La mirada del mendigo

9 septiembre 2016

Si privado, privado para todo

Filed under: ecología — Mendigo @ 10:52

Llevo ya muchos años explicando cuál debería ser el eje de la política antiincendios (en este caso, gallega, pero el mismo razonamiento sirve para cualquier lugar del cuadrante NW peninsular): desactivar los intereses que existen en que un monte arda. Una de las medidas sería establecer un sistema de incentivos a los concellos para que el monte NO arda (y no al revés, ahora llueve dinero sobre los concellos incendiarios), básicamente pasándoles la minuta de la extinción.

Esta medida se basa en la observación evidente de que no toda Galicia arde por igual, sino que la mayoría de los incendios se provocan en unas zonas muy concretas (a Raia Seca y, en menor medida, la cuenca del Sil).

Es una injusticia que la Galicia incendiaria quiera que los costes de extinción se repartan entre todos los gallegos (y resto de ciudadanos del Estado), empobreciéndonos todos por la bestialidad y salvajismo de una minoría de garrulos, dedicando unos recursos que no sobran a jugar al juego de yo prendo y tú vienes con el 7º de caballería a apagarlo.

Pero hoy quería añadir una precisión a esta medida que propongo: muchos de los incendios son provocados por pastores o cazadores: son los que afectan a monte bajo. Pero cuando el fuego es en áreas forestadas de pino y eucalipto, ahí la autoría de los tratantes de madera es clara.

Inciso: aprecio dos tendencias en los incendios. Una, los que prenden tras unas lluvias, alejado de cualquier núcleo urbano, queriendo provocar un incendio pero sin hacer mucho daño. Muy probablemente este tipo de incendios sean fruto del sector de la extinción (empresas de alquiler de maquinaria o de aeronaves, o algún brigadista que quiere asegurarse el puesto de trabajo para el año siguiente o vengarse porque no le hayan cogido para esta temporada…).

Y luego están los fuegos de estos días, en plena ola de calor al final del verano, cerca de núcleos habitados cuya defensa es prioritaria y, por lo tanto, puede seguir expandiéndose en el resto de direcciones. Estos buscan quemar la máxima extensión posible, generalmente dándose varios en la misma zona, con varios focos, para desbordar y dispersar los medios.

Anteayer, con Ourense a más de 40ºC, enfundarse en un traje ignífugo, ponerse el casco y la mascarilla y acercarse al fuego de Muiños o el de Bousés debió ser un infierno. Y fue apagarse éstos (tras toda una noche bregando) y salir otros en Boborás, en Monterrei y en Entrimo.

Pues bien, en estos fuegos en los cuales es evidente la intención de quemar el máximo número hectáreas de pino y eucalipto, las medidas a tomar son evidentes. La primerísima, prohibir terminantemente el comercio de madera quemada que alimenta el negocio. Efectivamente, la mayoría de los árboles, tras el paso de un incendio, conservan la albura casi intacta, es madera que sigue sirviendo perfectamente para la industria de la transformación (tableros de conglomerado, MDF…) pero pagada a un menor precio, lo cual incrementa el margen de beneficios.

Pero hay otra medida, que se complementa con la de pasarle la factura a los Concellos. Cuando el incendio tenga lugar en una Comunidad de Montes, que sean los comuneros los que corran con el costo de la extinción.

El rationale de esta medida cae por su propio peso: las Comunidades de Montes (atajo de bestias) no quieren ni oír hablar de repoblación con autóctonas. Ellos plantan lo que les da más dinero porque para eso es una propiedad privada (falacia que comentaba el otro día con Violeta). Muy bien, pues si es un negocio privado del cual obtienen un lucro, que las labores de prevención y extinción en su “empresa” corran también por cuenta suya. Son libres de contratar los servicios antiincendios que quieran, contratar a quien les plazca (a los más inútiles amigos del alcalde, como hacen las brigadas de los concellos) y dotarles de los medios que estimen convenientes. Y si con eso no basta y piden ayuda al Estado (o el Estado ve que la situación está descontrolada y le obliga a intervenir), se hace la cuenta de los costos asociados a la actuación y se pasan a la Comunidade de Montes (u otros grandes propietarios).

Podría establecerse una excepción para la superficie afectada que estuviera poblada por especies autóctonas. El mensaje es sencillo: si de vuestra propiedad privada nos beneficiamos todos, por preservar unos valores naturales, acudimos solidariamente para extinguir ese incendio. Pero si hacéis de vuestro monte privado un negocio que excluye la conservación del medio, impidiendo su regeneración natural con la plantación de especies alóctonas, escogiendo además especies tan peligrosas en un incendio como las coníferas o los eucaliptos… también habrá que privatizar los costes de extinción que ese modelo forestal genera.

Si es privado para repartir unos cientos de euros todos los años a los vecinos (si los vecinos son pocos y hay mucho monte, miles), entonces, que también sea privado para apechugar con la factura.

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Anexo I:

Considero pertinente repetir parte de la conversación con Violeta en una entrada pasada, porque creo que es la clave del problema.

Violeta: Ó palurdo galego medio fálaslle de que existe algo chamado “patrimonio natural” e boeno…como se lle falaras en coreano, que as árbores da súa finca son súas e fará con elas o que lle peta, cómo van ser patrimonio de ninguén! Comunista!;-) Nin saben que non poden cortan sen antes pedir un permiso (permiso que dan en tódolos casos, por outra parte…)😒

Mendigo: O dos permisos de corta son só un mero trámite burocrático, é certo.

No canto a propiedade privada, é un cabalo de batalla. A propiedade privada non é un dereito absoluto, non xa en sistemas socialistas senón neste tempo e lugar. A propiedade privada está sometida ó ben común (artigo 33.2 da Constitución), como por otra parte é lóxico, de caixón. ¿Ou alguén entende que pode poñer un taller de pirotecnia no núcleo urbán dunha cidade? A parcela é túa, ninguén cha quita, pero tes unha responsabilidade co resto dos viciños, que limita o uso que lle podes dar. De feito, no eido urbanístico, limítache moitísimo: por exemplo, non podes superar o números de alturas establecido.

¿Por que isto, que é evidente, non entra na cabeza da xente das aldeas? Porque non lles interesa entendelo. A terra é túa, pero a túa terra, e a outra e a outra son o que chamamos Galicia, cuns valores naturáis e paisaxísticos que son patrimonio de todos e cómpre defender. A terra é túa, pero os usos deben estar regulados porque o que ti fagas no teu terreo, ten influencia sobre o resto do ecosistema e da paisaxe, esa terra non está illada, aboiando no espazo sideral.

Agora, vas a unha aldea e explicas todo isto. Pfff. Por unha orella lles entra…

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26 agosto 2016

Incendios forestales en Galicia: comprendiendo la insania

Filed under: ecología — Mendigo @ 9:08

En la pasada entrada, Violeta hace un comentario que creo que da exactamente en el clavo. Un par de frases:

Es desesperante como la mayoría de gallegos repiten sin cesar la cantinela de “limpiar el monte” y “monte abandonado”. […] Hay un sector de gallegos (especialmente de la generación de mis padres) que tienen idealizado el monte antropomorfizado y despejado de antes de repoblar con pino y eucalipto y se abandoraran tierras. Para ellos hay que desbrozar el monte, cultivar esas tierras, meter el pastoreo de nuevo…

Violeta y yo entendemos de qué va la historia, porque somos de aquí, pero quizá a gente de fuera le resulte difícil comprender el estado del medio rural en Ourense, epítome de las condiciones en que se encuentra el cuadrante NW peninsular, que es donde se concentran el 96% de los incendios (en número de focos, no Ha. quemadas). Por ello voy a ilustrar su excelente comentario con unas pocas imágenes.

No tengo la de Cualedro (el verdadero culo del mundo, el horror), pero os muestro la evolución de la población en un concello cercano, también recursivamente incendiario.

Vilardevós

Efectivamente, si consultas el Madoz describe (en 1846) aldeas de 300 vecinos dedicados a la huerta, el centeno y la vid. Quizá reseñe la existencia de un telar o una fragua. Y te sonríes, porque esa misma aldea tiene hoy sólo 5 casas habitadas todo el año. Parejas de ancianos que no dejan duda del futuro ineludible de esa aldea: el abandono.

En la entrada de Cualedro no aparece la evolución demográfica, pero sí un dato sobre el nivel educativo de la población:

La formación de la población de Cualedro se caracteriza por el alto grado de analfabetismo (13,60 %) y de personas sin estudios (65,80 %). Estos datos de 1996 son peores para las mujeres en el primer caso (20,7 % de analfabetismo frente a 6,7 % en los hombres) y peores para los varones en el segundo caso (71,3 % de personas de sexo masculino sin rematar estudios primarios).

Simplemente impresionante.

En la gráfica se aprecian dos fenómenos: un proceso de fuerte crecimiento de la población debido al desacoplamiento entre las curvas de natalidad (aún alta, siguiendo patrones reproductivos tradicionales) y de mortalidad (en retroceso debido a los avances médicos asociados a la revolución industrial). La vía de escape de este crecimiento vegetativo siempre ha sido la emigración, que amortiguaba la tendencia. Pero a partir de 1960, en España tiene lugar el éxodo rural, que no sólo amortigua sino que revierte drásticamente la tendencia creciente hasta dejar grandes zonas despobladas.

Ambos procesos no son, desde luego, particulares del NW peninsular (ambos son fenómenos globales que aún siguen operando en las demografías de los países subdesarrollados) pero aquí el cambio se dio con inusitada fuerza: un cambio muy abrupto de un patrón de crecimiento a una despoblación radical en muy pocos años.

¿Qué tiene que ver este rollo demográfico, por todos conocido, con los incendios? Pues TODO.

Es sencillo, y la clave nos la aportó Violeta: ¿Cómo reaccionó la población gallega del s.XIX y primera mitad del s.XX a esta presión demográfica creciente? Roturando tierras, dedicando cada vez más superficie al cultivo o a pastos, a expensas de las masas boscosas. Hablando con los ancianos, te cuentan que todo hasta donde abarca la vista, estaba cultivado, y esta devastación ecológica es narrada por estas gentes con orgullo. Orgullo entendible, pues estos ancianos crecieron con el hambre alentando en su pescuezo, espoleados permanentemente por la necesidad de alimentar a un número creciente de bocas, porque una rudimentaria medicina e higiene habían logrado que no muriesen suficientes niños, rompiendo el equilibrio natural y creando, con una trágica ironía, un grave problema.

Creo que a mucha gente se le escapa la dureza de las condiciones de vida de aquellas gentes, a tan sólo un siglo de distancia de nuestra muelle sociedad. Mi abuela tuvo once hijos, de los cuales sobrevivieron ocho. Los otros tres (tíos míos), murieron básicamente de malnutrición y miseria. Los ancianos de hoy que conocieron a mi abuela, coinciden en que murió reventada de trabajar para sacar adelante ella sola a su familia (a mi abuelo lo asesinó la Guardia Civil en el 37, esa misma Guardia Civil que nunca ha pedido perdón por tanto crimen y nadie se ha atrevido a exigírselo).

Hoy en día, se antoja extraña la idea de tener cerdos en casa, y nunca haber probado el jamón. Pero es que los jamones eran curados para venderlos a los ricos de la villa, y poder así comprar más tocino que aportara proteínas y grasas para subsistir el resto del año. No estoy hablando de las naciones más desgarradas del continente africano, sino de la España de principios del siglo XX.

Esta realidad, que nunca aparece en los libros de historia, grabó con fuego en las mentes el instinto de supervivencia. Y en esos años, la supervivencia pasaba por dedicar cada vez más tierras al cultivo. En esos tiempos, tener una tierra ociosa implicaba dejar de alimentar una boca, deixar morrer un fillo. Las tierras incultas, en esas condiciones, eran un baldón para su propietario, que quedaba identificado evidentemente como un perezoso. Y cuando la supervivencia de tu familia dependía de tu capacidad de trabajar como una bestia de carga (¿o pensáis que la espalda encorvada de los viejos de las aldeas es de nacimiento?), la pereza, la molicie eran textualmente criminales.

Este es el acuciante contexto social que dio origen a la idea, más bien obsesión, de cultivar hasta el último pedacito de tierra, por apartado y escarpado que fuera (en Galicia, geológicamente una anciana, las pendientes rara vez son tan pronunciadas que imposibiliten el cultivo, y aún en éstas, el terreno se organiza en bancales). No olvidemos la baja productividad del campo en aquellos años, con un microfundismo que aún hoy impiden la mecanización y cualquier intento de racional la producción para hacerla rentable.

Y llegaron los años ’60, el desarrollismo y se disparó el éxodo rural. Aquello fue un “tonto el último”; y realmente era así, pues existía la idea de que sólo se quedaba en la aldea quien no valía para otra cosa. Los más avispados y arrojados cruzaron el telón de grelos camino de Alemania, Suiza, Francia, Madriz, Barcelona, Bilbao… en busca de un lugar que ofreciera a sus hijos las oportunidades que una Galicia ingrata, sometida al control de los caciques locales, les negaba (exactamente igual que los que se juegan la vida, y a veces la pierden, en el Estrecho).

Abruptamente, la necesidad perentoria de roturar nuevas tierras se esfumó. Cada vez había menos brazos para trabajarla y menos bocas que dependiesen de ella (y luego llegaron las pensiones, que liberaron a los ancianos de la servidumbre de la búsqueda de sustento). Según descendía la población, cada vez más tierras iban quedando abandonadas, quedando el cultivo reducido de nuevo a sólo las tierras más fértiles y próximas a la aldea. Como la caída de población fue tan acusada, el proceso de abandono de tierras también lo fue. Demasiado rápido para ser asimilado por los que se quedaban, y generar cambios en la conciencia social según las nuevas condiciones.

Siguiendo un proceso natural, estas tierras abandonadas van siendo de nuevo ocupadas por la Naturaleza, primero por matorral (lo que se conoce por el muy revelador nombre de maleza) que crea las condiciones para que las especies de mayor porte progresen. Todo lo anterior no es ni mucho menos característico de Galicia, y el mismo proceso de éxodo rural y reforestación natural ocurrió en Alemania, Francia… y por eso ahora disfrutan de grandes masas boscosas.

Lo característico de Galicia es que los que se quedaron (los más tontos o timoratos del pueblo, según esa misma conciencia popular) se negaron a aceptar la realidad, con las nuevas condiciones que imponía al campo. Sintieron este proceso de regeneración natural como una amenaza, y si bien ya no podían mantener su modelo de paisaje, cultivado hasta el último palmo de tierra (faltaban brazos y, sobre todo, faltaba la necesidad imperiosa para no morir de hambre), tampoco han permitido el avance de la frontera natural, manteniéndola a raya con sucesivos, recurrentes, recursivos incendios (el monte bajo es la forma que tiene la naturaleza de regenerarse tras el incendio, y la razón para que el aldeano vuelva a provocarlo). Los paisanos han heredado el atavismo de identificar una xesta, un toxo, un rodal de rebolos (especie de roble de menor porte), hace medio siglo indicio incriminatorio de un holgazán que no asegura la supervivencia de su prole, con la maldad en estado puro, un estado de abandono que acarreará desgracias a la sociedad. Entroncamos con la aún más vetusta idea de que el hombre debe luchar contra el medio para domesticarlo, someterlo, moldearlo, imponer sobre la Naturaleza un orden humano. Una idea tan primitiva que es el núcleo argumental del primer texto literario de la historia, un cuento mesopotámico cuyo origen en la tradición oral se pierde en la noche de los tiempos (reaparece en la Hélade con el mito de Heracles).

Por lo tanto, los incendios son la forma de reaccionar de una población envejecida e iletrada a los cambios que impone la modernidad. Siguen operando hoy con los parámetros heredados de sus padres y abuelos, lo cual sólo puede tener como consecuencia el desastre. La falta de adecuación entre sus directrices mentales y la realidad no sólo se limita a esta cuestión, por ejemplo es precisamente este atraso el que impide irónicamente que se pueda desarrollar cualquier proyecto agrícola serio en este piélago de microfundismo. Y siguen con la economía de supervivencia de sus abuelos, con sus cuatro vacas, veinte ovejas y su leira de patacas e millo (modelo agroganadero promovido desde la administración con subvenciones, por otro lado).

Pero esto es sólo una parte del cuadro. Hay que añadir otra variante: en grandes zonas, se promovió desde el Estado la introducción de especies industriales (pinos para FINSA y eucaliptos para ENCE) ocupando las tierras que iban siendo liberadas de la agricultura o la ganadería. Como he comentado muchas veces, este es la mayor catástrofe ecológica, muy por encima de los incendios, pues impidió la regeneración natural de los ecosistemas gallegos (los incendios sólo la detienen temporalmente, la ralentizan, excepto en los casos extremos del Sur de Ourense, donde la infernal reiteración de incendios provocan la pérdida del suelo y la desertificación). Especies alóctonas y pirófitas que echaron, literalmente, más leña al fuego.

Quiero dejar bien claro, ya para terminar, que no todos los incendios del NW peninsular se explican por lo anteriormente descrito. Tendríamos que hablar de los madereros que hacen negocio de la madera quemada (en buena parte portugueses), de los cien millones de € que todos los años se embolsa el sector de la extinción, de los proyectos eólicos que se liberan tras un oportuno incendio, de los cazadores que necesitan tener despejada la línea de tiro…

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16 agosto 2016

Las ovejas más caras del mundo

Filed under: ecología — Mendigo @ 12:28

De nuevo, vuelve a arder el Concello de Cualedro. Como el año pasado, como el anterior… como todos los veranos desde hace muchos años. Y no es el primero de este verano, ni seguramente será el último (de hecho, aún queda lo peor, el tramo final del verano, donde se concentra la actividad incendiaria).

Si la Península es (con Grecia) el lugar con más incendios forestales de Europa, y Galicia es sin duda el lugar con más incendios forestales de España. De lejos. Imaginad el estado en que se encuentra el municipio con mayor reincidencia de fuegos de toda Galicia. Bueno, no hace falta que os lo imaginéis, podéis echar un vistazo al Google Maps. La sucesión de incendios, año tras año, hace que esta zona esté en proceso de desertificación (se pierde la fracción orgánica del suelo por escorrentía, y sólo queda la granulometría más gruesa y, en ocasiones, la misma roca madre queda expuesta). Un desierto en Galicia, parece broma, pero es muy triste.

Veamos los medios movilizados para sofocar el último incendio: “…3 técnicos, 12 agentes, 35 brigadas, 16 motobombas, 3 palas, 7 helicópteros y 5 aviones.”

Contando que cada hora de helicóptero le cuesta a la Xunta 6.000€, podéis echar cuentas del coste para el Estado que supone alimentar al rebaño de 20 o 30 ovejas (existen otras causas, pero en esa zona la motivación principal de los incendios es crear pastos nuevos).

Notable, porque el coste de una oveja viene a ser poco más de 50€. Y para alimentar a un rebaño valorado en 1.000 o 2.000€, el año pasado un viejo provocó un incendio que supuso unos costes para el erario público de 5 millones de euros. Alimentar a cada oveja del viejo, nos costó a los gallegos 250.000€, que tuvieron que naturalmente detraerse de otras partidas (100 millones de € todos los años en extinción, que bien invertidos en educación sí que podrían poner fin al garrulismo incendiario).

En serio ¿qué sentido tiene esto? Que nos estemos gastando millones de € en apagar incendios en el culo del mundo, aldeas pobladas por cuatro acémilas que no son capaces de salir de la animalidad en la que crecieron. Incendios que, además, ya ni siquiera amenazan valores naturales, pues la reiteración incendiaria ha convertido esta otrora fértil tierra en una sucesión de navas y terrenos baldíos.

Me parece ridículo seguir jugando a este juego: un palurdo provoca un incendio, y la sociedad gallega pone los medios para apagarlo. Y así una y otra vez. El aldeano con un mechero, y tenemos que movilizar hidros, helis, camiones, paleadoras… y personas que se juegan la vida para apagarlo. No tiene sentido. Total, para evitar que arda hoy lo que va a arder mañana, y pasado mañana…

Por lo tanto, me reafirmo en la idea de cuál es la solución final a este choteo que se traen los palurdos todos los veranos: que la Xunta (y el gobierno central, porque los Canadair son del Ministerio de Defensa, y también intervienen la UME) pase la factura de la extinción al concello afectado.

En municipios normales, donde el incendio se debe a una imprudencia, un accidente, y es un hecho aislado, el quebranto económico a las arcas municipales será puntual y perfectamente solventable. Sin embargo, aquellos concellos en los que existe una reiteración de incendios, tendrán que sacar ese dinero de otras partidas del presupuesto. Así, los costes recaerán sobre las zonas donde se producen, en vez de repartirlos entre todos. Si el monte es privado para repartir beneficios de sus repoblaciones de pinos y eucaliptos, que también lo sea para hacer frente a la factura de la extinción de incendios en ellos.

De esta forma, se hará justicia. Los municipios en los que sus habitantes sean civilizados y tengan un modelo sostenible de ordenación del territorio progresarán, y aquellos poblados por bestias bípedas se empobrecerán. Y quizá cuando vean que el ayuntamiento no tiene dinero para parchear la carretera que va a la aldea, o que las farolas no se encienden porque la compañía eléctrica ha cortado el suministro por impago, empiecen a cambiar de actitud. O no, en cualquier caso, se harán daño a sí mismos y a su tiera, y no al conjunto de Galicia como hasta ahora.

Los actos deben traer consecuencias, y que cada pueblo reciba lo que se merece. Quizá al fin así se aprenda a actuar con responsabilidad.

Lo que más gracia me hace es que, en muchas ocasiones, esas ovejas de alimentación millonaria están, encima, subvencionadas con fondos de la PAC. Estamos subvencionando el atraso y la destrucción del medio natural: cuánto bien harían esas subvenciones creando institutos de investigación o un semillero de empresas tecnológicas, para retener en Galicia los jóvenes brillantes, y no mantener la sopa boba a cuatro viejos cerriles y malintencionados.

Porque el principal culpable de esta situación no es tal o cual palurdo, el verdadero responsable es la ignorancia y la miseria. La solución al carnaval incendiario de todos los años es traer el desarrollo a Galicia, pues una persona con estudios y un buen trabajo, no se dedica a ir dejando una mecha encendida atada a unas cerillas con cinta aislante bajo unas xestas.

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23 julio 2016

El futuro pasa necesariamente por aquí

Filed under: ecología,religión — Mendigo @ 14:22

La ordenación del territorio de forma rigurosa, sin lugar para ambigüedades ni equívocos, deslindando las zonas agrícolas, urbanas-industriales y forestales. Y, a continuación, legislar de forma que cada propietario de fincas forestales sea responsable de la eliminación de las especies vegetales alóctonas. Las sanciones por omitir este requerimiento serán desde un apercibimiento e información de las especies invasoras detectadas, a duras multas en el caso de no atender esta obligación. En el caso que esta introducción sea premeditada, añadiendo penas de cárcel para los casos más graves, que modifiquen sustancialmente el ecosistema original.

Se puede dejar un periodo transitorio de 10 años para las especies maderables, para que el propietario pueda recoger la última “cosecha” de los árboles que estuvieran ya plantados. Cuando los propietarios no puedan o quieran hacer frente a las sanciones, se expropiará el terreno sin ninguna contraprestación más allá de considerar satisfecho el pago de la deuda, pues será la administración a la que se adjudique la que deberá hacer frente a los gastos de eliminación de las especies foráneas.

Estas medidas regirán indistintamente que el propietario lo sea a título personal, colectivo (comunidades de montes y demás reatas de mulas) o público (en el caso de un monte de titularidad pública, cuya administración responsable sea condenada al pago y no pueda o quiera hacer frente, la propiedad pasará a la administración inmediatamente superior (es decir, un monte municipal pasará a ser autonómico, y los autonómicos a estatales).

He repetido muchas veces que estoy convencido que algún día, veremos la propiedad privada del capital, el trabajo asalariado en beneficio de un empresario o accionistas como una forma de explotación humana, tan moralmente intolerable como ahora nos resulta el esclavismo. No sé cuando, seguramente ya no estemos ninguno de nosotros aquí, pero llegará el día en que el la reproducción del capital será considerada una forma de apropiación indebida del esfuerzo del trabajador, un robo, una forma de delincuencia y, como tal, abolida en todo el mundo empezando por los países socialmente más desarrollados.

También estoy plenamente convencido que más pronto que tarde, más de lo que muchos se figuran, la Humanidad habrá superado definitivamente la religión como forma organizada de superstición. Supongo que siempre quedarán restos de irracionalidad, tabús, supercherías y creencias pseudocientíficas, arrinconadas por la generalización de la educación; pero no serán ya el edificio articulado e institucionalizado que presentan las religiones tal y como las conocemos, cuyas mastodónticas estructuras simplemente se vendrán abajo cuando la erosión del progreso y la indiferencia general las aboque al colapso. Los niños, dentro de unos siglos, seguirán estudiando a Platón o Aristóteles, Spinoza, Kant, Nietzsche pero ya no sabrán de Moiseses, Jesuses ni Mahomas más que en las clases de historia.

Quizá incluso perviva como objeto de estudio el budismo, la única religión que conozco que tiene un sistema filosófico propio del cual se pueden obtener algunas enseñanzas aprovechables (por mucho que haya sido recubierta de superchería y folcklore hasta resultar irreconocible el mensaje de Sidartha). El Nirvana (que no es un lugar sino un estado) es asimilable a lo que unas décadas más tarde, en la Hélade, los epicúreos y estoicos llamaban ataraxia (ἀταραξία)

El judaísmo es una bazofia moral. El cristianismo es la mezcla de esa bazofia con neoplatonismo helenístico. Es curioso, porque la figura de Jesús me recuerda mucho a la de esos musulmanes intelectualmente cobardes que procuran casar su fe con la modernidad, que viene a ser como procurar juntar dos sustancias inmiscibles, agua y aceite, razón y dogma, humanismo y teísmo, quedando una emulsión indigesta. Sobre el islam… bueno, al menos el cristianismo tiene la ventaja de haber tenido como fundador a un fulano que, al menos, sabía leer y había tenido acceso a una instrucción si quiera básica sobre humanismo filosófico, que procuró adaptar sin atreverse a romper con la religión de sus mayores. Si el cristianismo es la helenización del judaísmo, podríamos resumir el islam como una versión especialmente áspera y obtusa de la religión nacional judía, un remake grosero del Talmud (que ya de por sí es un refrito de mitos mesopotámicos, que un grupo de follacabras nómadas dedicados al pastoreo y al pillaje fue incorporando con el devenir de los siglos).

Dentro de unos años, los niños se asombrarán de lo estúpidos que podían ser los hombres del pasado, creyendo en fábulas grotescas y mal hiladas. Pero ellos no habrán sido sometidos a una reprogramación de sus mentes infantiles, no es que serán más inteligentes, sino simplemente que no habrán tenido un sistema educativo y una sociedad que no habrá abusado de ellos. Con la desaparición de las religiones, se habrá derribado un gran muro que separa y enfrenta a las personas y los pueblos. Quizá tarden más en caer otros sucedáneos de la religión, fósiles de la sociedad tribal como el patriotismo.

Como inciso, os cuento una anécdota, en mi opinión, muy esclarecedora: ayer se veía una columna de humo desde el pueblo, lo de todos los años, vaya, y me ve mirarlo un hombre que pasaba, y me comenta “é o mesmo, iso xa é Portugal”. Otras veces que me he quejado del vertido de inmundicias al río, acabo escuchando el mismo eructo intelectual: si todo eso va para Portugal. Por cierto, al final, el incendio de ayer estaba bastantes kilómetros del lado de acá de la raia. Aunque a decir verdad, ahí ya no queda nada (arde un año sí, uno no), así que ya puede arder todo lo que quiera.

Bueno, retomo el hilo principal de la entrada. Para cualquiera que se acerque al estudio de la Historia, le debería resultar evidente que la Humanidad asciende por el camino del progreso, apoyándose en el conocimiento, que es acumulativo. Sin embargo, esta senda no es de un único sentido, y en ciertos lugares y momentos históricos el progreso puede ralentizarse, e incluso un resbalón nos puede hacer retroceder a trompicones los escalones ganados durante décadas o siglos (y ciertamente la religión ha sido siempre un freno para el desarrollo social de las sociedades, como sería de esperar en una institución que basa su legitimidad en la tradición: la abolición del esclavismo, la emancipación de la mujer, la democracia…el progreso humano siempre tuvo como Némesis a la Iglesia). Sin embargo, al aumentar la escala temporal, el avance neto del proceso civilizatorio es innegable; no sólo en el ámbito tecnológico sino también ético o político.

Por lo tanto, sé que algún día estos tres puntos, hoy en día quiméricos, serán alcanzados e incluso superados. En realidad, ya lo están siendo por avanzadillas aquí y allá. Sobre la superación del capitalismo es evidente que ha habido ensayos muy serios (de los cuales deberíamos estar estudiando y tomando nota, de sus aciertos y aún más de sus errores). El avance de la irreligiosidad en el mundo es evidente, por mucho que el dinero insuflado desde USA o las petromonarquías para hacer proselitismo de sus mejunjes judaicos consiga frenarlo e involucionar en algunas sociedades en su ámbito de influencia. En cuanto a la prohibición de introducir especies alóctonas, y muchísimo menos de forma sistemática y masiva como las repoblaciones de pinos y eucaliptos en la Península… bueno, eso no es ningún futuro utópico sino la normalidad allende los dominios de Pirene (curioso que la principal formación montañosa ibérica conserve un nombre griego de mujer, Πυρήνη). En algún momento no quedará más remedio que reconocer la barbarie y bestialidad de nuestro modelo forestal y adoptar lo que es norma desde hace décadas en cualquier lugar medianamente civilizado. Desde hace más de un siglo la biología nos previene y alerta sobre la peligrosidad de introducir especies foráneas, y el valor de la preservación de los ecosistemas de forma inalterada. Esto lo sabemos todos, hasta el más mastuerzo sabe que repoblar con eucaliptos es un crimen ecológico. Podemos seguir haciéndonos los sordos, como que no va con nosotros, pero más pronto que tarde tendremos que reconocer la iniquidad de nuestro modo de proceder con la Naturaleza, y soportar el coste electoral que supondrá quitarle el caramelo del dinero sin esfuerzo al rural, a costa de la devastación de todo un país: Galicia. Y Norte de Portugal, y Asturias, y occidente andaluz…

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11 julio 2016

Unos carteles

Filed under: ecología — Mendigo @ 19:53

Cuando voy por el campo, a veces me encuentro con carteles informativos curiosos. Unas veces te informan de rutas, otras de la geomorfología del terreno, curiosidades etnográficas… Para no detenernos demasiado, lo que hago es sacarle una foto y luego ya lo leo con calma al llegar a casa.

Reorganizando fotos, he encontrado algunos que quería compartir con vosotros.

Los dos primeros los tomé en una misma pateada en Piris. Traduzco del francés:

Desde el final de la etapa neolítica (hace unos 5.000 años), existe una actividad pastoral en el valle [N.d.M: de Izourt, como digo uno de los valles pirenáicos]. Ésta se ha desarrollado paulatinamente y conoció su apogeo a mediados del s.XIX provocando una deforestación máxima, verdadera catástrofe ecológica. En la Edad Media, el pastoreo era una de las bases de la vida de las aldeas de la parte alta del valle, así como la agricultura de montaña sobre bancales y las diferentes actividades forestales: la actividad humana era silvo-agro-pastoral.

Rebaños de varios miles de cabezas subían en verano, algunos dependientes de grandes abadías cistercienses, como la de Boulbonne situada cerca de Maseras, al Norte de la comarca de la Arièja) [empleo toponimia original occitana]. Desde principios del s.XIX, un gran número de familias abandonaron el valle en el vasto movimiento conocido como el “éxodo rural”. Desde entonces, las actividades pastoriles han ido perdiendo intensidad.

[Sigue hablando de los orris (lo que aquí llamamos chozos) y demás aspectos de la vida pastoril pirenáica.

El bosque antropizado
Desde que el hombre ha extendido su actividad en el medio montano, los paisajes ha sido completamente remodelados. El pastoreo, más tarde la fabricación de carbón vegetal para la metalurgia (desde la Antigüedad, pero sobre todo a partir del fin de la Edad Media) han provocado una deforestación a gran escala.

El paisaje forestal tal como lo conocemos hoy es, por lo tanto, producto de estas actividades humanas. Las especies vegetales ya no son las mismas que en un contexto natural y se aprecia igualmente que al altitud de los bosques es mucho más baja que era antes de que el hombre interviniera en el paisaje: hasta los 1.600m en la actualidad, cuando antes la masa boscosa llegaba hasta los 2.400m según la vertiente.

Antes de las modificaciones humanas, se podía observar a los pinos silvestres remontar hasta la cima de las montañas. Hoy, tras muchas reforestaciones, los volvemos a encontrar y, en ocasiones, algunas especies nuevas como las piceas y los alerces. Como podéis observar, el abedul es omnipresente: está reconquistando las pendientes. En los terrenos roturados, las hayas han podido rebrotar desde el tocón (a diferencia de los abetos). Nuevos hayedos se han formado y sustituido el bosque mixto de hayas y abetos original.

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Un buen recordatorio para los que profesan la fe decrecentista, según la civilización es el germen de todo mal y la solución es la vuelta a la utopía agropastoril, reincidiendo en la patraña de que todo tiempo pasado fue mejor. Pues no, el pasado fue una mierda, desde el punto de vista humano, pero también del ecológico. Con una población seis veces superior a la del siglo pasado, un éxodo rural inverso significaría la inmediata y completa aniquilación de los ecosistemas que aún, mal que bien, se conservan. El único camino para satisfacer las necesidades humanas al mismo tiempo que llegar a un equilibrio con la ecosfera es progresar en el camino de la civilización. Alemania es un buen ejemplo. Bastante involución tenemos ya con los follacabras.

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Y ahora, otro cartel que saqué en Eslovaquia (con Eslovenia, los dos países con bosques mejor conservados que he visitado, la antítesis de la masacre galaica). Me falta conocer Escandinavia, espero que no tarde mucho en caer. Traducido del eslovaco… (es broma, está también en inglés).

Los bosques cubrían aproximadamente el 80% de la superficie del valle de Šútovská y las praderas subalpinas por encima de la línea de bosque, el otro 20%. La mayor parte de los bosques se benefician del 5º grado de protección, el más alto, estando el resto bajo el 3er grado de protección, susceptibles de explotación comercial racional [racional es lo último que se me ocurriría para describir al sector forestal gallego y sus cortas a matarrasa de ejemplares alóctonos jóvenes]. Gracias a la figura de protección y la inaccesibilidad del lugar, grupos forestales con un alto grado de estabilidad y valor genético han sido preservados en este valle. En el pasado, los bosques situados a más altura crecían a 1.450m. Por encima, había una extensión continua de pino enano. [fijaos cómo han cambiado las alturas, estamos en Centroeuropa].

En el s.XVI, durante la colonización de los válacos, la cota de los bosques descendió debido a al pastoreo. Los pastores cortaron y quemaron los bosques, para aumentar la extensión dedicada a pastos. De esta forma, en algunos lugares la línea de bosque descendió más de 450m. El pastoreo intensivo continuó en el valle de Šútovská hasta 1980. La actividad humana negativa afectó también a la composición del bosque. En algunas partes del valle, los bosques mixtos originales fueron reemplazados por monocultivos de piceas con una estabilidad mucho menor comparados con los bosques mixtos originales. En la actualidad, la misma Naturaleza reemplaza los bosques de piceas por bosques genéticamente originales con una composición estable.

En este área, los bosques mixtos originales consisten en la llamada mezcla de los Cárpatos, que consiste en una mezcla de haya y abeto con piceas y otras especies como el arce blanco, el tilo, el carpe, el fresno, el abedul, el pino, el serbal, etc. Actualmente, las caducifolias (60%) prevalecen sobre las coníferas (40%). El árbol más abundante es el haya, seguido de los bosques de piceas en declive, abeto, pino negro y arce blanco. Cerca de los arroyos se pueden encontrar alisos, sauces y otras especies. En los ¿canchales? y terrazas rocosas crecen comunidades de pino albar, abedul y tejo. Se puede encontrar un bosque de pino enano en la localidad de Úplaz. La proporción de especies arbóreas ha variado según las condiciones climáticas pero básicamente ha preservado siempre el carácter de bosque mixto de hayas, abetos y piceas.

A principios del s.XX el sector forestal empezó a preferir la silvicultura de piceas por ser árboles con de tronco recto y con poco ramaje, que proporcionan una gran cantidad de madera de calidad y fácil manejo. Los bosques mantenidos en el Parque Natural se asemejaban cada vez más a monocultivos. Estos bosques así modificados tenían una estabilidad y resistencia muy interior frente a agentes bióticos y abióticos. Gradualmente, la perniciosa composición de los bosques empezó a cobrarse su precio. Los monocultivos fueron afectados por el viento y la nieve, que siempre implican enormes pérdidas para la industria forestal cuando se basa en bosques de piceas debido a su sistema radicular y su baja estabilidad [Insisto, esto es Europa Central, aquí no es raro ver toda una calva en la montaña, con troncos enormes partidos de cuajo o desraizados por un golpe de viento]. Otro factor negativo, sustancias contaminantes en la atmósfera [me figuro que se refiere a la lluvia ácida] se añadió en la segunda mitad del s.XX. A causa de sus impactos, la estabilidad y resistencia de los ecosistemas boscosos decreció cada vez más, siendo cada vez más afectados por plagas de hongos e insectos lignífagos. Debido a los impactos de estas condiciones negativas, el estado de salud de los bosques empeoraba continuamente. Hoy en día, los impactos negativos individuales se solapan y agregan para causar un máximo efecto perjudicial para la salud de los bosques.

La administración del Parque Nacional procura fomentar la repoblación en varios pisos, siguiendo la composición natural de especies, y usando semillas de las variedades locales que son más resistentes y adaptadas a las condiciones climáticas de los Montes de Krivánska Malá Fatra. Un bosque estratificado en diferentes pisos es más resistente a los vientos, la nieve, los escarabajos de la madera y los hongos en comparación con un monocultivo, mucho más inestable y vulnerable.

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¿A que suena extrañamente civilizado para nuestros oídos? Os puedo asegurar que el sitio es tan bonito que dan ganas de echarse a llorar. Eso es un Parque Natural, y no la mamarrachada que tenemos por ejemplo das Fragas do Eume, una mala broma, con el 85% de su extensión dedicado al cultivo de eucaliptos o pinos, y atravesado por un río embalsado , es decir, muerto (el Eume). O el de a Serra do Xurés, que si el anterior es de risa esto ya ni siquiera mueve a ella, pues no queda ya nada que quemar, están las peñas desnudas. Un lugar yermo, calcinado, horroroso, pero que con desvergüenza lo siguen manteniendo como Parque Natural. O el Invernadeiro, un monocultivo de pinos antiguamente propiedad de Papelera Española, con menos diversidad biológica que un patatal. En comparación con el estado de los bosques eslovacos (o eslovenos, o austriacos, o italianos, o franceses, o alemanes…), España es una ruina, y Galicia, una alcantarilla. Afortunadamente, existe Portugal para consolarse de que aún podría haber una mierda mayor.

Imaginarse semejante política de conservación en un Parque Natural gallego exige de un esfuerzo que podría provocarme una luxación en la imaginación, así que prefiero ni intentarlo. Aquí seguimos en que “el monte arde porque está sucio y/o abandonado” y hay que mandar a cuadrillas a “limpiarlo” (el sotobosque es una parte inherente del ecosistema boscoso, tan importante o más que las especies de gran porte), o la sempiterna cantinela de la oposición, de que hacen falta más inversiones contra incendios (cuando tenemos más aeronaves en Galicia que en toda Alemania junta, y cuantas más hay, más arde… como es lógico, más intereses hay en que arda).

En realidad, según la conciencia popular gallega se sigue viendo a la Naturaleza como un estado “salvaje”, “abandonado”, plagado de “bicherío”, que el hombre tiene la obligación de someter, sojuzgar y domeñar. Para eso lo puso Yahveh sobre la Tierra, para poner orden sobre la Creación. El estado satisfactorio es un paisaje humanizado de leiras de millo e patacas, y si hay árboles que estén bien ordenaditos en hileras con todo el matorral eliminado, de forma que sea vea a través de ellos de punta a punta de la plantación. Y que den dinero, si no, fuera con ellos y se plantan otros que crezcan aún más rápido.

Este es el modelo de ordenación forestal que rige en Galicia, el que cada cual haga lo mejor para su bolsillo de la perspectiva más cortoplacista y obtusa… inclusive dentro de la fantochada de Parques Naturales. Y este modelo está bendecido por todas las fuerzas políticas, todas, no vayan a peligrar los votos del rural.

Insisto: La solución es civilización, no aún más barbarie.

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