La mirada del mendigo

1 mayo 2017

Misiones ecológicas

Filed under: ecología — Mendigo @ 7:24

Dejo esta entrada programada, espero que cuando se publique yo ya esté triscando cual cabritilla por la montaña, donde me pasaré un tiempo. A la vuelta atenderé vuestros comentarios que, precisamente en esta entrada, espero sean numerosos y fecundos.

Ya sabéis que considero la situación ecológica de Galicia de emergencia (del Noroeste peninsular, más bien), y ante la pasividad de las asociaciones ecologistas al uso y la complicidad de las administraciones con los criminales ecológicos (promoción e incluso subvención a las repoblaciones de alóctonas, inversiones millonarias en extinción de incendios pero no se analizan y atajan sus causas…) considero necesaria la acción directa de ciudadanos comprometidos.

Yo he propuesto dos formas de actuación, pero con un alcance muy limitado, que necesitarían un nutrido grupo de gente para ser significativas: el exterminio de especies invasoras y la siembra o transplante de autóctonas.

Sin embargo, estas acciones no van al origen del problema. Una solución integral al expolio que sufre la naturaleza implica realizar un análisis profundo de las causas últimas de esa especificidad ecocida gallega (noroccidental ibérica, los asturianos están que arden, Portugal al Norte del Douro es la devastación absoluta…).

Aquí mi modesta contribución, proponiendo de qué formas podríamos atajar las causas, en vez de sólo atacar los efectos de ese odio por el entorno natural y la necesidad de verlo domesticado, monetarizado, sometido. Espero vuestras aportaciones.

La primera idea, surge de la hipocresía gallega (y asturiana…) que pone a su madre con el bolsito y la minifalda cinturón a hacer la calle para sacar unas perras, y al mismo tiempo loa su proverbial castidad y decencia, y cuidado de quien se atreva ponerlas en duda. Esto es una completa charlotada, o te ufanas de tener unos ecosistemas bien preservados, o haces caja destruyéndolos y llenándolo todo de pinos y eucaliptos o metiendo el ganado en la montaña, pretender ambas cosas es absurdo.

La cuestión es que el ciudadano medio, ajeno al medio rural, no sabe ni comprende hasta qué punto está dañada su tierra, su patria. Los que obtienen beneficio de la destrucción, por supuesto, están muy satisfechos con la situación actual, pero una inmensa mayoría de gente no obtienen beneficio directo de la destrucción de los ecosistemas gallegos y, quizá, no estarían muy conformes de conocer la magnitud de lo que está ocurriendo. Para informarles de ello, propongo la creación de una herramienta que sea gráfica, intuitiva, de inmediata comprensión para que su alcance sea máximo. Se trataría de confeccionar un mapa calificando la calidad ecológica del territorio español, asociando cada nota con distintas tintas.

En el Norte tenemos un palurdismo de tintes racistas que nos lleva a creer que vivimos en el mejor lugar del mundo, especialmente cuando se compara con cualquier lugar del Sur. En el imaginario gallego, Castilla es un una interminable extensión de cereales y, por debajo del Tajo, sólo hay un páramo yermo abrasado por el sol, un desierto sin camellos. Quiero aprovechar ese ridículo chauvinismo norteño para asestarles una descomunal bofetada de realidad que les desencaje las muelas: un mapa calificando el estado de los ecosistemas terrestres, en el que Galicia sería una enorme mancha roja, mientras que amplias zonas de Extremadura o Andalucía mostrarían un moderadamente saludable color verde.

Para los que conocéis la idiosincrasia galega, y su palurdo desprecio por todo lo que queda más allá de las Portelas, eso sería pura dinamita. Quizá podría ser el revulsivo que necesita la sociedad para comprender en la barbarie ecocida que vive.

Para ello, necesitamos generar una “ecuación” (probablemente una tabla, al estilo de la escala de Richter para la sismología) que reduzca muchas variables que miden el estado de conservación de un ecosistema a una sola cifra. Un 10 sería un ecosistema en su estado original, obviamente eso no existe en Europa occidental, y un 0 la destrucción absoluta, la inexistencia de vida macroscópica autóctona (en la raia seca nos acercamos mucho). Por supuesto, sólo podríamos calificar las zonas forestales, el terreno agrícola y el urbano debería aparecer en blanco, sin calificar. De esta forma, quedaría en evidencia que, efectivamente, Galicia tiene una enormidad de monte, pero en su mayoría sin ningún valor ecológico (monocultivos, o terreno semidesértico tras la sucesión de incendios).

Evidentemente, reducir la complejidad de una evaluación ecológica (biodiversidad, reversibilidad de las intervenciones humanas…) a un solo dígito es simplificador, pero para acceder a la opinión pública necesitamos dotarnos de una herramienta así, que compendie mucha información en una sola nota, y ésta en un gráfico que lo haga accesible al ciudadano medio: de un vistazo puede hacerse una idea de cuál es la situación. Esta “ecuación” ha de ser sólida, para resistir las quejas y ataques de las administraciones públicas cuya ignominia quedará en evidencia. Y luego, se trata de aplicarla sistemáticamente en las cuadrículas del mapa español o, en un nivel superior de ambición, europeo (aquí la bofetada puede ser descomunal, aquí se vería la diferencia entre los programas de reforestación con autóctonas a mediados del pasado siglo en Francia o Alemania, y su equivalente gallego con pinos y eucaliptos).

Según la capacidad del grupo, el apoyo de organizaciones, Daniel propone variar el mallado (paso 2km, paso 5km…) para adecuarlo a nuestras posibilidades. También propone, como paso previo, el “concurso de misses”. Es decir, en ausencia de recursos humanos suficientes, aplicar esta medotología pero sólo a los espacios protegidos (parques nacionales o naturales, quizá alguna figura más de protección). Es decir, cada región presenta los que estima sus espacios naturales mejor conservados (las misses), y procedemos a calificarlas de acuerdo a los valores ecológicos que atesoran, de los que además tenemos mucha más información accesible.

Claro, como compares parques como el del Xurés, que tiene el mismo aspecto que una parrillada veraniega, o la bazofia vergonzosa del monte Aloia, foco de propagación de invasoras acacias, con parques como Doñana, Monfragüe o Aigüestortes… Y de eso se trata, cubrir de vergüenza a la sociedad gallega, enfrentarla a su propia miseria mostrando lo que le han hecho a su madre.

Mostrarles el mapa teñido de rojo, y luego no podrán decir que no lo sabían, no podrán fingir que no lo han visto.

Si triunfase la idea, podríamos pensar en realizar revisiones del mapa para auscultar la evolución del enfermo (que necesariamente será lenta, una revisión cada cinco años cuando menos).

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Y ahora, la siguiente idea de bombero: las misiones ecológicas. Entiendo que todos conocéis el movimiento de las misiones pedagógicas. Pues se trata de aplicar el mismo concepto, tratando de llevar los rudimentos de la ecología a la Galicia profunda, dando charlas en las aldeas, especialmente en aquellas zonas con una mayor actividad incendiaria (lo de convencer que no planten eucaliptos, ya tal). Su justificación parte de la constatación de que en la Galicia rural existe una paletocracia, en la que no rigen las leyes sino la voluntad de los individuos más cerriles y palurdos de cada aldea. Si deciden que tal monte debe arde, arderá y el resto de la aldea sólo cantará a coro amén (porque ni tiene el valor para enfrentarse al terrorismo rural, ni realmente le importa una mierda mientras no arda su alpendre).

Esta idea ya me parece buena o no tanto según de qué lado sople el viento. Daniel tiene serias reticencias, más que justificadas. Bueno, yo la comento y a ver qué os parece. Os copio el mensaje en el que trataba de exponérsela:

Lo que propongo es ir con el cuño de una asociación (mismamente creada ad-hoc o una asociación ecologista existente), o incluso una universidad (crear un grupo de voluntarios de la facultades de biología, veterinaria…). Llegar a un concello y hablar con el alcalde. El alcalde nos programa el encuentro y nos acompaña, apadrina, y presenta a los vecinos (y vecinas, habría que hacer incapié en que acudieran también ellas).

Se hace una exposición en el local social de la aldea y, luego, se inicia un coloquio sobre qué formas se les ocurren para proteger el entorno. Importante: se debe ceñir el debate a la protección ambiental. No si les parece bien o no ésta, eso hay que darlo por hecho. Evidentemente, una y otra vez se desmandaría por ese lado, y continuamente habría que reconducirlo, dejando bien claro que la bestialidad, el estadio actual, no es una opción.

¿Fácil? Para nada. Pero haciendo las cosas bien, quizá sí que cambiásemos un poco las mentalidades. Es cuestión de trabajarse el discurso, e irlo adaptando según vayan saliendo las primeras sesiones. Eso sí, hay que hacer las cosas bien. Si vamos a un pueblo, sin el padrinazgo del alcalde, pasan de nosotros como de la mierda.

Si en una aldea de 50 paisanos, consigues convencer a 20 para que mantengan controlados a los 5 que prenden fuego, e incluso que se animen a repoblar una parte de monte comunal con autóctonas… incluso podemos formar un grupo para ponerlas, con que se comprometan a cuidar lo que salga, regar los dos primeros años y no meter ganado en otros diez, llega.

Una vez que alguien aprende a discernir entre un monte íntegro y otro degradado, entre un árbol autóctono y un eucalipto… es como aprender a leer, simplemente lo ves, surgen ante ti palabras que se enlazan formando ideas… cuando para el analfabeto son solo hormiguitas de tinta sin sentido. Como cuando te enseñan a reconocer una constelación, antes no conseguías ver más que un grupo de puntitos, pero una vez que la ves, ya no puedes dejar de verla. Si lográsemos introducir el amor por un ecosistema bien preservado, el respeto por lo propio en la gente de aldea, al menos en ese lugar teníamos la partida ganada. Y eso es mucho más de lo que podemos aspirar ahora mismo, que básicamente es a cagarnos en Dios cada vez que vemos incendios.

La cuestión es que la idea original de las “misiones ecológicas” me la dio Amor, con un tipo muy especial de misiones pedagógicas: con los enanos cabezones niños. Podríamos acudir a las escuelas (y para eso necesitamos tener el cuño de una asociación) y proponer salidas al campo para que los niños aprendan a comprender y valorar su entorno, muy especialmente los niños del rural que de puro vivir en el campo acaban por no verlo y menos valorarlo (eso nos pasa a todos, lo que estamos acostumbrados a ver acaba por resultarnos transparente, hasta que alguien nos enseña a mirar, es como si tuviésemos un cuadro de Velázquez en el pasillo de casa, ya ni reparas en él).

Igual que con los alcaldes, habrá profesores que se muestren receptivos y otros que no; como evidentemente no tendremos recursos para hacer salidas con todos los grupos escolares o dar charlas en todas las aldeas de Galicia, simplemente vamos atendiendo las posibilidades que se nos vayan ofreciendo. Y saliendo a sembrar semillas con los niños, quizá logremos sembrar en alguno la semilla del amor por su tierra y los seres que en ella habitan.

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Ahora marcho, os dejo los comentarios abiertos para proponer nuevas soluciones factibles a las causas que subyacen bajo esta manía ecocida. Actuaciones que permitan ir haciendo camino, esperando que con nuestro ejemplo se enganche más gente hasta que sean las administraciones (el día que políticamente Galicia salga de la barbarie caciquil) las que tomen el relevo. Evidentemente, la educación ambiental de niños y adultos es una competencia de la administración autonómica, pero…

A ver si me sorprendéis y, a la vuelta, está ya el grupo formado y en funcionamiento.

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28 abril 2017

SocialWee

Filed under: cousas — Mendigo @ 20:07

Mendiguiño sección servicio público.

Me avisa un amigo (al que algunos también conocéis, y hasta aquí puedo leer) que ya está activo su último proyecto (me emociona ver gente tan lanzada y capaz, con lo parado que soy yo). Se trata de una aplicación (app) para smartphones, que permite crear un servicio de mensajería para colectivos. Para entendernos, una especie de WhatsApp pero optimizado para la relación intragrupal. Por ejemplo, un grupo de amigos moteros para preparar la siguiente salida, un profesor con sus bestezuelas, una asociación de ayuda al refugiado, un grupo de estudio de la economía marxista, una comunidad de vecinos o un grupo de trabajo de cualquier empresa…

La principal ventaja que le veo es que cuida de la privacidad: a diferencia de WhatsApp, no es necesario compartir el número de teléfono ni ningún otro dato personal para entrar en un grupo. Los autores han procurado reproducir la forma en que funcionamos en la vida real al organizarnos en colectividades. Y… bueno, qué coño, entrad en la página y que los autores os lo cuenten con más detalle. O si no, os lo descargáis del GooglePlay y luego comentáis como va porque… mi móvil aún tiene teclitas y, cuando se me cae de la mano, no blasfemo más de lo habitual (y ni puta falta que me hace cambiar). 😛

Pero al autor seguro que le viene bien tener feedback (hostia puta, uno empieza hablando de apps y acaba usando barbarismos tan nauseabundos como feedback, voy a tener que meterme un sol y sombra para recuperar mi hispanidad).

Ah! Y si habéis sido timados por la puta manzanita para adquirir uno de sus sobrepreciados móviles (si no está en el diccionario, que la incluyan), también tenéis una versión en el iTunes. Y, ya de paso, os invito a revisar los márgenes con los que trabaja Apple, y compararlos con los de la competencia. El Zara de la electrónica, vender vulgaridad y hacer creer al cliente que está comprando la repanocha, ésa es la vía para forrarse. Pero muchos son los llamados y pocos los elegidos para dar el pelotazo.

Por cierto, me estoy dando cuenta según escribo que el mundo publicitario no es lo mío.

XDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD

Pero en serio, echadle un vistazo a la aplicación, porque puede que la encontréis útil.

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25 abril 2017

Pelophylax perezi

Filed under: ecología — Mendigo @ 0:32

Rana verde ibérica o, simplemente, rana común (aunque para mí es mucho más común la patilarga).

Las encontramos en un paseo por el Ourense más profundo dirigido por Su Majestad Herpetológica, el insigne Don Daniel Pérez, inmejorable compañía.

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Vale, todavía no he llegado al nivel de David Álvarez, pero a ver si me agencio una focal larga para la nueva cámara (éstas están sacadas con el kitero, un 20-50mm) y ya se puede ir preparando…

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22 abril 2017

Ni Dieu ni maître

Filed under: política — Mendigo @ 0:48

Comparto un documental sobre el anarquismo que acaba de ser publicado en el canal Arte (sólo disponible en francés o alemán, no estaría de más intentar subtitularlo).

Ni Dieu ni maître – Une histoire de l’anarchisme (1/2)
Ni Dieu ni maître – Une histoire de l’anarchisme (2/2)

Las gracias se las dais a Wen por aportarlo. Yo sólo completo la entrada con otro documental ya con algunos añitos:

Y con la canción que sirve de cierre a cada una de las partes:

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20 abril 2017

Determinismo sexual

Filed under: salud — Mendigo @ 1:40

En estos tiempos de postureo, en el que un texto de más de 15 líneas es un “tocho” o un “ladrillo”, las posiciones ideológicas vienen marcadas fundamentalmente por la imagen: me queda bien la ropa holgada y la quincallería, pues me hago de izquierdas o, con el diccionario político de hoy, alternativo. En semejante caleidoscópico escenario político, es fácil acabar mareado y sin rumbo, cuando ves a una organización ultracatólica defender un mensaje radicalmente feminista y a los más exaltados progres echar espuma por la boca y contraatacar con planteamientos sexistas y reaccionarios. Sí, me refiero al dichoso autobús de Hazte Oír.

Para procurar entender algo, debemos rebobinar la película. En un principio era la Iglesia, y su monopolio conservador sobre las ideas y valores. En esta dictadura de la religión semita, se imponía el determinismo sexual que adscribía a cada individuo a una de las dos categorías principales en que se dividía la Humanidad nada más nacer. Según el bebé mostrara un órgano sexual u otro recibiría una educación y trato completamente diferenciados, preparándolo para cumplir el rol social que le estaba determinado (evidentemente, condicionado también por la clase social, pero aún era más permeable las diferencias de clase que las barreras que separaban los roles de sexo).

Según la doctrina eclesial sobre la distinción entre sexos, existen unas diferencias esenciales entre los individuos de la especie humana de sexo masculino y femenino, que van mucho más allá de las morfológicas, sino que son psicológicas/conductuales y hasta teológicas (imposibilidad de acceder al sacerdocio), que justifican que la sociedad se organice sobre estas diferencias.

Es Mahoma quien mejor muestra esta diferencia esencial entre hombres y mujeres a ojos del Dios semita:
Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Allah ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan.
Corán, Sura de Las Mujeres, 34

Pero este, podríamos llamarle, machismo teológico (primacía del sexo masculino por motivos teológicos, en una religión semita en la que la divinidad está caracterizada con rasgos masculinos) viene de mucho más antiguo y es una constante en toda la religión hebrea. La misoginia semita llega al absurdo de hacer nacer a la mujer del hombre, dándole la vuelta al mito sumerio como si fuera un calcetín.

Sobre la mujer, fuente de pecado, lanza una maldición desde el mismo Génesis:
A la mujer dijo: En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti.
Génesis 3:16

En la transposición de esa religión semita a moldes occidentales, el cristianismo, el humanismo neoplatónico no llegó a penetrar la fuerte impronta machista de la religión hebrea y su concepción patriarcal de la sociedad. La civilización helénica no pudo tanto, ya que la misoginia semita hunde sus raíces hasta su mismo núcleo doctrinal. Leemos en el Nuevo Testamento, en boca de San Pablo, el discípulo “ilustrado” (el único que sabía escribir en griego), dejando bien claro cuál es el lugar reservado a la mujer en la naciente herejía:

Que la mujer aprenda calladamente, con toda obediencia.  Yo no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada. Porque Adán fue creado primero, después Eva. Y Adán no fue el engañado, sino que la mujer, siendo engañada completamente, cayó en transgresión. Pero se salvará engendrando hijos, si permanece en fe, amor y santidad, con modestia.
1 Timoteo 2,12

Las mujeres guarden silencio en las iglesias, porque no les es permitido hablar, antes bien, que se sujeten como dice también la ley. Y si quieren aprender algo, que pregunten a sus propios maridos en casa; porque no es correcto que la mujer hable en la iglesia.
1 Corintios 14:34

… que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos…
Tito 2:4

Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo Él mismo el Salvador del cuerpo. Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo.
Efesios 5:22

Esta misoginia evangélica fue desarrollada por los principales teólogos cristianos:

No alcanzo a ver qué utilidad puede servir la mujer para el hombre, si se excluye la función de concebir niños.
San Agustín de Hipona

En lo que se refiere a la naturaleza del individuo, la mujer es defectuosa y mal nacida.
Santo Tomás de Aquino, Suma Theologica.

La reforma luterana no supuso ningún progreso para la condición de la mujer, antes bien…

Las niñas empiezan a caminar y a hablar antes que los niños porque la maleza crece siempre más rápido que las buenas semillas
Martin Luther

Tengan sus hijos y hagan como puedan; si mueren, benditas sean, porque seguramente mueren en medio de una noble labor y de acuerdo a la voluntad de Dios… Así ven ustedes cómo son débiles y poco saludables las mujeres estériles; aquéllas bendecidas con muchos niños son más saludables, limpias y alegres. Pero si eventualmente se agotan y mueren, no importa. Que mueran dando a luz, que para eso están.
Martin Luther

Bueno, sobre la posición de subordinación de la mujer en las diferentes declinaciones de la religión semita no cabe ni asomo de duda más que para el que quiera engañarse a sí mismo y/o a los demás. Pero para lo que nos interesa en este momento, es quedarnos con la idea de que en su modelo de sociedad, hombres y mujeres son sustancialmente, y hasta teológicamente distintos, y los distintos roles que desempeñan en la sociedad no son más que la consecuencia de esa diferencia natural. Pretender alterar ese orden (por ejemplo, que una mujer pueda enseñar o dirigir) supone una alteración de ese “orden natural”.

Por supuesto, siempre hubo mujeres excepcionales que estuvieron dispuestas a desafiar el destino que el patriarcado les imponía, saliendo de su reclusión doméstica para conquistar cátedras y laboratorios, mares y desiertos, hasta tocar el cielo. Pero todas ellas tuvieron que arrastrar el estigma semita de no actuar de acuerdo a su condición femenina, una especie de rebelión a lo que la naturaleza determinaba y Dios sentenciaba.

Esta negación por la vía de los hechos del determinismo sexual que la religión y las costumbres imponían a la mujer, sometida en un estado servil al servicio doméstico y sexual del varón, fue siendo teorizada por las primeras filósofas feministas. Entre ellas, destaca Simone de Beauvoir, que en 1949 resumió la cuestión en su célebre sentencia (parafraseando a Erasmo):

On ne naît pas femme, on le devient.

Émile Durkheim es el primer pensador, que yo sepa, en postular la existencia de unos rasgos sociales, no innatos sino adquiridos, a los cuales Simone da el nombre de género, y a considerarlos de forma autónoma de la condición puramente biológica. De esta forma, hace la distinción fundamental entre sexo, que puede ser masculino o femenino según los caracteres sexuales primarios de cada individuo (ahora sabemos que determinados por el tipo de cromosoma, XX o XY). Que es diferente del género, que es el conjunto de estereotipos que cada sociedad ha creado y reproducido en torno a ambos sexos. El sexo es, evidentemente, innato, pero el género es adquirido. Viene a ser una profecía autocumplida, la sociedad espera que un hombre/mujer se comporte de una determinada forma, y lo educa para que efectivamente verifique estos prejuicios.

De hecho, cuando el inmundo se refería a su esposa, en términos pretendidamente elogiosos, como “mujer, mujer”; en realidad estaba suscribiendo esta diferencia, queriendo remarcar que su esposa era de sexo femenino y además de género femenino, es decir, poseedora de los atributos con que la mentalidad tradicional representa a la mujer (lo cual es además muy discutible, pues incluso una carca como la Botella se ha beneficiado tremendamente del progreso social logrado por las feministas, y escandalizaría a sus correligionarios conservadores de pasadas generaciones).

¿Qué son todas esas afirmaciones de que los negros son buenos en la música y el deporte, los orientales en matemáticas, los judíos son maliciosos y los sudamericanos pusilánimes? Basura racista, la misma clase de basura que lo de que los hombres son de Marte y las mujeres, de Venus; mujer al volante, peligro constante y todo el rollo de príncipes valientes que salvan a desvalidas princesas en apuros.

No estamos determinados ni por nuestra raza ni por nuestro sexo, sino por los prejuicios que sobre nosotros proyecta la sociedad.

Sí, ciertamente, tanto la raza como el sexo sí que tienen algunas consecuencias. Por ejemplo, sabemos que los negros tienen una menor predisposición a las enfermedades cardiovasculares, o que las adaptaciones morfológicas de los tibetanos (quizá de un cruce con denisovanos, de forma análoga a los sapiens llegados a Europa con los neanderthales) les confieren una mayor adaptación a la altura. Igual que el pelo crespo es una característica de la raza negra, el sexo determina los caracteres sexuales secundarios (pechos, vello facial, desarrollo de la musculatura…). Incluso, las diferencias hormonales permiten reconocer algunas diferencias de comportamiento, como una mayor agresividad y mejor tolerancia al riesgo en los hombres. Pero esto es sólo una tendencia, sólo perceptible estadísticamente, en un conjunto de condicionantes. Dicho de otra forma, los hombres no estamos determinados por nuestra sexualidad para convertirnos en bestias violentas, es sólo una parte de todo lo que influye en nuestro comportamiento, y desde luego no la mayor. El ambiente, por ejemplo, es mucho más determinante que el sexo para explicar la agresividad de un individuo: es fácilmente comprobable que, sometidos a diferentes circunstancias, podemos observar hombres pacíficos y mujeres violentas.

Quiero remarcar esto, con riesgo de ser pesado: no somos bestias, no estamos determinados por nuestra entrepierna. Existen factores ambientales, exógenos, fundamentalmente sociales, que nos condicionan en mucha mayor medida. Y luego está un mínimo libre albedrío para conducirnos según nuestra conciencia.

Por hacer un paralelismo: nacemos desnudos, y es la sociedad la que nos exige que nos cubramos. Nacemos con un sexo u otro, y es la sociedad la que nos añade, según éste, un género o conducta normalizada de acuerdo a nuestro sexo.

Esa hipótesis del feminismo por la cual los atributos tradicionales de la mujer (y por extensión, los del hombre), docilidad, sumisión, atolondramiento, liviandad… en los que el conservadurismo la había encuadrado fueron metódicamente desmentidos por la ciencia, y al menos en Europa ya sólo los defiende algún deficiente mental del ultracatolicismo polaco. De hecho, la mejor prueba del error palmario que han promovido las religiones semitas durante siglos es la sociedad actual. Era falso que una mujer no fuera capaz de hacerse cargo de su vida, sin necesidad de varón: era incapaz porque desde el momento de su nacimiento le cercenaban su libertad y autonomía, educándola para su función servil, subalterna, e instituyendo todo un cuerpo legal para impedir su emancipación. Tras ese proceso de mutilación intelectual y moral, presentaban el resultado como la confirmación de sus prejuicios. Eliminada, no sin lucha, (parte de) la discriminación a la que eran sometidas las niñas y mujeres, éstas han demostrado por la irrefutable vía de los hechos la inmundicia del determinismo sexual de la religión semita, pudiendo medirse en valía con los hombres.

De hecho, aunque pueda no sernos perceptible hoy en día, las exigencias de género se han ido diluyendo y podemos tomar con naturalidad elementos que hasta hace muy poco eran propios del otro género, sin ser tachados de afeminados o marimachos. Pongo un ejemplo, que además me sirve para exponer cómo el sexismo, además de someter a las mujeres al imperio de los hombres, nos somete a nosotros mismos a la tiranía de nuestra propia condición, siempre pendientes de defender nuestra hombría y cargar como morlaco contra todo lo que la amenazase, cuestionase o socavase. Aunque ahora es perfectamente natural ver a un padre jugando con su hijo, esto es una novedad moderna. Hasta hace poco tiempo los hombres no podían disfrutar de ese placer, pues debían representar su papel varonil, autoritario, y su dignidad quedaría en entredicho si se tiraban al suelo para jugar con su crío. El sexismo nos empobrece, esclaviza a todos.

Esta destrucción del género, es decir, de los arquetipos sociales construidos en torno al sexo, sólo puede ser buena, liberadora para todos. Hay que arrancar de raíz este triaje binario del género, hombre o mujer, esté o no referido a los atributos sexuales, y reemplazarlo por una sociedad abierta en la cual cada uno pueda construir libremente su propia personalidad, sin estar determinado por su sexo. El género no es una realidad positiva, sino una creación social (como las religiones que lo sancionan) que la misma sociedad puede arrumbar en el rincón de los trastos viejos.

Por ejemplo, en mi caso, yo puedo afirmar que no tengo género; o, al menos, eso procuro. Tengo sexo, evidentemente, pero sería muy triste pensar que condiciona mi conciencia (es decir, que pienso con la polla). No sé si os habréis dado cuenta leyendo este espacio, pero procuro trascender en mis posiciones éticas y políticas mi condición de varón heterosexual blanco de clase media y los intereses que de ella se desprenden, lamento que otros no lleguen a tanto.

¿Qué valor tendría si defendiera los derechos de los homosexuales si yo fuera homosexual? ¿Qué mérito tiene ser antiracista, perteneciendo a una minoría étnica, feminista siendo mujer o de izquierdas siendo obrero? Yo no escojo mis luchas por el interés personal, sino por lo que honestamente creo que es justo. Ahora bien, podría ser peor, el de ser un homosexual homófobo, un negro racista, una mujer machista o un obrero de derechas, los imbéciles redomados existen, y no es corto su número.

Vamos a exponerlo de forma más gráfica con un ejemplo. Cojamos dos contenedores, a uno le ponemos la etiqueta MUJER, y a otro, HOMBRE.

En MUJER metemos: pelo largo, faldas, maquillaje, tacones, cocina, revistas de cotilleos, frívolidad, color rosa, sensibilidad…
En HOMBRE incluimos: pelo corto, corbata, fútbol, revistas de coches, agresividad, rudeza…

Y muchísimos más, dependientes además de la cultura y el momento. Por poner sólo un ejemplo, en Japón está mal visto que un hombre muestre demasiado gusto por los dulces, pues se considera poco varonil. En nuestra cultura es ridículo (a mí me encanta el chocolate y sería extraño que alguien me describiera como “femenino”), pero otros muchos prejuicios sexistas de nuestra cultura nos parecen evidentes (naturales, es decir, innatos y propios de cada condición sexual).

¿Qué son estos cajones? El género. Las características sociales, adquiridas (por el condicionamiento de esa misma sociedad), adscritas a cada sexo. Estos cajones, en las sociedades civilizadas, han sido progresiva pero exhaustivamente vaciados. Insisto, ahora lo vemos con naturalidad, pero volviendo la vista a épocas pretéritas nos sorprenderíamos del camino tan inmenso que hemos recorrido. Ya sólo quedan unos pocos elementos, que yo propongo seguir sacándolos y dispersándolos por el suelo para que cualquiera pueda adquirirlos: un hombre con el pelo largo (yo lo he tenido desde niño hasta que la calvicie, por cierto éste sí un condicionante somático, me ha obligado al estilo skinhead), una mujer motera o un hombre que siente atracción sexual por otros hombres.

Una vez vacíos esos cajones de todo prejuicio, no servirán para nada porque no incluyen nada y podremos destruirlos, habiendo acabado con el género. Por supuesto, con la oposición del conservadurismo religioso, que sigue subido en su falacia (aunque a la fuerza ha tenido que ceder parte del campo) de que los roles de género vienen determinados por el sexo, y no una construcción social como defiende el feminismo… y la ciencia.

¿Qué quedara? Únicamente el sexo, esto es, la condición sexual de cada individuo que, además, deberá ser privada. Lo que tengamos entre las piernas sólo le importa a nuestra pareja sexual y, como mucho, a nuestro médico, pero por ejemplo no al Estado, por lo que propongo retirar la casilla del sexo del DNI y de cualquier otro registro público. Para el Estado lo único que debe importar es que somos individuos, sin andar palpando en la bragueta de los ciudadanos.

Expuesto de otro modo: conceptos como “masculinidad / virilidad” o “femineidad” son completamente falaces, tan sólo un espejo de nuestros prejuicios. A los hombres nos impone una paranoia violenta (me viene a la cabeza la obsesión eslava con la virilidad y la homofobia) y, a las mujeres, las relega a la posición de sujeto paciente, que incluso en gramática es indistinguible del objeto.

Al vaciarlos, sólo quedarán dos cajones:

HOMBRE: pene y testículos (con las diferencias hormonales que comporta), más otras características en mayor o menor grado como el desarrollo de la musculatura, el vello, una nuez prominente…
MUJER: vulva y demás partes de los genitales femeninos, en especial las fábricas hormonales femeninas, los ovarios. Y como en el caso de los hombres, otros rasgos como los pechos, la voz más aguda, algunos de los cuales sólo pueden evidenciarse de modo estadístico (como la menor talla).

Que es lo que queda después de destruir el género, el sexo.

Que es exactamente el lema del autobús de Hazte Oír, paradógicamente feminista. Efectivamente, ser hombre significa tener los caracteres sexuales primarios masculinos, y ser mujer los femeninos. Y para convertir ese mensaje en rabiosamente feminista, sólo falta añadirle un signo de puntuación: un punto y aparte. Ser hombre es tener pene, ser mujer es tener vulva… Y PUNTO.

(en realidad, sería científicamente más correcta una definición cromosómica u hormonal, pero dejémoslo así).

Ser hombre NO implica sentir atracción por las mujeres, ser mujer NO supone sentir una tendencia a la lágrima fácil o la sumisión. Hombre y mujer, desnudos del resto de atavíos con que les quiere cargar la sociedad, para que libremente escojan los elementos, aquí y allá, con los que quieren engalanar su personalidad.

Lamentablemente, como tantas veces, la progresía sólo ha comprado el libro por la encuadernación y sigue sin leérselo.

Yo sé bien que esto no es lo que querían decir los palurdos de Hazte Oír, pues detrás del accidente físico del sexo quieren colar toda la retahíla de prejuicios católicos en torno a él: el género. Pero tal y como estaba rotulado, más ese punto, era rigurosamente correcto. Si en la izquierda alguien tuviera dos deditos de sesera, se habría percatado del equívoco y aprovechado para trolear a los fachas aplaudiendo la idea. Pero no, la derecha agita un trapo colorado, y ahí van los progres a cargar. Espectáculo deprimente, tanto por el toro como por el torero, a cual más imbécil.

Sí, está la ofensa a los transexuales y todo el tema de la transexualidad. Hace poco comentábamos que en Irán, el sistema de salud paga las operaciones de cambio de sexo, y era presentado como una extraña muestra de progreso en un país en el que los homosexuales son ahorcados con ayuda de una grúa de obra. Pero no es progreso, sino extrema reacción conservadora. Lo que pretende la república islámica es que te ajustes a un rol de género. Si siendo hombre, adoptas elementos del cajón de MUJER, eres un error de la naturaleza que debe ser rectificado con ayuda de la cirugía. Entonces sí, ya podrás seguir ese rol de mujer sin que entre en confrontación con tu sexo de hombre, devolviendo la armonía al mundo. ¿Progresista? Me cuesta imaginar algo más nauseabundamente reaccionario.

La transexualidad, es un reconocimiento implícito (y muchas veces explícito) de la moral conservadora y la asunción de sus roles de género. Si te gustan los hombres, llevar faldas y pintarte los labios, mas tienes pene, eso es un error de la naturaleza que hay que corregir. Normalmente no se dice de forma tan cruda, pero sí en términos como una discordancia entre su sexualidad percibida y su cuerpo. Viene a ser lo mismo: un individuo que tiene un sexo pero toma elementos del cajón de género del otro. La sociedad, y el mismo individuo como miembro de esa sociedad, generan una tensión por esa disonancia ficticia que se resuelve en el quirófano y con tratamiento hormonal. Digo ficticia porque no existe ninguna incompatibilidad esencial en ser hombre y usar falda, pintarse los labios o follar con otros hombres.

Es más, es que me parece un insulto a la homosexualidad, la principal discordancia entre sexo y género (cuyo rasgo quizá más definitorio en todas las culturas es la atracción sexual por el sexo contrario). Si concebimos esa contradicción como una patología, corregible con una intervención quirúrgica (para adaptar el sexo al género), también podemos dar por buenas las terapias para curar gays (adaptar el género al sexo). En otras palabras, supone escupir al colectivo gay a la cara.

Evidentemente, respeto a quien tome la decisión de someterse a un proceso de cambio de sexo, al fin y al cabo allá cada uno con su cuerpo, pero una operación de emasculación y ginecoplastia me parece un ejemplo de autoviolencia provocada por un entorno (conservador) que aún reconoce como funcionales las diferencias de género. Es decir, una sociedad que no permite al individuo vivir de acuerdo a sus preferencias sin automutilarse. Algunos argumentos como la necesidad de sentirse un hombre / mujer completo, por mucho que sea chocante decirlo, son rigurosamente reaccionarios. Lo de sentirse hombre es del mismo nivel intelectual que sentirse español, al menos yo cuando me siento, lo hago en una silla. Lo más cerca que puedo estar de sentirme hombre es cuando sufro un golpe en los testículos, y no es precisamente agradable. Ya con menos bromas, la condición sexual (o la nacionalidad) no es una sensación, sino un mero accidente biológico, como puede ser el color de ojos, de pelo o cualquier otro rasgo racial. Del sentirse una mujer completa (mujer, mujer, como Botella) podemos acabar en el orgullo ario.

Resumiendo. La transexualidad es la solución a una discordancia entre el sexo real y el percibido. La cuestión es que el sexo percibido no es sexo (pues no es algo que modifique nuestra percepción) sino género. El transexual compra la mentira reaccionaria, polarizadora, del género y sufre porque considera que esos atributos no le pertenecen, pues así lo dicta la moral conservadora, en vez de apropiárselos con naturalidad de forma indiferente a su sexo. En cualquier caso, insisto, respeto absoluto a las decisiones personales de cada cual, por mucho que se discutan los valores que subyacen tras ellas. A unos les da por pasar por el quirófano, a otros por ingresar en un convento, allá cada uno.

La única reserva que yo pondría, y en esto sí que soy terminante, es prohibir tajantemente que se realice ninguna operación en menores de edad. Lo mismo que implantes mamarios o incluso tatuajes, con consentimiento o sin consentimiento paterno, eso es lo mismo. Un niño debe tener el derecho de equivocarse, y someter a una operación irreversible como una emasculación a un niño en un periodo definido por la búsqueda de su identidad sexual me parece tan aberrante como realizar un implante mamario a una niña a la que aún no han acabado de desarrollársele los senos.

Volviendo a la íntima analogía entre racismo y sexismo, una operación de cambio de sexo viene a ser el equivalente de las orientales que pasar por quirófano para hacer más redondos sus ojos (quizá su rasgo racial más definitorio), o la celebérrima transformación del rey del pop. Como con el caso de la transexualidad, respeto a lo que un adulto quiera hacer con su cuerpo, pero cabe preguntarse el origen de la necesidad de esa agresión a su cuerpo. Es evidente que, si Michael Jackson intentaba cambiar sus rasgos negroides por otros caucásicos, era porque no estaba conforme con aquellos y compartía el modelo de belleza de los supremacistas blancos. Claro, todo esto es muy duro verbalizarlo, pero es evidente que si cambias es porque no estás conforme con lo que tienes y quieres aspirar a algo mejor. Desde luego, no parece alocado decir que la presión social condujo al desdichado cantante a un autoodio que quiso solucionar por medio de la cirugía. Esta treta, por cierto, es bastante común en la industria de los cosméticos y, ahora también, la cirugía plástica, la de generar conciencia de esencia defectuosa que puede ser arreglada por dichas industrias previo paso por caja.

En mi (nada) modesto entender, creo que es mucho mejor evolucionar la sociedad para que la idea de un negro rico y célebre no sea chocante, una ofensa al orden natural. Una sociedad abierta que permita a cada uno desarrollar libremente su personalidad, no en una estrecha paleta del dualismo de género hombre-mujer, sino en una infinita variedad de colores de acuerdo a las inclinaciones, apetencias e intereses de cada uno.

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