La mirada del mendigo

7 abril 2018

Sionismo criminal

Filed under: Internacional — Nadir @ 21:35

En este mundo hipócrita hay casos que aún destacan entre el cinismo habitual. Aún en el asco permanente que produce seguir el curso de la política internacional, hay temas que sublevan el ánimo de cualquier persona con un mínimo de sentido de la justicia. Impelido por el hedor del discurso dominante impuesto por la gran superpotencia, vamos a dar un rápido repaso a la situación del conflicto israelopalestino, para enunciar algunas de esas verdades de Pero Grullo que, de puro obvias, se acaban olvidando.

La creación del Estado Israelí se produce en 1947, cuando la Asamblea General de la ONU excreta la resolución 181, concediéndole al futuro estado judío la mitad de los territorios de Palestina. Es notable que ninguno de los representantes de los países que, secundando la propuesta usamericana, votaron a favor de semejante desatino legal, cayera en la cuenta que estaban regalando algo que no les pertenecía. Avergonzados por la epidemia de antijudaísmo (alentado durante siglos por el cristianismo, con la acusación de deicidas) que acabó en la Shoah, en un curioso ejercicio de generosidad, las naciones occidentales decidieron ofrecer a los supervivientes del Holocausto nazi (sólo a los judíos, el paso de los gitanos, de los comunistas, homosexuales, francmasones, testículos de Jehová… por los campos de exterminio permanece en el limbo de los hechos históricos que no llegaron al gran público) un lugar donde formar un estado. Pero esa generosidad de ofrecer lo que no es tuyo tiene un problema: que para entregarle el óbolo al receptor necesitado, antes tienes que despojarle de ese bien a su antiguo dueño. En términos populares, ese proceso se conoce como desvestir a un santo para vestir a otro.

Es tan estúpida la idea, despojar a un pueblo de su tierra para cedérsela a un tercero, que es increíble que al primero que la tuvo no lo corriesen a gorrazos por los pasillos de la sede de la ONU en el East River. Es una de esas imbecilidades que se deben ver bien desde los despachos de una capital europea, pero que son el germen de sangrientos conflictos futuros (como diseñar fronteras en base a paralelos y meridianos, separando etnias en estados distintos y reuniendo en ellos a ancestrales enemigos, hutus y tutsis, suníes y chiíes, leoneses y castellanos…).

Este es el nivel de la alta política internacional ¿Se te ha roto tu coche? No te preocupes, yo te presto el de mi vecino. Tan intelectualmente grotesco que no llega ni a chiste, no pasa de chascarrillo.

Pero es que aún peor es la justificación de que tenga que ser precisamente ese territorio: porque su dios nacional así se lo concedió. Quien enarbola esa suprema mentecatez como si fuera un razonamiento en pleno siglo XXI es un completo disminuido mental. Cada pueblo que en la historia ha sido ha tenido su dios o dioses nacionales. Y en la cosmovisión que emana de su religión es común en muchos de ellos el relato del dios o dioses que crean el mundo y se lo entregan a ese pueblo (los verdaderos hombres) para su cuidado. Los conceptos de Pueblo Elegido y Tierra Prometida son comunes en pueblos desde la América precolombina a la Melanesia. Claro está, quizá es que se ha demostrado recientemente la existencia del dios hebreo, y no me he enterado por estar de viaje.

Que buena parte del libro sagrado del cristianismo sea la copia textual del libro sagrado de la religión nacional judía, además de una muestra del absurdo de las religiones (¿no sería más lógico que los europeos incluyesen en su libro sagrado la Guerra de las Galias, en vez del relato épico-mítico de un pueblo seminómada de tercera división que pululaba por el desierto Asirio?), no da mayor viso de credibilidad a su contenido. Si pretendemos que la epopeya mítica fundacional de un grupo de follacabras piojosos tenga algún valor en el derecho internacional del s.XXI, con mucha más razón podemos desempolvar la Ilíada para justificar una hipotética invasión de la Lidia (costa Occidental de la actual Turquía) por parte de tropas griegas.

En cuanto a la justificación de que sus ancestros provienen de tal lugar, antes buena parte de los israelíes podían haber pedido su pedacito de tierra en España (Sefarad), pues de su expulsión sólo hace cinco siglos. O ya puestos, la población gitana del mundo entero podría pedir, con más razón que la judía, el retorno al Punjab del cual salieron hace seis siglos. Perseguidos y exterminados a lo largo de la historia como probablemente ningún otro pueblo, merecerían de seguir la doctrina aplicada con Israel que la amable comunidad internacional convenciese a India (si acaso, con el uso de la fuerza) para que despejase a la población que actualmente reside en esa región para asentar ahí a las poblaciones gitanas provenientes de Europa, Oriente Medio y demás partes del mundo.

Si la propuesta te parece demencial, es porque seguramente lo es. Pero es exactamente el mismo razonamiento que llevó a la creación del estado hebreo.

Si ya la legitimidad del Estado de Israel de acuerdo a las fronteras de 1947 es cuanto menos dudosa ¿qué se puede decir de todo el proceso de ocupación de nuevas tierras, empujando a los indios nativos a reservas cada vez más exiguas? El proceso de conquista y usurpación de territorios a los pueblos nativos por parte de los estados europeos en el Nuevo Mundo, durante los siglos XVI a XIX, es remedado por el Estado de Israel a partir de la segunda mitad del XX.

Pero hay cosas que tras la Segunda Guerra Mundial, los horrores del nazismo, el fin del Apartheid y el advenimiento del nuevo siglo, ya no son permisibles. Y no es admisible todo el proceso de ocupación de tierras y limpieza étnica subsiguiente a la Nakba. Proceso que, por otra parte, ha tenido la colaboración estelar de los países árabes circundantes, especializados en iniciar guerras (la del 48, la Guerra de Suez, de los Seis Días, del Yom Kippur, las intifadas…) que, invariablemente, acaban con un estado hebreo cada vez más lato y poderoso. De cualquier forma, el papanatismo tradicional árabe no justifica la anexión de territorios y el desplazamiento de su población para crear un lebensraum judío y, así, buscar acomodo a poblaciones de las cuatro esquinas del mundo que emigran a Israel esperando recibir su trocito de tierra robada a la población autóctona.

La justificación de los territorios anexionados por el Estado de Israel en la Guerra de los Seis Días es pura y llanamente el derecho de conquista. El mismo derecho por el que el Tercer Reich se anexionó los Sudetes, y con mucha mayor legitimidad pues efectivamente, en esa región la población era mayoritariamente germánica, mientras que en el territorio invadido por Israel no había prácticamente nadie de religión judía. De ahí que, tras la invasión, se desarrollase la operación de limpieza étnica, con matanzas como las de Sabra y Chatila y deportaciones en masa, al más puro estilo nazi.

Y a nadie debería sorprender la asociación, plenamente justificada. Israel está reproduciendo la política alemana hasta 1939 (la Kristallnacht la ha sobrepasado con creces), y sólo les distancia (y, sin duda, no es poco) la Solución Final, los campos de exterminio y los crematorios. Pero la base ideológica de superioridad racial (en el caso judío, superioridad étnica) lleva en sus libros de oraciones (y, ridículamente, en los del mundo cristiano) desde treinta siglos antes del nacimiento de Hitler.

Sírvante pueblos,y naciones se inclinen ante ti.
Génesis 27:29

Ya que Yahveh te habrá bendecido, como te ha dicho, prestarás entonces a muchas naciones, mas tú no tomarás prestado; tendrás dominio sobre muchas naciones, pero sobre ti no tendrán dominio.
Deuteronomio 15:6

Todo el mundo que se acerca a este conflicto hace muchísimo énfasis en que la religión no tiene nada que ver en este conflicto (ya que la religión es por definición algo noble y elevado que nos hace ser mejores, o eso nos han enseñado en la catequesis). Pues bien, yo sostengo que lejos de no tener nada que ver, está en el centro del problema, y lo lleva estando desde su origen hace miles de años.

Tras la rebelión de Bar Kojba, Roma estaba tan hasta las pelotas de los judíos (era la tercera guerra en menos de un siglo) que los distribuyó por las cuatro esquinas del Imperio, cometiendo el error fatal de dispersar la semilla del fanatismo religioso. Pero obviamente no se vació toda Judea, sino que fueron trasladados los judíos ultraortodoxos. El resto de la población, judíos helenizados y posteriormente romanizados, gente civilizada que iba aceptando los cambios políticos con mayor o menor resignación, y adoptando las formas e ideas según el signo de los tiempos, siguió habitando la región. Al igual que el resto de pueblos del mundo. Con la conquista omeya fueron islamizados, cuando recientemente ya estaban cambiando al cristianismo, religión del imperio. Luego pasaron a ser controlados por la Sublime Puerta y el colonialismo de unos tipos paliduchos y desgarbados. Esos son los palestinos de hoy, los filisteos (Φιλιστινοί, philistinoí) de los que habla el Tanaj (Antiguo Testamento), que ya estaban en la región cuando llegaron las tribus de Israel hace tres milenios, a disputarles el control del territorio.

Y la diáspora judía son los herederos de los fanáticos follacabras que fueron impermeables a toda cultura que no fuera la suya, contra la que reaccionaban con virulencia. En mil novecientos años hubo un núcleo fundamentalista que demostró ser inmiscible con las sociedades de acogida, aunque es de suponer que muchos de sus miembros acabaron diluyéndose en sus sociedades. Creo que es un caso único en la historia, que si bien desde un punto de vista etnográfico es una maravilla (conservar la religión y la lengua, aunque sólo sea con carácter litúrgico, durante diecinueve siglos en pequeñas comunidades aisladas), desde el social es la crónica de un fracaso de integración. Cuando señalo al islam como el principal obstáculo a la integración de la inmigración de Próximo y Medio Oriente, insistiendo a sus miembros en que son diferentes y deben mantener esa diferencia a toda costa (el orgullo paleto), podemos imaginarnos la misma cerrazón mental en las juderías de la Europa medieval y el Magreb. Por supuesto que el sectarismo religioso de aquellas poblaciones era su reflejo especular, retroalimentando la segregación, la desconfianza y, finalmente, la animadversión entre al fin y al cabo conciudadanos.

Os pongo un ejemplo. No sé si sabéis la historia de la embajada de Hasekura Tsunenaga. Fue una misión diplomática que en el s.XVII un poderoso daimyo hizo llegar a España para entablar relaciones con el que era entonces el rey más poderoso del Orbe, Felipe III. La cuestión es que parte de esa embajada no regresó a Japón, sino que se asentó en el lugar de arribada de la nave, en Coria del Río (Sevilla). Hoy, tan sólo 300 años más tarde, no podemos encontrar en Coria nadie que hable japonés, coma con palillos o se siente en cuclillas. Tampoco encontramos trazas de los colonos germánicos con los que el emperador Carlos III repobló Sierra Morena, más allá de una cierta prevalencia de cabellos claros y ojos azules en la zona.

Pero no debiéramos sorprendernos, es lo normal. En un lugar de tanta emigración como Galicia, estamos cansados de verlo. El emigrante que marcha, por ejemplo a Alemania, por ejemplo mi tío. Sin duda toda su vida siguió manteniendo fuertes raíces aquí; aún hablando alemán perfectamente, en cuanto llegaba al pueblo cambiaba naturalmente al gallego. Y cuando se jubiló, se hizo una casita y se vino aquí (aparte de que en la aldea cunde muchísimo más una pensión teutona). Sus hijos, mis primos, venían de vacaciones todos los años, también para que sus padres pudieran ver a los nietos. A pesar de ser alemanes guardaban aún una explicable referencia cultural gallega. Una vez fallecidos mís tíos, por aquí ya no han vuelto más que en contadas ocasiones, empezando porque a sus parejas alemanas no les hace ni maldita gracia venir a palurdolandia, donde para empezar ni siquiera entienden lo que dice la gente (eso que salen ganando, por otra parte). Y ya la tercera generación, los hijos de mis primos, han roto cualquier lazo con esta tierra y forman parte plenamente, como es natural, de la sociedad alemana. Todo ello en el curso de tres generaciones, poco más de medio siglo.

¿Comprendéis ahora la anormalidad de vivir durante diecinueve siglos en una sociedad y seguir considerándote ajeno a ella, un elemento especial, esencialmente distinto? Nada de esto sería posible sin el veneno de la religión hebrea, que desparramó su ponzoña por el mundo de la mano de sus dos hijastras, las cuales heredaron sus rasgos irracionales y sus impulsos más criminales, intolerantes y liberticidas.

Estas tres aberraciones de la razón, que son una sola a modo de desgraciada trinidad, están detrás del conflicto israelopalestino y de buena parte de las barbaridades y desgracias que han aquejado a la Humanidad estos últimos treinta siglos (los diez primeros, el mal estuvo acotado al tratarse de una religión nacional); generando diferencias artificiales y dinamitando la convivencia entre los pueblos, y dentro de los mismos (desgraciadamente me sobran los ejemplos, incluso actuales, Siria, Turquía, Yemen…).

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Impresionante la entereza de esta cría.

Ha dejado a todo un Estado a la altura del betún (posición a la que, por cierto, en España vamos cogiendo práctica, con las pulsiones fascistas que desata en buena parte de la población todo lo que tenga que ver con Catalunya), con un tribunal absolutamente ilegítimo condenándola por propinar un guantazo a un soldado completamente armado, tribunal que es incapaz de apreciar la injusticia de precisamente la misma presencia de ese soldado armado en territorio extranjero. Y es incapaz de apreciarla porque está en la misma esencia del Estado que le confiere autoridad (que no legitimidad).

Nos reiteramos: la única legitimidad que tenían esos dos mierdas en estar delante del domicilio de la familia Tamimi es el derecho de conquista. ¿Sabemos a qué mundo volveríamos de dar por bueno ese derecho? Imaginad dedicar buena parte de los recursos de nuestro Estado a fortificar los Pirineos con casamatas para defendernos de una hipotética invasión del poderoso vecino del Norte, de nuevo convertido en enemigo y potencial amenaza. También tendríamos que cavar trincheras en torno a Olivença, no fuera que a los portugueses les diera por recuperar ese territorio ganado durante la Guerra de las Naranjas. U orlar las playas y acantilados de baterías costeras para prevenir una invasión de la pérfida Albión o de piratas berberiscos. En suma, un mundo en el que se dé por bueno el derecho de conquista, el que hace valer Israel en Cisjordania, es una porquería de mundo, es volver a la barbarie de la fuerza elevada a la categoría de razón de Estado, a dedicar vidas y bienes a defenderse del resto de naciones o a atacarlas si se tiene la oportunidad. Es retroceder el calendario a Annual, al Somme, a Nanking, a los episodios más desgraciados de nuestra especie.

Es especialmente miserable la exigencia internacional, de la misma comunidad internacional culpable de la Nakba, a que las protestas palestinas sean pacíficas. Sin embargo, no existe una ocupación pacífica. Si mañana unos hombres fuertemente armados asaltan tu casa y expulsan a tu familia, no se puede decir que haya sido una acción pacífica aunque no haya habido ni un disparo, acaso ni siquiera un empujón ante la enorme disparidad de fuerzas. La ocupación es un acto violento continuo en el tiempo (igual que un secuestro), cuyo fin último es precisamente valerse del tiempo como legitimador del statu quo. Esta es la clave de bóveda del proceder israelí en el conflicto, lo sabe hasta un niño, sin embargo no lo encontraréis en las crónicas periodísticas de los monigotes que de la realidad no pasan del envoltorio. Con el curso del tiempo, mayor es el arraigo de los colonos y mayor el desarraigo de los exiliados, que acaban reconstruyendo su vida en otras partes del mundo. El engaño de las conversaciones de paz, tan cacareadas por la escoria periodística, son a todas luces un juego de trileros para ganar tiempo y afianzar las conquistas, parte de una estrategia de hechos consumados. Israel sabe que tiene la sartén por el mango, y que no tiene más que mover el balón y dejar que corran los minutos para ganar el partido.

Quien exige una respuesta pacífica a la ocupación está legitimando la agresión, negando el derecho de defensa. Porque la respuesta a una agresión debe ser proporcional, un intento de violación no justifica coser al agresor a tiros, si hay otra forma de repeler la agresión causando un daño no letal. Esa inmoralidad de justificar liarse a tiros contra cualquiera que, por ejemplo, penetre en tu domicilio puede valer en EEUU, pero no en un país civilizado. Ahora bien, que la defensa ante esos ejemplos de una violación o un robo tenga que ser proporcional a la amenaza, no implica que no pueda uno defenderse. Si se puede solventar con buenas palabras y mejores razones, mejor que emplear la violencia. Y la agresión que se puede repeler con un tiro al aire, con un golpe o con un disparo a partes no vitales, no justifica asesinar a alguien. Ahora bien, honestamente ¿alguien cree que con buenas razones se puede forzar a Israel a que se retire de los territorios ocupados? ¿Se les va a amedrentar disparando al aire, o de alguna otra forma no letal? La respuesta debe ser proporcional a la amenaza, y empleando la menor capacidad ofensiva posible. Pero es que repeler la agresión de un ejército con el armamento más sofisticado implica, no nos engañemos, emplear un poder militar igual o superior. Se ha intentado, por activa y por pasiva, sin violencia, con violencia de baja intensidad (piedras en las intifadas). Ya sólo queda el recurso a la violencia sistematizada. No es sólo el derecho del pueblo palestino, es su obligación.

Puesto en otros términos, si la cría de pelo turbulento, en vez de un hostión, hubiera volado la cabeza de ese par de niñatos con una recortada, estaría en su legítimo derecho. La acción sería más o menos inteligente (seguramente, mucho menos eficaz que el guantazo), pero perfectamente legítima, porque está repeliendo la agresión de unos individuos armados en la misión de ejercer un control efectivo sobre territorio extranjero. Igual que Boudica, Zenobia, Juana de Arco, Agustina de Aragón o María Pita, por citar el nombre de algunas conocidas heroínas. Por supuesto que también esos soldados tienen derechos. Tienen derecho a dar media vuelta y volver a su territorio, tras la frontera de 1947, que es en todo caso la legalmente establecida (y ya, como decimos, pueden darse por bien servidos pues es mucho más de lo que en buena lógica les corresponde). No hay, ni puede haber, reconocimiento del derecho de conquista. Entonces sí, tendrán legitimidad para defender su vida y su territorio. En invadiendo el de otros, es de elemental lógica que pueden ser sometidos al tratamiento al que todo ladrón se expone, y no pueden reclamar justicia (más que ante un cónclave de ladrones) ya que, en primer lugar, no deberían estar allí.

Es terrible reconocer que está justificado matar a alguien pues la violencia debe ser la última opción. Pero es que Israel no ha dejado otra opción, y someterse a su invasión y la limpieza étnica subsiguiente no puede ser una opción para nadie con dignidad.

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Nota: Hay un canal de YouTube muy interesante, en el que un fulano (canadiense, étnicamente judío y religiosamente ateo) intenta ilustrar el conflicto proponiendo preguntas sugeridas por los lectores a ambos bandos.

Para sorpresa de forofos de uno y otro bando: no hay seres de luz, a un lado ni otro del ominoso muro. Unos tiran de cinismo para eludir el dilema moral de fundar su prosperidad sobre el producto de un saqueo, con la altanería que da saberse con la sartén por el mango y el viento a favor (por ahora, pero a largo plazo la estrategia de granjearse el odio de todos tus vecinos es suicida). Los otros, una banda de garrulos alienados por el islamofascismo, el cual opera en las sociedades que infecta a modo de una lobotomia colectiva. Lo cierto es que el sumatorio de unos y otros podría ser una buena representación del paisanaje de cualquier rincón de España, paletos y granujas.

Por supuesto, como en cualquier rincón del mundo, también te puedes encontrar con personas inteligentes e íntegras, pero… son siempre una minoría que bastante tiene con sobrevivir entre lobos, incapaz de influir en el devenir de su nación.

No es cuestión de simpatías por unos u otros; sin duda los israelíes nos resultan más próximos por su nivel cultural equivalente (o superior) al europeo y su menor exposición al fanatismo religioso (aquí una muestra de tolerancia islámica entre la población palestina). Luego están las cucarachas ultraortodoxas, a los que hay que dar de comer aparte. Podrán ser más abiertos, liberales, cosmopolitas e incluso muchos de ellos paliduchos: pero nada de eso justifica la invasión de un territorio y la deportación de sus habitantes.

Amicus Plato sed magis amica veritas

Por cierto, y ya que declaro mi amistad, quiero creer que valiente y sincera. En los vídeos es continuo el lloriqueo de la parte palestina por la ocupación, causa primera y última de todos sus males. En realidad, de no haber existido nunca esa malhadada resolución 181 de la ONU, es más que seguro que hoy tendrían la misma mierda de vida que cualquier otro ciudadano de país árabe o arabófono ¿Por qué habría de ser diferente, si mucho antes del 47 ya Palestina era el actor más débil y despreciado dentro del mundo árabe? De hecho, y sin infravalorar las políticas segregacionistas (especialmente en vivienda) llevadas a cabo contra los árabes israelíes, hay que reconocer que bajo el yugo del ocupante judío disfrutan de una seguridad jurídica, de un abanico de derechos y libertades mucho más amplios que los que puede soñar cualquier ciudadano bajo un gobierno árabe. De hecho, el Estado de Israel ofrece más oportunidades (de educación y desarrollo personal) a sus indeseados ciudadanos árabes que las que disfruta cualquier joven jordano, sirio o egipcio, por poner un ejemplo. Y es como para hacérselo mirar. Porque cada pueblo tiene lo que se merece.

¿Os acordáis de este gráfico, que subí a cuenta de Corea de Sur?

Por otra parte, y con todas las prevenciones de navegar por la ficción del what if, no es muy agradable imaginar cuál sería la situación de los judíos de estar invertidas las tornas; podemos tomar nota de la situación de otras minorías religiosas como los yazidíes, siríacos, coptos o maronitas en Egipto, Iraq o Siria.

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En fin, para terminar este desdichado tema con un mejor sabor de boca (y exorcizar a ciertos individuos que tratan de violentar a la divina Ευτέρπη), permitidme esta digresión a modo de broche final:

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18 comentarios »

  1. Estenso e compato assunto para abordar de uma tacada.
    Abreviando ao máximo meu comentario;centrado só sobre pequenas questões :
    1ª Da generosidade das potencias ocidentais de entregarem “a Terra Prometida( Jehovah-jireh) aos filhos eleitos “. Pois mais bem que não. Aprroveitando-se das ideias “para nada estúpidas” , dalguns “não estólidos”gobernantes daquela. Pra
    2ª Lavar a má conciencia-histórico-cultural-cristiã que pesava contra o coletivo judeo, e simultáneamente
    3ª Librar-se subrepticiamente (expulsar) do problema sociológico das comunidades Judeas ( assentadas desde séculos inter-nós , muito competitivas e acumuladoras da riqueza) .
    4ª Evitar o custo económico-social de termos que deslocar e manter ( nos tempos biblicos o Paraiso-Mesopotamico do Crescente Fertil) exercitos de ocupação “manu militare”.Polas Potencias Protetoras (França-UK) que sarcasmo ¡ e que exemplo de miséria moral nos anos 40 e ainda pior hoje ¡ ).
    5ª Instalando, ( connivencia USA) um porta-avions operativo (estado Israel) para defesa dos poços petrolíferos com que alimentarem as industrias dos Paises Ricos de Ocidente.

    Outrosim:verbo das Escrituras Sagradas .
    Magnifico exemplo da propagação dos fatos das culturas na Historia da Humanidade por continuidade ou osmose passando-se (neste contexto ,de paradigma do pensamento mágico-creencial-religioso).
    Desde os povos indo-europeos (intuimos ¿) até os dos que já há algum testimonio (india ,sumeria, babilonia,fenicia,Egipto,judea,crecia,roma….) .Cada quem, engadindo-lhe o que lhe praz, a fim de, acalmar,asossegar o desamparo existencial-espiritual consubstancial da naturaleza do “mono despido”.
    Um saúdo e desculpas para quem tenha perdido do seu tempo lendo meus comentarios “ ad hoc” sobre a presente entrada do Mendigo.

    Comentario por ramom — 8 abril 2018 @ 15:37 | Responder

  2. Adhiero 100 % lo que escribes, excelente lectura, saludos

    Comentario por Hector — 9 abril 2018 @ 16:58 | Responder

  3. Hay mucho de opinión que no voy a comentar ahora, y hay bastante de exposición que no siempre está atinada. En un artículo del que lamento no haber guardado copia, contaba Edward Said en Le monde diplomatique que la creación del estado de Israel se había gestado mucho antes de la Shoah, en los años 1920 de la mano de lord Balfour, que era según Said bastante antisemita. La solución propuesta era expulsar a los judíos de Europa (Balfour no lo llamaba así) en un nuevo estado en algún rincón de América. Después de la guerra la solución fue parecida pero cambiando el lugar.

    El problema es múltiple, es religioso y no lo es, está provocado por la ocupación y seguramente existiría sin ella. Israel es un país de locos, pero la sociedad Palestina no puede estar muy sana mentalmente cuando ya no queda una generación que no haya pasado toda su vida entre la violencia. La solución, de existir, no va a venir de Israel y tampoco de Palestina; pero sea cual sea, pasará por empezar por la tolerancia, esa palabra que tanto detesto, pero que es el primer paso para reconocer la identidad del otro, sea cual sea.

    Comentario por Aurora — 9 abril 2018 @ 20:44 | Responder

    • Con tiempo, del que sé que andas escaso, te emplazo a que completes el artículo y señales aquellas partes que, a tu juicio, no están atinadas. Hay que decir que, en semejante conflicto, cualquier artículo de unos cuantos párrafos necesariamente se va a quedar cojo. Incluso con la extensión de un libro bastante gordo, con la mejor de las voluntades, y siempre podría aducirse que faltan elementos importantes para comprender el conflicto.

      Por supuesto que el sionismo, como concepto, nace mucho antes de la 2GM. Ya en los ’30 había un movimiento de judíos emigrando a Palestina y comprando tierras para asentarse. Perfecto. Ningún problema. Es evidente, ante un acuerdo entre las partes, no hay nada que añadir. Lo reprochable es el expolio. De todas formas, eran sólo unas cuantas familias, no tengo a mano los números. La explosión demográfica judía en Palestina se produjo a partir de 1946. Y sí, también se barajó crear Israel en Argentina, Brasil o algún espacio vacío en los EEUU.

      “El problema es múltiple, es religioso y no lo es, está provocado por la ocupación y seguramente existiría sin ella.” –> Perfectamente expresado. Además que te ha quedado muy bien la frase.

      No quisiera que doy a entender que el problema es exclusivamente religioso. No, por supuesto, hay una lucha por la tierra, los recursos (acuíferos o, recientemente, las bolsas de gas en la plataforma continental), por sistemas políticos diferentes, con diferentes alianzas… Pero quiero remarcar que, sin duda, el componente religioso es esencial para entender el conflicto… o no entendemos nada. Y eso es algo que frecuentemente se niega, para perpetuar la mentira de que todas las religiones hablan de paz, amor y nubes de algodón.

      “reconocer la identidad del otro” –> No, si de la identidad nadie duda. De hecho, está demasiado remarcada esa identidad (judío, israelí, árabe, palestino, druso, asquenazí, suní…) hay demasiadas identidades perfectamente delimitadas, que oscurecen la identidad personal. De lo que se trata no es de identidades, sino de legitimidades. Ése es el problema, de la legitimidad de una población de habitar en un territorio.

      Un abrazote!

      Comentario por Nadir — 10 abril 2018 @ 23:30 | Responder

      • El problema que yo veo en tu artículo es que está pintado con la brocha gorda del colonialista. Perdona pero es lo que me ha venido a la mente cada vez que le he leído, y mira que me molesta decirte esto. Podemos hablar de religiones y de todos los límites y los problemas que nos traen, para eso no hace falta hablar de Israel y Palestina. Podemos hablar de Israel y Palestina y no tener que hablar de religiones, y es posible que estemos atinando más en el problema. Yo no digo que no haya un componente religioso muy potente en este asunto, pero por eso precisamente lo alejo cuando intento comprender lo que pasa por allí, y ya son varias décadas intentando comprender lo incomprensible.

        En mi párrafo anterior te hablaba de “identidades” por encima de “religiones”. Lo hacía en referencia a un libro indispensable de Amin Maalouf, Las identidades asesinas, que debería ser de lectura obligada en cualquier colegio de este planeta. La religión forma parte de la identidad, que no es única sino múltiple. Somos la suma de lo que hemos ido construyendo durante nuestra vida, religiones (o ateismos) incluidos.

        Contestar por escrito me es difícil, preferiría hacerlo compartiendo una copa o un café, dependiendo de la hora, y sin límites de tiempo, aprenderíamos el uno del otro incluso en el desacuerdo, porque este es un problema que se nos escapa directamente a quienes vivimos tan alejados de él. Pero si te contesto ahora es porque quería compartir este vídeo contigo, es la primera parte de un documental de un concierto histórico en Ramallah, el de la West Eastern Divan Orchestra que fundaron Edward Said y Daniel Barenboim. Es solo la primera parte, pero puede que te guste buscar el resto.

        Comentario por Aurora — 20 abril 2018 @ 21:12 | Responder

        • Seguro que aprendía yo mucho más de ti. 🙂

          Pero vamos a tratar de desenmarañar la complejidad para reducir el problema a su planteamiento más básico: estamos hablando del conflicto entre dos grupos humanos por un mismo territorio. Creo que esta afirmación recoge lo esencial del problema sin perderse en pormenores. ¿Qué papel juega la religión? Es uno de los rasgos identitarios de uno u otro grupo humano, con la lengua lo que define si estás en un bando y otro. Incluso más que la lengua, porque los mizrajíes tienen como lengua materna… el árabe. Precisamente en el bando judío, debido a la diáspora crear una identidad nacional es muy complicado, por eso el único y tenue denominador común es la religión. No exactamente el credo personal (muchos israelíes pasan bastante) sino la confesión de tus ancestros.

          Dices algo muy interesante: “Somos la suma de lo que hemos ido construyendo durante nuestra vida, religiones (o ateismos) incluidos.”
          Efectivamente. Pero fíjate en el determinismo de la religión. Hablando con musulmanes, he escuchado muchas veces lo de “yo he nacido musulmán”, en el mismo sentido que puedes decir “yo he nacido con los ojos verdes”. No es una característica propia de ti, que has construido (y que puedes dejar de hacerlo, según evolucionas), sino una característica intrínseca al ser, que viene impuesta.
          En el caso del judaísmo, ocurre algo parecido. Yo soy ateo… pero judío. ¿?¿?¿? Quiere decir, en mi libre conciencia opto por pasar de la religión (por cierto, una libertad que en el bando árabe es muy difícil de conseguir), pero aún así, hay algo que determina mi naturaleza que es la fe de mis padres. Y es la fe. No es ningún rasgo racial porque judíos los hay de todos los colores, ni étnico porque después de siglos han adoptado prácticamente todas las costumbres del país donde residían (un judío ruso es ruso, y lleva la cultura e idiosincrasia eslava que se da de cachetes con la de otro judío de Yemen, por ejemplo).

          No recuerdo, perdona mi mala memoria, una anécdota muy esclarecedora (ya que yo no me sé explicar mejor), de otro conflicto étnico enquistado, precisamente a cuenta de un judío. Contaba este judío que llegó Belfast por motivos de trabajo. Y que casi lo primero que le preguntaron al llegar fue ¿eres católico o protestante? Y él dijo, no, soy judío. Si vale, pero judío católico o protestante. XDDDDDDDDDDDDDD Esa anécdota me encantó, es muy ilustrativa. No se trata de a qué mierda de Dios rezas, eso no le importa a nadie, la cuestión es conocer en qué bando estás. A qué tribu perteneces, si eres de Villaberzas de Arriba o de Villaberzas de abajo. Es que estamos aún en ese nivel. Y que seas de V. de Arriba o de V. de abajo, además, no depende de ti, de la construcción que hagas de ti y que coincido que crea tu identidad. No. Eres de V de Arriba o de Abajo por el determinismo del destino, porque allí naciste. Es algo que te viene dado, no puedes elegir. Y esa identidad forzosamente adoptada, además, determina el resto de tu vida.

          Es esa clase de determinismo (étnico, racial, sexual…) el que habría que superar, para que cada uno pudiera desarrollar libremente su personalidad. ¿Un blanco tocando blues? ¿Una mujer conduciendo un camión? Pues… ¿por qué no? Sin perder nuestros referentes culturales, pero no siendo empalado por ellos (que es lo que ocurre con los árabes, viven ensartados como brochetas por su tradición y su cultura).

          Comentario por Nadir — 20 abril 2018 @ 23:23 | Responder

        • Vale, ya lo he visto completo, y de postre el concierto en Ramala que al final sí que se celebró. Lo primero, decir que conocía, claro, el proyecto de Barenboim.

          ¿Qué me parece? Mal, muy mal. Claro, esto merece una explicación.

          Evidentemente, la idea en sí es buena. Ayuda a que un puñado de jóvenes (privilegiados y en modo alguno representativos de sus sociedades) establezcan lazos con el “enemigo”, ayudando a humanizarlo, o ayudando a romper la deshumanización que su entorno social ha construido. Esto evidentemente es bueno, muy bueno, es una forma de superar ese determinismo identitario del que estábamos hablando que se construye, además de con religión y lengua/cultura/costumbres, con el enemigo. Una parte esencial de la identidad tanto palestina como israelí es compartir un enemigo común. El odio como aglutinante social, curioso, triste.

          Entonces, ¿por qué muestro mi desacuerdo con un ejercicio práctico de relación entre personas abocadas en principio al enfrentamiento? El entendimiento, el intercambio, la humanización del otro es necesaria, estupenda, maravillosa. Pero sienta la premisa de que el error viene del desconocimiento mutuo. Y no es así. No se trata de que ha sido un malentendido, entonces nos sentamos todos en la misma mesa, charlamos, vemos lo muy agradables y simpáticos que somos unos y otros y por fin podemos llevarnos bien. Esto no tiene nada que ver con ser simpático o no. The begining it’s not the knowledge, but the withdrawal of occupied territories. And then, could be approaching and reconciliation.

          Fíjate que pasó lo mismo en España, en la Transición. Cuando un bando controla las estructuras de poder, sin apearse de esa posición de poder, habla de reconciliación. Borrón y cuenta nueva, y no hablemos del pasado. Pero ese borrón y cuenta nueva le interesa sólo a un bando, que ha tenido 40 años para ajustar cuentas pendientes y resarcirse. Esa tabula rasa beneficia a uno de los lados, mientras que priva al otro de obtener justicia. No puedes pretender que el statu quo actual puede considerarse como aceptable, y ahora démonos la mano y tan amiguitos.

          Si alguien entra en tu casa y te expulsa, con tu familia, para instalarse en ella… no es una cuestión de que el agresor no sea simpático, o de que haya diferencias culturales entre ambos o… es que, coño, te ha echado de tu casa. En el caso de Palestina, eso es literalmente lo que ha pasado. No es cuestión de sentaros en la misma mesa y ver qué tenéis ambos en común. No es ético pretender eso. Lo primero, es restituir la situación antes de la agresión, restablecer la justicia. Y entonces, y superando reticencias iniciales lógicas hacia quien al fin y al cabo te expulso de tu tierra, quizá con el tiempo podáis daros la mano y sentaros como amigos. Pero desde una situación de justicia, no de perpetuación de la ocupación. Y si os lleváis bien, bien, y si no, cada uno en su casa y listo, sin meterse con el otro. Tampoco tienes ninguna obligación de llevarte bien con todos tus vecinos, simplemente un comportamiento cortés, correcto. Con eso ya era más que de sobra en esa región. Y si se desarrollan lazos de amistad entre los pueblos, pues mejor que mejor, pero para ello…

          ¿Conclusión? Sí, los israelíes son gente majísima, muy simpáticos y espabilados pero… que devuelvan lo robado.

          Comentario por Nadir — 21 abril 2018 @ 2:23 | Responder

        • Por cierto, el joven pianista que aparece en el vídeo, no recuerdo el nombre, es israelí, gafitas y pelo rizado rubiejo… ese chaval me gusta. Se nota que el cabrón piensa bien. Cuando veo gente así, y más en chavales, es un puto gusto. Con gente así se pueden hacer grandes cosas.

          Comentario por Nadir — 21 abril 2018 @ 2:25 | Responder

          • Puñetas, hacer un comentario aquí se está convirtiendo en un ejercicio arriesgado… Con tu bulimia (que se agradece) por contestar haces que uno vuelva sobre lo escrito. Voy primero con una recomendación que ya he hecho en algún sitio: Las identidades asesinas, de Amin Maalouf; ensayo cortito pero denso que debería ser de estudio obligatorio en todos los colegios; ahí está todo sobre identidad y cómo esta se (mal)utiliza. Sobre la West-Eastern Divan Orchestra, el proyecto es de Said y Barenboim, no hay que olvidarlo. Dos amigos uno palestino de nacimiento y expulsado de su tierra, el judío que ocupa la casa donde nació se negó a dejarle entrar en una ocasión que le visitó; el otro argentino de nacimiento y a día de hoy con pasaportes argentino, alemán, israelí, palestino (?) y creo que español. No estaban de acuerdo, discutían a cada cosa que ocurría y Said se murió sin que tuvieran una idea común de la solución. Sobre el proyecto Barenboim es muy claro, y no lo olvides nunca cuando digas que ese proyecto te parece muy mal: tocar juntos no va a traer la paz a la región, pero las bombas tampoco. No hay que menospreciar ese trabajo, porque demuestra una cosa, que no hay razón para pensar que israelíes y palestinos no puedan hacer algo juntos. Y sí, yo estoy de acuerdo con que lo de los judíos es un robo, de hecho simpatizo más con la posición de Said que con la de Barenboim, lo que no quita que le tenga un respeto enorme.

            Comentario por Aurora — 22 abril 2018 @ 19:11 | Responder

            • Si yo no critico a Barenboim, de hecho me parece enormemente elogioso que, siendo del bando vencedor, quiera ponerse en la piel del otro bando. Realmente, me parece de una grandeza humana encomiable. Por ejemplo, en el vídeo, cuando recoge el premio concedido por la Kneset, el discurso es todo un tirón de orejas a la ocupación.

              Pueden un grupo de jóvenes de ambos bandos hacer cosas juntos? Pues claro! En realidad, las diferencias culturales que los separan son mínimas en comparación con las afinidades que pueden tener por edad o afición (la música). Pero el pecado original sigue ahí. De hecho, el proceso colonizador continua. Israel sigue ganando territorio con nuevos asentamientos. Pero luego la sociedad israelí se queja de que “es que los palestinos nos odian”. ¿? Acaso esperabas otra cosa? ¿Que les parezca bien que los expulséis de su tierra?

              Insisto, esto es una estrategia suicida para Israel en el medio-largo plazo. Y no se puede construir un Estado con miras en unos pocos años. La tecnología para producir armas nucleares y sus vectores de lanzamiento cada vez está en manos de más actores (incluso un país tan atrasado como Corea del Norte tiene capacidad de fabricar misiles intercontinentales). El abuso de la superioridad militar en el corto plazo se puede convertir en hecatombe en unas décadas. Esto es como lo de circular con la bici en pelotón: da una falsa sensación de seguridad.

              Por cierto, la evolución demográfica en Israel no permite más que asegurar que el problema, lejos de resolverse, cada vez se irá enconando (elevadísima natalidad de los ultraortodoxos, por encima de los árabes israelíes). A ver si trato rápidamente el tema.

              Un abrazo!

              Comentario por Nadir — 22 abril 2018 @ 20:01 | Responder

  4. Hola a todos he leído el artículo y algunos comentarios entre ellos el de Aurora. Lo que dice la señora Aurora es correcto, si me permites querría hacer unas precisiones. Para entender el sionismo como nacionalismo colonialista en la Palestina postotomana y la del Mandato británico (1919-1947) y el desarrollo de Israel como Estado, hay que situarla en la época de expansionismo imperialista/colonial de una Europa en plena revolución industrial en el siglo XIX. De esa expansión surgieron los imperios británico y francés, ruso y en menor medida de otros Estados europeos como Alemania, Italia, Bélgica y Holanda, incluso España tuvo una parte -pequeña eso sí- de esa expansión. Es el momento que los Estados europeos con un desarrollo económico y militar sin precedentes dominarán los continentes africano -Conferencia de Berlín en 1885- y Asia -el llamado Gran Juego entre los británicos en la India y los rusos en el Centro de Asia. De hecho, la llamada descolonización de la segunda mitad del siglo XX que se solapó con la Guerra fría son un conjunto de conflictos que se gestaron a final del siglo XIX con ese expansionismo. Aparte del expansionismo económico y militar, hay un expansionismo cultural, en el que los valores europeos se imponen sobre los de las sociedades africanas y asiáticas colonizadas. Es el momento del mito de la raza blanca como entidad superior.

    De hecho, Israel es pues fruto del colonialismo europeo del siglo XIX (no muy diferente de las colonias francesas que se instalaron en lo que es hoy Argelia a partir de la conquista de la Regencia de Argel en 1830), pero también de otra idea: el nacionalismo, sobre todo de las llamadas “pequeñas naciones” que se desarrollaron en la segunda mitad del siglo XIX. No olvidemos que antes de la Primera Guerra Mundial, Europa, sobretodo la del centro y este más los Balcanes estaban controladas por tres imperios: el austro-húngaro, el ruso y el otomano (o turco). En este caso el sionismo es un nacionalismos de esos (aunque sin tierra). Entre los elementos exteriores que originaron la “conciencia nacional judía” está la idea, asociada al nacionalismo de “racismo”, en el sentido que los judíos eran una “raza”. En una época de emergencia de nacionalismo, fue la época de la invención de las “razas”. Para el racismo nacionalista e incluso militarista de la Europa de finales del siglo XIX, la “raza” judía era considerada inferior, parásita (unas ideas que sintetizó Hitler), a la que se unía los sentimientos de antisemitismo tradicional cristiano. Así a finales del siglo XIX se produjo una nueva oleada de antisemitismo sobretodo en Europa central y del este que incluso convergieron en movimientos de masas como el Partido Social Cristiano de Austria (un referente para el joven Hitler por cierto), progromos y exterminios en la antigua Rusia zarista con grupos de extrema derecha llamadas las “Centurias Negras” y de persecución y linchamiento mediático en Francia con el caso del oficial judío del ejército francés Dreyfus. Delante de ese panorama el mundo judio lógicamente se dividió desde los que buscaban la integración, a los que pensaron que había que fundar un Estado. Y es ahí donde hay que ver el nacimiento de la “conciencia nacional” judía como solución sobre el papel de los judíos en el mundo.

    Era evidente que la creación de un Estado como solución tenía cierta ascendencia en una conciencia europea ya inclinada por los prejuicios raciales y religiosos a que los judíos se marcharan, pero encontró apoyo entre ciertas sectas del mundo anglosajón inglés y norteamericano. Como sabéis para ciertas sectas protestantes la lectura directa y la creencia de lo que dice la Bíblia, es fundamental en su sistema de creencias. Sin esa simpatía de esas sectas como opinión pública, los sionistas no hubieran expandido sus reivindicaciones de recuperar el mítico Reino de David en Jerusalén como capital. Así a finales del siglo XIX se empezaron las primera migraciones de judíos sobretodo europeos del este (la comundad asquenazí que hablan un dialecto llamado yiddish) a la Palestina que estaba bajo control del Imperio Otomano. Y así empezó una colonización que tendría un impulso definitivo con la Primera Guerra Mundial y el contexto de los acuerdos Sykes/Pyckott con que los franceses y británicos se dividirían los restos del Imperio Otomano. De hecho, el Oriente Medio que conocemos actualmente es producto de las intrigas entre británicos y franceses para apropiarse de Oriente Medio tras su victoria en la Primera Guerra Mundial sobre las potencias centrales (Alemania, Austria-hungria) de la que el Imperio Otomano formaba parte.

    Es en el contexto de esa guerra contra el Imperio Otomano y tras el fracaso británico en 1915 de conquistar Istambul a través del desembarco en Gallípioli y del intento de atacar ese imperio a través del actual Irak desde la India, que los británicos viendo que el Imperio Otomano (considerado en principio el contendiente más débil de aquella guerra) era un rival difícil de derrotar (ya que contaba con el asesoramiento militar alemán) directamente, se decidió atacarlo usando la oposición interna dentro del mismo, sobretodo la de los árabes sometidos al yugo otomano y que también empezaban a desarrollar una “conciencia nacional” frente a la agresiva conciencia nacional turca. Aquí es donde entra en juego el mítico teniente británico Thomas Lawrence (el mitificado Lawrence de Arabia). Su personalidad y conocimientos como arqueólogo y arabista de la zona, fue decisiva para forjar una alianza entre las tribus alrededor de la Meca y Media (ciudades santas del islam) del Hiyadz de la Península Arábiga que controlaba el jerife Hussein del clan Beni Hachim. La coalición forjada por Lawrence con los hachemíes practicando una guerra de guerrillas empezó a cosechar éxitos, sobretodo en la toma del puerto del Estrecho de Tirán (Aqaba) en el Mar Rojo, gran golpe porqué permitió a los ejércitos árabes rebeldes recibir suministros tanto de armamento como de comida para sus fedayines (o guerreros irregulares del desierto) como el desembarco de tropas de la Commonwealth británica. Pero naturalmente este inesperado triunfo aliado (que contrastaba con el estancamiento del frente occidental de Europa) planteó como tratar políticamente esas conquistas, y aquí los franceses exigieron como aliado de los británicos una parte de ese botín. Aquí es donde los diplomáticos Marc Sykes (por parte del Foreign Office británico) y George Pickott (por parte francesa) se repartieron los territorios del actual Oriente Medio. Lo que sería Libano y Siria seria para los franceses y lo que es Irak, Jordania y Palestina seria para los británicos (interesados en explotar los recién descubiertos pozos de petróleo en Irak como alternativa a los de Irán). Este acuerdo se le llamó Acuerdo Sykes/Pickott y ha sido la base del Oriente Medio actual, no sólo del dominio directo de Francia y Gran Bretaña entre 1919-1948, sino la base donde se han desarrollado dictaduras y las autocracias árabes en esos territorios a lo largo del siglo XX hasta la actualidad.

    ¿Entonces donde queda la causa sionista en este juego de alianzas? Muy sencillo entre 1916-1917 la situación militar de la Entente (Gran Bretaña, Francia y Rusia) no era muy buena, las Potencias Centrales y el Imperio Otomano resistían las ofensivas aliadas, y en el aspecto económico el bloqueo financiero y comercial que los aliados sometían a los alemanes aún no hacía los estragos que se esperaban, e incluso la guerra submarina alemana contra los cargueros y barcos comerciales hacía peligrar el abastecimiento de soldados y materias primas esenciales para alimentar la población y a los ejércitos desplegados en Europa. Además la Rusia zarista empezaba a padecer tanto en su población, economía y ejército agotamiento y desmoralización. Es aquí donde se inscribe la Revolución rusa, empezando la primera fase de febrero de 1917 que hace caer al zar Nicolas II. Es entonces, cuando los británicos con su premier Lloyd George intentaron convencer a los Estados Unidos de entrar en guerra y pensaron que el apoyo de los judíos norteamericanos podía ser decisivo, por otro lado,quisieron atraerse a los soldados judios que combatían en los ejércitos de las Potencias Centrales y sobretodo de Rusia. Cabe decir que entre los mitos y prejuicios racistas del antisemitismo contemporáneo estaba el del judío usurero, financiero y comerciante que por dinero vende su alma al diablo. Pensando que la causa sionista era apoyada por ese grupo de financieros europeos y norteamericanos, y que podían decidir que los Estados Unidos de Wodrow Wilson entrase en la guerra y que Rusia se mantuviera en guerra, sobretodo los judíos que militaban en el partido bolchevique (Trostky, Zinoiev…), entonces el ministro de exteriores del gabinete de Su Majestad de Lloyd George, Lord Balfour envió una declaración conocida como la Declaración Balfour a las comunidades judías y en concreto a las organizaciones sionistas en que Gran Bretaña se comprometía a apoyar la creación de un “hogar judío” en la Palestina otomana. Hay que decir que la declaración no tuvo el efecto deseado: Rusia se retiró de la guerra con la llegada de los bolcheviques de Lenin en el golpe de mano de octubre del 1917 y Estados Unidos si entró en la guerra no fue por presión de la opinión pública que formaba parte los entonces inmigrante asquenazíes tan pobres como los que llegaban a la Palestina de entonces. Sin embargo, sí tuvo una consecuencia a largo plazo, los británicos se comprometían con el nacionalismo sionista, y su compromiso iba ser mayor que con el entonces nacionalismo árabe de corte panarabista.

    Cuando llegó la paz y se firmó el Tratado de Versalles y se creó en Ginebra la Sociedad de Naciones (antecedente de la actual ONU), los acuerdos que firmaron los británicos y franceses sobre Oriente Medio post otomano prevalecieron y en concreto la Declaración de Balfour a favor del sionismo. Los grandes perdedores fueron los árabes y la facción hachemita que habían ayudado con Lawrence a derrotar a los otomanos, que vieron que Oriente Medio se los repartían y eran ocupados por británicos y franceses. Los franceses crearon los mandatos de Siria y Líbano, y los británicos crearon Irak, Jordania y Palestina en sus zonas de influencia. En Palestina los británicos cumplieron la promesa y en principio abrieron las puertas a la inmigración judía durante el mandato de Palestina. Cuál era el problema. El problema era que lo que conocemos como Palestina en su integración en las relaciones capitalistas internacionales estaba atravesando una transformación productiva sobretodo en el campo y los sionistas se aprovecharon de ello para la compra de tierras. Utilizando las antiguas leyes otomanas que daban primacia al propietario sobre el arrendatario, los colonos sionistas compraron titulos de propiedad a esos propietarios (muchos latifundistas absentistas) y expulsaron a sus arrendatarios. Es el momento en que surge el movimiento Kibbutz, esas miticas y mitificadas granjas con una rígida disciplina de trabajo para explotar esas propiedades adquiridas de forma colectivista. Pero el impulso definitivo, es decir, la configuración de lo que seria Israel en una economía plenamente capitalista la tuvo la llegada de los inmigrantes judíos alemanes que huían del antisemitismo nazi durante los años treinta, muchos financiero, comerciantes y profesionales liberales como industriales aportaron su capital intelectual e incluso el económico que pudieron llevarse a la causa sionista.

    Evidentemente, los árabes de Palestina, como se les llamaba entonces a sus habitantes se daban cuenta de esta situación, que los sionistas les quitaban las tierras que cultivaban y empezaron a organizarse para protestar y para defenderse de ese proceso de desposesión, que culminó con la revuelta palestina de 1936-1937. Los británicos se dieron cuenta e intentaron una política de restricción de la inmigración sionista, con lo que fomentaron el terrorismo judío en organizaciones de la derecha sionista como el Irgún. Los británicos se enfrentaron al dilema de que comunidad beneficiar. La pregunta es ¿por qué los sionistas prevalecieron aunque en 1947-48 sólo poseían el 6% de la Palestina histórica? En primer lugar, cabe decir que aunque los británicos vivieron durante el Mandato una pesadilla de represión y enfrentamientos entre las dos comunidades, curiosamente los británicos favorecieron el desarrollo de instituciones económicas, político/sociales e incluso paramilitares (como la Hagannah y el Palmach, núcleo con el Irgún y otros grupúsculos de la Tsahal o las Fuerzas de Defensa de Israel, el todopoderoso ejército israelí) en cambio los palestinos no. La causa fue el racismo británico, no era lo mismo tratar a un judío de origen europeo y de piel blanca que traía las técnicas europeas más avanzadas para colonizar las propiedades adquiridas, que los palestinos, pueblo musulmán, de piel oscura y considerado por los británicos bárbaro y atrasado. Los británicos, básicamente, no trataron que los árabes palestinos de la misma forma que a los sionistas, no les ayudaron a organizar instituciones propias con las que reclamar y defenderse y la situación empeoró tras la revuelta de 1936-37 en la que la represión fue salvaje. Aunque fueron los británicos quienes entre 1937-38 empezaron a proponer la partición de Palestina entre los sionistas y palestinos (los primeros por supuesto recibirían las tierras más fértiles del país), no sería hasta después de la II Guerra Mundial cuando esa solución seria discutida a nivel internacional, en concreto en las recién creadas Naciones Unidas.

    Es evidente que el descubrimiento de la Shoah o el Holocausto judío impulsó la causa sionista y en materia de relaciones públicas tenían gran ventaja: el reconocimiento de un Estado Judío en la Palestina británica se debería haber hecho antes, así se habría evitado la tragedia, como la mala conciencia europea por ese genocidio, pero para ser justos los observadores o mediadores de la ONU enviados a Palestina no fueron todo lo justo que deberían haber sido. Muchos eran europeos y compartían los prejuicios racistas e imperialistas frente a la población indígena y musulmana a la que consideraban decadente e inferior. No hay que olvidar que la ONU fue fundada por países que mantenían colonias, los pueblos coloniales salvo los árabes y la India (recién independizada) no tenían el mismo peso que los países europeos y Estados Unidos, incluso la Unión Soviética de Stalin daba su apoyo a la causa sionista a la que llegó a calificar como antiimperialista porqué luchaba contra el decadente imperialismo capitalista británico. Mientras la situación en Palestina se fue deteriorando y los británicos (agotados por la guerra mundial y con el deseo de liquidar un imperio colonial difícil de mantener) dejaron que ambas comunidades se enfrentarán, eso sí los sionistas estaban mejor posicionados en esa lucha, mucho más de lo que supone. Así una ONU donde el peso de Europa y Estados Unidos y la URSS era evidente, optó por las tesis de la partición. Los sionistas, sabiendo que los árabes se opondrían y que las comunidades palestinas no la acceptaría, encabezados por el astuto David Ben Gurión (a pesar del radicalismo de la derecha sionista representada por Benachem Begín) la acceptaron y aprovecharon el momento para proclamar la independencia del Estado de Israel alrededor del 14 de mayo de 1948. La provocación incluso antes de que los británicos evacuaran totalmente Palestina, llevó a los países árabes a intervenir a favor de la causa palestina. Así empezó la llamada primera guerra árabe israelí. Los árabes,- Egipto, Siria y Jordania- invadieron Palestina en apoyo a los fedayines palestinos, pero mal coordinados y equipados militarmente (salvo la Legión Árabe jordana que era entrenada por oficiales británicos) no fueron capaces ni de derrotar ni a las milicias sionistas (rápidamente unificadas para ello) ni evitar la expulsión de los habitantes de las ciudades y pueblos palestinos, que incluso fue precedida por matanzas entre ellas la del pueblo Deir Yassim. Como resultado la partición de la ONU (Resolución 181) se quedó en papel mojado, ya que Israel consiguió un 36% de territorio más del que le seria asignado) en lo que se conocería como la Línea Verde y los palestinos se convertirían en los refugiados que pueblan los campamentos en Gaza (que quedó bajo control de Egipto) Síria, Libano y sobretodo Jordania que retendría el West Bank o la actual Cisjordania y la Ciudad Vieja o Jerusalén Este de la Ciudad Santa. Una humillación para la emergente nación israelí que tomaría su revancha en junio de 1967, pero esa es ya otra historia.

    Espero haber explicado más o menos los orígenes del conflicto sangriento entre palestinos e israelís.

    Comentario por Javier Téllez Rentero — 12 abril 2018 @ 0:30 | Responder

    • Muy buenas, Javier.

      Lo primero, te agradezco esta resumida exposición para ponernos en antecedentes. No veo sin embargo oposición o rectificación sobre lo por mí expuesto. Salvo algún detalle menor, tengo poca cosa que discutir en ella.

      Salvo un punto. Tú estimas que hubiera sido deseable la construcción de un Estado judío en Palestina antes del ascenso del nazismo. Claro, si la alternativa es el exterminio de millones de judíos europeos, cualquier alternativa es preferible. Ahora bien, sigue siendo una mala alternativa porque implica el desplazamiento de una población, por unos colonos procedentes de literalmente todas las partes del mundo. Esto es incompatible con cualquier noción de justicia.

      Pero es que, además, ni siquiera me parece una forma inteligente de proteger a la diáspora judía: la creación artificial de un islote de judaísmo rodeado de enemigos. Ni siquiera es un Estado realmente independiente: necesita del apoyo político y militar usamericano para su supervivencia, de forma que muchos consideran que no deja de ser una colonia usamericana en el corazón del mundo musulmán (y ahí entra de nuevo la religión, y el simbolismo de la mezquita de Al-Aqsa…).

      Por ahora, la posición militar de Israel es sólida. Pero un Estado se construye para durar más de unas décadas, y la Historia da muchos tumbos. Si el apoyo gringo se debilita, dejaría al pueblo judío totalmente expuesto. Míralo de esta forma: ellos mismos han creado un gueto, con sus muros y todo, para poder seguir viviendo su especificidad sin contaminación con los gentiles. Psicológicamente, supongo que les daría alguna sensación de protección, pero en realidad facilita la labor de un progromo.

      En las guerras de hoy, no hace falta entrar con carros en un territorio. Puedes devastarlo sin poner un pie en él. Y cada vez más países acceden a la tecnología que lo permite (no sólo la minuaturización de las ojivas nucleares, sino los vehículos que las portan, y los sistemas electrónicos y contramedidas para evitar que sean interceptados). ¿Qué futuro puede tener Israel rodeado de países que desean su exterminio? ¿Es razonable pedir a la población judía mundial que se meta en la boca del lobo, dándole unas falsas garantías de seguridad que sólo sirven para la guerra convencional?

      Hace poco Rusia presentaba el Sarmat. A día de hoy, esa tecnología sólo la tiene Rusia, los EEUU y, si acaso, China. Pero ¿no sería de esperar que dentro de 50 o 100 años, esa capacidad destructiva estuviera al alcance de cualquier potencia regional? Sí, puedes aducir dos cosas:
      1) dentro de 50 años, la capacidad de intercepción habrá mejorado. Sin embargo, ésta sigue siendo muy pobre. Se basa en probabilidades, establecidas en base a conjeturas porque no sabes la mano que lleva el rival (qué tipo de contramedidas usará, y si la capacidad de detección será capaz o no de localizarlo). Pero no puedes fiarte de probabilidades cuando el error significa la devastación absoluta.
      2) Por eso se recurre a la disuasión: por eso Israel cuenta con arsenal nuclear. La cuestión es que eso puede funcionar cuando existe un claro objetivo al cual dirigir una represalia. Ahora bien: te planteo el siguiente escenario. Dentro de 50 años, un submarino no tripulado emerge frente a las costas de Israel (lo cual quiere decir a cientos de kilómetros de distancia), vacía todos sus tubos lanzamisiles con cabeza nuclear, y se autodestruye para no dejar rastro. O por ejemplo, unos vehículos lanzadores camuflados se sitúan en el punto de triple frontera Siria-Iraquí-Jordana y disparan los misiles contra israel, de nuevo destruyendo los camiones lanzadores. Varias de las cabezas consiguen superar el Iron Dome y destruyen las principales ciudades israelíes, matando al 80% de la población. A Israel sólo le queda la carta de la venganza. Su capacidad nuclear está intacta, desde submarinos y silos. Bien. ¿A quién la diriges? Tienes la capacidad de morir matando, pero te falta un objetivo. ¿Qué haces en esos momentos? ¿Escoges barrer del mapa a un país musulmán al azar, consciente que puede no haber tenido nada que ver con el ataque? A esas alturas ¿qué más da, si el ataque ya se ha producido? Y se ha producido precisamente porque la incapacidad de una respuesta.

      Hoy por hoy, son fabulaciones. Pero es un escenario perfectamente factible dentro de unas décadas.

      Por eso, considero que la imposición por la violencia puede ser un buen recurso a corto plazo, pero el miedo exige mantener la capacidad disuasoria indefinidamente, lo cual supone una pesada carga para la sociedad, y una amenaza permanente cuando las cosas vayan mal. Es decir, como siempre ha sido en la Historia. Si juegas con esas reglas, tienes que aceptar las consecuencias. Quien a hierro mata…

      Pues bien, a tu deseo de que hubiera existido antes el Estado de Israel, yo contrapongo la solución preferible, y es la integración de las diferentes comunidades étnicas/religiosas dentro de cada Estado. Lo cual exige un esfuerzo tanto por parte del conjunto de asumir la diferencia, como por parte de cada colectivo con no remarcarla artificialmente. Y ahí volvemos a la religión, que es lo que ha impedido a las comunidades judías integrarse en esas sociedades como cualquier otro ciudadano (insisto, la religión propia, la judía, y la del entorno que reaccionaba simétricamente).

      Te pongo un ejemplo: ¿hubiera sido posible un pogromo de godos en la España de Felipe II? O de celtas, o de cartagineses… No, porque era imposible rastrear los descendientes de estos pueblos en la población local. Poco a poco, se fueron diluyendo en la población, asumiendo sus usos y aportando una pizca de sabor al guiso final. En historia, esto es lo normal. Si tú te fueras mañana a Japón, no por ello sería japonés, pero tus nietos sí que lo serían. A no ser que adoptases una estrategia de no contaminarte con la población japonesa, y buscases una española allí para emparejarte, e inculcases en tus hijos el mismo comportamiento… Pero no es sano.

      Las persecuciones en España, en Rusia, en Polonia o finalmente en el III Reich contra los judíos fueron posibles… porque había judíos. Porque después de un milenio y pico, no habían conseguido diluirse (o mejor dicho, habían conseguido la proeza increíble de no diluirse, en un alarde inaudito de sectarismo) en la población local. Su religión les impelía a mantenerse aparte, y eso les costó ponerse en el centro de la diana. Una actitud muy poco inteligente.

      +

      Y ahora, al margen de esto, permíteme que te señale un error que veo tienes muy arraigado. Te lo señalo porque veo que escribes bien, y es una lástima que ese detalle empañe tus escritos. Has usado el término “sobretodo”, además con profusión en un texto tan corto. Y el corrector no lo denuncia ya que esa palabra existe: es una prenda de vestir, ya en desuso, una especie de abrigo o capa. Mas en el sentido que tú lo usas, son dos palabras.

      En todo caso, muchas gracias por tu comentario.

      Un saludo!

      Comentario por Nadir — 12 abril 2018 @ 9:55 | Responder

  5. Una precisión: según tenía entendido, la guerra de Suez no la iniciaron los árabes, sino más bien ingleses y franceses, descontentos por haber perdido el control del canal, con la colaboración de Israel a quien convencieron/persuadieron para hacer el trabajo de campo. Y la pararon usamericanos y rusos, que “persuadieron” a franceses e ingleses a quedarse quietecios (los israelies no hicieron caso, ya que estaban puestos a ello, tiraron p’alante).

    Comentario por santi — 13 abril 2018 @ 20:03 | Responder

    • Sí, realmente toda esa frase es bastante injusta con el bando árabe, porque incluso las guerras que claramente empezaron (el Yom Kippur) fueron reactivas de conflictos anteriores. De la misma forma, creo recordar que la Guerra de los Seis Días, en la que fue Israel quien lanzó la ofensiva, lo hizo anticipándose a los movimientos y concentraciones de tropas de la entente árabe. Es difícil, realmente, determinar quién es el agresor y quién comienza una guerra. Muchas veces a una guerra se llega por una serie de decisiones en ambos bandos que acaban abocando al uso de las armas. Al final, de qué bando provenga el primer disparo suele ser irrelevante. Y era eso lo que quería decir y expresé mal: la disposición del bando árabe a entablar guerras que invariablemente pierde. Israel tiene la misma disposición… pero las gana.

      Comentario por Nadir — 15 abril 2018 @ 8:15 | Responder

  6. Hola. Antes de nada matizar que no tengo ni la más mínima intención de entrar en conflicto, no te cuestiono a ti sino el cómputo de ideas que planteas.

    Este es un artículo largo que no me leí entero, por una sencilla razón: esta basado en datos que rulan por Internet. Si nos quejamos de los Mass Media, de las “lobotomias” y etc, que menos buscar una información fehaciente?

    Es de cajón que no has llegado a pisar Israel, puesto que es una evidencia que los Palestinos siempre tenían libertad y posibilidades de integrarse en la sociedad israelí. Que es una ocupación y les quitaron su territorio? Era suyo???? Cuando??? Acaso cuando gobernaban los romanos? O te refieres al mandato británico?? Es la frase más celebre de los palestinos, que nunca tenía confirmación histórica: “nos han quitado la tierra!”.

    Hablemos de esa tierra: eran suelos casi inhabitables, compuestos de desierto y barro y casi nada de AGUA potable, lo único que tenía algún valor son las ruinas históricas (que nunca le interesaron al pueblo NÓMADA que hoy llamáis palestinos). Si antes del 1947 no había tantos judíos, sabes cuantos “palestinos” se movían por estos territorios? Que, por cierto, esos pueblos nómadas salian más allá de Israel, ese territorio tan sólo era parte de su itinerario. Y como no puede ser de otra forma, el pueblo judío llegó a pagar por esas tierras, puesto que sólo el baron Rotshild soltó una fortuna a los británicos para quedarse con esa porquería de desierto que había.
    Mejor dicho, la base del conflicto, esa “expulsión” de la que tanto se habla – ese es el punto que no tiene pies no cabezas.

    El ejemplo muy claro lo tenemos con los ocupas aquí en España: te parece lógico que un ocupa (o incluso inquilino, da lo mismo) reclame al propietario los derechos de poseer el inmueble? De locos, verdad? Pues eso pasa en Israel, estaban allí de paso pero ahora reclaman ese territorio ya que “era suyo”. Ya sabes, una mentira repetida mil veces se convierte en verdad… Para las grandes masas.

    Que fácil es decir ahora que a los palestinos les quitaron una tierra prospera de altísima calidad! Piensa en que si en el 1947 hubiera un gran pueblo asentado en ese territorio, un puñado de judíos debilitados tras el genocidio no hubiera sido capaz de asentarse: nunca hubo resistencia, puesto que (1) no existía asentamiento fijo de otros pueblos en Israel y (2) esa tierra era una porquería. Vamos, ni había aqua, por eso los pueblos nómadas viajaban tanto – lo de construir no era su “estilo”.
    La resistencia Palestina comenzó con la bonanza, puesto que gracias a Israel se han asentado en territorios fijos y su población fue aumentando de forma descomunal.

    Pero en fin, es lo que pasa con los artículos de opinión – nuestra opinión no es sólo nuestra, sino refleja la información que nos van vertiendo desde los medios u otras fuentes “alternativas” que pueden ser hasta peores.

    Obviamente, soy de etnia “judía”. Es más, soy israelí. Pero también soy ruso y “protestante”, casi como en ese chiste que comentas. Aún así, no tengo nada que ver con religión alguna, ni mucho menos me interesa la política – vivo en España desde hace 16 años, lo que me indigna es la opinión tan interesada que tienen aquí sobre el tema de Israel. Si no lo conoces de primera mano ni lo has vivido, es altamente probable que desconozcas la realidad. Pero eso pasa con todo: no entiendo por qué defiendes tus artículos sobre emisiones haciendo alusión al desconocimiento técnico de la peña, pero en cambio pones este artículo sobre un tema que no conoces de verdad. Aquí falla la base, ahí se desmorona todo.

    Allí queda, tan sólo es un razonamiento “sionista”. Un saludo.

    Comentario por Sergey — 27 abril 2018 @ 9:28 | Responder

    • Buenas, Sergey.

      No quiero ser arisco, pero me parece una falta de respeto que me digas que no te has leído el artículo entero, pero sí pretendes que los demás leamos tu comentario.

      Lo he hecho por encima, y realmente mejor no hacerlo. Así que, según la propaganda israelí (una versión, porque hay más), Palestina era un territorio despoblado (o poblado por tribus nómadas) y llegasteis los judíos y lo poblásteis, sin necesidad de expulsar a nadie (más que a esos nómadas que, total, como viven en tiendas de campaña tanto les da un sitio que otro).

      Si lo anterior era una falta de respeto a mi persona, esto es una falta de respeto a la inteligencia. Realmente ¿la verdad no vale nada? ¿el honor, no tiene significado? Entonces, ciudades como Jerusalén, Belén, Nablús, Gaza, Ramala, Hebrón, Haifa, Jaffa… no existían antes de la Nakba. O existían, pero estaban habitadas por judíos.

      Eso no es un “razonamiento”. Eso es una burda mentira. Una completa payasada que no se sostiene.

      Yo prefiero decir la verdad. Me siento menos ridículo. En mi caso, soy un hombre blanco heterosexual de clase media en un país relativamente desarrollado, y vivo bastante bien, así que me importa un demonio el sufrimiento ajeno. Y ya está. Para qué andarse ensuciando con teorías ridículas para autojustificarse. Habéis invadido ese territorio porque teníais una fuerza militar superior, por méritos propios, deméritos de la parte árabe y la fenomenal ayuda del primo de zumosol gringo. Y ya está. Por la misma razón que Hitler invadió Polonia, Napoleón entró en Rusia hasta la cocina o César exterminó a los gálatas.

      Lamentable. Un comentario verdaderamente lamentable.

      De verdad, Sergey. No quiero ser hiriente, no me hace falta. Espero que algún día te atrevas a estudiar la historia de cómo se desarrollaron los acontecimientos en el último siglo en esa parte del mundo. Libros académicos escritos por historiadores neutrales de reconocido prestigio, no panfletos producidos por tu Estado. Es como la población alemana ante el exterminio de los judíos: la verdad estaba ahí, sólo tenías que querer enterarte, no era tan difícil. Pero era más cómodo seguir digiriendo la propaganda del régimen, no querer saber. La conciencia no es un órgano, pero también enferma y también duele. Te sugiero que cuides de ella. Hay que ser valiente, eso sí, la verdad y el honor no están hechos para todo el mundo.

      Un saludo. Удачи!

      Comentario por Nadir — 27 abril 2018 @ 11:42 | Responder

    • Quizá estos mapas sean de tu interés, para que recapacites sobre la propaganda que has recibido:
      https://magnet.xataka.com/que-pasa-cuando/palestina-1947-los-mapas-que-ilustran-como-era-la-region-antes-de-la-creacion-de-israel
      https://palopenmaps.org

      Comentario por Nadir — 22 mayo 2018 @ 17:06 | Responder


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