La mirada del mendigo

24 septiembre 2016

200 personas

Filed under: automoción — Mendigo @ 17:15

Conducir un vehículo privado en un espacio urbano supone una apropiación indebida del espacio público. El que sea (taxi…), con la motorización que sea (eléctrico…).

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Por otra parte, hacer funcionar un motor de combustión en un entorno urbano es una salvajada. El que sea común y no nos extrañemos de compartir el mismo espacio con untubo de escape, no quita para que las consecuencias para la salud pública sean tremendas. Asumimos decenas de miles de muertes prematuras al año en Europa por el sacrosanto privilegio de una clase de poder moverse por la ciudad sin mezclarse con la chusma en el transporte público.

Los vehículos privados, fuera de las ciudades. Los motores de combustión, fuera de las ciudades, también en el transporte público. La movilidad urbana debe asegurarse por el transporte colectivo electrificado. Y adaptar el tamaño y configuración de los núcleos urbanos para privilegiar los desplazamientos a distancias humanas, que puedan ser cubiertos andando o en bici.

No empezar la casa por el tejado, subvencionando híbridos y poniendo peajes de entrada a las ciudades, matrículas alternas… lo primero es trabajar en materia de urbanismo y ordenación del territorio, en vez de dejar que las cosas sucedan por sí solas (la mano invisible del mercado).

Y los motores, para las carreteras, libres de EGRs que ensucian la admisión y FAPs que sólo sirven para engañar el día del test, pero que días más tarde, cuando están colmatados, descargan todo lo que han retenido en la cara del que va detrás. Liberar el motor de todas esos pegotes para que funcione de forma eficiente, para reducir el consumo y, por ende, las emisiones de CO2.

Igual que el perro tiene que esperar fuera del supermercado, el coche debe estacionarse fuera de las ciudades.

No es tan difícil. Y con el dinero que se ahorra no teniendo que asegurar la fluidez del tráfico de cientos de miles de vehículos entrando y saliendo de una ciudad a la misma hora, dotarse de un transporte colectivo que cubra las necesidades de los viajeros en ruta y tiempo. Una solución económica y energéticamente más eficiente.

15 septiembre 2016

A Galicia do PP

Filed under: política — Mendigo @ 20:23

Un bo resumo do modelo de país da dereita.

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Comentar esta foto daría para encher páxinas e páxinas. O fulano pretende escribir en castelán (a lingua seria, a lingua do poder), pero non sabe porque non é a súa…

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Tomadas ámbalas dúas nunha mesma aldea desa Galiza profunda na que están os cimentos da base social do PP (neste concello, 69% dos votos nas últimas xeráis). Desa Galiza cuxo voto vale máis do dobre có da Galiza urbana, e non por casualidade.

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O modelo de progreso que a dereita propuxo xa vai medio século para Galicia (no inverno, só quedan dous viciños nesta aldea).

Todo apunta que o PP revalidará goberno, coa inestimáble axuda de C’s (que ten a mesma xenreira pola cultura galega que un gato pola auga) coa maioría da cidadanía galega votando inequívocamente en contra dese goberno. É irónico como a burguesía españolista das cidades, por natureza demográficamente débil, rexe o destino de Galicia coa imprescindible colaboración da clase social que máis noxo lle da: o pailán de aldea.

Se non goberna a maioría é que goberna unha minoría. E a iso non se lle pode chamar Democracia. Neste caso, é unha palurdocracia.

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14 septiembre 2016

Datos son amores, y no buenas razones

Filed under: política — Mendigo @ 12:40

Como otras tantas veces, en los comentarios surgen debates tanto o más importantes como el tema principal.

Comenta O Toucinho:

 Tenemos que conseguir que la evaluación de una gestión esté más basada en datos cuantificables que en sensaciones sobre esos datos creadas con titulares de prensa.

 

Exacto. EXACTO.

Es una frase tan redonda que impresiona. Sólo le he encontrado un pequeño fallo. Le falta una palabra, que el autor por el contexto de la discusión da por sobreentendida. La frase completa sería “… la evaluación de una gestión política…”. ¿Por qué es importante esta palabra? Para remarcar que la gestión política es la excepción en la cual una gestión no está evaluada según parámetros técnicos.

Por ejemplo, en una empresa. El gerente se presenta ante los accionistas, y piden que avalen su gestión en este ejercicio y que le renueven su confianza… sin presentar unas cuentas auditadas. ¿Es esto siquiera concebible? Confiad en mi por lo guapetón que soy, os mando unas hojitas en papel couché con mi jeto y unas líneas generales para el ejercicio que viene, y lo pasado, pasado está.

¿Qué pasaría en esa situación? ¿Cuál sería el futuro de un CEO que se comportase de forma tan absolutamente irrespetuosa con los propietarios de la empresa? No duraba en el puesto ni un segundo, lo echaban a patadas de la empresa.

Algo más cotidiano. Un administrador de fincas que se presente a la reunión de vecinos sin presentar el balance de cuentas. Porque no es necesario, lo importante es la confianza que inspira con su porte distinguido y su gesto de campechana superioridad. Las cuentas están bien llevadas, todo está en orden ¿o acaso alguien se atreve a dudar de ello? Quizá en alguna comunidad cuele, pero por lo general, con que haya un vecino que no esté acomplejado y tenga un poco de mundo, ese administrador sale de la misma forma que el gerente del anterior ejemplo: a patadas.

Entonces ¿cómo es posible, por todos los demonios, que un maldito político se presente a la reelección, sea como alcalde, presidente autonómico o del gobierno central y no presente un documento con el balance de su gestión?

Por poner un ejemplo, ¿a mí de qué me sirve ver que el alcalde de mi pueblo ha realizado tales obras (es lo único que saben hacer los alcaldes, ni siquiera se les ocurre que con el presupuesto se pueda hacer otra cosa), si no viene acompañada del dato de cuánto ha endeudado al consistorio para realizarlas?

Un equipo de gobierno que entre y se encuentre con una deuda desorbitada, si tiene dos dedos de frente, procurará generar superávit para reducirla antes que ahondar en el hoyo y endeudarse aún más. Pero claro, eso quedará en los vecinos como que “ése alcalde no hace nada, era mucho mejor el otro, que mira todo lo que hizo”. Esto es un incentivo perverso para el endeudamiento y el despilfarro.

Por eso, propongo que por ley, al final de cada legislatura, la administración saliente deba mandar una carta a todos los vecinos con un modelo normalizado en el que consten las principales obras realizadas, la empresa adjudicataria y su coste. El balance contable y su variación en esa legislatura (si la deuda ha crecido o ha menguado, desglosándola en deuda comercial, bancaria o titulizada). Y un sucinto desglose por partidas de la cuenta de ingresos y gastos (transferencias con el Estado, recaudación, nóminas, inversiones, suministros, intereses y amortización de deuda…). Que los vecinos se acostumbren a corresponsabilizarse de un patrimonio público que es también suyo, y que tiene efectos directos sobre los servicios que disfruta y los impuestos que paga.

Y el ciudadano que tenga interés en una partida, anotación contable o adjudicación en concreto, que pueda entrar en la página de la administración en concreto y encontrar allí toda la documentación, hasta del último bolígrafo comprado. Estamos en el año 2016, la contabilidad hace años que está informatizada. Los datos de los organismos públicos deben ser públicos. Hasta el último céntimo de dinero público debe ser rastreable. Todo en modelos normalizados para facilitar la auditoría ciudadana, y obligado por ley para cada ejercicio de toda administración o empresa pública.

ESTO SÍ QUE ES DEMOCRACIA. Sin información, sin debate sobre unos datos concretos, no puede hablarse de Democracia sino concurso de popularidad del instituto, que es exactamente el circo que tenemos ahora.

Al final, se basa en una cuestión de respeto. La clase política nos ha perdido el respeto, o más bien nunca nos lo ha tenido, heredera de aquélla que gobernaba sin pedir cuentas. No se consideran nuestros empleados a los cuales confiamos la gestión del Estado, sino que se siguen creyendo los elegidos por Dios (y ahora también, por el pueblo) para gobernarnos.

Esto debe cambiar. Debe quedar meridianamente claro quién es el soberano, quién sirve a quién. Todo candidato debe presentar un currículo completo, en el que conste algo tan básico (especialmente para el gobierno central) como el dominio de idiomas extranjeros. Hasta para el puesto de último pelagatos se piden al menos inglés, y hay ofertas de trabajo que piden bilingüe en dos idiomas y con conocimientos de un tercero, para un sueldo de 800€ (verídico, visto con estos ojitos que se han de comer la tierra)… y se puede gobernar la 12ª mayor economía del mundo, con un presupuesto superior al cuatro de billón de euros… sin idiomas y sólo con una licenciatura en derecho. Con ese currículo, muchos no pueden aspirar más que a reponedor de supermercado. Muchos que no tengan un papi Magistrado al cual la dictadura le debe un favor.

Por ley, todos los candidatos deben pasar un test de inteligencia, y hacer públicos los resultados en cada una de las áreas. Realmente, me interesaría ver los resultados de ese portento intelectual que tenemos como presidente, el administrador más joven de España, una memoria prodigiosa que en cuatro años de Vicepresidente del gobierno, 8 como candidato del PP y otros 4 como Presidente, no ha sido capaz de alcanzar siquiera una competencia lingüística B1 (el de un niño de Bachillerato) en inglés.

Como es obvio, la formación, la experiencia y la capacidad intelectual de los candidatos son datos cuyo publicación debería ser requisito imprescindible para que los ciudadanos opten por unos u otros para entregarles la responsabilidad del gobierno, sabiendo a quién están contratando.

 

 

 

 

 

 

12 septiembre 2016

Quo vadis Gallaecia

Filed under: economía — Mendigo @ 22:55

Hace un añito largo que publiqué un análisis de la evolución del peso de la economía de las diferentes CCAA en el conjunto del Estado español:

Fraga hizo mucho por Galicia: empobrecerla

Ahora, y con motivo de las próximas elecciones, quería centrarte exclusivamente en ella, usando al conjunto de España como benchmark o punto de referencia natural (a fin de cuentas, todas las comunidades comparten un mismo gobierno central).

Empiezo con el mismo gráfico que puse en aquella entrada, pero tomando sólo en cuenta Galicia en relación al resto de España.

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No puedo remontarme más atrás por la necesidad de contar con datos homogéneos. La interpretación creo que es evidente, se trata de calcular la participación de la economía gallega, medida por su PIB, en el conjunto de la economía española. Como me parecía una información relevante (y muy propensa a ser deformada por la subjetividad con que la ciudadanía trata estos temas) he añadido el partido en el gobierno en cada legislatura.

Hasta aquí, no hay opinión, sólo datos positivos. Las duración de las legislaturas es de público conocimiento, y los datos del PIB son ofrecidos por el INE. Me he limitado a hacer un cociente entre el valor gallego y el español, y expresarlo como porcentaje. Es irrefutable que la economía gallega ha perdido peso en el conjunto de la economía española. Ha pasado por periodos de euforia y de debacle económica como el resto de España pero, en el largo plazo, podemos concluir taxativamente que la economía gallega ha tenido un peor desempeño que el Estado del cual forma parte.

Es evidente que, habiendo disfrutado o sufrido el mismo gobierno central, el mérito o la culpa de la evolución diferencial habrá que buscarla en los timoneles que se han sentado en el Pazo de Raxoi, así como en la propia sociedad que parasitan.

Sobre este gráfico, quiero hacer una precisión: está falseado. La realidad ha sido mucho más dura e irá a peor. Y ahora, me explico: la base económica de Galicia, con una población tan envejecida, son las pensiones. Y las pensiones no muestran ningún comportamiento diferencial con el resto de España y, de hecho, han sido un estabilizador (y en muchas familias, un salvavidas para varias generaciones) ante el embate de la crisis, que se hizo notar mucho más en aquellas zonas con mayor actividad económica en las cuales fue más acusada la pérdida de empleo. Si prescindiéramos del cómputo de las pensiones en el cálculo del PIB, la pérdida de tracción de la economía gallega sería aún más evidentes.

Por otra parte, con la dependencia cada vez mayor de las pensiones, y la descorrelación de éstas con la inflación tramada por este gobierno (con una formulita tecnócrata como cortina de humo para ignorantes acomplejados), la consecuencia inevitable será que Galicia se empobrezca cada vez más.

Sin embargo, el PIB es sólo una medida económica estadística bastante contestada. Las consecuencias del progresivo debilitamiento de la economía gallega tienen una consecuencia cuya medida es incontrovertible: la población. Una economía anémica que es cada vez menos capaz de ofrecer un puesto de trabajo con condiciones satisfactorias para las nuevas generaciones que va dando esta tierra, es la causa principal de esta enfermedad crónica en Galicia que es la emigración: jóvenes cruzando el Padornelo o Pedrafita para labrar su futuro en otras tierras, un futuro que Galicia les niega. Igual que sus abuelos embarcaban en Vigo camino de las américas, hoy embarcan en Lavacolla o el Sá Carneiro camino de Londres, Bruselas, Hamburgo…

Galicia sufre una sangría crónica de sus mejores mujeres y hombres, las más arrojadas y capaces, que salen buscando unas oportunidades que aquí no existen, unos puestos de trabajo que la economía gallega no genera.

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Los gobiernos se suceden, pero la tendencia permanece ya que se trata de un problema estructural, de falta de un modelo económico que genere riqueza suficiente para que Galicia pueda mantener a sus hijos. Desde hace doscientos años la economía gallega va por detrás de su demografía, y la válvula de escape es la emigración. Y lo más terrible es que es un problema que se retroalimenta, pues los que parten son en su inmensa mayoría jóvenes en edad núbil, que formarán su familia allende los mares. Sus hijos ya no hablarán gallego ni celebrarán el magosto, y Galicia será sólo el lugar de vacaciones al que los llevan sus padres para que vean a los abuelos. Cuando éstos mueran, o los niños tengan edad suficiente para no tener que acompañar a sus padres de veraneo, perderán todo contacto con Galicia.

Una economía anémica es la principal causa de una demografía esclerótica, cada vez con menos nacimientos. Tenemos una de las tasas de natalidad más bajas del mundo, y no porque la tasa de fertilidad sea muy diferente al del resto de España, sino porque sencillamente hay una menor proporción de mujeres jóvenes.

Y ahora os presento el último gráfico, que a cualquiera con dos dedos de frente le debería poner los pelos de punta.

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La interpretación es también inmediata: el número de menores de 15 años, dividido entre el número de mayores de 65 años. La tendencia es pavorosa, cada vez menos niños, muchos menos que la media española (ya de por sí preocupante), y una mayor proporción de viejos (el 50% que hemos alcanzado quiere decir que ya hay dos jubilados por cada crío).

Ya no es sólo el evidente problema al que se enfrenta una sociedad con semejante tasa de dependencia, no ya la sostenibilidad del sistema de pensiones sino de toda la estructura económica, con una población activa cada vez más reducida teniendo que generar riqueza para mantener el edificio en pie.

Pero no, me refiero a algo aún más trascendental: ¿Qué futuro puede esperarse de una sociedad sin niños?

El envejecimiento de la sociedad gallega condiciona el carácter de la sociedad, menos dinámico y emprendedor, una sociedad conservadora y conformista. Somos el geriátrico de España, ya de por sí uno de los Estados más envejecidos del mundo. Esta sociedad achacosa es incapaz de adaptarse al ritmo de un mundo febrilmente cambiante, perdiendo comba en el mercado global y quedándose relegada económicamente, lo cual refuerza la necesidad migratoria de otra generación de jóvenes que tomarán la vía del exilio económico, quedando aquí los viejos y cerrando así la espiral a los infiernos de un país moribundo.

Esto es mucho más que un juego partidista. Por supuesto que debe apartarse al PP del gobierno gallego por una simple situación de dignidad y supervivencia como pueblo, pero no avizoro en el resto de programas de gobierno ninguna señal que me haga pensar en la posibilidad de revertir este fenómeno. El proceso de empobrecimiento –> despoblación –> envejecimiento –> empobrecimiento no se romperá con ocurrencias o acciones puntuales. Se necesita poner los cimientos de una nueva economía gallega basada en el conocimiento, el oro negro del siglo que hemos estrenado. El enunciado del problema permanece inalterable desde hace dos siglos: necesitamos generar la suficiente riqueza (y redistribuirla) para dar de comer a los que nacen en esta tierra, y aún tener un sitio que ofrecer a quien viene de fuera porque faltan manos, colmando de esta forma el boquete de nuestra pirámide demográfica.

Enunciarlo es sencillo, pero es un primer paso. La sociedad gallega ni siquiera ha dado este primer paso, satisfecha en su apacible agonía. Por otra parte, la mediocre clase política no está a la altura de tamaño desafío, principalmente porque la misma sociedad no percibe su urgencia. La estúpida rana se cuece a fuego lento hasta que ya está demasiado débil para escapar.

Una sociedad pensionista, completamente dependiente de las transferencias de la administración central, irá perdiendo la esencia de su ser hasta convertirse en completamente irrelevante incluso a escala peninsular, para finalmente desaparecer de la Historia como pueblo, como tantos otros cayeron en el olvido.

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Fuentes:
INE
IGE
DatosMacro.com

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9 septiembre 2016

Si privado, privado para todo

Filed under: ecología — Mendigo @ 10:52

Llevo ya muchos años explicando cuál debería ser el eje de la política antiincendios (en este caso, gallega, pero el mismo razonamiento sirve para cualquier lugar del cuadrante NW peninsular): desactivar los intereses que existen en que un monte arda. Una de las medidas sería establecer un sistema de incentivos a los concellos para que el monte NO arda (y no al revés, ahora llueve dinero sobre los concellos incendiarios), básicamente pasándoles la minuta de la extinción.

Esta medida se basa en la observación evidente de que no toda Galicia arde por igual, sino que la mayoría de los incendios se provocan en unas zonas muy concretas (a Raia Seca y, en menor medida, la cuenca del Sil).

Es una injusticia que la Galicia incendiaria quiera que los costes de extinción se repartan entre todos los gallegos (y resto de ciudadanos del Estado), empobreciéndonos todos por la bestialidad y salvajismo de una minoría de garrulos, dedicando unos recursos que no sobran a jugar al juego de yo prendo y tú vienes con el 7º de caballería a apagarlo.

Pero hoy quería añadir una precisión a esta medida que propongo: muchos de los incendios son provocados por pastores o cazadores: son los que afectan a monte bajo. Pero cuando el fuego es en áreas forestadas de pino y eucalipto, ahí la autoría de los tratantes de madera es clara.

Inciso: aprecio dos tendencias en los incendios. Una, los que prenden tras unas lluvias, alejado de cualquier núcleo urbano, queriendo provocar un incendio pero sin hacer mucho daño. Muy probablemente este tipo de incendios sean fruto del sector de la extinción (empresas de alquiler de maquinaria o de aeronaves, o algún brigadista que quiere asegurarse el puesto de trabajo para el año siguiente o vengarse porque no le hayan cogido para esta temporada…).

Y luego están los fuegos de estos días, en plena ola de calor al final del verano, cerca de núcleos habitados cuya defensa es prioritaria y, por lo tanto, puede seguir expandiéndose en el resto de direcciones. Estos buscan quemar la máxima extensión posible, generalmente dándose varios en la misma zona, con varios focos, para desbordar y dispersar los medios.

Anteayer, con Ourense a más de 40ºC, enfundarse en un traje ignífugo, ponerse el casco y la mascarilla y acercarse al fuego de Muiños o el de Bousés debió ser un infierno. Y fue apagarse éstos (tras toda una noche bregando) y salir otros en Boborás, en Monterrei y en Entrimo.

Pues bien, en estos fuegos en los cuales es evidente la intención de quemar el máximo número hectáreas de pino y eucalipto, las medidas a tomar son evidentes. La primerísima, prohibir terminantemente el comercio de madera quemada que alimenta el negocio. Efectivamente, la mayoría de los árboles, tras el paso de un incendio, conservan la albura casi intacta, es madera que sigue sirviendo perfectamente para la industria de la transformación (tableros de conglomerado, MDF…) pero pagada a un menor precio, lo cual incrementa el margen de beneficios.

Pero hay otra medida, que se complementa con la de pasarle la factura a los Concellos. Cuando el incendio tenga lugar en una Comunidad de Montes, que sean los comuneros los que corran con el costo de la extinción.

El rationale de esta medida cae por su propio peso: las Comunidades de Montes (atajo de bestias) no quieren ni oír hablar de repoblación con autóctonas. Ellos plantan lo que les da más dinero porque para eso es una propiedad privada (falacia que comentaba el otro día con Violeta). Muy bien, pues si es un negocio privado del cual obtienen un lucro, que las labores de prevención y extinción en su “empresa” corran también por cuenta suya. Son libres de contratar los servicios antiincendios que quieran, contratar a quien les plazca (a los más inútiles amigos del alcalde, como hacen las brigadas de los concellos) y dotarles de los medios que estimen convenientes. Y si con eso no basta y piden ayuda al Estado (o el Estado ve que la situación está descontrolada y le obliga a intervenir), se hace la cuenta de los costos asociados a la actuación y se pasan a la Comunidade de Montes (u otros grandes propietarios).

Podría establecerse una excepción para la superficie afectada que estuviera poblada por especies autóctonas. El mensaje es sencillo: si de vuestra propiedad privada nos beneficiamos todos, por preservar unos valores naturales, acudimos solidariamente para extinguir ese incendio. Pero si hacéis de vuestro monte privado un negocio que excluye la conservación del medio, impidiendo su regeneración natural con la plantación de especies alóctonas, escogiendo además especies tan peligrosas en un incendio como las coníferas o los eucaliptos… también habrá que privatizar los costes de extinción que ese modelo forestal genera.

Si es privado para repartir unos cientos de euros todos los años a los vecinos (si los vecinos son pocos y hay mucho monte, miles), entonces, que también sea privado para apechugar con la factura.

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Anexo I:

Considero pertinente repetir parte de la conversación con Violeta en una entrada pasada, porque creo que es la clave del problema.

Violeta: Ó palurdo galego medio fálaslle de que existe algo chamado “patrimonio natural” e boeno…como se lle falaras en coreano, que as árbores da súa finca son súas e fará con elas o que lle peta, cómo van ser patrimonio de ninguén! Comunista!;-) Nin saben que non poden cortan sen antes pedir un permiso (permiso que dan en tódolos casos, por outra parte…)😒

Mendigo: O dos permisos de corta son só un mero trámite burocrático, é certo.

No canto a propiedade privada, é un cabalo de batalla. A propiedade privada non é un dereito absoluto, non xa en sistemas socialistas senón neste tempo e lugar. A propiedade privada está sometida ó ben común (artigo 33.2 da Constitución), como por otra parte é lóxico, de caixón. ¿Ou alguén entende que pode poñer un taller de pirotecnia no núcleo urbán dunha cidade? A parcela é túa, ninguén cha quita, pero tes unha responsabilidade co resto dos viciños, que limita o uso que lle podes dar. De feito, no eido urbanístico, limítache moitísimo: por exemplo, non podes superar o números de alturas establecido.

¿Por que isto, que é evidente, non entra na cabeza da xente das aldeas? Porque non lles interesa entendelo. A terra é túa, pero a túa terra, e a outra e a outra son o que chamamos Galicia, cuns valores naturáis e paisaxísticos que son patrimonio de todos e cómpre defender. A terra é túa, pero os usos deben estar regulados porque o que ti fagas no teu terreo, ten influencia sobre o resto do ecosistema e da paisaxe, esa terra non está illada, aboiando no espazo sideral.

Agora, vas a unha aldea e explicas todo isto. Pfff. Por unha orella lles entra…

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