La mirada del mendigo

14 diciembre 2017

El tamaño claro que importa

Filed under: economía — Mendigo @ 13:15

Ya que la pasada entrada no tuvo ningún comentario, voy a estimularlos echando algo de leña a la lumbre.

Como hemos visto en la pasada entrada, en el sector de la automoción, como en tantos otros, se ha producido un acusado proceso de concentración empresarial en el que cada vez más marcas son englobadas bajo una misma dirección, se intercambian participaciones y se crean joint ventures para colaborar en proyectos conjuntos. La idea es siempre la misma: ganar tamaño para poder repartir los costos de desarrollo de nuevos productos sobre una base mayor de ventas y poder así seguir manteniéndose competitivos.

Precisamente la industria de la automoción se halla iniciando los primeros repechos de un puerto que le va a costar un mundo coronar: los costes asociados a la electrificación y la conducción autónoma. Varios corredores quedarán en el camino, y sólo los gigantes tendrán el músculo financiero necesario para afrontar los inmensos costes que tendrá el desarrollo de esas tecnologías, antes de que empiecen a dar sus frutos en forma de vehículos vendidos (no es novedad decir que los fabricantes están perdiendo dinero con cada vehículo eléctrico que venden).

Pero no es sólo el sector de la automoción. Recientemente, la alemana Siemens ha rubricado dos acuerdos: El primero, sumando sus activos eólicos a los de la española Gamesa para crear un gigante en la fabricación de aerogeneradores, y poder competir así con otros monstruos como Vestas, General Electric o la china GoldWind. A continuación, llegó a otro compromiso de matrimonio, esta vez con los franceses de Alstom (también estuvo coqueteando con Bombardier), para crear un gigante ferroviario que sea capaz de enfrentarse a la cada vez más seria y competente amenaza china.

Mientras estos movimientos empresariales se suceden, leo discursos entre el batiburrillo que se autodenomina de izquierdas rompiendo lanzas en favor de las PyMEs y denostando a las grandes empresas. Porque generan trabajo, se supone, cuando precisamente la economía española destaca por dos cosas: el bajo tamaño medio de las empresas y su desempleo estructural. También por una más: la escasa cifra de inversión en I+D+i respecto a sus homólogas europeas, aunque esto no deja de ser una consecuencia más de la primera característica (y quizá también del bajo nivel intelectual de la burguesía española, acostumbrada a medrar al abrigo del poder e incapaz de enfrentarse a un escenario de competencia internacional).

Una PyME no es capaz de desarrollar un sistema de conducción autónoma y embarcarlo en un vehículo. Una PyME jamás podría producir, y menos hacerlo de forma competitiva, los descomunales aerogeneradores de hasta 8MW (y se empieza el desarrollo de uno de 10MW) y la tecnología para poder instalarlos en la plataforma continental. Es ridículo pensar que el taller del tío Bartolo se atreva a fabricar un tren de alta velocidad y, sin embargo, es el modelo de empresa de buena parte de esa izquierda alternativa.

La izquierda no debería ocuparse del tamaño de las empresas, que deberá ser el adecuado a cada circunstancia. El sujeto de lucha de una izquierda revolucionaria debe ser la PROPIEDAD de esas empresas, que debe ser colectiva. ¿He de mencionar los inmensos conglomerados industriales de la Unión Soviética para desmentir esa imagen torpe que asocia la empresa familiar con algo que tenga que ver con la izquierda?

La complejidad creciente de la economía moderna obliga a aumentar el tamaño empresarial para ganar la potencia industrial e investigadora suficiente para producir los bienes y servicios a los que estamos acostumbrados. Sin duda, esta concentración de capital es una amenaza para la sociedad, para la democracia, cuando la propiedad de estas empresas es privada. Por eso deben ser propiedad de sus trabajadores y de toda la sociedad (la forma de propiedad que considero más apropiada para estas grandes empresas es mixta, entre el estado y los trabajadores).

Pero la necesidad de aumentar el tamaño empresarial no se discute. No por quien tenga un mínimo conocimiento de la realidad que le rodea. Si una sociedad se suicida y deja de producir los coches, trenes y aerogeneradores que necesita, los producirán otros y tendrá que comprárselos. Y hay que vender muchas naranjas para comprar una máquina de esas, y competir en el mercado de las naranjas significa medirte con otros países con unos salarios misérrimos en una actividad intensiva en mano de obra. Hay que explicar a la gente las consecuencias de esa economía alternativa silvoagrícolapastoril que tan maravillosa le resulta al que jamás ha empuñado el azadón.

En resumen.

A la izquierda le incumbe la PROPIEDAD de los medios de producción. Toda vez que ésta se haya repartido igualitariamente, sólo cabe adaptar el tamaño de cada empresa a los requerimientos del sector, para mejor proveer a la sociedad de los productos y servicios que ofrece (porque no lo olvidemos, trabajamos para la sociedad, para hacerla cada vez más rica y próspera, no para sumirla en la miseria con veleidades ideológicas de libritos rojos).

Y promoción de la pequeña y mediana empresa sobre las demonizadas grandes empresas no es de izquierdas, es un electoralismo barato de ignorante económico, provincianismo obtuso de individuo con un desconocimiento completo de su entorno que le incapacita hasta para ser presidente de su comunidad de vecinos.

Y ahora, ¿qué personajes o formaciones responden a la primera definición, y cuáles a la segunda? Pues eso, tenemos la izquierda que nos merecemos, muy alternativa pero nada de izquierda. Su modelo económico es tan ridículo que a la sociedad, hasta el capitalismo les parece deseable. Y ciertamente lo es, porque la alternativa de esta nueva izquierda alternativa a la explotación del capitalismo, es un modelo económico preindustrial que nos sumiría en la miseria y la hambruna (difícil implementar un agricultura tradicional con una demografía post-industrial). Como vemos en los países subdesarrollados que lo implementan o leemos en los libros de historia.

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12 noviembre 2017

Los beneficios de la normalización

Filed under: economía — Mendigo @ 0:10

Un apunte para ejemplificar la conveniencia de desarrollar un esfuerzo normalizador en todos los campos de la industria, del cual la sociedad tiene mucho que ganar.

Vamos a hablar de fotografía, así que para los iniciados en el mundillo os pongo en antecedentes. Las cámaras réflex, tanto las antiguas de película como las digitales, tienen objetivos intercambiables para adaptarse a las necesidades creativas del fotógrafo.

En el mundo de la fotografía hay una máxima: cambias de cuerpo, pero las lentes son para toda la vida. Pero no todas las lentes sirven para todas las cámaras: cada marca tiene su montura propia, con unas características de la bayoneta y una distancia planofocal concreta, distinta a las demás. Esta era una forma de crear clientes cautivos: un fotógrafo que empiece, por ejemplo, con Nikon, irá invirtiendo una cantidade de dinero respetable con una serie de objetivos para la montura F de Nikon. Cuando su cámara se rompa o quiera actualizarla, repetirá con otra Nikon ya que así podrá seguir usando las lentes que ya tiene, mientras que cambiar de marca implicaría un desembolso que va mucho más allá de un cuerpo nuevo: hacerse con otra nueva panoplia de objetivos.

Esta dependencia de una marca sería mala de por sí, ya que limita la competencia entre las marcas (muy mala tendría que ser el nuevo modelo de Nikon, para que el fotógrafo del ejemplo se plantease el salto a Canon, por ejemplo). Pero es aún más enojoso cuando la marca en cuestión abandona el desarrollo de cámaras de una montura, porque cambia de montura, o abandona el mundo de la fotografía (el que esto escribe fue propietario de una Olympus 4/3 que se pasó a una Samsung NX, sorprendente capacidad de ir pisando todos los charcos): el desgraciado fotógrafo se tiene que comer su colección de objetivos. Y estamos hablando de miles de euros en el caso de un profesional; lentes perfectamente válidas y funcionales que irán a la basura porque no pueden ser reutilizadas en monturas de otras marcas (no sólo por sus características físicas, sino porque hablan diferente “lenguajes” para comunicarse con el cuerpo.

Imaginemos una solución mucho más ventajosa para el consumidor: se reduce el número de monturas según el segmento: una para full-frame, otra para APS-C réflex, otra para mirrorless e incluso podemos proponer un formato para mini-mirrorless. Y ya está. Así, si un fabricantes de lentes (3rd party, Tamron, Sigma, Tokina…) quiere fabricar un objetivo, no tendrá que hacerlo en las distintas monturas, encareciendo el proceso de desarrollo y producción, así como el de distribución. Es más, el cliente podrá escoger un cuerpo Sony, y acoplarle un Nikkor o un Zuiko. Mayor libertad para el usuario, máxima competencia entre marcas en calidad y precio, precisamente lo que tratan de matar con su estrategia de crear ecosistemas cerrados de accesorios (en esto Apple es el paradigma).

Ésta sería la utopía de cualquier fotógrafo, ahora vamos a invertir las tornas y crear una situación distópica. ¿Qué hubiera sido de la fotografía si los rollos de película, y ahora las tarjetas de memoria, no hubieran estado normalizadas? Sólo podrías usar en tu cámara Pentax los rollos de película (o tarjetas de memoria) de la marca Pentax, o de terceras marcas que pagarían a Pentax un canon por producir carretes o tarjetas compatibles. ¿Cuánto costarían esos carretes y memorias? O si la rosca del trípode no fuera universal y tuvieras que comprar un trípode Panasonic (así como un teclado de Apple cuesta 150 napos). La afición y profesión fotográfica sería aún mucho más cara, y probablemente ni hubieramos dado aún el salto al digital por el enorme beneficio que seguirían obteniendo las marcas con las ventas de carretes.

Por supuesto, las marcas se echarían las manos a la cabeza (se les acaba el chollo) si las forzaran a ponerse de acuerdo para crear unas monturas normalizadas, y seguramente aducirían eso limitaría el desarrollo y demás chorradas (ya lo hicieron cuando la UE puso fin al chalaneo de los cargadores de móviles, y qué maravilla es poder cargar todo con el microUSB).

Algo tan sencillo llevo proponiéndolo años en el sector de la automoción, pero la normalización extiende sus beneficios incluso mucho más allá de la industria; no sólo los elementos físicos son susceptibles de normalización, sino aún mucho más los elementos de la comunicación, desde el CAN Bus de un vehículo a la presentación del balance de cuentas de un ayuntamiento en un formato concreto de hoja de cálculo (.ODS).

La normalización es una medicina en la que hay que medir bien la dosis: un exceso limita la innovación (sobre todo si no se va actualizando conforme avanza la industria, siguiendo el ejemplo, permitiendo otro tipo de montura más pequeña al desarrollarse el segmento mirrorless), pero su defecto también ralentiza el progreso (tecnologías propietarias caras que el público no se puede permitir adoptar, la informática sólo se popularizó con la llegada de los PC compatibles que rompió el monopolio de IBM) y no permite operar la economía de forma eficiente (la logística, con infinitas referencias de piezas de repuesto, se complica hasta el infinito). ¿Dónde estaríamos hoy en día si en el sXIX no se hubiera normalizado la rosca de los tornillos y tuercas? ¿Qué hubiera sido del Imperio de Roma, si no hubieran fijado algo tan básico como el ancho de vías de los carros?

Pero para ello se necesita un Estado (o supraestado) fuerte, que sea capaz de hablar con autoridad a la industria e imponerles unas normas comunes. Sin ellas, abandonados los ciudadanos al antojo de las empresas, somos burlados, intoxicados (en sentido literal), ordeñados…

La expresión ordeñado la oí por primera vez en un foro francés de usuarios de coches, en que un conductor decía que se sentía como una vaca lechera después de pasar por el concesionario para cambiar el embrague bimasa (1.300€) a un coche con 45.000 km. Y era la tercera vez que hacía el peregrinaje tras el fin de la garantía. El coche, un ecosistema cerrado en el que tras soltar la talegada que cuesta uno, tienes el honor de seguir soltando dinero en los talleres de la marca para cualquier pijada que se haya roto y sólo ellos tienen el repuesto (e incluso las herramientas de diagnóstico e información para sustituírlo).

Ciudadano vaca lechera, explotado como trabajador y exprimido como consumidor. Ciudadano-paganini, ciudadano-pringao.

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11 julio 2017

Provincianismo se escribe con P de paro

Filed under: economía — Mendigo @ 0:24

Quiero presentaros la evolución de dos empresas que compiten, competían, en el mismo segmento: los electrodomésticos.

Una española, Fagor; y una china, Haier.

Muchos comprenderéis por qué me fijo en Fagor. Fagor pertenecía al grupo Mondragón, que era una mezcla rara entre empresa convencional jerarquizada, cooperativa e incluso algo de secta. Aún así, sabéis mi convencimiento de que la propiedad de las empresas debe ser de los trabajadores (creo firmemente que, correctamente llevado, conducirían a la forma más eficiente y efectiva de organización de la producción, ya que todo el mundo mira más por su caballo que no por el del amo) y, por lo tanto, tenía toda la ilusión en que ese proyecto triunfase.

Fagor se fue al tacho hace tres años, y fue comprada por el grupo Edesa, en lo que se vendió como la constatación del fracaso del modelo cooperativista. Pues a día de hoy, tres años después y después de enterrar muchos millones de dinero público en subvenciones (para eso sí que es muy eficiente el empresariado español, fundiendo el dinero de todos mientras se reparte buenos sueldos), Fagor está al borde de la desaparición.

Vamos a echar la vista unos años atrás, a 2005, para ponernos en antecedentes. En ese año, Fagor-Electrodomésticos tenía una cifra de negocio de 941 M€. Haier, por aquel entonces, facturaba unos 554 M€.

¿Cómo están hoy? Fagor-E. negociando con los trabajadores un ERE de extinción, tras declararse en concurso de acreedores.

En el pasado ejercicio, Fagor tuvo unas ventas de 126 M€ con unas pérdidas de 12 M€.

En resumen, ni como cooperativa ni como empresa convencional, simplemente Fagor era una mierda, fabricaba un producto deficiente, y se ha ido al tacho. No es una cuestión ideológica. No es nada personal, simplemente era una empresa con un desempeño deficiente en relación a las demás de su sector. Así de simple.

Su competidora china también ha sido recientemente noticia, pero llena las páginas salmón con un cariz muy diferente: Haier compra la división de electrodomésticos del gigante General Electric, convirtiéndose en el mayor fabricante del mundo.

El año pasado (aún sin consolidar su reciente compra), la multinacional china facturó 7.167 M€ y tuvo un beneficio de 315 M€.

Recapitulemos: Fagor Electrodomésticos pasó en 11 años de facturar 941 M€, a 126 M€ y estar quebrada. Haier ha pasado en ese mismo lapso de 554 M€ a 7.167 M€ y ser el mayor fabricante mundial de línea blanca.

Sí, claro, Haier se ha beneficiado de la creación de un inmenso mercado interno. Pero hacía años que estábamos en la UE, y Fagor tenía a su disposición el mayor mercado del mundo, al cual podía acceder sin ningún tipo de barrera arancelaria. Por oportunidades no habrá sido.

Y ahora, que entre cualquier bobito de discurso progre a explicarme las bondades de las PyMEs y de cómo hay que protegerlas porque no sé qué rollos del empleo. Y eso que Fagor no era precisamente una PyME, pero acabó sucumbiendo ante los gigantes del sector (Samsung, LG, Bosch, Beko, Whirpool, Electrolux…). Mientras que una pequeña marca china ha llegado a ser más grande que cualquiera de ellas (fabricando electrodomésticos de línea blanca, Samsung por ejemplo es mucho mucho más que su división de appliances).

Es sencillísimo: si Fagor no es competitiva, no es rentable. Y si Fagor no es rentable, se va al tacho y sus trabajadores a la calle.

Joder, que parece como si el paro fuera un fenómeno meteorológico. No, coño, el desempleo estructural que padece España tiene causas muy concretas, y al final se basa en que las empresas españolas no son capaces de mantener el tipo frente a la competencia en su sector. Desaparecen, mandan a los trabajadores a la calle y sube el paro. Y como no hay otras empresas que tomen el relevo y triunfen, ahí sigue el paro. Lo hemos disimulado poniendo ladrillos y sirviendo cervezas a los turistas, pero es que por esa vía nunca dejaremos de ser un país de albañiles y camareras. Es decir, un país de mierda (que ni siquiera es un país, sino un batiburrillo de ellos, pero dejemos la cuestión nacional para otro momento).

Es que esto lo entiende hasta un asqueroso futbolero. Si la selección (yo soy subnormal, subnormal, subnormal…) pierde partidos en la Eurocopa, en la Copa del Mundo o la mierda de competición que sea, se queda fuera del torneo. Kaput. Pues lo mismo con las empresas: si no consiguen hacerse hueco entre las mejores, no pasan a la siguiente ronda. Descalificadas. Ahí tenemos los 4 millones y pico de parados, más al menos otro millón más en el subempleo.

A pesar de tener unos sueldos de mierda en comparación con nuestros competidores directos europeos, no somos capaces de competir en muchos sectores. Precisamente por tener esos sueldos de mierda, que desincentivan la inversión para mejorar la productividad, ya que el kilo de obrero en España va muy barato. Beneficios a corto plazo, pero en 11 años estás fuera del terreno de juego.

Pero que nadie se crea que subiendo los sueldos, sin mejorar el desempeño de las empresas, es solución automática de nada. Los sueldos deberán subir como consecuencia del éxito de las empresas y del drenaje de ese descomunal reservorio de mano de obra que es el desempleo. Esos cuatro millones de parados hunden el mercado laboral (es hasta vergonzoso hablar de mercado en estas condiciones, el empresario impone su plato de lentejas y punto), y la prioridad absoluta es acabar con ese “ejército industrial de reserva” estimulando la actividad económica al menos al nivel de nuestros vecinos europeos (que tampoco es que…).

[Voz de político izquierdoso]: ¡Hay que proteger las PyMEs que son quienes crean empleo frente al monstruo de las grandes multinacionales!

Pero subnormal, es que el taller del tío Manolo es incapaz de competir con las multinacionales en cualquier producto con un mínimo de complejidad. No es capaz de llegar al mercado, no es capaz ni siquiera de cubrir la demanda en el mercado local (a ver qué PyME es capaz de fabricar una lavadora, y ponerla en la tienda con una calidad mínima y a un precio no disparatado). La mayoría de las PyMEs, de casi todo el puto sector servicios a excepción del comercio, le están dando servicio a esas grandes empresas. Y si no tienen la sede aquí, la tienen en otra parte y para allá que van los beneficios.

¡Ya quisieramos tener una Haier en España! O una Huwaei, o una Lenovo. Pero, tenemos una Fagor, porque no damos ni para hacer lavadoras.

El único problema de las grandes empresas, desde un punto de vista socialista, ES QUE NO SEAN DE PROPIEDAD PÚBLICA. Siéndolo… ancha es Castilla!!! ¿O acaso se enfrentó la Unión Soviética al fascismo, y luego al capitalismo, con PyMEs? ¿Se podía ser el segundo productor mundial de acero sin una descomunal industria siderúrgica planificada? Hasta ahora, con tooooodos los defectos, la URSS ha sido el ensayo más exitoso de plantear una alternativa real al capitalismo. De haber contado con los completos gilipollas de la progresía española y su arcadia feliz de pequeños productores colaborando e intercambiando productos en la plaza del mercado del pueblo, no habría durado ni dos telediarios. A ver si se creen que el acero para fabricar los T-34 y los KV-1 crece en la huerta (orgánica, por supuesto).

La mayor aplicación a gran escala de los ideales comunitaristas (que no comunistas) de volver todos a la bucólica vida del campo, la sencillez de trabajar la tierra, el honrado campesino feliz de mantener a su comunidad… murieron más de veinte millones de chinos de hambre. Y sobre el papel, las ideas de Mao eran preciosas, hasta poéticas. Pero una paja mental como quedó demostrado. Luego llegó Deng Xiaoping, su gato negro gato blanco, y se dejaron de tonterías. Y mira, ahora nos dan sopas con honda: ellos nos venden lavadoras, y nosotros contamos desempleados.

Porque ahora que ha caído Fagor, no sólo cae Fagor, caen cien empresas más de su ecosistema que le vendían piezas, le limpiaban la nave, le hacían las campañas de publicidad o le asesoraban legalmente. La caída de Fagor va a abrir un boquete en el tejido empresarial vasco. Y son trabajadores que verán reducida su capacidad de consumo, cotizaciones e impuestos que el Estado no será capaz de recaudar. Un círculo vicioso.

¿Y de quién es la culpa? Sí, ya lo veo, de los chinos, que trabajan por una escudilla de arroz. La última vez que oí eso, venía de una gilipollas que se rebaja a trabajar como (falsa) autónoma por un sueldo (no cabe hablar aquí de beneficio) que no llegaría ni para pagar el alquiler de la caseta del perro en Shanghai.

Por supuesto, también los alemanes, los usamericanos y los coreanos trabajan por una escudilla de arroz. No es porque Fagor hiciese desde hace años unos electrodomésticos de mala calidad, y se atreviese a venderlos a precios al nivel de la competencia internacional. No es porque los clientes dieran la espalda a la marca y se fueran a otras de más calidad y/o más baratas. No, la culpa es siempre de los demás. De Merkel, de Draghi, de los chinos, los japos y ahora, además, de los coreanos.

Pero nadie echará la culpa al provincianismo, a la incapacidad de pensar en grande, a ese neojipismo asqueroso que ha sustituido a la solidez ideológica y rigor intelectual.

Y aún saldrá algún imbécil diciendo que no hay que competir, hay que colaborar. Ya. Y vas a los chinos de Haier y les dices que te den un pedazo del pastel. Que hay que colaborar y ser amiguitos. Y te dirán que en qué colaborábamos con ellos cuando se morían de hambre por millones. Ahora van a colaborar hostias. Se han puesto las pilas, están haciendo las cosas bien y están tirando para adelante. Bien por ellos. Lo mismo que antes los coreanos. Lo mismo que antes los japos.

Un ejemplo: la Open Connectivity Foundation. Es un consorcio en el que participan las empresas del sector para crear estándares que aseguren la interoperatividad del Internet of Things (en el cual los coreanos están muy avanzados). Os propongo echar un vistazo a la membresía: Samsung, Cisco, LG, Haier, Intel, Qualcomm, Electrolux… así hasta más de 300 empresas. ¿Estaba Fagor entre ellas? No, claro que no, Fagor seguía fabricando (malos) electrodomésticos del siglo XX, mientras otras compañías invertían en prepararse para participar en la fabricación de los electrodomésticos del s.XXI. Hasta que, después de acumular sucesivos ejercicios en pérdidas, se le acabó la cuerda.

¿Alguien es capaz de localizar a una puta empresa española en esa lista?

Que sí, que muy bien, que el árbitro nos tiene manía. Y a fin de cuentas, viva er Beti, manque pierda.

Los españoles somos muy inteligentes, esforzados e imaginativos, la universidad española es fenomenal y nuestros estudiantes son codiciados en el mundo entero, pero todo es culpa de la conjura judeo-masónica-neoliberal, que nos impide el acceso al lugar de honor que nos corresponde entre las naciones. Y así podemos tirarnos otros cuantos siglos más, instalados en la negación de la realidad.

Cada pueblo tiene lo que se merece.

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1 julio 2017

El despilfarro de lo público

Filed under: economía — Mendigo @ 15:13

A todos nos han enseñado que la empresa pública siempre conlleva una ineficiente gestión de los recursos, y que la forma de optimizarlos es subcontratar servicios en la empresa privada, intrínsecamente más eficiente.

Por casualidad, he encontrado un buen ejemplo:

La CAM paga 374€ al mes a una empresa de alquiler de maquinaria por el alquiler de las motosierras que usan sus brigadas forestales.

La noticia no especifica el modelo, pero vamos a coger la Mercedes de las motosierras, una Stihl. Dentro de su catálogo, una grandota, la MS271.

Sólo con echar un vistazo, la encuentro por 589€. Compárense con los 2.992€ que cuesta al año alquilarlas (campaña de 8 meses).

El contrato será legal; supongo. Pero no conozco a nadie, ni el más analfabeto de la aldea, que se le ocurra alquilar por 370€ al mes una herramienta que le cuesta menos de 600€. Vamos, con que le dure más de dos meses, ya le sale a cuenta comprársela.

A quien le sale a cuenta es al empresario que las alquila, claro. La rentabilidad de ese negocio debe ser de pelotazo urbanístico. Seguro que al cargo político que redacta y adjudica semejante contrato tampoco le sale mal la jugada.

¿En la Comunidad de Madriz son muy tontos, muy tontos, muy tontos? ¿O se pasan de listos?

Pero todo el mundo sabe que privatizando un servicio ahorramos dinero.

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19 junio 2017

Grupo de Estudio: Ha-Joon Chang

Filed under: economía — Mendigo @ 22:16

Quiero en esta entrada proponeros un experimento, de cuyo resultado podemos ir dándole continuidad con otros textos. Se trata de crear un grupo de estudio, análisis, debate sobre un texto que se proponga. Los temas serán los habituales en este espacio, economía, energía, religión, ecología… bueno, si estáis leyendo ésto ya sabéis más o menos qué os podéis esperar.

Los textos propuestos no siempre tendrán que compartir, ni siquiera en parte, la visión del autor. De hecho para el segundo capítulo os tengo reservado uno muy divertido, sugerido por uno de vosotros hace unas pocas entradas. De hecho, buena parte de los textos que iré proponiendo, los he leído gracias a vuestra recomendación personal.

El principal motivo de mantener abierto y activo este tugurio, es porque espero aprender en él. Tanto mientras preparo una entrada, como leyendo vuestros comentarios, he aprendido una enormidad de cosas por las cuales os estoy agradecido. Me siento muy orgulloso del buen nivel de los comentarios, sin duda mi mayor mérito es haberos reunido. Bueno, pues con este espacio me gustaría dar una vuelta de tuerca más, hacerlo un poco más académico, más organizado y sistematizado el debate. Por eso, vamos a centrarnos en un libro.

No espero comentarios generalistas de “pues me ha gustado o no me ha gustado”. Me importa tres cojones si os ha gustado o no. Lo quiero es que cada uno vaya aportando comentarios, con referencias al texto. Por ejemplo: en el capítulo 3, el autor dice que patatín, y entiendo que está confundido, porque patatán ton tin. O al revés, me parece muy interesante patatán, porque eso explica tal fenómeno o entronca con lo que dice tal autor, etc.

Para que sea fácil de seguir para el resto de compañeros, os ruego que organicéis bien las referencias, señalando el capítulo (la página no siempre es útil, si trabajamos con diferentes ediciones) y la cita.

Evidentemente, no a todo el mundo le interesará el libro propuesto. Se trata de que cada uno se sume al grupo, en la medida de vuestros intereses. Igual que como cualquier otra entrada del blog, no tenéis la obligación de opinar sobre todo, dejemos ese don para los putos tertulianos sacamuelas.

Igualmente, sé que el tiempo es un lujo, y que todos tenemos una retahíla de libros pendientes. No pienso ni mucho menos en decirle a nadie, “para mañana, los dos primeros capítulos”. De hecho, vuestras sugerencias de lectura, las que creo que me pueden interesar, a veces tardo meses, años en atenderlas. La entrada se queda abierta, para que quien quiera vaya comentando lo que se le vaya ocurriendo. Si es dentro de un año, pues dentro de un año. Al menos yo, sigo leyendo vuestros comentarios en entradas viejas, y aparecen en la barra lateral para que los demás puedan seguirlos (o podéis suscribiros a una entrada en concreto), así que el debate puede continuar mucho después de publicada la entrada.

Por supuesto, yo sólo intervengo como guardián del chiringo proponiendo el libro. Luego, mis apuntes sobre el libro, serán los de uno más y los iré añadiendo en comentarios. Ahora pondré un par de notas sobre los primeros capítulos, y según se vaya animando la cosa ya iré comentando los siguientes (no voy a hacer el gilipollas de escribir, si no veo que no hay interés).

En la medida de lo posible, intentaré proponer textos que puedan ser descargados de Internet, para no sobrecargar los presupuestos más ajustados. Lo que no siempre seré capaz es de asegurar que esté disponible en castellano. Para quien no domine el inglés, intentaré buscar al menos la referencia del libro impreso en lengua romance.

Y bueno, hasta aquí la exposición de esta propuesta, que espero que sea de vuestro interés. Ahora vamos a presentar al primer autor y libro propuestos.

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Ha-Joon Chang es un economista coreano afincado en Londres desde los años ’80. Actualmente es profesor de Economía del Desarrollo en Cambridge. Para que os hagáis una idea de su línea, se parecería mucho a Juan Torres después de comerse un limón. XD

El libro que propongo es éste:

23 thing they don’t tell you about capitalism

Por cierto, que ha sido una sorpresa ver la portada que han escogido para su versión castellana:

Lo tenéis disponible en VO original (inglés, no temáis, además un soberbio inglés añejo) en la mulita y, seguramente, otras redes P2P. Hay otro archivo en castellano, pero no me lo he conseguido bajar por no encontrar fuentes, podéis probar vosotros.

Para los que están reculando al ver que empiezo proponiendo un libro de economía: por favor, empezadlo al menos. No es un libro que requiera unos conocimientos económicos previos, sino para el público en general. Como el mismo autor señala en el prefacio, la mayor parte de la economía se puede explicar simplemente acudiendo al sentido común (el menos común de los sentidos). No es que crea que os puede interesar. Es que afirmo, tajantemente, que os interesa.

Es como aquella viñeta gráfica (la debo tener guardada por ahí, en el externo, a saber) que está un hijo, al lado de la cama de su padre, en el hospital. El padre le comenta algo de la situación política, y el hijo le responde que ya sabe que no le gusta la política. ¡Toma, ni a mí la medicina! responde el anciano.

Como decía Alberto Montero, en expresión que se me quedó grabada ya hace muchos años (y es cuando empecé a interesarme por la economía): Tenemos que leer textos de economía como si fueran manuales de supervivencia.

Bien, Alberto sólo se equivocó en una cosa. Sobra el adverbio como. Son, para nosotros, manuales de supervivencia.

Si no entendéis lo que quiero decir, le preguntáis a la tipa ésta, que os lo explique:

O a cualquiera de la PAH. O de los que han sido despedidos con la nueva reforma laboral.

Si os lo propongo como primer libro, creedme, es por algo; perfectamente asequible, plantea cuestiones muy manidas de una forma muy original, cuestionando con gracia e inteligencia el discurso económico convencional (neoliberal).

Cuando menos, interesante leerlo, y creo un buen punto de partida para el debate.

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