La mirada del mendigo

21 julio 2020

Impuesto de sociedades en Estonia

Filed under: Economía — Nadir @ 13:14

En los últimos días, ha vuelto a la actualidad la diferente imposición a las empresas de los países de la UE, saliendo los casos de piratería fiscal de Irlanda (Double Irish) y Países Bajos (Dutch Sandwich), y a veces otros territorios fiscalmente “peculiares” como Luxemburgo, Malta o Chipre.

Quiero en el inciso dejar constancia que considero absolutamente normal la exigencia de los países que apoquinan de vigilar el destino de esa enorme suma de dinero (lo que es absolutamente inaceptable es que pretendan condicionar las políticas de los países receptores, muy en concreto la política laboral). La main qui donne est au-dessus de celle qui reçoit, y si queremos permitirnos la soberbia otra vez mejor llegar como ricos a la mesa de negociación, pero tampoco da derecho a todo.

Pero como decía, me parece no sólo lógico, sino provechoso para el receptor, la inspección del destino de esos fondos, habida cuenta de lo aburrido que estoy de ver letreros de obras estúpidas y/o fraudulentas subvencionadas con fondos de la UE. A España, y muy especialmente al rural (fondos FEDER, un nombre muy apropiado), se le ha regado con una inmensidad de dinero que ha ido a parar a los bolsillos de constructores y otras empresas de servicios en buenas relaciones con la administración de turno, generalmente ayuntamientos. Es inconcebible que se permita a alcaldes y concejales, sin capacitación ni para hacer la lista de la compra en el supermercado, gestionar presupuestos millonarios. Más fondos sólo significarán más corrupción y más obras inútiles (como el malhadado Plan E).

Por cierto, si me preguntáis, en mi opinión no sólo las diputaciones, también los ayuntamientos deberían ser disueltos para crear una administración única de nivel nacional. Considerando como nación, en mi caso, el territorio del antiguo Reino de León, esto es, aproximadamente las CCAA de Galicia y Asturias, más las provincias de León, Zamora, Salamanca y Norte de Cáceres, una de las cuatro partes en las que considero España debería ser dividida para mejor autogobernarse sus pueblos (las otras serían Castilla con sus conquistas más allá de Sierra Morena, el antiguo Reino de Navarra y el antiguo Reino de Aragón, entidades sociológicas más homogéneas que el pastiche llamado España).

Pero bueno, no nos vayamos por las ramas. Sólo quería comentar mi modelo de Estado para soliviantar los ánimos de algún españolista, pero aquí he venido a hablar del modelo estonio. Últimamente me estoy fijando en este país báltico, muy ligado a Finlandia además de geográficamente (Tallin y Helsinki están frente a frente, separadas por un brazo de agua de poco más de 50km), por cultura (ambos son pueblos de lengua ugrofinesa) y, entre otras cosas, por encabezar las encuestas de nivel educativo en Europa. Y, tras los experimentos educativos finlandeses, con Estonia en primera posición. No está mal para un pequeño país en un rinconcito de la UE que partía en el momento de su unión con un PIB realmente bajo (que está creciendo a buen ritmo). Cuanto más leo sobre él, más me está gustando el camino que lleva (por ejemplo, ha acometido una completa informatización de su burocracia, permitiendo que sea extremadamente ágil y eficiente), y me parece que ya sé cuál va a ser el destino de mi próximo viaje grande.

Ya está bien de rodeos. La particularidad fiscal de Estonia es que su impuesto de sociedades grava sólo los beneficios distribuidos. Explicamos un poco el tema. Los beneficios de una empresa, lo que ingresa menos lo que gasta para lograr esos ingresos, se pueden diferenciar entre:
– distribuidos [a sus propietarios] (en forma de dividendos, recompra de acciones, reducciones de capital…).
– no distribuidos, beneficios que permanecen en la empresa para capitalizarla y permitir su crecimiento (por ejemplo, comprando nuevas máquinas para aumentar su capacidad productiva y/o su eficiencia).

La peculiaridad de la fiscalidad estonia es que no grava el dinero que permanece en la empresa, y sólo lo hace (al 20%) del dinero que sale de la empresa para retribuir a sus propietarios (accionistas u otras formas de propiedad). La hacienda estonia no es tonta, y también incluye aquí todo elemento no relacionado con la producción, por ejemplo que el jefe se compre un coche y lo pretenda poner a nombre de la empresa. También las transferencias de precios por las cuales estamos aburridos de escuchar cómo las grandes tecnológicas como Google o Apple pagan verdadera calderilla en España, llevándose el grueso de sus impuestos a Irlanda y, de ahí, a paraísos fiscales.

Esta idea me había pasado por la cabeza, y surge de considerar a la empresa como un bien social en vez de la propiedad privada de uno o un grupo de propietarios. Y es para bien de todos los trabajadores y de la sociedad en su conjunto que la empresa prospere. Por eso, me parece interesante la idea de no gravar a las empresas mientras el beneficio revierta en ella misma, en esa labor social. Cuando el beneficio se convierta en lucro privado, entonces sí, es cuando debe ser tasado.

Esta idea plantea ventajas y, sin duda, problemas. Una de las ventajas es que la fiscalidad es mucho más sencilla y directa. Veréis, en una empresa, determinar el beneficio no es un cálculo aritmético que conduce a una solución unívoca. Todas las empresas, todas, emplean en mayor o menor medida la flexibilidad que permite el sistema contable para abultar los beneficios (cuando quieren ponerse guapos, por ejemplo, a la hora de pedir créditos, emitir deuda o salir a bolsa) o reducirlos (para pagar un menor impuesto de sociedades). La contabilidad es una ciencia exacta: dice exactamente lo que quiere el jefe. 🙂 En cambio, con este cambio de criterio, es mucho más sencillo, menos sujeto a interpretaciones sobre amortizaciones y devengos, la determinación de la base imponible. Todo flujo de caja no relacionado con actividades de producción, tracatrá. Que esa es otra de las ideas que siempre he tenido en la cabeza, fiscalizar los flujos de caja, no los beneficios, especialmente en una economía en la que haya desaparecido el dinero físico.

¿Inconvenientes? El principal, una caída en la recaudación. Aquellas empresas que no repartan beneficios en ninguna forma, no pagarían ni un duro. En realidad, es una “inversión” que hace el Estado en su propio beneficio, porque es inteligente dejar que una empresa pequeña crezca, sin sangrarla con impuestos, para luego pasar el cazo cuando se haya hecho grande y genere muchos más beneficios.

Claro, el propietario puede permitirse no repartir dividendos (y habría que tener mucho cuidado con los sueldos que se autoadjudica), pero se hace con la propiedad de una compañía cada vez más grande. Para corregir esta tendencia (la acumulación capitalista de capital, vaya) habría que introducir lo que desde este blog tanto se ha propuesto: que poco a poco la compañía vaya pasando a manos de los trabajadores y el Estado, al pagar parte de los salarios/impuestos obligatoriamente en forma de participaciones en la empresa. Con toda la gradualidad que sea necesaria para no hacer saltar las alarmas y que los tanques de El Goloso bajen por la Castellana (para eso están esos carros, no lo dudéis, no porque se espere ninguna invasión de un ejército extranjero). Y también para que los trabajadores vayan fogueándose en las labores de cogestión, pues supone un cambio de mentalidad para el cual en muchos casos no están preparados.

Un gran beneficio, por otra parte, sería contar con empresas mejor capitalizadas, capaces de producir crecimiento orgánico sin la necesidad viciosa del crédito (lo cual, por otra parte, no le gustaría a la banca). Este es un mal característico, por cierto, de las empresas europeas. Y su peor manifestación es una enfermedad muy característica de las grandes empresas españolas: endeudarse para crecer y así disimular la falta de rentabilidad del proyecto empresarial. A veces funciona, y con el tamaño se recupera la rentabilidad. A Tesla parece que le ha funcionado (aunque hay quien maliciosamente llama a su jefe Enron Musk, el tiempo dirá), pero desde luego no a Telefónica, Abengoa, Santander, Ferrovial…

En la otra cara de la moneda, una excesiva acumulación de capital podría provocar que las empresas tuvieran una estructura de capital ineficiente. El apalancamiento, en su justa medida, también es saludable para potenciar el crecimiento de la empresa. Y tener capital aparcado no lo optimiza. Sin embargo, no parece que éste sea un problema en el ecosistema empresarial estonio (y sí en el japonés, por otras causas históricas, véase la recesión de balance, susto del cual aún no se han recuperado).

Bueno, quería presentaros la idea. ¿Qué os parece? ¿Una iniciativa interesante? Yo sé bien que algo así jamás podría prosperar en un impaís tan inmovilista como España, con una inercia burocrática enorme, pero acaso sí en los territorios resultantes de una desmembración de ese matrimonio de Estado entre las coronas de Castilla y Aragón.

+

Y para quien todo esto le importe tres carajos, al menos que no se vaya de aquí de vacío.

+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+

22 abril 2020

De oro negro a mierda negra

Filed under: Economía — Nadir @ 0:17

Hace tiempo que no escribo porque gasto un humor de perros por estar enjaulado como un idem y no tengo gran cosa que aportar más allá de mi mal humor. Pero hoy hemos tenido una noticia de lo más cachonda que quería comentar: el petróleo ha caído tanto que ha entrado en territorio negativo. Vamos, que te pagaban para que te llevases a tu casa unos barriles de mierda negra. La demanda ha caído tanto, que ya no se sabe dónde meter la producción, con las reservas estratégicas casi repletas y usándose petroleros como tanques de almacenamiento (lo cual impide la exportación, porque no puedes llenar unos tanques que ya están llenos y que, de todas formas, ya nadie quiere porque todos los países han aprovechado los bajos precios para llenar sus reservas).

Pero no es talmente así, que el petróleo haya tocado terreno negativo. Es cierto que el precio del petróleo se ha derrumbado, especialmente el WTI que es el marcador en Norteamérica (el Brent, la referencia en Europa, está un poco más alto), pero el precio spot (al contado) sigue en positivo. Lo que entró en territorio negativo fue el precio de los futuros del petróleo, en concreto el contrato de Mayo sobre el WTI. Y para eso, y sabiendo el heterogéneo nivel económico entre los que frecuentáis este espacio, intentaré explicar de forma llana y en la medida de mis posibilidades qué es eso de los futuros, en concreto los futuros sobre materias primas (hay futuros sobre índices, divisas, tipos de interés y si me apuras hasta el resultado del próximo derby en Sevilla).

Imaginemos que tienes una fábrica de galletas y tu principal ingrediente es el harina de trigo. Puedes acudir al mercado diario (spot) a comprar ese trigo, pero eso te genera un riesgo: si el precio del trigo baja, aumentas tu margen de beneficios, pero si éste sube, puedes entrar en pérdidas. Si no quieres o puedes correr con ese riesgo, puedes preferir ir al mercado de futuros y atar el precio al que vas a adquirir ese trigo el mes que viene. Un contrato de futuro de una commodity te da el derecho (y ojo, la obligación) de adquirir tal cantidad de materia prima de calidad normalizada (trigo tipo tal) en un punto de suministro establecido, a un precio fijado.

En principio, hasta aquí, todo tiene más o menos sentido, ¿no?

La cuestión es que este contrato, este derecho de compra a tal precio, se puede a su vez vender a un tercero. ¿Por qué? Porque si tú tienes un papel (es un decir, todo este mercado hace tiempo que está informatizado) que dice que tienes derecho a comprar en Septiembre un bushel de trigo a 500$, y hay un fondo de inversión que paga a unos meteorólogos y agrónomos de la hostia que predicen que este año habrá una mala cosecha y los precios subirán, puede adquirir ese contrato a 500$ y esperar que esas predicciones se cumplan y venderlo por mucho más (ante la escasez el trigo se encarecerá).

¿Y qué pasa? Pues que un contrato de futuro pasa en su corta vida (normalmente, unos meses, desde su emisión a su vencimiento, esto es, cuando se ejecuta y se reciben los bushels de grano) por cientos o miles de manos, la mayoría de las cuales no tienen ningún interés en poseer ese trigo físicamente. Es un contrato más con el que especulan. Iba a decir que les importa un cojón que el subyacente sea trigo o cobre, pero no es cierto, o no lo es en todos los casos. Hay grandes fondos de inversión que contratan a la gente que más sabe de un sector en concreto para sacar partido de sus ineficiencias, como por ejemplo en el caso de esa mala cosecha que aún no está reflejada en el precio. Otros, efectivamente, ven tendencias en las gráficas como quiromantes el hado en los posos de café, y les da igual que eso sea un futuro sobre el trigo, un paquete de hipotecas a ninjas o el encefalograma de un marsupial: la cuestión es tener algo sobre lo que apostar. La mayoría de las veces, la línea entre los primeros y los segundos es difusa.

¿Y qué hacen según el contrato de futuro se acerca al vencimiento? Largarlo. Venderlo a alguien que sí que tenga interés en adquirir ese trigo físico y, generalmente, comprar el mismo contrato pero con el siguiente vencimiento (lo que en jerga se conoce como roll over), anotándose la diferencia con la compra como beneficio o pérdida.

Bueno, pues vamos a dejar el trigo y vamos al petróleo. ¿Qué ha ocurrido? Que debido a la caída de la demanda y al escaso entendimiento entre rusos y árabes, el precio del crudo caía y caía. Desprenderse de ese contrato implicaba anotarse fuertes pérdidas (porque lo habías comprado antes de la extensión del coronavirus por todo el mundo), así que lo aguantaron en las manos todo lo que pudieron. Era un contrato de vencimiento en Mayo, pero cuya fecha límite para venderlo es este mes (creo que el último viernes del mes, pero no estoy muy seguro). Esto quiere decir que como llegue el Viernes 24 y tengas aún ese papelito en tus manos, tienes el derecho y la obligación de ir a recoger 1.000 barriles de petróleo (como poco, los contratos se negocian de mil en mil) en la terminal de carga de un sitio en Oklahoma en mitad de la nada. ¿Pero para qué coño quiere un trader de Londres, que en su vida se ha manchado las manos, 1.000 barriles de una sustancia viscosa y maloliente en el coño del mundo? Eso genera costes de transporte, almacenamiento… a gente que en su vida había pensado en ser propietarios de petróleo físico, que no tenían ni puta idea de qué pasos tomar para ir a recogerlo y menos de qué hacer luego con él. Total, que se vieron con el agua al cuello y se desprendieron de esos papeles al precio que fuera, aunque fuera pagando por quitárselos de encima. Y, de esta forma, vimos yo creo que por primera vez el mercado de futuros del petróleo (y de cualquier materia prima) en negativo. El antaño oro negro era considerado como mierda negra de la cual los inversores se esforzaban por desprenderse, pagando por el favor de que alguien cargase con ella.

Curiosa imagen para los discípulos de San Juan el Evangelista, que llevan décadas dando la turra con que el petróleo se acaba y se avecina una era de escasez energética. Pues ahora no hay almacenamientos en el mundo donde meterlo, ni se puede bajar tanto la producción como para impedir la sobreoferta. Sí, los del carallovirus es una circunstancia excepcional (pero no insospechada), pero meses antes de que se expandiera por Wuhan ya teníamos un mercado petrolero saturado.

N.d.M: Si alguien tiene interés por profundizar en la cuestión, puede continuar con los siguientes artículos de la Wiki:
Contango
Backwardation

+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+

12 marzo 2020

Fragilidad

Filed under: Economía — Nadir @ 1:13

+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+

16 febrero 2020

El yin y el yang

Filed under: Economía — Nadir @ 13:15

Retomo el hábito de escribir para seguir desarrollando la excepcionalidad china, y en concreto su relación simbiótica con los USA (y, en menor medida, el resto de economías) en lo que podríamos considerar como las dos caras de una misma moneda.

En pasadas entradas hemos explicado cómo sería imposible que China se deshiciera rápidamente de sus reservas en deuda gringa para castigar a Trump por su guerra arancelaria, tal y como proponía algún periodista económico desnortado. Y en otra, hemos procurado explicar el círculo virtuoso por el cual China genera deuda que llega hasta las grandes empresas que salen por el mundo adelante dispuestas a comprar activos (empresas, infraestructura, suelo…) clave para sobre los cuales construir un mayor crecimiento y prosperidad, mientras que el precio a pagar por ese aumento de deuda, la depreciación del renminbi, es en realidad un efecto deseado para compensar la tendencia natural a su apreciación dada su potencia exportadora, y así poder seguir manteniendo la competitividad de esa misma maquinaria exportadora.

Ahora quisiera completar el cuadro con el que es, quizá, el mecanismo prevalente y más sencillo: China financia el consumo gringo por la misma razón que la financiera de Renault, por poner un ejemplo, te ofrece las mejores condiciones si te compras uno de sus coches. Es un dinero de ida y vuelta, Renault te adelanta el dinero con el que pagar su coche. Aunque en el caso de la deuda pública, puede parecer curioso que sea el país pobre (cada vez menos) el que preste el dinero al rico (en principio).

Pero más allá del obvio interés en dar financiación a tu mejor cliente (que en cierta forma viene a ser darle cuerda para que él solito se ahorque), este masivo flujo de capital que China (y Japón, lo dicho para Catay sirve para Cipango) invierte en deuda americana cumple una función básica para ambas divisas: estabilizarlas. Antes hemos tocado de perfil el efecto que tiene la balanza comercial (en realidad, la balanza por cuenta corriente, de la cual aquélla suele ser el principal componente) sobre la divisa del país en cuestión. Un país exportador recibe un flujo neto de capital entrante, el cual tiende a subir la inflación y a revaluar la divisa (hay una presión compradora de ella en los mercados para adquirir los bienes transados en ella o repatriar los beneficios producto de ese comercio). Es igualmente válido su opuesto, un país con una balanza por cuenta corriente negativa (como es el caso de un importador neto) tiende a ver como su moneda se deprecia respecto a su proveedor. Es decir, que en ausencia de un mecanismo corrector, el dólar tendería a depreciarse contra el yuan y el yen.

Esta tendencia arruinaría tanto los planes de China (y Japón) de seguir siendo la fábrica del mundo, como la de USA de seguir siendo la gran superpotencia.

Un momento, voy a hacer un inciso que no quiero que nadie se pierda. La balanza comercial de un país, creo que hasta aquí llegamos todos, es la diferencia entre las exportaciones (productos y servicios vendidos, ojo que no son sólo bienes materiales, de hecho las exportaciones de economías como USA o UK son cada vez menos bienes materiales) y las importaciones (productos y servicios comprados). Pues bien, la balanza por cuenta corriente es es mismo concepto, pero ampliado a otros flujos de capital como las inversiones (capital que sale de un país a otro), los retornos de ese capital invertido (dividendos o beneficios empresariales repatriados), las remesas de expatriados o las donaciones.

Aclaraciones hechas, sigo. Un yuan demasiado fuerte minaría la competitividad de su industria exportadora, así que, de forma curiosa (cuántos países quisieran tener ese problema), un cometido principal de los dirigentes económicos chinos es adoptar políticas que debiliten el renminbi (es su nombre oficial, la moneda del pueblo, yuan es el término genérico en chino para la unidad, un yuan, dos yuanes… de renminbis). Por otra parte, un importador neto como USA quiere seguir teniendo un dólar fuerte que abarate las importaciones y así poder mantener el poder adquisitivo de la población (fuente de legitimidad del gobierno, curiosamente tanto usamericano como chino). En el caso del dólar, la importancia de mantener una divisa estable en su fortaleza es más importante si cabe pues es, y pretende que así lo siga siendo porque es vital para su condición de superpotencia, la divisa de referencia mundial. Y una condición que debe cumplir una divisa tal es su estabilidad, para servir de unidad de referencia y depósito de valor confiable.

Y una forma que tienen ambas potencias de cumplir al mismo tiempo ese objetivo común es por medio de la compra masiva de deuda gringa. El dinero que va en forma de bienes, vuelve en forma de deuda para equilibrar los flujos (lo cual estabiliza ambas divisas) y cerrar el ciclo. Dicho de otra forma, la principal mercancía exportada por USA es su deuda.

Llegados a este punto, es conveniente recordar a la principal economía exportadora del mundo: Alemania. Alemania no tiene necesidad de este mecanismo al haber abandonado el marco por el euro. De esta forma, sus empresas no pierden competitividad respecto a sus socios europeos que, además, son sus principales clientes y, respecto al resto, su potencia exportadora queda diluida por el carácter importador del resto de Europa.

Así que, ésta es la explicación de por qué China compra y sigue comprando (aunque va bajando el ritmo y diversificando su cartera, en su transición de fábrica del mundo a superpotencia en ciernes) deuda gringa, que le reporta un escaso beneficio, en vez de reinvertir sus beneficios en su misma economía, lo cual le produciría un retorno mayor (aún desacelerando, la economía china sigue creciendo a un ritmo epatante en comparación con el resto de economías desarrolladas). En realidad, ya lo hace y de qué forma, y una inversión mayor en su propia economía podría correr el riesgo de recalentarla y disparar la inflación (aún más). Así que es una necesidad sacar al menos parte de ese caudal de dinero entrante gracias a su actividad industrial del perímetro de su economía, y qué mejor forma que financiando la del entrañable enemigo gringo.

A mí, la pregunta que me surge es la sostenibilidad de este esquema. A corto plazo está balanceado y opera en beneficio de ambos, pero proyectado sobre el largo plazo crea unos desequilibrios que no son del agrado de ninguno. Por una parte los gringos le venden su alma a la amenaza oriental, por la otra China acumula en su caja fuerte una enorme cantidad de mierda que, cuanto más crece, menos vale y corre el riesgo de explotar. Como en otros equilibrios inestables, mientras la música no deje de sonar, no hay ningún problema.

+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+

18 enero 2020

Vasos comunicantes

Filed under: Economía — Nadir @ 2:43

Me parece interesante desarrollar una serie de relaciones entre variables económicas, no temáis que es muy sencillo, que creo van a determinar la dirección del mundo en las próximas décadas.

La clave es el nuevo modelo económico que se ha ido gestando en los últimos años, en el que las economías de los estados e incluso de los continentes están completamente interconectadas en forma de una única máquina económica de escala mundial: la globalización. Si normalmente se piensa en las cadenas de valor internacionales, donde un móvil es fabricado con piezas y materiales provenientes de medio mundo, el proceso unificador es aún más perfecto en la esfera financiera. Hoy en día los capitales se mueven de una punta al otra del orbe a la velocidad de la luz, sin apenas cortapisas. Esos flujos financieros pueden inundar una economía, sobrecalentándola (como le ocurrió a Brasil en los primeros años de este siglo) y, con igual brusquedad, revertirse y dejarla seca de financiación (en general, toda Latinoamérica con la abortada subida de tipos del dólar).

No quiero hacer aquí una execración del fenómeno globalizador. Por dos razones: primera, porque es un nuevo paradigma económico con unas consecuencias, como es de suponer en un sistema complejo, contradictorias. Por poner un ejemplo: la globalización ha sacado de la miseria a unos mil millones de personas en Asia, aunque también ha habido perdedores. La segunda, es que la interconexión íntima de las economías posibilitada por las tecnologías de la información es una nueva realidad que no tiene marcha atrás. El mundo nunca volverá a los sistemas económicos cuasi-estancos, puestos en relación por el comercio, de la misma forma que nunca volverán las calesas o las lámparas de aceite. Esto no es una película de buenos y malos, así que procuraré exponer un aspecto de este nuevo modelo económico hiperconectado.

A nadie le sonará a nuevo que vivimos una época de guerra de divisas larvada. Lo que era un pulso que los grandes centros de poder económico mantenían en un tono discreto, el cretino del Trump lo ha aireado a golpe de tuit. Voy pasito a pasito, que no quiero que nadie se pierda. Lo expondré con un ejemplo: si el euro se deprecia respecto al dólar, implica que los costes de producción en Europa bajan si los miramos desde el otro lado del charco. Es decir, la economía europea gana competitividad respecto a la usamericana y, por lo tanto, se incrementa la balanza comercial Europa-USA a favor de la primera. Por otra parte, el flujo de capital hacia Europa (el euro está sobrecomprado respecto al dólar) haría subir el euro y equilibraría de nuevo el sistema (por cierto, mecanismo que no existe dentro de la UE y del que se ha beneficiado Alemania).

Con el panorama de magro crecimiento de la economía mundial, todos los actores importante se siente tentados a depreciar su divisa respecto al resto, para así ganar competitividad y espolear la producción local. Pero es obvio que si deprecias la moneda es respecto a otras, y con todos jugando al mismo juego al final la cosa suele quedar en empate (o “perdiendo” el dólar, es decir, revalorizándose ya que es la divisa universal de la cual siempre hay mucha mayor demanda que la que sería natural si fuera sólo la divisa de un Estado, aún siendo éste la mayor economía del mundo).

¿Y cómo se hace para depreciar la divisa propia? Además de actuaciones del banco central en el mercado de divisas, que están vetadas en aquellas que mantienen flotación libre (todas las importantes menos el renminbi, que tiene flotación sucia), la palanca fundamental son los tipos de interés. Subir los tipos de interés en una economía provoca (ceteribus paribus) la apreciación de su divisa, ya que entra más capital dispuesto a aprovecharse de ese mayor retorno a su inversión. Y viceversa, como es evidente. Por lo tanto, hay una lucha entre las economías mundiales por hundir sus tipos de interés, con ello sus divisas y, de esta forma, aumentar la demanda de sus productos y servicios (entre ellos, muy importante para nosotros, el turismo). Nada de lo que hasta ahora he descrito es ni mucho menos nuevo. La novedad estriba en la potencia de esos flujos de capital, que se mueven a través del globo buscando diferenciales de rentabilidad. Son inmensos (como exponía en una pasada entrada) y se mueven en poderoso rebaño como una migración de herbívoros a través de la sabana. Dicho de otro modo: ahora el efecto sobre la divisa de un cambio en los tipos de interés se ha magnificado.

¿Conclusión? Todos los Estados principales tienen sus tipos de interés en mínimos, y cuando la FED empezó a subirlos al tener pleno empleo (teórico) y repuntar la inflación, Trump escupió sapos y culebras hasta que logró que dieran media vuelta. ¿Todos? No, una aldea poblada por inteligentísimos chinos está depreciando su moneda mediante un mecanismo genial: la impresión de nueva moneda, que respalda la deuda que bancos públicos conceden a empresas (muchas veces también estatales) para que salgan de compras y se hagan con los activos más interesantes de todo el mundo. Pero, obviando la posición extraña de (la que se está sirviendo) China, los bancos centrales de USA, UK, EU, Japón y Suiza (además de otros estados occidentales con moneda propia, como Dinamarca) están en una carrera por ver quién recorta más sus tipos de interés, para generar una presión vendedora sobre su moneda y así depreciarla. Es decir, un carry trade que cada vez tiene más fuerza.

He dicho que no quería que nadie se perdiese: el carry trade, los que llevéis tiempo en el blog ya lo sabéis de sobra, es el movimiento producido por inversores que se financian en una moneda débil (por ejemplo el yen, con tipos por debajo de cero) y van a invertir en una economía con tipos más altos (por ejemplo, T-notes, bonos usamericanos). Para comprar esos bonos tienes que vender yenes y comprar dólares, lo cual genera esa presión vendedora sobre el yen que lo impulsa a la baja y un movimiento especular sobre el dólar.

Bueno, a lo que vamos. Que hay un enorme incentivo (léase presión) sobre los bancos centrales para mantener los tipos lo más bajo posibles y un paso más allá. Porque una moneda débil estimula las exportaciones, por lo tanto la actividad económica, baja el desempleo y el partido en el gobierno tiene más papeletas para ser reelegido.

En el contexto deflacionario en el que nos movemos en Europa, siguiendo la senda marcada por el país del sol naciente, realmente esta política se adecúa muy bien a nuestras necesidades económicas (habida cuenta que en el euro estamos 19 Estados, y no todos comparten exactamente las mismas circunstancias). La cuestión es qué pasará cuando no lo haga, o exactamente qué pasa cuando la política de tipos ultra-bajos no sea la indicada en una economía con un crecimiento vigoroso, como el caso de USA. La respuesta es inmediata y contundente: inflar burbujas (es decir, disparar la inflación de bienes y servicios, pero también de activos de inversión). Aún más.

La razón es evidente, la euforia y aparente sensación de riqueza que promueve el crédito barato impulsa el consumo y la inversión. Las sanas y rentables pero también las mediocres. Con tipos por debajo de cero, incluso es viable un negocio que pierda dinero, con tal de que no pierda tanto como el tipo de financiación. Esta situación aberrante es la nueva normalidad, inédita en la historia económica.

Aunque parezca contraintuitivo, el gran problema que genera esta situación es la supervivencia de empresas ineficientes, zombis, que compiten con las eficientes y sanas restándoles cuota de mercado. Saltarse esta depuración (se suele aludir a la destrucción creativa) puede ser beneficioso a corto plazo (los accionistas no pierden su inversión y los obreros y puesto de trabajo), pero a largo plazo genera la atonía y falta de crecimiento que precisamente estamos sufriendo. Desde luego, a los trabajadores no se les hace ningún favor, pues de trabajar en una de esas empresas zombis que deberían echar el cierre, encontraría trabajo en las supervivientes, más productivas y por lo tanto más capaces de crear riqueza (y, en un modelo socialista, capaces de crear riqueza para los trabajadores, además de dar un mejor servicio a sus clientes). La cuestión son los accionistas y bonistas, pero con los inversores incluso desde un punto de vista estrictamente capitalista no debería haber reparo: que cada palo aguante su vela.

Pero si los tipos bajos generan burbujas y permiten la supervivencia de empresas ineficientes (es decir, que necesitan una mayor cantidad de recursos para un mismo producto) ¿por qué los bancos centrales persisten en esa política? Porque la alternativa puede ser terrible. Para empezar, debéis saber que una subida de los tipos de interés del dinero se trasladas casi automáticamente a la deuda, tanto pública como, por vasos comunicantes, privada. Una subida del tipo de un bono implica la pérdida de valor de la deuda ya emitida, es decir, una caída en el mercado de renta fija. Y, de nuevo, los mercados de renta fija y variable también están unidos por ese mismo principio de Pascal, ya que rentabilidades exigidas más altas en el mercado de deuda hacen caer también la cotización de las acciones (que no es más que un bono con una prima de riesgo por la mayor incertidumbre). Es decir, una subida de tipos pincharía las burbujas en los mercados de deuda y acciones (y, por extensión, en el de derivados). Y nadie es capaz de asegurar si se trataría de un aterrizaje suave o de una caída en picado desde la azotea en la que se encuentran las valoraciones.

Pero aún hay más. Con la política de tipos bajos se le está dando un balón de oxígeno, no sólo a empresas zombis, sino también a empresas rentables que han asumido una enorme carga de deuda para sobrevivir a los procesos de concentración empresarial que se viven en casi todos los sectores (es que exactamente de eso va el capitalismo, el proceso de acumulación de capital en favor de un número decreciente de manos). Con tipos bajos pueden ir refinanciando su deuda e ir llevando su pesada digestión (lo que Richard Koo llama reconstrucción de balance), pero una subida de tipos pronunciada (a niveles normales pre-crisis) llevaría a muchas empresas a la quiebra. Luego están, como decía, las zombis, que no consiguen generar superávit primario (antes del servicio de la deuda) y usan la barra libra de fondos para disimular su falta de modelo de negocio por la vía de las adquisiciones, ganando tamaño en una huida hacia adelante. Un esquema Ponzi que es mucho más usual de lo que muchos os imagináis y que se mantendrá hasta que la música deje de sonar.

En resumidas cuentas. Sabemos que el sistema económico necesita regenerarse, reiniciarse, depurarse, y esto lo hace mediante ciclos (cortos y largos, ondas de Kondrátiev y todo ese rollo en el que ahora no quiero entrar, podéis leer a Ray Dalio si os interesa el tema). La cuestión es que los excesos de la parte alta del ciclo han sido tan desquiciados (debido fundamentalmente a la financierización de la economía), que nadie se atreve ahora a afrontar el periodo de Cuaresma, pues la penitencia estará a la medida de los pecados cometidos. Lo jodido del caso es que la clase social que purgará los pecados será una distinta a quien los cometió y se deleitó con ellos.

La Cuaresma debía empezar en 2007, pero generó tanto dolor en todas las clases sociales que fue abortada y se recuperó la economía con alquimia monetaria. No sé si por el miedo a una revuelta de las clases bajas o porque la clase propietaria se niega a aceptar unas pérdidas que son ineludibles. Y en esas estamos, con una economía intervenida que me recuerda a la Santa Compaña, un limbo entre la vida y la muerte, el cielo y el infierno, un dilatado purgatorio que por ahora evita mandar la economía a un Erebo del que no tenemos convicción de saber cómo salir. Japón como avanzadilla de las economías desarrolladas.

+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+

Página siguiente »

A %d blogueros les gusta esto: