La mirada del mendigo

16 agosto 2015

No es tan sencillo II

Filed under: economía — Mendigo @ 13:32

Continuo con la entrada anterior, añadiendo mi respuesta a la pregunta que dejé colgada y vosotros habéis estado comentando.

Para empezar, vamos a analizar el problema, que no es otro que la pobreza sobrevenida de Yorgos, que cobra la mitad de su salario. ¿Por qué este cambio? Bien, analizándolo duramente, podríamos decir que su trabajo no vale más que esos 500€. Yorgos no produce riqueza más que por 500€, y esta baja productividad de su trabajo es la causa última de su parco salario.

Pero esta afirmación hay que completarla, añadiendo muchos matices al cuadro. La primera, es que seguramente Yorgos produce riqueza por más de esos 500€ de salario, pero parte se va a retribuir el capital (beneficio empresarial, dividendos, pago de la deuda…). Esto es, dinero sin trabajo: un robo. Efectivamente, haciendo nulo el valor del capital, Yorgos podría percibir íntegra la parte de riqueza que le corresponde por su trabajo. ¿Y cuánto es esto? Bueno, podemos aproximar que de la riqueza creada en un Estado, el 60% se dedica a retribuir el trabajo, y el 40% a retribuir el capital (tomo el caso español, me entra pereza sólo de pensar en buscar ese dato para el caso griego). Sabemos, además, que la retribución del capital lleva años ganándole terreno a las rentas del trabajo, como es de esperar en un sistema capitalista.

En resumen, en un sistema socialista puro, y haciendo un ceteribus paribus de campeonato, Yorgos debería cobrar unos 830€ como remuneración de su trabajo. Ahora bien, este salto mortal sin red que acabo de hacer tiene muchas complicaciones. Por ejemplo, hay que asumir que toda forma de capital queda abolida, lo cual implica considerar ilegítima toda la deuda internacional contraída, rechazando su pago (una quita del 100%) y asumiendo que nunca, jamás, volverás a tomar más deuda (ya que no piensas retribuir el capital que te presten). No hace falta explicar que sería realmente difícil hacer un movimiento así, y las consecuencias que tendría para la economía griega, convertida de la noche a la mañana en una isla económica, privada de medios de financiación.

Por otra parte, por mucho que valoremos a cero el capital, realmente el capital fijo (instalaciones, maquinaria…) tiene un valor, que es el que le permite a Yorgos realizar su trabajo y generar esa riqueza de 830€. Si la titularidad de ese capital es del Estado, será decisión por tanto del Estado invertir en tal o cual empresa, proveyéndola de unas u otras capacidades de generar riqueza y, por lo tanto, afectando a la capacidad de Yorgos de generarla y, por lo tanto, a su trabajo.

Otra alternativa, es repartir la propiedad entre los trabajadores, lo cual crea ya un desequilibrio de partida: habrá trabajadores que reciban mucho más capital que otros, según la empresa en la que estén prestando sus servicios y, a partir de ello, será diferente la capacidad de unos y otros de generar riqueza. Por otra parte, la propia evolución de cada empresa, con el acierto o fallo en las inversiones, llevarían a que estas diferencias de capital se expandiesen (en todo caso, el problema estaría acotado mientras sólo se permitiera a cada trabajador poseer el capital que corresponde por su participación en una empresa). Quizá la alternativa más justa fuera la primera, considerando todo el Estado como una única empresa (máquina productora de riqueza) de la cual todos los trabajadores participan de forma alícuota por su condición de ciudadano.

En llegando a este punto, tenemos que introducir una precisión ¿y cómo demonios llego a la conclusión de que Yorgos genera una riqueza de 830€? Salvo que sea una empresa unipersonal, por ejemplo, que Yorgos sea un zapatero con su propio taller, o una PyME simplicísima, es muy difícil, creo que imposible, determinar positivamente cuál es la riqueza que genera cada trabajador en su puesto, para luego retribuirla (e incluso en el caso de un autónomo, pues su beneficio está determinado por unas fuerzas del mercado que podemos impugnar, ya que no revelan el valor aportado realmente a la sociedad). Para repartir el beneficio de la empresa entre sus trabajadores, necesariamente, debemos hacer unas asunciones de orden ideológico. Podemos considerar que todos los trabajos son igualmente necesarios, desde el mantenimiendo y la limpieza a la dirección técnica y económica, y retribuir a todos por igual. O considerar el valor diferencial que cada uno de ellos aporta a la producción, efectivamente un desempeño excelente de la persona que friega el suelo no tiene consecuencias en la cuenta de resultados del mismo orden que el de un técnico que resuelva de forma eficiente un problema de diseño.

Lo cierto es que es un tema muy peliagudo. Por ejemplo, está la corriente que propone que la retribución sea proporcional a la asociada al impacto de su trabajo en el beneficio de la empresa. Por ejemplo, una nueva campaña publicitaria de un creativo de marketing reporta un crecimiento del 10% en ventas y EBITDA, pues este cantidad extra de riqueza (después de detraer los sacrosantos beneficios empresariales) debe ir a parar al creativo gracias al cual se ha producido ese resultado, ya que es evidente que ese es su valor diferencial en la empresa. Tiene su lógica, pero también se puede desmontar por la vía de la lógica: pongamos una empresa de moda que está en una situación comprometida, y contrata a un nuevo diseñador que consigue conectar con el gusto de la gente, y la empresa remonta y se convierte en una segunda Zara. Siguiendo el mismo razonamiento, la empresa pasaría de presentar un balance con pérdidas, y valorada en 0€, a ser un gigante de la moda con beneficios tremendos. Por lo tanto, todo este beneficio debería ir a retribuir (además de a los accionistas), a este nuevo diseñador, siendo el sueldo del resto de los cientos o miles de trabajadores de la empresa de exactamente 0€. Su trabajo no vale nada, y el único trabajo que tiene valor es el del diseñador con nuevas ideas. Mmmm. Ya no parece tan lógico, ¿verdad?

Es socialismo resuelve el problema cortando por la vía de en medio, y adoptando una solución que podríamos decir salomónica: “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”. Lo cierto es que suena justo, y bastante más civilizado que lo anterior. El problema viene de su aplicación real: la falta de incentivos para la superación humana (gran problema en el mundo socialista y, en general, de todo sistema funcionarial, donde el empuje de un trabajador joven e ilusionado se ve socavado por la desidia, apatía e incluso ineptitud del que ya se ha acomodado, cobrando ambos lo mismo). En la misma Unión Soviética, este principio era tamizado con una escala retributiva según la valía del trabajador, y las susceptibilidad de ser sustituido sin merma en el desempeño de la empresa. Por ejemplo, un trabajador con varios hijos tenía derecho a un piso más espacioso que uno soltero. Ahora bien, el gerente de una empresa tenía una retribución bastante superior que un aprendiz. Seguramente las diferencias salariales no eran tan abultadas como en el campo capitalista, pero desde luego no seguían fielmente el principio marxista. De todas formas, Marx, que no tenía un pelo de tonto, consideró que esa forma de repartición del trabajo y la riqueza sería el fin de estación en una sociedad comunista, el ideal al que tender, no un principio de inmediata aplicación en el socialismo, el cual debería rebajarlo con el “a cada cual según su aportación” capitalista.

Otra forma de calcular el salario de cada trabajador es por la acción del mercado aplicado a la mercancía humana, el trabajo. Cada uno recibe el sueldo que se acuerda en la subasta que supone el mercado laboral, teniendo mayor capacidad de negociación aquellos que ofrecen capacidades más importantes para la producción, más demandadas por el sistema económico, y más raras de conseguir entre los trabajadores. Como los demás, también tiene su sentido, salvo que…seguramente las cuentas no cuadren. Es decir, que la suma de los salarios atribuidos por el mercado no coincida, no tiene por qué, con la riqueza generada por la empresa. En un sistema capitalista, sería la parte que se llevarían los propietarios, pero aboliendo la propiedad privada de los medios de producción…bueno, este beneficio empresarial iría al propietario de ese capital, sea el Estado (empresa estatal) o a los trabajadores (empresa cooperativa, y ahora aparece el problema de si se distribuirían de forma equitativa o de nuevo según su aportación…), o cualquiera de las formas mixtas.

Bueno, vamos a hacer un receso, porque esta entrada está quedando un poco densita.

Vale, seguimos un poco más. Nos habíamos quedado en que, con el advenimiento del socialismo, Yorgos recuperaría buena parte de su poder adquisitivo, recogiendo la parte arrebatada al capital, hasta los 830€. En el mejor de los casos, hay que añadir. Y es que esto, son habas contadas. Pero Yorgos aspira a más, ve el nivel salarial que hay en el corazón de Europa y no se resigna a vivir cual espartiata (y es que Yorgos es de Larisa, es decir, tesalio, no lacedemonio :P).

Volvemos por lo tanto al punto de reunión de este tipo de debates: para distribuir la riqueza, primero hay que generarla. El espectro político se divide entre los que sólo quieren ver la creación de riqueza, ajenos al problema de que si ésta no se redistribuye, no llega al común de la gente, siendo sisada por quien posee el capital y, con ello, el poder político,y mediático y, en última instancia, policial/militar. Y luego están aquellos otros que sólo se fijan en esta sisa, sin considerar que la apropiación capitalista del beneficio sólo explica parcialmente la pobreza de los trabajadores, refractarios a la idea de que también los trabajadores son responsables de su propia pobreza al no ser capaces de producir más riqueza (luego retomo esta afirmación). Definido este espacio político entre derecha e izquierda tradicional, hay otros dos grupos: el de los progres que aceptando los postulados de la derecha, es decir, considerando legítima la propiedad privada de los medios de producción, adoptan poses y ropajes propios de la izquierda política. Estos son esa clase de imbéciles que ni se preocupan de los problemas de la producción ni de la sisa; esta clase de opinantes cuya estética está tan de moda es tóxica, su programa parido por Bambi tras ser sodomizada por un Teletubbie es de una bisoñez que repulsa, y espanta la perspectiva de que algún día fuera implementado. Y es que esto no es un juego de mesa, esto es real, el hambre es real, las necesidades son reales. Mandar a millones de personas a la miseria, por seguir unos prejuicios ideológicos, es criminal y como tal debería ser tratado.

Y luego está un reducidísimo grupo de personas, en el cual aspiro yo a ingresar, que procuran comprender ambos aspectos de la economía, la creación y la distribución de la riqueza, para las cuales el término socialismo tiene un significado muy concreto y proponen los pasos para llevarlo a la práctica. Cuando los bolcheviques se hicieron finalmente con las riendas del Imperio Ruso, se encontraron con problemas de índole práctica que exigían una solución acuciante. Aunque a mucho idiota le parezca la contrario, el día siguiente a proclamar el socialismo no se habrá solucionado ningún problema. De hecho, la labor no habrá hecho más que comenzar, como en 1917, con bocas que alimentar en las ciudades, con una industria obsoleta y disfuncional que reconvertir y promover, un edificio burocrático que reformar, y seguramente habrá que enfrentar todos estos problemas en medio de la tormenta, en un clima de fuerte oposición, quizá incluso militar, tanto interna (la burguesía, buena parte del campesinado, tan tradicionalista, y los intereses creados de tanto parásito del sistema) como externa (sin apoyos internacionales, China se pondría de lado, Cuba es irrelevante y USA procurando desestabilizar el sistema desde el minuto 0).

Lo que muchos no quieren ver, porque todo el mal del mundo es causado por la rapacidad capitalista, etc…es que, aunque en Grecia se proclamase mañana mismo el estado socialista, seguiría siendo el país de mierda que es, atenazado por la corrupción y el clientelismo, con un sector productivo escasamente competitivo que es barrido por las más eficientes maquinarias económicas del Norte y del Este. Los jóvenes griegos más preparados seguirían emigrando; porque la economía griega, como la española, no genera la necesidad de puestos de trabajo de alta capacitación en un ritmo suficiente para absorber a esa generación que a un mismo tiempo es la mejor preparada, la subcontratada, la desempleada, la estafada.

Podemos mirar el ejemplo de China o Corea del Sur, las dos economía más eficientes en sacar a sus ciudadanos de la miseria en las últimas décadas. Aparentemente son dos sistemas, pero comparten un mismo camino: el del desarrollo tecnológico que propulsa el económico y, a rémora, el social. Una (restringida) meritocracia donde el esfuerzo y la valía son recompensadas y encuentran oportunidades para brillar. En realidad, China o Corea lo hubieran hecho igual de bien de haber intercambiado sus sistemas económicos. Incluso podría decir que Alemania seguiría siendo la potencia económica que es, en un sistema socialista, mientras que Grecia o España seguirían siendo una mierda. Y si Burkina Faso fuera socialista, seguiría siendo pobre.

Y es que la riqueza es la gente. Alemania, como Corea, como cada vez más China, han desarrollado una sociedad en la que se promueve y se premia el conocimiento, la competencia y el trabajo bien hecho. Ciertamente, el sistema educativo español no es tan malo, y aún genera conocimiento, pero éste es desperdiciado luego por un sistema económico que no lo demanda, y el que absorbe no lo recompensa adecuadamente (no sólo con salario, sino con promoción y responsabilidad, estableciendo un techo de cristal que sólo se permite franquear a los hijos de la casta, los de apellido compuesto, aunque sólo sirvan para tirar del arado).

¿Cómo España, el reino de la improvisación, del compadreo y de la chapuza, va a ponerse a la altura de las grandes potencias? No way! Tenemos lo que nos merecemos, y a largo plazo esta es una verdad inexorable. ¿Creéis que vamos a cambiar por cambiar uno de los colores de la bandera, o incluso teñirla completamente de rojo? ¡Ja! La infección es mucho más profunda, como para ser erradicada con un cambio de sistema económico. De hecho, y de ser implementado el cambio como es esperable por españoles, aún la enfermedad se recrudecería, encontrando buen fermento en un sistema estatista los parásitos del sistema.

Y aquí volvemos al ceteribus paribus. Yorgos pasaría a cobrar 830€ con el cambio de sistema, si el desempeño de la economía se mantiene constante. Ahora bien, cada vez soy más consciente de que la complejidad de la maquinaria económica, y de lo sencillo que sería gripar el motor si cae en manos de un niño. Y no es sino propio del pensamiento infantil que todos los problemas se resuelven mágicamente una vez conseguido el objeto deseado (cuando me compren la bici, mi vida será radiante; cuando llegue el socialismo, el sol brillará, los pajaritos cantarán y todos seremos felices). El ejemplo es evidente: con toda la buena intención del mundo, basándose en unos bellos principios de igualitarismo, Mao cortocircuitó la estructura productiva china, aumentando la ya terrible situación del campesinado chino con el Gran Salto Adelante, a la par que laminando a la minoría estudiada sobre la que debería cimentarse un resurgimiento de su industria con la Revolución Cultural. El infierno está tapizado de buenas intenciones que, regadas con el infantilismo y la estupidez, pueden dar consecuencias amargas. El panorama cambió para el ciudadano chino cuando los cuadros del PCCh se deajron de monsergas, reconocieron que el dogmatismo revolucionario podía causar aún más penurias que la opresión feudal o la rapacidad capitalista y se pusieron a pensar en el pueblo y no en su ombligo ideológico, con un pragmatismo que ha devuelto la prosperidad a los mil millones largos de chinos. Toda una lección, para exorcizar a los charlatanes que hacen carretera aventando el anatema contra el “capitalismo criminal”. Hay algo mucho peor que el capitalismo: la incompetencia, la ignorancia, la idiocia. Sus consecuencias pueden ser devastadoras.

Por lo tanto, en el cambio de sistema, es muy muy fácil e incluso probable que se acabase gripando el motor económico y Yorgos acabase cobrando aún bastante menos de esos 500€ de los que en un principio se quejaba. La cuestión es que, dentro del socialismo, y si se hacen las cosas muy bien, también se pueden ganar mucho más que esos 830€ (léase generar una riqueza mayor), insisto que el socialismo puede ser un sistema más eficiente y, por lo tanto, competitivo que el capitalismo. Ahora bien, hay que hacer muchas cosas bien, desparasitarlo de autoritarismos (y me refiero sobre todo a los de pequeña escala, los de funcionario chusquero), arbitrariedades y redundancias, donde todo el mundo deba rendir cuentas del producto de su trabajo y las decisiones tengan sus consecuencias, en uno u otro sentido.

Así pues, si Yorgos quiere producir y merecer más de esos 500€, que es a lo más que puede aspirar en un sistema capitalista, u 830€ en uno socialista, deberá sumarse a un movimiento de renovación nacional que promueva la execración de la corrupción y el clientelismo, la instauración del principio del mérito en la sociedad, en que cada puesto deberá ser ocupado por el mejor aspirante disponible, que deberá seguir demostrando que es el más apto para ese puesto o dejar paso al siguiente. Una sociedad volcada en identificar y corregir ineficiencias y redundancias, en someter a cada mecanismo de la sociedad a una revisión revolucionaria pensando en la forma de mejorar su desempeño, empleando menos recursos. También una sociedad en la que se valore, recompensándolo, el trabajo bien hecho, y no calentar el asiento durante la jornada laboral. Y, por encima de todo, un respeto por el conocimiento; el espíritu de estudio, de la cuna a la tumba, para la mejora profesional y personal. La riqueza siempre estuvo, y hoy más que nunca, en el conocimiento.

Este esfuerzo es una búsqueda común por la excelencia en todos los aspectos de la vida social, y no sólo en el trabajo (también exigiendo ejemplaridad en la gestión de lo público, transparencia y democracia máximas). Una sociedad así, será brutalmente eficiente y competitiva, y podrá medirse con cualquiera otra con ventaja en cualquier campo económico. Y esta eficiencia y competitividad, sólo pueden maximizarse en un sistema sociopolítico democrático y socialista, donde no existan exacciones de los vampiros de capital.

Pero no basta con el socialismo. Esto es sólo un método que pone los recursos en manos del pueblo. Luego, el pueblo puede hacer las cosas bien o mal, pudiendo generar aún más riqueza, o mucha más pobreza, que el capitalismo. El capitalismo es el látigo del cómitre; pero con látigo o sin él, hay que remar para llegar a puerto.

En resumen, para cobrar más de esos 830€ hay que generarlos, hay que ganárselos. Y esto es muy jodido, hay que estudiar mucho, lo cual requiere un esfuerzo personal y colectivo. Muchas sociedades prefieren quedarse con esta cantidad, o incluso menos, y que no les rompan la cabeza. Cada pueblo tiene, de nuevo, lo que se merece.

Y acabo, para considerar si no cerrado al menos acotado el tema, en el improbable caso que alguien haya llegado hasta aquí. Dejé pendiente la cuestión de que Yorgos debería generar esa riqueza, si quería pretender cobrarla. Esta frase, así expresada, deja en manos de Yorgos la responsabilidad de incrementar su productividad, y esto no es de ningún modo justo. Ciertamente, Yorgos puede esforzarse más para adquirir nuevas competencias y destrezas, y esta labor de estudio es, insisto, un esfuerzo personal, pero también colectivo (para ofrecerle esa formación). Pero de nada sirve que Yorgos aprenda a manejar una maquinaria nueva, si el empresario (sea privado o colectivo) no la adquiere, considerando que, para la mierda que cobra Yorgos, no merece la pena molestarse en invertir en tecnología, sino que si se necesitare, contrataría a tres pringadillos más. Yorgos no tiene culpa, entonces, de que no le permitan incrementar su productividad, de que no le den los medios para producir más riqueza. Como tampoco tiene la culpa de que su jefe de departamento sea idiota y no sepa diseñar un cronograma limpio, que minimice los tiempos muertos, teniendo que estar Yorgos con los brazos cruzados esperando a que sus compañeros acaben un proceso anterior. O que el director económico desvíe fondos como “gastos de representación” para que la dirección se vaya de putas con el dinero que podrían invertir en equipo y formación. Maximizar la productividad no pasa por bajar los salarios, ni mucho menos. La creación de riqueza pasa por la limpieza del diseño, la excelencia en la ejecución, la eficiencia de los procesos; el tesoro de la riqueza se encuentra en el cofre del conocimiento, no en la explotación de la fuerza de trabajo. Para abrirlo, un sistema democrático, socialista, es la herramienta más adecuada.

Pero hay que perseguir ese tesoro, para disfrutar de sus riquezas.

6 agosto 2015

No es tan sencillo

Filed under: economía — Mendigo @ 15:32

Exponía hace unas semanas la trampa en que consiste la moneda única, en que una economía netamente exportadora como la alemana no sufre la apreciación de su divisa respecto a sus clientes/acreedores, de tal forma que puede mantener esta situación permanentemente sin merma en su competitividad.

Bien, esto es cierto. ¿Entonces? ¿Cuál es la alternativa? ¿Salirnos del euro? Pues en esta entrada procuraré mostrar que la cosa no es tan sencilla; porque, de serlo, no quedaría ya ningún país dentro del euro, y todos los países con una divisa propia nadarían en la abundancia o, al menos, tendrían economías prósperas. Y es evidente que este no es el caso; la soberanía monetaria puede ser una ventaja para capear situaciones de crisis, si hay alguien inteligente al timón, pero no hace de un país que sea rico o misérrimo.

Vamos a poner un ejemplo. Tomemos a un griego medio, por ejemplo el amigo Γιώργος, es decir, Jorge. La economía griega no es competitiva y, para recuperar competitividad dentro de la moneda única, dicen los popes de la economía que hay que recurrir a una devaluación interna. ¿Qué significa ésto hablando en plata? Bajar salarios y aumentar impuestos indirectos.

Pongamos que la nefanda Troika fuerza una reducción de los salarios del 50%; en el caso del colega Yorgos, esto supone pasar de cobrar 1.000€ a cobrar 500€. Como es lógico, Yorgos se caga en todo el santoral y sale a la calle reclamando una solución que no pase por convertirle de golpe y plumazo en pobre. Y si hay que salir del euro, pues adiós muy buenas.

Bien, supongamos que los griegos logran librarse de la camisa de fuerza del euro. ¿Ya está? ¿Todo solucionado? ¿Automáticamente la economía griega recupera competitividad sin necesidad laminar el poder adquisitivo de los trabajadores griegos?

Como muchos os imagináis, no es tan fácil. Vamos a seguir esquemáticamente el curso de los acontecimientos. Grecia se sale del euro y comienza a acuñar su propia moneda, las neodracmas (ND). Pongamos que establecen una paridad de la nueva moneda con el € (en realidad, es un detalle menor, podría ser 1€=1000ND o cualquier otra relación arbitraria, lo tomo así por comodidad didáctica). Al convertir todos los contratos (salarios, deuda…) a la nueva moneda, Yorgos pasaría a cobrar 1000ND. ¡Bien! El colega Yorgos no ha salido perdiendo, pues sigue cobrando lo mismo, 1.000ND que equivalen a 1.000€ o unos 910$.

Ya, pero esto es en el instante 0 de la nueva moneda. En el instante 0+dt el neodracma iniciaría un camino hacia los infiernos, que no pararía hasta pongamos una devaluación (realmente, una depreciación, si es una divisa con flotación libre) de, pongamos, el 50%. Cuando se estabilizase la nueva moneda, Yorgos seguiría cobrando 1.000ND, pero todos los productos que quisiera comprar habrían duplicado su precio. Por ejemplo, para adquirir un barril de petróleo que los árabes venden a 50€, habría que poner sobre la mesa 100ND (no es exactamente así, ya que el petróleo de Oriente Medio se transa en dólares, luego habría que adquirir esa divisa por el BIS…pero bueno, eso no afecta en nada a nuestro ejemplo).

Alguno seguro que estaréis pensando, bueno, esto es así para todos los productos importados, o que contengan componentes importados, pero la producción interna no se vería afectada ya que todos producen en la misma moneda, el ND. De esta forma, la industria local ganaría competitividad, al menos de cara al mercado interno. Pero esto es un error. Cuando el colega Yorgos va a hacer la compra al hiper, se da cuenta que, por ejemplo, un disco duro externo fabricado en Taiwan ha pasado a costar el doble. Pero cuando va a la sección de alimentación y quiere comprar unas deliciosas uvas de producción local, del Peloponeso, se da cuenta de que ¡¡¡hostias, también cuestan el doble!!! ¿Cómo es posible? Pues es sencillo, al productor griego le resulta indiferente si venderle las uvas a un distribuidor local o uno alemán. El alemán que antes, cuando compartían moneda, estaba dispuesto a pagar a 50¢/kg, ahora sigue ofreciendo el mismo precio al ofrecer 1ND/kg. Para el alemán, nada ha cambiado. Pero para el compungido Yorgos, se da cuenta de que su salario de 1.000ND, le da para comprar exactamente la mitad de lo que antes podía.

Es decir, que es exactamente igual de pobre que si su país hubiera tomado el otro camino, de la devaluación interna, y su salario fuera de 500€. Y es absolutamente normal, porque a fin de cuentas los trucos monetarios no dejan de ser una forma de cambiar de unidad de medida; un kilo de melocotones pesa lo mismo lo midamos en libras, en arrobas o en quintales. En España tuvimos en el pasado varias devaluaciones y, más allá del alivio psicológico de ver cómo el montante nominal de tu nómina no cambiaba, el empobrecimiento subsiguiente era idéntico al que hubieras sufrido de haberte reducido el salario. Digamos que era una forma indolora de metérsela doblada al populacho (trabajadores y pequeños productores, con poca o nula capacidad de trasladar el incremento de costes a los precios, de la mano de obra o del producto).

Realmente, sí que habría una forma de generar esa competitividad interna: mediante aranceles. Efectivamente, si gravamos las importaciones estamos dándole un respiro a la industria local, que ya sólo tiene que competir con el precio artificialmente inflado al paso por la aduana. Ahora bien, para esto no sólo hay que salirse de la eurozona; Grecia tendría que salirse de la UE. De hecho, ni siquiera sería necesario abandonar el euro para ello (Andorra o Montenegro no pertenecen a la UE y lo usan).

Pero hay que tener mucho ojo: por ejemplo, gravando los discos duros externos no le hacemos un favor a la inexistente industria electrónica griega, y sólo estamos aplicando un nuevo impuesto al consumo para hacer aún más pobre a nuestro querido Yorgos. Y por supuesto, en los acuerdos comerciales existe una reciprocidad: si levantas barreras arancelarias, tus socios comerciales harán lo propio con tus productos. Y esto, paradógicamente, sí que le puede convenir a Yorgos, al menos a corto plazo: porque si Alemania reacciona a un establecimiento de aranceles a sus coches con un arancel del 50% en las uvas de procedencia griega, Yorgos podrá seguir disfrutando de ellas al precio de antes, ya que el importador alemán sólo ofrecerá 25¢/kg, pues tiene que afrontar el pago de otros 25¢ de impuestos, así que en los supermercados griegos el kilo de uvas estará a 0,5ND.

Ahora bien, el viticultor estará cagándose en todo, pues recibe por sus uvas sólo la mitad que un productor italiano o español, a los cuales el alemán le puede ofrecer los 50¢/kg.

Lo cierto es que, con la política arancelaria, ocurre algo parecido como con la energía nuclear o la fotovoltaica: según dónde te sitúes en el espectro ideológico, se supone que debes amar o abominar de una u otra. Si los de enfrente aman algo, es que debe ser diabólico y lo que ellos detestan, algo bueno tendrá. En la mente simple del progre de turno, que realmente no es de izquierdas ni de derechas, sino simplemente imbécil perdido, si los tratados de libre comercio, en particular el TTIP o el TISA, son una calamidad para el pueblo (y a fe que lo serían, si consiguen colárnosla), entonces la mejor opción es el extremo proteccionista.

Grave error. Los aranceles son como los ruedines que llevan los niños para aprender a andar en bici. Si al principio van bien para que el niño no se descalabre, el objetivo es que aprenda a guardar por sí mismo el equilibrio. Lo que es una ayuda con 5 años, es un estorbo ridículo con 15. Otro ejemplo pueden ser unos flotadores, que si bien son útiles, si el niño se aferra a ellos nunca aprenderá a nadar correctamente. Por lo tanto, los aranceles deben ser usados con inteligencia, en su justa medida, para proteger a sectores que aún no son competitivos para darles un poco de tiempo para que se pongan a la altura de la competencia, según se van retirando paulatinamente. Exponer una incipiente industria nacional al sol abrasador de la competencia mundial puede arrasarla cuando es sólo un brote. Pero mantener eternamente los ruedines supone un lastre que impedirá su desarrollo en la etapa de madurez.

Un inciso que se me viene a la cabeza: mucha gente, cuando se trata de regular las suspensiones (generalmente, en las motos deportivas, los coches no permiten esas virguerías) la gente lo hace soberamente mal. Normalmente, acaban endureciendo todo (extensión, compresión y precarga) a tope, porque en alguna parte han escuchado que así es como van los profesionales en competición. Un viejo adagio circuitero sobre las suspensiones reza así: tan suave como puedas, tan firme como necesites. Es tan bueno el consejo que también sirve para reglar la política arancelaria de un país. ;)

Pero bueno, dejémonos de digresiones. Entonces ¿nos conviene salirnos del euro o no? Ya sé que dentro del folcklore progre la respuesta es inmediata, pero me temo que la respuesta inteligente es algo más alambicada y, como suele suceder, comienza por un “depende”. Por ejemplo, si la deuda contraída nos permiten redenominarla en la nueva moneda, ya mismo, vamos, dónde hay que firmar. Con la depreciación que sufriría la moneda y la consiguiente inflación inducida, recortábamos el peso de la deuda a la mitad sin esfuerzo; toda una quita encubierta.

Ahora bien, los acreedores no son tontos. Si hemos contraído obligaciones en euros o dólares, no van a aceptar fácilmente que devolvamos la deuda en neopesetas. Esas os las metéis por el orto, dirán, yo te preste euros, y quiero euros a cambio. Y devolver una deuda en una moneda fuerte, cuando tus ingresos (impuestos, hablando de la deuda pública) son en una moneda débil, supone hacer mucho más pesado el fardo que llevas atado al cuello.

El no tener un banco central propio, sino tener que depender del BCE (en cuyo consejo ya no tenemos ni un asiento, gracias a la Marioneta por conducir a España a la irrelevancia internacional) es una gran putada. Por ejemplo, no podemos acomodar la política de tipos al devenir concreto de nuestra economía, como quedó patente cuando el BCE bajó tipos para hacer digerible la reunificación alemana, pero a nosotros nos supuso echar más leña a una caldera que ya echaba bombas, lo que facilitó la esperpéntica burbuja inmobiliaria cuya resaca aún padecemos (y lo que te rondaré, morena).

Por otra parte, el estar bajo la tutela del BCE nos permite emitir deuda a precios de saldo. Por los cojones un Estado de mierda como España (o la misma Grecia), con déficits crónicos en las cuentas públicas, tasas de desempleo desempleo propias de país africano y unas balanzas comerciales que ni en los momentos de más brutal contracción del consumo conseguimos hacer positivas, podría estar colocando su bono a 10 años al 2%, si no estuviera emitido en euros y respaldado (hasta cierto punto) por el “whatever is needed” de Draghi.

¿Euro sí, euro no? No existe una respuesta fácil ni inmediata y, quien la dé, o es tan sabio que es capaz de asimilar toda esa complejidad y ver desde su altura intelectual el bosque donde los demás vemos sólo una confusión de condicionantes…o es un pobre necio que habla por no saber estar callado. O simplemente un puto progre que tiene opiniones políticas como quien tiene un bolso de Loewe.

Pero entonces ¿no le queda otra alternativa al desdichado Yorgos que resignarse a ser pobre? No exactamente, pero la solución no es, por supuesto, un fácil y rápido truco de magia monetaria. La solución es…

4 junio 2015

¿Renta básica o trabajo garantizado?

Filed under: economía — Mendigo @ 12:57

Creo que cualquiera que tenga interés por los temas sociales estará familiarizado con ambos conceptos, así que me ahorro presentarlos. Para quien quiera profundizar más en ellos, sugiero la visita de:
Red Renta Básica (tenéis también el enlace en la columna de la derecha, desde los tiempos en que este garito estaba alojado en Blogger)
Saque de Esquina (el blog de Eduardo Garzón, que aquí en España es, que yo sepa, el economista que más ha desarrollado este concepto; por cierto, una carta ganadora para IU si la jugase inteligentemente…cosa que conociendo el historial de IU…).

Es obvio, ambas propuestas me parecen interesantes, mas en ambas encuentro peros. Con la poca modestia que me caracteriza (como ya sabemos, la virtud de quien no tiene otra), creo que la solución de ambos conceptos es otro nuevo que, a partir de los anteriores, los supere. Dialéctica pura.

Expongo mi alternativa, como combinación de las dos anteriores: Se trataría de un sistema de renta complementaria, de cobertura universal, cuyas cuantías estarían referenciadas a la disponibilidad de prestar un trabajo. Lo desgrano, para que vayan apreciándose las ventajas sobre sus donantes.

Todo ciudadano, por el hecho de serlo, independientemente de cualquier otra consideración (origen, legalidad de su situación, situación familiar o cualesquiera otras circunstancias) tiene derecho a un mínimo vital, que consiste en alimentación, vestido y cobijo, atención médica y acceso a la enseñanza. Con esto, ponemos a resguardo de la acuciante lucha por la supervivencia a toda la población, que no tendrá que rebajarse a la indignidad de la mendicidad o de los pequeños hurtos para asegurarse su sustento.

Se puede entregar algo de dinero de bolsillo, pero la parte fundamental de esta prestación será provista directamente por el Estado: vivienda social, comedores públicos, y la sanidad y la educación pública. Esto es algo MUY distinto a soltar un cheque de X euros a todo españolito, que no deja de ser la aplicación hipertrofiada de políticas zapateriles como el cheque-bebé o la renta básica de emancipación: aquí tienes el dinero, y el mercado te proveerá de lo que necesites. Lo hemos discutido muchas veces con la renta de emancipación: es dinero que se entrega a los jóvenes y acaba en el bolsillo de los caseros, una medida más para calentar aún más el mercado del alquiler (inflación). Lo mismo vale, magnificado, para la renta básica.

¿Qué es preferible, dar un cheque de 400€ en una ciudad donde el alquiler de una habitación no baja de esa cantidad, y ahí te las apañes…o dar 100€ y proveer gratis de alojamiento y comida? El Estado puede ofrecer esas prestaciones de forma más eficiente que el mercado, especialmente en el caso de la vivienda. De esta forma, retirando parte de la demanda, se desinflaría un poco el mercado del ladrillo (de alquiler, y por vasos comunicantes el de venta), dándonos un alivio a todos (excepto a los que quieran especular con la vivienda, que no son una parte despreciable del electorado). Nunca podremos ser una economía competitiva si seguimos consintiendo en sobrerremunerar así a la propiedad inmobiliaria.

Este mínimo universal, alimento y comida, sería ofrecido a aquellos que se nieguen a participar en el mercado laboral (y puede haber muchas razones, ninguna de ellas merece la condena a la muerte lenta que supone el desamparo de la vida en la calle).

Pero, por supuesto, se puede aspirar a más. Toda persona que acceda a integrarse en el mercado laboral, tendrá acceso a otro nivel de remuneración, correspondiendo la sociedad a lo aportado. Esta sería la situación más común de la mayoría de la población, pues está en la naturaleza humana aspirar a una vida mejor, y a la consideración social que conlleva. Pero aquí diverge del planteamiento del “trabajo garantizado”: no hay remuneración por el desempeño de un trabajo, sino por la disponibilidad de desempeñarlo. Sólo por mostrarte dispuesto a trabajar, ya percibes una renta superior, con mayor proporción en metálico para decidir uno mismo en qué gastarlo. Si una empresa privada te contrata, cobrarás el salario ofrecido (que podrá ser complementado con ciertas prestaciones como vivienda social con alquileres reducidos) y, si no, estarás disponible para ser contratado por el Estado, en la medida de lo posible de acuerdo a la capacitación y aptitudes de cada cual (aquí habrá que casar las necesidades de mano de obra con la disponinilidad).

Sea en empresa pública o privada, el que realice un trabajo tendrá un escalón superior de remuneración al que sólo muestre su disponibilidad, y éste por encima del que no se preste a trabajar (para desincentivar la holganza). Igualmente, se podrán establecer escalones de remuneración según el grado de especialización, competencia y responsabilidad del trabajo desempeñado. Esto es muy importante, para incentivar la formación y, con ella, la productividad del factor trabajo. No salimos de la miseria con un país de camareros. Toda persona que alcance una determinada cualificación profesional, tiene un extra en la remuneración, incluso aunque esté a la espera de que el Estado le asigne un trabajo, o si ese trabajo es de una capacitación inferior. Si está desempeñando ese trabajo, ese extra se multiplica para resarcir a ese trabajador que está aportando más riqueza. De esta forma, los trabajadores tienen afán de progresar (y el Estado debe proveer la vías, en toda la vida laboral, para superarse) y el Estado necesidad de crear trabajos de mayor capacitación, pues estará pagando licenciados aunque trabajen de cajeros (más no tanto, insisto, como cuando trabajen de licenciados).

Esta escala de remuneraciones tendrá un techo, que será la excelencia profesional (pongamos un cirujano, un ingeniero jefe de proyecto, un investigador senior). Al menos en la empresa pública, en la empresa privada se puede dejar libertad salarial. Hay otra forma, que he explicado varias veces, mucho más efectiva para controlar esos salarios en los que dejan de ser rentas del trabajo para ser rentas del capital encubierto (cuando los gestores se ponen a sí mismo el sueldo). La idea, aunque suene raro, me la dio el emperador Vespasiano: dejémosles que se enriquezcan, luego los estrujaremos como una esponja. Una fiscalidad bien diseñada, con una curva calculada para que, por mucho que ganes, el salario neto no pase de una cota. Si ganas un millón, te quedas en 60.000 leros; si ganas diez millones, te quedarán 65.000, si ganas cien millones, podrás disfrutar de 66.000€…y así. Hay toda una familia de funciones exponenciales que pueden usarse, afinando los parámetros a conveniencia. Es bonito, aunar la historia y las matemáticas para resolver problemas de hoy. :)

Los más perspicaces ya se habrán percatado: de esta forma también podemos omitir el fijar un salario mínimo. El mínimo que la empresa privada debería ofrecer sería la renta ofrecida por el Estado: nadie aceptaría trabajar por menos dinero que lo que el Estado le ofrece por estar disponible para trabajar. Con la ventaja, además, de que este mínimo es también modulable según las categorías profesionales (tantas veces violentadas con la contratación fraudulenta según una categoría inferior a la corresponde el trabajo a desempeñar).

Ahora bien, y este punto es absolutamente crucial. Para el éxito de este programa el Estado debe abandonar los complejos que le mantienen alejado de enormes parcelas de la actividad económica. Debemos superar ese trauma, ese tabú que restringe el empleo público a empleos ligados con servicios de tipo asistencial (educación, sanidad, cuidado de ancianos, niños, discapacitados) y a las infraestructuras públicas (mantenimiento de carreteras, de calles y jardines, de montes…). Como anexo: siento pavor por el desastre ecológico que supone la “limpieza” de montes, maldita manía de palurdo de considerar el sotobosque como “basura” y no una parte inherente del bioma forestal.

Es decir, el Estado debe entrar en el núcleo duro de la economía, los sectores primario y secundario (así como en sectores estratégicos como la energía, la banca o la distribución, sin nacionalizar nada, sino sumando competencia pública a esos sectores). En el primero, con una Reforma Agraria que llevamos siglos esperando, que ponga la tierra en manos de quien está en disposición de trabajarla (no veo a los niñatos de Alba subiéndose a un tractor). Y en el segundo, con la tan cacareada reindustrialización de España, la creación de un nuevo tejido industrial integrado, planificado, de empresas públicas eficientes y rentables (porque si no son rentables, no perdudarán). Y luego, dejar buena parte del sector terciario, de facilitación a la producción, en manos de la iniciativa privada (o no). Pero sin unos sectores productivos potentes, es imposible reactivar ese sector terciario que les da servicio y en el que se encuadra buena parte de la masa laboral.

Y es que no se puede dar trabajo a técnicos e ingenieros, si el Estado se limita a crear puestos en la atención a la tercera edad y el mantenimiento de parques y jardines. Así no se frena la emigración de profesionales, no se crea riqueza (sólo se redistribuye) ni se reactiva la economía.

Generar empleo de calidad, sostenible (porque insisto, si la empresa no es rentable ese empleo tiene una fecha de caducidad más temprana que un brick de leche). Y si la iniciativa privada no es capaz, deberá ser el mismo Estado (con diversas figuras de propiedad, que ya hemos comentado).

También podemos fiarlo todo al turismo, y ser un país de putas y camareros (o viceversa). O a la burguesía española, tan señoritinga como zote, acostumbrada a medrar al amparo del poder, incapaz de navegar en mar abierto. O quizá esperar a la inversión extranjera, que exprima nuestra fuerza laboral y repatríe los beneficios.

Lo que me falta de modestia lo tengo de sinceridad: creo que mi alternativa es la más inteligente. :)

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21 mayo 2015

The Corporation

Filed under: economía — Mendigo @ 17:11

Hoy he vuelto a ver un clásico. Supongo que muchos de vosotros lo conocéis:

Pues bien, quería iniciar una charla sobre este documental.

Básicamente, trata de mostrar la naturaleza criminal de las transnacionales. Es un buen punto de comienzo, denunciar sus abusos, pero creo que erraríamos el disparo culpándolas. No, no creo que la culpa sea de las grandes corporaciones (ni de las pequeñas, la diferencia es sólo de tamaño, cuantitativa, no cualitativa, ahora que todo el mundo pierde el culo con la PyMES, cuando son el primer foco de explotación laboral).

Una empresa es una máquina de hacer dinero. Si le pedimos responsabilidad social, sensibilidad ecológica, compasión…le estamos pidiendo peras a un olmo. No es que sean malas, es que no son un sujeto ético (aunque estén compuestas por personas, que sí que lo son, la propia estructura de la empresa les lleva a tomar pequeñas decisiones que, en conjunto, pueden resultar en grandes crímenes).

Pedirle a una empresa que actúe con miramientos por aquellos que explota, es tan idiota por considerar al lobo un aminal “malvado” por no tener compasión por una oveja. Son entes que no están diseñados para sentir compasión. Es más, ni maldita la falta que hace. Si el lobo se come una oveja, no es que el lobo sea malvado, ya que está en su naturaleza, y es radicalmente erróneo asignarle categorías morales. Si el lobo mata una oveja es culpa del pastor, que ha sido descuidado y no ha sabido defender su rebaño.

Así como el lobo es una máquina de matar, la empresa es una máquina de hacer dinero. Si la dejas libre, va a cumplir la función que tiene programada de todas las formas posibles.

Otro ejemplo muy gráfico: la situación es como quien está cortando el centeno con una segadora, se despista y acaba metiéndola en el huerto, destrozando todas las tomateras, calabacines, pimenteras, etc. ¿Es culpa de la segadora? No, la segadora ha cumplido con su cometido, que es cortar, cortar, cortar. Y si la metes en una granja, habría segado la cabeza a los pollitos, y ay que no te enganche una pierna. ¿Es mala la segadora? No, es tonto su conductor.

Por lo tanto, pedirle responsabilidad social a una empresa es como pedirle a mi gata que agite las patas alce el vuelo, o que declame a Horacio: una imbecilidad porque simplemente, no está diseñada para eso.

Es pues evidente que hay que limitar la acción de esa máquina, para podernos servir de ella sin que nos cause estragos. Y esta forma de limitar la acción de esta máquina, así como guardas las ovejas en un redil, es la legislación. Una legislación que ponga límites a su tendencia a explotar al trabajador, engañar al consumidor y destruir el entorno en su búsqueda de beneficio. Y así como el redil está defendido por mastines, habrá que implementar un sistema judicial que defienda el cumplimiento de estos límites y si un lobo traspasa la empalizada le crujan el pescuezo.

Por lo tanto, el origen del problema no está en el comportamiento psicópata de las empresas, lobos económicos, sino en que el pastor y sus perros están conchabados con la manada de lobos para despedazar entre todos al rebaño. ¿Cómo puede oficiar de pastor quien está sometido a la voluntad de la manada de lobos? Es evidente que el legislador abrirá de par en par el portillo del redil, rebajará la altura de la cerca, y sujetará a los perros para que los señores campen a sus anchas.

Por lo tanto, es absurdo culpar a la empresa de ser lo que es. Lo que hay es que forzar al gobierno a que asuma su papel como legislador, protegiendo al pueblo y poniendo límites a las empresas para que estas funcionen en provecho de la población y no al revés. Y esto implica, necesariamente, sacar a las empresas del poder político y devolvérselo al pueblo. Es decir, recuperar la Democracia.

Y es que, en este tiempo, hemos normalizado la aberración de que las empresas se reúnan con los legisladores, que financien sus campañas, controlen la información que recibe el pueblo. Una empresa, así como no es un sujeto moral, tampoco es un sujeto político. El único sujeto político admisible es el ciudadano, Pedro, Laura, uno por uno y todos con el mismo valor. Esto lo he escrito varias veces: si Botín (lo escribí por el padre, ahora su hija) quiere colaborar en el proyecto de gobernar esta polis, tiene que bajarse del caballo, entrar en el colegio electoral, hacer cola y votar. Porque si pretende entrar sin bajarse de su fenomenal montura, que es uno de los bancos más grandes del mundo, acaba atropellándonos al resto y aplastando la urna bajo los cascos. Y, por supuesto, logrará imponer su voluntad, y de paso romper unos cuantos huesos: pero a eso no se le puede llamar Democracia, que no es sino lo que su etimología sugiere, el gobierno del pueblo.

Por mucho que el término y todas sus flexiones (demócrata, democrático, democráticamente…) sea aventado por los fascistas a cada ocasión para legitimar la usurpación del poder a su legítimo soberano, el puto, puteado pueblo, mediante una serie de normas y procedimientos (muchas veces implementados para apartar al soberano de su trono). Quien arrebata la función de regnare (originalmente, regere, dirigir) a su legítimo dueño, tiene un nombre: usurpador.

Resumiendo: si se permite participar a las empresas en política, el resto estamos de más. Simplemente. Es su sistema, lo controlan con su irresistible empuje económico, ellas reinan, la burguesía gobierna para sí y el resto acatamos genuflexos. Una dictadura capitalista. Más de lo mismo, por otra parte, llevamos siglos bajo la bota de quien controla los medios de producción, la tierra como forma más básica de capital, luego los talleres, las fábricas, y luego la gran industria y las cadenas de comercios.

Algún apunte más, sobre el vídeo. Hay que forzar a las empresas a que paguen sus facturas, es decir, a que asuman sus costes. Íntegros. Por ejemplo, una empresa contamina el aire con la emisión de x cantidad de una determinada molécula tóxica. Muy bien, me parece de puta madre. Ahora bien, el aire no es de la empresa sino que es nuestro. La riqueza natural que degrada, es nuestro patrimonio. Nuestra salud, que expone al peligro, es nuestra.

Si una empresa debe compensar a otra si pone sólo la puntita del pie sobre una baldosa del suelo que esté patentada, igualmente deberá compensar a la sociedad cuando su actividad afecte, y en la medida que lo haga, al patrimonio común, el aire, la tierra, la biosfera, nuestro mismo cuerpo. Calcúlese el perjuicio causado por esa actividad empresarial (desde sus emisiones, radiaciones en las diferentes frecuencias de onda, hasta su mismo emplazamiento) e impútese. Y si la factura acaba resultando muy alta, y ese proceso no resulta rentable, que lo cambie para contaminar menos, o lo abandone. Lo que no puede permitirse es que alguien gane dinero sin pagar todas sus deudas, incluida la deuda con la sociedad. A esto se le llama imputar externalidades, e incluso puede haber externalidades positivas (aunque estas sí que se retribuyen con largueza en forma de subvenciones y deducciones fiscales, cualquier excusa es buena para transferir recursos públicos a la burguesía).

Y, por último, el tema de su propiedad. Una empresa es una máquina de ganar dinero, y es bueno que así sea. Para este fin, se debe afilar el instrumento para que sea lo más eficiente posible, trabajando dentro de unos límites acotados por el Estado (no pretendas que salga del lobo ponerse a dieta, porque eso sólo funciona en los dibujos de Disney, y Disney era un cerdo fascista además de un chivato). Ahora bien, la empresa debe ganar dinero para quien trabaja en ella, otra cosa es apropiarse, robar, el trabajo ajeno.

Que es por lo que la nobleza económica siempre ha entrado a caballo en la Sociedad: con ánimo de asaltar, aplastar y desposeer a los de a pie, de explotar a la sociedad que parasita.

18 mayo 2015

El miedo

Filed under: economía — Mendigo @ 11:28

Hay dos aspectos del Estado del bienestar que son tratados, uno como algo accesorio, y otro completamente olvidado.

El primero es el tema de las guarderías. Se ha dicho muchas veces que son una necesidad para el acceso de la mujer al mercado laboral, lo cual comporta la independencia económica imprescindible para que su emancipación no quede en un conjunto de derechos sobre el papel, hueros de contenido (como proclamar el derecho a la vivienda con alquileres por encima del SMI). Queda muy bonito tener el sistema patriarcal todo el rato en la boca, pero no destinar recursos a derribar aspectos clave que lo perpetúan, como facilitar el acceso a anticonceptivos o ampliar la red pública de guarderías, ambas cuestiones dejadas en manos del mercado.

Es ridículo pretender que unos padres paguen por una plaza en la guardería una cantidad equivalente a un salario, porque para eso, se queda uno de los dos en casa cuidando de su hijo. Y, al final, todos sabemos que en la mayoría de los casos cuál de los dos acaba aceptando ese rol.

En realidad, el sistema de guarderías no me gustan, porque son aparcamientos de niños, frecuentemente masificados para maximizar beneficios, donde campan los virus como Pedro por su casa. Entiendo que en las primeros años de vida se requerirían grupos más pequeños, de 6 niños a lo sumo. Y en este periodo es cuando la presencia de sus padres es más importante, para formar los lazos afectivos que deberán acompañarlos toda su vida. Así pues, yo propongo otra alternativa, en este caso concreto quizá preferible a la provisión de un servicio público y, desde luego, a la iniciativa privada. La alternativa es la economía social, entre pares, asociativa o como le queramos llamar (que no es la panacea, para otras cosas soy muy estatista, no se opera una teleco o un ciclo combinado entre un grupo de vecinos).

Propongo el ejemplo que tengo en la cabeza: un grupo de cinco padres se juntan para que, una vez al día, uno de ellos (no considero aquí familias monoparentales, para no liar los cálculos) se ocupe de los hijos del resto del grupo, además del suyo. No se necesita infraestructura nueva porque se utiliza el domicilio de cada uno, al que los otros padres (que pueden ser un grupo de amigos del barrio, vecinos…) llevan a sus críos. Cinco parejas, cinco días laborables, dos turnos de mañana y tarde, las cuentas casa solas. Sólo habría que tocar un poquito la ley para que todo trabajador con hijos que aún no estén en edad escolar, libre durante un turno a la semana. Y, por supuesto, esta libranza debe ser forzada, no puede existir un derecho preceptivo, que el trabajador tenga que solicitar para acceder a él: porque con el empleador no se negocia, y menos con un 22% de paro. Este aspecto es fundamental, o todo lo anterior no sirve de nada, y llegamos a la payasada que tenemos hoy en día, que no hay trabajador varón que coja el permiso porque eso supone quedar marcado para la próxima renovación del contrato. Y, al final, se acaban perpetuando los roles de la mujer en casa cuidando de la prole y el hombre, ganando el sustento de la familia fuera de casa.

El ahorro para los padres es tremendo, además de tener a su hijo mejor atendido (no es lo mismo bregar con 5 niños que con 15), con personas de su entorno de confianza. Basta del Estado el pequeño empujoncito legislativo comentado (insisto, forzosamente igualitario) y, a lo sumo, desarrollar un portal para establecer contactos con otros padres del barrio (una especie de Amovens para los críos, que vendría a ser la versión electrónica del papel en el tablón de anuncios de “se busca compañero de piso” o “se busca bajista para grupo”).

Relaciones económicas descentralizadas, sin necesidad de intermediarios, el concepto del P2P del eMule, el BitTorrent o el BitCoin aplicado al mundo real. Suena moderno, pero es volver a nuestros orígenes, como se hizo siempre: oye, vecina, mírame un poco por el crío que tengo que ir a… Fomentar las relaciones sociales, recuperar el tejido vecinal destruido por el capitalismo.

Bueno, y ahora vamos al otro cabo de la madeja, ya cerca de la dama de las tijeras. Si decía que el tema de las guarderías se le da menos importancia de la que merece (importancia presupuestaria, se habla mucho, sobre todo en campaña, pero…), hay un tema que no merece ninguna atención: los asilos. Podéis usar el eufemismo que queráis, el tecnicismo de geriátrico, o el requiebro políticamente correcto de residencias de la tercera edad… Aparcamientos para viejos.

En un mundo que exalta la juventud, los problemas de los ancianos son sistemáticamente relegados, su mundo de incomodidades y preocupaciones está fuera de nuestro sistema solar. Y es un error terrible. Primero, porque son tan ciudadanos como el primero de nosotros, hay que recordar esta obviedad (y es un error de enorme trascendencia política, como todo estratega electoral sabe, porque los abueletes son una tremenda fuerza electoral). Pero es que, además, es un craso error económico, ya que en las últimas cohortes etarias es donde se concentra buena parte del capital (si preferís llamarlo ahorro, en la neolengua…). Los yayos, son un sujeto económico de primer orden, y así lo han entendido los bancos colocándolos en el centro de la diana para venderles su basura tóxica (preferentes, deuda subordinada, fondos de renta fija…).

Hay otros que también han comprendido el filón aurífero que se esconde tras ese sector de la población tan poco fashion: los empresarios de asilos. En Ourense sólo hay dos negocios que prosperan, y suelo traerlo a colación: uno, es una cooperativa alimentaria, Coren. ¿Y cuál es el otro? Una red de asilos, propiedad de la Iglesia, la fundación San Rosendo.

Galicia es el geriátrico de España, somos el país con la natalidad más baja o, por ejemplo, con menor penetración de Internet.

Dos y dos son cuatro, en la zona más envejecida de la península ¿cuál es el mejor negocio? Además un negocio muy estable, con una clientela segura (igual que los tanatorios, otro latrocinio aprovechándose de la debilidad ajena) y que, además, no se ha visto apenas afectada por la crisis, con ingresos recurrentes (aunque, en el largo plazo, irán perdiendo poder adquisitivo, piensan cocer a la rana a fuego lento, porque saben que, eso sí, con su pensión no se juega y los yayos pueden liarla parda electoralmente si la sisa se hace sin cuidado).

Si los zampabollos que aparecen en las banderolas electorales se dignasen a hablar con los ancianos, en vez de repartir sonrisas Profident y abrazos de Judas en campaña electoral, podrían enterarse de cuáles son sus inquietudes. Y no es inquietud, sino miedo, terror: a quedarse solos e inválidos. La gente que ahora es vieja (vieja, no mayor, coño, vieja, ya está bien de hacerle liftings al idioma) ha vivido una España muy puta (sí, he dicho puta, el que ponga p*** es gilipollas perdido). Esta gente, sobre todo en el rural, pertenecen a una cultura ancestral en la que había que tener hijos, porque eran ellos (en especial, la hija más joven) los que cuidarían de ti cuando ya no pudieras valerte por ti mismo. Los hijos, en la cultura tradicional, aquí y en las antípodas, son el seguro para la vejez. Y estos viejos, tienen en su mente grabada la penosa estampa de un viejo sin parientes, de una vieja solterona que tuvo que estar trabajando el campo, saliendo con las ovejas o cargando leña hasta el día de su muerte. O, cuando el cuerpo ya no daba más que para arrastrarse, vivir de la generosidad de los vecinos (que siempre es limitada), como un estorbo, o mendigar.

Debemos entender esto: los que ahora son ancianos han aprendido que un viejo sin recursos, sin amparo, es el horror supremo. Es vivir y morir como un perro. ¿Y cómo se protegen de este miedo? Ahorrando, ahorrando compulsivamente, ahorrando patológicamente.

Y no sin razón. ¿Sabéis cuánto cuesta una plaza en una residencia privada? ¿Sabéis cuál es el plazo para ingresar en una residencia pública?

Los ancianos viven sometidos al terrorismo de la soledad y el desamparo, y se protegen acumulando (en casos extremos, se desarrolla el complejo de Diógenes), pero este exceso de ahorro implica un consumo que no se realiza. Si la vieja, pudiendo comprar carne, compra macarrones, no sólo sufre ella de una mala dieta pudiéndose permitir otra mejor, sufre el carnicero, y el ganadero, y el productor de piensos…sufrimos todos. Esa constricción artificial del consumo en unas franjas de población que, además, son las que tienen mayor capacidad de gasto, deprimen la economía. Los ancianos, los primeros que viven en privaciones voluntarias por el terror a tener que ir a una residencia y que, por mala fortuna, tengan una vida más larga de lo habitual y se les acaben los ahorros antes que el aliento.

Y ese terrorismo muchas veces es aprovechado por la familia, más si es política, para quedarse con la pensión del abuelo a cambio de la manutención. Y se ve como algo normal despojarle de su independencia económica, que el anciano entrega gustoso por vivir en la ilusión de sentirse cuidado, querido y respetado, cuando en ocasiones es como tener una vaca en casa, que incordia, pero mientras viva, da leche.

Esta es la pesadilla cotidiana de millones de ciudadanos, ¡españoles! y nadie, ningún partido (y mucho menos los partidos de la gente joven, conectada, urbana) quiere atender ni dar solución. Por mucho que las consecuencias de este miedo repercuten, como digo, en toda la sociedad.

Y aquí no se me ocurre mejor solución para acabar con el terrorismo de empresarios aprovechados y sanguijuelas familiares que la provisión por parte del Estado de una red de asilos (geriátricos, me la pela) junto con un servicio público de asistentes domiciliarios profesionales (porque con el buenismo de ZP, lo que hacía era embolsarse la familia la ayuda, además de la pensión, y la mujer en casa, cuidando de los viejos, cuando ya por fin dejó de cuidar a los hijos). Porque donde mejor está un viejo, si puede ser, es en su propia casa. Los ancianos odian los cambios, a esos años perder los referentes, espaciales de su propia casa, dónde tienen sus cosas, afectivos del contacto con los vecinos, es la antesala del camposanto. Muchas veces, con una pequeña ayuda, podrían estar perfectamente en sus casas (objeto de deseo de los familiares y de especulación de los bancos con las hipotecas inversas, artimaña nauseabunda para hacerse con activos inmobiliarios a buen precio). Y, cuando la dependencia sea severa, en instituciones donde la atención pueda ser más eficiente.

Si el Estado se compromete, anclándolo en la Constitución, a proveer estos servicios de forma universal y gratuita (con la Sanidad y la Educación, coincido con Bambi que es la otra pata del Estado del Bienestar, pero para ello hay que proveer de fondos y de infraestructuras, porque hablar es gratis), desactivaremos ese miedo al desamparo que atormenta y condiciona a nuestros ancianos. Entonces, serán libres de disponer con mayor largueza de su pensión, de lo cual nos beneficiaremos todos, empezando por ellos mismos.

Es lamentable que los ahorros de toda una vida de privaciones, se los quede la organización más hipócrita que ha existido jamás.

Gracias a nuestro descuido, el catolicinismo sigue controlando los dos extremos de la vida de las personas, su infancia donde hacen negocio propagando el veneno de la culpa, labrando el dogma en la madera verde; y su senectud lucrándose con la desidia del Estado para con sus ancianos y, con un poco de maña, doblegando su voluntad para que voten al partido que respalda sus mañas, o vayan al notario a declararles herederos. Dejamos que la Iglesia Católica extienda sus tentáculos sobre los ciudadanos que están en mayor situación de desprotección intelectual y emocional: un error mayúsculo, histórico. De nuevo la derecha demuestra tener más visión de juego, un sentido estratégico del que la izquierda borreguil carece.

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