La mirada del mendigo

27 octubre 2020

Hipocresía olímpica

Filed under: Sociedad — Nadir @ 2:03

Cada vez me siento más extraño, más fuera de lugar en el mundo que me ha tocado vivir.

Estaba leyendo un artículo sobre la enésima víctima de la jauría progre, un piloto de la NASCAR que soltó una palabrota (nigger) que, hoy en día, en gringolandia, se ha convertido en un término tabú. Como el nombre del Dios hebreo, que no debe ser pronunciado. Seguimos en el nivel de superstición de una banda de cabreros piojosos seminómadas, confiriendo un poder taumatúrgico a las palabras. Quizá si la repites tres veces, nigger, nigger, nigger, aparece Belcebú entre vapores de azufre. Es increíble hasta qué punto una sociedad puede caer en el infantilismo.

Es un ejemplo de cómo se subordina en el nuevo credo el contenido a su continente, a las formas, la apariencia. En este caso, se prescinde del significado, la intencionalidad (no había voluntad ofensiva, de hecho a quien se dirigía ni siquiera era negro) para sólo darle relevancia al signo, al vocablo. ¡Abracadabra!

Estoy harto. La hipocresía ambiental alcanza ya niveles tóxicos, letales para la vida inteligente. Una sociedad opulenta, despilfarradora, que no se ofende por tener una tasa de mortalidad puerperal bastante superior a la de Cuba, y cuya tasa de muertes violentas sólo se puede comparar con la de un país Europeo, Ucrania; pero que se toma la molestia de cubrir con pudor de monja las palabrotas y los pezones, cual renovados braghettoni.

Y, por supuesto, no habrá estupidez que medre en los esteits que no se apresuren a importarla aquí los postmodernitos, que es la misma clase de soplapollas que acudían a misa con la puta guitarrita, exactamente el mismo fervor mesiánico, pero ahora autoproclamándose como la izquierda. La única, el resto somos rojipardos o directamente machistas, racistas, supremacistas, nazis… vamos, el anatema de siempre. Hay más nazis hoy en España que en la Alemania del 34.

Pues voy a contaros una anécdota local que me quema la sangre.

Normalmente, cuando estoy en el pueblo, bajo a la villa los días de feria para comprar higos, manzanas, un par de calcetines… Pero ya no puedo, porque una de las decisiones del consistorio ha sido suspender las ferias. Sin embargo, la gente puede seguir comprando en las tiendas, las aulas siguen abiertas, como también los restaurantes. Los bares no, pero se ha acordado una indemnización a los dueños. ¿Y a los feriantes?

Yo no sé si la medida me jode más por clasista o por científicamente incongruente. Por lo último, porque precisamente un mercado al aire libre es la forma más segura, tras la distribución a domicilio (que recomiendo encarecidamente), de compra. Evitar aglomeraciones sería tan sencillo como trasladar los puestos a un descampado amplio o incluso distribuirlos en varias localizaciones por la villa (alimentación por un lado, ropa por otro…). Pero no, con esa pobre gente sí que se aplica guante de hierro, sin contemplaciones. Me descojono sólo con imaginar la posibilidad de que semejantes apocados, amanerados, serviles y rastreros propusieran cerrar el Mercadona. A pesar de que es rigurosa y evidentemente cierto que realizar una actividad en un local cerrado (ni siquiera se les ocurre abrir las puertas para establecer corriente a los esbirros del Roig) implica un mayor riesgo de contagio que realizar la misma actividad al aire libre.

Pero al final ¿a quién jodes la vida cerrando la feria? A gitanos, negros (niggers, además que estos sí que son negrazas y negrazos, de Ghana, Camerún, Senegal… gente que ha realizado una odisea heroica para llegar aquí, no los gringos lloricas más o menos morenitos), portugueses, moros y algún gallego de otras comarcas, por este orden. La mayoría, de fuera del municipio, no se pierden votos. Y claro, yo conozco a algunos de los feriantes (algunos ya sabéis de mi exasperante manía de ponerme a charlar con cualquiera), y me come la desazón de cómo estarán pasando el trago, pues ya en verano me contaban que la cosa estaba muy malita después de la encerrona de primavera (que tengo claro que nos la comimos para dejar claro que España es una y no cincuentayuna, porque de aquella aquí apenas había casos y no podíamos ni salir a pasear por el campo, cubriendo con autoritarismo la incompetencia).

¿Y qué concello actuaría de forma tan inepta con la prevención de los contagios y tan desconsiderada con la necesidad ajena? Pues obviamente uno del PP, los fachas ultrarreaccionarios de la Galicia profunda, adoradores de Franco que odian a moros, negros y gitanos.

Pues no, el Concello está regido por una coalición de progres y ultraprogres, P$O€ y BNG (los de Potemos de la zona son tan ridículos que no los vota ni su madre, literalmente). La clase de basura humana que añaden al clasismo y autoritarismo de la derecha de toda la vida, un brillante lacado de hipocresía. Vacua e ignorante, la neoizquierda de los gestos meaningful y el énfasis léxico, están al acecho para caer sobre el trasnochado que no se adapte a sus códigos de comportamiento al grito de ¡racista!, con la única, exclusiva finalidad de saciar su ego y ganar puntos de progre ejemplar, siempre woke, en el score de su secta.

Los negros, igual con las putas, igual que con los gitanos o los moros… se usa y abusa de su colectivo, convenientemente homogeneizado (caricaturizado) para usarlo en sus matrices de opresión, pero ni se dignan en acercarse, charlar con alguno de ellos para conocer su problemática real, y no añadirles aún más problemas a su vida diaria.

Todo para el pueblo, pero sin el pueblo. La misma hipocresía de la monarquía ilustrada, que diciendo perseguir el bien del pueblo ignoraba su voluntad por considerarlo incapaz de comprender y defender sus propios intereses.

Llámale negro (nigger, a fin de cuentas, es la deformación gringa del término castellano), llámale negrata, llámale lo que quieras. Pero déjale trabajar, bastardo, que desde luego no está en su humilde puesto el origen de los contagios.

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23 octubre 2020

Akin Roblefrondoso – Otra carballeira pequeña

Filed under: Ecología,Galicia — Juan Manuel Grijalvo @ 12:54

En la foto no se ve muy bien pero es otra carballeira pequeña cercana a mi casa donde alguien ha marcado sus límites.

Sospecho que dentro de muy poco veré otra plantación de eucaliptos.

Cuando yo era niño mi hobby favorito era subirme a los carballos, y aunque no era consciente vivía en uno de los lugares más hermosos del mundo.

Ya casi no queda nada y lo poco que queda está siendo vampirizado.

Malditos gobernantes que están promoviendo la destrucción absoluta de los paisajes gallegos para beneficio de cuatro gatos.

Dentro de 10 o de 20 o de 30 años, no sé cuándo, tocará a esta zona vivir un incendio de los grandes y ver como el paisaje alrededor de tu casa consiste en bosques de cenizas. El paraíso reducido al infierno.

Mucho antes habrá llegado la práctica extinción de todos los vertebrados y la mayoría de los invertebrados, incapaces de adaptarse a las plantaciones de eucaliptos donde no vive prácticamente nada.

Y quienes han tomado esas decisiones son gentes que viven en ciudades y que jamás han amado su tierra. que de hecho nos desprecian a los que vivimos y queremos seguir viviendo en el rural. Que para ellos el campo se debe reducir a explotaciones y quizás algún parque donde ir de paseo muy de vez en cuando. Incapaces de ver el potencial de una tierra tan fértil como ésta, y la increíble belleza de los verdaderos bosques autóctonos.

He sentido morriña de mi casa en las escasas etapas que he vivido en una ciudad, pero nunca pensé que sentiría morriña de mi casa viviendo en mi casa. Nos llevan a la desesperanza.

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22 octubre 2020

La tercera en discordia

Filed under: Religión — Nadir @ 9:23

Genial viñeta de Jesus&Mo sobre la complementariedad de las tres religiones, las dos tradicionales y la recién llegada.

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17 octubre 2020

La situación no es que sea preocupante, es que es absurda

Filed under: Sociedad — Nadir @ 21:38

Por fin el carallovirus entró por la puerta grande en Ourense. Y no sólo en la capi, en Verín (villa en el sureste de la provincia) tienen el doble de incidencia que en Île de France. En primavera, sin casi casos en la comarca, tuvimos que estar encerrados en nuestras casas por una decisión política, el café para todos, no se fueran a sentir agraviados los confinados y dejasen de votar al partido de gobierno. Y ahora, con una incidencia realmente preocupante, las tiendas, los colegios, los gimnasios… todo sigue abierto. Es ridículo.

Los bares no. La Xunta prohibió servir en la barra, el Concello retiró las licencias de terrazas, pero los empresarios verinenses escogieron cerrar (acogiéndose a una línea de ayudas del Concello) vo-lun-ta-ria-men-te. Tan voluntario como el paseo que se dio Louis XVI al cadalso.

Bueno, pues acabo de pasar por el primer bar de aldea que hay fuera de los límites del concello (5km), y está petado. Pero petado a reventar, todo lleno de coches como si fuera el día de la fiesta. Me parto el culo con lo de la limitación de aforo.

¿Qué decir? La basura humana escoge entre su medio aquellos que la representan. Y abofé que es una representación fiel.

Si esto sigue así, tan pronto como arregle el problema mecánico que me obligó a adelantar el regreso (tendría que haber llegado ayer la pieza, los de DHL Ourense son lo peor incluso en parámetros locales), me vuelvo a dar el piro.

Estoy rodeado de subnormales.

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13 octubre 2020

Relaciones comerciales con Turquía

Filed under: Economía — Nadir @ 23:13

Ya hemos hablado en este espacio de la inoportunidad estratégica, por decir algo, de conceder y mantener la unión aduanera con Turquía, toda vez que ha ido deslizándose de la mano de Cerdoğan hacia el belicismo expansionista de carácter integrista. La última jugada es enviar a yihadistas (aquellos que la prensa trató por convencernos que eran “moderados”) veteranos de la guerra de Siria a luchar en los frentes libio y armenio. Follacabras sin fronteras.

En primer lugar, ya es extraño que se establezca un tratado de unión aduanera con un país que no es europeo (salvo parte de la Tracia, la provincia que Turquía tiene al otro lado del Bósforo). Esta condición ni siquiera la disfrutan países vecinos como Suiza o Noruega, y ya le gustaría a Boris firmar algo así para su isla.

En segundo lugar, incluso tratados comerciales menos extensivos (como el que se firmó con Japón) suelen darse entre Estados o zonas económicas con un nivel de desarrollo económico y social parejo, para no introducir desequilibrios. Por ejemplo, sería incongruente negociar un tratado de libre comercio entre países con regulaciones ambientales muy diferentes, pues el que tuviera una normativa más laxa obtendría una ventaja competitiva espúrea.

¿Por qué entonces se otorgó ese favor de la unión aduanera a Turquía, único Estado que la disfruta sin ser un país miembro de la UE (además de Mónaco y San Marino)? En parte para ayudar a Turquía a desarrollarse, en mayor parte porque abría un enorme mercado a las exportaciones europeas. Además de permitir a empresas europeas deslocalizar su producción a un territorio con una mano de obra mínima, lo cual a su vez deprimía la mano de obra europea con la que tenía que competir.

Pero aquí viene el motivo de esta entrada: esa razón ya ha terminado. En buena parte debido a la debilidad de la lira turca, que lleva años depreciándose frente al euro (y resto de divisas fuertes), las exportaciones desde la UE se han reducido, mientras que la mayor competitividad de la producción turca consecuencia también de unos costes salariales jibarizados por dicha depreciación de la lira han permitido que las importaciones desde Turquía a la UE hayan seguido creciendo hasta dar la vuelta a la balanza comercial.

Así pues. ¿Qué beneficio obtenemos de seguir manteniendo una unión aduanera con un Estado que entra en confrontación directa con los intereses europeos una y otra vez? Estamos alimentando a la bestia, y con nuestra propia carne. Porque por poner un ejemplo, cada automóvil que se fabrica en Turquía y entra en la UE sin aduanas ni aranceles es un coche menos producido en fábricas de la UE. Una unión aduanera no sólo implica que Turquía exporta a la UE bienes y servicios, sino que también exporta devaluación salarial y menoscabo del resto de condiciones laborales, con las que hay que competir sin la salvaguarda de aranceles que nivelen el terreno de juego.

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