La mirada del mendigo

31 agosto 2015

La solución final…a los incendios forestales en NW peninsular

Filed under: ecología — Mendigo @ 9:33

En primera página de los periódicos está el incendio de Cualedro (Ourense). A cualquiera de la zona que le preguntéis, os dirá “¿incendio en Cualedro? ¡Pues vaya noticia!”

Esto no lo cuentan los periódicos, así os lo explico yo. En Galicia, como todo el mundo sabe, se dan buena parte de los incendios foresstales de todo el Estado (el 53%, seguidas de las limítrofes León, Zamora y Asturias, untas explican el 70% de ellos). Pero esta distribución no es homogénea, sino que hay concellos que registran sistemáticamente, año tras año, la mayor parte de los incendios.

Normalmente se arguye diciendo que Galicia arde por su enorme masa forestal, pero la cuestión es que precisamente en estos municipios ya no quedan a penas árboles que arder. Os invito a daros un paseo con el Google Maps por el concello de Cualedro y verificar lo que asevero. Toda esa zona que abarca los concellos de Oímbra, Cualedro, Baltar, Calvos de Randín, y algunas freguesías del otro lado de la raia…es el infierno, la devastación absoluta. Tras décadas sufriendo incendio tras incendio, toda esa zona de la raia seca es, sin lugar a dudas, el lugar más horrendo que he encontrado jamás (y, como sabéis, me recorro con fruición Europa de punta a punta). En concreto, Cualedro, lleva ardiendo este verano un día tras otro; como el anterior, y el otro… La única diferencia es que éste se ha salido de madre y ha quemado muchas hectáreas, y es por eso que sale en las noticias y por eso os enteráis, pero no del reguero de pequeños incendios que año tras año consumen el monte hasta las piedras. Lo que ocurre en esa zona es absurdo, aberrante, hasta para el nivel de tolerancia a los incendios forestales de un gallego.

¿Qué es lo que arde? ¿Viciosos bosques de robles milenarios con los que la imaginación mesetaria se figura que está cubierta Galicia? No, arden los toxos y las xestas, el monte bajo que ha salido tras el último incendio. La concatenación de incendios no permite que medre vegetación de mayor porte. Toda esa zona, Cualedro, Baltar…es un erial, vayas por donde vayas sólo ves retamas saliendo de los restos calcinados del último incendio.

¿Por qué arden los montes? El monte no arde, no existe la combustión espontánea, al monte lo queman. ¿Quién? Hace tiempo ya procuré dar respuesta a esa pregunta (pregunta que evita hacerse la clase política y su apéndice, la fiscalía, y eluden vergonzosamente los medios de comunicación). Pues los pastores, para conseguir pastos; los cazadores, para mejor abatir a sus presas; las madereras (muchas lusas) para conseguir madera barata; los mismos que luego los apagan, para asegurarse un puesto de trabajo en una zona donde es un bien terriblemente escaso…o simplemente, cualquier aldeano que usa el fuego para desbrozar.

Aquí debemos hacer un alto y poner en antecedentes la situación. El NW peninsular es la región que más se ha envejecido y empobrecido en las últimas décadas. Debido a la emigración masiva ante la atroz falta de oportunidades, las aldeas se han despoblado y hoy sólo están habitadas por viejos. Debido a problemas estructurales que ningún gobierno se ha propuesto acometer (el microfundismo, en primer lugar) el sector agrícola no es rentable y todos los campos que antaño estaban cultivados, se abandonaron. Hoy sólo queda una agricultura de subsistencia y algunos con pequeños rebaños de ovejas (nada que ver con los enormes rebaños castellanos), principalmente para cobrar la subvención y acabar de cotizar para la jubilación.

Este proceso de abandono del campo no tendría que ser necesariamente malo, el éxodo rural fue común a toda Europa y la Naturaleza reconquistó terrenos que le habían sido arrebatados para la agricultura. La cuestión es que una fase intermedia es la aparición de monte bajo, que prepara los suelos para la entrada de las especies arbóreas autóctonas. Pero en Galicia, este patrón de reforestación natural se detuvo. Por una parte, se promocionó la plantación de especies forestales industriales como el pino (en el interior) y el eucalipto (en la costa), desplazando a las especies autóctonas e impidiendo su retorno (los monocultivos forestales son el mayor atentado contra la conservación de los ecosistemos, mucho peor aún que los incendios).

Por otra parte y cerrando el círculo de destrucción, está el recuerdo del rural de cómo era el paisaje antes de la gran emigración: un horizonte despejado de huertas, pastos y campos de labranza, agricultura de baja productividad para alimentar a una gran densidad de población (Galicia ha sido históricamente el vivero de seres humanos para repoblar medio mundo, desde las Alpujarras a la Pampa).

Este recuerdo ha generado la idea de que “el monte está sucio” y “el monte nos come”, que es como describen el proceso de reforestación natural tras el abandono de tierras. No puedo comprender, pero intento describir ese desasosiego que les entra a los paisanos cuando empiezan a ver crecer arbustos y, tras ellos, robles, encinas, fresnos, alisos… a unos pocos cientos de metros de sus casas. Con una mentalidad que se puede calificar con rotundidad de medieval, entienden que los bosques, la Naturaleza, representa la barbarie, la antítesis de la civilización, y luchan por dominarla y acallarla, humanizando el paisaje si no ya con cultivos, al menos con fuegos periódicos que mantengan la frontera natural a raya.

Por favor, os ruego que volváis a visitar el Google Maps y recorráis la provincia de Ourense. Internet os permite constatar el efecto del proceso descrito, sin tener que fiaros de mi palabra.

Podéis cruzar virtualmente la frontera y seguir por todo el Norte de Portugal hasta o Douro, cultural y sociológicamente tierras hermanas.

Ahora quiero proponeros unas cuentas. Galicia gasta cada año en torno a 100 millones de euros en extinción. Cataluña, con una extensión semejante y también bastante incidencia de incendios, gasta en esta partida sobre la cuarta parte. En Aragón, la octava parte; en Extremadura, un tercio; la descomunal Andalucía, la quinta parte.

Y no nos hemos salido de España. Vamos a confrontar más crudamente estos cien millones que se gasta Galicia saliendo de nuestras fronteras. La región francesa de la Aquitania, con una superficie forestal similar a la gallega, se gasta 4 millones de euros en la extinción. El Québec, una provincia canadiense con una extensión que triplica la de toda España y una superficie forestal cientos de veces superior a la gallega, emplea 45 millones de euros. Rusia, el país más extenso, con la cuarta parte de la superficie forestal del planeta y en el cual los incendios representan un severo problema, gasta 1.200M€ de lucha contra los incendios (y les parece mucho). Fijaos de la proporción, Rusia gasta 12 veces más que Galicia en extinción de incendios, siendo 600 veces más grande.

Podemos estimar que el presupuesto del servicio de extinción de incendios, debería ser de unos 1-2 millones de euros por provincia. Allá donde habita gente más o menos civilizada, que no provoca incendios: la Diputación de Bizkaia, 2M€ de presupuesto; la de Araba, 1,3M€; y es que no me imagino a un vasco, como no me imagino a un alemán, quemando su propia tierra. En cambio, en Galicia, llevamos siglos siendo enseñados a odiarnos a nosotros mismos; a despreciar, malvender y aniquilar nuestro patrimonio natural, descuidar y avergonzarnos de nuestro patrimonio cultural (lingüístico, histórico-monumental y etnográfico). Como nota curiosa: hace unos días se molestaba un paisano porque le sacase fotos a la arquitectura tradicional de su aldea, ya casi toda en ruinas, y no a los horteras chalés con parcelita que había en las afueras; “sólo sacáis lo malo”, me reconvino ese palurdo).

Así pues, el presupuesto del servicio de prevención y extinción de incendios de una comunidad con 4 provincias que no estuvieran habitadas por gallegos, debería ser de unos 8, redondeemos en 10 millones de ouros. Es decir, la décima parte de lo que todos los años se quema en el altar de la estupidez galica.

Volvemos al incendio de ayer en el culo del mundo, también conocido como Cualedro. Público nos cuenta que:

[…] Para controlar este fuego, han sido desplazados un técnico, nueve agentes forestales, 20 brigadas, 13 motobombas, dos palas, seis helicópteros y nueve aviones. También han acudido miembros de la Unidad Militar de Emergencias (UME).

Y es cierto, a los militares me los crucé por la autovía a eso de las 17:00. Iban con maquinaria pesada para hacer cortafuegos. En cuando al enjambre de aviones y helicópteros, eso parecía una peli de Vietnam, sólo faltaban las Walkirias.

Ahora, echad cuentas. Cada hora de vuelo de los helis sale por un kilo (6.000€ para los que seáis más peques), los hidros por 4.000€, 230€ por brigada. El fuego ya estaba activo (se ve desde media provincia) a eso de las 9:00 y al caer la noche seguía ardiendo.

Y todo, para apagar un fuego en una zona sin ningún valor ecológico, paisajístico o de ninguna otra clase, paisaje lunar con aldeuchas despobladas que, todas juntas, no valen ni lo que una motobomba (ayer ardieron dos, por suerte no hubo víctimas mortales).

Y yo me pregunto, y avanzo por fin a mi conclusión final ¿por qué el Estado (vía Ministerio de Defensa), y sobre todo los presupuestos gallegos, tienen que cargar con unos presupuestos de extinción, cuando la mayor parte de los incendios son provocados por los lugareños y concentrados en unos concellos muy concretos? ¿Por qué un ciudadano de la Galicia urbana, la que genera riqueza, tiene que ver lastrados los presupuestos, detraídas de otras partidas que pudieran impulsar el crecimiento, para jugar al juego de yo prendo y tú (o yo mismo) vienes a apagarlo? No es justo, para con aquellos que no participan de esa cultura, de ese negocio estacional de los incendios. Cada vez menos estacional, pues ya se prende fuego hasta en Diciembre (he visto monte, blanco por la helada, ardiendo…mucha gasolina le debieron echar para que aquéllo ardiese).

Por lo tanto, yo propongo: que los gastos de extinción de los incendios se carguen al concello en cuestión. En vez de premiar a los concellos incendiarios con más inversiones y puestos de trabajo, castigarlos pagando la extinción de los fuegos que sus mismos vecinos provocan. La inveterada política del palo y la zanahoria, o más técnicamente, de generar comportamientos deseables, premiando a aquellos concellos que sepan proteger sus valores naturales y castigando aquellos habitados por energúmenos (y no, no viene nadie de Cádiz, de Toledo, ni siquiera de Becerreá o Cuntis a quemar en Cualedro).

Entiendo que todo ayuntamiento puede sufrir un incendio, pero si ése es esporádico, simplemente la factura de su extinción será un bache presupuestario que se podrá repartir en los presupuestos de varios años, vía financiación. Ahora bien, en aquellos concellos en que los incendios son recurrentes, el entretenimiento de todos los veranos, verán cómo el dinero para otras partidas disminuye para atender a la afición incendiaria de sus vecinos. Democracia es responsabilizarse de sus propias decisiones y asumir las consecuencias.

De esta forma, allí donde persista y se obcequen en esta manía incendiaria, verán cómo los servicios que presta el ayuntamiento decaen (carreteras sin arreglar, equipamiento urbano deteriorado, tasas más altas…) y los pueblos se empobrecen. De igual forma, aquellos que vivan en zonas bien protegidas, donde no se reproduzca ese negocio del fuego, verán cómo sus pueblos medran, son más prósperos debido al excedente del presupuesto que no se dedica a extinción, se puede dedicar a otros cometidos (por ejemplo, mejorando su excelencia en biodiversidad).

Diluyendo la extinción de incendios en los presupuestos de las comunidades y del Estado, no estamos generando ningún sistema de incentivos para erradicar de una maldita vez de la conciencia popular esta costumbre, tan gallega como la queimada (humor negro). De hecho, con el flujo de dinero de la extinción de incendios, estamos promocionándola, máxime en una zona empobrecida donde el desempleo es endémico.

NOTA: Un aplauso a la increíble, inaudita estupidez, ineptitud de la fiscalía y la Guardia Civil que no son capaces, no ya de detener a los culpables y frenar este fenómeno recurrente, sino ni tan siquiera de ofrecer una explicación solvente a la sociedad de sus causas para poder artillar una solución política. Sólo sabiendo que se va a seguir cobrando un sueldo seguro a pesar de los nulos resultados de su trabajo se puede lograr ser tan metódicamente incompetente como los miembros del SEPRONA.

NOTA II: ¿Cuál es el beneficio de tener a militares (no me refiero por supuesto a la UME o a los valientes pilotos de los Canadair) gastando gasóleo mientras apatruyan carretera arriba, carretera abajo? ¿Han logrado alguna detención de algún incendiario? ¿Han siquiera logrado un descenso estadístico en el número de focos? Hasta mi furgo pisa más la tierra que las motos de los primeros y los aguerridos todoterrenos militares de los segundos. Desde luego mis sandalias, mil veces más que sus botas. Así, motorizados y ruidosos, cubriendo un espacio descomunal ¿cómo van a atrapar in fraganti a alguien que se mueve por los caminos y veredas de su propio pueblo? Esa ridícula idea sólo se le puede ocurrir a quien jamás ha salido de la moqueta de su despacho.

28 agosto 2015

Ante la próxima apertura de la temporada de caza…

Filed under: ecología — Mendigo @ 15:00

…sólo tengo un comentario que añadir.

CAZADORES SUBNORMALES

Para que luego digáis que me enrollo en mis diatribas.

30 marzo 2015

Traducción

Filed under: ecología — Mendigo @ 23:07

Engado traducción-resumo do anterior artigo para os non galegofalantes:

Las tres principales amenazas y agresiones al medio natural en el noroeste peninsular son, por este orden:

1.- las repoblaciones con alóctonas (es decir, todas)
2.- los incendios
3.- los que no saben establecer prioridades (ver los dos primeros puntos).

Otra conclusión: en todas partes se crían puercos. El Estado es el más grande y gordo de ellos (dicho más finamente, el principal delincuente ambiental).

Y corolario: No es el progreso, sino el atraso, la miseria y la incultura la gran amenaza para la conservación de los ecosistemas. Galicia es un país subdesarrollado; para revertir la situación en que se encuentran sus ecosistemas, es ineludible sacarla del subdesarrollo económico, intelectual y social.

En el primer mundo está prohibido introducir especies invasoras, y mucho menos repoblar con ellas. En el primer mundo a nadie se le pasa por la cabeza provocar un incendio, más que a algún demente que acaba pronto en un psiquiátrico. En el primer mundo alguien que lleve su tractor a un río, con el volquete lleno de basura, y lo descargue esperando que la crecida se lo lleve, merece el desprecio de todo el pueblo (aún más importante que la denuncia subsiguiente).

Yo no quiero ni un punto menos para Galicia que los alemanes, los daneses o los checos quieren para su tierra.

Sinopse galega

Filed under: ecología — Mendigo @ 0:04

Vai moito que non subo fotos, como tamén que non emprego o galego neste blogue. Imos rachar coa costume para presertarvos un fato de fotografías que, malia ser dun mesmo lugar, penso que fan un bo resumo do que é a Galicia de hoxe (e insisto, por extensión, do resto de Estado, pero procuro falar do que sei, da realidade que poupo a cotío).

Támega 1

Velaquí tendes o río Tâmega, preto desa liña arbitraria, imaxinaria, que separa España e Portugal partindo en dous a Galicia.

Téñovolo dito moitas veces: a Galicia sen mar, afastada das correntes de turistas e abandoada por todos, mesmo a súa xente, foi un espazo riquísimo en termos de biodiversidade, no cal se embrazan as zonas climáticas atlántica coa mediterránea, o morno clima costeiro é endurecido pola continentalidade dunha Castela que se venta tralas portelas. Daquela, aquí aínda atopamos carballos e loureiros ó carón de cerquiños, aciñeiras, sobreiras ou érbedos.

Támega 2

Pero hai que atopalos, nuns recunchos aínda non desnaturalizados. O resto desta terra está enchida de especies invasoras, piñeiros e eucaliptos, crime ecolóxico promovido polo poder e consumado polos fillos desta terra. Malos fillos, que deste xeito fanan á súa nai.

E a foto? Ben, quedou curiosa. Mais, se non lle dou un toque de Gimp, xa xurden algúns elementos que distinguen a Galicia real da imaxinaria que amosan as propagandas de viaxes. Fixádevos un pouco máis na foto. Abaixo á esquerda, iso branco…unha botella de plástico, supoño que de glifosato ou lavavaixelas, pola forma e cor. E máis á esquerda, un toco de varias pólas, máis ben troncos. Quen cortou esa árbore? Logo volo explico.

O certo é que, cando quitaba a foto, non me tiña decadado deses dous elementos, procurei escoller o encuadre para que saíse bonito o río.

Veña, imos mudar de encuadre:

Támega 3

Diferente a paisaxe, non si? Pois non me movín máis de dez pasos, entre unha e outra. E o certo é que ésta reflicte mellor o estado de conservación do río que as primeiras. O Tâmega (sí, emprego a grafía portuguesa porque ata chegar ó Douro percorre medio Portugal) nace limpo na serra central ourensana (agora algo menos coas obras do AVE) e chega limpo até as vilas de Verín e Oímbra. O pasar por elas deixa de ser río para ser unha cloaca fedorenta (se fose no vrao, estar nese mesmo sitio produciríame vascas polo cheiro). Onde foron os cartos que Europa deu para depuradoras? Ó peto de tantos corruptos como medran nesta terra.

Támega 4

Se dis algo, do estado do río, a resposta é: total, se iso vai todo para os portugueses… :/ Cando un se atopa con razoamentos desta clase, non queda máis que calar. É imposible discutir con subhumanos, animáis ou humáns levados á animalidade pola miseria e a iñorancia de xeito interesado. A unha besta podes xunguila ó tiro, un home libre non se deixa.

Támega 5

Botar entullos e todo tipo de lixo ó río é costume destas terra, tan respeitada como o Entroido (teño atopado nas beiras ordenadores, lavadoras, microondas, rodas, bicicletas, cociñas, bonecas…). Facíano os seus abós, pero daquela todos os materiáis eran orgánicos (madera, feltro, cánabo…) ou de meteorización ou degradación sinxela (ferro, arxela, lousa…). O mundo de hoxe é o reino dos plásticos, mudaron os materiáis máis non as costumes.

Non o fai todo o mundo, por suposto. Os que fan tal son o peor de cada aldea, de cada vila. Os máis iñorantes, torpes, aqueles que aínda azorran a bestialidade ó que foi reducido o galego para mellor domeñalo e servirse da súa forza de traballo. Son estas bestas as que queiman o monte para velo “limpo”, son eles os que prantan eucaliptos porque dan cartos máis rápido, os que pon lazos para cazar o xabaríl ou veleno para matar ó raposo. Son esta clase de animáis bípedos, o lumpen galego, sen letras nin luz que acenda o seu maxín, vivindo nunha economía de subsistencia baseada na depredación da Natureza; no seu horizonte cultural aínda non chegou a revolución neolítica.

Mais non sería grave, parvos hai en todos os pobos do mundo. A traxedia de Galicia é que son esta caste de homínidos de ollar bóvido e intelixencia á poulo os que gobernan nas aldeas e, por extensión, na Galicia rural. Son eles os que deciden a paisaxe galega, se isto arde ou non, se eses carballos van para leña e poño eucaliptos. No outono e inverno percorren coa escopeta os seus dominios, dando morte a toda forma de vida salvaxe (para que só quede a súa enriba da terra) e, para rematar, decoran a paisaxe devastada coas cores dos seus refugallos. A Galicia de hoxe é obra deles, a súa creación destrucción.

Atila vive, é galego, e reina en Galicia.

É rei coa pasiva complicidade da Galicia urbana, sempre de costas ó agro, o cal despreza, e totalmente allea a todo o que non sexa o seu mundo de centros comerciáis e terrazas de moda.

Agora quería amosarvos outra imaxe do mesmo río, uns metros máis alá:

Támega 6

Non vedes nada estraño? Non vos parece moi despexada a ribeira? A foto está reescalada, pero axúdovos un pouco:

Támega 7

Cada sinal vermella indica un pé que foi cortado, deixando a beira núa e desprotexida fronte ás enchentes.

Unha foto da outra beira:

Támega 8

E quen fixo tal falcatruada? O delincuente ecolóxico, o depredador do medio natural é o mesmo responsable de que Galicia sexa unha sementeira de piñeiros e eucaliptos: o Estado. Neste caso, a Confederación Hidrográfica del Duero (sí, o Tâmega pertence á bacia do Douro). A Confederación dos collóns gasta cartos públicos en “limpar” as beiras, pero coidadiño coa definición do termo “limpar” no seu diccionario.

Para eles limpar é:
– desbrozar, como se a matogueira, as silvas, a fraguiza o carón do río fose basura, e non (non sei cantas veces o teño dito) parte inherente dun ecosistema. De tódolos xeitos, até o urbanita máis pailán sabe que o único que consigues cortando unhas silvas é…que medren máis. Efectivamente, dende que pasaron os “limpadores” vai un par de anos, a maraña de silvas está como cando a cortaron, ou aínda máis mesta. O “técnico” que dirixíu esa “actuación” nin tan sequera sabía iso.
– meter unha excavadora para nivelar o terreo e procurar dirixir o río (procurar, logo o río acaba rindo dos seus esforzos e atallando por donde lle peta, e máis se deixaron as beiras sen a protección das raíces).
– cortar a maioría das árbores de ribeira (amieiros, salgueiros, amendoeiras…) que teñan algún valor comercial, para complementar coa súa venda os cartos que reciben do Estado (cos beneficios, poderían facer o resto de balde).

Que non entra na súa definición de “limpeza”? Retirar os desperdicios botados ó río, latas, botellas de plástico, bolsas…que seguían ahí tras o paso das brigadas de limpeza (ás veces, troceadas polas desbrozadoras).

Poño un exemplo do traballo dunha desas cuadrillas “de limpeza”: seica atoparan unha batería de camión, e botárona ó lume que fixeran cos restos de rozar a beira (penso que lle quitei fotos, sería cousa de buscalas). Unha batería, composta de placas dun metal pesado altamente contaminante, como o chumbo, nun electrolito de ácido sulfúrico. Un dos elementos cotiás máis contaminantes, e non se lles ocorre outra cousa que queimala a un paso dunha corrente de auga. Os limpadores. Os limpadores de toda árbore aproveitable.

E a pregunta que vos facedes… Canto se leva a empresa adxudicataria por desbrozar as beiras, cortar a maioría das árbores e facer unha senda fluvial con excavadora, onde antes había un camiño de pescadores?

Támega 9

678.189€ no Concello por enmendarlle a plana ó río, abater as árbores máis valiosas, cortar e queimar todo o demáis até que este máis despexado que o paseo marítimo de “Sanjenjo” e deixalo tan porco como estaba ó principio (porque o problema son os vertidos urbáns sen depurar, máis a merda que os porcalláns dos que falaba antes lle botan).

Dito doutro xeito: gastar cartos públicos en agredir o ecosistema ripícola.

Velaquí tendes o resumo da sociedade galega (extrapolable ó resto de Estado sen mudar unha coma, pero eu falo do que vexo, do que me toca vivir), a explicación do estado no que se atopan os ecosistemas: unha masa brutal e iñorante que prea sobre a Natureza, extraíndo dela todo o que lle poda procurar algún beneficio (pastos, caza, pesca, leña, cogumelos…) sen procurar facer esa extracción compatible coa conservación do entorno. Se hai que queimar se queima, se hai que plantar eucaliptos se plantan, se algo pode contaminar a terra ou a auga non se pensa duas veces.

Como retorno, a terra e o mar, a Natureza é para eles un inmenso vertedoiro, unha escombreira onde botar o lixo. Esta costume tan propia, tan viva nas aldeas galegas, do vertedoiro á saída da aldea, unha pendente por onde guindar os reboutallos podémola seguir até as aldeas mesolíticas costeiras: concheiros a veces de metros de altura ó carón das estructuras de habitación, que eran os refugallos do seu xantar cotiá (bivalvos). O ser humano leva 14 milenios botando o lixo ás portas de casa, e hai lugares do mundo que aínda o seguen a facer, non evolucionaron.

É por este tipo de costumes (de porcallán) que se coñece unha sociedade subdesenrolada. Como a galega. Por moito que logo aparquen os Merches de segunda mao no adro da aldea. Analfabetos até a miola dos ósos.

Este zócolo social, o peor de cada aldea, é quen rexe nelas e a base social sobre a que se constrúen as maiorías políticas (Galicia profunda na que o PP acada o 80% dos votos). A burguesía, de seu menos numerosa, ó chegar a democracia representativa apoiou nos estratos máis baixos da sociedade para conformar maiorías nas cámaras, que non na sociedade. Os gobernos saídos desde enxendro político, a forza demográfica do máis baixo do eido rural dirixido por os señoritiños de cidade, adoptan o peor dos caracteres de ámbalas dúas clases sociáis (un anano malicioso subido ás costas dun xigante parvo e cego, dirixindo os seus movementos). Son os gobernos da corrupción, do furto, do nepotismo, da arbitrariedade e do crime ecolóxico. O goberno da barbarie, o reino de Atila.

Os gobernos saídos desta avinza entre os dous cabos da sociedade non son conservadores, senón reaccionarios; e procuran o beneficio dunha das partes, sen facer nada que lle moleste os pailanciños de aldea, deixándolles tranquilos na súa bestialidade. Queredes queimar Galicia de punta a punta? non tomarei medidas políticas para atallar as causas. Queredes poñer eucaliptos? Sen problema ningún, como se poñedes baobads. Queredes vivir na merda? Polas administración como se afogades nela, podedes seguir botando lixo que non caerán multas e, moito menos, virá ninguén do concello a limpala.

Pola outra banda a burguesía queda libre para explotar, roubar, e facer mil ladroízos enchendo o peto cos cartos públicos, que o paleto (moitos deles viven en vilas e cidades) non se mete en política (mais vota bipartidismo como vai comungar). Impórtalles que encheran a Mariña de cutrechalets? Impórtalles que a ría de Vigo esté contaminadas por metáis pesados (cobre, chumbo, cadmio e cinc), que o teixedal de Casaio esté ameazado polas louseiras, que as dunas de Corrubedo estean ameazadas polo ladrillo, que Galicia fose a comunidade na que menos medrara o PIB ou que tal concelleiro da Pokemon fixera negocio do seu cargo? Por suposto que non! Eles só queren seguir vivindo no seu mundo, sen números, sen letras, sen ideas complexas (sociedade, democracia, cidadanía, ecoloxía…), na bestialidade.

A burguesía das cidades decatouse que ó único que aspira esta clase de palurdos (que non son todos na aldea, nen todos son de aldea, senón os máis túzaros, buzacos e indoutos da sociedade) é que os deixen tranquilos na súa miseria. Progreso? Desenrolo? Tenlle medo, non o aturan; o que queren é sacar uns cartos aquí e alá (tratando a Natureza como aves de prea coa calaza) para seguir vivindo na única vida que coñecen, que comprenden e na que están seguros.

18 enero 2015

Boletáceas

Filed under: ecología — Mendigo @ 10:19

Acabo de terminar un trabajo de chinos, y espero que sea sólo el principio. Quería crear en un archivo un resumen de las características macroscópicas de las principales setas. He empezado por las boletáceas (Boletus, Leccinum, Suillus…vamos, los boletos de toda la vida, antes de ser repartidos entre varios géneros) por ser una familia muy sencilla de reconocer: generalmente son de generoso tamaño y no tienen láminas sino tubos; y por albergar muchas especies de excelente paladar y pocas realmente peligrosas, ninguna mortal. Con las amanitas, por ejemplo, pocos juegos.

El archivo es un .ods, el estándar internacional de hojas de cálculo (no, no es .xls aunque a veces lo parezca, por el poder de Microsoft). Lo podéis abrir con LibreOffice o cualquier otra suite ofimática, y creo que últimamente Microsoft ya da soporte para este formato libre (pero no estoy seguro, hace ya más de una década que rompí amarras con el gigante de Redmond y ya no sé ni por dónde van sus productos).

Como veréis, he hecho una primera clasificación entre las que su carne azulea (o vira al rosa, o al rojizo) al corte, y las que permanecen inmutables. Como nota curiosa: ese viraje al azul se produce por la oxidación de un alcohol, el boletol, presente en algunas de ellas. Aunque hay dichos populares sobre ello, que una seta azulee o no, no es indicador ninguno de su comestibilidad (lo siento, no hay trucos fáciles, no hay atajos en el enrevesado y fascinante mundo de las setas). Luego, entre ellas, distingo entre las de carne blanca, amarillenta y amarilla. Y dentro de ellos, los que tienen poros que enrojecen al madurar.

De esta forma, cerramos mucho más el abanico de posibles candidatas a estudiar, sistematizando así la identificación. A la postre, la mejor identificación es combinar el estudio de los rasgos macroscópicos con el análisis al microscopio de la esporada (y ya el argumento definitivo es el análisis genético), pero eso ya sería ir demasiado lejos para las pretensiones de este humilde, miserable aficionado.

Espero que os pueda ser de utilidad. Los aplausos, para las páginas de las cuales he tomado los datos (Fungipedia.org, FichasMicológicas.com, Boletales.com y Amanitacesarea.com). Los errores, que seguro los habrá, son propios. Los que localicéis, os ruego que los comentéis para ir subsanándolos.

El enlace:
https://mega.co.nz/#!04MlSQBC!ODRW1caSccqWeR2jpGiamoMyrJDD5vwY0eqCT_gyN6Q

Mi intención es seguir, dentro de un tiempo, con otros géneros “importantes”, como los Agaricus, Lepiotas, Lactarios o Amanitas. Si alguien quiere sumarse y lo vamos completando entre todos… (si hubiera interés, podemos crear un grupo para ir modificando el archivo colaborativamente).

AVISO: Evidentemente, hablando de setas lo primero que se pide es cesta, navaja y…prudencia. Y recordar que buena parte de los envenenamientos por su ingesta no se deben a la propia toxicidad de la especie, sino a que las setas (como los bivalvos, en el mar) tienen una gran tendencia a acumular tóxicos en sus tejidos, por eso son tan buenos indicadores ecológicos. Por eso, nada de recoger setas en las cunetas de carreteras ni pistas, ni cerca (por debajo de) explotaciones agrícolas (aún peor si son “tradicionales”, “ecológicas” y “orgánicas”, pues recurren a dosis masivas de compuestos cúpricos y sulfúricos para proteger sus cultivos, que luego se acumulan en el suelo y los acuíferos).

NOTA I: Como podéis ver, en algunas añado comentarios sobre qué especies son más comunes y cuáles más raras. Si nos encontrásemos una de éstas, sugiero que se deje en su sitio, pues su valor es mayor en su hábitat que en nuestro plato, por mucho que sean especies que se vendan muy caras (por ejemplo, Boletus regius, esquilmado por los que más que setas, ven billetes saliendo del suelo). Con una cámara de fotos se disfruta tanto o más de una seta que comiéndosela (si entendieran esto tanto garrulo con escopeta…).

NOTA II: Esto de las setas, como lo del marisco, es una prueba más de la imbecilidad de la gente. El mismo tipo humano que rechazaría hace un siglo y pico probar un boleto o una cigala o, de hacerlo, sería avergonzado y a escondidas por ser alimento de muy baja consideración (las setas eran la carne del pobre, y el marisco era el recurso de viudas y huérfanos de marineros para no morir de hambre), es el mismo que hoy en día no sólo se deleita consumiendo uno y otras sino que procura aventarlo para que todos se enteren de su refinado paladar y nutrida billetera.

Efectivamente, el uso de fruits de mer y champignons en la cocina, tabú en los pueblos de origen céltico, fue introducido en los albores de la gastronomía profesionalizada en la corte francesa, y de ahí llegaron, con más de un siglo de retraso, a las cartas de los restaurantes españoles y sólo muy recientemente a la cultura popular.

En suma, el sabor de un edulis o una nécora no ha cambiado, lo que ha cambiado es el parecer de la gente, siempre tan sugestionable, tan imbécil. Al fin y al cabo, la alimentación también está sujeta, como tantas otras cosas, a las modas. Las cuales son seguidas por los cretinos sin criterio propio que encuentran referencias en un criterio externo; es decir, la inmensa mayoría.

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