La mirada del mendigo

22 enero 2020

Los verdugos son siempre hombres

Filed under: Sociedad — Nadir @ 0:41

… y las víctimas siempre mujeres. Palabra de Barbijaputa, tras colonizar los postmodernitos uno de los pocos medios de izquierdas que quedaban y convertirlo en la charlotada sin credibilidad que es hoy.

Ese slogan postfeminista lo he escuchado en diferentes formulaciones, siempre bajo el mismo esquema lógico: es cierto que no todos los hombres son asesinos/maltratadores/feminicidas pero también lo es que (casi) todos son hombres. Y dejan la frase colgada, como para que cada uno extraiga sus propias conclusiones sobre la naturaleza masculina.

Estoy hartísimo de la manipulación miserable que hace el postfeminismo de la estadística y la lógica, para concluir lo que andaban buscando: que las mujeres viven sojuzgadas por un heteropatriarcado opresor que las mata “como moscas”, según expresión del citado artículo.

Vale, de acuerdo. Si se puede extraer alguna conclusión de que la casi totalidad de asesinos de mujeres sean hombres ¿qué conclusión se extrae entonces de que la casi totalidad de los atentados terroristas con víctimas mortales hasta hace bien poco fueran perpetrados por vascos? ¿Y cuál es la enseñanza que se desprende de recordar que casi todos los asesinatos en atentados terroristas en los últimos 15 años han sido cometidos por musulmanes?

A ver, si se hace la primera afirmación pretendiendo que sea muy relevante sobre la naturaleza sanguinaria del conjunto de ciudadanos de sexo masculino ¿qué conclusión se extrae de vascos y musulmanes de las otras dos afirmaciones análogas? Sacando porcentajes, acaso sean incluso más verídicas. Hagamos la relación entre feminicidas entre la mitad de la población española, miembros de ETA entre la población vasca y yihadistas entre los musulmanes viviendo en España; a ver detrás de la ristra de ceros qué decimal es mayor.

La primera, la suscribe Unidas Potemos. Las últimas, las promueve Vox (en realidad no generaliza en el caso de los vascos, sino que imputa los asesinatos a todo el nacionalismo vasco. La misma bazofia intelectual y moral (y aún Potemos iría más lejos en la demencia identitaria).

¿Que diferencia hay, decidme, entre una Irene Montero promoviendo el miedo de las mujeres a ser violadas y asesinadas al salir a la calle, y un Santiago Abascal alertando de la amenaza que suponen los inmigrantes ilegales, especialmente los musulmanes? No es una pregunta retórica, tampoco las anteriores. Quiero respuestas. ¿Qué diferencias encontráis? ¿No es exactamente el mismo discurso esencialista, creando una dicotomía entre nosotros, los buenos, injustamente agredidos, un nosotros que se define en oposición a un ellos amenazante? Además, estamos hablando de un nosotros definido según caracteres somáticos, la pertenencia al nosotros (y a su ellos antagónico) está en la esencia del individuo y no en su contingencia, como su posición en el proceso de reproducción del capital.

¿No es el mismo mecanismo despreciable de generar pánico social por fenómenos que son absolutamente residuales, anecdóticos, con el indisimulado fin de obtener réditos políticos al presentarse como protector ante esa imaginaria amenaza que representa el grupo humano rival? La criminalización de un colectivo, el estigma de sobrellevar un pecado original (es decir, asociado no a sus actos sino a su esencia) me recuerda a las acusaciones de deicidas que tuvieron que sobrellevar las comunidades judías en el mundo cristiano. Volvemos ahora a tiempos de acusaciones colectivas. El violador eres tú.

¿Acaso el concepto miserable de sororidad como fraternidad restringida según el sexo, no es un calco de otros tipos de solidaridades como la de Europa Aria o “los españoles primero”? Lo confieso, cuando escuché por primera vez hablar en serio del término con el que jugueteó Unamuno (quien le haya leído lo entenderá) me entró una repugnancia visceral. Es la prostitución de uno de los ideales más hermosos infundados en lo que de un modo muy amplio podemos entender como izquierda: la hermandad universal. Para mí fue una clara revelación, cuando leía los argumentos para no sentirse incluidas en el ideal revolucionario de la fraternité y acuñar un nuevo término (en realidad, traducir lo que les dictan desde los campus gringos) de generalidad acotada según un rasgo fisiológico. Con la canallada de la sorority se confirmó mi sospecha de que estaban queriendo sustituir el pensamiento de izquierda con un discurso reaccionario, maquillado para facilitar su digestión por las cabecitas huecas que no ven de las personas y de las ideas más que la apariencia.

Y aquí estamos, con la sororidad, el orgullo español, el white power/black power o la hermandad musulmana en la umma, compartimentando la humanidad como ideología de éxito que se aprovecha de nuestros bajos, animales, instintos (el tribalismo, integrarnos en un grupo para enfrentarnos a otro es un poderoso impulso inscrito en nuestro genoma, como en el del resto de primates).

El mecanismo mental de las declinaciones del postmodernismo identitario (en España tenemos que soportar la bazofia sexista del postfeminismo que, a estas alturas, podemos llamar feminismo a secas pues ya no hay otro, pero por suerte nos libramos de su patita racista) se asemejan sin paradoja a esta imagen de manifestantes pro-Derechos Humanos un tanto especiales:

Curiosamente, estos activistas sólo refieren los conflictos en los que los musulmanes suníes llevan las de perder ante los kuffar y zanadiq, no aquellos en que son la parte agresora o, simplemente, las innumerables ocasiones en que los Derechos Humanos son conculcados dentro de las mismas sociedades sunitas. La Humanidad circunscrita a tu tribu (A) y percibida en oposición al resto (¬A), cuyo dolor es indiferente. Así es el mundo desde el prisma del identitarismo postmoderno, aún cuando debería llamarse premodernismo, pues podemos rastrear en culturas de todo el mundo el concepto de humanidad restringida. El nombre con que se conoce un pueblo a sí mismo suele significar en su propia lengua “los seres humanos”. El resto son otra cosa. El tribalismo tiene de moderno lo que un raspador de sílex. Es precisamente la asunción de la modernidad la que permitió a la humanidad superar esa etapa de oscurantismo que durante miles de años ha teñido de sangre la tierra con violencia sectaria, para enunciar unos principios éticos en que el sujeto y el objeto eran todos los seres humanos.

Abandonados esos grandes ideales que un día animaron a millones de personas a luchar por una sociedad mejor PARA TODOS, el mundo se sumerge en las tinieblas.

Aunque sea el último en decirlo, ahí está: todo racista, todo sexista es un ser inferior. Aquellos que otorgan relevancia a caracteres físicos como el sexo, los rasgos o el tono de piel más allá de lo estrictamente procedente (cuestiones médicas) en vez de a las calidad humana de ese individuo, son subhumanos. Los que compartimentan la Humanidad, especialmente aquellos que introducen el veneno del tribalismo en el discurso político para hacerlo más efectivo, son unos canallas, enemigos del género humano. Y nunca, jamás, ninguno de esos miserables podrá decirse que forman parte de la izquierda política, incluso entendida de la forma más laxa. Son escoria.

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18 enero 2020

Vasos comunicantes

Filed under: Economía — Nadir @ 2:43

Me parece interesante desarrollar una serie de relaciones entre variables económicas, no temáis que es muy sencillo, que creo van a determinar la dirección del mundo en las próximas décadas.

La clave es el nuevo modelo económico que se ha ido gestando en los últimos años, en el que las economías de los estados e incluso de los continentes están completamente interconectadas en forma de una única máquina económica de escala mundial: la globalización. Si normalmente se piensa en las cadenas de valor internacionales, donde un móvil es fabricado con piezas y materiales provenientes de medio mundo, el proceso unificador es aún más perfecto en la esfera financiera. Hoy en día los capitales se mueven de una punta al otra del orbe a la velocidad de la luz, sin apenas cortapisas. Esos flujos financieros pueden inundar una economía, sobrecalentándola (como le ocurrió a Brasil en los primeros años de este siglo) y, con igual brusquedad, revertirse y dejarla seca de financiación (en general, toda Latinoamérica con la abortada subida de tipos del dólar).

No quiero hacer aquí una execración del fenómeno globalizador. Por dos razones: primera, porque es un nuevo paradigma económico con unas consecuencias, como es de suponer en un sistema complejo, contradictorias. Por poner un ejemplo: la globalización ha sacado de la miseria a unos mil millones de personas en Asia, aunque también ha habido perdedores. La segunda, es que la interconexión íntima de las economías posibilitada por las tecnologías de la información es una nueva realidad que no tiene marcha atrás. El mundo nunca volverá a los sistemas económicos cuasi-estancos, puestos en relación por el comercio, de la misma forma que nunca volverán las calesas o las lámparas de aceite. Esto no es una película de buenos y malos, así que procuraré exponer un aspecto de este nuevo modelo económico hiperconectado.

A nadie le sonará a nuevo que vivimos una época de guerra de divisas larvada. Lo que era un pulso que los grandes centros de poder económico mantenían en un tono discreto, el cretino del Trump lo ha aireado a golpe de tuit. Voy pasito a pasito, que no quiero que nadie se pierda. Lo expondré con un ejemplo: si el euro se deprecia respecto al dólar, implica que los costes de producción en Europa bajan si los miramos desde el otro lado del charco. Es decir, la economía europea gana competitividad respecto a la usamericana y, por lo tanto, se incrementa la balanza comercial Europa-USA a favor de la primera. Por otra parte, el flujo de capital hacia Europa (el euro está sobrecomprado respecto al dólar) haría subir el euro y equilibraría de nuevo el sistema (por cierto, mecanismo que no existe dentro de la UE y del que se ha beneficiado Alemania).

Con el panorama de magro crecimiento de la economía mundial, todos los actores importante se siente tentados a depreciar su divisa respecto al resto, para así ganar competitividad y espolear la producción local. Pero es obvio que si deprecias la moneda es respecto a otras, y con todos jugando al mismo juego al final la cosa suele quedar en empate (o “perdiendo” el dólar, es decir, revalorizándose ya que es la divisa universal de la cual siempre hay mucha mayor demanda que la que sería natural si fuera sólo la divisa de un Estado, aún siendo éste la mayor economía del mundo).

¿Y cómo se hace para depreciar la divisa propia? Además de actuaciones del banco central en el mercado de divisas, que están vetadas en aquellas que mantienen flotación libre (todas las importantes menos el renminbi, que tiene flotación sucia), la palanca fundamental son los tipos de interés. Subir los tipos de interés en una economía provoca (ceteribus paribus) la apreciación de su divisa, ya que entra más capital dispuesto a aprovecharse de ese mayor retorno a su inversión. Y viceversa, como es evidente. Por lo tanto, hay una lucha entre las economías mundiales por hundir sus tipos de interés, con ello sus divisas y, de esta forma, aumentar la demanda de sus productos y servicios (entre ellos, muy importante para nosotros, el turismo). Nada de lo que hasta ahora he descrito es ni mucho menos nuevo. La novedad estriba en la potencia de esos flujos de capital, que se mueven a través del globo buscando diferenciales de rentabilidad. Son inmensos (como exponía en una pasada entrada) y se mueven en poderoso rebaño como una migración de herbívoros a través de la sabana. Dicho de otro modo: ahora el efecto sobre la divisa de un cambio en los tipos de interés se ha magnificado.

¿Conclusión? Todos los Estados principales tienen sus tipos de interés en mínimos, y cuando la FED empezó a subirlos al tener pleno empleo (teórico) y repuntar la inflación, Trump escupió sapos y culebras hasta que logró que dieran media vuelta. ¿Todos? No, una aldea poblada por inteligentísimos chinos está depreciando su moneda mediante un mecanismo genial: la impresión de nueva moneda, que respalda la deuda que bancos públicos conceden a empresas (muchas veces también estatales) para que salgan de compras y se hagan con los activos más interesantes de todo el mundo. Pero, obviando la posición extraña de (la que se está sirviendo) China, los bancos centrales de USA, UK, EU, Japón y Suiza (además de otros estados occidentales con moneda propia, como Dinamarca) están en una carrera por ver quién recorta más sus tipos de interés, para generar una presión vendedora sobre su moneda y así depreciarla. Es decir, un carry trade que cada vez tiene más fuerza.

He dicho que no quería que nadie se perdiese: el carry trade, los que llevéis tiempo en el blog ya lo sabéis de sobra, es el movimiento producido por inversores que se financian en una moneda débil (por ejemplo el yen, con tipos por debajo de cero) y van a invertir en una economía con tipos más altos (por ejemplo, T-notes, bonos usamericanos). Para comprar esos bonos tienes que vender yenes y comprar dólares, lo cual genera esa presión vendedora sobre el yen que lo impulsa a la baja y un movimiento especular sobre el dólar.

Bueno, a lo que vamos. Que hay un enorme incentivo (léase presión) sobre los bancos centrales para mantener los tipos lo más bajo posibles y un paso más allá. Porque una moneda débil estimula las exportaciones, por lo tanto la actividad económica, baja el desempleo y el partido en el gobierno tiene más papeletas para ser reelegido.

En el contexto deflacionario en el que nos movemos en Europa, siguiendo la senda marcada por el país del sol naciente, realmente esta política se adecúa muy bien a nuestras necesidades económicas (habida cuenta que en el euro estamos 19 Estados, y no todos comparten exactamente las mismas circunstancias). La cuestión es qué pasará cuando no lo haga, o exactamente qué pasa cuando la política de tipos ultra-bajos no sea la indicada en una economía con un crecimiento vigoroso, como el caso de USA. La respuesta es inmediata y contundente: inflar burbujas (es decir, disparar la inflación de bienes y servicios, pero también de activos de inversión). Aún más.

La razón es evidente, la euforia y aparente sensación de riqueza que promueve el crédito barato impulsa el consumo y la inversión. Las sanas y rentables pero también las mediocres. Con tipos por debajo de cero, incluso es viable un negocio que pierda dinero, con tal de que no pierda tanto como el tipo de financiación. Esta situación aberrante es la nueva normalidad, inédita en la historia económica.

Aunque parezca contraintuitivo, el gran problema que genera esta situación es la supervivencia de empresas ineficientes, zombis, que compiten con las eficientes y sanas restándoles cuota de mercado. Saltarse esta depuración (se suele aludir a la destrucción creativa) puede ser beneficioso a corto plazo (los accionistas no pierden su inversión y los obreros y puesto de trabajo), pero a largo plazo genera la atonía y falta de crecimiento que precisamente estamos sufriendo. Desde luego, a los trabajadores no se les hace ningún favor, pues de trabajar en una de esas empresas zombis que deberían echar el cierre, encontraría trabajo en las supervivientes, más productivas y por lo tanto más capaces de crear riqueza (y, en un modelo socialista, capaces de crear riqueza para los trabajadores, además de dar un mejor servicio a sus clientes). La cuestión son los accionistas y bonistas, pero con los inversores incluso desde un punto de vista estrictamente capitalista no debería haber reparo: que cada palo aguante su vela.

Pero si los tipos bajos generan burbujas y permiten la supervivencia de empresas ineficientes (es decir, que necesitan una mayor cantidad de recursos para un mismo producto) ¿por qué los bancos centrales persisten en esa política? Porque la alternativa puede ser terrible. Para empezar, debéis saber que una subida de los tipos de interés del dinero se trasladas casi automáticamente a la deuda, tanto pública como, por vasos comunicantes, privada. Una subida del tipo de un bono implica la pérdida de valor de la deuda ya emitida, es decir, una caída en el mercado de renta fija. Y, de nuevo, los mercados de renta fija y variable también están unidos por ese mismo principio de Pascal, ya que rentabilidades exigidas más altas en el mercado de deuda hacen caer también la cotización de las acciones (que no es más que un bono con una prima de riesgo por la mayor incertidumbre). Es decir, una subida de tipos pincharía las burbujas en los mercados de deuda y acciones (y, por extensión, en el de derivados). Y nadie es capaz de asegurar si se trataría de un aterrizaje suave o de una caída en picado desde la azotea en la que se encuentran las valoraciones.

Pero aún hay más. Con la política de tipos bajos se le está dando un balón de oxígeno, no sólo a empresas zombis, sino también a empresas rentables que han asumido una enorme carga de deuda para sobrevivir a los procesos de concentración empresarial que se viven en casi todos los sectores (es que exactamente de eso va el capitalismo, el proceso de acumulación de capital en favor de un número decreciente de manos). Con tipos bajos pueden ir refinanciando su deuda e ir llevando su pesada digestión (lo que Richard Koo llama reconstrucción de balance), pero una subida de tipos pronunciada (a niveles normales pre-crisis) llevaría a muchas empresas a la quiebra. Luego están, como decía, las zombis, que no consiguen generar superávit primario (antes del servicio de la deuda) y usan la barra libra de fondos para disimular su falta de modelo de negocio por la vía de las adquisiciones, ganando tamaño en una huida hacia adelante. Un esquema Ponzi que es mucho más usual de lo que muchos os imagináis y que se mantendrá hasta que la música deje de sonar.

En resumidas cuentas. Sabemos que el sistema económico necesita regenerarse, reiniciarse, depurarse, y esto lo hace mediante ciclos (cortos y largos, ondas de Kondrátiev y todo ese rollo en el que ahora no quiero entrar, podéis leer a Ray Dalio si os interesa el tema). La cuestión es que los excesos de la parte alta del ciclo han sido tan desquiciados (debido fundamentalmente a la financierización de la economía), que nadie se atreve ahora a afrontar el periodo de Cuaresma, pues la penitencia estará a la medida de los pecados cometidos. Lo jodido del caso es que la clase social que purgará los pecados será una distinta a quien los cometió y se deleitó con ellos.

La Cuaresma debía empezar en 2007, pero generó tanto dolor en todas las clases sociales que fue abortada y se recuperó la economía con alquimia monetaria. No sé si por el miedo a una revuelta de las clases bajas o porque la clase propietaria se niega a aceptar unas pérdidas que son ineludibles. Y en esas estamos, con una economía intervenida que me recuerda a la Santa Compaña, un limbo entre la vida y la muerte, el cielo y el infierno, un dilatado purgatorio que por ahora evita mandar la economía a un Erebo del que no tenemos convicción de saber cómo salir. Japón como avanzadilla de las economías desarrolladas.

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15 enero 2020

Un dilema

Filed under: Ecología — Nadir @ 1:57

Permitidme que use este espacio para compartir unas intrascendentes elucubraciones personales sobre un asunto menor de las que, al menos, quisiera obtener algunas conclusiones de mayor espectro.

Paso a contaros el caso, y someterlo a vuestra docta opinión:

En uno de mis paseos campestres me encuentro por fin con el dueño de una parcela, en la que ya hace años me había fijado. Incluso en un medio en el que arrojar basura al campo es visto como una conducta plenamente normalizada, el caso de esta finca era ya exagerado. El energúmeno en cuestión había ido arrojando durante años una enorme y diversa cantidad de basura desde su finca a la cuneta de la pista. Desde los envases de fitosanitarios a la puerta de un vehículo, la linde de su finca era indistinguible a un vertedero.

Como inciso decir lo estúpido que me parece que en la villa los supermercados traten las bolsas como si estuvieran confeccionadas con residuos radioactivos, mientras en las afueras el envoltorio con que las modernas alpacadoras embalan las balas de paja, metros y metros de plástico, son abandonados en la finca o arrojados al río tras ser abiertos y ofrecidos al ganado. Cuando veo esta imagen me doy cuenta que la sociedad no deja de ser una burla hipócrita.

Y continúo con el pobre relato: reconvine al paisano su conducta (de puerco asqueroso, aunque omití esta referencia a su ancestral linaje) y me contestó del modo usual en estas nobles gentes: con garruladas.

Así que aquí me hallo en un dilema. Quería advertir al energúmeno en cuestión de las consecuencias de una denuncia por vertidos, darle ocasión de limpiar aquello. La cuestión es que, con la advertencia, he quedado señalado. Sabe quién soy, cuál es mi coche, así que una denuncia podría traerme consecuencias digamos desagradables.

De nuevo abro paréntesis para explicar una conversación con otra noble representante del campesinado local, por cierto, del pueblo de al lado al energúmeno anterior. Venía de su labor y, como siempre, me gusta entablar conversación (para desesperación de mis acompañantes). Y la mujer aprovechó la ocasión para lamentarse de alguien que le robaba los tomates y pimientos (fue a finales de este verano). Obviamente, una conducta censurable, tampoco a mí me gusta que desaparezca la fruta de mis árboles. Pero con un gesto de pura malicia, me confesó que ella ya había recogido lo que le interesaba de la huerta y, sobre el resto, había echado “veneno” (es decir, cualquier insecticida, fungicida o herbicida, que en la cabeza de estos profesionales de la agricultura todo más o menos es lo mismo). Yo traté de explicarle que eso era una barbaridad, que muchos de esos productos tienen unas consecuencias tremendas sobre el sistema endocrino, nervioso… y que podía llevar a alguien que comiese esas verdura al otro barrio. ¿Respuesta de la buena mujer? Que non o roubase!

Pena de muerte como condena proporcional a cogerle unos tomates al vecino, este es el sentido natural de justicia entre estas buenas gentes.

Sirva esta anécdota para explicar la desconfianza que albergo de esta clase de personas criadas en la animalidad, en las que sus padres no inculcaron más enseñanza que el instinto de supervivencia. Apreciación sobre su criminalidad latente que, entendámonos bien, sé bien que no es ni mucho menos propia de esta tierra sino común a toda la humanidad, basta con dejar que la naturaleza humana siga su curso sin ser amonestada desde muy niño para conducirlo por los caminos de la ética.

Así pues, me hallo en un dilema: precisamente ahora, tras prevenirlo, es que me resulta desaconsejable denunciar (denuncia que, por pasadas, realmente creo que caería en saco roto). Pero me molesta que semejante grado de desprecio al entorno quede impune, y en un mundo civilizado no debería ser así. Hay una legislación, ya de por sí de mínimos, que contempla delitos ecológicos como éste y debería ser aplicada.

A lo que yo me pregunto ¿por qué demonios tengo que ser yo el que se acabe exponiendo siempre? Existe un cuerpo de la Guardia Civil, el Seprona, especialmente dedicado a la persecución de los delitos ambientales. Sin embargo, cumplen su jornada como buen funcionario, dando paseítos en el Montero carretera arriba, carretera abajo, sin embarrar el coche y, Dios no lo quiera, mucho menos sus botas. Así, manteniéndose a prudente distancia del medio natural, es harto difícil poder reconocer cualquier agresión a éste. De esta forma, un cuerpo policial que tiene una protección legal absoluta precisamente para tener la capacidad de perseguir y denunciar delitos, renuncia a ella por una mezcla de incompetencia, desidia y cobardía. En muchos casos, porque sus miembros pertenecen a la misma cultura que los delincuentes, y por lo tanto lo comprenden y disculpan.

Tercera y última anécdota, esta creo que ya la conté: llamo a la Guardia Civil para denunciar una vacas comiendo en zona quemada, y llegan tras varias horas, y procuran convencerme que eso ardió hace muchos años (pero las xestas aún están quemadas), que póbrecito del ganadero, qué iba a ser de él si no le dejasen apacentar en ese monte las vacas, y finalmente uno de ellos concluyendo que las leyes están mal, pues deberían contemplar la quema del monte para pastos. Pues ya está, legalicemos el robo y el asesinato, y así nos ahorramos la necesidad de perseguirlos.

Realmente, no es que se les pueda acusar de connivencia con el delito, o de dejación de funciones en su persecución. Es que sencillamente procuran hacer lo posible por no verlo, aunque incluso así es difícil recorrer una carretera gallega sin que le salten los delitos ambientales a un ojo entrenado y voluntarioso (sin ir más lejos, las limitaciones y distancias de plantación de eucaliptos, que no es precisamente un tipo de delito discreto y fugaz).

Pero en lo que responsabilidad se refiere, tras los funcionarios policiales y resto de maquinaria legal (¿qué hace la fiscalía de medio ambiente ante infracciones tan estentóreas como las mencionadas de las plantaciones de eucaliptos?) se encuentran las asociaciones ecologistas. Precisamente uno de los fines de constituirse en asociación es para hacer una fuerza conjunta en la denuncia de situaciones, que en el caso de individuales quedarían más expuestos. En el sudeste ourensano sólo está presente una asociación, ADEGA, presente pero no activa. Ya he comentado que mis correos para proponer bellotadas reciben como respuesta el canto de los grillos, con lo que ya me ahorro incluso el esfuerzo de avergonzarlos por su abulia. La única vez que contestaron, tras dar un toque a la central de Santiago, fue ofreciéndome afiliarme. Paga la cuota y ya veremos. Pues si encima de agachar el lomo para coger bellotas, agacharlo para sembrarlas, tengo que pagar una cuota, vamos apañados. Si yo me apunto a una asociación es para cambiar las cosas, no para tener un carnet y ponerme una vez cada muerte del Papa tras una pancarta.

Pues bien, así como la Guardia Civil, tampoco ninguna asociación ecologista mueve un dedo para denunciar delitos ambientales como el descrito, y no lo hacen por las mismas razones: insuficiencia intelectual y moral, y participación en una cultura que ve este tipo de comportamientos como la normalidad de la vida en el pueblo. Y así, aún estando en una pista bastante transitada, tiene que ser un particular el que reconvenga y denuncie este caso, que ya digo incluso en el nivel de guarrería reinante llama la atención.

Así que os traspaso la pregunta ¿qué hago? ¿Denuncio el delito como debería ser según la teoría la obligación de cualquier ciudadano honrado? ¿O hago caso a mi sentido común y hago como todos los demás, mirar a otro lado (con asco) y seguir mi camino, consciente que esa denuncia sólo me acabaría acarreando problemas y no cambiaría en nada el panorama general de ruina ecológica?

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11 enero 2020

La forma del Peak Oil

Filed under: Energía — Nadir @ 1:54

Sólo por curiosidad ¿ésta es la forma que tiene el pico petrolero (y gasístico), en un país que teóricamente ya lo había traspasado?

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Reservas de petróleo y gas en record histórico.

Es lo que tiene fantasear con proyecciones de futuro realizadas a partir de modelos deterministas, que la realidad siempre viene cargada de sorpresas dispuesta a aguarte los vaticinios. Aunque la fe es tenaz al desaliento, y elabora elaboradas excusas para justificar que el fin del mundo no haya llegado y postergarlo para las próximas campanadas. Nostradamus no se equivoca, ponerlo en cuestión es blasfemia.

En fin, la mente humana es curiosa. Por no decir ridícula. El pensamiento religioso es el origen de buena parte de los males que aquejan a la humanidad.

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5 enero 2020

Contaminación urbana

Filed under: Ecología — Nadir @ 16:33

Os aseguro que la publicación de esta entrada no tiene nada que ver con el rebuzno de Ayuso, de hecho hace un par de semanas que la tenía en borradores. Pero lejos de ser una estupidez sin importancia, las declaraciones de la nueva lideresa son muy interesantes para comprender el mecanismo de selección en los partidos políticos. Si el criterio de promoción es la sumisión a las directrices de la cúpula (una característica propia de seres mediocres e indignos), no podemos esperar sino que lleguen a la primera división de la política los más mediocres y miserables.

Pero no quería hablar hoy de la oligocracia que se nos presenta bajo el eufemismo de “democracia parlamentaria”, sino de contaminación en el medio urbano. De hecho, voy a exponer algo muy sencillito, al alcance de todos, pero que sin embargo es eludido en el tratamiento político y mediático de este problema.

Primero, vamos con los datos. Tomo como arquetipo de medio urbano el Foro, donde ante la ausencia de industria, en especial industria pesada, la contaminación está relacionada con las emisiones asociadas al transporte. En concreto la estación de medición de Cuatro Caminos (podéis escoger cualquier otra, los resultados son análogos).

Tomo los contaminantes más peligrosos, las partículas de diámetro inferior a 2,5 µm…

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… y los óxidos de nitrógeno, elevados por la clase política y periodística a la categoría de único contaminante.

Por cierto, los resultados aunque parezca que son buenos (predominan tonos verdosos), es porque la escala está ampliada para recoger los valores de ciudades de China y, sobre todo, la India.

Bueno, al tema. ¿Qué patrón apreciáis en los datos? Parece bastante evidente que, en los tres contaminantes referidos, hay una clara oscilación estacional: en invierno los valores son aproximadamente el doble que durante el verano.

¿Qué razones puede haber para esta diferencia? Podemos pensar en primer lugar en factores meteorológicos, como el viento (que barre la contaminación), la lluvia (que la lava) o las bajas presiones (que generan una masa de aire ascendente además de propiciar las dos anteriores). Y es totalmente cierto, vemos oscilaciones dentro de un mismo mes que seguramente se deben a la entrada de borrascas que limpian el ambiente o las calmas anticiclónicas que hacen que los contaminantes emitidos se acumulen. También vemos que las estaciones en las que suele haber más inestabilidad atmosférica, otoño y primavera, muestran valores de contaminación en general bajos.

Sin embargo, eso no nos explica satisfactoriamente que los valores en invierno sean mucho más altos que en verano (periodo en el que más persistente es la situación anticiclónica), e incluso meses habitualmente muy tumultuosos, meteorológicamente hablando, como los de primavera y otoño den valores superiores a los de verano.

¿Qué puede ser entonces? Podemos pensar que quizá la diferencia se deba a la variación estacional de la intensidad circulatoria. Sin embargo, si analizamos los datos, vemos que salvo el mes de Agosto, las diferencias el resto del año son menores (sobre el 5%, y además en invierno los datos están en el rango bajo). En ningún caso pueden explicar que en invierno se dupliquen las tasas de contaminación.

¿Cuál puede ser, entonces, la causa? A ver, no caigo, no caigo ¿a qué podría deberse este extraño fenómeno?

Vale, no hago más el payaso. Todos sabéis la respuesta: las calefacciones. Cuando se encienden las calefacciones, la contaminación (al menos en estas dos sustancias analizadas) se duplica. Asumiendo que el aporte de la industria y otras causas es nulo, podemos aproximar que las calderas suponen una fuente de contaminación del mismo nivel que los motores de combustión en el aire de Madriz.

Os lo había dicho, era una entrada muy sencilla, evidente (especialmente para todos los que vivimos o hemos vivido en grandes ciudades). Todos sabemos que cuando llega el frío y arrancan las calefacciones, la contaminación es mucho peor. Bien, pues entonces si es tan evidente ¿cómo es que toda la atención mediática y actividad política se centra sólo en una de las patas de la contaminación, y no en la otra? Esa sí que es una pregunta interesante.

Porque no es sólo una fuente de contaminación de la misma magnitud que el tráfico, es que además es la que sería más sencillo, barato y ventajoso eliminar por medio de la electrificación. Efectivamente, el coste de un coche eléctrico ronda los 30.000€, mientras que un equipo de climatización (aire acondicionado / bomba de calor) para una vivienda de 100m² oscila entre 1.000 y 2.000€. Económicamente, el coche eléctrico aún sigue estando en desventaja frente al térmico, mientras que la bomba de calor es la tecnología de calefacción más económica.

Por otra parte, así como para el transporte privado hay alternativas (el transporte público electrificado), más ventajosas en términos de inversión pública, eficiencia energética, productividad de la sociedad al reducir los atascos y, por lo tanto, los tiempos de desplazamiento siempre que se invierta en una flota suficiente lo que se ahorra en asegurar el sacrosanto derecho de ir a todas partes en coche (que lo he mirado y no acabo de encontrarlo ni en la puta Constitución ni en la Solemne Declaración Universal de los Derechos Humanos)… para la calefacción no hay otra alternativa a la bomba de calor que no pase por reacciones de combustión (a no ser que queramos montar una central nuclear en Chinchón y usar su circuito de refrigeración secundario para dar calefacción municipal a la urbe, que tampoco sería una mala idea).

Entonces, si la bomba de calor es un método mucho más sencillo, eficiente y económico que electrificar el transporte privado, si realmente nos importa reducir las tasas de contaminación ¿por qué demonios siempre, invariablemente, hablar de contaminación es hablar del tráfico, y no de la otra gran fuente de contaminación? Es más, incluso tratando del tráfico, se relegan otras soluciones para centrarse en el nuevo bien absoluto de nuestra cultura: el coche a pilas.

Yo cada vez aprecio más claramente que hay un empeño en imponerlo, y que la contaminación urbana o el cambio climático es sólo una excusa. Si los motores suponen la mitad de la contaminación urbana (al menos en PM y NO2), el transporte privado por carretera sólo supone una mínima parte de las emisiones globales de CO2e, cuya electrificación en todo caso sólo reduciría entre 1/5 y 1/3 esas emisiones debido al proceso altamente contaminante de fabricación de baterías.

NOTA a esta última afirmación: El transporte supone en números redondos el 20%, la mitad son debidas al transporte marítimo, el aéreo supone un 2% y la mitad del transporte por carretera es asociada a las mercancías, así que estamos hablando de salvar el mundo intentando recortar emisiones de una fuente que supone el 4% de las emisiones globales de CO2e. El impacto de recortar en 1/3 a 1/5 el 4% de las emisiones globales es irrelevante y es, casi con seguridad, la estrategia menos efectiva en función de costo/beneficio. Si es que realmente de evitar el cambio climático se trata, pero insisto que, como en el caso de la contaminación urbana, me temo que es sólo una excusa.

Realmente, de lo que va esto, es de que nos compremos un carísimo coche nuevo. Si no lo haces por fardar, hazlo por salvar el planeta (y vanagloriarte de ello) o, finalmente, por obligación (porque acabarán imponiéndolo).

Una vez más lo repetiré: mi modelo de movilidad urbana pasa por sacar todos los vehículos automóviles privados del núcleo urbano. Todos, térmicos o eléctricos, también los taxis (empezando por los taxis, pues es el método más ineficiente de transporte tanto en espacio ocupado como en energía, debido a los trayectos en vacío). En todo caso podrían admitirse pequeños ciclomotores eléctricos…

EDITO:

Propongo la prohibición de:
– Calderas/estufas de combustible sólido (leña, carbón, pellet), para núcleos de población superiores a los 1.000 hab.
– Calderas de combustible líquido (gasóleo, queroseno), para núcleos de población superiores a los 10.000 hab (y la equiparación de la fiscalidad con el gasóleo de automoción, igual que el resto de combustibles, sea para aviación, agricultura…).
– Calderas de combustible gaseoso (metano, propano, butano), para núcleos de población superiores a los 100.000 hab.

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