etc.

¡Como si el trabajo fuera bueno! Lo que necesita una empresa es crear riqueza, y si las PyMEs crean trabajo es entre otras cosas porque son ineficientes. A mayores, muchas de las PyMEs, su sentido es dar servicio a empresas más grandes. Si no existen las grandes, las pequeñas no tienen razón de ser. Y así es como llegamos a ese desempleo estructural que afecta a la economía española, por mucho que el ladrillazo lo disimulase por un tiempo.

En resumen, que empresas grandes, operando en una economía global tiene que haber. Lo principal es saber si su propiedad es pública o privada, si los beneficios se quedan y redundan en bienestar de todos o son entregados a accionistas de todo el mundo. Por poner un ejemplo, si SEAT es pública y española o sólo una división de una empresa alemana, hacia donde repatría sus beneficios y luego distribuye entre sus accionistas (que serán alemanes, usamericanos, chinos, árabes…).

Lo que está meridianamente claro para cualquiera con dos dedos de frente, es que el taller del tío Paco no es capaz de diseñar, fabricar y comercializar un vehículo que sea competitivo. Si lo intentase, tanto su precio como su tecnología estarían muy por encima y por debajo, respectivamente, de la competencia. Salvo segmentos nicho, no habría ningún tonto que pagase mucho más por una chatarra.

Esto, que parece tan sencillo, era anatema cuando lo comentaba en el grupo de Nuevo Modelo Productivo del Círculo de Economía de Podemos. Ya me cansé de oír botaratadas, parecía que estaba hablando con niños de 12 años con gominolas en la cabeza, y acabé por mandarlos a la mierda (e IU peleándose por ver quién es más perroflauta).

Esta breve entrada me ha surgido al comparar los costes de investigación y desarrollo (R&D) en el sector del neumático. Por ejemplo, una empresa finlandesa que es un modelo de buen hacer, Nokian Tyres, que no es precisamente una PyME (volumen de ventas de 1.400 millones de € y más de 4.000 trabajadores, ya quisiéramos tener una empresa española así en el sector). Nokian hace un esfuerzo y dedica a investigación, es decir, a labrarse un futuro, 20 M€. Sin embargo, aparecen los grandes del sector, Bridgestone y Michelin, y cada uno tiene un presupuesto de R&D de más de 700 M€. Con un esfuerzo investigador similar (2-3% de gastos en R&D sobre ventas) les permite tener un presupuesto para generar nuevas tecnologías, procesos y materiales descomunalmente superior. Lo que obliga a “pequeñas” firmas como Nokian a ir siempre a remolque, y no poder ofrecer tecnologías de vanguardia. Los grandes siempre son capaces de poner el mejor producto en el mercado, y cobrar un premium por él, con lo que cada vez tienen más recursos para seguir investigando… ¡Enhorabuena, hemos descubierto las economías de escala! Ahora, habrá que inventar las sopas de ajo… 😛

Si queremos alcanzar el nivel de prosperidad del mundo rico, necesitamos gigantes como Hitachi, Siemens, Samsung o Google. Con PyMEs dando servicio a las ramas locales de multinacionales extranjeras, a lo más que podemos aspirar es a jugar en segunda división, y depender eternamente de otros. Esto es absolutamente incontestable, salvo para los que viven en el infantil mundo de un cuento de haditas del bosque.

Ahora, lo que yo propongo es que estos gigantes (dos o tres, con otros veinte de menor tamaño), sean de capital público (realmente, o son públicos o no serán, porque la burguesía española ha demostrado no ser capaz de hacer dinero en sectores tecnológicos competitivos), siendo las PyMEs que les den servicio de propiedad colectiva o mixta (en las medianas, podría entrar el Estado como socio capitalista).

Me pregunto cómo quedaría un neumático fabricado en el taller del tío Paco, núcleo del modelo económico perroflautista…

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7 junio 2017

Banco Popular ¡¡¡¡BOOOOM!!!!

Filed under: economía — Mendigo @ 11:32

Europa acaba con la pantomima y deja bien claro que el Popular es inviable. O era comprado en 24h o se echaba la persiana, lo cual pondría en duda el que desde tiempos de Zapatero se dice que es el sistema financiero más sólido de Europa, del mundo y de la Vía Láctea.

Nihil obstat. Accionistas palman. Bonistas de CoCos y deuda subordinada palman. Así es como debe ser.

Y ahora, que la realidad ha terminado por atrapar al cojo, me surgen algunas preguntas:

– ¿En qué lugar queda el gobierno, que por activa y por pasiva había dicho que el Popular era viable? Su palabra vale algo? Si no, ¿por qué los medios de comunicación consideran que su única labor es poner el micrófono en las ruedas de prensa?

– ¿Cuál es la finalidad de los test de stress, además de la obvia como broma pesada? (incluyendo la penúltima inyección de capital, se mostraba como la entidad española más sólida en el escenario adverso)

– ¿Qué responsabilidad deberá afrontar su dirección, primero encabezada con Ron y ahora con Gineb… Saracho, que llevan haciendo ampliaciones de capital al grito de que ésta será la última? (que las familias del Opus Dei cubrían con préstamos al 1% otorgados por el propio banco con aval de las mismas acciones, que viene a ser tan absurdo como tener hambre y comerte el brazo, o agarrarte a tu sombrero para no caer al precipicio). Saracho aún proponía una ampliación de capital más, de unos mil millones, que se sumaba a las 3 anteriores que habían levantado 5.400 millones, cuando Santander ha cifrado en 7.900 millones el agujero contable. Lo cual es notable cuando el valor de mercado del banco había bajado de los 1.300 millones en el momento en que la CNMV ha suspendido la cotización. Es decir, imagínate que las polillas te han hecho un agujerito en una manta de lana. Sólo que el agujerito del Popular era más grande que la propia manta, de hecho era 6 veces más grande (y eso después de remendarla con sucesivas ampliaciones de capital por valor de 5 veces su tamaño, capazos de dinero tirados por el inodoro).

– ¿Cómo le puede explicar la CNMV a los pequeños inversores que permitiese al banco acometers esas ampliaciones de capital que eran manifiestamente insuficientes para reflotar al banco, como pretendía la dirección? ¿Cómo esperó a suspender la cotización a que Bruselas afirmase que el rey estaba en pelotas?

– Y, por encima de todo, ¿Cómo demonios no se cae el edificio del Banco de España de pura vergüenza? El regulador bancario español ha sido incapaz de detectar que el sexto mayor banco por activos era en realidad un zombie, un muerto viviente, que seguía devorando recursos de la economía española. Postergar su entierro para salvar la cara del gobierno (cómo nos gustan las apariencias en Españistán), mientras se dedica a dar consejos sobre política fiscal o laboral, es de esas actuaciones irresponsables e incompetentes que deberían ser delictivas.

El sainete del Banco Popular debería acabar con directivos del propio banco, de la CNMV y del BdE en prisión y con multas ejemplares, por dolosa incompetencia en el ejercicio de sus funciones.

Y ahora veremos qué recompensa recibirá Ana Patricia del gobierno, por acceder a quedarse con el muerto (EDITO: los 5.200 M€ en créditos fiscales pueden ser una buena respuesta, créditos que de todas formas el Popular no podría usar por seguir dando pérdidas).

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Hasta aquí, las preguntas maliciosas. Ahora viene la pregunta trágica: Popular está quebrado por su mala gestión del riesgo, con una cartera de activos (líneas de crédito, hipotecas, suelo y ladrillo adjudicado…) más tóxica que una ensalada de amanitas (phalloides y verna, también hay amanitas comestibles). ¿Qué pasa, que era especialista en contratar a los mayores descerebrados, que aceptaban financiar pufos infumables, que el resto de entidades prudentemente rechazaban? ¿Los empleados del Popular, directores, gestores de la central… eran muy tontos, muy tontos, muy tontos, en comparación con sus homólogos de otros bancos?

Es que me huele que no eran mucho menos inteligentes que los del resto de entidades, que la mierda del ladrillo se repartió más o menos equitativamente entre todas ellas, y que si el Popular es inviable, quiere decir que el resto de entidades allá se van. Las cajas quebraron porque no había accionistas a los que disgustar, total el dinero público no es de nadie, pero con las entidades privadas se ha tardado más en reconocer lo inevitable, literalmente hasta el último momento. No han podido aguantar más y el Popular ha sido la primera en caer. Las demás están comprando tiempo para rehacer su balance y volver a sacar la cabeza fuera del agua. Mientras tanto, los test de stress, el gobierno, el BdE y la CNMV afirmando que las que quedan, éstas sí, son de una solidez a prueba de bombas.

Si lo dice gente tan seria, tan trajeada ¿cómo algo puede salir mal?

Me fío más, mucho más, del gitano al que le acabo de comprar una sandía. No sólo es que es mucho más honrado que cualquiera de ellos. Es que también me parece que es mucho más inteligente.

Voy a abrir la sandía, y os cuento.

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13 marzo 2017

Sobre la propiedad

Filed under: economía — Mendigo @ 7:13

En la anterior entrada, no quise extenderme en la necesidad de los elementos añadidos a la célebre afirmación de Proudhon. Realmente, el mal no está en el concepto de propiedad en sí, que yo creo que incluso psicológicamente es necesario, ofrece un asidero en el que engancharse al mundo.

No debemos caer en la simpleza de considerar que toda propiedad es ilegítima. Es estupendo que un trabajador posea privativamente el fruto de su esfuerzo, lo que es un robo es que se apropie del esfuerzo ajeno. Si no, caemos en la caricatura que la derecha nos hace, de que comunismo es compartir hasta los calzoncillos. Esas concepciones de comunismo pre-marxista fueron superadas hace siglos y no tuvieron ningún recorrido. Por lo tanto es legítimo y, de hecho, magnífico poseer bienes (mientras sean para su disfrute y no por el mero impulso de acaparar, en el que es el hombre quien acaba siendo poseído por su codicia). Un buen coche, una cómoda vivienda… fantástico. La productividad de la economía moderna lo permite.

De hecho, yo entiendo el socialismo precisamente como el sistema que mejor defiende la propiedad privada de las masas trabajadoras. Pero para que el trabajador pueda tener ese buen coche, esa vivienda llena de artilugios electrónicos y cosas bonitas, para esa buena vida a la que todo ciudadano aspira… hay que prohibir la propiedad de los medios de producción (dicho de otra forma, hay que impedir que a ese trabajador le sisen en su salario).

¿Qué son los medios de producción? Todo aquello (no necesariamente material) que un trabajador necesita, además de su esfuerzo, para generar riqueza. La tierra, como la forma más básica de capital, los edificios, máquinas y herramientas.

¿Es ilegítima cualquier apropiación de los medios de producción? No. Sólo en el caso en que poseas los medios de producción ajenos, porque eso te lleva a exigir participación en los frutos del trabajo ajeno, lo que efectivamente es un robo. Que una persona se quede con los frutos de su trabajo es perfectamente justo.

¿Entonces, sólo es legítima la propiedad privada de los medios de producción propios? No, de ninguna manera. Pero además, no sería conveniente porque eso nos llevaría a una economía de empresas unipersonales absolutamente incompatible con las necesidades productivas modernas (y tomo como “moderno” todo lo que viene tras la Edad Media, aunque realmente debería retrotraerme a la prehistoria e incluso a épocas anteriores a nuestra aparición como especie, pues ya nuestros primos homínidos usaban la colaboración para cazar piezas grandes).

Efectivamente, existen otras formas de propiedad más allá de la propiedad privativa: la propiedad colectiva, en la que un grupo de trabajadores posee de forma indistinta la empresa en la que trabajan (es decir, no es que cada uno posea justo su banco de trabajo, sino una parte alícuota en la empresa). Y la propiedad pública, en la que es toda la sociedad la titular de aquellas empresas que, por sus necesidades masivas de capital (pensemos en sectores como la energía, el transporte o las telecomunicaciones) no puedan ser desarrolladas por las anteriores.

Fijaos pues cuantísimo hemos limitado la afirmación de Proudhon. De:

LA PROPIEDAD ES UN ROBO

Hemos llegado a:

LA PROPIEDAD PRIVADA DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN AJENOS ES UN ROBO

El resto de formas de propiedad son perfectamente legítimas, e incluso muy convenientes. Y, de hecho, es el capitalismo el que las amenaza (toda una vida de albañil levantando casas, y no te puedes puedes pagar ni siquiera un pisito en una de las que has fabricado).

Como comentaba un amigo de esta página, en expresión muy acertada: no hay problema en que a un ciudadano se le permita acumular riqueza sumando (es decir, con el fruto de su trabajo), la amenaza viene cuando acumula riqueza multiplicando (esto es, con el fruto del trabajo ajeno, de sus empleados).

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Doy ahora un quiebro en la dirección del discurso para comentar una paradoja que observo. Vamos a crear una escena.

Podemos imaginarnos a un humilde zapatero remendón trabajando en su taller del barrio de Lavapiés en algún momento del siglo XIX. Por el fruto de su trabajo, componiendo los zapatos de sus vecinos, tiene unos ingresos medios de 10 reales al mes.

Llega entonces un matachín, un rufián diestro en el oficio de las armas y le amenaza diciéndole: “no te preocupes, puedes seguir trabajando aquí, pero tendrás que darme a cambio la décima parte de lo que ganes”. Es decir, una evidente extorsión mafiosa. Ante este episodio, antes y ahora, ha existido una condena social generalizada.

Sin embargo, troquemos el personaje del hampón por un hombre de leyes, el cual aparece en el puesto del zapatero diciéndole: “por esto y por lo otro, ahora esta zapatería me pertenece. Pero no te preocupes, podrás seguir trabajando aquí, y te pagaré por ello nueve reales.”

De forma a mi entender alucinante, este último caso, lejos de la reprobación unánime, recibe la comprensión, aceptación e incluso simpatía social por la generosidad del leguleyo que, en su altruismo, aún le permite conservar su puesto de trabajo (como si al nuevo propietario le sirviera de algo la propiedad de una zapatería, sin un zapatero que en ella trabaje). “No ha salido tan mal el zapatero, que aún gana nueve reales”, dirán las gentes.

De todas formas ¿qué otra cosa podía hacer el zapatero sino aceptar? Sin sus herramientas, sin su local de trabajo con el que se relacionaba con sus clientes y donde iban a buscarle; sólo con las manos desnudas, por muy hábil que fuera, no es capaz de arreglar ningún zapato. La propiedad de los medios de producción.

Y ya, según pasen los años, y el hijo del zapatero siga trabajando en la misma zapatería para el hijo del burgués, la condición de uno y otro habrá quedado rubricada y sellada por el tiempo y la costumbre, y hasta el mismo hijo del zapatero lo verá como algo natural y justo entregar el 10% de sus beneficios al hampón. ¡Ay! No, que ese era el otro cuento.

Y aquí viene otra máxima con mucha solera en este espacio:

TODO RICO ES LADRÓN, O HIJO DE LADRÓN
San Ambrosio de Milán, Padre de la Iglesia (340-397)

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Todo esto está muy bien, pero si hemos de ser honestos, no es todo el cuadro. Vamos a hacer evolucionar nuestra fábula del zapatero remendón de un modo que pudiera representar parte de la realidad y, de este modo, hacer una crítica a lo que recién acabo de escribir.

Nos hemos quedado en nuestro zapatero, que por la fuerza de la ley (escrita por alguien que no es de su clase, e impuesta igualmente por la fuerza de las armas de los que son de la misma clase que el hampón) ha sido desahuciado y recolocado en su propia zapatería como empleado. Pues resulta que su empleador, por las causas que sean, tiene buen olfato para los negocios, contactos en la gobernación o el palacio o simplemente capital para hacer inversiones, amplía el antiguo taller. Contrata más empleados, entre ellos a un buen capataz que reorganiza los procesos para hacerlos más eficientes, ya no sólo reparan sino que producen calzado… en suma, que la empresa prospera. Esto le da, obviamente, muchos más beneficios al burgués que, para tenerlos contentos, se puede permitir subir el salario de sus empleados a 12 reales al mes.

¿Qué se dirá el zapatero? Pues no he hecho tan mal negocio, antes ganaba 10 trabajando para mí mismo, y ahora gano 12 y me puedo despreocupar de la marcha del negocio.

Ésta es una de las posibles salidas de la fábula, realmente. Porque en un ejercicio de honestidad intelectual, hay que reconocer que el capitalismo tiene una enorme capacidad de conseguir incrementos en la productividad, espoleando la innovación y el progreso. Vivimos en él, la gran mayoría ni siquiera concibe que pueda existir otro sistema alternativo, es el gran triunfador así que algunas virtudes debe tener. Y, sin duda, las tiene (y hay que ser muy necio, muy charlatán o muy hipócrita para no reconocerlo).

¿Invalida este final que le he dado al cuento todo lo anteriormente dicho? ¡NO! O, al menos, yo creo que no. Sigo considerando ilegítimas las rentas del capital, porque son una forma de apropiación del trabajo ajeno. Un robo. Incluso en el caso de que ser víctima de dicho robo pueda ser conveniente.

¿Conveniente respecto a qué? Ahí está la cuestión. Hay que crear un modelo socioeconómico que, preservando el carácter dinámico del capitalismo, sea éticamente admisible. Y, como una revolución universal sincrónica es una hipótesis peregrina, es necesario porque en un plazo de tiempo seguramente muy dilatado, tendrá que competir e imponerse sobre él. Y sólo vencerá si es capaz de satisfacer las necesidades de la población de una forma más eficiente y completa que el capitalismo. Porque para repartir miseria, virgencita, virgencita, que me quede como estoy. Y tiene toda la razón.

Bien. Nadie, NADIE hasta ahora ha dado solución a este problema. No hay ninguna solución alternativa al capitalismo, y por eso reina. La mejor aproximación hasta ahora fue la Unión Soviética, que si bien pudo competir e incluso vencer (a pesar de la propaganda que recibíamos a este lado del telón de acero) en la satisfacción de las necesidades personales, presentaba unas disfuncionalidades en el plano ético aún mayores que en el otro bando (autoritarismo, la gran pulsión del s.XX).

Podemos también tomar lección del modelo chino, con su capitalismo de Estado. Sin duda un modelo de éxito, que ha sacado a cientos de millones de ciudadanos de la miseria, que vino tras experimentar el más estrepitoso de los fracasos con sus veleidades doctrinarias que sonaban muy bien sobre el papel (muy progre y bucólico-pastoril), pero en su realización práctica llevaron a la muerte a millones de personas de pura miseria (igual destino que depararían las tonterías progres, decrecentistas y neorurales que me toca leer en los comentarios cada semanita). Sin embargo, este sistema comparte el mismo pecado original tanto del capitalismo (la apropiación del trabajo ajeno por una minoría burguesa) como del socialismo leninista, luego desarrollado por Mao Zedong (falta de libertades políticas y sociales). En este punto, aunque sería estúpido olvidar que también aquí se reprimen esos derechos, también lo sería dejar de reconocer que los disfrutamos en mayor grado que en otros modelos creados a partir del principio autoritario (la base de toda opresión y explotación, y llegados a este punto me sale la cresta).

Ya no sé cuántas veces lo he dicho.

En el tablero político se traza una línea, que separa los que consideran legítimas las rentas capital (el trabajo asalariado para un patrón que no sea el Estado, la propiedad privada de los medios de producción ajenos… tiene muchas formulaciones) y los que no. Y me suda la polla que seas vegano, antitaurino, fotovoltaico, compres jerseys de cáñamo en una tienda de comercio justo y conserves los vinilos de Joan Baez de tus padres; si no existe condena de la propiedad privada de los medios de producción, estás al Este de la línea. No hay ninguna diferencia, en esencia, con el mundo que proponen los Raxoi, Ribera o Gusanita.

Es que, de hecho, en mi empeño en crear un sistema socialista libertario que sea ferozmente eficiente y competitivo (o no será), los primeros obstáculos me los encuentro en el bando progre y su concepción pueril de lo que son los sistemas económicos y productivos de una sociedad tecnológicamente avanzada. Además de, por supuesto, los intereses creados que oponen una fenomenal resistencia al cambio (evidentemente las élites burguesas y los advenedizos, también llamados clases medias que ansían integrarse en sus círculos, además de los dos millones de funcionarios con contrato blindado a prueba de incompetencias supinas).

Pues bien, no es decente que la izquierda revolucionaria (si es que, a estas alturas, queda alguien a este lado de la línea roja), pida que la gente abandone un sistema socioeconómico que conoce y más o menos funciona, para dar un salto al vacío, y ya veremos. Esto es tratar a la gente de imbécil, y aunque lo parezca no lo es tanto e intuyen que tras lo que le propones sólo hay un abismo.

Si queremos ser honestos, tenemos que proponer a la gente algo concreto, a ser posible en versión estable o, al menos, en versión beta. Un sistema que provea sus necesidades actuales de bienestar y libertad mejor que el actual, porque nadie se quiere deshacer de su coche viejo para comprarse otro peor. Lo digo de otra forma: es perfectamente lógico y razonable el rechazo que la población da a las opciones políticas de izquierda revolucionaria, rupturista, o simplemente izquierda (insisto, un progre tiene de izquierdas lo que un murciélago de ave o un cetáceo de pez). Esamos vendiendo un coche escangallado o, directamente, humo. Nos dan la espalda, nos mandan a la mierda, Y TIENEN TODA LA RAZÓN EN HACERLO.

Y repito el mismo paralelismo: a principios de los 90, un paliducho Linus Torvalds dejó un mensaje recabando apoyo de programadores para crear lo que daría en ser el Kernel de GNU/Linux. El fruto de esa colaboración es el núcleo del sistema que ahora mismo estoy usando para escribir este rollo (pero se puede usar para cosas mucho más interesantes, desde ver porno, jugar a videojuegos o correr una de las más potentes suites de CAD/CAM).

Crear un nuevo sistema socioeconómico más justo y eficiente no es tarea sencilla, pero no mucho más complejo que crear un nuevo sistema operativo. Luego, pasaríamos a probarlo en fase alfa con pequeñas comunidades, y sólo entonces podríamos tener la legitimidad de pedirle a la sociedad que nos apoyase para cambiar el rumbo. Sin mapas, sin brújula, sin sextante, a la aventura, con programas llenos de ocurrencias progres inconexas, deslabazadas (un sistema operativo es un conjunto de órdenes sistematizado que trabaja armoniosamente como un conjunto) es perfectamente comprensible que la gente prefiera lo malo conocido.

Honestamente, antes que algunas tonterías que he tenido que escuchar (por ejemplo, cuando estuve participando en el Círculo de Economía de Podemos), hasta yo prefiero que gobierne la Marioneta. Su capacidad de causar daño a la población es más limitada (la maldad es finita, la estupidez no tiene por qué… aunque en este caso el registrador va bien servido de ambas).

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11 marzo 2017

La 4ª Revolución Industrial

Filed under: economía — Mendigo @ 22:00

Yo no sé por qué, pero a veces se ponen de moda ciertos temas de conversación sin que haya ocurrido nada especialmente relevante que los suba a la palestra. Últimamente, el tema de moda versa sobre las consecuencias de la entrada masiva de los nuevos avances tecnológicos en la economía. Normalmente pensamos en la robotización y automatización de procesos, pero justo detrás viene algo mucho más grande: la inteligencia artificial (programas de cálculo estadístico y toma de decisiones que ya están operando en el sector de los seguros y las finanzas).

He leído decenas de artículos, las últimas semanas, analizando especialmente el efecto que tendrán sobre el empleo. Si destruirán puestos de trabajo, sostienen los neoluditas, o si simplemente crearán otros nuevos en sectores que antes no existían… Bueno, no voy a entrar en más detalle, que para eso ya está cada autor defendiendo sus hipótesis. A mí lo que realmente me sorprende es que nadie se atreva a comentar lo obvio, para no caer en anatema (¡comunista!). Bueno, como en este espacio la blasfemia es una seña de identidad, vamos a fijar nuestra posición (cómo mola usar el plural mayestático) sobre la cuestión:

La gran pregunta que todo el mundo evita proponer referente a la automatización de la producción es, y siempre lo ha sido:

¿QUIÉN ES EL PROPIETARIO DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN?

Si el capital (en este caso, los robots) pertenece a los trabajadores (propiedad colectiva) o al Estado (propiedad pública), la mejora de la productividad redundará en mejores condiciones laborales de éstos (mejores sueldos, jornadas laborales menos extensas; eliminación de los trabajos más nocivos, peligrosos, pesados o rutinarios…).

Si esta nueva maquinaria es de propiedad privada (de los accionistas de la empresa), trabajarán evidentemente para sus dueños, ofreciéndoles mayores beneficios gracias, fundamentalmente, a la reducción de los costes laborales (tanto de white como de blue collar, y ni siquiera ésto es una novedad)

That’s the question. The main question, the relevant question, the only question.

Evidentemente, todo progreso científico y tecnológico que permita descargar al ser humano de las fatigas del trabajo debería ser bien recibido. La contradicción, y siempre ha estado ahí, aún antes de que la máquina de vapor llegara a las minas de carbón y a los telares de Inglaterra, es la condición impuesta por la clase dominante al resto de la población de ser útil en su proceso de acumulación de riqueza para compartir parte de esa riqueza que les permita la subsistencia, según el esquema de salario a cambio de trabajo. Y me estoy retrotrayendo a un momento en el tiempo muy anterior al inicio del capitalismo, en el que las clases más poderosas en cada sociedad se apropiaron de los medios de producción (en especial, el más básico de todos, la tierra).

La verdadera alternativa a este esquema, yo poseo los medios que tú necesitas para generar riqueza y, por lo tanto, si quieres sobrevivir tienes que trabajar para mí, la enunció el barbudo Carlitos a finales del s.XIX aunque, realmente, había sido la práctica común de los grupos humanos la mayor parte de la historia:

DE CADA CUAL SEGÚN SUS CAPACIDADES, A CADA CUAL SEGÚN SUS NECESIDADES.

Que sea una parcela de tierra, sea el alto horno de una siderúrgica o los robots de soldadura de una moderna planta de automóviles no cambian ni un ápice la cuestión central: el producto que gracias a ellas se obtiene es retenido por el propietario. En un sistema en el que el trabajador es sólo un factor de producción, una herramienta más, y como tal sustituible, los progresos técnicos en la producción entrarán en directa competencia con su oferta de trabajo. Sólo si el trabajador posee los medios de producción, podrá ponerlos a trabajar en su provecho.

Es un debate que se presenta como moderno, pero es más viejo que la tarara.

Le premier qui, ayant enclos un terrain, s’avisa de dire : Ceci est à moi, et trouva des gens assez simples pour le croire, fut le vrai fondateur de la société civile. Que de crimes, de guerres, de meurtres, que de misères et d’horreurs n’eut point épargnés au genre humain celui qui, arrachant les pieux ou comblant un fossé, eût crié à ses semblables: Gardez-vous d’écouter cet imposteur; vous êtes perdus, si vous oubliez que les fruits sont à tous, et que la terre n’est à personne.

Discours sur l’origine et les fondements de l’inégalité parmi les hommesJean-Jacques Rousseau (1712-1778))

En castellano:

Y resumiendo, en boca de otro francés:

LA PROPIEDAD ES UN ROBO

Máxima a la cual es absolutamente indispensable puntualizar:

LA PROPIEDAD PRIVADA DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN AJENOS ES UN ROBO

Reelaborado: apropiarse de los medios (la tierra, las herramientas…) que otro hombre necesita para generar riqueza, y por lo tanto de una fracción del producto de ese trabajo (el plusvalor), es una forma de explotación ilegítima. Efectivamente, un robo. Un robo el apropiarse del capital, y otro robo obtener beneficio del producto del primero.

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Nota: Quiero representar el vívido contraste entre estos pensadores franceses, y la futilidad de la progresía actual que, sin solidez ideológica, basan su programa en ocurrencias (y en el Estado vecino, esta clase de imbéciles buenrollistas son legión) . Benoît Hamon, el candidato del Parti Socialiste francés, ha propuesto una “taxe robot“, es decir, que los robots paguen cotizaciones sociales. Una forma magnífica de desincentivar la automatización de la economía productiva francesa y descolgarla respecto de su competencia natural alemana, usamericana o asiática. Una ocurrencia realmente brillante. Un progre puede soltar los análisis más estúpidos, las propuestas más absurdas, menos cuestionar la sacralidad de la propiedad privada (de los medios de producción ajenos).

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