La mirada del mendigo

5 noviembre 2018

Buscando rentabilidad

Filed under: Economía — Nadir @ 0:29

Ésta es una entrada de las de servicio público, en la que procuraré aportar lo poco que sé para que quien sabe aún menos de temas económicos pueda al menos tener algo a partir de lo cual empezar a buscar, aprender e informarse. El tema que discutiré es qué hacer con nuestros ahorros, cuando los tradicionales depósitos no rentan absolutamente nada e incluso las mejores ofertas no dan ni para cubrir la inflación.

Lo primero es dejar claras algunas cuestiones. Ahorro no deja de ser un eufemismo para referirse al capital. 100 millones de euros son simplemente dinero si con ellos nos compramos un superdeportivo (consumo), pero mil euretes son capital si los depositamos en un banco esperando obtener un par de euretes al año de intereses (rentas del capital). En este espacio se sigue manteniendo el convencimiento de que la reproducción del capital es ilegítima, en cuanto a la postre supone sustraer (robar) parte del producto del trabajo de otra persona. Quisiera que esto quedara meridianamente claro, desde los magros intereses de una cuenta-ahorro a la renta de un piso alquilado o los dividendos de un paquete de acciones, todo son rentas del capital. Que nadie se mueva a engaño.

Ahora bien, es obvio que en el presente vivimos en un sistema económico capitalista, en el cual el capital es retribuido. Podemos y debemos intentar cambiarlo, pero renunciar a obtener algún rendimiento por nuestro escaso capital no va a acercar ni un paso la llegada del socialismo, antes bien reforzará el sistema al entregarle nuestro capital gratuitamente (sea al Santander, al BBVA, a La Caixa o a alguna secta magufa tipo Triodos, que es a la banca lo que la homeopatía a la medicina, el placebo para los progres científicamente analfabetos). Para los más puristas, pueden procurar conseguir la máxima rentabilidad de su dinero, y luego destinarlo a alguna buena causa. Siempre será mejor hacer una aportación a Médicos sin Fronteras, que no renunciar a ello en beneficio de Ana Patricia.

Así que, vamos a desgranar posibles opciones para intentar maximizar la rentabilidad de unos dineros (que automáticamente se transforman entonces en capital) que hemos estado ahorrando.

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Depósitos bancarios

Es la opción más obvia y debería ser la preferida por la inmensa mayoría de los ciudadanos con pequeños patrimonios y escasos conocimientos financieros. Al menos, es la consigna que tengo en mi círculo de allegados: imposiciones a plazo fijo y no salirse de ello. De hecho, como comentario, a mi madre le tengo vedado acercarse a una oficina bancaria sin que yo la acompañe, al menos para nada que no sea la operativa usual de su cuenta. Entrar desprevenido en uno de esos antros es más peligroso para la integridad de vuestro patrimonio que pasearse a altas horas de la noche por el barrio más chungo de vuestra ciudad. No exagero, a mí me han llegado a ofrecer productos financieros que me ponían los pelos como escarpias, verdaderas bombas de relojería.

Por lo tanto, primera opción, los depósitos de toda la vida. Nada de estructurados ni mierdas semejantes diseñadas para que le entregues tu dinero gratis al banco; depósitos a plazo fijo puros, garantizados por el FGD. ¿Problema? Pues por eso mismo estoy escribiendo esta entrada, los bancos están enganchados a la barra libre de liquidez del BCE, así que no necesitan fuentes externas de financiación. Más bien por lo que te dan unos céntimos de aguinaldo no es porque necesiten tu dinero, sino porque les interesa captarte como cliente y aprovechar para colarte productos más rentables… para la entidad.

Sólo puedo decir que rebuscando, se pueden encontrar entidades que ofrecen algo más que el cero coma cero algo, que es vergonzoso (obviamente, aquí no voy a mencionar ningún nombre). Pero como comentaba, ninguna de ellas da siquiera para cubrir la inflación, así que estamos perdiendo dinero en términos reales. Aunque la contratación puede ser más difícil, se pueden localizar depósitos con mejores condiciones en algunas otras entidades europeas, aunque la mayoría exige residencia fiscal en el país y todo el papeleo viene en la lengua local. En principio no hay ningún problema en estar cubierto por el FGD de otro país comunitario, siempre que no sea un chiringuito como Malta (e incluso yo pondría en cuarentena a Italia).

Y hablando sobre el FGD, no deja de ser una seguridad extra, pero en ningún momento os penséis que es certeza de nada. El FGD podría hacer frente a los depósitos de una pequeña entidad, de esas de las que cada vez quedan menos, en el intenso proceso de concentración bancaria que hemos vivido (necesario, por otra parte, para aumentar la eficiencia). Ahora bien, como quiebre una de las grandes, obviamente en un escenario económico terrible en el que las cuentas del Estado estarán aún más tensionadas, por los cojones va a tener el Estado capacidad de devolver los cientos de miles de millones que suponen la base de depósitos de un Santander, un BBVA o mismamente un Bankia. En todo caso lo harán con moneda devaluada, con una capacidad de compra mínima en comparación con lo que ingresamos.

Finalmente, en este apartado, mencionar que también las aseguradoras ofrecen un producto similar al de los depósitos bancarios, generalmente a un interés algo superior (no están regadas por el dinero gratis del BCE). Pueden ser una opción, siempre que tengamos claro que esta clase de productos (unit-link, seguros de ahorro o como ahora mierdas los llamen) no están protegidos por el FGD. En caso de depositar nuestro ahorro en una aseguradora en vez de en un banco, sería de elemental prudencia informarse de qué tiene esa aseguradora en el balance, porque no es lo mismo firmar pólizas de automóvil que emitir CDSs. En cuyo caso es tan buena idea confiarles nuestro dinero en caso de crisis, como ponerse a pasear por el espigón del puerto en caso de galerna.

Realmente no deja de ser curioso que la forma convencional de ahorro, la que se considera más segura, sea confiar nuestro dinero a un tipo muy especial de empresas, bancos y aseguradoras, que más riesgo tienen cuando vienen mal dadas (los bancos acumulan en su balance todos los riesgos de la economía: mientras todo va bien ganan mucho dinero, pero cuando la economía se contrae tienen que apechugar con créditos fallidos y garantías y activos devaluados que, cuando sobrepasan el nivel de flotabilidad de las cuentas, provocan su hundimiento).

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Fondos de inversión

Es la alternativa típica que te ofrecen en la sucursal, instantes después de comunicarte el 0,0algo que ofrecen por renovar el depósito. Los fondos de inversión son como la Santísima Trinidad, son de tres tipos: de renta fija, de renta variable y mixtos, pero todos ellos comparten la misma esencia: son la misma mierda. Bueno, en realidad existe otra cuarta categoría, los que invierten en el ForEx, pero entonces no me salía el chiste.

Están diseñados para maximizar el beneficio del banco (comisiones de gestión) y a ser posible servir de vehículo para que la entidad te coloque la mierda de la que se quiere desprender de su balance y no cuela endilgársela a los inversores profesionales. Por ejemplo, por esta vía se han deshecho de buena parte de la deuda pública comunitaria anotándose suculentos beneficios. Ahora le toca a sus clientes quedarse con un producto que sólo puede hacer dos cosas: bajar o bajar (ya lo veremos más adelante).

Porque vamos a dejar clara una cosa, un fondo de inversión no es más que un contenedor de activos. Si compras una participación en un fondo de renta fija, lo que estás realmente comprando son los títulos de deuda en el que ese fondo ha invertido. Lo mismo para la renta variable, pero con acciones de empresas, en vez de bonos. La única diferencia es que en vez de seleccionar tú qué quieres comprar, delegas la composición de la cartera en “profesionales”. Es decir, un grupo de botarates que, aunque supieran realmente discernir una buena inversión de otra mala, tienen las manos atadas por los intereses del banco gestor (lo que comentaba antes, de empaquetar toda la mierda de la que el banco se quiere desprender). Por el alto valor aportado por su gestión, te cobran una comisión que frecuentemente es mayor que el propio beneficio generado (cuando no vienen pérdidas). La cuestión es que una cartera compuesta al azar (un mono lanzando dardos sobre una diana) tiene más probabilidades de obtener mejores resultados que esa gestión profesional que tan cara te cobran.

En resumen, es una de las peores ideas de inversión. Porque aunque es cierto que sí existen fondos de inversión gestionados por gente realmente buena, que supera en el largo plazo al mono tirando dardos, triarlos, escogiéndolos entre la basura generalizada de la industria de los fondos es aún más complicado que construirse uno mismo una cartera de inversión. Y, de todas formas, esos buenos fondos no están disponibles en tu banco habitual (que sólo comercializa su mierda, que es con la que saca beneficio) y seguramente tampoco tengas patrimonio para acceder a ellos (suelen tener mínimos de inversión muy altos, precisamente para excluir a los pequeños inversores).

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Renta fija

Si como hemos dicho la “ayuda profesional” de los gestores de fondos no justifica lo que cobran en comisiones, aunque cobrasen menos que los cacahuetes con los que alimentar al simio, vamos a analizar la posibilidad de invertir directamente nosotros en los mercados mencionados. Empezamos por la renta fija, cuyo nombre se presta a confusión generalizada. En el mercado de renta fija se negocian títulos de deuda: letras, bonos u obligaciones, según el plazo de maduración.

Explicándolo aún más: una administración o empresa pide dinero a los inversores, a cambio de unos intereses previamente determinados. Es por ello que se le llama renta fija, porque el cupón a cobrar es conocido, a diferencia de la renta variable donde los intereses a cobrar, los dividendos distribuidos, pueden variar de un año para otro o incluso desaparecer. Por el contrario, una administración/empresa tiene que pagar el cupón acordado o declarar la quiebra.

Esto es lo fijo, el cupón, no la cotización de esos títulos de deuda. La confusión se daba porque tradicionalmente este mercado era extremadamente estable, predecible, monótono, y las oscilaciones en la cotización eran menores. En la nueva economía, incluso los bonos soberanos de las mayores economías del mundo hemos visto que se comportaban como chicharros, con fuertes sacudidas en su cotización según se incrementaban las probabilidades de que caigan en default.

En principio asociados a una inversión conservadora, hoy son quizá la peor alternativa de inversión ya que el mercado está intervenido por las bancos centrales, que han entrado cual elefante en cacharrería para forzar una bajada de tipos de interés generalizada, primero en la renta fija soberana y luego incluso se han puesto a comprar deuda privada (el BoJ incluso ha entrado en la renta variable, copando casi todo el mercado de ETFs). Realmente era necesario para reducir los costes de financiación de estados y empresas, atiborradas de deuda y dedicando a su servicio buena parte de sus ingresos. Fue una forma de rescatarlos de esa espiral diabólica. Algunos han aprovechado el respiro para recomponer su balance, otros han empleado la técnica de la huida hacia adelante y aprovechado el periodo de tipos bajos para endeudarse aún más.

¿Cómo nos afecta a nosotros como potenciales inversores? Los tipos están tan bajos que dificilmente pueden bajar aún más (algunos países están emitiendo en negativo, es decir, cobran al inversor por el privilegio de prestarles dinero). La cotización de los títulos de deuda es inversamente proporcional al interés del cupón que ofrecen, así que si los intereses están en mínimos, es de cajón deducir que la cotización está en máximos. Más concretamente, la cotización de los títulos de renta fija recoge la evolución esperada de la rentabilidad de esos títulos, más una cantidad extra para resarcirse del riesgo de que el emisor impague el título de deuda (lo que se conoce como prima de riesgo). Si tú tienes un bono (una promesa de pago) de un bono español de 1.000€ al 1%, si mañana el Tesoro emite los bonos al 2%, tendrás que vender tu bono por 990€ si quieres que te lo compren. Si suben los tipos, baja la cotización, es sencillo. Y ahora mismo sólo pueden bajar, así que es muy mala idea estar metidos en renta fija, sea directamente (cualquiera puede abrir una cuenta en el BdE y adquirir deuda del Tesoro, y me figuro que será igual de sencillo en otros países), sea a través de los monitos lanzando dardos que gestionan los fondos de renta fija.

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Renta Variable

Es lo que comúnmente se llama “la bolsa”. En ella se intercambian títulos de propiedad (acciones, a diferencia de los títulos de deuda que se cambian en la renta fija) de las empresas.

La teoría es sencilla: las empresas obtienen beneficios, que reparten a sus accionistas en forma de dividendos después de quedarse con una parte para seguir creciendo. ¡Ja! La realidad se parece más a esto: unos gestores saquean a la empresa autootorgándose retribuciones estratosféricas, manipulan las cuentas para disimular que la empresa va al abismo debido a su gestión cortoplacista, frecuentemente por el mecanismo de espectaculares compras apalancadas (las españolas fueron las reinas del M&A hasta que llegó la crisis) que comentábamos antes. Con las migajas que sobran, reparten dividendos o, mejor aún, recompran acciones (buybacks) para alterar el precio de la cotización y de esta manera cobrar los jugosos bonus referenciados a la cotización. Cuando los beneficios no llegan, se endeudan para pagar estos dividendos, todo lo aguanta el papel en época de tipos bajos, por mucho que esa estrategia de gestión sea aberrante e insostenible. Para cuando la empresa quiebre, ellos estarán disfrutando un retiro dorado con sus millones a salvo en un paraíso fiscal.

Es muy poco recomendable meterse en este mundo sin poseer unos conocimientos (qué menos que saber leer un balance del derecho y del revés, para olfatear las posibles trampas que seguro las hay) y una disponibilidad de tiempo para hacer el seguimiento de la cartera. Como eso está más allá de las posibilidades de la mayoría de la población (inclusive de la enorme mayoría de licenciados en economía, incluyendo el director de tu sucursal, que sólo aprendió en su paso por la facultad a vender sartenes), lo mejor es permanecer al margen.

Recomendación especialmente válida en los tiempos que corren, con las bolsas en máximos y expresando un claro nerviosismo por la altura alcanzada y el abismo que se abre a sus pies. Al entrar los bancos centrales en la renta fija, desplazaron a los inversores privados hacia la renta privada en busca de rentabilidad, disparando las cotizaciones. Según se recupere la normalidad en el mercado de bonos y suban las rentabilidades, también en la renta variable se exigirán mayores retornos que sólo se satisfarán tras una fuerte corrección en el precio.

Quiero dejar anotado que en los mercados de capitales no sólo se intercambian títulos de deuda (bonos, letras u obligaciones) o propiedad (acciones). Por ejemplo, antes mencionamos el ForEx (Foreign Exchange) o mercado de divisas. Alguien con enormes conocimientos de macroeconomía podría entrar en este mercado por apreciar que cierta divisa está sobrevaluada o depreciada. Para el resto de los mortales, entrar en este terreno deja de considerarse inversión para entrar en el terreno de la ludopatía, y realmente para eso mejor dedicarse a las apuestas deportivas, que son mucho más entretenidas. Ni que decir tiene sobre demás productos complejos que deberían estar reservados a profesionales buscando una cobertura (por ejemplo, de riesgo divisa cuando facturan en otro país, o de una materia prima estratégica en su negocio) pero que hacen las delicias de los ludópatas (optiones, turbowarrants…).

Igualmente, mencionar que en todo activo cotizado se puede tener una posición larga, que es comprar esos títulos esperando que se revaloricen, o una posición corta o bajista: pedimos prestado unos títulos que vendemos a continuación, esperando a que la cotización caiga para recomprarlos a menor precio y quedarnos la diferencia. Esta maniobra, tiene dos problemas:
1) no sabemos cuándo ocurrirá esa caída, y mientras tanto tenemos que estar pagándole intereses al dueño de esas acciones que hemos tomado prestadas. Por mucho que estemos convencidos de que tal título (por ejemplo, unas acciones de Tesla) es una mierda y está claramente sobrevalorado, el mercado puede mantener su irracionalidad más tiempo que tú la solvencia (si en vez de bajar, suben, tu broker te pedirá que amplíes las garantías para cubrir posibles pérdidas).
2) Poniéndote largo, como mucho puedes perder el 100% de tu inversión (lo que no es poco) pero el límite de beneficios es el cielo (imaginad los que invirtieron en Google hace veinte años). En una posición corta, puedes perder más que la cantidad invertida, mientras que como mucho puedes esperar doblar la inversión (si la acción se desploma hasta el cero).

Sobre lo de invertir apalancado, ya tal.

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ETFs

Acaso sea una buena alternativa de inversión, pero no en este momento. Paso a explicar de qué se tratan: viene a ser un fondo de inversión de gestión pasiva. Generalmente, replican un índice. Por lo tanto, no hay ningún equipo de listillos tirando dardos a una diana, sino que es automático: un ETF sobre el Ibex35 replicará la composición de este índice, comprando tantas acciones de Repsol, tantas de Timofónica…

Estos fondos tienen una comisión de gestión muy baja, que no se come los beneficios como ocurre normalmente. Como la mayoría de los fondos no consiguen ni siquiera superar su índice de referencia (es decir, un fondo que invierta en renta variable española, no suele tener mejor comportamiento que el IBEX35), nos aseguramos un resultado correcto sin pagarle a los monitos los cacahuetes. Otra opción algo más laboriosa es abrir nosotros mismos una cuenta de valores e ir replicando el índice en cuestión, pero con las comisiones de compra y venta probablemente nos salga más caro que simplemente comprar un ETF.

Por cierto, he puesto el Ibex35 como mero ejemplo, conocido por todos. Pero sólo recordaros que el mundo es muy grande, y en términos empresariales España no ocupa precisamente una posición especialmente gloriosa (es una mierda, con una investigación paupérrima, las empresas españolas sólo son buenas en sectores regulados).

Sin embargo, insisto, esto no deja de ser una opción cómoda de invertir en el mercado de renta variable, mercado que está muy sobrecomprado en casi todas las plazas (lo de USA hace meses que traspasó el absurdo). Mejor mantenerse lejos hasta que no se normalicen los precios (y ojito, porque la corrección vendrá acompañada de una crisis que quizá sea la última en mucho tiempo, porque no quedará títere con cabeza).

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Preferentes y demás mierda

Sólo aptas para aquellos que les llame la coprofagia. Las participaciones preferentes son instrumentos híbridos entre un título de deuda y una acción. Por lo general, los emiten empresas que no son capaces de financiarse a costes asumibles con emisiones de deuda pura. Se consideran desde un punto de vista contable como parte del equity, pero sin derechos de voto y con un cupón fijo, como los bonos.

La pregunta que habría que hacerse es ¿de verdad quieres convertirte en accionista de la caja de ahorros de tu provincia? Recordemos: las entidades financieras acumulan en su balance todos los riesgos de la economía; cuando el viento sopla de popa, ganan dinero a espuertas, pero cuando llega la tormenta corren enorme peligro (y se ponen a lloriquear para que las rescate papá-Estado, ese mismo que no debe intervenir para salvar de la miseria a las personas, o para garantizar la universalidad de la sanidad y de la educación).

Por cierto, si te suena bien lo de “preferente”, te explicaré que en caso de quiebra, tienen preferencia de cobro por delante de los accionistas convencionales… y por detrás de todos los demás. Como en los casos de quiebra, bastante es si con los despojos de la empresa se logra pagar a los proveedores y la Seguridad Social, esa prelación no significa absolutamente nada. Pero suena bien, ¿verdad? Tienes una participación preferente. ¡Uau!

Basura.

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Planes de pensiones

Seré breve: es la misma mierda que un fondo de inversión, pero con un problema añadido: la falta de liquidez. No puedes rescatar tu dinero, o de hacerlo asumes un fuerte castigo, hasta la fecha pactada (tu jubilación). Se venden intentando meter miedo sobre las pensiones públicas, cuando lo que realmente es arriesgado es enterrar tus ahorros durante años en un banco. Nada hay seguro en este mundo truhán, pero seguramente dentro de 40 años España seguirá existiendo. El banco o aseguradora donde tengas tu plan de jubilación, acaso no. Tú mismo.

Según entras por la puerta de una oficina, ya te están ofreciendo esa mierda. Y se escandalizan de saber que, ¡oh! aún no tienes contratado un plan de pensiones. Y los muy guarros ponen la misma cara que si les dijeras que transportas nitroglicerina en el maletero cuando llevas a tu hijito al cole. Es el producto que más le interesa al banco que contrates (por eso azuza a sus hienas para colocarlo), y por lo tanto es el que menos te interesa a ti. Una IPF (imposición a plazo fijo, el depósito de toda la vida) renovándola sucesivamente en el banco que te ofrezca más, te acabará dando más rentabilidad e infinítamente más seguridad que esa trampa financiera que es un plan de pensiones.

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Metales preciosos

Sobre todo, me refiero al oro, en forma de joyas, monedas o lingotes (estos últimos, como producto de inversión, están libres de IVA). A diferencia de los títulos de deuda o propiedad, no genera ningún rendimiento: una empresa puede crecer (o quebrar), mientras que una onza de oro sigue siendo una onza de oro.

En principio, sería una forma sensata de protegerse de la inflación (cosa que como hemos visto ni con los mejores depósitos se logra), pues el oro se iría revalorizando con ella (igual que cualquier otro bien no perecedero que mantenga su valor). Ahora bien, hemos de tener en cuenta que la mayor parte del valor del oro no es por su valor de uso (en joyería o electrónica), sino debido a su histórico uso como objeto de tesaurización. En realidad, no es tan escaso como sugiere su alto precio, aunque las minas de mena de mayor ley se van agotando. Su alto precio es puramente especulativo, y es lo que desaconseja su uso como inversión conservadora. Desde la pasada crisis, se disparó su precio ante el temor a un colapso generalizado de la economía y no se ha recuperado del susto (o lo que es lo mismo, hay inversores que aún no se fían de que un día nos levantemos y nos podamos limpiar el culo con los billetes de 200€, que habrán perdido todo su valor).

Como anécdota curiosa, para ilustrar la sabiduría que destilan las plantas nobles de las más altas instituciones financieras, públicas o privadas: el Banco de España vendió con la llegada del euro la mayor parte de sus reservas de oro, pues ya no eran necesarias para sostener el valor de la peseta. Lo hizo con la cotización a 400$/oz. Hoy está a 1200$/oz y llegó a estar a más de 1.600$ cuando todos temían que el edificio económico se viniera abajo. Esas 240 toneladas de oro hoy podrían ser de mucha ayuda para, por ejemplo, garantizar las pensiones públicas o financiar un intenso programa de investigación y reindustrialización.

Reservas de oro de los países europeos, en toneladas:

Además del oro existen otros metales que son objeto de tesaurización, algunos mucho más escasos en la corteza terrestre como el platino o el paladio (de hecho, se obtienen como subproducto en la minería aurífera). Si bien puede parecer una inversión interesante debido a su extrema escasez, su precio a diferencia del oro depende mucho de su valor para la industria (joyería, prótesis, catalizadores de reacciones químicas…). Si se concreta el final de los motores de combustión interna, se retirará buena parte de su demanda, cayendo su cotización. Por lo tanto, tampoco ésta es una buena fórmula para invertir.

Por supuesto, invertir en bienes físicos tiene el problema añadido que la delincuencia tradicional puede asaltar tu casa y llevárselos. Realmente, tengo mucho más miedo a la delincuencia de cuello blanco, porque muchas veces ni siquiera tienes opción de denunciar el atraco pues es perfectamente legal. Existe la opción de depositarlo en una caja de caudales de un banco, pero no debe salir barato (la banca siempre gana).

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Inmuebles

Realmente, usar el mercado inmobiliario como inversión está sólo al alcance de los grandes patrimonios: el resto bastante tenemos con poder pagarnos un sitio al que poder llamar hogar. Con todo, quería añadir algunas palabritas para disuadir a quien aún no se haya curado del nefando vicio del ladrillismo.

Pensamos que es una especialidad tan española como la tortilla de patatas, aunque lo cierto es que la especulación inmobiliaria es generalizada en las economías de medio mundo (Canadá, Holanda, Hong Kong…). El mercado inmobiliario español destaca entre todos por la enorme disparidad entre salarios y precios, lo cual hace a la burbuja española especialmente insostenible. Lo cual no quiere decir, como en el resto de casos, que no queden 10 días, meses o años más de subidas vertiginosas, yo no tengo ninguna bola mágica y la insensatez es una característica tan humana como la bipedestación. Simplemente quiero alertar del sinsentido de un bien que aumenta de precio sistemáticamente por encima de la inflación, mientras la demografía española es cada vez más débil.

Aunque invertir en vivienda, locales u oficinas quede probablemente fuera de nuestro alcance, hay otro tipo de inversión inmobiliaria bastante popular y mucho más asequible: los garajes. Sin embargo, el futuro parece apuntar a una caída del vehículo de propiedad, especialmente en entornos urbanos. El coche, referente juvenil de mi generación, ya no ocupa los anhelos de las nuevas generaciones urbanas, que lo ven como un electrodoméstico más (lo cual es maravilloso, porque podrá por fin adecuarse a su funcionalidad, perdiendo su carácter de marcador de status).

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Conclusión

Entonces, ¿qué? Si todas las alternativas son malas, ¿qué hago? Pues yo qué sé, querido lector, yo qué coño sé. Si te vale de algo, estoy igual que tú, jodido porque los depósitos ofrecen una puta mierda de interés, pero viendo que el resto de alternativas son vías rápidas para palmar pasta.

El problema, el verdadero problema, es que existe una sobreabundancia de dinero en el sistema. Antes, las burbujas se movían de un mercado a otro, el oro, el inmobiliario, las dotcom… Ahora están sobrevalorados todos los mercados, y aún sobra dinero para invertir en las mayores imbecilidades que alguien se quiera sacar de la manga, como las criptomonedas.

En parte por la política ultraexpansiva fiscal y monetaria llevada a cabo por gobiernos y bancos centrales, que han inundado de liquidez la economía, y en parte por el descomunal volumen alcanzado por el casino financiero, existe una superabundancia de dinero en manos de la oligarquía económica que no sabe cómo encontrarle acomodo. La cuestión es que mil euros ganados haciendo por ejemplo carry trade (maniobra especulativa de lo más básico) valen tanto como mil euros ganados trabajando. Por suerte, los hedge funds no van a comprar a la pescadería de la esquina, por eso esa masiva abundancia de liquidez no se ha dejado sentir en la inflación. Pero sí que compiten con el salario del trabajador en algunos mercados en los que llegan a coincidir, como acabo de mencionar el inmobiliario. Y esa es la inflación que se ha dejado notar, la de los activos financieros, que han respondido subiendo todos al unísono.

No deja de resultar odioso que, en estas circunstancias en las que realmente el mundo se ha quedado pequeño para la abundancia de capitales que existen y ya no saben donde invertirlos, al mismo tiempo se esté hablando de recortes, de déficit fiscales, de apretarse el cinturón porque no el presupuesto no llega. Y ahora tendríamos que empezar a hablar de paraísos fiscales, que son la Isla de la Tortuga donde el capitalismo mundial guarda su botín, y no hay quien se atreva a enfrentar realmente el problema.

Sé que no voy a recibir ningún premio, y seguramente ni las gracias, por el tiempo de haber redactado todo esto. Con este artículo no os habré ayudado a haceros ricos sin pegar golpe, si es que era la intención de alguno al empezar a leer, pero creo que al menos a alguien le habré advertido para evitar caer en alguna de las trampas que la mafia bancaria nos tiende, para apropiarse de nuestro dinero. Sólo con eso ya me doy por satisfecho.

No olvides este consejo: estás sobre un campo de minas, así que mucho cuidado con donde pisas.

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17 septiembre 2018

Guerra comercial

Filed under: Economía — Nadir @ 22:48

Vamos a comentar esta noticia:

Trump ‘likely’ to announce new China tariffs as early as Monday: source

Lo primero, avisar que aún no han sido decretados esos aranceles (quizá en unas horas), ni se conoce el plazo de imposición previsto. El anuncio responde a la táctica negociadora de Trump de conseguir un acuerdo mediante amenazas. Una forma de meter presión a la otra parte para conseguir un mejor acuerdo.

Segunda cosa a comentar: tras la primera tanda de gravar una primera tanda de importaciones chinas por un volumen que asciende a 50 G$ con una tasa del 25%, y que China contestó con una medida simétrica, ahora el ejecutivo gringo plantea subir la apuesta con una tasa del 10% a un volumen de mercancías de 200 G$. Esta segunda andanada de aranceles no pueden ser contestados por el gobierno Chino imponiendo otros de la misma cuantía, ya que… China sólo importa mercancías usamericanas por valor de 135 G$ y, como decimos, ya le han subido los aranceles a casi la mitad.

Así que, en un principio, parece que USA lleva la mano ganadora, ya que puede hacer más daño que el que le pueden infligir. Ahora bien, eso es triste consuelo para empresas como Boeing, Tesla o Apple, que van a decir adiós a uno de sus principales mercados. Lo cual suena a música celestial para Airbus, Nissan o LG, y desde luego para COMAC, Huawei y Geely.

Además, puede doblar el pulso al gobierno chino y permitir que las empresas usamericanas acudan al mercado chino sin pasar por el aro: es decir, tener que colaborar con empresas chinas y, por lo tanto, desvelar parte de sus secretos. Medida de lo más inteligente del lado chino, y de los más inteligente por el lado gringo (o de cualquier otro socio comercial) es intentar saltársela. Si Trump lo consigue, punto para él.

Y de creer la versión oficial (es decir, la cuenta de Twitter de Trump), tienen preparada otra tanda de aranceles por valor de 260 G$ más. Lo cual es difícil de creer porque entre las tres tandas suman más del 100% de las importaciones chinas (505 G$ en 2017, aunque este año están creciendo un 9%). Pero sobre todo porque sería gracioso que metiesen un arancel que sacase del mercado gringo a productos como… el iPhone. Y es que los productos de Apple, como los de otras tantísimas firmas estadounidenses, no sólo de electrónica, sino confección o resto de bienes imaginables son… importaciones chinas. China recibe los componentes (de USA, Japón, Corea…), añade otros y los devuelve montados. Si China grava con un 10% las importaciones de componentes del iPhone, y USA grava con otro 10% el iPhone ya terminado, se daría la divertida paradoja que Apple perdería su principal mercado. Es lo que tiene andar jugando con las complejas cadenas de suministro.

Por otra parte, si Trump se sale con la suya y logra reequilibrar la balanza comercial con China (objetivo de lo más razonable, lo que quizá no lo sea tanto sean las formas), aún tendría un problema por añadidura: perdería al principal comprador de bonos del tesoro (T-notes), lo cual obviamente elevaría los tipos de una deuda que empieza a resultar ya excesiva bajo parámetros absolutos o relativos, y sin oportunidad de encontrar otro comprador que pueda sustituir a los chinos (no se vosotros, pero a mí no me sobran 8.500 millones de dólares cada mes para invertirlos en deuda pública gringa.

De esta forma, Trump puede interrumpir el más poderoso flujo de capital que haya existido jamás, mediante el cual USA compra mercancías a China mientras China usa ese dinero para financiar el consiguiente déficit comercial de su socio y rival. Esta máquina ha estado funcionando durante las últimas dos décadas y se me escapan las consecuencias de su brusca interrupción, pero sin duda cambiarán el mundo.

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11 septiembre 2018

El casoplón y el cochazo

Filed under: Economía — Nadir @ 13:14

Un pequeño apunte a cuento de la última entrada.

Una de las disfunciones de la economía española es la propensión de los particulares al gasto ostentoso. Es una muestra más del palurdismo hispano que tanto nos cuesta superar: como toda sociedad subdesarrollada, la importancia de la opinión del entorno social (el qué dirán) condiciona buena parte de las decisiones del individuo, incluso las que deberían ser más personales.

Por ello, tenemos una tendencia a dedicar una parte exageradamente grande de nuestros ingresos a la adquisición de un vehículo, que excede nuestras necesidades y posibilidades. Por supuesto, esto es una magnífica noticia para la industria del automóvil (alemana, especialmente) que hace caja con nuestras inseguridades e, irónicamente, el complejo de pelagatos que nos intentamos sacudir a base de kilos de chapa recubierta de brillante pintura.

Lo mismo reza en el caso de la vivienda. Mucha gente acaba viviendo donde puede pero, quien se lo puede permitir (especialmente en el rural), acaba enterrando el dinero que tiene, y el que no tiene, en construirse una enorme casa en la cual, muchas veces, varias habitaciones sólo se abren esporádicamente para limpiar el polvo.

En ambos casos son inversiones improductivas que detraen dinero de la economía que debería ser usado para capitalizar las empresas, invertir en nuevos procesos y equipos, investigar, desarrollar y, en suma crecer y prosperar. Curiosamente, la necesidad de ofrecer una imagen de triunfador nos impide salir del atraso secular.

Cada pueblo tiene, ni más ni menos, que lo que se merece.

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Y como esta entrada es muy corta, os invito a escuchar a un compositor del barroco temprano que acabo de conocer, y me ha sorprendido gratísimamente.

De hecho, mi pobre e ignorante oído lo hubiera situado mucho más adelante, anunciando el clasicismo. Al menos a mí me suena muy evolucionado, muy moderno.

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31 agosto 2018

Reflexiones sobre el sector del taxi

Filed under: Economía — Nadir @ 9:49

Ahora que ya han callado los tambores de guerra y el ejecutivo, en una inteligente maniobra, ha pasado la patata caliente de la regulación del sector a las CCAA, quería trazar en algunas pinceladas mi opinión sobre este sector.

Para ponernos en situación, podemos empezar por este artículo que Alberto Garzón publicaba en su página personal para justificar su apoyo a sus reivindicaciones, sumándose a las filas de Ada Colau. Se supone pues que esta es la posición de la izquierda institucional (con la que cada vez me siento menos identificado).

Yo, sin embargo, no acabo de comprender la necesidad de perpetuar el sistema de licencias en el taxi. Sí, efectivamente, es un transporte público, tan público como pueden ser los servicios de una frutería o un fontanero, es decir, que ofrecen sus servicios al público. Pero es una actividad económica privada. Por supuesto, tantas veces lo hemos visto en los bares o las tiendas de ropa, que una sobrecapacidad en cierto sector provoca la depuración de este exceso de oferta vía cierres definitivos de persiana. Sin embargo, a nadie se le ocurre plantearse la necesidad de establecer un cupo limitado de licencias para abrir una frutería, un bar o una tienda de ropa, o para ejercer de fontanero o dentista.

Sí, el transporte es un sector estratégico, pero no precisamente la necesidad de movilidad que cubre el taxi. Más importante para asegurar la movilidad parece por ejemplo la existencia de gasolineras, y sobre ella no hay ningún cupo con numerus clausus, más allá de las licencias asociadas a esas instalaciones por motivos de seguridad y salubridad. Las gasolineras abren donde creen que pueden tener un flujo suficiente de vehículos y, efectivamente, pugnan por arrebatar clientela a la competencia y, en ocasiones, obligan a cerrar a alguna de su entorno. Bueno, esto debería ser lo normal cuando inicias una actividad económica, sabes que tienes que competir y que si no espabilas o cambia la dirección de los vientos las cosas pueden salir mal. No hay nada parecido a un seguro de éxito empresarial, y evidentemente en todos los sectores quisieran beneficiarse de algo así.

Y precisamente a mí no me atemoriza la idea de un mayor control estatal en la economía, pero establecer cupos para el ejercicio de determinadas profesiones es propio de economías completamente dirigidas. Podríamos intercambiar opiniones sobre si es deseable llegar hasta ese nivel de rigidez en una economía socialista; la mía se inclina a intervenir tanto como sea necesario, buscando siempre la intrusión mínima (el mismo principio que usaríamos en el reglaje de suspensiones o la política arancelaria). Incluso en el modelo final de economía socialista (es decir, aquella en la que esté proscrita la propiedad de los medios de producción ajenos) que tengo en mente, introduzco un alto grado de flexibilidad (el mercado ni es Dios ni es Satanás, es simplemente una herramienta que puede ser muy útil si es usada con inteligencia) para no excluir la competencia como acicate (es absolutamente necesario un sistema de incentivos, recompensas y castigos, para no funcionarizar la economía y que ésta caiga en la atonía y la parálisis). Porque la clave es la propiedad de los medios de producción, el resto es contingente (expresado de otra forma, debatible, ponderable de acuerdo a las circunstancias).

Pero lo que está fuera de cuestión es que, aquí y ahora, no estamos en una economía planificada, así que no comprendo la existencia de excepcionalidades como las licencias de taxi, de farmacias o de otros grandes amigos de este espacio: los notarios y registradores.

Es evidente que la existencia de cupos en estas profesiones crea una restricción de la oferta que sostiene los precios, por otra parte regulados; es también evidente que esta situación conviene a los miembros de este gremio (las asociaciones gremiales en la Baja Edad Media aplicaban ya esta política de la escasez de oferta), a costa de los intereses de los que desearían entrar en el sector y no pueden y del público en general que tiene que afrontar los abultados márgenes de beneficio que provoca esta política. Garzón o Colau han decidido ponerse a favor de la patronal del taxi, lo cual les parecerá muy oportuno en términos políticos pero lo cierto es que les enfrenta a los intereses del resto de la ciudadanía.

Para exponer claramente el absurdo de esta situación, vamos a pensar en introducir la misma política de cupos en otras profesiones. ¿Es importante el sector del taxi en una economía? Pues imaginad el de la enseñanza. ¿Por qué no creamos una restricción artificial en el número de profesores que tienen licencia para impartir clase? Y sin esa licencia, aún teniendo los conocimientos (saber conducir), no sería legal que enseñasen. Con esto, obviamente, mejoraría la retribución de los profesores a los que les fuera concedida esa licencia. E incluso Garzón lo podría vender como una lucha por los trabajadores de la enseñanza. ¿Por qué ni siquiera a Garzón se le ocurre introducir el mismo modelo que defiende en el caso del taxi en otros sectores, por ejemplo el de la enseñanza? ¿Por qué no es buena idea inducir una restricción de la oferta en la educación? O cualquier otro, limitemos el número de cardiólogos para que las consultas estén llenas y ganen como un notario. ¿Es inteligente ese modelo?

Si el modelo del taxi es provechoso para el conjunto de la sociedad, generalicémoslo a todos los sectores de la economía. Y si no lo es, exterminemos de una vez esa rémora de los cupos de licencias para ciertos gremios con buenas relaciones con el poder. A nadie se le escapa que, acabada la guerra, el régimen repartió licencias de taxi, estancos o colocó como bedeles en edificios públicos a los pistoleros fascistas en agradecimiento por los servicios prestados.

Leer a Garzón es un verdadero embeleso, ¡qué bien se expresa este rapaz! Menuda parrafada se marca para velar el hecho de que la guerra del taxi no es un conflicto de clase entre los trabajadores y su patrono, sino la lucha de una patronal contra otra (en la que, para más cachondeo, hay miembros que tienen un pie en cada orilla, apostando a lo seguro). De lo que va todo este sarao es de la depreciación de unas licencias si se introduce la competencia de las VTC. Y es que la licencia, al permitir su transmisión onerosa, se ha convertido en un activo económico como puede ser un “swap”, un bono de Telefónica o un apartamento en Benalmádena, sujeto a la fluctuación del mercado. El problema no es laboral, sino financiero: de unos inversores que han especulado con ese activo, les ha salido mal la jugada y esperan que el estado les resarza de su pérdida en el mercado que ellos mismos han presionado a la administración para crear (para monetizar esa licencia una vez llegada la jubilación).

Desde el punto de vista estrictamente laboral, el trabajo detrás del volante no se va a ver afectado; va a seguir estando igual de mal pagado (o de bien pagado, si nos atenemos a la formación necesaria para desempeñarlo) sea el empresario un taxista que hace un turno, y los otros dos tiene a un par de chavales trabajando para él, sea una operadora de licencia VTC. De hecho, los chóferes de Uber se sacan más en limpio, lo cual les jode a los taxistas porque empuja al alza los salarios que deben pagar para explotar su licencia.

En realidad, lo único que me molesta de la entrada de Uber y compañía es que esos beneficios van a migrar al otro lado del charco. Un estado sin complejos doctrinales podría haberse adelantado, creando plataformas como Uber o Blablacar pero de titularidad y gestión pública; también de distribución como Amazon. Incluso un supraestado como la UE tiene prácticamente la obligación de crear una alternativa a Google y Android para salvaguardar la privacidad de sus ciudadanos y la seguridad nacional (la alternativa libre a Windows, por otra parte, ya existe y funciona acojonantemente bien 🙂 ).

Percibimos como normal algo tan común como entrar en un sector, por ejemplo cogiendo un restaurante, y pasado el tiempo ver que éste no va bien (la zona no es buena, arrecia la competencia o la gente no tiene dinero para salir a cenar con la pareja tras pagar el alquiler o la hipoteca) y tienes que traspasarlo por menos dinero que el que entregaste, palmando pasta. Sin embargo, en el caso de la patronal del taxi se creen con más derechos que cualquier otro autónomo o microempresario y quieren que el estado blinde su inversión. Por decreto, el precio de las licencias sólo puede subir, nunca bajar. Absurdo.

Y ahora, cambiamos completamente de ángulo en el que analizar el problema para observar el sector desde la óptica que nos gusta más en este espacio: la de la energía y las políticas de movilidad en su conjunto.

Desde una perspectiva económica la opción lógica es tratar al taxi como cualquier otro sector económico, sin ningún tipo de barreras de entrada a la actividad más allá de acreditar la competencia en el desempeño de la profesión (carnet de conducir) y las normas técnicas correspondientes (ITV en vigor…), porque no existe en él ninguna especificidad intrínseca que justifique semejante tratamiento de favor (a los que ya están dentro) por parte del estado: en aquellos países en que el servicio de taxi está liberalizado, funciona con completa normalidad, como no podía ser de otra forma porque no deja de ser otro sector económico como tantísimos otros. Sin embargo, desde una óptica de movilidad urbana integral, mi opinión sobre el taxi es bien distinta: debe ser prohibido. Ni taxis, ni Uber, ni Cabify ni los vehículos sin conductor (la verdadera amenaza para el sector) que empieza a sacar a la calle Waymo (Google).

¿Os acordáis de esta animación que subí hace tiempo?

Un turismo supone una usurpación del espacio disponible en las vías urbanas, que conduce a su colapso. Aún dejando a un lado la contaminación asociada (que es un problema de salud mayor), supone una forma de transporte urbano ineficiente en términos de tiempo y energía. Restringiendo la entrada a las urbes a los vehículos de transporte colectivo o aquellas formas de transporte personal que no dilapiden un bien tan precioso en el entorno urbano como el espacio (bicicletas, pequeños scooters eléctricos…) descongestionaríamos las calles, los tiempos de transporte se reducirían y la energía necesaria para lograr esa función social como es el transporte se reduciría, lo cual redundaría en provecho común: una economía más eficiente y, por lo tanto, más competitiva, que necesitaría menores importaciones de energía y menos horas perdidas maldiciendo en arameo encerrado en un atasco.

Bien, pues todo lo antedicho es indiferente de si quien conduce el coche es el propio pasajero, un conductor profesional o un sistema robótico, de si el coche es propiedad del pasajero, es alquilado o pertenece al conductor de Uber o al propietario de la licencia de taxi. Un turismo rodando por la ciudad ocupa espacio, mucho más del que le corresponde; y consume energía, mucha más de la necesaria para realizar su función.

Por lo tanto, la solución más conveniente para la modalidad urbana es transporte colectivo electrificado, complementado por aquellas formas de movilidad personal eficientes en espacio y energía y sin emisiones contaminantes (in situ). Y en este modelo, el servicio de taxis o análogos simplemente no tiene cabida. De hecho, es aún más ineficiente que el uso del automóvil privado (nada hay más estúpido que un taxi circulando en vacío, consumiendo espacio y energía, a la búsqueda de clientes o volviendo a base).

¿Y quien debe realizar un trayecto con grandes pesos? No hay ningún problema: el transporte de cargas puede ser servido por empresas que tengan permiso para entrar al casco urbano con sus furgones de reparto electrificados.

NOTA: muy interesante el último enlace, porque está tomando la dirección que estimo correcta (racional) en el desarrollo del vehículo eléctrico. Además, da en la clave: un vehículo eléctrico es muy susceptible de una construcción modular, abriendo la puerta a un sector en el que podría colarse la industria española y usarlo como trampolín económico. Espero hablar de ello en próximos días.

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19 junio 2018

La economía turca al borde del abismo

Filed under: Economía,Internacional — Nadir @ 22:12

Quizá estos días os hayáis desayunado con noticias alertando del deterioro acelerado de la economía turca (y no sólo turca, también Argentina vuelve a estar contra las cuerdas, aunque éstos tienen como ventaja que ya están acostumbrados). Vamos a intentar explicar qué está pasando en Turquía.

La economía turca lleva años con generosos déficits por cuenta corriente. Ésto suele ser el origen de todo mal, cuando de forma sostenida en el tiempo ingresas menos que lo que gastas (en exportación de bienes y servicios, pero también en los flujos derivados de rendimientos de capital y capítulos menores como las donaciones). Incurrir en un déficit por cuenta corriente no es necesariamente malo, depende qué estés haciendo con ese dinero: puedes estar invirtiendo en mejorar la productividad de la economía, pero también puede ser una sociedad que construye aeropuertos sin aviones y se lanza a comprar televisores de muchas pulgadas. En todo caso, lo que comporta necesariamente un déficit por cuenta corriente es una necesidad de financiación externa de la economía. Turquía tiene que pedir prestado para mantener ese nivel de inversión/gasto, y aquí hay que dejar claro que no es tanto el Estado (con una cifras de déficit y deuda pública envidiables, es decir, aún con mucho margen) sino las empresas.

El problema es que la deriva autoritaria e integrista del gobierno del AKP ha ahuyentado a los inversores internacionales, así que las empresas turcas tienen que ofrecer intereses más altos para vencer la resistencia de esos inversores y conseguir financiación. Evidentemente, pagar intereses más altos enfría la actividad económica y la inversión (lo cual ni siquiera sería mucho problema, porque como la economía brasileña en tiempos del milagro Lula, la economía turca está sobrecalentada). Pero aquí viene un punto crucial: como la lira turca compite con el peso argentino en ser poco más que una moneda de juguete (del bolívar ya ni hablamos), los inversores internacionales (recordemos, si tienes un déficit por cuenta corriente, necesariamente tienes que buscar financiación fuera, con actores extranjeros) son extraordinariamente reacios (y con razón) a comprar títulos de deuda denominados en liras turcas (que se deprecian rápidamente). Por lo tanto, tanto las administraciones como las empresas turcas se ven obligadas a emitir deuda en monedas fuertes, como el euro o el dólar.

Y aquí la cosa se complica. Porque te estás endeudando en una divisa que no controlas para nada. Hace nada la FED ha subido tipos y, obviamente, a la hora de tomar esa decisión, no le ha importado una mierda que esa subida le pille con el pie cambiado a la economía turca, argentina o brasileña. De la misma forma, Draghi está poniendo fecha al fin de las compras de deuda (el inicio del tapering) y una venidera subida de tipos. Tampoco sin ningún miramiento a aquellas empresas turcas que se han endeudado en euros, y van a tener que devolverlas en unos euros (o dólares) que cada vez se van a convertir en más caros de conseguir; mientras la lira turca sigue depreciándose, la previsible senda de subida de tipos en la FED y el BCE empujan sus divisas hacia arriba para desesperación de quien tiene que conseguirlas para devolver su deuda.

La trampa es tan vieja como mortal: economía emergentes se endeudan en una moneda fuerte, dólares tradicionalmente, para reducir sus costes de financiación. Pero cuando el el Estado central sube tipos, su divisa le acompaña y el lazo de la deuda se cierra en torno al cuello de esas economías emergentes.

Cuando un sistema (económico, mecánico…) tiene contrapesos, se mantiene equilibrado. Sin embargo, cuando existen procesos que retroalimentan el desequilibrio, se crea una espiral destructiva muy difícil de desactivar. Por ejemplo, lo que decíamos de la huida de empresas alertadas por la falta de garantías de un Estado que está demoliendo a una impresionante velocidad los avances democráticos conseguidos en las últimas décadas. Esta huida de capitales implica que los que se van, venden liras turcas (activos denominados en liras) para comprar dólares, euros, libras, rublos… provocando una sobreventa de liras turcas en los mercados de divisas y su ulterior depreciación. La lira turca cae y cae sin remisión, lo cual sigue ahuyentando a más inversores que ven cómo sus activos cada vez valen menos, y convirtiendo la deuda denominada en una moneda fuerte en cada vez más impagable.

Un caso especial es el de los bancos. Como sabemos, la base del negocio de un banco es prestar a largo y financiarse a corto (porque es más barato). Una subida de tipos siempre hace daño a los bancos, mientras no puedan trasladar esa subida a sus clientes (por eso les gustan tanto las hipotecas a tipo variable, porque les elimina ese factor de riesgo). Pero los que más han recurrido a financiación en dólares y euros son precisamente los bancos, así que se encuentran en la situación de recibir liras depreciadas de sus clientes, y venderlas para conseguir unos cada vez más caros dólares y euros. Eso, en el caso de que reciban esas liras, porque como todos sabemos en caso de crisis sube la tasa de mora (la gente deja de pagar sus deudas, porque simplemente no puede afrontar este pago al quedarse sin trabajo, cerrar su negocio, etc). Por otra parte, las calificadoras están bajando las calificaciones de la deuda emitida por estos bancos (es increíble como los chicos listos salidos de las facultades de economía siempre van a remolque de los acontecimientos), lo cual encarece su financiación. Por otra parte, la caída de la bolsa socava el valor de su cartera (que, si cae el mercado inmobiliario, agrandará el socavón en su balance). Parece que se avecina una tormenta perfecta para la banca turca (copia de la que vivieron las entidades europeas hace ahora una década).

Luego queda hablar de otro grave problema que no es sino una faceta más de todo lo que hemos dicho anteriormente: la inflación. La divisa local cae, el coste de las importaciones crece, disparando los precios (en Turquía la inflación ha estado siempre alta, como suele suceder en una economía en desarrollo vigoroso, pero tras una época de normalización se ha vuelto a disparar al 12%). En breve, aquella empresa u organismo que pueda trasladar la inflación a sus beneficios no tendrá tanto problema, pero aquellas que no, o no en la misma medida, quedarán estranguladas por una deuda que cada vez se convierte en más impagable.

La inflación es especialmente dura con los trabajadores asalariados, que tienen menos capacidad de actualizar sus salarios con la inflación que sus empleadores. Y volvemos a la tasa de mora, unida a la carestía de la vivienda, normal en un país con una pirámide de población con una enorme base, jóvenes que empiezan a llegar a la edad de casarse, independizarse y buscar un hogar.

Para frenar la espiral inflacionaria, el gobernador del banco central turco recurre a una subida de tipos, pero esto solivianta las iras del sultán, que necesita de tipos “bajos” (para lo que se estila en la zona, del 15%) para favorecer el acceso de esos jóvenes a la vivienda y de las empresas para seguir invirtiendo y creando empleo (el paro vuelve a repuntar), máxime con unas elecciones a la vuelta de la esquina.

Por otra parte, el Banco Central puede (y lo está haciendo) vender parte de sus reservas en dólares para sostener la cotización de la lira. Esto es una completa imbecilidad abocada al fracaso (como luchar contra la gravedad), como ya hace décadas demostró (catapultándolo a la fama y forrándose de paso) Soros, tumbando al Bank of England. El Banco Central Turco ya se ha fundido un tercio de sus reservas, y en cuanto deja de intervenir en el Forex, la lira vuelve a despeñarse.

Ahora ya, en el terreno de las especulaciones, supongo que el actual rumbo de la economía acabará llevando a los bancos turcos al colapso, y deberán ser rescatados por el Estado (antes de que éste se haga evidente, si es que tienen dos dedos de frente, para evitar una corrida bancaria que añada una tribulación más a la economía). En principio, esto no supone mayor problema (como hemos dicho, cuenta con un amplio margen, como contaba el gobierno español al principio de la crisis), si no fuera porque implica una monetización de la deuda, una creación de dinero que tumbará aún más a la lira turca.

Al final, el resultado será, como siempre, una corrección más o menos abrupta de una anomalía: la sociedad turca se empobrecerá según se siga hundiendo la lira, hasta llegar al nivel que le corresponde atendiendo a su creación de riqueza. De cómo se repartirá ese mal trago, estoy seguro que no cabe duda: no serán los que más se han beneficiado de los años de bonanza quienes ahora se traguen el sapo de la recesión.

Sería un calco de la crisis que hemos vivido por estos pagos, si no fuera porque compartimos divisa (fuerte) con un bloque económico que es exportador neto. Por lo tanto, la necesaria devaluación/depreciación (en una divisa con flotación libre, no se puede hablar de devaluación) se ha producido vía reducción de salarios (devaluación interna), que ha sido incluso más intensa de lo necesario y por eso han repuntado los beneficios empresariales (trabajamos más horas por menos dinero, y es que realmente esta crisis ha sido una estafa).

Finalmente, hace años que espero que la economía gringa, otra yonki del crédito a la que le obliga su déficit por cuenta corriente estructural, reciba ese mismo revolcón de realidad. Hasta ahora se ha salvado por la preeminencia de su divisa (mientras sea no reciba castigo por endeudarse sin freno, puede seguir eternamente viviendo del cuento); pero la existencia del euro y, en menor medida, otras divisas fuertes puede desencadenar todas las Furias en la economía usamericana. Y a nadie se le escapa de las inmensas consecuencias que tendría esto para cualquier habitante de este planeta (empezando por los propios gringos, claro).

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