La mirada del mendigo

13 marzo 2017

Sobre la propiedad

Filed under: economía — Mendigo @ 7:13

En la anterior entrada, no quise extenderme en la necesidad de los elementos añadidos a la célebre afirmación de Proudhon. Realmente, el mal no está en el concepto de propiedad en sí, que yo creo que incluso psicológicamente es necesario, ofrece un asidero en el que engancharse al mundo.

No debemos caer en la simpleza de considerar que toda propiedad es ilegítima. Es estupendo que un trabajador posea privativamente el fruto de su esfuerzo, lo que es un robo es que se apropie del esfuerzo ajeno. Si no, caemos en la caricatura que la derecha nos hace, de que comunismo es compartir hasta los calzoncillos. Esas concepciones de comunismo pre-marxista fueron superadas hace siglos y no tuvieron ningún recorrido. Por lo tanto es legítimo y, de hecho, magnífico poseer bienes (mientras sean para su disfrute y no por el mero impulso de acaparar, en el que es el hombre quien acaba siendo poseído por su codicia). Un buen coche, una cómoda vivienda… fantástico. La productividad de la economía moderna lo permite.

De hecho, yo entiendo el socialismo precisamente como el sistema que mejor defiende la propiedad privada de las masas trabajadoras. Pero para que el trabajador pueda tener ese buen coche, esa vivienda llena de artilugios electrónicos y cosas bonitas, para esa buena vida a la que todo ciudadano aspira… hay que prohibir la propiedad de los medios de producción (dicho de otra forma, hay que impedir que a ese trabajador le sisen en su salario).

¿Qué son los medios de producción? Todo aquello (no necesariamente material) que un trabajador necesita, además de su esfuerzo, para generar riqueza. La tierra, como la forma más básica de capital, los edificios, máquinas y herramientas.

¿Es ilegítima cualquier apropiación de los medios de producción? No. Sólo en el caso en que poseas los medios de producción ajenos, porque eso te lleva a exigir participación en los frutos del trabajo ajeno, lo que efectivamente es un robo. Que una persona se quede con los frutos de su trabajo es perfectamente justo.

¿Entonces, sólo es legítima la propiedad privada de los medios de producción propios? No, de ninguna manera. Pero además, no sería conveniente porque eso nos llevaría a una economía de empresas unipersonales absolutamente incompatible con las necesidades productivas modernas (y tomo como “moderno” todo lo que viene tras la Edad Media, aunque realmente debería retrotraerme a la prehistoria e incluso a épocas anteriores a nuestra aparición como especie, pues ya nuestros primos homínidos usaban la colaboración para cazar piezas grandes).

Efectivamente, existen otras formas de propiedad más allá de la propiedad privativa: la propiedad colectiva, en la que un grupo de trabajadores posee de forma indistinta la empresa en la que trabajan (es decir, no es que cada uno posea justo su banco de trabajo, sino una parte alícuota en la empresa). Y la propiedad pública, en la que es toda la sociedad la titular de aquellas empresas que, por sus necesidades masivas de capital (pensemos en sectores como la energía, el transporte o las telecomunicaciones) no puedan ser desarrolladas por las anteriores.

Fijaos pues cuantísimo hemos limitado la afirmación de Proudhon. De:

LA PROPIEDAD ES UN ROBO

Hemos llegado a:

LA PROPIEDAD PRIVADA DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN AJENOS ES UN ROBO

El resto de formas de propiedad son perfectamente legítimas, e incluso muy convenientes. Y, de hecho, es el capitalismo el que las amenaza (toda una vida de albañil levantando casas, y no te puedes puedes pagar ni siquiera un pisito en una de las que has fabricado).

Como comentaba un amigo de esta página, en expresión muy acertada: no hay problema en que a un ciudadano se le permita acumular riqueza sumando (es decir, con el fruto de su trabajo), la amenaza viene cuando acumula riqueza multiplicando (esto es, con el fruto del trabajo ajeno, de sus empleados).

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Doy ahora un quiebro en la dirección del discurso para comentar una paradoja que observo. Vamos a crear una escena.

Podemos imaginarnos a un humilde zapatero remendón trabajando en su taller del barrio de Lavapiés en algún momento del siglo XIX. Por el fruto de su trabajo, componiendo los zapatos de sus vecinos, tiene unos ingresos medios de 10 reales al mes.

Llega entonces un matachín, un rufián diestro en el oficio de las armas y le amenaza diciéndole: “no te preocupes, puedes seguir trabajando aquí, pero tendrás que darme a cambio la décima parte de lo que ganes”. Es decir, una evidente extorsión mafiosa. Ante este episodio, antes y ahora, ha existido una condena social generalizada.

Sin embargo, troquemos el personaje del hampón por un hombre de leyes, el cual aparece en el puesto del zapatero diciéndole: “por esto y por lo otro, ahora esta zapatería me pertenece. Pero no te preocupes, podrás seguir trabajando aquí, y te pagaré por ello nueve reales.”

De forma a mi entender alucinante, este último caso, lejos de la reprobación unánime, recibe la comprensión, aceptación e incluso simpatía social por la generosidad del leguleyo que, en su altruismo, aún le permite conservar su puesto de trabajo (como si al nuevo propietario le sirviera de algo la propiedad de una zapatería, sin un zapatero que en ella trabaje). “No ha salido tan mal el zapatero, que aún gana nueve reales”, dirán las gentes.

De todas formas ¿qué otra cosa podía hacer el zapatero sino aceptar? Sin sus herramientas, sin su local de trabajo con el que se relacionaba con sus clientes y donde iban a buscarle; sólo con las manos desnudas, por muy hábil que fuera, no es capaz de arreglar ningún zapato. La propiedad de los medios de producción.

Y ya, según pasen los años, y el hijo del zapatero siga trabajando en la misma zapatería para el hijo del burgués, la condición de uno y otro habrá quedado rubricada y sellada por el tiempo y la costumbre, y hasta el mismo hijo del zapatero lo verá como algo natural y justo entregar el 10% de sus beneficios al hampón. ¡Ay! No, que ese era el otro cuento.

Y aquí viene otra máxima con mucha solera en este espacio:

TODO RICO ES LADRÓN, O HIJO DE LADRÓN
San Ambrosio de Milán, Padre de la Iglesia (340-397)

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Todo esto está muy bien, pero si hemos de ser honestos, no es todo el cuadro. Vamos a hacer evolucionar nuestra fábula del zapatero remendón de un modo que pudiera representar parte de la realidad y, de este modo, hacer una crítica a lo que recién acabo de escribir.

Nos hemos quedado en nuestro zapatero, que por la fuerza de la ley (escrita por alguien que no es de su clase, e impuesta igualmente por la fuerza de las armas de los que son de la misma clase que el hampón) ha sido desahuciado y recolocado en su propia zapatería como empleado. Pues resulta que su empleador, por las causas que sean, tiene buen olfato para los negocios, contactos en la gobernación o el palacio o simplemente capital para hacer inversiones, amplía el antiguo taller. Contrata más empleados, entre ellos a un buen capataz que reorganiza los procesos para hacerlos más eficientes, ya no sólo reparan sino que producen calzado… en suma, que la empresa prospera. Esto le da, obviamente, muchos más beneficios al burgués que, para tenerlos contentos, se puede permitir subir el salario de sus empleados a 12 reales al mes.

¿Qué se dirá el zapatero? Pues no he hecho tan mal negocio, antes ganaba 10 trabajando para mí mismo, y ahora gano 12 y me puedo despreocupar de la marcha del negocio.

Ésta es una de las posibles salidas de la fábula, realmente. Porque en un ejercicio de honestidad intelectual, hay que reconocer que el capitalismo tiene una enorme capacidad de conseguir incrementos en la productividad, espoleando la innovación y el progreso. Vivimos en él, la gran mayoría ni siquiera concibe que pueda existir otro sistema alternativo, es el gran triunfador así que algunas virtudes debe tener. Y, sin duda, las tiene (y hay que ser muy necio, muy charlatán o muy hipócrita para no reconocerlo).

¿Invalida este final que le he dado al cuento todo lo anteriormente dicho? ¡NO! O, al menos, yo creo que no. Sigo considerando ilegítimas las rentas del capital, porque son una forma de apropiación del trabajo ajeno. Un robo. Incluso en el caso de que ser víctima de dicho robo pueda ser conveniente.

¿Conveniente respecto a qué? Ahí está la cuestión. Hay que crear un modelo socioeconómico que, preservando el carácter dinámico del capitalismo, sea éticamente admisible. Y, como una revolución universal sincrónica es una hipótesis peregrina, es necesario porque en un plazo de tiempo seguramente muy dilatado, tendrá que competir e imponerse sobre él. Y sólo vencerá si es capaz de satisfacer las necesidades de la población de una forma más eficiente y completa que el capitalismo. Porque para repartir miseria, virgencita, virgencita, que me quede como estoy. Y tiene toda la razón.

Bien. Nadie, NADIE hasta ahora ha dado solución a este problema. No hay ninguna solución alternativa al capitalismo, y por eso reina. La mejor aproximación hasta ahora fue la Unión Soviética, que si bien pudo competir e incluso vencer (a pesar de la propaganda que recibíamos a este lado del telón de acero) en la satisfacción de las necesidades personales, presentaba unas disfuncionalidades en el plano ético aún mayores que en el otro bando (autoritarismo, la gran pulsión del s.XX).

Podemos también tomar lección del modelo chino, con su capitalismo de Estado. Sin duda un modelo de éxito, que ha sacado a cientos de millones de ciudadanos de la miseria, que vino tras experimentar el más estrepitoso de los fracasos con sus veleidades doctrinarias que sonaban muy bien sobre el papel (muy progre y bucólico-pastoril), pero en su realización práctica llevaron a la muerte a millones de personas de pura miseria (igual destino que depararían las tonterías progres, decrecentistas y neorurales que me toca leer en los comentarios cada semanita). Sin embargo, este sistema comparte el mismo pecado original tanto del capitalismo (la apropiación del trabajo ajeno por una minoría burguesa) como del socialismo leninista, luego desarrollado por Mao Zedong (falta de libertades políticas y sociales). En este punto, aunque sería estúpido olvidar que también aquí se reprimen esos derechos, también lo sería dejar de reconocer que los disfrutamos en mayor grado que en otros modelos creados a partir del principio autoritario (la base de toda opresión y explotación, y llegados a este punto me sale la cresta).

Ya no sé cuántas veces lo he dicho.

En el tablero político se traza una línea, que separa los que consideran legítimas las rentas capital (el trabajo asalariado para un patrón que no sea el Estado, la propiedad privada de los medios de producción ajenos… tiene muchas formulaciones) y los que no. Y me suda la polla que seas vegano, antitaurino, fotovoltaico, compres jerseys de cáñamo en una tienda de comercio justo y conserves los vinilos de Joan Baez de tus padres; si no existe condena de la propiedad privada de los medios de producción, estás al Este de la línea. No hay ninguna diferencia, en esencia, con el mundo que proponen los Raxoi, Ribera o Gusanita.

Es que, de hecho, en mi empeño en crear un sistema socialista libertario que sea ferozmente eficiente y competitivo (o no será), los primeros obstáculos me los encuentro en el bando progre y su concepción pueril de lo que son los sistemas económicos y productivos de una sociedad tecnológicamente avanzada. Además de, por supuesto, los intereses creados que oponen una fenomenal resistencia al cambio (evidentemente las élites burguesas y los advenedizos, también llamados clases medias que ansían integrarse en sus círculos, además de los dos millones de funcionarios con contrato blindado a prueba de incompetencias supinas).

Pues bien, no es decente que la izquierda revolucionaria (si es que, a estas alturas, queda alguien a este lado de la línea roja), pida que la gente abandone un sistema socioeconómico que conoce y más o menos funciona, para dar un salto al vacío, y ya veremos. Esto es tratar a la gente de imbécil, y aunque lo parezca no lo es tanto e intuyen que tras lo que le propones sólo hay un abismo.

Si queremos ser honestos, tenemos que proponer a la gente algo concreto, a ser posible en versión estable o, al menos, en versión beta. Un sistema que provea sus necesidades actuales de bienestar y libertad mejor que el actual, porque nadie se quiere deshacer de su coche viejo para comprarse otro peor. Lo digo de otra forma: es perfectamente lógico y razonable el rechazo que la población da a las opciones políticas de izquierda revolucionaria, rupturista, o simplemente izquierda (insisto, un progre tiene de izquierdas lo que un murciélago de ave o un cetáceo de pez). Esamos vendiendo un coche escangallado o, directamente, humo. Nos dan la espalda, nos mandan a la mierda, Y TIENEN TODA LA RAZÓN EN HACERLO.

Y repito el mismo paralelismo: a principios de los 90, un paliducho Linus Torvalds dejó un mensaje recabando apoyo de programadores para crear lo que daría en ser el Kernel de GNU/Linux. El fruto de esa colaboración es el núcleo del sistema que ahora mismo estoy usando para escribir este rollo (pero se puede usar para cosas mucho más interesantes, desde ver porno, jugar a videojuegos o correr una de las más potentes suites de CAD/CAM).

Crear un nuevo sistema socioeconómico más justo y eficiente no es tarea sencilla, pero no mucho más complejo que crear un nuevo sistema operativo. Luego, pasaríamos a probarlo en fase alfa con pequeñas comunidades, y sólo entonces podríamos tener la legitimidad de pedirle a la sociedad que nos apoyase para cambiar el rumbo. Sin mapas, sin brújula, sin sextante, a la aventura, con programas llenos de ocurrencias progres inconexas, deslabazadas (un sistema operativo es un conjunto de órdenes sistematizado que trabaja armoniosamente como un conjunto) es perfectamente comprensible que la gente prefiera lo malo conocido.

Honestamente, antes que algunas tonterías que he tenido que escuchar (por ejemplo, cuando estuve participando en el Círculo de Economía de Podemos), hasta yo prefiero que gobierne la Marioneta. Su capacidad de causar daño a la población es más limitada (la maldad es finita, la estupidez no tiene por qué… aunque en este caso el registrador va bien servido de ambas).

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11 marzo 2017

La 4ª Revolución Industrial

Filed under: economía — Mendigo @ 22:00

Yo no sé por qué, pero a veces se ponen de moda ciertos temas de conversación sin que haya ocurrido nada especialmente relevante que los suba a la palestra. Últimamente, el tema de moda versa sobre las consecuencias de la entrada masiva de los nuevos avances tecnológicos en la economía. Normalmente pensamos en la robotización y automatización de procesos, pero justo detrás viene algo mucho más grande: la inteligencia artificial (programas de cálculo estadístico y toma de decisiones que ya están operando en el sector de los seguros y las finanzas).

He leído decenas de artículos, las últimas semanas, analizando especialmente el efecto que tendrán sobre el empleo. Si destruirán puestos de trabajo, sostienen los neoluditas, o si simplemente crearán otros nuevos en sectores que antes no existían… Bueno, no voy a entrar en más detalle, que para eso ya está cada autor defendiendo sus hipótesis. A mí lo que realmente me sorprende es que nadie se atreva a comentar lo obvio, para no caer en anatema (¡comunista!). Bueno, como en este espacio la blasfemia es una seña de identidad, vamos a fijar nuestra posición (cómo mola usar el plural mayestático) sobre la cuestión:

La gran pregunta que todo el mundo evita proponer referente a la automatización de la producción es, y siempre lo ha sido:

¿QUIÉN ES EL PROPIETARIO DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN?

Si el capital (en este caso, los robots) pertenece a los trabajadores (propiedad colectiva) o al Estado (propiedad pública), la mejora de la productividad redundará en mejores condiciones laborales de éstos (mejores sueldos, jornadas laborales menos extensas; eliminación de los trabajos más nocivos, peligrosos, pesados o rutinarios…).

Si esta nueva maquinaria es de propiedad privada (de los accionistas de la empresa), trabajarán evidentemente para sus dueños, ofreciéndoles mayores beneficios gracias, fundamentalmente, a la reducción de los costes laborales (tanto de white como de blue collar, y ni siquiera ésto es una novedad)

That’s the question. The main question, the relevant question, the only question.

Evidentemente, todo progreso científico y tecnológico que permita descargar al ser humano de las fatigas del trabajo debería ser bien recibido. La contradicción, y siempre ha estado ahí, aún antes de que la máquina de vapor llegara a las minas de carbón y a los telares de Inglaterra, es la condición impuesta por la clase dominante al resto de la población de ser útil en su proceso de acumulación de riqueza para compartir parte de esa riqueza que les permita la subsistencia, según el esquema de salario a cambio de trabajo. Y me estoy retrotrayendo a un momento en el tiempo muy anterior al inicio del capitalismo, en el que las clases más poderosas en cada sociedad se apropiaron de los medios de producción (en especial, el más básico de todos, la tierra).

La verdadera alternativa a este esquema, yo poseo los medios que tú necesitas para generar riqueza y, por lo tanto, si quieres sobrevivir tienes que trabajar para mí, la enunció el barbudo Carlitos a finales del s.XIX aunque, realmente, había sido la práctica común de los grupos humanos la mayor parte de la historia:

DE CADA CUAL SEGÚN SUS CAPACIDADES, A CADA CUAL SEGÚN SUS NECESIDADES.

Que sea una parcela de tierra, sea el alto horno de una siderúrgica o los robots de soldadura de una moderna planta de automóviles no cambian ni un ápice la cuestión central: el producto que gracias a ellas se obtiene es retenido por el propietario. En un sistema en el que el trabajador es sólo un factor de producción, una herramienta más, y como tal sustituible, los progresos técnicos en la producción entrarán en directa competencia con su oferta de trabajo. Sólo si el trabajador posee los medios de producción, podrá ponerlos a trabajar en su provecho.

Es un debate que se presenta como moderno, pero es más viejo que la tarara.

Le premier qui, ayant enclos un terrain, s’avisa de dire : Ceci est à moi, et trouva des gens assez simples pour le croire, fut le vrai fondateur de la société civile. Que de crimes, de guerres, de meurtres, que de misères et d’horreurs n’eut point épargnés au genre humain celui qui, arrachant les pieux ou comblant un fossé, eût crié à ses semblables: Gardez-vous d’écouter cet imposteur; vous êtes perdus, si vous oubliez que les fruits sont à tous, et que la terre n’est à personne.

Discours sur l’origine et les fondements de l’inégalité parmi les hommesJean-Jacques Rousseau (1712-1778))

En castellano:

Y resumiendo, en boca de otro francés:

LA PROPIEDAD ES UN ROBO

Máxima a la cual es absolutamente indispensable puntualizar:

LA PROPIEDAD PRIVADA DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN AJENOS ES UN ROBO

Reelaborado: apropiarse de los medios (la tierra, las herramientas…) que otro hombre necesita para generar riqueza, y por lo tanto de una fracción del producto de ese trabajo (el plusvalor), es una forma de explotación ilegítima. Efectivamente, un robo. Un robo el apropiarse del capital, y otro robo obtener beneficio del producto del primero.

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Nota: Quiero representar el vívido contraste entre estos pensadores franceses, y la futilidad de la progresía actual que, sin solidez ideológica, basan su programa en ocurrencias (y en el Estado vecino, esta clase de imbéciles buenrollistas son legión) . Benoît Hamon, el candidato del Parti Socialiste francés, ha propuesto una “taxe robot“, es decir, que los robots paguen cotizaciones sociales. Una forma magnífica de desincentivar la automatización de la economía productiva francesa y descolgarla respecto de su competencia natural alemana, usamericana o asiática. Una ocurrencia realmente brillante. Un progre puede soltar los análisis más estúpidos, las propuestas más absurdas, menos cuestionar la sacralidad de la propiedad privada (de los medios de producción ajenos).

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7 febrero 2017

Fincas sin dueño

Filed under: economía — Mendigo @ 18:33

Tratando el tema de este enlace sobre el veto a la expansión del eucalipto en Portugal (hasta los vecinos pobres dan una lección de civilización, dejando a Galicia en primera posición de la infamia ecológica), el artículo toca de pasada un tema fundamental para desencallar el campo gallego y ponerlo a producir. A producir de forma eficiente y competitiva, la única forma de llevar una explotación o cualquier tipo de negocio que sea sostenible en el tiempo.

Quiero destacar esta frase: “pretendemos otimizar o uso do património fundiário já pertencente ao estado, assim como, do património que vier a ser identificado como sem dono conhecido“.

El Norte de Portugal tiene la misma distribución de la propiedad rústica que Galicia: es decir, un monstruoso microfundismo. Yo me desespero, hasta tener impulsos homicidas, cuando aún hoy sigo viendo casos como el siguiente: muere un anciano y los dos hijos sesentones se reparten el caudal hereditario. Dos finquitas de mierda de mensura semejante y situación próxima. ¿Qué haría un chino, un senegalés, un egipcio, un chileno? Una para ti y otra para mí, ¿no? Es lo obvio, ¿no? Pues no, en Galicia lo habitual es: partimos a la mitad ambas y así no hay disputas de cuál es mejor. Este diabólico proceso, repetido generación tras generación, provoca una distribución de la propiedad en tirelas de mierda, que hay casos en que tienen sólo dos o tres regos de ancho [rego = surco del arado]. Esto, lo explicas en Castilla y se parten el culo de risa.

Es la maldita incapacidad del paisano gallego (y asturiano, y leonés, y portugués) de pensar a lo grande. Pero esta estructura de propiedad hace inviable el aprovechamiento competitivo del campo. En buena parte de Galicia sólo se da la agricultura de subsistencia: un pouco de millo, unhas patacas, unhas berzas… y con eso ya tira toda la familia (incluidos los 2 cerdos, las 3 vacas y las 5 gallinas). Y no se mueren de hambre gracias al RISGA y las pensiones.

E igualmente, los primos portugueses tienen el mismo problema de emigración masiva y abandono. Un ejemplo que tengo muy cercano: buscando el lindero de la finca donde estoy haciendo mis pinitos de arboricultor, me aparece un nombre de mujer, y ningún DNI asociado. Mala señal (porque el DNI es obligatorio creo recordar que allá por el año 65). Pregunto por el pueblo y sólo los muy ancianos, por encima de los 80 años, me saben dar noticia de esa mujer. Que se fue a Barcelona allá por los años 40 y no se ha vuelto a saber nada de ella por la aldea. Con certeza esa mujer está muerta, y quizá también sus hijos si los tuvo. Evidentemente que ninguno de sus deudos sabe de la existencia siguiera del pueblo (si está a su nombre es que no se resolvió la herencia), y alguno ni siquiera sabrá localizar la provincia de Ourense en un mapa. A todos los efectos, esa finca está ya perdida. De hecho, podríamos cifrar en un 30-50% de las fincas a las que ya se les ha perdido el rastro. Por lo tanto, yo no tengo ni jamás tendré a nadie a quien hacerle una oferta de compra, o a quien forzar para que la desbroce para procurar paliar las consecuencias de un incendio que sé que, tarde o temprano, llegará (van 4 en los últimos 25 años, ya se está retrasando el próximo).

Es absolutamente necesario proceder a identificar a qué tierras se les ha perdido el rastro del propietario (si no comparece en el plazo de 24 meses, pierde el derecho a reclamar su propiedad, que repito, no es un derecho absoluto sino sometido al interés general). Las tierras sin dueño conocido deberán revertir al Estado.

Por otra parte, habrá que gravar las demás (igual que los impuestos a los pisos vacíos) para estimular a que sean puestas en producción por el propietario, o arrendadas / vendidas a quien sí que las saque provecho (una idea serían cooperativas de gestión municipal, que de esta forma podrían hacerse con tierra a buen precio, y generar así actividad económica, riqueza para las arcas municipales y puestos de trabajo para fijar población). Como postor de último recurso estará el Estado, que de esta forma recuperaría algo de terreno público en una Galicia donde el 98% del territorio es de propiedad privada, una excepción respecto al resto del Estado (buena parte, de Comunidades de Montes).

Y poner el campo gallego a producir, pues tenemos la mejor tierra y el mejor clima como para alimentar a media Europa. Y quien no valga para estudiar, al menos que tenga un puesto de trabajo en el sector agropecuario (en vez de en la Guardia Civil o el Ejército, lo común entre la juventud de las aldeas que no da para más). Lo que sea menos la emigración que desangra el país o seguir tirando de prestaciones sociales, chapucillas y jornales hasta que llegue la jubilación, que no sacan a nadie de la miseria.

Fijaos todo lo que se puede hacer, una vez que la sociedad se libera de las ataduras mentales a las que la somete la ridícula sacralización de la propiedad privada.

¡Bien por los portugueses! Adelantan una posición y dejan a Galicia en cabeza de la clasificación del atraso y subdesarrollo social.

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31 enero 2017

The Big Short

Filed under: economía — Mendigo @ 23:00

Ayer estuve viendo esta peli, que a España llegó con el nombre de “La gran apuesta“. Si lo comento es porque, obviamente, me parece que puede ser interesante para comprender cómo funciona el mundo financiero, que a pesar de no ser el mundo en el que vivimos y nos movemos, sí que lo condiciona de manera decisiva.

Os dejo un fragmento, quizá el más significativo, en el que uno de los protagonistas, el director de un fondo de inversión, se entera de lo que es un synthetic CDO, de mano de uno de los que fabrican este tipo de bombas.

Lo divertido es que todos estos productos que van saliendo, fueron creados bajo la premisa de reducir el riesgo asociado a la deuda, por el mecanismo de distribuirla y volverla a amasar. Pero la historia nos demuestra que, lejos de reducir el riesgo, fueron una invitación a asumir mayores riesgos distribuyendo activos tóxicos por todo el planeta que, a la postre, nadie sabía qué contenían. Por ponerlo gráficamente, cogían un grupo de hipotecas, algunas buenas (de personas con una elevada probabilidad de afrontar su pago) y otras malas, de gente que ya llevaba varios meses de retraso en el pago y que con gran probabilidad acabarían fallando. Ese grupo de hipotecas era empaquetado y hecho cachitos. Con esos cachitos se componía otro paquete que, a su vez, era otra vez troceado y vuelto a componer con otros trozos en otro paquete… hasta que la imposibilidad de saber realmente de qué estaba compuesto era absoluta (pero se seguían vendiendo y, por lo tanto, comprando).

El argumento subyacente es que, al hacer un batiburrillo de hipotecas, reducimos el riesgo total porque, aunque una falle, el resto siguen pagando sus letras y compensan al acreedor. Suena imbécil y es que lo es, porque barajar las cartas no hace que cambie el número de bastos. Trata el impago de una hipoteca como un acontecimiento puntual, completamente descorrelacionado con otro vecino que también deje de pagar la suya. Pero esto es obviamente falso, porque pueden darse circunstancias que haga que el vecino A impague, Y el vecino B también impague. Por ejemplo, un repunte del paro debido a una recesión. Y frente a un deterioro generalizado de la capacidad de pago de las familias y la consecuente subida de la tasa de mora, barajar las cartas no sirve de nada. Quod erat demostrandum.

La película es densita, así que vamos a intentar explicar un poco los tecnicismos empleados, de lo que creo que he logrado entender, de forma chafalleira pero procurando que más o menos se pille el concepto, que decía Manquiña (porque realmente, con la explicación rigurosa yo el primero que no me entero de nada):

– Short: Es el título de la peli, en castellano se traduce por “corto”, “ponerse corto” o “estar corto” en un activo. Significa una apuesta a la baja sobre la cotización de ese activo. Explico un poco mejor: si compras un determinado título, por ejemplo, un ETF sobre el IBEX35, es porque esperas que el IBEX35 se revalorice. Quien dice un ETF, dice unas acciones de Timofónica o lo que sea. En este caso, se diría que “estás largo” sobre el IBEX35, o Timofónica, o… es decir, es una apuesta a que la cotización de las acciones de Timofónica van a subir (si no, no comprarías, a no ser que seas tonto o masoquista). Si suben, ganas la diferencia. Si bajan, pierdes. Pues bien, también se pueden hacer apuestas a la baja, lo que se conoce como “abrir cortos”. En este caso, apuestas a que la cotización de Timofónica va a bajar y, si realmente, baja, ganas dinero. Pero si sube, lo pierdes.

Suelen ser apuestas muy arriesgadas porque para mantenerlas, cuando el subyacente sube, hay que aportar nuevas garantías para seguir cubriendo esa posición bajista, así que puedes perder hasta la camisa. Además, son apuestas que se suelen hacer apalancadas, así que una subida multiplica las pérdidas hasta no poder aguantarlas (no contar con activos para poder seguir manteniendo tu apuesta), momento en el cual el banco cierra tu posición, ejecuta las garantías, y el inversor lo pierde todo. Ahora comprenderéis por qué era considerado una chifladura apostar a que se hundiría un mercado como el inmobiliario, que durante las últimas décadas no había hecho otra cosa más que crecer. De hecho, aunque finalmente hubieran tenido razón, si el mercado se hubiera mantenido alcista por más tiempo, no habrían podido aguantar la apuesta y lo hubieran perdido todo. Sin duda, era una apuesta increíblemente arriesgada, y había que estar muy seguro de su análisis del mercado inmobiliario (no sólo que había una burbuja, sino que su pinchazo era inminente) o rematadamente loco, o más bien ambas cosas, para arriesgarse.

Securitization: titulización, en castellano. Consiste en convertir cualquier tipo de activo (generalmente, una deuda) en un producto financiero que se pueda comprar y vender en los mercados. Por ejemplo, la hipoteca de tu casa (que es una deuda para ti, pero es un activo para el banco, la obligación que has asumido de pasarle mensualmente una cantidad de dinero) se junta con otras y se crea un MBS (Mortgage-Backed Security) o RMBS (Residential Mortgage-Backed Security) si todas las hipotecas son sobre viviendas. Tu banco, si cree que le interesa, puede vender ese derecho de cobro a un tercero (otro banco de inversión…). Lo que pagues, irá a ese tercero pero, si dejas de pagar, el que se jode es también ese comprador que no ve el dinero.

Un ejemplo de titulización muy conocido es el Déficit de Tarifa: los españoles hemos contraído una deuda con las eléctricas, la diferencia entre lo que pagábamos de recibo y lo que las eléctricas creían que debían recibir. Esa diferencia o déficit de tarifa está avalada por el Estado. Las eléctricas, como necesitaban convertir ese activo en efectivo para acometer inversiones, con el permiso del Estado titulizaron esa deuda (compromiso de pago de todos los españoles) y los vendieron en los mercados a los inversores internacionales. Así, las eléctricas se quitan ese riesgo de su balance a cambio de perder un poco, y otros inversores les pagan en efectivo, a cambio de un extra de rentabilidad.

CDO (Collateralized Debt Obligation): A ver si lo he entendido bien. Una vez que ya tenemos las hipotecas (o cualquier otro tipo de deuda) empaquetadas (titulizadas) en forma de MBS, construimos respecto de ellos otro engendro, por lo general altamente apalancado, por el cual se cede a un tercero el derecho a cobro de ese MBS. Es decir, se cede a una cuarta persona, tras el banco con el que firmas y el inversor a quien éste el vende el MBS, el flujo de dinero que esa hipoteca produzca. Vale, esto ya sé que parece el juego de las matrioskas, pero aún es peor. Porque no se crea un CDO a partir de una MBS, sino que el MBS se trocea en lonchas (tranches) y, con las peores, y las peores de otros MBSs, se contruye el CDO. En principio para darle una seguridad que no tienen sus constituyentes. Vale, ahora suena estúpido, pero si tiráis de hemeroteca todos los grandes organismos defendían el final de los tiempos y que gracias a esta ingeniería financiera se había solucionado el problema del riesgo asociado a la deuda y nunca más se repetirían eventos catastróficos por defaults en la deuda…

El inefable Rodrigo Rato (el mismo que creó el déficit de tarifa, por cierto), desde el trono del FMI, pontificaba aún en Septiembre del 2007:

“Gracias a la innovación en el sector de los productos de crédito estructurados, los operadores han podido diversificar mejor el riesgo y abaratar el crédito internacional, proporcionando un poderoso estímulo al crecimiento mundial.”

Un completo cretino, un monigote que cantaba la melodía que le presentaba la industria bancaria. Ahora sabemos que estos productos de lo que sirvieron es para incurrir en mayores riesgos, en invisibilizarlos y, finalmente, en diseminarlos por toda la economía mundial. Las consecuencias de la desregulación promovida desde el FMI durante su mandato han repartido dolor entre millones de personas en todo el mundo. Igual que el nauseabundo Aznar preguntado por las armas de destrucción masiva en Iraq, cómo iba él a suponer nada; pues por eso mismo no se puede poner a un individuo con insuficiente formación, una capacidad intelectual limitada y una estatura moral muy por debajo de la fisiológica (y mira que ambos son unos retacos) a los mandos de un país o de la más poderosa organización económica.

Pero eso no es todo. Como comentaba, estos productos estaban fuertemente apalancados. En un momento de la película, uno de los inversores comenta que por encima del 8% de mora, el CDO entraría en default, pasando a valer cero. Esto es una consecuencia directa de ese apalancamiento, el cual exige que todas las hipotecas paguen religiosamente. Si el apalancamiento es de 1:10, de un paquete de 100 hipotecas, con sólo una que deje de pagar, implica que el propietario del CDO recibirá un cupón reducido en el 10%. Obviamente, si de esos 100 hipotecados, 10 dejan de pagar las letras y dejan las llaves en la puerta (muy importante este detalle, en USA entregada la garantía, saldada la deuda, con lo que la depreciación del bien en el caso de un mercado bajista se la come el banco), ese CDO rentará $0 y, por lo tanto, no valdrá nada. Y recordemos que estaban construidos mezclando un 20% de hipotecas buenas (AAA y AA) con un 80% de mierda (BBB para abajo, supongo que con estas calificaciones ya estáis familiarizados, especialmente después de que las tres calificadoras empezaran a bajar el rating de la deuda española y la prima de riesgo abría los telediarios).

Por si aún no estáis suficientemente horrorizados (realmente, es una película de terror, y lo que vino a continuación fue terrible para muchas personas y lo sigue siendo), aún podría ser peor. Sobre estos CDOs que ya nadie sabía a qué hipotecas hacían referencia, se construyeron a su vez otros CDOs, que es lo que se conoce como CDO-squared o synthetic-CDO, aún más apalancados. Los bancos de inversión fabricaban estas bombas de relojería, y las ponían en circulación en los mercados. De hecho, se vendían como rosquillas (más bien, como semillas de tulipán) pues a pesar de que nadie tenía ni remota idea de cuáles eran los fundamentales del subyacente, aquello daba una jugosa rentabilidad y no hacía más que subir. Por otra parte, las agencias de rating las bendecían con la AAA ¿qué podía salir mal?

Nota: Una calificación de AAA significa que la calificadora da una probabilidad de impago de esa deuda de un cero, una coma, una burrada de ceros y, al final de todo, un uno. Una deuda calificada con AAA no es segura, es segurísima, hipersegura. Habría que vivir miles de millones de años para ver que una emisión calificada con AAA suspendiera pagos. Según ellos, que saben mucho de economía. Bueno, el hecho es que unos meses más tarde, el 80% de todos los CDOs sobre hipotecas habían entrado en default.

SWAP: Para explicar lo que es un CDS, antes debo explicar lo que es un SWAP. Y me veo en un aprieto, porque tengo una noción vaga pero no sé cómo definirlo. Digamos que un SWAP es un tipo de acuerdo, de contrato, mediante el cual una parte asegura a la otra unas condiciones económicas. Vale, ni yo mismo lo entiendo, así que procedamos con un ejemplo: imaginemos que tenéis una empresa con una filial en Marruecos. Las ventas de vuestra filial serán, claro está, en dirhams. Pero quizá vosotros no queráis asumir el riesgo de que la cotización del dirham respecto del euro caiga, y se os esfume el beneficio. Vosotros queréis concentraros en vuestro negocio y no andar pendientes del ForEx (mercado de divisas), así que vais a un banco a negociar un SWAP sobre el dirham que os cubra del riesgo divisa.

Según el condicionado del contrato, si a la fecha en que queráis repatriar los beneficios el dirham está más bajo de un determinado valor, el banco os cubre la diferencia. No sé si os percatáis, pero en realidad estáis apostando contra el banco, a que ese acontecimiento va o no a ocurrir (que el dirham se deprecie por debajo de un determinado valor). No deja de ser un Casino muy sofisticado. El banco asume el riesgo y acepta la apuesta, con un coste. Si tomas ese SWAP es porque crees que el dirham sí que va a bajar de ese valor (más la tasa del banco). Si el banco acepta la apuesta, es porque considera que es más probable que no baje. El día fijado, habrá un ganador y un perdedor. Le estás echando un pulso al banco, ambos analizáis la situación y negociáis el SWAP (evidentemente, tú intentarás fijar una cotización del dirham muy alta, para que el SWAP se ejecute muy arriba, y viceversa, el banco querrá poner una cotización que sea muy remota a la que llegue, o te querrá cobrar unas tasas muy altas si cree que el trato es demasiado favorable para ti).

En el fondo, la idea no es mala y sirve a las empresas para protegerse de un entorno inesperado, como variaciones abruptas en el mercado de divisas, de tipos de interés o de materias primas. La cuestión es que las más de las veces, se usan como apuesta puramente especulativa. Es decir, no tienes una empresa ni nada que se le parezca en Marruecos, no tienes nada que cubrir, simplemente por la razón que sea quieres apostar sobre su moneda. Si crees que eres más listo que la banca, que sabes más que ella, le puedes echar un pulso.

Nada que decir, tratándose de inversores profesionales. Son dos partes que estudian las circunstancias económicas y negocian las cláusulas de ese SWAP. Lo jodido viene cuando los bancos ofrecen a clientes particulares firmar un SWAP sobre tipos de interés, como ha ocurrido (el acontecimiento que desencadena el SWAP se refiere al EURIBOR u otro índice, como medio para proteger al hipotecado de una subida de tipos). Claro, la capacidad de un cliente común no ya de negociar, sino de comprender el condicionado de un SWAP es… pues eso, el banco impone unas condiciones completamente desequilibradas a su favor y eso acaba siendo una merienda de negros. No olvidemos que un SWAP no deja de ser una apuesta, y estás apostando contra el banco, y aceptando las condiciones que te ponga sin negociarlas (porque no las entiendes, para empezar). Es tan absurdo como si yo reto a Michael Jordan a un concurso de mates. Por eso, cuando me enteré que había bancos que estaban obligando a clientes a firmar SWAPS sobre tipos de interés, me eché las manos a la cabeza. A ver, a mí me ofrece un banco un SWAP y salgo corriendo como alma que sigue el diablo. Porque yo sé muchísimo: sé que no sé lo que es un SWAP (lo de aquí es una explicación charramangueira), y sé que no tengo ni de lejos los conocimientos suficientes para comprender el articulado de un SWAP, ni mucho menos otorgar probabilidades a los distintos acontecimientos, para saber si es ventajoso para mí o, lo más seguro, que no.

Si ya hay algunos depósitos estructurados que parece que los ha diseñado el mismísimo Lucifer, y no dejan de ser depósitos… ¿cómo va nadie a firmar un SWAP sin llevar un pelotón de abogados y economistas detrás?

CDS (Credit Default Swap): Explicado (daquela maneira) lo que es un SWAP, un CDS es mucho más fácil. Es un tipo de SWAP en el que el disparador es que un bono (u otro tipo de deuda, como un MBS o un CDO) haga default. Dicho de otra forma, es un seguro que te protege de ese acontecimiento, y por el cual pagas al emisor (el banco o la aseguradora) una prima. Por supuesto, está titulizado y, por lo tanto, luego puedes revenderlo, etc. Se trata de otra apuesta, porque muy probablemente ni siquiera tengas el bono al que hace referencia. Y lo que aquí nos interesa: es una apuesta en corto sobre esa empresa, porque estás apostando a que la empresa que emite ese bono irá al tacho (y, por lo tanto, impagará su deuda y, por lo tanto, se disparará el SWAP).

Explico un poco más esto. Imaginad que vais a Camerún, e intentáis vender un seguro que cubre los daños ocasionados por el granizo en el vehículo del propietario. Tus clientes te miran diciendo ¿granizo? ¿lo cualo? ¿De qué sirve tal seguro en Camerún? De nada, porque nunca jamás ha granizado. ¿Cuánto vale, pues? Nada, porque las probabilidades del acontecimiento que dispare la cláusula del seguro que permite el cobro son nulas. Ahora, imaginad ir a vender ese seguro en un pueblo de Albacete, en el mismo momento en que está cayendo un granizo como puños. Como la probabilidad del acontecimiento es 1 (es seguro que va a granizar, porque de hecho está ya granizando), el precio del seguro será igual al principal, en este caso, los daños en el coche. Es decir, según se incrementa la percepción de la probabilidad del suceso de disparo del seguro, se incrementa su valor. Y es precisamente el mecanismo que usaron los protagonistas de la película: compraron CDSs, es decir, seguros de impago referenciados a hipotecas. En otras palabras, se pusieron cortos sobre el mercado inmobiliario, esto es, apostaron a que la burbuja explotaría, la gente dejaría de pagar sus hipotecas al ver que el valor de la casa era menor que la deuda viva (las llaves en la puerta), aumentando el stock de vivienda vacía y retroalimentando el monstruo. Según el mercado se fue percatando de la inminencia del fin de la burbuja, todo el mundo quiso protegerse de la mora en el mercado hipotecario y la cotización de esos CDSs se disparó: estaba granizando en Camerún.

Una maniobra genial, vista en perspectiva, pero en su momento sólo un puñado de inversores extremadamente lúcidos y temerarios se atrevieron a apostar en contra del consenso prácticamente unánime de todos los popes de la economía que pontificaban que todo estaba bien y que la vivienda seguiría revalorizándose eternamente. Vamos, que habían superado la maldición que lanzó Marx sobre el límite de la tasa de acumulación. Creían que habían encontrado el móvil perpetuo, y así lo enseñaban en las cátedras de economía de las universidades más prestigiosas.

Las consecuencias ya son historia, los NINJA dejaron de pagar las hipotecas, y todo el castillo de naipes que se había montado sobre ellas (MBS, CDO, synthetic-CDO…) entró en default. Toda institución que los tenía en su balance tuvo que anotarlos como pérdida, abriéndole un boquete en su contabilidad. Y como habíamos dicho, en los años precedentes habían sido el juguete de instituciones financieras de todo el mundo, daban rentabilidad a un (presuntamente) bajo riesgo, así que todos habían pringado como estúpidos comprándolas. Eso hizo correr la crisis como la pólvora por el sector financiero mundial, que por un momento estuvo a punto de hincar la rodilla en tierra. Además, se inició una reacción en cadena, cayendo las entidades hipotecarias (Fannie Mae y Freddie Mac tuvieron que ser nacionalizadas), de las aseguradores que habían emitido CDS sobre la deuda de las entidades quebradas (AIG, la mayor aseguradora del mundo, también tuvo que ser nacionalizada), y ahora no podían afrontar el pago de esos seguros que sus clientes habían contratado, los bancos de inversión que habían invertido en activos que se estaban devaluando a la velocidad del rayo lo que les conducía inexorablemente a la quiebra técnica…

Tuvo que ser el Estado usamericano (papá-Estado, que aún sigue diciendo algún cretino) el que, con su infinita potencia de fuego, estableciera un cortafuegos, rescatara a las ya irrecuperables y dotara de una barra libre ilimitada de liquidez a las grandes empresas (no sólo gringas, también europeas y no sólo en el sector financiero) para frenar la reacción en cadena. Pero como se suele decir, eso ya, es otra historia.

Que disfrutéis de la peli. 😉

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25 noviembre 2016

El esperpento

Filed under: economía — Mendigo @ 20:05

Normalmente suelo centrarme en el cúmulo de imbecilidades características de la progresía. Debe ser porque cada uno debe procurar mantener limpia su casa y la ajena le importa un bledo. De la derecha directamente paso, por considerar que no tiene remedio. Pero hay cosas que ya claman al cielo.

Veamos.

Los republicanos usamericanos llevan dando la turra durante años con el insostenible endeudamiento público, reclamando políticas de austeridad que cuadrasen gastos e ingresos, reducción del estado y todo eso. La deuda es su gran Behemot, y a cuenta de ella se han comportado como verdaderos hooligans negándose a ampliar el techo del gasto, con negociaciones al límite en el Congreso para que la mayor economía del mundo pudiera pagar las nóminas. De hecho, durante días estuvieron cerrados museos, bibliotecas y otros organismos federales hasta que un acuerdo en la Cámara de Representantes permitió desbloquear las partidas para pagar su reapertura.

Y mucho ojito, porque realmente USA sí que tiene un problema con la deuda, y lo que menos debe hacer nadie en esas circunstancias es sembrar dudas acerca de su capacidad para hacerla frente. El espectáculo montado por los neocon, esos patriotas, estaba exponiendo peligrosamente a la economía gringa en la mira de los mercados financieros. De hecho, puede ser una profecía autocumplida, porque sembrando la duda sobre una deuda, hace incrementar su coste, lo cual la mete en la espiral de la insostenibilidad.

Y después de todo ese esperpento, gana contra pronóstico un candidato republicano, y su programa electoral se basa en reducción de impuestos (especialmente el impuesto de sociedades y el de la renta a las grandes fortunas, al reducir su tramo más alto) junto con una enorme licitación de obra pública y aumento del presupuesto militar. Vamos, una política fiscal expansiva de libro.

A mí se me queda cara tonto, con cómo es posible que haya gente con la cara tan dura (como aquí el PP, cuando se movilizaba contra la subida del IVA de ZP, y luego, dos tazas).

Vamos a ver, yo entiendo que se pueda ser discípulo de Keynes, de Hayek, de Kalecki o de Friedman. Cada uno que razone como mejor pueda y sepa, y exponga sus tesis. Pero con honor. Lo que no se puede es sostener una postura, hacerlo con celo fundamentalista, y cuando cambian las tornas darle la vuelta a tu discurso, como si fuera un calcetín.

Sigo sin entender cómo hay quien puede vivir sin honor, sin palabra.

Pues nada, ahora tendremos que ver cómo la mayoría republicana en el Congreso acepta, ahora sí, ampliar el techo de deuda una y otra vez a un ritmo sin precedentes (si el cretino de Trump cumple siquiera parte de lo prometido).

Al final, el mundo es un esperpento, en el que los mayores infames festejan sus disparates.

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Por cierto, si echáis un vistazo a los mercados de renta fija mundiales, parece que hemos entrado en un cambio de ciclo. De hecho, ya tardaba en reventar la burbuja de bonos. La subida de las rentabilidades va a pillar a muchas economías (públicas, privadas y familiares) con el pie cambiado. Es decir, atiborradas de deuda en la época de bonanza.

A partir de ahora, los vencimientos de deuda empezarán a caer como las piezas del Tetris, cada vez más rápido y sin saber dónde coño colocarlo (refinanciarlo). Y poco a poco ahogándose hasta el GAME OVER final.

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