La mirada del mendigo

3 septiembre 2019

Juan Manuel Grijalvo – Mascotas y refugiados

Filed under: Internacional — Juan Manuel Grijalvo @ 16:02

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Dedicado a José Curt Martínez

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Verá usted, con mucha frecuencia no resolvemos los problemas porque los analizamos desde perspectivas inadecuadas. Plantear correctamente un problema ya es la mitad de la solución. Muchos problemas no son nuevos. Están ahí, por ejemplo, desde la caída del Imperio Romano, y tienen soluciones que en muchos casos ya están probadas. Los poncios de turno suelen decirnos -es lo habitual- que “los problemas son complejos” y que “necesitamos estudios más profundos”. En cambio, Peter F. Levy nos dice que “Things tend to make sense when all the facts are brought out”, las cosas tienden a encajar cuando exponemos todos los hechos. Cualquier ingeniero le confirmará que el repertorio de fórmulas para calcular casi cualquier cosa ya está ahí. El trabajo consiste en identificar correctamente el problema, cuantificar las variables, aplicar la fórmula adecuada y alehop, ya tenemos la solución.

Veamos un ejemplo.

En muchas ciudades hay problemas con los animales domésticos abandonados. En bastantes casos, se asilvestran, siguen alimentándose por su cuenta -con nuestra basura- y se reproducen. Sus tasas de natalidad son altas porque han evolucionado para contrarrestar mortalidades muy elevadas. Por eso las camadas de perros, gatos, conejos, ratas blancas, etcétera, suelen ser de cuatro crías o más.

En las ciudades hay muchos seres humanos, los “mascoteros”, que enfocan el problema de los animales abandonados desde la buena voluntad. Si hay cuatro cachorritos, gatitos, conejitos, etcétera, sueltos por ahí, procede encontrar cuatro hogares de acogida para que cuatro “Homo sapiens” los adopten como mascotas y se ocupen de prolongar sus vidas tanto como ellos -y los veterinarios- humanamente puedan. Un “Homo sapiens” que tiene una mascota no suele hacerse cargo de otra hasta la muerte de la “suya”. Por eso, los benévolos seres humanos antedichos han dado en establecer “colonias urbanas” de animales semidomésticos, a los que alimentan con los mismos piensos industriales que a sus mascotas. Obviamente, también los llevan al veterinario para que los “esterilice”. Así y todo, en los términos en los que está planteado, el problema no tiene solución: la perspectiva es la que tenemos cuando miramos por unos prismáticos puestos del revés. Un problema que en sí es pequeño se magnifica hasta eclipsar todos los demás. Es una versión del “Think globally, act locally” que nos lleva -literalmente- hasta la vuelta de la esquina.

Veamos otro ejemplo.

Ahora mismo hay setenta millones de refugiados por ahí. Son seres humanos que se han quedado sin sus casas porque alguno de los beligerantes en tal o cual conflicto armado las ha destruido. Sólo en Siria, más de un millón de hogares han desaparecido, y más de diez millones de personas se han visto reducidas a la mendicidad. El problema tiene culpables, por supuesto, y no hace falta analizar mucho las causas para encontrar unos cuantos. Mutatis mutandis, ocurre lo mismo en Irak, Palestina, Sudán, Yemen, Libia… Seguramente, usted añadirá varios países a esta enumeración sin forzar la memoria.

Una parte mínima de estos refugiados embarca en cualquier cosa que flote y trata de cruzar sobre el agua hacia cualquier lugar, porque cualquier lugar será más seguro que su punto de partida. Muchas veces esas cosas no flotan bien, o no se mantienen a flote el tiempo suficiente, y se van a pique. En sí, es un problema pequeño, pero se magnifica artificialmente porque nos permite olvidar que por cada refugiado que consigue pagar el pasaje y salir de donde sea quizá hay otros mil que no pueden pagar, y otros cien mil que no han logrado salir de las “zonas de conflicto”.

En este país, hacer un planteamiento correcto de todo esto empieza por hacer un poco de memoria. No hace tanto, hubo una guerra atroz que generó una postguerra tal vez aún más atroz, porque los vencidos quedaron indefensos, a merced de unos vencedores que habían demostrado desde el minuto uno del “alzamiento” lo que se podía esperar de ellos. Cientos de miles de “rojos” huyeron despavoridos. Los que consiguieron cruzar la frontera de Francia fueron prontamente encerrados en unos campos de refugiados que no eran demasiado diferentes de los campos que habían montado los franquistas para encerrar a los que no pudieron escapar.

Ahora mismo, el Campo de Gibraltar es un microcosmos que resume bastante bien una serie de cosas que pasan en el mundo. Una cita de Lorenzo Silva:

“Son, después de todo, las consecuencias de tener una sociedad prendida con alfileres y el principio de autoridad comprometido por una realidad que de hecho vive a diario al margen de la ley. El tema nos sobrepasa y tenemos que enfrentarlo con cabeza y con proporcionalidad. Ni yo ni mucho menos usted, subteniente, que viene aquí de visita, como quien dice, podemos hacer nada contra una situación que tiene tantos padres y padrinos: tanto chico con tan poca formación, tanto paro juvenil, una sociedad que necesita drogarse, una plantación descomunal de droga ahí en el continente de enfrente, un paraíso fiscal de soberanía extranjera adosado a la comarca y, para redondear el cuadro, hasta nuestra propia industria tabacalera, que es la que mete como exportación en Gibraltar el tabaco que luego vuelve en forma de contrabando, en las gomas que descargan cada noche en la playa, esa de la que viene usted ahora mismo, y que yo no tengo patrulleras para interceptar. Ni las tengo, ni podría tenerlas. Necesitaría que los yanquis me prestaran su Sexta Flota para controlar ese tráfico, mientras cuido de que no se ahoguen más inmigrantes de la cuenta las noches que los señores que dirigen allí abajo el negocio de las pateras tienen a bien inundarme el litoral de desgraciados que no saben nadar”.

Pues eso. Cuando se aplica lo que podríamos llamar “la perspectiva mascotera” a los solicitantes de asilo que han conseguido pasar “nuestra” frontera por cualquier medio, resulta que son “nuestras” mascotas. Los demás no importan. Si no salen por la televisión, no existen.

Mientras los votantes de este país sigan entregando las llaves de las cajas públicas a los tipos que presentan a las elecciones unos partidos políticos que compiten por encontrar las “soluciones” más necias a los problemas de la “inmigración”, y a todos los demás, la cosa no tiene arreglo.

A grandes males, grandes remedios. Que son unas medidas muy simples que pasan inexorablemente por revisar nuestras prioridades y reducir nuestro “bienestar”. Por ejemplo, los procesos para obtener las materias primas necesarias para fabricar nuestros imprescindibles teléfonos móviles matan a muchas personas en África. Eso no tiene importancia alguna, porque las primeras prioridades de nuestro curioso sistema económico son importar coches de lujo y fichar futbolistas extranjeros.

Todo eso se hace con el asentimiento de la clase política y de unos votantes que están cada vez más intoxicados por unas “informaciones” que sólo son “relatos” irracionales. Nos las presentan en “mensajes” cada vez más breves, que nos sirven caricaturas de la realidad cada vez más fragmentadas.

La raíz del mal es el culto al becerro de oro.

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Me pregunto qué me habría dicho José Curt cuando le hubiera presentado el borrador de esto. Probablemente, encontraré la respuesta cuando relea “Quique, un guardia civil en Mozambique”, un libro que me parece muy útil para captar correctamente las verdaderas dimensiones de unos problemas que hoy apenas vislumbramos.

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27 comentarios »

  1. Amén Don Manuel. Me descubro la cabeza y saludiños afectuosos 😉

    Comentario por Javitxu — 3 septiembre 2019 @ 18:49 | Responder

  2. Mis felicitaciones. Es agradable leer un texto complejo, para lectores adultos, lejos de la planitud e inmediatez de la literatura infantil que se ha adueñado del debate político.

    El tema es muy complejo, con unas consideraciones éticas ineludibles. Ahora no me siento con fuerzas y voy a arrastrarme a cama. Pero no quería pasar sin comentar un pasaje. Entre Argèles sur Mer y Los Almendros, sí que hubo diferencias sustanciales. En el campo francés la alimentación era insuficiente, y muchos murieron de inanición. En el campo alicantino la alimentación fue inexistente. Cuando desalojaron el improvisado campo de concentración (de memoria, creo que dos semanas más tarde), los almendros no tenían ni siquiera corteza; todo valía para obtener algunas calorías para mantener el organismo en funcionamiento.

    Comentario por Nadir — 4 septiembre 2019 @ 0:05 | Responder

  3. Ahora, con un poquito más de tiempo, comento algo más para procurar estimular el debate.

    El asunto de la inmigración es un clásico en el que hay dos posturas enfrentadas, y ambas se sostienen en imbecilidades.

    Algunas cosas que me parecen notables:

    – la batalla político-mediática armada por un barco con 80 inmigrantes a bordo, que Italia consideraba imposible aceptar y España, en un gesto de altruísmo sin límites, aceptó. Tanto problema para acoger a 80 personas. En 2016 cruzaron el Mediterráneo 360.000 personas, reduciéndose la cifra en 2017 y 2018 a algo más de 100.000. Sobre un 5% deja la vida en el intento (de cruzar el mar, pero el camino hasta subir a la barcaza también es un reguero de peligros).

    En España ingresaron el año pasado casi 60.000 inmigrantes. ¿En qué cabeza cabe el enorme problema de desembarcar a esas 80 personas? Es ridículoi, la política comunicativa enseñoreándose de la racionalidad.

    https://www.acnur.org/emergencia-en-europa.html
    https://www.elconfidencial.com/espana/2019-08-16/entrada-inmigrantes-espana-43-ano-2019_2180371/
    https://www.europapress.es/epsocial/migracion/noticia-casi-60000-migrantes-llegado-espana-vias-irregulares-2018-130-mas-ano-pasado-20181204165536.html

    – Lo de los barcos de rescate también tiene miga. Porque se ponen a patrullar frente a la costa libia, no sólo en sus aguas jurisdiccionales sino en su zona de rescate.

    De ahí que Salvini los llamara “taxi”, porque recogían inmigrantes a poca distancia de la costa africana y los desembarcaba en puertos europeos, cuando lo que correspondía es hacerlo en la costa más próxima. Es decir, no están rescatando naufragos que en la singladura han tenido problemas cuando se encuentran en alta mar, como se pretende.

    – Tan ridícula es la pretensión de unos de cerrar las puertas a la inmigración, pues es necesaria para sostener un mercado laboral avejentado, como lo sería una política de fronteras abiertas, cosa que ningún partido político ha tenido el descaro de proponer porque sería inviable (además de contrario a las normas europeas). Toda persona residente en el Estado debe tener derecho al acceso a la sanidad pública, así como sus hijos al sistema educativo. En esto estamos todos de acuerdo salvo algún degenerado fascista. Pues sólo con estas ventajas son razón suficiente para emigrar de muchos países en los que ambas son un lujo inalcanzable. Sólo Nigeria tiene casi 200 millones de habitantes. Pakistán los supera. La India y China, ya tal. ¿Durante cuánto tiempo podría sostenerse los sistemas sanitario y educativo públicos, máxime cuando no hay trabajo para los recién llegados?
    Por muy desgraciado que pueda sonar, pero las fronteras abiertas sólo es una idea de quien no tiene ni aspira a tener responsabilidades de gobierno. Una de esas falacias que sirven para quedar bien, sentirse moralmente superior quien es intelectualmente inferior.

    – Me parece muy oportuna la comparación de los “welcome refugee” con los mascoteros o el reciclaje: son mecanismos para blanquear conciencias con poco cargo al bolsillo. Lo de recibir inmigrantes suena muy humanitario y multiculti, pero supone una cadena de fracasos, porque una inmigración masiva no es motivo de celebración sino una tragedia. Es natural y sano el intercambio de población por motivos laborales, turísticos… pero cuando el flujo es en un solo sentido e incumbe a una proporción significativa de la población, es señal evidente que la emigración no es completamente voluntaria sino forzada escapando de la violencia o la miseria. Que no es tan difícil comprenderlo, que tenemos el ejemplo próximo de todos los gallegos que emigraron y lo siguen haciendo porque no hay futuro en su tierra. Y no es un cambio de residencia gozoso, no es plato de gusto dejar el hogar ni llegar a la conclusión que en tu patria no existen las condiciones de alcanzar una vida digna.

    Recuerdo cuando era chaval las acampadas por el 0,7% en la Castellana. Salvo algún pico puntual, ese tema se abandonó. Éticamente, porque no somos animales y el valor de cada vida humana es infinito, sólo hay dos caminos:
    – Acoger a todos los que quieran entrar
    – Ayudar de forma significativa a resolver las situaciones de miseria y violencia que obligan a emigrar.

    Si la primera es inviable, pues no hay recursos para sostener toda la población que querría entrar, sólo queda una opción éticamente correcta: dedicar una parte del presupuesto a ayuda a los países pobres. La ayuda actual es una truhanada, créditos y ayudas condicionadas a la contratación de empresas españolas, más subvenciones a enchufados para ir a soltar charlas. La ayuda tendría que desarrollar las capacidades productivas locales, y estar auditada para prevenir desvíos de dinero a corruptos en origen y destino. Podría servir como zanahoria, condicionada a desarrollos democráticos y evitando crear dependencias, es decir, con límite temporal pasado el cual la economía receptora debería ser capaz de navegar por sí sola.

    Y sí, tiene un coste presupuestario. Y sí, estamos favoreciendo la creación de competencia, especialmente en el sector primario. Pero también estamos creando un mercado nuevo, además de que con el desarrollo llegaría la estabilidad a la zona, que es todo lo que necesita para ser capaz de tirar de forma autónoma. ¿Un plan Marshall en África o las regiones más pobres de América y Asia? No es mala idea. No sólo es una exigencia ética (porque no somos un animal más, que autoregula su población aumentando su mortandad y asunto arreglado), sino que además sería a largo plazo muy ventajoso tener en nuestra frontera sur un vecino estable, desarrollado y con capacidad adquisitiva.

    Comentario por Nadir — 4 septiembre 2019 @ 15:30 | Responder

    • Um. El valor de cada vida humana NO es infinito. Tengo por ahí un borrador (pero, joder, ¿cuántos borradores tengo?) sobre el “impacto moral” de los accidentes de tráfico. La tesis de partida es que el valor de una vida humana no se puede medir, pero sí se puede comparar con el de otra. Por esta regla de tres, la vida de cualquier niño vale más que la mía, porque a los 65 años ya me queda mucha menos “existencia futura”. Si muero mañana, se perderá mi “experiencia”, pero eso vale entre poco y nada en un mundo que ha cambiado tanto que a veces no lo reconozco como el que conozco entre poco y nada. La muerte de Curt es una pérdida irreparable, porque el caudal de sabiduría que hemos perdido… joder, no hay derecho. Pero él había aceptado “deportivamente” que se iba a morir… Ha sido su última lección. Ahora mismo estoy llorando.

      Comentario por Juan Manuel Grijalvo — 4 septiembre 2019 @ 17:18 | Responder

      • El valor de la vida humana es absoluto. No cabe comparar la de un niño o un anciano, un sabio o un necio, un rico o un pobre.

        Obviamente, esto es un axioma (¿te acuerdas?), es una afirmación que sustenta la ética desde que adoptó ese nombre (ἠθικός). Y es perfectamente razonable que así sea, porque ¿y si no lo fuera? ¿Y si el valor de la vida humana fuera relativo? En las épocas históricas en que se ha sacado la calculadora para hacer equivalencias en el valor de la vida humana, la operación ha acabado en masacre. Demostración por refutación del opuesto. Su valor debe ser absoluto, porque de no serlo conduce a la barbarie.

        Comentario por Nadir — 4 septiembre 2019 @ 21:59 | Responder

        • “Lo hizo. Yo era la elección lógica. Calculó que yo tenía un 45% de posibilidades de sobrevivir. Sarah sólo tenía un 11%. Era una niña, un 11% era más que suficiente. Un ser humano lo sabría. Los robots en cambio…” *

          ¡Eres un robot! XD

          Ya en serio, lo único que puede resolver los problemas autogenerados por la humanidad es la dictadura de las máquinas. Éstas son las auténticas anticlasistas, el ser humano siempre tiende a establecer clases, distinciones, y por tanto privilegios y justificación de privaciones para otros.

          * Diálogo de la película I, Robot.

          Comentario por Hudson — 5 septiembre 2019 @ 8:46 | Responder

          • Por supuesto que tenemos sesgos. Por ejemplo, en el dilema ético de moda, que hemos de elegir a quien atropellar si el coche pierde el control, y hay dos personas, una bien vestida y trajeada y otra desaliñada, con malas pintas, es muy probable quién acabaría siendo atropellado.

            Un robot no tiene ese sesgo, a no ser que lo programes específicamente para ello.

            Comentario por Nadir — 7 septiembre 2019 @ 18:56 | Responder

        • El valor de mi vida para mi es absoluto o casi. Prácticamente no hay nada que valga más para mi.

          Ahora bien. en términos generales, en términos políticos o sociales, no creo que el valor de una vida humana sea absoluto. Las vidas humanas son valiosas, pero no tanto. Lo contrario nos llevaría al absurdo:
          – Prohibir el tráfico. Mientras haya trafico, hay la posibilidad de accidentes mortales. No hay ninguna, ninguna medida que garantice que no haya accidentes mortales… salvo su eliminación.
          – Prohibir la minería, las obras de construcción y cualquier trabajo arriesgado. Pueden aplicarse medidas que reduzcan los accidentes mortales en un 10%, en un 50%, incluso en un 90%, pero no hay ninguna medida que garantice que los accidentes desaparezcan al 100%. Por tanto, la única solución para preservar de forma absoluta la vida de los trabajadores es eliminar esos trabajos.
          – Se acabaron las guerras: por muy cabrón que sea Saddam, por muy hdp que sean los talibanes, por muy *^!&%$* que sean los del ISIS, no hay forma de hacer una guerra digna de tal nombre sin que muera gente. Más vale un Saddam asesinando a poquitos y sojuzgando a muchos que una guerra, que siempre va a causar muchas más víctimas mortales.
          – Quedarnos todos en casa: nadie garantiza que si sales a la calle no te vaya a caer una teja en la cabeza, o un rayo, o se rompa una tapa de alcantarilla y te escogorcies.
          – Eliminar los electrodomésticos, y la electricidad en general, de nuestras casas: de qué otra manera garantizamos que no nos vamos a electrocutar? Idem de los productos químicos y medicamentos, y las mudanzas, y las ceras para el suelo..Hacen la casa muy pelilgrosa, no hay más que ver la cantidad de accidentes domésticos mortales que se dan en cualquier país.

          No, la vida humana es valiosa, en términos generales, pero sólo hasta cierto punto. Al fin y al cabo, hay montones de vida humana pululando por el mundo. De hecho, puede que más de la que sería conveniente para un equilibrio razonable. Cada año mueren millones de personas. Sólo en España, del orden de 400.000. Y no pasa nada (en términos generales).

          Comentario por santi — 7 septiembre 2019 @ 17:03 | Responder

          • Obviamente, la vida de personas cercanas, y en especial la tuya, adquieren mayor valor que la de un desconocido e incluso la de un enemigo. Pero ahí está la ética, recordándote que son todas igual de valiosas, y que incluso deberías arriesgar la tuya si ves la de un desconocido (incluso enemigo) en peligro.

            Respecto al tráfico, la electricidad, etc… cada cual asume el nivel de riesgo que quiere aceptar para conseguir otros beneficios (por ejemplo, llegar antes a su sitio o no recurrir a velas para la iiluminación, que además es más peligroso). Aunque sí, también en cierta forma estás causándolo a vidas ajenas. Por ello debes minorarlo en lo posible.

            En cuanto a las guerras, no son admisibles a no ser que haya una fuerte probabilidad que la inacción provocaría un mayor número de víctimas. Y también, es complejo. Porque la vida no es sólo inhalar aire e ingerir alimentos, sino la libertad para vivirla como corresponde a nuestra naturaleza, en libertad, y no sometidos. Lo de toda guerra de liberación es sagrada, etc.

            Santi, realmente podemos llevar la cuestión a ciertos dilemas éticos difíciles de sostener. Pero en general el principio de que toda vida humana tiene un valor absoluto funciona muy bien, y por eso es adoptada por la ética. Otra cosa es la práctica, y por eso están las cosas como están. Insisto, si el valor de la vida humana no es absoluto, es relativo, y si es relativo cada cual es muy libre de sacar su propia tabla de equivalencias. Por ejemplo, mencionas la guerra de Iraq, o aún más evidente la de Vietnam: los medios gringos reportan las bajas estadounidenses, pero rara vez y no en el mismo plano los muertos locales.

            Comentario por Nadir — 7 septiembre 2019 @ 19:07 | Responder

            • Saludos:

              No, la vidas no son absolutas. Eso sólo me lo puede decir quien no ha tenido la suya en juego. Si tú y yo tuviésemos la posibilidad de aniquilar un campamento del ISIS ya sé lo que pasaría: tu te quedarías paralizado, por tu ideas y pensamientos, yo acabaría con todo lo que pueda caminar sobre dos pies. Y hago feminismo posmoderno, se le dispara igual a hombres que mujeres. La vida de alguien que odia, hasta el punto que la tuya no tiene valor no merece vivirla. Se le dispara y punto. Esas vidas no pueden ser vividas, es mejor aplastarlas.

              Comentario por Vicente Millán — 8 septiembre 2019 @ 15:21 | Responder

              • Sí, sí que lo son.

                🙂

                ¿Qué tiene que ver que mi vida haya estado en juego? Como decía Santi, nuestra vida, para nosotros mismos, sí que tiene un valor absoluto. Eso no tiene ningún misterio. Lo principal es reconocer ese valor absoluto en la vida de los demás. Para eso no es necesario que tu vida haya estado en juego (en mi caso, unas cuantas veces, de una u otra forma, he tenido cerca a la pelona). sino haber tenido en tus manos la vida de otro y haber arriesgado la tuya por salvarlo.

                Más cosas. La vida de alguien que odia. ¿Precisamente tú, Brutus, vas a caer en ese truco postmoderno? Todo el mundo odia. Es un sentimiento tan natural como tirarse pedos. De hecho, yo procuro vivir una vida sin odio, pero obviamente no siempre soy capaz. También a veces se me escapa algún pedo. Es ridículo criminalizar el odio, porque eso supone legislar sobre sentimientos y emociones, mezclar la psicología con el derecho: una barbaridad jurídica, otra más. Se juzgan hechos objetivos, no se elucubra sobre intenciones. Si odias mucho, y consigues darle la vuelta a todo ese odio para hacer el bien, es una conducta elogiosa. El odio es una fuerza poderosa, que el individuo debe saber canalizar y no abandonarse a ella con consecuencias destructivas para uno mismo y para los demás. Digo un individuo adulto, no el eterno infante que quiere crear el postmodernismo (en realidad, los postmodernitos, como los cristianos, musulmanes y demás individuos puros, a la que tratas con ellos son odres de odio y resentimiento a los que no ven el mismo fantasma debajo de la cama que ellos ven).

                Ahora, sobre los del ISIS. De nuevo reductio ad Hitlerum. Me da igual que sean follacabras, SS o falangistas. También su vida tiene un valor infinito. Ahora bien, también la tienen sus potenciales víctimas. En la medida en que sea posible conjurar el peligro que presentan, desactivarlo, sin poner en juego su vida, debe hacerse. Por ejemplo, encerrando a los imanes wahabitas llegados por gentileza de los Saud, antes de que el mal se extienda. En este punto de la historia, el Estado es lo suficientemente fuerte como para no tener que hacer uso de una fuerza letal para eliminar la amenaza. Detención, proceso y encarcelamiento, separados de otros presos a los cuales puedan contaminar.

                Ahora bien, en un contexto de guerra, en el que estos individuos están armados y no se puede enviar una fuerza policial a su detención, desgraciadamente hay que recurrir a la fuerza letal. Si hubiera otra forma que permitiese su captura, debería ser utilizada, pero no la hay. Por ejemplo, algún tipo de gas inhabilitante que… pero es una quimera, habría que usarlo en tales concentraciones que serían mortales por ejemplo para niños o ancianos en la población civil, mientras que precisamente los combatientes podrían tener acceso a las mascarillas anti-gas.

                Por lo demás, un SS, un follacabras, un requeté o un postmodernito, puedes considerar que están movidos por el odio… o por el amor, amor a un ideal que exige arrasar con lo antiguo y caduco para crear un nuevo orden más perfecto que dicta su credo. Y en el camino, poco importan las vidas de las gentes que pisotean (los postmodernitos,por ahora, sólo con campañas de difamación y modificaciones del sistema legal para imponer su dogma, que ya es una forma de tenencia de armas, pues controlan el Estado con toda la violencia que es capaz de desarrollar).

                Comentario por Nadir — 8 septiembre 2019 @ 18:20 | Responder

                • Saludos:

                  ¿Desde cuando en la razón hay lugar para valores absolutos? Y creo que es la misma razón que ambos defendemos.

                  Y ya que osas de acusarme de tendencias degeneradas postmodernistas tendré que señalarte algo: la defensa de valores absolutos entra en la órbita del pensamiento religioso, nada más lejos del pensamiento racional. Quizá Brutus te apuñale por poner en la misma balanza tirarse un pedo con que te metan en la cabeza un 7.62. Entiendo tus argumentos y no dejan de ser loables, pero en el territorio de la realidad la vida carece de cualquier valor absoluto, es más, puedo decirte cuanto vale una vida humana, incluida las nuestras: nada.

                  Intenta ponderar el valor de una vida en situaciones extremas, situaciones que nosotros desconocemos pero que son bastante comunes en la otra parte del mundo. Cuando todo se reduce al estado de supervivencia lo primero que desaparecen son esos estupendos valores que nos han inculcado desde la infancia. Y el primero es la piedad.

                  Sé que puede ser una postura extrema desde tu punto de vista, pero es lo que me ha enseñado la experiencia.

                  Eso sí, tras tamaña ofensa que has lanzado sobre mí, estoy enjaezando mi montura y afilando mi alfanje, presto para partir a esa tierra de infieles en donde te encuentras. Porque como dijo el Profeta: “Combatid a aquellos que os acusen de postmodernistas, son unos inconscientes que desconocen el oscuro origen de la verdad.”

                  Allâh te guarde hasta que te encuentre

                  Comentario por Vicente Millán — 8 septiembre 2019 @ 20:50 | Responder

                  • Pero estamos hablando de temas distintos. Tú tratas, con una honestidad encomiable, de cómo acaban sucediendo las cosas en la realidad, cuando la necesidad o el peligro apremian. Ciertamente, puedo estar de acuerdo. Pero lo que es es diferente a lo que debe ser. Que en una sociedad exista fraude fiscal generalizado, por ejemplo, no quiere decir que deba perpetuarse.

                    Efectivamente, el imperativo kantiano queda postergado cuando cualquier situación nos devuelve a la animalidad, erosionando la pátina de civilización que creemos tan sólida. Lo podemos ver en las estampidas, donde gente muy moderna y engalanada pisotea cuerpos de los que tuvieron la mala fortuna de tropezar por ponerse a salvo, en ocasiones, de un peligro ficticio, un rumor (recuerdo una Semana Santa en Sevilla hace varios años). Esto no le resta valor. De hecho, es el único camino de civilización. Lo único que se puede concluir de tus sabias apreciaciones es que… queda mucho camino por andar. También es cierto que llevamos mucho recorrido; recapacitemos, ya no hay ordalías, sacrificios rituales y pasar a cuchillo a la población de una ciudad no acaba de estar bien visto.

                    Por cierto, la verdad es que de esgrima medieval no tengo ni idea, pero tengo en el armario un arco tradicional recurvo de 55lb. Quise comprarme uno de 65lb en su día, pero creo que ya ahora no sería capaz de moverlo y apuntar con precisión. Con eso y puntas de caza, no hay cota que te salve a menos de 50m.

                    😉

                    Por cierto, hace tiempo que no tiro. A ver si un día de estos tengo tiempo y subo a abrirle boquetes a la diana.

                    Comentario por Nadir — 8 septiembre 2019 @ 21:39 | Responder

                • Estoy de acuerdo contigo en el tema del odio. Es más, creo que debería contemplarse como un derecho más en la declaración universal de los derechos humanos. Reclamo mi derecho a odiar, como el reverso de mi derecho a amar.

                  Los sentimientos que tenemos son nuestros ¿porqué no vamos a poder tenerlos? Buenos y malos. Evidentemente, es mejor que sean buenos, pero es un tema personal de cada uno.

                  Otra cosa son los efectos sobre los demás, que ya no son un asunto personal, sino social, sometido a límites, y esos límites deben basarse en los hechos y sus consecuencias, no en los sentimientos que los motivan. Por ejemplo, en el hipotético caso de que yo odiara al PP, eso no me daría derecho a asesinar a sus dirigentes, aunque sí a no votarles en las elecciones. El perfectamente razonable y legítimo que se me prohiba asesinar a dirigentes del PP, y eso debe ser independiente de que lo haga por odio o por higiene democrática, o por mandato de los extraterrestres. Pero nadie debería poder prohibirme no votarles porque estoy motivado por el odio, nadie debería penalizar que yo les odie. Y donde digo PP, cada uno puede poner lo que quiera: comunistas, mujeres, homosexuales, gitanos, follacabras, cirujanos, testigos de jehová, pederastas, presentadores de televisión…..

                  Comentario por santi — 8 septiembre 2019 @ 23:00 | Responder

            • Insisto, hay muchísima vida humana en el mundo, más que de sobra.

              Evidentemente, no es bueno darle valor contable a una vida humana, porque nos lleva a razonamientos como tú dices muy peligrosos (¿cuantas vidas puedo permitirme sacrificar para conseguir tal o cual beneficio?¿vale más una vida de un marine USA que la de un vietcong, o que la de un viejito de Laos, o de Sudán…? ¿Vale más nuestro bienestar económico -o nuestras espectativas electorales- que las vidas de los náufragos de una patera?), pero, aunque no lo parezca, se hace constantemente. Y menos mal que se hace, si no, estaríamos todavía viviendo en chozas de paja.
              .
              Cuando un gobierno toma la decisión de (o le da permiso a un inversor para) construir un canal de Panamá, o un ferrocarril transoceánico, o una central térmica en Teruel, o un embalse, o una línea eléctrica, por poner algunos ejemplos, sabe que van a morir personas, es inevitable. Puede tomar medidas para reducir el número de muertes, pero no garantizar que no las haya. Y aún así toma la decisión de poner en marcha las obras, porque la vida humana es importante, pero no es un bien absoluto. Algunas personas morirán, con suerte (y buen hacer, y técnicas modernas) pocas, y esperemos que no nos toque, pero la obra beneficiará a muchos, y eso se pone también en la balanza.

              Hoy en día, la técnica ha avanzado una barbaridad, y podemos hacer cosas increibles con muy pocas bajas. Hace 200 años, o 100, o 50 años, no era así, y la gente moría a puñados, en las minas, en las obras, en el campo, en los barcos, casi en cuaquier parte. Gracias a lo que se hizo entonces, y a todos esos cadáveres, estamos donde estamos. Porque se decidió (alguien o “álguienes” decidieron) que valía la pena arriesgar vidas, perder vidas, a cambio de otras cosas.

              Totas las actividades humanas tienen en alguna medida riesgos para la vida. Si consideráramos que la vida es un valor absoluto, quedaríamos totalmente paralizados. Incluso desde el punto de vista individual, y siendo que nuestra propia vida nos resulta tan extraordinariamente importante, la ponemos en riesgo mil veces, con la esperanza de no perderla, pero nunca con la garantía de ello. Una especie de lotería inversa, que ojalá que no nos toque (pero a la que jugamos porque no nos queda otra).

              Comentario por santi — 9 septiembre 2019 @ 0:12 | Responder

              • A ver, yo quiero que os expreséis con libertad. No quiero instaurar una dictadura del buenismo hipócrita. Yo no soy mejor que vosotros y probablemente mucho peor. Pero me parece notable que, incluso entre personas que no sois unos piernas ni unos niñatos, se exprese con facilidad la idea de la humanidad como un criadero de conejos masificado. Idea muy popular hoy en día, en la que el ser humano aparece como prescindible, cuando no como un parásito. Pero es que me choca que, justo a continuación, haya tanta gente que se sienta alarmada ante mi sugerencia de, si sobran bocas que comer, empecemos a eliminar a las mascotas. No, esas sí que son intocables, y sugerir lo contrario te coloca a la altura de Himmler.
                Decía Vicente que realmente, no pasa nada porque muera una persona. No, claro que no pasa nada. ¿Qué va a pasar? Nuestra biología es la de cualquier otro animal, que muere en el monte o en el matadero. Sin embargo, con cada uno de nosotros que muere, y es inevitable que en algún momento pase, desaparece todo el universo que llevamos dentro.

                Bueno, y a lo que comentas de las grandes obras y gestas. Realmente, no creo que sea cierto eso de que estamos donde estamos gracias a los cadáveres de tanta gente. Con más medidas de seguridad se hubiera construido igual el Empire State o la catedral de Colonia. Simplemente, se hubiera tardado un poco más, y hubiera costado un poco más a los bolsillos que financiaron su construcción, that’s all. Un cambio de dinero en los bolsillos, que no habría ralentizado, sino quizá acelerado el progreso. En todo caso, si me hablas de exploraciones, con un riesgo intrínseco… pero cada quien es libre de arriesgar su vida, mientras la necesidad acuciante no le fuerce a ello. También sobran ahora candidatos para ir a Marte (lo cual es una gilipollez como un piano, dicho sea de paso, pues todo lo que pueda hacer un tipiño lo puede hacer un robot, y no tienes que traerlo de vuelta… hasta que salgan los defensores de los derechos de los robots).

                Comentario por Nadir — 11 septiembre 2019 @ 8:29 | Responder

  4. Ahora tendría que decir algo.
    Quién me mandaba meterme en este carajal.

    Os dejo dos de mis “cosas” antiguas sobre el “impacto”.
    La idea es construir una “teoría unificada” del impacto moral,
    que se mide en “perturbaciones de la Fuerza”.
    No, no es broma.

    https://www.grijalvo.com/articulos/timpacto.htm

    https://www.grijalvo.com/articulos/tperturba.htm

    Comentario por Juan Manuel Grijalvo — 8 septiembre 2019 @ 11:32 | Responder

    • Estás escurriendo el bulto, compañero. Interesantes enlaces, pero son de seguridad vial.

      Vuelve al carajal y afronta las consecuencias. 😛

      Comentario por Nadir — 8 septiembre 2019 @ 14:20 | Responder

  5. Ya que habláis de dilemas y de precios de vidas humanas, propongo un dilema:
    Un capitán tiene que retirar sus 300 soldados del campo de batalla. Puede enviar a todos por un camino peligroso, donde calcula que en una emboscada pueden morir 100 soldados con una probabilidad del 50%. O puede enviar a 50 soldados a una muerte segura para conseguir que el resto de la compañía sobreviva con un 100% de probabilidad. ¿Cuál es la opción más lógica? ¿Y si en vez de 50, los que muriesen con seguridad fueran 30?

    Este ejercicio se pone como prueba de la dificultad humana de entender las probabilidades, pero también sirve para darse cuenta de una cosa. Si una vida vale infinito, tres vidas valen infinito, por lo que tres vidas valen lo mismo que una vida. Esto no tiene sentido, bajo ninguna ética. En el caso del capitán, ¿para qué esforzarse en salvar el mayor número posible de vidas, si ya con que muera una persona ha fracasado? Siguiendo la lógica de que todas las vidas valen infinito, se acaba escogiendo la opción en la que puede morir más gente.

    En cambio, podemos decir que todas las vidas humanas valen lo mismo. En ese caso, tres vidas valen más que una, lo que ya empieza a tener más sentido desde un punto de vista ético. Obviamente, para mí mi vida sola vale más que tres vidas de personas que no conozco, pero esta es mi visión subjetiva, no la ética. La ética trata del conjunto de la sociedad, de cómo relacionarnos entre nosotros, así que lo subjetivo no tiene valor.
    Pero podemos dar otra vuelta de tuerca.

    En un avión viajan cien personas. Sólo una sabe pilotar. ¿Valen igual todas las vidas en ese momento? Si muere un pasajero se pierde una vida. Si muere el piloto se pierden cien. Es decir, mientras el avión está en vuelo, la vida del piloto vale tanto como la vida de todos los demás juntos. Si en abstracto todas las vidas valen lo mismo, en la práctica, las circunstancias pueden hacer que algunas vidas, aunque sea de forma temporal, tengan más valor que otras. El criterio para dar más valor a la vida de algunas personas varía de unas éticas a otras. Para algunos el valor de una vida aumenta sólo cuando tiene otras vidas a su cargo, como el caso del piloto (criterio humanista). Para otros, será el número de horas productivas que aún puede aportar para la sociedad (criterio utilista, o la del robot). En cualquier caso, si la ética pretende ser universal, nunca se pueden utilizar criterios como la raza, el sexo o la religión para dar más valor a unas vidas que otras, que es lo que acaban haciendo los fascismos del siglo pasado.

    Al final, la ética sirve para que, dado el caso, pongamos por delante la vida del piloto antes que la nuestra, que es lo más favorable para la supervivencia del grupo. Sin la ética, si sólo siguiéramos nuestros egoístas instintos de supervivencia, nuestra especie no habría llegado donde está.

    Comentario por Abraham — 12 septiembre 2019 @ 12:54 | Responder

    • No me agradan esos dilemas, pues plantean situaciones excepcionales que no suelen ser realistas, y mueven a la conclusión de hacer relativo o mensurable el valor de la vida humana.

      Pero por respeto, tú lo planteas y yo te respondo.

      “varía de unas éticas a otras” –> Como bien dices a continuación, la ética es universal. Sólo hay una. Es como las matemáticas, la física o la historia. Habrá por supuesto diferentes escuelas o pareceres, pero la ciencia es una. Es la moral la que es un producto de cada sociedad.

      En ambos dilemas, el camino a tomar es siempre procurar salvar el máximo número de vidas. Lo que nos dice la ética (que rara vez se verifica en nuestras sociedades) es que el valor de la vida es absoluto, y no media comparación entre unos u otros (rico o pobre, amigo o enemigo, culpable o inocente, niños o ancianos). Lo único de valor comparable a una vida humana es otra vida humana.

      En esos dilemas, la resolución es sencilla: habremos de adoptar la estrategia que minimice la pérdida de vidas. No es que la vida del piloto valga más, es que sus habilidades como piloto son las que permiten salvar más vidas, todas con el mismo valor.

      Si aplicásemos siempre esta máxima, el mundo sería un lugar mucho, mucho mejor para todos.

      Comentario por Nadir — 12 septiembre 2019 @ 13:21 | Responder

    • Dos preguntas:
      ¿Has estado en el Ejército?
      ¿Has visto la primera película de “Star Wars”?
      En función de tus respuestas, haré comentarios sobre el dilema y la vuelta de tuerca que propones.

      Comentario por Juan Manuel Grijalvo — 12 septiembre 2019 @ 17:04 | Responder

      • Siento curiosidad sobre qué tiene que ver mi experiencia en esos temas. No he estado en el ejército y sí he visto la película. El dilema del capitán lo tomé prestado de Daniel Kahneman, no parece que sea necesaria experiencia en combate para entenderlo. La filosofía se construye a base de ejercicios mentales como ése.

        @Nadir. ““varía de unas éticas a otras” –> Como bien dices a continuación, la ética es universal. Sólo hay una. Es como las matemáticas, la física o la historia. Habrá por supuesto diferentes escuelas o pareceres, pero la ciencia es una. Es la moral la que es un producto de cada sociedad.”. El método científico es uno, pero ha ido evolucionando, y en algunos casos se practica mal, pero luego hay muchas ciencias y formas de aplicarlo (¿aplicamos siempre el criterio de falsabilidad?¿Es necesario?).

        En la práctica, si hay diferentes pareceres de lo que es la ética, hay diferentes éticas. La moral, igual es que estoy un poco contaminado por Savater, pretende ser subjetiva. Si con la ética decimos qué es universalmente bueno o malo, con la moral decimos que es correcto o incorrecto para nosotros (como individuo, como grupo). Pero claro, como las definiciones de ética surgen de distintos grupos humanos (son construcciones sociales, no leyes físicas), al final se contamina con la moral y acaba habiendo muchas éticas diferentes.
        Me parece que tu rechazo a considerar que el valor de las vidas humanas se pueda medir, o comparar, viene del mal, o interesado, uso que se ha hecho históricamente de esta idea. Y de pensar que los valores son inmutables. La ética no deja de ser una abstracción de comportamientos que han permitido a la especie sobrevivir y prosperar. Cuando las circunstancias varían y los comportamientos dejan de ser útiles, la ética queramos o no, evoluciona.

        Sabemos que el valor de las cosas varía con las circunstancias. Por ejemplo, ¿cuánto estás dispuesto a pagar por un vaso de agua? ¿Y cuánto estarías dispuesto a pagar por el mismo vaso de agua después de tres días sin beber nada, en mitad de un desierto? Con el valor ético ocurre algo parecido. En el ejemplo del piloto, lo que estoy diciendo es que, mientras el avión esté en vuelo, la vida del piloto vale tanto como la del resto del pasaje. Una vez aterrice, las cosas vuelven a su cauce. Necesitamos asignar un valor a las cosas, también a las personas, para poder tomar decisiones de forma rápida. Si todo el pasaje y el piloto enferman por una intoxicación alimentaria, ¿a quién medicamos primero? Me dices que al piloto, no porque su vida valga más, sino porque así te aseguras de que se salvan más vidas. Ya bueno. Quizás en este ejemplo es fácil deducir que sin piloto se mueren todos y el resto del pasaje no ponga pegas a que le curen a él primero. Pero el mundo es más complejo y muchas veces no es tan inmediato ver de qué manera se va a lograr una mayor supervivencia para el conjunto.
        (Nota: el valor ético no tiene que ver con el valor económico, es una cuestión de prioridades como esto de ver quién tiene derecho a que se le cure primero).

        Como dice la Constitución de los EEUU, todos nacemos iguales. El valor ético de cada vida humana es el mismo al nacer, pero luego las circunstancias pueden hacer que este valor varíe: con la edad, con conocimientos como saber pilotar, con enfermedades terminales dolosas, … Sin embargo, en la declaración universal de los derechos humanos dicen qué circunstancias NO PUEDEN variar este valor: raza, color, sexo, idioma, religión, opinión u origen. (En realidad dice que los derechos universales de la declaración serán los mismos para todo el mundo, independientemente de esas circunstancias, pero al explicitarlas están indicando que la ética reflejada en esta declaración no considera válido discriminar a nadie por dichas circunstancias).

        Por último, como no queremos confundir moral con ética, ¿cuál crees que es la ética más comúnmente aceptada en nuestra sociedad? ¿La que otorga un valor infinito a la vida de todas las personas o la que le otorga un valor relativo? Antes de contestar, mira cuánta gente está realmente en contra del aborto y de la eutanasia.

        Comentario por Abraham — 13 septiembre 2019 @ 9:10 | Responder

        • Un buen comentario que me deja en posición difícil para contestar, ya que me falta el conocimiento que sólo da el estudio para hacerlo. Me limito a señalar los puntos flacos en él, sabiendo que dejo cosas sin contestar que reconozco no sé hacerlo de forma competente.

          la ética queramos o no, evoluciona –> De acuerdo, la ética no es una verdad revelada sino un conocimiento desarrollado por sociedades humanas. Ahora bien, tratando la ética del hombre, de la relación entre seres humanos, y siendo que su naturaleza no ha cambiado en estos últimos miles de años, no tiene por qué cambiar las conclusiones de la ética. Se pueden refinar, ahondar en el conocimiento, pero su campo de estudio sigue inmutable como lo ha estado por ejemplo la geología. Podemos recapacitar sobre formas más perfectas de relacionarnos, pero las circunstancias no alteran el sujeto de estudio.

          Necesitamos asignar un valor a las cosas, también a las personas, para poder tomar decisiones de forma rápida. –> Pero es que ese tipo de decisiones, que propones en tus dilemas, son artificiales. Es muy difícil que nadie, en su vida, tenga que verse enfrentado a semejantes dilemas. No, incluso en una guerra todo es mucho más sencillo: salvar el pellejo.

          “en la declaración universal de los derechos humanos dicen qué circunstancias NO PUEDEN variar este valor” –> Primero, los DDHH tampoco bajaron del monte Sinaí, son una expresión del estado de la ética en ese momento especial, en que la Humanidad estaba sobrecogida de la barbarie que había provocado. Que un rasgo no esté en esa lista no quiere decir que tampoco pueda ser usado como marcador para otorgar un diferente valor a la vida humana. Por ejemplo, ser diestro o zurdo. Cuántos zurdos equivaldrían a un diestro? Absurdo.

          Pero hablemos de una vez lo que creo que todos tenemos en mente. El criterio que se usa habitualmente, y acometo tu última pregunta, para otorgar valor a la vida humana es la clase social. TANTO TIENES, TANTO VALES, reza el dicho. Lo que estamos hartos de comprobar es cómo la vida de quien no tiene nada, nada vale. Sea blanco, negro o verde, venga de la otra punta del mundo o de tu misma ciudad. Pero que esa sea la normalidad, que todos sabemos que así es, no quiere decir que sea un comportamiento ético. Por poner un ejemplo idiota: ahora está de moda comprarse SUVs, y eso no implica que la física determine que sean mejores coches, antes bien es una decisión técnicamente errónea. Pero es que no compramos de acuerdo a los consejos de la física ni actuamos de acuerdo a los dictados de la ética.

          Y para terminar, aborto y eutanasia no tienen nada que ver con esto. En el caso del aborto, no hay consciencia en el embrión y, por lo tanto, no hay vida humana. En el caso de la eutanasia, en caso de ser voluntaria, es la decisión de uno mismo sobre su propia vida. No hay ningún intercambio ni comparación. La ética, en lo que uno hace para consigo mismo, no es incumbente. La ética trata de las relaciones entre seres humanos (y sólo entre seres humanos). Y en caso de haber perdido definitivamente la consciencia, de nuevo, ya ha dejado de existir vida humana.

          Comentario por Nadir — 13 septiembre 2019 @ 13:28 | Responder

        • Bien. No has estado en el Ejército. Has visto la primera película de “Star Wars”.

          Tu dilema militar sólo puede plantearlo alguien que sólo hace ejercicios mentales sobre el asunto. Ese nivel de “cálculo” tal vez se lo pueda permitir un general que “sacrifica” una compañía para salvar un batallón. Está lejos, y no ve morir a “su” gente. Un sargento siempre va a mantener su pelotón tan “apelotonado” como pueda, aunque crea o sepa que eso va a causar más bajas. Una de las razones es que un sargento no puede mandar a “sus” soldados que vayan a ningún sitio al que no vaya a ir él.

          En la primera película de “Star Wars” hay dos “perturbaciones de la Fuerza”: las destrucciones del planeta Alderaan y de la Estrella de la Muerte. Sólo la primera merece una condena moral. El estado de guerra en la Galaxia justifica la pérdida de vidas en el segundo hecho. Si hace falta, se pide perdón y listo.

          Pido perdón a todos los habitantes de Alderaan…

          Comentario por Juan Manuel Grijalvo — 16 septiembre 2019 @ 11:43 | Responder


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