La mirada del mendigo

20 abril 2018

Presos políticos

Filed under: Varios — Nadir @ 9:31

Me piden encontrar un gato, y acudiendo a la neodefinición de gato, como animal de cinco patas de pelaje verde con alas color azafrán, he de concluir que no, no he encontrado en España ningún gato. Y probablemente tampoco los haya en el resto del orbe, ni los haya habido.

Pero ¿en qué estaba yo pensando? Me han pedido que hable de los presos políticos, no de gatos.

Y no, claro que no, si preso político es aquel que está en la cárcel acusado o condenado por un delito genérico de tener ideas políticas, hemos de concluir que tampoco hay presos políticos, ni gatos, en España. Más que nada porque ningún tribunal es capaz de conocer las ideas de las personas, mientras sean sólo ideas y no se manifiesten. Es decir, mientras la política sea un anhelo. Pero entonces no es política, porque la política tiene la aspiración de transformar la organización de la sociedad. Uno, consigo mismo, en su fuero interno, no puede hacer política.

Efectivamente, en España hay presos, pero todos están por delitos tipificados en el Código Penal. Por supuesto. Por lo tanto, no hay presos políticos. Ni gatos.

Nelson Mandela fue acusado y sentenciado a cadena perpetua en el Proceso de Rivonia, acusado por un tribunal blanco de “conspiración para derrocar al gobierno”, mediante una campaña de sabotaje (atentados terroristas) perpetrada junto con otros miembros del Congreso Nacional Africano (partido gobernante hoy en Sudáfrica) y otros grupos. Evidentemente, Nelson Mandela no fue un preso político, estaba en la cárcel por delitos tipificados en el Código Penal de la Sudáfrica Boer. Tampoco tengo noticias de felinos verdes pentápodos y alados en Sudáfrica.

Emmeline Pankhurst, una de las figuras prominentes entre las sufragistas británicas, no fue una presa política. Fue condenada por un delito muy concreto de dirigir una organización que incitaba a la violencia contra la propiedad (generalmente, cristales de escaparates para hacerse notar, a lo más que llegaron es a incendiar la casa de campo de Lloyd George, asegurándose de que estaba deshabitada). Las sufragistas no eran presas políticas, porque tal cosa nunca ha existido en las Islas Británicas, eran presas comunes detenidas por delitos tipificados en el código penal de la época. Tampoco hay gatos verdes, lo más raro es el gato sin cola de la Isla de Man.

En la España del Generalísimo nunca hubo presos políticos. Todos fueron sentenciados, algunos ejecutados, pero todos ellos por delitos concretos, tipificados en la legislación surgida del Glorioso Alzamiento Nacional. Tras el golpe, había en España en torno al millón de presos (más cerca de doscientos mil asesinados, tanto en ejecuciones extrajudiciales como con teatrillo), pero nunca hubo un preso político.

Por ejemplo, Marcos Ana estuvo en la cárcel (pena de muerte conmutada por cadena perpetua) acusado de tres asesinatos, que él siempre negó haber cometido. Miguel Hernández fue también condenado a muerte, por el delito perfectamente tipificado de “adhesión a la rebelión” (cinismo que se puede permitir quien tiene control del BOE). También le fue conmutada la pena, para demostrar la magnanimidad del régimen, por cadena perpetua. Su joven cuerpo sólo soportó dos años las terribles condiciones de las prisiones franquistas. Ya en el 63 fue fusilado el dirigente comunista Julián Grimau, también bajo el delito tipificado de “rebelión militar”. Unos años más tarde, el histórico dirigente sindicalista Marcelino Camacho fue condenado a 12 años (sólo cumplió 8) por los delitos perfectamente tipificados de “auxilio a la rebelión” y “pertenencia a organización ilegal” (la UGT). Y así…

En realidad, la actividad política de Marcelino Camacho, en la España de hoy, hubiera supuesto pasar por la Audiencia Nazional con la fiscalía pidiendo penas de muchas décadas de cárcel. Hemos progresado una barbaridad.

Bajo la neodefinición de “preso político”, nunca hubo presos políticos en el franquismo, ni en ningún otro momento de la historia. Ninguno fue sentenciado como tal, sino que todos lo fueron por desórdenes públicos, desobediencia, rebelión, asociación a un grupo ilegal, conspiración para derrocar el Estado… De hecho, el “delito de odio” es una aportación nueva a la maquinaria represiva, lo más parecido a un delito de opinión. Ni siquiera con Paca, la culona, los jueces se desvergonzaban tanto.

La cuestión no es que haya en el ordenamiento jurídico un tipo legal que se ajuste, sino precisamente la legislación que criminaliza la disidencia, sea declarando ilegales actividades políticas que no deberían tener reproche legal (por ejemplo, organizar un referendum), sea cargando las tintas sobre actuaciones mínimas (como acusar de terrorismo y rebelión por cortar una carretera).

Así lo entiende el Consejo de Europa en su definición de preso político:

A person deprived of his or her personal liberty is to be regarded as a ‘political prisoner’:
a. if the detention has been imposed in violation of one of the fundamental guarantees set out in the European Convention on Human Rights and its Protocols (ECHR), in particular freedom of thought, conscience and religion, freedom of expression and information, freedom of assembly and association;
b. if the detention has been imposed for purely political reasons without connection to any offence;
c. if, for political motives, the length of the detention or its conditions are clearly out of proportion to the offence the person has been found guilty of or is suspected of;
d. if, for political motives, he or she is detained in a discriminatory manner as compared to other persons; or,
e. if the detention is the result of proceedings which were clearly unfair and this appears to be connected with political motives of the authorities

Por exponerlo llanamente, si por quemar un cajero en Sevilla por una gamberrada la pena es de seis meses de cárcel, y en Andoain son 16 años, quiere decir que durante medio año este último preso puede ser considerado como un preso común, y durante los otros quince años y medio es un preso político. Los primeros seis meses son un castigo por el hecho delictivo concreto, y los otros noventa y tres son la represión, una represión de enorme violencia y coste humano, a una motivación política (en este caso, el independentismo) perseguida desde el Estado.

Una base del derecho es la proporcionalidad de las penas. Hechos análogos deben ser castigados con penas similares, y debe establecerse una gradación entre la gravedad del hecho delictivo y la condena. Sin embargo, en el sistema judicial español este principio salta por los aires, y vemos cómo el sistema se ensaña con elementos políticos indeseables para el régimen. No sólo el independentismo, sino cualquier movimiento de signo obrero; un caso de libro de desproporción en las condenas con obvia intención represiva ya lo expuse en La judicatura es marxista (se dirige con arreglo a sus intereses de clase).

Y esta, la proporcionalidad en las penas, es un requisito ineludible de la definición de justicia. Cuando se haya ausente, no se puede hablar de administración de justicia sino de un teatrillo presidido por unos sombríos payasos, constituido para legitimar una actuación represiva del régimen que los alimenta.

Cuando haber participado en un piquete en el cual alguien arrojó pintura a una piscina y hubo un forcejeo con el propietario sin ninguna consecuencia, tiene una carga de cárcel que duplica la de un apuñalamiento, es evidente que la Justicia se encuentra ausente del sistema legal español. No se castigan unos hechos delictivos sino la intencionalidad política de éstos. Es decir, las ideas.

Factura:
por cortar una carretera: acaso detención y una multa
por hacerlo en apoyo al Procès: mínimo 15 años por pertenencia a banda armada, más otros 15 años de mínimo por rebelión.
por hacerlo siguiendo la consigna de la derecha: absolutamente impune.

Volvemos a leer…
d. if, for political motives, he or she is detained in a discriminatory manner as compared to other persons

El hecho es el mismo (acupar una vía impidiendo el tráfico), la diferencia son las motivaciones ideológicas de ambos. Una es aplaudida, respaldada e incluso alentada por la maquinaria represiva policial-judicial del Estado. Otras, las que lo cuestionan, son reprimidas. No se condenan los hechos, sino la ideología de los acusados.

La justicia que pueden esperar por ejemplo unos jóvenes de Altsasu de un tribunal español, es de la misma naturaleza que unos jóvenes de Diyarbakır de un tribunal turco. La justicia que podían esperar Marcos Ana, Miguel Hernández o Julián Grimau.

Hagamos la prueba: una pelea de bar entre jóvenes independentistas y españolistas, penas entre 12 y 62 años de cárcel para los primeros. Si fuera al revés, y hubieran sido los independentistas los que acabaran cobrando. ¿El fiscal pediría esas penas? Es evidente que no. Aunque el hecho delictivo (sin duda reprobable) es el mismo, la ideología españolista no es reprimida por el Estado (de hecho, es la ideología del Estado).

Veamos más ejemplos. ¿Cuántos años de cárcel pidió la fiscalía por esta agresión?

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¿Y por este ensañamiento de unos energúmenos contra personas inermes e indefensas? ¿Cuántos años de cárcel piden por esta paliza gratuita?

La legislación española no persigue el uso de la violencia, de hecho la promueve y hace uso frecuente de ella para lograr objetivos políticos (terrorismo de Estado de baja intensidad). Según la última vuelta de tuerca del sistema represor, también conocido como Ley Mordaza, no es condenable apalear a un ciudadano, sin embargo soportar la agresión sin reaccionar ni devolver los golpes sí que lo es.

Por cierto, estos perros rabiosos estaban azuzados por los que ahora se lamentan de la injusticia del sistema, algunos desde la cárcel. Justicia poética que espero les enseñe que la democracia, la libertad y los derechos civiles (empezando por el más básico, la integridad física) se deben defender SIEMPRE, para TODOS, y no sólo cuando a uno le toca de cerca.

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Éstos no, pero son de la misma naturaleza: personas sin escrúpulos que alquilan su violencia porque no tienen otra cosa que ofrecer a la sociedad. Lo hacen al Estado, como otros lo hacen a organizaciones mafiosas y les llaman sicarios. Quien paga, manda, y decide a quien golpear; ellos sólo cumplen órdenes.

Lo de menos es el hecho delictivo, sino la ideología de quien lo realiza. Es, a la postre, lo que se juzga y condena en el teatrillo judicial.

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10 abril 2018

Los Borbones son unos ladrones

Filed under: Sociedad — Nadir @ 10:43

A decir verdad, del mundo del hip hop siempre me ha gustado todo… menos la propia música (ritmo). En el parque, bajando unos litros y, con suerte, una china, era una coña continua entre heavys, punkos y rappers (a mí me decían que era heavy con alma de punkarra, y para mí que lo sigo siendo).

Al final, siempre tuvimos claro que éramos todos compañeros y, cuando tocó unirnos para defendernos de los calvos, el parque fue a una.

Como debe ser.

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7 abril 2018

Sionismo criminal

Filed under: Internacional — Nadir @ 21:35

En este mundo hipócrita hay casos que aún destacan entre el cinismo habitual. Aún en el asco permanente que produce seguir el curso de la política internacional, hay temas que sublevan el ánimo de cualquier persona con un mínimo de sentido de la justicia. Impelido por el hedor del discurso dominante impuesto por la gran superpotencia, vamos a dar un rápido repaso a la situación del conflicto israelopalestino, para enunciar algunas de esas verdades de Pero Grullo que, de puro obvias, se acaban olvidando.

La creación del Estado Israelí se produce en 1947, cuando la Asamblea General de la ONU excreta la resolución 181, concediéndole al futuro estado judío la mitad de los territorios de Palestina. Es notable que ninguno de los representantes de los países que, secundando la propuesta usamericana, votaron a favor de semejante desatino legal, cayera en la cuenta que estaban regalando algo que no les pertenecía. Avergonzados por la epidemia de antijudaísmo (alentado durante siglos por el cristianismo, con la acusación de deicidas) que acabó en la Shoah, en un curioso ejercicio de generosidad, las naciones occidentales decidieron ofrecer a los supervivientes del Holocausto nazi (sólo a los judíos, el paso de los gitanos, de los comunistas, homosexuales, francmasones, testículos de Jehová… por los campos de exterminio permanece en el limbo de los hechos históricos que no llegaron al gran público) un lugar donde formar un estado. Pero esa generosidad de ofrecer lo que no es tuyo tiene un problema: que para entregarle el óbolo al receptor necesitado, antes tienes que despojarle de ese bien a su antiguo dueño. En términos populares, ese proceso se conoce como desvestir a un santo para vestir a otro.

Es tan estúpida la idea, despojar a un pueblo de su tierra para cedérsela a un tercero, que es increíble que al primero que la tuvo no lo corriesen a gorrazos por los pasillos de la sede de la ONU en el East River. Es una de esas imbecilidades que se deben ver bien desde los despachos de una capital europea, pero que son el germen de sangrientos conflictos futuros (como diseñar fronteras en base a paralelos y meridianos, separando etnias en estados distintos y reuniendo en ellos a ancestrales enemigos, hutus y tutsis, suníes y chiíes, leoneses y castellanos…).

Este es el nivel de la alta política internacional ¿Se te ha roto tu coche? No te preocupes, yo te presto el de mi vecino. Tan intelectualmente grotesco que no llega ni a chiste, no pasa de chascarrillo.

Pero es que aún peor es la justificación de que tenga que ser precisamente ese territorio: porque su dios nacional así se lo concedió. Quien enarbola esa suprema mentecatez como si fuera un razonamiento en pleno siglo XXI es un completo disminuido mental. Cada pueblo que en la historia ha sido ha tenido su dios o dioses nacionales. Y en la cosmovisión que emana de su religión es común en muchos de ellos el relato del dios o dioses que crean el mundo y se lo entregan a ese pueblo (los verdaderos hombres) para su cuidado. Los conceptos de Pueblo Elegido y Tierra Prometida son comunes en pueblos desde la América precolombina a la Melanesia. Claro está, quizá es que se ha demostrado recientemente la existencia del dios hebreo, y no me he enterado por estar de viaje.

Que buena parte del libro sagrado del cristianismo sea la copia textual del libro sagrado de la religión nacional judía, además de una muestra del absurdo de las religiones (¿no sería más lógico que los europeos incluyesen en su libro sagrado la Guerra de las Galias, en vez del relato épico-mítico de un pueblo seminómada de tercera división que pululaba por el desierto Asirio?), no da mayor viso de credibilidad a su contenido. Si pretendemos que la epopeya mítica fundacional de un grupo de follacabras piojosos tenga algún valor en el derecho internacional del s.XXI, con mucha más razón podemos desempolvar la Ilíada para justificar una hipotética invasión de la Lidia (costa Occidental de la actual Turquía) por parte de tropas griegas.

En cuanto a la justificación de que sus ancestros provienen de tal lugar, antes buena parte de los israelíes podían haber pedido su pedacito de tierra en España (Sefarad), pues de su expulsión sólo hace cinco siglos. O ya puestos, la población gitana del mundo entero podría pedir, con más razón que la judía, el retorno al Punjab del cual salieron hace seis siglos. Perseguidos y exterminados a lo largo de la historia como probablemente ningún otro pueblo, merecerían de seguir la doctrina aplicada con Israel que la amable comunidad internacional convenciese a India (si acaso, con el uso de la fuerza) para que despejase a la población que actualmente reside en esa región para asentar ahí a las poblaciones gitanas provenientes de Europa, Oriente Medio y demás partes del mundo.

Si la propuesta te parece demencial, es porque seguramente lo es. Pero es exactamente el mismo razonamiento que llevó a la creación del estado hebreo.

Si ya la legitimidad del Estado de Israel de acuerdo a las fronteras de 1947 es cuanto menos dudosa ¿qué se puede decir de todo el proceso de ocupación de nuevas tierras, empujando a los indios nativos a reservas cada vez más exiguas? El proceso de conquista y usurpación de territorios a los pueblos nativos por parte de los estados europeos en el Nuevo Mundo, durante los siglos XVI a XIX, es remedado por el Estado de Israel a partir de la segunda mitad del XX.

Pero hay cosas que tras la Segunda Guerra Mundial, los horrores del nazismo, el fin del Apartheid y el advenimiento del nuevo siglo, ya no son permisibles. Y no es admisible todo el proceso de ocupación de tierras y limpieza étnica subsiguiente a la Nakba. Proceso que, por otra parte, ha tenido la colaboración estelar de los países árabes circundantes, especializados en iniciar guerras (la del 48, la Guerra de Suez, de los Seis Días, del Yom Kippur, las intifadas…) que, invariablemente, acaban con un estado hebreo cada vez más lato y poderoso. De cualquier forma, el papanatismo tradicional árabe no justifica la anexión de territorios y el desplazamiento de su población para crear un lebensraum judío y, así, buscar acomodo a poblaciones de las cuatro esquinas del mundo que emigran a Israel esperando recibir su trocito de tierra robada a la población autóctona.

La justificación de los territorios anexionados por el Estado de Israel en la Guerra de los Seis Días es pura y llanamente el derecho de conquista. El mismo derecho por el que el Tercer Reich se anexionó los Sudetes, y con mucha mayor legitimidad pues efectivamente, en esa región la población era mayoritariamente germánica, mientras que en el territorio invadido por Israel no había prácticamente nadie de religión judía. De ahí que, tras la invasión, se desarrollase la operación de limpieza étnica, con matanzas como las de Sabra y Chatila y deportaciones en masa, al más puro estilo nazi.

Y a nadie debería sorprender la asociación, plenamente justificada. Israel está reproduciendo la política alemana hasta 1939 (la Kristallnacht la ha sobrepasado con creces), y sólo les distancia (y, sin duda, no es poco) la Solución Final, los campos de exterminio y los crematorios. Pero la base ideológica de superioridad racial (en el caso judío, superioridad étnica) lleva en sus libros de oraciones (y, ridículamente, en los del mundo cristiano) desde treinta siglos antes del nacimiento de Hitler.

Sírvante pueblos,y naciones se inclinen ante ti.
Génesis 27:29

Ya que Yahveh te habrá bendecido, como te ha dicho, prestarás entonces a muchas naciones, mas tú no tomarás prestado; tendrás dominio sobre muchas naciones, pero sobre ti no tendrán dominio.
Deuteronomio 15:6

Todo el mundo que se acerca a este conflicto hace muchísimo énfasis en que la religión no tiene nada que ver en este conflicto (ya que la religión es por definición algo noble y elevado que nos hace ser mejores, o eso nos han enseñado en la catequesis). Pues bien, yo sostengo que lejos de no tener nada que ver, está en el centro del problema, y lo lleva estando desde su origen hace miles de años.

Tras la rebelión de Bar Kojba, Roma estaba tan hasta las pelotas de los judíos (era la tercera guerra en menos de un siglo) que los distribuyó por las cuatro esquinas del Imperio, cometiendo el error fatal de dispersar la semilla del fanatismo religioso. Pero obviamente no se vació toda Judea, sino que fueron trasladados los judíos ultraortodoxos. El resto de la población, judíos helenizados y posteriormente romanizados, gente civilizada que iba aceptando los cambios políticos con mayor o menor resignación, y adoptando las formas e ideas según el signo de los tiempos, siguió habitando la región. Al igual que el resto de pueblos del mundo. Con la conquista omeya fueron islamizados, cuando recientemente ya estaban cambiando al cristianismo, religión del imperio. Luego pasaron a ser controlados por la Sublime Puerta y el colonialismo de unos tipos paliduchos y desgarbados. Esos son los palestinos de hoy, los filisteos (Φιλιστινοί, philistinoí) de los que habla el Tanaj (Antiguo Testamento), que ya estaban en la región cuando llegaron las tribus de Israel hace tres milenios, a disputarles el control del territorio.

Y la diáspora judía son los herederos de los fanáticos follacabras que fueron impermeables a toda cultura que no fuera la suya, contra la que reaccionaban con virulencia. En mil novecientos años hubo un núcleo fundamentalista que demostró ser inmiscible con las sociedades de acogida, aunque es de suponer que muchos de sus miembros acabaron diluyéndose en sus sociedades. Creo que es un caso único en la historia, que si bien desde un punto de vista etnográfico es una maravilla (conservar la religión y la lengua, aunque sólo sea con carácter litúrgico, durante diecinueve siglos en pequeñas comunidades aisladas), desde el social es la crónica de un fracaso de integración. Cuando señalo al islam como el principal obstáculo a la integración de la inmigración de Próximo y Medio Oriente, insistiendo a sus miembros en que son diferentes y deben mantener esa diferencia a toda costa (el orgullo paleto), podemos imaginarnos la misma cerrazón mental en las juderías de la Europa medieval y el Magreb. Por supuesto que el sectarismo religioso de aquellas poblaciones era su reflejo especular, retroalimentando la segregación, la desconfianza y, finalmente, la animadversión entre al fin y al cabo conciudadanos.

Os pongo un ejemplo. No sé si sabéis la historia de la embajada de Hasekura Tsunenaga. Fue una misión diplomática que en el s.XVII un poderoso daimyo hizo llegar a España para entablar relaciones con el que era entonces el rey más poderoso del Orbe, Felipe III. La cuestión es que parte de esa embajada no regresó a Japón, sino que se asentó en el lugar de arribada de la nave, en Coria del Río (Sevilla). Hoy, tan sólo 300 años más tarde, no podemos encontrar en Coria nadie que hable japonés, coma con palillos o se siente en cuclillas. Tampoco encontramos trazas de los colonos germánicos con los que el emperador Carlos III repobló Sierra Morena, más allá de una cierta prevalencia de cabellos claros y ojos azules en la zona.

Pero no debiéramos sorprendernos, es lo normal. En un lugar de tanta emigración como Galicia, estamos cansados de verlo. El emigrante que marcha, por ejemplo a Alemania, por ejemplo mi tío. Sin duda toda su vida siguió manteniendo fuertes raíces aquí; aún hablando alemán perfectamente, en cuanto llegaba al pueblo cambiaba naturalmente al gallego. Y cuando se jubiló, se hizo una casita y se vino aquí (aparte de que en la aldea cunde muchísimo más una pensión teutona). Sus hijos, mis primos, venían de vacaciones todos los años, también para que sus padres pudieran ver a los nietos. A pesar de ser alemanes guardaban aún una explicable referencia cultural gallega. Una vez fallecidos mís tíos, por aquí ya no han vuelto más que en contadas ocasiones, empezando porque a sus parejas alemanas no les hace ni maldita gracia venir a palurdolandia, donde para empezar ni siquiera entienden lo que dice la gente (eso que salen ganando, por otra parte). Y ya la tercera generación, los hijos de mis primos, han roto cualquier lazo con esta tierra y forman parte plenamente, como es natural, de la sociedad alemana. Todo ello en el curso de tres generaciones, poco más de medio siglo.

¿Comprendéis ahora la anormalidad de vivir durante diecinueve siglos en una sociedad y seguir considerándote ajeno a ella, un elemento especial, esencialmente distinto? Nada de esto sería posible sin el veneno de la religión hebrea, que desparramó su ponzoña por el mundo de la mano de sus dos hijastras, las cuales heredaron sus rasgos irracionales y sus impulsos más criminales, intolerantes y liberticidas.

Estas tres aberraciones de la razón, que son una sola a modo de desgraciada trinidad, están detrás del conflicto israelopalestino y de buena parte de las barbaridades y desgracias que han aquejado a la Humanidad estos últimos treinta siglos (los diez primeros, el mal estuvo acotado al tratarse de una religión nacional); generando diferencias artificiales y dinamitando la convivencia entre los pueblos, y dentro de los mismos (desgraciadamente me sobran los ejemplos, incluso actuales, Siria, Turquía, Yemen…).

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Impresionante la entereza de esta cría.

Ha dejado a todo un Estado a la altura del betún (posición a la que, por cierto, en España vamos cogiendo práctica, con las pulsiones fascistas que desata en buena parte de la población todo lo que tenga que ver con Catalunya), con un tribunal absolutamente ilegítimo condenándola por propinar un guantazo a un soldado completamente armado, tribunal que es incapaz de apreciar la injusticia de precisamente la misma presencia de ese soldado armado en territorio extranjero. Y es incapaz de apreciarla porque está en la misma esencia del Estado que le confiere autoridad (que no legitimidad).

Nos reiteramos: la única legitimidad que tenían esos dos mierdas en estar delante del domicilio de la familia Tamimi es el derecho de conquista. ¿Sabemos a qué mundo volveríamos de dar por bueno ese derecho? Imaginad dedicar buena parte de los recursos de nuestro Estado a fortificar los Pirineos con casamatas para defendernos de una hipotética invasión del poderoso vecino del Norte, de nuevo convertido en enemigo y potencial amenaza. También tendríamos que cavar trincheras en torno a Olivença, no fuera que a los portugueses les diera por recuperar ese territorio ganado durante la Guerra de las Naranjas. U orlar las playas y acantilados de baterías costeras para prevenir una invasión de la pérfida Albión o de piratas berberiscos. En suma, un mundo en el que se dé por bueno el derecho de conquista, el que hace valer Israel en Cisjordania, es una porquería de mundo, es volver a la barbarie de la fuerza elevada a la categoría de razón de Estado, a dedicar vidas y bienes a defenderse del resto de naciones o a atacarlas si se tiene la oportunidad. Es retroceder el calendario a Annual, al Somme, a Nanking, a los episodios más desgraciados de nuestra especie.

Es especialmente miserable la exigencia internacional, de la misma comunidad internacional culpable de la Nakba, a que las protestas palestinas sean pacíficas. Sin embargo, no existe una ocupación pacífica. Si mañana unos hombres fuertemente armados asaltan tu casa y expulsan a tu familia, no se puede decir que haya sido una acción pacífica aunque no haya habido ni un disparo, acaso ni siquiera un empujón ante la enorme disparidad de fuerzas. La ocupación es un acto violento continuo en el tiempo (igual que un secuestro), cuyo fin último es precisamente valerse del tiempo como legitimador del statu quo. Esta es la clave de bóveda del proceder israelí en el conflicto, lo sabe hasta un niño, sin embargo no lo encontraréis en las crónicas periodísticas de los monigotes que de la realidad no pasan del envoltorio. Con el curso del tiempo, mayor es el arraigo de los colonos y mayor el desarraigo de los exiliados, que acaban reconstruyendo su vida en otras partes del mundo. El engaño de las conversaciones de paz, tan cacareadas por la escoria periodística, son a todas luces un juego de trileros para ganar tiempo y afianzar las conquistas, parte de una estrategia de hechos consumados. Israel sabe que tiene la sartén por el mango, y que no tiene más que mover el balón y dejar que corran los minutos para ganar el partido.

Quien exige una respuesta pacífica a la ocupación está legitimando la agresión, negando el derecho de defensa. Porque la respuesta a una agresión debe ser proporcional, un intento de violación no justifica coser al agresor a tiros, si hay otra forma de repeler la agresión causando un daño no letal. Esa inmoralidad de justificar liarse a tiros contra cualquiera que, por ejemplo, penetre en tu domicilio puede valer en EEUU, pero no en un país civilizado. Ahora bien, que la defensa ante esos ejemplos de una violación o un robo tenga que ser proporcional a la amenaza, no implica que no pueda uno defenderse. Si se puede solventar con buenas palabras y mejores razones, mejor que emplear la violencia. Y la agresión que se puede repeler con un tiro al aire, con un golpe o con un disparo a partes no vitales, no justifica asesinar a alguien. Ahora bien, honestamente ¿alguien cree que con buenas razones se puede forzar a Israel a que se retire de los territorios ocupados? ¿Se les va a amedrentar disparando al aire, o de alguna otra forma no letal? La respuesta debe ser proporcional a la amenaza, y empleando la menor capacidad ofensiva posible. Pero es que repeler la agresión de un ejército con el armamento más sofisticado implica, no nos engañemos, emplear un poder militar igual o superior. Se ha intentado, por activa y por pasiva, sin violencia, con violencia de baja intensidad (piedras en las intifadas). Ya sólo queda el recurso a la violencia sistematizada. No es sólo el derecho del pueblo palestino, es su obligación.

Puesto en otros términos, si la cría de pelo turbulento, en vez de un hostión, hubiera volado la cabeza de ese par de niñatos con una recortada, estaría en su legítimo derecho. La acción sería más o menos inteligente (seguramente, mucho menos eficaz que el guantazo), pero perfectamente legítima, porque está repeliendo la agresión de unos individuos armados en la misión de ejercer un control efectivo sobre territorio extranjero. Igual que Boudica, Zenobia, Juana de Arco, Agustina de Aragón o María Pita, por citar el nombre de algunas conocidas heroínas. Por supuesto que también esos soldados tienen derechos. Tienen derecho a dar media vuelta y volver a su territorio, tras la frontera de 1947, que es en todo caso la legalmente establecida (y ya, como decimos, pueden darse por bien servidos pues es mucho más de lo que en buena lógica les corresponde). No hay, ni puede haber, reconocimiento del derecho de conquista. Entonces sí, tendrán legitimidad para defender su vida y su territorio. En invadiendo el de otros, es de elemental lógica que pueden ser sometidos al tratamiento al que todo ladrón se expone, y no pueden reclamar justicia (más que ante un cónclave de ladrones) ya que, en primer lugar, no deberían estar allí.

Es terrible reconocer que está justificado matar a alguien pues la violencia debe ser la última opción. Pero es que Israel no ha dejado otra opción, y someterse a su invasión y la limpieza étnica subsiguiente no puede ser una opción para nadie con dignidad.

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Nota: Hay un canal de YouTube muy interesante, en el que un fulano (canadiense, étnicamente judío y religiosamente ateo) intenta ilustrar el conflicto proponiendo preguntas sugeridas por los lectores a ambos bandos.

Para sorpresa de forofos de uno y otro bando: no hay seres de luz, a un lado ni otro del ominoso muro. Unos tiran de cinismo para eludir el dilema moral de fundar su prosperidad sobre el producto de un saqueo, con la altanería que da saberse con la sartén por el mango y el viento a favor (por ahora, pero a largo plazo la estrategia de granjearse el odio de todos tus vecinos es suicida). Los otros, una banda de garrulos alienados por el islamofascismo, el cual opera en las sociedades que infecta a modo de una lobotomia colectiva. Lo cierto es que el sumatorio de unos y otros podría ser una buena representación del paisanaje de cualquier rincón de España, paletos y granujas.

Por supuesto, como en cualquier rincón del mundo, también te puedes encontrar con personas inteligentes e íntegras, pero… son siempre una minoría que bastante tiene con sobrevivir entre lobos, incapaz de influir en el devenir de su nación.

No es cuestión de simpatías por unos u otros; sin duda los israelíes nos resultan más próximos por su nivel cultural equivalente (o superior) al europeo y su menor exposición al fanatismo religioso (aquí una muestra de tolerancia islámica entre la población palestina). Luego están las cucarachas ultraortodoxas, a los que hay que dar de comer aparte. Podrán ser más abiertos, liberales, cosmopolitas e incluso muchos de ellos paliduchos: pero nada de eso justifica la invasión de un territorio y la deportación de sus habitantes.

Amicus Plato sed magis amica veritas

Por cierto, y ya que declaro mi amistad, quiero creer que valiente y sincera. En los vídeos es continuo el lloriqueo de la parte palestina por la ocupación, causa primera y última de todos sus males. En realidad, de no haber existido nunca esa malhadada resolución 181 de la ONU, es más que seguro que hoy tendrían la misma mierda de vida que cualquier otro ciudadano de país árabe o arabófono ¿Por qué habría de ser diferente, si mucho antes del 47 ya Palestina era el actor más débil y despreciado dentro del mundo árabe? De hecho, y sin infravalorar las políticas segregacionistas (especialmente en vivienda) llevadas a cabo contra los árabes israelíes, hay que reconocer que bajo el yugo del ocupante judío disfrutan de una seguridad jurídica, de un abanico de derechos y libertades mucho más amplios que los que puede soñar cualquier ciudadano bajo un gobierno árabe. De hecho, el Estado de Israel ofrece más oportunidades (de educación y desarrollo personal) a sus indeseados ciudadanos árabes que las que disfruta cualquier joven jordano, sirio o egipcio, por poner un ejemplo. Y es como para hacérselo mirar. Porque cada pueblo tiene lo que se merece.

¿Os acordáis de este gráfico, que subí a cuenta de Corea de Sur?

Por otra parte, y con todas las prevenciones de navegar por la ficción del what if, no es muy agradable imaginar cuál sería la situación de los judíos de estar invertidas las tornas; podemos tomar nota de la situación de otras minorías religiosas como los yazidíes, siríacos, coptos o maronitas en Egipto, Iraq o Siria.

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En fin, para terminar este desdichado tema con un mejor sabor de boca (y exorcizar a ciertos individuos que tratan de violentar a la divina Ευτέρπη), permitidme esta digresión a modo de broche final:

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24 marzo 2018

Robotización y relocalización

Filed under: Economía — Nadir @ 9:41

En las últimas décadas del siglo pasado y comienzos del presente, hemos conocido el fenómeno de la deslocalización de empresas industriales e incluso del sector servicios (call centers en Sudamérica o asistencia técnica informática en la India). El principal motivo era, naturalmente, aprovecharse de los salarios más bajos en estos países.

Sin embargo, con el incremento del nivel salarial (muy desigual) en estos países receptores de inversión y el desarrollo de la automatización, la robotización y la inteligencia artificial, este proceso está empezando a revertirse.

Para muestra, un botón: a las amenazas por twitter del Trump de gravar las importaciones de vehículos, varias marcas han respondido creando o aumentando la capacidad de producción en territorio USAno. Por ejemplo, las niponas Toyota y Mazda acordaron crear una planta de producción operada conjuntamente en Alabama. Si el propósito del proteccionismo comercial de Trump es incrementar el empleo industrial en USA, los japos me figuro que van a soslayar ese deseo desarrollando lineas de producción casi completamente robotizadas, con un coeficiente de empleados/producción realmente bajo. Apenas crearán empleos, y podrán vender sus coches como Made in USA.

Hablando en términos más generales, la pérdida de relevancia de los costes salariales en el proceso productivo en favor de las inversiones en CapEx cambiarán el mapa industrial del mundo en las décadas venideras. Ya lo está haciendo, de hecho. Si ya no es tan importante radicarse en un lugar con una mano de obra barata y disciplinada (pues para frugalidad y disciplina, una máquina), otros factores pesarán más en la elección del emplazamiento. La cercanía a las materias primas, quizá, pero en bienes con un nivel de complejidad alto el origen de los materiales es diverso, lo cual difumina la ventaja de escoger un emplazamiento en concreto. Por ello, la tendencia será la de acercarse al mercado, al cliente final, poniéndose así a salvo de subidas arancelarias producto de guerras comerciales. Efectivamente, aún podrían sufrirlas como en el mismo sector de la automoción, que temen el impacto de la subida de aranceles sobre las importaciones en acero y aluminio decretada por la administración gringa (que últimamente ha descafeinado). Sin embargo, para un fabricante es mucho menos gravoso soportar un arancel sobre la materia prima (el acero) que hacerlo sobre el producto final (el vehículo), de mucho mayor valor.

En términos de balance, el proceso de automatización consiste en sustituir costes salariales por una inversión puntual en maquinaria. La cual sigue teniendo unos costes de operación y mantenimiento, pero de menor relevancia frente al coste de adquisición. Por lo tanto, desde el punto de RRHH, la única premisa será la de disponer de suficiente mano de obra capacitada para programar y mantener esos robots. Lo cual de nuevo apunta a países desarrollados. Un paunte: China ya está entre ellos, su descomunal potencia demográfica y su esfuerzo en educación permite que su industria pueda disponer de trabajadores de todas las categorías profesionales, desde la más baja de un campesino recién emigrado a la ciudad, a científicos para los departamentos de I+D. Y, además, es un gigantesco mercado.

Una amenaza a este proceso de relocalización sin trabajos por parte del proteccionismo sería gravar las importaciones de bienes de equipo. Por ejemplo, la inmensa mayoría de los robots producidos por la industria automotriz están fabricados en Japón o Alemania (en alejado segundo puesto). Sin embargo, si la administración Trump quisiese mover ficha para impedir la jugada de Toyota y Mazda y subiera las tarifas de los robots de soldadura y pintores que van a traer de Japón, también tendría que aplicar esos aranceles a la maquinaria que necesitan Ford, Chrysler y GM. Y sin esos robots (o adquiridos a precio más caro), es imposible poder competir en el reñido mercado global de los automóviles, e implicaría precisamente la destrucción de la capacidad industrial que le resta, y los puestos de trabajo asociados. Ni siquiera al cretino de Trump se le ocurriría entorpecer el imparable proceso de automatización de la producción, porque el que se descuelgue del pelotón caerá por el precipicio. (ver nota a pie de página)

¿Y cómo se traduce todo lo anterior en cuanto a nuestros intereses, como trabajadores?

Malas noticias para los obreros de los países subdesarrollados, que van a perder los trabajos (peligrosos, penosos y mal pagados) que trajo consigo la globalización y el proceso deslocalizador. Tampoco buenas para los trabajadores de los países en los que se relocalicen esas empresas, pues así como el desempleo sabemos (bien que lo sabemos, en España) tendencias deflacionistas en los salarios, la existencia de un infinito ejército de robots en la reserva hará de techo salarial absoluto en aquellos puestos de trabajo susceptibles de ser automatizados, lista que se va a seguir ampliando con la nueva batería de sensores, procesadores e IA.

La clave, como ya discutimos en La 4ª Revolución Industrial, es la propiedad de los medios de producción. Lejos de estar anticuado, el pensamiento de Marx es más vigente hoy que nunca.

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Aquí el pie de página:

En realidad, la industria automotriz usamericana ya está asomada a las fauces del infierno, y salvó una bola de partido con el rescate millonario que le ofreció el gobierno durante la crisis del 2008. La mala calidad general de su producto en relación a la competencia europea u oriental (que tampoco es la repanocha), como método suicida de lograr beneficios a corto plazo (y los ejecutivos cobrar sus bonus) les ha conducido a perder relevancia en el sector (con la venta de Opel a PSA, la otrora todopoderosa GM ha dejado de ser un fabricante global). Y por el camino que llevan, acabarán convertidos en fabricantes para colmar un sector nicho: el de tanquetas para el palurdo medio de la USAmérica profunda.

Otro botón: EPA Tentatively Decides to Ease Vehicle Emission Standards.
A los fabricantes gringos le parece excesivamente ambiciosa, imposible de cumplir, irrealizable la norma que les obligaría a sus coches tengan un consumo medio de 50 MPG (5,6 l/100km) allá para 2025. Con mi coche, fabricado hace más de una década, ya bajo sustancialmente de esa cifra.

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16 marzo 2018

El declive de los anfibios o el silencio de los primeros vertebrados terrestres

Filed under: Ecología — Sr. Moñoño @ 22:39

 

Esta fuerza del mal. ¿De dónde viene?

¿Cómo se ha introducido aquí?

¿De qué semilla, de qué raíz procede?

¿Quién es el responsable?

¿Quién nos mata?”

James Jones

Todo comenzó en el año 1989, en la localidad inglesa de Canterbury, en los actos del Primer Congreso Mundial de Herpetología. En los animados corrillos que se gestaban en los interludios del apretado programa de conferencias, comunicaciones y pósters, un preocupante asunto se iba haciendo cada vez más presente en el seno de aquellas improvisadas charlas: el alarmante descenso o incluso la desaparición de poblaciones de anfibios, otrora comunes o abundantes, que un buen número de herpetólogos venían detectando a lo largo de los últimos lustros; y lo que era aún peor, la aparente extinción, durante ese mismo período de tiempo, de una apreciable cantidad de especies. El fenómeno parecía abarcar las cuatro esquinas del planeta, pero presentaba tintes de extrema gravedad en zonas geográficas concretas que iban desde las exuberantes junglas del sur de Asia, hasta las pluviselvas tropicales en zonas montañosas de Centro y Sudamérica, pasando por remotas regiones del continente australiano o lugares montañosos e igualmente apartados de Norteamérica.

Aunque las referencias históricas sobre la disminución de poblaciones de ciertas especies de anfibios no eran desconocidas, caso de la rana leopardo (Lithobates onca) en Nevada (Wright & Wright, 1949), de la rana toro americana (Rana catesbeiana) y la rana de patas rojas (Rana draytonii) en California (Jennings & Hayes, 1985) o del sapo de las Grandes Llanuras (Anaxyrus cognatus) en Oklahoma (Bragg, 1960), no se tenían datos lo suficientemente robustos, basados en experimentos de campo realizados a lo largo de series temporales superiores a los 10-15 años, como para discernir sobre si esos declives poblacionales se debían a simples variaciones naturales (las dinámicas poblacionales de muchas especies de anfibios están sujetas a grandes oscilaciones temporales) (Marsh & Trenham, 2001; Marsh, 2001; Tejedo, 2003) o a perturbaciones relacionadas con, por ejemplo, factores climáticos (Pounds & Crump, 1994) o contaminantes (Marco et al., 2001; Cowman & Mazanti, 2000; Marco et al., 1999).

De las varias conclusiones obtenidas a la finalización de aquel congreso, una destacaba por encima de todas: la urgente necesidad de monitorear, mediante protocolos y metodologías comunes, a las poblaciones de anfibios, particularmente a aquellas poblaciones y/o especies que en años anteriores hubiesen experimentado un notable descenso.

PRIMERAS EVIDENCIAS

Pronto comenzaron a surgir los primeros resultados. Uno de los más conocidos es el del sapo dorado de Monteverde (Incilius periglenes). Este pequeño sapo, de un vistoso color anaranjado-amarillento, era un endemismo con un área de distribución de tan sólo unos 10 km². Tan pequeña población contaba con la afortunada casualidad de estar situada, no sólo dentro de los límites de una zona protegida -la Reserva Biológica del Bosque Nublado de Monteverde-, sino dentro de uno de los países del mundo que, al menos oficialmente, más se preocupa por la protección y conservación de su patrimonio natural: Costa Rica.

Descubierto en el año 1966 por el herpetólogo Jay Savage (Savage, 1967), este sapo era, dentro de su restringida área de presencia, un anfibio tan común como discreto. Inactivo durante buena parte del año era habitual ver centenares de ejemplares alrededor de las pequeños encharcamientos temporales que se formaban durante la estación lluviosa, a partir de abril, mes en el que comenzaba el período de apareamientos de la especie. Pero algo comenzó a cambiar en la temporada reproductora de 1987; en aquel año, únicamente fueron observados 133 ejemplares. En el año 1988, 10. En el 1989, 1 ejemplar. Después… el silencio.

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Macho de sapo dorado de Monteverde (Incilius periglenes).

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Fueron varias las prospecciones que se realizaron en su búsqueda durante los siguientes años. La última en 2004. En ninguna de ellas fue detectado, siquiera, un solo ejemplar. Hoy día, la IUNC (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) da a la especie como extinguida (Savage et al., 2008).

El impacto que causó la desaparición de esta especie en los conservadores de fauna costarricenses fue profundo. Y todos, sin excepción, se hacían las mismas preguntas: ¿Cómo era posible que un animal tan abundante hubiese desaparecido? ¿Cómo era posible que hubiese desaparecido en el transcurso de tan pocos años? ¿Cómo se podía explicar que lo hubiese hecho en un área protegida, en un entorno inalterado? A lo largo de las últimas décadas, han sido varias las explicaciones que se han dado para responder a esas cuestiones: el calentamiento global, la introducción de especies invasoras, las perturbaciones originadas por fenómenos climáticos o las enfermedades emergentes son las principales causas sugeridas (Pounds & Crump, 1994; Savage, 2002). En la actualidad, el evento de El Niño, con un periodo extraordinariamente seco acaecido en los años 1986-1987, es la última causa postulada para explicar tan fulminante desaparición (Anchukaitis & Evans, 2010).

Un infortunio biológico muy parecido al que acabamos de ver recayó sobre otra especie, la rana de Loja (Telmatobius cirrhacelis). Descrita a finales de la década de los 70 por la zoóloga Linda Trueb (Trueb, 1979), esta pequeña rana vivía en los altos, fríos, húmedos y ventosos páramos de la Cordillera Oriental de los Andes, en Ecuador.

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Individuo adulto de rana de Loja (Telmatobius cirrhacelis).

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Dos años más tarde, en noviembre de 1981, en las lagunas del Compadre, se obtenía una nueva cita para la especie. En julio de 1987 se visitó su localidad tipo, el Abra de Zamora, a 2850 msnm.; no se constató la presencia de ningún ejemplar. En enero de 1990, en mayo de 1992, en febrero de 1994, en diciembre de 1994, en agosto de 1998, en agosto de 1999, en septiembre de 2001 y en el año 2003 se efectuaron minuciosas prospecciones en los lugares donde había sido visto entre 1979 y 1981. En todas ellas se obtuvieron los mismos resultados: el silencio de la especie. La IUNC, desde 2015, lo tiene catalogado como posiblemente extinguido. Las causas de su probable extinción parecen apuntar a una serie de eventos atmosféricos anormales como altas temperaturas, escasez de lluvias y períodos de sequía que pudieron provocar no sólo la muerte directa de un buen número de ejemplares, sino el aumento de la virulencia de agentes patógenos causantes de varias enfermedades y anomalías, entre ellas una que con el tiempo se ha revelado como enormemente devastadora para los anfibios: la quitridiomicosis, cuyo agente infeccioso es un hongo, el Batrachochytrium dendrobatidis. Además de ésta, otras tres especies (de las 64 que forman la familia Telmotobiidae) están posiblemente extinguidas (Merino-Viteri et al., 2005).

En el otro extremo del Pacífico, en la enorme isla-continente de Australia, la suerte no iba a ser diferente para dos asombrosas especies de ranas. Una de ellas, la rana gástrica meridional (Rheobatrachus silus), vivía en el sudeste del estado de Queensland, en las corrientes de arroyos situados entre los 350 y los 800 msnm. Fue descubierta en mayo de 1972 por el también zoólogo David Liem (Liem, 1973). A simple vista parecía una rana cualquiera, pero un año más tarde ocurrió un hecho verdaderamente insólito.

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Hembra de rana gástrica meridional (Rheobatrachus silus) con recién metamorfoseado a punto de ser “dado a luz”.

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No, no es una rana comiéndose a otra rana más pequeña. Es una rana dando a luz a su descendencia. Las hembras de esta rana, una vez que los huevos eran fecundados por el macho, los engullía, alojándolos en la cavidad estomacal. Una vez allí, un compuesto químico que formaba parte de la cubierta gelatinosa de los huevos impedía que las paredes estomacales de la hembra segregasen los habituales jugos gástricos, fundamentales para realizar el proceso digestivo. La hembra, durante ese período, no se alimentaba. Es decir, el estómago quedaba convertido en una cavidad uterina. Pasado un mes y medio eclosionaban los huevos, las larvas que emergían de ellos realizaban todo su desarrollo larvario, se metamorfoseaban y, al final, convertidas en pequeñas ranas, acababan siendo alumbradas por la boca.

En los años posteriores la especie siguió siendo objeto de estudio. En el año 1976 se realizó una estima poblacional en la cabecera de uno de los arroyos en los que habitaba. En los años posteriores continuó siendo vista en los medios fluviales que ocupaba… hasta 1979, año a partir del cual aquellas ranas desaparecieron como por arte de ensalmo. Dos años más tarde, en 1981, fue visto un único ejemplar en la zona de Blackall Range (Richards et al., 1993). En los meses siguientes se realizaron intensos muestreos con el objeto de encontrarla (Hines et al., 1999). No hubo ningún resultado positivo. Por último, en noviembre del año 1983, en los laboratorios de una universidad australiana, moría un ejemplar que había sido mantenido en cautividad. Era el último representante de la especie.

La rana gástrica norteña (Rheobatrachus vitellinus) era, junto a la especie precedente, el otro miembro conocido del género Rheobatrachus. Fue descubierta para la ciencia en el año 1984 (Mahony et al., 1984) y al igual que su pariente meridional, vivía en el estado de Queensland, más concretamente en un sector de selva tropical de unos 500 km², dentro de los límites del Parque Nacional de Eungella.

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Arroyo en el Parque Nacional de Eungella, Australia.Hábitat típico de la extinta Rheobatrachus vitellinus.

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De mayor tamaño que su pariente meridional, Rheobatrachus vitellinus desapareció de la faz del planeta sólo año y medio después de ser descubierto por la ciencia.

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Al igual que en su pariente extinguido, el proceso de incubación tenía lugar en el estómago, mientras que el alumbramiento se completaba a través de la cavidad bucal. Pero a diferencia de Rheobatrachus silus, en esta especie no se observó que sus huevos inhibieran los jugos gástricos del estómago. Simple y llanamente, las hembras en período de gestación, evitaban la digestión de los huevos y de las larvas nacidos de ellos recubriéndolos con mucosidad. El hecho de que fuera descubierta un año después de la extinción de su congénere sureño, produjo una enorme alegría entre la comunidad de herpetólogos australianos. Año y medio después la alegría había desaparecido (McDonald, 1990). La especie estaba extinta en su medio natural. A lo largo de los tres años posteriores, los pocos ejemplares cautivos fueron falleciendo a medida que cumplían su esperanza de vida. En el año 1988 moría el último ejemplar. Después, otra vez, el silencio.

Durante varios años se analizaron las posibles causas de la desaparición de las ranas de incubación gástrica. Se plantearon alteraciones en el hábitat, recolección masiva de ejemplares, sequías, inundaciones, inusitadas tasas de depredación, estrés, enfermedades… . Hoy día, y debido a que han sido analizadas numerosas muestras procedentes de seis especies de anfibios australianos extintos en ese mismo período, se cree que la causa más probable es la misma que llevó a éstas y a otras especies a su total desaparición: el hongo quitridio Batrachochytrium dendrobatidis. Y es que, con el tiempo, este hongo, extendido ya por los cinco continentes, y del que todavía no se tiene muy claro cómo ha podido extenderse por tantísimas regiones del planeta, se ha desvelado, junto con la pérdida de hábitat y la introducción de especies alienígenas, como la razón primordial de la rarefacción y/o extinción de numerosas poblaciones y especies de anfibios.

EVIDENCIAS DEFINITIVAS Y SITUACIÓN ACTUAL

A lo largo de la década de los 90, no dejaron de realizarse estudios de campo en los que se evidenciaban las tendencias poblacionales negativas de un cada vez mayor número de especies. Pero no fue hasta el inicio del nuevo milenio, mediante un breve pero sustancioso artículo elaborado a partir de los datos obtenidos a través de series temporales largas, en algunos casos de hasta 30 años (Houlahan et al., 2000), cuando se proporcionó la certeza definitiva: los anfibios, efectivamente, estaban desapareciendo de todo el mundo.

En la Península Ibérica, las primeras evidencias de la llegada del hongo se sustanciaron en mortandades masivas de larvas y metamórficos de sapo partero común (Alytes obstetricans) registradas en el año 1995, en una zona del norte de Burgos (Barbadillo, 1999). Paralelamente en el Pirineo oscense, concretamente en el ibón de Piedrafita, se constató el que, afortunadamente, ha sido hasta ahora el único caso de mortalidad atribuido a la enfermedad de la “pata roja”, una suerte de infección causada por la bacteria Aeromonas hydrophila (Márquez et al., 1995). En este caso, la especie afectada volvió a ser Alytes obstericans, taxón que volvió a ser víctima, en el año 1997, en el Parque Natural de Peñalara, de un nuevo episodio de mortandad masiva provocada por B. dendrobatidis. La ola de contagios se repitió en los años 1998 y 1999, al punto de hacer desaparecer a las larvas de esta especie de la práctica totalidad de las masas de agua donde se reproducía (Bosch, et al., 2001). Afortunadamente, el resto de las especies presentes en el parque no se vieron afectadas. En la actualidad, y después de importantes esfuerzos de conservación, las poblaciones guadarrameñas de este pequeño sapo continúan recuperándose de aquella tremenda debacle poblacional.

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Macho de sapo partero (Alytes obstetricans) transportando la puesta. Obsérvense las larvas en el interior de los huevos en un avanzado estado de desarrollo.

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Durante los últimos años se han seguido produciendo acontecimientos similares, tanto aquí como en otras zonas del globo. En la Península Ibérica se han detectado nuevos episodios de mortandades masivas en el Parque Nacional de los Picos de Europa y en el pontevedrés embalse de Pontillón (Price et al., 2014), o en la portuguesa sierra de Estrela (Rosa et al., 2017). En éstos y otros casos se ha documentado que el agente causante es un tipo de iridovirus del género Ranavirus. Estos virus son los responsables de sucesos similares en zonas de Norteamérica, China, Australia, Venezuela o Gran Bretaña (Green et al., 2002; Collins et al., 2003; Jancovich et al., 2005), lugares donde no sólo se ha comprobado su afección a distintas especies de anfibios, sino al resto de clases de vertebrados como reptiles, peces, mamíferos y aves.

Por si esto fuera poco, en al año 2013 se describió un nuevo agente patógeno, un nuevo hongo emparentado con el anterior, el Batrachochytrium salamandrivorans. Este único organismo, en muy pocos años, ha extinguido la totalidad de las poblaciones de salamandra común (Salamandra salamandra) así como las de otras especies de urodelos ( Lissotriton sp., Ichthyosaura alpestris, Triturus cristatus) en amplias zonas de Bélgica y Holanda (Martel et al., 2013). En este caso se sospecha que el origen de la enfermedad está en el comercio que se realiza con anfibios originarios del continente asiático.

Es evidente que no sólo son las enfermedades producidas por bacterias, virus y hongos las que están diezmando a los anfibios en todo el mundo. Muchos otros son los problemas que les afectan: pérdida o deterioro de sus hábitats (urbanismo, plantaciones silvícolas, incendios, desecación de hábitats acuáticos…), introducción de especies alóctonas, vertidos, contaminación, uso de biocidas, cambio climático, aumento de la radiación ultravioleta, captura para su comercio… (Galán, 1999) .

A lo largo de las últimas décadas, y a medida que se ha ido profundizando en el conocimiento de las más de 7.800 especies de anfibios y en los factores que las afectan negativamente, no ha hecho más que aumentar la alarma sobre el futuro de esta clase de animales (Stuart et al., 2008; Galán, 2015). Hoy en día sabemos que con un 41% de especies amenazadas son la clase de vertebrados con un futuro más comprometido. Cuatro de cada diez especies de anfibios están en serio peligro de desaparecer.

El escaso interés que suscita en amplios sectores de la sociedad la conservación de la Naturaleza en general, y de la protección de la fauna en particular, se ve colmado con noticias que tratan sobre los peligros a los que se ven sometidos linces, lobos, águilas, ballenas, leones u otras especies de macrovertebrados. Es evidente que al lado de mamíferos y aves, para el gran público, y por degracia también para la Administración, los anfibios no son más que meros figurantes en el escenario de la vida. Sin embargo, cometeríamos un grave error y una grave injusticia condenándolos a su desaparición. Ellos fueron, hace casi 400 millones de años, los primeros vertebrados terrestres en conquistar la tierra firme. Ellos fueron los primeros que hicieron posible que nosotros ahora estemos aquí. Ellos fueron unos de los principales artífices en prodigar el asombroso fenómeno de la vida en este planeta: el mayor espectáculo jamás concebido.

Y ahora, y antes de finalizar con las pertinentes referencias bibliográficas, un breve consejo de utilidad pública.

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REFERENCIAS

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