La mirada del mendigo

29 julio 2017

Até o carallo

Filed under: ecología — Mendigo @ 3:27

Veño de quitar estas fotos do lume de Medeiros (concello de Monterrei, na raia seca, o cu do mundo).

Despois de toda a tarde pasando avións e helicópteros, non foron quen de apagalo, chegou a noite e alí segue a arder. Polo que me dixeron, foron a lo menos 3 focos nunha distancia duns poucos kilómetros. Que casualidade.

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16 julio 2017

Mucha casualidad

Filed under: ecología — Mendigo @ 12:03

Cinco focos simultáneos en el incendio de Cea (Ourense).

Y habrá un periodista subnormal que diga “se cree que ha sido intencionado”.

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12 julio 2017

Galiza é un vertedoiro

Filed under: ecología — Mendigo @ 13:10

Este é o respeito que sinte o rural pola terra na que moran. Pasando por unha vella ponte pola que xa non pasa a estrada, que é o que atopo nas beiras?

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Para isto serven os ríos galegos: canles onde perder de vista os entullos, neumáticos, mobles, electrodomésticos vellos, xoguetes do rapaz que medrou…

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Galiza rural, Galicia urbana, dous planetas á parte. Uns estragando a Natureza, os outros encolléndose de ombreiros ante a destrucción da súa patria.

Cada pobo…

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8 julio 2017

Biomasa

Filed under: ecología — Mendigo @ 19:34

Si alguna vez os preguntáis dónde acaban los árboles tras un incendio, aquí tenéis parte de la respuesta. ¿Es un efecto óptico o esas cortezas están renegridas?

Es una fábrica de pellets en Boñar (León). Se supone que esto es lo más de lo más en ecología, pero debo tener muy poca sal en la sesera porque yo no veo ecología ni sostenibilidad por ningún lado.

Ya puestos, es preferible el uso de madera en bruto, porque el proceso para producir pellets es bastante endotérmico. Básicamente se trata de reducir los troncos a serrín, y formar las pellas (perdón, pellet, que llamar a las cosas por su nombre no es de personas finas y bien educadas) con calor y presión en presencia de un aglomerante. Es decir, estamos aumentando las emisiones de carbono imputables respecto de la madera.

Pero es que la misma idea de cortar árboles para calentar la casa me parece un despropósito. Si se trata de árboles autóctonos, estamos eliminando del ecosistema un ejemplar que tenía una función. Incluso muerto cada árbol tiene importancia en el ciclo biológico: un árbol muerto está lleno de vida, y en su descomposición devuelve finalmente a la tierra los nutrientes que ha fijado en su estructura durante años.

Realmente, si tuviéramos unos bosques inmensos como los de, por ejemplo, Francia (líder mundial en biomasa), con una gestión sostenible (no extraer más biomasa de la que se regenera, y siempre a la entresaca), pues podíamos tolerarlo. Pero en León, donde las masas autóctonas están en regresión acosadas por el pino invasor, ponerse a cortar carballos es una salvajada.

Si, como es el caso, la mayoría de los troncos son de pino, aún peor por cuanto supone dedicar el monte a los monocultivos forestales, en vez de regenerarlo y devolvérselo a la Naturaleza. Conste que si cortaran los pinares para repoblarlos con autóctonas, yo no pondría ningún reparo. Así les parta un rayo a los putos pinos. Pero éste no es evidentemente el caso: donde había pinos vuelven a replantarlos (crecen rápido y tienen comprador).

Y si, además, la forma de aumentar beneficios es comprando madera quemada, pues ya la farsa ecológica empieza a resultar hasta insultante.

Supongo que a nadie le sorprende que un aumento en la demanda de heroína (más yonkis) traiga aparejado un crecimiento del narcotráfico. Pues no sé por qué hay a quien le sorprende que aumentar la demanda de madera quemada conlleve un mayor número de incendios.

El mismo mecanismo por el que la continuidad y la ampliación de la planta de Ence en la Ría de Pontevedra, implica impepinablemente la extensión de los cultivos de eucalipto en Galicia.

Expandir el mercado de la madera barata es la base, el mismísimo origen, de la catástrofe ecológica que castiga nuestros montes.

Alucinantemente, tiene buena prensa, y hasta intentan convencernos de que aún le estamos haciendo un favor a la Naturaleza. Plantando alóctonas, cortándolas y quemándolas. Bueno, en ocasiones, ni siquiera se espera a cortarlas para quemarlas. Menudo cinismo.

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4 julio 2017

El problema de los incendios en Galicia

Filed under: ecología — Mendigo @ 23:16

Por su indudable interés, os propongo la lectura de esta breve columna de opinión, aparecida en la citada revista Quercus en el 2006 y firmada por Pedro Galán, profesor de la facultad de Ciencias de la UdC y quizá el fulano que más controle sobre la herpetofauna gallega.

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El problema de los incendios en Galicia es para mucha gente un asunto misterioso, ya que ¿cómo es posible que la región más húmeda de España sea la que padece, año tras año, un mayor número de incendios y de superficie quemada?. Este problema gravita sobre dos causas principales y una docena larga de causas accesorias.

Primera causa: la lucha tradicional del agricultor y el ganadero contra el matorral invasivo. A lo largo de la historia, la población rural gallega ha tratado de mantener a raya el crecimiento de tojos, retamas y zarzas, entre otros matorrales (enormemente rápido en zonas de clima atlántico húmedo y templado, a menudo con suelos profundos), mediante el desbroce manual pero también con el fuego.

El problema es que se sigue haciendo uso del fuego -quizá más que antes, por el alto coste de los jornales de desbroce- cuando el abandono del campo ha disparado la expansión del matorral y ya no hay gente suficiente para controlarlo. ¿Y si el fuego pasa -y casi siempre pasa- a las fincas y montes de los vecinos?. Pues en muchos casos, es un efecto también buscado. Ya se sabe, “pueblo pequeño, infierno grande” y en Galicia abundan de forma desmedida los pueblos muy, muy pequeños.

Segunda causa: las plantaciones masivas de eucaliptos (y hoy en día, en segundo lugar, de pinos), sobre todo en las dos provincias atlánticas, A Coruña y Pontevedra (las más húmedas y las que sufren un mayor número de incendios), que cubren superficies inmensas. Los eucaliptos son plantas pirófitas, con una extraordinaria capacidad para propagar el fuego y rebrotar tras los incendios. Antes, los fuegos de maleza limitaban con bosques húmedos de robles y castaños, que impedían su propagación. Las plantaciones forestales de ahora hacen todo lo contrario, facilitan su extensión.

La acción conjunta de estas dos causas explica la mayor parte de los incendios y el hecho de que éstos surjan sólo depende de que pasen unos cuantos días sin llover durante el verano. Si el período de lluvia es de casi un mes (como ha ocurrido este año), el resultado es catastrófico. En otras palabras, siempre hay una parte -aunque sea pequeña- de la ciudadanía rural dispuesta a “plantar fuego”. Sólo así se explica la correlación perfecta que existe, año tras año, entre el número de días sin lluvia y el número de incendios, se tomen las medidas que se tomen. El resto lo hace el abandono del campo -con la expansión consiguiente del matorral- y, sobre todo, las plantaciones de eucaliptos. Se podría decir que es la consecuencia indeseable de una política que ha favorecido en las últimas décadas la plantación de árboles de crecimiento rápido por encima de cualquier otra consideración. Lo mismo sucede, por ejemplo, en el norte de Portugal, igualmente húmedo y castigado por los incendios.

Las causas accesorias forman una larga lista. A menudo, son las únicas que se mencionan en los medios de comunicación: la recalificación de los terrenos quemados (recordemos que en Galicia sigue permitida), la compra de madera quemada a bajo precio, los fuegos provocados por personal de cuadrillas contra incendios no contratadas, etcétera. Pero hay que recordar que estas causas explican sólo un bajo porcentaje del total de los incendios: la gran mayoría se debe a las dos principales causas que hemos destacado. Por eso es tan difícil luchar contra el fuego. ¿Cómo se cambia en poco tiempo una mentalidad que, por decirlo de una forma suave, nunca ha sido amante de la naturaleza?. Recordemos que en muchos casos, sólo nos separa una generación de la pobreza rural más absoluta y de lucha contra esta naturaleza para poder cultivar el sustento diario. ¿Cómo se sustituyen las miles de hectáreas plantadas con eucaliptos y pinos?. Y sobre todo, ¿habrá alguna vez voluntad de hacerlo?.

Además de toda esta catástrofe estival, hay que recordar que lo peor de los incendios está por venir, ya que lo provocan las lluvias otoñales e invernales. Dentro de poco comenzará a llover con fuerza sobre montes y campos quemados, desnudos de la vegetación que sustenta el suelo. Y esa lluvia arrastrará hacia los ríos, los embalses y el mar toneladas de tierra vegetal, en un proceso erosivo que no tiene vuelta atrás.

Se calcula que, con una pendiente media, la lluvia arrastra más de ochenta toneladas de tierra vegetal por hectárea. El suelo que ha tardado siglos en formarse desaparece en semanas. Y lo hará cuando ya nadie hable de los incendios. Eso sí, el próximo verano, si viene seco, volverán a estar de plena actualidad.

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