La mirada del mendigo

7 octubre 2022

Quantitative tightening

Filed under: Economía — Nadir @ 21:58

En castellano contracción cuantitativa, aunque las más de las veces lo veréis en inglés, y aún más en su acrónimo (QT). ¿De qué se trata? Básicamente, de revertir el mecanismo de quantitative easing (QE) por medio del cual los bancos centrales compraban deuda (al principio pública y luego también privada) en el mercado secundario. Esto tenía dos efectos inmediatos:

  • rebajaba el coste de financiación del gobierno (y otras entidades públicas) y de las empresas, creando una burbuja en el mercado de renta fija
  • inyectaba dinero de nueva creación en el sistema financiero, pues los vendedores de esos bonos que adquiría el BC iban a buscar rentabilidad en otros mercados, creando lo que se conoce como la «everything bubble».

Es muy significativo remarcar que, aunque al principio había ciertos temores de que el QE provocase inflación, se acabó constatando que el dinero no vertía de los mercados financieros a la economía real. Había inflación, sí, pero restringida a esos productos financieros (burbujas en todos los mercados al unísono) y no a los bienes de uso común que compra la gente. Porque a la gente de la calle no le había llegado ese aluvión de millones que inyectaron los bancos centrales.

Bien, pues ahora toca rebobinar. El QT implica cambiar de signo las consecuencias del QE, es decir, subida de los tipos de interés y drenaje de liquidez de los mercados financieros, lo cual precipita la explosión de las burbujas. Por supuesto, el QT tiene un efecto contractivo, y va a crear en los mercados el mismo efecto que negarle su dosis a un yonki.

¿Y esto cuánto va a durar?

Bueno, podemos hacernos una idea del ritmo al cual los bancos centrales están reduciendo su balance (vendiendo o sencillamente dejando madurar esos bonos y no recomprando) con este gráfico de la FED:

Como véis, lo de quitarle el chute al yonki es un proceso delicado, porque se puede poner muy violento. La cuestión es que… Bueno, dejadme que amplíe un poco la perspectiva.

Vale, creo que es evidente.

La morfina es placentera, pero crea adicción (cómo no, suben las acciones, baja el coste de las hipotecas, lo cual dispara el valor de los inmuebles, todas las inversiones especulativas, hasta las más estúpidas como las criptomonedas o los NFTs, son rentables…) y hay que suministrarla en cada vez mayores dosis. Y para retirarla… good luck.

El problema para Europa es que el BCE debe seguir como un perrito el paso de la FED para no hundir aún más el euro (lo cual induciría aún más inflación). Pero la economía gringa está fuerte y su mercado laboral en el pleno empleo (buena parte de la inflación era endógena, a diferencia de aquí que es importada), así que retirar el ponche no causará tanto dolor. Pero la UE iba rezagada en el ciclo económico, con un crecimiento aún tímido, y adoptar políticas contractivas puede ser muy doloroso (retirar la morfina tiene esas pegas, que el paciente vuelve a la realidad de su situación).

En Europa, el principal problema es que los agentes económicos están en general muy endeudados, sean:

  • Estados que procuran cubrir con deuda una prosperidad perdida (sociedades menos productivas, economías menos competitivas y población relativamente peor formada que la competencia asiática).
  • Empresas que siguen trampeando las cuentas con una huida hacia adelante, camuflando en crecimiento la falta de rentabilidad.
  • Particulares atrapados con una hipoteca al cuello que, en el caso de ser de tipo variable (y cómo hacerlas a tipo fijo cuando las regalaban), puede mandar al pobre diablo a los profundos infiernos.

La subida de tipos de referencia del BCE, junto con el QT, van a provocar mucho dolor:

  • En los Estados, recortes en los presupuestos para compensar la mayor tajada que se llevan los intereses. Menor gasto público que no es suplido por el consumo/inversión privado igual a contracción económica.
  • En las empresas, caída de los márgenes y, en aquellas que ya estuvieran con el agua al cuello, el triste desenlace final (lo cual no deja de ser provechoso para el conjunto de la economía, los muertos deben ser enterrados, pero genera un trauma social conocido como desempleo, bastante conocido por estos pagos).
  • En las entidades financieras, caída del valor de los activos (pinchazo de la «everything bubble») que pueden dejar su patrimonio neto en números rojos. Es decir, catacrock.
  • En los particulares… menor renta disponible, menor consumo (más depresión de la economía) e, igual que en el caso de las empresas, hasta que se rompa la cuerda que, en el caso de los ciudadanos se traduce en más desahucios.

Claro, cuando empezaron a darle morfina al enfermo, debieron pensar en cómo harían luego para retirársela. Por eso se les administra a los enfermos terminales.

A estas alturas, hacerle reconocer a la sociedad que, en realidad, son pobres, mucho más de lo que creían… bueno, no hay político que se atreva, así que vamos a mantener la dosis y el que venga detrás, que arree.

N. de M: En lo tocante a España, que incluso con esos déficit estructurales que arrastramos en las cuentas públicas sigamos con unas cifras de desempleo tan altas, quiere decir que tenemos un problema gordo.

Otra opción, que supongo que se os está pasando por la cabeza, es mantener eternamente el QE, la dosis de morfina. Es básicamente lo que propone la Modern Monetary Theory (MMT). Viene a ser a la economía lo que la transgresión de la Ley de Lavoisier en las reacciones químicas. Puede darse en una mecánica relativista, pero no tendría mucho sentido en el ámbito de la economía, porque a la postre supone vivir del cuento. Y cuando los que te financian esa deuda se cansen de pagarte la fiesta, mandan tu divisa y, con ella, todos tus activos, a la mierda. Id est, hiperinflación. Que no es, como mucha gente cree, mucha inflación, sino un fenómeno completamente distinto: la pérdida de la confianza en una moneda fiat. El equivalente en términos monetarios a que se rompa la correa de distribución de un motor: deja de haber sincronización entre los pistones y las válvulas, y se autodestruye. Por los efectos, quizá sea mejor compararlo con una fusión de núcleo en un reactor nuclear. Liarla pardísima, vaya.

Pero mientras eso no ocurre, es comprensible que los bancos centrales tengan una gran tentación por recetar un chute de opiáceos, y muchas reticencias en retirarlos. El coste político de hundir las bolsas es alto, así que mejor mantener la dosis, aumentarla al menor signo de dolor y, el que venga detrás, que arree.

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Bueno, y otro comentario a cuenta de la economía. Estos últimos años, entre la pandemia, las sacudidas de las líneas de suministro y el precio de los fletes, el proteccionismo del MAGA y las sanciones a quien no se someta a la voluntad de Washington, las empresas han reaccionado incrementando sus inventarios.

El Just in Time está muerto y enterrado, eso vale para un mundo en paz, pero no para el hervidero en que pretende convertirlo la superpotencia que ve su hegemonía amenazada. Demasiadas incertidumbres, demasiados conflictos, para confiar en que las cadenas de suministro funcionen con suavidad.

Por otra parte, la inflación da de nuevo sentido económico a proveerse generosamente de insumos y mantener existencias de su catálogo. También es cierto que, en muchos casos, ni siquiera es una decisión voluntaria de la dirección sino una consecuencia de la falta de componentes, así que parte de ese inventario se compone de productos en proceso (campas enteras llenas de coches casi terminados, pero aún no llegó la centralita de los elevalunas y, por tanto, no pueden ser despachados).

Los almacenes tienen un límite, su mantenimiento un coste, y algún día el cuello de botella (especialmente es componentes electrónicos) se resolverá. Y las empresas querrán empezar a deshacer esos inventarios, siquiera parcialmente (bienes en proceso y terminados). Eso tendrá un efecto deflacionario que compensará la inflación, no sé si total o parcialmente.

Inflación que es consecuencia de una carestía energética que, por cierto, no es sólo consecuencia de las sanciones a Rusia (la carrera ya había empezado antes), sino a la falta de inversiones en upstream y, sobre todo, refino. Consecuencia a su vez de unas previsiones poco realistas de la velocidad de adopción del vehículo eléctrico (muy notable en China, por cierto).

Sí, se venden más EV en China que en el resto del mundo, con mucha diferencia.

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15 julio 2022

Miguel Arzak – La fortaleza del rublo

Filed under: Economía,Internacional — Juan Manuel Grijalvo @ 14:16

Pregunta:

No soy un experto financiero. ¿Alguien me puede explicar cómo, al mismo tiempo, el rublo ruso puede ser estable como una roca, pero su economía está implosionando (según muchos titulares de noticias)?

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Respuesta de Miguel Arzak:

La economía rusa no está implosionando. Los titulares de noticias tienen que decir eso porque Europa está pasándola tan mal que si no van buscando los síntomas de la debacle rusa el electorado se los come al horno con papitas y rebozador. Y EEUU no la está pasando mucho mejor.

El problema es tratar de ver esta situación en blanco y negro y, peor aún, filtrado por desinformadores que trabajan con una combinación tóxica de propaganda de guerra, expresiones de deseo, y dogmas económicos aprendidos de «expertos» de YouTube que desconocen enfoques generales en economía. La realidad fáctica, dicha en pocas palabras, es que la economía rusa ha sufrido daños pero está muy, muy lejos de implosionar. Objetivamente las sanciones jodieron más a los sancionadores que al sancionado, y hay una explicación perfectamente racional y económica para esto, no es ni magia ni propaganda rusa.

Empezando por el principio, el fortalecimiento del rublo tiene que ver con dos dinámicas, una muy importante y la otra de importancia creciente pero menor. La primera es que las sanciones cortaron el flujo de dólares M0 (billetes) a Rusia, además de la transferencia de dólares en general. En otras palabras, los bancos que operan en Rusia no pueden transferir dólares desde el exterior, ni pueden usar los canales normales para transferirlos al exterior: se cortó a la mayoría de los bancos (salvo a los pocos que no operan con el Estado) del sistema SWIFT, con el que operan la mayor parte de las tarjetas de crédito y otros sistemas de pago remoto como PayPal. Estos servicios no pueden cambiarse a operar con otros sistemas de pago solo por Rusia.

La consecuencia de esto es que los rusos ya no pueden comprar casi nada del exterior, salvo las pocas cosas que algún exportador vaya, compre en el exterior y lleve a Rusia ya compradas. Esto es un sistema muy primitivo hoy día y generalmente no le vale la pena al agente, salvo que sea un producto en alta demanda, por ser irreemplazable. El problema es que Rusia, ya desde los años 70, aún bajo la URSS, armó un esquema de desarrollo en base a posicionarse primero de forma sólida al comienzo de las cadenas productivas, por lo tanto produce todos los artículos de primera necesidad (y tiene otras ventajas que ya mencionaré). Como consecuencia, es difícil que haya una demanda frenética de algún producto que justifique la importación «a mano», salvo en las magras cantidades que maneja el mercado negro, y algunos artículos, como ciertos medicamentos.

La mayor demanda de dólares de casi todos los países viene de la compra de artículos importados, bienes transables que no se producen en el país. Rusia no era diferente de esto. Cuando alguien compra mercancía extranjera de cualquier tipo, la operación cambia divisa local por la divisa en la que esa mercancía se cobra, que usualmente son dólares excepto los productos europeos que se cobran en euros (las mercancías producidas en otras monedas fuertes como el yen de todos modos piden pagos en dólares). Al suceder esto, hay una demanda de dólares en moneda local, que tiende a la depreciación de la moneda local por efecto oferta-demanda: sube la demanda de dólares, sube el precio. En Rusia había un flujo permanente de unos 350.000 millones de dólares anuales de mercancía importada, es decir, 350.000 millones de dólares en rublos que los rusos cambiaban anualmente por dólares para pagar sus mercancías. Este cambio ocurre siempre que se compra en el extranjero, no hace falta que el ruso vaya y compre dólares, siempre que pagas al extranjero el servicio de pago hace el cambio. Eso representa una enorme demanda de dólares en rublos. Esa demanda murió en el momento en que los rusos no pudieron comprar más cosas en el extranjero. Unos pocos productos que llegan de forma directa o por mercado negro no pueden ni remotamente contrapesar el hecho de que la demanda de dólares en rublos ha caído en 350.000 millones anuales, es decir unos 30.000 millones mensuales.

La otra demanda de dólares es el cambio que hace la gente para viajar, o de países con monedas débiles para ahorrar. Pero al cortarle a Rusia el flujo de dólares físicos, la gente ya no puede ahorrar así. La única forma sería comprar dólares en cuenta bancaria, pero solo pueden hacerlo en los bancos no sancionados. Acá el Gobierno ruso intervino y prohibió la compra de dólares por dos meses, para que los bancos no se vieran desbordados en el precio del dólar por una corrida cambiaria. A destacar que, además de la estabilidad, el dólar-ahorro se compra por su capacidad de compra, pero en Rusia esa capacidad de compra se cae: los bancos ya no reciben pedidos de hacer cambios a dólar para comprar cosas en el exterior, por lo que la demanda sostenida de dólares de parte de los bancos es mínima. Solo necesitan los dólares para venderlos directamente al público. Al prohibirse esto, se impidió la corrida. Dicha corrida no hubiera durado mucho: solo hasta que los bancos se quedaran sin dólares y tuvieran que dejar de vender ellos mismos para no violar la ley de reservas mínimas que hay en todas partes. La caída momentánea del rublo en el primer mes de la guerra se debió al cambio de dólares informal, pero estos eventualmente dejaron de circular porque los revendedores ya no los conseguían. Produjo picos de precios, pero solo de algunos. Ahí el gobierno ruso aumentó las tasas de interés con el objetivo directo de que la gente no comprara ningún producto aumentado de precio y le redituara más tener el dinero en el banco, hecho que además ayudó a la gente que perdió el trabajo porque la mayoría tenía ahorros. Al estabilizarse el valor del dólar, los picos de precios tuvieron que bajar por falta de demanda y la tasa de interés pudo bajarse al nivel de Enero.

Otro factor es que en Rusia la Reserva Monetaria es cerrada. El Banco Central no actúa como «prestamista de última instancia» de los bancos, como en otros países. Esto ya es así por carta de funcionamiento, no fue una medida del momento, siempre es así, el BC no se hace cargo de esa función en Rusia. Lo que sí hace es vender y comprar divisa cuando lo considera necesario, o establecer los tipos de cambio y de interés, y sólo garantiza aquellos depósitos que se hayan hecho en físico, o bien las liquidaciones, es decir, si yo exportador liquido 3 millones de dólares a rublos, luego puedo comprar hasta 3 millones de dólares, y el BC tiene que proporcionármelos. Pero en cualquier otro caso, el BC no tiene esa obligación; la responsabilidad y atribución de traer dólares desde el extranjero es de los bancos particulares. Si un banco miente sobre un depósito o una liquidación hechos, para sacarle divisas al central, lo cierran, directamente, y el Banco Nación se hace cargo de toda su cartera, sin compensación, y gracias que no lo fusilan. La Directora del BC, Elvira Nabiulina, que diseñó toda esta política de resistencia cambiaria, cerró 400 bancos entre 2016 y 2020, la mayoría fundados en los caóticos años 90s y operadores de las estafas de esa década, con este mecanismo que es ley. Ergo, aunque suba la demanda de dólares el Central puede decir «no hay más» aunque los tenga. No tiene que garantizar el cambio.

En síntesis, la demanda de dólares en rublos cayó de forma brutal, de ser casi un quinto del PIB pasó a ser anecdótica. La gente no compra en el exterior, no consigue dólares para ahorrar, así que ahorra en otros valores, y las tasas de interés bloquearon la escalada inflacionaria.

El segundo elemento es que Rusia ha aprovechado las sanciones para pedir rublos en pago de todos los productos de la minería (incluyendo, creo, los fertilizantes, que hoy día son químicos). Eso hizo que haya emisión endógena de rublos sostenida por la demanda extranjera, es decir, el mismo mecanismo que sostiene al dólar por todo el mundo: la demanda de su moneda. Por supuesto, la demanda de rublos es ínfima comparada con la de dólares, pero ha aumentado considerablemente, y lo ha hecho a costa del dólar: Rusia obtenía anualmente 550.000 millones de dólares en sus ventas, de los cuales cerca del 40% ahora tiene que pagarse en rublos. De este modo, Rusia tiene cubierta su emisión de rublos prácticamente sin recurrir a emisión exógena (es decir, rublos emitidos sin respaldo). Para mejor, justo antes de la guerra los rusos le habían pegado un hachazo a su masa monetaria, reduciéndola a un 70% de lo que era, lo que me hace pensar que se esperaban esas medidas, dado que ahora la masa monetaria es mayor en total gracias a la emisión endógena de demanda para pagos. Como efecto secundario, la demanda de dólares baja aún más, porque ese dinero que antes se pagaba en dólares ahora se paga en rublos.

Da lo mismo que la economía norteamericana sea 12 veces la rusa en términos nominales y 5 veces en términos de cambio real: lo que importa no es la demanda total de dólares y de rublos, sino la demanda de dólares en rublos, que bajó, y la demanda de rublos en dólares, que subió. Ergo, el rublo sube. Ahora los rusos pusieron más dinero en circulación, para reactivar y porque hay más empleados estatales; eso hizo que el rublo que había llegado a 52 por dólar haya bajado a 64 por dólar, pero aún muy alejado de los 84 por dólar a lo que estaba en 2021, o a los 150 por dólar en donde había quedado al aplicarse las sanciones. Lo que está sucediendo aquí es que el tipo de cambio se está ajustando para no quedar muy alto y no hacer al trabajo ruso poco competitivo. Al no haber interacción de monedas el cambio va a tender a ser el tipo real, con el tiempo.

Es decir, el fortalecimiento relativo al dólar es un efecto colateral de las sanciones y, en realidad, no significa por sí solo que la economía rusa esté saludable. Solo significa que evitaron la corrida cambiaria y que establecieron herramientas, o usaron las que ya tenían, para que no suceda. Una moneda más fuerte no es garantía de una buena economía, pero una caída de la moneda siempre debilita la economía, fuera fuerte o débil. Hasta ahí, el por qué del tipo de cambio.

Pero aunque esto solo sea síntoma y no causa de la situación, lo cierto es que hay una diferencia de impacto bastante brutal de las sanciones en Occidente con respecto al impacto que causaron en Rusia. Sin ir más lejos, la contracción interanual de la economía rusa todavía no la sabemos: solo hay estimativos, no por la guerra, sino porque los rusos no la miden por trimestres sino una sola vez, a fin de año. Esos estimativos iban del 7 al 10% al principio, pero luego se revisaron a 5 a 8%, y luego a 3 a 5%. Algunos creen que la caída se puede limitar al 2.5% y otros dicen que habrá estancamiento pero no llegará a haber caída. Pero aún si tuvieran una caída de, digamos, el 4%, eso equivale a 72.000 millones de dólares… y el Estado ruso fagocitó 93.000 millones (hasta ahora) de renta extra por venta de minerales sancionados, que fueron directamente a reservas para empezar a reconstruir lo que les congelaron. Mientras tanto, sabemos que EEUU viene con una caída interanual del 1.4% hasta el segundo trimestre, que podría revertirse, pero como la economía norteamericana es gigantesca ese 1.4% representa más de 320.000 millones, si todo sigue así: casi 5 veces la caída rusa en términos de cantidad real.

Los problemas que enfrenta la economía rusa son principalmente a medio plazo. Se van a perder empleos; aunque muchos de los que se habían perdido se recuperaron porque llegaron capitales rusos o chinos o indios o de países subdesarrollados a hacerse cargo, y las cosas quedaron como estaban. Pero en total pueden perderse fácilmente entre 2 y 3 millones de empleos, principalmente en el sector servicios, que representan entre el 4 y el 5% de la masa de empleados y contratistas, pero que son en general sectores medio-bajos a medio-altos, por lo que su desempleo se verá reflejado en una caída de consumo algo mayor que el porcentaje que representan en la actividad. Además, les faltan máquinas-herramientas y repuestos de variado tipo, además de accesorios específicos, que ya está causando problemas (por ejemplo, se están completando, aunque a menor costo, automóviles sin airbag, que habrá que agregarlo después).

El buen manejo del Banco Central ruso ha paliado la mayor parte de los problemas a corto plazo que podían haber tenido, y rebotaron el efecto a los sancionadores. La corrida no sucedió, y el desabastecimiento tampoco. Algunos picos de precios fueron en productos de consumo básico: el famoso kilo de papas a un dólar, a lo que un oficial norteamericano respondió: «¿en serio piensan que los rusos van a colapsar porque las papas están a un dólar?» Tengamos en cuenta que, en promedio, una canasta amplia o los insumos que compra el gobierno cuestan más o menos un 30% que en EEUU, así que las papas a un dólar era un aumento de casi el 400%. Pero como se vio, al deprimirse el consumo los precios se vieron obligados a volver a su cauce por temor a no vender nada, en especial en productos perecederos.

A largo plazo es una incógnita, pero no pinta ni remotamente tan mal como querían hacer creer tipos como Johnson o Biden, que claramente de economía no entienden un carajo. Rusia tiene clientes de más para todos sus productos, y esos clientes no van a pagar menos, salvo los precios menores que se pagan por contrato de largo plazo, como India con el petróleo. Se paga todo a precio de mercado, y debido a las sanciones esos precios son altos. Rusia posiblemente tenga que construir infraestructura para exportar, pero eso se hace a medio plazo. Muchos de los productos sancionados para Rusia (repuestos, microchips) se fabrican en parte con insumos rusos que Rusia ha dejado de exportar, como titanio o gases nobles para chips. Esa es una ventaja de que esos sectores sean todos estatales: Rusia puede dejar de vender y listo, no hay ningún empresario que pierda dinero con el bloqueo. Esto aumentará muy violentamente los precios de esos productos, poniendo presión sobre los mercados, que a su vez presionarán sobre los políticos.

Europa no se está bancando los aumentos de precio de la energía y no es seguro que las fuentes alternativas sean sostenibles: la idea de que EEUU está usando a Europa como «patio trasero VIP» por ahora está solo en las derechas extremas y las pocas izquierdas verdaderas que quedan en el continente, pero al efectivizarse el problema la propaganda no va a poder taparlo. En EEUU también aumenta la energía y los precios, derivados de ella en parte, empeorando un escenario alcista que ya venía por la frenética emisión inorgánica de la FED en los últimos 6 años. No está claro que todo esto sea sostenible a largo plazo. Además de eso están los aumentos de precio en fertilizantes. Estas son las ventajas de estar al inicio de las cadenas productivas: tiene el problema de que tus bienes de exportación son baratos y con relativamente poca composición orgánica para sus industrias (relativamente: por ejemplo, la explotación de hidrocarburos o gases nobles tiene mucho valor agregado aunque sea «extractivo»; es bajo para la media de su rubro, pero alto en términos reales), pero tiene las ventajas de que no te falta nada de lo básico y de que nadie puede producir si vos no le vendés, o tienen que encontrar fuentes alternativas que van a ser más caras. Y aun cuando las encuentren, vos siempre vas a tener demanda. Comida, ropa, energía, materiales de construcción, que son las cosas que hacen falta para que la vida siga, en todo eso Rusia produce excedente y además vende insumo de muchas otras cosas. De nuevo, la regulación estatal ayuda a mantener los precios bajos.

La duda principal es si Rusia va a tener la capacidad técnica de sustituir importaciones de manera forzada. La capacidad humana les sobra, tienen técnicos a cagarse, y muy buenos (es gracioso que critiquen la excelencia de la formación rusa desde países de Sudamérica… Salvo Argentina, México y Brasil, y todos en muchísima menor cantidad, nadie más tiene esa capacidad de formar técnicos, sorry chicos), mucha de esa gente hoy están subempleados: se van a generar empleos de alta capacitación que van a generar oferta laboral en puestos menos especializados, lo que a largo plazo puede compensar la caída de trabajo. La creación de empleo ya está sucediendo. Por supuesto, muchas cosas pueden salir mal: la planificación puede fallar, puede producirse de más, de menos, la corrupción puede joderlo todo, etcétera. Pero Rusia pudo convertirse en excedentaria en alimentos en tres años, solucionando un problema que tuvo desde el siglo XVI, así que tengo mis reservas sobre la falta de capacidad de gestión para hacerlo. En síntesis, aunque no puede asegurarse que salgan del problema, tampoco está tan claro que se vayan al carajo.

Seguramente muchos intereses de oligarcas que vivían de la relación con Occidente se habrán jodido, pero no tienen poder para hacer nada: la gente los considera mierda, a nadie le importa que los encarcelen o los asesinen, el 80% de la gente cree que se lo merecen, y medio que tienen razón. Y no tienen palanca ni con el ejército ni con la burocracia, al contrario, tienen que pagarles «tasas» y van presos preferencialmente si se destapa. Las mafias que dirigen ya no son lo que eran: hubo siete oligarcas que murieron, todos en circunstancias dudosas, en cuatro meses. Resulta muy particular. Y a nadie le importa.

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5 julio 2022

La importancia menor del gas natural en las exportaciones rusas

Filed under: Economía,Internacional — Nadir @ 23:59

Breve artículo para aclarar un punto muy debatido últimamente.

Ciertamente, el transporte de petróleo y derivados líquidos (o fácilmente licuefactables, como el GLP) es mucho más sencillo que el gas natural (que exige una enorme inversión económica y energética para bajarlo a los -169ºC en que se licua).

Por lo tanto, para Rusia es mucho más sencillo cambiar las rutas de exportación de petróleo que de gas natural (que exige la construcción de nuevos gasoductos o de nuevos trenes de licuefacción y metaneros).

Ahora bien, ¿cómo de importantes son ambos rubros en el total de exportaciones rusas? Creo que en esto hay mucha confusión.

Veamos. Exportaciones rusas el año pasado, en millones de U$D:

Petróleo crudo: 110.119

Derivados del petróleo: 69.955

Gas natural: 55.507

Maquinaria   32.630

Hierro   28.880

Gasóleo   26.157

Gasolina   22.867

Carbón   17.560

Trigo   8.878

Desgraciadamente, nos han vetado el acceso a la página de Gazprom, que es la empresa que tiene el monopolio de la exportación del gas en Rusia (una censura para la que la Comisión Europea no tiene mandato legal, contraviniendo la legislación española que exige tutela judicial).

Esas exportaciones de gas natural, por gasoducto o metaneros, sabemos que suponían en Abril 387 millones de m³/día a países fuera del entorno de la CEI (los cuales lo reciben con un generoso descuento). De los cuales, 298 se dirigían a las fronteras occidentales (incluida Turquía). Como Turquía no está aplicando sanciones a Rusia, podemos retirar sus importaciones del total europeo (27.150 Mm³/año hacen una media de 74 Mm³/día).

Por lo tanto, podemos concluir que las exportaciones de gas natural ruso a Europa suponen 224 Mm³/día, o el 58% en volumen. Suponiendo que el precio sea homogéneo (los contratos son confidenciales), la capacidad de reducir las exportaciones rusas con un veto europeo al gas natural son, por tanto, de 32.128 M$.

Sólo con el petróleo y derivados, exportaciones que sí puede colocar en otros mercados aceptando un descuento del 10-20% (sobre un precio que es más del doble de la media de los últimos 10 años), obtuvo el año pasado 229.098 M$.

De hecho, con estos precios de la energía disparatados a consecuencia de las sanciones, Rusia (y aún más el resto de exportadores) está ganando con ellas más dinero que nunca. ¿De qué sirve recortar en un 58% el volumen de sus exportaciones, si el precio es nueve veces más caro?

Quería presentar estas cifras para evidenciar el perjuicio que puede suponer para la economía rusa ese veto europeo al gas natural, para ponerlo en relación con el daño que le supone a Europa implementarlo, con la clase política ya advirtiendo del peligro de desabastecimiento este invierno y el cierre de industrias.

Hasta aquí, son habas contadas. Ahora mi opinión: esta maniobra de desestabilización de Ucrania, que sigue a operaciones de la misma naturaleza en Libia y Siria, tiene como consecuencia necesaria que Rusia se desangre y el resto de Europa se debilite y se someta a los dictados de Washington. Lo que dudo es cuál de ellos será el objetivo principal, y cuál el secundario.

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21 junio 2022

La guerra económica

Filed under: Economía,Internacional — Nadir @ 19:29

Voy a procurar explicar un poco cómo está la situación económica, a nivel muy básico, para quien no tiene ni idea de economía ni mucho interés por comprenderla.

Llevamos desde la crisis del 2008 con una economía en estado de emergencia, con los mercados de renta fija (bonos, deuda de las administraciones y las empresas) intervenidos. Y es que tanto el Estado, como las empresas, como los mismos particulares tenían un volumen de deuda inasumible. Así que los bancos centrales de las economías «desarrolladas» se pusieron a comprar esa deuda. Cada título que compraban en el secundario, era dinero nuevo que se inyectaba a la economía, mientras bajaban el rendimiento de los bonos. Esta maniobra, de forma conjunta a la bajada de los tipos de interés de referencia, hacía que fuera más barato endeudarse, dando un alivio a las economías (públicas o privadas) más endeudadas e insuflando más combustible (dinero) a unas economías que les costaba coger fuerza (especialmente a este lado del charco).

Algunos agentes (en España, los particulares) aprovecharon para desapalancarse, la deuda de otros es hoy inasumible al cuadrado en un contexto de tipos de interés no intervenidos.

Pues bien, con los tambores de guerra se dispararon los precios de la energía, el petróleo y el gas, que tiraron también del carbón (bien sustitutorio) y de la electricidad (producto del gas). Igualmente han subido el precio de los cereales y aceites de semillas, así como de los fertilizantes que, a su vez, han provocado una disminución del rendimiento de los cultivos que a su vez incide de nuevo en el precio del grano.

Esta es una inflación exógena, al menos en Europa la inflación subyacente (excluida energía y alimentación) se mantenía más o menos controlada, a diferencia de EEUU que con pleno empleo, cheques COVID, y la sensación de riqueza de una burbuja generalizada (bolsa, criptomonedas, inmobiliario…) tiene un problema más serio, aunque también una economía más robusta para sostenerlo (mientras el dólar no pierda su magia).

Ahora, esta inflación exógena se está trasladando, como no podía ser de otra manera (energía y alimentos son la base de la sociedad), al resto de la economía. ¿Y cual es la forma de atajar la inflación? Levantando el pie del acelerador, para inyectar menos combustible (dinero) en la economía. Es decir, subir los tipos de interés (que ya habían bajado de cero en algunas referencias, lo cual es un sinsentido económico) y abandonar las políticas de facilitación cuantitativa (compras de deuda para rebajar los rendimientos, que implica crear dinero de la nada). De esta forma se enfría la economía, pero ya hemos dicho que en el caso europeo, la inflación no venía de una economía sobrecalentada (el panorama era más bien de atonía) sino que es un fenómeno externo debido a la guerra y la cascada de sanciones.

Aquí tenemos un problema, que se llama estanflación. Una economía que languidece pero un entorno de alta inflación importada. Una subida de tipos encarece el crédito, enfría la economía y puede meternos en una depresión. Pero en el caso de economías tan sobreendeudadas (no sólo a nivel público sino, sobre todo, privado, pues muchas empresas han iniciado una huida hacia adelante comprando participación en el mercado en base a nuevas inversiones sufragadas con deuda), el peligro es aún mayor: elevar el coste de la deuda puede llevar a muchas empresas e incluso algún país al colapso.

Pero la alternativa, que es no atajar la inflación y seguir deprimiendo artificialmente los tipos de interés, metiendo más dinero en el sistema para mantener la ilusión de riqueza que generan las burbujas-de-todo es también un camino al desastre. Esa inflación exógena que hablábamos, si no se ataja, puede generar una espiral inflacionaria endógena, retroalimentada por los trabajadores demandando subidas salariales (se habla de «moderación» salarial, lo cual implica que los salarios deben ser inmoderados, no sé los de quién) y los empresarios pretendiendo mantener sus márgenes de beneficio, que acabe en una subida de precios desordenada que mine la economía (necesita una cierta estabilidad de precios). Realmente, la inflación no es un fenómeno tan terrible, de hecho es una ventaja para los deudores sobre los acreedores (básicamente, la banca). Pero la hiperinflación sí que es un monstruo que destruye la economía y hunde a todos por igual.

En resumidas cuentas, tiremos en un sentido o en otro, tenemos un problema. Así que el ECB tendrá que hilar fino, bien lo sabe Lagarde, para controlar la inflación sin meter a Europa en recesión (el ciclo económico de la recuperación post-pandemia ya se da por muerto, ya van tres crisis in a row).

Obviamente, en el Kremlin eran conscientes de todo ello y, de hecho, han avisado reiteradamente del efecto boomerang que podían tener las sanciones. Y obviamente también que tanto en el ECB como en las cancillerías europeas todo esto es bien sabido, porque es muy básico. Por eso Francia y Alemania apadrinaron los acuerdos de Minsk I y II, porque sabían que de liarse en Ucrania los europeos íbamos a salir chamuscados. Pero EEUU ordenó a su mascotita circense en Kíev seguir adelante con el proceso de limpieza étnica en el Este de Rusia, pasando de los acuerdos firmados por el anterior gobierno de Poroshenko (y Zelensky se suponía que era su alternativa pacifista, qué gracia).

Y en estas estamos. Mientras dure la guerra y las sanciones (que pueden durar mucho más que la guerra), los precios de la energía seguirán por las nubes, lo cual obligará al ECB a endurecer su política económica a regañadientes, enfriando la economía y llevando a empresas y administraciones al abismo del impago.

Fue el otro día, al salir escandalizado de la frutería al ver pimientos a más de 5€, que empecé a pensar en la posibilidad no tan fabulosa de que Rusia gane la guerra. La importante, la económica. La estrategia económica estaba mejor planificada que la militar (de hecho, ahora el problema que tienen es la fortaleza del rublo, bendito problema cuya solución es rentable para el banco central que lo padezca: vender su propia moneda de la cual dispone en cantidad ilimitada).

Será interesante ver qué grado de deterioro de la economía son capaces de soportar los gobiernos europeos antes de romper la obediencia a EEUU y promover la vuelta a un acuerdo negociado (que ya no podrá ser bajo los términos de Minsk). A ver a quién tienen más miedo, si al largo brazo ejecutor de Washington o a la ira de su propia población empobrecida.

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Y ahora, a modo de disculpa tras el enojoso tema:

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21 mayo 2022

La hegemonía del $

Filed under: Economía,Internacional — Nadir @ 9:20

Comparto este artículo, y publico algunos de sus párrafos, por su enorme interés para comprender uno de los pilares de la maquinaria económica mundial. Data de la segunda invasión de Iraq, pero es un mecanismo que lleva operando más de medio siglo. Las negritas, quiero decir, las racializadas, corren por mi cuenta.

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Al final de la Segunda guerra mundial se llegó a un acuerdo en la conferencia de Bretton Woods, que fijó el valor del oro a $35 la onza y esto se convirtió en el patrón internacional contra el cual se medían las divisas. Pero en 1971 Richard Nixon sacó el dólar del patrón oro y, desde entonces, el dólar ha sido el instrumento monetario global más importante… y solamente USA puede producirlo. El dólar, ahora una moneda sin respaldo, está alto, a pesar del déficit récord de cuenta corriente y el estatus de USA como la principal nación deudora (N.d.M: como consecuencia directa e inexorable de ese déficit).

[…]

El comercio entre las naciones se ha convertido en un ciclo en el cual USA produce dólares y el resto del mundo produce lo que los dólares pueden comprar. Ya las naciones no comercian para lograr ventajas comparativas, sino más bien para lograr los dólares que necesitan para el servicio en dólares de sus deudas externas, y para acumular dólares como reserva, a fin de mantener el valor de cambio de sus divisas domésticas.

En un esfuerzo por prevenir ataques especulativos y potenciales ataques perjudiciales a sus divisas, los bancos centrales de estas naciones deben adquirir y mantener reservas de dólares equivalentes a su propia moneda circulante. Esto crea un apoyo incorporado para un dólar fuerte, que a la vez obliga a los bancos centrales del mundo a adquirir y mantener más reservas en dólares, haciendo al dólar más fuerte.  Este fenómeno es conocido como «la hegemonía del dólar», el cual es creado por la peculiaridad geopolíticamente construída de que las mercancías críticas, principalmente el petróleo, se denominan en dólares.

Todo el mundo acepta dólares porque los dólares pueden comprar petróleo.

La realidad es que la fuerza del dólar, desde 1945, reside en ser la divisa internacional para las transacciones petroleras globales (es decir, «petro-dólar»). USA imprime cientos de billones de estos «petrodólares» sin respaldo, los cuales son entonces usados por las naciones para comprar petróleo y energía de los productores de la OPEP (excepto actualmente Irak y en cierto grado Venezuela). Estos petrodólares entonces son reciclados de la OPEP nuevamente hacia USA, vía letras del tesoro u otros activos denominados en dólares, tales como acciones, bienes inmuebles, etc. El reciclaje de petrodólares es el precio que USA ha extraído desde 1973 de los países productores de petróleo por su tolerancia al cartel exportador de petróleo.  Las reservas de dólares deben ser invertidas en activos norteamericanos, lo cual produce un excedente en la cuenta de capital de la economía de USA.  El excedente de la cuenta de capital financia el déficit comercial. (N.d.M: Y aún así, el déficit por cuenta corriente sigue creciendo, a pesar de ser básicamente la suma de las dos anteriores, el balance comercial y las transferencias de capital, de puro enorme que es el primero. Podríamos resumir la cuestión en que los EEUU están gorroneando al resto del mundo).

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E íntimamente relacionado:

Rublo salta a máximo de 7 años; compradores de gas se pliegan a voluntad de Putin

Mientras tanto, una UE que debe pagar a precio disparatado sus importaciones de energía, ve cómo el € cae frente al $. Los gasoductos no nos hacían dependientes de Rusia, nos daban la LIBERTAD de poder escoger la mejor oferta. Ahora sí que somos totalmente dependientes de los vitales cargamentos de LNG (en buena parte, gringos), y tenemos que pagarlos al precio enloquecido que nos exige el mercado, pues no tenemos alternativa (el diferencial entre la cotización del gas en Europa respecto a otras partes del mundo se ha disparado, precisamente porque, empujados por USA, hemos aceptado autoimponernos una carestía artificial).

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