La mirada del mendigo

28 agosto 2018

Denantes mortos que veganos

Filed under: Varios — Nadir @ 22:53

(Só é unha parvada que vin o outro día e quería compartir convosco para botar unhas risas)

+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+

30 julio 2018

Un albaricoque

Filed under: Varios — Nadir @ 14:34

Uno de los pocos vicios más o menos sanos que tengo es que me encanta la fruta. Y como cada vez es más difícil poder encontrar en el comercio frutas bien sazonadas, en plenitud de sabor, es porque me decidí hace ya unos añitos a desbrozar una finca de mi padre y convertirla en un vergel (un terreno con árboles frutales). Lo que los british llaman an orchard.

Aquí tenéis un albaricoque que cogí hace poco; el único que pude probar, porque cuando volví al cabo de tres días a por sus compañeros ya habían desaparecido, y eso que la finca está vallada (estoy casi seguro de quién es, uno de esos jardineros del paisaje que los urbanitas han santificado, el mismo que pone los lazos, el mismo que quema para que pasten sus ovejas).

+

Este es el aspecto de una fruta cultivada sin ninguna clase de plaguicidas, imperfecta, con picaduras, deliciosa. Cuando veo la esplendorosa, inmaculada fruta que se vende al doble de precio en la sección “orgánicos”, “ecológicos” o la nueva gilipollez que se le ocurra a la industria de la distribución para desplumar a tanto estúpido, me entra la risa. Sin cebar el árbol con tratamientos continuos, te sale una de esas frutas sin ninguna afección superficial en frecuencia de una de cada cien.

Por supuesto, cuando veo que al árbol le está pegando duro alguna plaga, saco el arsenal químico y procuro curarlo antes de que se extienda a otros. Pero, por ejemplo, este año no he tenido que coger la mochila ni una sola vez porque todas las afecciones han sido leves; como decía, no han pasado del nivel estético. Eso que me he ahorrado de comprar productos, y luego acabar ingiriéndolos (aunque en cantidades mínimas, pero prefiero evitarlo si es posible).

Bueno, a lo que vamos. Esto es un albaricoque, me parece adivinar que de la variedad búlida porque quien me lo vendió no me lo supo decir (la ignorancia de los viveristas y revendedores es brutal, al menos los de esta zona no saben ni el ABC de su trabajo, asqueroso país de incompetentes). Como veis, la superficie presenta máculas debidas a picaduras de insectos o, en otros casos, la afección de algún hongo (la roya, la monidia…) pero el interior está inalterado (de hecho, está sobremadurada y una parte ya parece almíbar, me faltan palabras para expresar el goce sensorial que supone consumir una fruta así).

Esta fruta, cuyo sabor es excelente, de querer comercializarla sería descartada por presentar estas imperfecciones estéticas. Pero esas imperfecciones, en la era de lo regular (ahora todos los putos niños tienen que llevar ortodoncias), es lo natural. Este es el aspecto que presenta la fruta cuando no la atiborras a insecticidas y fungicidas para evitar que no sea ni siquiera rozada su epidermis por algún agente que la altere.

Por supuesto, los fitosanitarios son sustancias que, bien usadas, son maravillosas. De hecho, las modernas moléculas de acción sistémica suelen tener, paradójicamente, un impacto sobre el medio menor al de los productos tradicionales que se usan ahora en agricultura “orgánica” (vaya nombre más estúpido), generalmente basados en sales de cobre y azufre (ya usados en tiempos de Roma, pues hay residuos de sulfitos en ánforas que contenían vino). Un agricultor profesional (inexistente en Galicia, prácticamente no hay explotaciones agrícolas profesionales; si acaso en el sector vitícola) empleará la menor cantidad de fitosanitarios posible, tal que le permitan sacar adelante su producción. Por lo tanto, si el mercado aceptase los defectos estéticos como irrelevantes para formar el precio, podría dar muchos menos tratamientos, redundando en productos más saludables (porque absolutamente inocuos no son, aún respetando los plazos de seguridad, por su acumulación en el organismo) y la protección del entorno natural colindante (decaimiento de las poblaciones de insectos cuyas consecuencias discurren por toda la cadena trófica).

Pero, como sabemos, no es el caso. De hecho, sólo por defectos estéticos como erosiones en la piel debidas a insectos, pájaros u hongos, falta de simetría, coloración poco atractiva o calibre, una pieza de fruta de calidad gustativa excelente es etiquetada como de menor categoría (y, por lo tanto, menor precio para el productor), destinada a procesado en la industria (mucho menor precio) o incluso descartada en origen.

Aún en mi ateísmo, siempre he percibido el tirar con la comida como una suerte de pecado. La comida es sagrada, y no debería ser necesario haber pasado hambre para aprender esta lección. Se me abren las carnes cuando contemplo en una explotación próxima, toneladas de fruta pudriéndose en el suelo por haber sido descartadas en la recolección. Fruta absolutamente exquisita (porque la han dejado madurar en el árbol en vez de recogerla verde y madurado en cámara), que acaba sirviendo de abono porque tenía un defecto estético, el más grave es haber sido picoteada por algún pájaro. ¿Es que somos imbéciles? Pues coges un cuchillo, quitas ese trozo y ya está, el resto de la manzana está perfecta. Evidentemente esa fruta no sirve para larga conservación, pero sí para sacarla por otro canal comercial.

Queriendo sintetizar el asunto: estamos tirando una parte sustancial de la producción agrícola por defectos meramente estéticos. Cultivar esas frutas, verduras descartadas ha supuesto el uso de tierra, de agua, de gasóleo, de fertilizantes y fitosanitarios, que habrán sido ocupados o consumidos para nada; para dejarlos pudrir al pie de las plantas, carísimo abono. Esto, a su vez, comporta dos efectos: uno, el encarecimiento de los productos, para que el agricultor pueda recuperar la rentabilidad por la cosecha menguada, lo cual socava la renta disponible precisamente en los presupuestos más modestos (en otras palabras, nos empobrece, especialmente a los ya pobres). Y el segundo, ya mentado, el agricultor debe atestar las frutas y verduras de plaguicidas, tanto que un insecto no se atreva ni a acercarse a la manzana de puro tóxica que es. La mayor parte de los tratamientos con fungicidas e insecticidas que se usan en la agricultura son para conseguir productos estéticamente perfectos, porque es lo que el consumidor pide (de hecho, buena parte del trabajo genético sobre nuevas variedades se centra en conseguir colores más atractivos, no mejor sabor), y serían innecesarios si el consumidor-tipo no fuera un completo cretino.

Por lo tanto, no lo pregunto, lo afirmo: somos imbéciles. Imaginad la escena con nuestros padres, para los más jovencitos vuestros abuelos, cuando eran críos, y su madre acercándoles una pieza de fruta y el niño rechazándola alegando algún defectillo de esos que hoy en día impiden que pase el “control de calidad” (que es un mero examen estético, luego la fruta en sí puede ser una puta mierda que no sabe a nada), ¿qué hubiera pasado? Que nuestra abuela/bisabuela le hubiera dado un pescozón al crío para que se le quitase la tontería por la vía rápida, y con muy buen criterio.

Pero eso sirve para corregir la estupidez en sus estadios iniciales de desarrollo. Ahora, con la imbecilidad ya asimilada, interiorizada, metabolizada en el cuerpo social, necesitaríamos una somanta de palos para quitarnos tanta tontería como tenemos. Tirando miles de toneladas de comida que está en perfectas condiciones, sólo por que no es “bonita” ¿acaso nos merecemos otra cosa?

+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+

20 abril 2018

Presos políticos

Filed under: Varios — Nadir @ 9:31

Me piden encontrar un gato, y acudiendo a la neodefinición de gato, como animal de cinco patas de pelaje verde con alas color azafrán, he de concluir que no, no he encontrado en España ningún gato. Y probablemente tampoco los haya en el resto del orbe, ni los haya habido.

Pero ¿en qué estaba yo pensando? Me han pedido que hable de los presos políticos, no de gatos.

Y no, claro que no, si preso político es aquel que está en la cárcel acusado o condenado por un delito genérico de tener ideas políticas, hemos de concluir que tampoco hay presos políticos, ni gatos, en España. Más que nada porque ningún tribunal es capaz de conocer las ideas de las personas, mientras sean sólo ideas y no se manifiesten. Es decir, mientras la política sea un anhelo. Pero entonces no es política, porque la política tiene la aspiración de transformar la organización de la sociedad. Uno, consigo mismo, en su fuero interno, no puede hacer política.

Efectivamente, en España hay presos, pero todos están por delitos tipificados en el Código Penal. Por supuesto. Por lo tanto, no hay presos políticos. Ni gatos.

Nelson Mandela fue acusado y sentenciado a cadena perpetua en el Proceso de Rivonia, acusado por un tribunal blanco de “conspiración para derrocar al gobierno”, mediante una campaña de sabotaje (atentados terroristas) perpetrada junto con otros miembros del Congreso Nacional Africano (partido gobernante hoy en Sudáfrica) y otros grupos. Evidentemente, Nelson Mandela no fue un preso político, estaba en la cárcel por delitos tipificados en el Código Penal de la Sudáfrica Boer. Tampoco tengo noticias de felinos verdes pentápodos y alados en Sudáfrica.

Emmeline Pankhurst, una de las figuras prominentes entre las sufragistas británicas, no fue una presa política. Fue condenada por el delito muy concreto de dirigir una organización que incitaba a la violencia contra la propiedad (generalmente, cristales de escaparates para hacerse notar, a lo más que llegaron es a incendiar la casa de campo de Lloyd George, asegurándose de que estaba deshabitada). Las sufragistas no eran presas políticas, porque tal cosa nunca ha existido en las Islas Británicas, eran presas comunes detenidas por delitos tipificados en el código penal de la época después de ser injuriadas y vapuleadas por los esbirros de un tal Winston Churchill (uno de los personajes más sombríos y despreciables de la historia de las islas). Tampoco hay gatos verdes, lo más raro es el gato sin cola de la Isla de Man.

En la España del Generalísimo nunca hubo presos políticos. Todos fueron sentenciados, algunos ejecutados, pero todos ellos por delitos concretos, tipificados en la legislación surgida del Glorioso Alzamiento Nacional. Tras el golpe, había en España en torno al millón de presos (más cerca de doscientos mil asesinados, tanto en ejecuciones extrajudiciales como con teatrillo), pero nunca hubo un preso político.

Por ejemplo, Marcos Ana estuvo en la cárcel (pena de muerte conmutada por cadena perpetua) acusado de tres asesinatos, que él siempre negó haber cometido. Miguel Hernández fue también condenado a muerte, por el delito perfectamente tipificado de “adhesión a la rebelión” (cinismo que se puede permitir quien tiene control del BOE). También le fue conmutada la pena, para demostrar la magnanimidad del régimen, por cadena perpetua. Su joven cuerpo sólo soportó dos años las terribles condiciones de las prisiones franquistas. Ya en el 63 fue fusilado el dirigente comunista Julián Grimau, también por un delito tipificado de “rebelión militar”. Unos años más tarde, el histórico dirigente sindicalista Marcelino Camacho fue condenado a 12 años (sólo cumplió 8) por los delitos perfectamente tipificados de “auxilio a la rebelión” y “pertenencia a organización ilegal” (la UGT). Y así…

En realidad, la actividad política de Marcelino Camacho, en la España de hoy, hubiera supuesto pasar por la Audiencia Nazional con la fiscalía pidiendo penas de muchas décadas de cárcel. Hemos progresado una barbaridad.

Bajo la neodefinición de “preso político”, nunca hubo presos políticos en el franquismo, ni en ningún otro momento de la historia. Ninguno fue sentenciado como tal, sino que todos lo fueron por desórdenes públicos, desobediencia, rebelión, asociación a un grupo ilegal, conspiración para derrocar el Estado… De hecho, el “delito de odio” es una aportación nueva a la maquinaria represiva, lo más parecido a un delito de opinión. Ni siquiera con Paca, la culona, los jueces se desvergonzaban tanto.

La cuestión no es que haya en el ordenamiento jurídico un tipo legal que se ajuste, sino precisamente la legislación que criminaliza la disidencia, sea declarando ilegales actividades políticas que no deberían tener reproche legal (por ejemplo, organizar un referendum), sea cargando las tintas sobre actuaciones mínimas (como acusar de terrorismo y rebelión por cortar una carretera).

Así lo entiende el Consejo de Europa en su definición de preso político:

A person deprived of his or her personal liberty is to be regarded as a ‘political prisoner’:
a. if the detention has been imposed in violation of one of the fundamental guarantees set out in the European Convention on Human Rights and its Protocols (ECHR), in particular freedom of thought, conscience and religion, freedom of expression and information, freedom of assembly and association;
b. if the detention has been imposed for purely political reasons without connection to any offence;
c. if, for political motives, the length of the detention or its conditions are clearly out of proportion to the offence the person has been found guilty of or is suspected of;
d. if, for political motives, he or she is detained in a discriminatory manner as compared to other persons; or,
e. if the detention is the result of proceedings which were clearly unfair and this appears to be connected with political motives of the authorities

Por exponerlo llanamente, si por quemar un cajero en Sevilla por una gamberrada la pena es de seis meses de cárcel, y en Andoain son 16 años, quiere decir que durante medio año este último preso puede ser considerado como un preso común, y durante los otros quince años y medio es un preso político. Los primeros seis meses son un castigo por el hecho delictivo concreto, y los otros noventa y tres son la represión, una represión de enorme violencia y coste humano, a una motivación política (en este caso, el independentismo) perseguida desde el Estado.

Una base del derecho es la proporcionalidad de las penas. Hechos análogos deben ser castigados con penas similares, y debe establecerse una gradación entre la gravedad del hecho delictivo y la condena. Sin embargo, en el sistema judicial español este principio salta por los aires, y vemos cómo el sistema se ensaña con elementos políticos indeseables para el régimen. No sólo el independentismo, sino cualquier movimiento de signo obrero; un caso de libro de desproporción en las condenas con obvia intención represiva ya lo expuse en La judicatura es marxista (se dirige con arreglo a sus intereses de clase).

Y esta, la proporcionalidad en las penas, es un requisito ineludible de la definición de justicia. Cuando se halla ausente, no se puede hablar de administración de justicia sino de un teatrillo presidido por unos sombríos payasos, constituido para legitimar una actuación represiva del régimen que los alimenta.

Cuando haber participado en un piquete en el cual alguien arrojó pintura a una piscina, y hubo un forcejeo con el propietario sin ninguna consecuencia, tiene una carga de cárcel que duplica la de un apuñalamiento, es evidente que la Justicia se encuentra ausente del sistema legal español. No se castigan unos hechos delictivos sino la intencionalidad política de éstos. Es decir, las ideas.

Factura:
por cortar una carretera: acaso detención y una multa
por hacerlo en apoyo al Procés: mínimo 15 años por pertenencia a banda armada, más otros 15 años de mínimo por rebelión.
por hacerlo siguiendo la consigna de la derecha: absolutamente impune.

Volvemos a leer…
d. if, for political motives, he or she is detained in a discriminatory manner as compared to other persons

El hecho es el mismo (ocupar una vía impidiendo el tráfico), la diferencia son las motivaciones ideológicas de ambos. Una es aplaudida, respaldada e incluso alentada por la maquinaria represiva policial-judicial del Estado. Otras, las que lo cuestionan, son reprimidas. No se condenan los hechos, sino la ideología de los acusados.

La justicia que pueden esperar por ejemplo unos jóvenes de Altsasu de un tribunal español, es de la misma naturaleza que unos jóvenes de Diyarbakır de un tribunal turco. La justicia que podían esperar Marcos Ana, Miguel Hernández o Julián Grimau.

Hagamos la prueba: una pelea de bar entre jóvenes independentistas y españolistas, penas entre 12 y 62 años de cárcel para los primeros. Si fuera al revés, y hubieran sido los independentistas los que acabaran cobrando. ¿El fiscal pediría esas penas? Es evidente que no. Aunque el hecho delictivo (sin duda reprobable) es el mismo, la ideología españolista no es reprimida por el Estado (de hecho, es la ideología del Estado).

Recuerdo un caso, aquí en Pontemierda. Un grupo de fascistas (alguno identificado como militar del cercano cuartel de Monteporreiro, qué sorpresa) atacó un local del movimiento independentista, con el resultado de varios contusionados y un herido por arma blanca. Este sí fue un ataque premeditado, el grupo agresor se dirigió al local a agredir a los que estaban en él. ¿Resultado? Ni investigación, ni mucho menos detenciones o juicios. Por supuesto que la cobertura mediática fue nula. Se extendió un velo de impunidad, y los agredidos se quedaron con los golpes.

No hace falta ser un experto jurista para constatar la enorme disparidad en la reacción de la maquinaria del Estado ante estos dos incidentes, uno magnificándolo hasta lo grotesco, pasando página del otro, objetivamente más grave.

Es sólo un caso, un modesto ejemplo entre otros muchos. Las palizas de grupos fascistas que salen “de caza” se llevan sucediendo en muchas ciudades españolas desde hace muchos años, y la inactividad del complejo policial-judicial (en no pocas ocasiones, son familiares los agresores, o al menos compartiendo su ideología ultra) es palmaria.

Pero incluso en el mismo ejercicio de sus funciones. ¿Cuántos años de cárcel pidió la fiscalía por esta agresión?

Me da a mí que el autor no fue llevado a la Audiencia Nazional, ni pasó año y medio en prisión preventiva. La víctima, seguramente acabó peor (son profesionales de la violencia quienes le golpean, conocen su oficio) que los guardias civiles agredidos.

+

¿Y por este ensañamiento de unos energúmenos contra personas inermes e indefensas? ¿Cuántos años de cárcel piden por esta paliza gratuita?

La legislación española no persigue el uso de la violencia, de hecho la promueve y hace uso frecuente de ella para lograr objetivos políticos (terrorismo de Estado de baja intensidad). Según la última vuelta de tuerca del sistema represor, también conocida como Ley Mordaza, no es condenable apalear a un ciudadano. Sin embargo, soportar la agresión sin reaccionar ni devolver los golpes sí que lo es.

Por cierto, estos perros rabiosos estaban azuzados por los que ahora se lamentan de la injusticia del sistema, algunos desde la cárcel. Justicia poética que espero les enseñe que la democracia, la libertad y los derechos civiles (empezando por el más básico, la integridad física) se deben defender SIEMPRE, para TODOS, y no sólo cuando a uno le toca de cerca.

+

Éstos no, pero son de la misma naturaleza: personas sin escrúpulos que alquilan su violencia porque no tienen otra cosa que ofrecer a la sociedad. Arriendan su conciencia al Estado, como otros lo hacen a organizaciones mafiosas y les llaman sicarios. Quien paga, manda, y decide a quién golpear; ellos sólo cumplen órdenes.

Lo de menos es el hecho delictivo, sino la ideología de quien lo realiza. Es, a la postre, lo que se juzga y condena en el teatrillo judicial.

+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+

13 marzo 2018

La guerra de las banderas

Filed under: Varios — Nadir @ 21:54

Disculpad que no pueda contestar a vuestros comentarios como se merecen, pero hállome de nuevo en ruta, esta vez por tierras catalanas, y precísamente a cuenta de lo visto quería hacer un breve apunte.

Cruzando la península a lo ancho me la encuentro llena de trapos de vivos colores, tonos puros, simples, rotundos, distribuidos esquemáticamente.

Las estelades que me encuentro al llegar a Cataluña son una exaltación de las referencias nacionales que el que coloca el puto trapito siente como propias. Seguramente no sea de las ideas más avanzadas que uno pueda expresar, pero su homólogo enarbolando la rojigualda implica algo mucho peor.

No me refiero en esta ocasión a que detrás de ese trapo no exista una entidad sociológicamente determinada (España vendría a ser el superego de Castilla, no existe como ente sociológico), porque en cierta medida todas las patrias son inventadas, simplificaciones interesadas de realidades socioculturales más complejas.

Pero no, no lo digo por el escaso significado que hay detrás de ese símbolo, sino porque el que cuelga la bandera española del balcón, siguiendo instrucciones de los telepredicadores del odio, lo hace no sólo para expresar su adhesión a un referente nacional, sino el deseo de imponérselo a otra sociedad. Y esto sí que me parece grave; en cierta forma la reacción ante el deseo de abandonar la patria española me recuerda a la animadversión que el mundo islámico (o cualquier otra secta, también la cristiana, pero en el islam es especialmente intensa) siente por la apostasía, aquellos que pretenden escindirse de la umma, la comunidad de creyentes. Lo cual viene a confirmar que la Patria es el sucedáneo de Dios, toda vez que las viejas religiones empezaron a dejar de funcionar como mecanismo de control social y reclamo de reclutamiento.

Mas hay un caso especialmente triste en este mar de banderas al viento. En estos dos últimos viajes, estuve buscando pueblos en los que aún se hablase el leonés o el aragonés. Búsqueda infructuosa, igual que con el provenzal la campaña de aculturización ha sido completada, y territorios herederos de entidades políticas tan importantes como el Reino de León y el Reino de Aragón han abandonado su herencia cultural para adoptar la lengua uniformizadora que se dice propia de esa nación de nuevo cuño, proyecto político del s.XIX, España, que, casualmente, se construyó en torno a la lengua del Reino de Castilla.

Considero especialmente despreciable que aquellos pueblos que han rechazado el patrimonio cultural de sus ancestros para adoptar la lengua en que se expresaba el poder político, ondeen la bandera de la aculturización para someter a la misma lobotomía étnica a pueblos más orgullosos de su estirpe que no se han avergonzado de seguir hablando la lengua de sus mayores. Será por lo bien que les ha ido a asturleoneses (entidad sociolingüística que llegaba a la provincia de Cáceres) y aragoneses, tras adoptar la lengua de la modernidad y el poder, que quieren que otros pueblos les sigan en su miserable ejemplo.

Toda persona cultivada y bien nacida tiene la obligación de proteger, transmitir y engrandecer la propia cultura. Es evidente que faltó gente así en los territorios leoneses y aragoneses, como para en el curso de poco más de siglo y medio haber tirado por la borda una cultura milenaria para abrazar aquella que les fue vendida como la propia de gente rica e importante que venía de la capital. Las barbaridades que comete el vulgo acomplejado por aparentar. Y ahora, quizá con el complejo de culpa en el subconsciente y el vacío en el alma de un nexo perdido con su pasado, se enojan porque otros pueblos se resistan a perder lo que ellos con tanta facilidad desdeñaron: una lengua, una cultura, y con ellas, la conciencia de ser un pueblo, ya extinto.

Cada pueblo tiene el destino que merece, y el de aragoneses y leoneses ha sido la extinción; hoy sólo presentes en los libros de historia, igual que una especie que sólo se conoce por el registro fósil.

Triste. Lamentable. Patético.

+
+
+
+
+
+
+
+

5 marzo 2018

Renacimiento

Filed under: Varios — Nadir @ 17:46

Siguiendo los ciclos de la Naturaleza de muerte y renacer, este espacio también llega al final de su vida tras más de 12 años en la red, 1.700 entradas y 29.000 comentarios, para reinventarse como un blog colectivo en el que he invitado a algunos amigos sin página propia donde expresarse, para publicar juntos. Esta bitácora, por lo tanto, deja de ser mi espacio personal para ser un espacio colectivo, compartido.

Además de la variedad de autores y temas, y el incremento de calidad de los artículos (de esto estoy más que seguro), no habrá mayores cambios en el aspecto formal. Poco a poco iremos adaptando el aspecto formal de la página según el consenso de los compañeros, pero es un tema que como sabéis es de rango muy menor entre las prioridades de este espacio: la única premisa es asegurar la legibilidad y comodidad de navegación, dándole toda la importancia a los contenidos.

Esta página siempre ha sido, y lo seguirá siendo, fervorosamente religiosa y monárquica: En ella se rinde culto a la Libertad, único bien supremo, Diosa creadora de la Humanidad al iluminarla con el libre albedrío y la capacidad de abstracción, emancipándonos de la tiranía del determinismo de las otras especies animales. Asimismo, en estas líneas se reconoce a la Realidad como emperatriz, inflexible soberana de designios inexorables, la cual juzga la validez de todo conocimiento por su adecuación a su regia persona. El culto de su divina majestad es a través de la razón, siendo la ciencia su liturgia. En su reino no se excluye la imaginación como poderosa barrena que abre el camino del conocimiento, e incluso la fantasía como investigación de lo irreal, de los mundos que pudieron haber sido; mas evitando confundir los ámbitos de cada una.

Quiero en esta breve introducción de esta nueva fase, del gusano que sale de la crisálida, prevenirnos del uso de enunciados falaces, como los que ya detectó Aristóteles o popularizó Göbbels. El uso de estos recursos dialécticos ilegítimos será censurado. Procuraremos hacer un compendio de ellos, que será una suerte de código legal del razonamiento.

Y nada más que añadir. Esto seguirá siendo lo que ha sido hasta ahora: un lugar de debate, desenfadado, espontáneo y provocador, pero también exigente con el nivel de las intervenciones. El autor propondrá un tema, que el resto de contertulios analizará, desarrollará y completará, en cuyo proceso estoy seguro que todos habremos podido aprender algo. Al menos por lo que a mí respecta, he aprendido un mundo gracias a vuestros comentarios y espero seguir haciéndolo ahora también comentando las de otros.

Ahora doy paso a mis compañeros, para que abran fuego.

+

+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+

Página siguiente »

A %d blogueros les gusta esto: