La mirada del mendigo

21 mayo 2015

The Corporation

Filed under: economía — Mendigo @ 17:11

Hoy he vuelto a ver un clásico. Supongo que muchos de vosotros lo conocéis:

Pues bien, quería iniciar una charla sobre este documental.

Básicamente, trata de mostrar la naturaleza criminal de las transnacionales. Es un buen punto de comienzo, denunciar sus abusos, pero creo que erraríamos el disparo culpándolas. No, no creo que la culpa sea de las grandes corporaciones (ni de las pequeñas, la diferencia es sólo de tamaño, cuantitativa, no cualitativa, ahora que todo el mundo pierde el culo con la PyMES, cuando son el primer foco de explotación laboral).

Una empresa es una máquina de hacer dinero. Si le pedimos responsabilidad social, sensibilidad ecológica, compasión…le estamos pidiendo peras a un olmo. No es que sean malas, es que no son un sujeto ético (aunque estén compuestas por personas, que sí que lo son, la propia estructura de la empresa les lleva a tomar pequeñas decisiones que, en conjunto, pueden resultar en grandes crímenes).

Pedirle a una empresa que actúe con miramientos por aquellos que explota, es tan idiota por considerar al lobo un aminal “malvado” por no tener compasión por una oveja. Son entes que no están diseñados para sentir compasión. Es más, ni maldita la falta que hace. Si el lobo se come una oveja, no es que el lobo sea malvado, ya que está en su naturaleza, y es radicalmente erróneo asignarle categorías morales. Si el lobo mata una oveja es culpa del pastor, que ha sido descuidado y no ha sabido defender su rebaño.

Así como el lobo es una máquina de matar, la empresa es una máquina de hacer dinero. Si la dejas libre, va a cumplir la función que tiene programada de todas las formas posibles.

Otro ejemplo muy gráfico: la situación es como quien está cortando el centeno con una segadora, se despista y acaba metiéndola en el huerto, destrozando todas las tomateras, calabacines, pimenteras, etc. ¿Es culpa de la segadora? No, la segadora ha cumplido con su cometido, que es cortar, cortar, cortar. Y si la metes en una granja, habría segado la cabeza a los pollitos, y ay que no te enganche una pierna. ¿Es mala la segadora? No, es tonto su conductor.

Por lo tanto, pedirle responsabilidad social a una empresa es como pedirle a mi gata que agite las patas alce el vuelo, o que declame a Horacio: una imbecilidad porque simplemente, no está diseñada para eso.

Es pues evidente que hay que limitar la acción de esa máquina, para podernos servir de ella sin que nos cause estragos. Y esta forma de limitar la acción de esta máquina, así como guardas las ovejas en un redil, es la legislación. Una legislación que ponga límites a su tendencia a explotar al trabajador, engañar al consumidor y destruir el entorno en su búsqueda de beneficio. Y así como el redil está defendido por mastines, habrá que implementar un sistema judicial que defienda el cumplimiento de estos límites y si un lobo traspasa la empalizada le crujan el pescuezo.

Por lo tanto, el origen del problema no está en el comportamiento psicópata de las empresas, lobos económicos, sino en que el pastor y sus perros están conchabados con la manada de lobos para despedazar entre todos al rebaño. ¿Cómo puede oficiar de pastor quien está sometido a la voluntad de la manada de lobos? Es evidente que el legislador abrirá de par en par el portillo del redil, rebajará la altura de la cerca, y sujetará a los perros para que los señores campen a sus anchas.

Por lo tanto, es absurdo culpar a la empresa de ser lo que es. Lo que hay es que forzar al gobierno a que asuma su papel como legislador, protegiendo al pueblo y poniendo límites a las empresas para que estas funcionen en provecho de la población y no al revés. Y esto implica, necesariamente, sacar a las empresas del poder político y devolvérselo al pueblo. Es decir, recuperar la Democracia.

Y es que, en este tiempo, hemos normalizado la aberración de que las empresas se reúnan con los legisladores, que financien sus campañas, controlen la información que recibe el pueblo. Una empresa, así como no es un sujeto moral, tampoco es un sujeto político. El único sujeto político admisible es el ciudadano, Pedro, Laura, uno por uno y todos con el mismo valor. Esto lo he escrito varias veces: si Botín (lo escribí por el padre, ahora su hija) quiere colaborar en el proyecto de gobernar esta polis, tiene que bajarse del caballo, entrar en el colegio electoral, hacer cola y votar. Porque si pretende entrar sin bajarse de su fenomenal montura, que es uno de los bancos más grandes del mundo, acaba atropellándonos al resto y aplastando la urna bajo los cascos. Y, por supuesto, logrará imponer su voluntad, y de paso romper unos cuantos huesos: pero a eso no se le puede llamar Democracia, que no es sino lo que su etimología sugiere, el gobierno del pueblo.

Por mucho que el término y todas sus flexiones (demócrata, democrático, democráticamente…) sea aventado por los fascistas a cada ocasión para legitimar la usurpación del poder a su legítimo soberano, el puto, puteado pueblo, mediante una serie de normas y procedimientos (muchas veces implementados para apartar al soberano de su trono). Quien arrebata la función de regnare (originalmente, regere, dirigir) a su legítimo dueño, tiene un nombre: usurpador.

Resumiendo: si se permite participar a las empresas en política, el resto estamos de más. Simplemente. Es su sistema, lo controlan con su irresistible empuje económico, ellas reinan, la burguesía gobierna para sí y el resto acatamos genuflexos. Una dictadura capitalista. Más de lo mismo, por otra parte, llevamos siglos bajo la bota de quien controla los medios de producción, la tierra como forma más básica de capital, luego los talleres, las fábricas, y luego la gran industria y las cadenas de comercios.

Algún apunte más, sobre el vídeo. Hay que forzar a las empresas a que paguen sus facturas, es decir, a que asuman sus costes. Íntegros. Por ejemplo, una empresa contamina el aire con la emisión de x cantidad de una determinada molécula tóxica. Muy bien, me parece de puta madre. Ahora bien, el aire no es de la empresa sino que es nuestro. La riqueza natural que degrada, es nuestro patrimonio. Nuestra salud, que expone al peligro, es nuestra.

Si una empresa debe compensar a otra si pone sólo la puntita del pie sobre una baldosa del suelo que esté patentada, igualmente deberá compensar a la sociedad cuando su actividad afecte, y en la medida que lo haga, al patrimonio común, el aire, la tierra, la biosfera, nuestro mismo cuerpo. Calcúlese el perjuicio causado por esa actividad empresarial (desde sus emisiones, radiaciones en las diferentes frecuencias de onda, hasta su mismo emplazamiento) e impútese. Y si la factura acaba resultando muy alta, y ese proceso no resulta rentable, que lo cambie para contaminar menos, o lo abandone. Lo que no puede permitirse es que alguien gane dinero sin pagar todas sus deudas, incluida la deuda con la sociedad. A esto se le llama imputar externalidades, e incluso puede haber externalidades positivas (aunque estas sí que se retribuyen con largueza en forma de subvenciones y deducciones fiscales, cualquier excusa es buena para transferir recursos públicos a la burguesía).

Y, por último, el tema de su propiedad. Una empresa es una máquina de ganar dinero, y es bueno que así sea. Para este fin, se debe afilar el instrumento para que sea lo más eficiente posible, trabajando dentro de unos límites acotados por el Estado (no pretendas que salga del lobo ponerse a dieta, porque eso sólo funciona en los dibujos de Disney, y Disney era un cerdo fascista además de un chivato). Ahora bien, la empresa debe ganar dinero para quien trabaja en ella, otra cosa es apropiarse, robar, el trabajo ajeno.

Que es por lo que la nobleza económica siempre ha entrado a caballo en la Sociedad: con ánimo de asaltar, aplastar y desposeer a los de a pie, de explotar a la sociedad que parasita.

20 mayo 2015

La lista de Montoro

Filed under: política — Mendigo @ 17:09

Conste que lo de las firmas siempre me ha parecido una chorrada. Si son en papel, les subvencionamos con qué limpiarse el culo, y siendo digitales cuesta el mismo trabajo mandar a la papelera una que diez mil. Pero la divulgación de la información, eso ya sí tiene un valor, una relevancia política.

Por eso, y porque no me puedo resistir a lo que me pide un amigo…

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La detención de Rato es solo es la punta del iceberg.

De las más de 30.000 personas que se acogieron a la Amnistía Fiscal que permitió regularizar fondos, entre otros, a los hijos de Pujol o a Luis Bárcenas, hay más de 700 relacionadas con la política y las instituciones públicas sospechosas de haber obtenido el dinero de forma delictiva.

Exigimos saber quienes son antes de ir a votar.

Hasta ahora el PP ha frenado todos los intentos de revelar sus identidades pero, con su mayoría absoluta pendiendo de un hilo y a la caza de posibles pactos, si le pedimos al resto de partidos que se nieguen a apoyarles en ninguna investidura a no ser que hagan públicos los nombres, podemos forzarles a abrir la caja de Pandora.

Llegó la hora de decir basta. Irrumpamos en la campaña electoral con cientos de miles de firmas que fuercen a los partidos a elegir entre encubrir a los corruptos o representar a los ciudadanos. Firma la petición y pásala.

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N.d.M: Aún más importante que hace público el nombre de esas 705 public exposed person (y esta garantía no hubiera sido introducida en la legislación si Europa no hubiera forzado a ello), es soltarle la correa y el bozal con que Hacienda mantiene a sus técnicos e inspectores, y dotarles de medios para determinar el origen de ese dinero, si se trata sólo de una evasión fiscal de dinero obtenido legalmente, que no sería perseguible porque precisamente de eso se trata una amnistía fiscal, o si puede tener un origen ilícito, lo cual sí que podría tener consecuencias penales. Minorar la factura fiscal es sólo uno de los motivos para evadir capitales.

Y, en la persecución del delito ¿por qué centrarnos en esos 705 personajes políticos y no en la lista completa de 30.000 defraudadores fiscales?

18 mayo 2015

El miedo

Filed under: economía — Mendigo @ 11:28

Hay dos aspectos del Estado del bienestar que son tratados, uno como algo accesorio, y otro completamente olvidado.

El primero es el tema de las guarderías. Se ha dicho muchas veces que son una necesidad para el acceso de la mujer al mercado laboral, lo cual comporta la independencia económica imprescindible para que su emancipación no quede en un conjunto de derechos sobre el papel, hueros de contenido (como proclamar el derecho a la vivienda con alquileres por encima del SMI). Queda muy bonito tener el sistema patriarcal todo el rato en la boca, pero no destinar recursos a derribar aspectos clave que lo perpetúan, como facilitar el acceso a anticonceptivos o ampliar la red pública de guarderías, ambas cuestiones dejadas en manos del mercado.

Es ridículo pretender que unos padres paguen por una plaza en la guardería una cantidad equivalente a un salario, porque para eso, se queda uno de los dos en casa cuidando de su hijo. Y, al final, todos sabemos que en la mayoría de los casos cuál de los dos acaba aceptando ese rol.

En realidad, el sistema de guarderías no me gustan, porque son aparcamientos de niños, frecuentemente masificados para maximizar beneficios, donde campan los virus como Pedro por su casa. Entiendo que en las primeros años de vida se requerirían grupos más pequeños, de 6 niños a lo sumo. Y en este periodo es cuando la presencia de sus padres es más importante, para formar los lazos afectivos que deberán acompañarlos toda su vida. Así pues, yo propongo otra alternativa, en este caso concreto quizá preferible a la provisión de un servicio público y, desde luego, a la iniciativa privada. La alternativa es la economía social, entre pares, asociativa o como le queramos llamar (que no es la panacea, para otras cosas soy muy estatista, no se opera una teleco o un ciclo combinado entre un grupo de vecinos).

Propongo el ejemplo que tengo en la cabeza: un grupo de cinco padres se juntan para que, una vez al día, uno de ellos (no considero aquí familias monoparentales, para no liar los cálculos) se ocupe de los hijos del resto del grupo, además del suyo. No se necesita infraestructura nueva porque se utiliza el domicilio de cada uno, al que los otros padres (que pueden ser un grupo de amigos del barrio, vecinos…) llevan a sus críos. Cinco parejas, cinco días laborables, dos turnos de mañana y tarde, las cuentas casa solas. Sólo habría que tocar un poquito la ley para que todo trabajador con hijos que aún no estén en edad escolar, libre durante un turno a la semana. Y, por supuesto, esta libranza debe ser forzada, no puede existir un derecho preceptivo, que el trabajador tenga que solicitar para acceder a él: porque con el empleador no se negocia, y menos con un 22% de paro. Este aspecto es fundamental, o todo lo anterior no sirve de nada, y llegamos a la payasada que tenemos hoy en día, que no hay trabajador varón que coja el permiso porque eso supone quedar marcado para la próxima renovación del contrato. Y, al final, se acaban perpetuando los roles de la mujer en casa cuidando de la prole y el hombre, ganando el sustento de la familia fuera de casa.

El ahorro para los padres es tremendo, además de tener a su hijo mejor atendido (no es lo mismo bregar con 5 niños que con 15), con personas de su entorno de confianza. Basta del Estado el pequeño empujoncito legislativo comentado (insisto, forzosamente igualitario) y, a lo sumo, desarrollar un portal para establecer contactos con otros padres del barrio (una especie de Amovens para los críos, que vendría a ser la versión electrónica del papel en el tablón de anuncios de “se busca compañero de piso” o “se busca bajista para grupo”).

Relaciones económicas descentralizadas, sin necesidad de intermediarios, el concepto del P2P del eMule, el BitTorrent o el BitCoin aplicado al mundo real. Suena moderno, pero es volver a nuestros orígenes, como se hizo siempre: oye, vecina, mírame un poco por el crío que tengo que ir a… Fomentar las relaciones sociales, recuperar el tejido vecinal destruido por el capitalismo.

Bueno, y ahora vamos al otro cabo de la madeja, ya cerca de la dama de las tijeras. Si decía que el tema de las guarderías se le da menos importancia de la que merece (importancia presupuestaria, se habla mucho, sobre todo en campaña, pero…), hay un tema que no merece ninguna atención: los asilos. Podéis usar el eufemismo que queráis, el tecnicismo de geriátrico, o el requiebro políticamente correcto de residencias de la tercera edad… Aparcamientos para viejos.

En un mundo que exalta la juventud, los problemas de los ancianos son sistemáticamente relegados, su mundo de incomodidades y preocupaciones está fuera de nuestro sistema solar. Y es un error terrible. Primero, porque son tan ciudadanos como el primero de nosotros, hay que recordar esta obviedad (y es un error de enorme trascendencia política, como todo estratega electoral sabe, porque los abueletes son una tremenda fuerza electoral). Pero es que, además, es un craso error económico, ya que en las últimas cohortes etarias es donde se concentra buena parte del capital (si preferís llamarlo ahorro, en la neolengua…). Los yayos, son un sujeto económico de primer orden, y así lo han entendido los bancos colocándolos en el centro de la diana para venderles su basura tóxica (preferentes, deuda subordinada, fondos de renta fija…).

Hay otros que también han comprendido el filón aurífero que se esconde tras ese sector de la población tan poco fashion: los empresarios de asilos. En Ourense sólo hay dos negocios que prosperan, y suelo traerlo a colación: uno, es una cooperativa alimentaria, Coren. ¿Y cuál es el otro? Una red de asilos, propiedad de la Iglesia, la fundación San Rosendo.

Galicia es el geriátrico de España, somos el país con la natalidad más baja o, por ejemplo, con menor penetración de Internet.

Dos y dos son cuatro, en la zona más envejecida de la península ¿cuál es el mejor negocio? Además un negocio muy estable, con una clientela segura (igual que los tanatorios, otro latrocinio aprovechándose de la debilidad ajena) y que, además, no se ha visto apenas afectada por la crisis, con ingresos recurrentes (aunque, en el largo plazo, irán perdiendo poder adquisitivo, piensan cocer a la rana a fuego lento, porque saben que, eso sí, con su pensión no se juega y los yayos pueden liarla parda electoralmente si la sisa se hace sin cuidado).

Si los zampabollos que aparecen en las banderolas electorales se dignasen a hablar con los ancianos, en vez de repartir sonrisas Profident y abrazos de Judas en campaña electoral, podrían enterarse de cuáles son sus inquietudes. Y no es inquietud, sino miedo, terror: a quedarse solos e inválidos. La gente que ahora es vieja (vieja, no mayor, coño, vieja, ya está bien de hacerle liftings al idioma) ha vivido una España muy puta (sí, he dicho puta, el que ponga p*** es gilipollas perdido). Esta gente, sobre todo en el rural, pertenecen a una cultura ancestral en la que había que tener hijos, porque eran ellos (en especial, la hija más joven) los que cuidarían de ti cuando ya no pudieras valerte por ti mismo. Los hijos, en la cultura tradicional, aquí y en las antípodas, son el seguro para la vejez. Y estos viejos, tienen en su mente grabada la penosa estampa de un viejo sin parientes, de una vieja solterona que tuvo que estar trabajando el campo, saliendo con las ovejas o cargando leña hasta el día de su muerte. O, cuando el cuerpo ya no daba más que para arrastrarse, vivir de la generosidad de los vecinos (que siempre es limitada), como un estorbo, o mendigar.

Debemos entender esto: los que ahora son ancianos han aprendido que un viejo sin recursos, sin amparo, es el horror supremo. Es vivir y morir como un perro. ¿Y cómo se protegen de este miedo? Ahorrando, ahorrando compulsivamente, ahorrando patológicamente.

Y no sin razón. ¿Sabéis cuánto cuesta una plaza en una residencia privada? ¿Sabéis cuál es el plazo para ingresar en una residencia pública?

Los ancianos viven sometidos al terrorismo de la soledad y el desamparo, y se protegen acumulando (en casos extremos, se desarrolla el complejo de Diógenes), pero este exceso de ahorro implica un consumo que no se realiza. Si la vieja, pudiendo comprar carne, compra macarrones, no sólo sufre ella de una mala dieta pudiéndose permitir otra mejor, sufre el carnicero, y el ganadero, y el productor de piensos…sufrimos todos. Esa constricción artificial del consumo en unas franjas de población que, además, son las que tienen mayor capacidad de gasto, deprimen la economía. Los ancianos, los primeros que viven en privaciones voluntarias por el terror a tener que ir a una residencia y que, por mala fortuna, tengan una vida más larga de lo habitual y se les acaben los ahorros antes que el aliento.

Y ese terrorismo muchas veces es aprovechado por la familia, más si es política, para quedarse con la pensión del abuelo a cambio de la manutención. Y se ve como algo normal despojarle de su independencia económica, que el anciano entrega gustoso por vivir en la ilusión de sentirse cuidado, querido y respetado, cuando en ocasiones es como tener una vaca en casa, que incordia, pero mientras viva, da leche.

Esta es la pesadilla cotidiana de millones de ciudadanos, ¡españoles! y nadie, ningún partido (y mucho menos los partidos de la gente joven, conectada, urbana) quiere atender ni dar solución. Por mucho que las consecuencias de este miedo repercuten, como digo, en toda la sociedad.

Y aquí no se me ocurre mejor solución para acabar con el terrorismo de empresarios aprovechados y sanguijuelas familiares que la provisión por parte del Estado de una red de asilos (geriátricos, me la pela) junto con un servicio público de asistentes domiciliarios profesionales (porque con el buenismo de ZP, lo que hacía era embolsarse la familia la ayuda, además de la pensión, y la mujer en casa, cuidando de los viejos, cuando ya por fin dejó de cuidar a los hijos). Porque donde mejor está un viejo, si puede ser, es en su propia casa. Los ancianos odian los cambios, a esos años perder los referentes, espaciales de su propia casa, dónde tienen sus cosas, afectivos del contacto con los vecinos, es la antesala del camposanto. Muchas veces, con una pequeña ayuda, podrían estar perfectamente en sus casas (objeto de deseo de los familiares y de especulación de los bancos con las hipotecas inversas, artimaña nauseabunda para hacerse con activos inmobiliarios a buen precio). Y, cuando la dependencia sea severa, en instituciones donde la atención pueda ser más eficiente.

Si el Estado se compromete, anclándolo en la Constitución, a proveer estos servicios de forma universal y gratuita (con la Sanidad y la Educación, coincido con Bambi que es la otra pata del Estado del Bienestar, pero para ello hay que proveer de fondos y de infraestructuras, porque hablar es gratis), desactivaremos ese miedo al desamparo que atormenta y condiciona a nuestros ancianos. Entonces, serán libres de disponer con mayor largueza de su pensión, de lo cual nos beneficiaremos todos, empezando por ellos mismos.

Es lamentable que los ahorros de toda una vida de privaciones, se los quede la organización más hipócrita que ha existido jamás.

Gracias a nuestro descuido, el catolicinismo sigue controlando los dos extremos de la vida de las personas, su infancia donde hacen negocio propagando el veneno de la culpa, labrando el dogma en la madera verde; y su senectud lucrándose con la desidia del Estado para con sus ancianos y, con un poco de maña, doblegando su voluntad para que voten al partido que respalda sus mañas, o vayan al notario a declararles herederos. Dejamos que la Iglesia Católica extienda sus tentáculos sobre los ciudadanos que están en mayor situación de desprotección intelectual y emocional: un error mayúsculo, histórico. De nuevo la derecha demuestra tener más visión de juego, un sentido estratégico del que la izquierda borreguil carece.

15 mayo 2015

Basura electoral

Filed under: Uncategorized — Mendigo @ 19:13

moneda PP

Yo no soy nadie, pero de tener un poco de responsabilidad en un partido, arrastraría al responsable de comunicación hasta la guillotina.

Vamos a ver, tienes un espacio de papel de axb centímetros, y lo pierdes poniendo el rostro de un capullo? Quizá sea el único momento en que ese elector va a recibir información directa, no filtrada por los medios del poder, de tu partido…y tú desperdicias ese momento con una mala foto de alguien muy poco fotogénico? Joder, aprovecha ese espacio de papel para transmitir unas ideas, unas ilusiones. No digo que te pongas con la demostración de las ecuaciones de Navier-Stokes, cosas sencillas pero bien hiladas. A ver ¿qué propones? Sí, ser muy honrado, trabajar mucho por el pueblo, todos somos una gran familia y toda esa hostia. Pero en concreto, que la gente no es tonta y ya está de vuelta y media de esa palabrería de políticastro. A ver, en tu pueblo ¿qué ofreces a tus convecinos? Tienes una hoja por las dos caras para convencerle, con un texto que invite a leerlo a gente para la que más de dos líneas es un “ladrillo”. Es un reto, por supuesto, pero habrá que afrontarlo: reclama su atención, capta su interés.

Lo mismo, con los carteles electorales. A santo de qué poner el careto de alguien? ¿Acaso sus rasgos faciales pueden trasmitir algún tipo de mensaje político, sugerir una adhesión incondicional al leader? A mí lo que me sugieren es ¿quién tiene a mano un bate de baseball?

En vez de caretos de lameculos, llenar el cartel de ideas; ya está bien de mesianismos. Los principales puntos de tu programa de gobierno, uno, dos, tres. Puede haber varios tipos de carteles, así además llamas la atención del personal, por encontrar las variantes. Pero con contenido, nada de slogans vacuos, intercambiables, que a nada comprometen con la ciudadanía.

Primera idea a transmitir: no somos un candidato, sino un equipo de gobierno. Y da igual que seamos guapos o feos, cojos o mancos, lo que importan son estas ideas. Si te convencen, nosotros nos comprometemos a defenderlas y llevarlas a cabo. Eso ya es algo más respetuoso con el votante, ya podría tolerarse la generosidad léxica llamándole democracia. Pero llenar de retratos de baldreus (por cierto, quizá este insulto gallego tenga origen catalán) las farolas de todos los pueblos y ciudades? ¿Qué es esto, una revistilla de moda? ¿Una página de contactos? ¿Un espacio público está para esa demostración de poder del régimen partitocrático? Esa contaminación del espacio público con las efigies de los hombres de Estado es propia de regímenes totalitarios. En una Democracia sólo hay un protagonista: el pueblo.

Y luego hablan del feísmo gallego; pues lucen de cojones, las calles, engalanadas con los jetos de los principales lambequiricas del lugar.

Si aún se tratase de una manifestación de “yo doy la cara”. Pero es falso, esa gentuza es absolutamente irresponsable de sus actos. Llega a la alcaldía, hace y deshace, urbaniza todo lo urbanizable, y luego se larga. En todo caso, ya arreará el que le suceda como candidato del partido. Pero es lo mismo, porque la gente perdona, porque é der Beti manque pierda. Manque pierda, manque defraude, manque malverse, manque prevarique… Pero las privatizaciones de servicios públicos quedan firmadas, condicionando la autonomía municipal durante décadas. Y las recalificaciones, y las licencias de obras…Los alcaldes vienen y se van, pero las consecuencias permanecen ¿Vuelve el alcalde parásito, pasados unos años de su salida, a dar la cara por sus acciones? Y una polla, se va con los bolsillos llenos a un buen puesto en la capital, por los servicios prestados.

En otros lugares de Europa el asunto es más civilizado: hay un lugar de la villa donde se ponen unas planchas metálicas, y ahí los partidos pegan sus carteles. Y punto. Nada de empapelar la ciudad con su basura. Un ahorro para la ciudadanía, que paga toda esa publicidad y luego tiene que volver a pagar su limpieza. Si quieres verlo, vas a esa plaza (suele ser el punto central de la villa), y si no, no te fuerzan a verlos, por uebos, hasta en la sopa. Un respeto.

¿Y sobre los coches con megafonía? Eso es una violación de domicilio. Estás en casa, en la calle, en el curro y por cojones tienes que recibir su mensaje, violentando tu voluntad, quebrando tu concentración. Claro, se sirven de que las orejas no tienen párpados. No es en modo alguno elegante esa intromisión en tu intimidad, esa sacudida en el hilo de tus pensamientos con sus estribillos estridentes y proclamas para deficientes mentales. No merecen más que una pedrada. Una lluvia de ellas.

La gente está ya harta de este circo, que paga aunque no tolera, y la respuesta de los partidos, de todos, es dos tazas más. ¿Tratar a los ciudadanos con respeto, como personas que saben leer y escribir? ¡Qué va! Seguimos poniendo el careto del cacique y el logo del partido, para que no se equivoquen a la hora de meter la papeleta. De las ideas, qué va a entender el pueblo. Eso es cosa de los prohombres, de los elegidos; no de la clase de tropa, que decía el santo fascista.

14 mayo 2015

Ni de izquierdas ni de derechas

Filed under: política — Mendigo @ 13:17

Os comento mi dilema, a ver si entre todos podéis darme algún consejo.

Estoy empadronado en una villa gallega y, como habitualmente no resido en ella, he pedido el voto por correo (recuerdo que sólo son las municipales, en Galicia no tocan autonómicas hasta el año que viene). Me llegan cuatro papeletas de tres opciones políticas, el PP$O€, el BNG y los de Podemos bajo la marca “Son de …”. ¿Y ahora, qué hago?

Habida cuenta que mi actividad política es mucho más amplia e importante que el parco valor que puede tener el papelito que meta en un sobre, no es un tema que me reste horas de sueño. Ahora bien, mi responsabilidad me lleva a no tomarme ese infinitesimal y delegada participación en la res publica a la ligera.

Os cuento por qué pagos vagan mis tribulaciones y me comentáis.

Cuando me pasé por el pueblo, tenía en el buzón propaganda del BNG, que venía a ser un cartel con el careto del candidato a tamaño natural, a la usanza de con los que las pre-adolescentes gruppies empapelan su dormitorio. Pero no se trataba de ningún jovenzuelo saltimbanqui sino un jeto de papahostias que ni su misma madre soportaría a más tamaño que el de una fotografía de carnet. El reverso del cartel eran cuatro obviedades con exuberancia tipográfica y ninguna sustancia, perfectamente intercambiables entre todas las fuerzas políticas. La profundidad de pensamiento político no va más allá del slogan, quien pretende mucho abarcar…

No es sólo que me parezca un desfilfarro de recursos ofrecer como reclamo electoral la efigie de un candidato que no sólo es positivamente feo, sino que además su espejo del alma devuelve una imagen de alelado bobalicón. Si ése es su único argumento electoral, es el mejor argumento para escoger cualquier otra opción, incluso la del suicidio. Pero es que además esa publicidad, digamos, iconográfica, ausente de contenido, al margen de ser visualmente distópica, tiene un trasfondo mucho más aciago: no es un candidato, al margen de su cara de tonto, que pide el voto para unas políticas concretas, las cuales se compromete en impulsar. No. El único argumento electoral es el propio candidato, libre de ningún compromiso electoral, en cuya figura tan incorruptible como el brazo de Santa Teresa debes depositar ciegamente la confianza, junto con la parte no exactamente alicuota de soberanía que el sistema electoral te concede.

Esto es lo opuesto a mi ideal de democracia: yo no quiero votar tipiños sino políticas: Democracia directa. Ya soy mayorcito para ser consultado de las decisiones que me atañen, y si cualquiera de los palurdiños que se presentan como candidatos pueden comprender las implicaciones de una votación, yo también. Este sistema de oligarquía representativa me obliga a elegir tipiños que se comprometen con unas determinadas líneas políticas. Pero el sentido de las campañas electorales es eliminar cada vez más este residuo de legitimidad del sistema, planteando la elección en términos personalistas, en el cual el ciudadano confía en tal o cual leader que, luego él, ya determinará las líneas políticas a seguir en cada momento, debido a esa gracia divina con que son bendecidos los candidatos por el hecho de serlo (en Francia hay toda una mitomanía en torno a los élus).

Fuera ataduras, quememos en la plaza pública los sostenes de las ideologías. Labor que lleva desde hace años, muchos, haciendo el BNG y por la cual me había convencido de nunca, jamás, volver a votarles. El BNG es el penúltimo capítulo de la eterna trampa de la izquierda: un partido recaba un significativo apoyo del electorado obrero y, una vez que se ve subido a la escalera, ve más cerca llegar al poder. Pero para tocarlo, tiene que hacer equilibrios para alcanzar el centro, lo cual le obliga a alargar medio cuerpo fuera de la escalera, a la derecha. La conclusión de esta maniobra es invariablemente la misma: en cuanto su cdg sale de la proyección en planta de su base de apoyo, el partido en cuestión se paga un hostión desde una altura respetable. Esta ley de la escalera es de aplicación universal, al menos entre los partidos de izquierda. Organizaciones de derecha, como la Iglesia Católica, no sufren esa maldición debido seguramente a que tienen el centro de gravedad muy bajo, al nivel de las emociones, y pueden funcionar como un tentetieso, como en la genial caricatura de Fontdevila.

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Vale, al BNG fijo que no, eso lo tenía claro desde mucho tiempo antes que ver su insultante propaganda (al menos mi inteligencia se siente ofendida) y la cara de pasmón de su prohombre. Pero entonces ¿qué o a quién? Una desgastada AGE, la unión de Esquerda Unida con ANOVA, decidió no presentarse a las municipales con marca propia para apoyar, para luego retirar su apoyo, a candidaturas de unidad popular (un gallinero). Algo del voto indignado ya lo quiere rebañar el BNG añadiendo a su nombre “BNG-asambleas abertas”, por mucho que esta formación política sea completamente ajena a estas candidaturas. Pero el 15M vende, más que las camisetas del Che, y todos los grupos con poca o ninguna vergüenza tratan de hacerse un “lifting indignado”, aunque sólo llegue al nivel de sus siglas en la papeleta (lo de IU con la usurpación de la marca Ganemos ya llegó a niveles de desvergüenza olímpica).

Los de Podemos en esta villa se presentan bajo la marca de “Son de ….”, ante la negativa de la dirección a prestar su marca a recién llegados. Tras leer el programa, lo primero que se me vino a la cabeza: ¡qué sabia decisión, coletas! Bien debía saber la dirección la clase de manolos y visilleras que estaban entrando por oleadas en el partido.

Por supuesto, no quiero generalizar y habrá candidaturas (supongo que en las capitales y villas más grandes) mejor pergeñadas y con buenos cimientos. Ahora bien, en la que me toca, el programa electoral es un completo despropósito, en el que las copiosas faltas de ortografía son sólo la muestra del contenido y del nivel con que ha sido redactado (un compendio de ocurrencias, según se les iban iluminando la bombilla a uno u otro). Como muestra un botón. ¿A qué partido pertenece un candidato a la alcaldía que, cuando es entrevistado para la prensa, responde: “Nuestro programa electoral tiene como finalidad la colaboración con el empresario de la comarca, facilitando las gestiones de exportación y crédito, así como la puesta en marcha de más políticas económicas que apoyen e incentiven el emprendimiento“? Tanto por la fraseología como por las patadas al diccionario, se revela como evidente candidato del PP. ¿Ah, no? Entonces, ¿un pequeño empresario del ultraliberal Ciudadanos? ¿Tampoco? No sé, de Vox, de la CEOE, de la cámara de comercio… Pues no, así presenta el programa el candidato a la alcaldía de la marca de Podemos, un partido de la izquierda radical, que cuenta por embrión a Izquierda Anticapitalista.

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Ciertamente, hacen honor a su divisa. No son de izquierdas ni de derechas: son, simplemente, gilipollas.

Y en esas me encuentro. Antes que votar a esta caterva de gañanes, voto al PP$O€; al menos con éstos el daño es limitado (ya aprendimos de Einstein que sólo hay otra cosa infitita, junto con el Universo). Como evidentemente no voy a votar al enemigo, sólo me quedan como opciones votar a un BNG que hace tiempo que dejó de ser de independentista de izquierdas, para ser meramente un partido galleguista. Y ya es triste que no haya una sola candidatura netamente de izquierdas, no ya revolucionaria o rupturista, sino meramente lo que conocemos convencionalmente por “izquierda”.

Otra opción es hacer la gracia, como hice en las últimas generales. Es, desde luego, la opción más inteligente, pero es que me da pereza currarme otra broma para, total, acabar en la papelera, sin ninguna consecuencia ni recorrido. Por lo demás, puedo votar en blanco o, simplemente, no votar, pero también me jode después de haberme molestado en pedir el voto por correo.

Así pues ¿Qué hago? Pido vuestro consejo, y quizá con vuestras reflexiones pueda yo tomar alguna decisión. O no. En realidad poco importa la decisión, lo relevante (políticamente relevante) son en sí las mismas reflexiones, aunque sean estériles de consecuencias.

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Y después de este rollo, un poco de música para animar el cotarro. Esta cinta la tenía en el coche cuando vivía en Madriz y siempre la ponía cuando empezaba a remontar las primeras rampas de Guadarrama, de noche, escapando del agujero de cemento y hormigón.

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