La mirada del mendigo

20 noviembre 2017

Tesladas

Filed under: automoción,energía — Mendigo @ 1:38

La sociedad moderna ya ha santificado a Steve Jobs, y no sé si esperará a que Elon Musk se muera para subirlo a los altares. Por supuesto, no seré yo quien quite mérito a su contribución para el progreso de la humanidad, ambos codescubridores de la sopa de ajo.

Como no puedo criticar como se merece a Jobs, ya que no quiero que la Santa Inquisición me acuse de un delito de odio (no, yo no, yo soy todo amor, señoría), me desquitaré con Elon Musk aprovechando que aún está vivo.

Hace pocas semanas, era noticia la JV entre Tesla y el fabricante danés de aerogeneradores Vestas, para realizar un proyecto conjunto en Queensland en el que la energía producida por los molinos (y una cierta cantidad de paneles solares) será almacenada en baterías aportadas por Tesla. El paquete de baterías será de 4 MWh del tipo ión-litio.

Esta noticia se ha recibido en la comunidad magufa con júbilo exultante. Lamento ser yo el encargado de retirar el ponche en medio de la fiesta (ponche es un decir, esos se meten cosas mucho más duras, para decir tantas gilipolleces). Bueno, no es verdad, no lo lamento: me encanta pinchar sus burbujitas.

Lo primero que me choca es ¿por qué emplear las carísimas baterías de litio en aplicaciones estacionarias? El litio es un material ineludible en aplicaciones móviles (desde smartphones a vehículos) ya que, si repasamos la tabla periódica, es el elemento metálico con menor número atómico y, por lo tanto, densidad. No hay más que rascar. Pero para aplicaciones donde el peso no es un problema, unas baterías de ión-sodio, o incluso las archiprobadas de plomo-ácido, serían una solución mucho más eficiente económicamente.

Porque ¿esto es rentable, no? Pues supongo que sí, pero a condición de que no haya más, y paso a explicarme. El sentido económico de este proyecto se basa en poder guardar la energía producida en horas valle, exiguamente remunerada, para volcarla en hora punta cuando la subasta inversa (ya está bien de pool) marca precios mucho más altos (el juego de la hidroeléctrica). Es el sueño húmedo de cualquier empresario eólico, que ve cómo sus molinos se ponen a girar por la noche, cuando apenas hay demanda y ésta es cubierta ofertando unos precios bajísimos; y sueña con una varita mágica que permitiese retener esa electricidad y volcarlo en el pico de la demanda, con precios mucho más altos. Y aquí ha llegado el gurú de las baterías, con su varita mágica de litio.

No tiene sentido energético (no aumentamos la producción) pero admito que sí económico (aumentamos la retribución para el empresario eólico).

La cuestión es que sólo mantendrá el sentido económico en tanto en cuanto no se generalice esta tecnología. De hacerlo, cada vez habría más MW disponibles para cubrir las horas punta, y esa oferta creciente bajaría el precio de las horas pico, aplanando la curva horaria de retribución y tirando al traste con el mecanismo económico que permite obtener rentabilidad de la idea de las baterías.

En suma, es una buena idea mientras a nadie más se le ocurra.

Por lo tanto, no es una idea con capacidad transformadora del sistema, sino sólo una patochada tecnológica más de Tesla.

Tesla que, antes que cualquier otra cosa, es un constructor de automóviles eléctricos, como todos sabéis. Esos coches mágicos que no contaminan y que permitirán seguir colapsando las calles de nuestras ciudades y salvaguardar el derecho fundamental de movernos de un lado para otro sin compartir el mismo espacio con la chusma que no tiene más remedio que hacinarse en autobuses y vagones de metro.

No contaminan porque, como todos sabemos, la producción de energía eléctrica es una actividad que no tiene impacto alguno en el entorno. Al menos así es en Magufolandia, planeta en el que habitan los apóstoles de la nueva religión téslica. Pero por un artículo de Público tengo conocimiento de un estudio del, mmmm, esperad que copie… IVL Swedish Environmental Research Institute que estima las emisiones imputables de CO2e al proceso de producción de una batería de litio en 150-200 kg/kWh.

El Tesla Model S se presenta con dos tipos de batería, una de 75kWh y otra de 100kWh. Tomando como ejemplo la grande, podemos concluir que su producción comporta unas emisiones hasta de 20 toneladas de CO2. Sólo la batería, a lo que habría que sumar el coste energético de una estructura fabricada en aluminio… Aún antes de empezar a funcionar conectada al coche, la batería ya es responsable de unas emisiones equivalentes a circular 200.000 km con un turismo diesel convencional (supongo emisiones de 100g/km, un Civic ya baja de esa cifra).

Al final, creo que voy entendiendo el concepto: el compromiso ecológico es para aquel que pueda pagárselo. Un certificado de enviromental-friendly que las empresas ofrecen al burgués que no le baste con tener más dinero que la media y demostrarlo, sino que quiere también que le sea reconocida su superioridad moral por aquellos que no pueden permitírselo. Para ellos, Elon Musk tiene el producto perfecto, el coche del triunfador pero con conciencia.

Cada vez me parece más absurda la época que me ha tocado vivir.

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19 noviembre 2017

Las consecuencias del magufismo nuclear

Filed under: energía — Mendigo @ 0:36

Siempre estoy quejándome de las estupideces que hacemos en España, pero esta vez son los alemanes los que están dando muestras de imbecilidad supina.

Y es que sólo hay que saber sumar para saber que algo no cuadra. Por un lado establece un calendario de cierre apresurado de todas sus centrales nucleares; por el otro, quiere hacer creer que pretende realmente iniciar la adopción masiva del coche eléctrico. Desde hace años ha hecho un esfuerzo ímprobo, el mayor del mundo en relación al tamaño de su economía, en la instalación de fotovoltaica (ya se ve lo morenos que están, de todo el sol que baña esas tierras). Y todo ello, comprometiéndose a una fuerte reducción en sus emisiones de CO2.

¿Ein?

En el mundo de la piruleta, todo lo anterior cuadra perfectamente. De hecho, es el modelo políticamente correcto que también piensa seguir el analfabeto científico que dirige la política energética francesa (impresionante capacidad de los gabachos de hacer el ridículo). Pero para cualquiera que sepa de política energética, lo anterior es una completa boutade, y para que esa ecuación pueda tener solución, sobra al menos uno de los términos. O no cerramos nuclear, o no generalizamos el coche eléctrico, o no reducimos las emisiones de efecto invernadero.

Es muy sencillo, cuestión de aritmética. Aquí tenemos la distribución del consumo de energía primaria en Deutschland:

Leyenda:
Steinkohle – hulla (carbón de piedra, literalmente)
Braunkohle – lignito (carbón marrón, en lengua kartoffel)
Mineralöle – petróleo (aceite mineral)
Erdgas – gas natural
Kernenergie – energía nuclear
Erneuerbare Energien – energías renovables
y la rayita gris, otras fuentes de energía.

El enunciado del problema es como sigue: tenemos que sustituir el sector azul de la tarta por otros, al mismo tiempo que eliminamos el rojo y reducimos el amarillo y, sobre todo, el gris y marrón (las térmicas de carbón son la forma de producir electricidad con mayores emisiones de CO2 por MWh asociadas, por detrás del gas y la biomasa). Con una condición más: del trozo verde, buena parte de las inversiones tienen que ir a la fotovoltaica. Y un último requerimiento: el sistema resultante, debe ser estable y cubrir en todo momento la demanda. 😛

¿Solución? Alemania acaba reconociendo que tiene que volver al carbón.

Pero vamos, es obvio. Tras el accidente de Fukushima, cuando Merkel anunció el cierre de sus nucleares, yo ya me dije para mis adentros “quemarán más carbón” aún sin acabar de leer la noticia. Para un ciudadano mínimamente informado, debería ser tan inmediato como resolver 2+2. No es que yo sea un sesudo experto en la materia, es de cajón, es pura aritmética.

Nos encontramos ante una falsa paradoja, y es que la pretensión (falsamente) ecologista de poner el acento en el cierre de centrales nucleares y la promoción de la fotovoltaica (al principio, también la eólica pero en cuanto empezaron a ver las grandes máquinas en los montes, también cargaron contra ella), ha conducido a un modelo más lesivo para el medio natural que el de partida. No es tampoco nada novedoso, no ha habido política energética más criminal con la Naturaleza que el empeño (falsamente) ecologista con la biomasa y los biocombustibles (una salvajada que ha provocado especulación y carestías con el maíz en América y la destrucción de buena parte de ecosistemas valiosísimos en el sudeste asiático para la producción de palma para que los europeos pudiésemos satisfacer nuestra conciencia “ecologista”).

Y es que ya estoy HARTO de una serie de organizaciones y movimientos, que se autodefinen como ecologistas, y no han movido ni un dedo para impedir la devastación que ha sufrido esta tierra. Por aquí, a los de Greenpeace, no se les ha visto el pelo, y pocos lugares habrán sido más machacados en todo el continente (salvo algunas asociaciones locales, como ADEGA, el resto de grandes movimientos ecologistas han ignorado casi completamente lo que estaba sucediendo en el noroeste peninsular, limitando su “lucha” a un comentario testimonial). Y, sin embargo, las fuerzas que les sobraban ignorando la catástrofe medioambiental de décadas de repoblación masiva de pinos y eucaliptos (con sus correspondientes incendios), las invertían tratando de política energética que, en el caso gallego, y somos un país exportador de energía eléctrica (menos nuclear, le damos a todo), representa una afección sobre el medio poco más que marginal (el mayor impacto es el de los embalses, en todo caso, pero en comparación con la repoblación de alóctonas y la barbarie incendiaria, es un problema muy menor).

He de reincidir en que la energía nuclear, de acuerdo a datos y no a prejuicios, es la tecnología de generación con menor impacto sobre el medio natural por unidad de energía producida; además de lejos, habría más discusión para elegir cuál es la segunda más limpia.

Y éstas son las consecuencias de la obsesión magufa de los ecolojetas por la nuclear: más carbón y gas quemado, más emisiones de CO2 (y eso, sin contar con el CO2 imputable a la fotovoltaica, que siendo un orden de magnitud menor a las anteriores, es la tecnología con mayores emisiones de entre las que no usan procesos de combustión). Siendo el cambio climático la amenaza más seria, por su carácter global, a la vida sobre la tierra. También la vida humana.

El P$O€ tiene más de socialista (o la Izquierda de Unida) que Greenpeace y análogos de ecologistas. Sólo sirven para distraer la atención y promover la incultura científica. Son parte del problema, y con su estupidez han empeorado la situación ambiental del planeta.

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16 noviembre 2017

Matando comunistas

Filed under: internacional — Mendigo @ 9:57

Quería compartir con vosotos unos pocos enlaces sobre el golpe de Estado del general Suharto y el subsiguiente exterminio sistemático de militantes del PKI (Partido Comunista Indonesio), en su tiempo el tercero más numeroso del mundo.

The Guardian – Indonesia, ese país que sigue luchando contra el comunismo
Revolución 3.0 – Espectros comunistas en Indonesia
Público – “En Indonesia matamos a todos los comunistas”
El Salto – Documentos confirman la implicación de EE UU en las matanzas de Indonesia en los 60
The Washington Post – 50 years ago today, American diplomats endorsed mass killings in Indonesia.

Y el par de documentales de Joshua Oppenheimer que han devuelto este capítulo convenientemente olvidado a la actualidad:

(Estremecedor ese corte de la televisión indonesia, con una guapa presentadora sonriendo complacida al mencionar el genocidio).

The Act of Killing
The Look of Silence
Disponibles ya subtitulados en la mulita.

Un reflejo deformado por la distancia de lo que 30 años atrás ocurría en España: las fuerzas conservadoras aliadas con el capitalismo local y mundial, identificando (correctamente) quién era su principal enemigo y exterminándolo físicamente. Tras lo cual, se sometió a la población a una intensa campaña de adoctrinamiento (en el cual la religión juega un papel determinante) para impedir que la planta volviera a rebrotar.

Así de peligrosa para sus intereses era la idea que portaban, que justificó regar el mundo con sangre para erradicarla. En España, en América, en África, en Asia.

La izquierda de hoy ni siquiera merecería ese tratamiento. Es tan poco peligrosa, que basta con azuzarle de vez en cuando la jauría judicial para mantenerla domesticada.

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14 noviembre 2017

Líbano: una nueva guerra más en ciernes

Filed under: internacional — Mendigo @ 16:37

Ya está bien. Hay que poner un límite a la ambición del heredero al trono saudí, y su propósito sectario de incendiar toda la región para minar la posición chií en aquellas sociedades en que cohabitan ambas ramas del islam.

El príncipe está actuando con Estados como actuaría con sus sirvientes, decidiendo quién sufre castigo y quién es recompensado. Siendo jugador principal en la política regional, Arabia Saudí está llevando a cabo una política criminal, moviendo sus fichas ajeno al dolor que causa. Desde envíar carros de combate para aplastar las reivindicaciones democráticas en el vecino Bahrein, a instigar y financiar la guerra en Siria (junto con Qatar y Turquía) y devastar con bombardeos el vecino Yemen. La monarquía saudí no tiene reparos en humillar al resto de pueblos de la región, manipulando sus gobiernos sin disimulo. El autoritarismo con que ha conducido las relaciones con Qatar (otro país de mayoría suní), que han conducido finalmente al bloqueo, reflejan el modo de concebir las relaciones entre personas y entre pueblos de los príncipes saudíes: vasallaje. Plegarse ante las exigencias del amo o desatar su ira. Incluso EEUU, en los tiempos de máximo poder de su imperio neocolonial, se mostraba más prudente manejando sus gobiernos títeres; no había necesidad de ofender gratuitamente los sentimientos nacionales de los pueblos que dominaba. Al joven príncipe, sin duda, no le han enseñado que los siervos tienen sentimientos.

Sin duda, no es sólo el gobierno familiar de los Saud, sino también el campeón chií, culpable de toda esta epidemia de odio sectario que está abrasando la región. Aunque mi desprecio por la teocracia iraní es mayúsculo, he de reconocer que están actuando con mayor prudencia (léase inteligencia) y generalmente de forma reactiva a los movimientos saudíes (intervención en Iraq y Siria para frenar la actividad yihadista patrocinada desde el Golfo, apoyo a las milicias hutíes en Yemen para contrarrestar la entrada del sofisticadísimo ejército saudí en la contienda). El final de la gerontocracia saudí ha supuesto un cambio de estilo acorde a la personalidad de niñato despótico del treintañero que ha acumulado todo el poder del reino. Por ahora, cuenta casi todos sus movimientos por derrotas (podemos sumar como victoria el contragolpe del general al-Sisi y la deposición de Morsi, de la Hermandad Musulmana), pero el coste de sus derrotas como de sus victorias lo ha sufrido la población árabe, en forma de guerra, muerte, destrucción y una libertad que cada vez cotiza más bajo en la región.

En cualquier caso, más allá del ahora vano esfuerzo de imputar culpas entre tanta barbarie: debemos exigir que se impida, por todos los medios posibles, que se inicie otra nueva guerra en el Líbano. Si es necesario, con la intervención de fuerzas de interposición de la ONU. No podemos consentir que conduzcan a otro país a la masacre, y la sociedad libanesa precisamente sólo necesita que le aproximen una cerilla. Las guerras hay que impedirlas antes de que se desencadenen, porque vemos en el caso sirio que tras cientos de miles de muertos, la salida cada vez está más lejana.

En cuanto al gobierno saudí, que más bien parece la reunión de una familia mafiosa en que los puestos se reparten en razón de parentesco con el padrino, debería forzarse un ultimatum internacional que, o deja de jugar a pirómano por el mundo adelante (incluyendo el adoctrinamiento de los inmigrantes musulmanes en Europa, desestabilizando nuestras sociedades) y se ciñe al gobierno de su cortijo, o será su reino quien se vea sometido a un embargo, además de confiscación de activos (participaciones en empresas y patrimonio inmobiliario en medio mundo) en concepto de reparación por todo el daño causado por su doctrina wahabita de odio sectario. Ya bastante hemos dejado que mangoneen el mundo esa panda de follacabras, gracias a ellos hoy un lugar mucho más peligroso y violento desde que el petróleo los encumbró a la posición de líder regional en los años ’70.

No está mal para una banda de camelleros analfabetos, pero esta vorágine de odio, guerra y muerte se debe terminar.

¡Ay! No, me había olvidado que son nuestros mejores aliados en la región.

Vaya con los líderes y lideresas del “mundo libre”, qué tino tienen eligiendo amigos…

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Más fotos del ambiente universitario del Kabul de los ’70, antes de que llegaran los “freedom fighters” y su énfasis en la religión de paz y amor, armados por USA y financiados con petrodólares saudíes.

Estudiantes de la Universidad Politécnica de Kabul:

Estudiantes de medicina:

Un parque en Kabul, en 1967, y cuarenta años más tarde:

En los ’70, la sociedad afgana estaba abriéndose al progreso, no más atrasada que otros pueblos que hoy están fabricando memorias RAM y paneles OLED. La guerra y el fanatismo religioso truncaron ese desarrollo y, tras dos generaciones que no han conocido más que la guerra, no hay futuro halagüeño para esa región del mundo. Hay que evitar por todos los medios que más pueblos caigan en esa espiral de odio y destrucción.

La guerra es el peor de los escenarios posibles, la generalización e institucionalización del asesinato. Y el islam, la mayor amenaza para la convivencia en el mundo tras la eclosión de los fascismos en los ’30; una ideología belicista, supremacista e intrínsecamente liberticida que debe ser combatida, denostada y relegada, como lo ha sido el fascismo (no antes de causar decenas de millones de muertos).

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Se os ha prescrito que combatáis, aunque os disguste. Puede que os disguste algo que os conviene y améis algo que no os conviene. Alah sabe, mientras que vosotros no sabéis.
Sura de la Vaca, aleya 216

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(more…)

12 noviembre 2017

Los beneficios de la normalización

Filed under: economía — Mendigo @ 0:10

Un apunte para ejemplificar la conveniencia de desarrollar un esfuerzo normalizador en todos los campos de la industria, del cual la sociedad tiene mucho que ganar.

Vamos a hablar de fotografía, así que para los iniciados en el mundillo os pongo en antecedentes. Las cámaras réflex, tanto las antiguas de película como las digitales, tienen objetivos intercambiables para adaptarse a las necesidades creativas del fotógrafo.

En el mundo de la fotografía hay una máxima: cambias de cuerpo, pero las lentes son para toda la vida. Pero no todas las lentes sirven para todas las cámaras: cada marca tiene su montura propia, con unas características de la bayoneta y una distancia planofocal concreta, distinta a las demás. Esta era una forma de crear clientes cautivos: un fotógrafo que empiece, por ejemplo, con Nikon, irá invirtiendo una cantidade de dinero respetable con una serie de objetivos para la montura F de Nikon. Cuando su cámara se rompa o quiera actualizarla, repetirá con otra Nikon ya que así podrá seguir usando las lentes que ya tiene, mientras que cambiar de marca implicaría un desembolso que va mucho más allá de un cuerpo nuevo: hacerse con otra nueva panoplia de objetivos.

Esta dependencia de una marca sería mala de por sí, ya que limita la competencia entre las marcas (muy mala tendría que ser el nuevo modelo de Nikon, para que el fotógrafo del ejemplo se plantease el salto a Canon, por ejemplo). Pero es aún más enojoso cuando la marca en cuestión abandona el desarrollo de cámaras de una montura, porque cambia de montura, o abandona el mundo de la fotografía (el que esto escribe fue propietario de una Olympus 4/3 que se pasó a una Samsung NX, sorprendente capacidad de ir pisando todos los charcos): el desgraciado fotógrafo se tiene que comer su colección de objetivos. Y estamos hablando de miles de euros en el caso de un profesional; lentes perfectamente válidas y funcionales que irán a la basura porque no pueden ser reutilizadas en monturas de otras marcas (no sólo por sus características físicas, sino porque hablan diferente “lenguajes” para comunicarse con el cuerpo.

Imaginemos una solución mucho más ventajosa para el consumidor: se reduce el número de monturas según el segmento: una para full-frame, otra para APS-C réflex, otra para mirrorless e incluso podemos proponer un formato para mini-mirrorless. Y ya está. Así, si un fabricantes de lentes (3rd party, Tamron, Sigma, Tokina…) quiere fabricar un objetivo, no tendrá que hacerlo en las distintas monturas, encareciendo el proceso de desarrollo y producción, así como el de distribución. Es más, el cliente podrá escoger un cuerpo Sony, y acoplarle un Nikkor o un Zuiko. Mayor libertad para el usuario, máxima competencia entre marcas en calidad y precio, precisamente lo que tratan de matar con su estrategia de crear ecosistemas cerrados de accesorios (en esto Apple es el paradigma).

Ésta sería la utopía de cualquier fotógrafo, ahora vamos a invertir las tornas y crear una situación distópica. ¿Qué hubiera sido de la fotografía si los rollos de película, y ahora las tarjetas de memoria, no hubieran estado normalizadas? Sólo podrías usar en tu cámara Pentax los rollos de película (o tarjetas de memoria) de la marca Pentax, o de terceras marcas que pagarían a Pentax un canon por producir carretes o tarjetas compatibles. ¿Cuánto costarían esos carretes y memorias? O si la rosca del trípode no fuera universal y tuvieras que comprar un trípode Panasonic (así como un teclado de Apple cuesta 150 napos). La afición y profesión fotográfica sería aún mucho más cara, y probablemente ni hubieramos dado aún el salto al digital por el enorme beneficio que seguirían obteniendo las marcas con las ventas de carretes.

Por supuesto, las marcas se echarían las manos a la cabeza (se les acaba el chollo) si las forzaran a ponerse de acuerdo para crear unas monturas normalizadas, y seguramente aducirían eso limitaría el desarrollo y demás chorradas (ya lo hicieron cuando la UE puso fin al chalaneo de los cargadores de móviles, y qué maravilla es poder cargar todo con el microUSB).

Algo tan sencillo llevo proponiéndolo años en el sector de la automoción, pero la normalización extiende sus beneficios incluso mucho más allá de la industria; no sólo los elementos físicos son susceptibles de normalización, sino aún mucho más los elementos de la comunicación, desde el CAN Bus de un vehículo a la presentación del balance de cuentas de un ayuntamiento en un formato concreto de hoja de cálculo (.ODS).

La normalización es una medicina en la que hay que medir bien la dosis: un exceso limita la innovación (sobre todo si no se va actualizando conforme avanza la industria, siguiendo el ejemplo, permitiendo otro tipo de montura más pequeña al desarrollarse el segmento mirrorless), pero su defecto también ralentiza el progreso (tecnologías propietarias caras que el público no se puede permitir adoptar, la informática sólo se popularizó con la llegada de los PC compatibles que rompió el monopolio de IBM) y no permite operar la economía de forma eficiente (la logística, con infinitas referencias de piezas de repuesto, se complica hasta el infinito). ¿Dónde estaríamos hoy en día si en el sXIX no se hubiera normalizado la rosca de los tornillos y tuercas? ¿Qué hubiera sido del Imperio de Roma, si no hubieran fijado algo tan básico como el ancho de vías de los carros?

Pero para ello se necesita un Estado (o supraestado) fuerte, que sea capaz de hablar con autoridad a la industria e imponerles unas normas comunes. Sin ellas, abandonados los ciudadanos al antojo de las empresas, somos burlados, intoxicados (en sentido literal), ordeñados…

La expresión ordeñado la oí por primera vez en un foro francés de usuarios de coches, en que un conductor decía que se sentía como una vaca lechera después de pasar por el concesionario para cambiar el embrague bimasa (1.300€) a un coche con 45.000 km. Y era la tercera vez que hacía el peregrinaje tras el fin de la garantía. El coche, un ecosistema cerrado en el que tras soltar la talegada que cuesta uno, tienes el honor de seguir soltando dinero en los talleres de la marca para cualquier pijada que se haya roto y sólo ellos tienen el repuesto (e incluso las herramientas de diagnóstico e información para sustituírlo).

Ciudadano vaca lechera, explotado como trabajador y exprimido como consumidor. Ciudadano-paganini, ciudadano-pringao.

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