La mirada del mendigo

18 enero 2016

La política fiscal, la teoría de juegos y el cambio climático.

Filed under: ecología,economía — Mendigo @ 18:14

En este artículo, procuraré exponer cómo usar la política arancelaria como herramienta para lograr la reducción global de las emisiones contaminantes, con una pequeña referencia a la teoría de juegos.

El mejor arma que existe contra el cambio climático es…el cerebro. En vez de proponer magufadas termodinámicamente absurdas acerca de la captura de carbono, deberíamos empezar por plantear el problema en términos que nos den una pista para una posible solución con las herramientas de las que ya disponemos.

El principal obstáculo para lograr un escenario de reducción multilateral de las emisiones de los gases de efecto invernadero y, en general, las emisiones contaminantes, es que su formulación responde exactamente al dilema del prisionero (para los no familiarizados con este problema clásico de la teoría de juegos, sugiero leer sobre él antes de continuar). Con el agravante de que existen muchos prisioneros en la celda, y por lo tanto es más difícil alcanzar la unanimidad y más fácil que uno decida aprovechar la situación y chivarse del plan de fuga.

Esto es, todos sabemos que el óptimo consiste en que todos los Estados cooperen y se vuelquen en un esfuerzo parejo de reducción de emisiones (centrémosnos en los gases de efecto invernadero, pero podría aplicarse a cualquier contaminante). Pero éste es un equilibrio inestable, ya que si uno de los presos decide traicionar a los demás y sigue contaminando como antes, obtiene una ventaja competitiva sobre los demás al poder producir más barato. De esta forma, la introducción de un solo delator implica que todos los Estados correrán a traicionar a sus compañeros para no perder competitividad y descubrirán al carcelero el túnel que estaban excavando para poder escapar, y que supondría la salvación de todos.

Reducir las emisiones es costoso, implica adoptar tecnologías y procesos que comportan una fuerte inversión, muchas veces también con costes más altos de operación, y minan la rentabilidad y la competitividad de la industria considerada. En otros términos: hay que esforzarse en cavar el túnel, y deben comprometerse a cavar todos. Y, especialmente en el caso del CO2 y demás gases de efecto invernadero, al distribuirse en la atmósfera, es indiferente quién emita ya que el daño es común.

En resumen: tal y como está planteado actualmente el problema, existe un fuerte incentivo a traicionar a los compañeros y no reducir las emisiones (no al menos de forma suficiente para evitar una catástrofe climática). Podemos decir que la Cumbre del Clima de París es un equilibrio de Nash: todos los prisioneros deciden traicionar a sus compañeros. Eso sí, diplomáticamente y guardando las formas, para que no se altere la convivencia en la celda (fracaso es una palabra muy fea, así que mejor lo expresamos como un éxito en NO llegar a ningún compromiso).

Tal y como está planteado ahora mismo el problema, la solución es apelar a la buena voluntad del mundo entero; lo que es lo mismo que reconocer que no hay solución. Para salir de esta encerrona lógica que nos lleva al desastre climático, hay que introducir algún elemento que suponga un cambio en las condiciones del juego, para que los jugadores se desplacen a otro punto de equilibrio que beneficie a todos.

Bien, yo propongo una modificación del tablero de juego que podría perfectamente implementarse en muy poco tiempo y desatascaría la situación, introduciendo un elemento que incentive la reducción de emisiones.

Paso a exponerlo: Muchas veces he comentado la enorme potencia que tiene el concepto de imputar externalidades al que incurre en ellas y obtiene provecho. Es un principio muy sencillo de entender por cualquiera: si alguien opera un negocio contaminante, no puede ser que se lleve los beneficios y, la sociedad, soporte gratuitamente las consecuencias de la contaminación. Habrá que cuantificar los daños asociados a la operación de esa empresa, y pasarle la minuta (generalmente, en forma de tasa fiscal) para resarcir a la sociedad por esos daños. De esta forma, forzamos la adopción de medidas que controlen esas emisiones o procesos que las minoren, so pena de que la factura fiscal saque al contaminador del mercado.

Pues bien, se trata de extender este principio al comercio internacional, instituyéndolo como principio de la política arancelaria de la Unión Europea. Esto es, todo bien importado deberá pagar unas tasas proporcionales al exceso de daño causado en su fabricación, tomando como base lo que costaría en términos ambientales fabricar ese bien en Europa. Las empresas podrían someterse voluntariamente a auditorías ambientales independientes para determinar el consumo de energía y materias primas en que se incurre para disponer en el mercado europeo de ese bien (incluyendo el transporte), y según las fuentes de una y otras, las agresiones al medio natural en que se ha incurrido. De forma directamente proporcional a este daño, se calculará el impuesto que permitirá igualar ambientalmente el producto importado respecto al homólogo europeo, y podrán entonces competir en igualdad de condiciones en los anaqueles de las tiendas europeas.

Por supuesto, esta auditoría sería voluntaría; las empresas que no estuvieran dispuestas a someterse a él, se aplicaría a sus productos un cálculo general, con datos medios según la industria y el país de origen.

Es cierto que esta revolución arancelaria corre el riesgo de desatar una guerra comercial, pero tengo buenos motivos para creer que la sangre no llegaría finalmente al río.

Primero, hemos de ser conscientes de que la UE es la mayor potencia económica mundial, y un descomunal mercado en el que quieren estar presentes todos los jugadores. Es más, en esta política podrían secundarnos otros países como Suiza o Noruega que, no estando en la UE, comparten nuestros principios. Es más, si la política exterior europea fuera digna de ese nombre, debería buscar apoyos en países fuera del continente para adoptar esta mecánica arancelaria, estimulando su reciprocidad (los productos europeos deberían demostrar su limpieza para entrar sin sobrecargo en terceros países).

Segundo, no es una política que se dirija contra nadie en particular, sino que señala a los sectores y países más contaminantes. Pero no es nominal ni determinista: pueden reducir la factura avanzando por la senda de la descarbonización. De hecho, Europa contraería un gran compromiso: el de no gravar las importaciones que demostrasen tener asociadas emisiones en nivel igual o inferior a la producción local (un verdadero caramelito, para según que países y sectores). Esto estimularía a su vez el esfuerzo europeo por no dormirse en los laureles y perseverar en la reducción de emisiones contaminantes.

Al ser percibido por la sociedad como una tasa justa y con un objetivo no es exagerado decir que salvífico, sería mucho más difícil de cara a la opinión pública interna de terceros países justificar la apertura de hostilidades comerciales con la UE a causa de esta nueva política arancelaria (e, insisto, somos la mayor superpotencia económica, quien se nos enfrente en una guerra arancelaria tiene muchas posibilidades de dejarse los bigotes en la gatera). A regañadientes, pero todo el mundo acabaría viéndose forzado a jugar con nuestras condiciones y entrando en la competición por la reducción de emisiones.

Y aquí vuelvo a ampliar: este concepto no es solamente aplicable a la reducción de la huella de carbono en la industria, sino toda aquella agresión al medio natural asociada a la producción del bien en cuestión, sea deforestación, vertidos en cursos de agua, contaminación por SOx, NOx, O3 o PM<5 del aire en núcleos urbanos, et caetera. Esas agresiones deben ser cuantificadas e imputadas al producto en cuestión, en la medida que haya incurrido en ese consumo de materias primas y energía.

De hecho, también sería una oportunidad para introducir incentivos para evitar la explotación humana, castigando por medio de tasas más altas no sólo el dumping ecológico, sino también el dumping social (jornadas laborales de más de 40 horas, salarios misérrimos, accidentalidad laboral…). De esta forma, devolveríamos la competitividad perdida a la industria europea al igualar términos, imputando las externalidades en que sus homólogas incurren a costa de sus poblaciones, los ecosistemas y toda la Humanidad. Recíprocamente, Europa tendría un acicate para seguir mejorando las condiciones sociales y ecológicas de su economía (para meter más diferencia a sus competidores y, por lo tanto, mayor gravamen) y no como actualmente, que el incentivo es a reproducir las condiciones de producción en los países menos desarrollados.

En definitiva: para ganar competitividad en los mercados globales, los jugadores deberían esforzarse en contaminar menos. Esto supondría invertir la tendencia actual (ganar competitividad rechazando la adopción de medidas para reducir las emisiones), revirtiendo las condiciones del problema y poniéndolas a operar a nuestro servicio.

Esto es obrar con inteligencia. Y para esto, no hace falta ninguna máquina mágica que contravenga los principios de la termodinámica, basta disponer de voluntad política, lealtad para con la ciudadanía y la Humanidad (la presión usamericana sería tremenda) y algo en la mollera.

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15 diciembre 2015

Huida hacia adelante

Filed under: economía — Mendigo @ 2:49

Qué pena no haber tenido este gráfico cuando hablaba de Abengoa.

HY = High Yield
IG = Investment Grade

No sé si se entiende. Si queréis lo discutimos.

Básicamente, a mí me parece la representación esquemática de una cámara magmática a punto de colapsar. Pero en vez de basalto fundido, está llena de balances ficticios. La verdera cara del TERROR, y no lo de Freddy Krueger. Si eso explota, con los Bancos Centrales de medio mundo en su posición de máxima expansión cuantitativa (tipos a cero, compra de activos) y los Estados sobreendeudados, ya no quedarían herramientas monetarias ni fiscales para detener la explosión simultanea de esa montaña olímpica de deuda.

Habría que ir desactivando esa bomba poco a poco y con mucho cuidado. Pero con los Bancos Centrales con el pie a fondo en el acelerador para lograr arrancar a la economía, sólo estamos alimentando más a la bestia (a estos tipos, tonto el que no se endeude).

Gráfico tomado del blog de Marc Garrigasait.

12 diciembre 2015

Abengoa

Filed under: economía — Mendigo @ 23:25

Como sabréis, Abengoa se ha declarado en quiebra (lo que ahora se llama concurso de acreedores), al no poder hacer frente al servicio de su descomunal deuda.

Pero, antes de nada, permitidme que os copie algunas magnitudes de esta constructora, que se subió al tren de las energías renovables:

Ejercicios: 2014 – 2013 – 2012 – 2011 – 2010
Beneficio Operativo: 933 – 794 – 527 – 844 – 548
Beneficio Neto: 125 – 101 – 55 – 257 – 207
Dividendos: 39 – 39 – 37 – 18 – 17
Pasivo: 23.801 – 19.832 – 18.216 – 16.638 – 15.784
(todas las magnitudes en millones de euros)

Ahora bien, ¿no os parece extraño que una empresa que lleva años dando beneficios, que incluso va tan bien que reparte casi cuarenta millones en dividendos a sus accionistas…al año siguiente quiebre?

Me recuerda a una típica conversación que escucho en los pueblos.
– E qué foi de Fulanito?
– Morreu! Xa vai para tres meses.
– Vaia, sintoo! E logo, que tiña?
– Non, nada, non tiña nada.

¿?¿?¿?¿?¿?

¿Entonces? Joder, si tan sano estaba ¿cómo es que está muerto?:/

A estas alturas, la anterior conversación no me sorprende, porque comprendo el porqué. Simplemente las enfermedades, en las culturas tradicionales, son una vergüenza para el enfermo, y por extensión para la familia, porque se consideran un designio divino en castigo por algún comportamiento reprochable.

Y con las empresas, pasa lo mismo…mueren de pura salud. Tan bien que funcionan, que revientan de puro júbilo. Porque decidme, una empresa que da beneficios de cientos de millones, ¿qué sentido tiene que incremente su deuda en miles de millones?

Venga, como lo de la puta cumbre del cambio climático, ahora hablemos claro; al pan, pan y al vino, vino.

La empresa lleva años dando pérdidas, arrojando flujos de caja negativos (incluso en 2014 el flujo de caja operativo fue negativo), y para cubrir esas pérdidas, hace lo que cualquier ludópata: se endeuda. Y puestos a pedir mil millones para tapar el agujero, pues pide tres mil y así los disimula e incluso da imagen de fortaleza, de crecimiento.

Si tienes un modelo de negocio que no funciona, que arroja pérdidas, hazlo mucho más grande para ver si a otra escala empieza a funcionar y, mientras tanto, compras tiempo (y la dirección sigue forrándose). Cuando la delantera está muy achuchada, patadón hacia adelante, nos quitamos el peligro de encima y ya veremos dónde y cómo cae.

Pero vamos, que no es sólo Abengoa, este esquema suicida de la huida hacia adelante lo repiten casi todas las empresas (en España, prácticamente todas). Pero siguen publicando beneficios, mientras la bola se hace más y más grande. Como toda mentira.

No es que esté desnudo el rey. Es que va en bolas hasta el apuntador.

¿Y cuál es la posición oficial de la “izquierda”? Rescatarla, según el P$O€ (es decir, a sus accionistas y bonistas) o nacionalizarla, según IU (asumiendo su descomunal deuda).

Brillante.

Y ambos son licenciados en economía.

De verdad, muy mal debemos estar haciendo las cosas para que tenga que estar de acuerdo con Luis Garicano.

Mil veces he dicho que se debe promover la creación de empresas de titularidad colectiva (pública, cooperativa o mixta). Pero hablo desarrollar una empresa de nueva planta, libre de cargas pretéritas, no de cargarnos con los despojos de la batalla. Incluso se podrían adquirir activos, quizá alguna división interesante de Abengoa tras el concurso de acreedores, a precio de saldo. Pero joder ¿qué sentido tiene quedarse con una máquina de perder dinero? (unos mil millones al año, calculo) ¡Qué más quisieran los bancos, que apareciera un comprador infinitamente solvente que asumiese esa deuda! ¡Que se jodan y palmen la pasta, joder!

Yo desisto.

¡Es que es para echarse a llorar!

Me cago en Dios, ¿es que es incompatible ser inteligente y de izquierdas?

12 noviembre 2015

El 15M tenía razón

Filed under: economía — Mendigo @ 1:29

crisis-estafa

Por mucho que esté escrito sobre un cartón y encaramado en un palo, es el resumen de un análisis riguroso de lo acontecido en España desde el año 2008.

Tomemos los gráficos de población en riesgo de pobreza o exclusión social de Eurostat, tomamos unos cuantos países significativos y graficamos.

1

Observamos que hay grandes diferencias de partida entre unos Estados y otros, pero que, en general, los Estados de nuestro entorno han aguantado el envite del colapso financiero sin aumentar notablemente los índices de pobreza. Esto se ve mejor usando como base el 2008 y viendo cómo ha variado el índice de pobreza en estos años.

2

Todos los países, incluso el rescatado Portugal, han conseguido limitar el crecimiento de la pobreza por debajo del 2%. Destacable el caso francés, donde la pobreza sólo ha aumentado el 0,1%. En España, un 4,7% de la población se ha sumado a esta ominosa categoría. 2,2 millones más de pobres desde el 2008, una debacle que hemos presenciado y vivido en propias carnes. Sólo en un Estado de la Unión Europea ha crecido más la pobreza en este periodo que en España. Evidentemente, se trata de la desdichada Grecia.

Un crecimiento tan acusado del índice de pobreza podría ser congruente con una dura recesión económica que ha empobrecido a la sociedad española. En otras palabras, ser una consecuencia indeseada de una crisis económica y financiera que, prendida la mecha del colapso de Lehman Bros., se llevó por delante el modelo económico español basado en el ladrillo apalancado (id est, la burbuja inmobiliaria levantada mediante una alta participación de fondos externos: deuda).

Por otra parte, sabemos que en el mismo periodo, el número de grandes fortunas (más de un millón de dólares) aumentó en España un 40%. Lo cual tampoco es intrínsecamente malo, que haya gente que se enriquezca. Podría responder a un periodo de bonanza, en el que el conjunto de la sociedad se enriquece y sus percentiles superiores alcanzan esa condición de millionaire.

Ahora bien, cuando en el mismo periodo, en el mismo lugar, coinciden ambas tendencias; esto es, crecen a un mismo tiempo el número de millonarios y el número de personas en riesgo de exclusión social, podemos afirmar categóricamente que estamos ante un ejemplo de libro de fractura social derivada de la aplicación de unas políticas de clase. Más que luchas de clases esto es un linchamiento de clase, el sometimiento de las clases trabajadores por la burguesía, aprovechando la crisis que habían provocado para imponer su programa de máximos a una sociedad desconcertada, aterrorizada, en estado de shock.

Efectivamente, lo que hemos sufrido no ha sido una crisis: nos han robado la cartera. Otros países la han pasado sin tanto sufrimiento para las clases populares. En España, los constructores de un modelo económico insostenible nos han pasado la factura de su francachela, mientras los beneficios del pelotazo de los años locos han tomado rumbo a Suiza o Luxemburgo. Y, mientras el grueso de la sociedad se empobrecía en los tiempos de vacas flacas y apretarse el cinturón, al mismo tiempo, la clase alta se enriquecía aún más aprovechando el abaratamiento de la mano de obra derivado de la desesperación de la hipoteca, el terrorismo social del desempleo, y las sucesivas reformas laborales del PP$O€.

Se podría haber afrontado la tormenta financiera de otra forma, repartiendo la carga de forma más ecuánime, cargando más sobre los hombros más fuertes. Los gobiernos del PP$O€ han tomado otro camino; fuertes con los débiles y serviles con los poderosos, como reza la definición inveterada de cobarde, han consentido que más de dos millones de españoles entren en riesgo de exclusión social para favorecer que cincuenta mil españoles amasen su primer millón de dólares.

Este gráfico, que como el siguiente tomo de GurusBlog, es una radiografía perfecta de la sociedad española, mostrando quiénes son los ganadores y quiénes los perdedores. A la izquierda, los que eran pobres, ven reducidos aún más sus ingresos. A mano derecha de Dios Padre, los que ya eran ricos, vieron aumentar sus rentas (declaradas) durante la “crisis”.


(entiendo que este gráfico no necesita mayor comentario)

Han bajado los sueldos y empeorado las condiciones laborales, y esto beneficia a una clase muy concreta a costa del conjunto de los que para vivir tenemos que arrendar nuestro esfuerzo. Pero no sólo ha menguado nuestro salario: reduciendo la indemnización por despido, disminuyendo las cotizaciones a la Seguridad Social de las empresas y congelando las pensiones, también están mermando renta al obrero. Recortando en educación y sanidad, no afectan a la salud de los que tienen seguro privado, ni al futuro de sus hijos, que van a colegios de pago.

Son políticas de clase; porque parece pueril recordarlo a estas alturas, pero el Partido Popular es un partido de clase. Sus cuadros provienen de una clase social muy concreta, y legislan y gobiernan protegiendo su interés de clase, de la cual reciben financiación y apoyo mediático.

Los señoritos defienden sus intereses y es legítimo. Lo sangrante es la masa de imbéciles que tiran piedras contra su propio tejado y votan al partido que defiende los intereses de su jefe, en vez de preocuparse por sus propios intereses. Creen que por gastarse medio sueldo en un iPhone, comprarse un Mercedes de segunda mano, un bolso de Loewe en el mercadillo, vestirse, comportarse y opinar imitando a un ricachón, van a trascender de clase. Porque ser de izquierdas es de perdedores, cacarean las máximas que escuchan a la gente importante.

Votar como el señorito no te convierte en un triunfador, sólo en un payaso. ¿Cómo podría hacer una clase social que alinea a una exigua parte de la sociedad para ganar unas elecciones? Usando a títeres sin noción del lugar y función que ocupan en la sociedad, peones que protegen y dan su vida por las piezas nobles del tablero.

Traidores a su clase.

Morralla.

Y luego está el P$O€, que recaba los votos de la izquierda para reconducirlos a la derecha e inmolarlos en ofrenda a los poderosos señores del IBEX35 (de los nuevos 2,2 millones de pobres, casi un millón corresponden a su legislatura).

Entre unos y otros, así, nunca levantaremos cabeza.

Pero insisto; que en un mismo lugar, en un mismo periodo, crezca el número de ricos a la par que el de pobres, es a todas luces inmoral, indecente. Una coincidencia infame que debería soliviantar la conciencia…de aquel que aún la tenga. Y seguiremos escribiendo hasta que a los vocablos justicia, codicia, moralidad, honor, ladrón… les arrebaten el sentido. Por apropiarse, van a robarnos hasta las palabras. Ya se han apropiado, contaminando, las dos a las que tenían más miedo: libertad y democracia.

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ACTUALIZO:

Como bola extra, os muestro la evolución de la desigualdad de rentas en los mismos países que he usado de referencia (en Eurostats tenéis una aplicación para ver el resto de países o descargaros los datos en bruto). Es evidente, si acabamos de ver que aumenta la pobreza mientras crece el número de millonarios, la evolución de la desigualdad (medida por el índice de Gini) no puede ser de otra forma:

gini

España no es el único país europeo que ha sufrido la recesión económica, pero sí que es el único en el que las clases altas han aprovechado la crisis para aumentar sus privilegios. Tanto, que en este lapso de tiempo hemos pasado a ser el país con mayor desigualdad de la Eurozona (y en la Unión Europea, empatados con Rumanía, sólo nos superan Bulgaria, Letonia y Lituania). En justicia social, nuestra referencia está en la Europa del Este.

Este brutal crecimiento de la desigualdad durante la crisis no se debe a la fatalidad ni a la casualidad, sino a unas políticas muy concretas que favorecen intereses igual de concretos de una clase social igualmente determinada (verbi gratia, cuando el gobierno del P$O€ redujo el IRPF a las rentas de capital). Estos son los resultados de una toma de decisiones consciente y deliberada.

Unos ganan, y otros pierden. Ahora, que cada cual juzgue dónde están sus intereses.

12 septiembre 2015

Alcouve

Filed under: economía — Mendigo @ 8:58

Las conversaciones con Ramom dan mucho de sí; surgen temas que merecen sacarlos de este intercambio a dos para recabar más opiniones.

Estábamos hablando de los business angels, es decir, inversores que buscan embriones de empresas (start-ups), seleccionando aquellas ideas de las que esperan un fuerte crecimiento, para invertir en ellas.

La idea es buena, y ofrece una forma de financiación a los proyectos innovadores alternativa a la tradicional bancaria (la empresa no asume deuda, sino que comparte la propiedad con el que aporta el capital (equity). Es bien sabido que este tipo de actividad inversora ha ayudado a generar un ecosistemas de empresas muy activo en los USA. Aquí, como me comenta Ramom, el río baja seco.

Por supuesto, no se trata de una labor altruista. El inversor espera obtener rentabilidad económica de una inversión tan arriesgada, adquiriendo empresas que aún no han echado a rodar. Muchas de esas empresas morirán antes de salir del cascarón, pero con sólo una que consiga prosperar le puede compensar el resto de fallos (la ventaja que obtiene de invertir en fases tan tempranas del desarrollo es que las valoraciones de las empresas son extremadamente bajas).

Esta función de trampolín de empresas, es la que desde hace ya un tiempo vengo proponiendo yo para el Estado. Considero absolutamente imprescindible reactivar la actividad económica, y para ello se debe dar apoyo a la creación de un nuevo tejido económico, que entre gente con nuevas ideas. La cuestión es que capital e ideas rompedoras no suelen estar en las mismas manos; un business angel consigue capital con el que regar esas ideas, y esta función puede ser una actividad privada y, además, también puede ser cometido del Estado. Debería serlo, con un 20% de paro la prioridad número uno de cualquier ejecutivo debería ser arrancar de nuevo el motor.

Pero Ramom no está de acuerdo, porque la experiencia le dicta que el Estado, a la hora de repartir subvenciones, es un ejemplo de mala asignación de recursos; por lo que, de convertirse en inversor, seguiría despilfarrándolos en apoyar proyectos ridículos, pesando más los intereses partidistas o personales del adjudicador (porque el Estado no decide nada, porque es un ente administrativo sin voz, discernimiento ni voluntad, son individuos los que toman las decisiones y discriminan cómo se reparten unos fondos).

Lamentablemente, es muy difícil no poder estar de acuerdo con Ramom en este punto.

Ahora bien, yo lanzo la pregunta: ¿es connatural, inseparable, el nepotismo y la corrupción al funcinamiento del Estado? ¿El Estado es, en su esencia, un mal administrador y adjudicador de recursos? ¿O esta incompetencia fraudulenta es consecuencia de un mal diseño del sistema, que permite que individuos dispongan de los fondos del Estado para su interés particular o partidista?

¿No podemos idear otro mecanismo que fuerce al Estado a conducirse diligentemente con sus inversiones? Yo creo que sí (claro, por eso estoy escribiendo esto), pero para ello hay que abandonar el papanatismo que subyace bajo el autoritarismo, la impunidad de los sirvientes del Estado para hacer de un sayo de la capa de todos, porque se supone que obrarán siempre con honor (por ejemplo, las bestias pardas que cogen para antidisturbios).

Si reconocemos que la inversión privada es más eficiente que la pública en la selección de proyectos viables, mi idea es emular su funcionamiento en el ámbito público. Y volvemos al segundo pilar de este blog, la execración del autoritarismo, desactivar los espacios de impunidad que conducen invariablemente a la arbitrariedad y al abuso, como vía para poder alcanzar el primer pilar: la propiedad colectiva de los medios de producción.

Vamos a exponer más detalladamente la propuesta: un inversor privado arriesga su dinero, o el dinero de los partícipes, en caso de ser el gestor de un fondo. Una mala asignación de recursos, invirtiendo en empresas con un corto recorrido vital, provoca en un caso un agujero en su patrimonio; en el otro, acabar de patitas en la calle, por incompetente. Y es que a nadie le gusta perder su dinero. Pues bien, esa asunción de responsabilidades es imperativo copiarla en el ámbito público.

En el caso que estamos tratando, el gestor de un fondo de público de inversión en embriones de empresas (en esta fase no es sólo inversión, sino acompañamiento), debería responsabilizarse de sus decisiones. Si este profesional ha tenido buen ojo y ha escogido bien las empresas (el desempeño de la cartera de sus compañeros serviría como benchmark, esto es, término de comparación), estoy encantado de que a ese trabajador público se le recompense con largueza de acuerdo a su valía. No hay problema, le sale barato al Estado tener gente inteligente a su servicio. Y a este gestor que demuestra su competencia con buenos números (track record, y ya me estoy pasando con tanto barbarismo), se le irán concediendo la responsabilidad de invertir mayores sumas.

Pero para aquellos gestores incompetentes que le estén haciendo perder dinero al Estado, sólo hay un camino: el de la puerta. A la puta calle sin compasión, porque nos empobrecen a todos.

¡Oh, blasfemia! ¡Despedir a un funcionario! Yo no sé en qué “manual del perfecto izquierdoso” está grabado con letras de fuego que no se puede despedir a un funcionario. Anatema. Ahora bien, yo tengo prístinamente claro que mientras el Estado no sea capaz de descartar a los funcionarios incompetentes y sustituirlos con el mejor trabajador que esté disponible en este momento, mientras no se les obligue a asumir responsabilidades de su desempeño en el trabajo, nada que promueva el Estado podrá ser justo ni eficiente, y seguirá primando el compadreo, la corrupción y la mediocridad derivada del que, haga lo que haga, sabe que se va a llevar a casa un dinerito seguro. Yo tengo un principio muy distinto: el Estado debe contratar al mejor en cada momento, y este trabajador debe estar al servicio del Estado, y no al revés.

¡Póbrecito funcionario! No veo por qué. Si quiere evitar ser despedido, hay una solución clara: ser competente. Por cada funcionario incompetente que calienta su silla, hay un joven aspirante mejor preparado que no encuentra trabajo. ¿Quién da más pena? El principio meritocrático es claro en su exigencia: cada puesto ha de ser ocupado por el más capacitado que esté disponible en ese momento (que no quiere decir que sea el mismo, pasado unos años).

De hecho, de hecho, siempre aconsejo incluir la imbecilidad supina en el Código Penal. De esta forma, aquel gestor que dilapidase neciamente recursos públicos (como hicieron, por ejemplo, los directores de cajas) respondiese de su incompetencia criminal con su patrimonio particular. Por supuesto, en la medida de sus responsabilidades, cuanto más alto es el cargo, mayor debe ser la responsabilidad asumida. ASUMIDA. Las responsabilidades se asumen, no sólo se es un alto cargo para cobrar, y luego escurrir el bolso cual fulana cuando vienen mal dadas (ver comportamiento innoble de los directores de ADIF y Renfe ante el accidente de Santiago, cargando todas las culpas sobre el último eslabón de la cadena de mando).

Y, de ser demostrado que el gestor público dejó que criterios personales dirigiesen sus inversiones (conceder financiación a familiares, amiguetes o empresas afines al partido), que acabase con los huesos en la cárcel. Para ello, por supuesto, debe darse un supuesto: transparencia absoluta en todo el trayecto que siga cada euro público.

Ahora sí. Con estas premisas, sutiles cambios en la administración, creo que ya el Estado está en condiciones de convertirse en inversor (business angel, venture capital, capital semilla o como demonios le queramos llamar), y promover la creación de nuevas empresas aportando financiación para aquellos proyectos (en varios estadios de ejecución) de los que se estime van a generar riqueza (porque para destruir riqueza, subvencionar proyectos estructuralmente deficitarios, mejor nos estamos quietecitos).

Los que triunfen, tendrán como accionista al Estado, al cual deberán rendir cuentas como a cualquier otro accionista y el cual cobrará cuando se reparta el beneficio. Pero será un accionista que podrá pensar en la viabilidad de la empresa a largo plazo, y pensando en ella deben establecerse los incentivos y la evaluación del representante del Estado en el Consejo de Administración (otro profesional de la gestión que deberá rendir cuentas de las empresas a su cargo).

La economía es la ciencia de administrar recursos limitados. La rentabilidad no es sólo una medida propia de una economía capitalista, como muchos creen. En la Unión Soviética se estudiaba, y en ocasiones con mayor detenimiento y acierto que en el campo capitalista, la rentabilidad de cada inversión. Porque los recursos son limitados, y la rentabilidad mide la eficiencia en la creación de riqueza a partir de unos recursos empleados. Una empresa que no es rentable, está destruyendo más riqueza que la que consigue generar. Si esta situación (natural en los primeros pasos de un proyecto empresarial) perdura en el tiempo, nos empobrece a todos. Una empresa es una máquina de generar riqueza; si en vez de generarla, la destruye, es un monstruo infernal, una aberración económica que hay que desactivarla cuanto antes, antes de que ese zombie siga canibalizando recursos).

NOTA: Que nadie confunda una empresa pública con un servicio público. Un servicio público no está sometido al criterio de rentabilidad económica, aunque sí debe ser regido por el de la eficiencia en la prestación de ese servicio. Lo digo porque hay quien juega a la confusión entre ambas.

NOTA II: Que nadie piense que propongo limitar la inversión privada en start-ups o cualquier otro tipo de empresa. En modo alguno. Muy al contrario, pretendo sumarle a su (parca, en España) capacidad inversora, la descomunal potencia de fuego del Estado (¿cuántas empresas, puestos de trabajo se podrían haber creado con los 40.000M€ del rescate de Bankia, 8.500M€ del rescate de la CaixaBosta gallega, 13.000M€ de su homóloga catalana…?).

Con 5 millones de parados, la reactivación de la economía debería ser la primera de las prioridades de todo programa político de cualquier signo. Hasta aquí lo que yo propongo; si hay quien tenga una idea mejor, que la exponga, pero hasta ahora no he encontrado nada en ningún programa político.

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Por cierto, por si alguien tiene la curiosidad de saber el significado del título de esta entrada. Es el término patrimonial gallego, ya que la conversación original con Ramom era en esta lengua, para referirse a…un semillero. Ou sementeiro, ou pebideiro, porral...

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