La mirada del mendigo

22 marzo 2017

El conocimiento del islam

Filed under: religión — Mendigo @ 22:08

La doctrina islámica, como la cristiana, se basa en la revelación y la tradición. La revelación es el Corán, colección de versos que fueron (convenientemente) revelados a Mahoma en momentos en que éste caía en trance y que éste, cuando se recuperaba, repetía a sus acólitos para que los memorizaran. Al ser analfabeto, desconfiaba de la escritura, de hecho porfiaba con los rabinos porque creía que habían alterado la Torah (en un principio, por si no os lo han contado, Mahoma seguía la fe de los judíos, de hecho la nueva forma que le dio, lo que pretendía era volver a la original fe hebrea que los propios rabinos habían alterado) En esencia, el islam no es más que la religión hebrea en su versión más prístina y pura, según la concepción de Mahoma. Al ser analfabeto, confundía en su memoria los textos sagrados hebreos con las leyendas que circulaban con personajes bíblicos, y esa ensaladilla que tenía en su cabeza era para él la fe original de la cual los judíos de su tiempo se apartaban. Como es natural, los rabinos mandaron a la mierda a ese piojoso analfabeto que pretendía enseñarles la religión que llevaban desde niños estudiando.

La tradición o sunna es una colección de citas y hechos del profeta, modelo de perfección, al cual todo musulmán debe imitar. Es esta compilación de citas de los compañeros (secuaces, era una banda armada que se dedicaba al pillaje) de Mahoma en lo que difieren los dos grandes bloques, el suní y el shií, según concedan una mayor o menor veracidad a unos u otros autores.

El islam, y lo he dicho muchas veces, está ya inventado. No es lo que cada uno quiera creer que es, el islam es el Corán (de origen divino) y (en un segundo escalón) los hadices, la fuente de la cual proviene el resto de desarrollo doctrinal. Por eso, me pica la curiosidad de saber cuál es el grado de conocimiento sobre el Islam entre vosotros. Llevo en gala mantener un nivel notablemente alto en los comentarios, de hecho quizá sea lo mejor de este espacio, por eso me parece interesante saber cuánto sabéis de una religión que, últimamente, está día sí día también en el candelero. Evidentemente no sois ni mucho menos una muestra representativa de la población, por eso hace esta encuesta más interesante, pues se supone que, si os dejáis caer por aquí tenéis un interés especial en temas ásperos y con cierta enjundia (estoy muy satisfecho, por ejemplo, del interés mostrado por mi entrada sobre la propiedad, y los buenos comentarios que ha dado lugar).

Os pido por ello que participéis, y no tengáis reparos aquellos que nunca hayáis abierto un Corán porque, realmente, es lo más común y la opción en la que espero ver más respuestas. Y, por supuesto, os invito como siempre a acudir a las fuentes siempre que estén disponibles, para no tener que depender de intermediarios. El Corán, así como la Biblia (Tanaj + Nuevo Testamento), son libros que deberían ser de obligada lectura para toda persona que pretenda tener una mínima cultura y comprensión tanto de la historia como del mundo actual, por su relevancia en los actos de muchos hombres y mujeres para los que estos textos son textos sagrados, verdaderos libros sapienciales cuya veracidad y contenido no se atreven a poner en duda.

La idea de Dios es un fenómeno sociológico, pero sus consecuencias son muy reales. Conocer las principales religiones (mi nueva meta es la religión hindú) es determinante para comprender el mundo.

Por cierto, como anécdota. Sabéis, es evidente, que detesto el islam, versión cateta de la fe semita (de por sí, una letrina); sin embargo, conservo con mimo un ejemplar del Corán bilingüe, exquisitamente encuadernado, que me regaló mi compañera. Aunque su contenido es una hez desde cualquier punto de vista (intelectual, ético y literario), exactamente lo que es, una colección de frases desordenadas que fue dictando un caravanero analfabeto que usaba el subterfugio de las “revelaciones” para mantener el puesto de caudillo de un grupo de salteadores de caminos que se fue convirtiendo en ejército, usando el tegumento de lo sobrenatural para garantizar la cohesión de su mesnada y su primacía sobre ella. Sin embargo, el continente es un encanto de libro impreso con un cuidado propio de épocas pretéritas.

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21 marzo 2017

Paletocracia: la dictadura de los palurdos

Filed under: ecología — Mendigo @ 13:31

El otro día vivimos y sufrimos un ejemplo de cómo las mentes más atrasadas y cerriles siguen determinando el devenir de los pueblos en la Galicia profunda.

Lamentablemente, en Galicia ya nos hemos acostumbrado a la normalidad de los incendios cada verano. Normalmente, la celebración del Santiaguiño marca el pistoletazo de salida a una oleada de fuegos, que encuentra su punto álgido en el fin de semana festivo de mediados de Agosto, y dura hasta que acaba Septiembre. Esto es el pan de cada día desde hace más de treinta años, así que para los que tienen menos de esa edad lo ven tan corriente como que en invierno llueva y haga frío (o como que el monte esté ocupada por una especie procedente de Oceanía).

Pero en Ourense, el epicentro de la actividad incendiaria (con el Norte de Portugal, el culo del mundo), ya estamos evolucionando a otro nuevo estadio de normalidad: el de incendios en cualquier época del año. Estos días hemos tenido una racha de días secos y ventosos, que los paletos han aprovechado para ir adelantando trabajo e ir quemando lo que tenían pensado hacer en verano. Si subías a un punto elevado de la provincia, podías avistar un día una columna de humo aquí, otra allá, seguro que una en dirección Sur (lo de Portugal es ya la devastación más absoluta, pero tampoco parece importarles gran cosa)… así, durante la pasada semana.

Ahora que ya os he puesto en situación, para los que no sois de aquí (mis felicitaciones, a propósito), os comento la anécdota. El Sábado íbamos rodando por una carretera de la montaña ourensana cuando vemos dos columnas de humo: un incendio que está comenzando. Eran las 13:27 cuando hicimos la primera llamada al 112, por cierto la tipiña una incompetente de tomo y lomo, pues le tuvimos que repetir varias veces las indicaciones de la localización del incendio (provincia: Ourense, concello: Viana do Bolo, aldea: Fornelos de Cova, no hay más que tomar nota y pasar el aviso). Nuestro interés es que vinieran cuanto antes porque, cogido a tiempo, un foco es muy sencillo controlar. Pero cuando se desmanda…

Como no nos quedábamos tranquilos (y porque ya nos conocemos qué clase de elementos habitan esta tierra) nos desviamos para ver si podíamos echar una mano para controlarlo cuanto antes. He de decir que, si bien la zona meridional de la provincia, fronteriza con Portugal, está ya toda arrasada por los sucesivos fuegos y, realmente, tampoco queda ya nada valioso por arder, la zona de montaña donde se desencadenó el incendio tiene un denso arbolado, especialmente de Quercus robur y Q. pyrenaica, con soutos de castaños cerca del pueblo y alguna mancha, afortunadamente pocas, de pino invasor. Es decir, es una zona bastante bien preservada con un relativamente alto valor ecológico (hay zonas mucho más pobres que tienen el reconocimiento de Parque Natural, como el de O Xurés o el Monte Aloia), por eso nuestro especial interés en no añadir un parche negro más a una superficie de bosque autóctono que cada año va menguando ante la pasividad, cuando no aquiescencia, de las administraciones (el concello, la Xunta y el Estado central que ya nos debe dejar, con razón, por irrecuperables).

Aparcamos y cruzamos por la aldea (una aldeúcha infecta, epítome del feísmo galaico). El foco estaba a 200m en línea recta de las primeras casas, la columna de humo, el olor e incluso el crepitar de la madera hacía imposible que pasase desapercibido para nadie; sin embargo, las dos únicas personas que vimos seguían a lo suyo, insultándose sobre cómo había que cavar la huerta en la que estaban. Cuando llegamos al lugar del incendio, lo que nos temíamos: allí no había absolutamente nadie. Había dos columnas de humo: una, la pequeña, eran dos hombres quemando los restos de hojas y erizos de un souto de castaños, según dijeron con permiso y bueno, al menos de forma controlada. Que toda vez controlado su trabajo se fueron a su casa sin pasarse siquiera a interesarse por el incendio que iba creciendo a tan solo 100m de donde estaban. Hablaron de que no sé quién, por ahí, tenía pensado también quemar la hojarasca: un buen candidato a autor del incendio, un energúmeno que ni se molestó en pedir permiso, ni en molestarse en controlarlo, simplemente fue con el mechero y se desentendió del asunto.

Pero bien podría ser por otro buen puñado de causas: dejar el monte raso para poder meter las ovejas, para disparar más fácilmente a jabalíes o corzas que no cuentan con el cobijo de la espesura, o simple odio a la Naturaleza (a la que califican como “suciedad”, cuando la suciedad está en sus mentes), a la que esta clase de escoria social considera una amenaza contra el orden humano, el modelo de paisaje que estas bestias embrutecidas tienen en sus obtusas mentes: todo el monte ocupado por pastos y cultivos, tal y como lo conocieron sus padres. He de decir que, al menos sus padres, tenían la excusa de la necesidad para este comportamiento ecocida, la agricultura de subsistencia que practicaban, sin apenas evolucionar desde la Edad Media, daba unos rendimientos bajísimos que había que compensar ocupando todo el territorio. Venido el éxodo rural, quien tenía dos dedos de frente o al menos un poco de espíritu escapó de ese pozo de miseria hacia la ciudad, quedando la mayor parte de las fincas abandonadas por falta de brazos, que empezaron a ser reconquistadas por las especies autóctonas, que hacían avanzar la frontera natural hasta la puerta misma de las aldeas. También dejaron atrás a las cuatro bestias que no se atrevieron a emigrar, sometidos a una selección natural inversa: procreaban entre palurdos, para criar a hijos aún más palurdos en el mismo ambiente de incultura atroz que los había mantenido durante siglos en la miseria.

En cualquiera de los casos, es evidente que al garrulo que se le metió en el entrecejo que era buena idea que ese pedazo de bosque ardiese, era de esa aldea. En la aldea vecina no serán menos palurdos, pero ni les va ni les viene lo que pase como para ir a quemar. El criminal ecológico que provoca el incendio, lo hace dentro de una absoluta impunidad que supone la comprensión e incluso colaboración del resto del pueblo, que comparte su bestialidad y miseria moral, una mentalidad extractiva y predadora que no ha evolucionado desde tiempos prehistóricos. Años de endogamia han desarrollado en esta horda de subhumanos una cubierta que los impermeabiliza de la cultura, del razonamiento complejo, espíritu artístico o impulso altruista, el mundo de las ideas les es tan ajeno como la superficie de Marte. Su expectativas vitales se reduce a las de un cerdo, sin más estímulo intelectual que el absolutamente imprescindible para la supervivencia: satisfechos con ganar unos euros, a ser posible con el menor esfuerzo posible, que les permitan satisfacer sus aspiraciones vitales: llenar el estómago de comida y vino, y alcanzar para comprarse un coche de segunda mano, indicador social por excelencia en la jaula de simios, con el que bajar a la villa. Son fácilmente reconocibles: no saben escuchar, sin embargo creen, como el cuervo, que lo que tienen que decir es de la mayor importancia y por eso lo pregonan a voz en grito aunque su interlocutor esté a un paso. El garrulo ibérico que, en la subespecie galaica desarrolla manías incendiarias. El que, satisfechas sus necesidades primarias, eructa aquello de “e de que me serven os carballos?“, incapaz de apreciar en su bestialidad la belleza de un ecosistema preservado o los beneficios a largo plazo que comporta.

Trazado el boceto de la clase de homínidos que son la chispa y la yesca necesaria para provocar un incendio (el que lo provoca, y su medio social que lo ampara), sigo con mi pobre anécdota como bombero improvisado. Como allí no llegaba nadie, volvemos a llamar al 112: nos responde la misma operadora, que ya había dado aviso. Una vez que se nos hace evidente que no podemos esperar colaboración de las acémilas de la aldea, y por pura impotencia, nos ponemos a hacer lo único que podemos: tratar de contener el avance de las llamas en las zonas más fáciles, con retamas que íbamos cortando. Debíamos dar una imagen lastimosa y ridícula, con pantalones cortos y zapatillas, sin herramienta alguna para hacer algo medianamente efectivo. Honestamente, la sensación era de total impotencia. Y ganas de regar toda la puta aldea con napalm, sabiendo que los muy palurdos cuentan con tractores, cubas de miles de litros, mangueras y todo tipo de herramientas, y allí estábamos los dos solos, procurando evitar el avance de un fuego en un pueblo en el que nada se nos había perdido. Me corroía la absoluta certeza de que, con la ayuda de la gente, no sólo ese incendio nunca hubiera tenido lugar (porque hubieran denunciado al culpable, que todos saben perfectamente quién es), sino que hubiese sido apagado en cinco minutos cuando empezaron las llamas.

Me comentaba hace unos días una señora mayor en el valle del Ambroz (Cáceres), cuando le preguntaba por los incendios (porque le comentaba que el paisaje en Ourense era muy parecido, si no fuera por los incendios que lo tienen todo arrasado), que cuando había un incendio (ella misma reconocía que provocado por los ganaderos), salían todos los mozos del pueblo a apagarlo. Esa misma historia la he escuchado yo en otras partes de Castilla: ante un aviso de incendio, se reúnen los hombres hábiles y marchan a atajarlo, sin esperar la intervención de las cuadrillas de bomberos forestales: es su monte. No es que el aldeano de la meseta sea menos palurdo, simplemente tiene interés en que su monte no arda (grandes pinares de los sistemas Central e Ibérico, fuente de riqueza para los Concejos), mientras que el aldeano gallego (y asturleonés, y portugués) cifra su interés en precisamente lo contrario: en que arda. Y aquí tenemos la clave para evitar los incendios: ligar el interés de los paisanos a la preservación del bosque, y no a su destrucción. ¿Cómo? Yo ya he propuesto en otras ocasiones alternativas. Por ejemplo: la de pasar la factura de la extinción, ante la ausencia de autor conocido, al concello involucrado. Porque no toda Galicia, ni menos aún el resto de España, debe empobrecerse por la recurrente barbarie incendiaria de unos concellos muy concretos.

La cuestión es que en la Galicia rural no hay hombres. Ni mujeres. Sólo quedan las bestias de tiro. El que por casualidad nace con algo sobre los hombros sale corriendo de allí en cuanto puede, para sólo volver el día de las fiestas, a emborracharse con su primo el del pueblo. Hasta que se casa, tiene hijos, y le da vergüenza mostrarle a su familia el hoyo del que tuvo que escapar para forjarse una vida.

Todo esto, al lector ajeno a lo que he venido a llamar paletocracia, en la que no rigen las leyes estatales sino prejuicios atávicos, una verdadera dictadura de los más palurdos que son los que imponen el modelo social que rige en las aldeas y perpetúan el subdesarrollo crónico en el que se hayan, le resultará extraño. Habrá leído otras crónicas de incendios mucho más complacientes con la fauna que habita la Galicia rural, de esforzados y nobles labregos que luchan a brazo partido porque el fuego no avance. Y sí, es cierto. Cuando a esta panda de descerebrados se les escapa el fuego, y éste amenaza algo que sí que les interesa (su casa, su garaje, su palleira…) entonces sí que mueven el culo. Pero cuando ocurre, es porque se ha descontrolado un fuego que llevaban horas ignorando porque, total, sólo quema “la maleza”. Hasta que las llamas no llegan a las aldeas, la consigna es otra, pero no la veréis reflejada en la prensa: “deixa que arda!“. Pero esos son los pequeños incendios, que el periodista sólo cubre desde su oficina en Santiago o Vigo recabando los datos que publican las administraciones para redactar una escueta nota a pie de página. Porque todo esto ocurre, también, por la indiferencia de la Galicia urbana respecto a todo lo que ocurre a sus espaldas, en un rural que les es tan ajeno como les puede resultar un país asiático.

Y sigo con la narración de nuestra patética gesta, o nunca daré acabado. Ya hemos llamado tres veces al 112, por aquí no se pasa nadie. Por la carretera que pasa por debajo de nosotros veo salir un niñato con su moto de campo, un todoterreno con otras dos acémilas, pero a nadie se le ocurre venir a ayudar para que no se queme el carballal de su pueblo. A las 14:25 recibo una llamada del servicio de incendios de la Xunta, preguntándome si hay algún incendio. ¿!??!¿?!?¿?!¿!?!? ¡El aviso ha tardado una hora en llegar al centro de coordinación! Con las llamas a un metro y el humo en los ojos, constatando que vivo en un país tercermundista y estructuralmente ineficiente y corrupto, contesto con no la mejor de las composturas. Me dice que ya pasa la orden y que pronto llegará la caballería. Pronto son otros 35 minutos más, mi compañera y yo procurando al menos limitar el avance del fuego en un pequeño frente, mientras vemos cómo el fuego avanza en el resto de direcciones y llega hasta un grupo de pinos que plantó alguno de los holgazanes que, mientras tanto, están haciendo la sobremesa ahí abajo, creando una enorme bola de fuego cerca de las torretas de alta tensión.

Cuando llegan, son sólo cinco tipiños y un capataz en otro todoterreno (que no mueve ni un dedo, no se vaya a partir una uña). Ni siquiera traen una motobomba, sólo los apagadores (en una zona de arbolado). Eso sí, ellos se dirigen a la zona más peligrosa, donde yo ni pensaría en meterme con camiseta y pantalón corto: van a tratar de atajarlo en el cortafuegos que se forma bajo los cables de alta tensión. Nosotros nos quedamos un rato más asegurándonos de que, al menos, la parte de abajo no avanzaba (y acabó avanzando, al rodear por una zona de matorral alto). Y ya, cansados, impotentes y derrotados, decidimos marcharnos. Al pasar por el pueblo, interrogábamos a la gente que nos encontramos que por qué no habían estado ayudando a apagar un incendio en su propio pueblo. La primera respuesta era indefectiblemente tomarse la idea como una broma. Les parecía divertida la idea, pensaban que estábamos bromeando. ¡Ir ellos a apagar un incendio! ¡Qué ocurrencia! Todos reaccionaban con sonrisas y frases ocurrentes.

Lo siguiente, ante nuestra insistencia y enfado, eran excusas (uno saltó que estaba plantando las patatas, como si le estuviera inculpando la autoría del incendio, excusatio non petita) y gestos torvos. Confrontados ante la vergüenza de su comportamiento ruin y malintencionado, la evidencia de su inacción y la indiferencia que sentían hacia el entorno natural de su pueblo, reaccionaban con agresividad (un saco de carne con ojos, de mirada bovina y andar abúlico, rumió algo mientras se alejaba de “darme una hostia”, respuesta automática del paleto cuando se enfrenta a una situación de tensión emocional, al forzarle a enfrentarse a su propia miseria moral).

El incendio siguió durante el resto de la tarde, hasta que ya con el sol en Manzaneda (esa estación de esquí sin nieve propiedad de la Diputación, que cubre pérdidas año tras año desde su creación para hacer más asequible el ocio de los niños pijos que hasta allí se acercan, para eso sí que está papá-Estado) dejamos de ver el humo que venía del incendio. No fue especialmente grave, sólo un pequeño incendio más de lo que es la nueva normalidad en esa Galicia profunda que vive de pensiones y subvenciones, incapaz de crear riqueza neta, mientras sigue dando mayorías absolutísimas al Partido Popular de la dinastía Baltárida y sus caciques locales, que gastan la mitad del presupuesto en festejos para mantener contento al ganado, sin ni siquiera procurar buscar una vía de desarrollo para sus pueblos. Uno más, al que acudimos para echar una mano con magros resultados, y que ahora quiero compartir con vosotros para que, de alguna forma, al menos, las lágrimas de la lobita cuando se tenía que retirar y dejar arder un carballo frente a ella, puedan ser de algún provecho.

Como epítome de toda esta triste jornada; por todo lo dicho, repito, reitero y me reafirmo: la causa última de la enloquecida actividad incendiaria en el Noroeste peninsular es la miseria, el atraso y la incultura en la que está sumida la población de la Galicia rural. Malos hijos de una madre que, siendo bella y generosa, con semejante saña la maltratan.

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18 marzo 2017

CErdoğan: porque se lo permitimos

Filed under: internacional — Mendigo @ 10:15

Estos días ha sido noticia el gobierno de CErdoğan (¿o debiera decir régimen? Que es el truco periodístico para desprestigiar a un gobierno cuando les interesa, las palabras no son neutras) por el pulso mantenido con Holanda y Alemania, que temen el contagio del renacido nacionalismo neo-otomano inestabilice a sus comunidades de origen turco y kurdo. El uso que el gobierno turco hace de los refugiados como arma de presión, ahora contengo, ahora abro la espita, es absolutamente indigno. Las noticias del trato dispensado en los campamentos de refugiados, e incluso de las acusaciones de que los hospitales turcos son la primera pieza en la red de tráfico de órganos que extrae su materia prima precisamente de la confusión en su frontera sur (recogido incluso por la enviada especial de El País), provocan arcadas.

Cada vez son más evidentes las formas autoritarias de un gobierno que confunde los intereses partidistas con los intereses del Estado (leanse las airadas respuestas al veto holandés a la campaña electoral de sus ministros). El AKP de CErdoğan le ha declarado la guerra a toda la Turquía que no se somete. No ya al PKK kurdo, socialista e independentista, sino a los socialdemócratas del HDP o a los islamistas conservadores de Gülen: todo lo que no esté en la órbita de CErdoğan es susceptible de ser acusado de terrorismo por un sistema judicial tan independiente como una mascota frente una escudilla llena de pienso para perros (y debería sonarnos familiar la melodía, y avergonzarnos).

Lo divertido es que ha habido periodistas que han sido acusados de pertenecer, a la vez, al PKK y al movimiento Gülenista, que viene a ser como si la Audiencia Nazional acusase a alguien de pertenecer simultáneamente a ETA y a los GAL. Donde entra el fanatismo nacionalista o religioso, y en Turquía se están expandiendo ambos de la mano, queda en suspenso la razón, la verdad y la justicia.

Las purgas han afectado a decenas de miles de profesores, militares, jueces, que han perdido su trabajo o han sido encarcelados por razón de su afinidad política. En las cárceles turcas hay miles de presos políticos, y aún Rivera no ha ido a besuquear niños, a pesar de que le queda mucho más cerca Istambul que Caracas.

En el Kurdistán dentro de las fronteras turcas, entraron a sangre y fuego, tanto con el ejército regular como con grupos paramilitares islamistas, creando el terror en la población (práctica de la violencia con fines políticos, la definición de terrorismo, en este caso terrorismo de Estado para desarbolar el movimiento independentista kurdo). Esta política de limpieza étnica en el sudeste del Estado, asesinato de la resistencia y turquificación del resto, ha sido contrastada hasta por un informe de la ONU (tan cauta siempre con los poderosos, llamativa siendo un miembro de la OTAN), que documenta los crímenes.

Lo que está pasando en Turquía, la deriva autoritaria y teocrática del otrora país más avanzado, civilizado y democrático del mundo islámico, ocurre porque se lo permitimos. Estamos permitiendo que una nueva dictadura se forje a las puertas de Europa, teniendo un arma incruenta para detener la deriva autoritaria del gobierno de Ankara. Todo eso podría acabar con la sola amenaza de retirarles el estatus de socio preferencial, lo cual implicaría volver a las barreras arancelarias de cualquier otro Estado. Esto significaría que las inversiones extranjeras (automóviles, electrodomésticos…) se trasladarían de nuevo dentro de las fronteras de la UE (probablemente acabarían recalando en los socios de la Europa del Este, y quizá algo nos tocase de rebote).

De hecho, los aranceles a las importaciones podrían incluir inclusive el gas, dando al traste la pretensión del gobierno turco de convertirse en el gran nodo (hub) que recibe el gas ruso, persa y árabe para dirigirlo a Europa. Realmente, el valor geoestratégico de Turquía, con el que está jugando CErdoğan, proviene de su condición de bisagra entre Rusia y el bloque OTAN. CErdoğan está flirteando entre uno y otro, para concitar la atención; es despreciado por ambos bandos, pero ninguno quiere que esa pieza se la lleve el otro. Una normalización de relaciones entre el bloque ruso y el bloque OTAN terminaría con ese juego, convirtiendo a Turquía en prácticamente irrelevante. ¿Os acordáis del tema del sistema de gasoductos ruso? Turquía se convierte en relevante por el obstáculo que supone Ucrania al paso del gas ruso a Europa. Un conflicto generado clarísimamente por occidente (especialmente, por USA que sería la primera beneficiada, al convertirse Europa en su principal cliente de LNG), que dio alas al Maidan y al Pravy Sektor. E igualmente, vetó el South Stream para que no pudiera emerger en Bulgaria, lo cual el gobierno búlgaro aceptó a regañadientes (ya que Alemania sí que recibe una conexión directa vía el Mar del Norte, que aún por encima se está ampliando, el Nord Stream I y II). Si todos estos intentos por boikotear la conexión del Sudeste europeo con el productor ruso cesan, Turquía se convierte en irrelevante. Incluso el gas iraní podría llegar a Europa por el South Stream, en vez de por el Bósforo (sería del todo lógico, ya que el campeón chií mantiene muchas mejores relaciones con Moskvá que con Ankara).

CErdoğan satisface sus ambiciones autoritarias islamistas porque la UE se lo permite. Basta con la amenaza de retirarle la condición de “relación reforzada” y las ventajas aduaneras que esto supone, ligando la devolución de esta prerrogativa al retorno al camino de democratización y respeto de los Derechos Humanos y un sistema de derecho que se ha demostrado como una ficción burlesca, que fue precisamente por el que se le concedieron. Toda vez que han desaparecido las razones por las que se firmó esa cooperación reforzada, deben desaparecer también los beneficios. Para que sea creíble, la zanahoria debe estar ligada al camino de la democratización. Si hay recompensa incondicional, no se consigue nada.

Sólo con este arma, podríamos detener esta deriva autoritaria. Las pulsiones autoritarias e imperialistas del gobierno han metido a la economía turca en un atolladero (aunque el gobierno siempre encuentra explicación en las conjuras de los enemigos de Turquía para explicar sus errores). El PIB, tras décadas subiendo a buen ritmo, ha caído un 2,7%. El desempleo crece y una inflación bastante más alta de lo debido (10%), debida a una continua depreciación de la lira, empobrece a los asalariados (los que no pueden trasladar el incremento a sus ingresos). La economía turca presenta, desde hace muchos años, un abultado déficit por cuenta corriente (4,5% del PIB el año pasado) que, evidentemente, necesita financiar con el exterior. Sin embargo, la inversión extranjera ha huido en estampida, y los costes de refinanciarla se han disparado con su belicismo y quiebra del Estado de Derecho (la deuda pública a 10 años está al 10,81%, que realmente no es tanto pensando en términos reales, descontada la inflación, pero es un claro indicador de un Estado fallido).

Sencillamente, en este momento el gobierno turco no se puede permitir el mazazo para su economía que supondría el restablecimiento de aranceles con la UE. Toda esa fanfarronería machista no es más que un farol, tenemos la mano ganadora para frenar en seco sus aspiraciones autoritarias. Increíblemente, la UE es incapaz de jugar la partida (ni ésta, ni ninguna otra en el tablero geopolítico) y sigue tolerando los exabruptos y gruñidos de semejante animal de bellota.

La Unión Europea debería luchar por la democracia en Turquía, se lo debemos a esa otra mitad de Turquía que sí que desea seguir avanzando en el camino de la civilización, quitándose de encima la losa de despotismo y superstición. Tan arraigada, por otra parte, en la historia turca como en la española, insisto en no caer en la complacencia pues las mismas tendencias reaccionarias del AKP, son las del PP sólo que expresadas en menor grado, represión policial de la disidencia, manipulación de la justicia, identificación del Estado con el partido, traslación de las normas de la religión semita al ordenamiento jurídico, criminalización de los movimientos independentistas…

Pero aunque sólo sea por conveniencia, es un peligro que un Estado tan potente como Turquía, con medio pie al otro lado de los Dardanelos, caiga en manos del islamismo (que será una religión de paz y amor, pero su expresión política es invariablemente involucionista y ultrarreaccionaria en todos los Estados donde se desarrolla, teniendo como primer punto de gobierno el de liquidar las fuerzas políticas y sociales de signo progresista). Si hubiese vida inteligente en Europa, especialmente en una izquierda completamente desnortada, deberíamos mostrar más solidaridad con los compañeros de la izquierda turca, que está siendo laminada por el “islamismo moderado” del AKP (y sus aliados ultranacionalistas del AHP y sus paramilitares, los Lobos Grises).

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13 marzo 2017

Sobre la propiedad

Filed under: economía — Mendigo @ 7:13

En la anterior entrada, no quise extenderme en la necesidad de los elementos añadidos a la célebre afirmación de Proudhon. Realmente, el mal no está en el concepto de propiedad en sí, que yo creo que incluso psicológicamente es necesario, ofrece un asidero en el que engancharse al mundo.

No debemos caer en la simpleza de considerar que toda propiedad es ilegítima. Es estupendo que un trabajador posea privativamente el fruto de su esfuerzo, lo que es un robo es que se apropie del esfuerzo ajeno. Si no, caemos en la caricatura que la derecha nos hace, de que comunismo es compartir hasta los calzoncillos. Esas concepciones de comunismo pre-marxista fueron superadas hace siglos y no tuvieron ningún recorrido. Por lo tanto es legítimo y, de hecho, magnífico poseer bienes (mientras sean para su disfrute y no por el mero impulso de acaparar, en el que es el hombre quien acaba siendo poseído por su codicia). Un buen coche, una cómoda vivienda… fantástico. La productividad de la economía moderna lo permite.

De hecho, yo entiendo el socialismo precisamente como el sistema que mejor defiende la propiedad privada de las masas trabajadoras. Pero para que el trabajador pueda tener ese buen coche, esa vivienda llena de artilugios electrónicos y cosas bonitas, para esa buena vida a la que todo ciudadano aspira… hay que prohibir la propiedad de los medios de producción (dicho de otra forma, hay que impedir que a ese trabajador le sisen en su salario).

¿Qué son los medios de producción? Todo aquello (no necesariamente material) que un trabajador necesita, además de su esfuerzo, para generar riqueza. La tierra, como la forma más básica de capital, los edificios, máquinas y herramientas.

¿Es ilegítima cualquier apropiación de los medios de producción? No. Sólo en el caso en que poseas los medios de producción ajenos, porque eso te lleva a exigir participación en los frutos del trabajo ajeno, lo que efectivamente es un robo. Que una persona se quede con los frutos de su trabajo es perfectamente justo.

¿Entonces, sólo es legítima la propiedad privada de los medios de producción propios? No, de ninguna manera. Pero además, no sería conveniente porque eso nos llevaría a una economía de empresas unipersonales absolutamente incompatible con las necesidades productivas modernas (y tomo como “moderno” todo lo que viene tras la Edad Media, aunque realmente debería retrotraerme a la prehistoria e incluso a épocas anteriores a nuestra aparición como especie, pues ya nuestros primos homínidos usaban la colaboración para cazar piezas grandes).

Efectivamente, existen otras formas de propiedad más allá de la propiedad privativa: la propiedad colectiva, en la que un grupo de trabajadores posee de forma indistinta la empresa en la que trabajan (es decir, no es que cada uno posea justo su banco de trabajo, sino una parte alícuota en la empresa). Y la propiedad pública, en la que es toda la sociedad la titular de aquellas empresas que, por sus necesidades masivas de capital (pensemos en sectores como la energía, el transporte o las telecomunicaciones) no puedan ser desarrolladas por las anteriores.

Fijaos pues cuantísimo hemos limitado la afirmación de Proudhon. De:

LA PROPIEDAD ES UN ROBO

Hemos llegado a:

LA PROPIEDAD PRIVADA DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN AJENOS ES UN ROBO

El resto de formas de propiedad son perfectamente legítimas, e incluso muy convenientes. Y, de hecho, es el capitalismo el que las amenaza (toda una vida de albañil levantando casas, y no te puedes puedes pagar ni siquiera un pisito en una de las que has fabricado).

Como comentaba un amigo de esta página, en expresión muy acertada: no hay problema en que a un ciudadano se le permita acumular riqueza sumando (es decir, con el fruto de su trabajo), la amenaza viene cuando acumula riqueza multiplicando (esto es, con el fruto del trabajo ajeno, de sus empleados).

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Doy ahora un quiebro en la dirección del discurso para comentar una paradoja que observo. Vamos a crear una escena.

Podemos imaginarnos a un humilde zapatero remendón trabajando en su taller del barrio de Lavapiés en algún momento del siglo XIX. Por el fruto de su trabajo, componiendo los zapatos de sus vecinos, tiene unos ingresos medios de 10 reales al mes.

Llega entonces un matachín, un rufián diestro en el oficio de las armas y le amenaza diciéndole: “no te preocupes, puedes seguir trabajando aquí, pero tendrás que darme a cambio la décima parte de lo que ganes”. Es decir, una evidente extorsión mafiosa. Ante este episodio, antes y ahora, ha existido una condena social generalizada.

Sin embargo, troquemos el personaje del hampón por un hombre de leyes, el cual aparece en el puesto del zapatero diciéndole: “por esto y por lo otro, ahora esta zapatería me pertenece. Pero no te preocupes, podrás seguir trabajando aquí, y te pagaré por ello nueve reales.”

De forma a mi entender alucinante, este último caso, lejos de la reprobación unánime, recibe la comprensión, aceptación e incluso simpatía social por la generosidad del leguleyo que, en su altruismo, aún le permite conservar su puesto de trabajo (como si al nuevo propietario le sirviera de algo la propiedad de una zapatería, sin un zapatero que en ella trabaje). “No ha salido tan mal el zapatero, que aún gana nueve reales”, dirán las gentes.

De todas formas ¿qué otra cosa podía hacer el zapatero sino aceptar? Sin sus herramientas, sin su local de trabajo con el que se relacionaba con sus clientes y donde iban a buscarle; sólo con las manos desnudas, por muy hábil que fuera, no es capaz de arreglar ningún zapato. La propiedad de los medios de producción.

Y ya, según pasen los años, y el hijo del zapatero siga trabajando en la misma zapatería para el hijo del burgués, la condición de uno y otro habrá quedado rubricada y sellada por el tiempo y la costumbre, y hasta el mismo hijo del zapatero lo verá como algo natural y justo entregar el 10% de sus beneficios al hampón. ¡Ay! No, que ese era el otro cuento.

Y aquí viene otra máxima con mucha solera en este espacio:

TODO RICO ES LADRÓN, O HIJO DE LADRÓN
San Ambrosio de Milán, Padre de la Iglesia (340-397)

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Todo esto está muy bien, pero si hemos de ser honestos, no es todo el cuadro. Vamos a hacer evolucionar nuestra fábula del zapatero remendón de un modo que pudiera representar parte de la realidad y, de este modo, hacer una crítica a lo que recién acabo de escribir.

Nos hemos quedado en nuestro zapatero, que por la fuerza de la ley (escrita por alguien que no es de su clase, e impuesta igualmente por la fuerza de las armas de los que son de la misma clase que el hampón) ha sido desahuciado y recolocado en su propia zapatería como empleado. Pues resulta que su empleador, por las causas que sean, tiene buen olfato para los negocios, contactos en la gobernación o el palacio o simplemente capital para hacer inversiones, amplía el antiguo taller. Contrata más empleados, entre ellos a un buen capataz que reorganiza los procesos para hacerlos más eficientes, ya no sólo reparan sino que producen calzado… en suma, que la empresa prospera. Esto le da, obviamente, muchos más beneficios al burgués que, para tenerlos contentos, se puede permitir subir el salario de sus empleados a 12 reales al mes.

¿Qué se dirá el zapatero? Pues no he hecho tan mal negocio, antes ganaba 10 trabajando para mí mismo, y ahora gano 12 y me puedo despreocupar de la marcha del negocio.

Ésta es una de las posibles salidas de la fábula, realmente. Porque en un ejercicio de honestidad intelectual, hay que reconocer que el capitalismo tiene una enorme capacidad de conseguir incrementos en la productividad, espoleando la innovación y el progreso. Vivimos en él, la gran mayoría ni siquiera concibe que pueda existir otro sistema alternativo, es el gran triunfador así que algunas virtudes debe tener. Y, sin duda, las tiene (y hay que ser muy necio, muy charlatán o muy hipócrita para no reconocerlo).

¿Invalida este final que le he dado al cuento todo lo anteriormente dicho? ¡NO! O, al menos, yo creo que no. Sigo considerando ilegítimas las rentas del capital, porque son una forma de apropiación del trabajo ajeno. Un robo. Incluso en el caso de que ser víctima de dicho robo pueda ser conveniente.

¿Conveniente respecto a qué? Ahí está la cuestión. Hay que crear un modelo socioeconómico que, preservando el carácter dinámico del capitalismo, sea éticamente admisible. Y, como una revolución universal sincrónica es una hipótesis peregrina, es necesario porque en un plazo de tiempo seguramente muy dilatado, tendrá que competir e imponerse sobre él. Y sólo vencerá si es capaz de satisfacer las necesidades de la población de una forma más eficiente y completa que el capitalismo. Porque para repartir miseria, virgencita, virgencita, que me quede como estoy. Y tiene toda la razón.

Bien. Nadie, NADIE hasta ahora ha dado solución a este problema. No hay ninguna solución alternativa al capitalismo, y por eso reina. La mejor aproximación hasta ahora fue la Unión Soviética, que si bien pudo competir e incluso vencer (a pesar de la propaganda que recibíamos a este lado del telón de acero) en la satisfacción de las necesidades personales, presentaba unas disfuncionalidades en el plano ético aún mayores que en el otro bando (autoritarismo, la gran pulsión del s.XX).

Podemos también tomar lección del modelo chino, con su capitalismo de Estado. Sin duda un modelo de éxito, que ha sacado a cientos de millones de ciudadanos de la miseria, que vino tras experimentar el más estrepitoso de los fracasos con sus veleidades doctrinarias que sonaban muy bien sobre el papel (muy progre y bucólico-pastoril), pero en su realización práctica llevaron a la muerte a millones de personas de pura miseria (igual destino que depararían las tonterías progres, decrecentistas y neorurales que me toca leer en los comentarios cada semanita). Sin embargo, este sistema comparte el mismo pecado original tanto del capitalismo (la apropiación del trabajo ajeno por una minoría burguesa) como del socialismo leninista, luego desarrollado por Mao Zedong (falta de libertades políticas y sociales). En este punto, aunque sería estúpido olvidar que también aquí se reprimen esos derechos, también lo sería dejar de reconocer que los disfrutamos en mayor grado que en otros modelos creados a partir del principio autoritario (la base de toda opresión y explotación, y llegados a este punto me sale la cresta).

Ya no sé cuántas veces lo he dicho.

En el tablero político se traza una línea, que separa los que consideran legítimas las rentas capital (el trabajo asalariado para un patrón que no sea el Estado, la propiedad privada de los medios de producción ajenos… tiene muchas formulaciones) y los que no. Y me suda la polla que seas vegano, antitaurino, fotovoltaico, compres jerseys de cáñamo en una tienda de comercio justo y conserves los vinilos de Joan Baez de tus padres; si no existe condena de la propiedad privada de los medios de producción, estás al Este de la línea. No hay ninguna diferencia, en esencia, con el mundo que proponen los Raxoi, Ribera o Gusanita.

Es que, de hecho, en mi empeño en crear un sistema socialista libertario que sea ferozmente eficiente y competitivo (o no será), los primeros obstáculos me los encuentro en el bando progre y su concepción pueril de lo que son los sistemas económicos y productivos de una sociedad tecnológicamente avanzada. Además de, por supuesto, los intereses creados que oponen una fenomenal resistencia al cambio (evidentemente las élites burguesas y los advenedizos, también llamados clases medias que ansían integrarse en sus círculos, además de los dos millones de funcionarios con contrato blindado a prueba de incompetencias supinas).

Pues bien, no es decente que la izquierda revolucionaria (si es que, a estas alturas, queda alguien a este lado de la línea roja), pida que la gente abandone un sistema socioeconómico que conoce y más o menos funciona, para dar un salto al vacío, y ya veremos. Esto es tratar a la gente de imbécil, y aunque lo parezca no lo es tanto e intuyen que tras lo que le propones sólo hay un abismo.

Si queremos ser honestos, tenemos que proponer a la gente algo concreto, a ser posible en versión estable o, al menos, en versión beta. Un sistema que provea sus necesidades actuales de bienestar y libertad mejor que el actual, porque nadie se quiere deshacer de su coche viejo para comprarse otro peor. Lo digo de otra forma: es perfectamente lógico y razonable el rechazo que la población da a las opciones políticas de izquierda revolucionaria, rupturista, o simplemente izquierda (insisto, un progre tiene de izquierdas lo que un murciélago de ave o un cetáceo de pez). Esamos vendiendo un coche escangallado o, directamente, humo. Nos dan la espalda, nos mandan a la mierda, Y TIENEN TODA LA RAZÓN EN HACERLO.

Y repito el mismo paralelismo: a principios de los 90, un paliducho Linus Torvalds dejó un mensaje recabando apoyo de programadores para crear lo que daría en ser el Kernel de GNU/Linux. El fruto de esa colaboración es el núcleo del sistema que ahora mismo estoy usando para escribir este rollo (pero se puede usar para cosas mucho más interesantes, desde ver porno, jugar a videojuegos o correr una de las más potentes suites de CAD/CAM).

Crear un nuevo sistema socioeconómico más justo y eficiente no es tarea sencilla, pero no mucho más complejo que crear un nuevo sistema operativo. Luego, pasaríamos a probarlo en fase alfa con pequeñas comunidades, y sólo entonces podríamos tener la legitimidad de pedirle a la sociedad que nos apoyase para cambiar el rumbo. Sin mapas, sin brújula, sin sextante, a la aventura, con programas llenos de ocurrencias progres inconexas, deslabazadas (un sistema operativo es un conjunto de órdenes sistematizado que trabaja armoniosamente como un conjunto) es perfectamente comprensible que la gente prefiera lo malo conocido.

Honestamente, antes que algunas tonterías que he tenido que escuchar (por ejemplo, cuando estuve participando en el Círculo de Economía de Podemos), hasta yo prefiero que gobierne la Marioneta. Su capacidad de causar daño a la población es más limitada (la maldad es finita, la estupidez no tiene por qué… aunque en este caso el registrador va bien servido de ambas).

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11 marzo 2017

La 4ª Revolución Industrial

Filed under: economía — Mendigo @ 22:00

Yo no sé por qué, pero a veces se ponen de moda ciertos temas de conversación sin que haya ocurrido nada especialmente relevante que los suba a la palestra. Últimamente, el tema de moda versa sobre las consecuencias de la entrada masiva de los nuevos avances tecnológicos en la economía. Normalmente pensamos en la robotización y automatización de procesos, pero justo detrás viene algo mucho más grande: la inteligencia artificial (programas de cálculo estadístico y toma de decisiones que ya están operando en el sector de los seguros y las finanzas).

He leído decenas de artículos, las últimas semanas, analizando especialmente el efecto que tendrán sobre el empleo. Si destruirán puestos de trabajo, sostienen los neoluditas, o si simplemente crearán otros nuevos en sectores que antes no existían… Bueno, no voy a entrar en más detalle, que para eso ya está cada autor defendiendo sus hipótesis. A mí lo que realmente me sorprende es que nadie se atreva a comentar lo obvio, para no caer en anatema (¡comunista!). Bueno, como en este espacio la blasfemia es una seña de identidad, vamos a fijar nuestra posición (cómo mola usar el plural mayestático) sobre la cuestión:

La gran pregunta que todo el mundo evita proponer referente a la automatización de la producción es, y siempre lo ha sido:

¿QUIÉN ES EL PROPIETARIO DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN?

Si el capital (en este caso, los robots) pertenece a los trabajadores (propiedad colectiva) o al Estado (propiedad pública), la mejora de la productividad redundará en mejores condiciones laborales de éstos (mejores sueldos, jornadas laborales menos extensas; eliminación de los trabajos más nocivos, peligrosos, pesados o rutinarios…).

Si esta nueva maquinaria es de propiedad privada (de los accionistas de la empresa), trabajarán evidentemente para sus dueños, ofreciéndoles mayores beneficios gracias, fundamentalmente, a la reducción de los costes laborales (tanto de white como de blue collar, y ni siquiera ésto es una novedad)

That’s the question. The main question, the relevant question, the only question.

Evidentemente, todo progreso científico y tecnológico que permita descargar al ser humano de las fatigas del trabajo debería ser bien recibido. La contradicción, y siempre ha estado ahí, aún antes de que la máquina de vapor llegara a las minas de carbón y a los telares de Inglaterra, es la condición impuesta por la clase dominante al resto de la población de ser útil en su proceso de acumulación de riqueza para compartir parte de esa riqueza que les permita la subsistencia, según el esquema de salario a cambio de trabajo. Y me estoy retrotrayendo a un momento en el tiempo muy anterior al inicio del capitalismo, en el que las clases más poderosas en cada sociedad se apropiaron de los medios de producción (en especial, el más básico de todos, la tierra).

La verdadera alternativa a este esquema, yo poseo los medios que tú necesitas para generar riqueza y, por lo tanto, si quieres sobrevivir tienes que trabajar para mí, la enunció el barbudo Carlitos a finales del s.XIX aunque, realmente, había sido la práctica común de los grupos humanos la mayor parte de la historia:

DE CADA CUAL SEGÚN SUS CAPACIDADES, A CADA CUAL SEGÚN SUS NECESIDADES.

Que sea una parcela de tierra, sea el alto horno de una siderúrgica o los robots de soldadura de una moderna planta de automóviles no cambian ni un ápice la cuestión central: el producto que gracias a ellas se obtiene es retenido por el propietario. En un sistema en el que el trabajador es sólo un factor de producción, una herramienta más, y como tal sustituible, los progresos técnicos en la producción entrarán en directa competencia con su oferta de trabajo. Sólo si el trabajador posee los medios de producción, podrá ponerlos a trabajar en su provecho.

Es un debate que se presenta como moderno, pero es más viejo que la tarara.

Le premier qui, ayant enclos un terrain, s’avisa de dire : Ceci est à moi, et trouva des gens assez simples pour le croire, fut le vrai fondateur de la société civile. Que de crimes, de guerres, de meurtres, que de misères et d’horreurs n’eut point épargnés au genre humain celui qui, arrachant les pieux ou comblant un fossé, eût crié à ses semblables: Gardez-vous d’écouter cet imposteur; vous êtes perdus, si vous oubliez que les fruits sont à tous, et que la terre n’est à personne.

Discours sur l’origine et les fondements de l’inégalité parmi les hommesJean-Jacques Rousseau (1712-1778))

En castellano:

Y resumiendo, en boca de otro francés:

LA PROPIEDAD ES UN ROBO

Máxima a la cual es absolutamente indispensable puntualizar:

LA PROPIEDAD PRIVADA DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN AJENOS ES UN ROBO

Reelaborado: apropiarse de los medios (la tierra, las herramientas…) que otro hombre necesita para generar riqueza, y por lo tanto de una fracción del producto de ese trabajo (el plusvalor), es una forma de explotación ilegítima. Efectivamente, un robo. Un robo el apropiarse del capital, y otro robo obtener beneficio del producto del primero.

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Nota: Quiero representar el vívido contraste entre estos pensadores franceses, y la futilidad de la progresía actual que, sin solidez ideológica, basan su programa en ocurrencias (y en el Estado vecino, esta clase de imbéciles buenrollistas son legión) . Benoît Hamon, el candidato del Parti Socialiste francés, ha propuesto una “taxe robot“, es decir, que los robots paguen cotizaciones sociales. Una forma magnífica de desincentivar la automatización de la economía productiva francesa y descolgarla respecto de su competencia natural alemana, usamericana o asiática. Una ocurrencia realmente brillante. Un progre puede soltar los análisis más estúpidos, las propuestas más absurdas, menos cuestionar la sacralidad de la propiedad privada (de los medios de producción ajenos).

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