La mirada del mendigo

15 enero 2020

Un dilema

Filed under: Ecología — Nadir @ 1:57

Permitidme que use este espacio para compartir unas intrascendentes elucubraciones personales sobre un asunto menor de las que, al menos, quisiera obtener algunas conclusiones de mayor espectro.

Paso a contaros el caso, y someterlo a vuestra docta opinión:

En uno de mis paseos campestres me encuentro por fin con el dueño de una parcela, en la que ya hace años me había fijado. Incluso en un medio en el que arrojar basura al campo es visto como una conducta plenamente normalizada, el caso de esta finca era ya exagerado. El energúmeno en cuestión había ido arrojando durante años una enorme y diversa cantidad de basura desde su finca a la cuneta de la pista. Desde los envases de fitosanitarios a la puerta de un vehículo, la linde de su finca era indistinguible a un vertedero.

Como inciso decir lo estúpido que me parece que en la villa los supermercados traten las bolsas como si estuvieran confeccionadas con residuos radioactivos, mientras en las afueras el envoltorio con que las modernas alpacadoras embalan las balas de paja, metros y metros de plástico, son abandonados en la finca o arrojados al río tras ser abiertos y ofrecidos al ganado. Cuando veo esta imagen me doy cuenta que la sociedad no deja de ser una burla hipócrita.

Y continúo con el pobre relato: reconvine al paisano su conducta (de puerco asqueroso, aunque omití esta referencia a su ancestral linaje) y me contestó del modo usual en estas nobles gentes: con garruladas.

Así que aquí me hallo en un dilema. Quería advertir al energúmeno en cuestión de las consecuencias de una denuncia por vertidos, darle ocasión de limpiar aquello. La cuestión es que, con la advertencia, he quedado señalado. Sabe quién soy, cuál es mi coche, así que una denuncia podría traerme consecuencias digamos desagradables.

De nuevo abro paréntesis para explicar una conversación con otra noble representante del campesinado local, por cierto, del pueblo de al lado al energúmeno anterior. Venía de su labor y, como siempre, me gusta entablar conversación (para desesperación de mis acompañantes). Y la mujer aprovechó la ocasión para lamentarse de alguien que le robaba los tomates y pimientos (fue a finales de este verano). Obviamente, una conducta censurable, tampoco a mí me gusta que desaparezca la fruta de mis árboles. Pero con un gesto de pura malicia, me confesó que ella ya había recogido lo que le interesaba de la huerta y, sobre el resto, había echado “veneno” (es decir, cualquier insecticida, fungicida o herbicida, que en la cabeza de estos profesionales de la agricultura todo más o menos es lo mismo). Yo traté de explicarle que eso era una barbaridad, que muchos de esos productos tienen unas consecuencias tremendas sobre el sistema endocrino, nervioso… y que podía llevar a alguien que comiese esas verdura al otro barrio. ¿Respuesta de la buena mujer? Que non o roubase!

Pena de muerte como condena proporcional a cogerle unos tomates al vecino, este es el sentido natural de justicia entre estas buenas gentes.

Sirva esta anécdota para explicar la desconfianza que albergo de esta clase de personas criadas en la animalidad, en las que sus padres no inculcaron más enseñanza que el instinto de supervivencia. Apreciación sobre su criminalidad latente que, entendámonos bien, sé bien que no es ni mucho menos propia de esta tierra sino común a toda la humanidad, basta con dejar que la naturaleza humana siga su curso sin ser amonestada desde muy niño para conducirlo por los caminos de la ética.

Así pues, me hallo en un dilema: precisamente ahora, tras prevenirlo, es que me resulta desaconsejable denunciar (denuncia que, por pasadas, realmente creo que caería en saco roto). Pero me molesta que semejante grado de desprecio al entorno quede impune, y en un mundo civilizado no debería ser así. Hay una legislación, ya de por sí de mínimos, que contempla delitos ecológicos como éste y debería ser aplicada.

A lo que yo me pregunto ¿por qué demonios tengo que ser yo el que se acabe exponiendo siempre? Existe un cuerpo de la Guardia Civil, el Seprona, especialmente dedicado a la persecución de los delitos ambientales. Sin embargo, cumplen su jornada como buen funcionario, dando paseítos en el Montero carretera arriba, carretera abajo, sin embarrar el coche y, Dios no lo quiera, mucho menos sus botas. Así, manteniéndose a prudente distancia del medio natural, es harto difícil poder reconocer cualquier agresión a éste. De esta forma, un cuerpo policial que tiene una protección legal absoluta precisamente para tener la capacidad de perseguir y denunciar delitos, renuncia a ella por una mezcla de incompetencia, desidia y cobardía. En muchos casos, porque sus miembros pertenecen a la misma cultura que los delincuentes, y por lo tanto lo comprenden y disculpan.

Tercera y última anécdota, esta creo que ya la conté: llamo a la Guardia Civil para denunciar una vacas comiendo en zona quemada, y llegan tras varias horas, y procuran convencerme que eso ardió hace muchos años (pero las xestas aún están quemadas), que póbrecito del ganadero, qué iba a ser de él si no le dejasen apacentar en ese monte las vacas, y finalmente uno de ellos concluyendo que las leyes están mal, pues deberían contemplar la quema del monte para pastos. Pues ya está, legalicemos el robo y el asesinato, y así nos ahorramos la necesidad de perseguirlos.

Realmente, no es que se les pueda acusar de connivencia con el delito, o de dejación de funciones en su persecución. Es que sencillamente procuran hacer lo posible por no verlo, aunque incluso así es difícil recorrer una carretera gallega sin que le salten los delitos ambientales a un ojo entrenado y voluntarioso (sin ir más lejos, las limitaciones y distancias de plantación de eucaliptos, que no es precisamente un tipo de delito discreto y fugaz).

Pero en lo que responsabilidad se refiere, tras los funcionarios policiales y resto de maquinaria legal (¿qué hace la fiscalía de medio ambiente ante infracciones tan estentóreas como las mencionadas de las plantaciones de eucaliptos?) se encuentran las asociaciones ecologistas. Precisamente uno de los fines de constituirse en asociación es para hacer una fuerza conjunta en la denuncia de situaciones, que en el caso de individuales quedarían más expuestos. En el sudeste ourensano sólo está presente una asociación, ADEGA, presente pero no activa. Ya he comentado que mis correos para proponer bellotadas reciben como respuesta el canto de los grillos, con lo que ya me ahorro incluso el esfuerzo de avergonzarlos por su abulia. La única vez que contestaron, tras dar un toque a la central de Santiago, fue ofreciéndome afiliarme. Paga la cuota y ya veremos. Pues si encima de agachar el lomo para coger bellotas, agacharlo para sembrarlas, tengo que pagar una cuota, vamos apañados. Si yo me apunto a una asociación es para cambiar las cosas, no para tener un carnet y ponerme una vez cada muerte del Papa tras una pancarta.

Pues bien, así como la Guardia Civil, tampoco ninguna asociación ecologista mueve un dedo para denunciar delitos ambientales como el descrito, y no lo hacen por las mismas razones: insuficiencia intelectual y moral, y participación en una cultura que ve este tipo de comportamientos como la normalidad de la vida en el pueblo. Y así, aún estando en una pista bastante transitada, tiene que ser un particular el que reconvenga y denuncie este caso, que ya digo incluso en el nivel de guarrería reinante llama la atención.

Así que os traspaso la pregunta ¿qué hago? ¿Denuncio el delito como debería ser según la teoría la obligación de cualquier ciudadano honrado? ¿O hago caso a mi sentido común y hago como todos los demás, mirar a otro lado (con asco) y seguir mi camino, consciente que esa denuncia sólo me acabaría acarreando problemas y no cambiaría en nada el panorama general de ruina ecológica?

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5 enero 2020

Contaminación urbana

Filed under: Ecología — Nadir @ 16:33

Os aseguro que la publicación de esta entrada no tiene nada que ver con el rebuzno de Ayuso, de hecho hace un par de semanas que la tenía en borradores. Pero lejos de ser una estupidez sin importancia, las declaraciones de la nueva lideresa son muy interesantes para comprender el mecanismo de selección en los partidos políticos. Si el criterio de promoción es la sumisión a las directrices de la cúpula (una característica propia de seres mediocres e indignos), no podemos esperar sino que lleguen a la primera división de la política los más mediocres y miserables.

Pero no quería hablar hoy de la oligocracia que se nos presenta bajo el eufemismo de “democracia parlamentaria”, sino de contaminación en el medio urbano. De hecho, voy a exponer algo muy sencillito, al alcance de todos, pero que sin embargo es eludido en el tratamiento político y mediático de este problema.

Primero, vamos con los datos. Tomo como arquetipo de medio urbano el Foro, donde ante la ausencia de industria, en especial industria pesada, la contaminación está relacionada con las emisiones asociadas al transporte. En concreto la estación de medición de Cuatro Caminos (podéis escoger cualquier otra, los resultados son análogos).

Tomo los contaminantes más peligrosos, las partículas de diámetro inferior a 2,5 µm…

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… y los óxidos de nitrógeno, elevados por la clase política y periodística a la categoría de único contaminante.

Por cierto, los resultados aunque parezca que son buenos (predominan tonos verdosos), es porque la escala está ampliada para recoger los valores de ciudades de China y, sobre todo, la India.

Bueno, al tema. ¿Qué patrón apreciáis en los datos? Parece bastante evidente que, en los tres contaminantes referidos, hay una clara oscilación estacional: en invierno los valores son aproximadamente el doble que durante el verano.

¿Qué razones puede haber para esta diferencia? Podemos pensar en primer lugar en factores meteorológicos, como el viento (que barre la contaminación), la lluvia (que la lava) o las bajas presiones (que generan una masa de aire ascendente además de propiciar las dos anteriores). Y es totalmente cierto, vemos oscilaciones dentro de un mismo mes que seguramente se deben a la entrada de borrascas que limpian el ambiente o las calmas anticiclónicas que hacen que los contaminantes emitidos se acumulen. También vemos que las estaciones en las que suele haber más inestabilidad atmosférica, otoño y primavera, muestran valores de contaminación en general bajos.

Sin embargo, eso no nos explica satisfactoriamente que los valores en invierno sean mucho más altos que en verano (periodo en el que más persistente es la situación anticiclónica), e incluso meses habitualmente muy tumultuosos, meteorológicamente hablando, como los de primavera y otoño den valores superiores a los de verano.

¿Qué puede ser entonces? Podemos pensar que quizá la diferencia se deba a la variación estacional de la intensidad circulatoria. Sin embargo, si analizamos los datos, vemos que salvo el mes de Agosto, las diferencias el resto del año son menores (sobre el 5%, y además en invierno los datos están en el rango bajo). En ningún caso pueden explicar que en invierno se dupliquen las tasas de contaminación.

¿Cuál puede ser, entonces, la causa? A ver, no caigo, no caigo ¿a qué podría deberse este extraño fenómeno?

Vale, no hago más el payaso. Todos sabéis la respuesta: las calefacciones. Cuando se encienden las calefacciones, la contaminación (al menos en estas dos sustancias analizadas) se duplica. Asumiendo que el aporte de la industria y otras causas es nulo, podemos aproximar que las calderas suponen una fuente de contaminación del mismo nivel que los motores de combustión en el aire de Madriz.

Os lo había dicho, era una entrada muy sencilla, evidente (especialmente para todos los que vivimos o hemos vivido en grandes ciudades). Todos sabemos que cuando llega el frío y arrancan las calefacciones, la contaminación es mucho peor. Bien, pues entonces si es tan evidente ¿cómo es que toda la atención mediática y actividad política se centra sólo en una de las patas de la contaminación, y no en la otra? Esa sí que es una pregunta interesante.

Porque no es sólo una fuente de contaminación de la misma magnitud que el tráfico, es que además es la que sería más sencillo, barato y ventajoso eliminar por medio de la electrificación. Efectivamente, el coste de un coche eléctrico ronda los 30.000€, mientras que un equipo de climatización (aire acondicionado / bomba de calor) para una vivienda de 100m² oscila entre 1.000 y 2.000€. Económicamente, el coche eléctrico aún sigue estando en desventaja frente al térmico, mientras que la bomba de calor es la tecnología de calefacción más económica.

Por otra parte, así como para el transporte privado hay alternativas (el transporte público electrificado), más ventajosas en términos de inversión pública, eficiencia energética, productividad de la sociedad al reducir los atascos y, por lo tanto, los tiempos de desplazamiento siempre que se invierta en una flota suficiente lo que se ahorra en asegurar el sacrosanto derecho de ir a todas partes en coche (que lo he mirado y no acabo de encontrarlo ni en la puta Constitución ni en la Solemne Declaración Universal de los Derechos Humanos)… para la calefacción no hay otra alternativa a la bomba de calor que no pase por reacciones de combustión (a no ser que queramos montar una central nuclear en Chinchón y usar su circuito de refrigeración secundario para dar calefacción municipal a la urbe, que tampoco sería una mala idea).

Entonces, si la bomba de calor es un método mucho más sencillo, eficiente y económico que electrificar el transporte privado, si realmente nos importa reducir las tasas de contaminación ¿por qué demonios siempre, invariablemente, hablar de contaminación es hablar del tráfico, y no de la otra gran fuente de contaminación? Es más, incluso tratando del tráfico, se relegan otras soluciones para centrarse en el nuevo bien absoluto de nuestra cultura: el coche a pilas.

Yo cada vez aprecio más claramente que hay un empeño en imponerlo, y que la contaminación urbana o el cambio climático es sólo una excusa. Si los motores suponen la mitad de la contaminación urbana (al menos en PM y NO2), el transporte privado por carretera sólo supone una mínima parte de las emisiones globales de CO2e, cuya electrificación en todo caso sólo reduciría entre 1/5 y 1/3 esas emisiones debido al proceso altamente contaminante de fabricación de baterías.

NOTA a esta última afirmación: El transporte supone en números redondos el 20%, la mitad son debidas al transporte marítimo, el aéreo supone un 2% y la mitad del transporte por carretera es asociada a las mercancías, así que estamos hablando de salvar el mundo intentando recortar emisiones de una fuente que supone el 4% de las emisiones globales de CO2e. El impacto de recortar en 1/3 a 1/5 el 4% de las emisiones globales es irrelevante y es, casi con seguridad, la estrategia menos efectiva en función de costo/beneficio. Si es que realmente de evitar el cambio climático se trata, pero insisto que, como en el caso de la contaminación urbana, me temo que es sólo una excusa.

Realmente, de lo que va esto, es de que nos compremos un carísimo coche nuevo. Si no lo haces por fardar, hazlo por salvar el planeta (y vanagloriarte de ello) o, finalmente, por obligación (porque acabarán imponiéndolo).

Una vez más lo repetiré: mi modelo de movilidad urbana pasa por sacar todos los vehículos automóviles privados del núcleo urbano. Todos, térmicos o eléctricos, también los taxis (empezando por los taxis, pues es el método más ineficiente de transporte tanto en espacio ocupado como en energía, debido a los trayectos en vacío). En todo caso podrían admitirse pequeños ciclomotores eléctricos…

EDITO:

Propongo la prohibición de:
– Calderas/estufas de combustible sólido (leña, carbón, pellet), para núcleos de población superiores a los 1.000 hab.
– Calderas de combustible líquido (gasóleo, queroseno), para núcleos de población superiores a los 10.000 hab (y la equiparación de la fiscalidad con el gasóleo de automoción, igual que el resto de combustibles, sea para aviación, agricultura…).
– Calderas de combustible gaseoso (metano, propano, butano), para núcleos de población superiores a los 100.000 hab.

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10 diciembre 2019

El ecologismo de clase

Filed under: Ecología — Nadir @ 2:08

Daniel me propone en términos elogiosos este enlace, que yo os traslado para su toma en consideración, pues me parece bastante representativo.

Enrique Dans – ¿Te molesta Greta? Pues ya sabes…

A continuación, desgrano mi opinión sobre el texto y huelga decir que pido la vuestra.

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Enrique Dans es un gurú (léase vendesartenes) ultra-neoliberal y ese artículo es una ridiculez. Si hundimos la economía, las emisiones subirán en vez de reducirse. Y ése sería el menor de los problemas que tendría el medio natural. Amén de que mucha gente va a suffering and dying, esta vez de verdad. Y es inmoral ignorarlo.

Piense el lector en las consecuencias de un shock económico asociado a un cambio de paradigma energético. Si te quedas sin trabajo, no tienes ingresos ¿qué haces? Lo que hicieron nuestros abuelos y sus abuelos: sobrevivir cultivando la tierra, apacentando unos animales y caldeando la casa con madera que irás a cortar a tus fincas o al monte comunal (y cuando se acabe, con estiércol o lo que encuentres). Ahora multiplica tu situación por millones de damnificados en todo el mundo. Una catástrofe humana y ecológica.

Pero no a todos les va a ir mal. Algunos tienen inversiones en empresas que, si se toma la descarbonización en serio, van a disparar su cartera de pedidos. No seamos ingenuos, en un escenario de descarbonización habrá ganadores y perdedores. La mano que lleva Dans es bastante clara. A este pollo lo conozco desde hace muchos años, es un analista de inversiones especializado en nuevas tecnologías (además de profesor de varias escuelas de negocios), y es evidente que va hasta el fondo con su apuesta por el sector verde. Y me temo que se está poniendo nervioso porque no acaba de despegar (tanto en la eólica como en la solar hay una sobrecapacidad que está hundiendo los precios y masacrando los márgenes), lo cual le ha llevado a escribir semejante engendro. Gane dinero con el cambio climático y encima alardee de superioridad moral.

Hay gente que es sincera en su convicción por frenar el cambio climático. Este tipo, ni de coña. Lleva años vendiendo su doctrina que el rico lo es porque se lo merece, y del pobre no hay que ocuparse porque lo conviertes en un vago, que se apañe pues es su culpa.

El cambio climático no es un fin en sí mismo, sino las consecuencias que comporta. Si las acciones para mitigarlo tienen consecuencias aún peores, estamos haciendo un pan como unas hostias. Tanto para el medio natural, como para el humano.

En cuanto a la niña repelente: por favor, mirad las noticias. Le ha robado todo el protagonismo al problema en sí. Lo importante es si la niña va, si la niña viene. Que la culpa no es de la cría, es sólo una niña, sino de la campaña publicitaria montada con ella de protagonista. Está generando rechazo, y como es el estandarte, el rechazo hacia ella es rechazo a lo que representa.

En vez de soltar diatribas de buenos y malos, intentaré resumiros la miga del problema, algo que veo que a mucha gente se le escapa. Se trata de hacer un proceso de descarbonización que sea viable social y económicamente. Porque si no es viable, no será. El Dans dice muy alegremente lo de “cerrar fábricas”, pero a la plantilla que se va al paro no le hace ni puta gracia. Ya ves, es lo que tienen los obreros, tan sucios, desgarbados y rudos, que no quieren sacrificarse por ese bien superior, que no aman a Greta sino a sus propios hijos. Para su clase social es muy sencillo pedir cierres de fábricas, igual que otros piden el decrecentismo. No esperen que las víctimas se vayan a quedar de brazos cruzados (aunque eso es precisamente lo que pretende el postecologismo). Así que, al menos en una democracia, debemos buscar soluciones de acuerdo que distribuyan los beneficios y las cargas de la transición energética. Tema en el que, por supuesto, en el que el Enrique Dans no parece estar muy por la labor.

¿Habéis leído La doctrina del shock? Pues muchos esperan usar el cambio climático como coartada para aplicar un green shock a la economía, liberándola de cargas improductivas. Toda una reconversión industrial contra la que sería muy difícil luchar porque vendría recetada precisamente desde la neoizquierda.

Por favor, olvidaos de la niña. Centrarse en ella es como hablar de Rafa Nadal si hablamos de la conveniencia de comprarse un KIA o sus características dinámicas (no veo la tele, no sé si los sigue anunciando). Esa cría es sólo la cara de una campaña publicitaria llevada a cabo por una organización dedicada a promocionar la descarbonización de la economía, Global Challenge. Y detrás de Global Challenge está, en resumidas cuentas, la patronal sueca.

¿Por qué la burguesía sueca iba a aportar dinero para esta causa? ¿Por su filantropía? Bueno, yo os cuento y luego sacáis vuestras propias conclusiones. Suecia es un país naturalmente adaptado para una economía sin emisiones de carbono, dado que su tradicional fuente de energía ha sido la energía hidroeléctrica. Con la nuclear y la eólica completa un mix de producción eléctrico ya casi completamente descarbonizado. Ellos no tienen que hacer ninguna inversión extra, digamos que su sistema eléctrico (la principal fuente de emisiones en cualquier país desarrollado) ya estaba descarbonizado de serie. Otros ejemplos serían Noruega o Francia, alterando el orden de sus fuentes de energía eléctrica, nuclear, hidro y eólica. Para estos países, que la descarbonización venga pero ya: ellos ya están preparados, llevan décadas estándolo.

Pero ¿Y Alemania? Que además por su magufismo está cerrando su parque nuclear. Alemania no tiene el recurso hidráulico que tienen los escandinavos, y buena parte de su producción eléctrica depende del carbón. Y la única alternativa factible, al prescindir de la nuclear, es quemar gas ruso en ciclos combinados. Que es una mejora respecto a las térmicas convencionales (más o menos reduces emisiones a la mitad), pero sin duda siguen emitiendo carbono, mucho. Si a Alemania la obligas a descarbonizarse totalmente, a semejanza de los mencionados países, hundes su economía.

Y tomemos el caso de Polonia. Prácticamente toda la electricidad que produce es mediante la combustión de carbón. Una bomba climática, sin duda. Por no tener, no tiene ni siquiera recurso eólico. De la solar ya ni hablamos (instalar fotovoltaica en centroeuropa sólo se les ocurre al magufismo alemán, y así se encuentran ahora, después de haber gastado pasta a calderos y con un sistema de los más contaminantes).

A ver, soluciones. ¿Que se jodan los polacos? Ya, pero es que no se van a joder. Ningún gobierno, de un signo u otro, va a devastar la economía por cumplir su parte en la reducción de emisiones de CO2. Que no es la clase política, es que la gente no lo permitiría. En Polonia el sector del carbón genera 13.500 puestos de trabajo directos y 100.000 indirectos. Que no se van a resignar a quedar en el paro porque una niña sueca se lo pida.

¿Empezamos a comprender mejor lo que está en juego? Hay economías que ya están preparadas para un mundo sin emisiones de CO2, sin necesidad de inversiones adicionales. Por lo tanto, promueven la descarbonización del resto, porque eso mejoraría la competitividad de su industria. Por exactamente los mismos motivos, otras son reacias a hacerlo o, al menos, llevar la descarbonización demasiado lejos. Porque eso les exigiría unas inversiones descomunales y sacaría a su industria del mercado. No seamos infantiles con maniqueísmos postmodernos de buenos y malos, detrás de estas campañas de comunicación y manipulación (usar a una niña como argumento es, en mi opinión, más de los segundo que de lo primero) lo que hay son intereses económicos enfrentados. Intereses empresariales, de unos sectores contra otros, e intereses nacionales.

Y esto, a nivel europeo, que en principio somos los más concienciados. Ahora abrid el foco para abarcar a todo el mundo.

Así que dejemos el ruido mediático y ataquemos los datos crudos, proponiendo soluciones realistas a un problema que sí es, realmente, acuciante. No somos vendesartenes, aquí entramos para razonar y debatir en serio. No hay soluciones fáciles de taxista facha (esto lo arreglaba yo…) como las que propone el gurú, de hecho es un problema de muy compleja solución (empezando porque los mayores emisiones del planeta son Estados con armamento nuclear a los que no se les puede obligar por las malas). Lo mejor que he conseguido aportar ha sido ésto. Si alguien tiene otras ideas, que cante.

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25 noviembre 2019

Phytolacca americana

Filed under: Ecología — Nadir @ 23:24

Hoy quiero presentaros otra especie invasora que también es bastante común, al menos por estos pagos. Por el nombre, ya os podéis imaginar la procedencia. Suele encontrarse en prados y zonas húmedas, y por su gran tamaño hacerse con el control del terreno imponiéndose a otras especies autóctonas.

Las fotos las saco de la Wiki, y el texto de este artículo.

Phytolacca americana es una especie de la familia Phytolaccaceae.

Este arbusto de madera blanda se trata a muchas veces como una planta vivaz, es una gran semi-suculenta herbácea que crece hasta 3 metros de altura. Sin embargo, la planta debe tener un par de años antes de que la raíz sea lo suficientemente grande como para soportar este tamaño. El tronco es a menudo rojo como la planta madura. Vertical, con tallo central a principios de la temporada. Los cambios en la propagación y la forma horizontal, se dará más adelante con el peso de las bayas.

Las hojas son alternas, con textura gruesa con moderada porosidad. Las hojas pueden llegar a cuarenta centímetros de longitud. Cada hoja es entera. Las hojas son de color verde medio y suave.

Inflorescencia en racimo alargado con numerosas flores blancas que van seguidas de bayas azul purpúreo en otoño. Las flores tienen 5 piezas regulares con estambres verticales y son hasta de 5 mm de ancho. Tienen los sépalos blancos como pétalos sin pétalos verdaderos, en pedículos blancos y pedúnculos en un racimo, que se oscurecen como los frutos de las plantas. Floración en Julio y Agosto.

El fruto es una baya de color púrpura oscuro brillante en racimo. Las frutas son redondas con una tapa plana y dentada inferior. Las bayas inmaduras son de color verde, volviéndose blancas y púrpura negruzco.

La planta tiene una gran raíz primaria blanca que crece en profundidad y se extiende horizontalmente.

Phytolacca americana Es nativa del este de América del Norte, el Medio Oeste y la Costa del Golfo, con poblaciones más dispersas en el lejano Oeste. Península Ibérica: en zonas costeras y territorios del interior con clima suave.

Hábitat y Distribución
Bosque o en zonas naturales, malezas en áreas perturbadas, en los campos, cercas, zonas bajas, claros, lugares de desecho, bordes de caminos. Las semillas no requieren estratificación y son dispersadas por las aves que se alimentan de bayas.

Nombre común: Hierba carmín, Granilla, tintilla, uvas de América, baya de tinta, baya paloma, cáncer de jalapa, espetón de maleza americano, hierba roja y solanácea americana.

Toxicidad
Todas las partes de esta planta son muy toxicas para el ganado y los seres humanos, y se considera una de las principales plagas de los agricultores. Las intoxicaciones eran comunes en el este de América del Norte durante el siglo 19, sobre todo por el uso de tinturas para preparados antirreumáticos y de la ingestión de las bayas y raíces que se confunden con la chirivía y la alcachofa de Jerusalén. Las muertes son actualmente poco comunes, aunque hay casos de vómitos y catarsis.

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6 noviembre 2019

Es al contrario

Filed under: Ecología — Nadir @ 20:43

Una de las falacias más extendidas y dañinas es la existencia de una Arcadia feliz en que nuestros antepasados directos, gentes nobles y sencillas, vivían en comunión con la naturaleza. Esa vida esforzada pero placentera se vio truncada por la aparición del mal, la ciencia, la técnica, la revolución industrial; el hombre, al comer del árbol de la sabiduría, fue expulsado del paraíso terrenal en el que vivía y el cual mantenía en benéfica simbiosis. El mito de la sociedad agrosilvopastoril es más resistente que las manchas de zarzamora, por mucho que frotes no hay forma de quitarlo de la cabeza de la gente.

La cuestión es que es completamente falso; no había en las sociedades pretéritas una armonía con el medio, sino una depredación que según crecía la población (con el concurso de esa misma ciencia y técnica, que impedían que sucediese algo tan natural como que muriesen la mayor parte de los niños) arrinconaba a la naturaleza en los lugares más apartados e inaccesibles. De intentar reproducir hoy ese tipo de agricultura y ganadería de baja productividad (es decir, que necesita de mucha superficie para obtener el mismo retorno), necesitaríamos absolutamente todo el territorio y faltaría comida para los 47 millones de bocas que hoy poblamos esta monarquía bananera.

Pero no quiero ser pesado, porque sé que todo esto lo he dicho muchas veces. En lo que hoy quería poner la lupa es un corolario de esa falacia del aldeano campechano: con el éxodo rural, se privó al entorno rural de ese mayordomo de la naturaleza que mantenía el orden cósmico gracias a su sabiduría ancestral (recordemos, esos seres élficos vivían en comunión con la naturaleza), y como consecuencia de la falta de esas nobles manos, todo fue a peor en los campos. Por ello la despoblación del rural es percibida como una desgracia y se invierten fondos en procurar revertirla, que viene a ser como procurar llenar de agua una canasta.

¿A qué os suena todo este discurso? Bien, ya que hemos contado la peliculita de Disney, vamos a explicar cuál es la realidad en el rural, al menos en esta esquina de la península de la cual me creo con autoridad de hablar.

Como sabréis, siempre que salgo de Españistán, vuelvo enfadado de cómo es posible que en Europa sea tan sencillo que conviva una agricultura y ganadería competitiva, profesionalizada (lo que aquí se hace con las diez ovejas y la tirela de nabos y patatas no es ni agricultura ni ganadería: es hacer el payaso), con masas forestales autóctonas, bien conservadas. Lo que tantas veces he dicho: llegar a un pacto con la naturaleza, la mitad del territorio, las mejores tierras, dedicadas a pastos y tierras de labor. Y la otra mitad, la que no sea rentable trabajar, liberarla para que la naturaleza pueda regenerarse.

Bueno, pues aquí es justo al revés. Todos los montes y demás terrenos que no son aptos para el cultivo, han sido dedicados a la producción forestal con especies alóctonas (eucalipto en la costa, pino en el interior). Los montes gallegos, portugueses, leoneses (obviamente incluyo aquí a Zamora) y buena parte de los asturianos están ecológicamente muertos. Se puede apreciar mayor riqueza biológica en un campo de cereal de la Tierra de Campos (en lo que piensan los gallegos cuando hablan de “Castilla”, de la cual sólo conocen el paisaje que se ve desde la A6) que en esas masas forestales monoespecíficas, gestionadas por las comunidades de montes (aquí tenéis un maravilloso contraejemplo de cómo una gestión colectiva puede ser más devastadora que cualquier otra, estatal o privada). ¿Y dónde se refugia la riquísima fauna y flora autóctona? Paradojas de la vida, en las fincas abandonadas, propiedad de aquellos que hace décadas tomaron el camino de la emigración, y ahora son teóricamente de unos descendientes suizos, brasileños, madrileños… que ni siquiera saben situar la aldea de sus abuelos en el mapa, y muchísimo menos se plantean volver para reclamar la propiedad de esas tierras. Y es en esas tierras abandonadas, sucias, echadas a perder como las llaman los palurdos, donde prosperan las formaciones de bosque atlántico autóctono, y en donde se refugia la fauna salvaje.

Son islotes de biodiversidad amenazados por el fuego (los alguaciles del campo que quedan procuran devolver el orden humano al campo por medio del mechero), la expansión de especies invasoras (nunca remarcaré lo suficiente el peligro de las acacias), la usurpación de propiedades abandonadas con la connivencia de los despachos de notarios. Sin olvidarnos de la caza. Estos días, los mangarranes con escopetas dedican su ocio a rodear estos rodales de bosque autóctono y lanzar sus perros en su espesura para sacar a las presas de su último, escuetísimo refugio.

Por lo tanto, quiero desde estas páginas rendir homenaje a aquellos gallegos, portugueses, leoneses y asturianos que tuvieron el buen acuerdo de emigrar para no volver jamás, de morir sin descendencia, o sencillamente de desatender las fincas y vivir cómodamente de la pensión. Gracias a todos ellos, aún la naturaleza subsiste y guarda un hálito de vida en esta esquina de la península.

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Por cierto, las imágenes que muestro son, aunque no lo parezca, del mismo sitio (tanto el encuadre como la escala he procurado que sea la misma). La primera, actual, para ejemplificar el valor ecológico que tienen esas parcelas olvidadas tras la concentración parcelaria, en un entramado de cultivos de patatas, grelos, chopos o carballos americanos (Q.rubra). La segunda, el aspecto que tenía todo aquello en 1956. Así era el paraíso terrenal que tiene idealizado tanto urbanita bobo. Una “vuelta a lo natural”, con 47 millones de tipiños, implicaría, además de una catástrofe humanitaria, la más absoluta devastación ecológica de todo el territorio.

Todo tiempo pretérito fue anterior.

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