La mirada del mendigo

13 febrero 2017

Acabar con las primas

Filed under: ecología,energía — Mendigo @ 1:19

No, deja en paz a las hijas de tu tío, que no es eso.

Me refiero, claro está, a las primas a la generación eléctrica. Las más famosas son las primas a las renovables (alguna de ellas, como la cogeneración o la incineración de residuos, con tantas emisiones de CO2 como la que más). Pero hay otras, que se suman a eso que llaman peajes, que sólo tienen que ver con los de las autopistas en que ambos son una sablada al sufrido usuario, en muchos casos de escasa justificación legal (la A-VI, por ejemplo, debería ser de patrimonio público si Aznar, traidor a los intereses de los españoles, no hubiera firmado una extensión de la concesión por 75 años más, menudo regalito a Abertis).

De cada 10€ de subvención más o menos descarada a la generación eléctrica, es cierto que 9€ van a las energías del Régimen Especial, pero también las eléctricas convencionales reciben el otro eurete de aguinaldo por inventos tales como la moratoria nuclear (aún estamos pagándoles el coste de paralizar Lemóniz, Valdecaballeros y Trillo II, pues antes de la burbuja de ciclos combinados hubo otra de nucleares), un incentivo de calidad ¿?¿?¿?¿? y una prima de ininterrumpibilidad, que retribuye a las eléctricas por el mero hecho de estar disponibles, aunque no produzcan (una especie de “moratoria de ciclos combinados”, y eso que nadie obligó a las eléctricas a construirlos, fue una decisión empresarial libre cuyo riesgo, sin embargo, no quieren asumir y pretenden que todos paguemos las consecuencias del error en sus predicciones de evolución del consumo, a qué me suena a mí eso).

Desde hace tiempo, defiendo un sistema eléctrico configurado de forma completamente distinta. En vez de poner un precio base e ir añadiendo incentivos más o menos arbitrariamente, propongo obrar a la inversa: imputar a cada tecnología de generación las externalidades que transfiere a la sociedad. Cuantificar el daño causado a la sociedad por unidad de energía, y pasarle la factura fiscal para que resarza a la sociedad de esa agresión.

El ejemplo más básico son las emisiones de CO2 (directas e indirectas), calcular el daño que produce cada tonelada de CO2 emitida en el ciclo de vida de la central (las térmicas generan casi todo en la operación, mientras que las renovables en la fabricación y desmantelamiento, aunque en un orden de magnitud inferior) e imputárselo. Pero vale para cualquier consecuencia de la producción de la electricidad que no asume la empresa sino que transfiere al resto de la sociedad, a pesar de no compartir con el resto de la sociedad los beneficios. Estoy hablando de gestión de residuos nucleares (que de hecho, ya asumen pagando unas cuotas a Enresa), de otras emisiones tóxicas (SOx, NOx e inquemados), de ocupación del entorno (las renovables suelen aprovechar un recurso muy disperso, excepto la geotérmica, y por lo tanto precisan desplegarse en un área muy extensa), etc. Es una labor difícil, porque deberemos valorar agresiones al medio natural de tan naturaleza tan diferente como la erosión asociada a la instalación de un parque eólico o la eutrofización de un río al remansarlo una presa; pero llevándola a cabo de forma rigurosa. minimizando la subjetividad (asociada al interés) y sometida a evaluaciones y correcciones posteriores, tampoco es levantar las pirámides de Giza. De hecho, me parece un bonito y fértil campo de estudio.

De esta forma, haciendo que los productores paguen por TODOS los costes de generación, en vez de endosar algunos a la sociedad, podríamos situar a todos en la misma línea de salida, cada uno cargado con el fardo que le corresponde. Y, a partir de ahí, se abre la subasta y que cada uno oferte su energía. Tras la imputación de externalidades, todos los kWh son iguales, limpios de cualquier daño, para compensar del cual ya han sido gravados. Entonces, sólo tenemos que tomar los kWh con los que cubramos la demanda en cada momento a un mejor precio y listos. A la sociedad, que no le carguen con los costes, con las consecuencias de su actividad económica, la generación. Y a partir de ahí, sus costes, su margen de beneficios, sus beneficios o pérdidas es una cuestión completamente ajena. Son empresas privadas, así que esas son cuestiones que sólo incumben a sus gestores y accionistas. Igual que cuando compras cualquier cosa no preguntas al vendedor cuánto beneficio obtiene de ello, no tiene por qué ser diferente con la electricidad.

Parece una reforma revolucionaria, pero en realidad es más simple, lógica y rigurosa que el arbitrario sistema de primas que tenemos. Desde luego, económicamente más conveniente y ecológicamente neutra. Por ejemplo, en el RD413/2014 se establece el nuevo sistema de primas a las renovables, limitándolas a una “rentabilidad razonable” que estima en el 7,4%. Es comprensible e incluso loable el esfuerzo de Industria por detener la hemorragia de dinero que suponía la retribución a las renovables, especialmente la solar, que se llevaba (y se sigue llevando) la mayor parte a pesar de la insignificancia de su producción; pero no deja de ser un parche, un remiendo, un mal apaño. ¿Por qué tiene que asegurar el Estado la rentabilidad de un negocio? ¿Acaso le asegura a cualquier autónomo o pequeño empresario que el negocio que monte vaya a tener esa “rentabilidad razonable”? El Estado no tiene por qué entrar en los balances de una empresa, ni está escrito en ninguna parte que todo negocio deba ser rentable.

Es que realmente esto parece un parvulario. Señores, estamos en un sistema capitalista de libre mercado. Si no les gusta, podemos cambiar a un sistema socialista, de hecho es precisamente por lo que abogo. Abolimos la propiedad privada de los medios de producción, la legalidad de las rentas del capital y se acabaron las peleas. Ahora bien, lo que no se puede es aprovecharse de un sistema cuando toca repartir los beneficios, pero pretender que el Estado proteja esos beneficios poniendo en suspenso el libre mercado cuando el viento sopla de cara. Por poder, se puede, y bien que le ha ido a los bancos, pero para el conjunto de la sociedad, ese socialismo de amiguetes implica para la sociedad lo peor de los dos sistemas.

Cualquier productor que pretenda vender un producto, en este caso energía eléctrica renovable, a un precio muy superior a la competencia, simplemente queda fuera del mercado. No vende. Y si quiere vender, tiene que ajustar los precios hasta el nivel de la competencia. O ponerle una manzanita en la cubierta y a ver si cuela. Esta última es la opción de los productores fotovoltaicos (que aunque se vendan como ONG, es una negocio con un alto nivel especulativo y fuertemente apalancados). Y quien sea ineficiente en el cometido de suministrar energía eléctrica con bajas emisiones imputables a la sociedad, saldrá del mercado y deberá echar el cierre, como en cualquier otro sector de la economía.

Muchas veces hemos escuchado que hay instalaciones como las centrales nucleares o las hidroeléctricas que están ya amortizadas y el beneficio que obtienen, a mayores, es excesivo y deberían o reducirlo, o pasar a manos públicas (con las presas nos van a hacer la misma marranada que con la comentada A-VI, lo que por fin podría pasar a ser de todos, se le prorroga con alguna excusa para que sigan sangrándonos por usar lo que debería ser ya nuestro).

Pues bien, con las instalaciones fotovoltaicas pasa exactamente lo mismo. Ya han sido amortizadas o están a punto (plazo de amortización de 10 años, y se entraron en tromba en el 2007-2008), los inversores ya han recuperado su inversión (salvo los gastos financieros de los que invirtieron apalancados, igual que otros invertían en ladrillo hasta que se pegaron el hostión padre al explotar la burbuja). Por lo tanto, no pueden pretender seguir disfrutando de ese trato de favor respecto a otras tecnologías de generación, incluso sobre otras renovables. A partir de su amortización, tendrán que avenirse a cobrar el precio de la subasta, como cualquier otra. Y si no les gusta, nadie les impide cogerse sus paneles e irse a otra parte.

Por lo tanto, insisto: la solución más elegante, eficiente y conveniente para el conjunto de la sociedad es: se imputan las externalidades a cada fuente de energía, se celebra una puja inversa (el pool, perdonad el barbarismo) en igualdad de condiciones, y se retribuye a todos según la puja de cierre… Y NI UN EURO MÁS. Vamos, tras el reequilibrio fiscal, es seguir con el sistema actual, al cual sólo habría que hacer ciertos retoques para evitar la manipulación del mercado y la colusión de precios por las cuatro grandes, (quizá con algunas expropiaciones aquí y allá para crear un gran grupo energético público). Y los que hayan quedado fuera de la puja, a esperar la siguiente subasta a ver si entran y, mientras tanto, a rañala. Y a quien no le resulte rentable la actividad, nadie le obliga a participar en el pool ni a mantener abierto su negocio y, además, aquí se viene ya llorado de casa. Menuda novedad, que un inversor salga escaldado y desplumado o que un empresario tenga que bajar la persiana porque le mercado le da la espalda.

La sociedad necesita un suministro eléctrico al menor coste posible (porque es una pieza muy importante para la competitividad de una economía y, por lo tanto, para la creación de riqueza y puestos de trabajo); demanda que, además, tenga el menor impacto ambiental posible. Que cada uno presente sus ofertas y con los mejores, alimentaremos la red.

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Nota: Lo de la amortización a los 10 años, no es porque lo diga yo, sino el propio sector fotovoltaico lo proclamaba en su tono mesiánico triunfalista que es tan habitual entre los homeópatas y demás vendedores de humo (snake oil, que dicen los gringos). Copio algunos enlaces:

Almunia Solar – En general, una instalación fotovoltaica tiene un tiempo aproximado de amortización de entre 9 y 12 años.
OPDE – El período de amortización será de 10 años
Soliclima.es – Se calcula un periodo de amortización de la inversión de entre 8 y 10 años
Efenar Solar – …solemos planificar una amortización en torno a los 8 años…
WS Solar Energy – Las instalaciones solares rondan los 6-9 años de amortización.

Aunque el más sincero es éste:

Sitio Solar.com – El propietario de la instalación fotovoltaica inyecta toda su producción a la red general con una tarifa alta mientras consume energía de ella a una tarifa baja. De esta manera se obtiene un saldo positivo de la relación de venta – compra que logra hacer rentable la instalación y la amortiza en un periodo de tiempo comprendido entre 5 y 15 años de media. A partir de ese momento habrá un ingreso y ganancia neta.

Sin complejos. Sin vergüenza.

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Todos son enlaces de la época del aluvión fotovoltaico. Ahora son aún más optimistas:

Energías-Renovables.com – El periodo medio de amortización de una instalación fotovoltaica es hoy de 5 años

¡¡¡Una TAE del 20%, no sé a qué estáis esperando a llenar de paneles el tejado de vuestra casa!!!

¡Ah! A tener una. Bueno, yo también tengo sólo un pisito, y bastante es.

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12 enero 2017

Ecoloxía ou paisaxe: cosmética

Filed under: ecología — Mendigo @ 22:58

TeleGaita, a radiotelevisión pública galega, é o epítome da manipulación informativa ó servizo do poder. Como exemplo, quero propoñervos esta noticia que amosaron no telexornal:

A Xunta veta o eucalipto en zonas de interese paixasístico
Tamén se eliminarán destas zonas, que se corresponden con aproximadamente o 10% do territorio galego, os tendidos eléctricos

Un pode pensar, ben, menos é nada, a lo menos o 10% do territorio galego estará protexido da eucaliptización. Pero iso o pensaría un pailán, ou alguén que viñera de fóra da Galiza e non soubese das mañas da Xunta. Se en algo é competente o PP é nas operacións de imaxe, mentres que coida con celo e fidelidade canina os seus intereses de clase.

Chama a atención da noticia o interese non en eliminar o eucalipto, senón que non se vexa moito: poñendo ás beiras das estradas e núcleos urbáns unha franxa de vexetación autóctona que disimule as plantacións de eucalipto. Disimule, porque o eucalipto é moito máis alto que calquera outra especie autóctona e sempre vai destacar detrás delas a pouco que o obervador recúe un paso.

Pero se imos máis aló, investigando as fontes, chegamos a este documento que é ó que se refire a tipiña do telexornal.

Despois de lelo, o que non fixo a xornalista voceira, un descobre que son 34 páxinas de palla sen obriga algunha para administración, só recomendacións, consellos e boas intencións. É evidente que a redacción da “noticia” foi obra da propia Xunta, e pasouna ó seu órgano de difusión (Telegaita), no cal lle deron lectura, engadíndolle algunhas imaxes.

O máis importante do documento é o que cala. Nel, a importancia non é da protección dos ecosistemas (o pouco que queda deles na Galiza) senón da percepción que temos do monte os humáns, a paisaxe. É dicir, as plantacións de eucalipto non son prexudiciais porque modifican até a completa destrucción os ecosistemas. Non, só recriminan o eucalipto porque é feo, ou póde parecerlle feo os turistas-pelegríns que fan o puto camiño de Santiago ou van ás praias. Con agochalo, disimulalo ou mesmo cambiar a percepción da poboación, é dabondo. Nunha manobra que di moito dos procesos mentáis que rexen as cabezas destes merdáns adobiados, o importante non é a esencia, senón a aparencia.

Porén, eu aínda seguía intrigado sobre as zonas das cales vetarían o eucalipto. Había algo que me facía desconfiar, e era o dos tendidos eléctricos. Supor que a Xunta obrigaría a REE ou as eléctricas a soterrar as súas liñas de moi alta, alta e media tensión é ir un paso máis aló da ciencia ficción. Alí había un truco agochado. O truco é que as boas intencións limítanse ás Áreas de Especial Interese Paisaxístico. Ése 10% de Galicia do que fala sen se por roiba a lacaia de Telegaita. Son as seguintes:

areas-especial-interes-paisajistico

Nesta aplicación podedes velas con máis precisión (engadir capa do AEIP).

Que, en resumo, son de dous tipos:
– o bosque ripícola (primeira liña na beira dalgúns ríos) no que, de tódolos xeitos, xa está prohibido introducir o eucalipto pola Lei de Montes (e aínda así…)
– nas altas serras (Ancares, Trevinca, Manzaneda, Xistral…) nas que non hai nin terra nin clima para o cultivo do eucalipto

É dicir, a Xunta vai vetar o eucalipto alá onde non hai eucaliptos, nin interese en introducilos. Nin tendidos eléctricos, nin básicamente nada máis que xeo, rocha e vexetación arbustiva.

Daquela, este novo brindis o sol da Xunta é tan útil para a protección dos ecosistemas galegos como agasallar a un inuit cunha máquina de facer xeados. Non tiña escoitado nada máis estúpido dende que o goberno de Castela e León engadiu ó cachalote como especie protexida no seu territorio.

Galicia seguirá sendo, cada vez máis, un cultivo de eucalitpos e piñeiros (o Pinus pinaster é considerado pola Xunta como autóctono, sendo orixinario do eido mediterráneo, e polo tanto poderá ser empregado como “autóctona” en sustitución dos Eucaliptus). Os nosos ecosistemas destruidos para alimentar a industria da celulosa (ENCE) e dos aglomerados (FINSA). E nese proceso, esta “noticia” é unha pura operación cosmética pagada con diñeiro público. Fan coa realidade o mesmo que coas súas caras de lagarto: enchela de afeites para disimular a súa decrepitude e vileza.

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14 diciembre 2016

Invasores

Filed under: ecología — Mendigo @ 19:06

A vueltas con la pasada entrada, creo que me ha quedado coja. En el cuadro se mencionaban una serie de especies invasoras, y creo que es bueno darlas a conocer para que cada vez haya más gente capaz de identificarlas y denunciar su presencia (con el eucalipto ni me molesto, porque sé bien que lo conocéis de sobra, de hecho si vivís en la costa gallega es difícil que conozcáis otra cosa).

Empezamos por la más famosa de todas, por extendida, la mimosa (Acacia dealbata).

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Una prima hermana de la mimosa, y como la anterior tiene origen en Oceanía, en concreto la isla de Tasmania (como el Eucaliptus globulus), la Acacia longuifolia. Tanto se parece a su prima que se suele encontrar en los mismos sitios, una al lado de la otra (lo dicho, sólo nos faltan los koalas), allá donde haya humedad (riberas de los ríos o vaguadas).

Tanto la una como la otra, tienen una extrema capacidad de reproducirse, tanto por semilla como por hijuelos que emite su sistema radicular, colonizando rápidamente áreas muy extensas y desplazando de ellas a las especies autóctonas.

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Otra compañera del género Acacia, la acacia [de madera] negra (A. melanoxylon).

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Y otra acacia más, que muchas veces se confunde con la mimosa, la A.baleyana. Por suerte, ésta mucho menos común que sus congéneres.

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Hasta aquí las especies australianas, ahora nos vamos al peligro amarillo: este árbol es originario de China, el Alianto (Ailanthus altissima).

Todos estos son árboles ornamentales que fueron introducidos por retrasados mentales para decorar parques y jardines, y que rápidamente se han naturalizado causando un daño inmenso a los ecosistemas que modifican profundamente. El eucalipto es peligroso porque es económicamente rentable, y se ha plantando masivamente, pero no tiene la extraordinaria capacidad de propagación de las anteriores.

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Y para terminar con los árboles, una falsa acacia originaria del continente americano: Robinia pseudoacacia. En concreto, en la calle donde vivía en Madriz habían plantado ésta especie (no podrían poner un fresno, por ejemplo).

Ahora la moda de los alcaldes tuercebotas ha cambiado, y se ha hecho muy popular el Liquidambar styraciflua por sus bellos tonos rojos otoñales. Por ahora, no he conocido casos de naturalización, así que ni subo la foto, pero ya son ganas de hacerle correr el riesgo a la Naturaleza, introduciendo especies alóctonas. Y más por motivos tan banales como la coloración de las hojas.

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Ahora vamos con las cañas. El documento menciona la caña común, Arundo donax. Originaria de Asia, se ha extendido por los humedales españoles hasta hacerle creer a mucha gente que es una especie autóctona.

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A lo que hay que añadir su versión americana, el plumerillo (Cortaderia selloana)

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Y por ir terminando, porque la lista es interminable, una especie muy usada en jardinería y floristería y que ya he visto en la naturaleza (ayer mismo estuve carcándome una), la cala (Zantedeschia aethiopica):

Y otra sudafricana también muy hermosa, pero que se está expandiendo rápidamente por nuestras costas, la uña de gato (Carpobrotus edulis).

Y su prima, la C.acinaciformis.

Y aquí lo dejamos por ahora, porque la lista de especies vegetales (y luego nos podríamos poner con el reino animal) invasoras es desgraciadamente muy numerosa (y cada año se suman nuevas amenazas). El problema es siempre el mismo: cuando entran en un ecosistema lo modifican, compitiendo y desplazando a las especies autóctonas, pasando a ocupar su nicho ecológico e introduciendo un desequilibro en el ecosistema.

Hay agresiones al medio mucho más espectaculares, como los incendios o los vertidos, que cualquiera reconoce como un problema. La amenaza a la biodiversidad que implica la introducción de alóctonas es menos evidente, ya que son igual de verdes que las plantas a las que desplazan, y no todo el mundo tiene una cultura ecológica suficiente para apreciar el daño. Pero lo he dicho mil veces: un bosque quemado, tardará muchos años, pero se recuperará de un incendio. Ahora bien, si introducimos otra especie que compita y venza a los rebrotes (como el eucalipto, o el pino en donde no sea autóctono), el daño será absoluto y permanente.

Por lo tanto, esto es como en los westerns con el cartel de “WANTED. Dead or alive“, sólo que en este caso podéis tachar el “alive“. Cualquier especie de las anteriores, en el medio natural, es un atentado ecológico y debéis procurar eliminarla. Ahora bien, es más fácil decirlo que hacerlo, por supuesto, por la enorme capacidad de rebrote de estas especies (si creéis que el eucalipto lo aguanta todo, es porque no habéis intentado matar un grupo de mimosas). De ahí la pasada entrada, sobre las formas más eficaces de erradicación de estas especies.

Así que… a las armas. ¡Hay que defender nuestros ecosistemas de la invasión!

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12 diciembre 2016

Acción directa

Filed under: ecología — Mendigo @ 23:26

Ayer estuve aprovechando estos días absurdamente calientes en pleno mes de Diciembre, para darme un rulo por Barra (para los que no sois de aquí, la gran playa nudista del Sur de Galicia). Y, de paso, estuve arrancando unas cuantas plantillas de eucaliptos, lindando con el pinar costero que fija las dunas de Barra y que, por cierto, es un espacio protegido (¿Plantar eucaliptos en un ecosistema protegido? ¿por qué no? Aquí se puede todo…). Los medianejos, alguna vez (que tengo maldita la gana, porque eso es como vaciar el mar con un pocillo) meto una macheta en la mochila (un hacha pequeña). Pero… ¿qué hacer con los inmensos ejemplares maduros?

Bien, revisando algunos documentos de silvicultura, me encuentro con una información que puede ser útil. Está sacada de una hoja del 5º Congreso Forestal Español, sobre unas experiencias de campo que se hicieron en Andalucía (con Extremadura, las únicas regiones en las que hay alguna actuación de la administración para erradicar especies invasoras, mientras que la misma villa de Pontemierda, muy progre, dejan que se extiendan los plumeros en los solares abandonados).

Bueno, al caso, esta tabla. A buen entendedor…

tabla-herbicida

GLIC: Glifosato 36%
TRIC: Triclopir 48%
PICL: Picloran 24%

Las dos primeras operaciones implican abatir el árbol, lo cual no suele estar a nuestro alcance, especialmente en ejemplares muy grandes. La aplicación foliar, a menos que dispongamos de un helicóptero, como que no. Así que nos quedan las otras dos opciones, hacerle un agujero en el tronco e inyectar en él el herbicida puro, o pelar las cáscara y rociar el floema (la parte viva de la corteza, por la que desciende la savia). Más discreta y rápida es, desde luego, la primera; más efectiva la segunda (pero el documento no detalla la concentración en este caso). Aunque en el caso de la segunda, ya puestos, se puede plantear profundizar más hasta seccionar el cambium (algo así como las células madre de una planta), con lo que el tronco moriría y sólo habría que pasarse con la ecológica macheta para ir controlando los brotes que vaya emitiendo hasta acabar con ella. Pero vamos, el jeringazo de Piclorán también parece que funciona, tanto en eucalipto como en acacia, y siempre es más discreto llevar una trade que una macheta (y ya, en plan tecnológico, un taladro a baterías).

Evidentemente, esto es para árboles que están en medio de un espacio de cierto valor. Sería absurdo pretender acabar con todo un monte de eucaliptos, uno por uno (en el último IFN, se cuentan 350 millones de pies de eucaliptus sólo en Galicia, a unos cien eucaliptos por gallego). Al final, la solución pasa por trasladar la responsabilidad (y el coste) de eliminar los eucaliptos al que los plantó y se lucró con la destrucción de nuestros ecosistemas.

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Hace tiempo que no pongo nada de música, ¿verdad? Últimamente, estoy de un soso… A ver qué os parece ésto:

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27 noviembre 2016

El maldito matorral

Filed under: ecología — Mendigo @ 0:49

Podría meramente enlazar el artículo de David Álvarez y recomendar su lectura, pero como creo que es del máximo interés su difusión, para aportar algo de inteligencia a la idea tradicional de que “el monte nos come” y “el monte arde porque está sucio”, lo copio de cabo a rabo.

En cualquier caso, creo que lo conveniente es leerlo en su espacio original y dejar allí vuestras opiniones.

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Una nueva plaga parece haber llegado con la misión de destruir el campo y echar a la gente de los lugares que han ocupado desde hace cientos de años. Se trata del matorral y según se desprende de las declaraciones de muchos ganaderos y no pocos políticos se ha convertido en una de sus peores pesadillas. Lo acusan de dar cobijo a las alimañas, de convertir el monte en un paisaje yermo e inutilizable y de ser el responsable de la de los incendios forestales, al proporcionar una ingente cantidad de combustible que espera pacientemente a que una llama lo encienda.

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Pero ¿qué es el matorral y qué es la matorralización?

En ecología se denomina matorral a un tipo de formación vegetal que está dominada por arbustos y otras plantas de un porte pequeño o mediano. En algunas zonas, el matorral puede ser una formación madura que permanece estable durante largos periodos de tiempo mientras que en otras es una comunidad vegetal transitoria, o sea, un paso intermedio en un proceso que dará lugar a otra comunidad vegetal madura distinta. En este último caso, este proceso continuo recibe el nombre de sucesión ecológica.


SUCESIÓN ECOLÓGICA PRIMARIA

Hace un par de siglos, cuando el ser humano no tenía la capacidad actual para modificar el medio, las formaciones naturales de la mayor parte de la cornisa cantábrica estaban formadas por bosques maduros, que de una manera muy simplificada, estarían dominados por robles en las zonas bajas y por hayas en altitudes superiores. Por supuesto a estas formaciones habría que añadir otras muchas dependiendo de el suelo, la humedad, la insolación o la altitud.


SUCESIÓN ECOLÓGICA SECUNDARIA

Estos bosques maduros podrían alterarse por varias circunstancias, como incendios, corrimientos de tierra, inundaciones, etc. y podrían revertir a estados anteriores de esa sucesión. De esta forma, los paisajes alterados volverían a ser colonizados por especies herbáceas y posteriormente por otras especies vegetales, muchas de las cuales permanecerían latentes en el suelo en forma de banco de semillas hasta volver a alcanzar el clímax (Sucesión secundaria). La denominada “matorralización” sería por tanto un paso intermedio dentro de esa sucesión ecológica natural.

Pero aparte de ser un paso intermedio en la sucesión ecológica, el matorral y también los arbustos que forman parte del sotobosque y que son calificados en muchas ocasiones como basura y desperdicios vegetales, tienen una gran importancia. Los matorrales protegen el suelo de la erosión, retienen humedad y movilizan minerales y nutrientes del subsuelo que posteriormente serán aprovechados por otras plantas. Además de todo esto, una gran cantidad de animales dependen del matorral durante toda su vida o durante algunas fases de ella y por supuesto y aunque resulte obvio decirlo, el matorral en sí mismo tiene una enorme diversidad vegetal que necesita ser conservada, de hecho algunas de las especies que forman parte del matorral están amenazadas.

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El paisaje manejado y el matorral

Es evidente que el paisaje que observamos actualmente no es un paisaje natural, ya que el hombre a lo largo de su historia lo ha ido modificando según sus necesidades. En el caso de los bosques, muchos de ellos han sido talados para aprovechar la madera de los árboles y también para obtener superficies despejadas para los cultivos y para obtener pastos para el ganado. Si este proceso de modificación del hábitat ha ocurrido siempre, ¿por qué se habla tanto ahora de la matorralización cuando como hemos visto se trata de un fenómeno natural que ha ocurrido siempre?

Actualmente, en muchas zonas de montaña, el éxodo rural y el envejecimiento de la población del campo ha tenido como consecuencia el abandono de muchos prados que hasta entonces habían sido pastados por el ganado. Hasta ese momento la herbivoría había impedido el crecimiento de las formaciones arbustivas por lo que al desaparecer esa presión éstas han empezado a recolonizar los prados como parte del proceso de sucesión ecológica secundaria.

Los métodos empleados para mantener los pastos y detener esa sucesión ecológica natural han sido principalmente dos, el uso del fuego y las rozas. Aunque muchas veces se nos intenta dar una imagen de que la ganadería de montaña sigue siendo una actividad tradicional, lo cierto es que en la actualidad el manejo del ganado ha cambiado radicalmente respecto al que se hacía hace menos de un siglo. Según los datos de la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (SADEI), a pesar del despoblamiento rural, la cabaña ganadero no ha disminuido en la misma proporción, y esto se debe sobre todo a que ha aumentado el número de cabezas de ganado por cada propietario. En resumidas cuentas, los pastores han dado paso a los ganaderos.


Motivación de los incendios forestales en Asturias (2002-2010). Fuente: BRIPAS

Las rozas se hacen con maquinaria pesada y los incendios forestales como producto de las quemas para producir pastos, tal como revelan los datos de las Brigadas de Investigación de Incendios forestales, son cada vez más numerosos y abrasan extensiones cada vez más grandes.

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¿Es el odio al matorral una cuestión de dinero?

La Política Agrícola Común (PAC) subvenciona la superficie de pastizal y el dinero recibido se reparte entre los ganaderos según el número de cabezas que tengan. Un terreno con matorral o arbolado no se considerará pastizal y por lo tanto no recibirá estas subvenciones. Según las directrices de la PAC, si hay más de 100 árboles por hectárea o la superficie herbácea es inferior a la mitad de la superficie subvencionable, el monte se considera de uno forestal, y por lo tanto los ganaderos no recibirán ni un euro de subvención por esas parcelas. Por otra parte, las superficies quemadas no reciben subvenciones de la PAC durante el primer año, pero si durante el segundo, por lo que no parece muy complejo entender por qué se queman los montes y por qué se odia el matorral.

El mismo regidor de pastos de la montaña de Covadonga, en el Parque Nacional de Picos de Europa, comentaba hace poco que la mitad de las praderías del parque “estaba invadida por el matorral” y lamentaba que “se perdiera casi el 50% del dinero que deberían ingresar por las subvenciones de la PAC”, por lo que pedía quemas y desbroces. Y todo esto dentro de un espacio protegido cuya finalidad es asegurar la conservación de sus hábitats.

A modo de resumen se puede afirmar que:

a) El matorral no es ninguna plaga, es una formación vegetal natural que alberga una importante biodiversidad, tanto botánica como faunística. Asimismo, la llamada matorralización es un paso más dentro de la sucesión ecológica, algo también natural.

b) El matorral no favorece los incendios, lo que favorece los incendios es una legislación que subvenciona la superficie de pastos y elimina los acotamientos a los montes quemados intencionadamente.

c) El odio al matorral es, como ocurre en la mayoría de los casos, una cuestión de dinero.

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